21 de diciembre de 1813: el Capitan General de Guatemala, José de Bustamante y Guerra, se entera de la Conjuración de Belén por un delator

Patio del Instituto Normal para Señoritas Belén en 1913, cien años después de la Conjuración de Belén.  El convento fue convertido en Instituto por las autoridades liberales en la década de 1870.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Muy pocos son los nombres de los Capitanes Generales que recuerdan los guatemaltecos.  Están, por ejemplo, Martín de Mayorga por el traslado de la capital desde Santiago de los Caballeros a la Nueva Guatemala de la Asunción; y Melchor de Mencos, su sucesor, por la construcción de los más importantes edificios de la nueva ciudad.  Tambien se recuerda a Gabino Gaínza, quien traicionó la confianza depositada en él y lideró a Centroamérica tras la independencia de España en 1821.  Y durante la época inmediatamente anterior a la independencia está José de Bustamante y Guerra.

Bustamante y Guerra llegó a Guatemala en 1811 y ante la revolución de Miguel Hidalgo y Costilla y José María Morelos en México, preparó tropas en Guatemala y creó el “cuerpo de voluntarios de Fernando VII” y desde su puesto se enfrentó a los constitucionalistas locales, reprimiendo duramente a los independentistas. También se opuso a la Constitución de Cádiz de 1812 y todo lo que fuera a reformar el gobierno español.

A pesar del régimen opresor, a partir del 28 de octubre de 1813, y después de la elección del rector de la Real y Pontificia Universidad de San Carlos Borromeo, empezaron a celebrarse en la celda prioral del Convento de Belén varias juntas organizadas por fray Juan Nepomuceno de la Concepción con el objeto de derrocar al capitán general Bustamante y Guerra y lograr la independencia de la región.​ En noviembre hubo otra reunión en casa de Cayetano y de Mariano Bedoya, hermanos menores de Dolores Bedoya de Molina, y cuñados de Pedro Molina Mazariegos, todos ellos ricos criollos hacendados que no estaban de acuerdo con el gobierno de Bustamante. Además,​ entre los conjurados había varios miembros de los cleros tanto regular como secular, demostrando el interés de las diferentes facciones de la Iglesia católica en el alzamiento contra Bustamante y Guerra.

Pero el 21 de diciembre de 1813, Bustamante y Guerra, se enteró de que en el convento de Belén se reunían los sediciosos gracias a la delación de José Prudencio de La Llana, y de inmediato dictó un auto para que el capitán Antonio Villar y su ayudante, Francisco Cáscara, apresaran a los religiosos de ese monasterio. Muchos fueron apresados ese día y otros traicionados cuando el teniente de dragones Yúdice escribió a Bustamante y Guerra para pedir la clemencia del rey al verse descubierto y le dió nombres de los conjurados.​ Finalmente, para cubrir todas sus bases, Bustamante comisionó a su sobrino. el carmelita fray Manuel de la Madre de Dios, en la casa de correos, para que abriese toda correspondencia que cayera en sus manos.

Todos los apresados fueron juzgados y condenados a diferentes penas, entre ellas encierro y destierro, aunque nadie fue desterrado porque la situación de las colonias estaba muy inestable.  Por su parte, Bustamante y Guerra logró su confirmación en su puesto por el rey Fernando VII en 1814 y fue destituido en agosto de 1817 para que regresara a España, a donde arribó en 1819 y entró nuevamente a formar parte de la Junta de Indias. En 1820 fue recompensado con la Gran Cruz de la Orden Americana de Isabel la Católica y se le nombró director general de la Armada hasta 1822.

BIBLIOGRAFIA:

 

20 de septiembre de 1783: nace Dolores Bedoya, esposa del doctor Pedro Molina Mazariegos, gestor de la Independencia de Centroamérica y líder del partido liberal que se formó tras la misma

Celebración de los criollos luego de la declaración de la Independencia de 1821.  Doña Dolores Bedoya lucía seguramente como una de las damas en el cuadro de Fernando Beltranena que se conserva en el Museo Nacional de Historia.

De todos los guatemaltecos es conocido que la señora Dolores Bedoya de Molina organizó una celebración en las afueras del Palacio de los Capitanes Generales de la Nueva Guatemala de la Asunción, en lo que hoy en día es la Plaza de la Constitución.  Sin embargo, después de eso ya no se le mencione más en los libros de historia.  ¿Qué ocurrió con ella?  Y, ¿por qué fué tan importante su participación durante la Independencia?

María Dolores Bedoya nació en la recién fundada Nueva Guatemala de la Asunción el 20 de septiembre de 1783, y era hija de Pedro Bedoya y de Manuela Antonia González.   En esa época la ciudad apenas se estaba edificando y eran muy pocos los edificios y los servicios públicos disponibles por lo que eran frecuentes las epidemias.  A pesar de ello, la señorita Bedoya alcanzó la edad adulta y el 9 de febrero de 1804 se casó por poder con el doctor Pedro Molina, destacado médico guatemalteco que por ese entonces residía en Nicaragua.

Tras la boda, partió para Granada, en donde tuvo a sus primeros cuatro de los ocho hijos que tuvo en total.  Regresaron a Guatemala en 1814, y tienen sus otros cuatro hijos.  En esa época ya se había producido el golpe de estado que derrocó al rey absolutista en España y convocó a las Cortes de Cádiz para promulgar una constitución más republicana, la cual quedó truncada cuando el rey Fernando VII regresó al poder.  Fue en esta década que se empezaron a dar los movimientos independentistas en las colonias americanas y en la Capitanía General de Guatemala, fue cuando se formaron dos grandes grupos entre los criollos:  los conservadores y los liberales.

Los criollos conservadores eran los miembros de la familia Aycinena, la cual tenía lazos muy estrechos con las autoridades españolas al punto que muchos de ellos ocupaban cargos de importancia militar, económica, religiosa y política, además de que el patriarca de la familia, Juan Fermín de Aycinena e Irigoyen, había sido nombrado Marqués de Aycinena, siendo uno de los primeros y últimos poseedores de títulos nobiliarios en el Reino de Guatemala.  Entre los otros miembros estaba José Alejandro de Aycinena quien fue militar y rector de la Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo; entre sus acciones militares estuvo pacificar las regiones que luchaban por la independencia.  Y también estuvo Juan José de Aycinena, quien también fue rector de la Universidad, pero fue además eclesiástico llegando a ser obispo in partibus de Trajanópolis.

Por su parte, los criollos liberales eran el resto de descendientes de conquistadores, quienes no tenían los mismos privilegios que los de la familia Aycinena y consideraban que habían sido relegados a un segundo plano.  Era en este grupo en donde el doctor Pedro Molina fue uno de los principales líderes, al punto que cuando se hicieron del poder en 1829, fue nombrado rector de la Academia de Ciencias y Estudios, que fue fundada en lugar de la Universidad de San Carlos, ya que los liberales ya no querían enseñar educación religiosa.

Conociendo entonces como estaba la situación de los criollos centroamericanos en 1821, se entiende major el papel que tuvo la señora Bedoya de Molina, y el por qué dicho papel ha sido documentado por los historiadores guatemaltecos:  ella era esposa del principal líder del partido liberal y la historia fue relatada por Alejandro Marure, Lorenzo Montúfar, Ramón Rosa y Ramón Salazar, todos ellos liberales.  (El lector podrá decir que autores conservadores como José Milla, Agustín Gómez Carrillo y Antonio Bátres Jauregui también fueron historiadores de renombre, pero todos ellos escribieron sus obras por encargo de las autoridades liberales de su época y sufrieron la censura correspondiente).  Le solicitaron que enardeciera los ánimos de los presents en la Plaza mayor aquel 15 de septiembre de 1821, para que los que estaban en la reunión dentro del Palacio de los Capitanes sintieran presión popular, y lo logró a la perfección.

En el Acta de Independencia se describe el rol de la señora Bedoya de Molina, ya que dice textualmente así: “reunidos en uno de los salones de este palacio la misma diputación provincial, el ilustrísimo señor arzobispo, los señores individuos que diputasen la excelentísima audiencia territorial, y el venerable señor dean y cabildo eclesiástico, el consulado y el muy ilustre colegio de abogados, los prelados regulares, jefes y funcionarios públicos: congregados todos en el mismo salón, leídos los oficios expresados, discutido y meditado detenidamente el asunto, y oído el clamor de Viva la Independencia que repetía de continuo el pueblo que se veía reunido en las calles, plaza, patio, corredores y antesala de este palacio, se acordó…”

Es decir, sabiendo que las autoridades españolas y los criollos conservadores no eran partidarios de la Independencia, enardeció los ánimos de los presents para que las autoridades se decidieran de una buena vez.

Irónicamente, a pesar de estar casada con uno de los mejores y escasos medicos de su época, su salud no era muy buena y durante sus últimos diez años padeció de una grave enfermedad, muriendo en la ciudad de Guatemala el 9 de julio de 1853 a los 70 años de edad.

BIBLIOGRAFIA:

 

 

 

 

 

15 de septiembre de 1821: Centroamérica proclama su independencia del Imperio Español

Los ciollos guatemaltecos celebrando la firma del acta de Independencia en la Plaza de Armas.  Cuadro pintado por Rafael Beltranena con motivo del centenerio de la Independencia. El cuadro se conserva en el Museo Nacional de Historia.

Reproducimos a continuación el Acta de Independencia, con varias notas y observaciones para aclarar ciertos puntos históricos relevantes.

DE LA INDEPENDENCIA DEL ANTIGUO REINO DE GUATEMALA, PROCLAMADA EL 15 DE SEPTIEMBRE DE 1821, SEPARÁNDOSE DEL DOMINIO DE LA ESPAÑA.

Palacio nacional de Guatemala, 15 de septiembre de 1821.

Siendo públicos e indudables los deseos de independencia del gobierno español que por escrito y de palabra ha manifestado el pueblo de esta capital: recibidos por el último correo diversos oficios de los ayuntamientos constitucionales, de Ciudad Real, Comitan y Tuxtla, en que comunican haber proclamado y jurado dicha independencia, y excitan á que se haga lo mismo en esta ciudad: siendo positivo que han circulado iguales oficios á otros ayuntamientos: determinado de acuerdo con la excelentísima diputación provincial, que para tratar de asunto tan grave se reuniese en uno de los salones de este palacio la misma diputación provincial, el ilustrísimo señor arzobispo, los señores individuos que diputasen la excelentísima audiencia territorial, y el venerable señor dean y cabildo eclesiástico, el excelentísimo ayuntamíento, el muy ilustre claustro, el consulado y el muy ilustre colegio de abogados, los prelados regulares, jefes y funcionarios públicos: congregados todos en el mismo salón: leídos los oficios expresados; discutidoy meditado detenidamente el asunto, y oído el clamor de “Viva la Independencia” que repetía de coro el pueblo que se veía reunido en las calles, plaza, patio, corredores y antesala de este palacio, se acordó por esta diputación e individuos del excelentísimo ayuntamiento:

El párrafo anterior indica varios puntos importantes:

    1. que los gobiernos criollos (es decir, los ayuntamientos) de Chiapas ya se habían declarado independientes por su proximidad a México.
    2. Las autoridades representadas en el acto fueron:
      • ayuntamiento: criollos guatemaltecos
      • diputados de la audiencia territorial: oficiales del gobierno español, encabezados por Gabino Gaínza
      • prelados regulares: jefes de las órdenes de frailes más importantes y económicamente poderosas.
      • arzobispo, dean y colegio eclesiástico: líderes del clero secular
      • claustro y colegio de abogados: la Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo
    3. No había representación ni de mestizos ni de indígenas

1.° —Que siendo la Independencia del gobierno español la voluntad general del pueblo de Guatemala, y sin perjuicio de lo que determine sobre ella el congreso que debe formarse, el señor jefe político la mande publicar para prevenir las consecuencias que serían temibles en el caso de que la proclamase de echo el mismo pueblo.

Las “temibles consecuencias” a que se hace referencia en este párrafo se refiere a que había que evitar que los mestizos e indígenas se alzaran en armas rebelándose en contra de las autoridades constituidas, como ya había ocurrido en México.

2.° —Que desde luego se circulen oficios a las provincias, por correos extraordinarios, para que sin demora alguna, se sirvan proceder á elegir diputados ó representantes suyos, y estos concurran á esta capital á formar el congreso que debe decidir el punto de independencia general y absoluta, y fijar, en caso de acordarla, la forma de gobierno y
ley fundamental que deba regir.

Estos correos eran enviados a los representantes criollos de las provincias centroamericanas:

  • Chiapa: hoy el estado Mexicano de Chiapas
  • Sonsonate: hoy El Salvador
  • Comayagua: hoy Honduras
  • León: hoy Nicaragua y Costa Rica
  • Quetzaltenango: hoy la parte occidental de Guatemala
  • Sololá y Chimaltenango: hoy la parte sur de Guatemala

3.° — Que para facilitar el nombramiento de diputados, se sirvan hacerlo las mismas juntas electorales de provincia que hicieron ó debieron hacer las elecciones de los últimos diputados á cortes.

Se refieren aquí a los diputados que fueron electos para representar a las provincias ante las Cortes de Cádiz, la cual se reunió en esa ciudad Española entre 1811 y 1812 para redactar una nueva constitución para España durante las guerras napoleónicas, pero la cual quedó truncada con el golpe de estado que regresó al poder al rey absolutista Fernando VII.

El monarca español derogó la Constitución de Cádiz e hizo prisioneros a los diputados, primero en Cádiz y luego en sus respectivas colonias.

4.°— Que el numero de estos diputados sea en proporción de uno por cada quince mil individuos; sin excluir de la ciudadanía á los originarios de Africa.

5.°— Que las mismas juntas electorales de provincia, teniendo preséntes los  últimos censcos se sirvan determinar, según esta base, el niímero de diputados o representantes que deban elegir.

6.°— Que en atención a la gravedad y urgencia del asunto, se sirvan hacer las elecciones de modo que el día primero de marzo del año próximo estén reunidos en esta eapital todos los diputados.

7.°— Que entretanto, no haciéndose novedad en las autoridades establecidas que están ejerciendo sus atribucines respectivas con arreglo á la constitucion, decretos y leyes, hasta que el congreso indicado determine lo que sea mas justo y benéfico.

Se deja a las autoridades españolas y criollas sin alteración, aunque en el caso de los peninsulares, como autoridades transitorias.  Es de hecho, una traición al gobierno español por parte de estas autoridades que habían sido designadas por el rey.

8.° — Que el señor Jefe Político, brigadier don Gavino Gainza, continúe con el gobierno superior político y militar que este tenga el carácter que parece propio de las circunstancias, se forme una junta provisional consultiva, compuesta de los señores individuos de esta diputacicm provincial y de los señores don Miguel Lárreynaga, ministro de esta audiencia; don José del Valle, auditor de Guerra; marqués de Aycinena; doctor don José Valdez, tesorero de esta santa iglesia; doctor don Ángel Maria Candina; y licenciado don Antonio Robles, alcalde tercero constitucional: el primero por la provincia de León, el segundo por la de Comayagua, el tercero por Quezaltenango. el cuarto por Solóla y Chimaltenango, el quinto por Sonsonate, y el sexto por Ciudad Real de Chiapa.

Se deja a Gaínza como presidente provisorio, en una forma muy similar a como se produjeron los golpes de estado de los siglos XIX y XX, en los que un militar de confianza le arrebataba el poder al gobernante de turno.  Entre los personajes que se mencionan está el marués de Aycinena, el ciudadano criollo de más alcurnia, con fuertes nexos con el gobiernos español y quien dirigía al resto de las autoridades congregadas, tanto civiles como eclesiásticas; los representantes de las provincias no verían esto con buenos ojos, ya que consideraban que Aycinena y los criollos que vivían en Guatemala no les daban un trato comercial justo durante la colonia.  Este sería el principio de los grandes conflictos que hubo entre los criollos centroamericanos durante el siglo XIX.

9.° — Que esta junta provisional consulte al señor jefe político en todos los asuntos económicos y gubernativos dignos de su atención.

10.° — Que la religión católica, que hemos profesado eo los siglos anteriores y profesaremos en los siglos sucesivos, se conserve pura é inalterable, manteniendo vivo el espíritu de religiosidad que ha distinguido siempre a Guatemala, respetando a los ministros eclesiásticos seculares y regulares, y protegiéndoles en sus personas y propiedades.

Este sería un punto de contención casi desde el principio:  las propiedades de las poderosas órdenes regulares monásticas, y el diezmo obligatorio que cobraba el clero secular a cargo del arzobispo. Dados las fuertes alianzas políticas y hasta familiares entre el clero y la familia de Aycinena, los criollos de las provincias no aprobaron este punto y pronto formarían el partido liberal, que utilizó el anticlericalismo como bandera.  Por supuesto, no era por asuntos religiosos que persiguirían a los frailes y arzobispos, sino por su poder politico y económico.

11.° — Que se pase oficio a los dignos prelados de las comunidades religiosas para que cooperando á la paz y sosiego, que son la primera necesidad de los pueblos, cuando pasan de un gobierno a otro, dispongan que sus individuos exhorten á la fraternidad y concordia á los que estando unidos en el sentimiento general de la Independencia, deben estarlo también en todo lo demás, sofocando pasiones individuales que dividen los ánimos y que producen funestas consecuencias.

Se pide aquí tanto a los frailes como a los curas párrocos que se encarguen de mantener el sosiego de mestizos e indígenas, para que no se alcen en armas en contra del cambio de gobierno en el que no verían mayores diferencias en sus condiciones de vida; curiosamente, tras la expulsion del clero regular en 1829 de todo el territorio centroamericano los curas párrocos hicieron totalmente lo contrario: agitaron al pueblo campesino en contra de los líderes “herejes” del partido liberal.

12.° — Que el excelentísimo ayuntamiento, á quien corresponde la conservación del orden y tranquilidad, lome las medidas más activas para mantenerla imperturbable en toda esta capital y pueblos inmediatos.

Nuevamente, se solicita mantener el control de lo pobladores mestizos e indígenas para que acepten el cambio de autoridades que no representaba un cambio en sus condiciones de vida.

13.° — Que el señor jefe político publique un manifiesto haciendo notorios á la faz de todos, los sentimientos generales del pueblo, la opinión de las autoridades y corporaciones, las medidas de este gobierno, las causas y circunstancias que lo decidieron á prestar en manos del señor alcalde 1.°, á pedimento del pueblo, el juramento de independencia y fidelidad al gobierno americano que se establezca.

14.° — Que igual juramento preste la junta provisional, el excelentísimo ayuntamiento, el ilustrísimo señor arzobispo, los tribunales, jefes políticos y militares. los prelados regulares, sus comunidades religiosas, jefes y empleados en las rentas, autoridades, corporaciones y tropas de las respectivas guarniciones.

Se solicita que las autoridades civiles y militares se pongan a las órdenes de la junta provisional recién creada para mantener el orden entre la población, y se les pide a los religiosos que mantengan la tranquilidad de la población desde el púlpito.

15.° —Que el señor jefe político, de acuerdo con el excelentísimo ayuntamiento, disponga la solemnidad y señale el dia en que el pueblo deba hacer la proclamación y juramento expresado de independencia.

16.° — Que el excelentísimo ayimtamiento acuerde la acuñación de una medalla que perpetiíe en los siglos, la memoria del dia QUINCE DE SEPTIEMBRE DE MIL OCHOCIENTOS VEINTIUNO, en que proclamó su feliz independencia.

17.° — Que imprimiéndose esta acta y el manifiesto expresado, se circule á las excelentísimas diputaciones provinciales, ayuntamientos constitucionales y demás autoridades eclesiásticas seculares, regulares y militares para que siendo acordes en los mismos sentimientos que ha manifestado este pueblo, se sirvan obrar con arreglo á todo lo expuesto.

Se distribuye una copia del acta entre las autoridades criollas, tanto civiles como eclesiásticas.  Así pues, como ya se ha indicado, se busca el control de la población desde las autoridades políticas y religiosas.  Debe recordarse que en 1821, solamente los criollos varones sabían leer y entender un documento legal como el Acta de Independencia, aun cuando había algunas excepciones entre las damas criollas y algunos mestizos e indígenas.

18.° —Que se cante el día que designe el señor jefe político, una misa solemne de gracias con asistencia de la junta provisional, de todas las autoridades, corporaciones y jefes, haciéndose salvas de artillería y tres dias de iluminación.

Palacio nacional de Guatemala, setiembre 15 de 1821.

  • Gabino Gainza: Capitán General y presidente de la audiencia que traicionó  al gobierno español y se ocupó de la presidencia provisional
  • Mariano de Beltranena
  • José María Calderón
  • José Matías Delgado: representante del clero secular quien sería el primer Obispo de El Salvador
  • Manuel Antonio Molina 
  • Mariano de Larrave
  • Antonio de Rivera
  • José Antonio de Larrave
  • Isidoro de Valle y Castridones
  • Mariano de Aycinena: marqués de Aycinena; sería jefe de estado de Guatemala y en 1829 fue derrocado y expulsado de Centroamérica junto a la todos los miembros de su familia y partido
  • Pedro de Arroyave
  • Lorenzo de Romana, secretario.
  • Domingo Dieguez, secretario.

BIBLIOGRAFIA:

2 de septiembre de 1812: las Cortes de Cádiz eliminan el Reino de Guatemala y en su lugar establecen la Provincia de Guatemala y la Provincia de Nicaragua y Costa Rica; ambas dependientes de la Real Audiencia de Guatemala

Cortes de Cádiz en 1812.  Cuadro de Salvador Vinegra.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Entre 1808 y 1814 dentro del contexto de las Guerras Napoleónicas, las potencias aliadas de España, Reino Unido y Portugal lucharon contra el Primer Imperio francés de Napoleón, quien pretendía instalar en el trono español a su hermano, José Bonaparte. Esta fue llamada “Guerra de Indendencia de España”.  Ante el vacío de poder que se originó los poblados españoles se organizaron en juntas locales con representates militares, eclesiásticos y civiles, las cuales al agruparse resultaron en la formación de las Cortes de Cádiz en 1811.

Las Cortes aprobaron la nueva Constitución el 19 de marzo de 1812; ésta constaba de 384 artículos organizados en diez títulos todo basado en el principio de que la soberanía reside en la Nación, compuesta por ciudadanos libres e iguales.  La Constitución no contenía una declaración explícita de derechos, pero los principios de derechos y libertades figuran en varios artículos, los cuales aunque son communes en el siglo XXI, eran imposibles antes de la Constitución Cádiz. Entre ellos, quizá el más destacado fue el de la libertad de prensa y la eliminación de la censura del gobierno y de la Iglesia Católica.

Otras innovaciones radicales incluyeron:

  • la división de poderes: el ejecutivo recaía en manos del Rey y sus Secretarios de Despacho, o Ministros, el legislativo lo ejercían las Cortes unicamerales y el judicial era potestad de los tribunales de justicia independientes, comunes a toda la Nación
  • principio de soberanía nacional, la legitimidad del Monarca no provenía del origen divino, sino de la Nación reunida en las Cortes y de las leyes que estas promovieran.
  • el Rey sólo conservaba aquellas funciones que las Cortes no podían ejercer por sí mismas. Era la cabeza oficial del poder ejecutivo, pero el principio de responsabilidad ministerial sentaba las bases para que delegara la toma de decisiones: la responsabilidad de los actos regios recaía sobre el Gobierno, pues los ministros debían refrendar con su firma toda decisión del Monarca.
  • el establecimiento de escuelas primarias en todos los municipios, así como un Plan General de Enseñanza
  • la igualdad de los ciudadanos ante el impuesto
  • la plena igualdad entre los ciudadanos de la Península y los ciudadanos de los territorios de ultramar

En cuanto a la religión, esta se mantuvo igual, pues un tercio de los diputados eran eclesiásticos y por ello sostuvieron que la religión de la Nación española era la “católica, apostólica y romana, única verdadera”, protegida por ley, y prohibió el ejercicio de cualquier otra. Eso sí, la Iglesia perdió algunos privilegios, como la censura previa de las publicaciones, además de la abolición de la Inquisición.  Es impotante destacar que el representante de Guatemala ante las Cortes fue el canónigo del cabildo eclesiástico de Guatemala Antonio de Larrazábal y Arrivillaga.

Además de la Constitución, las Cortes de Cádiz promulgaron entre 1810 y 1813 varios decretos que desmantelaban las estructuras económicas y sociales del Antiguo Régimen. Un decreto del 6 de agosto de 1811 abolió el régimen señorial, célula básica de la organización local; medida de trascendental importancia que debía preceder a la aprobación de la Constitución. En el Antiguo Régimen, aproximadamente la mitad de la población española vivía bajo el régimen señorial. Los señores feudales tenían plena potestad para administrar justicia y nombrar autoridades en los señoríos sometidos a su jurisdicción. Así, cada señorío se regía por sus propias leyes, tenía sus propios órganos de justicia y sus propios sistemas tributarios, pues los señores percibían de sus vasallos rentas derivadas del ejercicio de su jurisdicción: tasas judiciales, monopolios locales, derechos de peaje, tasas por la caza, la pesca, el uso de pastos o de molinos… Los vasallos también debían realizar prestaciones personales, como trabajar algunos días en las tierras, molinos o fábricas del señor.

Las Cortes se caracterizaron por la poca representación que se concedió a las provincias americanas, pobladas por 13 millones de personas pero representadas por apenas 30 diputados, frente a las peninsulares, con 10 millones de personas pero 77 diputados. Esta fue una de las causas principales de la poca capacidad de las Cortes para satisfacer las demandas de los criollos.

En 1812, las Cortes de Cádiz mantienen la autoridad de la Real Audiencia de Guatemala y la denominación de la capitanía general homónima, pero suprimen la noción de Reino de Guatemala al dividir su territorio en dos provincias —la provincia de Guatemala (que incluía Chiapas, Honduras y El Salvador) instalada el 2 de septiembre de 1813 y la provincia de Nicaragua y Costa Rica—, cada una gobernada por un jefe político superior y sin subordinación entre sí, y que elegían entre ellas siete representantes a las Cortes.

En 1812, José de Bustamante y Guerra era el Presidente de la Real Audiencia de Guatemala.  Bustamente  inició su mando en 1811 con los títulos de “Gobernador del Reino de Guatemala”, “capitán General de Guatemala”, “Superintendente General Subdelegado del cobro y distribución de la Real Hacienda”, “Juez Privativo de Tierras y Papel Sellado”, “Conservador de la renta de Tabaco” y “Subdelegado de Correos y de los ramos de Minas y Azogues”; en 1812, al entrar en vigencia la Constitución de Cádiz se le cambia el título de Gobernador por el de Jefe Político Superior de la Provincia de Guatemala.

El 22 de marzo de 1814, ya cuando Napoleón había abdicado en Francia, el rey Fernando VII derogó la constitución de 1812 y reinstaló el absolutismo, por lo que José de Bustamante y Guerra volvió a ser Gobernador del Reino de Guatemala.    El representante de Guatemala, Larrazábal, fue hecho prisionero, primero en Cádiz y luego en el Convento de Belén en Guatemala.

Todas estas alteraciones en el orden politico de España y de sus colonias americanas estuvieron de la mano de las grandes revoluciones independentias en las colonias mayores, es decir, los virreinatos de Nueva España y Nueva Granada.

BIBLIOGRAFIA:

  • Aymes, Jean-René; Conard-Malerbe, Pierre (2008). La Guerra de la Independencia en España (1808-1814) (6.ª edición). Madrid: Siglo XXI. ISBN 978-84-323-1335-6.
  • Belaubre, Christophe (2015). «Larrazába, Antonio: Principales etapas de la vida de un influyente canónigo de la Iglesia Catedral de Guatemala que fue diputado a las Cortes de Cádiz en representación de Guatemala». AFEHC.
  • Diego García, Emilio de (2008). España, el infierno de Napoleón : 1808-1814 : una historia de la Guerra de la Independencia (1.ª edición). Madrid: Esfera de los Libros. ISBN 978-84-9734-691-7.
  • Diego García, Emilio de; Sánchez-Arcilla, José (2011). Diccionario de la Guerra de la Independencia 1808-1814 (1.ª edición). San Sebastián de los Reyes, Madrid: Actas Editorial. ISBN 978-84-9739-100-9.
  • Farias, Rafael (1920). Memorias de la Guerra de la Independencia escritas por soldados franceses. Madrid.
  • Fraser, Ronald (2006). La maldita Guerra de España. Historia social de la guerra de la Independencia 1808-1814. Barcelona: Crítica. ISBN 84-8432-728-0.
  • Malye, Françoise (2007). Napoleón y la locura española. Madrid: Editorial EDAF. ISBN 978-84-414-2038-0.
  • Olóriz, Hermilio de (1910). Navarra en la Guerra de la Independencia. Biografía del Guerrillero D. Francisco (Espoz y Mina). Pamplona.
  • Toreno, Conde de (1851). Historia del levantamiento, guerra y revolución de España. París.
  • Rodríguez Espinosa, M. (2011). «Cádiz, la ciudad cosmopolita y la traducción durante la Guerra de la Independencia». En Zaro, Juan Jesús. La traducción como actividad editorial en la Andalucía del siglo XIX. Sevilla: Alfar. pp. 27-56. ISBN 978-84-7898-379-7.
  • Ruiz Jiménez, Marta: “Directorio de diputados de las Cortes de Cádiz” en Trienio: Ilustración y liberalismo, ISSN 0212-4025, Nº 53, 2009, págs. 5-115.
  • —: “Elecciones de Diputados por Madrid a las Cortes de Cádiz (I): Cortes Generales y Extraordinarias (1810-1813)” en Revista de las Cortes Generales, ISSN 0213-0130, Nº 57, 2002, págs. 257-292
  • : “Los salones de Cortes entre 1810 y 1814” en Cuadernos de Ilustración y Romanticismo: Revista del Grupo de Estudios del siglo XVIII, ISSN 1132-8304, Nº 11, 2003, págs. 99-109 [1]
  • : “Organización interna de las Cortes de Cádiz” en Congreso internacional “Guerra, sociedad y política” (1808-1814) / coord. por Francisco Miranda Rubio, Vol. 1, 2008, ISBN 978-84-9769-235-9, págs. 667-690
  • : La Comisión de Guerra en las Cortes de Cádiz (1810-1813) Repertorio Documental.Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC: Doce Calles, 2008. ISBN 978-84-00-08727-2
  • : Para una reconstrucción de las Cortes de Cádiz los papeles de gobierno interior del archivo del Congreso de los Diputados.ISBN: 9788497440882. Fecha de la edición: 2009. Lugar de la edición: Madrid. Colección: Anejos de la Revista Trienio.