1 de julio de 1944: el general Jorge Ubico renuncia a la presidencia de Guatemala

 

Retrato autografiado del presidente Jorge Ubico. Tomado de Wikimedia Commons.

 

Uno de los gobiernos más recordados por muchos guatemaltecos es el del general Jorge Ubico Castañeda, el cual -como todos los gobiernos que marcaron época- es añorado por los grupos sociales a los que favoreció y vilipendiado por los grupos a quienes afectó.

Ubico llegó al poder tras una serie de golpes de estado que siguieron a la renuncia del general Lázaro Chacón en diciembre de 1930 tras sufrir un derrame cerebral.  Los presidentes que se sucedieron tardaron solamente unos cuantos días en el poder porque fueron derrocados por golpes militares o no fueron reconocidos por el gobierno de los Estados Unidos, entonces con fuertes inversiones en su enclave bananero en Izabal.

En el aspecto económico, el gobierno ubiquista fue muy eficiente para sus correligionarios y allegados:  habiendo recibido el poder en medio de la Gran Depresión, impulsó una política de austeridad que incluyó la eliminación de numerosos municipios para reducir el gasto público, y la derogación del Reglamento de Jornaleros que obligaba a los indígenas a trabajar jornales en las fincas cafetaleras desde el gobierno de Barrios.  Ubico sutituyó el reglamento por las leyes de Vagancia y de Vialidad, las cuales hacían aún más difícil las condiciones laborales de los indígenas, obligándolos a trabajar jornadas más extensas y largas y colocándolos a merced de los cafetaleros.

Ubico era miembro de una de las familias de más prestigio en la época liberal.  Su pare, Arturo Ubico Urruela, fue presidente de la Asamblea Legislativa durante el gobierno de Manuel Estrada Cabrera, y gracias a ello Ubico tuvo un ascenso meteórico. En la región de la Verapaz, Ubico conservaba fuertes nexos con los colonos alemanes que se habían establecido allí durante el gobierno de Barrios, pues fue Jefe Político de la región durante el gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera.  Al mismo tiempo, el presidente tenía un fuerte apoyo de la united Fruit Company, a cambio de protección militar y política para evitar que hubiera huelgas de los trabajadores o que se formaran sindicatos.

La Segunda Guerra Mundial obligó a Ubico a tomar una decisión entre la United Fruit Company y la Colonia Alemana, y tras el ataque de Pearl Harbor en 1941, se vio obligado a expulsar a los alemanes de la Verapaz y a expropiarles sus fincas.   Los Estados Unidos pusieron bases militares en La Aurota, Escuintla e Izabal y la flota de la bananera, que tenía el monopolio del transpote marítimo en el país, fue utilizada para transporte de pertrechos de guerra y tropa.

En 1944, surgió un movimiento popular en la ciudad de Guatemala encabezado por maestros, obreros y estudiantes univesitarios. Inicialmente Ubico reprimió el movimiento como acostumbraba, pero la imagen de un gobierno represivo en medio de la lucha por la libertad con la Alemania fascista no convenía a la política del gobierno estadounidense de Roosevelt y Ubico no tuvo el apoyo estadounidense.

Cuando se dio cuenta de que la situación se le escapaba de las manos, Ubico prefirió renunciar y evitar un derramamiento de sangre como el que hubo en 1920 cuando el lienciado Manuel Estrada Cabrera -mentor de Ubico- se resistió a renunciar y hubo combates durante la llamada Semana Trágica.  El 1 de julio de 1944 Ubico presentó su renuncia y dejó el poder en un triunvirato compuesto encabezado por el general Federico Ponce Vaides.

Ubico no quiso renunciar el 30 de junio, pues esa era una fecha sagrada para los presidentes liberales:  el aniversario del triunfo de la Reforma Liberal de 1871.

