21 de julio de 1890: Guatemala declara la guerra a El Salvador, iniciando la primera “guerra del Totoposte”

21julio1890
Volcán de Agua visto desde Santa María de Jesús en 1890.  En ese año, los gobernantes de El Salvador, el general Carlos Ezeta (a la izquierda) y de Guatemala, el general Manuel Lisandro Barillas (a la derecha) se enfrascaron en una corta guerra que fue llamada por sus contemporáneos “guerra del totoposte”.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En 1890, el general Manuel Lisandro Barillas tenía una buena relación con el presidente de El Salvador, general Francisco Menéndez, de tal forma que cuando éste murió durante una revolución en su contra el 22 de junio de ese año, el gobierno guatemalteco emitió el siguiente decreto:1

Decreto No. 430:
Manuel Lisandro Barillas, General de División y Presidente Constitucional de la República de Guatemala,
Considerando:
Que se tiene noticia de haber fallecido, a causa de un movimiento revolucionario en la noche del veintidós de este mes, el Benemérito de la Patria, general don Francisco Menéndez, Presidente de la República de El Salvador:
Que este doloroso acontecimiento es motivo de duelo para el pueblo y gobierno de Guatemala, porque aquel eminente ciudadano, Jefe de una sección hermana, mantuvo leales y amistosas relaciones con esta República, y prestó importantísimos servicios a la paz y a la unión de la América Central:
Que, si por un deber de fraternidad corresponde dar prueba de deferencia al pueblo salvadoreño con motivo de la muerte de su ilustre Mandatario, ese deber es aun más imperioso en estas circunstancias, en que el vecino Estado sufre un movimiento perturbador de la tranquilidad pública, la cual mantuvo el General Menéndez con notable tino;
por tanto;
Decreta:
  1. Durante seis días, que comenzarán a contarse desde esta fecha, los empleados civiles y militares de la República llevarán luto por la muerte del Excelentísimo señor General don Francisco Menéndez, Presidente de la República de El Salvador.
  2. Durante esos mismos días estará izado, a media asta, el pabellón de la República en todos los edificios nacionales.
  3. Este decreto será comunicado por telégrafo a todos los departamentos para que en ellos se haga igual demostración.

Dado en el Palacio Nacional de Guatemala, a los veincuatro días del mes de junio de mil ochocientos noventa.

  • Manuel L. Barillas
  • E. Martínez Sobral, secretario de Estado de Relaciones Exteriores1

Menéndez había muerto luego del alzamiento de Carlos Ezeta, el cual de inmediato se comunicó con el general Juan Martín Barrundia, antiguo ministro de la Guerra del gobierno de J. Rufino Barrios y enemigo mortal de Barillas, y quien se encontraba exiliado en México trabajando en desestabilizar al gobierno guatemalteco que pretendía juzgarlo por apropación indebida de fondos públicos, y abuso de poder.2  Barrundia había intentado quedarse con el poder a la muerte de Barrios, pero Barillas y los diputados de la Asamblea Legislativa le ganaron la partida.

La situación empeoró y el veintiocho de junio, el gobierno guatemalteco se vió obligado a suspender las garantías constitucionales en los departamentos de Santa Rosa, Jutiapa y Chiquimula:3

Decreto No. 431Manuel L. Barillas, General de División y Presidente Constitucional de la República de Guatemala,

Considerando:

Que los últimos graves acontecimientos de El Salvador, que han perturbado la paz en aquella República, son motivo de amenaza para la tranquilidad en nuestros departamentos limítrofes al vecino Estado:

Que es un deber del Poder ejecutivo velar por la conservación del orden público, dictando las medidas que se dirijan a ese efecto;

Por tanto,

En Consejo de Ministros y con presencia de lo dispuesto en los artículos 39 y 77 de la Constitución,

Decreta:

  1. Se suspende en los departamentos de Santa Rosa, Jutiapa y Chiquimula, las garantías individuales a que se contrae el título 2.° de la ley constitutiva.
  2. Dése cuenta de este decreto a la Asamblea Legislativa en sus próximas sesiones.

Dado en el Palacio Nacional de Guatemala a veintiocho de junio de mil ochocientos noventa.

  • M. L. Barillas,
  • E. Martínez Sobral, ministro de Relaciones Exteriores3

Pero cuando la situación lejos de mejorar se agravó, Barillas extendió la suspensión de garantías constitucionales a todo el país el 20 de julio, mediante el siguiente decreto:4

Decreto Número 433Manuel L. Barillas, General de División y presidente Constitucional de la República de Guatemala

Considerando:

Que los acontecimientos ocurridos en El Salvador y que han sido una amenaza para la tranquilidad del país, determinaron la emisión del decreto de 28 de junio próximo pasado:

Que habiendo tomado mayores proporciones el estado de anarquía de la vecina República, son más trascendentales para la paz de Guatemala los sucesos que en El Salvador se verifican:

Siendo un deber del Gobierno velar por la conservación del orden público: en consejo de Ministros y de conformidad con lo dispuesto en el artículo 39 y 77 de la Constitución,

Decreto:

  1. Se hace extensiva a todos los departamentos de la República la suspensión de las garantías individuales a que se refiere el decreto citado de 28 de junio anterior.
  2. Dése cuenta de este decreto a la Asamblea Legislativa para sus próximas sesiones.

Dado en el Palacio Nacional de Guatemala, a los veinte días del mes de julio de mil ochocientos noventa.

  • M. L. Barillas
  • F. Anguiando, secretario de Estado de Gobernación y Justicia4

Finalmente, el 21 de julio, Guatemala aceptó la guerra con El Salvador y adjudicó los recursos necesarios para el efecto.  Como la guerra duró apenas unas cuantas batallas y no se resolvió nada con ella, los guatemaltecos la llamaron burlonamente “Guerra del Totoposte“, pues sólo había servido para transportar dicho alimento al frente de batalla. 5  A pesar de esto, la guerra tuvo un importante beneficio para el presidente guatemalteco, ya que el general Juan Martín Barrundia fue muerto por la policía del país cuando se encontraba a bordo del vapor estadounidense “Acapulcoel 28 de agosto de 1890 haciendo escala en el Puerto de San José en camino a reunirse con las fuerzas salvadoreñas.2

El decreto en el Barillas solicitó el uso de recursos para los combates es el siguiente:

Decreto No. 435

Manuel L. Barillas, General de División y Presidente Constitucional de la República de Guatemala

Considerando:

Que las circunstancias que el país atraviesa exigen gastos extraordinarios, que no pueden llenarse con el actual producto de las rentas establecidas:

Que, sin afectar los intereses de las clases pobres ni gravar los artículos de consumo general, se puede atender a aquellas necesidades, haciendo algún aumento transitorio,

Por tanto;

En Consejo de Ministros,

Decreto:

  1. Desde el 1 de agosto del presente año se pagará un peso más por cada quintar de café que se exporte.
  2. La contribución sobre la propiedad inmueble será de seis por millar desde el trimestre en curso.
  3. Se aumentar cinco centavos por cada botella de aguardiente que se extraiga de los depósitos fiscales para el consumo, desde el 1 de agosto del presente año.
  4. Se suspenden los efectos del Decreto número 101 de la Asamblea Legislativa, que declara libre la elaboración de la sal en el país.
  5. Los artefactos y productos naturales que de las Repúblicas de Centro América se introduzcan de 1 de agosto próximo en adelante, serán libres de derechos de importanción, menos la sal común, jabones, candelas de estearina o de cualquiera otra clase, aguardiente y tabaco.
  6. Los aumentos que este Decreto establece tendrán efecto solamente por un año.

Dado en el Palacio del Poder Ejecutivo: en Guatemala, a veintidós de julio de mil ochocientos noventa.

Debiendo reunirse los fondos necesarios para el sostenimiento de las fuerzas que se han levantado con motivo de los acontecimientos políticos, el presidente de la República,

Acuerda:

  1. Autorizar al señor secretario en el Despacho de Hacienda y Crédito Público, para que, de conformidad con las bases que ha formulado, contrate un empréstito por valor de un millón de pesos, que se repartirá proporcionalmente en toda la República.
  2. Igualmente se le autoriza para que nombre las personas que deban encargarse de recoger la subscripción.6

BIBLIOGRAFIA:

  1. Gómez Carrillo, Agustín (1890). Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala. IX. Guatemala: El Modelo. p. 116.
  2. Secretaría de Relaciones Exteriores (1891). Report of the secretary of foreign relations of the republic of Guatemala to the national legislative assembly concerning the capture and death of General J. Martín Barrundia (en inglés). Guatemala: El Modelo. p. 5 y siguientes.
  3. Gómez Carrillo, Recopilación de las Leyes, pp. 111,112.
  4. Ibid, p. 116.
  5. Hernández de León, Federico (1930) El Libro de las Efemérides. III. Guatemala: Sánchez y de Guise.
  6. Gómez Carrillo, Recopilación de las Leyes, pp. 117,118.

28 de agosto de 1890: muere a manos de la policía y a bordo de un buque estadounidense anclado en Puerto de San José el general Juan M. Barrundia

28agosto1890
Desembarque de pasajeros en el muelle del puerto de San José en la década de 1890. Nótese que los pasajeros eran llevados en pequeñas embacarciones de los grandes vapores al muelle antes de ser subidos en un elevador. En el recuadro: el general Juan Martín Barrundia. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Tras la muerte del general J. Rufino Barrios en Chalchuapa, el 2 de abril de 1885, su ministro de la Guerra, el temido general Juan M.  Barrundia empezó a mover los hilos para hacerse con el poder en Guatemala.  Inicialmente le fue fácil, gracias al débil caráter del primer designado a la presidencia, Alejandro M. Sinibaldi, pero no contaba con que los miembros d ela Asamblea legislativa iban a contactar al segundo designado, el general Manuel Lisandro Barillas, entonces jefe político de Quetzaltenango, para que se hiciera cargo de la situación.1

Mediante un hábil ardid durante el sepelio de Barrios en el Cementerio General, Barillas logró hacerse con la presidencia, y para cuando Barrundia se dió cuenta de la treta, ya era tarde. Poco después salió hacia Italia nombrado como embajador de Guatemala en ese país, pero a medio camino le cancelaron el nombramiento1 ya que el nuevo presidente hizo público que Barrundia se había apropiado de grandes cantidades de fondos nacionales y que había abusado de su poder como Ministro de la Guerra durante el gobierno del general Barrios.2  Aunque éste era un secreto a voces, estas investigaciones tenían la intención de enjuiciar al exministro de la guerra, ya que determinaron que Barrundia no solamente había cometido graves abusos de poder, sino que abusos personales en contra de personas que eran sus enemigos personales.3  Así, aunque Barrios había cometido el mismo tipo de abusos y de malversación de fondos, fue Barrundia el que se convirtió en el enemigo público de Guatemala, mientras que Barrios fue endiosado por sus aduladores hasta convertirlo en un héroe que supuestamente murió por el ideal de la Unificación Centroamericana.4

Inicialmente, cuando iba camino de Italia, Barrundia se fue a Nueva York, en donde se encontró con el embajador de Guatemala en Estados Unidos, el licenciado Antonio Batres Jáuregui.  Este último relata el encuentro de esta forma:5

Averigüé que estaban en el hotel Windsor.  Fui a verlos. […] Luego encontré el nombre de don Martín, y en el siguiente renglón decía, Mrs. Barrundia, […] procedentes de Guatemala. […] Salió a recibirme don Martín, y después de las frases usuales, le dije: ‘¿Usted vino con su esposa?’ ‘¿Por qué me lo pregunta?’ replicó, con el modo seco y áspero que gastaba en sus tiempos prósperos de imperioso mando. ‘No me interesa mucho – le repuse- pero, como vi, en el libro de entradas, el nombre de Mrs. Barrundia, me pareció, por ubanidad, preguntar por ella’. ‘¡Ah!, tiene usted razón -agregó- voy a ser franco, traje a la italiana, aquella bailarina, con quien tenía relaciones en Guatemala; y para que pueda vivir conmigo aquí, he puesto que es mi señora’.  [Le respondí]: ‘Váyase usted mañana, a otro hotel.  Esto es muy delicado, en este país.  Si se descubre la falsedad, le costaría dolores de cabeza; además, es peligroso, porque constiutye prueba de reconocimiento de estado.  Pida usted un cuarto contiguo al suyo, para la italiana, en nombre de ella, como si fuera su amiga, nada más procediendo con cautela.  Aquí no son las cosas como allá.’  Al día siguiente les ayudé a arreglar el asunto, porque ninguno de ellos hablaba inglés. Procuré que fuese un hotel en que no hubiera la delicadeza puritana que existe, en ese punto, en todos los de primera clase”.5

Como sabía muy bien que era detestado por el pueblo guatemalteco, Barrundia se cuidó de no regresar y se autoexilió en México hasta 1888, año en que luego de haber solicitado una y otra vez al gobierno de Barillas que le permitieran el retorno, éste se lo autorizó.  Barillas le permitió retornar, pero le pusieron una guardia personal para protegerlo contra el descontento popular contra su persona; Barrundia creyó que pasados tres años el sentimiento de los guatemaltecos se había calmado, pero no pudo llegar a la ciudad de Guatemala, porque a todo lugar al que iba se encontraban con que la guardia no era suficiente para contener a todos los que querían vengarse de él.3

El ex-ministro decidió entonces permanecer en México e iniciar una campaña de desgaste contra el gobierno de Barillas escribiendo y distribuyendo panfletos llenos de insultos y calumnias contra el presidente guatemalteco y pidiéndole a los ciudadanos que se alzaran en armas contra él.6  La intención era derrocar a Barillas y llegar él a poder, para hacerse cargo de un gobierno similar al de Barrios, y que tantos beneficios económicos le habían producido.

De los panfletos pasó a la acción e intentó invadir a Guatemala en dos ocasiones, el 30 de marzo de 1890 y a principios de agosto de ese mismo año, pero en ambas fue neutralizado por las autoridades mexicanas.  Enterado del triunfo del general Ezeta en El Salvador, se embarcó para Guatemala en el vapor estadounidense “Acapulco” con la intención de unirse al ejército salvadoreño para invadir Guatemala, pero fue interceptado en el puerto de Champerico, cuando el vapor se detuvo allí.  Como el capitán del navío no aceptó a entregar a Barrundia, el vapor continuó su marcha al Puerto de San José, y para entonces el gobierno guatemalteco ya tenía un acuerdo con los Estados Unidos para apresar a Barrundia.7

Para ayudar a la captura del ex-ministro, así como para tomar todas las precauciones para protegerlo durante su traslado a la ciudad de Guatemala, el gobierno envió al puerto al subdirector de la Policía con tres agentes, quienes se pusieron a las órdenes del coronel Enrique Toriello, comandante del puerto.  Acompañado de los tres oficiales, Toriello abordó el “Acapulco” tan pronto como recibió la carta donde se autorizaba la captura de Barrundia; el capitán del barco al camarote de Barrundia, pero cuando el capitán empezó a traducir al español lo que decía la carta del embajador de los Estados Unidos, éste inmediatamente sacó sus revólveres y empezó a disparar, primero a Toriello y luego a los agentes de la policía, quienes regresaron el fuego y mataron a Barrundia.8

Al enterarse, una de las hijas de Barrundia, la señora Teresa Barrundia de Bengoechea tomó un revólver fue a la Legación de los Estados Unidos en Guatemala, y entrando al despacho del embajador, lo encontró sentado en su escritorio y le disparó un tiro que fue a dar a un diccionario Webster que estaba en un atril.9 La familia del fallecido reclamó al gobierno estadounidense, generando un conflicto con los Estados Unidos que causó mucho revuelo en ese país, pero que al final se resolvió favorablemente para Guatemala, ya que ésta explicó que el ex-ministro había muerto cuando estaban intentando aprehenderlo por las siguientes razones:

  • Era contrabando de guerra y traidor a la patria, pues iba hacia El Salvador para unirse a un ejército invasor.
  • Había serias acusaciones sobre Barrundia por los crímenes que había cometido durante su gestión como Ministro de la Guerra del gobierno de Barrios.10

BIBLIOGRAFIA:

  1. Batres Jáuregui, Antonio (1949). La América Central ante la Historia; 1821-1921, Memorias de un siglo. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 490.
  2. Secretaría de Relaciones Exteriores (1891). Report of the secretary of foreign relations of the republic of Guatemala to the national legislative assembly concerning the capture and death of General J. Martín Barrundia (en inglés). Guatemala: El Modelo. p. 5.
  3. Ibid., p. 6.
  4. Polanco Pérez, Perla Patricia (2016)Ubico frente al héroe liberal: El Centenario de Barrios en la legitimación de la dictadura, Guatemala 1935. Guatemala: Universidad de San Carlos, Facultad de Humanidades. p. 68 y siguientes.
  5. Batres Jáuregui, La América Central ante la Historia, p. 508.
  6. Secretaría de Relaciones exteriores, Report of the secretary of foreing relations, p. 7.
  7. Ibid., pp. 23-26.
  8. Ibid., p. 27.
  9. Batres Jáuregui, La América Central ante la Historia, p. 494.
  10. Secretaría de Relaciones exteriores, Report of the secretary of foreing relations, p. 36.

14 de mayo de 1884: la Corte de Justicia ratifica la sentencia de muerte de los supuestos autores del atentado contra J. Rufino Barrios

 

14mayo1884
Los jardines del Teatro Nacional (anteriormente Teatro Carrera y posteriormente Teatro Colón) en 1870.  Aquí ocurrió el atentado contra el presidente Barrios en 1884.  En el recuadro: el general presidente J. Rufino Barrios.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Reproducimos a continuación, por su importancia histórica, el prólogo publicado en la Gaceta de los Tribunales el 15 de mayo de 1884 al respecto de la sentencia contra los supuestos autores del atentado del 13 de abril de 1884 contra J. Rufino Barrios y su ministro de la Guerra, general Juan Martín Barrundia, ya que el mismo refleja el servilismo de los funcionarios de la época hacia la figura presidencial, la cual, a diferencia de lo que ocurre desde 1985 en Guatemala, controlaba todos los aspectos no solo del gobierno sino de la sociedad en general:

Atentado del 13 de abril:

Todavía están frescas y palpitantes las impresiones de pena, que en el ánimo de las gentes que rinden fervoroso culto a la moral, dejara el odioso atentado cometido ne la noche del 13 de abril próximo anterior. Todos los guatemaltecos, cediendo a las inspiraciones del afecto y al interés que el patriotismo dicta en favor de la causa pública, manifestaron no solamente sus votos de pláceme por la extraordinaria salvación del Sr. Presidente de la República y del Sr. Ministro de la Guerra, sino también su deseo de que se averigura quienes eran los autores del crimen y se procediera contra ellos como faese de justicia.1

La autoridad judicial que sin estímulos extraños, cumple siempre su deber con la regularidad que exige una recta aminidstración, ha satisfecho también esta pública ansiedad.  En efecto, la Comandancia de Armas de este Departamento, por medio de su Auditor, licenciado D. Vicente Sáenz, practicó sin descanso con exquisita diligencia y notable tino, la mayor parte, y pudiera decirse, casi todas las diligencias necesarias para indagar, con todos sus detalles, un crimen por mucho tiempo meditado y cometido con terribles e inusitados instrumentos a favor de las sombras de la noche.1

La sentencia de la Sala 1a. de Justicia, que ve la luz en este número, puso término a la causa, aprobando en todas sus partes el fallo de primera instancia.  En ella se fulmina la pena de muerte contra tres de los principales autores del hecho.  No será la Gaceta de los Tribunales, ni serán, seguramente, los Jueces que del asunto han conocido los que no abriguen sentimientos de conmiseración hacia esos, que habiendo perpetrado gravísimo delito, se hicieron merecedores de tan terrible pena.  El Juez 1°. de 1a. instancia y los Señores Magistrados trepidarían, no hay que dudarlo, al pronunciar su fallo; pero ni el Juez ni los Magistrados pudieron dar pábulo a los dictados de la clemente que, desgraciadamente, no estaban de acuerdo con el imperioso mandato de las leyes.1

Las especiales circustancias que rodean a países de nueva formación, en que los graves atentados contra el Jefe del Ejecutivo, atacan seriamente el orden y menoscaban el prestigio de la autoridad, exigen cierta saludable severidad para mantener incólumes los intereses de la sociedad, y conservar sin detrimento las importantes atribuciones delque es, en su respectiva rama, el primer representante del poder público. Por otro lado, en estas Repúblicas de Hispano-América, que tantas veces han sufrido el embate del huracán revolucionario y que por lo mismo tienen fatal predisposición a la anarquía, con todo su cortejo de horrores, parece debido tener a raya a los trastornadores del orden público, el cual se afectaría, sin duda, con la violenta desparición del ciudadado Presidente, que simboliza, en ciertas situaciones, el principio de paz, de progreso y bienestar.2

Día vendrá en que estos pueblos, ya completamente ilustrados, hagan de la libertad de que gozan, un medio seguro de usar bien de sus derechos, y conviertan la paz en árbol protector a cuya sombra se dediquen al trabajo fructuoso y honrado; día vendrá en que todo sea orden y regularidad y en que la máquina administrativa funcione en bien general sin obstáculos casi inseparables: entonces se alejarán las revueltas y las ambiciones de mala índole; se respetará a la autoridad, y no será tan necesario como doloroso, dictar severas medidas de represión. ¡Esos tiempos, por fortuna, llegarán pronto para nosotros, mercer a las atinadas disposiciones que en favor de la ilustración del pueblo, dicta diariamente la actual Administración de la República!2

La sentencia hace un recuento de los hechos ocurridos (redactados, eso sí, por Barrios, Barrundia y sus esbirros), los cuales se resumen a continuación:

    • Se declararon culpables los siguientes individuos:
      • Santos Soto y Castellanos de 43 años de edad, de profesión asentista
      • Jesús y Abraham Soto, de 20 y 15 años de edad, respectivamente. El primero era herrero y el segundo albañil
      • José Escobar, de 60 años de edad, sastre
      • Sebastián Macal, de 20 años de edad, fundidor
      • Rafael Rivera, de 16 años de edad, impresor y entenado de Santos Soto.2
  • Se hace énfasis en que todos los acusados sabían leer y escribir.2
  • Tras la explosión, el Mayor de Plaza, Manuel H. Ortigosa encontró un cordel de cáñamo desde el lugar de la explosión hasta la puerta de entrada a la alameda del Teatro y varios fragmentos de la bomba con ciertas palabras grabadas.
  • Al oir la explosión, Fernando Córdova corrió hacia el lugar de los hechos y vió a Santos Soto bajando corriendo las gradas del teatro; Soto le dijo que le preguntar a José Escobar que era lo que había ocurrido3
  • Soto y Escobar fueron capturados y enviados al Juzgado tercero de Paz, pues concluyeron que Soto había tirado del cordel de cáñamo para activar la bomba a distancia.3
  • El sordomudo Damián Cosme, usando como intérprete a su patrón Francisco González Campo, le dijo al Mayor de Plaza que había visto en casa de Soto a Abraham Soto y a José Escobar arreglando la bomba.3
  • Jesús Soto preparó la bola de plomo que sirvió de detonante, y la bomba por encargo de Santos Soto y con la ayuda de Sebastián Macal en la Escuela de Artes y Oficios.4
  • José Escobar fue quien dió la señal para tirar del cordel.

En vista de lo descrito, se confirmaron las siguientes condenas:

  • Muerte para Santos y Jesús Soto, y a José Escobar, con base en el Código Penal y a leyes contenidas en la Recopilación de Leyes de Indias5 (que había sido descartada tras la Independencia de España en 1821 pero que fue rebuscada para esta ocasión)
  • Presidio con calidad de retención a Sebastián Macal.
  • Prisión de diez años a Abraham Soto, a pesar de tener solamente quince años de edad.5

A pesar de las condenas, y de que en efecto fueron exhibidos en capilla ardiente y luego llevados al cadalso, los tres sentenciados a muerte no fueron ejecutados, sino llevados al Fuerte de San José, en donde a fuerza de torturas involucraron a más personas en el supuesto complot.5

De acuerdo al historiador y político liberal Francisco Lainfiesta, quien fuera Ministro de Fomento de Barrios en esos momento, Barrios ya mostraba claros trastornos mentales en la época en que ocurrió el atentado, lo que explicaría su feroz persecución de los supuestos implicados.  He aquí cómo describe Lainfiesta el estado mental del presidente guatemalteco:

Se paseaba el general Barrios por su despacho con las manos asidas por detrás; allí estábamos los seis ministros con los brazos cruzados, lo más del tiempo silenciosos. Barrios hablaba y hablaba de los asesinos y, repentinamente, se acercaba a decirnos:

‘Si ustede quieren, saquen a esa tal [Rodríguez] sáquenlo, sáquenlo, pónganlo en libertad… pero yo le mando pegar antes mil palos’.

Esto decía y repetía con frecuencia como respondiendo a objeciones que él imaginaba se le hacían en favor de Rodríguez; o como para prevenir que se le hicieran, y era en aquellos arranques, cuando solía agarrarse la cabeza, diciendo: ‘Si esto no acaba pornto, va a parar en loco’.6

La situación en el despacho del general Barrios continuaba nebulosa y sombría; largas conferencias con el ministro de la Guerra [Juan M. Barrundia]; frases sentenciosas, miradas que parecían rayos; momentos de silencio, momentos de arrebato; la imaginación paseando ardorosa y desatentada sobre el sangriento escenario del cadalso; el caos, en fin, imperando en aquella cabeza formidable, que de tan formidable poder disponía.7

Los que han envidiado a los ministros del general Barrios y los que les han hecho un cargo de haberlo sido, ¡cómo no estuvieron ocupando las sillas ministeriales en aquellas horas!7

El egoísmo era en Barrios la suprema ley.  Morir él y que quedaran vivos [sus enemigos] y que fueran a reírse de él después de muerto, y acaso a poner en práctica lo que él suponía o presentía de ellos; eso no le cabía en la cabeza.  Llevar él el anatema o el odio, dimanados de ciertos actos que como absoluto dictador hacía ejecutar, y que no llevaran todos sus ministros el mismo odio y anatema, tampoco podía consentirlo.  De allí el mandato para que los ministros estuvieran frecuentando la cárcel pública durante la secuela del proceso […]8


BIBLIOGRAFIA:

  1. Presidencia del Poder Judicial (15 de mayo de 1884). Atentado del 13 de abril. Gaceta de los Tribunales, IV 1, Guatemala. p. 1.
  2. Ibid, p. 2
  3. Ibid, p. 3
  4. Ibid, p. 4
  5. Ibid, p. 5
  6. Lainfiesta, Francisco (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala: Período de veinte años corridos del 14 de abril de 1865 al 5 de abril de 1885.  Guatemala: Pineda e Ibarra. p. 325.
  7. Ibid, p. 329.
  8. Ibid, p. 336.

13 de abril de 1884: una bomba estalla cerca del general J. Rufino Barrios y su Ministro de la guerra Juan M. Barrundia sin causarles daño

13abril1884
Esquina sudeste del Teatro Nacional (anteriormente Teatro “Carrera”).  Por aquí iban pasando J. Rufino Barrios y Juan M. Barrundia cuando la bomba estalló, pero no alcanzós a herirlos.  En el recuadro: grabado del general Barrundia, el temido Ministro de la Guerra de Barrios.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

La noche del 13 de abril de 1884, el general presidente J. Rufino Barrios y su ministro de la Guerra general Juan Martín Barrundia paseaban por los jardines del Teatro Nacional (antiguamente “Teatro Carrera”) en la Ciudad de Guatemala, cuando de pronto, al llegar a la esquina sudeste, una bomba estalló cerca de donde se encontraban.1  De inmediato se reunieron allí Fernando Córdova, Javier Olaverri y Manuel Ortigosa, conocidos espías y esbirros de Barrios y Barrundia y procedieron a recoger fragmentos de la bomba, entre proyectiles, pita, bola de plomo, y punzón.  Además, recibieron órdenes inmediatas de Barrios de que capturaran a los que se encontraran en la fonda de Santos Soto, un viejo oponente de Barrios.  Después de eso, Barrios y Barrundia continuaron su paseo, a pesar de las heridas que se dijo que habían sufrido.2

Para entonces, las fortunas de Barrios y Barrundia habían crecido exponencialmente gracias a sus grandes fincas cafetaleras, a las leyes agrarias que favorecían estos cultivos y a las comisiones que les otorgaban las compañías que construían la infraestructura ferroviaria y portuaria en el país.  Y, aunque aquello era del conocimiento público, la sociedad no protestaba porque el control que Barrios y Barrundia ejercían no sólo sobre Guatemala sino sobre las vecinas Repúblicas de Honduras y El Salvador era prácticamente absoluto.3

Así pues, ante el tremendo atrevimiento de atentar contra la vida del general Barrios, nadie protestó cuando se produjeron persecuciones y torturas que fueron documentadas por Guillermo Rodríguez, quien fuera acusado y condenado como principal sospechoso del atentado.

En la fonda de Santos Soto, ubicada en la esquina opuesta a la esquina del Teatro en donde se produjo la explosión, capturaron a Soto y a su familia, además de José Cordero, José Escobar y Miguel Figueroa, y otras personas, algunas de las cuales se hallaban por el Teatro, y otras que fueron aprehendidas en sus casas y comenzó a instruirse averiguación ante un Juez de Paz.  (Soto era propietario de una fonda en la que se vendía aguardiente que producía junto con el hacendado Guillermo Rodríguez en la finca “El Palomar”, y ya había tenido problemas con Barrios por la “conspiración Kopesky” en noviembre de 1877, cuando un esbirro del presidente lo incriminó en una conspiración que hubo en esa oportunidad para así no pagarle 200 pesos que Soto le había prestado.  Soto era primo, socio  y compadre de Jesús Batres, uno de los fusiliados por ese complot y a raíz de eso Soto había estado preso y exiliado en San Marcos hasta 1882).  En la única declaración que pudo dar Cordero antes de morir, aparece que momentos antes de la explosión de la bomba, y en el propio lugar donde ésta se verificó, había visto a un hombre montado en la baranda del Teatro.4

Por la mañana trasladan a la cárcel pública a todos los aprehendidos y se continúan allí las diligencias en presencia y con intervención del mismo Barrundia, de los Ministros Díaz Mérida y Sáchez, del Director de Policía Roderico Toledo, y de otras personas más, quienes ordenan el tormento de los palos a Santos Soto, a Escobar, a Cordero y a otros, incluyendo a Jesús y a Abraham Soto y a Rafael Rivera, hijos y entenado de Santos Soto.  Aquella escena se repitió durante varios días, pero no todos resistieron.  Juan Leiva, muere en la Cárcel, asesinado segun unos, suicidado segun otros, sin que se le haya tomado declaración; José Cordero muere a palos en el Batallón N°. 3, a donde había sido trasladado; Miguel Figueroa desaparece misteriosamente, y Mariano Vásquez muere en la Penitenciaría.  Otro de los procesados, Tomás Santos, recibe quinientos palos cada día en el Batallón N°.2 y sus heridas son presa de los gusanos; por su parte, Sebastián Macal, por los insultos y terribles amenazas que le hace el mismo Presidente Barrios, es obligado a confesar que fue autor de la bomba.5

Le exigieron a Santos Soto a que nombrara como su defensor a Rodríguez, a quien obligaron a aceptar ese cargo a pesar de no ser abogado, y no le dieron el permiso que solicitó para hablar con su defendido, además de imponerle que presente la defensa en veinticuatro horas.  Rodríguez encontró en proceso las declaraciones de Jesús y Abraham Soto y la de Sebastián Macal, incontestables, que no le dejaron hacer defensa alguna.  En ese momento, Rodríguez no sabía como se habían adquirido aquellas declaraciones.5

El 5 de mayo el  Juzgado 1°. de la 1a. Instancia, condenó a muerte a Santos y Jesús Soto, y a José Escobar, aplicando leyes españolas, lo que fue ratificado por la Sala primera de la Corte de Justicia, el 9 del mismo mes, aplicando las mismas leyes.  A los condenados se les exhibió al público vestidos con una túnica negra y capirote durante su capilla ardiente, pero luego los trasladan nuevamente de la Cárcel pública al Fuerte de San José, donde los vuelven a torturar a palos pues la intención del gobernante era incriminar a un grupo de “nobles”.  El casitgo es tal, que Escobar murió en la noche del 16 de mayo, mientras que Santos Soto es obligado a presenciar los palos que le dan a su hijo Jesús, mientras a él mismo lo están tortuando.  Hasta entonces, Santos había tenido la fortaleza de no mentir ante las exigencias de sus verdugos, pero ya no pudo y ya moribundo cedió a la exigencia del general Barrios, que dirigía aquellas torturas en persona quien lo tomó del pelo y le exigió que dijera que “Guillermo Rodríguez es el de la bomba“.6

Tras procurar medicinas y médicos para Soto, Barrundia se presenta al Fuerte de San José y obliga a Soto a firmar una declaración preparada de antemano y con ella proceden a capturar a Rodríguez el 18 de mayo, a quien dejan incomunicado en las bartolinas. El 19 lo llevaron ante el Auditor Vicente Sáenz, quien le tomó la primera declaración y le hizo ver que no podía haber sido Rodríguez quien hizo la bomba, pues el regresó a Guatemala de Europa en septiembre, y la bomba estaba lista desde mayo.7

Capturaron también a Cresencio Vera, quien era el mayordomo de la finca “El Palomar”, propiedad de Rodríguez, pero éste se salvó de que lo torturaran por ser ciudadano mexicano. Y además capturaron a todos los que trabajaban en la finca, incluyendo a hombres, mujeres y niños y a algunos de los hombres los torturaron a palos mientras que al resto le hicieron amenazas y promesas para que acusaran a Rodríguez. (De hecho, Rodríguez reproduce en su alegato una declaración de Santos Soto en la que éste indica que Barrios quería aprovechar aquella coyuntura para inculpar y encarcelar a varios personajes que le molestaban, entre ellos José María Samayoa, el general Julio García Granados, Carmen Cruz, Valerio irungaray, el general Felipe Cruz, José Batres y Manuel Urruela; Barrios le pidió a Soto tras numerosas torturas que los inculpara pero éste no lo hizo).8

Aparentemente, al final de uno de estos careos Barrios habría tomado un rifloe y se puso a tirar al blanco con uno de sus esbirros, riéndose y diciéndole que esos tiros seguramente asustarían a la gente en la ciudad, que debían creer que estaban fusilando a alguien y que le gustaría ver “cómo se pondrían todos los nobles al ver cómo había mandado a Rodríguez.”9

Barrios y Barrundia se turnaban para aleccionar a los acusadores o testigos y preparaban a Soto para los careos con Rodríguez, quien prácticamente no pudo defenderse y fue acusado de rebelión, de levantar a los pobladores en las inmediaciones de la ciudad, y hasta de reunirse en casas particulares en un complot para derrocar al gobierno.  Ante todo esto, Rodríguez es condenado a muerte el 21 de junio de 1884, mientras que se absolvió a su mayordomo, Cresencio Vera; su sentencia fue confirmada por la Corte de Justica el 27 de junio.  De acuerdo al alegato de Rodríguez ante la Asamblea, “la sentencia fue confirmada a pesar de contradicciones graves y evidentes y de que para entonces ya era obvio que se había empleado el tormento para obligar a todos los declarantes” e indica que los jueces y magistrados “buscaron un ardid para fundar la condenatoria a muerte que les mandaban a imponerle“.10

A Rodríguez le esperaba una humillación final: el 4 de julio, al medio día lo llevan, vestido con una túnica negra y capirote, con los brazos atados y en medio de una escolta hasta la casa de Barrios, quien le da una carta que dice: “Guillermo Rodríguez queda indultado de la pena de muerte y de la Inmediata Superior a que fue condenado por los tribunales de la república por el atentado del 13 de abril último. L. y R.  Barrios“.  El presidente también indultó a Soto, Miranda y Macal y el 27 de julio Rodríguez sale al exilio a Europa.11


BIBLIOGRAFIA:

  1. Aguirre Cinta, Rafael (1899) Lecciones de Historia General de Guatemala. Arregladas para uso de las escuelas primarias y secundarias de ésta República.  Guatemala: Tipografía Nacional. p. 204.
  2. Rodríguez, Guillermo (Mayo de 1886) Exposición y documentos presentados a la Asamblea Nacional Legislativa por Guillermo Rodríguez, acusado y sentenciado con pretexto de la bomba del 13 de abril de 1884.  Guatemala: Tipografía de Arenales. p. 3.
  3. Tipografía El Renacimiento (3 de agosto de 1885). Memoria de las riquezas de la mortual del Señor General expresidente Don Justo Rufino Barrios, en su relación con los intereses de la Hacienda pública (2.ª edición). Guatemala: Tipografía de “El Renacimiento”. p. 26.
  4. Rodríguez, Exposición y documentos presentados, p. 4.
  5. Ibid, p. 5.
  6. Ibid, p. 6-7
  7. Ibid, p. 7.
  8. Ibid, p. 84.
  9. Ibid, p. 91.
  10. Ibid, p. 8-9.
  11. Ibid, p. 14.

18 de noviembre de 1881: se abre oficialmente la Penitenciaría Central para que los reos varones cumplan sentencias

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Vista aérea de la Penitenciaría Central y del Estadio “Autonomía” en la década de 1950.  Este espacio es ocupado en el siglo XXI por el Ministerio de Finanzas y el Banco de Guatemala. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Una de las prisiones más lúgubres y terribles que han existido en la Ciudad de Guatemala es la trístemente célebre Penitenciaría Central, en donde purgaron sus condenas muchos presos varones entre 1881 y 1957, cuando fue finalmente clausurada por el gobierno del coronel Carlos Castillo Armas.  La estructura fue demolida en 1968 para dar luegar a la construcción del edificio del Ministerio de Finanzas Públicas y parte del Centro Cívico de la Ciudad.

La Penitenciaría empezó a recibir presos el 18 de noviembre de 1881, como lo muestra el siguiente decreto del general J. Rufino Barrios:

Palacio Nacional: Guatemala, 18 de noviembre de 1881

Habiéndose terminado ya la parte del edificio de la Penitenciaría de esta ciudad, destinada para recibir a los reos condenados por sentencia firme; y atendiendo, por una parte, a que allí se encontrarán éstos, por la amplitud del local y por otras favorables circunstancias en mejores condiciones que en la cárcel pública; y deseando además que cuando ántes vaya haciéndose la posible separación entre los que ya están condenados por ejecutoria a ciertas penas y los procesados que no lo están todavía, el Presidente de la República acuerda:

  1. Que los presos que actualmente cumplen en la cárcel de hombres de esta capital condenas de obras públicas o de más de un año de prisión, sean trasladados a la Penitenciaría para continuar extinguiéndola allí, en la forma que proceda, conforme a los términos de la sentencia respectiva; y
  2. Que igualmente sean trasladados al mismo edificio, para el cumplimiento de sus condenas, en los mismos términos expresados, los que en lo sucesivo fueren remitidos de los otros departamentos a la cárcel de éste o por los tribunales del último fueren condenados a pena que exceda de un año de arresto o que tenga la calidad de obras públicas.

Comuníquese.

  • J. Rufino Barrios
  • Cruz

Se inició así la triste historia del recinto, en donde muchos presos políticos padecieron torturas y vejámenes entre 1881 y 1957.  Del gobierno de Barrios, y su ministro de la Guerra, Juan Martín Barrundia, se cuentan terribles historias sobre los tormentos que sufrían sus enemigos en la Penitenciaría, como indica el embajador mexicano Federico Gamboa en “Mi Diario“, publicado en 1910:

“A los términos de la calzada, dándole la espalda a edificio de líneas agradables, […], otro monumento muy italiano en su factura y en sus componentes, erigido a la memoria del general D. J. Rufino Barrios. Allí está él, cabalgando en brioso bridón que parece fuera a despeñarse, y empuñando en su diestra la bandera de esta patria suya, que él trató con tantísima crueldad y dureza tanta. ¿Será de veras la muerte un Leteo?…

Lo pregunto porque aún existen centenares de familias que le narran a usted pormenorizadamente las persecuciones horrorosas y los tormentos bárbaros que el general Barrios consumó en sus deudos muertos, y sin embargo, aquí está él, en monumento de bronce y mármoles, en actitud heroica, con coronas de flores agostadas que indican que la gratitud nacional viene y las deposita en el pedestal, de cuando en cuando; y una agrupación política, que se llama a sí misma liberal, ha hecho de la memoria de Barrios, tan escarnecida por algunos, su símbolo, su arquetipo y su modelo.

Si se tratara de escribir la historia de este país, ¿a quién habría que hacerle caso, a los que atacan al hombre con pruebas fehacientes en su contra, o a los que lo defienden y dignifican?… ¡Allá ellos!

Guillermo F. Hall, un acomodado banquero de origen británico y padre de la escritoria Elisa Hall de Asturias, escribió su propio libro, “La Penitenciaría de Guatemala“, luego de haber estado en prisión por haberse negado a hacer negocios turbios con los allegados del presidente Manuel Estrada Cabrera. En su obra, Hall describe lo siguiente sobre la época de Barrios y Barrundia:

“Tata Juan” era el decano de la penitenciaría, había permanecido en ella desde su fundación. Había sido verdugo de los tiempos de Rufino Barrios y Barrundia.​ Era la conversación favorita de este rufián el referir a sus admiradores los crímenes que había cometido, tanto por cuenta propia, como en su carácter de verdugo. […] Hacía alarde de haber [asesinado] por su propia cuenta a veintiséis individuos; no recordaba a cuantos había dado muerte a palos en las bóvedas de la penitenciaría por orden de Barrunda y de Barrios -¡eran tantos!​ Contaba […] el modo cómo procedía a cumplir las órdenes de sus amos; cómo después de propinar a sus víctimas doscientos o trescientos palos, se acostaba un rato a descansar al arrullo de los ayes de su “paciente” [para luego reanudar] la tarea con más encarnizamiento, dándole palos sobre los ojos para deshacérselos, porque […] “así gritaban menos”.

Las atrocidades que sucedían en la lúgubre prisión no terminaron con la muerte de Barrios en 1885. Al contrario, en el libro “¡Ecce Pericles!“, el escritor conservador Rafael Arévalo Martínez describe lo que ocurría en el recinto a los presos políticos durante el gobierno de licenciado Manuel Estrada Cabrera, todos ellos miembros del Partido Conservador. Por su parte, en la obra “Hombres contra Ombres” del escritor Efraín De los Ríos, éste relata los vejámenes que sufrió en carne propia por los esbirros del presidente Jorge Ubico; De los Ríos menciona al famoso “Tatadiós“, quien residió muchos años en la Penitenciaría y era el cruel y desalmado encargado del denominado “callejón de los presos políticos”.

El escritor conservador Manuel Coronado Aguilar, quien estuvo preso en la Penitenciaría, escribió que “Roberto Isaac, alias “Tatadiós”, es una figura social-histórica guatemalense, digna de un minucioso estudio en los campos jurídico-criminológicos. Para unos, Roberto fue un delincuente vulgar, homicida reincidente; para otros, un hombre terrible, producto del hampa; para no pocos, un sujeto frustrado, de ímpetus irreflexivos; y para muy contados, nosotros entre éstos, un enfermo grave, que por haberlo abandonado nuestra sociedad que nunca o muy poco se ha preocupado de esta categoría de seres desglosados de la vida normal, se lanzó por el empinado atajo del crimen. Roberto Isaac entraba en un “estado patológico” siempre que ingería licor, el que lo obligaba a perturbaciones consecutivas mentales y hasta fisiológicas, de efectos extensivos, que lo precipitaban hacia la impulsión y hacia la tendencia morbosa.”

Incluso durante el gobierno del coronel Jacobo Arbenz Guzmán hubo torturas en esta prisión, siendo una de las víctimas el coronel Carlos Castillo Armas, a quien sus allegados ayudaron a escapar cargándolo porque no podía caminar por los castigos recibidos.


BIBLIOGRAFIA:


6 de abril de 1885: mediante un hábil ardid el general Manuel Lisandro Barillas se erige en presidente provisorio

6abril1885
Vista del Cementerio General en la época en que ocurrieron estos hechos. Imagen publicada por “La Ilustración Guatemalteca” en 1896. Imagen tomada de Wikimedia Commons

Cuando se supo de la muerte del presidente Barrios en Chalchualpa el 2 de abril de 1885, inmediatamente asumió como nuevo presidente el primer designado a la Presidencia, el señor Alejandro M. Sinibaldi,1 (bisabuelo del conocido politico guatemalteco homónimo del siglo XXI).

Sabiendo que Sinibaldi era una persona inteligente pero muy tranquila, varios grupos intentaron aprovechar la inestabilidad para hacerse del poder. Entre quienes quisieron tomar ventaja de la situación estaba el Ministro de la Guerra, general Juan Martín Barrundia, quien consiguió que Sinibaldi declarara estado de sitio y le confiriera poderes dictatoriales para calmar la situación.2

He aquí los decretos que emitió Sinibaldi el 3 de abril y que evidencian que ya estaba siendo víctima de la presión de Barrundia:

Palacio del Gobierno: Guatemala Abril 2 de 1885.El Primer Designado Encargado de la Presidencia, de acuerdo con el Consejo de Ministros,

Considerando: que en las difíciles circunstancias que atraviesa la República, se hace necesario que el Ministro de la Guerra tenga toda la libertad de acción indispensable para atender a su defensa; acuerda:

Se faculta al Ministro de la Guerra para que obre en el sentido que reclamen los intereses nacionales.

Comuníquese,

  • Primer Designado en el ejercicio del Poder Ejecutivo, Sinibaldi
  • Díaz Mérida3

Y éste es el otro decreto:

Alejandro M. Sinibaldi, Primer Designado Encargado de la Presidencia de la República de Guatemala,Considerando: que en las circunstancias que atraviesa el país, debe conceptuarse amenazada la tranquilidad pública, y que en consecuencia, se está en uno de los casos previstos por el artículo 39 de la ley Constitutiva; por tanto, de acuerdo con el parecer del Consejo de Ministros,

DECRETO:

Artículo 1.°: Se declaran suspensas en toda la República las garantías individuales de que habla el Título 2.° de la Constitución.
Artículo 2.°: Dése cuenta a la Asamblea Legislativa del presente Decreto.

Dado en el Palacio del Gobinero, a 3 de abril de mil ochocientos ochenta y cinco.

Alejandro M. Sinibaldi

El Secretario de Estado en el Despacho de la Guerra, J. Martín Barrundia
El Secretario de Estado en el Despacho de Hacienda, Delfino Sánchez
El Secretario de Estado en el Despacho de Relaciones Exteriores, Fernando Cruz
El Secretario de Estado en el Despacho de Gobernación y Justicia, Cayetano Díaz Mérida
El Secretario de Estado en el Despacho de Fomento, Francisco Lainfiesta
El Secretario de Estado en el Despacho de Instrucción Pública, Ramón Murga4

 

Barrundia era considerado como el responsable de numerosos atropellos y de la represión que ocurrieron durante el gobierno de Barrios, así que muchos ciudadanos se movilizaron ante la Asamblea Nacional Legislativa y el cuerpo diplomático para detenerlo. Una comisión se presentó ane el presidente de la Asamblea Legislativa (entonces presidida por el ex sacerdote Ángel María Arroyo) y, tras varias deliberaciones, el presidente Sinibaldi y su gabinete presentaron su renuncia, y la Asamblea decidió mandar a llamar al segundo designado a la Presidencia, el general Manuel Lisandro Barillas, para que se hiciera cargo del gobierno interino.​4

Barillas era el jefe político de Quetzaltenango, así que para que se presentara lo antes posible se dispusieron numerosos caballos de posta y salieron varias personalidades inmediatamente para mandarlo a traer; Barillas salió rápidamente y llegó al Cementerio General el 6 de abril, en traje de viaje y completamente empolvado por el largo el camino. Se dirigió hasta el lugar en donde estaban sepultando al general Barrios, y al ver a Barrundia (que estaba montado en un corcel blanco dando instrucciones a sus subalternos) le dijo: “Vengo a hacerme cargo de la presidencia, pues a mí me corresponde. Además, necesito que me prepare hospedaje y alimentación para la tropa de cinco mil hombres que tengo acantonada en el Guarda Viejo”.​ Barrundia se asustó al ver que Barillas no había llegado solo e inmediatamente entregó el poder; para cuando se dio cuenta de la treta, Barillas no solamente ya era el presidente interino sino que además se había adjudicado para sí la Secretaría de la Guerra.5

He aquí la declaratoria que hizo Barillas a los habitantes de la República cuando asumió el poder el 6 de abril:

Manuel Lisandro Barillas, General de Brigada y Designado a la Presidencia de la República, en ejercicio del Ejecutivo.A los habitantes de la República:

La Asamblea Nacional Legislativa, en la observancia de lo dispusto en la ley Constitucional, me ha llamado para ponerme al frente del Gobierno en mi carácter de designado. Inmediatamente he correspondido al llamamiento, porque si siempre he querido seguir respetuosamente la ley fundamental y servir a mi Patria, ese deber es mucho más imperioso y sagrado en cualesquiera circunstancias difíciles para ella.

Las que atraviesa la República en la actualidad serían verdaderamente tales, si no se contara con el concurso y la abnegación de los buenos patriotas, para sostener el orden y la tranquilidad interior y para mantener honradamente la dignidad del país. Debemos ser grandes ante la desgracia que la ha abrumado con la pérdida del ilustre Jefe que tantos años rigió brillantemente sus destinos, y cuya pérdida ha sido causa de universal consternación. Debemos ser grandes ante los males que son consecuencia de esa pérdida, y colocados en el terreno de la legalidad y la justicia, debemos unir los esfuerzos y el trabajo de todos para defender la honra y el territorio Nacional, contra cualquiera facción y contra la invasión, si acaso la hiciera el gobierno de El Salvador.

Removida está dignamente por la Asamblea la única causa que podía alegarse hoy contra Guatemala; y hecho esto de parte de la República, la hostilidad que se le haga y la agresión que se intentara contra ella, serían una prueba de que se quería ejercer en realidad, contra este pueblo, el derecho de conquista que antes injustamente se le atribuía para legitimar la resistencia. Puestos en esa posición, debemos contar con el apoyo de todos los hijos de Guatemala, que no han de querer para su Patria el oprobio ni el envilecimiento, y contaremos, no lo dudo, con la influencia moral y con las simpatías de todos los Gobiernos civilizados que no han podido menos de aprobar y favorecer la conducta de los que nos proponemos mantener, hasta con nuestras vidas, el honor y los derechos de nuestra tierra.

La Patria exige, en los momentos de prueba especialmente la cooperación de todos. Soy el primero en ofrecer gustoso la mía, y al contribuir con el contingente de lo que depende de mi, he de esperar que todos me secunden y sigan mi ejemplo. Sin pretensiones de ninguna especia para ocupar, ni aún temporal y transitoriamente el puesto que las circunstancias me han traído a ocupar, si ellas fueran del todo prósperas y bonacibles, habría esquivado por todos los medios razonables venir a colocarme en él. Mas desde el momento en que ese puesto es puesto de deber, no he podido vacilar ni he vacilado un solo instante en aceptarlo con decida voluntad y firme resolución de llenar cumplidamente las gravísimas obligaciones que él impone. Ofrezco respecto y seguridad a todos los extranjeros y a todos los hombres honrados sin distinción, porque así como me propongo ser inflexible en todos los casos en que la necesidad y la justicia lo requieran, me propongo ser inflexible en todos los casos en que la necesidad y la justicia lo requieran, me propongo con igual firmeza que mi autoridad sea la protectora más enérgica y decidida de la razón y del derecho. Antes que mi persona y antes que todo, está la salvación de la Patria y para conjurar cualquier peligro y para rechazar cualquier atentado contra ella, estoy resuelto a todo sin detenerme en llegar hasta al sacrificio si fuere necesario, primero que ver holladas la honra y la dignidad Nacional. Unámonos todos pues: unidos todos alrededor de la bandera de la Patria, no hemos de tener otro móvil ni otra ambición que deshacer cualquier tentativa contra ella, y asegurar el orden y la tranquilidadpara que en medio de estos pueda hacerse legal y pacíficamente la elección del aquel a quien los pueblos designen con sus votos para ejercer la Presidencia.

Fuertes, porque hemos de estar unidos: fuertes porque sostenemos la causa de la justicia y de la dignidad, fuertes porque denfendemos el orden, la tranquilidad, el territorio Nacional y la independencia de la Patria, nada tenemos que temer. Y si en defensa de tan sagrados derechos e intereses fuera preciso sucumbir, no habrá guatemalteco que no estponto a ello antes que consentir en la humillación y a la vergüenza de su Patria, y que el nombre de ésta se borre del catálogo de los pueblos dignos y honrados que cuando el caso lo reclama, perezcan antes que abdicar su honra y su dignidad.

Jefes y soldados del Ejército: guardianos sois del territorio y del honor Nacional: vosotros y yo seremos dignos de la misión que nos incumbe: de vuestro valor y fidelidad depende muy especialmente que se salve el país, y puedo así asegurar que el país está salvado porque no se desmentirán vuestra honra y vuestra fidelidad, ni faltará un punto el respeto, de que habeis dado tan gloriosos ejemplos y testimonios al régimen de la legalidad.

¡Guatemaltecos todos! De poca significación es mi persona y pobres son mis dotes; pero inspirado en mi deber y en el amor de la Patrio, si no puedo expresar con numerososas y elocuentes palabras mis sentimientos y propósitos, con los hechos veréis que no omito esfuerzo ni sacrificio de ningun género por hacerme digno del puesto que entro a ocupar, y por cumplir fiel y valerosamente los deberes que me impone, los compromisos que contraigo, y los solemnes ofrecimientos que hago.

Guatemala, Abril 6 de 1885.

Vuestro conciudadano y amigo.

M.L. Barillas


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. Tomo II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  2. — (1930). El Libro de las efemérides. Tomo III. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  3. Guerra, Viviano (1886). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1883-85 IV. Guatemala: Tipografía de Pedro Arenales, p. 340
  4. Ibid. p.341
  5. Hernández de León, El Libro de las Efemérides. Tomo III.
  6. Guerra, Viviano. Recopilación: Las leyes emitidas por el Gobierno de Guatemala, 1883-1885, p. 341
  7. Ibid. pp. 342-344