26 de julio de 1957: asesinan el presidente de facto Carlos A. Castillo Armas en el interior de la Casa Presidencial

La Casa Presidencial de Guatemala, en el Centro Histórico de la ciudad durante su construcción en 1936. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El gobierno del liberacionista Carlos Alberto Castillo Armas estuvo caracterizado por la lucha anticomunista inspirada en el ambiente mccartista que había en Estados Unidos al inicio de la Guerra Fría contra la Unión Soviética, por la protección de los intereses del enclave bananero de la United Fruit Company en Bananera, Izabal y en Tiquisate, Escuintla y en terminar uno de los principales proyectos que dejó inconclusos el gobierno revolucionario socialista de Jacobo Arbenz:  la carretera al Atlántico.

En medio de esta vorágine de acontecimientos se produjo el asesinato del presidente en el interior de la Casa Presidencial.  Los acontecimientos que rodearon la muerte del malogrado coronel nunca se aclararon puesto que la versión oficial fue cambiando conforme se iban averiguando detalles.

Lo único que está claro, es lo que ocurrió después del asesinato; he aquí como lo relata Marta Sandoval en su artículo “Tres Disparos en una noche lluviosa“:

Castillo Armas, después de atender una reunión con empresarios, volvió a su habitación a descansar un rato antes de cenar. Faltaban unos minutos para las nueve de la noche cuando decidió ir al comedor. En los últimos meses la casa presidencial estaba casi desierta y los guardias eran cada vez menos. Castillo Armas recibió dos disparos camino al comedor; la primera dama trató de hacerlo reaccionar mientras gritaba: “¡Se fue por las escaleras! ¡el soldado lo mató!” Cuando los guardias subieron, encontraron el cadáver del soldado Romeo Vásquez Sánchez, quien tenía 24 años y hacía dos meses que estaba al servicio de Casa Presidencial.

A partir de aquí empieza la incertidumbre.  La primera versión oficial indicaba que después de matar a Castillo Armas, el soldado corrió escaleras arriba pero que al verse acorralado descansó la barbilla sobre el cañón y se disparó. En su cráneo encontraron una bala idéntica a la usada para matar al presidente y en su casillero un diario con 23 páginas en las que hablaba de sus planes que, inspirados en el comunismo, lograrían que el Dr. Juan José Arévalo regresara al poder al morir Castillo Armas​

Como era de esperarse, la opinión pública no quedó conforme con esa versión, y el gobierno tuvo que convocar a la prensa para mostrarles la letra de unas cartas que proporcionó la madre del sargento Vásquez y donde se constataba que era igual a la del diario. Pero lo que no terminó de convencer fue que un soldado con muy poca instrucción pudiera escribir frases como “sois chacales buscando un cadáver que roer“. Y, finalmente, la longitud del fusil del soldado Vásquez era más larga que sus extremidades superiores, de forma que para poder haberse suicidado se tendría que haber quitado la bota para poder dispararse y luego volvérsela a poner para que lo encontraran en la condición en que lo hicieron.

Los investigadores​ lograron encontrar a dos sospechosos: los guardias Víctor Manuel Pedroza de 17 años y Arturo Gálvez de 25, incriminados por su propio testimonio, ya que inicialmente dijeron que los líderes del complot eran el teniente Arnulfo Reyes y el mayor Julio César Anleu. Además, dijeron que el plan era atacar varios cuarteles al mismo tiempo para que después Reyes se convirtiera en presidente y Anleu en su Ministro de la Defensa.

Pero el 23 de agosto Pedroza y Gálvez fueron hallados inocentes de asesinato y condenados a dos años conmutables por sedición frustrada, pues en el primer día de juicio cambiaron su versión y dijeron que los habían amenazado para que inventaran toda la historia que contaron.  Esta vez dijeron que fue el coronel Manuel Pérez, jefe de maestranza del ejército, fue quien supuestamente los había convencido de lo que tenían que decir. Al final, Anleu, Reyes y Pérez salieron en libertad por falta de mérito y la investigación regresó a la hipótesis inicial de que había sido Romeo Vásquez el autor del magnicidio, a pesar de las obvias discrepancias en la versión original.

Todo siguió así hasta que el 20 de octubre de 1957 en el mirador de San José Pinula se encontró moribundo a Narciso Escobar, uno de los criminales más buscados en Cuba, quien había logrado ver la placa del carro de sus asesinos y se lo dijo a los agentes que lo recogieron, antes de expirar.  La policía detuvo el vehículo de los asesinos, pero tenía órdenes de dejarlos en libertad y así lo hizo. Esta orden provenía de Enrique Trinidad Oliva, jefe de seguridad nacional.

El carro de los asesinos estaba a nombre de Carlos Gacel, un cubano agente de la Dirección General de Seguridad de Guatemala y espía del gobierno dominicano. Cuando lo capturaron aseguró que le habían robado el carro esa misma mañana, pero cuando se sintió acorralado delató al también dominicano  Johnny Abbes García, quien era un conocido pistolero al servicio del dictador dominicado Rafael Leonidas Trujillo y que estaba en Guatemala.

Investigaciones adicionales, demostraron que el agregado militar dominicano Abbes García participó en el crimen del mirador, que Trujillo lideraba un complot para derrocar a Castillo Armas y que Narciso Escobar era cómplice; de hecho, Escobar era pistolero a las órdenes de Trujillo y recibió instrucciones para asesinar a Castillo Armas. Según esta hipótesis, al parecer Trujillo quería que Castillo Armas le otorgara la Orden del Quetzal a cambio de armas y dinero para financiar el Movimiento de Liberación, pero que el gobernante guatemalteco no se la quiso dar, incurriendo en la ira del generalísimo dominicano.​  No obstante estos descubrimientos, la inestabilidad política del país y los continuos golpes de estado y triunviratos militares favorecieron la huída de Abbes y Oliva de Guatemala.

BIBLIOGRAFIA:

 

25 de julio de 1838: con el gobierno liberal prácticamente desmantelado, Mariano Rivera Paz, encargado del gobierno del Estado de Guatemala, anula todos los decretos contra los conservadores y las órdenes religiosas

Retrato official de Mariano Rivera Paz, que se encuentra en el Museno Nacional de Historia. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

En julio de 1838 los criollos liberales no sabían qué les había golpeado, pues habían pasado de ser los dueños absolutos de la situación en Centroamérica, a tener en sus manos una crisis sin precedents: Nicaragua y Costa Rica se habían declarado estados independientes y en Guatemala las hordas católicas campesinas habían arrasado con el gobierno laico anticlerical del doctor Mariano Galvez.

Era tal la desesperación de los liberals que el mismo José Francisco Barrundia, quien junto con el doctor Pedro Molina eran los máximos líderes de los liberales guatemaltecos, había solicitado ayuda al general campesino Rafael Carrera para que derrocada a Gálvez.  Y es que a Barrundia le había horrorizado que el personaje que aparece en nuestros billetes de veinte quetzales no tuviera problema alguno en implementar tácticas militares de tierra arrasada en las áreas rurales guatemaltecas para tratar de derrotar a los campesinos católicos alzados.

El lector se preguntará cómo fue que Guatemala llegó a una guerra santa entre católicos y no creyentes siendo, como es ahora en el siglo XXI, un país en donde prácticamente la mitad de los habitantes son católicos, y la otra mitad son protestante. Pues bien, en la época que siguió a la independencia estaban muy de moda los ideales de la Ilustración que veía a la religion católica como la raiz de todos los males; de esta forma, los criollos que querían in nuevo sistema social en la region porque el colonial no los favoreció abrazaron la ideología laica, mientras que aquellos que fueron predominantes durante la colonia, mantuvieron su estrecha relación con el clero.

En 1829, Morazán derrotó a Mariano de Aycinena y tomó el poder de la República Federal de Centro América.  Uno de sus primeros decretos fue expulsar a todos los miembros del partido conservador y de las órdenes religiosas para así apropiarse de sus bienes, en especial las grandes haciendas que tenían los religiosos.  Pero no expulsaron a los curas del clero secular, sino que solamente al arzobispo Casaus y Torres, pensando que con la expulsión del líder y la eliminación del diezmo obligatorio los curas quedarían muy mermados.

Los liberales no contaron con la labor de hormiga que hicieron los curas durante el gobierno de Galvez (1831-1838); los sacerdotes se dedicaron a hacerle ver a los campesinos que los liberales eran herejes pues habían expulsado a las órdenes religiosas y hacían negocios con los protestantes ingleses.  Además, los liberals habían impulsado las leyes del matrimonio civil, el divorcio y los juicios de jurados copiando el código de Livingston que se utilizaba en los Estados Unidos, lo que fue aprovechado por los curas párrocos para decirle a los campesinos que los gobernantes iban en contra de la doctrina católica.

Así pues, bastó in detonante para que estallara la revolución rural en Guatemala y esa fue la epidemia de cólera que se desató en 1837.  Cuando se corrió el rumor de que eran los agentes del gobierno los que envenenaban los ríos, los campesinos se levantaron en armas, y eligieron como su líder a Rafael Carrera.  Aquel sería el principio del fin de los liberales en Guatemala mientras Carrera viviera.

Rivera y Paz se hizo cargo del gobierno del estado debido a todos estos acontecimientos y comprendió que todos los decretos anticlericales y en contra de los conservadores iban a ser utilizados en su contra cuando los campesinos tomaran el poder, así que el 25 de julio de 1838 se curó en salud y decidió decretar un olvido generalizado de todo lo decretado en contra de la iglesia católica y los conservadores desde 1821 hasta 1838.  Empezaba así el régimen conservador de los 30 años.

BIBLIOGRAFIA:

 

24 de julio de 1820: el doctor Pedro Molina funda “El Editor Constitucional”, primera publicación privada en la Capitanía General de Guatemala

Retrato de Molina Mazariegos tomado de Wikimedia Commons.

Muchos conocen al doctor Pedro Molina como uno de los promotores de la Independencia de Centroamérica, ya que con su periódico “El Editor Constitucional” se dedicó a abogar por la separación de la región de la corona española.  También, son muchos los que saben que su esposa, Dolores Bedoya de Molina, estuvo motivando a las personas que acudieron a la Plaza de Armas el 15 de septiembre de 1821 para que apoyaran la declaración de la Independencia.

Pero, ¿quién fue en realidad el doctor Pedro Molina Mazariegos?  Primero que todo, fue uno de los muy escasos médicos que se graduó de la Escuela de Medicina de la Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo. Además de ser galeno, fue catedrático de la Universidad, y como tal fue fue consultado sobre las llagas de estigmata que se decía aparecían a la monja María Teresa Aycinena hacia finales de la época colonial.  Cabe destacar que Molina pertenecía al grupo criollo que consideraba que la familia Aycinena tenía demasiados privilegios por sus estrechas relaciones con la corona española y quizá esa rivalidad haya influido en el dictamen desfavorable que elaboró sobre la mencionada estigmata.

Viendo que la situación de la Capitanía General era precaria y que el gobernante era débil y timorato, Molina inició la publicación de su periódico a favor de la Independencia.  Su ideal era que ya no era posible continuar con las estructuras coloniales y había que establecer un sistema político más progresista, entendiendo por ello, independiente no solamente de la corona, sino que también de las órdenes religiosas, que hasta ese momento conservaban aún un buen porcentaje del poder prácticamente absoluto del que habían gozado hasta 1767.  Puede decirse que Molina fue el ideólogo de los criollos anticlericales que posteriormente se aglutinaron en el Partido Liberal, opuesto al Conservador.

Tras la Independencia, Molina fue un personaje influyente en la política de la región. llegando incluso a ser Jefe del Estado de Guatemala luego de que Francisco Morazán invadiera a Guatemala en 1829 y expulsara a todos los miembros de la Familia Aycinena y de las órdenes regulares de la Iglesia Católica de todo el territorio centroamericano.    Ya cuando el doctor Mariano Gálvez fue Jefe de Estado de Guatemala, Molina fue nombrado como rector de la Academia de Ciencias y Estudios, que fue la institución laica que fue creada por los liberales en sustitución de la desaparecida Real y Pontificia Universidad.  Desafortunadamente, debido a las convulsa situación que se vivía en Guatemala, no se pudo apoyar a la Academia de Ciencias y ésta fue cerrada poco después de que los conservadores retomaron el poder en el país y restablecieran la Pontificia Universidad, solo que ahora únicamente para el Estado de Guatemala.

La figura de Molina siguió siendo muy relevante incluso cuando ya era de edad avanzada.  Cuando los conservadores recuperaron el poder del Estado de Guatemala en 1838, todos los liberales huyeron a El Salvador o hacia el Occidente de Guatemala para formar el Estado de Los Altos y así formar dos frentes para expulsar a los conservadores de Guatemala.  Por su edad, Molina no abandonó el país, pero sí colaboró arduamente con la causa liberal.  Luego de que el general Rafael Carrera derrotara a Los Altos y los reincorporara a Guatemala por la fuerza, el todavía presidente federal Francisco Morazn decidió invadir una vez más a Guatemala para acabar con Carrera y los conservadores, pero fue derrotado de forma aplastante y tuvo que huir del país.  Fue un hijo de Molina quien ayudó a Morazán a huir de la Ciudad de Guatemala, en donde dejó a sus soldados abandonados a su suerte.

BIBLIOGRAFIA:

 

23 de julio de 1823: la Asamblea Constituyente de las Provincias Unidas de Centro América sustituye los términos de Audiencia y Ayuntamiento por los de Cortes Territoriales y Municipalidades, respectivamente

Mapa de Centroamérica en 1823.  Tomado de “A statistical and commercial history of the Kingdom of Guatemala 

En julio de 1823, tras separarse de México por el colapso del efímero imperio de Agustín de Iturbide, las autoridades de la región empezaron a distanciarse de las costumbres españolas  Primero, especificaron que “las Provincias Unidas del Centro de América eran libres e independientes de España, de México y de cualquier otra potencial de Antiguo y del Nuevo Mundo, y que no eran ni debían ser propiedad de familia alguna“.  Y luego, el 23 de julio, eliminaron los tratamientos de “alteza”, “majestad”, “excelencia” y “señoría” para los funcionarios públicos y de “eminencia” para los prelados.  Ese mismo día se cambió el nombre de “Audiencia” por el de “Corte territorial” y el de “Ayuntamiento” por el de “municipalidad”.

¿A qué correspondían esos cambios?  Eran un afán por manifestar su oposición al status quo, y en particular a las familias criollas más poderosas y que se habían aglutinado en el Partido Conservador.  Debe recordarse que la “Audiencia” no solamente era una corte sino que era el símbolo del poder peninsular en la colonia, mientras que el “Ayuntamiento” era el símbolo del poder criollo que se anteponía a los españoles.

Estos cambios fueron principalmente comésticos y como las tensiones entre los grupos criollos se fueron tensando hasta terminar en la Guerra Civil Centroamericana unos años más tarde, se produjo el rompimiento de Centroamérica en cinco pequeñas y débiles naciones que no solamente no son ni independientes ni soberanas, sino que están regidas por un puñado de familias que rigen sus destinos.

BIBLIOGRAFIA:

 

21 de julio de 1906: tras ganar fortuitamente la Guerra del Totoposte contra El Salvador, el gobierno de Estrada Cabrera se consolida en la región

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Los representantes de las naciones en conflicto junto con los Ministros Plenipotenciarios de Estados Unidos y México a bordo del “Marblehead” durante la firma del tratado de paz.  Estados Unidos patrocinó a Guatemala, mientras que México lo hizo con El Salvador y Honduras.  Imagen de “La Locomotora“.

Puede decirse que la hegemonía de los Estados Unidos en Guatemala se inició con el triunfo de su patrocinado, el presidente Manuel Estrada Cabrera, sobre los intentos de agresión de El Salvador y Honduras, patrocinados a su vez por el gobierno del general Porfirio Díaz, president de México.

Si Inglaterra había tenido un papel protagónico en la región durante los gobiernos conservadores y liberales del siglo XIX, este imperio fue relegado por los Estados Unidos cuandos estos vencieron a España en la guerra de 1898.  El recién designado presidente Manuel Estrada Cabrera había recibido un país en la ruina tras el colapso de la economía por la caída del precio internacional del café en 1897, y con una gran deuda con Inglaterra.  Viendo cómo los franceses habían invadido a México reclamando lo que éste país les adeudaba, Estrada Cabrera se alió con el gobierno estadounidense y les concedió grandes concesiones para congraciarse con ellos, y así tener un socio fuerte que evitara una potencial invasión inglesa.  Así nació el enclave bananero de la United Fruit Company, y los monopolios de la Great White Fleet en el transporte marítimo de Puerto Barrios y de la International Railways of Central America en los ferrocarriles nacionales.

Al darse cuenta de esto, Porfirio Díaz empezó a apoyar a los gobernantes de El Salvador y de Honduras y así contrarrestar la presencia estadounidense en Centroamérica.  Díaz veía con mucha preocupación el auge norteamericano, especialmente después de que el gobierno de Teddy Roosevelt había independizado a Panamá de Colombia en 1903 para construir el canal interoceánico.

Los tres presidentes de Centroamérica tenían en común un estilo autoritario y dictatorial sobre sus países, al punto que eran conocidos en México y en otros países de América Latina como “los Porfiritos”.  Lo único que los diferenciaba era que Estrada Cabrera era abogado graduado de la Escuela Facultativa de Derecho de Occidente, mientras que el resto eran militares de línea dura.  En 1906, gobernaba en El Salvador Pedro José Escalón como títere del verdadero hombre fuerte, Tomás Regalado, quien era enemigo acérrimo de Cabrera y quien con la ayuda de Díaz, se animó a invadir Guatemala.

Es interesante como la situación era exactamente a la inversa de la fallida intento de J. Rufino Barrios en 1885: en esa ocasión el hombre fuerte de Guatemala invadió a El Salvador, pero murió en la frontera en circunstancias embellecidas por los historiadores liberales, pero que realmente no han sido del todo esclarecidas.  En 1906, Regalado confundió a sus hombres por un batallón guatemalteco de refresco que había llegado con uniformes similares a los salvadoreños, y cuando se acercó a ellos fue acribillado a balazos. Al igual que lo que ocurrió con las fuerzas de Barrios en 1885, cuando cayó Regalado hubo una desbandada general que terminó en una aplastante derrota para el ejército invasor.

El tratado de paz se firmó en el buque “Marblehead” con representantes de las naciones en conflicto y de sus patrocinadores, Estados Unidos y México.  Allí estuvo presente el embajador mexicano en Guatemala, el escritor Federico Gamboa, quien en su diario relata los hechos como una gran derrota para la libertad, cuando en realidad el gran perdedor fue su gobierno.  Años después, en 1945, Rafael Arévalo Martínez copió textualmente grandes partes del diario de Gamboa en su obra “¡Ecce Pericles!“, que se ha convertido en el libro referente sobre el gobierno del licenciado Estrada Cabrera, pero omite decir que Gamboa tenía una fuerte enemistad con el régimen liberal guatemalteco por ser representante del gobierno conservador antiestadounidense de Porfirio Díaz.

Por su parte, ese fue el principio de la hegemonía estadounidense en Guatemala, la cual se ha consolidado a tal punto, que en el siglo XXI es necesario tener el beneplácito del embajador, congreso y presidente estadounidense para poder gobernar en el país.

BIBLIOGRAFIA:

18 de julio de 1949: asesinato del coronel Francisco Javier Arana en el Puente “La Gloria” en Amatitlán, punto de inflexión en los gobiernos revolucionarios

Los líderes de la Revolución del 20 de octubre de 1944 durante la entrega del poder al doctor Juan José Arevalo en 1945.  De izquierda a derecho:  Jacobo Arbenz Guzman, Jorge Toriello Garrido y Francisco Javier Arana.

La muerte del coronel Francisco Javier Arana, entonces Jefe de las Fuerzas Armadas de Guatemala, fue el hecho que marcó un antes y un después en los gobiernos revolucionarios ya que a partir de ese momento se consolidó la candidatura presidencial del coronel Jacobo Arbenz Guzman, entonces Ministro de la Defensa Nacional del gobierno del doctor Juan José Arevalo.

De acuerdo al historiador Piero Gleijeses, el viernes 15 de julio de 1949, el coronel Francisco Javier Arana había presentado un ultimatum al presidente Juan José Arévalo: sustituir a todos sus ministros por colaboradores de Arana antes del 18 de julio a las diez de la noche, lo que constituía en golpe de estado técnico. Cuando el plazo estaba por vencerse, el lunes 18 de julio por la mañana, el coronel Arana se presentó en el palacio presidencial seguro del triunfo de su golpe de estado y le dijo a Arévalo en tono insolente y sarcástico que iba a El Morlón, la residencia presidencial a orillas del Lago de Amatitlán, para confiscar un lote de armas que Arévalo había escondido allí luego de que las autoridades mexicanas las confiscaran a un grupo de exiliados dominicanos a quienes el gobierno guatemalteco se las había regalado para derrocar al generalísimo Rafael Leónidas Trujillo.​ Las armas habían sido sustraídas de la base militar del Puerto de San José y ahora iba a confiscarlas en la residencia presidencial. Esto puso sobre aviso a Arévalo, quien supo en donde iba a encontrarse Arana y puso en marcha el plan que tenía para sacarlo al exilio y que habían urdido con sus colaboradores y su ministro de la Defensa, coronel Jacobo Árbenz Guzman.

Hábilmente, Arévalo le sugirió a Arana que se llevara al coronel Felipe Antonio Girón -jefe de la guardia presidencial- lo que confirmó a Arana de su aparente triunfo y de que Arévalo y Árbenz jamás se atreverían a enfrentase con él.  Pero cuando salió Arana, Arévalo llamó a Árbenz a su despacho y le ordenó que se hiciera cargo de la situación.  Por esta razón, el Ministro de la Defensa envió a varios hombres armados, quienes salieron desde la capital en dos carros e iban bajo las órdenes del jefe de la policía, teniente coronel Enrique Blanco y por el diputador del PAR Alfonso Martínez, un oficial retirado y amigo de Árbenz.

Cuando Arana llegó al puente de La Gloria en Amatitlán, un Dodge gris estaba parado allí obstruyéndole el paso. Y después de una corta balacera quedaron tres fallecidos: Arana, su asistente el mayor Absalón Peralta y el teniente coronel Blanco.​ Los testigos presenciales nunca confirmaron cual fue el detonante de los disparos y si la intención había sido capturar a Arana como estaba previsto.​

Al conocerse la noticia de su muerte, la Guardia de Honor -que era leal al fallecido Jefe de las Fuerzas Armadas- se alzó en armas y se iniciaron Fuertes combates en la ciudad, que tardaron veinticuatro horas. Por in momento pareció que los aranistas iban a triunfar aquél 18 de julio, pero no lograron su objetivo porque carecían de un líder que los dirigiera contra las escasas fuerzas leales al presidente que estaban dirigidas por Árbenz, quien demostró mucha sangre fría y habilidad militar.​   Por cierto, que el coronel Carlos Castillo Armas, uno de los principales colaboradores de Arana, estaba en Mazatenango observando las elecciones para el Consejo Superior de la Defensa -entidad que iba a proponer al sustituo de Arana cuando éste renunciara a la jefatura de las Fuerzas Armadas para participar en las elecciones presidenciales- y no regresó a la capital a tiempo.

Los leales al gobierno sitiaron la Guardia de Honor, que también fue atacada por la Fuerza Aérea, pero con bombas obsoletas que muchas veces no estallaron hasta que dicho cuartel finalmente se rindió.  La lucha se dio por concluida con un saldo de ciento cincuenta muertos y más de doscientos heridos.

La versión oficial -propuesta por Arévalo e impuesta por éste a sus ministros, incluyendo a Árbenz- era que los miembros reaccionarios de la sociedad guatemalteca habían sido los culpables de la muerte del coronel Arana, algo que muchos guatemaltecos vieron con incredulidad desde el principio, pues se sabía que Martínez estaba herido y que éste era incondicional de Árbenz. A partir de ese momento, se originaron los rumores de un complot par asesinar al coronel Arana, los cuales han persisitido hasta la actualidad y que inculpan directamente a Árbenz de ser el responsable de la muerte de un rival que habría estado «robándole protagonismo». Se ha especulado que Arévalo dio esta orden para traspasar toda la culpa a Árbenz de la muerte del coronel Arana.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Arévalo Bermejo, Juan José (1998). Despacho Presidencial. Obra póstuma. Tipografía Oscar de León Palacios, Guatemala. 
  2. Barnoya García, J. (1979). Historia de la Huelga. Editorial Calabaza, Guatemala.
  3. Cardoza y Aragón, Luis (1994) [1955]. La Revolución Guatemalteca (2a. edición). México: Talleres de Ediciones Don Quijote. 
  4. Gleijeses, Piero (s.f.). «The Death of Francisco Arana: a turning point in the Guatemalan Revolution». Journal of Latin American Studies (en inglés) (Inglaterra) 22: 527-552. 
  5. Sabino, Carlos (2007). Guatemala, la historia silenciada (1944-1989) Tomo I: Revolución y Liberación. Guatemala: Fondo de Cultura Económica. ISBN 9789992248522.

 

16 de julio de 1928: fallece el renombrado fotógrafo Alberto G. Valdeavellano, quien dejó numerosas imágenes de la Guatemala de principios del siglo XX

Retrato del fotógrafo Alberto G. Valdeavellano. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Entre los genios olvidados de Guatemala se encuentra indiscutiblemente el maestro fotógrafo Alberto G. Valdeavellano, quien dejara un importante y valioso porfafolio de la Guatemala del general José María Reina Barrios y del licenciado Manuel Estrada Cabrera.

Estudiante del entonces prestigioso y exclusivo Instituto Nacional para Varones en la Ciudad de Guatemala, fue condiscípulo de Rafael Spínola, quien luego sería uno de los principales miembros del gabinete de don Manuel y con quien entabló una gran amistad.  Gracias a su relación con Spínola, su trabajo fotográfico fue publicado en la revista cultural “La Ilustración Guatemalteca” en donde no solamente presentaba retratos de las personalidades y damas de sociedad más relevantes de su época, sino que también de familias indígenas, composiciones fotográficas de importantes puntos turísticos de Guatemala y fotografías del deporte de moda entre los criollos de su época: el ciclismo.

Fue también propietario de varios talleres de fotografía, entre los que se destacó “El Siglo XX”, con el cual operó a finales del siglo XIX y en donde hacía retratos de las damas de la sociedad guatemalteca.  Su trabajo era de mucha calidad e incluso llegó a publicarse en la revista estadounidense “National Geographic” en 1919, cuando dicha publicación hizo un reportaje sobre los devastadores terremotos que destruyeron a la Ciudad de Guatemala entre 1917 y 1918.

Parte de trabajo del maestro Valdeavellano se ha registrado en Wikimedia Commons, y puede consultarse en esta dirección de internet.

He aquí algunos ejemplos:

  1. Composición fotográfica de Quiriguá:
  2. Ruinas del Cerrito del Carmen tras los terremotos de 1917-18 (aparecida en National Geographic):
  3. Fotografía ecuestre del general presidente José María Reina Barrios (fue la primera foto instantánea jmás tomada en Guatemala):

BIBLIOGRAFIA: