21 de julio de 1906: tras ganar fortuitamente la Guerra del Totoposte contra El Salvador, el gobierno de Estrada Cabrera se consolida en la región

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Los representantes de las naciones en conflicto junto con los Ministros Plenipotenciarios de Estados Unidos y México a bordo del “Marblehead” durante la firma del tratado de paz.  Estados Unidos patrocinó a Guatemala, mientras que México lo hizo con El Salvador y Honduras.  Imagen de “La Locomotora“.

Puede decirse que la hegemonía de los Estados Unidos en Guatemala se inició con el triunfo de su patrocinado, el presidente Manuel Estrada Cabrera, sobre los intentos de agresión de El Salvador y Honduras, patrocinados a su vez por el gobierno del general Porfirio Díaz, president de México.

Si Inglaterra había tenido un papel protagónico en la región durante los gobiernos conservadores y liberales del siglo XIX, este imperio fue relegado por los Estados Unidos cuandos estos vencieron a España en la guerra de 1898.  El recién designado presidente Manuel Estrada Cabrera había recibido un país en la ruina tras el colapso de la economía por la caída del precio internacional del café en 1897, y con una gran deuda con Inglaterra.  Viendo cómo los franceses habían invadido a México reclamando lo que éste país les adeudaba, Estrada Cabrera se alió con el gobierno estadounidense y les concedió grandes concesiones para congraciarse con ellos, y así tener un socio fuerte que evitara una potencial invasión inglesa.  Así nació el enclave bananero de la United Fruit Company, y los monopolios de la Great White Fleet en el transporte marítimo de Puerto Barrios y de la International Railways of Central America en los ferrocarriles nacionales.

Al darse cuenta de esto, Porfirio Díaz empezó a apoyar a los gobernantes de El Salvador y de Honduras y así contrarrestar la presencia estadounidense en Centroamérica.  Díaz veía con mucha preocupación el auge norteamericano, especialmente después de que el gobierno de Teddy Roosevelt había independizado a Panamá de Colombia en 1903 para construir el canal interoceánico.

Los tres presidentes de Centroamérica tenían en común un estilo autoritario y dictatorial sobre sus países, al punto que eran conocidos en México y en otros países de América Latina como “los Porfiritos”.  Lo único que los diferenciaba era que Estrada Cabrera era abogado graduado de la Escuela Facultativa de Derecho de Occidente, mientras que el resto eran militares de línea dura.  En 1906, gobernaba en El Salvador Pedro José Escalón como títere del verdadero hombre fuerte, Tomás Regalado, quien era enemigo acérrimo de Cabrera y quien con la ayuda de Díaz, se animó a invadir Guatemala.

Es interesante como la situación era exactamente a la inversa de la fallida intento de J. Rufino Barrios en 1885: en esa ocasión el hombre fuerte de Guatemala invadió a El Salvador, pero murió en la frontera en circunstancias embellecidas por los historiadores liberales, pero que realmente no han sido del todo esclarecidas.  En 1906, Regalado confundió a sus hombres por un batallón guatemalteco de refresco que había llegado con uniformes similares a los salvadoreños, y cuando se acercó a ellos fue acribillado a balazos. Al igual que lo que ocurrió con las fuerzas de Barrios en 1885, cuando cayó Regalado hubo una desbandada general que terminó en una aplastante derrota para el ejército invasor.

El tratado de paz se firmó en el buque “Marblehead” con representantes de las naciones en conflicto y de sus patrocinadores, Estados Unidos y México.  Allí estuvo presente el embajador mexicano en Guatemala, el escritor Federico Gamboa, quien en su diario relata los hechos como una gran derrota para la libertad, cuando en realidad el gran perdedor fue su gobierno.  Años después, en 1945, Rafael Arévalo Martínez copió textualmente grandes partes del diario de Gamboa en su obra “¡Ecce Pericles!“, que se ha convertido en el libro referente sobre el gobierno del licenciado Estrada Cabrera, pero omite decir que Gamboa tenía una fuerte enemistad con el régimen liberal guatemalteco por ser representante del gobierno conservador antiestadounidense de Porfirio Díaz.

