24 de enero de 1918: tercer terremoto de 1917-18

Se produce el tercero de los fuertes terremotos de 1917-18 que destruyeron la Ciudad de Guatemala

24enero1918
Ruinas del Cerrito del Carmen.  En los recuadros: las ruinas del Cementerio General y el campamento de la Cruz Roja «Manuel Estrada Cabrera».  Todas las fotografías fueron publicadas en la revista National Geographic en 1919; es de notar que la del Cerrito del Carmen fue tomada por el fotógrafo guatemalteco Alberto G. Valdeavellano.

Luego de los fuertes sismos registrados entre el 25 de diciembre de 1917 y el 3 de enero de 1918, llegaron a la Ciudad de Guatemala varios geólogos, entre quienes estuvieron Herbert Spinden de la «National Geographic Magazine» y Marshal Saville. Ambos estaban en la ciudad cuando ocurrió el fuerte sismo del 24 de enero de 1918 y reportaron su experiencia con lujo de detalles.

Reproducimos a continuación lo relatado por Spinden:1

«Fui lo suficientemente afortunado para llegar a la Ciudad de Guatemala veinte minutos antes del terremoto del 24 de enero de 1918. […] Otros sismos habían destruido la ciudad y albergues temporales en chozas habían sido construidos en los parques. Todos los hoteles estaban destruidos, y conseguí una habitación en el nuevo Hotel Roma, que estaba construido con las puertas del derruido hotel original en el antiguo patio de carruajes frente a la estación del ferrocarril.»

«El sol se acababa de ocultar y una luna llena estaba saliendo en un cielo completamente despejado. No percibí nada, a diferencia de otras ocasiones en que había sentido las vibraciones por un breve instante, como cuando uno percibe que se aproxima una tormenta. En eso, los platos de la mesa empezaron a saltar y las paredes y techo de lámina a crujir y a oscilar. Nos abalanzamos por las paredes hacia la calle, tropezando y cayendo. Desde cerca y lejos llegaba el rugido de paredes que se derrumbaban. Un polvo amarillento se elevó, oscureciendo la luna. Y luego el temblor empezó a ceder y finalmente terminó, pero el polvo se mantuvo en el ambiente sobre la dañada ciudad.»

«Estos últimos sismos aparentemente se centraron en la Ciudad de Guatemala, con un radio de destrucción de treinta millas. Se temía que la tierra cediera por los sismos y que surgiera un nuevo volcán en la misma ciudad. Las enormes fisuras que aparecieron en la línea férrea hacia Puerto Barrios se rellenaron una y otra vez, y solamente una labor incansable permitió que el tren operara por períodos lo suficientemente largos para traer suministros a la ciudad.

No solamente las casas fueron arruinadas, sino que las tuberías de agua se rompieron y la gente se vio expuesta a las potenciales enfermedades que surgen cuando se utiliza agua que nace por las fisuras de la calles. En los cementerios los esqueletos fueron expulsados de sus tumbas y muchos restos humanos tuvieron que ser cremados posteriormente. La pérdida de vidas humanas en la Ciudad de Guatemala probablemente no pasó de los doscientos.»1

Por su parte, Marshal Saville había salido en tren por la línea del Ferrocarril del Norte hacia Quiriguá y se encontraba en su travesía de retorno cuando se produjo el sismo. He aquí su relato:2

«El […] gran sismo llegó con la luna llena en la noche del 24 de enero. Estaba viajando de Quiriguá a Guatemala por tren, y este se había retrasado en Agua Caliente debido a un pequeño derrumbe. Así pues, en lugar de llegar a la ciudad a las 6:30 p.m. estaba atrasado más de una hora. Exactamente a las 7:20 p.m., cuando estábamos a unas cinco millas de llegar y estabamos saliendo de un profundo barranco entre las montañas, una piedra del tamaño de una pelota de béisbol cayó desde lo alto de una montaña y se estrelló contra el marco de la ventana donde yo iba sentado. Al instante se escuchó un gran estruendo, acompañado de un fuerte halón hacia el lado sur del tren. Y esto fue inmediatamente seguido de un fuerte temblor en el otro lado. El tren iba avanzando muy lentamente, quizá a tres kilómetros por hora, así que el maquinista lo pudo detener en cuestión de cinco metros».

«Mi primera impresión, debido a la piedra que había chocado contra la ventana, fue que había ocurrido un alud de una montaña y que las enormes rocas habían golpeado al tren. Pero cuando nos dimos cuenta que el tren estaba intacto, todos supimos lo que había ocurrido. Pocos minutos después empezamos a sentir los temblores de tierra, y desde ese momento hasta las 4:30 a. m. la tierra no se estuvo quieta. Sentíamos los sismos de cuando en cuando, y posteriormente supimos que se habían registrado cuarenta y tres temblores diferentes esa noche».

«El tren continuó su marcha lentamente, pero se tuvo que detener en tres ocasiones para que limpiaran los derrumbes que le interrumpían el paso. Por fin llegamos al último y más grande de los pasos entre las montañas; pero este estaba totalmente bloqueado y se tardaron una semana en limpiarlo porque tan pronto como removían parte de la tierra se producían nuevos aludes. Nosotros pasamos la noche del 24 de enero en el tren y terminamos nuestro viaje a pie a la mañana siguiente. El camino estaba bloqueado en muchos lugares, y especialmente en donde la vía férrea descendía por el barranco más próximo a la ciudad. Durante la caminata yo conté aproximadamente doscientas grietas, con dirección aproximada de sur a norte, aunque vi algunas perpendiculares a estas. La dirección de las grietas puede ser relevante, pues parecían provenir del volcán de Pacaya. Que las grietas van de la región del volcán hacia el norte, y no de norte a sur quedó demostrado por una gran grieta que ví que provenía del sur y que después se separaba en cuatro grietas más pequeñas hacia el norte.

Como los terremotos del 25 de diciembre y del 24 de enero ocurrieron en noche de luna llena, la población se alarmó por lo que podría ocurrir en la siguiente. En efecto, supimos que el 26 de febrero el servicio telegráfico se interrumpió por un fuerte sismo.»2


BIBLIOGRAFIA:

  1. Spinden, Herbert J. (1919). «Shattered capitals of Central America»National Geographic Magazine (Estados Unidos) XXXV (3).
  2. Saville, Marshal H. (1 de junio de 1918). «The Guatemala earthquake of December, 1917 and January, 1918»Graphical Review 5: 459-469. JSTOR 207805.

12 de diciembre de 1930: presidente Chacón sufre derrame cerebral

El presidente general Lázaro Chacón sufre un derrame cerebral que lo imposibilita para ejercer su cargo; el Lic. Baudilio Palma asume la presidencia interina

12diciembre1930
Plana Mayor del presidente Chacón durante los primeros años de su gobierno.  Cuando la crisis económica se acentuó en 1930, hubo numerosos cambios tanto en su gabinete como en la Plana Mayor.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Tras una presidencia marcada por una grave crisis económica derivada la Gran Depresión de la economía mundial iniciada por la quiebra de la Bolsa de Valores de Nueva York en 1929,1 el general presidente Lázaro Chacón sufrió un derrame cerebral el 12 de diciembre de 1930, que lo dejó imposibilitado para seguir al frente del país.2 A partir de su enfermedad, se sucedieron una serie de presidentes interinos y golpes de estado que no fueron avalados por el gobierno del presidente Hoover de los Estados Unidos, hasta que, finalmente, fue investido como presidente el general Jorge Ubico, acérrimo enemigo del general Chacón.3

El general Chacón padecía desde hacía tiempo de presión alta  y solamente gracias a las atenciones de sus familiares y de la intervención médica, había prolongado el descenlace terribe que resultó en un derrame cerebral que lo dejó imposibilitado de continuar el ejercicio de la presidencia.4

Reproducimos a continuación los decretos y notificaciones que se publicaron en los principales diarios del país con motivo de la grave enfermedad del presidente:2

«El consejo de Ministros

Por cuanto encontrándose inhabilitado para el ejecicio de sus funciones el general don Lázaro Chacón, presidente constitucional de la república según dictamen facultativo que consta en el acta fecha de ayer, suscrita por los doctores Ernesto Alarcón, Mario J. Wunderlich, Federico Mora, Lizardo Estrada y Máximo Santacruz.

Decreta en cumpimiento del artículo 69 de la constitución y en defecto del primer desginado, llamar al segundo designado, licenciado Baudilio Palma, para que asuma el cargo de presidente de la República; y da cuenta de forma inmediata con este decreto a la Asamblea Legislativa.

Dado en la casa de gobierno,en la ciudad de Guatemala, a los doce días del mes de diciembre de 1930.

      • A. Skinner Klee, ministro de Relaciones Exteriores
      • Federico Aguilar V., ministro de Fomento
      • R. A. Ramírez, ministro de Agricultura
      • Samuel E. Franco, ministro de Hacienda y Crédito Público
      • R. A. Mendoza, ministro de Educación Pública
      • F. Castillo Monterroso, Ministro de Gobernación y Justicia
      • Mauro de León, ministro de la Guerra4

(Nota de HoyHistoriaGT: varios de estos ministros llevaban apenas un mes en el despacho debido a las constantes renuncias derivadas de la crisis que estaba atravezando el país.  El general Mauro de León había sido hasta el 30 de octubre el primer designado a la presidencia, pero tuvo que renunciar al cargo cuando fue nombrado Ministro de la Guerra.5)

Ya en el ejercicio de la presidencia interina, el licenciado Baudilio Palma emitió el siguiente decreto:

Baudilio Palma, segundo designado a la presidencia de la República.

Por cuanto: encontrándose inhabilitado para el ejercicio de la presidencia de la República el señor general don Lázaro Chacón, conforme dictamen facultativo que consta en el acta fecha 11 del corriente, suscrita por los médicos que lo asisten, doctores don Ernesto Alarcón, Mario J. Wunderlich, Carlos Federico Mora, Lizardo Estrada y Máximo Santacruz.

Por tanto: en cumplimiento del artículo 69 de la constitución, en defecto del primer designado, y por decreto de esta misma fecha dictado por el consejo de ministros.

Decreta:

      1. Asumir el cargo de presidente de la República
      2. Dar inmediata cuenta con este decreto a la asamblea legislativa

Casa del gobierno, Guatemala, a los doce días del mes de diciembre de 1930.

      • Baudilio Palma
      • F. Castillo Monterroso, ministro de Gobernación y Justicia

Y ahora reproducimos el Acta de las autoridades de Medicina con respecto al estado de salud del general Chacón:6

En la ciudad de Guatemala, a once de diciembre de mil novecientos treinta, siendo las once de la noche, nos constituimos los infrascritos, médicos y cirujanos de la facultad de Guatmala, en la residencia del general don Lázaro Chacón, presidente de la república, situada en la sexta avenida norte, número 1, por convocatoria del médico de cabecera, doctor don Ernesto Alarcón, con el fin de examinar al señor presidente y dar nuestra opinión acerca de la enfermedad de que adolece.  Procedimos al examen, después de haber oído la historia clínica que nos refirió el doctor Alarcó, comprobando que el general Chacón sufre de hemiplegía completa del lado derecho, de parálisis facial del lado izquierdo y de afasia motriz,originada por una hemorragia cerebral que sufrió el 10 del corriente a las 5:10 am. como consecuencia de la hipertensión arterial por nefritis crónica, de que ha estado afectado desde hace varios años. 

En nuestro concepto esta enfermedad es de pronóstico reservado en cuanto a la vida del enfermo. Opinamos también que el señor presidente general Chacón se encuentra actualmente incapacitado para realizar cualquier trabajo intelectual por las circunstancias patológicas expresadas. No nos es posible determinar si la incapacidad será definitiva o en caso de ser solamente temporal, cuanto tiempo durará.
En fe de lo cual firmamos la presente acta en el lugar y fecha indicados.

        • M.J. Wunderlich
        • M. Santa Cruz
        • L. Estrada G.
        • F. Mora
        • Estoy conforme, Ernesto Alarcón6

El papel que jugó el gobierno del presidente Herbert Hoover en la sucesión presidencial en Guatemala en favor del general Jorge Ubico se evidencia en los siguientes telegramas que se cruzaron en esos días entre el encargado de la embajada, McCafferty, y el Secretario de Estado:

Guatemala, 12 de diciembre, 1930 – 3:00 pm. [Recibido a las 8:55 pm]

El Ministro de Relaciones Exteriores me acaba de llamar a la Casa Presidencial en donde me informaron que el presidente Lázaro Chacón ha sufrido una hemorragia cerebral, que su condición actual es seria, y que ocho médicos han firmado un documento en que lo declaran incapacitado.  Esta mañana, el Gabinete se reunió y decidió nombrar al Segundo Designado, Baudilio Palma, para ser el presidente interino durante la incapacidad de Chacón. El Ministro de Relaciones Exteriores me aseguro que todo sería realizado con legalidad, que las garantías constitucionales no serían suspendidas, y que la decisión del Gabinete sería presentada a la Asamblea Legislativa para su aprobación hoy a las 5 p.m.

Ya se ha indicado por varios diputados al Congreso que van a insistir en que se convoquen elecciones dentro del plazo estipulado por la Constitución, ya que ellos creen que la decisión de nombrar a Baudilio Palma para cubrir a Chacón durante su incapacidad es un intento de mantenerlo en el poder ilegalmente por tiempo indefinido.  Hay mucha incertidumbre y la situación política es extremadamente seria.

      • McCafferty7

Guatemala, 12 de diciembre de 1930 – 5 pm. [Recibido 10:30 pm]

Esta tarde, cuando el general Jorge Ubico llegó de su plantación cafetalera, se encontró con que su casa estaba rodeada por cerca de ochenta soldados y policía, por lo que vino a la Embajada Americana y pidió protección y asilo.  Por esto me presenté personalmente ante Baudilio Palma y el Ministro de Relaciones Exteriores y les recordé la promesa que me habían hecho de que las personas que se condujeran con propiedad no serían molestadas. Tras mi visita todos los soldados y policía fueron retirados, con excepción de dos.  Se me aseguró que el general Ubico tendría total protección, pero tomando en cuenta que Herlindo Solórzano, su enemigo acérrimo, está en control dudo seriamente si esta promesa puede materializarse o no.  Estoy convencido de que la vida del general Ubico está en grave peligro.  Muchos americanos distinguidos con quienes he hablado del asunto concuerdan conmigo.  Es más, si el general Ubico fuera asesinado, es seguro que estallaría una revolución.  Por lo tanto, con el fin de evitar derramamiento de sangre y desórdenes he permitido que el general Ubico quede asilado en la Embajada Americana mientras persista el peligro, a menos que se me instruya lo contrario.

      • McCafferty8


BIBLIOGRAFIA:

  1. Bierman, Harold (11 de agosto de 2004). “The 1929 Stock Market Crash“. (en inglés) EH.Net Encyclopedia 
  2. Vela, David (12 de diciembre de 1930). «El general Chacón dejó la presidencia«. Guatemala: El Imparcial, Unión Tipográfica.
  3. Díaz Romeu, Guillermo (1996). «Del régimen de Carlos Herrera a la elección de Jorge Ubico». Historia general de Guatemala. 1993-1999 (Guatemala: Asociación de Amigos del País, Fundación para la Cultura y el Desarrollo) 5: 37-42. Archivado desde el original el 12 de enero de 2015.
  4. Nuestro Diario (14 de diciembre de 1930). «Informe de las autoridades de Medicina». Nuestro Diario (Guatemala).
  5. Vela, David (30 de octubre de 1930). «El general De León habla de su llegada al ministerio«. Guatemala: El Imparcial, Unión Tipográfica.
  6. Mora, Carlos F. et. al. (12 de diciembre de 1930) «Acta de los médicos en que se declara la imposibilidad del general Chacón para seguir en la presidencia de la República«. Guatemala: El Imparcial, Unión Tipográfica.
  7. Secretary of State(1930) Guatemala. Revolution in Guatemala. (en inglés) En Foreign Relations III. p. 172
  8. Ibid., p. 173

22 de octubre de 1841: la Municipalidad de la Ciudad de Guatemala emite el reglamento para el primer alumbrado público a base de velas y serenos que se funcionó en la ciudad

 

22octubre1841
Vista de la Ciudad de Guatemala desde el Cerrito del Carmen en 1887.  Imagen publicada en Guatemala, Land of Quetzal de William T. Brigham.

Debido a las constantes guerras entre los criollos liberales y conservadores, el progreso fue llegando muy lentamente a Guatemala.  Para darse una idea, reportamos aquí que el primer sistema de alumbrado público para la ciudad de Guatemala a base de velas fue establecido hasta en 1841, y solamente para la porción más importante de la ciudad (entonces solamente la Plaza Mayor de lo que hoy se conoce como el Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala).

Los faroles se colocaron salientes fuera de la pared por lo menos una vara, y sostenidos por un pescante o barra de hierro.  La empresa a cargo de la iluminación debía «tener alumbrada la parte de la ciudad demarcada en el plano respective, toda las noches, desde las oraciones hasta el alba: en la que en que hubiere luna, ya sea antes de oscurecer o una hora despues, y su luz se mantenga todo el resto de la noche, no se encenderán los faroles; si después de una hora de dadas las oraciones, la luna tardare en alumbrar, por este solo tiempo hasta que su luz sea suficiente, se encenderán aquellos.»

Aquí se observa el influjo del gobierno conservador, que utiliza la hora de las oraciones como referencia.  Por otra parte, para ahorrarse en la iluminación, los faroles no se encendían cuando la luz de la luna era lo suficientemente fuerte.

En otra parte del reglamento se mencionaba que era obligación del empresario «cuidar que las luces se conserven siempre vivas y tener limpios y preparados los faroles y demás útiles para que sin demora estén las luces encendidas a la hora designada«.  Se nota aquí que la luz no era eléctrica y que necesitaba de mucho mantenimiento para manterse viva.

Tambien se estableció un grupo de serenos que se encargaba de darle mantenimiento a los faroles y de mantener vivas las llamas, y además daba de viva voz cada media hora, la hora correspondiente.    El grupo original era de 30 serenos, armados de dos pistolas y una lanza, y también tenían la obligación de revisar que todas las puertas de casas y comercios estuvieran bien cerradas.

De acuerdo a la Recopilación de Leyes publicada en 1870, este servicio se mantuvo vigente por lo menos hasta ese año, en que el autor indica que el número de serenos era de 67.


BIBLIOGRAFIA:


13 de agosto de 1783: empieza construcción de la Catedral de la Nueva Guatemala

Se inicia oficialmente la construcción de la Catedral de la Nueva Guatemala de la Asunción

13agosto1783
Daguerrotipo de aproximadamente 1860 que muestra la Catedral de Guatemala cuando todavía no tenia sus campanarios.  En el recuadro:  los planos aprobados por el rey de España. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Si bien el capitán general Martín de Mayorga ordenó el traslado de la arruinada ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala en 1776, no fue sino hasta principios de la década de 1780 que las autoridades del clero secular finalmente se trasladaron, y eso porque el arzobispo Pedro Cortés y Larraz finalmente se dió por vencido y salió de Guatemala cuando llegó su sucesor, Cayetano de Francos y Monroy en 1778 ya cansado de varios años de amargas disputas con las autoridades civiles.1,2

Mayorga promovió el traslado, pero no la reconstrucción y de hecho se fue a México como Virrey dejando la nueva ciudad, que en ese entonces constaba con muy pocas edificaciones, en manos de su sucesor, Matías de Galvez.2,3

Los edificios fueron surgiendo muy lentamente.  De hecho, las ya muy debilitadas órdenes regulares tuvieron que recurrir a extraer todo el material que pudieron de sus anteriormente lujosos conventos para poder construir los nuevos, y luego se vieron en la obligación de rematar sus antiguas propiedades en la Antigua para sufragar los gastos de construcción.  Por su parte, las autoridades seculars emprendieron la construcción de la Catedral luego de que Cortés y Larraz huyera, consiguiendo el permiso real para construir el edificio el 6 de noviembre de 1779.  De esta forma, la construcción cual se inició el 13 de agosto de 1783 y no se concluyó sino hasta en 1815, aunque sin las torres de sus campanarios y sin algunas puertas.3,4

El hecho de que la ciudad apenas estuviera resurgiendo después de su nefasto traslado, hizo que la Nueva Guatemala de la Asunción no tuviera la fortaleza ni los recursos requeridos para ser la capital de la República Federal de Centro América, y por ello tras una prolongada Guerra civil, la capital se trasladó a San Salvador después de la invasión de Francisco Morazán a Guatemala en 1829.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1926] El Libro de las Efemérides; Capítulos de la Historia de América Central. V. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 116-118.
  2. Belaubre, Christophe (2013). «Francos y Monroy, Cayetano: Aspectos de la vida del arzobispo de Guatemala que vino para retomar el control de un clero guatemalteco en estado de rebelión casi abierto». Archivado desde el original el 22 de julio de 2017.
  3. Juarros, Domingo (1818). Compendio de la historia de la Ciudad de Guatemala II. Guatemala: Ignacio Beteta.
  4. Melchor Toledo, Johann Estuardo (2011). «El arte religioso de la Antigua Guatemala, 1773-1821; crónica de la emigración de sus imágenes». tesis doctoral en Historia del Arte (México, D.F.: Universidad Nacional Autónoma de México).
  5. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América CentralII. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 361-366.

1 de abril de 1903: primera víctima mortal de la Huelga de Dolores

Primera víctima mortal entre los estudiantes de la Escuela Facultativa de Derecho y Notariado

1abril903
Estudiantes de Derecho y Notariado en aquel 1 de abril de 1903. Imagen de José García, tomada momentos antes de la incursión de la guardia del presidente.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Reproducimos a continuación el artículo publicado por el renombrado escritor Federico Hernández de León en su obra «El Libro de las Efemérides» en 1924.  Las cosas curiosas que se desprenden de este excelente artículo son:

  1. El gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera ya era una férrea dictadura en 1903.
  2. Solamente las Escuelas Facultativas de Derecho y de Medicina y Farmacia participaban en la Huelga de Dolores.  La de Ingeniería no lo hacía.
  3. El licenciado Hernández de León escribió su artículo en la década de 1920 y se refiere a la Huelga de Dolores en pretérito, ya que la Huelga desapareció en 1908 y no resurgió sino hasta 1921, luego de la caída de Estrada Cabrera.  (Por cierto, la Huelga desapareció nuevamente durante el gobierno del general Jorge Ubico, entre 1931 y 1944).
  4. Las Escuelas Facultativas eran dependencia del Ministerio de Instrucción Pública y el presidente de la República era quien designaba a las autoridades y docentes.
  5. Solamente había doscientos estudiantes universitarios en total, quienes recurrían al ingenio y no a la vulgaridad para realizar sus denuncias.  Lo que no menciona Hernández de León, es que esos doscientos estudiantes eran de las familias criollas del país y de la región centroamericana.
  6. La Cervecería de los Castillo ya enviaba el contingente de esta bebida alcohólica para los estudiantes.

He aquí el artículo:

Las huelgas anuales de los estudiantes, eran notas seguras en los meses de marzo y abril.  Los estudiantes de Derecho elegían cualquier día de la cuaresma y los de Medicina, indefectiblemente, el Viernes de Dolores.  Los estudiantes de Ingeniería, sometidos a la seriedad de los números y al prosaísmo de los teodolitos, permanecían alejados de las zalagardas escolares.

Fiscalizadas las imprentas por los sabuesos del régimen, no era dable publicar manifestación alguna que rompiera el ritmo de la paz varsoviana.  Los estudiantes adobaban un Decreto de declaratoria de Huelga y un Programa de los festejos.  En esos documentos había un derroche de ingeniero fresco, jocundo, cascabelero, sin vulgaridades salidas de tono.  El «Vos Diréis» ya no se imprimía ni en la vecina república salvadoreña, así era el espanto que provocaba la dictadura.

Aquel año de 1903, los hijos de Palas eligieron el primer día de abril, del mes cantado por Diéguez, para la declaratoria solemne y bulliciosa de la huelga.  Era decano de la Facultad don Salvador Escobar, el maestro más maestro de cuantos ha dado nuestra próvida tierra, y Ministro de Educación Pública don José Antonio Mandujano, que ya por aquel entonces parecía un escapado del Valle de los Reyes.1

Estrada Cabrera entraba en el sexto año de su loco reinado:  cinco años largos y corridos de fastidiar a los guatemaltecos.  Aun no había podido someter a los muchachos, que daban muestras de independencia y sabías ser estudiantes por sus estudiantadas.  De ellos partían las voces de protesta, las frases de insurrección, las manifestaciones de rebeldía y la expresión franca de la inconformidad con el régimen de fuerza imperante. Nacían y morían los periódicos nacionales y, desde las tribunas del gremio, se lanzaban los apóstrofes.  El despotismo no podia con el mundo de los estudiantes.

Por la mañana de aquel primero de abril llegaron los estudiantes a la perspectiva de la huelga.  Los primeros fueron, precisamente, los que llegaban por ultimo a sus clases.  Empezó el revolverse de grupos, el disponer y organizer las comisiones y el comentar la última disposición oficial: los huelguistas no podían salir a la calle, como era uso y costumbre, y su fiesta se celebraría dentro del propio edificio.  La empresa del tranvía se resistió a dar las plataformas que otrora cediera con espontánea largueza, y no era cosa de ponerse a buscar en aquellas horas, carretones en donde meterse toda la muchachada.  Los hermanos Castillo mandaron su contingente de barriles de cerveza, contingente establecido de muchos años atrás.2

Y hubo de conformarse el gremio con la celebración interior.  Se soltaron los primeros petardos, anunciadores de la fiesta y en la esquina del edificio (9a. avenida y 10a. calle) se improvisó la tribuna y el delegado official dió lectura al Decreto y al Programa.  Gálvez Molina fue el destinado: con voz que se oyera a doscientas varas, soltó la ristra de donaries que componían uno y otro documento.

Las bocacalles estaban apretadas de gentes; un público heterogéneo, desde el varón severo a la damisela escurridiza, reían de buena gana con los flechazos de los estudiantes.  Los hombres del día salían despedazados: Estrada Cabrera, Juan Barrios, Wenceslao Chacón, los ministros y autoridades, amén de unos cuantos catedráticos, satirizados con la más picante travesura.

Resonaron los triquitraques y las sonoridades de la marimba. ¡Adentro todos! Alguien tubo la ocurrencia de llamar un fotógrafo y fue Pepe García el que acudió con su cámara y sus placas.  Se hizo el grupo.  Para evitar que gente extraña se metiera en donde no cabía, se cerraron las puertas y los muchachos se enracimaron en mitad del patio mayor.  Pepe García apenas se las entendía con aquel enjambre de endemoniados.

De pronto, Marciano Castillo, subido en la parte más alta de la Fuente central, gritó

– ¡Muchachos, allí está la policía: fuera con ella!3

Varios agentes de la policía trataban, desde la calle, de abrir la puerta de la reja y forcejaban por romper las cadenas que la aseguraban.  Al grito de Marciano, todos los estudiantes volvieron la cara y gritaron a una:

– ¡Fuera! ¡Fuera los orejas! ¡Fueras los sinvergüenzas! ¡Fuera la canalla!

Los agentes cerraban los puños, amenazadores; los estudiantes les cubrían de frases duras y se reían de sus inútiles esfuerzos por franquear la entrada.  En medio de las burlas, se vió que la puerta lateral, una puerta de escape situada al norte se abría violentamente y una corriente impetuosa de policiales, como un desbordante de agua sucia, inundó los corredores. Iban a la cabeza los de la montada, un cuerpo de agentes feroces, célebres por su crueldad, por la sumisión al amo, por la violencia de los procedimientos, por la impunidad de sus actos.  En los momentos graves, los de la montada eran los que resolvían las cuestiones…

Virgilio Mejicanos, un buen compañero, muerto ya, se plantó en medio de uno de los corredores y apostrofó a los policiales.  Un golpe brutal derribó al estudiante.  Miguel Prado, que estaba en el fondo del corredor, no pudo contener su indignación y gritó furiosamente:

– ¡Ah, canallas, no se pega así!

El número de agentes aumentaba, como en un reborbotar maldito.  A las palabras de Prado, enfilaron a él su agresividad y, los palos en alto y las pistolas en guardia, avanzaron con gestos matadores.  Miguel, en aquellos momentos, recordó que llevaba en el bolsillo un revólver, envuelto en un enorme pañuelo de seda; la portación de aquella arma era incidental. Al verse amenazado, valientemente requirió el arma y al sentir los primeros golpes de batón, descargó el primer tiro.  La bala vació un ojo a uno de los esbirros.4

En esos momentos, Bernardo Lemus, estudiante salvadoreño, muchacho muy bien parecido, estudioso, apartado de todo lo que significara desorden y que, en aquellos días estaba para someterse al último examen, pasó del corredor que está al oriente, para dirigire por el corridor del norte, busca de la salida.  Al llegar al ángulo, uno de los agentes parapetado tras de la pilastra, disparó secamente su revólver.  Lemus se llevó violentamente las manos al pecho y, sin una sola exclamación, cayó de espaldas.  Un ligero sacudimiento contrajo su cuerpo y no se movió más.  La bala le había partido el corazón.

Los policiales seguían un tiroteo espantoso, sin acertar con el blanco.  Los muchachos se replagaron a la Secretaría y, en esos instantes, se oyó por la calle, pasaba una cabalgata.  Era Estrada Cabrera, metido en su coche y rodeado de edecanes.  Supo lo de la huelga y quiso, en un arranque único, llegar personalmente hasta los estudiantes.  Para resguardarse mandó a la policía por delante, con tan mal suceso, que los esbirros entraron a golpes de palo y disparos de revólver.  Cuando Estrada Cabrera oyó el tiroteo, prudentemente siguió de largo.5

Aquel suceso, como todos los sucesos que merecían reprobación, pasó en silencio para los guatemaltecos.  La sangre del estudiante quedó vertida como si se hubiera  tratado de in cordero.  No hubo una protesta, una sola manifestación de reproche; así la tiranía se enseñoreó sobre nuestro pueblo muy merecidamente. Porque, en las sociedades en donde los avances de los déspotas son hechos que se cubren con la indiferencia, bien merecen esos pueblos que se les azote, que se les escarnezca y que se les cubra de oprobio.6


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 3.
  2. Ibid., p. 4.
  3. Ibid., p. 5.
  4. Ibid., p. 6.
  5. Ibid., p. 7.
  6. Ibid., p. 8.