13 de abril de 1839: el general guerrillero Rafael Carrera entra a Guatemala y restituye al Jefe de Estado Mariano Rivera Paz; se inicia así el gobierno conservador de “los treinta años”

La Plaza de Armas de la Ciudad de Guatemala vista desde el tejado de la Catedral Metroplitana, aproximadamente en 1860.  No había cambiado mucho de como estaba en la época en que Carrera entró con sus hordas a la misma en 1839.  A la izquierda está el portal del comercio, a la derecho el antiguo Palacio Colonial (destuido en 1917-18) y en la esquina inferior izquierda el Colegio de Infantes.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

 

Introducción:

El período conservador de los treinta años es una época poco estudiada en Guatemala, debido a que los gobiernos liberales que le siguieron rescribieron la historia para presentarlo como un período de oscurantismo, atraso y de sanguinaria dictadura en el que el grupo criollo aristocrático de la familia Aycinena dominaba la situación y tenía al general mestizo analfabeto Rafael Carrera como su brazo armado para que sofocara cualquier intento de rebelión.

Pero el estudio de documentos de la época muestra que no hubo atraso porque el gobierno no hubiera querido alcanzar el progreso, sino que por las constants invasions y rebeliones de criollos liberales y de sus allegados, formentadas muchas veces desde El Salvador y Honduras, las cuales perduraron hasta que el general Carrera las aplastó en la Batalla de La Arada en 1851. De ese fecha en Adelante empezó un período de paz y progreso, que incluyó la construcción del primer edificio público: el “Teatro Carrera” (luego llamado “Teatro Nacional” y “Teatro Colón”).

Los mismos documentos demuestran que no eran los criollos aristócratas quienes dominaban la situación, sino que era el general Carrera el que verdaderamente mandaba y quien les ponía las condiciones. De hecho, los aristócratas (muchos de ellos miembros del clero regular y secular) se vieron obligados a pactar con el militar mestizo por dos razones:

  1. En su calidad de criollos conservadores no podían abandonar el país, ya que perderían todos sus bienes y porque no los recibirían en las naciones vecinas, en las que gobernaban los liberales.
  2. Las fuerzas alianzas que Carrera tenía con los líderes indígenas, principalmente del occidente de Guatemala, por medio de las cuales evitó que ocurrieran masacres en contra de los criollos, a diferencia de lo que en esa época estaba ocurriendo en Yucatán.

Asimismo, debido a la marcada educación religiosa de Carrera, la influencia de las autoridades eclesiásticas tanto locales como las de la Santa Sede era muy marcada y dirigía en buena medida los destino de la nación. Se llegó incluso a firmar un Concordato con la Santa Sede en 1852, en el cual se entregó la educación a los religiosos a cambio de indulgencies para los soldados guatemaltecos que mataran a soldados liberales, por ser éstos anticlericales.

Por otra parte, aunque a los liberales se les ha acusado de haber hecho concesiones de nuestros recursos naturales a los europeos (la Verapaz a los alemanes de las familias Diesseldorf y Thomae, entre otras) y a los estadounidenses (Izabal a la United Fruit Company), los conservadores no se quedaron atrás. A fin de obtener fondos para armas, uniformes y municiones, el gobierno de Carrera tuvo que prestarle dinero a casas financieras inglesas y tuvo que ceder el territorio comprendido entre el río Belice y el río Sarstún al enclave inglés de Belice. Tambien, otorgó una concesión a perpetuidad a la Compañía Belga de Colonización en Izabal en 1840, aunque esta no prosperó por lo inhóspito de la región.

Si bien el período no fue perfecto ni mucho menos, es la época en que se fundó formalmente la República de Guatemala, en que se alcanzó por fin una paz duradera y en que el desarrollo del país realmente inició.

Descripción:

Reproducimos a continuación la descripción que hace de los eventos del 13 de abril de 1839 el renombrado historiador Federico Hernández de León en su obra “El libro de las Efemérides”:

Se hará cargo el lector de la importancia que entraña la fecha de las efemérides de hoy. Es el alfa de un partido, de un partido que luchaba desde los días de la independencia por ocupar el poder de manera estable. Grandes tipos de sus filas se habían acercado al solio, como don Mariano de Aycinena que se sostuvo durante dos años y medio; pero hasta el aparecimiento de Carrera, el partido no se consideró potente, ni la paz llegó a consolidarse como se consolidara después del año 51 con la batalla de la Arada. Pequeñas convulsiones agitaron el cuerpo social; pero nada comparable con los años vividos.

El general Morazán había colocado en la jefatura del Estado de Guatemala al general don
Carlos Salazar, arrancando de su puesto a don Mariano Rivera Paz, en condiciones un tanto violentas. El general Salazar había derrotado unos meses antes a Carrera, en la acción de Villa Nueva y, de ser más ágiles las fuerzas de Salazar, después de dicha acción, alcanzan al mismo Carrera, y se hubieran sacudido de un element que había de darles muchos e intensos dolores de cabeza. Carrera derrotado y herido de gravedad, pasó de Villa Nueva a la Antigua y de allí, dando un rodeo, volvió a la querencia, a la Montaña, seguido de sus leales.

El triunfo de don Carlos Salazar sobre el guerrillero y sus huestes, le creó una reputación firme y le agració ante los ojos del general Morazán, al grado que inñuyera poderosamente para que se le diese la jefatura del estado. Pero don Carlos, con todo y ser general, le faltaba la energía y el empuje que se necesitaba en aquellos críticos días, y la reacción empezó a tejer sus tramas, poniéndose en comunicación con Carrera que estaba en Mita, repuesto del susto que llevara en la acción de Villa Nueva. Con elementos suficientes. Carrera se pronunció contra el gobierno de Salazar y marchó resuelto a la capital.

Algunos liberales se dieron cabal cuenta de la trascendencia que aparejaba aquel movimiento del guerrillero. Se fueron con el jefe del estado y le hicieron ver la gravedad de la situación. Don Carlos Salazar no dió importancia al asunto.

— Así hemos vivido desde hace tiempo — dijo — ; los de Carrera se conforman con man-
tener la bandera levantada en sus montañas.

Los liberales no lo creían así. Notaban los movimientos interesados de algunos hombres
prominentes, sobre todo del canónigo Larrazábal, que públicamente expresaba su disgusto con un sistema ayuno de representación, sin respaldos morales, sin energías y que contribuía a una perenne excitación. Por otra parte, don Luis Batres se movía con grandes empeños.

Los últimos triunfos de Morazán sobre los conservadores de Honduras, alentaban al señor Salazar, sin comprender que, esos mismos triunfos operaban en el ánimo de los conservadores en un sentido de resguardo y de defensa. La batalla del Espíritu Santo ganada por los salvadoreños mandados por Morazán, contra los ejércitos aliados de Nicaragua y Honduras, provocó la precipitación de los acontecimientos, y Carrera
se presentó a las puertas de Guatemala, como Alarico a las puertas de Roma. Y en el amanecer del 13 de abril de 1839, se oyó un grito angustioso que decía:

— ¡ Los bárbaros de la Montaña están en las garitas de la ciudad!

Carrera y sus gentes habían caminado toda la noche, esquivando los encuentros de particulares y, al clarear el alba estaban en las lindes de la Parroquia Vieja y el Martinico, dirigiendo el ala hacia el barrio de Santo Domingo. Eran muchos los que acompañaban al guerrillero; tipos de aspecto feroz, verdaderas hordas de salvajes, mal vestidos, de recias y escasas barbas, peludos y de mirar siniestro. El que los dirigía,
debía ser un tipo superior, que para manejar aquellos trogloditas se necesitaba de un corazón bien puesto y de unos hígados, mejor puestos aún.

Sonaron los primeros tiros y los vecinos atrancaron sus puertas. Los liberales despertaron en sus lechos con la zozobra en el alma.

— ¡Allí está Carrera! — gritaban azorados los tranquilos vecinos, de casa a casa.

Unos se aventuraban a salir de sus domicilios, para dirigirse a carrera abierta, por el rumbo opuesto al que traían los invasores. Otros, precipitadamente abrían hoyos en los patios, para guardar sus riquezas. Y quiénes, con el espanto en la cara, subían a los cobertizos para guarecerse en los tapancos, en franca familiaridad con las ratas y las cucarachas. Aquel despertar del 13 de abril, fué algo siniestro.

Don Carlos Salazar, el aguerrido militar que derrotara a Carrera en Villa Nueva, que tuviera a su cargo la jefatura del estado, que fuera por suj condición de hombre público, la figura más significada, hizo mi papel desairado. Al enterarse que las hordas entraban por las calles, disparando sus fusiles y atrepellando lo que encontraban, no tuvo arrestos para dirigirse a un cuartel y ponerse a la cabeza de sus hombres. Arrimó nervioso una escalera a ima de las paredes de su casa y, por los tejados, como un gato perseguido, se trasladó a otras casas de amigos y, luego, ridiculamente disfrazado, dejó la ciudad y
abandonó Guatemala…

No era esa la manera de abdicar de un puesto tan elevado. Cuando se llega a tan altas jerarquías, se debe guardar todo el coraje de una vida, para terminar de manera digna.

Salazar llegó a ganar la frontera y se dirigió al Salvador ; luego, a Costa Rica : allá murió
atormentado con el recuerdo de su fuga vergonzosa y con la responsabilidad que le cabía por no haber oído los consejos de sus amigos y las indicaciones de quienes le pedían en la semana anterior al 13 de abril, que se tocase llamada general y se pusiese a la cabeza de un grupo de patriotas, para detener la avalancha de salvajes que se avecinaba.

Carrera, entre tanto, se dirigió resuelta y animosamente a la casa de don Mariano Rivera
Paz y le presentó su espada.

— No venimos — dijo el jefe bravio — a matar gente, sino a restituir a las autoridades. Vuesa merced fué arrancado por Morazán de su puesto y nosotros venimos a colocarlo de nuevo en su lugar ….

Rivera Paz se dejó hacer y acompañado de una improvisada escolta de aquellos feroces, se dirigió a la casa del gobierno y tomó posesión de la jefatura del estado. Inmediatamente llamó a sus hombres al ministerio y se expidió un despacho urgentísimo a don Pedro Nolasco Arriaga, expatriado desde el año 29 en Honduras, para
que pasara a ocupar uno de los sillones ministeriales.

Pero a pesar de las declaraciones de Carrera, sus gentes se dirigieron a las casas de los principales liberales en busca de Barrundia, del doctor Gálvez, de la familia Molina, de don José Bernardo Escobar y de cuantos hombres habían adversado al partido conservador. Los liberales no esperaron ser cogidos en sus casas y se asilaron en conventos y casas particulares de sacerdotes amigos, en donde podían estar a cubierto de las arremetidas.

Desde aquel día. Carrera fué definitivamente el hombre de la situación. Se le llamó el “caudillo adorado de los pueblos”; las turbas le victoreaban, y a su paso solo homenajes de respeto y entusiasmo recibía. El jefe del estado, vivía pendiente de sus labios y todos los señorones de la aristocracia le vieron con verdadero respeto y temor. Se hicieron los nombramientos importantes: don José Antonio Larrave, jefe politico de Guatemala; alcalde, don Marcial Zebadúa; síndico de la Municipalidad, don Manuel Beteta; jefe político de la Antigua, don Andrés Andreu; de Escuintla, don Pantaleón Arce ; de Chimaltenango, don Manuel Gálvez y, de Amatitlán, el inmenso poeta don José Batres y Montúfar.

Al año siguiente, en el mes de marzo, Morazán quiso arrojar a Carrera de Guatemala; el
arrojado fué el propio Morazán, que no paró sino hasta el Perú. A los dos años moría el guerrero hondureno, en tanto que Carrera y los conservadores se regodeaban en Guatemala y lanzaban sus rayos a todo el resto de la América Central.

BIBLIOGRAFIA:

26 de febrero de 1849: asesinan a Mariano Rivera Paz, ex-presidente del Estado de Guatemala cuando iba a tomar posesión del corregimiento de Jalapa en el departamento de Mita

Retrato el presidente Mariano Rivera Paz (1804-1849)

Durante el exilio del general Rafael Carrera a México en 1848 los criollos se hicieron cargo de la situación del país, pero en lugar de recuperar la armonía y tranquilidad, Guatemala se hundió en una profundal anarquía. Cuando Carrera partió al exilio, la Asamblea Legislativa, ahora en poder de los liberales, dictó una disposición por la que se le declaraba fuera de la ley que debía aplicársele la pena de muerte si osaba regresar al país.

Se sucedieron varios presidents que renunciaron en cuestión de semanas o meses, hasta que finalmente el coronel Mariano Paredes (hasta entonces corregidor de Quetzaltenango), tuvo que ir a la Ciudad de Guatemala para hacerse cargo de la situación  Pero a pesar de los esfuerzos de Paredes, Guatemala entró en una profunda crisis: había crímenes políticos de importantes personalidades y bandoleros sueltos por todo el país; el gobierno dictaba leyes, pero nadie las cumplía.

Así, el 26 de febrero de 1849, el ex-presidente Mariano Rivera Paz fue asesinado cuando el presidente Paredes lo nombró como corregidor de Jalapa y Rivera Paz intentó tomar posesión de su cargo.  El ex-presidente (quien había gobernado a Guatemala como Jefe de Estado en 1839 y como presidente de la República de 1842 a 1845) fue asesinado por los “lucios” Roberto Reyes y Agustín Pérez en el lugar llamado Sampaquisoy.  Y su sucesor no corrió mejor suerte: Paredes nombró al general Vicente Cruz, hermano de Serapio Cruz (Tata Lapo) como corregidor, pero también fue asesinado sin poder tomar posesión del cargo.

Era una época oscura de crímenes politicos constantes: aparte de los corregidores de Jalapa, fue asesinado Gregorio Orantes, corregidor nombrado para Jutiapa, y Marcial Zebadúa, presidente del Tribunal Supremo de Justicia.  Por cierto que los corregimientos de Jalapa y Jutiapa pertenecían al departamento de Mita que había sido creado un año antes, el 23 de febrero. Este clima de inestabilidad propició el retorno del general Carrera, quien ingresó a Guatemala por el occidente y regresó a la ciudad en agosto de 1849.

BIBLIOGRAFIA:

 

14 de diciembre de 1841: el Jefe del Estado de Guatemala, Mariano Rivera Paz renuncia al cargo y es sustituido por el licenciado Venancio López

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Planos originales de la Catedral de la Ciudad de Guatemala.  La religion católica jugaría un papel crucial en la política de Guatemala desde el gobierno de Rivera Paz hasta la revolución liberal de 1871.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Gobernar teniendo a Rafael Carrera como general en jefe de las Fuerzas Armadas era una tarea sumamente ardua, y eso fue precisamente lo que le ocurrió a Mariano Rivera Paz, un hombre muy competente y capaz pero que estuvo al mando del Estado de Guatemala durante la época más convulsa de la República Federal de Centro América.

Rivera Paz había llegado al poder poco antes de que las hordas de Carrera entraran en la ciudad de Guatemala exigiendo que se abriera la Catedral Metropolitana en nombre de la santa religion; ante esta situación, Rivera Paz se apresuró a aprobar una serie de decretos que facilitaron el retorno de los eclesiásticos y de la familia Aycinena al país.

Cuando los criollos liberales se dieron cuenta de este cambio de política se trasladaron al occidente de Guatemala y formaron su propio estado, el Estado de Los Altos, en donde aprovecharon lo que le quedaba de poder al presidente federal Francisco Morazán para separarse de Guatemala.

Carrera continuó  su lucha campesina contra las fuerzas morazánicas y tras un año de combates con resultados indecisos, finalmente salió airoso y recuperó a Los Altos para Guatemala.  A paritr de ese momento, pasaron dos cosas:  Carrera se convirtió en el hombre fuerte de Guatemala y la hasta entonces triunfante carrera política de Morazán llegó a su fin.  Este fue el nuevo escenario que afrontó Rivera Paz lo mejor que pudo, pero pronto se hizo evidente que no era un rival de peso para Carrera.

De esta forma, tras una fuerte discusión que tuvo Carera con uno de sus ministros el 7 de diciembre de 1841, Rivera Paz renunció a la jefatura del Estado, dejando el camino libre al “Caudillo adora de los Pueblos”.

BIBLIOGRAFIA:

 

 

7 de noviembre de 1840: la Asamblea Constituyente del Estado de Guatemala establece la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo

Laboratorio de Anatomía en la Escuela Facultativa de Medicina y Farmacia en 1896.  Para entonces, la facultad contaba con casi 75 estudiantes en total, muchos de ellos del resto de Centroamérica y del sur de México.  Fotografía publica por “La Ilustración Guatemalteca“.

Tras la violenta revolución entre campesinos católicos y el ejército de los liberales, el gobierno del Estado de Guatemala pasó de nombre a Mariano Rivera Paz y de hecho al caudillo campesino Rafael Carrera.  A pesar de que en ese momento todavía era analfabeto, Carrera era ya un hábil militar y manejaba muy bien la política, al punto que supo aliarse con los criollos conservadores católicos y restableció las instituciones que existían durante la época colonial, entre ellas, la Pontificia Universidad.

Los liberales habían clausurado la casa de estudios superiores por ser de orientación católica y la habían sustituido por la institución laica que llamaron Academia de Ciencias y Estudios.  Originalmente su rector fue el doctor Pedro Molina, pero la guerra civil que se extendió de 1838 a 1840 hizo que la Academia quedara en el olvido.

Los conservadores restituyerón la antigua Pontificia Universidad tal y como estaba establecida originalmente, aunque ahora solamente con jurisdicción en el Estado de Guatemala y el 7 de noviembre de 1840 la Asamblea Constituyente estableció la Facultad de Medicina.  Hasta entonces, si bien había habido estudios de las Ciencias Médicas, Química y Farmacia en el Estado, estos habían estado a cargo del Protomedicato y de los muy escasos médicos que había en el país.

Fue hasta ese momento que se estableció formalmente la Facultad, la cual estaba directamente reglamentada por el gobierno conservador, aunque la Universidad quedaba encargada de los estudios teóricos y los exámenes de grado.

El decreto de creación de la facultad se transcribe a continuación:

“DECRETO DE LA ASAMBLEA CONSTITUYENTE DE 7 DE NOVIEMBRE DE 1840, ESTABLECIENDO LA FACULTAD DE MEDICINA

  1. Se establecerá en el estado una sociedad compuesta de los doctores y licenciados médicos, cirujanos y farmaceutas, que se denominará Faculta de Medicina de Guatemala.
  2. Su objeto será el arreglo del ejercicio de la medicina, cirugía y farmacia, y el progreso y perfección de estos ramos.
  3. El gobierno informado por los doctores médicos, reglamentará la facultad médica, bajo las bases que expresan los proyectos presentados por la junta de doctores médicos en 19 de agosto ultimo; pero sin separar de la Universidad el estudio teórico de esta ciencia, ni privarla de la intervención que le da su estatuto en los exámenes de grados de bachilleres, licenciados y doctores.”

BIBLIOGRAFIA:

 

 

 

22 de octubre de 1841: la Municipalidad de la Ciudad de Guatemala emite el reglamento para el primer alumbrado público a base de velas y serenos que se funcionó en la ciudad

Vista de la Ciudad de Guatemala desde el Cerrito del Carmen en 1887.  Imagen publicada en Guatemala, Land of Quetzal de William T. Brigham.

 

Debido a las constantes guerras entre los criollos liberales y conservadores, el progreso fue llegando muy lentamente a Guatemala.  Para darse una idea, reportamos aquí que el primer sistema de alumbrado público para la ciudad de Guatemala a base de velas fue establecido hasta en 1841, y solamente para la porción más importante de la ciudad (entonces solamente la Plaza Mayor de lo que hoy se conoce como el Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala).

Los faroles se colocaron salientes fuera de la pared por lo menos una vara, y sostenidos por un pescante o barra de hierro.  La empresa a cargo de la iluminación debía “tener alumbrada la parte de la ciudad demarcada en el plano respective, toda las noches, desde las oraciones hasta el alba: en la que en que hubiere luna, ya sea antes de oscurecer o una hora despues, y su luz se mantenga todo el resto de la noche, no se encenderán los faroles; si después de una hora de dadas las oraciones, la luna tardare en alumbrar, por este solo tiempo hasta que su luz sea suficiente, se encenderán aquellos.”

Aquí se observa el influjo del gobierno conservador, que utiliza la hora de las oraciones como referencia.  Por otra parte, para ahorrarse en la iluminación, los faroles no se encendían cuando la luz de la luna era lo suficientemente fuerte.

En otra parte del reglamento se mencionaba que era obligación del empresario “cuidar que las luces se conserven siempre vivas y tener limpios y preparados los faroles y demás útiles para que sin demora estén las luces encendidas a la hora designada“.  Se nota aquí que la luz no era eléctrica y que necesitaba de mucho mantenimiento para manterse viva.

Tambien se estableció un grupo de serenos que se encargaba de darle mantenimiento a los faroles y de mantener vivas las llamas, y además daba de viva voz cada media hora, la hora correspondiente.    El grupo original era de 30 serenos, armados de dos pistolas y una lanza, y también tenían la obligación de revisar que todas las puertas de casas y comercios estuvieran bien cerradas.

De acuerdo a la Recopilación de Leyes publicada en 1870, este servicio se mantuvo vigente por lo menos hasta ese año, en que el autor indica que el número de serenos era de 67.

BIBLIOGRAFIA:

 

 

 

 

2 de octubre de 1841: la Asamblea Constituyente de Guatemala, luego de que los conservadores retomaran el poder, ordena quemar los libros prohibidos por la autoridad eclesiástica e impide la libre importación de los mismos

Virgen de la Soledad. Fotografía de Juan José de Jesús Yas, tomada del Endangered Archives Programme. Arcadia (1890-1930).

Cuando se declara la Independencia en 1821, uno de los puntos principales era que se iba a mantener la religión católica como hasta entonces se había hecho.  Sin embargo, los criollos liberales entendieron que para hacerse del poder tenían que deshacerse del poder eclesiástico y abrazaron la bandera del anticlericalismo.

El 6 de diciembre de 1828, en medio de la Guerra Civil Centroamericana que enfrentó a los criollos liberales contra los conservadores, Mariano de Aycinena (jefe de Estado de Guatemala) ordenó que fueran quemados todos los libros prohibidos por la autoridad eclesiástica, y rogó y encargó a dicha autoridad para proceder en contra de aquellos que se opusieran a tal encargo. Para poner en contexto el requerimiento de Aycinena es importante destacar que en ese momento la guerra se estaba inclinando en favor de los liberales dirigidos por el general Francisco Morazán, quien utilizaba como bandera ideológica un movimiento revolucionario basado precisamente en esos libros prohibidos.

Cuando Mariano de Aycinena fue derrocado por Morazán en 1829, la orden caducó y de hecho lo que ahora se prohibió fue la educación religiosa.  Se clausuró la Pontifica Universidad de San Carlos de Borromeo y en su lugar se instituyó la Academia de Ciencias y Estudios, la cual era una institución laica dirigida por el doctor Pedro Molina.

Cuando el gobierno liberal de Mariano Gálvez se desplomó en 1838, los conservadores retomaron el control en el Estado de Guatemala, dirigidos por el caudillo campesino Rafael Carrera, quien era un católico muy fervoroso.  De hecho, la guerra contra Mariano Gálvez tuvo todos los tintes de una Guerra Santa, pues los campesinos peleaban para que se permitiera el regreso de las órdenes regulares y del arzobispo, y que se abriera nuevamente la Catedral Metropolitana, que había estado cerrada desde que el arzobispo Casaus y Torres había sido expulsado en 1829.

Como era de esperarse, la nueva constitución fue de tintes conservadores con grandes poderes para la Iglesia Católica y uno de las enmiendas incluidas fue la de restablecer las prohibiciones dictadas por Mariano de Aycinena en 1828, además de que se establecieron penas con el objeto de impedir la libre introducción y circulación de los libros que leían los criollos liberales.

BIBLIOGRAFIA:

25 de julio de 1838: con el gobierno liberal prácticamente desmantelado, Mariano Rivera Paz, encargado del gobierno del Estado de Guatemala, anula todos los decretos contra los conservadores y las órdenes religiosas

Retrato official de Mariano Rivera Paz, que se encuentra en el Museno Nacional de Historia. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

En julio de 1838 los criollos liberales no sabían qué les había golpeado, pues habían pasado de ser los dueños absolutos de la situación en Centroamérica, a tener en sus manos una crisis sin precedents: Nicaragua y Costa Rica se habían declarado estados independientes y en Guatemala las hordas católicas campesinas habían arrasado con el gobierno laico anticlerical del doctor Mariano Galvez.

Era tal la desesperación de los liberals que el mismo José Francisco Barrundia, quien junto con el doctor Pedro Molina eran los máximos líderes de los liberales guatemaltecos, había solicitado ayuda al general campesino Rafael Carrera para que derrocada a Gálvez.  Y es que a Barrundia le había horrorizado que el personaje que aparece en nuestros billetes de veinte quetzales no tuviera problema alguno en implementar tácticas militares de tierra arrasada en las áreas rurales guatemaltecas para tratar de derrotar a los campesinos católicos alzados.

El lector se preguntará cómo fue que Guatemala llegó a una guerra santa entre católicos y no creyentes siendo, como es ahora en el siglo XXI, un país en donde prácticamente la mitad de los habitantes son católicos, y la otra mitad son protestante. Pues bien, en la época que siguió a la independencia estaban muy de moda los ideales de la Ilustración que veía a la religion católica como la raiz de todos los males; de esta forma, los criollos que querían in nuevo sistema social en la region porque el colonial no los favoreció abrazaron la ideología laica, mientras que aquellos que fueron predominantes durante la colonia, mantuvieron su estrecha relación con el clero.

En 1829, Morazán derrotó a Mariano de Aycinena y tomó el poder de la República Federal de Centro América.  Uno de sus primeros decretos fue expulsar a todos los miembros del partido conservador y de las órdenes religiosas para así apropiarse de sus bienes, en especial las grandes haciendas que tenían los religiosos.  Pero no expulsaron a los curas del clero secular, sino que solamente al arzobispo Casaus y Torres, pensando que con la expulsión del líder y la eliminación del diezmo obligatorio los curas quedarían muy mermados.

Los liberales no contaron con la labor de hormiga que hicieron los curas durante el gobierno de Galvez (1831-1838); los sacerdotes se dedicaron a hacerle ver a los campesinos que los liberales eran herejes pues habían expulsado a las órdenes religiosas y hacían negocios con los protestantes ingleses.  Además, los liberals habían impulsado las leyes del matrimonio civil, el divorcio y los juicios de jurados copiando el código de Livingston que se utilizaba en los Estados Unidos, lo que fue aprovechado por los curas párrocos para decirle a los campesinos que los gobernantes iban en contra de la doctrina católica.

Así pues, bastó in detonante para que estallara la revolución rural en Guatemala y esa fue la epidemia de cólera que se desató en 1837.  Cuando se corrió el rumor de que eran los agentes del gobierno los que envenenaban los ríos, los campesinos se levantaron en armas, y eligieron como su líder a Rafael Carrera.  Aquel sería el principio del fin de los liberales en Guatemala mientras Carrera viviera.

Rivera y Paz se hizo cargo del gobierno del estado debido a todos estos acontecimientos y comprendió que todos los decretos anticlericales y en contra de los conservadores iban a ser utilizados en su contra cuando los campesinos tomaran el poder, así que el 25 de julio de 1838 se curó en salud y decidió decretar un olvido generalizado de todo lo decretado en contra de la iglesia católica y los conservadores desde 1821 hasta 1838.  Empezaba así el régimen conservador de los 30 años.

BIBLIOGRAFIA: