29 de marzo de 1953: levantamiento en Salamá, Baja Verapaz

En grupo de anticomunistas se levanta en armas en Salamá, cabecera de Baja de Verapaz, en contra del gobierno del tenien coronel Jacobo Arbenz Guzmán. A pesar de un éxito inicial, el levantamiento fue fácilmente derrotado por el Ejército Nacional de la Revolución.

29marzo1953
La parroquia de San Mateo Apóstol en Salamá Baja Verapaz en la década de 1920. Aquí se refugiaron algunos alzados tras ser derrotados por el Ejército Nacional de la Revolución en 1953. En el recuadro: el teniente coronel Jacobo Arbenz Guzmán al momento de tomar posesión de la presidencia en 1951. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El 29 de marzo de 1953 ocurrió un movimiento armado en contra del gobierno del teniente coronel Jacobo Arbenz Guzmán en Salamá, cabecera del departamento de Baja Verapaz.1  Para entonces, la Reforma Agraria impulsada por el gobierno arbencista estaba en pleno apogeo, y los propietarios afectados, empezando por la poderosa transnacional estadounidense United Fruit Company y los criollos locales acusaban al gobierno de comunista.  Y es que como dijo el presidente en su mensaje al Congreso el 15 de marzo de ese año: «la cuestión de la Reforma Agraria ha trazado la clásica raya en la arena; de un lado los que están definitivamente con la Revolución y de otro lado los que están definitivamente contra la Revolución. No ha quedado lugar para el término medio como en todas las grandes decisiones históricas. No hay familia, no hay clase, no hay persona actualmente en nuestro país, que no haya sentido en una forma o en otra, en el aspecto ideológico, en el político o en el orden social y económico, el impacto de las conmociones que ha promovido la cuestión agraria en Guatemala».2

El levantamiento, dirigido por el mayor rebelde Manuel Juárez,Nota se inició el 28 de marzo, cuando Otilio Figueroa junto con otra persona llevaron a Salamá un cargamento de armas livianas que incluía ametralladoras, rifles y armas cortas. El plan consistía en tomar primero Salamá y luego expandir las acciones hacia toda Guatemala, aprovechando el punto estratégico en el que se encuentra la cabecea departamental.1

En la madrugada del 29 de marzo tomaron las bodegas y talleres de la Dirección General de Caminos para hacerse de explosivos, y luego tomaron el cuartel de la Guardia Civil y encarcelaron a los oficiales. Después cortaron las comunicaciones pues tomaron las instalaciones de las oficinas de Correos y Telégrafos y dinamitaron tres puentes ubicados en la carretera que comunicaba de Salamá hacia Cobán, cabecera del departamento de Alta Verapaz: Quiquilá, Las Burras y La Cebadilla, para evitar la entrada de las tropas del Ejército de la zona militar de Cobán.1

A las tres de la tarde el Ejército Nacional de la Revolución iba en avanzada por la finca Santo Tomás y a las cuatro los aviones de la Fuerza Aérea sobrevolaron el lugar. Finalmente, a eso de las cinco se produjo una escaramuza entre los insurrectos y el Ejército, el cual forzó a los alzados a retirarse hacia su cuartel e hizo huir a los cabecillas. Mientras tanto, otro grupo del Ejército entró por el norte de Salamá sin encontrar mayor resistencia, ya que el resto de los alzados se refugió en la iglesia parroquial de San Mateo Apóstol, ubicada en el parque central de la localidad.1

El presidente Arbenz mencionó el asunto de la siguiente forma en su informe al Congreso de la República el 15 de marzo de 1954:3

En marzo del año recién pasado varios facciones bien armados se levantaron y apoderaron de la plaza de armas de Salamá. Los contrarrevolucionarios ocuparon durante varias horas los edificios de la Gobernación Departamental, de la Administración de Rentas, de los Telégrafos y Correos, de la Guardia Civil, de la cárcel departamental, del aeropuerto y de otros sitios. Detuvieron al propio gobernador y a su hijo, el diputado Abundio Maldonado, […[ distribuyeron armas y uniformes, insignias y propaganda calcada en las muletillas que difunde el «anticomunismo»; saquearon los fondos del erario público y esperaron en vano el apoyo del exterior que se les había prometido.

En el aeropuerto de Salamá los facciosos hicieron las señales convenidas para el aterrizaje de naves aéreas que llegarían del extranjero. Los cabecillas de aquel levantamiento no actuaron aisladamente; estaban entroncados con movimientos similares que se habían fraguado para otras plazas de la República y que a última hora no se produjeron y estaban enlazados a la actividad conspirativa de conocidos dirigentes del «anticomunismo».

El Ejército Nacional de la Revolución actuó con gran presteza. Fuerzsa armadas de la Primera Zona Militar, cuya sede es Cobán, Alta Verapaz, se movieron rápidamente hacia Salamá y tras una corta lucha, en la que perecieron siete contendientes y resultaron heridos otros tantos, recuperaron la plaza, capturarn a unos cuantos cabecillas, devolvieron la libertad a los detenidos y emprendieron la persecusión de la mayor parte de los facciosos fugitivos. Los mismos miembros de las Fuerzas Armadas dieron cuenta de los uniformes, armas e insignias que habían fabricado o adquirido con mucha antelación los dirigentes verdaderos del levantamiento de Salamá.[…]

La Guardia Civil también prestó su eficaz colaboración, así como los demás servicios policiacos, no sólo en la captura de algunos facciosos, sino en la información obtenida acerca de las ramificaciones de aquella conspiración que desembocó en el movimiento contrarrevolucionario que hemos descrito.

Ahora se da el caso insólito de que algunos periodistas, los menos serios por cierto, que militan en la oposición reaccionaria, trataron no sólo de reducir a su mínima importancia el levantamiento armado de Salamá, sino que dan la sensación de que tal hecho no ocurrió, como si sólo hubiese existido en la imaginación de la fuerzas armadas o del Gobierno de la República.3


NOTAS:

  • a: en el levantamiento participaron dieciséis salamatecos, entre ellos: Abigaíl Mejía, Sergio Escobar, Heriberto Ramírez P., Tomás López, Alcides Ochoa, Manuel Ramírez M., Francisco Colocho, Rosalío Amperez, Isidro Bautista, Ambrosio Flores, y otros integrantes del partido anticomunista (PUA).

BIBLIOGRAFIA:

  1. Solórzano Vega, Abraham Israel (s.f.) Historia Contemporánea de Salamá, municipio del departamento de Baja Verapaz, siglo XX. En: Tradiciones de Guatemala. Guatemala: Centro de Estudios Folclóricos. p. 45.
  2. Azurdia Alfaro, Roberto (1960) Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1953-1954. LXII. Guatemala, Tipografía Nacional. p.  VII.
  3. — (1960). Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1954-1955. LXIII. Guatemala, Tipografía Nacional. p.  XXVII.

27 de marzo de 1696: toma posesión el presidente Sánchez de Barrospe

Tras la muerte del presidente Jacinto de Barrios Leal y la usurpación del oidor José de Scals como presidente provisorio, toma posesión el capitán general Gabriel Sánchez de Berrospe

27marzo1696
Ruinas de la iglesia de La Recolección en la ciudad de Antigua Guatemala en 1890, aproximadamente. El único arco que se observa fue un símbolo de la ciudad hasta que fue derribado por el terremoto de 1976. Imagen tomada de Mizner Scrapbook of Central America.

Tras lograr salir avante de las serias acusasiones que presentó contra él el Juez Pesquisidor Fernando López de Ursiño, el presidente Jacinto de Barrios Leal fue restituido en la presidencia de la Capitanía General de Guatemala en 1694 y se empezó a preparar para la conquista de los itzáes y del Lacandón.  Había iniciado los combates contra los únicos indígenas que todavía se mantenían independientes del Imperio Español, pero enfermó de gravedad y regresó a Santiago de los Caballeros de Guatemala, en donde murió el 12 de noviembre de 1695.1

Aún antes de que arribara el Juez Pesquisidor el presidente se enfrentaba al problema de que los oidores Antonio María Bolaños, Francisco Valenzuela Venegas y Manuel Baltodano se coligaron con Antonio de Navia y Bolaños, e incurrieron repetidamente en el delito de cohecho al momento de resolver causas judiciales.  Estos oidores se encontraron con la oposición de los otros oidores, Joseph de Scals y Bartolomé de Amézquita, ya que éstos no aceptaron participar en tales ilícitos, iniciando así una división entre los miembros de la Real Audiencia.2

Por esta razón, tras la muerte de Barrios de Leal los miembros de la Real Audiencia tenían que nombrar al Oidor decano, Francisco Valenzuela Venegas,  como presidente provisional, pero Scals logró que lo nombraran a él debido a las irregularidades en que había incurrido Valenzuela, dando lugar a una violenta crisis entre el grupo que apoyaba a Valenzuela y el que apoyaba a Scals.  De hecho, la situación llegó a tal punto que Scals tuvo que emitir una orden para que Valenzuela Venegas lo respetarara en las peticiones y escritos que le dirigía, pues éste útimo repetidamente le decía que había usurpado la presidencia.3

Cuando el general Gabriel Sánchez de Berrospe tomó posesión como presidente de la Capitanía General de Guatemala el 27 de marzo de 1696,4 quedó en el medio de la crisis entre los oidores, e incluso tuvo muchos problemas para realizar su trabajo, ya que no pudo poner controlar el desorden de la administración pública y se enfrentó con la férrea oposición que le presentaba Scals y su aliado, el oidor Amézquita, quienes impidieron que progresara cualquier intento de legislación que Berrospe intentaba.3

En 1697, Berrospe logró la conquista de los itzáes en Verapaz y Petén pero esto no impidió que siguieran sus problemas con la Real Audiencia.  El 17 de junio de 1699, esto hizo que Diego Antonio de Oviedo y Baños un oidor de Santo Domingo, y Gregorio Carrillo y Escudero, entre otros, fueran nombrados como oidores de Guatemala, ya que se determinó que era necesario hacer una investigación sobre lo que estaba ocurriendo en la Audiencia guatemalteca.  Y como si no bastara con los problemas que ya existían, Oviedo y Baños fue nombrado oidor decano, pero como se retrasó en Cuba, Carrillo usurpó el puesto y se negó a entregárselo cuando finalmente llegó a Guatemala.5

Todas estas controversias hicieron que el licenciado Francisco Gómez de la Madriz, o licenciado Tequeli, fuera nombrado Visitador en 1699 para resolver la situación.  Sin embargo, la prepotencia del licenciado Tequeli, lejos de solucionar los problemas que había, solamente empeoraría la situación del gobierno y la rivalidad entre los bandos, y terminaría siendo expulsado del país por Real Audiencia.6


BIBLIOGRAFIA:

  1. Juarros, Domingo (1818). Compendio de la historia de la Ciudad de Guatemala. II. Guatemala: Ignacio Beteta. p. 140.
  2. Cabezas Carcache, Horacio (2017) Gobernantes de Guatemala en el siglo XVII. Guatemala. p. 143.
  3. Bancroft, Hubert Howe (1883) Central America: 1530-1800. (en inglés) En: The Pacific States of North America. II. San Francisco, California: Bancroft Publishers. p. 661.
  4. Pardo, J. Joaquín (1944). Efemérides de la Antigua Guatemala,. 1541-1779. Guatemala: Unión Tipográfica. p. 93
  5. p. 662.
  6. Juarros, Compendio de la historia de la Ciudad de Guatemala, I. p. 267