BIBLIOGRAFIA:

 

29 de junio de 1541: muere Pedro de Alvarado tratando de apaciguar un alzamiento de indígenas chichimecas en Nochistlán, Nueva Galicia a petición del virrey de México

Muerte de Pedro de Alvarado representada en el Códce Telleriano-Remensis.  Aparece el nombre en español y en náhuatl (Tonatiuh). Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Bien dice el refrán aquello de que “a quien a hierro mata, a hierro muere” y ese fue precisamente el caso de Pedro de Alvarado.  En un viaje que tenia preparado para ir al Perú, tuvo que pasar primero por México, en donde al saberse que había un alzamiento indígena en la region de Nueva Galicia el virrey Antonio de Mendoza le requirió su ayuda para apaciguar la región.

Alvarado era un hombre cruel y sanguinario pero también era un soldado valiente que no rehuía la batalla, así que sin dudarlo se encaminó hacia Nochistlán en donde lo esperaban diez mil indígenas chichimecas furiosos y desperados dispuestos a la muerte antes que a la esclavitud, atrincherados en una montaña adyacente a la localidad: el Cerro del Mixtón.

Al llegar, las tropas de Alvarado se unieron a las del gobernador de la region, Cristóbal de Oñate y, de acuerdo al plan original, iban a esperar a que llegaran las tropas enviadas por el virrey Mendoza.  Pero Alvarado no quiso esperar y partió hacia la batalla no sin antes decir: “La suerte está echada y cada uno que cumpla con su deber“.

El 29 de junio de 1541, Alvarado y sus soldados llegaron al pie de la montaña y la empezaron a reconocer, pero en aquel momento empezó una lluvia de flechas y piedras que les lanzaron los enardecidos alzados.  Entonces, los españoles y sus aliados tlaxcaltecas retrocedieron y cuando los indígenas se dieron cuenta de esto, salieron de su trinchera para perseguir a los atacantes gritando a más no poder.  Segun cuentan los historiadores, la avalancha indígena incluía a mujeres y niños que preferían morir antes que seguir de esclavos.

Los indígenas obligaron a Alvarado a retroceder 3 leguas por un terreno muy accidentado y sembrado de plantas de maguey.  Finalmente desistieron de su persecución y los españoles llegaron a un terreno que se prestaba para el contraaque.  Allí Alvarado se dió cuenta de que el notario Baltasar Montoya tenia problemas con su cabalgadura por el terror que le había producido al letrado la batalla  y fue a ayudarlo, pero con tan mala suerte que el caballo cayó y empezó a rodar por la ladera y se pasó llevando al Adelantado.

Pedro de Alvarado quedó muy mal herido por las cortadoras que le produjo su propia armadura durante la caía, aparte de los golpes que le causó el caballo y solo atinó a decir: “Me siento morir, pero no es bien que los nativos conozcan nuestra situación.

En estado agónico fue llevado hasta Guadalajara en donde dio sus últimas disposiciones y dictó una carta para su esposa, Beatriz e la Cueva pidiendo que lo sepultaran en la Iglesia de San Francisco en México y que asistieran todos los clérigos de la ciudad.

Se dice que cuando un médico le preguntó qué le dolía, Alvarado contestó “¡El alma!”.

Los restos del Adelantado fueron sepultados originalmente en México, pero luego trasladados a Guatemala por gestiones de su hija Leonor, hasta que finalmente se perdieron durante uno de tantos terremotos que destruyeron la Catedral de la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala.

BIBLIOGRAFIA:

26 de junio de 1887: el presidente Manuel Lisandro Barillas rompe el orden institucional y se constituye en dictador luego de una rebelión en Huehuetenango

General Manuel Lisandro Barillas, president de Guatemala de 1885 a 1892.  A pesar del autogolpe de 1887, terminó su período constitucional en 1892 y entregó el poder a su succesor tras convocar a elecciones.  Imagen tomada del libro “Guatemala, Land of Quetzal“.

Uno de los presidentes olvidados de la historia guatemalteca es el general Manuel Lisandro Barillas, quien gobernó a Guatemala entre 1885 y 1892.  Y no es que esté olvidado por ser un mal presidente, ya que comparado con los gobiernos de la llamada “época democrática” que se inició en 1985, el suyo fue un régimen de altos quilates.  Su figura fue relegada al olvidado sencillamente porque fue enemigo personal del licenciado Manual Estrada Cabrera, quien se encargó no solamente de borrarlo de los libros de historia sino de eliminarlo físicamente, ordenando su asesinato en la Ciudad de México en 1907.

Barillas llegó al gobierno por su gran habilidad política luego del fallecimiento del general J. Rufino Barrios en Chalchuapa el 2 de abril de 1885.  El entonces ministro de la Guerra, el general Juan Martín Barrundia, supo desde un principio que el primer designado a la presidencia, don Alejandro Sinibaldi, no tenia carácter para gobernar y empezó a mover sus influencias para hacerse con el poder.  Pero no contaba con que los miembros de la Asamblea se dieron cuenta de sus intenciones y consiguieron convencer a Barillas para que fuera a la Ciudad de Guatemala lo más rápido posible para hacerse cargo de la situación.

Ya en el poder, Barillas le hizo a Barrundia lo que luego haría Estrada Cabrera con él: no solamente lo neutralizó políticamente, sino que organizó una intensa campaña de desprestigio acusándolo de ser el autor de todas las barbaridades y vejámenes que se dieron durante el gobierno del finado general Barrios.  Y luego, cuando Barrundia quiso unirse a una invasion salvadoreña contra Guatemala, hizo que la policía lo matara cuando se resistió a su arresto a bordo de un barco mercante estadounidense.

En 1887, ya siendo presidente constitucional, hubo una sangrienta rebelión que Barillas sofocó a sangre y fuego en Huehuetenango, la que aprovechó como excusa para suspender las garantías constitucionales, muy al estilo de lo que quiso hacer Jorge Serrano en 1993.  Aquel 26 de junio de 1887 suspendió las garantías constitucionales y se instituyó en dictador, acción que fue comunicada a los otros gobiernos de Centroamérica y al de México, indicándoles que la media era transitoria y obedecía a una crisis interna.

Aprovechando la suspension de garantías, Barillas disolvió a la Asamblea Legislativa y convocó a una Asamblea Constituyentes, por medio de la cual hizo modificaciones a la constitución de 1879, las cuales estuvieron listas en noviembre de 1887, y por medio de las cuales a pesar de la suspension del regimen institucional en junio, su período seguía siendo constitucional.  También aprovechó para acusar al arzobispo Ricardo Casanova y Estrada de estar publicando documentos de la Curia Romana sin autorización, y así expulsarlo del país.  (Casanova no regresó a Guatemala sino hasta 1897.)

Por su importancia histórica el decreto se reproduce a continuación, ya que presenta muchas similitudes con autogolpes que se dieron en los años posteriores:

MANUEL LISANDRO BARILLAS, general de division y Presidente de la República de Guatemala

Asus conciudadanos:

El Poder Ejecutivo ha dictado hoy un decreto que la utilidad pública demanda y la necesidad exige.

El 11 de diciembre de 1879 se expidió la Constitución política fundada en los principios del Derecho público y de conformidad con las reformas que el espíritu moderno ha implantado.

Esa ley, llamada en su mayor parte, a vivir muchos años, sirviendo de base al engrandecimiento de la Patria, fue reformada el 20 de octubre de 1885.

Las reformas se hicieron en momentos de agitaciones y de transición, sin que, en todas ellas, precediera la calma que requería una obra de tanta magnitud y trascendencia. 

Los legisladores, guiados por el deseo de limitar en lo absoluto la acción del Poder Ejecutivo, le prescribieron reglas cuya observancia pone en la necesidad de sucumbir.

Las dificultades fueron aumentadas por las Legislaturas del año anterior y de presente, las cuales emitieron considerable número de leyes aun más restrictivas e impracticables. Algunas de ellas arrebatan al Poder Ejecutivo facultades indispensables para el Gobierno, de que no lo habían privado ni aún las reformas de 1885.

