22 de mayo de 1920: se funda la Asociación de Estudiantes Universitarios

El gobierno de Carlos Herrera funda la Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU)

22mayo1920
Estudiantes universitarios de la época en que se fundó la Asociación de Estudiantes, reunidos en el patio de la Facultad de Derecho y Notariado.  En el recuadro: el presidente Carlos Herrera, quien les donó la antigua Escuela «Manuel Cabral» para que fuera la sede de su asociación.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El 2 de mayo de 1918, a pesar de la evidente ineficacia del gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera para resolver los problemas de la Ciudad de Guatemala las muestras de servilismo hacia la figura presidencial continuaban en el país, y se creó la Universidad «Estrada Cabrera« reuniendo en una sola entidad a todas las Escuelas Facultativas que existían en ese entonces y la cual, en su primer acto oficial, le otorgó el grado de Doctor al presidente.1 Hasta 1914, el apoyo del gobierno de los Estados Unidos hacia Estrada Cabrera había sido sólido, al punto que la revista de la United Fruit Company, la frutera transnacional estadounidense que era el principal producto agrícola e industrial de Guatemala en esa época, había publicado que era más que segura la reelección del gobernante para un término más, a pesar de estar gobernando desde 1898.2

Pero aquel apoyo para Estrada Cabrera se derrumbó cuando fue incapaz de formar la República Suroriental con la región sur de México y el Petén, aprovechando la anarquía que se vivía en México durante la revolución contra el presidente de facto Victoriano Huerta. Los Estados Unidos le habían pedido que sobornara a algún oficial mexicano para que comandara un ejército que segregara la región de Soconusco, Lacantún y Chiapas, pero el presidente guatemalteco no logró su cometido, pues el general mexicano Ricardo Carrascosa, a quien Estrada Cabrera había proporcionado armas y municiones se negó a realizar aquella traición a su país. Aunque el presidente guatemalteco redujo a prisión a Carrascosa, éste logró escapar y se refugió en la Legación Mexicana, en donde pidió asilo, a pesar de ser un rebelde contra el gobiero de Huerta. Tras el triunfo de la revolución de Victoriano Carranza contra Huerta, Carrascosa regresó a México dejando muy mal parado al gobiernante guatemalteco.3,4

Desde ese momento, el gobierno de Woodrow Wilson ya solamente estaba esperando una excusa para quitarle el apoyo a Estrada Cabrera, y se le presentaron dos: primero, la deficiente respuesta del presidente guatemalteco al desastre provocado por los terremotos de 1917-185 y la persecución en contra del obispo José Piñol y Batres, miembro de la familia conservacora Aycinena, luego de que éste criticara duramente al gobierno cabrerista durante 11 homilías en las que aprovechó para dar sermones contra el presidente. El obispo era sobrino del político Antonio Batres Jáuregui, quien a pesar de ser conservador había trabajado para todas las administraciones liberales desde J. Rufino Barrios hasta Estrada Cabrera, y era primo de Manuel Cobos Batres, un líder conservador que fue quien le escribió los discursos.4

A sabiendas de que el gobierno estaba debilitado, los conservadores liderados por Cobos Batres publicaron el «Acta de los Tres Dobleces» a finales de 1919, en la cual se declaraban contrarios al presidente y promovían la Unión Centroamericana. Así nació el Partido Unionista, que poco a poco empezó a reunir a todos los miembros de la sociedad guatemalteca en contra de Estrada Cabrera.4 A principios de 1920, los estudiantes de la Universidad «Estrada Cabrera» se unieron a los Unionistas y tuvieron una destacada participación en las actividades contra el gobernante; era una época en que los estudiantes universitarios provenían principalmente de las clases altas de la sociedad guatemalteca, eran todos varones y apenas sobrepasaban los doscientos en total.

El 8 de abril de 1920, tras un pacto secreto entre los unionistas y cabreristas, la Asamblea Legislativa presidida por el licenciado Arturo Ubico, hasta entonces incondicional de Estrada Cabrera, declaró mentalmente incapaz para gobernar al presidente y lo sustituyó por Carlos Herrera y Luna, diputado por Santa Lucía Cotzumalguapa. Don Manuel se negó a entregar al poder y se inició la «Semana Trágica«, la cual terminó el 14 de abril con la renuncia del presidente.4 Entonces, por la colaboración prestada por los universitarios para el derrocamiento de Estrada Cabrera, el presidente Herrera clausuró la Universidad «Estrada Cabrera« y reorganizó las Facultades de la misma de la siguiente forma:

    • Facultad de Ciencias Naturales y Farmacia
    • Facultad de Derecho, Notariado y Ciencias Políticas y Sociales
    • Facultad de Ciencias Médicas
    • Facultad de Ingeniería

Asimismo, en reconocimiento a la colaboración que los estudiantes universitarios prestaron al Partido Unionista, devolvíó a las Facultades Superiores la autonomía para la elección de autoridades —que había sido retirada en 1893— de acuerdo al siguiente decreto:

Decreto No. 1031

La Asamblea Legislativa de la República de Guatemala

DECRETA:

Artículo 1°.- Se deroga el Decreto Legislativo No. 193, emitido el 21 de marzo de 1893, y en consecuencia, quedan en vigor las disposiciones de la Ley de Instrucción Pública, modificadas por el mencionado Decreto.
Artículo 2°.- Las elecciones de los miembros de las Juntas Directivas de las diversas Facultades Profesionales, tendrán lugar el presente año en el corriente mes de mayo, y los electos tomarán posesión de sus cargos inmediatamente; pero el período de dos años de su ejercicio se contará desde el mes de enero próximo entrante.

Pase al Ejecutivo para su publicación y cumplimiento.

Dado en el Palacio del Poder Legislativo: en Guatemala, el cuatro de mayo de mil novecientos veinte.

        • Arturo Ubico, Presidente de la Asamblea
        • Adrián Recinos Secretario5

Finalmente, y también por reconocimiento a la contribuciones de los universitarios al derrocamiento de Estrada Cabrera, el gobierno otorgó un espacio para que éstos pudieran celebrar reuniones de toda índole:

Palacio del Poder Ejecutivo: Guatemala, 23 de abril de 1920.

El Presidente Constitucional de la República.

