28 de abril de 1882: creyendo erróneamente que el gobierno de los EEUU lo apoyaba, la Asamblea Legislativa autoriza de una manera especial y amplia a J. Rufino Barrios para arreglar la cuestión de límites con México

28abril1882
Atentando contra el presidente estadounidense James Garfield el 2 de julio de 1881.  Junto a Garfield, quien murió pocos semanas después, está el Secretario de Estado James Blaine, quien le había ofrecido al embajador Lorenzo Montúfar (en el recuadro) que los EEUU apoyarían la devolución de Chiapas y Soconusco a Guatemala, y la Unión Centroamericana con J. Rufino Barrios como presidente.  El sucesor de Garfield, Chester Arthur, destituyó a Blaine y no apoyó ninguna de estas ofertas.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En 1881, el gobierno del general J. Rufino Barrios envió al Dr. Lorenzo Montúfar como embajador a Washington para tratar el asunto de los límites con México, ante el Secretario de Estado, James G. Blaine, quien desconfiaba del embajador de México, el señor Matías Romero.  Cuando Montúfar le hizo ver a Blaine los incuestionables derechos que Guatemala tenía sobre los territorios de Chiapas y de Soconusco, el funcionario estadounidense le dijo a través de un intérprete: “Es sencillo, señor Ministro, arreglar el asunto. No tiene usted sino proponer que los Estados Unidos sean árbitros de la cuestión; yo haré que México acepte el arbitramiento; y sé que la justicia está en favor de Guatemala; harto conozco los antecedentes. Además, convendría bajo todos los conceptos, llevar a cabo la Unión de Centroamérica. Mi gobierno apoyará al general Barrios, como presidente de ellas, porque es el hombre de grandes impulsos y prestigios, para el caso“.1

Montúfar quedó complacido con la solución del Secretario Blaine, pues a éste le interesaba mantener la paz en la región y mantener a México bajo control, y por eso apoyaba a Guatemala. El embajador guatemalteco de inmediato mandó un reporte de su reunión con el Secretario de Estado al Ministerio de Relaciones Exteriores de Guatemala, sin saber que aquel triunfo sería de corta duración, pues el 2 de julio de 1881 hirieron al presidente James A. Garfield en la gran estación del ferrocarril de Pensilvania, cuando iba en compañía de Blaine.  Garfield murió el 19 de septiembre debido al mal tratamiento médico y su sucesor, el presidente Chester Arthur, destituyó a Blaine y en su lugar colocó a Frederick T. Frelinghuysen, quien no compartía la forma de pensar de su antecesor.2

De acuerdo a la versión presentada por el historiador y diplomático Antonio Batres Jáuregui, diez días después de la muerte de Garfield, Montúfar se presentó ante el nuevo Secretario de Estado, en compañía del exministro de Venezuela en Washington, el señor Camacho Roldán. Este último no podía regresar a Venezuela por un cambio de gobierno y Matías Romero, que tenía una enemistad personal con Barrios por un terreno en Soconusco, lo sobornó para que sirivera de intérprete a Montúfar pero que no tradujera correctamente lo que dijera el Secretario de Estado. 3  Cuando se presentaron ante Frelinghuysen, éste le dijo a Montúfar:

“El gobierno del Sr. Arthur no puede ofrecer [que Chiapas y Soconusco sean devueltos a Guatemala ni que se apoyo al general Barrios como jefe de la Unión Centroamericana]. Si México aceptar voluntariamente el arbitramiento, también los Estados Unidos aceptarán proceder como árbitros de la cuestión de límites; pero sin comprometerse a nada ulterior.  Chiapas y Soconusco se darán al que apareciere tener el mejor derecho sobre ellos.  En cuanto a la Unión de Centroamérica, sería grato para mi gobierno, que se llevase a cabo espontáneamente; pero no podemos apoyar al que sea presidente, esa es cuestión de los pueblos; y nosotros no estamos dispuestos de intervenir en negocios internos de otros países”.4

 

El sobornado Roldán, le tradujo el párrafo anterior así a Montúfar:

“Dice Mr. Frelinghuysen, que tien las mismas ideas que su antecesor, y que puede el señor Ministro de Guatemala, estar seguro de que respetará las ofertas que se le han hecho anteriormente, obrando Mr. Arthur en los mismos términos convenidos con el anterior Secretario de Estado.  Que se complace en devolver, con aprecio, el saludo que le trae esta visita; y que tendrá gusto en tratar los asuntos con el señor doctor Montúfar.  que cree que pronto se podrá resolver la cuestión de límites con México; y se apoyará al general Barrios en la jefatura de la Unión Centroamericana, formada de una feliz confederación”.4

 

Montúfar se apresuró a comunicar esto al ministro Felipe Cruz, y Barrios convocó a una reunión con el padre Angel María Arroyo, el licenciado Manuel J. Dardón, Felipe Cruz y otros amigos personales para decidir qué hacer al respecto, y decidieron que lo mejor era que Barrios fuera en persona a Washington a resolver el asunto.5  Entonces, para darle apariencia democrática a aquello, Barrios envió el siguiente mensaje a la Asamblea:

“Así pues, me propongo agotar todos los medios de acabar este envejecido asunto, semillero de resentimientos y disputas, consultando práctica y concienzudamente los positivos intereses del país, y en la persuasión de que, con ello, le presto valiosísimo servicio, y si por desgracia quedase defraudada mi esperanza, y escollaren mis esfuerzo, se habrá evidenciado al menos, que a Guatemala nada queda ya que hacer, que no se quiere por parte de México concluirlo de ningun modo, y entonces no habrá que volver a pensar en trabajos de ese género. Tratándose de negocio de esa magnitud, no quiero, sin embargo, decidirme a proceder, sin pleno conocimiento de la Asamblea, y sólo en ejercicio de las facultades que ordinariamente atribuye al Ejecutivo la Constitución, sino que quiero y pido, si la Representación Nacional estima oportuno concederla, autorización muy especial y amplia, conferida en un Decreto, para ponerle término del modo que yo juzgue que mejor conviene a los verdaderos intereses de la República.”6

 

Y, como ya estaba pactado de antemano, el 28 de abril de 1882, la Asamblea Legislativa publicó el siguiente decreto:

Decreto Número 42

La Asamblea Nacional Legislativa de la República de Guatemala,

Habiendo tomado en consideración el mensaje últimamente dirigido por le Jefe del Poder Ejecutivo y que se contrae a que se le faculte amplia y especialmente para poner término a la antigua cuestión de límites con los Estados Unidos Mexicanos:

Encontrando que las sólidas razones, expuesta en aquelimportante documento, obedecen a la necesidad de un arreglo definitivo en que sean consultados los intereses y el honor del país: de conformidad con el dictamente de la Comisión Extraodinaria que ha examinado el asunto y con presencia de lo dispuesto en el inciso 12, artículo 54 de la ley constitutiva.

Decreta:

Artículo Unico.- Se autoriza de una manera especial y amplia al Presidente de la República, general J. Rufino Barrios para arreglar definitivamente y del modo que juzgue que mejor conviene a los verdaderos intereses del país, la cuestión de fronteras pendiente con los Estados Unidos Mexicanos.

Dado en el Salón de Sesiones, en Gutaemala a los veintiocho días del mes de abril de 1882.

  • José Antonio Salazar, presidente
  • E. Martínez Sobral, secretario
  • Vicente Sáenz7

Según narra Batres Jáuregui, Barrios partió para los Estados Unidos junto con Arroyo y Cruz, dejando como encargado de la presidencia al general José María Orantes, y cuando llegó a Nueva Orleans, lo recibió Montúfar con una pequeña comitiva, y le dijo: “¡Señor Presidente, los tamales están servidos en la mesa!“; a lo que le respondió el presidente: “Nos los comeremos todos juntos“.  Partieron para Washington, y al llegar, Barrios fue a ver al Secretario de Estado, junto con Arroyo, Cruz y el intérprete Jacobo Gaiz, cónsul de guatemala en Nueva York.8 Cuando Frelinguysen le dijo que el convenio que le había dicho Montúfar no existía, Barrios insistió tres veces, creyendo no haber entendido bien al intérprete, hasta que finalmente Cruz, que sí hablaba inglés, le dijo en voz baja que era mejor retirarse.  Ya fuera del despacho del Secretario de Estado, Barrios montó en cólera e hizo llamar a Montúfar a su habitación en el hotel Arlington; cuando el embajador entró, Barrios se avalanzó sobre él, pero el padre Arroyo se interpuso, dando tiempo a que Montúfar saliera huyendo.9

Montúfar terminó presentando su dimisión el 2 de agosto, pues no estaba conforme con los malos tratos recibidos ni con lo que estaba haciendo el presidente, ya que fue predispuesto contra Barrios por el propio Matías Romero, sin saber que había sido víctima de éste desde la primera reunión con Frelinghuysen.9

Finalmente, el 3 de diciembre de 1882, Barrios envió el siguiente mensaje a la Asamblea para guardar las apariencias:10

“Las comunicaciones oficiales de los ministros que Guatemala tenía acreditados en los Estados Unidos de América y en México; me hicieron comprender que el asunto de límites, tratado a la vez en dos puntos diferentes, por diferentes personas y bajo bases diferentes, ofrecería graves complicaciones y que, para alejarlas y para llegar a un desenlace satisfactorio, era indispensable unificar la acción, ocupándome yo directamente del asunto y oyendo a la vez a los dos representantes del Gobierno.  Creí imprescindible mi intervención personal, y resultó evidentemente confirmado que no me equivocaba.  Me dirigí a los Estados Unidos del Norte, y desde luego comprendí que la cuestión corría y estaba corriendo un grave riesgo de convertirse en verdadero conflicto: que llegaba yo en momentos solemnes, y que, de no llegar en tan oportunas circunstancias, habría sido imposible detener más tarde el torrente de las dificultades y calamidades en que el país iba a ser envuelto.[…] Las comunicaciones del Ministro de Guatemala en Washington [Lorenzo Montúfar] decían que había tenido conferencias en esa capital con el Plenipotenciario de México: que tenían convenido ya un proyecto para someter a arbitramento la cuestión; que conforme a ese proyecto, el Gobierno de los Estados Unidos obraría como árbitro para resolverla; que este Gobierno aceptaba aquel carácter, y que debía prescindirse de toda idea de tratado en México. [Por otra parte] las comunicaciones del Dr. Manuel Herrera, Representante de la República en los Estados Unidos Mexicanos, decían sería aceptado en México el tratado propuesto por él, renunciando a Chiapas y Soconusco, mediante una indemnización; que era éste el partido que se debía adoptar; que allí debía concluirse el asunto, y que el arbitrariamiento era imposible.  Las cosas no podían ocntinuarse en ese camino por más tiempo, y así, al salir para la capital de los Estados Unidos de Norte América, dí aviso por telégrafo a nuestro Representante en México para que fuera allá a reunírseme, a fin de discutir y terminar el asunto”.10

 

Como resultado, Barrios no obtuvo el reconocimiento del gobierno de Arthur para ser el presidente de la Unión Centroamericana, y tuvo que renunciar definitivamente a los territorios de Chiapas y de Soconusco en el Tratado Herrera-Mariscal que se firmó el 27 de septiembre de 1882, con el afán de que México no invadiera a Guatemala cuando él intentara unificar a Centroamérica por la fuerza.

Ahora bien, de acuerdo al ingeniero Claudio Urrutia, jefe de la Comisión Guatemalteca de Límites con México, lo que narra Batres Jáuregui habría sido sólo una versión de lo ocurrido, ya que en su “Memoria sobre la cuestión de límites entre Guatemala y México” dice: “El Tratado fue fatal para Guatemala.  En todo lo que con la cuestión de límites se relacionó durante aquella época, existe algo oculto que nadie ha podido descubrir, y que obligó a las personas que tomaron parte en ello por Guatemala, a proceder festinadamente o como si obligados por una presión poderosa, trataron los ausntos con ideas ajenas o de una manera inconsciente“.11  Y tras una extensa explicación sobre los límites finaliza: En resumen, Guatemala perdió por una parte cerca de 6000 millas y ganó por otra cosa de 2000; resultado: una pérdida de 4000 millas cuadradas.  Guatemala perdió 14 pueblos, 19 aldeas y 54 rancherías, mientros que México perdió un pueblo y 28 rancherías con 2500 habitantes; júzguese la equidad en las compensaciones.  Así concluyó el fatal tratado de 27 de septiembre de 1882, en que Guatemala dió a México todo lo que éste quiso y mucho más.”12

Lo que dice Urrutia parece concordar con lo aseverado por Francisco Lainfiesta, otro estrecho colaborador de Barrios, quien dice al respecto en su obra “Apuntamientos para la Historia de Guatemala” lo siguiente: “Barrios llevaba, seguramente, la ilusión de que su presencia personal en Washington serviría eficazmente para allanar dificultades, pero el terreno estaba allá tan trabajado por [el embajador mexicano] Romero, que acaso habría sido mejor fiar el asunto a la sola intervención del ministro guatemalteco. El Gobierno Americano excusó políticamente tomar cartas directas en el asunto, conformándose con la oferta de aceptar un arbitramiento en el caso de ser solicitado por ambas partes. Las gestiones y conferencia se principiaron entre el señor Romero por parte de México, y Barrios, Cruz, Herrera (hijo) y Montúfar, por parte de Guatemala, dando por resultado que se asentasen las bases para un tratado de límites que debería celebrarse en la capital de México. El pacto fue firmado por Herrera (hijo), con aprobación de Barrios y Cruz; y aunque Montúfar ha dicho que él no lo habría firmado, por ser onerosísimo para Centroamérica; debe creerse que requerido para ese efecto, lo habría signado sin observación“.13  Y con respecto al disgusto entre Barrios y Montúfar, dice Lainfiesta: “Amostazado Montúfar, por el desaire que Barrios le hiciera, no valiéndose de él para presidir las gestiones y firma del pacto, y no pudiendo soportar el maltrato que de él recibía, le envió una lacónica carta en que le notificaba renunciar el puesto de ministro, fundado en el motivo de ese maltrato. La destemplada misiva de Montúfar apareció en uno de los acreditados periódicos de Nueva York, y fue leída por Barrios antes de tener en su manos el original. […] Montúfar se excusó diciéndome que la publicación de la carta había provenido del abuso cometido por un amigo a quien confiara el borrador; y que ese amigo fue quien sin previa consulta la hizo publicar“.14

Barrios no quedó contento con el tratado y obligó a Herrera a presentar su renuncia por incompetencia, pero comprendió que si no aprobaba el tratado después de todo lo ocurrido en Washington y Nueva York, iba a exponer a Guatemala a todos los graves, ciertos y seguros males que surgirían.15


BIBLIOGRAFIA:

  1. Batres Jáuregui, Antonio (1944). La América Central Ante la Historia. 1821-1921. III. Guatemala. Tipografía Nacional. pp. 431-432.
  2. Ibid, pp. 432-433.
  3. Ibid, p. 433.
  4. Ibid, pp. 434-435.
  5. Ibid, p. 436.
  6. Cruz, Felipe (1888). La verdad Histórica acerca del Tratado de Límites entre Guatemala y México. Guatemala: Tipografía La Unión. p. 3.
  7. Guerra, Viviano (1883). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1881-83 III. Guatemala: Tipografía El Progreso. p. 444.
  8. Batres Jáuregui, La America Central Ante la Historia. p. 438.
  9. Ibid, p. 439.
  10. Cruz, La Verdad Histórica acercal del Tratado de Límites, pp. 6-7.
  11. Comisión Guatemalteca de Límites con México (1900). Memoria sobre la cuestión de límites entre Guatemala y México. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 164.
  12. Ibid, p. 177.
  13. Lainfiesta, Francisco (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. Período de 20 años corridos del 14 de abril de 1865 al 6 de abril de 1885. Guatemala: Pineda e Ibarra. p. 269.
  14. Ibid, pp. 270-271.
  15. Comisión Guatemalteca de Límites con México, Memoria sobre la cuestión de Límites, p. 178.

 

14 de noviembre de 1925: muere Manuel Herrera Moreno, poderoso ministro de Fomento del general J. Rufino Barrios entre 1876 y 1882

Herrera Moreno se graduó de abogado de la Facultad de Derecho y Notariado en 1873,1 y el 27 de noviembre de año se casó con Ernestina Ubico y Urruela,2 hermana del licenciado también licenciado Arturo Ubico Urruela, compañero de Herrera en la Facultad1 y padre del general Jorge Ubico. (Por cierto que Arturo Ubico también era ministro de Barrios, y luego fue presidente de la Asamblea Legislativa durante todo el gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera).

Herrera Moreno era medio hermano de Carlos Herrera, quien luego sería presidente de la República en 1920.2

Herrera Moreno fue el artífice de la Reforma Agraria impulsada por el gobierno del general J. Rufino Barrios y junto con los otros Ministros de Estado fue también uno de los diputados constituyentes que redactó la Constitución de 1879, con la que Barrios pudo extender su gobierno hasta 1886.3


BIBLIOGRAFIA:

  1. Facultad de Derecho y Notariado de Guatemala (31 de enero de 1902). La Escuela de Derecho. Guatemala: Facultad de Derecho y notariado de Guatemala. 12 (1) p. 4.
  2. Geni (2020) Manuel María Herrera y Moreno. Geni.com
  3. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1877-1881 II. Guatemala: Tipografía El Progreso. p. 345.

 

24 de abril de 1944: muere Elena, III marquesa de Vistabella, cuyo nombre era Elena Barrios y Aparicio, hija de J. Rufino Barrios

24abril1944
Una noche lluviosa en la “Avenida Elena” del Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala.  Esta avenida fue llamada así en honor a Elena Barrios y Aparicio, que nació en 1875 y quien llegó a ser Elena, III marquesa de Vistabella.  En el recuadro: Elena y María de la Luz Barrios y Aparicio en 1885, aproximadamente.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Elena Barrios y Aparicio fue la primogénita del matrimonio del general presidente J. Rufino Barrios con la jovencita Francisca Aparicio, y nació el 22 de junio de 1875. Barrios ya tenía otros hijos (por ejemplo, el general Venancio Barrios), pero su primer matrimonio fue el 24 de julio de 1874, con la joven Francisca de 14 años de edad, cuando él ya tenía 37.1 De acuerdo al historiador y diplomático conservador guatemalteco Antonio Batres Jáuregui (quien a pesar de ser conservador trabajó para todos los presidentes liberales desde Barrios hasta el licenciado Manuel Estrada Cabrera) cuenta en sus memorias publicadas en el volumen III de su obra “La América Central ante la Historia” , las circunstancias en que se dió aquel matrimonio:2

“Voy a reseñar brevemente algo del carácter y de la vida doméstica del general J. Rufino Barrios, a quien conocí y traté antes de que fuera Presidente, porque vivía, […], en una casa de huéspedes situada en la 8a. calle oriente N°. 26, contigua a la N°. 24, que yo habitaba. Barrios siempre tuvo carácter tempestuoso, violento, decidido y firme. Era desde muy joven, fuerte, ligero y audaz. No concluyó su carrera de abogado, sólo se recibió de escribano, como llamaban entonces a los notarios. Conoció a la señorita Francisca Aparicio, cuando todavía era una niña, y se prendó de ella. A la familia Aparicio le disgustaba tal afición amoroso, y mandaron a la jovencita distiguida al colegio de las monjas ursulinas, en esta capital. En este establecimiento se educaban las jóvenes de las familias principales. Cuando triunfó la revolución de 1871, don Rufino siguió insistiendo en sus pretensiones amorosas, y con algún trabajo, y más por temor que por otra cosa, al fin consintieron los padres de doña Paca, que era muy bella, en que se casara con el Presidente de la República. […] Siempre, hasta que murió Barrios, trató con cariño a su esposa.”2

Elena fue bautizada el 19 de julio de 1875, en la parroquia El Sagrario, de la Ciudad de Guatemala. Su padrino fue Francisco Quezada, quien fue escogido por Barrios porque, de acuerdo a Quezada “durante muchos años a contar del 71 mi casa y mi taller fueron puntos de reunión de varios patriotas y otras personas que también mostraban interés por las cosas del país“.1

Gracias a su relación con Barrios, Quezada ocupaba el cargo de Regidor de la Municipalidad desde 1874 y, en la época en que nación Elena Barrios, presentó una propuesta para dar nuevos nombres y nomenclaturas a las calles. 1 De allí surgió el nombre de “Avenida Elena” para la 0 avenida del Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala.1

En 1877, el presidente y su familia se mudaron a la casa de José Tomás Larraondo, la cual estaba enfrente del Palacio de Gobierno, esquina suroriental de la Plaza de Armas.3 Ese mismo año, Barrios descubrió la “conspiración Kopesky” que planeaba asesinarlo a él y a su familia el 1 de noviembre luego de que la Asamblea Constituyente dijera que no era necesario redactar una Constitución para el país y le dió carta libre para seguir gobernando como mejor le pareciera basado en los amplios poderes que le proporcionaba el Acta de Patzicía.4 Barrios persiguió con sadismo a los conspiradores (algunos reales y muchos supuestos) y vió desde su nueva casa como los fusilaban en la Fuente de Carlos III que antes estaba en el centro de la Plaza Central, y luego fue instalada en la Plazuela España.5, 6

Tras la muerte del general presidente J. Rufino Barrios el 2 de abril de 1885 en Chalchuapa, su viuda (a quien los guatemaltecos de la época llamaban “doña Paca“) recibió una millonaria herencia, producto de las prebendas y negocios que realizó Barrios durante su gobierno.7 Dice al respeto el historiador Batres Jáuregui:2

La víspera de salir para la campaña de la Unión Centroamericana, hizo testamento ológrafo, dejando a doña Paca, como heredera de todos sus bienes, menos una finca “Los Tarros”, que legó a su sobrino Luciano Barrios, que le había servido en sus fincas de campo, con todo empeño. La señora recibió más de diez millones de pesos, fuera de otro millón en alhajas, que ya tenía”.2

Doña Paca decidió abandonar Guatemala pues temía que los numerosos enemigos de su fallecido esposo atentaran contra su familia.1 Batres Jáuregui también relata como ocurrió aquel viaje de la vda. de Barrios a Nueva York en su obra ya indicada:

“Doña Paca se fué a los Estados Unidos, en donde Barrios había comprado una hermosa casa en Nueva York, en la calle del Central Park. Yo estaba de Ministro de Guatemala entonces cuando llegó la señora del presidente Barrios, y procuré servilar en cuanto pude”.2

Y continúa Batres Járegui en otra parte de sus memorias:8

“Estaba yo en Nueva York, algún tiempo después, para recibir en esa gran ciudad, a la esposa de don Rufino, con sus hijos, todavía pequeños. La acompañaban, Luciano Barrios, el coronel [José Angel] Jolón y la señrita Luz Ruiz. Doña Paca Aparicio v. de Barrios, ocupó una casa en la 5a. avenida, frente al Central Park. Esa mansión lujosa y bien situada la había comprado don Rufino pero, como la señora no sabía de prácticas domésticas de gente rica de allá, puso al coronel Jolón de portero, sin duda, por la seguridad que dicho guatemalteco ofrecía, como honrado y leal. Ya en vísperas de regresar yo a Guatemala fui, una de tantas veces, a visitar a doña Paca, a quien procuré servir, haciendo que entrase, sin pagar derechos, que importaban diez mil dólares, un gran equipaje, varios caballos, y otras muchas cosas, que de aquí llevó a los Estados Unidos.”8

 

Parte de la familia de los Aparicio ya residía en Nueva York, dedicándose a la exportación de café al igual que Barrios, industria tuvo un fuerte auge durante el gobierno del fallecido presidente gracias a la consolidación de los bienes eclesiásticos expropiados a los frailes, al reglamento de jornaleros que proporcionaba mano de obra indígena prácticamente gratuita9 y a la expropiación de las tierras comunales de los indígenas.

