21 de mayo de 1844: Malespín ocupa Jutiapa

Como represalia por el apoyo que estaba dando el general Rafael Carrera a la revolución promovida por el general Manuel José Arce en El Salvador, el presidente de dicho país, general Francisco Malespín toma Jutiapa y Quesada.

Iglesia católica colonial de Jutiapa, En el recuadro: el general Francisco Malespín. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El general Francisco Malespín fue en El Salvador como los generales Rafael Carrera y J. Rufino Barrios fueron en Guatemala: hombres de espada y de circunstancias con una voluntad de hierro, superiores en el arte de mandar e imponerse y con ambiciones ascendentes.

Malespín inició su carrera político como vicepresidente de Juan José Guzmán en El Salvador, quien era enemigo declarado de los criollos liberales, pero entre ambos no había concordia y finalmente Guzmán tuvo que dejar la jefatura del estado, en favor de Malespín, quien fue popularmente electo presidente de la República en enero de 1844. Aunque rechazó la elección inicialmente, sus allegados lo convencieron de aceptar el cargo, y a los pocos días de haber tomado posesión se produjeron las maniobras revolucionarios del ex-presidente federal, general Manuel José Arce, amparadas por el general Rafael Carrera, quien no quería que un gobernante tan fuerte como él se estableciera en El Salvador.1

El presidente salvadoreño se dirigió altivamente al general guatemalteco, y como no obtuvo respuesta de éste, y Guatemala no dejó de apoyar las intenciones de Arce, Malespín levantó su ejército, depositó el mando en su vice-jefe y con facilidad invadió Jutiapa, tomando la cabecera el 21 de mayo de 1844, y ocupando además la hacienda de Quesada. Ahora bien, aunque Malespín era valiente y decidido, tuvo que retirarse a Chalchuapa, en territorio salvadoreño, aduciendo que el clima de Jutiapa era terrible, ya que se enteró por medio del mercenario francés Isidoro Saget de que los liberales Trinidad Cabañas y el yerno de éste, Gerardo Barrios, —a quienes había dado albergue tras haber huido de El Salvador con Francisco Morazán en 1840— estaban aprovechado su ausencia para complotar en su contra.2

Malespín firmó la paz de Quesada con Carrera y el 16 de junio asumió nuevamente la presidencia, obligando a Cabañas y a Barrios a huir hacia Nicaragua. De allí surgió la guerra entre El Salvador y Honduras contra Nicaragua, que disolvió el Pacto de Chinandega, y en donde Saget combatió contra Cabañas y Barrios, a pesar de que todos ellos habían compartido el exilio junto con Morazán en 1840.3


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (19630 [1924]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 321.
  2. Ibid., p. 322.
  3. Ibid., p. 323.

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28 de marzo de 1827: el decreto fatal

Tras la labor sediciosa del doctor Pedro Molina y varios criollos liberales y militares como Saget y Pierzon, el jefe de estado de Guatemala, Mariano de Aycinena los declara fuera de la ley y enemigos de la patria guatemalteca

28marzo1827
La Plaza de Armas de la Ciudad de Guatemala en la primera mitad del siglo XIX. En el recuadro: el Dr. Pedro Molina, quien fuera nombrado enemigo de la patria guatemalteca y decretado fuera de la ley por Mariano de Aycinena por medio del Decreto Fatal. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El Dr. Pedro Esteban Molina Mazariegos, líder los de criollos liberales guatemaltecos, fue prócer de la Independencia de Centroamérica en 1821, y luego Ministro Plenipotenciario de la República de Centro América ante la República de Colombia y ante la Gran Dieta del Darién en Panamá durante el gobierno del general Manuel José Arce.1 Sin embargo, luego del golpe de estado contra Juan Barrundia en Guatemala en septiembre de 1826, se produjo una crisis política en ese estado, lo que hizo que Arce convocara a unas elecciones especiales para restablecer el gobierno estatal y que concovara a un Congreso extraordinario. Esto fue sugerido por Mariano Prado, el jefe de gobierno en El Salvador, pero tuvo consecuencias desastrosas para el presidente, ya que en las elecciones que se realizaron en noviembre de 1826, resultó triunfador el líder aristócrata Mariano de Aycinena, y los criollos liberales acusaron a Arce de haberse aliado a los conservadores.2

Tras la nueva elección, Molina ya no regresó a Guatemala sino que radicó en San Salvador, desde donde se dedicó a acusar al presidente Arce de haber traicionado a los criollos liberales y de haberse unido a los aristócratas.1 Junto con Molina emigraron varios criollos liberales, quienes se encargaron de crear un ambiente hostil hacia Arce, ya que estaban buscando apoyo para regresar al poder que habían perdido tras la captura de Barrundia.2

Los criollos liberales guatemaltecos se dedicaron a hacer propaganda negativa contra Arce, diciendo que el presidente estaba controlado por los aristócratas y que estaba tratando de eliminar el obispado de El Salvador y de establer una forma unitaria de gobierno. Como resultado de esta propaganda, Prado ya no apoyó el Congreso extraordinario convocado por Arce, y el 6 de diciembre de 1826 invitó a todos los estados centroamericanos, exceptuando a Guatemala, a enviar sus delegaciones de congresistas a una sesidn especial del congreso a Ahuachapán, El Salvador.2

Arce dejó hacer a Pravo, pero a mediado de diciembre Prado envió tropas a las frontera entre Guatemala y El Salvador. Si bien el Congreso de Ahuachapán nunca se reunió, tres meses después el gobierno de El Salvador decidió tomar una acción determinante en contra de la supuesta amenaza guatemalteca. Así, a mediado de marzo de 1827, tropas salvadoreñas cruzaron la frontera de Guatemala, iniciando así la Guerra Civil Centroamericana que se extendería hasta abril de 1829.2

La actitud de Molina como líder de aquella propaganda anticonservadora le valió ser proscrito en Guatemala mediante el célebre decreto del 28 de marzo de 1827, en el que el nuevo Jefe de Estado de Guatemala, Mariano de Aycinena decretó por bando que eran enemigos de la patria y que quedaban proscritos los ciudadanos doctor Pedro Molina y su hijo Esteban, el licenciado Antonio Rivera Cabezas, Miguel Ordóñez, Antonio Corzo, Juan Rafael Lambur, Juan Bendaña y los coroneles Cleto Ordóñez, Nicolás Raoul e Isidoro Saget, estos dos últimos franceses. Igualmente, declaró indignos de la protección de la ley los diputados que hubiesen asistido a Ahuachapán, obedeciendo la convocatoria de Prado.3

Aquel decreto, lejos de ayudar a la causa de Arce y de Aycinena, hizo que los criollos liberales recrudecieran la propaganda en su contra, diciendo que en Guatemala existía una dictadura que exiliaba a sus ciudadanos y que restringía la libertad de prensa.3

Ese fue el inicio de la Guerra Civil Centroamericana.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Montúfar y Rivera Maestre, Lorenzo (1878) Reseña Histórica. I. Guatemala: Tipografía de El Progreso. p. 207.
  2. Flemion, Philip F. (Noviembre de 1973) States’ Rights and Partisan Politics: Manuel José Arce and the Struggle for Central American Union (en inglés) En: 53 (4). pp. 600–618. doi: //doi.org/10.1215/00182168-53.4.600
  3. Chamorro, Pedro Joaquín (1951). Historia de la Federación de la América Central, 1823-1840. Madrid: Ediciones Cultura Hispánica. p. 214.

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15 de febrero de 1829: derrota de Morazán en Mixco

En un intento desesperado por evitar el sitio de la ciudad de Guatemala, las fuerzas estatales logran derrotar a las fuerzas que Francisco Morazán había enviado a Mixco.

15febrero1829
El poblado de Mixco en 1895, en una fotografía de los esposos Maudslay publicada en 1899. En el recuadro: retrato del general Francisco Morazán. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En 1829, el general hondureño Francisco Morazán era prácticamente invencible. Después de sendos triunfos sobre las fuerzas federales al frente de su «Ejército Protector de la Ley«, Morazán había invadido Guatemala por el oriente del Estado luego de que los criollos liberales hubieran sido reprimidos violentamente tras intentar resistirse al gobierno de Mariano de Aycinena en la Antigua Guatemala.1 Gracias a su habilitad militar, Morazán avanzó fácilmente por el territorio guatemalteco llegando hasta Pinula, en donde un grupo de los liberales que se habían alzado contra Aycinena —liderado por el francés Isidoro Saget— se unió a sus fuerzas.2

El gobierno de Aycinena no contaba con jefes militares capaces de enfrentar a Morazán, ya que el ex-presidente Manuel José Arce se había retirado de la vida política tras ser destituido y se desconfiaba del general italiano Francisco Cáscara por ser leal a Arce.  Eventualmente, Cáscara renunció a la comandancia de armas y el general Agustín Prado, conservador rematado, tomó el mando pero con contaba con la experiencia militar ni con suficientes soldados para contener al ejército invasor. Prado optó por concentrar a sus fuerzas en la Ciudad de Guatemala y se preparó para el sitio final. Por su parte, con el control de las posiciones de Pinula y El Aceituno, Morazán envió a parte de sus soldados a la Antigua Guatemala por el camino de Amatitlán, para que restituyeran a las autoridades que habían sido destituidas tras el golpe de estado de 1826, desconociendo así al gobierno de Aycinena. Además, Morazán envió tropas a Mixco, para cercar completamente la ciudad y cortar el suministro de víveres a la misma.3

En una medida desesperada, el general Prado envió al coronel Pacheco al mando de mil hombres, para que recuperaran la plaza de Mixco. El 14 de febrero por la noche, Pacheco ordenó a sus hombres que marcharon en dos filas a ambos lados del camino, con las armas invertidas para que la luz de la luna no se reflejara en ella, y así llegaron hasta Mixco, en donde atacaron a las fuerzas de Morazán por sorpresa a las altas horas de la madrugada del 15 de febrero. Viéndose en desventaja, parte de las tropas huyó mientras que un grupo se atrincheró en el convento local, desde donde intentó ofrecer resistencia pero sin ningún efecto. Enterado de la derrota, Morazán reagrupó a sus fuerzas y se dirigió a la Antigua Guatemala, desde donde iniciaría el sitio hacia la ciudad. Por su parte, el general Prado no supo que hacer con su victoria y ordenó a las fuerzas guatemaltecas que regresaran a la ciudad a prepararse para el sitio que se avecinaba.4

Eventualmente, Morazán logró regruparse y finalmente tomó la ciudad el 14 de abril, haciendo prisioneros a los criollos aristócratas y a las autoridades federales a quienes expulsó de la región centroamericana junto con los órdenes regulares y el arzobispo Ramón Casaus y Torres.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández De León, Federico (1963) [1924] El Libro de las Efemérides; Capítulos de las Historia de América Central. V Guatemala: Tipografía Nacional. p. 266.
  2. Ibid, p. 267.
  3. Ibid, p. 268.
  4. Ibid, p. 269.
  5. Woodward, Ralph Lee, Jr. (2002). «Rafael Carrera y la creación de la República de Guatemala, 1821–1871». Serie monográfica (CIRMA y Plumsock Mesoamerican Studies) (12). ISBN 0-910443-19-X.

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16 de enero de 1851: Vasconcelos envía declaración de guerra a Guatemala

El presidente de El Salvador, Doroteo Vasconcelos, nombrado general en Jefe del ejército liberal invasor, envía la declaración de guerra a Guatemala.

16abril1851
La ciudad de Santa Ana en El Salvador, próxima a la frontera con Guatemala. Desde aquí envió el presidente salvadoreño Doroteo Vasconcelos el oficio declarando la guerra a Guatemala. En el recuadro: retrato de Vasconcelos que aparece en una estampilla postal de El Salvador. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Tras la conferencia con Juan Lindo en Ocotopeque el 4 de enero de 1851 en la que sellaron su alianza contra el gobierno conservador de Mariano Paredes en Guatemala, se reunieron allí los militares liberales que tenían resentimiento en contra el Comandante de las Fuerzas de Guatemala, el general Rafael Carrera, entre ellos el francés Isidoro Saget, y los generales Santos Guardiola y Francisco Ferrera.1

Mientras tanto en Metapán, en el lado salvadoreño de la frontera con Guatemala, se reunieron los generales Trinidad Cabañas y Gerado Barrios, quienes habían participado en la fallida invasión de Francisco Morazán contra Guatemala en marzo de 1840. Estos militares estaban ansiosos por entrar como vencedores a la Ciudad de Guatemala tras la derrota que sufrieron frente a las tropas de Carrera en ese oportunidad.1

La prensa salvadoreña estimulaba los ánimos contra el gobierno guatemalteco, y las proclamas de los gobernantes de El Salvador y Honduras enardecieron los patriotismos aún más. Ambos países estaban seguros de que iban a ganar la batalla que se aproximaba, pues contaban con diez jefes militares, entre mariscales y generales, que tomaron el mando de las diferentes divisiones, mientras que el presidente salvadoreño, Doroteo Vasconcelos, quedaba al frente del mando supremo.1

Así pues, ya con todos estos preparativos listos, Vasconcelos envió el siguiente oficio a la Cancillería Guatemalteca, el cual partió el 16 de enero:

«Ejército unido de Honduras y El Salvador. Del General en Jefe. Santa Ana, enero 15 de 1851.

Señor Ministro de Relaciones del Supremo Gobierno de Guatemala.

He llegado a esta ciudad a hacerme cargo del mando en jefe del ejército conforme a la Constitución de El Salvador, y vengo plenamente autorizada para entenderme con su gobierno en todo lo que conduzca al objeto que ha puesto en armas a los de estos Estados.

En tal concepto, y para manifestar a esa administración los motivos de esta conducta, y de proponer los medios de evitar la confusión de sangre, dirigiré a usted un oficio en que se expliquen con claridad. Irá conduciéndolo un oficial, para el cual espero se digne usted expedir un salvo conducto, si es que su gobierno está anuente a recibir la citada explicación. Y en tal caso, la contestación y el pasaporte podrá venir por extraordinario violento, dirigido a la Administración de correos de esta ciudad en donde será pagado. Tengo el honor de suscribirme de Ud.,

        • Doroteo Vasconcelos2

Pero el correo que portaba el oficio de Vasconcelos llegó a la Ciudad de Guatemala hasta el 21 de enero, y para entonces ya las tropas del Ejército Unido de El Salvador y Honduras se había movilizado a la frontera con Guatemala, a la que invadieron al día siguiente, entrando por Chingo en la frontera en Jutiapa y El Salvador.3

El general presidente Paredes encomendó entonces la tarea de defender a Guatemala al Comandante de las Fuerzas Armadas, quien salió de inmediato con sus tropas a detener a los invasores. Se preparaba entonces el escenario para la Batalla de la Arada, que ocurrió el 2 de febrero.3


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico. (1963) [1926] El libro de las Efemérides. Capítulos de la Historia de la América Central. V. Guatemala: Tipografía Nacional. p.85
  2. Ibid., p. 86.
  3. Ibid., p. 87.

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17 de marzo de 1840: fuerzas de Morazán llegan a la Ciudad de Guatemala

Francisco Morazán, ex-presidente de la República Federal de Centro América y Jefe de Estado de El Salvador, invade a Guatemala por segunda vez

17marzo1840.jpg
Ciudad de Guatemala vista desde el sur, aproximadamente en 1870 en un cuadro de Augusto De Succa.  Por este camino ingresaron las tropas de Morazán el 18 de marzo de 1840. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Tras partir hacia Guatemala al mando de mil ochocientos soldados salvadoreños el 13 de marzo de 1840, el jefe de Estado de El Salvador, general Francisco Morazán, ingresó al territorio del Estado de Guatemala y llegó a la capital el 17 de marzo,  aplicando luego de aplicar la estrategia de tierra arrasada por todos los pueblos por donde había pasado, tal y como se acostumbraba en esa época.1  De hecho, cuando la invasión ocurrió al revés en 1828, y las fuerzas guatemaltecas al mando del brigadier Arzú llegaron hasta San Salvador, habían hecho los mismo.  En esa oportunidad dijo Arzú:

“Se pinta al ejército federal incendiando los pueblos, violando la honestidad de las vírgenes y la santidad de los altares, talando los campos y reduciéndolo todo a polvo.  Esta es, en efecto, la imagen de la guerra; y estos son los males que los gobernantes sin patriotismo atraen sobre su país… Para tomar una ciudad es la más de las veces indispensable destruirla: todos los elementos de la guerra son de destrucción.”2

El gobierno de Guatemala tenía distruidos en toda la línea hasta la frontera con El Salvador un cordón de vigilantes que transmitían los mensajes corriendo por montes y cañadas.  Así, cuando se supo que Morazán y sus fuerzas habían llegado al Corral de Piedra el 16 de marzo, el terror se apoderó de los habitantes de la ciudad.3 Teniendo todavía presente los recuerdos de 1829, los ciudadanos gritaban: «¡Vuelven los pirujos, los herejes, los malditos de Dios, vienen a atentar conra nuestra sagrada religión, a arrasar nuestros conventos, a saquear nuestras iglesias, a violar a nuestras vírgenes, a asesinar a nuestros hombres!3

Y mientras las campanas doblaban, algunos vecinos improvisaron su propia defensa, y los aristócratas enterraban sus monedas en los patios de sus casas, el Jefe de Estado de Guatemala, Mariano Rivera Paz, encomendó al general Rafael Carrera que organizara la defensa de la ciudad, sabiendo que a Morazán lo acompañaban soldados experimentados y militares de la talla de los generales mercenarios franceses Isidoro Saget y Nicolás Raoul, ambos ex-soldados de las fuerzas de Napoleón en Europa.4 

He aquí el decreto de Rivera Paz:

Habiendo invadido alevosamente el Estado por las fuerzas del general Morazán, para proveer a su defensa, decreta:

Todo hombre desde la edad de 14 años a 50, se presentará en el término de seis horas a tomar las armas en la casa municipal.[…] Todo el que, pasado el término señalado en este decreto, no se presentare, será considerado como sospechoso y aprehendido como tal. 

Se declara la ciudad en estado de sitio.

El Comandante general queda encargado de la ejecución de este decreto.

Guatemala, 16 de marzo de 1840.

        • Mariano Rivera Paz5

Carrera le había dado licencia a sus tropas tras la campaña de Los Altos en enero, pero tuvo que enviar a varios agentes para reunir a los más cercanos, para que dejaran el azadón por un lado y se aprestaran a tomar las armas.6  Y mientras él se encarga de reunir a sus hombres, Rivera Paz lanzó la siguiente proclama:

Guatemaltecos, en la ceguedad y en el delirio de la desesperación, el enemigo antiguo de Guatemala, ha tenido la temeridad de invadir el Estado, y se dirige a la capital.  Ya sabéis, valientes guatemaltecos, todo lo que nos interesa defender: la santa religión, un gobierno de equidad y justicia, cual deseaban los pueblos y heroicamente acaban de establecer.  ¡A las armas, guatemaltecos! El esforzado general Carrera dirige las operaciones. Yo confío en su pericia y en el valor que os es común. El triunfo será cierto con el favor de Dios que visiblemente nos protege.

Guatemala, marzo 16 de 1840.

        • Mariano Rivera Paz6

Las tropas de Morazán llegaron con su fuerza arrolladora hasta las afueras de la ciudad, sintiendo que ya habían triunfado.  El historiador Federico Hernández de León dice al respecto: «Los jefes y oficiales que acompañaban a Morazán eran bravos y aguerridos.  La victoria se entreveía y el 17 de marzo, pudieron los invasores contemplar la capital desde las alturas de Pinula y saborearse con una posesión segura.»2

Pero las fuerzas de Morazán no esperaban que, al contrario de lo que se acostumbraba en esa época — y de lo que hicieran los aristócratas que comandaban las fuerzas guatemaltecas en 1829—, Carrera decidiera abandonar la ciudad y retirarse al Aceituno, dejándole la plaza en bandeja de plata a los invasores.  Alguien le recriminó diciéndole: «¿Pero Su Excelencia nos abandona en un trance tan cruel?», a lo que Carrera replicó terminantemente: «No tema nadie nada. Tengo un plan que no falla; ya volveré.  Yo sé cuales son mis deberes.»3,4

Antes de retirarse de la ciudad, Carrera exigió que le entregaran todos los caballos, fusiles y municiones que hubiera disponibles, y cuando los obtuvo organizó a sus hombres.  Dejó a Vicente Cruz a cargo de la defensa de la ciudad, ya que allí había suficientes municiones y una regular cantidad de soldados.  Carrera, con quinientos hombres se retió al Aceituno —en donde muchos años más tarde se establecería la zona militar «Mariscal Zavala«— y esperó.  Su plan era simple:  no dejarse sitiar y contar con fuerzas frescas para poder pelear sobre los sitiadores, o defenderse y escapar a la montaña donde era prácticamente invencible si era repelido.5

Las fuerzas de Vicente Cruz, que no llegaban a ochocientos hombres, pusieron vigías en los campanarios de la Catedral, de Santo Domingo, de La Merced y de San Francisco esperando la llegada de Morazán y sus tropas.  El 17 de marzo se supo que éstos estaban en Fraijanes y a las cuatro de la tarde ya estaban en la cuesta de Pinula.3

El ejército invasor entró a la ciudad el 18 de marzo por el Guarda de Buena Vista —conocido también como Santa Cecilia—, que era el único acceso en ese entonces, y se apoderó del Hospital San Juan de Dios, en donde instaló una cocina con las cien vivanderas salvadoreñas que traía, y dispuso su cuartel con municiones y tropa.  Mientras tanto los salvadoreños Rivas y Malespín tomaron la ciudad, junto con los hermanos guatemaltecos Rivera Cabezas, que tomaron la parte occidental de la ciudad y llegaron a tomar el Palacio Colonial, desde donde atacaron a las fuerzas de Vicente Cruz, las cuales se replegaron al atrio de la Catedral, donde resistieron como pudieron las tres horas que duró el combate.7

Aquell certero ataque dió sus frutos y Morazán se vió dueño de la plaza ese mismo día. En el Palacio encontró suficientes municiones, pólvora y varios novillos gordos con los que podría alimentar a su tropa. Rivera Paz y las tropas de Cruz, por su parte, tuvieron que salir huyendo hacia el Aceituno, en donde se pusieron a la orden de Carrera.7

Algunos criollos liberales, entre ellos Dolores Bedoya de Molina, enviaron correos expresos a Quetzaltenango comunicando a los criollos altenses que Carrera había sido derrotado, y que los criollos «serviles» habían caído.  Al saber la noticia, los quetzaltecos hicieron repicar las campanas y la Municipalidad se reunió de inmediato para anunciar públicamente la noticia y para atacar al destacamento del Corregidor guatemalteco, que fue fácilmente vencido.   Luego, declararon nuevamente la independencia del Estado de Los Altos.8

Así pues, todo estaba listo para que el destino de Guatemala, El Salvador y Los Altos se decidiera en la batalla definitiva el 19 de marzo de 1840.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides; Capítulos de la Historia de la América Central. V. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 412.
  2. — (13 de marzo de 1926)  El Capítulo de las Efemérides. 13 de marzo de 1840: Sale Morazán de El Salvador sobre Guatemala. Guatemla: Nuestro Diario.
  3. Hernández de León, El libro de las Efemérides, p. 439-442.
  4. Coronado Aguilar, Manuel (1965) El general Rafael Carrera ante la Historia. En: Publicaciones del Servicio de Relaciones Públicas, Cultura y Acción Cívica del Ejército.  I. Guatemala: Editorial del Ejército. p. 20.
  5. Marroquín Rojas, Clemente (1965). Francisco Morazán y Rafael Carrera. Guatemala: Imprenta Marroquín, Hnos. p. 195.
  6. Ibid., p. 196.
  7. Ibid., p. 200.

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2 de febrero de 1851: la Batalla de la Arada

El general Rafael Carrera aplasta a los liberales centroamericanos en la Batalla de la Arada, iniciando por fin el desarrollo de Guatemala

2abril1885
Monumento al general Rafael Carrera en San José La Arada. En el recuadro: retrato del general Rafael Carrera, representado como fundador de la República de Guatemala. Imágenes tomadas de Google Earth y Wikimedia Commons.

Los primeros treinta años de vida independiente de Guatemala estuvieron marcados por la Guerra Civil Centroamericana,1 la invasion del general liberal Francisco Morazán en 1829,2 la expulsión de los aristócratas guatemaltecos,3 la revolución católico-campesina contra Mariano Gálvez en 1838,4 el intento de formación del Estado de Los Altos5 y la segunda invasion de Morazán en 1840, en donde fue derrotado definitivamente por Carrera.6

Tras la derrota de Morazán, Carrera se convirtió en el hombre fuerte de Guatemala, pero eso no impidió que hubiera constantes revueltas, invasiones desde El Salvador y Honduras, y que el Soconusco se anexara a México por sentir que estaba abandonado por las autoridades guatemaltecas.7 Eventualmente Carrera llegó a la Presidencia del Estado en diciembre de 18448 y fundó la República de Guatemala el 21 d emarzo de 1847,9 pero la situación siguió deteriorándose y llegó a un punto crítico en 1848, cuando los criollos (tanto liberales como conservadores) le pidieron a Carrera que renunciara al poder para hacerse ellos cargo de la situación.10

Carrera se fue a México tranquilamente, pues conocía perfectamente la ineptitud política de los criollos y sabía que y la situación se iba a poner todavía peor. Y tenía razón. El Estado de Los Altos intentó resurgir una vez más,11 y las rebeliones se recrudecieron. Por si eso no fuera poco, los efectos de la guerra civil en Yucatán en donde los indígenas se alzaron y empezaron a cometer masacres en contra de los criollos y europeos,12 aterrorizó a los criollos aristócratas guatemaltecos, que obligados por las circunstancias, tuvieron que pedirle a Carrera que regresa al poder, sabiendo de sus fuertes alianzas con los campesinos indígenas del país. Los criollos liberales, por su parte, huyeron hacia El Salvador y Honduras, en donde se organizaron con los gobiernos liberales de esos países, en especial el del salvadoreño Doroteo Vasconcelos, para acabar de una vez por todas con el régimen católico-aristócrata-campesino que Carrera impuso en Guatemala.13

Finalmente, el 28 de enero de 1851 llegó el día en que los criollos liberales lograron formar una fuerza formidable para derrotar al gobierno de Carrera. Ese día, el presidente salvadoreño Doroteo Vasconcelos, que había acogido a los refugiados liberales desde que Carrera recuperara el poder en 1849, llegó a la frontera con Guatemala al frente de un ejército liberal aliado de El Salvador y Honduras, junto con varios exiliados guatemaltecos, y dirigió al Ministerio de Relaciones Exteriores de Guatemala un extenso comunicado, en cual se exigía lo siguiente:14

    1. Que el presidente guatemalteco Mariano Paredes abandonara el mando, para que fuera ocupado por un hombre de confianza de los liberales.
    2. Que comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Guatemala, general Rafael Carrera, fuera exiliado del país, debiendo ser conducido hacia alguno de los puertos del sur por un regimiento salvadoreño.
    3. Que una vez estuvieran en poder del mando de Guatemala los liberales, se convocara a una Asamblea Constituyente.
    4. Que el ejército salvadoreño ocupara los territorios de Guatemala que considerara conveniente y por un tiempo indefinido.14

Ante aquella absurda solicitud, el gobierno de Paredes respondió lacónicamente así:

«No tiene usted autoridad por las leyes de San Salvador para hacer declaratorias de guerra y no pudiendo mandar tropas sin permiso de las cámaras. Al presentarse armado, declarando la guerra a Guatemala, este gobierno, considera a usted y a los que lo acompañan como facciosos ejecutando una atentado en contra de la soberanía y libertad de la República de Guatemala. No nos corresponde, pues, otra cosa que dar conocimiento del anuncio que usted hace de que se introducirá con tropas en este territorio; al general en jefe del ejército de Guatemala que guarnece las fronteras, para que obre al honor y seguridad de la República. Dios guarde a usted muchos años.»14

El ejército aliado que comandaba Vasconcelos era el más poderoso visto hasta aquel tiempo en la región; cuatro mil quinientos efectivos militares. Y los militares que estaban al mando eran:15

    • General Isidoro Saget, militar francés muy experimentado en otras guerras contra Guatemala bajo el mando de Francisco Morazán. Se le nombró Jefe del Estado Mayor del Ejército, pero debido a su avanzada edad tuvo muchas dificultades para dirigir a los generales que comandaban las diferentes divisiones.
    • General José Santos Guardiola, comandante de la 1.ª División
    • General Ramón Belloso, comandante de la 2.ª División
    • General Indalecio Cordero, comandante de la 3. ª División
    • General Domingo Asturias, comandante de la 4. ª División.
    • General José Trinidad Cabañas, a cargo de la división hondureña
    • General Gerardo Barrios, Jefe de la división San Miguel.
    • Además mandaban otros cuerpos de tropa, los generales salvadoreños Ciriaco Bran y Carrascosa, además de dos generales guatemaltecos renegados: José Dolores Nufio y Doroteo Monterroso.

De lado de Guatemala llegaron a reunirse dos mil hombres comandados por el teniente general Rafael Carrera, comandante en jefe de las fuerzas armadas de Guatemala; y a diferencia del ejército aliado, en que la oficialidad estaba compuesta por generales que no habían combatido juntos nunca, los oficiales de Carrera eran coroneles que habían luchado con él en numerosas campañas desde 1838. Ellos eran:

    • Coronel Manuel María Bolaños
    • Coronel Vicente Cerna y Cerna, corregidor de Chiquimula
    • Coronel Ignacio García Granados, comandante de la 1.ª división
    • Coronel Joaquín Solares, comandante de la 2. ª división
    • Teniente Coronel Leandro Navas, a cargo de la retaguardia
    • Coronel Mariano Álvarez, oficial de artillería

El 29 de enero, la vanguardia del ejército aliado, compuesta por quinientos hombres, ingresó a Guatemala por tres lugares diferentes: Piñuelas, Agua Blanca y Jutiapa, mientras que el grueso del ejército marchó desde Metapán. Carrera por su parte, tras observar la forma en que ingresó el enemigo se dió cuenta de que era poderoso pero que no tenía un estratega como Morazán; entonces fingió una retirada, haciendo que el enemigo lo siguiera hasta el sitio que él deseaba. De esta forma, escogió su propio terreno para la lucha, en La Arada, en donde la topografía ayudaba a sus fuerzas. De esta forma, el 1 de febrero de 1851, ambos ejércitos se encontraron en las riberas del río San José.​16

Carrera fortifico las estibraciones del cerro de La Arada, aprovechando sus colinas suaves, de aproximadamente cincuenta metros de altura sobre el nivel del río; y también tomó debida nota de que entre dicho cerro y el río había aproximadamente trescientos metros de vegas, mientras alrededor había siembras de caña de azúcar. Luego, dividió sus fuerzas en tres secciones: la izquierda, dirigida por Cerna y Solares; la derecha comandada por Bolaños, y él mandaba personalmente desde el centro, donde colocó la artillería. Finalmente, dejó a quinientos hombres en Chiquimula en defensa de la plaza y previniendo cubrir una posible retirada. De esta forma, solamente utilizó mil quinientos hombres guatemaltecos contra un enemigo de cuatro mil quinientos efectivos, sabiendo que la topografía de La Arada le favorecía.15,16

El 2 de febrero se inició el combate a las 8:30 de la mañana, cuando los aliados tomaron la iniciativa atacando por tres puntos diferentes y abriéndose un fuego muy vivo por ambas partes. La primera carga de los aliados fue repelida por los defensores de la colina; al segundo ataque los aliados lograron tomar la primera línea de trincheras, de donde nuevamente fueron arrojados. A la tercera carga, la fuerza hondura-salvadoreña avanzó más, hasta llegar a confundirse con los soldados guatemaltecos, que peleaban ahora cuerpo a cuerpo y a punta de bayoneta, mientras que la artillería guatemalteca castigaba duramente el grueso de los atacantes.15,16

En el punto más álgido de la batalla, cuando el resultado parecía incierto, Carrera ordenó que se incendiasen los cañaverales que flanqueaba la vega del río donde operaba el ejército invasor. De esta forma rodeó al enemigo ya que ahora tenía frente a sí el fuego vivo del ejército guatemalteco, por los flancos un incendio y hacia atrás el río, que dificultaba la retirada. Al ver esto la división central aliada cundió en pánico y comenzó una retirada desorganizada.15

El general Saget ordenó tocar retirada para el cuerpo de Cabañas, la división hondureña que peleaba junto a la salvadoreña en el centro, pero todo el ejército emprendió la huida. Aproximadamente a las cinco de la tarde, se inició un retroceso de las líneas aliadas, que era más bien una fuga, que una retirada estratégica. Entre el humo y las cenizas quedó el campo poblado de cadáveres, mientras que los quinientos hombres que habían estado en la retaguardia, se lanzaron en persecución de lo que quedaba del ejército aliado, el cual buscaba desesperadamente las fronteras de sus países. El presidente Vasconcelos, por su parte, salió huyendo hacia El Salvador, mientras se vio cruzar en la frontera hondureña a dos generales que montaban el mismo caballo.15,16

Carrera, a diferencia de muchos de los llamados generales que han gobernado el país, sí combatió junto con sus tropas en el frente. Cuando terminó el combate advirtieron que no aparecía, y lo buscaron entre los muertos hasta que finalmente lo encontraron «tendido a la sombra de un árbol, boca arriba, con los brazos en cruz y respirando lentamente; en su mano derecha sostenía su sable tinto en sangre, el cual no podía soltar pues tenía la mano hinchada por la pelea14

El recuento final de las pérdidas de los aliados arrojó quinientos veintiocho muertos, doscientos prisioneros, mil fusiles abandonado en el campo de batalla, trece mil cartuchos útiles abandonados, multitud de bestias y equipajes, once cajas de guerra y siete piezas de artillería. Y Carrera quería más. Hizo reagrupar al ejército y cruzó la frontera en El Salvador; se encontraba acampando en Santa Ana, cuando recibió órdenes del presidente Mariano Paredes de regresar a Guatemala en vista de que los aliados solicitaban la paz.

Algunos meses después, Carrera se convirtió en el gobernante absoluto de Guatemala, y a partir de entonces se empezó a trabajar en infraestructura y desarrollo en el país, porque por primera vez en treinta años reinó la paz en el territorio guatemateco. Muy pocos se atrevieron a invadir a Guatemala desde entonces, y aquellos que se aventuraron siempre obtuvieron resultados desastrosos; por esta razón los criollos liberales esperaron pacientemente hasta que pasaran seis años después de la muerte del presidente mestizo para retomar el poder en el país.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. p. 32.
  2. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 361-366.
  3. La Antorcha Centro-Americana (11 de septiembre de 1829). Guatemala, septiembre 10. En: La Antorcha Centro-Americana. (7) Guatemala: Imprenta Nueva. p. 28.
  4. Solís, Ignacio (1906) Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. En: Colección de Documentos Históricos y Biográficos. 1. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 5 y siguientes.
  5. Taracena, Arturo (1999). Invención criolla, sueño ladino, pesadilla indígena, Los Altos de Guatemala: de región a Estado, 1740-1871. Guatemala: CIRMA. Archivado desde el original el 9 de enero de 2016.
  6. García, J.M. (1963); Soconusco en la historia, México D.F.
  7. Carranza, Jesús E. (1897) Totonicapán. Un pueblo de Los Altos, Apuntamientos para su Historia. Exposición Centroamericana. Quetzaltenango: Establecimiento Tipográfico Popular
  8. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. Guatemala: Editorial del Ejército. p. 229.
  9. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 73-76.
  10. Carranza, J.E. et. al., Un pueblo de Los Altos. Apuntamientos para su Historia (Totonicapán). p. 112.
  11. Paredes, Mariano; Guzmán, Agustín (1849). Convenio. Antigua Guatemala.
  12. Casares G. Cantón, Raúl; Duch Colell, Juan; Antochiw Kolpa, Michel; Zavala Vallado, Silvio et ál (1998).Yucatán en el tiempo. Mérida, Yucatán. ISBN 970 9071 04 1.
  13. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (Edición en línea) (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.
  14. Hernández de León, Federico (1925). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. Tomo I. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 193-197.
  15. Coronado Aguilar, Apuntamientos para la Historia de Guatemala, p. 270 y siguientes.
  16. Sierra González, Aída Lucila (2001). «La batalla de la Arada». Guatemala: Servicio de Historia Militar, Sección de Investigaciones Históricas, Museo Militar. Archivado desde el original el 21 de diciembre de 2014.

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11 de septiembre de 1842: estalla revolución en Costa Rica contra el presidente Morazán

Estalla una revolución en Costa Rica contra el presidente Francisco Morazán, la cual resulta en el fusilamiento del caudillo centroamericano el 15 de septiembre

San José de Costa Rica en la década de 1840. En el recuadro: el general Francisco Morazán. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Al igual que ocurrió con a figura de J. Rufino Barrios en Guatemala, la historia del general Francisco Morazán ha sido embellecida por los historiadores liberales, quienes lo presentan como un héroe unificador de Centroamérica.  En realidad, Morazán fue la epítome del criollo liberal, que aborrecía a las autoridades españolas y a los criollos aristócratas de la ciudad de Guatemala por considerar que no les dieron un trato justo durante la colonia.

Tras dejar el poder en El Salvador luego de ser derrotado por las fuerza de Rafael Carrera en Guatemala el 19 de marzo de 1840, Morazán había terminado en Perú, en donde fue muy bien recibido por el gobierno de ese país.  Sin embargo, si fin era regresar a Centroamérica para vengarse de Carrera y de los aristócratas y para intentar formar nuevamente la federación a su modo.1 Con gran facilidad, gracias a la ayuda del gobierno peruano, a los fondos de varios exiliados costarricenses y, sobre todo, a la traición del brigadier salvadoreño Vicente Villaseñor con quien firmó el «Pacto del Jocote«, Morazán había llegado a convertirse en Jefe de Gobierno Provisorio de Costa Rica el 11 de abril de 1842 y estaba preparando la invasión de Nicaragua luego de convocar a una Asamblea Constituyente y de lograr que ésta reincoporara a Costa Rica a la República Federal de Centro América.2,3 Pero para entonces, los costarricenses no estaban de acuerdo en hacerle la guerra a sus vecinos y, debido a sus múltiples errores y arbitrariedades cuando era presidente de la República Federal, Morazán contaba con numerosos enemigos en toda la región, principiando por el hombre fuerte de Guatemala, el capitán general Rafael Carrera, seguido por el cónsul británico Frederick Chatfield, y muchos miembros del clero, que desaprobaban el anticlericalismo de Morazán.4

El 10 al  de septiembre de 1842 se realizaron reuniones secretas para diseñar un plan para derrocar a Morazán y el 11 de septiembre a las 2:00 de la mañana, un grupo de ciudadanos suscribió un acta en la que expresaban su inconformidad por “los aprestos de guerra y reclusión de tropas que el general pretende hacer contra los verdaderos sentimientos de los costarricenses“. Al amanecer de ese mismo día, un grupo de insurrectos instigados sitió la manzana del Cuartel Principal, la de los Almacenes y el Cabildo e insubordinó a los doscientos soldados josefinos acuartelados en el Cabildo Principal. Al darse cuenta de ello, el coronel Manuel Antonio Lazo enseguida le avisó a Morazán y a Villaseñor, por medio de José Antonio Vigil, y que esta tropa se resistía a salir para Puntarenas’. El Jefe de Gobierno Provisorio no le dio la importancia a esta revuelta y simplemente nombró una comisión negociadora al mando del vicejefe de Estado, Juan Mora Fernández, y el presbítero José Antonio Castro.5

Sin embargo, cuando las negociaciones no prosperaron, Morazán regresó a las 11 de la mañana al Cuartel Principal y se apresuró a organizar a sus pequeñas fuerzas para defenderse de sus conspiradores.  En ese momento, no contaba con sus hombres porque había mandado al jefe del Estado Mayor, el general mercenario francés Isidoro Saget, a detener una rebelión en el Guanacaste. Al mando de dichas fuerzas colocó al general hondureño José Trinidad Cabañas, quien combatiría más tarde combatiría con ahínco pero con mucho desacierto por la causa liberal. Aquella fuerza contaba con apenas 25 hombres, y aún así logró repeler a los asaltantes hasta el polvorín, en dirección del cementerio, dado que los atacantes josefinos hacían una descarga, luego huían y desaparecían, para luego reaparecer.5

Poco a poco se reunieron dos mil soldados alzados, obligando a la pequeña fuerza de Cabañas a retroceder hasta el cuartel donde se hallaba Morazán. Esa tarde y noche del 11 de septiembre Morazán se sumó a la batalla para defender la plaza, pero para la mañana del 12 la situación era la misma. El número de alzados aumentaba cada vez mientras que los soldados cartagineses de Morazán comenzaron a desertar al ver caer a muchos de sus compañeros.5

Eventualmente Morazán fue capturado y juzgado sumariamente y, finalmente, fue fusilado el 15 de septiembre.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1924].  El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América CentralVI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 65.
  2. El Heraldo (12 de septiembre de 2016). Francisco Morazán llega a Costa Rica para atender llamado de auxilio. Honduras: El Heraldo.
  3. Marure, Alejandro (1895) [1844]. Efemérides de los hechos notables acaecidos en la República de Centro-américa, desde el año de 1821 a 1842. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 130-131.
  4. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (Edición en línea) (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.
  5. El Heraldo (12 de septiembre de 2016). Aquí entregaron y fusilaron al general Francisco Morazán. Honduras: El Heraldo.

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