Por su parte, ese fue el principio de la hegemonía estadounidense en Guatemala, la cual se ha consolidado a tal punto, que en el siglo XXI es necesario tener el beneplácito del embajador, congreso y presidente estadounidense para poder gobernar en el país.

BIBLIOGRAFIA:

 

1 de julio de 1944: el general Jorge Ubico renuncia a la presidencia de Guatemala

 

Retrato autografiado del presidente Jorge Ubico. Tomado de Wikimedia Commons.

 

Uno de los gobiernos más recordados por muchos guatemaltecos es el del general Jorge Ubico Castañeda, el cual -como todos los gobiernos que marcaron época- es añorado por los grupos sociales a los que favoreció y vilipendiado por los grupos a quienes afectó.

Ubico llegó al poder tras una serie de golpes de estado que siguieron a la renuncia del general Lázaro Chacón en diciembre de 1930 tras sufrir un derrame cerebral.  Los presidentes que se sucedieron tardaron solamente unos cuantos días en el poder porque fueron derrocados por golpes militares o no fueron reconocidos por el gobierno de los Estados Unidos, entonces con fuertes inversiones en su enclave bananero en Izabal.

En el aspecto económico, el gobierno ubiquista fue muy eficiente para sus correligionarios y allegados:  habiendo recibido el poder en medio de la Gran Depresión, impulsó una política de austeridad que incluyó la eliminación de numerosos municipios para reducir el gasto público, y la derogación del Reglamento de Jornaleros que obligaba a los indígenas a trabajar jornales en las fincas cafetaleras desde el gobierno de Barrios.  Ubico sutituyó el reglamento por las leyes de Vagancia y de Vialidad, las cuales hacían aún más difícil las condiciones laborales de los indígenas, obligándolos a trabajar jornadas más extensas y largas y colocándolos a merced de los cafetaleros.

Ubico era miembro de una de las familias de más prestigio en la época liberal.  Su pare, Arturo Ubico Urruela, fue presidente de la Asamblea Legislativa durante el gobierno de Manuel Estrada Cabrera, y gracias a ello Ubico tuvo un ascenso meteórico. En la región de la Verapaz, Ubico conservaba fuertes nexos con los colonos alemanes que se habían establecido allí durante el gobierno de Barrios, pues fue Jefe Político de la región durante el gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera.  Al mismo tiempo, el presidente tenía un fuerte apoyo de la united Fruit Company, a cambio de protección militar y política para evitar que hubiera huelgas de los trabajadores o que se formaran sindicatos.

La Segunda Guerra Mundial obligó a Ubico a tomar una decisión entre la United Fruit Company y la Colonia Alemana, y tras el ataque de Pearl Harbor en 1941, se vio obligado a expulsar a los alemanes de la Verapaz y a expropiarles sus fincas.   Los Estados Unidos pusieron bases militares en La Aurota, Escuintla e Izabal y la flota de la bananera, que tenía el monopolio del transpote marítimo en el país, fue utilizada para transporte de pertrechos de guerra y tropa.

En 1944, surgió un movimiento popular en la ciudad de Guatemala encabezado por maestros, obreros y estudiantes univesitarios. Inicialmente Ubico reprimió el movimiento como acostumbraba, pero la imagen de un gobierno represivo en medio de la lucha por la libertad con la Alemania fascista no convenía a la política del gobierno estadounidense de Roosevelt y Ubico no tuvo el apoyo estadounidense.

Cuando se dio cuenta de que la situación se le escapaba de las manos, Ubico prefirió renunciar y evitar un derramamiento de sangre como el que hubo en 1920 cuando el lienciado Manuel Estrada Cabrera -mentor de Ubico- se resistió a renunciar y hubo combates durante la llamada Semana Trágica.  El 1 de julio de 1944 Ubico presentó su renuncia y dejó el poder en un triunvirato compuesto encabezado por el general Federico Ponce Vaides.

Ubico no quiso renunciar el 30 de junio, pues esa era una fecha sagrada para los presidentes liberales:  el aniversario del triunfo de la Reforma Liberal de 1871.

BIBLIOGRAFIA:

 

15 de junio de 1524: tras aliarse a los cachiqueles y vencer a los zutuhiles, Pedro de Alvarado toma Itzcuintlán (Escuintla) a sangre y fuego

 

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La ciudad de Escuintla a principios del siglo XX. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Las crónicas tanto de la Conquista de Guatemala como de la Independencia de Centroamérica han sido embellecidas con el correr de los tiempos.  Se nos habla de héroes castellanos en sendas gestas epopéyicas, pero la realidad dista mucho de estos relatos.

Tomemos, por ejemplo, el asalto que hizo Pedro de Alvarado en Izcuintlán luego de haberse aliado con los cachiqueles para derrotar a los zutuhiles en el área del lago de Atitlán.  En ese oportunidad, luego de su victoria se aprovechó de la buena fe de los aborígenes que lo recibieron junto con sus tropas como huesped y ya descansado, se puso en marcha hacia Izcuintlán (hoy Escuintla) a donde envió unos vigías luego de tres días de marcha para que lo pusieran en antecedentes de lo que podrían encontrar.

Las tropas de Alvarado estaban compuestas en su mayoría por indígenas tlaxcaltecas y cholultecas, quienes se aliaron a los españoles luego de la conquista de los aztecas en México.  Estos mercenarios hablaban náhuatl, y de esa cuenta, muchos de los poblados en Guatemala tienen nombres que incluyen el del santo patrón del día en que fueron fundados y una palabra castellanizada de origen náhuatl.  Fueron estos soldados tlaxcaltecas quienes llamaron Izcuintlán al poblado que ahora conocemos con el nombre de “Escuintla”.

Los vigías le comunicaron que los escuintlecos no tenían ni idea del avance las tropas conquistadoras.  El clima no se prestaba para un ataque, pues estaba lloviendo mucho y los caminos estaban intransitables, pero eso no hizo más que convencer a Alvarado de que ese era el momento perfecto para atacar a los desprevenidos indígenas.

Aquel 15 de junio de 1524 había estado lloviendo desde el medio día y en Escuintla todos estaban en sus viviendas, incluyendo a los centinelas.  Pacientemente, Alvarado esperó a que oscureciera y cuando dieron las nueve de la noche, ordenó el ataque.  Al principio, los hombres de Alvarado tropezaban y caín por la oscuridad, pero al llegar al dormido poblado, rompieron las puertas de las casas y asaltaron a sus moradores con arma blanca o a balazos.  Muchos moradores, incluyendo ancianos, mujeres y niños, ya no llegaron a despertar siquiera pues murieron en sus lechos; y los pocos guerreros que quisieron oponer resistencia murieron en el intento.

Al amanecer los resultados fueron evidentes: el rey había muerto y yacía despedazado, al igual que muchos de los principales de Escuintla.  Lo increíble de esto, es que a pesar de haber aniquilado prácticamente a todos los pobladores, Alvarado ordenó incendiar y la ciudad e hizo saber a los escasos sobrevivientes de que ahora estaban sometidos a las órdenes del rey de España.

Dice una leyenda que años más tarde, cuando Pedro de Alvarado sufrió el mortal accidente en su caballo que eventualmente lo llevó a a tumba, un medico le preguntó si le dolía algo, y Alvarado contesto únicamente: “¡El alma!”

BIBLIOGRAFIA

 

 

 

 

25 de mayo de 1935: se realiza un plesbicito para determinar si se extiende o no el período constitucional del presidente general Jorge Ubico

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Volante a favor de la extension del mandato presidencial.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

La Constitución de 1879 que el general J. Rufino Barrios mandó a hacer para poder extender legalmente su mandato presidencial, que ya tenia desde 1873, fue la base de los gobiernos liberales que le siguieron.  Con algunas modificaciones fue utilizada por Barillas y por Reyna Barrios.  Pero fueron el licenciado Manuel Estrada Cabrera y su émulo, el general Jorge Ubico, quienes hicieron caso omiso a la prohibición de reelección.  Estrada Cabrera se reeligió cuatro veces por decreto legislativo e incluso partició en las elecciones presidenciales tras quedar como presidente interino luego del asesinato del general José María Reina Barrios a pesar de que se lo prohibía la mencionada Constitución.

