5 de enero de 1883: tras concluir su viaje a los Estados Unidos para finalizar el tratado de límites con México, J. Rufino Barrios retoma el ejercicio de sus funciones como presidente de Guatemala

Retrato del general José María Orantes, encagardo de la presidencia de Guatemala entre 1882 y principios de 1883.  Fotografía de los Hermanos Chávez tomada en 1893.  Imagen de Wikimedia Commons.

Uno de los presidentes menos conocidos para los guatemaltecos es el general José María Orantes, quien estuvo a cargo de la presidencia de Guatemala interinamente mientras el general J. Rufino Barrios se ausentó del país para realizar un viaje oficial a los Estados Unidos para terminar los últimos detalles del Tratado de Límites con México que se firmó en 1882 y que se conoce como de Herrera-Mariscal.

Durante su ausencia, el gobierno recayó el general Orantes quien se encargó de la administración pública sin mayores sobresaltos, entregando el poder el 5 de enero de 1883.  A su retorno, Barrios retomó el ejercicio de sus funciones como presidente y se enfocó de lleno en la Unificación Centroamericana.

El plan de Barrios era sencillo: renunciar al reclamo de Guatemala sobre el territorio de Soconusco para que México no atacara el occidente de Guatemala mientras él dirigía su atención hacia el resto de Centroamérica.  Barrios inició así la malhadada Intentona de Reunificación, que terminó abruptamente cuando murió en los llanos de Chalchuapa el 2 de abril de 1885, en circunstancias en las que los historiadores todavía no se ponen de acuerdo; por un lado, los historiadores liberales oficiales pintan a Barrios como un héroe que murió al frente de sus tropas en el campo de batalla, mientras que por otro, el renombrado historiador conservador Antonio Batres Jauregui en su obra “La América Central ante la Historia” relata cómo un antiguo sirviente de la familia de Barrios, de apellido Jolón, le relató que el general murió en una emboscada de francotiradores que le hirieron mortalmente desde arriba por su hombro derecho cuando estaba pagando cincuenta mil pesos a un grupo de traidores salvadoreños.  El mismo Batres Jauregui relata que otra versión fue que los jalapas, el batallón guatemalteco, le dispararon a Barrios a traición pero dice que esa version no es verosímil.


BIBLIOGRAFIA:

 

2 de enero de 1776: se funda oficialmente la Nueva Guatemala de la Asunción, entre edificaciones de madera y estructuras a medio construir

La Nueva Guatemala de la Asunción en 1821.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El traslado de la capital del Reino de Guatemala no pude ser menos glamoroso.  De una de las ciudades más desarrolladas y bellas de las colonias españolas, pasó a una nueva ubicación prácticamente despoblada sin la minima infraestructura necesaria para albergar a la ciudad más importante de la Capitanía General.  Aunque no se apreció en su completa magnitude en su momento, la Guerra Civil que estalló entre las provincias centroamericanas poco después de la Independencia demostró lo endeble de la ciudad para afrontar semejante crisis.

Luego de los terremotos de «Santa Marta» en 1773, las autoridades españolas decidieron que la ciudad de Guatemala tenía que cambiar de lugar para evitar otro evento de la misma magnitud, pues consideraron que los movimientos telúricos eran causados por los volcanes vecinos a la ciudad y este era el tercer terremoto de magnitud considerable en el ultimo siglo. Después de largas discusiones, los que apoyaban el traslado de la ciudad (es decir, las autoridades civiles y militares) impusieron su opinión y partieron rumbo al “Valle de la Ermita”, mientras que la oposición (es decir, el clero secular y parte de la población) se quedó en Santiago de los Caballeros a reconstruir la ciudad.

Habiendo hecho estudios sobre los lugares más apropiados para asentar la nueva ciudad se aludía necesariamente a las facilidades para proveer de agua a la nueva capital, mencionándose que en el río de Pinula, en el llano de «la Culebra», había ya una toma que facilitaba el agua a los pocos vecinos del valle y se acompañaba un plano hecho por el arquitecto mayor Bernardo Ramírez, maestro mayor de obras y fontanero de la Nueva Guatemala de la Asunción. Así pues, el proyecto del acueducto en la Nueva Guatemala de la Asunción empezó con la propuesta al analizar el traslado de la capital luego del terremoto de 1773.

El 19 de febrero de 1774, cuando el arquitecto mayor firma otro informe sobre el traslado de la ciudad, ya se hace mención de los trabajos sobre el montículo de «la Culebra» para hacer el que luego sería el Acueducto de Pinula. El montículo también era llamado «Loma de Talpetate» y dividía el llano de “la Culebra” con el de “la Ermita”. Había un inconveniente: la hondonada que formaba el llano de la Culebra obligó a que se construyera un acueducto con arcos, a pesar de que el costo fue considerable, y que la obra quedó expuesta a los efectos de los terremotos (como en efecto ocurrió en 1917-18). Este es el Acueducto de Pinula, del que únicamente quedan algunos tramos, y que comenzaba en “El Cambray” en Santa Catarina Pinula y llegaba hasta el final de la calle real de Pamplona (conocida como “bulevar Liberación” a partir de 1954). Un sistema de desniveles cuidadosamente analizado para el acueducto hacía que el agua fuera aumentando velocidad y, con ello, presión para alcanzar su destino final. Junto al de Pinula, el acueducto de Mixco, formaba un sistema de suministro de agua que estuvo en servicio a partir de 1786.

Para octubre de 1774, ya estaban establecidos en el Valle de la Ermita aproximadamente mil novecientos españoles que tomaban su lugar en 278 ranchos y 2400 mestizos o pardos, que eran alojados en 398 ranchos. Los habitantes recién mudados, convivían conjuntamente con los pobladores originales del Valle de la Ermita que sumaban el total de cinco mil novecientas diecisiete personas alojadas en novecientos veinticinco ranchos. La extensión del “Valle de la Ermita” era de nueve leguas cuadradas, veintidós caballerías, ciento noventa y nueve cuerdas y cuatro mil trescientas setenticinco varas superficiales.

La ciudad fue fundada oficialmente el 2 de enero de 1776, pero ningun edificio oficial ni religioso estaba concluido;  y, para colmo de males, el arzobispo Pedro Cortés y Larraz se negaba a ceptar el traslado de su arquidiócesis a la nueva ciudad.  Esta situación se mantuvo hasta el 7 de octubre de 1779.  El 26 de noviembre de 1777, cuando por consulta de Cámara, fue nombrado arzobispo de Guatemala Cayetano Francos y Monroy, quien no llegó a su arquidiócesis sino hasta en octubre de 1779, con una escolta de ocho caballeros. Un mes antes, Cortés y Larraz había publicado una carta pastoral denunciando la llegada de un usurpador y amenazando con excomulgarlo, pero Francos y Monroy tomó inmediatamente sus primeras medidas nombrado un cura en el pueblo indígena de Jocotenango y fue a buscar a la destruida Santiago de los Caballeros de Guatemala a las beatas de Santa Rosa. Había decidido que en noviembre de 1779 iba trasladar las imágenes y gastó una gran cantidad de dinero para terminar la construcción de los monasterios Carmelitas y de Capuchinas. Cortés y Larraz no quiso seguir resistiendo y huyó hacia El Salvador.   Ese sería el fin de la férrea resistencia al traslado de la capital.

El seis de diciembre de 1782, Francos y Monroy informó al rey que había trasladado a la nueva ciudad la catedral, el colegio seminario, los conventos de religiosos y religiosas, beaterios y demás cuerpos sujetos a la Mitra; todos ellos habían sido trasladados a edificios formales o en construcción. Ahora bien, para terminar estas obras había sido necesario que dejara la obra del palacio Arzobispal por un lado y él tuvo que vivir, hasta entonces, en casa de alquiler con mucha incomodidad y estrechez, careciendo de las principales oficinas y habitación para su familia.

De hecho, el Palacio de los Capitanes Generales no estuvo terminado sino hasta en 1787, y no era ni la sombra de lo que había sido el esplendoroso palacio de Santiago de los Caballeros.  La Independencia, la Guerra Civil Centroamericana y los constantes combates entre criollos liberales y conservadores retrasaron el desarrollo de la ciudad hasta 1851, cuando por fin se alcanzó una paz duradera y empezaron a terminarse los edificios principales.

Cuando llegó al poder el general José María Reina Barrios en 1892, aprovechando la bonanza económica existente gracias al elevado precio del café en los mercados internacionales, la ciudad alcanzó su mayor esplendor y fue conocida como la “Tacita de Plata”, aunque esto no duró mucho pues los terremotos de 1917-18 destruyeron la ciudad y ya nunca recuperó su brillo.


BIBLIOGRAFIA:

31 de diciembre de 1930: presionado por el gobierno de los Estados Unidos, el presidente de facto Manuel María Orellana Contreras aceptar renunciar a la presidencia


Retrato del General de Brigada Manuel María Orellana Contreras.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Desde el gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera la influencia del gobierno de los Estados Unidos en la política interna de Guatemala ha sido determinante.  Mediante contratos onerosos a favor de la United Fruit Company y de sus subsidiarias International Railways of Central America y Great White Fleet, dirigían al gobierno guatemalteco de turno, durante la mayor parte del siglo XX.

Cuando el Partido Unionista derrocó a Estrada Cabera en 1920, la UFCO patrocinó el golpe de estado de 1921 que colocó al general José María Orellana en la presidencia y al general Jorge Ubico como Ministro de la Guerra y jefe de la Policía.   Luego, en 1926, el general Orellana murió en circunstancias sospechosas durante una visita a la Antigua Guatemala y el general Ubico y el general Lázaro Chacón se presentaron a las elecciones.

Chacón ganó las elecciones y Ubico se retiró temporalmente de la política, pero el 12 de diciembre de 1930 Chacón tuvo que renunciar tras sufrir un derrame cerebral.  Luego de este suceso se sucedieron varios presidentes y golpes de estado hasta que el 17 de diciembre el general Manuel María Orellana Contreras se hizo con el poder.

Una vez en el poder, el general de Orellana Contreras, quien era primo del difunto general José María Orellana, reformó el gabinete presidencial y también se enfocó en reorganizar cuarteles militares.  Sin embargo, cuando el gobierno de los Estados Unidos se enteró del nuevo golpe de Estado ocurrido en Guatemala enviaron al Ministro Plenipotenciario Sheltom Whitehouse, para comunicar al nuevo presidente que el país norteamericano no trataría con él. Whitehouse presionó a la Asamblea para hacer renunciar a Orellana, pues el gobierno de Estados Unidos no podían aceptarlo como Presidente de Guatemala, ya que el 12 de diciembre dicho gobierno ya había aceptado a Lic. Palma como Presidente de Guatemala, aunque la única razón de este golpe hubiera sido por ser inconstitucional el nombramiento del Lic. Palma .

En esos días, las inversiones de los Estados Unidos en Guatemala eran considerables, principalmente las de la United Fruit Company y sus subsidiarias,y el gobierno norteamericano necesitaba un gobernante estable en el país. La Asamblea entonces designó a José María Reina Andrade como Presidente, quien finalmente asumió el poder el 2 de enero de 1931.  Reina Andrade ha sido el único ciudadano guatemalteco con la distición de haber sido presidente de los tres oganismos del Estado: Ejecutivo, Legislativo y Judicial.

Reina Andrade convocó a elecciones, en las que resultó prácticamente unánimamente electo el general Jorge Ubico.


BIBLIOGRAFIA:

 

30 de diciembre de 1958: el presidente de Guatemala general Miguel Ydígoras Fuentes activa la “Operación Drake” contra embarcaciones pequeras mexicanas que entraban al territorio marítimo guatemalteco

En esta fotografía de “El Imparcial: se observan los tiros de advertencia que hizo uno de los aviones guatemaltecos contra las embarcaciones mexicanas.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El 30 de diciembre de 1958, el comandante en jefe de la Fuerza Aérea Guatemalteca (FAG), coronel Luis Urrutia de León, recibió órdenes del presidente guatemalteco general Miguel Ydígoras Fuentes para poner punto final al tema de las invasiones de embacaciones de pescadores mexicanos en el territorio marítimo de Guatemala, planeando una operación que tuviera por objetivo localizar y destruir los barcos mexicanos cuando estos se encontraran en mar territorial de 12 millas. Esa misma tarde, se activó la operación Drake y fueron enviados de la base aérea La Aurora dos aviones T-6 Texan para ver si las embarcaciones todavía se encontraban en sus aguas, mismo que confirmaron poco tiempo después.

Entonces, el 31 de diciembre de 1958 a las 6:15 AM despegaron un avión Cessna 180 y un C-47 de la FAG llevando como observador al reportero y fotógrafo de “El Imparcial”, Gregorio López Moraga. Los aviones sobrevolaron la costa guatemalteca del Océano Pacífico, localizando a las 7:27 AM un mínimo de ocho pequeños barcos camaroneros en plena pesca, cinco de ellos a tan solo 1.5–2 millas de la costa de Champerico. El C-47 efectuaba vuelos en círculo a 4000 pies de altura y funcionaba como centro de comando. El piloto del avión Cessna 180 hizo pases rasos y notó que las embarcaciones no exhibían matrícula ni bandera. A continuación se presentó un avión Cessna 182 de la FAG con cuatro altavoces y sobrevoló a cada una de las cinco embarcaciones a baja velocidad. La orden era esta: “Atención barcos pesqueros, se encuentran ilegalmente en aguas territoriales guatemaltecas; el Ejército les ordena enfilar inmediatamente hacia Champerico; el barco que desobedezca será ametrallado.

Los periodistas reportaron que los pescadores respondieron con mofas y señas obscenas, por lo que después de media hora de transmitir la orden repetidamente, el comando a bordo del C-47 ordenó a los aviones Cessna retirarse. A las 8:40 AM llegaron al área dos aviones de combate Mustang P-51. Uno de los cinco barcos, el Elizabeth, inició movimiento hacia la frontera mexicana y un Mustang produjo la primera descarga de ametralladoras en el agua en frente del barco, al no responder, el piloto del Mustang le hizo una descarga en la proa del barco, causándole 14 perforaciones; el Elizabeth entonces se enfiló hacia Champerico mientras desplegaba una manta blanca en señal de rendimiento. No hubo bajas en esta embarcación.

Los otros barcos pusieron sus motores a toda marcha y se dirigieron en estampida hacia la frontera mexicana. Los dos Mustang se alternaban los ataques preventivos delante de la proa, pero los barcos seguían su precipitada fuga. Los Mustang les tiraron entonces a la popa, ostensiblemente tratando de dañarles el motor, la hélice o el timón. Los aviones sin embargo, no parecían disparar a hacer blanco en la cubierta. Al advertir que estos barcos escapaban a la frontera mexicana, aunque aún se encontraban a la altura de Ocós, recibieron órdenes de abandonarlos y regresar a su base, probablemente ya sin munición o combustible.

El capitán de la embarcación Águila 4 fue muerto de bala y varios de los pescadores a bordo resultaron heridos. La embarcación fue dañada por el ametrallamiento, por lo que fue remolcada por otros barcos mexicanos.

Minutos más tarde, un Mustang más apareció frente a la costa de Champerico y usó el mismo método contra dos barcos más que intentaban fugarse a México: El San Diego y el Puerto de Salina Cruz. El avión descargó sus ametralladoras primero trazando una línea recta adelante de cada barco, a pocos metros de la proa. Al continuar huyendo, les disparó a la popa. Luego pasó disparando al mar en dirección a la cubierta, al llegar a pocos metros del barco suspendía el disparo para continuarlo al otro lado de la embarcación. No obstante esto, los periodistas observadores reportaron que los dos barcos continuaban huyendo. Siendo ya dos horas a partir de las órdenes con altavoces y disparos de advertencia, los primeros impactos acertados se produjeron cerca de la aldea de Tilapa, a unas dos millas de la costa. El San Diego recibió una descarga que le acertó transversalmente en la cubierta, matando al cocinero e hiriendo a varios hombres; una segunda descarga le deshabilitó el motor.

Con el segundo barco, el Puerto de Salina Cruz, ocurrió lo siguiente: al recibir los primeros disparos, viró levemente con rumbo al este (Champerico), mas al ir el avión a disparar al otro barco, viró nuevamente hacia México; al recibir nuevamente más impactos de bala, otra vez viró hacia el este. Esta situación se repitió varias veces hasta que el barco encalló en la playa a medio kilómetro al oeste de Tilapa, dejando en el mar una estela de aceite que dibujó su rumbo de eses.

En total, el saldo fue de tres pescadores muertos y catorce heridos.

Como resolución del conflicto, Guatemala lamentó haber tenido que usar violencia contra los barcos pesqueros. México lamentó que los pescadores mexicanos entraron a territorio guatemalteco sin el conocimiento del gobierno mexicano y aseguró que dichas actividades no continuarán y que iba a restringir esa conducta por medio de los guardacostas de la Armada de México. Guatemala aceptó indemnizar a los pescadores heridos y a las familias de aquellos muertos; asimismo aceptó negociar las reparaciones de los barcos y se reservó el derecho de prevenir la pesca ilícita en sus litorales. Ambos gobiernos aceptaron desarrollar un convenio para prevenir dificultades similares y de aceptar la mediación por medio de la Corte Internacional de Justicia si fuera necesario en el futuro.


BIBLIOGRAFIA:

  • Libro Blanco de Guatemala Sobre el Incidente del 31 de diciembre de 1958. Publicado por el Ministerio de Relaciones Exteriores. Guatemala, febrero de 1959.
  • Mexican-Guatemalan Imbroglio: Fishery Rights and National Honor. Author: Thomas Wolff. The Americas, Vol. 38, No. 2 (Oct., 1981), pp. 235-248. Journal is published by: Academy of American Franciscan History.
  • Historia Militar del General de División Piloto Aviador Alfonso Cruz Rivera. Publicado por Armando Cruz Morales. México, Septiembre de 2009.
  • FUERZA AEREA MEXICANA Una Travesía Histórica Publicada por Alfredo Macías Narro. México, Octubre de 2013 / Cita del autor. Entrevista en el domicilio particular con el Gral. de Div. FAPA Rolando Rodríguez Fernández en el mes de enero de 1979.

28 de diciembre de 1940: son fusilados en el cuartel de Matamoros los conjurados en un complot para asesinar al presidente Jorge Ubico

La tristemente célebre Penitenciaría Central de Guatemala, construida por el gobierno del general J. Rufino Barrios fue escenario de crueles torturas de muchos presos politicos desde el gobierno de Barrios hasta el de Jacobo Arbenz.  Fue demolida en la década de 1970 para construir el Ministerio de Finanzas y la Corte Suprema de Justicia.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

En octubre de 1940, el Dr. Julio Carrillo Marín y el sargento primero de la guarnición de Matamaros Carlos Santa Cruz Fonseca, planificaron un atentado en contra del presidente de Guatemala, el general Jorge Ubico. El plan original era que el sargento Santa Cruz iba a atacar a Ubico el 24 de diciembre de ese año.

Sabiendo que el líder obrero Silverio Ortiz Rivas (de destaca participación en el derrocamiento del licenciado Manuel Estrada Cabrera en 1920) no era partidario del president Ubico, Carrillo le confió todos los detalles de la conjura.  Ortiz se dió cuenta de que el plan solamente contaba con cabos y sargentos y no tenía ningún militar de alta graduación comprometido y se lo hizo ver a Carrillo. Ortiz Rivas también le indicó que miembros del partido conservador le habían prometido patrocinio financiero para las elecciones de 1943, cuando seguramente Ubico iba a intentar reelegirse, y que era mejor dejar la idea del atentado e intentar derrocar a Ubico en las urnas.

Luego de su conversación con Ortiz Rivas, Carrillo Marín se alejó de los conspiradores, pero cometió un error fatal: a finales de noviembre de 1940, se encontró con el coronel Bernardino García y cuando éste se quejó de su situación en el ejército, Carrillo le dijo que no se preocupara, ya que pronto iba a cambiar la situación en Guatemala. Era la época en que había que tener mucho cuidado con lo que se decía pues muchas personas eras espías del gobernante y García era uno de ellos. Carrillo fue apresado a los pocos días y llevado ante el propio president, que le dijo que era la última advertencia que le hacía. De acuerdo al escritor guatemalteco Efraín De los Ríos (quien guardó prisión en la Penitenciaría Central durante la mayor parte del gobierno de Ubico) el presidente se dirigió a Carrillo en estos términos: “Ya sé todo lo que anda diciendo de mí y la intención que tiene de matarme; deje de andarse metiendo en babosadas,​ porque en la primera ocasión, me lo trueno.​ Ahora se va a ir a su casa, a trabajar honradamente. No lo mando a apalear como se merece; pero eso sí, ya lo sabe: con otra denuncia que me vengan a dar contra Ud., lo rompo.”

A pesar de la fuerte amenaza, Carrillo redobló sus esfuerzos en la conspiración, sin saber que la policía secreta lo vigilaba desde el momento en que abandonó el despacho presidencial.​

A Santa Cruz lo apresaron después de seguirlo al salir de la casa del doctor Carrillo; el general Ubico fue informado de todo y decidió ir en persona al fuerte de Matamoros en la madrugada del 24 de diciembre. Acusó a Santa Cruz de una falta menor, y ordenó que lo castigaran; una vez preso le aplicaron terribles torturas y Santa Cruz, terminó delatando a sus compañeros de conjura.  Todos fueron apresados y torturados: Carrillo fue apresado en su casa de habitación el 24 de diciembre de 1940 y conducido a la Penitenciaría Central, a la sección de presos politicos, en donde fue torturado cruelmente. Ortiz Rivas estaba enfermo y hospitalizado, pero no import pues la policía llegó a apresarlo el 24 de diciembre a las 8 de la mañana. Quedaría preso hasta que Ubico renunció a la presidencia el 1 de julio de 1944.​

En total, doce de los conjurados fueron brutalmente torturados, juzgados en corte marcial y fusilados el 28 de diciembre de 1940 en el fuerte de Matamoros.  De acuerdo a los detractores del régimen ubiquista (entre los que se encontra el ya mencionado De los Ríos), ésta fue solamente una más de numerosas ejecuciones contra los enemigos políticos del presidente Ubico.

BIBLIOGRAFIA:

  • De los Ríos, Efraín (1948). Ombres contra Hombres. México: Fondo de la Cultura de la Universidad de México.