17 de abril de 1838: nace Angel María Arroyo

Nace el Padre Arroyo, influyente colaborador del general J. Rufino Barrios, quien abrazó la causa liberal a pesar de ser sacerdote

Una calle de la ciudad de Guatemala en el siglo XIX. Al fondo se ve la Iglesia del Carmen, de la que el padre Arroyo fue prioste. En el recuadro: el doctor Angel María Arroyo. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Uno de los personajes influyentes en la política guatemalteca que han caído en el olvido es el doctor Angel María Arroyo, quien era conocido simplemente como «el padre Arroyo» durante el gobierno del general presidente J. Rufino Barrios. En su carrera eclesiástica fue prioste de la Iglesia del Carmen y maestro de ceremonias de la Catedral.1

Arroyo nació el 17 de abril de 1838, en medio de la turbulencia provocada por el derrocamiento del jefe de Estado Mariano Gálvez a manos de la revolución católico campesina dirigida por el comandante Rafael Carrera.  Dado que se crió durante el régimen de los 30 años, llegó a ser monseñor y prelado doméstico de Su Santidad.  Durante el gobierno del mariscal Vicente Cerna llegó a la Cámara de Representantes en 1867 y formó parte del grupo de «los avanzados» junto con el mariscal José Víctor Zavala, el licenciado Arcadio Estrada y Miguel García-Granados.1

Tras el triunfo de la revolución de 1871, abrazó la causa liberal a pesar de la persecución a los intereses de la iglesia y formó parte de todas las Asambleas Legislativas y Constiyentes, llegando incluso a ser el presidente de varias de ellas.2  Fue adulador incondicional del general Barrios, a pesar de ser sacerdote, y bautizó a varios hijos de ministros, de quienes el presidente fue el padrino.3,Nota_a

Eventualmente, Barrios lo convenció de dejar los hábito y cuando el presidente pidió permiso a la Asamblea Legislativa para salir de viaje a hacerse cargo personalmente de la negociación del Tratado de Límites con México, el padre Arroyo propuso que el Estado pagara los viáticos del gobernante, a pesar de que era de todos sabido que Barrios utilizaba el erario nacional como si de sus fondos personales se tratara.4  Arroyo dijo en aquella oportunidad: «Nunca imaginé que pudiera presentar la más pequeña dificultad ante la conciencia de ninguno de los señores representantes la moción que, impulsados por un sentimiento de verdadero patriotismo, hemos hecho a la Asamblea varios diputados… Nunca creí que sonara en el seno de la Asamblea la palabra de ‘atravesamos crisis económica’, cuando se está tratando de hacer la erogación más justa y más fundada y ha de ser la base del engrandecimiento y de la riqueza nacional, atendiendo el carácter progresista del ilustre viajero…»  Al final, la Asamblea aprobó la petición, aunque Barrios la rechazó diplomáticamente y Arroyo lo acompañó en el viaje.5

En 1884 a Barrios le interesaba reconciliarse con la iglesia católica para tener más apoyo para su plan de lograr la Unificación Centroamericana, y lo nombró como ministro plenipotenciario de Guatemala ante la Santa Sede, quedando encargado de redactar el Concordato de 1884, el cual quedó listo el 2 de julio de ese año, pero ya no pudo ser discutido por la Asamblea Legislativa porque ésta había cerrado sus sesiones ordinarias para ese período.5,Nota_b

Cuando murió el general Barrios el 2 de abril de 1885, Arroyo era presidente de la Asamblea Legislativa y fue instrumental para evitar que el Ministro de la Guerra, general Juan M. Barrundia, se quedara en el poder.  Consiguió que el primer designado a la presidencia, Alejandro M. Sinibaldi, renunciara en favor del segundo designado, general Manuel Lisandro Barillas,6 quien a la sazón era Jefe Político de Quetzaltenango y quien llegó a la ciudad a marchas forzadas para hacerse con el poder, en medio del sepelio del fallecido ex-presidente.7

Durante el gobierno de Barillas fue ministro de Relaciones Exteriores y de Instrucción Pública, pero su cercanía con el presidente Barrios hizo que fuera víctima de los conservadores por haberse aliado con «el enemigo de la religión y de las tradiciones» sabiendo la corrupción imperante en el régimen y el destino de las propiedades confiscadas.8

Arroyo fue también  miembro fundador de la Academia Guatemalteca de la Lengua y murió en México el 8 de febrero de 1893, a donde había salido exiliado tras la salida del general Manuel Lisandro Barillas de la presidencia el 15 de marzo de 1892; para entonces, había perdido la razón víctima de una enfermedad provocada por sus excesos. Sus restos fueron repatriados en 1901 y fueron colocados en el Cementerio General de la Ciudad de Guatemala.9


NOTAS:

  • a: entre ellos estaba Jorge Ubico Castañeda, hijo del licenciado Arturo Ubico Urruela, ministro y embajador durante el gobierno de Barrios.
  • b: este concordato ya nunca fue ratificado por el gobierno del general Barillas.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1929]. El libro de las Efemérides: Capítulos de los Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 117.
  2. Ibid., p. 118.
  3. Arroyo, Manuel María (1883). Contestación de la Asamblea Nacional legislativa al mensaje que el señor general presidente constitucional don J. Rufino Barrios le dirigió al instalarse extraordinariamente el 5 de octubre de 1883. Guatemala: El Progreso.
  4. Lainfiesta, Francisco (1975) [1886]. Apuntamientos para la Historia de Guatemala; Período de 20 años corridos del 14 de abril de 1865 al 6 de abril de 1885. Guatemala: Pineda e Ibarra. pp. 226-227.
  5. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 149.
  6. Guerra, Viviano (1886). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1883-85 IV. Guatemala: Tipografía de Pedro Arenales. p. 341.
  7. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 33-34.
  8. Hernández de León, El libro de las Efemérides, VI., p. 120.
  9. Ibid., p. 121.

16 de abril de 1528: se fijan los precios de mano de obra y artículos básicos

El primer cabildo de Guatemala fija una lista de precios de mano de obra y de artículos para evitar abusos por parte de los artesanos

Ruinas de la Catedral de Santiago de los Caballeros, hoy Antigua Guatemala, a finales del siglo XIX. Los detalles barrocos fueron labrados por artesanos locales. Imagen tomada de Mizner Scrapbook Central america.

Los españoles que se radicaron en Guatemala tras derrotar a los principales reinos indígenas tuvieron una tarea difícil para administrar sus nuevos dominios, ya que muchos de ellos eran aventureros sin instrucción que se veían de pronto con la responsabilidad de dirigir una nueva población.1

En 1528 los primeros miembros del cabildo tenían dos problemas principalmente: escasez de operarios y los precios exagerados que cobraban los pocos que había.  Por esta razón, decidieron que lo mejor era fijar los precios de los artículos más comunes y tasar la mano de obra para que ya no hubiera abusos.1

En esa época Alvarado acababa de regresar de España, a donde había ido a negociar su posición a la corte del rey Carlos V y en donde había sido nombrado Adelantado y se había casado con Francisca de la Cueva, mientras que había dejado sus nuevos dominios a cargo de su hermano Jorge.  Desafortunadamente para Alvarado, su esposa falleció al llegar a las costas de México. Por su parte, los miembros del cabildo eran, en ese momento: Jorge de Alvarado, Eugenio de Moscoso, Cristóbal de Robledo, Gaspar Arias, Bartolomé Becerra, Pedro de Valdivieso, Francisco de Arévalo y Andrés de Ulloa.2

He aquí algunos ejemplos de lo que decidieron aquellos pioneros de la administración de Guatemala, y que dejaron muy mal parados a aquellos primeros artesanos:3

  • El costo de herrar un caballo de pies y manos, era de medio peso.
  • Por cargallo, un peso.  Este procedimiento consistía en embarrar y untar a los caballados desde la cruz hasta sus ancas con su propia sangre, mezclada con otros ingredientes, después de haberlos sangrado.
  • Por hacer cien clavos, un peso si el hierro lo ponía el cliente y dos si lo ponía el herrero.
  • Por fabricar un alacrán, es decir, una pieza para freno de caballo, un real.
  • Por hechura de zapatos, dándole el cuero al zapatero, un peso.  Si él lo ponía, peso y medio.
  • Por hacer una capa llana, peso y medio.
  • Por hacer una chamarra, peso y medio.3

También regularon los trámites burocráticos:

  • Por meter una petición al Cabildo, un real.
  • Por llamar a una persona mediante un pregonero dentro de la población, dos reales.
  • Por pregonar una cosa perdida con cuatro pregones, un peso.3

Al final del acta, escribieron: «Los cuales dichos precios, los dichos señores del Cabildo mandan a los dichos artesanos que lleven por sus oficios, o que no lleven más, so pena de los pagar y volver con el cuatro tanto para las obras públicas de esta ciudad, y que lo mandaban y mandaron a pregonar públicamente.  Y que mandan a los dichos artesanos que, pagándoles dichos precios, usen sus oficios, so pena de cincuenta pesos de oro, aplicados para las dichas obras públicas de esta dicha ciudad.«3

En otras palabras: si un artesano se rebelaba contra el decreto, le caería el cabildo sin piedad, así que todo el mundo tenía que trabajar y cobrar lo justo.3


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1925]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 111.
  2. Ibid., p. 112.
  3. Ibid., p. 113.

14 de abril de 1687: se bendice el templo de las Carmelitas Descalzas

Se bendice el templo de las Carmelitas Descalzas en la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala.

Ruinas de la iglesia de Santa Teresa de las Carmelitas Descalzas en la ciudad de Antigua Guatemala. En el recuadro: retrato oficial del obispo Andrés de las Navas, quien bendijo el templo. Imágenes tomadas de Aprende Guatemala. e Historia religiosa de Guatemala.

Tres religiosas de las Carmelitas Descalzas llegaron en 1677, procedentes de Lima, traídas por el padre Bernardino de Ovando.1 Entraron a la ciudad de Santiago de los Caballeros el 25 de mayo  y se hospedaron en el Convento de Santa Catarina Mártir en lo que se terminaba de construir el de ellas.  Las religiosas eran Sor Ana de San Joaquín, priora, María de la Asunción, superiora; y María Gerónima de San Juan, tornera.2

La iglesia de este convento se comenzó a construir en el 17 de agosto de 1685, cuando el obispo Andrés de las Navas y Quevedo colocó la primera piedra en presencia de los miembros del Ayuntamiento criollo y de la Real Audiencia.  El templo se concluyó el 12 de abril de 1687 y ese mismo dia por la tarde colocaron en él el Santísimo Sacramento, que llevaron desde la Catedral en procesión.2

El 14 de abril se realizó la solemne bencición del templo y las celebraciones continuaron por ocho dias.3 Y posteriormente, el 9 de enero de 1705, el ayuntamiento decidió suministrar los fondos para que se colocara un óleo de San José en el templo.4


BIBLIOGRAFIA:

  1. Pardo, J. Joaquín (1944). Efemérides de la Antigua Guatemala, 1541-1779. Guatemala: Unión Tipográfica. p. 69.
  2. Juarros, Domingo (1857) [1808]. Compedio de la historia de la Ciudad de Guatemala. Guatemala: Imprenta de la Luna. p. 182.
  3. Pardo, Efemérides de la Antigua Guatemala, p. 81.
  4. Ibid., p. 104.

12 de abril de 1888: muere el doctor José Luna

Fallece el eminente médico José Luna, quien fuera Protomédico de Guatemala de 1860 a 1872.

Sala de pacientes en el antiguo Hospital San Juan de Dios en la Ciudad de Guatemala a finales del siglo XIX. En el recuadro: el Dr. José Luna, protomédico de Guatemala de 1860 a 1872. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons e Historia de la Medicina en Guatemala.

El doctor José Luna nació en Metapán, estado de El Salvador el 1 de septiembre de 1805 y después de recibir una educación esmerada por parte de sus padres, se trasladó a la ciudad de Guatemala, en donde obtuvo el bachillerato en Filosofía en la Nacional y Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo en 18251 y luego el grado de licenciado en Medicina y Cirugía Latina el 29 de agosto de 1829  tras haber sido Primer Practicante hasta 1828.1,2 Tras graduarse viajó a Europa, en donde obtuvo el doctorado en la Facultad de Medicina de París el 12 de enero de 1833.3

De regreso en Guatemala muchas habían cambiado, y ya estaba gobernando en el Estado el Dr. Mariano Gálvez, un líder liberal.  Entre los cambios, estaba que ya no existía la Pontifica Universidad, sino que ahora había una Academia de Estudios, dirigida por el Dr. Pedro Molina, en donde Luna impartió adhonorem las cátedras de Historia Natural, Partos y Vendajes y luego fue nombrado por el Dr. Gálvez como catedrático de Prima de Medicina y Cirujano Mayor del Ejército.4

Ahora bien, para entonces los frailes regulares habían sido expulsados y los curas párrocos ya no disfrutaban del diezmo obligatorio quedando una situación precaria.  Por otra parte, también se habían establecido impuestos individuales excesivos a los campesinos así como las leyes laicas del Código de Livingston, las cuales no se aplicaban a la realidad de los campesinos.  En medio de todo esto, se desató una epidema de cólera asiático, que fue la gota que derramo el vaso del descontento popular.5

El gobierno de Gálvez se movió rápidamente.  Desde que se supo del primer brote en Jilotepeque en Chiquimula, el jefe de Estado dictó medidas de resguardo de la salud pública, y organizó juntas de sanidad, fundó cementerios para las víctimas del cólera y no escatimó en gastos para hacer frente a la emergencia.6 Pero cuando intentó establecer cordones sanitarios que impedían a los pobladores ir a sus fuentes de agua, estalló una revuelta campesina en la región de Mataquescuintla, dirigida por el comandante Rafael Carrera.5

En medio de esta crisis, Gálvez perdió el control de su propio partido y se empezaron a circular los rumores de que era el gobierno el que estaba envenenando a las comunidades mandando venenos disfrazados como medicinas, lo que agravó la situación sanitaria.   La enfemedad hizo estragos hasta en la ciudad de Guatemala, y en Jilotepeque la situación llegó a ser tan grave, que ante la gran cantidad de fallecidos, ya no podían enterrarlos bien y los perros los desenterraban, propagando aún más la epidemia.7

Entre los médicos que enfrentaron la enfemedad estuvo el doctor José Luna, quien daba instrucciones a voluntarios para que fueran a las diferentes regiones a aplicar los remedios dada la grave escacez de doctores.  Y él mismo fue al poblado de Petapa, en sustitución del doctor Quirino Flores, en donde logró salvar a muchos enfermos y dió lecciones sobre la profilaxia del cólera y cómo tratar a los afectados.3

Gálvez terminó siendo derrocado por el levantamiento de la montaña y tuvo que salir al exilio mientras que el doctor Luna se quedó en el país colaborando con el gobierno de Mariano Rivera Paz, un estudiante de Medicina que tuvo hacerse cargo de la Jefatura del Estado en medio de aquellas críticas circunstancias.7 En 1841, junto con los doctores Eusebio Murga y Nazarao Toledo pidieron al Rector de la restituida Pontificia Universidad que les concedieran algunos cadáveres del Hospital General para estudiar la Anatomía, ya que en esa época los estudios en esta materia estaban muy atrasados.8

Luego de que Rivera Paz entregara el gobierno al general Rafael Carrera —quien se había convertido en el hombre fuerte de Guatemala tras derrocar a Gálvez—, el doctor Luna partió nuevamente para París, en donde fue a profundizar sus conocimientos médicos durante dos años, al cabo de los cuales regresó a Guatemala y fue catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad de San Carlos de Borromeo.  A finales de 1846 empezó los tratamientos de reumatismo con yoduro de potasio y en 1847 recibió de París «un aparato para romper las piedras en la vejiga» y ensayó, por disposición del gobierno del general Carrera, el entonces nuevo descubrimiento del «etherismo o inhalación del éter que se aplica a los enfermos para evitar los dolores en las operaciones quirúrgicas» reportando en 1850 que sus experimentos fueron exitosos.4

Durante la guerra contra los filibusteros de William Walker en Nicaragua, un soldado desertado de los buques nacionales llegó a la ciudad de Guatemala el 8 de julio de 1857 y murió al día siguiente, afectado por el cólera.  Aquel fue el inicio de una nueva epidemia en el país y el 16 de julio se formó la Junta de Sanidad, de la que formó para el Doctor Luna, junto con José María de Urruela, Buenaventura Lambur, José Balcárcel y Andrés Fuentes Franco. Aquella epidema fue desastrosa para el país, dejando más de diez mil fallecidos y treinta mil infectados, incluyendo a la esposa del presidente capitán general, Rafael Carrera. Entre las víctimas también estuvo el primer médico del Hospital General, doctor Quirino Flores, quien fue sustituido el Dr. Luna.4

En 1858, empleó con éxito el licor de Sistach —un preparado con ácido arnioso— contra las fiebres palustres y el sulfato de quinina contra las disenterías de que adolecían los pacientes que habían tenido cólera.9 Finalmente, en 1860 el Dr. Luna fue nombrado como Protomédico, también en sustitución del Dr. Flores, para lo cual tuvo que doctorarse en Guatemala de conformidad con las leyes que regían en ese entonces.4

El 14 de abril de 1865 fue uno de los médicos que embalsamaron el cadáver del presidente vitalicio Rafael Carrera y En 1868, viendo que la enseñanza de la Medicina era deficiente, nombró una comisión, compuesta de los doctores Manuel Saravia y J. González Mora, para que estudiaran detenidamente el asunto y el 13 de enero de 1869, propusieron que se crearan las cátedras de Terapéutica, Obstetricia, Farmacología Y Medicina Legal, de las cuales solamente se enseñaban nociones, y los estudiantes tenían que pagar a profesores privados para aprenderlas. Aquellas clases se iniciaron inmediatamente, y para ayudar a la Tesorería de la Facultad, cada estudiante tuvo que pagar matrículas extra de un peso al mes para cursarla. El Dr. Luna fue nombrado catedrádico de Obstetricia.9

El Dr. Luna dejó el protomedicato en abril de 1872, y fue sustituido en mayo de ese mismo año por el doctor Nazario Toledo.  Dejó como legado haber sido el primer médico que usó el sulfato de quinina, las inyecciones hipodérmicas, la eterización, la cloroformización, el litotritor, el licor de Sistach y las píldoras de Segond, entre otras.4 Falleció el 12 de abril de 1888 a los 83 años de edad.6


BIBLIOGRAFIA:

  1. Asturias, Francisco (1902). Historia de la Medicina en Guatemala. Guatemala: Tipografía Nacional, p. 522.
  2. Ibid., p. 316.
  3. Ibid., p. 523.
  4. Ibid., p. 524.
  5. Solís, Ignacio (1906) Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. En: Colección de Documents Históricos y Biográficos. I. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 15-25.
  6. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 89.
  7. Ibid., p. 91.
  8. Asturias, Historia de la Medicina en Guatemala, p. 289.
  9. Ibid., p. 388. 

11 de abril de 1842: el Pacto del Jocote

Morazán firma el Pacto del Jocote con Vicente Villaseñor, quien traicionó al jefe de estado de Costa Rica, Braulio Carrillo.

Cuartel militar de la provincia de Alajuela, cerca de la cual se firmó el Pacto del Jocote. En el recuadro: el jefe de estado de Costa Rica, Braulio Carrillo, traicionado y derrocado por aquel pacto. Imágenes tomadas de «Mi Costa Rica de Antano«.

El ex-presidente de la República Federal de Centro América, general Francisco Morazán, se encontraba exiliado en David, Panamá, cuando un grupo de criollos liberales costarricenses le envió una carta pidiéndole que fuera a Costa Rica para combatir al jefe de Estado conservador Braulio Carrillo, quien el 6 de junio de 1842 se había declarado «jefe perpetuo e inamovible«. Entre aquellos liberales estaban varios enemigos personales de Carrillo, incluyendo al ex-jefe de Estado Juan Mora Fernández, y varios exiliados costarricenses que vieron en Morazán la mejor opción para retomar el poder en su Estado.1

En Perú, Morazán recibió del presidente de aquel país un batallón de cinco mil hombres, y de los desterrados costarricenses un capital de 18 mil pesos, con lo cual compró armamento y arrendó un navío para ir a Costa Rica, a donde llegó el 7 de abril de 1842.  Al enterarse, Carrillo ordenó que una fuerza de setecientos hombres al mando de su protegido, el brigadier salvadoreño Vicente Villaseñor, repelieran la invasión morazanista.1

El general Francisco Morazán desembarcó en el puerto de Calderas en el Estado de Costa Rica junto con sus tropas, y logró atraer a las fuerzas Villaseñor al paraje de El Jocote, cerca de El Coyol en Alajuela. Allí, bajo la sombra de un árbol, firmaron el «Pacto del Jocote«, por medio del cual Villaseñor traicionó al Jefe de Estado de Costa Rica, Braulio Carrillo Colina, y su ejército se unió sin combatir con el de Morazán quien fue proclamado como nuevo jefe de Estado de Costa Rica.2

En abril de 1840,cuando Morazán había salido al exilio tras renunciar como jefe de Estado de El Salvador, intentó desembarcar con sus allegados en el puerto de Puntarenas,3 pero Carrillo no se lo permitió. Ahora que los papeles se habían cambiado, Carrillo fue el que tuvo que embarcarse para salir al exilio en Sudamérica.4

Una vez en el poder, Morazán no perdió el tiempo, pues su principal meta era vengarse de la derrota que sufrió a manos del coronel Rafael Carrera el 19 de marzo de 1840 en la ciudad de Guatemala.  De esta forma, el 10 de julio hizo que se instalara en la ciudad de San José, la Asamblea Constituyente, la cual declaró que el Estado de Costra Rica se reintegraba a la República Federal de Centro América el 20 de ese mismo mes.4

Su siguiente paso fue organizar la invasión de Nicaragua, pero cuando estaba ocupado en esto, las poblaciones de San José, Heredia y Alajuela se levantaron en masa contra él el 11 de septiembre porque no estaban de acuerdo con participar en dicha guerra y, tras derrocarlo, lo fusilaron el 15 de ese mismo mes.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. El Heraldo (12 de septiembre de 2016). Francisco Morazán llega a Costa Rica para atender llamado de auxilio. Honduras: El Heraldo.
  2. Marure, Alejandro (1895) [1844]. Efemérides de los hechos notables acaecidos en la República de Centro-américa, desde el año de 1821 a 1842. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 130.
  3. Hernández de León, Federico (1963) [1924].  El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América CentralVI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 65.
  4. Marure, Alejandro. Efemérides de los hechos notables, p. 131.
  5. El Heraldo (12 de septiembre de 2016). Aquí entregaron y fusilaron al general Francisco Morazán. Honduras: El Heraldo.

9 de abril de 1638: autorizan construir ermita de Nuestra Señora del Carmen

Los Cofrades de Nuestra Senora del Carmen reciben el permiso del presidente del Reino de Guatemala para construir su ermita en la cuidad de Santiago de los Caballeros.

Ruinas de la Ermita de Nuestra Señora del Carmen de Antigua Guatemala en 1910. Fotografía de Alberto G. Valdeavellano.

El 3 de septiembre de 1634 el obispo Agustín de Ugarte y Saravia instituyó la Cofradía del Santo Escapulario de Nuestra Señora del Carmen en la capilla de Santa Teresa en la Iglesia Catedral de Santiago de los Caballeros de Guatemala, y el 20 de noviembre de ese año aprobó los estatutos de la misma.1 Los miembros de esta cofradía eran conocidos como «los encamisados» del Santo Escapulario de Nuestra Señora del Carmen, y eran los encargados de recoger limosnas para costear sus gastos. Estos encamisados gestionaron durante cuatro años el permiso para construir su ermita al obispo doctor Agustín de Ugarte y Saravia y al Presidente del Reino de Guatemala, Alvaro Quiñónez Osorio. Los encamisados organizaban paseo a pie y acaballo y vestían trajes multicolores. Adornaban sus caballos con flecos, estrellas y cometas de papel de varios colores y los pobladores los acogían magníficamente ya que junto con ellos iban los «fieros» quienes hacían burla a los funcionarios y personajes del momento.2

Finalmente, el permiso eclesiástico fue concedido el 9 de abril de 1638 y el presidente Quinonez Osorio, en uso de la regalía del vicepatronato real, confiere el permiso civil al día siguiente.3 Los trabajos de la capilla comenzaron tan pronto como se tuvo el permiso delvpresidente, y la misma estuvo concluida en dos meses, ya que trabajaron día y noche en su construcción.2

El 10 de junio se realizó la ceremonia de consagración de la capilla, que era de adove y techo de paja, y que fue destruida por el terremoto de 1651. El templo fue reconstruido y fue inaugurado nuevamente el 12 de abril de 1686 a la que años más tarde se le adjuntó la casa conventual, cuando adquirieron la que casa que había sido del pintor capitán Antonio Montúfar, situada al sur del templo.2

Como ocurrió con todas las estructuras de la ciudad de Santiago de los Caballeros, el terremoto de San Miguel en 1717 destruyó al templo de Nuestra Señora del Carmen casi por completo, y para reconstruirla, la curia eclesiástica nombró prioste al presbítero Manuel de Morgan, quien pidió limosna entre los fieles. De esta forma, se reconstruyó un templo aún mayor que el anterior, a un costo cuarenta mil pesos, el cual fue estrenado en 1725. Y entre 1725 y 1728, se construyó la hermosa fachada característica del templo, la cual tenía varias imágenes de santos, además de un adorno bordado que complementaba lo más destacado del estilo barroco.4


BIBLIOGRAFIA:

    1. Pardo, J. Joaquín (1944). Efemérides de la Antigua Guatemala, 1541-1779. Guatemala: Unión Tipográfica. p. 28.
    2. Bojórquez, Cativo, Lionel Enrique (2014). Proyecto de restauración y reciclaje del Templo de Nuestra Señora del Carmen, Antigua Guatemala.  Guatemala: Univerisdad de San Carlos de Guatemala. p. 14.
    3. Pardo, Efemérides de la Antigua Guatemala, 1541-1779, p. 40.
    4. Bojórquez Cativa, Proyecto de restauración y reciclaje, p. 15.

8 de abril de 1840: Morazán se embarca para el Perú

Tras ser categóricamente derrotado por el teniente coronel Rafael Carrera en la ciudad de Guatemala, el caudillo Francisco Morazán renuncia a la jefatura de estado de El Salvador y se

Muelle del puerto de «La Libertad» a principios del siglo XX. De aquí se embarcaron Morazán y sus allegados para Perú. En el recuadro: el caudillo Morazán. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Tras ser categóricamente derrotado en la Ciudad de Guatemala por las fuerzas del teniente coronel Rafael Carrera en la madrugada del 19 de marzo de 1840, el general Francisco Morazán, jefe de Estado de El Salvador, tuvo que salir huyendo con sus más allegados correligionarios y gritando «¡Que viva Carrera!«.  Tomó rumbo para el barranco del Incienso y de allí siguió para la Antigua Guatemala, a donde llegó a las once de la mañana.  Después de descansar cuatro horas, partió para El Salvador.1

Morazán iba sumamente apesadumbrado, no solamente porque comprendía que aquella derrota significaba el fin de su carrera política, sino porque había sido derrotado por un «indio salvaje» que de la noche a la mañana se había convertido en un genial estratega y militar.  El ex-presidente federal tenía que enfrentar ahora la situación que él mismo había creado: descontento en su contra en El Salvador, odiado en Nicaragua y Costa Rica y con los conservadores en el poder en Honduras y Guatemala.2

Cuando llegó a El Salvador encontró una panorama desolador: muchos de sus soldados habían desertado y Guatemala, Honduras y Nicaragua estan preparándose para invadirlo. Entonces Morazán se dio cuenta que lo mejor era entregar el mando.  Así pues, convocó a una reunión a sus correligionarios y principales vecinos y les dijo: «Vendrá Guatemala por el occidente con sus tropas de fanáticos, talando siembras e incenciando poblaciones; por el norte Honduras nos invadirá y tropas aliadas hondureñas y nicaragüenses, nos impondrán un cerco que habremos de resistir, sabiendo de antemano que vamos a perecer.  ¿No consideráis más pertinente que deposite el mando en persona de abono político y me retire, a la expectativa de tiempos mejores?»3

Todos aprobaron la propuesta del caudillo liberal, quien entregó el poder a José Antonio Cañas, por ser el consejero más antiguo, y se fue al puerto de La Libertad, en donde se embarcó para el Perú el 8 de abril de 1840.  Junto con é iban el Dr. Pedro Molina, los hijos de éste Felipe y José Molina, Manuel Irungaray, Miguel Alvarez Castro, el ex-jefe de estado salvadoreño Diego Vigil, José Miguel Saravia, el presbítero Isidro Menéndez, Carlos Salazar, Máximo Orellana, Nicolás Angulo, el general Trinidad Cabañas , Enrique Rivas, el futuro presidente de El Salvador Gerardo Barrios, Antonio y Bernardo Rivera, y José María Silva, entre otros.4

Los exiliados abordaron la goleta «Izalco» que Morazán había fletado y partieron hacia Costa Rica. Sin embargo, cuando llegaron a Puntarenas el presidente costarricense Braulio Carillo no les permitió desembarcar y finalmente llegaron a Colombia, en donde Morazán hizo circular el «Manifiesto de David» en el que carga con imprecaciones y amenazas a la familia Aycinena y a Carrera.4 Después partió para Perú en donde el presidente Gamarra lo acogió y le ofreció puestos públicos y el mando de algunas de sus tropas, pero Morazán lo rechazó ya que su en su mente solamente había un objetivo: regresar a Centroamérica para vengarse de Carrera.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de GuatemalaI Guatemala: Editorial del Ejército. pp. 159-161.
  2. Hernández de León, Federico (1963) [1924].  El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 62.
  3. Ibid., p. 63
  4. Ibid., p. 64
  5. Ibid., p. 65

7 de abril de 1885: Zaldívar se niega firmar la paz con Guatemala

Tras la victoria en Chalchuapa, el presidente salvadoreno Rafael Zaldívar se niega a pactar la paz con Guatemala.

El antiguo Hospital Militar en la ciudad de Guatemala, acondicionado durante el gobierno de J. Rufino Barrios. En el recuadro: la muerte del general Barrios en Chalchuapa. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Cuando el general presidente J. Rufino Barrios lanzó su proclama unionista el 28 de febrero de 1885, pensaba que contaba con el apoyo incondicional de los presidentes de El Salvador y Honduras, a quienes él mismo había colocado en el poder en sus respectivos países.1

Pero Barrios no sabía que estaba siendo traicionado por el presidente salvadoreño Rafael Zaldívar, cuyo canciller había hecho que los Estados Unidos y México se opusieran rotundamente al plan de Barrios.  Barrios se enteró por medio del telegrama que el general Porfirio Díaz, presidente de México, le envió el 7 de marzo, y en donde le decía que sabía que su intento de unión era rechazado por los gobiernos de Nicaragua, Costa Rica y El Salvador, y que México estaba preparado para tomar acción ante la «amenaza de la independencia y autonomía de las naciones del continente«. Por su parte, los Estados Unidos se mantenían a la expectativa, aunque en El Salvador se decía que la política de ese país era hostil hacia las intenciones del presidente guatemalteco.2

Después de que Barrios murió en Chalchuapa el 2 de abril la noticia llegó de forma confusa a El Salvador. El 3 de abril se supo que un general Barrios había muerto, pero no se sabía si era el presidente o su hijo, el general Venancio Barrios. Y luego, en la mañana del 4 de abril, llegó un parte oficial que decía «el enemigo ha habandonado todas las posiciones que ocupara ayer frente a Chalchuapa. Se dice que el general Barrios va en cama, y aquí tenemos su propia espada con sus iniciales y guarnición de oro, rota«.  Finalmente llegó el parte de la una y media de la tarde, que decía: «el plomo salvadoreño arrancó la vida del general J. Rufino Barrios, Presidente de Guatemala; ya no existe el jefe valeroso del gobierno tiránico que nos arrojó el guante.»3

El júbilo se desbordó entre los salvadoreños y el orgullo vencedor se hizo evidene en todo lo que se escribió en esa época.  Luego, cuando Guatemala revocó el decreto del 28 de febrero, los representantes de italia, Francia, Alemania, Inglaterra, España y Estados Unidos hablaron con Zaldívar para se firmara la paz, pero éste no aceptó.  Y es que el presidente salvadoreño, antiguo títere del fallecido presidente Barrios —y a quien le había tendido una trampa en Chalchuapa—, se desbordó de júbilo y quería llegar hasta la ciudad de Guatemala.  He aquí lo que  proclamó el 7 de abril:  

El suelo salvadoreño está limpio de guatemaltecos; ante la fuerza de nuestras armas huyen despavoridos.  Sigamos adelante, hasta colocar la bandera redentora en lo alto del Palacio de los Capitanes Generales. Repito lo que decía a los comienzos de la guerra: «si avanzo, seguidme; si retrocedo, matadme; si los enemigos me matan, vengadme. ¡Oh, salvadoreños prosigamos adelante, sin detenernos un momento!»

Se me hacen propuestas de paz; las hacen cuando ya están vencidos.  Nosotros queremos la paz, porque los pueblos no pueden avanzar en la lucha fraticida. Pero habremos de exigir que se nos indemnice de los daños inferidos y, sólo con el avance sobre las tierras guatemaltecas, lograremos que se reparen en su justo precio, los daños que se nos han causado con esta guerra injusta.4

Pero Zaldívar era antipático para los mismos salvadoreños y sus llamados no obtuvieron respuesta.  Así que cuando el presidente hondureño Luis Bográn ya no siguió con ningun movimiento militar sobre El Salvador, se firmó la paz del Namasigüe el 18 de abril.

Eventualmente, Zaldívar ya no podía permanecer en la presidencia y renunció cuando empezó la revolución del general Francisco Menéndez, quien fuera amigo personal de Barrios.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Guerra, Viviano (1886). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1883-85 IV. Guatemala: Tipografía de Pedro Arenales. pp. 332-337.
  2. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 56.
  3. Ibid,,  p. 57.
  4. Ibid,,  p. 58.
  5. Ibid,,  p. 59.

6 de abril de 1839: la Batalla del Espíritu Santo

En la Batalla del Espíritu Santo, el general Francisco Morazán obtiene una contundente victoria sobre los invasores de Honduras y Nicaragua en el territorio de El Salvador

Cuadro que representa la Batalla del Espíritu Santo. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Cuando inició 1839 los estados de Nicaragua y Honduras tenían una actitud hostil contra el estado de El Salvador debido a la profunda animadversión de éstos para con el ex-presidente federal, Francisco Morazán, quien para entonces era el comandante de Armas de El Salvador.  El pacto de la República Federal se había roto en 1838 cuando Morazán no convocó a elecciones para elegir a su sucesor,1 y como la capital federal estaba en San Salvador, el ex-presidente se había quedado en aquel Estado.

Honduras y Nicaragua dieron muestra de querer ir a la guerra, por lo que el Jefe de Estado de El Salvador, Diego Vigil, pidió a Morazán que se preparara para combatir a sus vecinos.  Pero no le dió tiempo suficiente al Comandante de Armas, pues sin declaración de guerra previa, el general nicaragüense Bernardo Méndez invadió a El Salvador por el lado de San Miguel al mando de mil soldados; el general hondureño Francisco Ferrera, por su parte, iba marchas forzadas para reunirse con los hombres de Méndez y acabar con la resistencia salvadoreña lo más pronto posible.2

Pero frente a ellos tenían a uno de los mejores genios militares de Centroamérica.

Morazán llegó al frente de ochocientos efectivos y acampó en la hacienda de San Francisco, en la margen del río Lempa opuesta a donde estaba el cuartel general de los nicaragüenses en Corlantique.  Allí estaban cuando el comandante de las fuerzas salvadoreñas se enteró de que Ferrera iba marchando sobre El Salvador, y decidió salir a su encuentro.  Pero cuando Morazán partió, Méndez atacó y derrotó a una de las divisiones salvadoreñas, por lo que Morazán tuvo que regresar a rehacerse.

Los nicaragüenses ya habían ocupado San Vicente —que en ese entonces era la capital del Estado de El Salvador, puesto que San Salvador todavía era la capital federal— y estaban amenazando con tomar Cojetepeque.  Morazán entonces partió hacia Cojutepeque, buscando que se unieran más hombres a su ejército.

Mediante varias maniobras que distrajeron a los invasores, Morazán los llevó a la hacienda del Espíritu Santo, en donde se libró una de las batallas más emblemáticas de la carrera del caudillo liberal.  El 5 de abril por la tarde llovió copiosamente, pero la lluvia amainó al caer la noche y los invasores decidieron atacar a Morazán, creyendo que estaba desprevenido.  Pero el comandante de las fuerzas salvadoreñas dio la señal de alerta y empezó un nutrido tiroteo entre ambos ejércitos.  La llovizna  seguía y como la noche era oscura, el combate fue a quemarropa y muchas veces entre los mismos correliginarios.3

El coronel Benítez —Jefe del Estado Mayor del Ejército de El Salvador— se aproximó a lo más crudo de la batalla y cuando se dió cuenta de que no se podía reconocer a nadie en medio de la oscuridad y los fogonazos de los tiros, gritó su nombre para servir de punto de reunión, lo que fue aprovechado por uno de sus enemigos para atacarlo con la bayoneta.  Como pudo regresó con Morazán que le recriminó su imprudencia aunque sintió profundamente la herida de Benítez quien falleció poco después.

Morazán, en medio de la oscuridad, tomó a veinticinco escoltas y se fue a donde estaba el combate.  A cada uno de los que encontraba le preguntaba si era soldado de Morazán, y si le contestaban que no, entonces los hacían prisioneros en el acto.  De esta forma, logró capturar a 29 soldados enemigos, y cuando aclaró la mañana del 6 de abril concentró a sus fuerzas en el edificio de la hacienda desde donde podía dispararle al enemigo fácilmente y en donde tenía sus reservas.4

Sin embargo, los invasores rodearon la hacienda por la retaguardia, expulsando a Morazán y a sus hombres.  En este momento, el comandante salvadoreño tomó la decisión de arremeter contra sus enemigos y gritó blandiendo su espada: «¡El que tenga valor que siga a su general!»  La arremetida resultante sorprendió a los invasores que fueron derrotados en poco tiempo y se dieron a la fuga en todas direcciones.

Al final de la acción, cuando se estaba haciendo el recuento de los graves daños y pérdidas que tuvieron ambos ejércitos, Morazán en persona salió a perseguir al enemigo.  A los pocos pasos encontrarona diez hombres que presentaron las armas con las culatas hacia arriba para rendirse; sin embargo, cuando reconocieron a Morazán uno de ellos gritó: «¡Este es el general Morazán!» y cambiaron de posición sus armas para dispararle al general, hiriéndolo en el brazo derecho.  Los que acompañaban al comandante salvadoreño mataron a los atacantes con sus bayonetas y con golpes de culata y cuando ya estaban muertos, todavía llegó otro grupo a golpearlos.5

Esta victoria fue uno de los mayores triunfos de la carrera militar de Morazán, y en ese momento todo parecía sonreirle, pues acababa de derrotar a las principales amenazas contra la reunificación de Centroamérica, que además eran los principales aliados del teniente coronel Rafael Carrera.  En cuanto a Carrera, el mismo Morazán lo había reducido junto con sus huestes campesinas a las serranías de Mita; y, por si fuera poco, el Estado de Los Altos era incondicional a su persona y en Guatemala gobernaba el general Carlos Salazar, a quien Morazán había puesto en lugar de Mariano Rivera Paz el 30 de enero de ese año.6

Pero la suerte de Morazán iba a cambiar radicalmente apenas una semana después de la batalla del Espíritu Santo, ya que sabiendo de la alianza de Honduras y Nicaragua contra el ex-presidente federal, las huestas de Carrera dieron el golpe de estado en contra de Carlos Salazar en Guatemala,7 lo que desencadenó una seria de hechos violentos que terminaron no solo con el Estado de Los Altos, sino  con la derrota definitiva del caudillo liberal en la Ciudad de Guatemala a manos de Carrera el 19 de marzo de 1840.8


BIBLIOGRAFIA:

  1. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de GuatemalaI Guatemala: Editorial del Ejército. pp. 157, 235, 246, 272 y 304.
  2. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 49.
  3. Ibid., p. 50.
  4. Ibid., p. 52.
  5. Ibid., p. 53.
  6. Hernández de León, Federico (1963) [1926]. El Libro de las Efemérides, Capítulos de la Historia de la América Central V. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 172.
  7. — (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América CentralII. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 75-81.
  8. Solís, ignacio (1906). Memorias del General Carrera. 1838-1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. (1) Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 90.

5 de abril de 1904: Estrada Cabrera informa a Asamblea del contrato para terminar Ferrocarril del Norte

El licenciado Manuel Estrada Cabrera pide a la Asamblea Legislativa que autorice el contrato ad referendum que firmó con la United Fruit Company para concluir el Ferrocarril del Norte desde el Rancho de San Agustín hasta la Ciudad de Guatemala.

Obras de construcción del Ferrocarril del Norte. En el recuadro: los personeros de la United Fruit Company y el presidente Manuel Estrada Cabrera viendo las celebraciones por la inaguración de la obra. Imágenes tomadas de «Administración Estrada Cabrera» y «La Locomotora«.

El 12 de enero de 1904, el presidente de Guatemala, licenciado Manuel Estrada Cabrera, celebró un contrato ad referendum con  el señor Perfival Farquhar, representante de los banqueros estadounidenses William Van Horne, presidente del Ferrocarril Canadian Pacific, y Minor C. Keith, director de la United Fruit Company (UFCO) con sede en Boston.

El 5 de abril, el presidente guatemalteco le envió el siguiente informe a los miembros de la Asamblea Legislativa:

Palacio Nacional: Guatemala, 5 de abril de 1904.

Señores diputados:

En el mensaje que os dirigí al inaugurar vuestras sesiones del corriente año, anuncié que se había firmado, ad referendum, un contrato para concluir, en breve término, la línea férrea del Norte; y hoy tengo la satisfacción de presentaros dicho contrato, debidamente aprobado por el Ejecutivo, a efecto de que la Asamblea se sirva estudiarlo con el detenimiento del caso, adoptando la resolución que le indique su amor al progreso y su celo por los grandes intereses de la Patria.

No debe olvidarse que en la ejecución de esta magna obra radica el porvenir de Guatemala, y que a la realización de tan elevado ideal, han de converger el buen deseo, la actividad y la perseverancia de todo guatemalteco que se precie de patriota.

Siendo, como ella es, indispensable para el desarrollo a que el país está llamado, no hay sacrificio que pueda escatimársele cuando se trata de asegurar a la República los beneficios inmensos que nuestro ferrocarril interoceánico aportará en la evolución de los elementos nacionales.

Animado por estas ideas, mi Gobierno ha aprovechado toda oportunidad para acercarse a la realización de tan importante empresa, seguro de que esos esfuerzos y sacrificios quedarán compensados con crecews cuando aquélla quede terminada.

No obstante lo que dejo expuesto, y aunque estoy convencido plenamente de que esa Honorable Asamblea, como el Ejecutivo mismo, aprecia en su verdadero valor la obra del Ferrocarril del norte, al presentaros el último contrato relativo a su terminación, quiero que lo estudiés y consideréis con el detenimiento debido.

Vuestra resolución sobre asunto de tan vital interés, favorable o adversa al contrato celebrado por el Ejecutivo, será debidamente acatada por éste, como lo hace con todas vuestras disposiciones.  En el primer caso, me halagaría haber sabido interpretar las ideas del Pueblo a quien representáis; pero de todos modos, tengo la seguridad de que vuesta conducta obedecerá a los dictados del patriotismo más elevado, y de que no olvidarés, ni un momento, los intereses de Guatemala,

Señores diputados,

Manuel Estrada Cabrera.1

Por supuesto, la Asamblea aprobó aquel contrato sumamente lesivo para el país el 9 de abril.  He aquí un resumen del mismo:

  • Duración del contrato: 99 años, al cabo de los cuales la United Fruit Compnay iba a devolver el ferrocarril al Gobierno, si éste pagaba el precio que aquél valie en 2003; pero si el Gobierno, dentro de los 6 meses siguientes de haberse cumplido los 99 años, no notificaba el deseo de entrar en posesión de la línea férrea pagando su valor, la UFCO se iba a quedar como dueña de ella.2
  • Cesiones gratuitas: el gobierno extendió una escritura de traspaso a la United Fruit company, la cual formó la International Railways of Central America (IRCA).  El gobierno también le transfirió a esta última la parte construida de ferrocarril desde Puerto Barrios, que llegaba hasta el Rancho de San Agustín, comprendiendo el muelle y todas las demás propiedades de la línea.  15 años después de que estuviera terminada la línea, el gobierno garantizó el déficit que resultó entre las ganancias netas de la IRCA y la suma necesaria para cubrir un interés de 5% sobre $4,500,000 oro en bonos de la International Railways of Central America.  Por otra parte, concedió gratuitamente 100 pies de terreno en todo el trayecto de la línea para más estaciones, edificios e instalaciones y lo siguiente:
    • Maderas nacionales
    • Manantiales calientes cerca de Zacapa con 4 manzanas a su alrededor
    • 30 manzanas en Puerto Barrios
    • Una milla de playa de 100 yardas de ancho a los lados del muelle
    • 1500 caballerías de terreno en «Los Andes«
    • Y, cuando estuvo aprobado el contrato, el Gobierno le dió posesión del Ferrocarril del Norte a los contratistas para que lo explotaran.3
  • Franquicias: la United Fruit Company tenía derecho de preferencia en igualdad de condiciones para constuir nuevas líneas férreas fuera de una faja de 20 millas a los lados del Ferrocarril.  Además, podían construir muelles y establecer agencias para embarques y desembarques en el Golfo de Amatique.4
  • La IRCA podría importar libremente trabajadores, excepto de nacionalidad china, y podía usar el agua necesaria para sus servicios e importar libremente maquinarias y útiles de ferrocarril.
  • La IRCA quedó excenta de derecho de muellaje y sus empleados quedaron excentos del servicio civil y militar.
  • Los vapores fruteros de la UFCO quedaban exceptuados de impuestos y podían zarpar a cualquier hora y sus pasajeros y mercancías no pasaban por las Aduanas.  Además, el gobierno declaró a la UFCO libre del derecho de exportación e impuestos locales durante treinta y cinco años.4

A cambio, la United Fruit Company y la IRCA se compremetieron a que el Ferrocarril fuera concluido y puestos al servicio en tres años y medio, algo que cumplieron.5

Aquel sería el principio del enclave bananero de la UFCO en Izabal y del control que la compañía frutera tuvo sobre Guatemala en el siglo XX.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Estrada Paniagua, Felipe (1904) Administración Estrada Cabrera: Resena de los progresos alcanzados en los ramos de ferrocarriles, carreteras, puernte y comunicaciones por correo. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 70-71.
  2. Ibid., p. 71.
  3. Ibid., p. 72.
  4. Ibid., p. 73.
  5. Ibid., p. 74.