El general Ubico, con el antecedente del licenciado Estrada Cabrera, de quien fue Ministro y Jefe Político de Retalhuleu y Verapaz modificó la metodología para extender su gobierno.  Hizo un referendum al que convocó a todos los ciudadanos para determinar si era conveniente que él siguiera en la presidencia.

Para justificar ese referendum el gobierno digo que había un complot de civiles que planeaban asesinar al general presidente, y que incluso había colaboradores militares que habían perdido los mensajes o comandos administrativos bajo su gobierno. Sin embargo, de acuerdo a la versión oficial, los complotistas fueron traicionados desde dentro, y muchos fueron ejecutados como resultado. Seis meses después, la Asamblea Legislativa habría recibido miles de peticiones espontáneas e idénticas de 246 municipios, en la que todos hacían in llamado para que la Constitución de 1879 fuera modificada y que Ubicio pudiera extender su mandato. Ubico luego llamó a un plesbicito sobre el tema, el cual fue aprobado por unanimidad.

El escritor Efraín de los Ríos en su obra “Ombres contra Hombres” da otra versión sobre el supuesto complot.  De acuerdo a de los Ríos, cuando Ubico decidió a convocar a un plebiscito para que Guatemala decidiera si podría seguir otros seis años en el poder, el licenciado Efraín Aguilar Fuentes -director del Primer Registro de la Propiedad Inmueble- se negó a ser parte de los seguidores del presidente, y cuando éste lo citó a su despacho para recriminarle su actitud, Fuentes le dijo que estaba enterado de que el entonces director de la policía nacional, general Roderico Anzueto Valencia, se había apropiado ilícitamente de veintiocho propiedades y que por esa razón ya no apoyaría al gobierno. Ahora bien, de acuerdo a De los Ríos, lo que Aguilar Fuentes no sabía en ese momento, era que Anzueto Valencia solamente era testaferro del general Ubico en unas de esas propiedades.​

En las semanas siguientes, Anzueto Valencia elaboró una lista de personas involucradas en un complot para asesinar al presidente, y entre ellas estaba el licenciado Aguilar Fuentes. Todos los conjurados fueron apresados y torturados, y sus confesiones arrancadas en las torturas fueron publicadas en el periódico “El Liberal Progresista”, período oficialista. De los Ríos escribió estas fuertes acusaciones en el libro “El Jardín de las Paradojas”, el cual fue confiscado cuando De los Ríos fue apresado y enviado a la Penitenciaría Central, en donde pasó la mayor parte del resto del gobierno del general Ubico Castañeda.  Estas acusaciones vieron la luz hasta que “Ombres contra Hombres” fue publicada en 1945, ya durante el gobierno del doctor Juan José Arévalo.

Para promocionar el referendum, el gobierno de Ubico publicópanfletos en donde aparecía sentado con la República para detrás suyo, en la misma forma en que los militares de la época se retrataban con sus progenitoras.  Los enemigos del régimen e hicierion entonces este poema, lógicamente de autor anónimo:

Si una pública mujer
por p… es conocida,
una república vendría a ser
una mujer más corrompida.
Siguiendo el decir
de esta lógica absoluta,
tenemos que convenir
que todo aquel que se reputa
ser de la República hijo
viene a resultar de fijo,
un hijo de la gran p…”

BIBLIOGRAFIA:

  1. Batres Villagrán, Ariel (2009). «Ombres contra Hombres de Efraín de los Ríos». El diario del gallo. 
  2. De los Ríos, Efraín (1948). Ombres contra Hombres. México, D.F.: Fondo para la cultura de la Universidad de México. 
  3. Gaitán, Héctor (1989). La calle donde tu vives. Volumen 2 (2.a edición). Guatemala: Artemis y Edinter.
  4. Grieb, Kenneth J (1996) “El gobierno de Jorge Ubico” Historia general de Guatemala 1993-1999. Guatemala: Asociación de Amigos del País, Fundación para la Cultura y el Desarrollo. Volume 5, p54
  5. Schlewitz, Andrew James (1999) The rise of a military state in Guatemala, 1931-1966 New York: New School University. Unpublished dissertation, p319
  6. Yashar, Deborah J (1997) Demanding democracy: reform and reaction in Costa Rica and Guatemala, 1870s-1950s Stanford: Stanford University Press, p42