En Nueva York, “doña Paca” llevó una vida lujosa, en la que “sus bailes fueron siempre un acontecimiento. Ella se presentaba lujosamente vestida acompañada de su mamá y las señoritas Aparicio… Los salones estaban adornados con plantas raras, en un escenario decorado por un tramoyista de la Metropolitan Ópera House y se servían cenas suculentas“.1

Posteriormente, ella y su familia se trasladaron a España, en donde el ministro liberal Antonio Cánovas del Castillo fue su enlace con la nobleza española y en 1892, doña Paca se casó en segundas nupcias, en Nueva York, con José Martínez de Roda, Marqués de Vistabella y quien representaba a Granada en la cámara de diputados. A partir de ese momento, la casa de los Vistabella se convirtió en “la primera en Madrid” a donde las jóvenes de la época acudían solas a fiestas que organizaba doña Paca, quien solía dedicar los martes por la tarde a sus hijas y a las amigas de estas.1

Doña Paca enviudó nuevamente en 1899, y como el marqués de Vistabella, no tuvo hijos, designó a Justo Rufino, el único varón sobreviviente de los Barrios y Aparicio, como su sucesor, y cuando este murió en 1909 Elena se convirtió en “Elena III, marquesa de Vistabella”.1

Elena vivió entre Madrid y Suiza, nunca se casó, y no hay registro histórico de que haya tenido algún amor. Falleció por causas naturales el 24 de abril de 1944.1

BIBLIOGRAFIA:

  1. Palma, Clauda (26 de abril de 2015). Elena III, la marquesa triste. Guatemala: Prensa Libre.
  2. Batres Jáuregui, Antonio (1944). La América Central Ante la Historia. 1821-1921. III. Guatemala. Tipografía Nacional. pp. 412-413.
  3. Palma, Clauda (17 de mayo de 2015). La niña Elena. Guatemala: Prensa Libre.
  4. Barrios, J. Rufino (10 de noviembre de 1877) Carta al Sr. don Pedro Joaquín Chamoro, presidente de la República de Nicaragua. Guatemala. p. 1.
  5. Fernández Ordóñez, Rodrigo (2008) La fuente del caballito. Fe de errata y excusa para documentar la ajetreada historia de la fuente de Carlos III.  Guatemala: Universidad Francisco Marroquín, Departamento de Educación.
  6. Contreras, Ana Yolanda (2017) Entre la ficción y la historia; desmitificación del gobierno liberal del general Justo Rufino Barrios en la novela “Sueño de los justos”. Centroamericana 27 (1); ISNN: 2035-1496. p. 68.
  7. Tipografía El Renacimiento (3 de agosto de 1885). Memoria de las riquezas de la mortual del Señor General expresidente Don Justo Rufino Barrios, en su relación con los intereses de la Hacienda pública (2.ª edición). Guatemala: Tipografía de “El Renacimiento”. p. 1-26.
  8. Batres Jáuregui, La América Central Ante la Historia. pp. 499-500.
  9. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1877-1881 II. Guatemala: Tipografía El Progreso. p. 69.

 

4 de agosto de 1883: el presidente Gral. J. Rufino Barrios emite un decreto solicitando a los guatemaltecos financiar la construcción del Ferrocarril del Norte

4agosto1883
Mapa que muestras las estaciones del Ferrocarril de Norte, cuando se terminó su construcción.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El presidente general J. Rufino Barrios pensó unir a la Ciudad de Guatemala con la costa del Atlántico por medio de un ferrocarril, en igual forma como se había hecho con la costa del Pacífico, por lo que el 4 de agosto de 1883 emitió un decreto “excitando el patriotismo de los guatemaltecos“, a efecto de que con sus propios recursos se construyera el Ferrocarril del Norte como una empresa nacional. Para tal efecto, se imponía una suscripción anual y obligatoria de cuatro pesos durante 10 años, que debían pagar todas las personas que devengaban más de ocho pesos mensuales, con derecho a ser accionistas y así llevar a cabo la obra con fondos de los propios guatemaltecos.

El principal beneficiado con esta nueva línea de ferrocarril sería el Gral. Barrios ya que no solamente tendría bonos, acciones y dividendos de la compañía constructora, sino qu el tren le sería de enorme utilidad para transportar los productos de sus fincas cafetaleras, ganaderas y de otros productos.

He aquí el decreto:

A los guatemaltecos.

Conciudadanos:

El Decreto emitido en esta fecha, os impone de la resolución que he adoptado con el objeto de hacer efectiva con los recursos propios del pais, la obra importantísima del camino de hierro, que debe abrir á la República, para su prosperidad y engrandecimiento, la ruta del Norte; llamada á dar pronta salida á nuestros productos, llamada á promover y sostener el cultivo de inmensos terrenos, hoy abandonados; llamada, en fin, á traernos por las corrientes del Atlántico, los progresos de la civilización en grande escala.

Al tomar esa resolución, y al imponeros el pequeño sacrificio de hacer un corto ahorro anual, que os será devuelto con creces
por la misma obra á que se destina, creo haber interpretado el sentimiento nacional que en diversas ocasiones se ha hecho ostensible en favor de este pensamiento, que libra al pais do los costosos sacrificios que regularmente originan las concesiones privilegiadas á compañías extranjeras.

La obra que vá á emprenderse no es superior á nuestros recursos; y ejecutada per nuestra propia cuenta, habrá de parecemos excesivamente barata, cuando llevada á término, nos encontremos
disfrutando de sus inapreciables
beneficios. Esta pues es la herencia que podemos legar á nuestros hijos, porque de ella depende la riqueza del porvenir; y
será dentro de breve tiempo una
halagadora realidad, si el espíritu y la convicción que me asisten al emprenderla, encuentran, como lo espero, el auxilio y la cooperación eficaz de mis conciudadanos.

La forma adoptada para reunir el capital que demanda la construcción del ferrocarril al Norte, distribuyendo en largos plazos la pequeña suma que habrá de pagarse por suscrición, está combinada con la mira de que la clase pobre pueda cubrirla fácilmente, al mismo tiempo que sin esfuerzo, irá formando con esas cortas sumas un ahorro, que al finalizar la obra, le será de gran provecho. La misma combinación se presta para que las clases acomodadas puedan concurrir a la empresa, según la escala de sus fortunas.

A unas y otras clases, hago, pues, el llamamiento mas enérgico, en nombre del porvenir de la Patria, para que inspirados en el deseo de su grandeza y felicidad, trabajemos resueltamente en esa obra del ferrocarril del Norte, que encierra para nuestra querida Guatemala, las más hermosas esperanzas: conquistemos la gloria de ser justamente bendecidos por las generaciones venideras, cuando la historia les recuerde que al espíritu patriótico de los guatemaltecos de 1883 deben el primer paso de la locomotora desde el Atlántico al Pacífico.

jConciudadanos! Dia de inmensa gloria y regocijo será aquel en que el grito estridente del vapor, viniendo del Norte, llame á las puertas de nuestra bella Capital: apresuremos pues la llegada de ese grandioso dia, por la unión de nuestra voluntad, de nuestro esfuerzo y de nuestro trabajo.

Guatemala, Agosto 4 de 1883.
Vuestro conciudadano y amigo.
J. Rufino Barrios.

Pero la construcción del Ferrocarril del Norte era mucho más larga y difícil que la del Pacífico y cuando el General Barrios murió en 1885, los trabajos del ferrocarril se suspendieron; para entonces solamente se habían tendido 32 kilómetros de rieles. No obstante, Barrios ya se había beneficiado económicamente pues poseía trescientas caballerías del gran lote “Los Andes” a las riveras del Motagua y del trayecto construido del Ferrocarril del Norte en Izabal.

La obra no se pudo continuar durante el gobierno del general Manuel Lisandro Barillas, y fue hasta que el gobierno del general José María Reina Barrios emprendió decididamente el proyecto que se construyó la línea hasta El Rancho.

La catástrofe económica y posteriores revoluciones en 1897 no permitieron construir el ferrocarril sino hasta en 1907 por el gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera.


BIBLIOGRAFIA:


3 de agosto de 1885: se publica un desglose de la fortuna millonaria que acumuló el fallecido general J. Rufino Barrios durante su gobierno y que heredó su viuda Francisca Aparicio

3agosto1885
Francisca Aparicio y Mérida, cuando ya era la marquesa consorte de Vistabella, y quien fuera conocida por los guatemaltecos de su época como “doña Paca”. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

La herencia que dejó al morir el general J. Rufino Barrios fue considerable y pasó íntegra a su viuda, Francisca Aparicio de Barrios. El documento original del inventario fue elaborado sobre la base de una auditoría realizada el 3 de agosto de 1885 por Carlos F. Murga, quien percibió seis mil pesos por sus servicios.1,2

He aquí el desglose:

Inmuebles matriculados para el 3 por millar (valores aproximados)3

Tipo de bienes Descripción Monto
Urbanas
Casas de dos niveles en la esquina del Mercado en donde estaba el Hotel Universal 80.000
Casas de dos pisos 6.ª avenida sur, número 41 18.000
Casa en la 13 calle poniente 1.000
Casa en el camino del Guarda Viejo N/A
Casa en el Barrio de la Libertad N/A
Dos casas en la antigua casa de la neveria del Carmen N/A
Una casa en Quezaltenango N/A
Fincas
La Majada“, jurisdicción de Mixco N/A
Los Tarros“, jurisdicción de Santa Lucía Cotzumalguapa, Escuintla (esta finca la heredó a Luciano Barrios)2 N/A
Rodeo” del Incienso, departamento de Guatemala N/A
Paso Antonio“, en Escuintla N/A
El Barón N/A
Primavera” en San Cristóbal, Verapaz N/A
“Punían” en Escuintla 28.000
El Porvenir” en San Pablo, en San Marcos4; esta finca la describe el cercano colaborador de Barrios, el licenciado Francisco Lainfiesta, de la siguiente forma: “El general Barrios había dado principio al cultivo a gran escala del café, creando la finca colosal de su propiedad, nombrada “El Porvenir”; al pie del volcán Tajumulco; cuya finca es la mayor con que cuenta la República, hasta la fecha en que escribo (1886)”.5 N/A
El Rodeo” en San Marcos 30.000
Pacajá” en Quezaltenango 20.000
Las Salinas de Santa Eulalia en Huehuetenango, con instrumento de maquinaria 30.000

Inmuebles no matriculados para el 3 por millar (valores aproximados)6

Tipo de bienes Descripción Monto
Bienes raíces
Finca “El Malacate” en San Marcos7 60.000
Finca “Los Cerritos” de Nowas 10.000
Finca “Chuvá” en Quezaltenango 4.000
Finca “El Sauce” en Izabal 4.000
Un lote de los cinco de la Colonia Belga Santo Tomás, Izabal 10.000
Un terreno comprado a Encarnación Mazariegos en Escuintla 1.000
Un lote baldío junto Hacienda “Los TarrosEscuintla 800
La Finca “Monte Largo“, comprado a familia Beteta que cedió gratis al general Cruz 4.000
Salinas de Magdalena en el Quiché, con instrumentos de maquinaría 25.000
Una casa en Quezaltenango calle de San Nicolás 4.000
Fincas en sociedad con Felipe Márquez en las islas “El Mico” y Quiriguá en Izabal 30.000
Finca en sociedad con Ramón Murga, “El Ingenio de ArrivillagaAmatitlán 100.000
Una casa en Nueva York2 300.000
Mobiliario
En alhajas y muebles2 300.000
En cinco mil fanegas de maíz en San Rafael Mixco 20.000

Derechos y acciones8

Tipo de Ingreso Descripción Monto
Derechos en 1885
Participaciones sociales en 8.000 vales dotados, en que es su agente Felipe Márquez 400.000
Producto de 60.000 quintales de café que exportó a $10 liquidado 600.000
Producto de beneficio y venta de ganado de sus haciendas 100.000
Producto de panela y artículos de sus fincas 50.000
Producto de sal de sus salinas 10.000
Por $500 diarios que le pagó la administración de licores 45.000
Por $200 diarios que le pasaba la pagaduría militar y cien el Cuerpo de Artillería 27.000
Por utilidades en las empresas de vales; ferrocarriles, Bancos etc. N/A
Por gastos extraordinarios de representaciones que se hizo entregar N/A
Por el producto de una caballería N/A
Por el producto de un almacén de licores y comestibles en su casa N/A
Por tributo feudal que le mandó en el primer trimestre del año del presidente Rafael Zaldívar de El Salvador 45.000
Por utilidades en las contratas con el Gobierno, por medio de su agente Márquez
Por participación en Sociedad en el almacén de Licores y conservas de Antonio Mengarejo, sin pagar impuestos aduaneros de importación 25.000
Acciones
Banco de Occidente 30.000
Ferrocarril de Champerico concedidas gratis por no indemnizar propiedades particulares y dar todo el apoyo debido N/A
Ferrocarril del Sur, como el anterior N/A
Ferrocarril Urbano N/A
Agencias de San José y Champerico, además de los $25.000 anuales que le pasaban N/A

Inventario adicional9

Inventario Descripción Monto
Activo
Posesión de 300 caballerías del Gran lote “Los Andes” a las riveras del Motagua y del trayecto construido del Ferrocarril del Norte en Izabal. 6.000
Un palacio en París, Francia, en la calle de Lafayette 400.000
La finca San Rafael en Mixco que donó á su hijo, el general Benancio Barrios 4.000
La finca denominada “Salazar” donada al general Benancio Barrios 14.000
Pasivo
Producto de sociedad en la Casa de Préstamo de Aquiles Assardo 50.000
Participación en la compañía de vapores de Guatemala en el Atlántico girando principalmente con banano en Livingston N/A
Participación en la extinguida sociedad con D. M. Forestier de siembra en Gualán y Zacapa N/A
Acciones en la sociedad agrícola de Quina en Baja Verapaz 20.000
Donación recíproca del gobierno mejicano 600.000
Suma general $3.792,600

De los negocios, o rentas con que formó su haber y sus millones el general Barrios en bancos extranjeros (valores aproximados)10

De acuerdo al colaborador de Barrios, el licenciado Francisco Lainfiesta, “habiendo entrado Barrios en creación de fincas de café y de ganado, y en grandos compras de artículos, necesitaba de una buena parte de las rentas nacionales (sus rentas) para alimentar aquellas operaciones.  Además, había comprado algunos solares o edificios viejos de consolidación y hacía construir hermosas casas; y esos gastos tenían que salir del mismo fondo.  De nada de esto hacía el gran misterio, paliando lo que pudiera decirse, con pagar de cuando en cuando algún presupuesto militar o algunos sueldos de maestros de escuelas con fondos que sacaba de su armario, para que se viera cómo tenía a su disposición de todos su peculio particular.  Más adelante, abandonando toda muestra de disimulo, hará de la renta de aguardientes se pase diariamente la suma de quinientos pesos a uno de los bancos de la capital para los asuntos urgentes del servicio y de esas sumas nadie conocerá la inversión“.5

Descripción Monto
La renta diaria de la administración general de licores desde julio de 1873 Aprox. 2.400,000
La renta diaria desde julio de 1871 al 3 de agosto de 1885 de la administración central de occidente 50.000
Las diferentes cantidades mandadas traer por sus ayudantes a la Administración central y departamentales de Occidente, a la Tesorería general de Rentas Comunes y a la Administración general de licores de la república: 4.000,000
Los $50.000 con que lo agració la Asamblea Constituyente 50.000
Sus sueldos de Teniente general, primero, y después de Presidente con gastos de Representación del estado 240.000
Sus exportaciones de café por diez años hasta el año de 1884. 4.000,000
Sus beneficios de ganado sin pagar impuestos por diez años 1.000,000
Su venta de panela y otros productos de fincas por catorce años 800.000
Desde 1873, los $25.000 anuales que le pasaba la agencia de Champerico 800.000
$300.00 diarios desde 1871 que le sacaban extraordinariamente del presupuesto militar 424.000
El tributo feudal que le pasó por 9 años el presidente Rafael Zaldívar de El Salvador a $200.000 anualmente 1.800,000
El tributo feudal que pasó Soto de Honduras en tabaco, ganado, sin pagar exportación por $60.000 anuales y luego Bográn -en dinero en 9 años 540.000
Los dividendos sobre el Ferrocarril del Sur 30.000
Los dividentos sobre el Ferrocarril de Champerico 60.000
Dividendos sobre el Ferrocarril Urbano 10.000
Las cantidades que se apercibió del gran capital de la Carretera al Norte, y por medio de Contratas con sus socios y agentes 200.000
Grandes cantidades que se hizo llegar del Banco Nacional, de los bienes de Desamortización 500.000
De los bienes de Redención de Censos 200.000
Por valores de baldíos y redenciones que directamente le entregaban los interesados 300.000
Por cuotas negativas por no ponerles estancos de chicha y aguardientes a algunos pueblos indígenas 100.000
Por cuotas de escusas de ir algunos pueblos a trabajar a los ferrocarriles en que lo mismo lucraban algunos jefes políticos 100.000
Productos de sus salinas en Santa Eulalia, departamento de Huehuetenango 100.000
Producto de las salinas de Magdalena en el Quiché 20.000
Participación en sociedad con Antonio Melgarejo, en su almacén de Licores y Conservas sin pagar derechos aduaneros 100.000
Participación en varios negocios con Felipe Márquez 100.000
Participación en destilación del Ingenio y otros negocios con Ramón Murga 100.000
Participación en vales del Banco Nacional 500.000
Lo mismo en los vales de Tesoro 200.000
En conmutas que le quedaban por indultos de reos y a veces por suscriciones a los pueblos 100.000
Participación en negocios con Florentín Sonza, de artículos de exportación é importación, por Champerico 80.000
Participación en negocios con personas de Retalhuleu y Quezaltenango 50.000
Por suscriciones de dinero mandadas levantar a varias poblaciones de la República 100.000
Participación en negocios de exportación é importación con comerciantes de Guatemala 100.000
Por ahorros en los pagos de admininistradores, mayordomos y caporales de sus fincas y negocios, que salían en el presupuesto militar 1.000,000
Por ahorros en los mozos de los mismos puntos, con motivo de cumplir allí sus trabajos de camino de ley, abonandoles únicamente medio real diario con menoscabo de la Hacienda Pública 1.000,000
Por exoneraciones en los pagos que debía hacer en su maquinaría de fincas, suyas y de sus socios 100.000
Ganancias en sociedad de distracción á las peleas de gallos 300.000
Ganancias en sociedad en otros juegos de recreo con los Presidentes de El Salvador González y Rafael Zaldívar en asociación de Dueñas, en sus entrevistas y otros muchos en Guatemala, de enormes cantidades lo propio que a los presidentes Medina,  Marco Aurelio Soto y Luis Bográn de Honduras 400.000
Ganancias como las anteriores de diversión a las carreras de caballos 100.000
En 1884 vendió una casa en la calle principal a Zara de Zaldívar 31.000
En 1884 vendió una casa frente a la Comandancia de Armas a Mariano Barrios 9.000
Por gastos de representación tomados demás de los que expresa el presupuesto, en doce años. 400.000
En participación de ciertos negocios lucrativos con el jefe político Cajas y sucesores de Huehuetenango. El jefe político Socorro De León de Suchitepequez; y el jefe político Monterroso de Retalhuleu 200.000
Por los obsequios y ovaciones desde julio de 1871 1.500,000
Los potreros del “Suchiate” por la barra de Ocós en el departamento de San Marcos, comprados por el Sr. Gral. Barrios N/A
Por utilidades en las operaciones con los fondos del Ferrocarril del Norte en el Interior y Exterior N/A
Suma total $ 33.594,000

BIBLIOGRAFIA:

  1. Tipografía El Renacimiento (3 de agosto de 1885). Memoria de las riquezas de la mortual del Señor General expresidente Don Justo Rufino Barrios, en su relación con los intereses de la Hacienda pública (2.ª edición aumentada). Guatemala: Tipografía de “El Renacimiento”. p. 3.
  2. Batres Jáuregui, Antonio (1944). La América Central Ante la Historia. 1821-1921. III. Guatemala. Tipografía Nacional. pp. 413.
  3. Wagner, Regina (2001). The History of Coffee in Guatemala. Guatemala: ANACAFE, Villegas Editores. p.125.
  4. Tipografía El Renacimiento, Memoria de las riquezas de la mortual del Señor General, pp. 4-5.
  5. Lainfiesta, Francisco (1975) [1886]. Apuntamientos para la Historia de Guatemala; Período de 20 años corridos del 14 de abril de 1865 al 6 de abril de 1885. Guatemala: Pineda e Ibarra. pp. 226,227.
  6. Tipografía El Renacimiento, Memoria de las riquezas de la mortual del Señor General, pp. 6-7.
  7. Luján Muñoz, Jorge (1998) Breve historia contemporánea de Guatemala. Guatemala: Amanuense. p. 155.
  8. Tipografía El Renacimiento, Memoria de las riquezas de la mortual del Señor General, pp. 8-10.
  9. Ibid, pp. 11-12.
  10. Ibid, pp. 12-19.

 

5 de enero de 1883: tras concluir su viaje a los Estados Unidos para finalizar el tratado de límites con México, J. Rufino Barrios retoma el ejercicio de sus funciones como presidente de Guatemala

5enero1883
Retrato del general José María Orantes, encagardo de la presidencia de Guatemala entre 1882 y principios de 1883.  Fotografía de los Hermanos Chávez tomada en 1893.  Imagen de Wikimedia Commons.

Uno de los presidentes menos conocidos para los guatemaltecos es el general José María Orantes, quien estuvo a cargo de la presidencia de Guatemala interinamente mientras el general J. Rufino Barrios se ausentó del país para realizar un viaje oficial a los Estados Unidos para terminar los últimos detalles del Tratado de Límites con México que se firmó en 1882 y que se conoce como de Herrera-Mariscal.

Durante su ausencia, el general Orantes se encargó de la administración pública sin mayores sobresaltos, entregando el poder el 5 de enero de 1883 por medio de este escueto decreto:

Palacio Nacional: Guatemala, 5 de enero de 1883.

El general encargado de la Presidencia

Acuerda:

Que el general Don J. Rufino Barrios, Presidente Constitucional de la República, vuelva al ejercicio de sus funciones, una vez que han cesado los motivos que tuvo para separarse del mando.

Comuníquese.

  • Orantes
  • Díaz Mérida

Barrios retomó el ejercicio de sus funciones como presidente a partir del 5 de enero mismo, como lo demuestra el decreto sobre las matrículas de carros tirados por bestias, o carretas, en los departamentos de Baja Verapaz, Sololá, Totonicapán, Quetzaltenango, Suchitepéquez, Retalhuleu y San Marcos que el presidente firmó el mismo día 5.

Al retomar sus funciones al frente del Ejecutivo, Barrios se enfocó de lleno en la Unificación Centroamericana. El plan del presidente guatemalteco era sencillo: renunciar definitivamente al reclamo de Guatemala sobre el territorio de Chiapas y de Soconusco para que México no atacara el occidente de Guatemala mientras él dirigía su atención hacia el resto de Centroamérica.  Barrios inició así la malhadada Intentona de Reunificación, que terminó abruptamente cuando murió en los llanos de Chalchuapa el 2 de abril de 1885, en circunstancias en las que los historiadores todavía no se ponen de acuerdo. Por un lado, los historiadores liberales oficiales pintan a Barrios como un héroe que murió al frente de sus tropas en el campo de batalla, mientras que por otro, el renombrado historiador conservador Antonio Batres Jauregui en su obra “La América Central ante la Historia” relata cómo un antiguo sirviente de la familia de Barrios, de apellido Jolón, le relató que el general murió en una emboscada de francotiradores que le hirieron mortalmente desde arriba por su hombro derecho cuando estaba pagando cincuenta mil pesos a un grupo de traidores salvadoreños.  En la misma obra Batres Jauregui relata que otra versión fue que los jalapas, el batallón guatemalteco, le dispararon a Barrios a traición pero dice que esa versión no es verosímil.

En cuanto al general Orantes, a quien no le gustaba la vida pública, no aceptó el nombrado de Primer Designado a la presidencia, quedando en su lugar el ciudadano Alejandro M. Sinibaldi, quien quedaría como presidente interino a la muerte de Barrios en 1885.


BIBLIOGRAFIA:


 

21 de noviembre de 1882: el general a cargo de la presidencia, José María Orantes, autoriza la construcción de una línea telegráfica para el hasta entonces aislado departamento de Petén

21noviembre1882.jpg
Isla de Flores en 1877, según un grabado aparecido en Across Central America de John W. Boddam

En 1882, el general presidente J. Rufino Barrios se encontraba de viaje en los Estados Unidos trabajando para establecer el tratado definitivo de Límites con México y así poder enfocarse en su campaña de conseguir la Unión Centroamericana.  En su lugar quedó el general José María Orantes como encargado de la presidencia pero siempre con comunicación directa (aunque dilatada) con el general Barrios.

El 21 de noviembre, el encargado de la presidencia emitió el decreto por el cual autorizada la construcción de la línea telegráfica hasta el departamento de Petén (específicamente hasta la Isla de Flores), el cual había estado incomunicado con el resto de la República hasta entonces.

Se reproduce a continuación dicho decreto, dada su relevancia histórica:

Palacio Nacional: Guatemala, 21 de noviembre de 1882

Considerando:

que el departamento del Petén es el único que aun se halla fuera de la red telegráfica que liga a todos los demás departamentos de la República; que aquella sección del país no podrá alcanzar la prosperidad a que está llamada por sus riquezas, mientras permanezca en el estado de aislamiento en que se encuentra todavía;

que, aunque la construcción de una línea telegráfica hasta la cabecera de dicho departamento, importará al erario algunos sacrificios, éstos se compensarán con lo fecundo que será un progreso tan significativo como el que desea relizar el Gobierno al llevar a efecto esta mejorar; y que además, muchos vecinos de aquella sección han levantado una suscripción voluntaria que ascienda ya a la suma de $1,616, con lo cual y con la cooperación de las Municipalidades respectivas, que proporcionarán los postes y otros elementos necesarios, se minorará la erogación que el Tesoro Público debería imponerse para la ejecución de la obra;

por tanto, el General encargado de la Presidencia, acuerda:

Facultar a la Secretaría de Fomento para que mande construir la línea telegráfica a que se ha hecho referencia, autorizando los gastos que sean indispensables para tal fin, y que se han presupuestado en la suma de doce mil pesos. 

Comuníquese –

José María Orantes, general encargado de la Presidencia


BIBLIOGRAFIA:


3 de noviembre de 1871: el presidente de facto provisorio Miguel García Granados levanta el estado de sitio en los departamentos de Guatemala, Santa Rosa, Chiquimula y Jutiapa

3noviembre1871
Fuerte de San José en 1875. Fotografía de Eadweard Muybridge.

En la historia liberal que se ha inculcado en la educación guatemalteca desde el gobierno de J. Rufino Barrios se le llama “Reforma Liberal” al movimiento revolucionario de 1871 y se le hace ver como un transformación de la estructura económica guatemalteca que logró enormes beneficios para el país.  Pero el proceso de reforma no se inició sino hasta en 1873 y solamente logró los mencionados beneficios para un grupo privilegiado a expensas de la mayoría de la población.

El proceso consistió principalmente en promover una reforma agraria que expropió las grandes tierras comunales de los grupos indígenas y de las órdenes religiosas en favor de los correligionarios de Barrios y de extranjeros, y luego emitió leyes laborales que obligaron a las comunidades indígenas a trabajar como jornaleros en las grandes fincas cafetaleras que se formaron con la introducción de la producción de dicho grano a gran escala.  La construcción del ferrocarril obedeció más a la necesidad que tenían las fincas de exportar sus productos y trasladarlos de forma eficiente hasta los puertos del Pacífico y del Atlántico.

Inicialmente, la revolución liberal de 1871 tuvo que repeler la resistencia conservadora en el oriente guatemalteco luego del triunfo contra el gobierno de Vicente Cerna y Cerna el 30 de junio. Esto se debió a que la revolución ingresó por la frontera mexicana y fue venciendo las plazas militares del occidente con relativa facilidad, principalmente debido a que dicha region siempre fue favorable a los intereses de los criollos liberales y a la superioridad del armamento del puñado de alzados.  (Esa región incluso se había separado de Guatemala y e intentado formar su propio estado, el Estado de Los Altos, en 1838 y 1848).

Los consevadores se refugiaron en el oriente y desde allí iniciaron la resistencia, lo que obligó al presidente de facto provisorio, Miguel García Granados, a instaurar el estado de sitio en la region el 16 de septiembre de ese año y  salir en persona con sus soldados a pacificar el área.

Las salidas de García Granados eran aprovechadas por el presidente en funciones, J. Rufino Barrios, para imponer decretos que adelantaban su agenda anticlerical a espaldas del presidente provisorio.  Eventualmente, esta situación se hizo insostenible y García Granados tuvo que entregar el poder en manos de Barrios en 1873.

Fue entonces cuando Barrios inició un gobierno despótico que no toleró ninguna crítica y persiguió duramente a sus rivales politicos, muchos de los cuales terminaron torturados en las ergástulas de la Penitenciaría Central que Barrios construyó frente al Fuerte de San José en la Ciudad de Guatemala.  Su principal colaborador en este régimen de terror fue el general Juan Martín Barrundia, su ministro de la Guerra, quien tras la muerte de Barrios en 1885, fue culpado de todos los crímenes por los historiadores liberales para glorificar así la figura del general Barrios, al que empezaron a llamar “benemérito héroe de Chalchuapa“.

A pesar del régimen despótico de Barrios, la situación económica del país mejoró considerablemente, al punto que el gobierno del sobrino del general Barrios, José María Reina Barrios, obtuvo grandes ganancias derivadas del alto precio internacional del café.  Los primeros años del gobierno de Reina se caracterizaron por una bonanza económica sin precedentes y por la extension de los beneficios a todos los ciudadanos, por primera vez en la historia del país; pero todo eso se vino abajo en 1897, cuando el precio internacional del café se desplomó cuando Brasil empezó a producirlo en gran escala.


BIBLIOGRAFIA:


 

1 de noviembre de 1896: la revista cultural “La Ilustración Guatemalteca” publica un reportaje sobre el entonces lujoso Cementerio General de la Ciudad de Guatemala

1noviembre1896
Fotografía de la Alameda Central del Cementerio General de la Ciudad de Guatemala en 1896.  Imagen de Alberto G. Valdeavellano.

Reproducimos a continuación el reportaje publicado por “La Ilustración Guatemalteca” el 1 de noviembre de 1896, el cual contiene importantes datos históricos de las personas sepultadas en el Cementerio General por ese entonces y de la marcada segregación social que caraterizaba a la sociedad guatemalteca de la época.

UNA EXCURSION AL PAIS DE LOS MUERTOS

Hace pocos días que el señor Síguere, dueño de este periódico, y mis amigos los señores Joaquín Méndez y Rafael Spínola, tuvimos la idea de emprender una peregrinación curioso-artística al Cementerio General de esta ciudad.  Al efecto, tomando un landó nos dirigimos hacia donde se pone el sol, que es el lugar en donde reposan nuestros muertos queridos.

El grupo viajero tiene más o menos el mismo temperament; somos los últimos unos neurópatas.  El señor Síguere, teniendo nuestro mismo temperamento, nos lleva la ventaja de que en la ocasión sabe dominar sus nervios y encerrarlos bajo una coraza de acero que debe haber comprador en los bordes del Támesis.

En fin, el automedonte nos llevó, de esta ciudad de fiestas y alegrías a las puertas de lo que ha dado en llamarse la Cita Dolente.  Y hemos llegado allí ante el hermoso portico estilo Renacimiento puro, que separa la ciudad de los vivos, de los muertos.  Se lee en el fronstispicio una inscripción latina, en estilo lapidario, que a mí me deja sin cuidado siempre que la leo.  Traspasamos el umbral y henos allí frente a frente con aquel bosque de ángeles alados, cruces solitarias, ojivas airosas que forman el vértice de los innumerables monumentos en cuyo seno reposan los muertos.

La vista que el conjunto produce es agradable.  Los tibios rayos del sol poniente lo envuelven todo en suave melancolía.  Se conoce que allí de verdad hay paz y calma.  Hasta el viento respeta aquel santuario.  Por allí no pasan pájaros ni aves cantoras.  El olfato percibe olores de tierra removida, y si el oído se aguza adivinará que allí ha habido cánticos, plegarias, ayes y desesperaciones.

Los cuatro estábamos serios, sin saber por dónde dirigirnos; por fin nos decidimos por el camino de la derecho para comenzar por lo más modesto.  En el lado opuesto está el barrio de los ricos con sus capillas suntuosas, con sus templetes griegos, con sus monumentos costosos, con sus alegorías de mayor o menor gusto.

Comenzamos nuestra peregrinación.  Una de las primeras capillas que se encuentran es la de Herrera, familia de las más acomodadas del país y que tuvo por jefe a don Manuel, Ministro de Fomento del general don J. Rufino Barrios, y que ha dejado recuerdos en el país, de haber sido una persona amable, inteligente y de las más emprendedoras de la República.

A pocos pasos se encuentra el monumento de un guerrero.  Un general de aspecto joven yace en tierra, muerto por bala enemiga. El ángel de la Gloria con un rostro airado mira hacia el infinito, cobijando bajo sus brazos al héroe y al mártir. 

El que ve aquel grupo heróico no llora; llora sí, de ira y de patriotismo; y del fondo de su corazón se exhala esta plegaria: “Felices de los que mueren luchando por un gran ideal”. El muerto allí enterrado se llamó en vida Venancio Barrios.

Caminando más, y hacia el lado de la derecho, se encuentra una aglomeración artística de piedras tocas, carcomidas por el tiempo y ya invadidas por la yedra.  En una place de mármol se lee esta autógrafa: “Julio Rosignon”.  Ese es el nombre de un sabio naturalista francés que vino a Guatemala en días en que la ignorancia se cernía sobre nuestro país; que abrió cátedras, que difundió luces, que fue activo miembro de la Sociedad Económica, que inició la idea de rodear la ciudad de parques, que creó nuestros squares, sembró varias alamedas, introdujo el cultivo de plantas  útiles y murió pobre y olvidado.

Siguiendo el camino se encuentra hacia la izquierda un monumento muy modesto, ennegrecido por el agua y con una lápida con caracteres borrosos.  Ese monumento encierra a dos de los más grandes médicos que ha tenido el país.  Allí reposan las cenizas de los doctores Esparragoza y Pérez, los cuales fueron trasladados del antiguo cementerio al lugar donde hoy se hallan por disposición de la Junta Directiva de la Facultad de Medicina y Farmacia.

Seguimos adelante, y dando la vuelta nos diriginos hacia el panteón modesto en donde se entierra a los pobres. ¡Cuántos nombres, cuántos nombres de personas conocidas o amadas!  Allí un antiguo compañero de infancia; allí una virgen arrebatada de la tierra en sus mejores años; allí un hombre malo a quien el sepulcro le ha hecho perdonar sus faltas, ¡ay! pero todos conocidos, algunos amados.  Pasando a orillas de sus tumbas se les saluda y se les envidia; ellos descansan ya, nosotros vamos solitarios y mudos deletreando los enigmas que se encierran tras los epitafios que ocultan sus nombres.  Y así llegamos allá en donde terminan los monumentos y comienza la llanura de los pobres.  Amplia es ella, hasta perderse de vista.  Para llegar a donde reposan los miserables hay que pasar un puente de hermosas arcadias tendidas de uno al otro lado del barranco. Si golpéais duro aquel pavimento, tendréis aquelarre de cráneos, porque el vientre de aquel Puente contiene el “Osario” de aquel cementerio, y allí están confundidos, mientras no se vuelvan polvo, la multitud de huesos de las generaciones de la gente sin familia o de la familia olvidadiza que dejó caer a los restos de los suyos en aquel abismo espantoso.

Nosotros no nos atrevimos a atravezar el puente fatal, contentándonos en contemplar desde lejos las tumbas de los pobres, todas uniformes y pequeñas, sin más que nombres ignorados para el mundo y que hacen el efecto, vistas desde lejos, de batallones que se aprestaran desde este mundo al combate de la muerte contra lo desconocido.

El grupo hizo allí reflexiones que llegaron hasta tener colorido filosófico. Atrás, los ricos con sus suntuosas capillas; y sus inscripciones más o menos mentirosas; adelante y hasta perderse en el lejano confín, la muerte niveladora que se ha tragado en su sepulcro a multitud de generaciones que no han dejado rastro ni huella; y todos más o menos tristes, agachamos la cabeza, influenciados, yo no sé por qué pensamiento, siguiendo nuestro camino agobiados por la idea triste de que es mentira que existe la igualdad ni aun en la tumba. 

Regresamos por la calle que conduce al punto céntrico del cementerio, donde se encuentra el monumento de García Granados, que encierra sus restos, y ya al pie de él nos dimos a contemplar la puesta del sol que, precisamente en ese momento, ocultaba su faz tras la majestuosa y azulada mole del Volcán de Agua.  Los celajes de amarillo pálido que llenaban la inmensa extension del horizonte, semejaban un océano de oro en fusión, sobre el cual se iban a precipitar parvadas de nubecillas en formas de cirrus que se disolvían al contacto de aquel líquido hirviente.  Naturaleza estaba callada y triste; no se oía ni un ¡ay! ni un gemido. Nosotros no sabíamos qué admirar más, si la ida del sol, o la tristeza y semioscuridad en que estaban envueltos los teocalis lejanos, cementerio también de los indios anteriores a la conquista y que forman tan especial contraste con el cementerio de los cristianos; o la tristeza de nuestros propios corazones que también ¡ay! son otros tantos cementerios sangrientos en donde están enterradas tantas y tantas ilusiones y esperanzas.

Embebidos estábamos ante aquel paisaje férico, cuando nos despertó una voz plañidera.  Era la voz de la campana del cementerio, que tocaba a muerto; y uno más se deslizó bajo las arcadas del pórtico en carro mortuorio y acompañado de deudos y amigos que le conducían a su última morada.

La noche se nos venía encima; nosotros estábamos tristes y cavilosos y nos decidios a terminar la jornada sin punto determinado.

Lo que queríamos era saludos a nuestros muertos ilustres, que en el nuevo cementerio son pocos por contar. 

Atraídos por el arte, para estudiar los monumentos que la riqueza y el amor han levantado a los muertos de la gente privilegiada por el dinero.  En un templete griego vimos que reposaba don Angel Peña, ex-Ministro de Hacienda del general Rufino Barrios; más adelante el general don José Orantes, ex-presidente de la República. Estos han dejado capital suficiente, y sus familias les han elevado monumentos suntuosos.

Cerca de de esa tumba está la de un filántropo; don Luis Asturias, director del Asilo de Dementes y fundador de otros institutos de beneficencia. Su familia le ha erigido un monumento en mármol de muy buen gusto artístico.

Pero lo que en la Avenida en que estos muertos sobresale de toda ponderación, es el sepulcro de doña Agripina de Sánchez.  La señora fue madre de personas muy distinguidas en el país, entre las que se cuentan don Delfino Sánchez, notable Ministro de Instrucción Pública del general Barrios, muerto ya, y don Guillermo Sánchez, honrado industrial.  Ella era viuda de don Francisco Sánchez, notable hombre público en su tiempo.  Nada sé de las cualidades familiares de doña Agripina; esposa de éste último, deben haber sido muchas y su memoria muy querida cuando se le ha levantado el más hermoso monumento que hay en el cementerio erigido por la piedad filial.

El monumento del general Barrios es bien conocido, es en su género lo más hermoso y heróico que tenemos en Centro América. La cripta en que reposan los restos del guerero; la oscuridad que rodea el catafalco; las leyendas de las paredes; las coronas que sus fieles le depositan de año en año al pie de aquella tumba. Basta decir que en Centro América no hay monumento de mayor costo.  No fue la Nación, fue su viuda la que le consagró ese recuerdo en mármoles y bronces.


BIBLIOGRAFIA:


 

23 de octubre de 1876: debido a las circunstancias difíciles en que se hallaba Guatemala, la Asamblea Constituyente pospone la emisión de la nueva ley constitutiva y mantiene al presidente Barrios como dictador

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Plaza de Armas de la Ciudad de Guatemala.  Se observan la Catedral Metropolitana, la Fuente Colonial, el Colegio de Infantes y el Portal del Comercio. Fotografía de Eadweard Muybridge, tomada en 1875, el año en que Barrios fue nombrado dictador.

El 21 de octubre de 1875 la Asamblea Constituyente que había convocado el presidente J. Rufino Barrios entre sus correligionarios decidió conferirle al presidente guatemalteco amplios poderes de los que “se había hecho mérito” entre los pueblos que ellos representaban, con miras a mantener el orden público; de esta cuenta, el presidente Barrios gobernó como dictador con poderes absolutos a partir de ese momento.

Luego, el 23 de octubre de 1876, por considerar que las circunstancias no habían mejorado, la Asamblea convocada ese año consideró que las circunstancias difíciles se mantenían y por ello consideraron que no era conveniente emitir todavía la Constitución de la República por los próximos cuatro años.

Sin embargo, en 1878 Barrios convocó a una nueva Asamblea Nacional Constituyente compuesta por sesenta y un representantes de los pobladores de Guatemala, ya que consideraba que el país estaba finalmente en paz y era momento de regresar a la constitucionalidad.  Solamente los Jefes Políticos, Comandantes de armas y curas párrocos eran quienes no podían ser diputados constituyentes; pero debe aclararse que en esa época solamente los varones que supieran leer y escribir o que fueran soldados eran considerados como ciudadanos.

De esta cuenta, Barrios gobernó sin una constitución vigente desde que tomó el poder en 1873 hasta que fue electo como primer presidente constitucional en 1879, momento en el que fue elegido para un período de seis años.   Todo ese tiempo había gobernado amparándose en el Acta de Patzicía, y queda claro que, con constitución o sin ella, el general Barrios (al igual que había hecho el general Rafael Carrera antes que él) gobernó el país a su sabor y antojo.


BIBLIOGRAFIA: