25 de junio de 1944: muere la profesora María Chinchilla durante una manifestación de maestros en contra el régimen del general Jorge Ubico

La profesora María Chinchila en 1940.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El proceso que llevó al general presidente Jorge Ubico a presentar su renuncia el 1 de julio de 1944 se inició justamente un mes antes, el 1 de junio, cuando el presidente incrementó el salario de los empleados públicos en un 15%, pero solo para aquellos que ganaban menos de 15 quetzales mensuales. Como esto dejaba fuera a los maestros, éstos reaccionaron con una serie de protestas pacíficas con el fin de ser beneficiados con ese aumento.

Por su parte, los estudiantes de las Escuelas Facultativas (que en ese entonces estaban separadas y eran dependientes del Ministerio de Instrucción Pública) también iniciaron marchas pacíficas para exigir la destitución de sus decanos, ya que éstos eran nombradas directamente por el presidente de la República. Ubico accedió a cambiar a los decanos, pero los sustitutos nombrados, no fueron del agrado de los estudiantes, quienes redoblaron sus protestas.

El gobierno reprimió las protestas y suspendió las garantías constitucionales, y ante esto, los organizadores de las protestas le enviaron la llamada “Carta de los 311” el 22 de junio, la que incluía trescientas once firmas, principalmente de jóvenes universitarios y ciudadanos conservadores que participaron en el derrocamiento del licenciado Manuel Estrada Cabrera. El documento (que incluye referencias a la Segunda Guerra Mundial y recriminaciones al presidente por haber hecho solamente obra física sin mejoras para la sociedad) fue escrito en la residencia del doctor Julio Bianchi y entre los firmantes estuvieron Eduardo Cáceres Lehnhoff, futuro vicepresidente de la República, los escritores Manuel Galich y Flavio Herrera, el futuro presidente Julio César Méndez Montenegro, el doctor Carlos Federico Mora y el periodista David Vela.  Fueron los licenciados Federico Carbonell y Jorge A. Serrano (este último padre del presidente Jorge Serrano Elías) los encargados de llevar personalmente la carta al presidente.

El documento dice así:

 Señor Presidente de la República:

Los suscritos ciudadanos guatemaltecos, en ejercicio del derecho garantizado por el artículo 22 de la Constitución de la República, nos dirigimos a usted con las muestras de nuestro mayor respeto y exponemos:

El día de hoy promulgó su gobierno el Decreto No. 3114, que restringe las garantías constitucionales. La parte considerativa de esta disposición consigna que elementos disociadores de tendencias nazi-fascistas perturban gravemente la paz de la República procurando obstaculizar al gobierno el mantenimiento del orden.

Es por todos conocida la génesis de ese decreto, y la propia Secretaría Presidencial, en un boletín dado a publicidad en la prensa, la funda en la acción de problemas de orden interno de la Universidad.

La opinión pública espontáneamente se ha solidarizado con las aspiraciones de los estudiantes en esta hora trágica en que la flor de la juventud de los países libres ofrendan sus vidas en defensa de los altos ideales de la humanidad y de la democracia, a cuya causa está afiliada nuestra patria.

Es por ello doloroso ver que el Primer Magistrado de la Nación, sin duda basado en informaciones inexactas, tendenciosas e interesadas, haya lanzado a la juventud el grave cargo de nazi-fascismo. La juventud, señor Presidente, jamás vibra al impulso de mezquinas tendencias y, por el contrario, interpreta y encarna los ideales más limpios y las más nobles aspiraciones. La de Guatemala no es en este caso una excepción.
Convencidos de la pureza de los ideales de la juventud universitaria guatemalteca, nos sentimos obligados, como ciudadanos conscientes, a solidarizarnos plenamente con sus legítimas aspiraciones.

Es así como, movidos tan sólo por nuestro fervoroso patriotismo, venimos a rogar la ilustrada atención de usted acerca de los apremios de la hora actual y del imperativo del deber, sentido por todos, de que el Gobierno se encauce hacia metas prometedoras que aseguren el derecho y satisfagan las legítimas aspiraciones de la familia guatemalteca.
El decreto de suspensión de garantías ha venido a crear una situación de intranquilidad y zozobra que agudiza la angustia de la hora en que vive la humanidad, en vez de asegurar la paz y el orden que pareció inspirarlo.

La restricción de garantías crea una situación de hecho, en la cual el pueblo carece de medios legales para manifestar sus justos anhelos y es susceptible de provocar consecuencias funestas que, como guatemaltecos conscientes, seríamos los primeros en deplorar. Ante un régimen de derecho, la ciudadanía actúa dentro de la legalidad. Una situación de hecho engendra, tarde o temprano, una reacción de violencia. Con toda hidalguía reconocemos que la actual administración presidida por usted ha hecho, en lo material, obra constructiva. Empero, su labor, como todo lo humano, no ha llegado a satisfacer muchas aspiraciones populares por falta de medios de libre expresión.
Alrededor de los gobernantes actúan y medran fuerzas burocráticas e intereses creados que se fortalecen con el transcurso de los años y que llevan al mandatario visiones falseadas de la realidad ambiente. Por esta razón debe desconfiarse siempre de las “adhesiones” que, nacidas del temor o del interés, llegan hasta el gobernante a través del mecanismo oficial, las cuales jamás presentan el auténtico “sentimiento popular”. Seguramente corresponderá a usted aquilatar muy pronto el valor de tales “adhesiones”, a diferencia de la genuina sinceridad que nos anima.

Guatemala no puede substraerse a los imperativos democráticos de la época. Es imposible frustrar con medidas coercitivas los incontenibles impulsos de la generosa ideología que está reafirmándose en la conciencia universal a través de la más sangrienta de las luchas libradas entre la opresión y la libertad.

Estamos seguros, señor Presidente, de que su espíritu comprensivo acogerá la presente gestión con el mismo interés patriótico que nos mueve a dirigírsela. Confiados en él, pedimos lo siguiente:

  1. El restablecimiento de las garantías suspendidas, para que el pueblo pueda gozar, sin demora, de la plenitud de sus derechos constitucionales; y
  2. Dictar las disposiciones pertinentes a fin de que tales garantías tengan plena efectividad.

Guatemala, 22 de junio de 1944

Las respuesta del gobierno no fue positiva.  Inicialmente había mandado a llamar a un grupo de representantes de los 311 para negociar una salida pacífica al problema de las protestas, pero no se llegó a ningun acuerdo, pues los ciudadanos quería la restitución de las garantías, mientras que el presidente y el gobierno se empecinaban en suspenderlas.  El 25 de junio de 1944 el gobierno accedió a dialogar con los ciudadanos nuevamente, esta vez con el Cuerpo Diplomático como mediador pero mientras estaban reunidos en el Palacio Nacional la policía y el ejército dispararon indiscriminadamente contra los protestantes, hiriendo a la senora Julieta Castro de Rölz Bennett y matando a la profesora María Chinchilla Recinos.

Ante esta situacion, los miembros de la comision se dieron cuenta de que iban a ser perseguidos y enviaron una misiva al presidente el 26 de junio, en donde describían los hechos antes mencionados, aceptaban sus responsabilidades, y le exigían al presidente su renuncia al cargo como una “solución patriótica y conveniente”.

Tras unos cuantos días más de protestas, Ubico renunció el 1 de julio.


BIBLIOGRAFIA:

  • De los Ríos, Efraín (1948). Ombres contra Hombres. México: Fondo de la Cultura de la Universidad de México.
  • Estrada, A. (1979). Datos para la historia de la Iglesia en Guatemala. Guatemala: Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala. pp. 559-574.
  • González, José Miguel (2009). «La muerte de Alejandro Córdova». El blog chapín. Guatemala. Archivado desde el original el 17 de abril de 2014.
  • Palma, Claudia (15 de junio de 2015). «Jorge Ubico, el excéntrico “señor 25″». Prensa Libre. Archivado desde el original el 9 de junio de 2015.

 

14 de junio de 1946: fallece auto-exiliado en Nueva Orleáns el general Jorge Ubico, expresidente de Guatemala

El general Jorge Ubico en 1941.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El gobierno del general Jorge Ubico se caracterizó por su enorme cooperación con la United Fruit Company y sus afiliadas, la International Railways of Central America y la Great White Fleet, las cuales tenían el monopolio del transporte ferroviario y marítimo desde y hacia Guatemala.  De hecho, Ubico llegó al poder gracias a la influencia del embajador de los Estados Unidos, quien no aceptó el gobierno de facto del general Manuel María Orellana Contreras y lo obligó a entregar el poder al licenciado José María Reina Andrade.  Poco después, Andrade convocó a elecciones en las que resultó unánimamente electo el general Ubico.

El gobierno ubiquista fue autoritario y favorable a los intereses de las compañías estadounidenses, siguiendo el ejemplo de su mentor, el licenciado Manuel Estrada Cabrera.  En esa época, Guatemala era la típica “República Bananera” cuyo gobernante se mantenía en el poder gracias a su férrea dictadura, a la represión de sus adversaries y al uso de leyes que forzaban a la mayoría indígena a trabajar en la construcción de caminos o de jornaleros en fincas cafetaleras; pero debe destarcarse también que el general Ubico era un administrador excelente que no perdía detalle alguno de la administración pública y redujo al mínimo el déficit generado por la Gran Depresión de 1929 que recibió de sus antecesores.  Tambien mantuvo un clima de tranquilidad en la Ciudad de Guatemala reduciendo al mínimo la delincuencia común.

En 1944, la situación económica de la frutera estadounidense estaba a la baja debido a que muchos de los buques de su Great White Fleet estaban prestando servicio como cargueros para las tropas aliadas durante la Segunda Guerra Mundial.  De esta cuenta, el gobierno de Ubico se debilitó y fue cuando la población de la Ciudad de Guatemala, especialmente los maestros y los estudiantes de los instituos públicos y de las Escuelas Facultativas empezaron a pedir cambios drásticos en el sistema.  Ubico reprimió las protestas iniciales, pero cuando el apoyo de la UFCO no fue suficiente, comprendió que era mejor renunciar y evitar así una guerra civil innecesaria.  De esta forma, el 1 de julio de 1944, el general presidente presentó su renuncia y delegó el poder a un triunvirato militar, pagando ese mismo mía la deuda inglesa que arastraba Guatemala desde el gobierno del general Rafael Carrera.

Inicialmente, Ubico se retiró a su casa de habitación en la 14 calle del Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala, pero cuando se produjo la Revolución de Octubre de 1944, partió para Nueva Orleáns.  Al despedirse dijo simplemente: “¡Cuídense de los cachos (conservadores) y de los comunistas!

El 31 de mayo de 1946, el Congreso de la República despojó a Ubico de los grados de general de división y de brigada por medio del decreto 245, que dice:

“Considerando que el general Jorge Ubico violó la constitución entonces vigente al continuar en la primera magistratura por más tiempo del que estipulaba el artículo 66 de la misma; […] que mantuvo al país incomunicado con el exterior y limitó en forma arbitraria la salida de los guatemaltecos; […] que valiéndose de la preeminencia que se derivaba de su posición arrebató por precios irrisorios a algunos ciudadanos de sus patrimonios. A juicio del Congreso, estas razones hacen indigno de pertenecer al Ejército Nacional de la Revolución a Jorge Ubico.

DECRETA:

Se cancelan los grados de general de brigada y de división al ciudadano Jorge Ubico”.

El expresidente se fue a vivir en Nueva Orleáns porque allí estaba la terminal principal de buques de la Great White Fleet y porque él era socio de la frutera.  Allí lo entrevistó el conservador Manuel Coronado Aguilar poco después de que los criollos se dieron cuenta del giro que estaba tomando la Revolución de Octubre, donde murió de cáncer de pulmón y depression el 14 de junio de 1946.

Tras la contrarrevolución de 1954, ubico fue reinstaurado en el Ejército de Guatemala y durante el gobierno del coronel Enrique Peralta Azurdia se hicieron las gestiones pertinentes ante el Gobierno de los Estados Unidos para repatriar sus restos. Cuando el avión Boeing 707 de la línea aérea Pan American en que se transportaba su féretro ingresó al espacio aéreo guatemalteco fue escoltado por la cuadrilla Quetzal de la Fuerza Aérea de Guatemala hasta aterrizar en el Aeropuerto Internacional La Aurora; desde allí fue transportado en hombros de antiguos oficiales y correligionarios y fue objeto de varios homenajes. Finalmente, fue sepultado en el Cementerio General de la Ciudad de Guatemala en una tumba muy sencilla.

BIBLIOGRAFIA:

 

 

29 de mayo de 1920: se logra por primera vez la participación y representación del estudiantado en la Escuela Facultativa de Medicina

Ruinas de la Escuela Facultativa de Medicina después del terremoto de 1917-18.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Contrario a la opinión popular de que la Universidad de San Carlos de Guatemala es una entidad tricentenaria y que siempre ha sido autónoma, laica y ha estado identificada con las causas populares, la realidad es que la institución ha sufrido profundas transformaciones que han obedecido a las circunstancias politicas y sociales del momento.  En sus primeros doscientos anos de existencia era una institución católica; luego de la independecia fue clausurada y sustituida por una Academia de Estudios, la cual a su vez fue clausurada para restituir a la antigua universidad católica. Tras la Reforma Liberal de 1871, fué disuelta y sustituida por varias Escuelas Facultativas laicas, dependientes del ministerio de Instrucción Publica, con total control del presidente de turno.  Eso si, lo que todas estas diferentes instituciones tuvieron en común es que estuvieron abiertas únicamente para un puñado de estudiantes varones de las élite de la sociedad guatemalteca, con contadas excepciones.

Incluso hubo casos en que fue modificada como parte del servilismo de la sociedad guatemalteca hacia el presidente, y fue así como el 2 de mayo de 1918, en medio de las ruinas que dejó en la Ciudad de Guatemala los terremotos de 1917-18, se creó la Universidad Nacional con el nombre de Universidad “Manuel Estrada Cabrera”, aglutinando en ella a las hasta entonces independientes Escuelas Facultativas de Medicina y Farmacia, de Derecho y Notariado, y de Ingeniería.  Esta Universidad funcionó bajo la estricta dirección del presidente en todos los aspectos, desde la admnistración, pasando por el nombramiento de decanos y catedráticos, y llegando incluso hasta a la disciplina de los estudiantes.

Cuando Estrada Cabrera fue derrocado tras la Semana Trágica de abril de 1920, fue sustituido por Carlos Herrera, quien había sido un eterno diputado por Santa Lucía Cotzumalguapa en la Asamblea Legislativa del gobierno de 22 años de don Manuel y quien llegó al poder gracias a un pacto entre los conservadores del Partido Unionista y los cabreristas que traicionaron al presidente cuando vieron su causa perdida.

En reconocmiento a su participación en el derrocamiento del expresidente, Herrera les otorgó a los estudiantes el edificio de la escuela “Manuel Cabral” para que establecieran allí la Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU) el 22 de mayo de 1920 y también una biblioteca costeada por el Estado.

El 1 de mayo de 1920 se reorganizó la Juventud Médica, indicando que estaban “libres ya del obstáculo que por tantos años ahogara toda tentativa de asociación, por muy inocentes fines que se persiguieran“.  Las otras facultades siguieron el ejemplo y establecieron la Universidad Popular, la cual era una especie de extensión universitaria para instruir a los obreros que habían participado en la lucha contra Estrada Cabrera y que antes no tenían acceso a la educación.

El 29 de mayo de 1920 se logró por primera vez la participación y representación del estudiantado en los problemas universitarios cuando se creó la nueva directiva de la Facultad de Medicina y el Instituto Dental Anexo de la siguiente forma:

  • Consejo Universitario
  • Mesa Directiva
  • Junta Directiva Estudiantil

La Universidad Nacional siguió funcionando de la misma forma que la Universidad “Estrada Cabrera”, aunque sin el nombre de don Manuel hasta que en 1924 el presidente de facto José María Orellana la disolvió y decretó una reforma a la Ley Organica de instrucción pública en la que la Universidad quedó como la “institución encargada de los estudios facultativos y del fomento y vigilancia de los establecimietos destinados a la educación“.

Esta definicion ambigua se mantuvo hasta que el presidente Lázaro Chacón, por medio del decreto 953 del 27 de septiembre de 1927 creó la Universidad Nacional bajo la responsabilidad del Ministerio de Educación Pública, la cual tendría entidad jurídica y autonomía suficiente dentro del organismo del estado para “el fomento, desarrollo y divulgación de las ciencias, letras y artes en todas sus manifestaciones“.  Ademas de aglutinar las facultades existentes, se creó la Facultad de Humanidades.

Este nuevo sistema no duró mucho: el 7 de mayo de 1931 el gobierno del general Jorge Ubico derogó la ley orgánica de la Universidad, le retiró la poca autonomia que tenía y disolvió la Facultad de Humanidades pues esta solamente formaba “vagos políticos” que no iban a ser tolerados en su régimen.  Ubico estableció un Consejo Superior Univesitario formado por el Rector, el Secretario y los decanos de las escuelas facultativas, en el cual el Rector era nombrado por el presidente y solamente éste podía removerlo de sus funciones.


BIBLIOGRAFIA:

 

17 de mayo de 1920: el presidente Carlos Herrera reorganiza la estructura del Ejército y nombra al general José María Orellana como Jefe del Estado Mayor

 

El gabinete del presidente Carlos Herrera luego de la sustitución del general Felipe Pereira por el general Rodolfo Mendoza en la cartera de Guerra.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Tras el derrocamiento del licenciado Manuel Estrada Cabrera en abril de 1920, el presidente nombrado por la Asamblea Legislativa, Carlos Herrera trató de tomar en sus manos los problemas que más inestabilidad e intranquilidad causaban en el país; sin embargo, su campo de acción estaba muy limitado, ya que llegó al poder luego de que los conservadors del Partido Unionista y los liberales cabreristas llegaron a un acuerdo sobre su presidencia, y nombraron a sus ministros de estado, la mayoría de ellos cabreristas.

En esos momentos, una de las situaciones más apremiantes era la inestabilidad del ejército, ya que había insistentes alarmas de conspiraciones e intentos de golpe de estado. En primer lugar, por acuerdo gubernativo del 2 de mayo de 1920, Herrera clausuró la Academia Militar que Estrada Cabrera había instituido en sustitución de la Escuela Politécnica tras el atentado de los cadetes de 1908, y reorganizó la antigua Escuela, con el reglamento original de 1873.  Luego, el 17 de mayo de 1920, aplicando en la reestructuración del ejército los reglamentos emitidos en 1887 y 1897, reorganizó el Estado Mayor y lo puso bajo el mando del general José María Orellana; por otra parte, nombró al general Felipe S. Pereira como Secretario de la Guerra, siguiendo la costumbre que se utilizaba en aquella época de que  en el Ministerio de la Guerra permanecieron los militares “de línea” (es decir, los militares que no habían cursado estudios y ascendían por su longevidad en el servicio) y en el Estado Mayor los oficiales profesionales o de escuela. Por último, en septiembre de ese mismo año, el presidente Herrera decretó el incremento de los salarios de toda la institución, desde generales de división hasta los soldados rasos.

Pereira era un hombre de carácter impulsivo y poco después de ser nombrado recibió informaciones sobre unas reuniones sospechosas que se estaban llevando a cabo en la casa del licenciado José María Reina Andrade, a la que acudían varios oficiales de alta graduación, entre ellos los generales José María Lima, José María Orellana, Jorge Ubico Castañeda y Antonio Méndez Monterroso. Pereira ordenó que arrestaran a los sospechosos de inmediato, y el Director de la Policía, al recibir la orden consultó con el Jefe del Castillo de San José, quien de inmediato alertó a los liberales cabreristas, quienes convencieron a Pereira que dejara sin efecto la orden. Herrera, al enterarse del incidente, inmediatamente destituyó a Pereira y nombró en su lugar al general Rodolfo A. Mendoza, Jefe del Castillo de San José y afín a los liberales cabreristas.

Sin saberlo, Herrera había dejado en libertad a quienes lo derrocarían el 5 de diciembre de 1921 con instrucciones de la United Fruit Company.


BIBLIOGRAFIA:

12 de mayo de 1945: el gobierno del Dr. Juan José Arevalo restablece la Universidad Popular (UP) que había sido clausurada por el gobierno del general Jorge Ubico en 1932


Dr. Juan José Arevalo, durante su presidencia. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Una Universidad Popular es definida como una organización o institución educativa y cultural creada por grupos, asociaciones y organizaciones sociales para promover la educación popular de saberes teóricos y prácticos dirigida a toda la población, en especial a sectores populares  que no tienen acceso a la educación.

En Guatemala, bajo los principios de desanalfabetización, elevación del nivel educativo y fortalecimiento de la instrucción cívica que se postularon durante el gobierno de Carlos Herrera y Luna tras el derrocamiento del licenciado Manuel Estrada Cabrera en 1920, se creó la Universidad Popular en 1922, por una idea del poeta colombiano Porfirio Barba Jacob,. prominente intelectual quien residía en Guatemala y era el director de la llamada “generación del 10”,  y fue implmentada por un grupo de intelectuales de la llamada “Generación del 20” (entre ellos Epaminondas Quintana, Carlos Federico Mora, David Vela, Miguel Ángel Asturias y Carlos Fletes Saenz), quienes la fundaron el 20 de agosto de 1922. Se trataba de llevar a los sectores populares un tipo de instrucción que hasta entonces había sido propiedad exclusiva de las élites del país : el objetivo era tomar un nombre que aludía a una institución de carácter elitista, que monopolizaba el derecho al conocimiento y bajarlo a un nivel al que todas las personas pudieran tener acceso.

Los objetivos fundacionales de la Universidad Popular en Guatemala se centraban en los tres aspectos:

  1. Enseñar a leer y escribir.
  2. Enseñar el círculo de conocimientos generales en las clases sociales que no habíann podido adquirirlas.
  3. Difundir en el pueblo las nociones más importantes de higiene, de instrucción cívica y moral.

Luego del golpe de estado en contra del presidente Carlos Herrera en 1921, y las masacres de trabajadores de la United Fruit Company y de su subsidiaria la International Railways of Central America en 1924, hubo considerables protestas por parte de los universitarios, quienes acusaban al gobierno de facto del general José María Orellana de entreguismo a los intereses de la frutera transnacional, lo que llevó a un cierre temporal de las Escuelas Facultativas y, por ende, de la Universidad Popular.

En 1926, murió el general Orellana en circunstancias sospechosas en la Antigua Guatemala y fue sucedido por el también general Lázaro Chacón, quien tuvo un enfoque progresista. Ya con Chacón al frente del Gobierno, se reabrieron las Escuelas Facultativas y la Universidad Popular el 23 de septiembre de 1929, lo cual fue considerado como una de las acciones inmediatas más alabadas de su gobierno: sin embargo, el general Chacón sufrió un derrame cerebral el 12 de diciembre de 1930 y tras varios golpes de estado fue y presiones del embajador de los Estados Unidos, fue sucedido  por el general Jorge Ubico, el 14 de febrero de 1931, quien cerró la Universidad Popular en 1932, como parte de las medidas anti-comunistas que tomó para frenar el avance de tal movimiento en El Salvazdor.

Luego de la caída del gobierno del general Ubico el 1 de julio de 1944, y de la Revolución de Octubre, llegó a la presidencia el doctor Juan José Arevalo Bermejo, quien estudió su doctorado en educación en la Argentina.  El impulso por la educación popular fue considerable y una de sus primera acciones fue la restauración de la Universidad Popular, la cual se reabrió el 12 de mayo de 1945.


BIBLIOGRAFIA: