14 de diciembre de 1841: el Jefe del Estado de Guatemala, Mariano Rivera Paz renuncia al cargo

14diciembre1841
Planos originales de la Catedral de la Ciudad de Guatemala.  La religion católica jugaría un papel crucial en la política de Guatemala desde el gobierno de Rivera Paz hasta la revolución liberal de 1871.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Gobernar teniendo a Rafael Carrera como general en jefe de las Fuerzas Armadas era una tarea sumamente ardua, y eso fue precisamente lo que le ocurrió a Mariano Rivera Paz, un hombre muy competente y capaz pero que estuvo al mando del Estado de Guatemala durante la época más convulsa de la República Federal de Centro América.

Rivera Paz había llegado al poder poco antes de que las hordas de Carrera entraran en la ciudad de Guatemala exigiendo que se abriera la Catedral Metropolitana en nombre de la santa religión; ante esta situación, Rivera Paz se apresuró a aprobar una serie de decretos que facilitaron el retorno de los eclesiásticos y de la familia Aycinena al país.

Cuando los criollos liberales se dieron cuenta de este cambio de política se trasladaron al occidente de Guatemala y formaron su propio estado, el Estado de Los Altos, en donde aprovecharon lo que le quedaba de poder al presidente federal Francisco Morazán para separarse de Guatemala.

Morazán llegó a Guatemala a pedido de las autoridades liberales y destituyó a Rivera Paz en favor del salvadoreño Carlos Salazar.  Ante esta situación, Carrera continuó  su lucha campesina contra las fuerzas morazánicas y estatales, y tras un año de combates con resultados indecisos, finalmente salió airoso, expulsando a Salazar y restituyendo a Rivera Paz el 13 de abril de 1839.  Poco después, Carrera recuperó a Los Altos para Guatemala y entonces se produjo la segunda invasión de Morazán a Guatemala, que resultó en dos cosas:  Carrera se convirtió en el hombre fuerte de Guatemala y la hasta entonces triunfante carrera política de Morazán llegó a su fin.  Este fue el nuevo escenario que afrontó Rivera Paz lo mejor que pudo, pero pronto se hizo evidente que no era un rival de peso para Carrera, quien se imponía en cuanto quería, especialmente en lo referente a los gastos de mantenimiento de sus tropas.

De esta forma, tras una fuerte discusión que tuvo Carera con uno de sus ministros el 7 de diciembre de 1841, Rivera Paz renunció a la jefatura del Estado, dejando el camino libre al “Caudillo adorado de los Pueblos“, aunque éste no asumió como presidente, sino que lo hizo José Venancio López, quien era regente de la Corte se Justicia y miembro del Consejo de Gobierno junto con Carrera y Luis Batres Juarros.

Aquella sería la primera renuncia de Rivera Paz, quien regresó al poder poco después, solamente para renunciar definitivamente en favor de Carrera en 1844.


BIBLIOGRAFIA:


12 de diciembre de 1930: el presidente general Lázaro Chacón sufre un derrame cerebral que lo imposibilita para ejercer su cargo; el Lic. Baudilio Palma asume la presidencia interina

12diciembre1930
Plana Mayor del presidente Chacón durante los primeros años de su gobierno.  Cuando la crisis económica se acentuó en 1930, hubo numerosos cambios tanto en su gabinete como en la Plana Mayor.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Tras una presidencia marcada por una grave crisis económica derivada la Gran Depresión de la economía mundial iniciada por la quiebra de la Bolsa de Valores de Nueva York en 1929, el general presidente Lázaro Chacón sufrió un derrame cerebral el 12 de diciembre de 1930, que lo dejó imposibilitado para seguir al frente del país. A partir de su enfermedad, se sucedieron una serie de presidentes interinos y golpes de estado que no fueron avalados por el gobierno del presidente Hoover de los Estados Unidos, hasta que, finalmente, fue investido como presidente el general Jorge Ubico, acérrimo enemigo del general Chacón.

El general Chacón padecía desde hacía tiempo de presión alta  y solamente gracias a las atenciones de sus familiares y de la intervención médica, había prolongado el descenlace terribe que resultó en un derrame cerebral que lo dejó imposibilitado de continuar el ejercicio de la presidencia.

Reproducimos a continuación los decretos y notificaciones que se publicaron en los principales diarios del país con motivo de la grave enfermedad del presidente:

“El consejo de Ministros

Por cuanto

encontrándose inhabilitado para el ejecicio de sus funciones el general don Lázaro Chacón, presidente constitucional de la república según dictamen facultativo que consta en el acta fecha de ayer, suscrita por los doctores Ernesto Alarcón, Mario J. Wunderlich, Federico Mora, Lizardo Estrada y Máximo Santacruz.

Decreta

en cumpimiento del artículo 69 de la constitución y en defecto del primer desginado, llamar al segundo designado, licenciado Baudilio Palma, para que asuma el cargo de presidente de la República; y da cuenta de forma inmediata con este decreto a la Asamblea Legislativa.

Dado en la casa de gobierno,en la ciudad de Guatemala, a los doce días del mes de diciembre de 1930.

  • A. Skinner Klee, ministro de Relaciones Exteriores
  • Federico Aguilar V., ministro de Fomento
  • R. A. Ramírez, ministro de Agricultura
  • Samuel E. Franco, ministro de Hacienda y Crédito Público
  • R. A. Mendoza, ministro de Educación Pública
  • F. Castillo Monterroso, Ministro de Gobernación y Justicia
  • Mauro de León, ministro de la Guerra

(Nota de HoyHistoriaGT: varios de estos ministros llevaban apenas un mes en el despacho debido a las constantes renuncias derivadas de la crisis que estaba atravezando el país.  El general Mauro de León había sido hasta el 30 de octubre el primer designado a la presidencia, pero tuvo que renunciar al cargo cuando fue nombrado Ministro de la Guerra).

Ya en el ejercicio de la presidencia interina, el licenciado Baudilio Palma emitió el siguiente decreto:

Baudilio Palma, segundo designado a la presidencia de la República.

Por cuanto:

encontrándose inhabilitado para el ejercicio de la presidencia de la República el señor general don Lázaro Chacón, conforme dictamen facultativo que consta en el acta fecha 11 del corriente, suscrita por los médicos que lo asisten, doctores don Ernesto Alarcón, Mario J. Wunderlich, Carlos Federico Mora, Lizardo Estrada y Máximo Santacruz.

Por tanto:

en cumplimiento del artículo 69 de la constitución, en defecto del primer designado, y por decreto de esta misma fecha dictado por el consejo de ministros.