En el deseo de prestar apoyo a los jóvenes Estudiantes Universitarios y con el propósito de que tengan un local adecuado para celebrar sus reuniones y editar sus periódicos científicos,

ACUERDA:

Concederles gratuitamente el uso del edificio que ocupa actualmente la Escuela Nacional de Niñas «Manuel Cabral» situado en la 10a. Calle Oriente, contiguo a Capuchinas.

 Comuníquese.

        • Herrera
        • El Secretario de Estado en el Despacho de Instrucción Pública, Manuel Arroyo7

Poco después, el 22 de mayo de 1920, se fundó la Asociación de Estudiantes Universitarios, y sus miembros orignales fueron también miembros del grupo intelectual conocido como «La Generación del 20«. Aquellos estudiantes que luego serían intelectuales y periodistas de gran renombre como Miguel Angel Asturias, David Vela, Epaminondas Quintana y Clemente Marroquín Rojas, entre muchos otros, hicieron contribuciones notables a la Huelga de Dolores ya que aparte de revivir el «No Nos Tientes» (que había dejado de publicarse en 1908), escribieron la letra de la Canción de Guerra Estudiantil «La Chalana«, en la cual hacen crítica mordaz de todos los miembros de la sociedad guatemalteca, y en 1921 reiniciaron el desfile bufo que recorre las calles de la Ciudad de Guatemala. Pero no solamente en la actividades de Huelga participaron activamente, ya que crearon la Universidad Popular en 1922 para aumentar la instrucción del obrero guatemalteco, acercándose al ideal socialista para criticar el orden establecido, dado que la cuestión social del indígena guatemalteco y el papel que debía jugar la educación como una vía de redención de los sectores populares fueron dos de los ejes principales de aquella generación.8

Ahora bien, este compromiso con los intereses de los obreros e indígenas fue únicamente una estrategia para colocarse políticamente en la esfera pública pues la «Generación del 20» compartía con la vieja guardia liberal cabrerista desprecio y temor por las culturas populares; esto quedó en evidencia a medida que los jóvenes escalaron puestos en la jerarquía estatal, ya que poco a poco fueron abandonando su ideario radical e incluso hubo algunos que colaboraron con los gobiernos liberales subsiguientes, especialmente el del general Jorge Ubico Castañeda.8


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. Tomo II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  2. United Fruit Company (19 de junio de 1915) Latin-America A periodical for the promotion and interchange of commerce between the United Stated and the Latin-American Republics. New Orleans, Louisiana. IV (17)
  3. Arévalo Martínez, Rafael (1945). ¡Ecce Pericles!. Guatemala: Tipografía Nacional.
  4. Pérez Verdía, Luis (1914). «Revolución y Régimen Constitucionalista. Documento 521. Informe del Sr. Luis Pérez Verdía rendido al Canciller Huertista». Archivado desde el original el 19 de julio de 2014.
  5. Batres Jáuregui, Antonio (1944) La América Central ante la Historia. 1821-1921: Memorias de un Siglo. III. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 673.
  6. Asamblea Legislativa (10 de mayo de 1920). «Decretos del Organismo Legislativo». Guatemala: El Guatemalteco, Diario Oficial de la República de Guatemala – América Central p. 1
  7. Gobierno de Guatemala (25 de abril de 1920). «Decretos del Organismo Ejecutivo». Guatemala: El Guatemalteco, Diario Oficial de la República de Guatemala – América Central p. 1
  8. Fuentes Oliva, Regina (2012). «1920, una década de cambios educativos para Guatemala». Boletín AFEHC(N.°54).

Viernes de Dolores de 1956: arzobispo amenaza con excomulgar a los huelgueros

El arzobispo Mariano Rossell amenaza con la excomunión a los participantes y asistentes al desfile bufo de la Huelga de Dolores

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El Parque Central y la Catedral Metropolitana de la Ciudad de Guatemala a finales de la década de 1950.  En el recuadro, un sello conmerorativo del arzobipos Mariano Rossell.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En la cuaresma de 1956, se produjo un hecho que evidenció que el arzobispo metropolitano Mariano Rossell y Arellano pensó que, tras ayudar a la Contrarrevolución en 19541 y obtener privilegios para la Iglesia Católica en la Constitución promulgada en febrero de 1956,2 el clero había recuperado todo el poder que había perdido en 1872.3

En la época colonial y el gobierno de los 30 años, el poder de los eclesiásticos era prácticamente absoluto, pero, desafortunadamente para Rossell, pronto se dió cuenta de que los tiempos habían cambiado radicalmente y que ya no podía dominar la situación como lo habían hecho sus antecesores.4

Si bien durante los gobiernos del Dr. Juan José Arévalo y del teniente coronel Jacobo Árbenz Guzmán la Huelga de Dolores había tenido un gran auge, esto era porque las protestas contra los regímenes revolucionarios eran patrocinadas por las élites que habían visto sus intereses afectados por estos gobiernos.  Pero tras el derrocamiento de Árbenz en 1954, la Huelga de Dolores criticó agriamente a los principales líderes del liberacionismo, incluyendo al arzobispo Rosell Arellano, algo que no fue del agrado del jerarca eclesiástico.5

Así pues, Rossell y Arellano condenó las actividades de la Huelga de Dolores, porque «parodiaban sacrílegamente la liturgia sagrada y [las] oraciones, inclusive el Credo y el Padre Nuestro«, aunque no dijo que lo que verdaderamente le molestaba era que la actividad de sátira y crítica política lo llamara «sor Pijije» y lo acusara de haberse prestado a los intereses de la United Fruit Company, diciendo que era para combatir al «comunismo ateo» y enarbolando al Cristo Negro de Esquipulas, cuando en realidad lo había hecho para recuperar los privilegios que la Iglesia Católica había perdido desde el régimen liberal de J. Rufino Barrios. Incluso, para justificar su molestia, el arzobispo dijo que «era ilícito toda burla a los credos religiosos, sobre todo en tiempos de democracia» y emitió un comunicado a toda su feligresía —que en esa época era la mayoría de la población guatemalteca— en el que decía: «advertimos a todos los católicos que no les es lícito autorizar con su presencia los actos de representaciones, desfiles, etc. de la llamada huelga de Dolores«.3,4

Rossell y Arellano llegó al extremo de amenazar con la excomunión a todo aquel que participara o presenciara el desfile, pues le parecía que era «incoherente el participar en la huelga de Dolores, burlarse de la liturgia y los símbolos católicos y luego participar piadosamente en las procesiones, las cuales se celebran días después de la Huelga, en Semana Santa.» Ahora bien, como el Honorable Comité de Huelga de Dolores hace su desfile bufo cada Viernes de Dolores precisamente para criticar a las procesiones de Semana Santa,respondió en un comunicado que no permitirían que los «ministros de la religión actuaran con hipocresía» y que la huelga se realizaría «quisieran o no«.3,4

Al día siguiente del comunicado del arzobispo y de la respuesta de los estudiantes, hubo un mitin del «Comité de Defensa Moral Pública» en el que hacían responsable al Gobierno «por los hechos de sangre que pudieran suceder, si los estudiantes persisten en ofender la religión«. Aquel comité estaba dirigido por el diputado José García Bauer —quien vivía frente a la Iglesia de La Recolección— y estaba conformado por miembros conservadores de la sociedad guatemalteca que creían que con el éxito del Departamento de Estado de los Estados Unidos en derrocar al gobierno de Árbenz se había regresado a la época del gobierno pro-eclesiástico del capitán general Rafael Carrera.3,4  Sin embargo, las advertencias del arzobispo y del Comité fueron contraproducentes, como ocurre siempre que hay una queja por faltas a la moral, ya que lo único que se consigue es que la curiosidad del público sea mucho mayor;  así pues, cuando el desfile de la Huelga se realizó el Viernes de Dolores de 1956 las calles del Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala estaban totalmente abarrotadas.3,4

Pero sí hubo problemas durante el desfile, ya que poco después de haber iniciado su recorrido, cuando los estudiantes universitarios iban por la 12 calle entre segunda y cuarta avenidas, tres hombres elegantemente vestidos lanzaron una bomba sobre una carroza, causando una explosión que dejó a más de treinta personas lesionadas, entre estudiantes y espectadores; sin embargo, a pesar del pánico inicial, el desfile continuó como estaba programado.3,4

Al darse cuenta de que sus feligreses ignoraron sus advertencias, Rossell y Arellano montó en cólera y decidió suspender las procesiones de Semana Santa; pero la presión por continuar con las procesiones fue muy fuerte, y el 26 de marzo el arzobispo, en una reunión en la Catedral, atendió la petición de los feligreses y miembros de todas las hermandades de que extendiera licencia para que las procesiones se realizaran «como de costumbre«. Y, rindiéndose a la evidencia de que ya la Iglesia Católica no podía influir en la sociedad como lo había hecho en los siglos pasados, dijo simplemente que esperaba que los estudiantes recapacitaran y aseguró que el próximo año «si no había huelga decente no habrían procesiones«.4


BIBLIOGRAFIA:

  1. Cullater, Nick. (1994) The United States and Guatemala. 1952-1954. (en ingles). Washington, D.C.: Central Intelligence Agency. 
  2. Azurdia Alfaro, Roberto (1960). Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1955-1956LXXIV . Guatemala: Asamblea Nacional Constituyente. pp. 17-39
  3. Galicia, Néstor (21 de marzo de 2018). Monseñor Rossell: Huelga o procesiones. Guatemala: Prensa Libre.
  4. Barnoya García, José (1979). Los cien años del insecto. Guatemala: Artemis y Edinter.

Viernes de Dolores de 1922: estrenan «La Chalana»

Los estudiantes universitarios de las Escuelas Facultativas de Medicina, Farmcia y Derecho dan a conocer «La Chalana», su canto de guerra

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Grupo de estudiantes universtarios de la Facultad de Derecho, Notariado y Ciencias Jurídicas y Sociales en 1922 durante las actividades de Huelga de Dolores. En el recuadro: La Chabela. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El comité de Huelga de Dolores de 1922 estaba conformado por los mejores intelectuales jóvenes de su época.1 Tal y como narra uno de sus miembros, el escritor Miguel Angel Asturias, en su novela «Viernes de Dolores«, la ideal del canto de guerra estudiantil surgió entre bromas, tragos y visitas a lugares de «sana recreación» que frecuentaban los universitarios.2

La letra fue escrita por estudiantes de las Facultades de Medicina y Cirugía , Ciencias Naturlaes y Farmacia, y de Derecho, Notariado y Ciencias Políticas ys Sociales, en el edificio que en ese entonces era de esta última  —convertido posteriormente en el Museo de la Universidad de San Carlos de Guatemala -MUSAC—. Entre los escritores que participaron estuvo el propio Asturias, el estudiante de derecho David Vela —quien después fuera por muchos años el director del periódico «El Imparcial«—3​ Alfredo Valle Calvo, y José Luis Balcárcel.  De acuerdo al historiador de la Huelga, José Barnoya García, «Vela y Valle Calvo dieron la vida a unas estrofas; el coro se debió a Chocochique [Balcárcel] y una estrofita de los fármacos de la Chinche [Barnoya] segunda; y la última estrofa que elaboró íntegra Moyas, aquella que dice: Patria, palabrota añeja/ por los largos explotada/ hoy la patria es una vieja/ que está desacreditada…4

La música, por su parte, fue compuesta por el maestro José Castañeda —conocido entre los estudiantes como «José con hache» porque se firmaba como «Joseh» y quien posteriormente sería el director fundador de la Orquesta Sinfónica de Guatemala.5 Siguiendo con la narración de Barnoya García, encontramos que una vez que tuvieron la letra lista, «se fueron los estudiantes hasta la casa de Joseph Castañeda –no sólo músico y versátil musicólogo sino que también, autor de astracanadas satíricas».4

Al principio, el compositor no encontraba cómo adaptarle música a aquellos irreverentes versos, pero según relata la investigadora Catalina Barrios y Barrios, «sentado en la silla de la barbería (novena calle entre octava y novena avenidas) comenzó a leer la letra, pues aceptó, por fin componer la música. Cuando lo estaban rasurando se inspiró. Apresuró al barbero y fue a su casa (once avenida y octava calle) […].  Hizo la música y la firmó con el pseudónimo Joseh.  Se comunicó por teléfono con Miguel Angel Asturias y le dijo ‘ya nació el niño’.  Se cantó, por primera vez, informalmente, el jueves anterior al Viernes de Dolores, en la facultad de Medicina, con copias a mano para que la aprendieran6

Pero, ¿qué significa el canto de guerra? El contexto histórico en que fue creada «La Chalana» fue el año 1922, dos años después de que el Partido Unionista de los conservadores guatemaltecos derrocara al gobierno de 22 años del licenciado Manuel Estrada Cabrera,7 y menos de un año después de que el general José María Orellana derrocara al gobierno de Carlos Herrera mediante un golpe de estado patrocinado por la United Fruit Company;8 de esta forma, muchos de los párrafos hacen referencia a la situación guatemalteca imperante en ese momento, aunque tristemente, muchos de ellos siguen vigentes hasta la fecha.

He aquí una breve explicación del significado de aquel canto que muchos han entonado y que empieza con «¡Matasanos practicantes!«:

CORO
Matasanos practicantes,
Del emplasto fabricantes,
Güisachines del lugar,
estudiantes:

en sonora carcajada
prorrumpid ¡Ja, ja!

La primera estrofa, hace referencia a las tres Facultades que formaron parte del Honorable Comité de Huelga en 1922; en su orden: la Facultad de Medicina y Cirugía, Facultad de Ciencias Naturales y Farmacia, y la Facultad de Derecho, Notariado y Ciencias Políticas y Sociales. Si bien la Facultad de Ingeniería ya existía, ésta se mantenía al margen de estas actividades por sus estrechos nexos con la Escuela Politécnica.9

I

Sobre los hediondos males
de la Patria arrojad flores,
ya que no sois liberales
ni menos conservadores.

Malos bichos sin conciencia
que la apresan en sus dientes
y le chupan inclementes
las fuerzas de su existencia.

Ya en ese entonces, como ahora, los políticos de turno se aprovechaban del erario nacional para hacer fortuna,10 sin importar el partido al que pertenecieran. Aunque en ese tiempo los únicos dos partidos realmente eran el liberal y el conservador, el liberal había estado controlando el país desde 1871 y al momento de hacer elecciones, se fraccionaban en sub-partidos para dar la apariencia de elecciones libres.

CORO
Matasanos practicantes
Del emplasto fabricantes
Güisachines del lugar,
choteadores:

en sonora carcajada
prorrumpid ¡Ja, ja!

Reíd de los Liberales
y de los Conservadores.

II

Nuestro quetzal espantado
por un ideal que no existe
se puso las de hule al prado
más solo, pelado y triste.

Y en su lugar erigieron
cinco extinguidos volcanes
que en cinco también se hundieron
bajo rudos yataganes.

Esta estrofa se refiere al derrocamiento del licenciado Estrada Cabrera, cuyo símbolo era el escudo con un quetzal que instituyeron los liberales en 1871.11 Fue sustituido en el poder por Carlos Herrera, quien llegó al poder con el apoyo del Partido Unionista, cuyo símbolo eran cinco volcanes.7 Finalmente, los yataganes se refieren al golpe de estado de José María Orellana en contra Herrera en 1921.8

CORO

Matasanos practicantes
Del Emplasto Fabricantes
Güisachines del lugar,
hermanitos:

en sonora carcajada
prorrumpid ¡Ja, ja!
Reíd de los volcancitos
y del choteado quetzal.

III

Contemplad los militares
que en la paz carrera hicieron.
Vuestros jueces a millares
que la justicia vendieron.

Nuestros curas monigotes
que comercian con el credo
y patrioteros con brotes
de farsa, interés y miedo.

Luego de la desastroza «guerra del Totoposte» contra El Salvador, en que Guatemala ganó de manera fortuita tras la muerte accidental del caudillo Tomás Regalado, la reputación del ejército quedó muy mal parada, al punto que aquí con un genial juego de palabras se hace referencia a como habían huído a la carrera en la frontera del río Paz de las fuerzas de Regalado.12 Por otra parte, las estrofa también menciona los oscuros casos judiciales que se ventilaron durante el gobierno de Estrada Cabrera13 y los intereses económicos del clero, que en esa época estaba luchando por recuperar los privilegios retirados por J. Rufino Barrios.14 El término «clerigalia» se refiere en forma despectiva a los sacerdotes católicos y el de «chafarotes» a los oficiales de línea del Ejército.

CORO

Matasanos practicantes
Del Emplasto Fabricantes
Güisachines del lugar,
malcriadotes:

en sonora carcajada
prorrumpid ¡Ja, ja!
Reíd de la clerigalia;
Reíd de los chafarotes.

IV

Patria palabrota añeja
por los largos explotada.
Hoy la patria es una vieja
que está desacreditada.

No vale ni cuatro reales
en este país de traidores.
La venden los liberales
como los conservadores.

Hasta ese momento, los criollos liberales y conservadores habían entregado la patria a intereses internacionales.  Los conservadores firmaron onerosos préstamos a bancos ingleses para costear sus constantes guerras contra sus vecinos, llegando incluso a entregar a los británicos a cambio de armas la región comprendida entre el río Belice y el río Sarstún;15 también entregaron el sur de Izabal a los Belgas para su colonización, aunque ésta fracasó.16 Y firmaron un concordato con la Santa Sede en 1854 por el que le regresaron todos sus privilegios económicos a las órdenes religiosas.17 Por su parte,  los liberales también firmaron préstamos con los ingleses,18 aparte de las generosas concesiones que otorgaron a los alemanes en Verapaz y a los estadounidenses en Izabal.19

CORO FINAL
Matasanos practicantes
Del Emplasto Fabricantes
Güisachines del lugar,
muchachada:

de la patria derengada
riamos ya: ¡Ja, ja!


BIBLIOGRAFIA:


Viernes de Dolores de 1947: entierran a la Huelga de Dolores

Tras amenazas de los militares, los estudiantes universitarios «entierran» la Huelga de Dolores en vez de realizar el desfile bufo

dolores1947
Entrada de la antigua Facultad de Medicina y Cirugía en el Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala. Aquí fue donde el Honorable Comité enterró a la Huelga en 1947. En el recuadro: el desfile fúnebre de la Huelga de ese año. Imágenes tomadas de Facultad de Medicina de la Universidad de San Carlos y de Aprende Guatemala.

Con la Huelga de Dolores de 1945 se inició una nueva tradición: la Velada Estudiantil en la que los estudiantes presentaban varios números satíricos con escasa calidad pero que eran muy bien recibidos por el público asistente, que llenaba el entonces lujoso Cine Lux, en la Sexta Avenida de la Ciudad de Guatemala1 y que en el siglo XXI, se ha convertido en el Centro Cultural de España en Guatemala.2

Durante la velada de 1947, un grupo de estudiantes de medicina presentaron un número en el que se burlaban de los cadetes de la Escuela Politécnica; pero a éstos no les agradó el número en lo absoluto, en especial las parte en que los estudiantes universitarios cantaban a coro:

«…los cadetes dicen pío, pío, pío,
cuando tienen hambre, cuando tienen frío…
…y aunque no lo crean, somos los campeones,
entre los huevones, pío, pío, pío.»1

Algunos oficiales se subieron al escenario y uno de ellos lanzó una bomba lacrimógena mientras que otra amenazaba a uno de los miembros del Honorable Comité de Huelga con una pistola. antes de que la situación se saliera de control, varios estudiantes pararon a los agresores, pero el espectáculo terminó abruptamente y varios militares ofrecieron impedir el desfile por la fuerza. El Honorable Comité de Huelga deliberó y consideró que detrás de ese altercado había un deseo de los políticos opositores de la época de provocar un grave problema al gobierno del Dr. Juan José Arévalo y decidieron «enterrar» La Huelga, por lo que ordenaron cancelar todos los número satíricos, y pedir a los estudiantes que marcharan en silencio, vestidos de luto, escoltando un féretro que, juntamente con el «No Nos Tientes«, se enterró frente a la Facultad de Medicina, la cual en ese entonces estaba en donde ahora funciona el Paraninfo Universitario en el Centro Histórico.1

Al año siguiente, con todo jolgorio, los estudiantes revivieron la Huelga con el siguiente verso:

«¡El año pasado en esta velada
quisieron callarnos con la fuerza armada!
Pero enalteciendo su honrada memoria
la Huelga enterramos con toda su gloria.»

«Este año venimos con fuerza y con brío
a darle al Gobierno en el mero fondillo,
los flatos y el miedo dejando a un lado
invicto prosigue el estudiantado.»1

El «No Nos Tientes» de 1948 apareció puntualmente durante la noche anterior el Viernes de Dolores —como se acostumbraba ya desde 1945— y alrededor de las 8 de la mañana del viernes, en una ceremonia improvisada, encabezada por los huelgueros de la generación del 20 —quienes en su mayoría simpatizaban con los grupos que no veían con buenos ojos al gobierno arevalista—, se desenterró el féretro y luego comenzó el tradicional desfile. Así pues, si en 1947 no hubo periódico estudiantil, en 1948 los guatemaltecos pudieron disfrutar de dos ediciones.1


BIBLIOGRAFIA:

  1. Guzmán Böckler, Carlos:  La Huelga de Dolores que viví con mi generación (1945-1977).  Guatemala: Universitaria.
  2. Cooperación Española (3 de junio de 2013) Centro Cultura de España en Guatemala, nueva sede en el Lux.  Embajada de España.

Viernes de Dolores de 1945: resurge la Huelga de Dolores

Después de 14 años de prohibición, revive la Huelga de Dolores de los estudiantes universitarios

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Desfile bufo de la Huelga de Dolores en 1945, primera que salía desde que fue prohibida por el gobierno de Jorge Ubico en 1931.  En el recuadro:  «La Chabela», estandarte de los huelgueros, dibujada por Hernán «Pan» Martínez Sobral en 1921.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Así como la Universidad de San Carlos de Guatemala ha tenido varias transformaciones profundas desde su fundación como una institución católica para los criollos guatemaltecos, la Huelga de Dolores ha pasado por varias fases desde su creación en 1898.  El desfile bufo dejó de salir en 1903, luego de quelos estudiantes de la Escuela Facultativa de Derecho y Notariado fueran atacados por los guardias del presidente, el licenciado Manuel Estrada Cabrera, y el «No Nos Tientes«, periódico de la Escuela Facultativa de Medicina, dejó de publicarse en 1908, luego de los atentados de los que se salvó milagrosamente Estrada Cabrera en abril de 19071 y abril de 19082.

Las actividades de la Huelga de Dolores se retomaron en 1921, ya cuando había sido derrocado don Manuel,3 y siguieron realizándose todos los años hasta que en 1931 fueron prohibidas nuevamente cuando llegó al poder el general Jorge Ubico.  Nuevamente, fue hasta que el gobierno del general Federico Ponce Vaides fue derrocado el 20 de octubre de 1944, que los estudiantes universitarios empezaron a realizar nuevamente las actividades de Huelga.

En esos años, el desfile bufo y el periódico «No Nos Tientes» cumplían una función muy importante:  la de informar al pueblo por medio de sátira escrita y representada los demanes en que incurría el gobierno de turno.  Y es que en la ciudad de Guatemala de esa época había muy pocos periódicos (y casi todos estaban controlados o censurados por el gobierno), las estaciones de radio apenas acababan de empezar a dar las noticias (y también estaban muy censuradas), y la televisión todavía no había llegado al país.  Es más, cuando llegó la televisión en la década en 1955, el restringido poder adquisitivo de la mayoría de la población limitó el uso de la misma a unas cuantas familias privilegiadas.4 No fue sino hasta que se inventó el radio de transistores y el sistema de ventas a plazos que la población dispuso de formas más amplias de conocer las noticias (algo prácticamente inimaginable para la sociedad guatemalteca del siglo XXI, la cual se ha vuelto muy dependiente de los teléfonos inteligentes que le permiten conocer lo que esta ocurriendo en cualquier parte del mundo instantáneamente).

Uno de los principales intelectuales que participó en el resurgimiento de la Huelga en 1945 fue el licenciado Carlos Guzmán Böckler, quien relata de la siguiente forma sus experiencias con esta actividad universitaria:5

«Fue a principio de 1945 cuando el entonces estudiante de los últimos años de la Facultad de Derecho, Jesús «Chus» Guerra Morales, secundado por Francisco «Chico» Luna (Sir Jesus War y Sir Francis Moon, según decía este último), […] y otros [estudiantes], presentaron ante la asamblea general de la Asociación de Estudiantes «El Derecho» la moción de reanudar la celebración de la Huelga de Dolores, silenciada durante [el largo gobierno] de Jorge Ubico. Una respuesta jubilosa, vertida a través de una votación unánime, dio paso a una etapa más en la vida azarosa de la chusca y controvertida festividad estudiantil. El entusiasmo se contagió a los estudiantes de medicina, en primer término, y a los de las otras Facultades con menor intensidad. De ahí que el paso obligado fuera constituir el Comité de Huelga y tratar de llenar, a partir del ingenio de los revividores, el esquema general de la festividad trazando a partir de 1898 […] el cual contenía dos grandes actividades: la publicación del «No Nos Tientes» y la realización del Desfile, con el objeto de combinar la sátira escrita con la escenificación ambulante de situaciones embarazosas para los políticos de turno, sea mediante cuadros en vivo, sea con esculturas perecederas montadas en plataformas rodantes y ornamentales: las carrozas, a fin de que, de la combinación de las palabras con las formas, los volúmenes y los colores surgieran las expresiones capaces de cautivar la imaginación de un público simple y multitudinario, al que se gratificaba con la burla de los poderosos, en especial de quienes gobernaban, caricaturizados para escarnio propio y alegría de la concurrencia. Correspondía entonces a los niveles huelgueros del 45 dar forma y contenido a los temas y los personajes de su propia época, uniendo en una sola expresión las dificultades de los géneros cómico y satírico.

Como era de esperarse, recurrieron a los huelgueros de la generación de 1920 que aun mantenían el entusiasmo de sus años mozos, en especial al médico Joaquín «la Chinche» Barnoya, pero en gran medida echaron mano de su propia inventiva y, casi sin proponérselo, en algunos momentos, cruzaron los umbrales de la creatividad. Además, de Chus Guerra, primer director del No Nos Tientes, cabe recordar a Mario «El Loco» Alvarado Rubio, encargado de las carrozas junto con Rodolfo «La Vieja» Martínez Sobral, hijo del huelguero de la generación del 20 Hernán «Pan» Martínez Sobral, que le heredó las habilidades carroceras y las de pintar a La Chabela, esqueleto blanco sobre fondo negro que haciendo una mueca obscena danza al inicio del desfile, portada por estudiantes de medicina ataviados como tales.

[…] desde que la Huelga se inició, el desfile es la parodia de una procesión de la Semana Santa, que se abre con la réplica chusca de la pintura del esqueleto que simboliza la muerte y que inicia la marcha del santo entierro. Las carrozas son la versión burlona de las andas que llevan los pasos; las hileras de estudiantes que, en fila india, caminan flanqueándolas, están compuestas por los epígonos chocarreros de los cucuruchos, y la tarjeta que, con dibujos y versitos alusivos al momento, lleva cada huelguero en el pecho, es la versión profana de la que, con el retrato de la imagen a cargar y con el turno en que le corresponde a cada cual hacerlo, portan en igual forma los cucuruchos. La banda, en vez de tocar marchas fúnebres, esparce las notas irreverentes de versos satíricos pespuntados a piezas de música popular fácilmente reconocibles e incluso coreables por la concurrencia. El haber escogido el Viernes de Dolores para llevar a cabo el desfile, apareja un desafío al recato y la continencia que la iglesia exigía de sus fieles durante la cuaresma y, máxime, cuando se estaba a las puertas de su culminación natural, es decir, de la Semana Santa; y la transmutación de los dolores propios de la pasión de Cristo en los dolores que el pueblo sufría a causa de la arbitrariedad, la desfachatez y la venalidad de sus gobernantes subrayaba la hipocresía del clero que, coludido con los poderosos, se escudaba en una moral incompatible con su proceder en la vida cotidiana.

Para comprender la profundidad de la crítica social y política que tenía toda esta pantomima, hay que recordar que, en la Ciudad de Guatemala de fines del siglo XIX y de un poco más de la mitad del XX, la población no sólo era muy escasa, si la comparamos con la de [1998] (entre 1945 y [1998], ha pasado de 350,000 a 3.500,000 habitantes, incluyendo los municipios conurbados) sino que los personajes que en ella sobresalían eran bastante conocidos tanto en las clases acaudaladas y medias como en ciertos barrios populares. La chismografía propia de todos los pueblos chicos (o infiernos grandes como reza el dicho) hacía circular de boca en boca las actuaciones públicas y las debilidades íntimas de muchas familias y personas, por lo que no era difícil para los huelgueros recopilar las historias que ya andaban de boca en boca o que se guardaban bajo una secretividad más que dudosa y, debidamente aderezadas, volverlas a desparramar con una dosis pura de picardía y con un vocabulario coloquial y desvergonzado que fácilmente invadía los terrenos de la procacidad, a pesar de algunos intentos de guardar las normas de un ingenio que siempre está ligado al aquí y al ahora, razón por la cual los artículos de los ‘No Nos Tientes’ de años anteriores arrancan muy pocas sonrisas a los lectores de hoy, sobre todo porque las palabras y las situaciones sobreentendidas en los textos nunca quedan, según el caso, escritas ni señaladas5

Y no solamente las palabras y situaciones sobreentendidas quedaron en el olvido.  Actualmente aunque el desfile bufo sigue recorriendo las calles del Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala, su crítica pasa inadvertida para la mayoría de la población de la ciudad, que ahora no solamente vive en las afueras de la ciudad original (específicamente en los municipios de Chinautla, Fraijanes, Santa Catarina Pinula, Mixco, Petapa, San Juan Sacatepéquez, y Villa Nueva), sino que tiene un sinnúmero de opciones para enterarse de los desacatos del gobierno de turno.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Invernizzio, Enrique (10 de mayo de 1907). «El 29 de abril y otras minas»La Locomotora: revista de política, ciencia, literatura y bellas artes (Guatemala) II (33): 6-13.
  2. Estrada Paniagua, Felipe (29 de abril de 1908). «El crimen del 20»La Locomotora: revista de política, ciencia, literatura y bellas artes (Guatemala).
  3. Asturias, Miguel Ángel (1978). Viernes de Dolores. Buenos Aires: Losada.
  4. Guatemala.com (s.f.) Así fue la primera transmisión oficial de televisión en Guatemala. Guatemala.com.
  5. Guzmán Böckler, Carlos:  La Huelga de Dolores que viví con mi generación (1945-1977).  Guatemala: Universitaria.

28 de septiembre de 1929: avionazo del Callejón de Dolores

Ocurre el «avionazo del Callejón de Dolores» en donde fallece el pionero de la aviación guatemalteca Jacinto «Chinto» Rodríguez Díaz

Rodríguez Daz junto al coronel Charles Lindbergh (vestido de civil) y los pioneros de la aviación guatemalteca, entre ellos Ricardo Rodas. Imagen tomada de Wikimedia Commons.  En el recuadro: restos del avión accidentado en el Callejón de Dolores.  Imagen tomada de Aprende Guatemala.

A principios del siglo XX la aviación se empezó a hacer más y más popular entre los miembros del ejército guatemalteco. Entre aquellos pioneros de la aviación estuvieron Miguel García Granados Solís, Óscar Morales López, Ricardo «Chato» Rodas y Jacinto «Chinto» Rodríguez Díaz.  Todos ellos estudiaron aviación en los Estados Unidos y recaudaron fondos para comprar el primer avión para Guatemala, al cual bautizaron con el nombre de «Centroamérica«.1

Desde mediados de 1929, los aviadores militares guatemaltecos habían logrado establecer un modesto servicio aéreo utilizando tres monomotores Ryan Brougham B-5 con los cuales estaban transportando carga y correspondencia hasta los más lejanos y solitarios confines del país. Rodríguez Díaz viajó a Petén, en donde aterrizó en Santa Elena el 20 de julio de 1929, en San Francisco en dos ocasiones y en la La Libertad.2

El coronel Rodríguez Díaz perdió la vida el 28 de septiembre de 1929, en un trágico accidente aéreo conocido como el «Avionazo del callejón de Dolores«. En el avión iban también el Lic. José Luis Balcárcel,​ Secretario de la Comisión de Límites; el niño Carlos Montano Novella y el Ing. Julio Montano Novella, en ese entonces Cónsul de Guatemala en Nueva York. Todos, excepto el Ing. Montano, perdieron la vida en aquel accidente.3

Rodríguez Díaz fue sepultado con grandes honores en el Cementerio General de la Ciudad de Guatemala, y su mausoleo fue diseñado y construido por el renombrado escultor guatemalteco Rafael Yela Günther.  Por su parte, José Luis Balcárcel es mencionado en la novela «Viernes de Dolores» de Miguel Angel Asturias como el presidente del Honorable Comité de Huelga de Dolores —»Chocochique» Balcárcel— que revivió la tradición estudiantil en 1922, tras 17 años de prohibición por parte del gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera.4

Por su parte, la aventura del servicio aéreo guatemalteco no llegó muy lejos pues con el fatal accidente del coronel Rodríguez Díaz, la partida del coronel García Granados fuera del país y la llegada de la Misión Aérea Francesa, los aviadores militares se enfocaron en iniciar prácticas de combate y alcanzar niveles operativos aptos con los recién adquiridos cazas Morane Saulnier MS. 147EP y bombarderos Potez XXV A2.1


BIBLIOGRAFIA:

  1. Unión Tipográfica (1929) «Laureles Póstumos, ofrenda a Jacinto Rodríguez Díaz». Unión Tipográfica. Guatemala
  2. Aviación de a pie (2012). «Compañía Nacional de Aviación: la primera aerolínea de Guatemala». Aviación de a pie. Guatemala.
  3. CIRMA.«Archivo de fotografías de Jacinto Rodríguez Díaz»Archivado desde el original el 12 de agosto de 2014.
  4. Asturias, Miguel Ángel (1978). Viernes de Dolores. Buenos Aires: Lozada.

1 de abril de 1903: primera víctima mortal de la Huelga de Dolores

Primera víctima mortal entre los estudiantes de la Escuela Facultativa de Derecho y Notariado

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Estudiantes de Derecho y Notariado en aquel 1 de abril de 1903. Imagen de José García, tomada momentos antes de la incursión de la guardia del presidente.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Reproducimos a continuación el artículo publicado por el renombrado escritor Federico Hernández de León en su obra «El Libro de las Efemérides» en 1924.  Las cosas curiosas que se desprenden de este excelente artículo son:

  1. El gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera ya era una férrea dictadura en 1903.
  2. Solamente las Escuelas Facultativas de Derecho y de Medicina y Farmacia participaban en la Huelga de Dolores.  La de Ingeniería no lo hacía.
  3. El licenciado Hernández de León escribió su artículo en la década de 1920 y se refiere a la Huelga de Dolores en pretérito, ya que la Huelga desapareció en 1908 y no resurgió sino hasta 1921, luego de la caída de Estrada Cabrera.  (Por cierto, la Huelga desapareció nuevamente durante el gobierno del general Jorge Ubico, entre 1931 y 1944).
  4. Las Escuelas Facultativas eran dependencia del Ministerio de Instrucción Pública y el presidente de la República era quien designaba a las autoridades y docentes.
  5. Solamente había doscientos estudiantes universitarios en total, quienes recurrían al ingenio y no a la vulgaridad para realizar sus denuncias.  Lo que no menciona Hernández de León, es que esos doscientos estudiantes eran de las familias criollas del país y de la región centroamericana.
  6. La Cervecería de los Castillo ya enviaba el contingente de esta bebida alcohólica para los estudiantes.

He aquí el artículo:

Las huelgas anuales de los estudiantes, eran notas seguras en los meses de marzo y abril.  Los estudiantes de Derecho elegían cualquier día de la cuaresma y los de Medicina, indefectiblemente, el Viernes de Dolores.  Los estudiantes de Ingeniería, sometidos a la seriedad de los números y al prosaísmo de los teodolitos, permanecían alejados de las zalagardas escolares.

Fiscalizadas las imprentas por los sabuesos del régimen, no era dable publicar manifestación alguna que rompiera el ritmo de la paz varsoviana.  Los estudiantes adobaban un Decreto de declaratoria de Huelga y un Programa de los festejos.  En esos documentos había un derroche de ingeniero fresco, jocundo, cascabelero, sin vulgaridades salidas de tono.  El «Vos Diréis» ya no se imprimía ni en la vecina república salvadoreña, así era el espanto que provocaba la dictadura.

Aquel año de 1903, los hijos de Palas eligieron el primer día de abril, del mes cantado por Diéguez, para la declaratoria solemne y bulliciosa de la huelga.  Era decano de la Facultad don Salvador Escobar, el maestro más maestro de cuantos ha dado nuestra próvida tierra, y Ministro de Educación Pública don José Antonio Mandujano, que ya por aquel entonces parecía un escapado del Valle de los Reyes.1

Estrada Cabrera entraba en el sexto año de su loco reinado:  cinco años largos y corridos de fastidiar a los guatemaltecos.  Aun no había podido someter a los muchachos, que daban muestras de independencia y sabías ser estudiantes por sus estudiantadas.  De ellos partían las voces de protesta, las frases de insurrección, las manifestaciones de rebeldía y la expresión franca de la inconformidad con el régimen de fuerza imperante. Nacían y morían los periódicos nacionales y, desde las tribunas del gremio, se lanzaban los apóstrofes.  El despotismo no podia con el mundo de los estudiantes.

Por la mañana de aquel primero de abril llegaron los estudiantes a la perspectiva de la huelga.  Los primeros fueron, precisamente, los que llegaban por ultimo a sus clases.  Empezó el revolverse de grupos, el disponer y organizer las comisiones y el comentar la última disposición oficial: los huelguistas no podían salir a la calle, como era uso y costumbre, y su fiesta se celebraría dentro del propio edificio.  La empresa del tranvía se resistió a dar las plataformas que otrora cediera con espontánea largueza, y no era cosa de ponerse a buscar en aquellas horas, carretones en donde meterse toda la muchachada.  Los hermanos Castillo mandaron su contingente de barriles de cerveza, contingente establecido de muchos años atrás.2

Y hubo de conformarse el gremio con la celebración interior.  Se soltaron los primeros petardos, anunciadores de la fiesta y en la esquina del edificio (9a. avenida y 10a. calle) se improvisó la tribuna y el delegado official dió lectura al Decreto y al Programa.  Gálvez Molina fue el destinado: con voz que se oyera a doscientas varas, soltó la ristra de donaries que componían uno y otro documento.

Las bocacalles estaban apretadas de gentes; un público heterogéneo, desde el varón severo a la damisela escurridiza, reían de buena gana con los flechazos de los estudiantes.  Los hombres del día salían despedazados: Estrada Cabrera, Juan Barrios, Wenceslao Chacón, los ministros y autoridades, amén de unos cuantos catedráticos, satirizados con la más picante travesura.

Resonaron los triquitraques y las sonoridades de la marimba. ¡Adentro todos! Alguien tubo la ocurrencia de llamar un fotógrafo y fue Pepe García el que acudió con su cámara y sus placas.  Se hizo el grupo.  Para evitar que gente extraña se metiera en donde no cabía, se cerraron las puertas y los muchachos se enracimaron en mitad del patio mayor.  Pepe García apenas se las entendía con aquel enjambre de endemoniados.

De pronto, Marciano Castillo, subido en la parte más alta de la Fuente central, gritó

– ¡Muchachos, allí está la policía: fuera con ella!3

Varios agentes de la policía trataban, desde la calle, de abrir la puerta de la reja y forcejaban por romper las cadenas que la aseguraban.  Al grito de Marciano, todos los estudiantes volvieron la cara y gritaron a una:

– ¡Fuera! ¡Fuera los orejas! ¡Fueras los sinvergüenzas! ¡Fuera la canalla!

Los agentes cerraban los puños, amenazadores; los estudiantes les cubrían de frases duras y se reían de sus inútiles esfuerzos por franquear la entrada.  En medio de las burlas, se vió que la puerta lateral, una puerta de escape situada al norte se abría violentamente y una corriente impetuosa de policiales, como un desbordante de agua sucia, inundó los corredores. Iban a la cabeza los de la montada, un cuerpo de agentes feroces, célebres por su crueldad, por la sumisión al amo, por la violencia de los procedimientos, por la impunidad de sus actos.  En los momentos graves, los de la montada eran los que resolvían las cuestiones…

Virgilio Mejicanos, un buen compañero, muerto ya, se plantó en medio de uno de los corredores y apostrofó a los policiales.  Un golpe brutal derribó al estudiante.  Miguel Prado, que estaba en el fondo del corredor, no pudo contener su indignación y gritó furiosamente:

– ¡Ah, canallas, no se pega así!

El número de agentes aumentaba, como en un reborbotar maldito.  A las palabras de Prado, enfilaron a él su agresividad y, los palos en alto y las pistolas en guardia, avanzaron con gestos matadores.  Miguel, en aquellos momentos, recordó que llevaba en el bolsillo un revólver, envuelto en un enorme pañuelo de seda; la portación de aquella arma era incidental. Al verse amenazado, valientemente requirió el arma y al sentir los primeros golpes de batón, descargó el primer tiro.  La bala vació un ojo a uno de los esbirros.4

En esos momentos, Bernardo Lemus, estudiante salvadoreño, muchacho muy bien parecido, estudioso, apartado de todo lo que significara desorden y que, en aquellos días estaba para someterse al último examen, pasó del corredor que está al oriente, para dirigire por el corridor del norte, busca de la salida.  Al llegar al ángulo, uno de los agentes parapetado tras de la pilastra, disparó secamente su revólver.  Lemus se llevó violentamente las manos al pecho y, sin una sola exclamación, cayó de espaldas.  Un ligero sacudimiento contrajo su cuerpo y no se movió más.  La bala le había partido el corazón.

Los policiales seguían un tiroteo espantoso, sin acertar con el blanco.  Los muchachos se replagaron a la Secretaría y, en esos instantes, se oyó por la calle, pasaba una cabalgata.  Era Estrada Cabrera, metido en su coche y rodeado de edecanes.  Supo lo de la huelga y quiso, en un arranque único, llegar personalmente hasta los estudiantes.  Para resguardarse mandó a la policía por delante, con tan mal suceso, que los esbirros entraron a golpes de palo y disparos de revólver.  Cuando Estrada Cabrera oyó el tiroteo, prudentemente siguió de largo.5

Aquel suceso, como todos los sucesos que merecían reprobación, pasó en silencio para los guatemaltecos.  La sangre del estudiante quedó vertida como si se hubiera  tratado de in cordero.  No hubo una protesta, una sola manifestación de reproche; así la tiranía se enseñoreó sobre nuestro pueblo muy merecidamente. Porque, en las sociedades en donde los avances de los déspotas son hechos que se cubren con la indiferencia, bien merecen esos pueblos que se les azote, que se les escarnezca y que se les cubra de oprobio.6


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 3.
  2. Ibid., p. 4.
  3. Ibid., p. 5.
  4. Ibid., p. 6.
  5. Ibid., p. 7.
  6. Ibid., p. 8.