No aspiro al poder absoluto, no quiero omnímodas; pero es preciso que tenga la autoridad que exige el cumplimiento de la muy alta mission que el Puebo me ha confiado. No hay Gobierno sin hacienda, y ésta no puede existir si el Poder Ejecutivo carece de medios para mantenerla y acrecentarla.  El Crédito, elemento económico que todo Gobierno debe sostener aun a costa de los más grandes sacrificios, ha sufrido considerablemente.

Vine al Poder en virtud de la revolución gloriosa de 1871, cuyo programa estoy obligado a defender y no puedo hacerlo bajo el peso de disposiciones que me detienen el paso y me conducen a la más odiosa reacción.

No quiero una dictadura; aspire a que sea libre el Pueblo que me ha honrado su confianza, y por lo mismo he decretado la convocatoria de una Asamblea Constituyente.  Tampoco aspire a poner en peligro los triunfos liberales que Deben ser nuestra guía, alcanzados por los legisladores de 1879.  Sólo me propongo que la Constituyente que hoy convoco, revea las reformas de 1885.  Este alto cuerpo se reunirá el 1 de octubre del presente año: de manera que el Poder que asumo en virtud del artículo 1 del decreto dictado hoy, es muy transitorio. (Este artículo decía:  El Poder Ejecutivo asume el Poder Supremo de la Nación, quedando en consecuencia suspenso el regimen constitucional).

Guatemala, junio 26 de 1887.

Manuel L. Barillas

BIBLIOGRAFIA:

 

21 de junio de 1839: se restablecen las órdenes religiosas en Guatemala, luego de haber sido expulsadas por Francisco Morazán los liberales en 1829

Iglesia del Colegio de Propaganda Fide en 1875, al fondo del paredón se ve el portón al Convento.  Estos edificios fueron retorandos a los miembros de la congregación religiosa en 1839 luego de que fueran expulsados en 1829.  Imagen de Eadweard Muybridge.

El 13 de abril de 1839 habían entrado los campesinos montañeses a la capital del Estado de Guatemala, comandados por el general mestizo Rafael Carrera.   Aunque los milicianos eran hombres duros y analfabetos con un acérrimo fanatismo católico, respetaban a su general, quien tenía un supremo don de mando.

La bandera de los campesinos era la religión: era en los asuntos de la Iglesia en donde más se hacía sentir el cambio radical en el gobierno del Estado.  Carrera ordenó al presinte Mariano Rivera Paz, hombre “de caráter débil pero de buen corazón“, que reuniera a la Asamblea Legislativa para que se hiciera un decreto que ordenara al gobernador eclesiástico que en todas las iglesias del Estado se hiciera un día de rogación por el acierto de los trabajos de la propia Asamblea.  Era el principio de lo que sería la simbiosis entre la Iglesia Católica y el Estado guatemalteco durante los próximos treinta años.

El cambio en el sentimiento religioso fue muy grande y contrastaba con todos los vejámenes y humillaciones que se le habían hecho a los curas y a los frailes durante el gobierno liberal que empezó en 1829.  Es más, desde ese año no había arzobispo, sino gobernador eclesiástico, porque al prelado Ramón Casaus y Torres lo habían expulsado los liberales sin mayores contemplaciones.

Una de las primeras medidas en favor de los sacerdotes católicos fue la autorización del retorno de las órdenes religiosas de San Francisco, Santo Domingo, Merced y Colegio de Misiones de Propaganda Fide (La Recolección) y que se les devolvieran sus iglesias y conventos.  En cuanto a los Jesuitas, éstos habían sido expulsado por las autoridades españolas desde 1767 y no poseían conventos ni haciendas en el país.

Los religiosos encontraron así en Guatemala un refugio a la persecución de que eran víctimas en todo el continente americano, pues se les miraba como un símbolo de la dominación española y un atraso en el progreso de los pueblos.  Pero gracias al férreo control de Rafael Carrera sobre el gobierno guatemalteco, pudieron desarrollarse tranquilamente en el país hasta 1871, cuando los liberales por fin retomaron el poder.  Para entones, Carrera llevaba seis años en la tumba.

BIBLIOGRAFIA:

 

20 de junio de 1793: la Corona Española aprueba la creación del Protomedicato en la Capitanía General de Guatemala

 

El Dotor José Felipe Flores, Protomédico de Guatemala. Grabado publicado en la Historia de la Medicina en Guatemala, de Carlos Martínez Duran.

 

La Corte Española se preocupaba de la práctica de la Medicina en sus colonias y establecía Protomedicatos que rigieran la enseñanza de las ciencias médicas, y evitar así que los curanderos y charlatanes hicieran de las suyas con la salud de sus súbditos.  De esta cuenta, el 20 de junio de 1793, se emitió la Real Cédula que ordenaba la creación del Protomedicato de la Capitanía General de Guatemala.

En ese tiempo era Capitán General Bernardo Troncoso, quien en noviembre de 1792 había enviado una misiva al Rey indicándole que era urgente la creación de un Protomedicato que creara buenos profesores bajo términos detallados en las leyes.  Troncoso reconocía que la infraestructura de la recién fundada ciudad de la Nueva Guatemala de la Asunción dejaba mucho que desear y que no se podía establecer una institución formar siguiendo las Reales Disposiciones emitidas para el efecto.  Así pues, solicitaba a Su Majestad que se nombrara al doctor José Felipe Flores, entonces Catedrático de Prima de Medicina de la Real y Pontificia Universidad de San Carlos para que se ocupara temporalmente del cargo de Protomédico.

El Rey contestó textualmente:  Por la presente mi Real Cédula creo y exijo en la Ciudad y Reino de Guatemala, para que desde ahora en adelante, el Tribunal de Protomedicato, bajo de las reglas que quedan expresadas y de lo dispuesto por las leyes que se citan; nombro al doctor don José Flores por primer Protomédico; y en su consecuencia ordeno y mando al Gobernador y Capitán General del mismo Reino, a mi Real Audiencia de él al Consejo de justicio y Regimiento de su Capital, al Rector y Claustro de la Universidad, y a las demás personas de cualquier estado, calidad y condición que sean , a quienes en toda parte toquen o tocar pueda lo determinado en este particular, lo obdezcan, guarden, cumplen y ejecuten y hagan guardar, cumplir y ejecutar sin impedir ni permitir se impida el referido establecimiento de Protomedicato; por ser así mi voluntad, y que de esta cédula se tome razón en la Contaduría General del enunciado mi Consejo.

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19 de junio de 1856: el filibustero estadounidense William Walker se declara dictador del gobierno de Nicaragua, dando así inicio a la Guerra Nacional de Nicaragua, o Guerra contra los Filibusteros

Escena de la Segunda Batalla de Rivas durante la Guerra contra los Filibusteros en 1856.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

En el siglo XIX, como en el XX y en el XXI, la rivalidad entre criollos liberales y conservadores en la región centroamericana ha generado conflictos militales que resultan en inestabilidad y poco avance en el desarrollo de las naciones del Istmo.  Y Nicaragua no es la excepción. Era tal el encono entre los liberales y conservadores, (que en ese momento se hacían llamar “legitimistas” y “demócratas”), que prefirieron llamar a los filibusteros estadounidenses para imponer orden en el país.

El 4 de junio de 1856, el filbustero William Walker había hecho su entrada triunfal en la ciudad de León al grito de “Salvador de la Patria” y fue agasajado con banquetes, fiestas y cantos de las damas de la ciudad.  Aunque no todos estaban felices, pues entre algunos de los principales personajes de la ciudad (como Máximo Jerez y el presidente Patricio Rivas) circulaba el rumor de que el temido presidente guatemalteco Rafael Carrera había organizado un ejército para invadir a Nicaragua.

Walker empezó a imponer su voluntad en Nicaragua, pero cuando salió a hacer una diligencia a Masaya, fue informado de que el general filibustero que había dejado a cargo de León había intentado hacer prisioneros a Rivas y a Jerez, quienes tuvieron que huir hacia Chinandega. Al llegar allí, y ya teniendo hombres a su mando, Rivas ordenó a Walker que se dirigiera a Granada. Como respuesta, el filibustero trasladó a sus tropas a Granada y se erigió en dictador y en general en jefe del ejército de la República.

En una sola noche, el 19 de junio, Walker no solamente se autonombró general en jefe del ejército, sino que destituyó a Rivas y lo sustituyó por Fermín Ferrer, como presidente provisiorio.  Además, ordenó que se realizaran elecciones y desconoció definitivamente a Rivas con fecha retroactiva del 12 de junio.

Al día siguiente, Walker (que había llegado a Nicaragua como mercenario el 23 de octubre de 1855) emitió un manifiesto al pueblo nicaragüense en el que se declaraba protector del pueblo, justificaba la eliminación del gobierno por traición e informaba de la organización de un gobierno provisional.

Este sería el principio de lo que en Nicaragua llaman la “Guerra Nacional” y que en el resto de Centroamérica se llama “Guerra contra los Filibusteros”.  Todas las naciones del Istmo tuvieron que enviar sus tropas para expulsar al advenidizo estadounidense, y en las acciones militares destacaría en gran manera el entonces brigadier José Víctor Zavala, quien dirigía el temido ejército guatemalteco enviado por Rafael Carrera.

BIBLIOGRAFIA:

 

18 de junio de 1862: se realizan las honras fúnebres de Luis Batres Juarros, miembro de la familia Aycinena y uno de los principales colaboradores del gobierno conservador de Rafael Carrera

 

Interior de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de Guatemala a finales del siglo XIX. Imagen de “La Ilustración Guatemalteca” publicada en 1896.

El 18 de junio de 1862 se celebraron en la Catedral Metropolitana de la Nueva Guateamla de la Asunción las honras fúnebres de Luis Batres Juarros, con toda la solemnidad de la Guatemala católica conservadora del gobierno de Rafael Carrera.  A la ceremonia presidida por el arzobispo, asitió el presidente Carrera, ya para entonces todo un personaje culto y de mundo (muy lejos del campesino analfabeta que había dirigido la revolución contra el gobierno liberal del Dr. Mariano Galvez en 1838).  Al presidente vitalicio lo acompañaron todas las autoridades de la época, los embajadores y una gran multitud que abarrotó las tres naves de la iglesia.

Contrario a las falsas versiones divulgadas por los historiadores liberales encabezados por Lorenzo Montúfar, Ramón Salazar y el hondureño Ramón Rosa, Carrera no solamente no fue un instrumento de los conservadores, sino que todo lo contrario:  gobernó con mano de hierro no solo a los criollos conservadores, sino a toda la población guatemalteca.  Y Batres Juarros fue uno de sus principales colaboradores, razón por la que las exequias fúnebres fueron magníficas.

Batres Juarros era también un personaje con mucha personalidad, pero en una Guatemala en donde existía la figura del presidente Carrera, solamente había lugar para un líder. Eso no impidió que los criollos conservadores lograran muchas cosas en ese período, principalmente gracias al empeño de Batres, quien era hombre de Estado y velaba por los intereses de su clase económica con empeño inquebrantable.

De todos los puestos que ocupó en el gobierno conservador, es quizá el de Canciller en el que más éxitos obtuvo y al que llegó por haber ayudado a Carrera a regresar del exilio en México cuando la situación en el país estaba al borde del caos absoluto.

Pero en ese entonces, como ahora en el siglo XXI, los criollos estaban divididos en dos grandes grupos rivales, incapaces de reconocer los méritos de los oponentes y dispuestos a tomar o arrebatar el poder politico y económico a la primera oportunidad.  De esa cuenta, cuando los criollos liberales tomaron el poder en 1871, sus historiadores se encargaron de tergiversar los acontecimientos acaecidos durante los treinta años del gobierno conservadores y de desprestigiar a sus principales estadistas convirtiendo la figura de Carrera en la de un analfabeto que firmaba como “Raca Carraca” y a Batres en un pusilánime e inepto del que no valía la pena siquiera recordarse.

BIBLIOGRAFIA: