17 de mayo de 1920: el presidente Carlos Herrera reorganiza la estructura del Ejército y nombra al general José María Orellana como Jefe del Estado Mayor

 

El gabinete del presidente Carlos Herrera luego de la sustitución del general Felipe Pereira por el general Rodolfo Mendoza en la cartera de Guerra.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Tras el derrocamiento del licenciado Manuel Estrada Cabrera en abril de 1920, el presidente nombrado por la Asamblea Legislativa, Carlos Herrera trató de tomar en sus manos los problemas que más inestabilidad e intranquilidad causaban en el país; sin embargo, su campo de acción estaba muy limitado, ya que llegó al poder luego de que los conservadors del Partido Unionista y los liberales cabreristas llegaron a un acuerdo sobre su presidencia, y nombraron a sus ministros de estado, la mayoría de ellos cabreristas.

En esos momentos, una de las situaciones más apremiantes era la inestabilidad del ejército, ya que había insistentes alarmas de conspiraciones e intentos de golpe de estado. En primer lugar, por acuerdo gubernativo del 2 de mayo de 1920, Herrera clausuró la Academia Militar que Estrada Cabrera había instituido en sustitución de la Escuela Politécnica tras el atentado de los cadetes de 1908, y reorganizó la antigua Escuela, con el reglamento original de 1873.  Luego, el 17 de mayo de 1920, aplicando en la reestructuración del ejército los reglamentos emitidos en 1887 y 1897, reorganizó el Estado Mayor y lo puso bajo el mando del general José María Orellana; por otra parte, nombró al general Felipe S. Pereira como Secretario de la Guerra, siguiendo la costumbre que se utilizaba en aquella época de que  en el Ministerio de la Guerra permanecieron los militares “de línea” (es decir, los militares que no habían cursado estudios y ascendían por su longevidad en el servicio) y en el Estado Mayor los oficiales profesionales o de escuela. Por último, en septiembre de ese mismo año, el presidente Herrera decretó el incremento de los salarios de toda la institución, desde generales de división hasta los soldados rasos.

Pereira era un hombre de carácter impulsivo y poco después de ser nombrado recibió informaciones sobre unas reuniones sospechosas que se estaban llevando a cabo en la casa del licenciado José María Reina Andrade, a la que acudían varios oficiales de alta graduación, entre ellos los generales José María Lima, José María Orellana, Jorge Ubico Castañeda y Antonio Méndez Monterroso. Pereira ordenó que arrestaran a los sospechosos de inmediato, y el Director de la Policía, al recibir la orden consultó con el Jefe del Castillo de San José, quien de inmediato alertó a los liberales cabreristas, quienes convencieron a Pereira que dejara sin efecto la orden. Herrera, al enterarse del incidente, inmediatamente destituyó a Pereira y nombró en su lugar al general Rodolfo A. Mendoza, Jefe del Castillo de San José y afín a los liberales cabreristas.

Sin saberlo, Herrera había dejado en libertad a quienes lo derrocarían el 5 de diciembre de 1921 con instrucciones de la United Fruit Company.


BIBLIOGRAFIA:

12 de mayo de 1945: el gobierno del Dr. Juan José Arevalo restablece la Universidad Popular (UP) que había sido clausurada por el gobierno del general Jorge Ubico en 1932


Dr. Juan José Arevalo, durante su presidencia. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Una Universidad Popular es definida como una organización o institución educativa y cultural creada por grupos, asociaciones y organizaciones sociales para promover la educación popular de saberes teóricos y prácticos dirigida a toda la población, en especial a sectores populares  que no tienen acceso a la educación.

En Guatemala, bajo los principios de desanalfabetización, elevación del nivel educativo y fortalecimiento de la instrucción cívica que se postularon durante el gobierno de Carlos Herrera y Luna tras el derrocamiento del licenciado Manuel Estrada Cabrera en 1920, se creó la Universidad Popular en 1922, por una idea del poeta colombiano Porfirio Barba Jacob,. prominente intelectual quien residía en Guatemala y era el director de la llamada “generación del 10”,  y fue implmentada por un grupo de intelectuales de la llamada “Generación del 20” (entre ellos Epaminondas Quintana, Carlos Federico Mora, David Vela, Miguel Ángel Asturias y Carlos Fletes Saenz), quienes la fundaron el 20 de agosto de 1922. Se trataba de llevar a los sectores populares un tipo de instrucción que hasta entonces había sido propiedad exclusiva de las élites del país : el objetivo era tomar un nombre que aludía a una institución de carácter elitista, que monopolizaba el derecho al conocimiento y bajarlo a un nivel al que todas las personas pudieran tener acceso.

Los objetivos fundacionales de la Universidad Popular en Guatemala se centraban en los tres aspectos:

  1. Enseñar a leer y escribir.
  2. Enseñar el círculo de conocimientos generales en las clases sociales que no habíann podido adquirirlas.
  3. Difundir en el pueblo las nociones más importantes de higiene, de instrucción cívica y moral.

Luego del golpe de estado en contra del presidente Carlos Herrera en 1921, y las masacres de trabajadores de la United Fruit Company y de su subsidiaria la International Railways of Central America en 1924, hubo considerables protestas por parte de los universitarios, quienes acusaban al gobierno de facto del general José María Orellana de entreguismo a los intereses de la frutera transnacional, lo que llevó a un cierre temporal de las Escuelas Facultativas y, por ende, de la Universidad Popular.

En 1926, murió el general Orellana en circunstancias sospechosas en la Antigua Guatemala y fue sucedido por el también general Lázaro Chacón, quien tuvo un enfoque progresista. Ya con Chacón al frente del Gobierno, se reabrieron las Escuelas Facultativas y la Universidad Popular el 23 de septiembre de 1929, lo cual fue considerado como una de las acciones inmediatas más alabadas de su gobierno: sin embargo, el general Chacón sufrió un derrame cerebral el 12 de diciembre de 1930 y tras varios golpes de estado fue y presiones del embajador de los Estados Unidos, fue sucedido  por el general Jorge Ubico, el 14 de febrero de 1931, quien cerró la Universidad Popular en 1932, como parte de las medidas anti-comunistas que tomó para frenar el avance de tal movimiento en El Salvazdor.

Luego de la caída del gobierno del general Ubico el 1 de julio de 1944, y de la Revolución de Octubre, llegó a la presidencia el doctor Juan José Arevalo Bermejo, quien estudió su doctorado en educación en la Argentina.  El impulso por la educación popular fue considerable y una de sus primera acciones fue la restauración de la Universidad Popular, la cual se reabrió el 12 de mayo de 1945.


BIBLIOGRAFIA:

29 de abril de 1907: el presidente de Guatemala, licenciado Manuel Estrada Cabrera, se salva milagrosamente de morir cuando una bomba estalla frente a su carruaje (segunda parte)

Croquis de la casa que sirvio de centro de operaciones para el “Atentado de La Bomba” el 29 de abril de 1907. Dibudo del ingeniero Enrique Invernizzio tomada de la revista oficial “La Locomotora“.

Continuación:

Segunda parte: Datos técnicos

El ingeniero en Minas Enrique Invernizzio, de la revista gubernamental “La Locomotora”, publicó los detalles técnicos del artefacto explosivo en el número del 10 de mayo de 1907. Invernizzio estuvo presente en el lugar de los hechos, la 7.ª avenida sur, frente a la casa número 56 poco después de la explosión y a su juicio preliminar la misma fue provocada por una carga de dinamita.​ Luego realizó un estudio detallado de las dos casas vecinas sobre la 17 calle oriente y la 7.ª avenida sur, del cráter de la explosión y de los olores que emanaban del sitio horas después del hecho.

El ingeniero describió que antes de la explosión la casa número 58 de la 7.ª avenida sur daba la impresión de estar abandonada o en ruinas, mientras que la número 56 sí estaba habitada y tenía una buena entrada; sobre la base de sus observaciones, dedujo que los trabajos de preparación fueron prolongados, pues los perpetradores tuvieron que recabar todo el material necesario y contar con un vigilante que lo tuviera a buen resguardo mientras lo conseguía.​ Además, dedujo que quien dirigió la instalación era un experto en la materia, pues todas los detalles fueron cubiertos a cabalidad.

De acuerdo a su análisis, Invernizzio determinó que los autores del atentado “empezaron excavando el frente interno de la pared exterior de la casa número 58 de la 7.ª avenida sur, en donde estaba una ventana cerrada con viejas hojas de madera, clausurando las otras ventanas y la puerta de la casa abandonada”; así pues, se valieron de las puertas de la casa número 3 de la 17 calle oriente. Invernizzio calculó que la profundidad de la excavación fue de aproximadamente un metro por debajo del nivel del suelo de la casa, que ya no tenía piso, y de cerca de cuarenta centímetros de espesor; la misma se prolongaba como cuatro metros hacia adentro de la casa, lo que permitía maniobrar las herramientas que se usaron para excavar por debajo de la acera y el adoquinado, a una profundidad que permitiera que la explosión fuera efectiva y que, al mismo tiempo, evitara que se dañara la calle y delatara la excavación.

De acuerdo a su experiencia con excavaciones, Invernizzio determinó que la excavación fue realizada de noche y con mucho cuidado, utilizando varillas de hierro con punta para abrir la tierra y luego arrastrarla hacia la casa; la cámara ya terminada tenía aproximadamente dos pies cuadrados de ancho, y en ella colocaron los explosivos en contacto con alambres de cobre conectados con un fulminante de mercurio, los que salían de la cámara hasta llegar al detonador, protegidos mediante el uso de unos tubos de cañería revestidos de caucho. Fue tal el cuidado que se realizó en la construcción, que incluso rellenaron la excavación con piedras, para evitar el efecto de cañón cuando ocurriera la explosión.

Los cables pasaron por una puerta y una ventana y seguían hasta el centro de la casa número 3 de la 17 calle poniente, en donde estaban conectados con el detonador eléctrico; este detonador estaba en una caseta de madera robusta, construida para proteger a quien operara el detonador de la caída de piedras o rocas tras la explosión.El detonador, o «blasting device» estaba activado por un dínamo eléctrico que estaba instalado en una casa contigua.

Continúa.

BIBLIOGRAFIA:

 

29 de abril de 1907: el presidente de Guatemala, licenciado Manuel Estrada Cabrera, se salva milagrosamente de morir cuando una bomba estalla frente a su carruaje (primera parte)

Así quedó el carruaje presidencial tras la detonación del artefacto explosivo.  Imagen tomada de la revista oficial “La Locomotora“.

Primera parte: Los Hechos

Desde mediados de 1906, el abogado Enrique Ávila Echeverría y su hermano, el médico Jorge Ávila Echeverría, junto con el también médico Julio Valdés Blanco y el ingeniero eléctrico Baltasar Rodil, (todos ellos miembros del Partido Conservador) planearon un atentado contra Estrada Cabrera, que se ejecutó el 29 de abril de 1907 y que se conoció en su época simplemente como “La Bomba”. Los hermanos Echeverría y sus compañeros eran de posición económica solvente, egresados del entonces prestigioso Instituto Nacional Central para Varones en 1890 y habían estudiado en universidades extranjeras; sin embargo, al regresar al país se encontraron con un estado de cosas en el cual predominaban el servilismo y el abuso de poder, lo cual afectaba los intereses economicos de sus familias. Cuando decidieron atentar contra la vida del presidente, planearon con todo detalle un atentado con explosivos; todo fue meticulosamente preparado: los explosivos, los detonadores de hierro, la caja de hierro macizo, la complicidad del cochero del presidente, Patrocinio Monterroso, así como la hora y el punto precisos.

El escritor liberal Fernando Somoza Vivas, en su obra “El crimen del 20 y el pueblo guatemalteco” refiere que el atentado ocurrió en dos fases; primero, los atacantes cavaron un túnel por debajo de la novena avenida para que hacer estallar allí una bomba cuando el presidente fuera a presentar su informe anual a la Asamblea Nacional Legislativa. Para entonces ya tenían comprado al cochero del presidente, a quien habían sobornado con cincuenta mil pesos; éste, al llegar a lugar indicado, fingió que se le rompió una rienda y se detuvo justo sobre el artefacto explosivo mientras los conjurados interaron detonar la bomba sin éxito.​ Un cable había hecho corto circuito y a pesar de que intentaron detonar el artefacto explosivo diecisiete veces, no lo lograron.

Al fallar en el primer intento, cambiaron de plan; los conjurados cavaron un nuevo túnel, esta vez debajo de la séptima avenida sur, una vía por la que el coche del mandatario circulaba con frecuencia. La conspiración trascendía: ya había muchos conjurados y muchos ciudadanos más sabían vagamente que en aquellos días iba a ocurrir un atentado en contra del presidente; el espía de la conjura (un médico de renombre) montaba guardia a poca distancia de la mansión presidencial a la espera de que Estrada Cabrera se dirigiera hacia el sur de la ciudad, pero pasaban los días y esto no ocurría.

El 29 de abril de 1907 por la mañana el licenciado Manuel Estrada Cabrera estaba de buen humor (algo raro en su carácter y que sembraba el temor entre sus oficiales) y quiso que su hijo Joaquín se sentara a su lado (algo también extraño, pues el presidente no era dado a expresar afecto para los suyos). Los ayudantes rodearon el carro y emprendieron la marcha. Cerca de la casa donde estaban los conjurados (ubicada frente a la Correccional de Menores) había una taberna y en la puerta algunos borrachos escandalizaban; el cochero atento sabía que estaba cerca del lugar indicado y que una línea en la pared de la calle le indicaría el sitio exacto en que tendría que detenerse. Pero los caballos no le obedecieron, y el carro se acercó a la acera de tal forma que el Jefe del Estado Mayor (el entonces brigadier José María Orellana) tuvo que subir su caballo a la acera para proteger al presidente de los que escandalizaban en la vía pública. El carruaje se detuvo a unas pulgadas más allá de donde debía haberlo hecho.

A las siete y media de la mañana estalló la bomba, destrozando el asiento del cochero y el que estaba frente al presidente (asiento que su hijo Joaquín, de 13 años, había estado momentos antes);​ el cochero murió despedazado por una bomba que no sabía iba a estar en el camino ya que le habían hecho creer que francotiradores se encargarían de Estrada Cabrera.​ Los dos viajeros y la mayoría de sus acompañantes rodaron por el suelo tras la explosión, siendo el presidente el primero en levantarse y ayudar a su jefe de Estado Mayor a hacer lo mismo; el presidente, revólver en mano, aparecía sereno sin saber que uno de los conspiradores pasaba a su lado en ese instante con un arma amartillada dentro de su saco para matarlo. Pero al ver la fisonomía decidida del presidente, el hombre se acobardó y no le disparó (de hecho, hay quien dice que no paró sino hasta que estuvo fuera de las fronteras de Guatemala).

Continuará…

BIBLIOGRAFIA:

 

8 de marzo de 1913: fuerte terremoto destruye Cuilapa, la cabecera del departamento de Santa Rosa, y varios pueblos vecinos

El puento sobre el río Los Esclavos, situado cerca del epicentro del terremoto.  No fue afectado por el sismo.  Fotografía de Alberto G. Valdeavellano, tomada en 1897.  Imagen de “La Ilustración del Pacífico

De acuerdo al boletín enviado al presidente Manuel Estrada Cabrera, el 8 de marzo entre las 9 y 10 de la mañana se sintió en Cuilapa un temblor que dejó en completa ruina a esa cabecera departamentos y los puebos vecinos; en las casas se lamentaban hasta quince víctimas pero fue en la Escuela Pública en donde ocurrió la mayor tragedia, pues allí murieron sepultados dos maestros con todos sus alumnos.​ También se derrumbaron los edificios del Cuartel, del Juzgado de Instancia, el de Administración de Rentas y la prisión, quedando los prisioneros sin custodia alguna. El informe también indica que se interrumpió la conexión telegráfica.

Tanto el terremoto inicial como las réplicas destruyeron muchas casas, escuelas e incluso la catedral y la prisión, con una considerable cantidad de víctimas mortales; similar destrucción sufrieron las localidades de Barberena, Cerro Redondo, Llano Grande y El Zapote también sufrieron daños considerables. También fueron dañados seriamente los poblados de Fraijanes, Pueblo Nuevo Viñas, Coatepeque y Jalpatagua.​ En el área del epicentro, el terremoto provocó derrumbes y bloqueo de caminos y carreteras; los vecinos culpaban del terremoto al cerro Los Esclavos, a 4 km de distancia, al punto que creían haber detectado una gran grieta que se veía desde Cuilapa.​ Por su parte, el puente de Los Esclavos, construido durante la época colonial no sufrió daño alguno.

El sismo se sintió en lugares tan remotos como en el municipio de Salamá, departamento de Baja Verapaz y en la ciudad de Guatemala, en donde provocó alarma, pero solamente daños menores en la infraestructura. También se sintió en el departamento de Sololá y en algunos lugares de El Salvador

BIBLIOGRAFIA: