10 de junio de 1853: Carrera restringe el derecho de asilo

En medio de tensiones entre Guatemala, Honduras y El Salvador, el presidente Rafael Carrera restringe el derecho de asilo para ciertos tipos de delitos

Una vivienda rural en Guatemala en la época del general Rafael Carrera. En el recuadro: el general Trinidad Cabañas, presidente de Honduras en 1853 y enemigo acérrimo de Carrera. Imágenes tomadas de «Guatemala: the land of the quetzal» y de Wikimedia Commons.

Luego del triunfo de la batalla de la Arada sobre los criollos liberales centroamericanos el 2 de febrero de 1851, el teniente general Rafael Carrera fue nombrado presidente de la República de Guatemala, y se inició la hegemonía de ésta en la región centroamericana, aunque los liberales matenían las esperanzas de recuperar el poder.1

En noviembre de 1851, el presidente de Honduras, Juan Lindo, ganó las elecciones para un tercer período pero no quiso aceptar el poder, y pidió que se hiciera una nueva elección en la que resultó favorecido el general Trinidad Cabañas, férreo liberal que combatiera contra Carrera en varias oportunidades y que perseguía derrocarlo y restaurar la unión centroamericana liberal. Cabañas se oponía a la intervención del cónsul británico Frederick Chatfield en la región, aunque en 1852 logró llegar a un acuerdo sobre los reclamos financieros que Honduras tenía con los ingleses, lo cual sería el último acto oficial de Chatfield antes de irse de la región en mayo de ese año. Cabañas prefirió buscar una alianza con los Estados Unidos, para lo cual envió como ministro plenipotenciario de su gobierno al líder criollo liberal guatemalteco José Francisco Barrundia, quien era enemigo mortal de Carrera.2

La tensión entre ambos estados fue en aumento, especialmente porque a Carrera no le gustaba que hubiera presencia estadounidense en Honduras ni que Cabañas, un morazanista de la vieja guardia, fuera el gobernante. Carrera, entonces, empezó a apoyar una revuelta contra Cabañas, ya que todavía tenía que terminar de pacificar a los grupos guerrilleros que había en las regiones montañosas.3 La tensión existente se puede apreciar en el siguiente decreto emitido el 10 de junio de 1853, en el que se restringe el derecho de asilo de los ciudadanos de los estados vecinos:4

Decreto N°. 9

El Presidente de la República de Guatemala, por cuanto la Cámara de los representantes de la República de Guatemala, habiendo tomado en consideración, que el castigo de los reos por crímenes que ofenden la moral, la propiedad y la seguridad pública interesa a todos los pueblos, y que el derecho de asilo concedido indistintamente a toda clase de delincuentes comprometería el crédito de la nación y amenazaría la existencia de la sociedad, ha establecido por ley lo siguiente:

Art. 1.°— Los reos prófugos procedentes de los Estados del Salvador, Honduras y Nicaragua encausados por crímenes de parricidio, asesinato, homicidio premeditado y seguro ó alevoso, incendio, robo, falsificación da moneda, sellos, é instrumentos públicos, quiebra fraudulenta ó alzamiento en perjuicio de acreedores legítimos, rapto, violencia y abijeato calificado, no tendrán derecho de asilo en el territorio de Guatemala; y en caso de reclamarse su extradicion, serán entregados, siempre que se reconozca por las autoridades de los Estados referidos en los propios términos y con iguales condiciones de reciprocidad, el derecho de Guatemala a reclamar los reos prófugos de su territorio, que se hallen en los mismos casos y circunstancias.

Art. 2.°— Para que la extradicion se verifique, será condición indispensable, que calificado el crimen con todas sus circunstancias, resulte comprobado en tales términos, que justificasen la prisión ó enjuiciamiento de la persona que cometiera igual delito en Guatemala.

Art. 3.°— Será igualmente necesario para que la extradicion tenga lugar que se haga la reclamación de los reos de Gobierno a Gobierno, viniendo los exhortos diligenciados por las autoridades judiciales, en la manera y términos que hoy se practica.

Art. 4.°— Si el reo cuya extradicion se solicita, hubiere cometido en la República otro delito por el cual esté encausado ó pueda estarlo, no será obligatoria la extradicion; pero si el delito fuere menos grave que aquel por el cual se le reclama, el Gobierno, de acuerdo con la Suprema Corte de Justicia, podrá, si lo tiene por conveniente, mandar hacer la entrega.

Por tanto: y sancionada de acuerdo con el Consejo do Estado la pre-inserta disposición, mando se publique, cumpla y ejecute.

Palacio del Gobierno, Guatemala, junio 10 de 1853.

        • Rafael Carrera
        • El oficial mayor encargado del despacho de gobernación y justicia, Mariano Córdova4

El 6 de julio de ese año el departamento de Chiquimula fue invadido por el ejército hondureño comandado por el presidente de Honduras, Trinidad Cabañas,5 pero fueron vencidos y expulsados por el brigadier Vicente Cerna, quien los obligó a retirarse y a pedir a los gobiernos de El Salvador y Nicaragua para que mediaran en el asunto, propinando un fuerte golpe a los intentos de los liberales para desestabilizar el país.6


BIBLIOGRAFIA:

  1. Sierra González, Aída Lucila (2001).«La batalla de la Arada». Guatemala: Servicio de Historia Militar, Sección de Investigaciones Históricas, Museo Militar. Archivado desde el original el 21 de diciembre de 2014.
  2. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press. p. 242.
  3. Ibid., p. 245.
  4. Carrera, Rafael; Córdova, Mariano (10 de junio de 1853). Decreto N°9. Guatemala.
  5. Carrera, Rafael; Aycinena, Pedro de (6 de julio de 1853). Proclama. Guatemala.
  6. Woodward, Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, p. 243.

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3 de junio de 1830: los ingleses toman la isla de Roatán

Los ingleses nuevamente toman la Isla de Roatán tras invadirla desde Belice.

Playa de la isla de Roatán, actualmente de Honduras. En el recuadro: escudo de la República Federal de Centro América, a la que la isla pertenecía en 1830. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Durante la época colonial los piratas y corsarios ingleses, franceses y holandes infestaban las costas del Reino de Guatemala, aunque hacia el final de ese período ya solamente quedaban los ingleses, quienes se fueron a la guerra con España en 1782 y el presidente y teniente general de los Reales Ejércitos, Matías de Gálvez, quien los expulsó de la región, y los obligó a refugiarse en Belice.1

Ahora bien, los ingleses siempre esperaban el momento oportuno para apropiarse de los territorios aislados de la región centroamericana.  En 1642 tomaron la isla de Roatán, aunque fueron expulsados con la ayuda de ejércitos de la provincias de La Habana y de Santo Domingo, pero luego regresaron en 1742 y se asentaron hasta que fueron expulsados por Matías de Gálvez en 1782.  Quince años después regresaron a la isla, llevando consigo a dos mil esclavos africanos para establecerse definitivamente, pero fueron nuevamente expulsados por los españoles con todo y los esclavos.2

Los ingleses eran pacientes, y desde Belice enviaron unos hombres a la isla de Roatán el 3 de junio de 1830, con lo que la tomaron fácilmente, venciendo a la pequeña guarnición de la República Federal de Centro América que allí se encontraba.2 En ese momento, los británicos sabían que el gobierno centroamericano estaba muy debilitado tras las guerra civil que se extendió de 1826 a 1829, y aprovecharon la ocasión.3

El presidente de la República Federal, general Francisco Morazán, consiguió establecer comunicación con el rey Guillermo IV de Inglaterra, y logró que los ingleses que ocuparon Roatán se replegaran nuevamente a Belice, solo para que regresaran a ocupar la isla en 1839,4 aprovechando nuevamente la fragilidad del gobierno centroamericano, esta vez sumido en la anarquía tras la separación de Honduras, Nicaragua y Costa Rica,5 y por el derrocamiento del gobierno liberal del Dr. Mariano Gálvez en Guatemala.6 Así pues, solamente el estado de El Salvador —que era gobernado por el expresidente federal Francisco Morazán— y el de Los Altos —que se acababa de formar con el 50% del territorio occidental del de Guatemala7— protestaron formalmente  y en un tratado de paz, amistad y comercio, establecieron de modo terminante que, mientras no se devolvieran las islas ocupadas por los ingleses, las relaciones con Gran Bretaña permanecerían interrumpidas. Incluso, no iban a admitir ni en Los Altos ni en El Salvador, mercadería que procediera de Inglaterra, aunque fuera llevada por buques de otra nacionalidad, ni recibirían mercadería de otros orígenes, si era llevada por buques de bandera británica.8

El cónsul plenipotenciario de Inglaterra en Centroamérica, Frederick Chatfield no estuvo de acuerdo con aquello y en forma arrogante y prepotente se dirigióa  los jefes de Estado de Los Altos y El Salvador exigiendo que levantaran la prohibición.  Y aunque éstos rechazaron las amenazas del diplomático tajantemente, la firme posición de los estados centroamericanos no tardó mucho puesto que ambos fueron derrotados categóricamente pocos meses después en los combates que libraron contra el caudillo guatemalteco Rafael Carrera, cuyo ejército estaba patrocinado por los ingleses.8


BIBLIOGRAFIA:

  1. Real Academia de la Historia (s.f.) Matías Gálvez y Gallardo. España: Real Academia de la Historia.
  2. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 388.
  3. — (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 361-366.
  4. Hernández de León, El libro de las Efemérides, VI., p. 389.
  5. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de GuatemalaI Guatemala: Editorial del Ejército. pp. 157, 235, 246, 272 y 304.
  6. Solís, Ignacio (1906). Memorias del General Carrera. 1838-1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. (1) Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 3-90.
  7. García Elgueta, Manuel (1897). Un pueblo de los Altos: apuntes para su historia. Exposición Centroamericana. Quetzaltenango, Guatemala: Popular. pp. 91-92
  8. Hernández de León, El libro de las Efemérides, VI., p. 390.

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6 de abril de 1839: la Batalla del Espíritu Santo

En la Batalla del Espíritu Santo, el general Francisco Morazán obtiene una contundente victoria sobre los invasores de Honduras y Nicaragua en el territorio de El Salvador

Cuadro que representa la Batalla del Espíritu Santo. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Cuando inició 1839 los estados de Nicaragua y Honduras tenían una actitud hostil contra el estado de El Salvador debido a la profunda animadversión de éstos para con el ex-presidente federal, Francisco Morazán, quien para entonces era el comandante de Armas de El Salvador.  El pacto de la República Federal se había roto en 1838 cuando Morazán no convocó a elecciones para elegir a su sucesor,1 y como la capital federal estaba en San Salvador, el ex-presidente se había quedado en aquel Estado.

Honduras y Nicaragua dieron muestra de querer ir a la guerra, por lo que el Jefe de Estado de El Salvador, Diego Vigil, pidió a Morazán que se preparara para combatir a sus vecinos.  Pero no le dió tiempo suficiente al Comandante de Armas, pues sin declaración de guerra previa, el general nicaragüense Bernardo Méndez invadió a El Salvador por el lado de San Miguel al mando de mil soldados; el general hondureño Francisco Ferrera, por su parte, iba marchas forzadas para reunirse con los hombres de Méndez y acabar con la resistencia salvadoreña lo más pronto posible.2

Pero frente a ellos tenían a uno de los mejores genios militares de Centroamérica.

Morazán llegó al frente de ochocientos efectivos y acampó en la hacienda de San Francisco, en la margen del río Lempa opuesta a donde estaba el cuartel general de los nicaragüenses en Corlantique.  Allí estaban cuando el comandante de las fuerzas salvadoreñas se enteró de que Ferrera iba marchando sobre El Salvador, y decidió salir a su encuentro.  Pero cuando Morazán partió, Méndez atacó y derrotó a una de las divisiones salvadoreñas, por lo que Morazán tuvo que regresar a rehacerse.

Los nicaragüenses ya habían ocupado San Vicente —que en ese entonces era la capital del Estado de El Salvador, puesto que San Salvador todavía era la capital federal— y estaban amenazando con tomar Cojetepeque.  Morazán entonces partió hacia Cojutepeque, buscando que se unieran más hombres a su ejército.

Mediante varias maniobras que distrajeron a los invasores, Morazán los llevó a la hacienda del Espíritu Santo, en donde se libró una de las batallas más emblemáticas de la carrera del caudillo liberal.  El 5 de abril por la tarde llovió copiosamente, pero la lluvia amainó al caer la noche y los invasores decidieron atacar a Morazán, creyendo que estaba desprevenido.  Pero el comandante de las fuerzas salvadoreñas dio la señal de alerta y empezó un nutrido tiroteo entre ambos ejércitos.  La llovizna  seguía y como la noche era oscura, el combate fue a quemarropa y muchas veces entre los mismos correliginarios.3

El coronel Benítez —Jefe del Estado Mayor del Ejército de El Salvador— se aproximó a lo más crudo de la batalla y cuando se dió cuenta de que no se podía reconocer a nadie en medio de la oscuridad y los fogonazos de los tiros, gritó su nombre para servir de punto de reunión, lo que fue aprovechado por uno de sus enemigos para atacarlo con la bayoneta.  Como pudo regresó con Morazán que le recriminó su imprudencia aunque sintió profundamente la herida de Benítez quien falleció poco después.

Morazán, en medio de la oscuridad, tomó a veinticinco escoltas y se fue a donde estaba el combate.  A cada uno de los que encontraba le preguntaba si era soldado de Morazán, y si le contestaban que no, entonces los hacían prisioneros en el acto.  De esta forma, logró capturar a 29 soldados enemigos, y cuando aclaró la mañana del 6 de abril concentró a sus fuerzas en el edificio de la hacienda desde donde podía dispararle al enemigo fácilmente y en donde tenía sus reservas.4

Sin embargo, los invasores rodearon la hacienda por la retaguardia, expulsando a Morazán y a sus hombres.  En este momento, el comandante salvadoreño tomó la decisión de arremeter contra sus enemigos y gritó blandiendo su espada: «¡El que tenga valor que siga a su general!» La arremetida resultante sorprendió a los invasores que fueron derrotados en poco tiempo y se dieron a la fuga en todas direcciones.

Al final de la acción, cuando se estaba haciendo el recuento de los graves daños y pérdidas que tuvieron ambos ejércitos, Morazán en persona salió a perseguir al enemigo.  A los pocos pasos encontrarona diez hombres que presentaron las armas con las culatas hacia arriba para rendirse; sin embargo, cuando reconocieron a Morazán uno de ellos gritó: «¡Este es el general Morazán!» y cambiaron de posición sus armas para dispararle al general, hiriéndolo en el brazo derecho.  Los que acompañaban al comandante salvadoreño mataron a los atacantes con sus bayonetas y con golpes de culata y cuando ya estaban muertos, todavía llegó otro grupo a golpearlos.5

Esta victoria fue uno de los mayores triunfos de la carrera militar de Morazán, y en ese momento todo parecía sonreirle, pues acababa de derrotar a las principales amenazas contra la reunificación de Centroamérica, que además eran los principales aliados del teniente coronel Rafael Carrera.  En cuanto a Carrera, el mismo Morazán lo había reducido junto con sus huestes campesinas a las serranías de Mita; y, por si fuera poco, el Estado de Los Altos era incondicional a su persona y en Guatemala gobernaba el general Carlos Salazar, a quien Morazán había puesto en lugar de Mariano Rivera Paz el 30 de enero de ese año.6

Pero la suerte de Morazán iba a cambiar radicalmente apenas una semana después de la batalla del Espíritu Santo, ya que sabiendo de la alianza de Honduras y Nicaragua contra el ex-presidente federal, las huestas de Carrera dieron el golpe de estado en contra de Carlos Salazar en Guatemala,7 lo que desencadenó una seria de hechos violentos que terminaron no solo con el Estado de Los Altos, sino  con la derrota definitiva del caudillo liberal en la Ciudad de Guatemala a manos de Carrera el 19 de marzo de 1840.8


BIBLIOGRAFIA:

  1. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de GuatemalaI Guatemala: Editorial del Ejército. pp. 157, 235, 246, 272 y 304.
  2. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 49.
  3. Ibid., p. 50.
  4. Ibid., p. 52.
  5. Ibid., p. 53.
  6. Hernández de León, Federico (1963) [1926]. El Libro de las Efemérides, Capítulos de la Historia de la América Central V. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 172.
  7. — (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América CentralII. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 75-81.
  8. Solís, ignacio (1906). Memorias del General Carrera. 1838-1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. (1) Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 90.

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4 de abril de 1827: tropas guatemaltecas inician el sitio a Tegucigalpa

La Catedral colonial de Tegucigalpa, Honduras. En los recuadros: Dionisio de Herrera, jefe de Estado de Honduras y teniente coronel Justo Milla, jefe de las tropas sitiadores guatemaltecas. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En el marco de la Guerra Civil Centroamericana que se inició con la prisión del jefe de Estado de Guatemala, el liberal Juan Barrundia, en septiembre de 1826,1 el liberal Dioniso de Herrera estaba al frente del Estado de Honduras y tenía a Francisco Morazán como secretario. Por su parte, el presbítero criollo Nicolás Irías Midence era el Vicario Capitular y Provisor General de la Iglesia Católica en el estado hondureño y solamente reconocía la autoridad del arzobispo Ramón Casaus y Torres.2

Morazán influía considerablemente en las decisiones del Jefe de Estado quien se había convertido en un dictador benévolo, ya que la primera Asamblea Legislativa que se formó había nombrado a Herrera en el poder y luego había sido disuelta. Además no había consejo de Estado y la Corte de Justicia no estaba conformada porque los miembros electos no habían tomado posesión de sus cargos. Esta situación no le parecía en lo absoluto al prsbítero Irías, quien por su carácter fuerte y autoritario se oponía radicalmente a lo que disponía Herrera. Aquella situación llegó al punto en que Irías pidió a los fieles católicos que se opusieran a todo lo que decretaba Herrera, a quien llamaba «hereje» y «francmasón«; es más, incluso le pidió a los feligreses que no obedecieran las leyes estatales en lo absoluto.   Herrera, por su parte, robusteció el poder público lo que hizo que los ánimos entre los conservadores católicos y los liberales anticlericales se agitaran y bastara una excusa para llegar a la guerra.3

En ese estado de cosas, un día hicieron disparos contra la casa del  jefe de Estado, y mientras los liberales acusaron a los conservadores de atacarlos, los liberales acusaron a los primeros de haber hecho una pantomima burda para alborotar los ánimos.  Herrera ordenó que redujeran a prisión al presbítero Irías en Comayagua, pero éste logró escaparse y acusó al Jefe de Estado de abuso de autoridad, lanzando pronunciamientos en la región de Occidente y hasta en Olancho, y excolmulgó a Herrera aduciendoque tenían influencia masónica y herética. Es más, vendió algunas joyas de las imágenes religiosas para comprar armas en Belice, mientras organizaba a varios cuerpos del ejército que desertaron.4

Cuando las noticias de lo que estaba ocurriendo eh Honduras llegaron a la Nueva Guatemala de la Asunción —entonces capital de la República Federal de Centro América— el presidente Arce envió al teniente coronel José Justo Milla Pineda —padre del escritor José Milla y Vidaurre— para que pusiera orden en el estado hondureño. 4 Sin embargo, como Milla era aristócrata, en lugar de reducir al orden al presbítero Irías, se puso de acuerdo con él  y el 4 de abril de 1827 marchó sobre la ciudad de Tegucigalpa e inició el sitio de la misma.5

El sitio que hizo Milla fue brutal: hubo saqueos, incendios y tierra arrasada en los alrededores de la capital hondureña durante treinta y seis días.  Herrera, viéndose perdido, propuso la paz a Milla varias veces, pero éste no aceptó diciendo que solamente arreglaría con el Jefe de Estado si éste se rendía incondicionalmente y le entregaba las armas.  Por supuesto, ante semejantes condiciones, Herrera prefirió luchar hasta la muerte, pero fue traicionado por un hondureño de apellido Fernández, quien negoció secretamente con Milla y entregó la plaza. Herrera fue hecho prisionero y llevado a Guatemala bajo fuerte escolta, mientras que varios liberales fueron enviados a prisión a Omoa y a otros reclusorios en varias partes de Honduras.5

Sin embargo, el triunfo ante Herrera le saldría muy caro a los aristócratas, al presidente Arce y al clero encabezada por Irías Midencia, pues el secretario de Herrera, el líder liberal Francisco Morazán, quedó profundamente resentido por aquella acción y decidió vengarla a la primera oportunidad.  En primer lugar, el 11 de noviembre de 1827 Morazán venció al ejército de Milla en la Batalla de la Trinidad, y se convirtió en el nuevo Jefe de Estado de Honduras, obligando al ostentoso Irías Midence a salir al exilio, huyendo de los liberales.6

Y luego, al mando del «Ejéricto protecto de la ley» invadió Guatemala, derrotando a las autoridades federales y estatales tras el sitio de la capital, a las que redujo a prisión el 14 de abril de 1829 y eventualmente envió al exilio en septiembre de ese mismo año.7 Entre los exiliados estaban todos los aristócratas de la familia Aycinena, el teniente coronel Justo Milla, los frailes regulares de la Iglesia Católica y el arzobispo Ramón Casaus y Torres.  Y en venganza a lo hecho por Milla en Tegucigalpa, permitió que sus tropas saquearan las riquezas de los exiliados y cometieran toda clase de atropellos contra los pobladores de la Nueva Guatemala de la Asunción.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. p. 32-35.
  2. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 39.
  3. Ibid., p. 40.
  4. Ibid., p. 41.
  5. Ibid., p. 42.
  6. Oyuela, Leticia (1989). «Historia Mínima de Tegucigalpa» En: Colección Códices. Tegucigalpa, Honduras: Editorial Guaymuras. p. 70.
  7. La Antorcha Centro-Americana (11 de septiembre de 1829). Guatemala, septiembre 10. En: La Antorcha Centro-Americana. (7)  Guatemala: Imprenta Nueva. p. 28.

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7 de marzo de 1885: Barrios decreta la libertad de prensa en Centroamérica

El general J. Rufino Barrios, en calidad de haberse autonombrado Jefe Supremo del Ejército de la Unión Centroamericana, declara que habrá libertad de prensa en toda la región.

7marzo1885
La Plaza de Armas de la Ciudad de Guatemala en 1875 en una fotografía de Eadweard Muybridge. A la derecha la fuente de Carlos III en donde Barrios hizo fusilar a los supuestos implicados en un complot en su contra en 1877. En el recuadro: el general J. Rufino Barrios. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Al momento de embarcarse en su ambicioso proyecto de lograr la Unión Centroamericana, el estado mental del general J. Rufino Barrios estaba sumido en una obsesión en contra de los autores de un atentando en su contra que había ocurrido el 13 de abril de 1884, al punto que, según su ministro de Fomento Francisco Lainfiesta, solamente de eso hablaba en las reuniones de Ministros.

De acuerdo a Lainfiesta, aquellas reuniones transcurrían de esta manera:1

Se paseaba el general Barrios por su despacho con las manos asidas por detrás; allí estábamos los seis ministros con los brazos cruzados, lo más del tiempo silenciosos. Barrios hablaba y hablaba de los asesinos, de la ramerita de [Guillermo] Rodríguez, del chicherito, etcétera y repentinamente se acercaba a decirnos: «Si ustedes quieren, saquen a esa tal Rodríguez sáquenlo, sáquenlo; pónganlo en libertad… pero yo le mando pegar antes mil palos.»

Esto decía y repetía con frecuencia, como respondiendo a objeciones que él imaginaba se le hacían en favor de Rodríguez; o como para prevenir que se le hicieran, y era en aquellos arranques, cuando solía agarrarse la cabeza, diciendo: «Si esto no acaba pronto, voy a parar en loco».

Santos Soto [otro de los acusados] recibió orden de permanecer en el interior y en la hora del movimiento de Palacio, frente a la entrada de la casa, para que todos le viesen entrar y fuese como un fantasma funesto que a muchos había de causar susto. […] Además, pasaba Soto algunas horas en el despacho presidencial, sentado allí entre los ministros, lo que parecía expresamente dispuesto así por Barrios en son de burla o menosprecio de sus altos funcionarios.1

A don Juan Rodríguez lo hizo trasladar al Palacio Nacional, frente por frente de la casa de la presidencia, ocupando el lujoso saloncito destinado al despacho del presidente. Allí encontré a Rodríguez inesperadamente […] Por la noche le hacía pasar Barrios a la casa y permanecer hasta las nueve, […] tomando parte en la terturlia que allí formaban algunos de los ministros. Yo estuve una vez en esa terturlia.2

Concluye Lainfiesta su relato diciendo: «Si no fue mediando un verdadero trastorno mental, ¿sería posible imaginar procedimientos tan torcidos y extravagantes como los relacionados?»2

Con respecto a la situación en el país a principios de 1885, dice Lainfiesta:

El país se encuentra como desmayado o detenido en su anterior derrotero de movimiento y acción. El precio del café es desfavorable y esto desalienta a los agricultores; la Hacienda Pública, entregada a las más ruinosas transacciones para sobrellevar a medias el peso de las necesidades; el crédito de los ministros de Barrios a excepción de Cruz y Díaz Mérida, y el de varios particulares, comprometidos en fianzas a favor del Tesoro Nacional, arrancadas en son de companerismo y amitad; y la atmósfera general, pesada y oscura a cauas de las crueles zozobras y sufrimientos del ano fatal recién pasado. Y Barrios delirando siempre con la bomba y con nuevos proyectos de asesinato de su persona; hasta concluir con que era indispensable llevar a cabo la Unión Nacional, único recurso, decía «que nos queda para asegurar la tranquiidad y las conquistas de la revolución de 1871».3

En medio de esta situación, ante las críticas contra su idea de unión que se estaban dando en Nicaragua, Honduras y El Salvador, y que se referían a él como «el salvaje de San Marcos«, Barrios emitió un decreto aduciendo que iba a permitir la libertad de prensa en toda Centroamérica, tal y como supuestamente lo había estado haciendo en Guatemala bajo los principios liberales.4 Por supuesto, aquello era propaganda para su proyecto unionista, porque en Guatemala no había tal libertad de expresión; basta solamente el ejemplo de la renuncia en 1882 del embajador de Guatemala ante los Estados Unidos, licenciado Lorenzo Montúfar, para darse cuenta de que lo que se publicaba en el país era únicamente alabanzas a favor del presidente.5

Reproducimos a continuación aquel decreto unilateral que emitió Barrios el 7 de marzo de 1885 para que el lector juzgue su contenido:

J. Rufino Barrios, General de División y Supremo Jefe Militar de la Unión de Centro-América,

Considerando: que proclamada la Unión de las Repúblicas de la América Central debe tratarse de alcanzar desdo luego un sus más impotantes objetos, el que sean amplias, electivas y prácticas las garantías de que los ciudadanos, eficazmente amparados por la autoridad y por la ley, han de gozar bajo un régimen verdaderamente liberal;

Que el Jefe de la Unión se ha esforzado por establecer y consolidar en la República de Guatemala tales garantías, y entre ellas, muy principalmente, la libertad de la prensa, sin la que no puede decirse que haya instituciones de- mocráticas ni que el ciudadano sea libre, cuando no tiene el ejercicio de uno de sus más sagrados derechos; pero, ó no se han comprendido é interpretado debidamente los propósitos que a este respecto le inspiran los principios que profesa; ó no han podido secundarse a causa de la incertidumbre y pequeñez en que la desunión ha mantenido a estos pueblos, pequeñez que así como no ha permitido que adquieran riqueza y prosperidad material, tampoco les ha hecho sentir la necesidad de usar de aquellos derechos indispensables en una República realmente digna de este título y formada de hombres libres;

Que hoy es tiempo de que la prensa, sacudiendo todo temor, use de toda la libertad que necesita para ser provechosa y fecunda, y para constituirse en vigorso auxiliar é intérprete de la opinión y en poderosa palanca del progreso; y es tiempo de que comprendiéndose rectamente la intención del Jefe de la Unión de sostener por todos los medios á su alcance, la libertad y respeto de esa salvadora institución; le ayuden todos aprovechándose de ella y procurando los beneficios que de su amplio ejercicio han de resultar;

Que de ese modo se darán á conocer y podrán cor regirse los desmanes en que incurran las personas revestidas de autoridad; y por lo mismo, es preciso impedir severamente que éstas, puedan en algún caso, abusar de su posición, y salirse de los límites que fijan las leyes actuales para el ejercicio de esa libertad, que solo son propiamente los de no emplearla para ejecutar un delito, DECRETA:

Art. 1.° — El Jefe Supremo de la Unión, bajo su más estrecha responsabilidad, ampara, protege y sostiene en todo Centro-América la amplia libertad de la prensa, sin previa censura y sin otras restricciones qne las de la ley vigente.

Art. 2.° — Lejos de oponerse a que se comenten ó censuren sus propios actos oficiales, o los de cualquiera otra autoridad o empleado, excita a todos a que públicamente externen sus opiniones a este respecto, y las defiendan sin ningún miramiento o reserva.

Art. 3.° — Cualquiera autoridad o empleado que, de hecho o abusivamente, fuera de los casos, o sin la forma y garantías que la ley establece,proceda en cualquier sentido, contra periodistas o escritores que por la prensa censu- ren sus actos ó los del Gobierno ó sus agentes, incurrirá en destitución inmediata de su cargo ó empleo é inhabilitación perpetua para ejercerlo.

Dado en Guatemala, a 7 de marzo de 1885,

        • J. Rufino Barrios
        • Fernando Cruz6

A pesar de este decreto y otro emitido el 9 de marzo en el que aseguraba que no buscaba la presidencia de la región para sí, Nicaragua y Costa Rica se pusieron en pie de guerra, y México reforzó su frontera. Finalmente, el 22 de marzo se firmó el tratado de alianza entre Nicaragua, Costa Rica y El Salvador, y se declaró la guerra contra Guatemala.4 Irónicamente, el tratado se firmó en El Salvador, cuyo presidente Rafael Zaldívar había sido títere de Barrios desde que éste lo había puesto en el poder en 1876.7


BIBLIOGRAFIA:

  1. Lainfiesta, Francisco (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. Período de 20 años corridos del 14 de abril de 1865 al 6 de abril de 1885. Guatemala: Pineda e Ibarra. p. 325.
  2. Ibid, p. 326.
  3. Ibid, p. 354.
  4. Selva, Buenaventura; Durán, José; Zaldívar, Rafael (Septiembre 1938) Tratado de alianza: entre Nicaragua, El Salvador y Costa Rica, oponerse al general Justo Rufino Barrios que amenazaba la soberanía e independencia de aquellas repúblicas en 1885. Revista de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua. 2, (4), 425-428 Managua: Academia de Geografía e Historia de Nicaragua.
  5. Gobierno de Guatemala (1882). La traición del doctor Lorenzo Montúfar juzgada por los pueblos. Guatemala: El Progreso. pp. 3 y siguientes.
  6. Guerra, Viviano (1886). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1884-1885. IV. Guatemala: Imprenta de la Unión. pp. 338-339.
  7. Lainfiesta, Apuntamientos para la Historia de Guatemala. p. 176.

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21 de febrero de 1822: se disuelve la Junta Provisional Consultiva

Tras la Anexión al Primer Imperio Mexicano el 5 de enero de 1822, se disuelve la Junta Provisional Consultiva establecida por el acta del 15 de septiembre de 1821.

21febrero1822
Palacio Colonial de la Ciudad de Guatemala a principios del siglo XX. aquí se firmó el acta de Independencia y la Anexión a México. En el recuadro: retrato que se cree que corresponde al brigadier Gabino Gaínza. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Tras haber aceptado la Anexión a México el 5 de enero de 1822, se disolvió la Junta Consultiva establecida en el acta del 15 de septiembre de 1821,1 de acuerdo al artículo 8.° de la misma:

8.°— Que el señor Jefe Político, brigadier don Gavino Gainza, continúe con el gobierno superior político y militar que este tenga el carácter que parece propio de las circunstancias, se forme una junta provisional consultiva, compuesta de los señores individuos de esta diputación provincial y de los señores don Miguel Lárreynaga, ministro de esta audiencia; don José del Valle, auditor de Guerra; marqués de Aycinena; doctor don José Valdez, tesorero de esta santa iglesia; doctor don Ángel Maria Candina; y licenciado don Antonio Robles, alcalde tercero constitucional: el primero por la provincia de León, el segundo por la de Comayagua, el tercero por Quezaltenango, el cuarto por Solóla y Chimaltenango, el quinto por Sonsonate, y el sexto por Ciudad Real de Chiapa.2

En la junta consultiva estaba, en primer lugar, el brigadier Gabino Gaínza, que había traicionado a España al pactar con los criollos aristócratas la independencia de la región, seguido por el Marqués de Aycinena, quien era el líder de dichos criollos aristócratas. También estaba José Cecilio del Valle, quien publicaba «El Amigo de la Patria» —periódico de los aristócratas y quien redactara el Acta de Independencia—, y el tesorero de la arquidiócesis. En otras palabras, los principales miembros de la Junta eran todos antiguos funcionarios o influyentes personajes del gobierno colonial. Ahora bien, el problema con esto, es que el resto de criollos del antiguo Reino de Guatemala no veía con buenos ojos a los criollos aristócratas de la capital, ya que sabían que éstos tenían los mejores puestos en las administraciones civiles y religiosas —que eran entonces un gran privilegio en términos económicos—, y además consideraban que los aristócratas no les daban un trato justo con respecto al comercio del producto de sus haciendas.3

Tras la caída del Primer Imperio Mexicano en marzo de 1823, las provincias quedaron en la ruina debido a la nefastas medidas económicas del emperador Agustín de Iturbide. Sabiendo los problemas que se avecinaban, el general Vicente Filísola —quien había quedado como gobernador de Centroamérica en lugar de Gaínza— convocó lo más pronto que pudo a una Asamblea Constituyente, a la que le entregó el poder el 1 de julio de 1823, y luego se regresó a México con sus tropas.4

La Asamblea Constituyente declaró la independencia absoluta de la región el mismo 1 de julio y nombró a la región provisionalmente Provincias Unidas del Centro de América en un acta en la que el artículo 1.° específicamente dice que la región no es propiedad de ninguna familia en particular, en alusión directa a los criollos aristócratas guatemaltecos:

Que las provincias de que se componía el Reino de Guatemala, son libres e independientes de la antigua España, de México y de cualquiera otra potencia, así del antiguo como del nuevo mundo; y que no son, ni deben ser el patrimonio de persona ni familia alguna.5

Dado que la Junta Consultiva el 21 de febrero de 1822 había aprobado la anexión a México, los criollos rurales se aglutinaron en la causa liberal y acusaron a los aristócratas de haberla promovido y les recriminaron el desastroso estado en que quedó la región luego de la caída de Iturbide. Por eso, muchos de los decretos emitidos por las Asambleas de Centroamérica y del Estado de Guatemala iban dirigidos a restar los privilegios a los aristócratas y a los eclesiásticos,6 hasta que llegó el momento en que los aristócratas no soportaron más y dieron el golpe de estado contra Juan Barrundia en septiembre de 1826,7 iniciando la Guerra Civil Centroamericana que, en el caso de Guatemala, se extendió hasta 1851 y retrasó el desarrollo del país considerablemente.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Marure, Alejandro (1844). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la república de Centro América, desde el año de 1821 hasta el de 1842. Guatemala: Imprenta La Paz. p. 5.
  2. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 11-14.
  3. Herrera-Mena, Sajid Alfredo (2018). Espacios y opinión pública durante la anexión del Reino de Guatemala a México: San Salvador, 1821 En: LiminaR, XVII, (1) México: Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica. ORCID: 0000-0002-5998-9541 .
  4. Hernández de León, Federico (1963) [1926]. El libro de las Efemérides; capítulos de la historia de la América Central. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 178-180.
  5. Pineda de Mont, Recopilación de las leyes de Guatemala, p. 26.
  6. Bertrand, Michel (s.f.) El consulado colonial de Guatemala: fuentes para su historia. pp. 33-51.
  7. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. pp. 32-35.

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24 de enero de 1934: Guatemala, Honduras y Nicaragua denuncian Acuerdo de Paz y Amistad

24enero1934
Trabajos de construcción al final de la Avenida de La Reforma y Calle Real de Pamplona para el monumento a Los Próceres en 1934. En el recuadro: el presidente de facto de El Salvador, Maximiliano Hernández Martínez, por quien los gobiernos centroamerianos denunciaron el Pacto de Amistad de 1923 que prohibía reconocer gobiernos de facto. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El 7 de febrero de 1923, los gobiernos de las repúblicas centroamericanas firmaron el Acuerdo General de Paz y Amistad de Washington, en los que se comprometían a no reconocer a ningun gobierno de facto en la región.1  Con base en este Acuerdo, cuando ocurrió el golpe de estado en contra del gobierno del licenciado Baudilio Palma en Guatemala el 17 de diciembre de 1930,2 la embajada de los Estados Unidos en el país se negó enfáticamente a aceptar al nuevo gobierno y movió sus piezas para que a la mayor brevedad posible fue electo el general Jorge Ubico.3

La situación cambió drásticamente en 1932, luego del golpe de estado en El Salvador que llevó al general Maximiliano Hernández Martínez al poder y la masacre que éste perpetró en contra de miles de campesinos que habían participado en un alzamiento campesino en contra de las deplorables condiciones de trabajo a que eran sometidos por los hacendados cafetaleros locales y la severa crisis económica que asolaba al país tras el inicio de la Gran Depresión en 1929.  El gobierno de facto de Hernández Martínez, los hacendados criollos y los intelectuales de la capital hicieron ver que el alzamiento no era debido a las difíciles condiciones económicas que afectaban a los campesinos, sino que a las ideas comunistas que se habían infiltrado en el país.   Si bien es cierto que sí hubo participación de los elementos comunistas salvadoreños, y del Socorro Rojo Internacional comandado por Farabundo Martí, la rebelión fue mucho mayor de lo que aquellos pequeños grupos podrían haber organizado.4

En base al Acuerdo de Paz y Amistad el gobierno de Hernández Martínez todavía no era reconocido por el de los Estados Unidos, como había ocurrido con el régimen de Manuel María Orellana en Guatemala en diciembre de 1930, pero la situación política internacional cambió drasticamente con la llegada al poder del presidente Franklin D. Roosevelt en sustitución del presidente Hoover en los Estados Unidos y cuando el gobierno británico reconoció al régimen de Hernández Martínez en septiembre de 1933.4

Ya con el reconocimiento británico y el cambio de gobierno estadounidense al paratido demócrata, Costa Rica denunció el Pacto de Amistad el 23 de diciembre de 1933, seguido del régimen de facto en El Salvador pocos días después. Finalmente, los regímenes militares de Jorge Ubico en Guatemala, Tiburcio Carías Andino en Honduras y del licenciado Juan Bautista Sacasa en Nicaragua —este último bajo la sombra del director de la Guardia Nacional, general Anastasio Somoza García— lo denunciaron simultáneamente el 24 de enero de 1934, forzando así a Roosevelt a denunciarlo el 26 de enero.4

En su mensaje a la Asamblea Legislativa durante la apertura de las sesiones ordinarias de ésta en marzo de 1935, el general Ubico dijo lo siguiente al respecto del Acuerdo de Paz:  «En cuanto a los asuntos intercentroamericanos, tengo la satisfacción de informaros que en enero último se reanudaron en forma oficial, las relaciones diplomáticas con el Gobierno de la hermana República de El Salvador, en virtud de acuerdo con los Gobiernos de Nicaragua y Honduras, firmantes del Tratado General de Paz y Amistad de 1923 y en cumplimiento de la política de Buen Vecio que cuidadosamente he puerto en práctica desde el 14 de febrero de 1931.  Tengo el agrado de informaros que el Excelentísimo señor Presidente de Nicaragua, en nombre de los Gobiernos de Guatemala, Honduras y Nicaragua, especialmente facultados para ello, invitó a los gobiernos de El Salvador y Costa Rica para que concurran a la Primera Conferencia Centroamericana, que se reunirá en esta ciudad el día 15 del corriente mes, Conferencia que tiene por fin primordial determinar las relaciones futuras de los Gobiernos y Pueblos Centroamericanos y cimentar la fraternidad entre ellos, sobre bases de positiva conveniencia y de recíproco apoyo para conservar la paz entre los cinco Estados, desarrollar su progreso efectivo y realizar las nobles aspiraciones de sus respectivos pueblos.»  En otras palabras: el gobierno denunció el Acuerdo de Paz y Amistad de 1923 y estaba buscando establecer uno nuevo que aceptara gobiernos de facto.5

Con este movimiento de piezas, los Estados Unidos habían colocado gobiernos militares en la región para defender sus intereses económicos, principalmente los de la gigantesca corporación transnacional United Fruit Company, cuya subsidiaria International Railways of Central America tenía el monopolio del transporte ferroviario en Guatemala y El Salvador.  Y, por ello, no es casualidad que los regímenes de Hernández Martínez y de Ubico cayeran en cuestión de dos meses el uno del otro en 1944 luego de que la frutera quedara muy debilitada por el hundimiento de su flota mercante durante la Segunda Guerra Mundial.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Asamblea Nacional de la República de Nicaragua (3 de marzo de 1923). Las Convenciones de Washington – Tratado de Paz y Amistad. Nicaragua.
  2. Department of State(1930) Guatemala. Revolution in Guatemala. (en inglés) En Foreign Relations III. Estados Unidos: Department of State. pp. 172-179.
  3. Ibid., pp. 186-190.
  4. Campos, Napoleón(2007) Tropas de El Salvador en Irak. 2003-200? El Salvador: Ojos de Papel.
  5. Méndez, Rosendo P. (1937). Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1934-1935. LIII. Guatemala: Tipografía Nacional. p.  viii.
  6. Luna, David. Análisis de una dictadura fascista en latinoamericana. Maximiliano Hernández Martínez 1931-1944.  El Salvador: En La Universidad. p. 52.

23 de enero de 1933: laudo de Hughes define frontera con Honduras

Se define la frontera entre Guatemala y Honduras por medio del Laudo de Hughes. El conflicto inició como un problema entre la United y la Cuyamel Fruit Companies.

23enero1933
Mapa de Guatemala y Honduras mostrando la línea divisoria definida por el Laudo de Hughes en 1933. En los recuadros, certificados de acciones de bolsa de la United Fruit Company y de la Cuyamel Fruit Company, que iniciaron el conflicto limítrofe antes de fusionarse en 1929. Imágenes tomadas de Google Earth y 7 Day Adventurer.

La región comprendida al sureste del río Motagua fue disputada por Honduras en 1918 -aunque más específicamente por la Cuyamel Fruit Company– para poder extender sus plantaciones de banano en ese región. Por su parte, el gobierno de Guatemala —o más bien la United Fruit Company (UFCO)— no estuvo de acuerdo con el reclamo, por ser la región de primera calidad para las plantaciones bananeras en Izabal. El asunto estuvo a punto de provocar una guerra entre ambos países en 1926, pero la situación se solucionó gracias a la intervención del embajador guatemalteco en Honduras, Virgilio Rodríguez Beteta en 1928,1 aunque luego de que la Cuyamel y la UFCO se fusionaran en 1929, prevaleció la idea de que se resolviera mediante una corte arbitral neutra en los Estados Unidos.2

Guatemala envió una representación dirigida por el licenciado Carlos Salazar, y con los licenciados Adrián Recinos y Manuel Echeverría y Vidaurre como colaboradores; el embajador Charles Cheney Hyde como consejero; el coronel Lawrence Martin como geógrafo; los ingenieros Lisandro Sandoval y Angel H. Balcárcel como técnicos y el licenciado Alfonso Carrillo como Secretario.2

Las sesiones se iniciaron en la ciudad de Washington el 15 de diciembre de 1931, y el tribunal estuvo integrado por Charles Evans Hughes, entonces presidente de la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos, y por los doctores Luis Castro Ureña de Costa Rica y Emilio Bello Codesido de Chile. Como Juez auxiliar, Hughes contó con Frederick C. Fisher, quien había sido juez en las Filipinas —entonces colonia estadounidense— y quien conocía perfectamente el derecho español.3

El alegato hondureño —ya sin el patrocinio de la Cuyamel Fruit Co.— era una reproducción de la realizada por el doctor Policarpo Bonilla en 1918 y que pretendía adquirir Puerto Barrios y el lago de Izabal hasta el río Sarstún, basándose principalmente en una Real Cédula de 1745 cuando el coronel Juan de Vera fue nombrado gobernador de Honduras con jurisdicción privativa para combatir piratas y corsarios desde las costa de Yucatán hasta el Cabo de Gracias a Dios. Como segunda prueba, aunque de menor importancia, la frutera estadounidense presentó el nombramiento de Diego López de Salcedo el 31 de agosto de 1526 como gobernador del golfo de las Higueras y el Cabo de Honduras.4

En base a esas pruebas, la representación de Honduras afirmaba que Izabal había pertenecido a la provincia de Honduras hasta 1863, hasta que el corregidor Juan B. Peralta expulsó a los hondureños de la región, y presentaba a Guatemala como usurpadora del Golfo Dulce, explicando que fue hasta que se construyó el Ferrocarril del Norte entre 1883 y 1908 que Guatemala desarrolló la región del Valle del Motagua.5

Por su parte, la representación de Guatemala ante la comisión arbitral se vió con la dificultad de que durante la época colonial la región del Motagua, al igual que el sur de Belice, era una selva que permaneció sin explorar. Solamente los habitantes de Gualán en Zacapa llegaban a la región para pescar o realizar algunas siembras de vez en cuando, pero la mayor tiempo la región se mantuvo aislada, impenetrable y desierta. Sin embargo, la delegación guatemalteco demostró que el capitán Pedro Truco había transitado por la región tras recibir autorización del cabildo de la ciudad de Guatemala para construir un camino entre ésta y el puerto de Omoa en Honduras en 1755, y también que se realizaron numerosos viajes comerciales guatemaltecos por el río Motagua, basados en la organización de la Compañía de Navegación del Motagua que se estableció en 1796. Asimismo, demostró que había constancia de esto documentada por el diputado guatemalteco Manuel Micheo ante las cortes de Cádiz en 1814.6

Tras un extenso proceso legal, la resolución del Tribunal Especial de Límites —conocida como el Laudo de Hughes— fue emitida el 23 de enero de 1933 y en base a ella, la Asamblea Legislativa de la República emitió el decreto 1898 por medio del cual definió la frontera con Honduras. Se reproduce aquí parcialmente dicho decreto:7

Decreto Número 1898

La Asamblea Legislativa de la República de Guatemala

Considerando: que en cumplimiento del Tratado de Arbitraje entre Guatemala y Honduras, el 16 de julio de 1930, el Tribunal Especial de Límites resolvió la cuestión de fronteras entre ambos países, fijando detalladamente la línea divisoria y queda sólo pendiente la demarcación sobre el terreno de la línea fijada por el Laudo, lo cual debe realizarse de conformida con el Pacto Adicional que fue firmado en igual fecha, y que en su oportunida mereció la aprobación de la Asamblea;

Considerando: que el Tribunal Especial de Límites, que dirimió la controversia pendiente, es acreedor a la gratitud nacional por el concienzudo estudio que hizo de la cuetión y el tino y sabiduría que tuvo para resolverla, por tanto, decreta:

Artículo 1°.— De conformidad con el Laudo emitido en la ciudad de Washington el 23 de enero de 1933, por el Tribunal Especial de Límites creado en virtud del Tratado de 16 de julio de 1930, el límite entre las Repúblicas de Guatemala y de Honduras es el siguiente:

A partir de la frontera salvadoreña [sigue aquí la descripción detallada de la frontera] y desde aquí siguiendo la ribera derecha del río Motagua al nivel de las aguas de las crecidas ordinarias, río abajo hasta su desembocadura en el Golfo de Honduras. Conforme queda descrito, el límite se fija en las riberas derechas de los ríos Tinto y Motagua al nivel de las aguas crecidas ordinarias, y, en caso de alteraciones de dichos rís en el transcurso del tiempo, sea por el depósito de aluvión, o por corrosión, o por mutación de cauce, el límite seguirá la línea del nivel de las aguas de las crecidas ordinarias en las riberas derechas efectivas de ambos. Los puntos anteriores están descritos conforme aparecen en el mapa preliminar del reconocimiento aéreo, que acompañan y declara parte de este Decreto.

Artículo 2°.— El Poder Ejecutivo velará por el exacto cumplimiento de la Convención Adicional, a efecto de que cuanto antes sea posible, se fijen sobre el terreno los mojones que marquen la frontera entre ambos países, de entero acuerdo con la línea antes descrita.

Artículo 3°.— En nombre de la República de Guatemala se otorga un voto de agradecimiento a los Excelentísimos señores Charles Evans Hughes, Presidente de la Corte Suprema de Justica de los Estados Unidos de América y Doctores Luis Castro Ureña, de Costa Rica, y Emilio Bello Codesido, de Chile,que formaron el Tribunal de Arbitraje que fijó la línea divisoria, debiendo el Poder Ejecutivo, por el órgano de Relaciones Exteriores, expresarlo adecuadamente y en lo particular, a cada una de las personas mencionadas por estar ya desintegrado dicho Tribunal.

Artículo 4°.— El presente Decreto entrará en vigor desde la fecha de su publicación.

Pase al Ejecutivo para su publicación y cumplimiento. Dado en el Palacio del Poder Legislativo: en Guatemala, el cinco de abril de mil novecientos treinta y tres.

        • Juan J. Ortega, presidente
        • C. Enrique Larraondo, secretario
        • F. Hernández de León, secretario7

BIBLIOGRAFIA:

  1. Rodríguez Beteta, Virgilio (1969) “No es guerra de hermanos sino de bananos; cómo evité la guerra en Centroamérica en 1928“. Guatemala: Universidad de San Carlos.
  2. Méndez, Rosendo P. (1933) Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1932-1933. LI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 567.
  3. Ibid., p.568.
  4. Ibid., p.577.
  5. Ibid., p.578.
  6. Ibid., p.579.
  7. Ibid., pp. 631-633.

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16 de enero de 1851: Vasconcelos envía declaración de guerra a Guatemala

El presidente de El Salvador, Doroteo Vasconcelos, nombrado general en Jefe del ejército liberal invasor, envía la declaración de guerra a Guatemala.

16abril1851
La ciudad de Santa Ana en El Salvador, próxima a la frontera con Guatemala. Desde aquí envió el presidente salvadoreño Doroteo Vasconcelos el oficio declarando la guerra a Guatemala. En el recuadro: retrato de Vasconcelos que aparece en una estampilla postal de El Salvador. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Tras la conferencia con Juan Lindo en Ocotopeque el 4 de enero de 1851 en la que sellaron su alianza contra el gobierno conservador de Mariano Paredes en Guatemala, se reunieron allí los militares liberales que tenían resentimiento en contra el Comandante de las Fuerzas de Guatemala, el general Rafael Carrera, entre ellos el francés Isidoro Saget, y los generales Santos Guardiola y Francisco Ferrera.1

Mientras tanto en Metapán, en el lado salvadoreño de la frontera con Guatemala, se reunieron los generales Trinidad Cabañas y Gerado Barrios, quienes habían participado en la fallida invasión de Francisco Morazán contra Guatemala en marzo de 1840. Estos militares estaban ansiosos por entrar como vencedores a la Ciudad de Guatemala tras la derrota que sufrieron frente a las tropas de Carrera en ese oportunidad.1

La prensa salvadoreña estimulaba los ánimos contra el gobierno guatemalteco, y las proclamas de los gobernantes de El Salvador y Honduras enardecieron los patriotismos aún más. Ambos países estaban seguros de que iban a ganar la batalla que se aproximaba, pues contaban con diez jefes militares, entre mariscales y generales, que tomaron el mando de las diferentes divisiones, mientras que el presidente salvadoreño, Doroteo Vasconcelos, quedaba al frente del mando supremo.1

Así pues, ya con todos estos preparativos listos, Vasconcelos envió el siguiente oficio a la Cancillería Guatemalteca, el cual partió el 16 de enero:

«Ejército unido de Honduras y El Salvador. Del General en Jefe. Santa Ana, enero 15 de 1851.

Señor Ministro de Relaciones del Supremo Gobierno de Guatemala.

He llegado a esta ciudad a hacerme cargo del mando en jefe del ejército conforme a la Constitución de El Salvador, y vengo plenamente autorizada para entenderme con su gobierno en todo lo que conduzca al objeto que ha puesto en armas a los de estos Estados.

En tal concepto, y para manifestar a esa administración los motivos de esta conducta, y de proponer los medios de evitar la confusión de sangre, dirigiré a usted un oficio en que se expliquen con claridad. Irá conduciéndolo un oficial, para el cual espero se digne usted expedir un salvo conducto, si es que su gobierno está anuente a recibir la citada explicación. Y en tal caso, la contestación y el pasaporte podrá venir por extraordinario violento, dirigido a la Administración de correos de esta ciudad en donde será pagado. Tengo el honor de suscribirme de Ud.,

        • Doroteo Vasconcelos2

Pero el correo que portaba el oficio de Vasconcelos llegó a la Ciudad de Guatemala hasta el 21 de enero, y para entonces ya las tropas del Ejército Unido de El Salvador y Honduras se había movilizado a la frontera con Guatemala, a la que invadieron al día siguiente, entrando por Chingo en la frontera en Jutiapa y El Salvador.3

El general presidente Paredes encomendó entonces la tarea de defender a Guatemala al Comandante de las Fuerzas Armadas, quien salió de inmediato con sus tropas a detener a los invasores. Se preparaba entonces el escenario para la Batalla de la Arada, que ocurrió el 2 de febrero.3


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico. (1963) [1926] El libro de las Efemérides. Capítulos de la Historia de la América Central. V. Guatemala: Tipografía Nacional. p.85
  2. Ibid., p. 86.
  3. Ibid., p. 87.

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4 de enero de 1851: sellan alianza contra Carrera

Los presidentes de El Salvador y Honduras, Doroteo Vasconcelos y Juan Lindo, respectivamente, se reunen para sellar la alianza contra Guatemala.

4enero1851
Localidad de Ocotepeque, en la República de El Salvador. Aquí se reunieron los presidentes Doroteo Vasconcelos y Juan Lindo (en los recuadros) para sellar la alianza contra el gobierno guatemalteco de Mariano Paredes. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

A principios de 1848, el Dr. Doroteo Vasconcelos fue electo presidente de El Salvador, lo que llevó a los liberales al poder en ese país, y con ello, un fuerte sentimiento anti-guatemalteco.1 Desde un principio empezó a acoger exiliados liberales guatemaltecos que iniciaron una campaña de desprestigio desde la prensa y en las principales tertulias salvadoreñas. Además, Vasconcelos apoyó a los montañeses que lideraba Serapio Cruz (Tata Lapo) y prometió ayuda a los criollos liberales de Los Altos, para que se independizaran nuevamente.2

El gobierno de Carrera estaba en crisis y éste, comprendiendo que la situación se le salía de las manos, y aunque arrolló a las fuerzas de Tata Lapo en Patzún el 14 de agosto de 1848, aceptó la proposición de los criollos de ambos partidos y presentó su renuncia, saliendo al exilio el 5 de agosto de 1848.  A partir de ese momento, Los Altos formalizaron su Independencia, y Guatemala entró en una crisis tan grave, que apenas unos meses después estaban pidiendo a Carrera que regresara a hacerse cargo de la situación.3

Vasconcelos recibió a todos los criollos liberales que salieron huyendo tras el retorno de Carrera a Guatemala, y permitió que en la ciudad de San Salvador se planificara el derrocamiento del régimen conservador guatemalteco.  Entre los que llegaron estaba el general Agustín Guzmán, ex-jefe de las Fuerzas Armadas del Estado de Los Altos. Este estado se había formado nuevamente aprovechando la renuncia del ex-presidente Carrera, y al frente de las tropas se colocó el general Agustín Guzmán, quien había sido el Jefe de las Fuerzas Armadas de ese estado.  Guzmán enfiló hacia la ciudad de Guatemala, y la hubiera tomada fácilmente a no ser porque el presidente Mariano Paredes se trasladó a la Antigua Guatemala, donde estaban acampando las fuerzas de Guzmán, y convenció a éste de firmar un convenio para lograr la reincorporación pacífica de Los Altos a Guatemala,4 mientras por otro lado ayudaba a Carrera a llegar a Guatemala.   Cuando Guzmán se dió cuenta del ardid, era porque estaba buscando ayuda en el exilio en El Salvador.4  Guzmán recibió ayuda de Vasconcelos y de los exiliados y marchó para Guatemala con la intención de derrocar a Carrera, pero fue derrotado y murió en combate en la ciudad de Guatemala el 14 de octubre de 1849.5

A finales de 1850, el general José Dolores Nufio intentó nuevamente  alzarse contra Guatemala con la ayuda de El Salvador, y el gobierno de Paredes tuvo que preparar sus tropas para resguardar la integridad nacional, enviando a Carrera al frente de ellas.  Al ver esto, Vasconcelos creyó que había llegado su hora para el ataque frontal, y el 4 de enero se reunió en Ocotopeque con el presidente de Honduras, Juan Lindo, para sellar la alianza en contra de los conservadores guatemaltecos.6 Aquella reunión  en este poblado fronterizo entre los tres países fue el inicio de la mayor campaña militar de los liberales contra Guatemala, que desembocaría en la Batalla de La Arada, en la que triunfaron las fuerzas de Carrera.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press. p. 235.
  2. Hernández de León, Federico (1965) El libro de las Efemérides. Capítulos de la Historia de la América Central. VII. Guatemala: Tipografía Nacional. p.74.
  3. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. p.50.
  4. Paredes, Mariano; Guzman, Agustin (1849). Convenio. Antigua Guatemala.
  5. Hernández de León, Federico (1959) El libro de las Efemérides. Capítulos de la Historia de la América Central. IV. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 87.
  6. — (1963) El libro de las Efemérides. Capítulos de la Historia de la América Central. V. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 88.

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