1 de julio de 1875: extinguen la Pontificia Universidad de San Carlos Borromeo

Se extingue la Pontificia Universidad y se sustituye por facultades laices y por el Instituto Nacional Central para Varones.

Antiguo convento de los paulinos, convertido en la Facultad de Medicina por el gobierno de J. Rufino Barrios. En el recuadro: el ministro Marco Aurelio Soto. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

La Universidad de San Carlos de Guatemala ha sufrido varios cambios a través de su historia. Originalmente era una institución religiosa Pontificia dedicada a otorgar doctorados en cánones, teología y derecho canónico. Posteriormente se agregó la faculta de Medicina, y luego de la Independencia de Centroamérica en 1821, fue sustituida brevemente por la Academia de Ciencias y Estudios en 1832. Esta nueva academia estaba orientada al derecho laico y desechó por completo los estudios teológicos. Sin embargo, tras la revolución católico-campesina de Rafael Carrera en 1838, la Academia quedó en el abandono y la Pontificia Universidad fue restituida y estuvo vigente hasta el 1 de julio de 1875, cuando fue extinguida por el gobierno liberal del general presidente J. Rufino Barrios.

Reproducimos aquí el documento enviado por el Ministro de Instrucción Pública —el hondureño Marco Aurelio Soto, al general Barrios en aquella fecha:

La instrucción profesional en gran parte, y la segunda enseñanza en su totalidad, han estado confiadas a la Real y Pontificia Universidad de San Carlos Borromeo, regida por las constituciones dadas en 1686 por el Rey don Carlos II, el hechizado. Tales estatutos que representan las ideas, necesidades y aspiraciones de una época diametralmente opuesta a la nuestra, son los que hace poco regulaban la segunda enseñanza y los que en la actualidad determinan el carácter y condiciones de la Instrucción profesional. Bien es cierto que el doctor Gálvez, Jefe del Estado, en el año de 1832 dió algunas bases a la instrucción distintas de Carlos II, y creó la Academia de Estudios; pero en 22 de septiembre de 1855, se publicó un decreto llamado de reformas de los estatutos de la Universidad, emitido por el Presidente Carrera y refrendado por el señor Echeverría, Ministro de Instrucción Pública, en cuYo primer artículo establece: «que se tendrá com fundamental de este establecimiento, las constituciones de la Real y Pontificia Universidad de San Carlos, aprobadas por el Rey don Carlos II en 20 de febrero de 1686, y que se observará en lo sucesivo como estaba en uso en 1821, quedando en consecuencia derogadas las diferentes leyes y demás disposiciones que se han dado en esta materia».

Debido a la ley citada, la instrucción secundaria y profesional volvieron al antiguo sistema que apenas se comprende, se haya hecho revivir en este siglo que empuja casi de un modo fatal al mejoramiento de todas las instituciones y principalmente las que atañen a la enseñanza. La práctica correspondió de una manera fiel a los propósitos del legislador; así es que la segunda enseñanza centralizada en la Pontificia Universidad, se ha reducido antes de la ley de 28 de enero próximo anterior, a suministrar algunos conocimientos imperfectos del idioma latino, de filosofia por el padre Balmes y Arbolí y de elementos teóricos de física y de matemática. Con este sistema de segunda enseñanza, tan raquítico y en mucha paite absurdo, la instrucción profesional que se basa en ella, no ha podido menos de tener los mismos graves inconvenientes: ha sido incompleta, teórica, y en algunos ramos absurda.1

La ley de 24 de enero que Ud. se sirvió emitir ha removido las dificultades de la segunda enseñanza, sustituyendo su estrecho program, por demás estéril, con un plan de estudios en que la instrucción se descentrlaiza y se suministra de una manera amplia y eficaz, tal como la exigen nuestras peculiares circunstancias, y como la recomiendan los preceptos de la ciencia, comprobados por la observación y la practica entendidos en materia de instrucción pública.

Pero aun está por satisfacer la de dar una nueva y acertada organización a la instrucción superior: el proyecto que a Ud. presento, aunque defecuso bajo muchos conceptos, corrigiéndolo segun lo aconseje la experiencia en el transcurso del tiempo, tal vez contribuya a mejorar las carreras profesionales.

En el proyecto se crea la Universidad de Guatemala con un doble carácter: el de cuerpo científico y literario, y el de establecimiento encargado de dar la instrucción superior.

En la República se carece de una corporación que dé impulso a las ciencias y las letras. No hay razón para que no poseamos un instituto tan recomendable. Pero ya que, dados nuestros pocos elementos, no se puede establecer, por ahora, de un modo independiente, es oportuno y beneficioso enaltecer la índole de la Universidad, dándole los caracteres y atribuciones correspondientes a un cuerpo encargado de promover la ilustración del país, fomentando el cultivo de las ciencias y las letras.1

El segundo carácter de la Universidad es el que se refiere al encargo de dar la enseñanza de las carreras profesionales. Para este fin se divide en facultades que al mismo tiempo que gozan de los fueros de la descentralización, para arreglar el sistema de estudios que respectivamente les competen, dependen de un Consejo superior que responde de la unidad general del sistema, y que atiende a que las facultades cumplan con los fines de su institución.2

Las materias de enseñanza son prácticas y extensas. Esto último podría hacer creer que se trata de dificultar los estudios superiores. Mas no es así. De lo que se trata es de que los individuos que obtengan un título, no lo obtengan para ostentarlo vanamente, siendo por otra parte por su incompetencia inútiles para sí mismos, para sus familias, y para la sociedad. De lo que se trata es de levantar de su postración las carreras profesionales para que ellas lleguen a significar en los que las posean instrucción sólida, práctica y extensa que les proporcione en cualquier tiempo y en cualquier país, medios de vivir digna e independientemente.2

En cuanto a las cátedras, a primera vista aparece como más justo y liberal proveerlas por oposición de las personas que deseen desempeñarlas. Sin embargo, la observación rechaza esa idea de importancia aparente. El sistema de oposiciones fuera de las injusticias a que da lugar, aleja los profesores de gran mérito y de reputación conocida que no quieren exponerse a un éxito dudoso. Además, el resultado de un concurso no prueba siempre la superioridad en el que obtiene una cátedra, siendo preciso tambien buscar no sólo el profesor que posee la ciencia, sino a la vez el que sabe enseñarla. A esto se agrega que el resultado de las oposiciones, entre nosotros, casi siempre sería adverso a los propóstios que debe llevar la enseñanza sostenida por el Estado. Un jurado de oposición, cuanto más, puede apreciar los conocimientos profesionales, pero no el carácter de las ideas de los profesores y la influencia que éstas ejercerán bajo el punto de vista social, político y filosófico. Los antecedentes de Guatemala y sus actuales circunstancias sugieren poderosas razones para desechar el sistema de cátedras por opoisicón.2 Merced a ésta se encargarían de la enseñanza individuos que, educados en los aciagos tiempos del absolutismo y bajo la inspiración de las ideas más oscuras y retrógadas, llevarían a la cátedra la difusión constante de enseñanzas refractarias a los principios de reforma y progreso que el Gobierno de Ud. se ha empeñado en sostener a todo trance. Resultado semejante es tan inadmisible como funesto: viciaría el ánimo de la juventud, que es el porvenir del país, plagándolo de preocupaciones detestables; y así se imposibilitaría para siempre el logro del fin más grande y saludable que debe tener la enseñanza, cual es el de sembrar en los jóvenes las ideas y las aspiraciones que directamente tienden a la verdadera ilustración de la República. Por todas estas razones se establece en el proyecto que al Gobierno corresponde el nombramiento de profesores en vista de las ternas que para el efecto deben presentarle las Facultades de la Universidad, que son las llamadas a juzgar de la competencia científica de los profesores.3, Nota a

Dividida la corporación de la Universidad en Facultades encargadas de la enseñanza es natural suprimir el Colegio de Abogados y el Protomedicato, establecimientos que en la práctica han correspondido escasamente a los fines de su institución, y cuyos encargos y atribuciones pueden tenerlos con notable ventaja las Facultades de jurisprudencia y de medicina. Por tal motivo el proyecto previne la supresión de los instituto mencionados.3

En atención a lo recomendado por Soto,Nota b el general Barrios emitió el siguiente decreto:4

Decreto Num. 140

J. Rufino Barrios, General de División y Presidente de la República de Guatemala, Decreta:

La siguiente ley orgánica de instrucción superior.

Art. 1°.— Se extingue la Pontificia Universidad de San Carlos Borromeo, y en su lugar se crea la Universidad de Guatemala.

Art. 2°.— La Universidad de Guatemala se instituye:

        1. Como cuerpo científico y literario encargado de promover el adelanto de las ciencias y de las letras en la República.
        2. como cuerpo destinado a suministrar la instrucción superior o profesional.[…]

Art. 7°.— Corresponde la dirección de la Universidad a un Consejo superior compuesto del Rector, Vice-Rector, y Decanos de las Facultades.

Art. 8°.— El Consejo superior tiene las obligaciones que siguen:

        1. Inspeccionar el servicio profesional de las Facultades.
        2. Tratar de que cada una de ellas cumpla su reglamento especial.
        3. Hacer en el sistema de enseñanza, con aprobación del Gobierno, las reformas que se consideren convenientes.
        4. Indicar al Gobierno las nuevas cátedras que en los diversos ramos de los estudios sea oportuno establecer.
        5. Dar un informe anual por medio del Rector a la Secretaria de Instrucción pública, sobre el estado de la enseñanza en cada una de las Facultades, manifestando los obstáculos que deban removerse y las mejoras que convenga introducir, y,
        6. Convocar a juntas a todos los individuos de la Universidad, siempre que se trate de asuntos de interés general en orden a la instrucción superior.Nota c

Art. 9°.— El Rector y Vice-Rector son de nombramiento del Gobierno. Su cargo durará dos años y podrán ser reelectos.[…] 4,Nota c

Art. 22.— La Universidad de Guatemala comprende, por ahora, las siguientes Facultades: de Jurisprudencia y Ciencias políticas y sociales, de Medicina y Farmacia, y de Ciencias eclesiásticas.

Art. 23.— Las Facultades enunciadas tendrán la dirección e inspección inmediatas de los estudios profesionales.

Art. 24.— Por ahora se compondrá cada facultad de nueve individuos nombrados por el Gobierno.

Art. 25.— Cada Facultad será regida por una Junta dirrectiva compuesta por un Decano, un Vice Decano, dos Vocales y un Secretario.

Art. 26.— El Decano y el Vice-Decano serán nombrados por el Gobierno: los demás individuos de Junta directiva electos por mayoría de votos de los miembros de la Facultad. Todos duraran dos años en el ejercicio de sus funciones y podrán ser reelectos.[…]5,Nota c

Art. 38.— Para el nombramiento de los profesores, las Facultades formarán sus respectiva ternas, las que aprobadas por el Consejo Superior, pasará por medio del Rector al Gobierno, quien nombrará los individuos que han de desempeñar las cátedras.[…]

Art. 40.— Los profesores tendrán el desempeño de su empleo todo el tiempo que dure su buen comportamiento.[…]6

Art. 44.— Habrá dos exámenes previos al otorgamiento del título facultativo. El primero será privado, durará cuatro horas y versará sobre todas las materias de las asignaturas de la facultad: en él servirán de réplicas tres individuos de la misma, de los que no ejerzan cargo de la Junta directiva y designados por ésta. El segundo será público y durará dos horas, y versará sobre punto de la ciencia señalado por la Junta directiva: de este asunto tratará el cursante en una tesis préviamente escrita e impresa, y servirán de examinadores los vocalesde la Junta directiva, y otro individuo de la Facultad nombrado por la Junta.[…]

Art. 49.— El Colegio de Abogados y el Protomedicato se suprimen, y sus funciiones se reasumen, en todo lo que sea compatible con esta ley, las del primero, en la Facultad de jurisprudencia y ciencias políticas y sociales, y las del segundo, en la Facultad de medicina y farmacia.

Art. 50.— Quedan derogadas todos disposiciones que directa ó indirectamente se opongan a lo dispuesto en esta ley.

Dado en Guatemala, a 1 de julio de 1875.

        • J. Rufino Barrios
        • El Ministro de Instrucción Pública, Marco A. Soto7

NOTAS:

    • a: en todo este párrafo, en el que Soto adula a Barrios ensalzándolo por los supuestos logros de la corriente liberal al eliminar la enseñanza religiosa, recomienda eliminar el sistema de cátedras por oposición aduciendo que es defectuso, pero propone sustituirlo por uno mucho peor: que el presidente de la República eliga a un profesor de una terna presentada por las facultades. Este sistema significó que los profesores universitarios eran designados por el presidente de turno, con lo que solamente las ideas liberales que le interesaban al gobierno se enseñaban en la universidad.
    • b: Soto fue colocado en la presidencia de Honduras en 1877 por Barrios, como parte de su plan para lograr la unificación centroamericana.
    • c: las autoridades de la Universidad eran nombradas y controladas directamente por el presidente Barrios. De esta forma la educación superior obedecía a las necesidades del régimen liberal.

    BIBLIOGRAFIA:

    1. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación de las Leyes del Gobierno Democrático de la República de Guatemala. I. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 371.
    2. Ibid., p. 372.
    3. Ibid., p. 373.
    4. Ibid., p. 374.
    5. Ibid., p. 376.
    6. Ibid., p. 377.
    7. Ibid., p. 378.

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15 de octubre de 1882: Ramón Rosa publica epitafio de José Milla

El influyente político liberal hondureño Ramón Rosa publica un sentido epitafio tras la muerte de José Milla y Vidaurre.

15octubre1882
El entonces lujoso Cementerio General de la Ciudad de Guatemala en 1896. En esta avenida fue sepultado el escritor José Milla y Vidaurre en 1882; al fondo se observa el ya desaparecido monumento al general Miguel García Granados. En el recuadro: el político y escritor hondureño Ramón Rosa. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En los primeros años del gobierno de J. Rufino Barrios, los primos hondureños Ramón Rosa Soto y Marco Aurelio Soto tuvieron un papel destacado como ministros de Estado. De hecho, tuvieron mucho que ver en la reforma educativa que eliminó la educación religiosa e impuso la laica en todo el país.1 A cambio de sus servicios, Barrios colocó a Soto como presidente de Honduras en 1877, y Rosa se fue para allá convertido en un poderoso primer ministro.2 Los primos, a su vez, correspondieron a esta ayuda de Barrios, enviándole una contribución mensual durante el tiempo que estuvo en el poder3 hasta que fueron derrocado por el mismo presidente guatemalteco cuando ya no le era útil para sus planes políticos en 1883.

Soto y Rosa fueron discípulos del connotado literato y político guatemalteco José Milla y Vidaurre en la Facultad de Derecho de la Nacional y Pontificia Universidad de San Carlos, y también tuvieron clases particulares de Literatura con el escritor e historiador, en las que compartieron con otros importantes literatos y profesionales guatemaltecos, como Antonio Batres Jáuregui, Salvador Falla y Ricardo Casanova y Estrada – quien sería posteriormente el arzobispo de Guatemala y, por ende, enemigo acérrimo de las políticas liberales -.

Tras enterarse de la muerte de Milla y Vidaurre, acaecida el 30 de septiembre de 1882, Rosa —quien todavía era primer ministro en Honduras tras la reelección de Soto en 1881— escribió un artículo al respecto, el cual consideramos es un merecido epitafio para el fallecido escritor y del cual reproducimos algunos párrafos a continuación:4

Jamás se me olvidan las impresiones experimentadas en aquella edad dichosa, en que despierta el alama a la vida del sentimiento y de las ideas. Allá, por el año de 1864, en las horas de esparcimiento que me dejaban mis asiduos cuanto malogrados estudios de Filosfía escolástica, leía, con el más vivo interés, sintiendo ciertas extrañas palpitaciones del corazón, ‘La Hija del Adelantado’, preciosa novela histórica de José Milla, cuya narración, llena de colorido y de poesía, me hacía ver, rebosando de vida, a doña Leonor de Alvarado, tan joven como hermosa, tan hermosa como enamorada y a doña Beatriz de la Cueva, a la Sin Ventura, cuya firma autógrafa después he visto, muriendo con el alma presa de todos los dolores, en medio de la primera catástrofe de que fue teatro, en el siglo XVI, la Ciudad de Santiago de los Caballeros, edén perdido, que ano haberse conjurado en su contra la naturaleza, aún fuera, después de México, la población más importante de la América Española. […]

Una de mis ilusiones de adolescente, inspirada por la lectura de ‘La Hija del Adelantado’, fue la de conocer al autor de obra tan bella, y que, en mi supina ignorancia, consideraba exenta de todo defecto, y por ende, libre de ser objeto de la más leve crítica. Me solazaba con los recuerdos históricos, y con las creaciones del sentimiento y de la imaginación del autor; no veía, ni podía ver su obra al trasluz de los principios y de las exigencias del arte. A los dieciséis años, aun c0n instrucción, de la que he carecido y carezco, no se puede ser crítico; sólo se puede sentir y admirar. […]

En el año de 1867 ví realizada mi acariciadísima ilusión: conocí a José Milla. El autor de los «Cuadros de Costumbres» y de «La Hija del Adelantado» daba lecciones privadas de Literatura a los jóvenes más distinguidos de Guatemala y de las Repúblicas vecinas, entre quienes se contaban Antonio Batres Jáuregui, Marco Aurelio Soto, Salvador Falla, y Ricardo Casanova, hoy sacerdote, y sin duda el sacerdote más instruído de la América Central.

¡Cómo tengo grabado el recuerdo de aquellos días y de aquella fecha en que conocí a José Milla! […] Después de haber recorrido, en estudiantil paseo, la bella alamdea del Teatro de Carrera, formada de frondosos amates y de copados naranjos que perfuman el aire con las ricas emanaciones de sus miles de azahares, llegué, acompañado de Marco Aurelio Soto, a la modesta casa de Milla, que vivía a la sazón cerca del barrio de la Merced. Llegué con toda la timidez y hasta con el encogimiento propio del estudiante provinciano. Iba a cumplir un gran deseo; pero temía encontrar algo grande que me avasallase, y esto me daba pena; más la presentación cordial de Soto, mi cariñoso amigo, y la buena acogida de Milla, del hombre modesto, afable y civilizado, me hicieron olvidar bien pronto mis secretas inquietudes. […]

Milla, que en aquella época tenía una altísima posición política y literaria, aun viendo en mí lo que podía ver, a un imberbe y pobre estudiante, me recibió con su genial benevolencia, y accedió gustoso a mi deseo, manifestado por Soto, de ser su discípulo en la clase de Literatura.

Nunca olvidaré las lecciones que Milla nos daba, de cinco a seis de la tarde, en su cuarto escritorio, y a la moribunda luz del sol poniente que penetraba a través de los limpios vidrios de la ventana de la habitación. Nos explicaba los preceptos del arte del bien decir, las reglas del arte poética, y por vía de ejemplo, pasaba en revista los escritos en prosa y verso de los más afamados clásicos en la literatura española, que conocía profundamente.[…]

A vuelta de muchsa vicisitudes que sólo a mí interesan, vino en mi ayuda la reflexión, y me hice hombre. Terminé mi carrera de abogado, y tal vez, por mi mal, me inicié en la vida política. La lógica de las ideas, de las edades y de las circunstancias, me separó de mi maestro de Literatura. Vino la revolución de 1871 en brazos de la opinión pública: Milla tan docto, tan lleno de experiencia, miraba al pasado: yo, tan indocto, tan inexpecto, miraba al porvenir: él se impuso voluntario destierro, y fuese al extranjero a acrecentar, todavía más el caudal de su rica inteligencia; y yo, joven y entusiasta, quedéme trabjaando, en la escasa medida de mis fuerzas, alentada por ciega fe, cifrada en la regeneración social y política de Centro América.[…]

He estudiado las obras de Milla y he reflexionado sobre ellas; y si hoy no las considero como pdroducto del genio creador, las considero, en su mayor parte, como hijas de un verdadero talento, de una vigorosa imaginación, de una instrucción sólida y variada, y de un delicado gusto en materias literarias.

Nadie que haya leído ‘La Hija del Adelantado’, ‘Los Nazarenos’, ‘El Visitador’, ‘Los Cuadros de Costumbres’, ‘El Libro sin Nombre’, ‘Un Viaje al otro mundo, pasando por otras partes’, y el primer tomo de la ‘Historia de la América Central’, podrá negar a José Milla dotes de eminente escritor. Nadie podrá negarle un ingenio fecundo, una imaginación amena y chispeando, una erudición vastísima, un selecto y delicado gusto, un estilo lleno de intención y de agudezas, y un lenguaje puro y correcto que valióle el honrosísimo título de Miembro Correspondiente de la Real Academia Española. Nadie que haya leído y estudiado las muchas obras, de diverso género, de José Milla, del escritor más fecundo de Guatemala, podrá negar que tan isigne hombre de letras es una honra, es una gloria nacional de Centro América.

Y un hombre tan importante, que vivió en medio de una honradísima pobreza, porque Milla fue siempre probo; y literato tan esclarecido que, a costa de penosísimas vigilias, escribía la grande obra de la ‘Historia de la América Central’; y maestro tan desinteresado, benévolo y cariñoso, ha muerto, ha desaparecido para siempre, dejando un gran vacío en los puestos desocupados de las letras centroamericanas, vacío sólo comparable, en su grandeza, a la grandeza de la incedible pena de todos los que sabíamos a estimar a José Milla, por su talento, por sus obras, por ser, en fin el Ilustre Decano de la Literatura Centroamericana.[…]4


BIBLIOGRAFIA:

  1. Moré Cueto, Julián (15 de noviembre de 1895). «Ex-ministros de Instrucción Pública». El Educacionista: órgano del Ministerio de Instrucción Pública (Guatemala: Tipografía Nacional). II (16).
  2. Barrientos, Alfonso Enrique (1948). «Ramón Rosa y Guatemala». Revista del archivo y biblioteca nacionales (Honduras) 27 (3-4). Archivado desde el original el 19 de diciembre de 2014.
  3. Tipografía El Renacimiento (3 de agosto de 1885). Memoria de las riquezas de la mortual del Señor General expresidente Don Justo Rufino Barrios, en su relación con los intereses de la Hacienda pública (2.ª edición). Guatemala: Tipografía de “El Renacimiento”.
  4. Rosa, Ramón (1896) [1882]. «José Milla y Vidaurre». La Ilustración Guatemalteca (Guatemala: Síguere, Guirola y Cía) I (6). pp. 83-85.

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20 de mayo de 1877: primer número del periódico «El Porvenir»

Se publica el primer número del periódico de la Sociedad Literaria «El Porvenir» de los intelectuales liberales de la época de J. Rufino Barrios

20mayo1877
Composición fotográfica del Teatro Colón (anteriormente Teatro Carrera) realizada por Alberto G. Valdeavellano y publicada por la revista cultura «La Ilustración Guatemalteca» en 1897.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

La Sociedad literaria «El Porvenir» se formó en Guatemala con las principales personalidades literarias entre los criollos liberales que habían tomado el poder tras el triunfo de la Revolución Liberal de 1871. «El Porvenir» se reunió por primera vez la noche del lunes 19 de marzo de 1877, por iniciativa de Vicente Carrillo, quien fue su primer presidente, y con el objetivo de crear una «literatura nacional«.1

Los estatutos de la nueva sociedad fueron redactados por Carrillo, sometidos a discusión y aprobados por todos los miembros. Contaron desde el principio con la venia del gobierno del general J. Rufino Barrios, y todos los representantes del gobierno eran automáticamente miembros honorarios de ella, destacando entre ellos el licenciado Lorenzo Montúfar, quien no solamente era Ministro de Estado sino que era el principal ideólogo liberal anticlerical.1 Montúfar, quien fue un guía-protector de los miembros más jóvenes de la Sociedad dada su experiencia como Ministro de Estado en Costa rica y de Rector de la Universidad de Santo Tomás,1 había regresado a Guatemala durante el gobierno de Barrios, tras haber salido huyendo del país disfrazado de clérigo cuando el general Rafael Carrera regresó a Guatemala de su autoimpuesto exilio en agosto de 1849.2

Las reuniones de la Sociedad eran semanales, y de julio acordaron también imponer una cuota de 50 centavos a cada miembro, para sufragar los gastos y en agosto de este mismo año, Barrios concedió, a través de la tesorería de la Universidad, cincuenta pesos mensuales para apoyar las labores de «El Porvenir», dada la importancia de esta asociación en la formación y desarrollo de los intelectuales liberales guatemaltecos.1

El 20 de mayo de 1877 la sociedad empezó a publicar un periódico quincenal que llevó el nombre de “El Porvenir” y en su primer número incluyó una lista de los socios que la componían:

  1. Honorarios: personajes relevantes, principalmente miembros del gobierno y a las mujeres.
  2. Asistentes: los que concurrían con regularidad a las juntas.
  3. Corresponsales: socios que se encontraban fuera de la ciudad o del país y contribuían con materiales para las sesiones y el periódico.1
  4. La junta directiva se componía de presidente vicepresidente, secretario, sub-secretario, varios vocales y tesorero, aunque en de 1879 se suprimieron los cargos de presidente y vice-presidente y se eligieron doce presidentes para ejercer el cargo durante un mes cada uno. Y en mayo de 1880 ampliaron las temáticas abordadas a otras ciencias e inauguraron una serie de conferencias públicas como otro medio de difusión de sus trabajos para lo cual organizaron veladas artístico-literarias en el Teatro Nacional.1

Máximo Soto Hall, quien luego sería un ideólogo del gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera, clasificó a los miembros de la siguiente forma: 3

  • «Sombras protectoras»: eran las personalidades de mayor edad, y entre ellas estaba el ya mencionado Lorenzo Montúfar, el padre Ángel María Arroyo, quien a pesar de ser sacerdote fue uno de los principales aliados de J. Rufino Barrios y uno de sus principales aduladores,4 Antonio Machado y el escritor José Milla y Vidaurre. Los tres primeros citados eran considerados como los grandes oradores de la época,5 mientras que Milla, era muy respetado como orador y catedrático universitario a pesar de ser conservador y miembro de los gabinetes de Carrera y Vicente Cerna antes de la revolución de 1871.3
  • Mayores de 30 años: eran los que empezaban por aquel entonces a a labrarse un nombre. Entre ellos destacan:3
    1. Antonio Batres Jáuregui: quien luego sería Ministro de Estado de Barrios y de todos los presidentes liberales hasta Manuel Estrada Cabrera, a pesar de ser conservador. Fue vice-presidente de la Sociedad desde su fundación hasta noviembre de 1877.
    2. Fernando Cruz: quien luego sería Ministro de Estado.
    3. Salvador Falla: jurista y político que fue vocal 1º y luego asumió la presidencia de la asociación desde noviembre de 1877 hasta enero de 1879.
    4. Ricardo Casanova y Estrada: por entonces un joven abogado, quien después de ser humillado por el presidente Barrios durante un litigio que se seguía por la propiedad que había sido de la Orden de San Felipe Neri de la Escuela de Cristo, decidió hacerse sacerdote y llegó a ser el arzobispo de Guatemala.
    5. Juan Fermín de Aycinena: otro escritor conservador, quien era descendiente del patriarca de su familia, que tenía el mismo nombre. Aycinena fue miembro del gobierno de Carrera, pero abandonó la política tras la Revolución de 1871.
  • Jóvenes: los literatos que apenas empezaban. Entre ellos se encontraban:
    1. Manuel Valle: joven poeta de 16 años, miembro asistente y asiduo colaborador del periódico con su poesía. Llegó a ser abogado, escribió varias obras de teatro y en 1902, junto a Virgilio Rodríguez Beteta y Francisco Contreras fundó el primer ateneo de Guatemala.3
    2. Miguel Ángel Urrutia: secretario particular de Barrios. Ingresó a la sociedad en febrero de 1879 y fue un asiduo colaborador del periódico principalmente con su poesía.<sup>3</sup>
    3. Ramón A. Salazar: médico, quien luego llegaría Ministro de Instrucción Pública de Barrios y luego editor de la revista cultural «La Ilustración Guatemalteca» durante el gobierno del general José María Reina Barrios. Fue miembro de varias Asambleas Legislativas que favorecieron al gobernante liberal de turno y también fue ministro del licenciado Manuel Estrada Cabrera. Fue uno de los principales intelectuales anticlericales guatemaltecos y director del «Diario de Centro América«, que en esa época era un periódico semi-oficial.
    4. Juan Arzú Batres: ingeniero, quien fue director del Diario de Centroamérica y padre del escritor José Arzú. Fue miembro fundador de la Academia Guatemalteca correspondiente a la española de la lengua y ocupó diferentes puestos en la directiva de la sociedad.3
    5. Guillermo Hall: tío de Máximo Soto Hall y padre de Elisa Hall de Asturias
    6. Domingo Estrada: de 22 años de edad, era hijo de Arcadio Estrada, un abogado que participó en el movimiento de 1871 y que ocupó varios puestos ministeriales durante los gobiernos liberales. Por la influencia de su padre, Estrada ocupó puestos públicos mientras todavía estudiaba en al Universidad de donde se graduó de abogado en agosto de 1877. Pasó la mayor parte de su vida fuera de Guatemala sirviendo puestos diplomáticos, principalmente en los Estados Unidos. Fue vocal, tesorero, miembro de la comisión de imprenta y publicó asiduamente en el periódico «El Porvenir«.3

Entre los miembros extranjeros destacaron:

  • El ingeniero mexicano Alejandro Prieto, quien fungió en la sociedad como vocal 1º y era Secretario de la Legación de México en Guatemala. Prieto escribió el primer Tratado de Agrimensura recopilando leyes y decretos, y se hizo cargo, ad honorem, de las asignaturas de Topografía, Agrimensura y dibujos y con ello formó la Facultad de Ciencias Exactas de donde salieron los primeros veintidós Ingenieros Topógrafos. Trazó el Cementerio General y el Hipódromo del Norte. Hizo el primer estudio de los límites con México, y la nivelación de los ríos Pensativo y Democracia.1
  • El licenciado hondureño Marco Aurelio Soto,3 quien fuera Ministro del gobierno de Barrios durante los primeros años de éste, y luego fue colocado en la presidencia de Honduras junto a su primo Ramón Rosa por el general Barrios. Años después, cuando ya no le era útil, Barrios lo derrocó y lo sustituyó por Luis Bográn.
  • El poeta cubano José Martí, quien aparece en la lista de socios asistentes que se publicó en el primer número del periódico. En 1878 figura como Vicepresidente de la sociedad y pronunció un discurso en la primera velada que realizara la sociedad el 25 de julio de 1877, que fue el que le valió el sobrenombre de «Dr. Torrente«.6

Por supuesto, la ideología liberal y el progreso que proponía y documentaba la Sociedad Literaria era para las élites ilustradas y no para el ciudadano común, en particular el indígena. Los literatos se convirtieron, entonces, en apologistas de la medidas económicas anticlericales y pro-cafetaleras de J. Rufino Barrios que utilizaron a los indígenas como mano de obra casi gratuita. He aquí algunas frases publicadas en las páginas de aquel periódico por Salvador Falla, que dejan clara la posición de los intelecuales liberales:

«El aborigen, poseedor de inmensos terrenos vírgenes henchidos de fecundidad, pero que yacen hace siglos esperando la hora de la redención por el cultivo, … alega no sé qué derechos señoriales adquiridos de tiempos remotísimos y se opone con una tenacidad propia de su raza a que una mano extraña, una mano aleve toque el árbol que él no ha plantado, el árbol que no ha cuidado ni visto crecer.»7

«No le pidamos al indio iniciativa, adelanto, progreso; porque la iniciativa individual no se encuentra en la degeneración y en la ignorancia; no queramos que sienta la sed de la riqueza, la ambición del bienestar material; porque la ambición no puede avenirse con una alma empequeñecida. Pidámosle al indígena lo que puede darnos: que auxilie la obra del progreso con su mano callosa, su brazo fornido, su índole suave«.8

Así pues, para aquellos eruditos liberales, lo «nacional» era únicamente lo español y lo occidental. Juan Arzú Batres, en un artículo titulado “La imaginación y el pensamiento” llega al extremo de eliminar a toda la población indígena de América considerando que el continente era únicamente la reunión de dos razas: la inglesa y la española, y que estaba llamado a ser la síntesis de ambas y lograr con ello “que no se reconozca otra raza que la raza humana, ni otra civilización que la civilización Universal”.9

Uno de los sucesos más relevante de la Sociedad Literaria ocurrió en diciembre de 1879 cuando el presidente Barrios les encargó convocar a un concurso para elegir un himno nacional. Pretendían utilizarlo para las celebraciones que el gobierno planeaba para el mes de marzo de 1880 cuando entraría en vigor la Constitución de 1879, cuya redacción se había pospuesto por varios motivos desde que Miguel García-Granados y Zavala se había hecho con el poder en 1871. El 5 de enero de 1880 la sociedad convocó al concurso para el cual se otorgó un plazo de quince días. Nombró un jurado calificador compuesto por José Milla, José Antonio Salazar, Javier Valenzuela, Manuel Ramírez y Salvador Falla. Pero solamente se recibieron sólo trece composiciones y cuando el jurado eligió los tres primeros lugares, todos miembros de la Sociedad —Juan Fermín de Aycinena, Miguel Ángel Urrutia y Manuel Arzú y Saborío—, dictaminó que ninguno de ellos merecía el calificativo de Himno Nacional y el evento quedó como un simple concurso literario.1


BIBLIOGRAFIA:

  1. Fuentes Oliva, Regina (4 de junio de 2009). Una aproximación al ambiente intelectual guatemalteco de la Reforma Liberal, a través de la sociedad Literaria El Porvenir«. En Boletín AFHEC. (41) Guatemala: Asociación para el Fomento de los Estudios Históricos en Centroamérica.
  2. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. I Guatemala: Editorial del Ejército. p. 266.
  3. Soto Hall, Máximo (1966). La niña de Guatemala: el idilio trágico de José Martí. Guatemala: José de Pineda e Ibarra. p. 53.
  4. Vela, David (1948). Literatura Guatemalteca Guatemala: Tipografía Nacional. p. 315.
  5. Ibid., p. 307.
  6. Hall, La niña de Guatemala, p. 67.
  7. Falla, Salvador (24 de julio de 1877). El Porvenir ¡Adelante!. En El Porvenir I (5), p. 65.
  8. Ibid., pp. 66-67.
  9. Arzú Batres, Juan (5 de julio de 1877). La novela. En El Porvenir I (4), pp. 53-54.

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28 de agosto de 1871: solicitan la expulsion de los Jesuitas de toda la República

Luego de la Revolución Liberal que triunfó el 30 de junio, empiezan los clamores de los liberales para expulsar a los jesuitas de la República

28agosto1871
Vista general de Quetzaltenango en 1896.  En esta ciudad fue en donde se exigió inicialmente la expulsión de los jesuitas. Imagen publicada por «La Ilustración Guatemalteca«

Tras el triunfo de la Revolución Liberal de 1871 aparecieron numerosos clubes liberales en favor de una reforma radical y rápida, entre los que sobresalían los de la Ciudad de Guatemala y los de Amatitlán. Estos clubes, que se autodenominaban «Junta Patriótica«, eran imitaciones de los iniciados durante el movimiento de la independencia en la década de 1810, aunque las juntas de 1871 eran anticlericales y, de acuerdo a algunos historiadores, dominadas por los masones. Entre los miembros de la junta de la capital se contaban figuras políticas como las de Marco Aurelio Soto y Ramón Rosa, quienes luego desmempeñarían papeles politicos prominentes después de que J. Rufino Barrios llegara a la presidencia en 1873. Rosa, por su parte, alcanzó gran notoriedad a través de sus escritos anticlericales. De hecho, todos los miembros de estos grupos eran figuras políticas sobresalientes en la comunidad y ardientes partidarios de Barrios,  que opinaban que con el liderazgo moderado de Miguel García-Granados y Zavala no podría llegarse a la reforma radical que exigían.

Cuando la Junta de Quetzaltenango empezó a exigir la expulsión de los jesuitas de su localidad, algunos escritores respaldaron la expulsión de la compañía de toda la república; por ejemplo, el 28 de agosto de 1871 Inés Ramírez, uno de los miembros de las juntas, acusó a la Compañía de Jesús de acoger «miembros hipócritas, vanidosos, orgullosos y fanáticos empeñados en impedir el progreso y en mantener al mundo entero en la ignorancia». La demanda de Ramírez seguía la de la Junta Patriótica en la capital, la cual había hecho circular un escrito en el que enfatizaba el hecho de que la demanda de expulsión de la república «no implicaba que se considerara un destino similar para las otras sociedades religiosas»; de hecho, la Junta «encontraba mucho que alabar en estas últimas, ya que a través de sus enseñanzas de principios morales ayudaban significativamente a la civilización del pueblo».

Las Juntas consideraban, que los jesuitas «ponían en peligro la estabilidad política a causa de su riqueza, porque pervertían la inteligencia de la juventud; oprimían al clero religioso nacional, cuya misión evangélica era la caridad y la paz, y desviaban a través del fanatismo a los elementos más débiles e inocentes de la sociedad, a quienes los jesuitas habían convencido que religión y jesuita tenían el mismo significado».  Se llegó a decir que esta acción había sido reconocida en todos los países civilizados y aun por el Papa Clemente XIV y se urgía a los superiores religiosos a «apaciguar las mentes perturbadas de los ciudadanos quienes habían sido agitados por los jesuitas para evitar su exilio».

Como quedaría demostrado apenas un año más tarde, lo que a las Juntas les interesaba no era el bienestar de los ciudadanos ni evitar el fanatismo, sino salir del más incómodo de sus rivales políticos: las órdenes regulares de la Iglesia Católica, por ser ellos los propietarios de las mejores haciendas, trapiches e ingenios de la República.  Los jesuitas fueron los primeros en ser expulsados, seguidos de las demás órdenes en 1872.  Los liberales fundaron el Banco Nacional de Guatemala con todos los fondos incautdos a los religiosos y, acto seguido, fueron tras las propiedades comunales de los indígenas, a quienes les despojaron de éstas por medio de hábiles ardides legales en los que hizo una subasta de los ejidos y tierras comunales y no se le permitió ofertar a las comunidades indígenas.  De esta forma, surgieron los grandes latifundios cafetaleros y ganaderos que caracterizaron a la economía guatemalteca del período liberal.


BIBLIOGRAFIA:


3 de agosto de 1885: publican desglose de fortuna millonaria del general Barrios

Se publica un desglose de la fortuna millonaria que acumuló el fallecido general J. Rufino Barrios durante su gobierno y que heredó su viuda Francisca Aparicio

3agosto1885
Francisca Aparicio y Mérida, cuando ya era la marquesa consorte de Vistabella, y quien fuera conocida por los guatemaltecos de su época como «doña Paca». Imagen tomada de Wikimedia Commons.

La herencia que dejó al morir el general J. Rufino Barrios fue considerable y pasó íntegra a su viuda, Francisca Aparicio de Barrios. El documento original del inventario fue elaborado sobre la base de una auditoría realizada el 3 de agosto de 1885 por Carlos F. Murga, quien percibió seis mil pesos por sus servicios.1,2

He aquí el desglose:

Inmuebles matriculados para el 3 por millar (valores aproximados)3

Tipo de bienes Descripción Monto
Urbanas Casas de dos niveles en la esquina del Mercado en donde estaba el Hotel Universal 80.000
Casas de dos pisos 6.ª avenida sur, número 41 18.000
Casa en la 13 calle poniente 1.000
Casa en el camino del Guarda Viejo N/A
Casa en el Barrio de la Libertad N/A
Dos casas en la antigua casa de la neveria del Carmen N/A
Una casa en Quezaltenango N/A
Fincas «La Majada«, jurisdicción de Mixco N/A
«Los Tarros«, jurisdicción de Santa Lucía Cotzumalguapa, Escuintla (esta finca la heredó a Luciano Barrios)2 N/A
«Rodeo» del Incienso, departamento de Guatemala N/A
«Paso Antonio«, en Escuintla N/A
«El Barón« N/A
«Primavera» en San Cristóbal, Verapaz N/A
«Punían» en Escuintla 28.000
«El Porvenir» en San Pablo, en San Marcos4; esta finca la describe el cercano colaborador de Barrios, el licenciado Francisco Lainfiesta, de la siguiente forma: «El general Barrios había dado principio al cultivo a gran escala del café, creando la finca colosal de su propiedad, nombrada «El Porvenir»; al pie del volcán Tajumulco; cuya finca es la mayor con que cuenta la República, hasta la fecha en que escribo (1886)».5 N/A
«El Rodeo» en San Marcos 30.000
«Pacajá» en Quezaltenango 20.000
Las Salinas de Santa Eulalia en Huehuetenango, con instrumento de maquinaria 30.000

Inmuebles no matriculados para el 3 por millar (valores aproximados)6

Tipo de bienes Descripción Monto
Bienes raíces Finca «El Malacate» en San Marcos7 60.000
Finca «Los Cerritos» de Nowas 10.000
Finca «Chuvá» en Quezaltenango 4.000
Finca «El Sauce» en Izabal 4.000
Un lote de los cinco de la Colonia Belga Santo Tomás, Izabal 10.000
Un terreno comprado a Encarnación Mazariegos en Escuintla 1.000
Un lote baldío junto Hacienda «Los Tarros» Escuintla 800
La Finca «Monte Largo«, comprado a familia Beteta que cedió gratis al general Cruz 4.000
Salinas de Magdalena en el Quiché, con instrumentos de maquinaría 25.000
Una casa en Quezaltenango calle de San Nicolás 4.000
Fincas en sociedad con Felipe Márquez en las islas «El Mico» y Quiriguá en Izabal 30.000
Finca en sociedad con Ramón Murga, «El Ingenio de Arrivillaga» Amatitlán 100.000
Una casa en Nueva York2 300.000
Mobiliario En alhajas y muebles2 300.000
En cinco mil fanegas de maíz en San Rafael Mixco 20.000

Derechos y acciones8

Tipo de Ingreso Descripción Monto
Derechos en 1885 Participaciones sociales en 8.000 vales dotados, en que es su agente Felipe Márquez 400.000
Producto de 60.000 quintales de café que exportó a $10 liquidado 600.000
Producto de beneficio y venta de ganado de sus haciendas 100.000
Producto de panela y artículos de sus fincas 50.000
Producto de sal de sus salinas 10.000
Por $500 diarios que le pagó la administración de licores 45.000
Por $200 diarios que le pasaba la pagaduría militar y cien el Cuerpo de Artillería 27.000
Por utilidades en las empresas de vales; ferrocarriles, Bancos etc. N/A
Por gastos extraordinarios de representaciones que se hizo entregar N/A
Por el producto de una caballería N/A
Por el producto de un almacén de licores y comestibles en su casa N/A
Por tributo feudal que le mandó en el primer trimestre del año del presidente Rafael Zaldívar de El Salvador 45.000
Por utilidades en las contratas con el Gobierno, por medio de su agente Márquez Por participación en Sociedad en el almacén de Licores y conservas de Antonio Mengarejo, sin pagar impuestos aduaneros de importación 25.000
Acciones Banco de Occidente 30.000
Ferrocarril de Champerico concedidas gratis por no indemnizar propiedades particulares y dar todo el apoyo debido N/A
Ferrocarril del Sur, como el anterior N/A
Ferrocarril Urbano N/A
Agencias de San José y Champerico, además de los $25.000 anuales que le pasaban N/A

Inventario adicional9

Inventario Descripción Monto
Activo Posesión de 300 caballerías del Gran lote «Los Andes» a las riveras del Motagua y del trayecto construido del Ferrocarril del Norte en Izabal. 6.000
Un palacio en París, Francia, en la calle de Lafayette 400.000
La finca San Rafael en Mixco que donó á su hijo, el general Benancio Barrios 4.000
La finca denominada «Salazar» donada al general Benancio Barrios 14.000
Pasivo Producto de sociedad en la Casa de Préstamo de Aquiles Assardo 50.000
Participación en la compañía de vapores de Guatemala en el Atlántico girando principalmente con banano en Livingston N/A
Participación en la extinguida sociedad con D. M. Forestier de siembra en Gualán y Zacapa N/A
Acciones en la sociedad agrícola de Quina en Baja Verapaz 20.000
Donación recíproca del gobierno mejicano 600.000
Suma general   $3.792,600

De los negocios, o rentas con que formó su haber y sus millones el general Barrios en bancos extranjeros (valores aproximados)10

De acuerdo al colaborador de Barrios, el licenciado Francisco Lainfiesta, «habiendo entrado Barrios en creación de fincas de café y de ganado, y en grandos compras de artículos, necesitaba de una buena parte de las rentas nacionales (sus rentas) para alimentar aquellas operaciones. Además, había comprado algunos solares o edificios viejos de consolidación y hacía construir hermosas casas; y esos gastos tenían que salir del mismo fondo. De nada de esto hacía el gran misterio, paliando lo que pudiera decirse, con pagar de cuando en cuando algún presupuesto militar o algunos sueldos de maestros de escuelas con fondos que sacaba de su armario, para que se viera cómo tenía a su disposición de todos su peculio particular. Más adelante, abandonando toda muestra de disimulo, hará que de la renta de aguardientes se pase diariamente la suma de quinientos pesos a uno de los bancos de la capital para los asuntos urgentes del servicio y de esas sumas nadie conocerá la inversión«.5

Descripción Monto
La renta diaria de la administración general de licores desde julio de 1873 Aprox. 2.400,000
La renta diaria desde julio de 1871 al 3 de agosto de 1885 de la administración central de occidente 50.000
Las diferentes cantidades mandadas traer por sus ayudantes a la Administración central y departamentales de Occidente, a la Tesorería general de Rentas Comunes y a la Administración general de licores de la república: 4.000,000
Los $50.000 con que lo agració la Asamblea Constituyente 50.000
Sus sueldos de Teniente general, primero, y después de Presidente con gastos de Representación del estado 240.000
Sus exportaciones de café por diez años hasta el año de 1884. 4.000,000
Sus beneficios de ganado sin pagar impuestos por diez años 1.000,000
Su venta de panela y otros productos de fincas por catorce años 800.000
Desde 1873, los $25.000 anuales que le pasaba la agencia de Champerico 800.000
$300.00 diarios desde 1871 que le sacaban extraordinariamente del presupuesto militar 424.000
El tributo feudal que le pasó por 9 años el presidente Rafael Zaldívar de El Salvador a $200.000 anualmente 1.800,000
El tributo feudal que pasó Soto de Honduras en tabaco, ganado, sin pagar exportación por $60.000 anuales y luego Bográn -en dinero en 9 años 540.000
Los dividendos sobre el Ferrocarril del Sur 30.000
Los dividentos sobre el Ferrocarril de Champerico 60.000
Dividendos sobre el Ferrocarril Urbano 10.000
Las cantidades que se apercibió del gran capital de la Carretera al Norte, y por medio de Contratas con sus socios y agentes 200.000
Grandes cantidades que se hizo llegar del Banco Nacional, de los bienes de Desamortización 500.000
De los bienes de Redención de Censos 200.000
Por valores de baldíos y redenciones que directamente le entregaban los interesados 300.000
Por cuotas negativas por no ponerles estancos de chicha y aguardientes a algunos pueblos indígenas 100.000
Por cuotas de escusas de ir algunos pueblos a trabajar a los ferrocarriles en que lo mismo lucraban algunos jefes políticos 100.000
Productos de sus salinas en Santa Eulalia, departamento de Huehuetenango 100.000
Producto de las salinas de Magdalena en el Quiché 20.000
Participación en sociedad con Antonio Melgarejo, en su almacén de Licores y Conservas sin pagar derechos aduaneros 100.000
Participación en varios negocios con Felipe Márquez 100.000
Participación en destilación del Ingenio y otros negocios con Ramón Murga 100.000
Participación en vales del Banco Nacional 500.000
Lo mismo en los vales de Tesoro 200.000
En conmutas que le quedaban por indultos de reos y a veces por suscriciones a los pueblos 100.000
Participación en negocios con Florentín Sonza, de artículos de exportación é importación, por Champerico 80.000
Participación en negocios con personas de Retalhuleu y Quezaltenango 50.000
Por suscriciones de dinero mandadas levantar a varias poblaciones de la República 100.000
Participación en negocios de exportación é importación con comerciantes de Guatemala 100.000
Por ahorros en los pagos de admininistradores, mayordomos y caporales de sus fincas y negocios, que salían en el presupuesto militar 1.000,000
Por ahorros en los mozos de los mismos puntos, con motivo de cumplir allí sus trabajos de camino de ley, abonandoles únicamente medio real diario con menoscabo de la Hacienda Pública 1.000,000
Por exoneraciones en los pagos que debía hacer en su maquinaría de fincas, suyas y de sus socios 100.000
Ganancias en sociedad de distracción á las peleas de gallos 300.000
Ganancias en sociedad en otros juegos de recreo con los Presidentes de El Salvador González y Rafael Zaldívar en asociación de Dueñas, en sus entrevistas y otros muchos en Guatemala, de enormes cantidades lo propio que a los presidentes Medina, Marco Aurelio Soto y Luis Bográn de Honduras 400.000
Ganancias como las anteriores de diversión a las carreras de caballos 100.000
En 1884 vendió una casa en la calle principal a Zara de Zaldívar 31.000
En 1884 vendió una casa frente a la Comandancia de Armas a Mariano Barrios 9.000
Por gastos de representación tomados demás de los que expresa el presupuesto, en doce años. 400.000
En participación de ciertos negocios lucrativos con el jefe político Cajas y sucesores de Huehuetenango. El jefe político Socorro De León de Suchitepequez; y el jefe político Monterroso de Retalhuleu 200.000
Por los obsequios y ovaciones desde julio de 1871 1.500,000
Los potreros del «Suchiate» por la barra de Ocós en el departamento de San Marcos, comprados por el Sr. Gral. Barrios N/A
Por utilidades en las operaciones con los fondos del Ferrocarril del Norte en el Interior y Exterior N/A
Suma total $ 33.594,000

BIBLIOGRAFIA:

  1. Tipografía El Renacimiento (3 de agosto de 1885). Memoria de las riquezas de la mortual del Señor General expresidente Don Justo Rufino Barrios, en su relación con los intereses de la Hacienda pública (2.ª edición aumentada). Guatemala: Tipografía de «El Renacimiento». p. 3.
  2. Batres Jáuregui, Antonio (1944). La América Central Ante la Historia. 1821-1921. III. Guatemala. Tipografía Nacional. pp. 413.
  3. Wagner, Regina (2001). The History of Coffee in Guatemala. Guatemala: ANACAFE, Villegas Editores. p.125.
  4. Tipografía El Renacimiento, Memoria de las riquezas de la mortual del Señor General, pp. 4-5.
  5. Lainfiesta, Francisco (1975) [1886]. Apuntamientos para la Historia de Guatemala; Período de 20 años corridos del 14 de abril de 1865 al 6 de abril de 1885. Guatemala: Pineda e Ibarra. pp. 226,227.
  6. Tipografía El Renacimiento, Memoria de las riquezas de la mortual del Señor General, pp. 6-7.
  7. Luján Muñoz, Jorge (1998) Breve historia contemporánea de Guatemala. Guatemala: Amanuense. p. 155.
  8. Tipografía El Renacimiento, Memoria de las riquezas de la mortual del Señor General, pp. 8-10.
  9. Ibid, pp. 11-12.
  10. Ibid, pp. 12-19.

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7 de junio de 1872: Barrios decreta expropiación de bienes de las órdenes regulares

El encargado de la presidencia provisoria, teniente general J. Rufino Barrios, decreta la expropiación de los bienes a las órdenes regulares de la Iglesia Católica

7junio1872
Acto de Crucifixión celebrado en una parroquia de Guatemala a finales del siglo XIX. Aunque la élite criolla liberal expulsó al clero regular y redujo al mínimo los privilegios del clero secular, las manifestaciones de fe entre la población se mantuvieron. Fotografía de Juan José de Jesús Yas, tomada de Wikimedia Commons.

Siendo teniente general del ejército y Comandante en Jefe de la región de Los Altos, J. Rufino Barrios fue llamado a la Ciudad de Guatemala a encargarse de la presidencia del gobierno de facto provisorio de la República cuando el capitán general Miguel García-Granados y Zavala tuvo que salir a pacificar al oriente el país el 24 de mayo de 1872.1

Barrios tenía un carácter dominante y no le pedía permiso al presidente provisorio para hacer cuando se le antojara, en especial en lo relacionado con impulsar su agenda liberal. Hasta entonces, había visto con recelo que García Granados estuviera recibiendo a miembros del partido conservador y que estrechara su relación con ellos, así que aprovechando la ausencia del presidente provisorio, emitió varios decretos radicales, particularmente en contra de los intereses del clero regular.1

Barrios ya había expulsado a los Jesuitas del occidente del país, y ahora confiscó propiedades de las órdenes regulares, muchas de las cuales fueron clausuradas. Siendo originario de San Marcos, Barrios era un criollo liberal descendiente de aquellos que intentaron formar el Estado de Los Altos cuando el gobierno conservador apoyado por el general Rafael Carrera tomó el poder en Guatemala.1

Cuando el pueblo católico protestó estas disposiciones, Barrios promulgó el siguiente decreto, por medio del cual el ejército ocupó los edificios de las órdenes regulares, y le dio el ultimátum a los religiosos que si querían permanecer en el país tenían que ser secularizados —es decir, convertirse en curas párrocos y abandonar el hábito de la orden regular a la que pertenecían—:

Decreto N°. 64

Considerando: Que las comunidades de Religiosos carecen de objeto en la República, pues no son las depositarías del Saber, ni un elemento eficaz para mejorar las costumbres;

Que no pudiendo ya como en los siglos medios prestar importantes servicios a la sociedad, los trascendentales defectos inherentes a las asociaciones de esta clase, se hacen más sensibles, sin que de modo alguno sean excusables;

Que dichos institutos son por naturaleza refractarios a las reformas conquistadas por la civilización moderna, que proscribe la teocracia en nombre de la libertad, del progreso y de la soberanía del pueblo;

Que sustrayéndose en el orden económico a las leyes naturales y bienhechoras de la producción y del consumo, constituyen una excepción injustificable que gravita sobre las clases productoras:

Que debiendo las referidas comunidades su existencia a la ley, a esta corresponde extinguirlas, y de consiguiente disponer en beneficio público de los bienes que poseen;

Y que atendiendo a los principios que presiden á la revolución democrática de Guatemala, es una consecuencia ineludible la extinción de las Comunidades de Religiosos, y al decretarla, un deber del gobierno proporcionar a éstos los medios necesarios para el sostenimiento de su nueva posición social, tengo á bien decretar y DECRETO:

Art. 1.°— Quedan extinguidas en la República las comunidades de Religiosos.

Art. 2.°— Se declaran nacionales los bienes que poseen y usufructúan.

Art. 3.°— Estos bienes y sus productos se dedicarán de preferencia a sostener y desarrollar la instrucción pública gratuita.

Art. 4.°— Los Religiosos exclaustrados quedan en absoluta libertad de residir donde les convenga, o de salir de la República, si así lo quisieren. Podrán adquirir bienes, disponer de ellos en vida o por testamento, tratar y contratar y gozar de todos los derechos que las ley- conceden al resto de los habitantes, sin más limitaciones que las que impone su estado á los eclesiásticos seculares.

Art. 5.°— A los Religiosos que deseen salir de la República, se les costeará el viático necesario, y los que prefieran residir en ella, quedan por el mismo hecho secularizados, no podiendo usar hábito ni distintivo de religioso.

Art. 6.°— Las iglesias de las comunidades se conservarán con sus respectivas advocaciones y títulos, lo mismo que con sus vasos sagrados, alhajas, ornamentos y todo cuanto esté destinado al Culto. En cada una de dichas Iglesias se erigirá una parroquia, a cuyo sostenimiento contribuirá el Gobierno.

Art. 7.°— Las librerías de los conventos pasarán a la Biblioteca de la Universidad.

Art. 8.°— La hacienda pública pagará, durante un año, a los Religiosos exclaustrados, que aun no se hayan ordenado de Presbíteros, los impedidos de ejercer su ministerio por ancianidad o enfermedad, una pensión de veinticinco pesos al mes, entregándoles la primera mensualidad el mismo dia en que se verifique la exclaustración.

Art. 9.°— El Ministro del ramo queda encargado de la ejecución de este decreto, dando al efecto las instrucciones convenientes al Jefe Político de este departamento y al Administrador General de Rentas.

Dado en Guatemala, a siete de junio de mil ochocientos setenta y dos

        • J. Rufino Barrios, Teniente general del ejército y Encargado de la Presidencia del Gobierno Provisorio de la República
        • Marco Aurelio Soto, ministro del ramo2,3

Los bienes fueron a parar a manos del Estado, de Barrios y de sus más cercanos colaboradores. Entre ellos, el licenciado Francisco Lainfiesta, quien luego sería ministro de Fomento, que se quedó con la Escuela de Critos, al general Juan Martín Barrundia, Ministro de la Guerra, le correspondió parte del convento de la Concepción y a Delfino Sánchez, quien más tarde sería también ministro de Fomento, parte del convento de Santa Clara.4 Y es que aunque los bienes se vendían en remate público, eran sumamente baratos para los allegados a Barrios, quienes eran los únicos que podían adquirirlos.5

He aquí un resumen de las órdenes afectadas:

Orden Logo Tipo de clero Propiedades expropiadas Beneficiado
Orden de Predicadores Orderofpreachears.png Regular
    • Conventos
    • Haciendas
    • Ingenios azucareros
    • Doctrinas y tierras de indios
El convento se convirtió en la Dirección General de Rentas y en el Conservatorio Nacional de Música
Mercedarios Coat of Arms of the Mercedarians.svg Regular
    • Conventos
    • Haciendas
    • Ingenios azucareros
    • Doctrinas
El convento se convirtió en una estación de policía
Compañía de Jesús Ihs-logo.svg Regular Los jesuitas habían sido expulsados de Guatemala por el rey de España Carlos III en 1767, pero regresaron durante el gobierno de Rafael Carrera. En 1871 no tenían mayores posesiones en el país.  
Recoletos Dictionarium Annamiticum Lusitanum et Latinum, Propaganda Fide seal.png Regular Conventos Se convirtió en la Escuela Politécnica
Concepcionistas OrdoIC.jpg Regular Conventos y haciendas Juan M. Barrundia.
Convirtió el convento en su casa de habitación
Arquidiócesis de Guatemala   Secular Colegio y Seminario Tridentino de Nuestra Señora de la Asunción Se convirtió en el Instituto Nacional Central para Varones
San Felipe Neri S. F. Nerist.JPG Secular Templo y residencia en Ciudad de Guatemala Francisco Lainfiesta.
Convirtió el convento en la Imprenta «El Progreso«
Santa Clara   Regular Templo y residencia en Ciudad de Guatemala Delfino Sánchez
Convirtió el convento en su residencia

BIBLIOGRAFIA:

  1. Lainfiesta, Francisco (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. Período de 20 años corridos del 14 de abril de 1865 al 6 de abril de 1885. Guatemala: Pineda e Ibarra.
  2. Barrios, J. Rufino (7 de junio de 1872). «Decreto del 7 de junio de 1872 del teniente general J. Rufino Barrios, encargado de la presidencia provisoria de la República». Museo Nacional de Historia (Guatemala).
  3. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1871-1876 I. Guatemala: Tipografía El Progreso. pp. 105-120.
  4. Miller, Hubert J. (1976) La Iglesia y el Estado en tiempo de Justo Rufino Barrios. p. 115.
  5. Batres Jáuregui, Antonio. (1949) La América Central ante la Historia, 1821-1921, Memorias de un Siglo. III Guatemala, C.A.

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4 de junio de 1873: García-Granados entrega el poder a Barrios

El capitán general Miguel García-Granados entrega el poder al teniente general J. Rufino Barrios

4junio1873
Retrato de Miguel García-Granados y Zavala que se encuentra en el Museo Nacional de Historia de Guatemala.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El general Miguel García-Granados y Zavala era un criollo muy particular, a quien algunos historiadores han definido como un «aristócrata liberal«, que había nacido en España y pertenecía a las familias aristocráticas —conocidas en su época como «las familias» o «clan Aycinena«— que conformaron el partido conservador después de la Independencia de Centroamérica.1

Durante la Guerra Civil Centroamericana combatió a las fuerzas de los liberales peleando bajo las órdenes de Manuel José Arce, y sufrió el despojo de buena parte de sus bienes por parte Francisco Morazán cuando éste invadió a Guatemala en 1829 y expulsó a los aristócratas del territorio de Centroamérica. Pero, a diferencia de los Aycinena, a él y a su familia se les permitió permanecer en Guatemala; en esa época se alió con los criollos liberales, encabezados por José Francisco Barrundia y poco a poco se fue ganando su confianza, ya que recelaban de él por ser aristócrata.2

Cuando los conservadores tomaron el poder en 1840, García-Granados y Zavala permanecio en Guatemala y era crítico de la labor del general presidente Rafael Carrera hasta que un día, luego de una fuerte crónica de don Miguel contra el presidente, durante un elegante almuerzo en el Palacio de Gobierno se produjo el siguiente dialogo entre el genral Carrera y el entonces teniente coronel José Víctor Zavala, quien por cierto, era primo de García-Granados:3

Estimado Coronel – dijo Carrera -, ¿usted cree que los sueños nos avisan algo?

General – contestó Zavala, que era un hombre muy preparado – sé de buena fuente que ha habido estudios al respecto, y que en efecto, es posible que los sueños nos digan cosas. Si me permite preguntarle, ¿por qué le interesan a su Excelencia?

Es que figúrese Ud., coronel, que anoche en mi sueño yo tenía preso aquí en el Palacio a don Miguel, a quien tanto estimamos, y le ordenaba a mi guardia personal que lo condujera al paredón que está aquí detrás del comedor para que lo pasaran por las armas. Me desperté muy sobresaltado por lo que había hecho y en eso me di cuenta de que se trataba solamente de un sueño.

Todos los presentes, incluyendo García-Granados comprendieron a cabalidad el significado del supuesto sueño, pero nadie hizo comentario alguno al respecto. Algunas horas después, uno de los criollos aristócratas presentes en el almuerzo llegó a la mansión de don Miguel y le dijo que lo más prudente era que partiera en el acto, o que de lo contrario, se cumpliría el sueño. García-Granados y su familia salieron a lomo de mula de Guatemala ese mismo día.3

En el exilio, García-Granados y Zavala estrecho sus lazos con los criollos liberales y, logro un lugar preponderante entre ellos cuando propuso que, cuando se recobrara el poder en Guatemala, se hiciera una profunda reforma agrarian para establecer grandes plantaciones de café, y se utilizara a la enorme población indígena del país para la mano de obra que requería dicho cultivo a gran escala. Este plan quedó pospuesto por varios años, ya que Carrera tenía bajo control la situacion en Guatemala, Honduras y El Salvador, además de pactos con los líderes indígenas locales. Pero tras la muerte del «Caudillo adorado de los pueblos« en 1865, y la de los principales criollos conservadores como el marqués Juan José de Aycinena, el poder del gobierno conservador se fue debilitando y finalmente los liberales recobraron el poder en 1871. García-Granados había regresado a Guatemala después de la muerte de Carrera y fue uno de los cabecillas de los movimientos rebeldes, por lo que fue hecho prisionero en el Fuerte de San José durante un tiempo.4

Como García-Granados había propuesto el plan de la reforma agraria para el cultivo del café, fue nombrado como presidente provisorio de Guatemala en el Acta de Patzicía, a pesar de que ya contaba con una edad avanzada.5 Sin embargo, dados sus fuertes lazos de consanguinidad con los criollos aristócratas y su escasa disciplina para atender los asuntos de estado —pues llegaba a su despacho pasado del medio día después de una larga noche de tertulia—, las reformas que los liberales querían establecer no avanzaban con la prontitud deseada. Esto no le pareció a sus correligionarios, en especial al joven e impetuoso J. Rufino Barrios, quienes decidieron sustituir al presidente.4

Y así se hizo. El 4 de junio de 1873, García-Granados y Zavala dejo el poder en manos de su joven sucesor, con instrucciones de que convocara a una Asamblea Constituyente lo antes posible para establecer una nueva constitución, ya que él no habia podido hacerlo debido a las constantes rebeliones en el oriente del pais, obviando en su solicitud mención alguna a su escasa aplicacion a los asuntos de Estado. Al salir del poder, la Asamblea lo despidió con este breve decreto:6

La Asamblea Nacional Constituyente de la República de Guatemala,

Considerando: que el ciudadano Capitan GeneraJ Miguel García-Granados inició la revolucion democrática de 1871, con el propósito de proveerel bienestar y el progreso de la Nación: y que por sus importantes servicios en la lucha que sostuvo como Jefe del Gobierno provisorio, para llevar a cabo los expresados fines, se ha hecho acreedor al reconocimiento nacional, por tanto, emite el siguiente Decreto.

Artículo único. Se declara al Ciudadano Capitan General Miguel García-Granados, Benemérito de la patria.

Dado en el Salón de sesiones, a los dos días del mes de junio de mil novecientos setenta y tres.

        • José Antonio Salazar, presidente.
        • E. Martínez Sobral, secretario
        • Manuel Lemus, secretario

Y el primer acto oficial de Barrios como presidente de la República fue aprobar el decreto:

Palacio Nacional de Guatemala: a seis de junio de mil ochocientos setenta y tres.

Cúmplase,

        • J. Rufino Barrios
        • El Secretario de Estado en los despachos de Gobernación, Justicia y Asuntos Eclesiásticos, Marco A. Soto6

Ya en el poder, Barrios emprendió profundas reformas para favorecer el cultivo del café y la su propia economía y de sus correligionarios, amparándose en el Acta de Patzicía, hasta que por fin convoco a una Asamblea Constituyente en 1878.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 359.
  2. García Granados, Miguel (1894). Memorias del general Don Miguel García Granados. 2. Guatemala: Tipografía Nacional.
  3. Zavala Urtecho, Joaquín (1970). Huellas de una familia vasca-centroamericana en cinco siglos de historia 2 (112). Managua, Nicaragua. pp. 146-147.
  4. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press. pp. 335-346.
  5. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación de las Leyes emitidas por el Gobierno Democrático de la República de Guatemala, desde el 3 de junio de 1871, hasta el 30 de junio de 1881 I. Guatemala: El Progreso. pp. 3-4.
  6. Ibid., p. 196.
  7. Tipografía El Renacimiento (3 de agosto de 1885). Memoria de las riquezas de la mortual del Señor General expresidente Don Justo Rufino Barrios, en su relación con los intereses de la Hacienda pública (2.ª edición aumentada). Guatemala: Tipografía de “El Renacimiento”.

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12 de marzo de 1873: Barrios suprime el fuero ecleasiástico

Queda suprimido y abolido el fuero eclesiástico, tanto en materia civil como criminal

12marzo1873
Sacerdote guatemalteco alabando al Sagrado Corazon de Jesús en esta fotografía de Juan José de Jesús Yas de finales del siglo XIX.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Así como actualmente hay discusión sobre si debe mantenerse el fuero militar o no en Guatemala, en el siglo XIX existía una sobre la conveniencia o no de mantener el fuero eclesiástico, que favorecía únicamente a los sacerdotes de la Iglesia Católica.

El fuero eclesiástico se había eliminado tras la expulsión de las órdenes religiosas, del arzobispo Ramón Casaus y Torres y de los criollos aristócratas en 1829 luego de la invasión del general liberal Francisco Morazán,1 pero luego de la caída del gobierno liberal del Dr. Mariano Gálvez tras el levantamiento campesino-católico dirigido por Rafael Carrera en 1838,2 los criollos aristócratas empezaron a retornar a Guatemala y consiguieron que se eliminaran todos los decretos y acueros anticlericales del período liberal,3 pero cuando quisieron hacerse con el poder, tuvieron que aliarse con Carrera, que les dejó muy claro que era él el que imponía las condiciones.

Carrera se hizo con la Jefatura del Estado de Guatemala en 1844 gracias a varias maniobras por medio de las que logró salir de los eclesiásticos y de los diputadores constituyentes,4 y luego se convirtió en el primer presidente cuando creó la República el 21 de marzo de 1847;5 sin embargo, los aristócratas y los liberales estuvieron conspirando en su contra hasta que éste decidió renunciar a la presidencia y salir al exilio en 1848.6

Tal y como Carrera esperaba, los criollos no pudieron hacerse cargo de la situación y regresó a tomar el control en agosto de 1849,7 obligando a huir a los liberales y haciendo que los aristócratas pactaran con él para no tener que huir y para evitar que hubiera masacres contra ellos como las que estaban ocurriendo en ese momento en Yucatán.8

Tras derrotar a la última invasión liberal en la Batalla de La Arada en 1851, fue solo cuestión de tiempo que se redactara una constitución y que Carrera llegara al poder, lo que hizo en octubre de 1851.  Y ya en la presidencia, aceptó colaborar con la Iglesia Católica en los asuntos de estado, al punto que el arzobispo Francisco de Paula García y Peláez era Consejero del presidente, y el Dr. y obispo Juan José de Aycinena y Piñol era rector de la Pontificia Universidad de San Carlos y Ministro de Asuntos Eclesiásticos. Por consejo de este último, el gobierno de Carrera firmó el Concordato con la Santa Sede en 1852 por medio del cual se suprimió el fuero eclesiástico, pero luego se emitió un decreto el 31 de marzo de 1854 que dejó a los religiosos en potestad de establecer sus propios juicios, independientemente del sistema judicial guatemalteco.9

Aquella situación se mantuvo igual hasta que llegó al poder el general J. Rufino Barrios en 1873, dos años después de la caída del gobierno conservador del mariscal Vicente Cerna el 30 de junio de 1871.  Barrios retiró los privilegios de que gozaban los religiosos con la colaboración del nuevo Ministro de Negocios Eclesiásticos, el ultra liberal Marco Aurelio Soto —a quien Barrios luego impondría y posteriormente derrocaría como presidente Honduras—, de acuerdo al siguientes decreto:10

Decreto N.° 92

Considerando: que los individuos del clero, como todos los ciudadanos en lo temporal deben estar sujetos a las leyes comunes, civiles y penales de la República, y solo gozar de los fueros que ellas establecen.

Considerando: que este principio de igualdad ante la ley y ante la justiciar reconocido en los países bien constituidos, que excluyen fueros privilegiados, lo está igualmente en el Concordato celebrado entre la Santa Sede y el Gobierno de la República; por tanto,

DECRETO:

    1. Quedan los eclesiásticos sin el privilegio del fuero, así en todo lo civil como en lo criminal.
    2. Se declaran vigentes los artículos 15 y 16 del Concordato celebrado con la Santa Sede en 7 de octubre de mil ochocientos cincuenta y dos, en los cuales se establece la supresión del fuero.
    3. En consecuencia, se deroga en todas sus partes el decreto emitido el 31 de marzo de 1854.

Dado en Guatemala, a doce de marzo de mil ochocientos setenta y tres.

        • J. Rufino Barrios.
        • Marco A. Soto, Ministro de Gobernación, Justicia y Negocios Ecleasiásticos.10

BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 132-133.
  2. Solís, Ignacio (1906) Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. En: Colección de Documentos Históricos y Biográficos. 1. Guatemala: Tipografía de Sánchez y de Guise.  pp. 17-50.
  3. Hernández de León, Federico (20 de febrero de 1926) “El capítulo de las efemérides: 20 de febrero de 1838, Una Ley Conciliatoria”. Guatemala: Nuestro Diario.
  4. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. Guatemala: Editorial del Ejército. p. 229.
  5. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada en virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 73-76.
  6. Hernández de León, Federico (1966) [1925] El libro de las Efemérides, capítulos de la Historia de la América CentralVII. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 113.
  7. Paredes, Mariano; Guzman, Agustin (1849). Convenio. Antigua Guatemala.
  8. Casares G. Cantón, Raúl; Duch Colell, Juan; Antochiw Kolpa, Michel; Zavala Vallado, Silvio et ál (1998). Yucatán en el tiempo. Mérida, Yucatán. ISBN 970 9071 04 1.
  9. Aycinena, Pedro de (1854). Concordato entre la Santa Sede y el presidente de la República de Guatemala (en latín y Español). Guatemala: Imprenta La Paz.
  10. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1871-1876 I. Guatemala: Tipografía El Progreso.

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