14 de julio de 1898: para asegurarse la victoria electoral el presidente interino Manuel Estrada Cabrera envía una circular a todos los jefes politicos para que destituyan a todos los alcaldes que no eran de su confianza

José Leon Castillo, férreo opositor del régimen de los presidentes José María Reina Barrios y Manuel Estrada Cabrera. Imagen tomada de La Ilustración Guatemalteca.

En 1898 la Asamblea Legislativa convocó a la elección de presidente luego de que el 8 de febrero de ese año fuera asesinado el presidente José María Reyna Barrios y el licenciado Manuel Estrada Cabrera fuera nombrado presidente interino. Aparte de Estrada Cabrera, los otros candidatos que se presentaron a la elección fueron:

  • José León Castillo: exdiputado que contaba con cinco clubes castillistas en la capital y setenta en los departamentos, y quien era el líder de la revolución de oriente contra Reina Barrios. Era el candidato más fuerte;
  • Francisco Fuentes: tenía la mayoría de sus partidarios en Quetzaltenango
  • Próspero Morales: exministro de la Guerra del general Reina Barrios y uno de los líderes de la Revolución quetzalteca.

El periódico opositor “La Ley” apoyaba a León Castillo y basaba la candidature de éste en el hecho de que como Estrada Cabrera había sido ministro de Gobernación hasta pocos meses antes de la muerte del general Reina barrios, su gobierno sería muy similar al del fallecido president. Es decir, habría inicialmente leyes muy liberales y desarrollo en la instrucción y en las obras públicas, y al cabo de unos pocos años habría un régimen despótico, que acabaría con la hacienda pública, confiscaría bienes, atacaría la libertad de prensa, llenaría de luto a las familias guatemaltecos y prorrogaría inconstitucionalmente su período presidencial.

Por su parte, los allegados al presidente interino hacían circular un periódico satírico llamado “El Torpedo“, supuestamente editado por Napoleón Rivera Cabezas, el cual era impreso en la Tipografía Síguere y Cía, misma que había impreso La Ilustración Guatemalteca y en donde trabajaron numerosos amigos y colaboradores de Estrada Cabrera. Este periódico, además que criticar duramente a Castillo, hacía burla de su persona y de los periódicos que lo apoyaban.

Previendo un fraude electoral, el 6 de junio de 1898, el periódico castillista exigió que la Asamblea Nacional Legislativa se convocara para el primero de agosto porque ese día en se inicaban las elecciones para evitar que el presidente interion recibiera pliegos de las juntas electorales municipales y pudiera modificarlas.  Por supuesto, esta solicitud fue ignorada y el 27 de junio de 1898 Estrada Cabrera emitió un decreto para que la Asamblea Nacional Legislativa se reuniera el 1.° de septiembre para realizar el escrutinio de votos de las elecciones. La comisión electoral permanente solicitó entonces al presidente interino que revocara ese decreto y que convocando a la Asamblea para los primeros días de agosto y no esperar hasta septiembre, pero el presidente denegó la solicitud porque la comisión permanente no era un cuerpo consultivo y no tenía la atribución de hacer iniciativas de la ley y que no tenía derecho a vetar lo actuado por le ejecutivo.

El 12 de junio de 1898, el periódico “Pro Patria”, que también apoyaba a León Castillo criticó severamente a las tácticas de Estrada Cabrera para las elecciones, afirmando que Estrada Cabrera toleraba la prensa independiente durante la época electoral, pero que cuando los setecientos mil indígenas que estaban aprendiendo a decir “Vas botar Cabrera” hubieran depositado sus votos, el gobierno ya no les permitiría circular.

Pero el presidente interino siempre les salía adelante. El 14 de julio de 1898 Estrada Cabrera envió una circular secreta a todos los jefes políticos y comandantes departamentales ordenándoles despedir inmediatamente a los alcaldes que no eran de la confianza del gobierno y que nombraran personas afines a Estrada Cabrera; de esta forma, solamente sus partidarios intervinieron en las mesas electorales. También se ordenaba que alistaran las boletas de votantes y que las elaboraran registradores cabreristas, dejando un número considerable en blanco, y que pagaran estos servicios con fondos que el presidente había destinado para ello. Finalmente, se les ordenaba que si algún candidato opositor tenía una considerable cantidad de votos, que movilizaran a los adeptos cabreristas y que hicieran votar cuantos fuera necesario.

Ya para el 28 de julio las anomalías contra la candidatura de Castillo eran muy descaradas:

  • la policía amenazaba a los vendedores de la “La Ley” para que no lo siguieran ofreciendo (de hecho, hubo graves acusaciones de que el gobierno estaba sacando criminales peligrosos de las cárceles para trabajar a favor de la candidatura de Estrada Cabrera, vapuleando, amenazanda e incluso asesinando a los partidarios de León Castillo, y que habían conformado la policía secreta).
  • aparecían circulares castillistas apócrifas que hacía la policía secreta,
    los principales miembros de los clubes castillistas que estaban en el interior de la república fueron hechos prisioneros,
  • el registro de ciudadanos no daba boletas a los partidarios de León Castillo.

Al final de cuentas, Estrada Cabrera fue elegido por una abrumadora mayoría de votos y fue proclamado presidente de la República para el período 1899-1905 el 25 de septiembre de 1898. Luego continuaría reeligiéndose hasta que finalmente fue derrocado el 14 de abril de 1920, y de más está decir que todos los pronósticos que hicieron los periódicos castillistas sobre su régimen se cumplieron.


BIBLIOGRAFIA:

  • Arévalo Martínez, Rafael (1945). ¡Ecce Pericles!. Guatemala: Tipografía Nacional.
  • El Torpedo (25 de junio de 1898). «Garantías constitucionales». El Torpedo 1 (2) (Guatemala: Síguere y Cía.).
  • Gramajo, J.R. (1927). Las Revoluciones Exteriores contra Estrada Cabrera. Coatepeque, Mazatenango, Guatemala: Tipografía Torres y Hermanos.
  • La Ilustración Guatemalteca (1897). «Dipultados al Congreso: José León Castillo». La Ilustración Guatemalteca (Guatemala: Siguere, Guirola y Cía.) I (22).

2 de junio de 1897: las municipalidades responden al telegrama enviado por el general presidente José María Reina Barrios en el que comunica que ha asumido poderes dictatoriales ante la renuncia de los diputados

Calle de San Nicolás en Quetzaltenango, luego de los fuertes combates entre las tropas alzadas lideradas por el coronel Próspero Morales y las fuerzas leales al gobierno de Reina Barrios en septiembre de 1897.  Imagen tomada de “La Ilustración del Pacífico

La crisis económica derivada de la caída del preció internacional del café tomó al general presidente José María Reina Barrios en medio de varios proyectos faraónicos con los que pretendía convertir a Guatemala en un destino de inversión para las naciones europeas y norteamericanas.  Desafortunadamente todo quedó inconcluso cuando la economía se desplomó, y cuando Reina Barrios propuso extender su mandato para remediar la situación, se enfrentó a una férrea resistencia, en especial de los diputados de la Asamblea Legislativa.

La siguiente misiva fue enviada por Reina Barrios a todas las autoridades de la República indicando, según él, que se había “visto obligado” a tomar poderes dictatoriales ante la renuncia de los diputados de la Asamblea Legislativa cuando éstos prefirieron ausentarse de la misma en vez de prestarse a las imposiciones del presidente:

Telegrama del general presidente

A todas las autoridades departamentales y locales de la República

Guatemala, 1°. de junio de 1897

Todos los círculos sociales tienen ya conocimiento de que instalada la Asamblea Nacional Legislativa del presente año, algunos señores diputados, bajo la inspiración y la influencia de personalismos y ambiciones mal disimuladas, dieron lugar a incorrecciones e irregularidades sin precedente alguno en nuestra historia parlamentaria. 

Surgió de allí la lucha entre elementos opuestos, o sea entre representantes excitados por las pasiones políticas y representantes partidades del orden y del bienestar sociales.

Se pretendió romper los lazos de la buena armonía entre los poderes de la nación, y se llegó hasta el punto de dictar leyes anticonstitucionales y por lo mismo inconvenientes y aun contradictoria alguna.

Era natural, por consiguiente, que la mayoría de los diputados, conociendo el terreno cubierto de sombras políticas por donde podía desviarse la Asamblea, se retiraran de sus puestos, y quedó la minoría que, persistiendo en sus propósitos antipatrióticos y hostiles, luchó inútilmente, durante más de un mes, por volver a reunir la mayoría que necesitaba para celebrar sesión, y a pesar de sus fuerzas nunca lo consiguió.

La misma minoría fue reduciéndose, cada vez más, hasta el número de nueve diputados, que no podían ni reunirse en junta el treinta y uno de mayo ultimo, quedando así disuelta, de hecho, la Augusta Representación Nacional, por las imprudencias y por la impolítica de unos cuantos representantes.

Circunstancia es esta que ha puesto al Ejecutivo en el caso imprescindible de asumir los Poderes Públicos Nacionales.  No obstante esto, debo hacer constar antes todos mis compatriotras, en cumplimiento de mi deber, que no seré yo quien deje de continuar firme en mis propósitos de mantener el orden, las libertades y las garantasí individuales que prescriben nuestras leyes constitucional y reglamentarias; esperando que con el contingente de los buenos ciudadanos, continuaremos promoviendo el progreso moral y material, y realizando, para el porvenir, la verdadera felicidad de la República.

Enemigo como he sido y seré siempre de medidas extremas y violentas, todos los guatemaltecos estarán libres de atropellos y vejaciones, pudiendo continuar entregados, como hasta hoy, a la consecución de su bienestar personal y colectivo, pues no ha sido otra mi ambición que la de cumplir lo mejor posible los deberes que me imponen mi condición de hijo del pueblo y el alto empleo que me confiriera el voto de las mayorías.

[…]

Para conocimiento de todos publíquese por bando la presente manifestación.

José María Reina Barrios

Hubo dos tipos de respuesta a este telegrama; el más generalizado fue el de un total servilismo, mientras que hubo algunos que respondieron lacónicamente, presagiando las revoluciones que se desatarían ante esta situación.

El siguientes telegrama ejemplifica las contestaciones serviles que recibió Reina Barrios:

Totonicapán, 2 de junio de 1897 – Señor General Presidente: Desde que los buenos guatemaltecos vimos la conducta subversiva de varios representantes del pueblo, esperábamos que los demás, como sinceros patriotas, se retirasen del seno de aquel alto cuerpo, como en efecto sucedió, y que dejando al reconocido patriotismo de Ud. y a su ilustrado criterio la salvación del conflicto de la Patria, esta vendría indudablemente en las perfectas condiciones que encierra su estimable telegrama recibido hoy y fechado ayer: como funcionario púbico y como buen guatemalteco, ofrezco a Ud. incondicionalmente mi lealtad y humildes servicios para el sostenimiento del orden público y para el fomento de todo aquello que tienda al ensanche de nuestros principios democráticos  y sus naturales consecuencias.  Adrián F. Caballeros.

Por otra parte, he aquí dos telegramas muy significativos, enviados por el coronel Próspero Morales (ex-ministro del gabinete de Reina Barrios) y por el licenciado José León Castillo, quienes encabezarían sendas revueltas contra el gobierno pocos meses después:

San Marcos, junio 2 de 1897. – Señor General Presidente. Al quedar enterado de su telegrama de ayer, lo he mandado publicar por bando, como está ordenado. Próspero Morales

Chiquimula, junio 2 de 1897. – Señor General Presidente: Se ha publicado por bando a los vecinos de esta cabecera y se ha comunicado a las autoridades de mi jurisdicción, su telegrama en que manifiesta haber asumido los poderes de la Nación.  José León Castillo. 


BIBLIOGRAFIA:


16 de agosto de 1897: una Asamblea Legislativa seleccionada por el presidente José María Reina Barrios entre sus allegados deja en suspenso la constitución de 1879 y avala la extensión del mandato presidencial hasta 1902

Las fuerzas revolucionarias en Quetzaltenango luego de tomar el control de la ciudad.  El ejército leal a Reina Barrios recuperaría la plaza pocos días después.  Imagen tomada de “La Ilustración del Pacífico” de 1897.

A mediados de 1897 Guatemala había pasado prácticamente del paraíso al infierno por el colapso internacional del precio del café, que dejó al gobierno en bancarrota y con una enorme deuda con bancos ingleses. El hecho de haber intentado hacer una Exposición Centroamericana que promoviera el Ferrocarril Interoceánico que el régimen había estado construyendo antes del derrumbe de la economía solamente exacerbó la crisis, pues el gobierno ya nadie quería los bonos que se habían emitido para financiar los trabajos.

Ante el descontento popular, el general presidente José María Reina Barrios ordenó a los diputados a la Asamblea Nacional Legislativa que modificaran la Constitución que había mandado a hacer el general J. Rufino Barrios en 1879 a fin de que el mandato presidencial se extendiera por cuatro años.  Cuando los diputados se opusieron, el presidente impidió que se reunieran y por ello el 31 de mayo de 1897 la Asamblea fue declarada cerrada por consunción.

Con la Asamblea disuelta, y los candidatos presidenciales clamando porque se adelanaran las elecciones, Reina Barrios organizó otra Asamblea entre sus partidarios y consiguió que dicho cuerpo declarara en suspenso la Constitución de 1879 y que extendiera su mandato presidencial hasta 1902.

Fue entonces cuando ardió Troya:  el candidato Próspero Morales, hasta entonces ministro de la Guerra del gobierno de Reina Barrios se levantó en armas en San Marcos iniciando la llamada Revolución Quetzalteca, mientras que otro candidato, José León Castillo, alborotó los ánimos en el Oriente del país.  Reina Barrios sofocó ambas revoluciones a sangre y fuego, pero los ánimos no se calmaron.  De hecho, toda esta situación desembocó el 8 de febrero de 1898, cuando Edgar Zollinger asesinó a Reina Barrios en la ciudad de Guatemala.


BIBLIOGRAFIA: