26 de julio de 1957: asesinato de Carlos A. Castillo Armas

Asesinan al presidente de Guatemala, coronel Carlos A. Castillo Armas, en el interior de la Casa Presidencial

26julio1957
La Casa Presidencial de Guatemala, en el Centro Histórico de la ciudad en 2016.  Aquí fue Asesinado Castillo Armas en 1957.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El presidente liberacionista Carlos Alberto Castillo Armas llegó al poder gracias al apoyo del Departamento de Estado de los Estados Unidos para derrocar al gobierno del coronel Jacobo Arbenz Guzmán que estaba atacando frontalmente los intereses estadounidenses en Guatemala, especialmente los de la United Fruit Company.  De hecho, Castillo Armas fue el líder de la invasión montada por la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos, mediante la Operación PBSUCCESS y que llamaron «Movimiento de Liberación Nacional» que salió a la luz en diciembre de 1953 mediante el «Plan de Tegucigalpa«.1

El gobierno liberacionista estuvo caracterizado por la lucha anticomunista inspirada en el ambiente Mccarthista que había en Estados Unidos al inicio de la Guerra Fría contra la Unión Soviética, por la protección de los intereses del enclave bananero de la United Fruit Company (UFCO) en Bananera, Izabal y en Tiquisate, Escuintla y por favorecer la modificación de las leyes guatemaltecas para facilitar concesiones a companias internacionales.  Irónicamente, también es recordado por terminar la Carretera al Atlántico, que fue uno de los principales proyectos que dejó inconclusos el gobierno revolucionario socialista de Jacobo Árbenz y que eventualmente significaría la quiebra de la compania ferrocarrilera estadounidense International Railways of Central America (IRCA), subsidiaria de la UFCO.

El gobierno liberacionista terminó súbitamente, cuando el 26 de julio de 1957 se produjo el asesinato del presidente en el interior de la Casa Presidencial en el Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala.  Aquel día, Castillo Armas publicó su último acuerdo, por el que reorganizó las categorías de las municipalidades de la República,2 y posteriormente tuvo una reunión con empresarios.  He aquí como lo relata Marta Sandoval en su artículo «Tres Disparos en una noche lluviosa» lo que ocurrió después:

Castillo Armas, después de atender una reunión con empresarios, volvió a su habitación a descansar un rato antes de cenar. Faltaban unos minutos para las nueve de la noche cuando decidió ir al comedor. En los últimos meses la casa presidencial estaba casi desierta y los guardias eran cada vez menos. Castillo Armas recibió dos disparos camino al comedor; la primera dama trató de hacerlo reaccionar mientras gritaba: “¡Se fue por las escaleras! ¡el soldado lo mató!” Cuando los guardias subieron, encontraron el cadáver del soldado Romeo Vásquez Sánchez, quien tenía 24 años y hacía dos meses que estaba al servicio de Casa Presidencial.3

Esa misma noche la Comisión Permanente del Congreso de la República convocó a sesiones extraordinarias de Legislativo, el que al día siguiente que emitió los decretos 1191 y 1192, por medio de los que llamó al licenciado Luis Arturo González López – un liberacionista radical – a hacerse cargo de la presidencia interina, convocó a elecciones presidenciales y estableció el estado de sitio.4

Como primer acto oficial, el presidente interino decretó nueve días de duelo nacional por la muerte del presidente, utilizando la propaganda anti-comunista que caracterizó a los regímenes liberacionistas:5

El Presidente de la República interino,

Considerando: que es motivo de pesar nacional el trágico fallecimiento del coronel Carlos Castillo Armas, por cuanto Guatemala pierda al mejor paladín de su liberación y al ciudadano que con el único propósito de implantar en el país el sistema democrático, puso su vida al servicio de la Patria y cayó como un mártir en aras de sus ideales.

A tan insigne patriota, la Nación le debe su eterno reconocimiento, y como un homenaje póstumo al Héroe Naconal, le es imperativo manifestarle la más pura expresión de dolor;

Por tanto, en Consejo de Ministros, acuerda:

        1. Declarar Duelo Nacional por el término de nueve días a partir de hoy, con suspensión de labores de todas las oficinas públicas, los días 27, 28, 29 y 30 del mes en curso, por el sentido fallecimiento del coronel Carlos Castillo Armas.
        2. Que el cadáver permanezca en Capilla Ardiente en el Salón de Recepciones del Palacio Nacional, durante los días 27, 28 y 29.
        3. Que los Ministros de Gobernación, Defensa Nacional y Relaciones Exteriores, se encarguen de los respectivos funerales, de conformidad con los honores que corresponden a su alto rango.

Este acuerdo entra en vigor inmediatamente.

Dado en el Palacio Nacional, a los veintisiete días del mes de julio de mil novecientos cincuenta y siete.

Comuníquese.

        • González López
        • Siguen las firmas de los Ministros de Estado.​5

A partir de aquí empieza la incertidumbre sobre el crimen.  La primera versión oficial indicaba que después de matar a Castillo Armas, el soldado Vásquez Sánchez corrió escaleras arriba pero que al verse acorralado descansó la barbilla sobre el cañón y se disparó. En su cráneo encontraron una bala idéntica a la usada para matar al presidente y en su casillero un diario con 23 páginas en las que hablaba de sus planes que, inspirados en el comunismo, lograrían que el Dr. Juan José Arévalo regresara al poder al morir Castillo Armas​.1

Como era de esperarse, la opinión pública no quedó conforme con esa versión, y el gobierno tuvo que convocar a la prensa para mostrarles la letra de unas cartas que proporcionó la madre del sargento Vásquez y donde se constataba que era igual a la del diario. Pero lo que no terminó de convencer fue que un soldado con muy poca instrucción pudiera escribir frases como «sois chacales buscando un cadáver que roer«. Y, finalmente, la longitud del fusil del soldado Vásquez era más larga que sus extremidades superiores, de forma que para poder haberse suicidado se tendría que haber quitado la bota para poder dispararse y luego volvérsela a poner para que lo encontraran en la condición en que lo hicieron.1

Los investigadores​ lograron encontrar a dos sospechosos: los guardias Víctor Manuel Pedroza de 17 años y Arturo Gálvez de 25, que fueron incriminados por su propio testimonio, ya que inicialmente dijeron que los líderes del complot eran el teniente Arnulfo Reyes y el mayor Julio César Anleu, y que el plan era atacar varios cuarteles al mismo tiempo para que después Reyes se convirtiera en presidente y Anleu en su Ministro de la Defensa. Pero el 23 de agosto los guardias fueron hallados inocentes de asesinato y condenados a dos años conmutables por sedición frustrada, pues en el primer día de juicio cambiaron su versión y dijeron que los habían amenazado para que inventaran toda la historia que contaron; en esa oportunidad dijeron que fue el coronel Manuel Pérez, jefe de maestranza del ejército, quien supuestamente los había convencido de lo que tenían que decir. Al final, Anleu, Reyes y Pérez salieron en libertad por falta de mérito y la investigación regresó a la hipótesis inicial de que había sido Romeo Vásquez el autor del crimen, a pesar de las obvias discrepancias en la misma.1

Mientras tanto, se realizaron las elecciones en octubre de 1957, pero cuando los resultados favorecieron a Miguel Ortiz Passarelli, liberacionista radical y presidente del Congreso, hubo una revuelta popular en apoyo al general Miguel Ydígoras Fuentes.6 En medio de esas protestas, el 20 de octubre la policía encontró moribundo a Narciso Escobar en el mirador de San José Pinula. Escobar era uno de los criminales más buscados en Cuba, y había logrado ver la placa del carro de sus asesinos y se lo dijo a los agentes que lo recogieron, antes de expirar.  El carro de los asesinos estaba a nombre de Carlos Gacel, un cubano agente de la Dirección General de Seguridad de Guatemala y espía del gobierno dominicano. Cuando lo capturaron aseguró que le habían robado el carro esa misma mañana, pero cuando se sintió acorralado delató al también dominicano  Johnny Abbes García, quien era un conocido pistolero al servicio del dictador dominicado Rafael Leonidas Trujillo y que estaba en Guatemala como agregado militar de la embajada de su país.1

Pero el ambiente que vivía Guatemala favoreció que los asesinos quedaran libres, ya que las protestas fueron aumentando conforme pasaban los días, hasta que el 23 de octubre, los jefes militares le pidieron la renuncia al presidente provisorio González López y anunciaron que las elecciones habían quedado anuladas.  En sustitución de González López, se formó un triunvirato militar conformado por los coroneles Oscar Mendoza Azurdia, Gonzalo Yurrita Nova y Roberto Lorenzana Salazar.  Este triunvirato negoció con la Embajada de los Estados Unidos para que la Junta Militar entregara el poder al Segundo Designado, coronel Guillermo Flores Avendaño, tras lo cual el Congreso de la República emitió el decreto 1212, de fecha 18 de noviembre de 1957, que convocaba nuevamente a elecciones presidenciales para el día 19 de enero de 1958 y en las que resultó electo el general Miguel Ydígoras Fuentes, aunque tuvo que negociar con los liberacionistas para poder llegar al poder.7

Investigaciones adicionales habrían demostrado que el agregado militar dominicano Abbes García participó en el crimen del mirador, ya que el generalísimo Trujillo lideraba personalmente un complot para derrocar a Castillo Armas y que Narciso Escobar era cómplice.  De hecho, Escobar era un pistolero a las órdenes de Trujillo y habría recibió instrucciones para asesinar a Castillo Armas. Según esta hipótesis, al parecer Trujillo quería que Castillo Armas le otorgara la Orden del Quetzal a cambio de las armas y dinero que proporcionó para financiar al Movimiento de Liberación Nacional, pero que el gobernante guatemalteco no se la quiso dar, incurriendo en la ira del generalísimo dominicano.​ Es importante destacar que Trujillo había participado en el golpe contra Arbenz en represalia por las fallidas invasiones a la República Dominicana promovidas por la Legión Caribe que había creado el gobierno del Dr. Juan José Arévalo, cuando Arbenz era Ministro de la Defensa Nacional.1, Nota


NOTAS:

  • Curiosamente, el momento más crítico que vivió el gobierno del Dr. Arévalo fue el que siguió al asesinato del coronel Francisco Javier Arana, quien murió en Amatitlán tras ir a revisar un cargamento de armas que habían sido decomisadas por México cuando iban destinadas a un grupo de legionarios del Caribe que pretendían invadir la República Dominicana.8

BIBLIOGRAFIA:

  1. Cullater, Nick. (1994) The United States and Guatemala. 1952-1954. (en ingles). Washington, D.C.: Central Intelligence Agency.
  2. Azurdia Alfaro, Roberto (1960). Recopilación de la Leyes de la República de Guatemala, 1956-1957. LXXVI. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 260-263.
  3. Sandoval, Marta (2014). «Tres disparos en una noche lluviosa». Contrapoder. Guatemala. Archivado desde el original el 2 de febrero de 2014.
  4. Azurdia Alfaro, Recopilación de las leyes de la República de Guatemala,  pp. 51-52.
  5. Ibid, p. 263.
  6. Alvarez Aragón, Virgilio, et. al. (2013).  Guatemala: Historia Reciente (1954-1996) Proceso político y antagonismo social. I. Guatemala: FLACO, Serviprensa. p. 87.
  7. Ibid., p. 89.
  8. Gleijeses, Piero (s.f.). «The Death of Francisco Arana: a turning point in the Guatemalan Revolution»Journal of Latin American Studies (en inglés) (Inglaterra) 22: 542-547.