Decreta:

  1. Asumir el cargo de presidente de la República
  2. Dar inmediata cuenta con este decreto a la asamblea legislativa

Casa del gobierno, Guatemala, a los doce días del mes de diciembre de 1930.

  • Baudilio Palma
  • F. Castillo Monterroso, ministro de Gobernación y Justicia

Finalmente, reproducimos el Acta de las autoridades de Medicina con respecto al estado de salud del general Chacón:

En la ciudad de Guatemala, a once de diciembre de mil novecientos treinta, siendo las once de la noche, nos constituimos los infrascritos, médicos y cirujanos de la facultad de Guatmala, en la residencia del general don Lázaro Chacón, presidente de la república, situada en la sexta avenida norte, número 1, por convocatoria del médico de cabecera, doctor don Ernesto Alarcón, con el fin de examinar al señor presidente y dar nuestra opinión acerca de la enfermedad de que adolece.  Procedimos al examen, después de haber oído la historia clínica que nos refirió el doctor Alarcó, comprobando que el general Chacón sufre de hemiplegía completa del lado derecho, de parálisis facial del lado izquierdo y de afasia motriz,originada por una hemorragia cerebral que sufrió el 10 del corriente a las 5:10 am. como consecuencia de la hipertensión arterial por nefritis crónica, de que ha estado afectado desde hace varios años. 

En nuestro concepto esta enfermedad es de pronóstico reservado en cuanto a la vida del enfermo. Opinamos también que el señor presidente general Chacón se encuentra actualmente incapacitado para realizar cualquier trabajo intelectual por las circunstancias patológicas expresadas. No nos es posible determinar si la incapacidad será definitiva o en caso de ser solamente temporal, cuanto tiempo durará.
En fe de lo cual firmamos la presente acta en el lugar y fecha indicados.

  • M.J. Wunderlich
  • M. Santa Cruz
  • L. Estrada G.
  • F. Mora
  • Estoy conforme, Ernesto Alarcón

Chacón ya nunca se recuperó, a pesar de que fue llevado a Nueva Orleans, Louisina, Estados Unidos, para recibir tratamiento médico y falleció el 8 de abril de 1931, no sin antes enterarse de que su enemigo Jorge Ubico había sido electo presidente de Guatemala el 7 de febrero de ese mismo año.


BIBLIOGRAFIA:

  • Asociación de Amigos del País (2004). Diccionario histórico biográfico de Guatemala. Guatemala: Amigos del País, Fundación para la Cultura y el Desarrollo. ISBN 99922-44-01-1.
  • Cach, Mónica (2014). «Historia de la educación en Guatemala». Monografías en línea.
  • Díaz Romeu, Guillermo (1996). «Del régimen de Carlos Herrera a la elección de Jorge Ubico». Historia general de Guatemala. 1993-1999 (Guatemala: Asociación de Amigos del País, Fundación para la Cultura y el Desarrollo) 5: 37-42. Archivado desde el original el 12 de enero de 2015.
  • Fuentes Oliva, Regina (2012). «1920, una década de cambios educativos para Guatemala». Boletín AFEHC (N°54).
  • Mora, Carlos F. et. al. (12 de diciembre de 1930) “Acta de los médicos en que se declara la imposibilidad del general Chacón para seguir en la presidencia de la República”. Guatemala: El Imparcial, Unión Tipográfica.
  • Nuestro Diario (14 de diciembre de 1930). «Informe de las autoridades de Medicina». Nuestro Diario (Guatemala).
  • Time Magazine (1930). «Wrong horse No. 2». Time magazine (en inglés) (Estados Unidos).
  • — (1931). «We are not amused». Time magazine (en inglés) (Estados Unidos).
  • — (1931). Died. General Lazaro Chacon, 56, President of Guatemala (en inglés). Estados Unidos.
  • Vela, David (30 de octubre de 1930). “El general De León habla de su llegada al ministerio”. Guatemala: El Imparcial, Unión Tipográfica.
  • — (12 de diciembre de 1930). “El general Chacón dejó la presidencia”. Guatemala: El Imparcial, Unión Tipográfica.

1 de noviembre de 1896: la revista cultural “La Ilustración Guatemalteca” publica un reportaje sobre el entonces lujoso Cementerio General de la Ciudad de Guatemala

1noviembre1896
Fotografía de la Alameda Central del Cementerio General de la Ciudad de Guatemala en 1896.  Imagen de Alberto G. Valdeavellano.

Reproducimos a continuación el reportaje publicado por “La Ilustración Guatemalteca” el 1 de noviembre de 1896, el cual contiene importantes datos históricos de las personas sepultadas en el Cementerio General por ese entonces y de la marcada segregación social que caraterizaba a la sociedad guatemalteca de la época.

UNA EXCURSION AL PAIS DE LOS MUERTOS

Hace pocos días que el señor Síguere, dueño de este periódico, y mis amigos los señores Joaquín Méndez y Rafael Spínola, tuvimos la idea de emprender una peregrinación curioso-artística al Cementerio General de esta ciudad.  Al efecto, tomando un landó nos dirigimos hacia donde se pone el sol, que es el lugar en donde reposan nuestros muertos queridos.

El grupo viajero tiene más o menos el mismo temperament; somos los últimos unos neurópatas.  El señor Síguere, teniendo nuestro mismo temperamento, nos lleva la ventaja de que en la ocasión sabe dominar sus nervios y encerrarlos bajo una coraza de acero que debe haber comprador en los bordes del Támesis.

En fin, el automedonte nos llevó, de esta ciudad de fiestas y alegrías a las puertas de lo que ha dado en llamarse la Cita Dolente.  Y hemos llegado allí ante el hermoso portico estilo Renacimiento puro, que separa la ciudad de los vivos, de los muertos.  Se lee en el fronstispicio una inscripción latina, en estilo lapidario, que a mí me deja sin cuidado siempre que la leo.  Traspasamos el umbral y henos allí frente a frente con aquel bosque de ángeles alados, cruces solitarias, ojivas airosas que forman el vértice de los innumerables monumentos en cuyo seno reposan los muertos.

La vista que el conjunto produce es agradable.  Los tibios rayos del sol poniente lo envuelven todo en suave melancolía.  Se conoce que allí de verdad hay paz y calma.  Hasta el viento respeta aquel santuario.  Por allí no pasan pájaros ni aves cantoras.  El olfato percibe olores de tierra removida, y si el oído se aguza adivinará que allí ha habido cánticos, plegarias, ayes y desesperaciones.

Los cuatro estábamos serios, sin saber por dónde dirigirnos; por fin nos decidimos por el camino de la derecho para comenzar por lo más modesto.  En el lado opuesto está el barrio de los ricos con sus capillas suntuosas, con sus templetes griegos, con sus monumentos costosos, con sus alegorías de mayor o menor gusto.

Comenzamos nuestra peregrinación.  Una de las primeras capillas que se encuentran es la de Herrera, familia de las más acomodadas del país y que tuvo por jefe a don Manuel, Ministro de Fomento del general don J. Rufino Barrios, y que ha dejado recuerdos en el país, de haber sido una persona amable, inteligente y de las más emprendedoras de la República.

A pocos pasos se encuentra el monumento de un guerrero.  Un general de aspecto joven yace en tierra, muerto por bala enemiga. El ángel de la Gloria con un rostro airado mira hacia el infinito, cobijando bajo sus brazos al héroe y al mártir. 

El que ve aquel grupo heróico no llora; llora sí, de ira y de patriotismo; y del fondo de su corazón se exhala esta plegaria: “Felices de los que mueren luchando por un gran ideal”. El muerto allí enterrado se llamó en vida Venancio Barrios.

Caminando más, y hacia el lado de la derecho, se encuentra una aglomeración artística de piedras tocas, carcomidas por el tiempo y ya invadidas por la yedra.  En una place de mármol se lee esta autógrafa: “Julio Rosignon”.  Ese es el nombre de un sabio naturalista francés que vino a Guatemala en días en que la ignorancia se cernía sobre nuestro país; que abrió cátedras, que difundió luces, que fue activo miembro de la Sociedad Económica, que inició la idea de rodear la ciudad de parques, que creó nuestros squares, sembró varias alamedas, introdujo el cultivo de plantas  útiles y murió pobre y olvidado.

Siguiendo el camino se encuentra hacia la izquierda un monumento muy modesto, ennegrecido por el agua y con una lápida con caracteres borrosos.  Ese monumento encierra a dos de los más grandes médicos que ha tenido el país.  Allí reposan las cenizas de los doctores Esparragoza y Pérez, los cuales fueron trasladados del antiguo cementerio al lugar donde hoy se hallan por disposición de la Junta Directiva de la Facultad de Medicina y Farmacia.

Seguimos adelante, y dando la vuelta nos diriginos hacia el panteón modesto en donde se entierra a los pobres. ¡Cuántos nombres, cuántos nombres de personas conocidas o amadas!  Allí un antiguo compañero de infancia; allí una virgen arrebatada de la tierra en sus mejores años; allí un hombre malo a quien el sepulcro le ha hecho perdonar sus faltas, ¡ay! pero todos conocidos, algunos amados.  Pasando a orillas de sus tumbas se les saluda y se les envidia; ellos descansan ya, nosotros vamos solitarios y mudos deletreando los enigmas que se encierran tras los epitafios que ocultan sus nombres.  Y así llegamos allá en donde terminan los monumentos y comienza la llanura de los pobres.  Amplia es ella, hasta perderse de vista.  Para llegar a donde reposan los miserables hay que pasar un puente de hermosas arcadias tendidas de uno al otro lado del barranco. Si golpéais duro aquel pavimento, tendréis aquelarre de cráneos, porque el vientre de aquel Puente contiene el “Osario” de aquel cementerio, y allí están confundidos, mientras no se vuelvan polvo, la multitud de huesos de las generaciones de la gente sin familia o de la familia olvidadiza que dejó caer a los restos de los suyos en aquel abismo espantoso.

Nosotros no nos atrevimos a atravezar el puente fatal, contentándonos en contemplar desde lejos las tumbas de los pobres, todas uniformes y pequeñas, sin más que nombres ignorados para el mundo y que hacen el efecto, vistas desde lejos, de batallones que se aprestaran desde este mundo al combate de la muerte contra lo desconocido.

El grupo hizo allí reflexiones que llegaron hasta tener colorido filosófico. Atrás, los ricos con sus suntuosas capillas; y sus inscripciones más o menos mentirosas; adelante y hasta perderse en el lejano confín, la muerte niveladora que se ha tragado en su sepulcro a multitud de generaciones que no han dejado rastro ni huella; y todos más o menos tristes, agachamos la cabeza, influenciados, yo no sé por qué pensamiento, siguiendo nuestro camino agobiados por la idea triste de que es mentira que existe la igualdad ni aun en la tumba. 

Regresamos por la calle que conduce al punto céntrico del cementerio, donde se encuentra el monumento de García Granados, que encierra sus restos, y ya al pie de él nos dimos a contemplar la puesta del sol que, precisamente en ese momento, ocultaba su faz tras la majestuosa y azulada mole del Volcán de Agua.  Los celajes de amarillo pálido que llenaban la inmensa extension del horizonte, semejaban un océano de oro en fusión, sobre el cual se iban a precipitar parvadas de nubecillas en formas de cirrus que se disolvían al contacto de aquel líquido hirviente.  Naturaleza estaba callada y triste; no se oía ni un ¡ay! ni un gemido. Nosotros no sabíamos qué admirar más, si la ida del sol, o la tristeza y semioscuridad en que estaban envueltos los teocalis lejanos, cementerio también de los indios anteriores a la conquista y que forman tan especial contraste con el cementerio de los cristianos; o la tristeza de nuestros propios corazones que también ¡ay! son otros tantos cementerios sangrientos en donde están enterradas tantas y tantas ilusiones y esperanzas.

Embebidos estábamos ante aquel paisaje férico, cuando nos despertó una voz plañidera.  Era la voz de la campana del cementerio, que tocaba a muerto; y uno más se deslizó bajo las arcadas del pórtico en carro mortuorio y acompañado de deudos y amigos que le conducían a su última morada.

La noche se nos venía encima; nosotros estábamos tristes y cavilosos y nos decidios a terminar la jornada sin punto determinado.

Lo que queríamos era saludos a nuestros muertos ilustres, que en el nuevo cementerio son pocos por contar. 

Atraídos por el arte, para estudiar los monumentos que la riqueza y el amor han levantado a los muertos de la gente privilegiada por el dinero.  En un templete griego vimos que reposaba don Angel Peña, ex-Ministro de Hacienda del general Rufino Barrios; más adelante el general don José Orantes, ex-presidente de la República. Estos han dejado capital suficiente, y sus familias les han elevado monumentos suntuosos.

Cerca de de esa tumba está la de un filántropo; don Luis Asturias, director del Asilo de Dementes y fundador de otros institutos de beneficencia. Su familia le ha erigido un monumento en mármol de muy buen gusto artístico.

Pero lo que en la Avenida en que estos muertos sobresale de toda ponderación, es el sepulcro de doña Agripina de Sánchez.  La señora fue madre de personas muy distinguidas en el país, entre las que se cuentan don Delfino Sánchez, notable Ministro de Instrucción Pública del general Barrios, muerto ya, y don Guillermo Sánchez, honrado industrial.  Ella era viuda de don Francisco Sánchez, notable hombre público en su tiempo.  Nada sé de las cualidades familiares de doña Agripina; esposa de éste último, deben haber sido muchas y su memoria muy querida cuando se le ha levantado el más hermoso monumento que hay en el cementerio erigido por la piedad filial.

El monumento del general Barrios es bien conocido, es en su género lo más hermoso y heróico que tenemos en Centro América. La cripta en que reposan los restos del guerero; la oscuridad que rodea el catafalco; las leyendas de las paredes; las coronas que sus fieles le depositan de año en año al pie de aquella tumba. Basta decir que en Centro América no hay monumento de mayor costo.  No fue la Nación, fue su viuda la que le consagró ese recuerdo en mármoles y bronces.


BIBLIOGRAFIA:


 

22 de octubre de 1841: la Municipalidad de la Ciudad de Guatemala emite el reglamento para el primer alumbrado público a base de velas y serenos que se funcionó en la ciudad

 

22octubre1841
Vista de la Ciudad de Guatemala desde el Cerrito del Carmen en 1887.  Imagen publicada en Guatemala, Land of Quetzal de William T. Brigham.

Debido a las constantes guerras entre los criollos liberales y conservadores, el progreso fue llegando muy lentamente a Guatemala.  Para darse una idea, reportamos aquí que el primer sistema de alumbrado público para la ciudad de Guatemala a base de velas fue establecido hasta en 1841, y solamente para la porción más importante de la ciudad (entonces solamente la Plaza Mayor de lo que hoy se conoce como el Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala).

Los faroles se colocaron salientes fuera de la pared por lo menos una vara, y sostenidos por un pescante o barra de hierro.  La empresa a cargo de la iluminación debía “tener alumbrada la parte de la ciudad demarcada en el plano respective, toda las noches, desde las oraciones hasta el alba: en la que en que hubiere luna, ya sea antes de oscurecer o una hora despues, y su luz se mantenga todo el resto de la noche, no se encenderán los faroles; si después de una hora de dadas las oraciones, la luna tardare en alumbrar, por este solo tiempo hasta que su luz sea suficiente, se encenderán aquellos.”

Aquí se observa el influjo del gobierno conservador, que utiliza la hora de las oraciones como referencia.  Por otra parte, para ahorrarse en la iluminación, los faroles no se encendían cuando la luz de la luna era lo suficientemente fuerte.

En otra parte del reglamento se mencionaba que era obligación del empresario “cuidar que las luces se conserven siempre vivas y tener limpios y preparados los faroles y demás útiles para que sin demora estén las luces encendidas a la hora designada“.  Se nota aquí que la luz no era eléctrica y que necesitaba de mucho mantenimiento para manterse viva.

Tambien se estableció un grupo de serenos que se encargaba de darle mantenimiento a los faroles y de mantener vivas las llamas, y además daba de viva voz cada media hora, la hora correspondiente.    El grupo original era de 30 serenos, armados de dos pistolas y una lanza, y también tenían la obligación de revisar que todas las puertas de casas y comercios estuvieran bien cerradas.

De acuerdo a la Recopilación de Leyes publicada en 1870, este servicio se mantuvo vigente por lo menos hasta ese año, en que el autor indica que el número de serenos era de 67.


BIBLIOGRAFIA:


11 de octubre de 1825: se decreta la primera constitución del Estado de Guatemala, en ese momento parte de la República Federal de Centro América

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La Plaza de Armas de la Ciudad de Guatemala a principios de la década de 1890, cuando todavía tenía la Fuente de Carlos III y estaba en pie el Palacio Colonial, que estaba ubicado en donde hoy se encuentra el Parque Centenerio y la Biblioteca Nacional.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

La República Federal de Centro América se formó el 22 de noviembre de 1824, con el mismo territorio que antes ocupara la Capitanía General de Guatemala —exceptuando a Chiapas que se quedó en México tras la efímera Anexión de Centroamérica a México— y quedó compuesta por cinco estados: Costa Rica, Honduras, Nicaragua, El Salvador y Guatemala.

El Estado de Guatemala fue definido de la siguiente forma por la Asamblea Constituyente que emitió la constitución del 11 de octubre de 1825: “el estado conservará la denominación de Estado de Guatemala y lo forman los pueblos de Guatemala, reunidos en un solo cuerpo. El estado de Guatemala es soberano, independiente y libre en su gobierno y administración interior“.​

La misma constitución de 1825 indicó cual era el territorio del estado, y la primera división administrativa del mismo se hizo oficial el 4 de noviembre de 1825, cuando la Asamblea Constituyente dividió al territorio en siete departamentos.

La constitución del Estado de Guatemala promulgada el 11 de octubre de 1825 (y no el 11 de abril de 1836, como numerosos historiadores han reportado incorrectamente) creó los distritos y sus circuitos correspondientes para la administración de justicia según el Código de Lívingston traducido al español por José Francisco Barrundia y Cepeda.  (El origen de este error radica en que los historiadores se basan en la publicación de Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, volumen I de 1869 de Manuel Pineda de Mont, el cual especifica en la página 467 que para dicha Recopilación utilizó la copia del acta de los distritos que fue elaborada el 11 de abril de 1836; sin embargo, leyendo cuidadosamente toda la ley transcrita por Pineda de Mont, se advierte que al principio de la misma, en la página 463, dice: «Ley 4: Artículos de la Constitución Política del Estado de Guatemala, decretada por su Asamblea el 11 de octubre de 1825, decretando los pueblos que comprende el territorio del Estado).​


BIBLIOGRAFIA:


 

28 de septiembre de 1929: ocurre el “avionazo del Callejón de Dolores” en donde fallece el pionero de la aviación guatemalteca Jacinto “Chinto” Rodríguez Díaz

28septiembre1929
Rodríguez Daz junto al coronel Charles Lindbergh (vestido de civil) y los pioneros de la aviación guatemalteca: Ricardo Rodas y Miguel Garcia Granados Solís (este ultimo sin el birrete). Imagen tomada de Wikimedia Commons.

A principios del siglo XX la aviación se empezó a hacer más y más popular entre los miembros del ejército guatemalteco. Entre aquellos pioneros de la aviación estuvieron Miguel García Granados Solís, Óscar Morales López, Ricardo “Chato” Rodas y Jacinto “Chinto” Rodríguez Díaz.  Todos ellos estudiaron aviación en los Estados Unidos y recaudaron fondos para comprar el primer avión para Guatemala, al cual bautizaron con el nombre de “Centroamérica“.

Desde mediados de 1929, los aviadores militares guatemaltecos habían logrado establecer un modesto servicio aéreo utilizando tres monomotores Ryan Brougham B-5 con los cuales estaban transportando carga y correspondencia hasta los más lejanos y solitarios confines del país. Rodríguez Díaz viajó a Petén, en donde aterrizó en Santa Elena el 20 de julio de 1929, en San Francisco en dos ocasiones y en la La Libertad. El coronel Rodríguez Díaz perdió la vida el 28 de septiembre de 1929, en un trágico accidente aéreo conocido como el “Avionazo del callejón de Dolores“. En el avión iban también el Lic. José Luis Balcárcel,​ Secretario de la Comisión de Límites; el niño Carlos Montano Novella y el Ing. Julio Montano Novella, en ese entonces Cónsul de Guatemala en Nueva York. Todos, excepto el Ing. Montano, perdieron la vida en aquel accidente.  Rodríguez Díaz fue sepultado con grandes honores en el Cementerio General de la Ciudad de Guatemala, y su mausoleo fue diseñado y construido por el renombrado escultor guatemalteco Rafael Yela Günther.  Por su parte, José Luis Balcárcel es mencionado en la novela “Viernes de Dolores” de Miguel Angel Asturias como el presidente del Honorable Comité de Huelga de Dolores, “Chocochique” Balcárcel, que revivió la tradición estudiantil en 1922, tras 17 años de prohibición por parte del gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera.

Por su parte, la aventura del servicio aéreo guatemalteco no llegó muy lejos pues con el fatal accidente del coronel Rodríguez Díaz, la partida del coronel García Granados fuera del país y la llegada de la Misión Aérea Francesa, los aviadores militares se enfocaron en iniciar prácticas de combate y alcanzar niveles operativos aptos con los recién adquiridos cazas Morane Saulnier MS. 147EP y bombarderos Potez XXV A2.


BIBLIOGRAFIA:


 

13 de agosto de 1783: se inicia la construcción de la Catedral de la Nueva Guatemala de la Asunción

13agosto1783
Daguerrotipo de aproximadamente 1860 que muestra la Catedral de Guatemla cuando todavía no tenia sus campanarios.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Si bien el capitán general Martín de Mayorga ordenó el traslado de la arruinada ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala en 1776, no fue sino hasta principios de la década de 1780 que las autoridades del clero secular finalmente se trasladaron, y eso porque el arzobispo Pedro Cortés y Larraz huyó de Guatemala cuando llegó su sucesor, Cayetano de Francos y Monroy en 1778 ya cansado de varios años de amargas disputas con las autoridades civiles.

Mayorga promovió el traslado, pero no la reconstrucción y de hecho se fue a México como Virrey dejando la nueva ciudad, que en ese entonces constaba con muy pocas edificaciones, en manos de su sucesor, Matías de Galvez.

Los edificios fueron surgiendo muy lentamente.  De hecho, las ya muy debilitadas órdenes regulares tuvieron que recurrir a extraer todo el material que pudieron de sus anteriormente lujosos conventos para poder construir los nuevos, y luego se vieron en la obligación de rematar sus antiguas propiedades en la Antigua para sufragar los gastos de construcción.  Por su parte, las autoridades seculars emprendieron la construcción de la Catedral, la cual se inició el 13 de agosto de 1783 y no se concluyó sino hasta en 1815, aunque sin las torres de sus campanarios.

El hecho de que la ciudad apenas estuviera resurgiendo después de su nefasto traslado, hizo que la Nueva Guatemala de la Asunción no tuviera la fortaleza ni los recursos requeridos para ser la capital de la República Federal de Centro América, y por ellos tras una prolongada Guerra civil, la capital se trasladó a San Salvador después de la invasión de Francisco Morazán a Guatemala en 1829.


BIBLIOGRAFIA:


 

21 de abril de 1877: durante su exilio en Guatemala, el héroe y poeta cubano José Martí conoce a María García Granados y Saborío, La Niña de Guatemala

21abril1877
La 8a. avenida de la Ciudad de Guatemala en la época en que José Martí era profesor de la Escuela Normal para Varones y catedrático de la Escuela de Derecho y Notariado.  En los recuadros: el poeta en 1876 y la joven María García Granados y Zavala, “La Niña de Guatemala”.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El poeta y prócer cubano José Martí llegó a Guatemala invitado por el profesor José  María Izaguirre y atraído por el tinte liberal del gobierno del general J. Rufino Barrios.  El recién llegado fue invitado a las tertulias de las familias más acomodadas del país y en una de ellas conoció a María García Granados, el 21 de abril de 1877: una hermosa adolescente, siete años menor que él. El padre de ella, el general Miguel García Granados, había sido presidente provisorio entre 1871 y 1873, tras el triunfo de la Revolución Liberal que él mismo encabezó.1

Debido a su carácter diplomático, y a sus estrechos lazos con muchos de los conservadores, los criollos liberales apoyaron inicialmente a García Granandos, pero cuando se dieron cuenta de que se estaba tomando mucho tiempo para emprender las reformas agrarias y económicas que tanto ansiaban, lo obligaron a aceptar a que J. Rufino Barrios se hiciera cargo del gobierno, logrando que Barrios ascendiera al poder en 1873.   A pesar de ello, el anciano general García Granados gozaba de mucho prestigio en la sociedad guatemalteca del gobierno de Barrios y su tertulia era de las más concurridas por los líderes liberales.2

El poeta cubano José Martí llegó a Guatemala exiliado, por recomendación de su coterráneo José María Izaguirre, quien consiguió para él el puesto de profesor en la entonces prestigiosa y exclusiva Escuela Normal Central para Varones, y el de catedrático en la Escuela Facultativa de Derecho y Notariado. Gracias al prestigio de Izaguirre, Martí pronto se hizo pronto amigo del general García Granados, quien lo invitaba a su residencia a jugar al ajedrez con frecuencia, y tras conocer a María, aprovechaba las visitas para charlar con ella.3, 4

Desafortunadamente, Martí estaba comprometido para casarse con Carmen Zayas Bazán y  no pudo corresponder a la hija del expresidente como hubiera querido; de hecho, en noviembre se fue a México, en donde se casó con Carmen el 20 de diciembre, y tras algunos días de descanso, finalmente regresó a Guatemala el 15 de enero de 1878 a dar clases a la Escuela Normal, tras un largo y penoso viaje.2

Al enterarse de su retorno, María envió la siguiente nota al recién llegado:

“Hace seis días que llegaste a Guatemala, y no has venido a verme. ¿Por qué eludes tu visita? Yo no tengo resentimiento contigo, porque tú siempre me hablaste con sinceridad respecto a tu situación moral de compromiso de matrimonio con la señorita Zayas Bazán. Te suplico que vengas pronto.

—Tu Niña3

Pero Martí ya no regresó a ver a María debido a los celos de su nueva esposa, aunque debe decirse que la bella joven guatemalteca era lo menos que le preocupaba a Martí en esos momentos pues la situación política en Guatemala y en Cuba había cambiado mucho durante su viaje.2

Tras descubrir la Conspiración Kopesky el 1 de noviembre, y de fusilar a los conjurados (y a más de alguno que no lo era) el 5 y el 7 de ese mismo mes, el presidente Barrios se había convertido en un auténtico tirano paranoico, viendo enemigos hasta en sus antiguos aliados y aprovechando la circunstancia para salir de todos los que le incomodaban.2 Y, por si no eso no bastara, Martí quedó muy decepcionado cuando se enteró del final de guerra civil independentista en Cuba el 11 de febrero de 1878, que había causado casi cincuenta mil fallecidos desde 1868 y que había terminado con el Tratado del Zanjón en el que España daba amnistía a los rebeldes, pero obligaba a Cuba, que ya tenía sus ingenios azucareros destruidos por la guerra, a pagarle a España una indemnización millonaria que la dejó en quiebra.2

La situación económica del recién casado Martí se vió muy afectada cuando perdió su cátedra en la Escuela de Derecho y Notariado debido al ambiente político imperante y además, cuando tras el Tratado del Zanjón quedó truncado su proyecto de publicar su “Revista Guatemalteca” en el que planeaba no solo contar sus experiencias en Guatemala sino promocionar la revolución cubana.2 Finalmente, en marzo de 1878, su amigo protector Izaguirre fue obligado a renunciar como director de la Escuela Normal cuando el presidente Barrios empezó a desconfiar de él, y Martí decidió renunciar a su puesto como profesor, en solidaridad a su amigo lo que lo dejó en una situación por demás precaria.5

Sorpresivamente, el 10 de mayo de 1878 falleció María de una tuberculosis fulminante, agravada tras una excursión de recreo y por la tristeza y depresión por el silencio del poeta; siendo la hija del expresidente García Granados, su sepelio fue multitudinario y un devastado Martí asistió junto con José Joaquín Palma y José María Izaguirre (aunque sin su esposa), quedándose hasta el final de la ceremonia para despedir a la bella joven.2,5 

El héroe cubano abandonó Guatemala, pero esta romántica historia quedó inmortalizada en el poema “La Niña de Guatemala”, que escribió años después cuando consiguió publicar los Versos Sencillos, en 1891, ya cuando su esposa Carmen lo había abandonado embarcando hacia La Habana con la colaboración de las autoridades españolas y llevándose a su hijo Ismael para siempre. Martí le escribió a un amigo acerca de su terrible experiencia matrimonial y remató dicendo: “Y pensar que sacrifiqué a la pobrecita, a María, por Carmen, que ha subido las escaleras del consulado español para pedir protección de mí“.​1

He aquí el poema de “La Niña de Guatemala”:6

Poema IX

Quiero, a la sombra de un ala,
contar este cuento en flor:
la niña de Guatemala,
la que se murió de amor.

Eran de lirios los ramos;
y las orlas de reseda
y de jazmín; la enterramos
en una caja de seda…

Ella dio al desmemoriado
una almohadilla de olor;
él volvió, volvió casado;
ella se murió de amor.

Iban cargándola en andas
obispos y embajadores;
detrás iba el pueblo en tandas,
todo cargado de flores…

Ella, por volverlo a ver,
salió a verlo al mirador;
él volvió con su mujer,
ella se murió de amor.

Como de bronce candente,
al beso de despedida,
era su frente -¡la frente
que más he amado en mi vida!…

Se entró de tarde en el río,
la sacó muerta el doctor;
dicen que murió de frío,
yo sé que murió de amor.

Allí, en la bóveda helada,
la pusieron en dos bancos:
besé su mano afilada,
besé sus zapatos blancos.

Callado, al oscurecer,
me llamó el enterrador;
nunca más he vuelto a ver
a la que murió de amor.6


BIBLIOGRAFIA:

  1. Martínez, M.B. (s.f.). “Viejos datos reverdecen la leyenda: Martí y la Niña”. La Jiribilla. Archivado desde el original el 14 de julio de 2014.
  2. López, Alfred J. (2014): “José Martí: A revolutionary life” (en inglés). Latin America and Latino Art and Culture. Austin: University of Texas
  3. Ripoll, C. (s.f.). La Niña de Guatemala, la vida íntima y secreta de José Martí. Nueva York: Dos Ríos. Archivado desde el original el 16 de julio de 2001.
  4. CubaMinRex (2013). «Embajada de Cuba en Guatemala rinde tributo a María García Granados». Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba. Cuba. Archivado desde el original el 4 de enero de 2015.
  5. Izaguirre, José María (1953). «Homenaje a José Martí en el Centenario de su Nacimiento». Revista Cubana (La Habana, Cuba: Publicaciones del Ministerio de Educación, Dirección General de Cultura). Archivado desde el original el 15 de julio de 2014.
  6. Martí, José (2010). «La América Central». Obras completas 13 (La Habana: Centro de Estudios Martianos).

 

20 de abril de 1908: el cadete Víctor Vega intenta asesinar al presidente de Guatemala, licenciado Manuel Estrada Cabrera

20abril1908
Antiguo edificio de la Escuela Politécnica, que se encontraba en el convento que había sido expropiado a los frailes de La Recolección en 1872.  En el recuadro: monumento a los caídos tras el atentado, que se encuentra en el Cementerio General.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En abril de 1907 se produjo el “Atentado de La Bomba“, del que salió ileso el presidente Manuel Estrada Cabrera, y cuyas represalias fueron terribles no solamente para los autores intelectuales y materiales, sino que para sus familias y numerosos ciudadanos inocentes ya que, siguiendo el ejemplo dejado por el general presidente J. Rufino Barrios, Estrada Cabrera aprovechó las circunstancias para deshacerse de enemigos políticos y de personas cuyos negocios le interesaban.1

Para 1908 el gobierno cabrerista mantenía su régimen dictatorial y el servilismo estaba en su apogeo; de hecho, la iglesia de Santo Domingo había cambiado el recorrido de su solemne procesión de Viernes Santo para pasar frente a la casa de habitación del presidente, situada en la 7.ª avenida sur de la Ciudad de Guatemala. Esta circunstancia fue tenida en cuenta por varios cadetes y oficiales de la Escuela Politécnica, quienes advirtieron que el capirote del traje de cucurucho (que por esos años cubría el rostro de los penitentes) era ideal para esconder a posibles conspiradores. Los cadetes concibieron un plan sencillo: aprovechando que la procesión iba a pasar frente a la casa del presidente, irían disfrazados de cucuruchos, invadirían la casa presidencial y apresarían a Estrada Cabrera. Pero para el Miércoles Santo de ese año los conjurados estaban presos: dos de ellos, durante una borrachera en una fonda, habían hablado de más y terminado en la cárcel. Estrada Cabrera, una vez que supo de la conjura, puso palizadas frente a su casa, prohibió que la procesión pasara enfrente y prohibió el uso de los capirotes en el traje de cucurucho.1,2​ Uno de los delatores fue el oficial Roderico Anzueto Valencia, agente de Estrada Cabrera, y quien años más tarde sería el brazo derecho del régimen dictatorial del general Jorge Ubico.3

El 20 de abril de 1908 estaba planificada la recepción oficial del nuevo ministro plenipotenciario de Estados Unidos, Mr. William Heinke, en el Palacio de Gobierno; esas recepciones se realizaban en el salón de honor del Ministerio de Relaciones Exteriores, en el viejo palacio colonial y en ellas montaban guardia los cadetes de la Escuela Politécnica, que acababan de relevar a la guardia de línea, que se trasladó al patio del Palacio. De hecho, Estrada Cabrera era muy aficionado a que los cadetes prestaran sus servicios en exhibiciones públicas oficiales.1

El presidente, vestido de rigurosa etiqueta, llegó a la puerta del salón en el palacio en su coche de punto; el imaginaria avisó a a concurrencia, y el presidente bajó del coche, y atravesaba el corredor público frente al Pabellón Nacional cuando sonó un disparo. El cadete de la Escuela Politécnica Víctor Manuel Vega, en venganza por la prisión y las torturas de sus jefes y amigos, en lugar de presentar el arma le disparó a Estrada Cabrera a quemarropa, pero el proyectil sólo hirió a éste en el dedo meñique de la mano izquierda.​ Por una casualidad increíble, el presidente se salvó porque el corredor público era muy estrecho, y cuando pasó frente a la bandera se quitó el sombrero de copa y apartó la tela de la insignia con la mano izquierda justo cuando salía el disparo de Vega. Estrada Cabrera se tiró al suelo y rápidamente se arrastró hasta la esquina más próxima y se metió a la primera oficina del Ministerio de Relaciones Exteriores, donde se puso a salvo.1​ Allí se le unieron el ministro de Relaciones Exteriores, Juan Barrios M. (revólver en mano) y el subsecretario Felipe Estrada Paniagua, además de algunos soldados. Posteriormente fue tratado por los médicos, y salió a un balcón del Palacio para calmar a los ciudadanos y evitar que se produjera la anarquía al saberse de su supuesta muerte.​4

La guardia del presidente reaccionó de inmediato, atacando a la compañía entera de los cadetes que montaba guardia, hiriendo y matando a varios de ellos, mientras que el resto fue conducido a los calabozos o logró refugiarse en casas vecinas.​ Los oficiales a cargo del Estado Mayor presidencial eran: brigadier José María Orellana, coronel Mauro de León, tenientes coroneles Ernesto de León y Juan B. Arias, comandante Carlos Jurado, capitán Lisandro Anleu y Silvano Muralles.​ Fue precisamente Anleu quien mató al cadete Vega en el lugar donde intentó perpetrar el magnicidio, quien cayó a los pies de la comitiva de Estrada Cabrera, quedando tendido entre el corredor y la alfombra de la subsecretaría de Relaciones Exteriores. ​4

Como había ocurrido tras el atentado de La Bomba los ciudadanos se apresuraron a manifestar su adhesión al “Benemérito Presidente” y “Jefe del Partido Liberal“. La manifestaciones quedaron recogidas en la obra “El crimen del 20 y el pueblo de Guatemala” de Fernando Somoza Vives, publicada en 1908 y que tenía la siguiente dedicatoria: “‘La Mañana’ y su Redactor dedican este volumen, síntesis del afecto de un pueblo a su Gobernante, al gran Repúblico licenciado don Manuel Estrada Cabrera.”5

A continuación se reproducen algunos de los mensajes publicados:

  • Felicitamos a la República por la salvación de su prestigiado Jefe y a la madre amorosa por la salvación del amado hijo
  • Con profunda pena, con dolor inmenso, [en los] corazones leales al hombre generoso, a quien sus […] enemigos gratuitos no tienen más que echarle en cara una perpetua compasión para sus obsecados adversarios
  • Señor Presidente: Guatemala entera, por nuestro medio, os presenta sin reticencias de ningun género con toda espontaneidad y con toda sinceridad también su incondicional y firme adhesión a vuestra causa y a vuestra persona, sus congratulaciones por haberos salvado providencialmente. […] Dignaos de recibir con benevolencia, Señor Presidente, esta sencilla pero ingenua manifetación de simpatía y aprecio que individual y colectivamente vienen a haceros, en esta ocasión solemne, los Representantes del pueblo de Guatemala.
  • [Tras el ataque] volvió el rostro sereno al grupo de homicidas y entró al Ministerio de Relaciones Exteriores, donde después de enjugarse la preciosa sangre […] comenzó a disponer lo conveniente […] para la Nación, que felizmente permanece inalterable.
  • El pueblo entero ha condenado ese delito incalificable en que no se ve sino la mano misteriosa de alguien que quiere poner en práctica venganzas personales que la moral y el derecho no pueden admitir.5

Por el mismo estilo continúan los mensajes provenientes de toda la República y de todas las dependencias estatales, algunos con más de dos mil firmas.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. Tomo II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  2. Arévalo Martínez, Rafael (1945). ¡Ecce Pericles!. Guatemala: Tipografía Nacional.
  3. Unión Tipográfica (1920). Principales jefes del Cabrerismo. Guatemala: Unión Tipográfica.
  4. Estrada Paniagua, Felipe (29 de abril de 1908). «El crimen del 20». La Locomotora: revista de política, ciencia, literatura y bellas artes (Guatemala).
  5. Somoza Vives, Fernando (1908). El crimen del 20 y el pueblo guatemalteco. Guatemala: La Mañana.

31 de marzo de 1970: comando urbano de las Fuerzas Armadas Rebeldes secuestra al embajador de Alemania Occidental, Karl von Spreti

 

31marzo1970
Monumento a Colón, obra de Tomás Mur, cuando fue inagurado en la Plaza de Armas de Guatemala en 1896, con motivo del IV centenario de Descubrimiento de América.  Fotografía de “La Ilustración Guatemala”, tomada de Wikimedia Commons.

Tras la derrota contrainsurgente en el Oriente de Guatemala en 1968, la cual fue encabezada por el coronel Carlos Arana Osorio (a quien apodaron “El Chacal de Oriente” por sus métodos militares) la guerrilla quedó muy debilitada y casi eliminada.  Para contrarrestar esto, el commando urbano de las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR) realizó misiones muy ambiciosas, como el fallido secuestro del embajador de los Estados Unidos, John Gordon Mein, quien murió asesinado en la Avenida de la Reforma en agosto de 1968 año cuando se resitió a ser secuestrado.

El 31 de marzo de 1970, en las postrimerías del gobierno del licenciado Julio César Méndez Montenegro, cerca del monumento a Cristóbal Colón en la Avenida de las Américas de la Ciudad de Guatemala, secuestraron al embajador de Alemania Occidental, el conde Karl von Spreti. El 1 de abril las FAR confirmaron que el embajador estaba en su poder y exigieron la liberación de numerosas personas detenidas que, a juicio de los insurgentes, corrían peligro de ser asesinadas; y agregaron como exigencia el pago de US$700,000. Establecieron como plazo para cumplir estas condiciones las tres de la tarde del 4 de abril y manifestaron que de lo contrario “procederían a ajusticiar al autor intelectual y material de la política imperialista”.​

Hasta ese momento, parecía que la situación se iba a resolver favorablemente para el embajador, quien incluso envió una nota escrita a su hijo Alessandro, de 11 años de edad, diciéndole que lo estaban tratando bien y que esperaba regresar pronto a su casa. El conde, de 62 años, padecía del corazón.

Pero el 5 de abril, los plagiarios señalaron que el plazo estaba agotado y en la noche la policía descubrió el cadáver del diplomático en San Raimundo, un poblado cercano a la capital guatemalteca, con cuatro disparos en su sien izquierda.  Los restos del diplomático fueron identificados por Gerhard Mikesch, el encargado de negocios de Alemania Occidental en Guatemala.

Dos horas antes de que encontraran el cuerpo, los miembros de las FAR llamaron por teléfono al Nuncio Apostólico, Girolamo Prigione, y le advirtieron que si no les daban los US$700,000 que exigían, y que si no liberaran a 22 prisioneros políticos el embajador sería asesinado.  El Nuncio le avisó de inmediato a los miembros de la embajada alemana y al gobierno guatemalteco, que ya había avisado que no iba a ceder a las demandas de las FAR.

En El Paso, Texas, el canciller de Alemani Occidental, Willy Brandt, criticó al gobierno guatemalteco, por “haber fallado en darle a su embajador la seguridad necesaria”.  Además dijo que el gobierno alemán estaba dispuesto a pagar los US$700,000 de rescate.  Por su parte, la esposa del embajador, la condesa Helena Sabine von Spreti voló desde Lisboa aproximadamente a la misma hora en que encontraron el cuerpo de su esposo.

En represalia, el 7 de abril la MANO, un grupo paramilitar de extrema derecha, secuestró al activista comunista César Montenegro Paniagua y lo asesinó a golpes, dejando su cuerpo cerca de donde apareció el cadáver de von Spreti, con la advertencia de que aquél sería el primero de una serie de crímenes en venganza por la muerte del diplomático alemán.

Un dirigente de las FAR declaró años más tarde a la Comisión para el Esclarecimiento Histórico de las Naciones Unidas: “El Gobierno no accedió a las presiones y el comando de la región urbana ejecuta al embajador para demostrar que no estaban jugando y que hablaban en serio”.

(Nota de HoyHistoriaGT:

En Guatemala existe mucha confusión acerca de los crímenes cometidos por la guerilla durante la guerra civil de 1960-96 (ahora llamada Conflicto Armado Interno luego de la firma de los Acuerdos de Paz) y esto ha sido utilizado por grupos radicales de derecha y de izquierda para desvirtuar el informe. La confusión provierne del hecho de que la Comisión para el Esclarecimiento Histórico de las Naciones Unidas acusa al Ejército de haber cometido violaciones a los Derechos Humanos, mientras que a la guerrilla la acusa de haber cometido hechos de violencia. Por las definiciones empleadas en el informe, se desprende que los crímenes cometidos por el ejército contra la población civil constituyen violaciones a los derechos humanos porque el Estado estaba en la obligación de velar por esos derechos de sus ciudadanos; por su parte, de acuerdo al informe, la guerrilla cometió crímenes atroces pero no violaciones de los derechos humanos porque ese grupo operaba al margen de la ley y no tenía obligación de velar por los derechos de la población.

En resumen: ambos bandos durante la guerra civil de 1960-1996 cometieron crímenes, pero la tipicación del delito cometido es diferente debido a las convenciones internacionales existentes. Sin embargo, es innegable que existe un marcado sesgo en perseguir las violaciones a los derechos humanos, y no los hechos de violencia cometidos por la guerrilla.)


BIBLIOGRAFIA:

  • Batres Villagrán, Ariel (13 de noviembre de 2013). «Somos los jóvenes rebeldes; memorias de un guerrillero». Monografías.<
  • Comisión para el Esclarecimiento Histórico: Vol. IV,2 (1999). «Atentados contra la libertad» (edición en línea). Guatemala: memoria del silencio (Programa de Ciencia y Derechos Humanos, Asociación Americana del Avance de la Ciencia). Archivado desde el original el 6 de mayo de 2013.
  • Comisión para el Esclarecimiento Histórico: Caso No. 47 (1999). «Caso ilustrativo No. 47» (edición en línea). Guatemala: memoria del silencio (Programa de Ciencia y Derechos Humanos, Asociación Americana del Avance de la Ciencia). Archivado desde el original el 26 de mayo de 2013.
  • Monsanto, Pablo (2013). Somos los jóvenes rebeldes, Guatemala insurgente. Guatemala: F&G Editores.
  • The New York Times (6 de abril de 1970): Kidnapped German envoi found slain in Guatemala. Nueva York: The New York Times.  (en inglés).