25 de marzo de 1524: Alvarado condena a muerte a los dos últimos reyes k’iche’

Tras evadir una emboscada en la que pretendía quemarlo vivo a él y a sus hombres, Pedro de Alvarado hace prisioneros y condena a muerte a los reyes k’iche’ en Q’umakaj

25marzo1524
Mapa de Q’umarkaj (Utatlán) la capital del reino k’iche’ en 1524. Aquí querían emboscar a las fuerzas de Alvarado para quemarlos vivos dentro de la ciudad, pero el plan le falló a los reyes k’iche’ que fueron apresados y posteriormente quemados en la hoguera. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Tras la decadencia de la Cultura Maya, sus pueblos descendientes fueron perdiendo poco a poco las características de aquella y se fueron segregando en diferente grupos sociales que se hicieron la guerra unos contra otros.  Así pues, los pueblos indígenas se encontraban en marcada decadencia a la llegada de los españ0les al continente americano:  algunos todavía tenían centros urbanos, como los k’iche’ y k’achik’el, mientras que otros, los itzáes de Tezulutlán —actualmente la zona de las Verapaces y Petén— habían adoptado una forma de vida nómada más adecuada a la región selvática en donde vivían.1

Pedro de Alvarado invadió la región que ocupan los indígenas con centros urbanos en 1524 al frente de trescientos soldados españoles de infantería y ciento veinte de caballería y de varios miles de guerreros tlaxcaltecas y cholultecas que se habían aliado a las fuerzas de Hernán Cortés en México para derrotar al Imperio Azteca; se estima que por cada soldado español había de diez a treinta guerreros tlaxcaltecas o cholultecas.2

Las armas con que contaban los españoles  —que no eran soldados entrenados de los famosos tercios sino que simples aventureros que huían de la miseria de la península— eran: ballestas, escopetas muy rudimentarias de chispa y mampuesta, y cuatro cañones que se cargaban por la boca con balas de piedra; por su parte, los guerreros mexicanos traían sus arcos, flechas y lanzas.3  Pero hubo un factor muy importante y quizá decisivo en el proceso de conquista, ya que diezmó considerablemente a las poblaciones indígenas americanas tras la llegada de los europeos: la viruela, el sarampión, la gripe, el tifus y la fiebre amarilla que traían las ratas que venían en los barcos y a las que los europeos ya habían desarrollado defensas. De hecho, mientras se llevaba a cabo la conquista del Imperio Azteca en México, las epidemias hacían estragos en las poblaciones del territorio guatemalteco.4

El 20 de febrero de 1524 se produjo la batalla contra los k’iche’ de donde salió la leyenda del guerrero Tecún Umán, la cual se ha documentado que más bien es un registro histórico k’iche’ que ha amalgamado en la figura de aquel gran capitán a sus principales príncipes y capitanes militares que cayeron muertos en aquel combate.5 Alvarado, por su parte, solamente reportó que uno de los principales guerreros había muerto en la batalla de aquel día, en el que murieron muchos k’iche’ al punto que el río cercano se tiñó de rojo.6  Es muy probable que los guerreros k’iche’ hayan estado muy debilitados por las viruelas y otras enfermedades, lo que podría haber contribuido sobremanera a la espantosa derrota.

Ante aquel desastre, los reyes k’iche’ Oxib-Keh, el Ahpop (rey), y Beleheb-Tzy, el Ahpop Quecham (rey electo), se sintieron entre la espada y la pared y convocaron a una gran asamblea de notables para planificar la defensa contra los invasores.  Decidieron que las mujeres, niños y ancianos salieran de las poblaciones y buscaran refugio en las montañas y en improvisadas cuevas, y luego, planearon invitar a los europeos a la ciudad de Q’umarkaj  (Utatlán), que estaba formaba por casas de paredes de madera y techos de paja ubicada sobre unas colinas rodeadas de barrancos que no permitía una salida fácil, para quemarlos vivos en la ciudad.7

Alvarado aceptó la invitación de la comitiva k’iche’ que enviaron los reyes, y sin sospechar nada partió para Utatlán.  Sin embargo, cuando llegaron a la ciudad, la ubicación hizo que el español sospechara que algo no andaba bien, por lo que decidió dejar a sus tropas en las afueras de la población y entrar sólo con un grupo de soldados españoles bien armados.  Ya dentro de Q’umarkaj se confirmaron sus sospechas cuando en medio del agasajo que le hicieron a él y al grupo de españoles se dieron cuenta de que no había ni mujeres ni niños; entonces, Alvarado le agradeció a los k’iche’ por el recibimiento y les dijo que iba a salir de la ciudad para organizar la entrada de las tropas mexicanas.8

Ya en su tienda, Alvarado invitó a los reyes para que le visitaran previo a entrar a la ciudad, y cuando llegaron, sus ayudantes les cayeron encima y los cargaron de cadenas.  Sin apenas reponerse de la sorpresa se dieron cuenta de que estaban perdidos, y se resignaron a su suerte.  Después, Alvarado instaló un tribunal entre sus propios oficiales aventureros y con una farsa de juicio condenó a los reyes k’iche’ a unos días de prisión y luego a morir en la hoguera.8 Cuando los guerreros k’iche’s se dieron cuenta de lo que había sucedido, atacaron a los españoles y a sus aliados tlaxcaltecas y cholultecas y lograron matar a uno de los soldados españoles.9​ Pero en este momento Alvarado ordenó que después de repeler el ataque incendiaran toda la ciudad como escarmiento.10

Tras la destrucción de Q’umarkaj, la cruel sentencia contra los reyes k’iche’ que solamente buscaban proteger a su pueblo de una invasión de aventureros se ejecutó el Viernes Santo de 1524, fiesta sagrada de la religión católica a la que pertenecían los invasores.11

Por su parte, los indígenas itzáes de Tezulutlán, resistieron a la invasión española por muchos años gracias a su estrategia de permanecer en la selva petenera protegidos por la muralla natural de los Cuchumatanes, y fueron el único pueblo independiente de la América Española hasta que finalmente fueron brutalmente conquistados en 1697.12


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El Libro de las Efemérides. Capítulos de la Historia de la América Central. V.  Guatemala: Tipografía Nacional. p. 486
  2. Restall, Matthew; Asselbergs, Florine (2007). Invading Guatemala: Spanish, Nahua, and Maya Accounts of the Conquest Wars (en inglés). University Park, Pensilvania, EE.UU.: Pennsylvania State University Press. ISBN 978-0-271-02758-6OCLC 165478850. p. 16.
  3. Jones, Grant D. (2000). «The Lowland Maya, from the Conquest to the Present«. En Richard E.W. Adams y Murdo J. Macleod (eds.), ed. The Cambridge History of the Native Peoples of the Americas, II: Mesoamerica, part 2 (en inglés). Cambridge, Inglaterra: Cambridge University Press. ISBN 0-521-65204-9OCLC 33359444. p. 363.
  4. Lovell, W. George (2005). Conquest and Survival in Colonial Guatemala: A Historical Geography of the Cuchumatán Highlands, 1500-1821 (en inglés) (3.a edición). Montreal, Canadá: McGill-Queen’s University Press. ISBN 0-7735-2741-9OCLC 58051691. p. 70.
  5. van Akkeren, Ruud W. Tecun Umam: ¿personaje mítico o histórico?. En: Ciclo de Conferencias 2004. Nuevas investigaciones. Nuevas ideas.  Guatemala: Museo Popol Vuh, Universidad Francisco Marroquín. pp. 3-7.
  6. Gall, Francis (julio a diciembre de de 1967). «Los Gonzalo de Alvarado, Conquistadores de Guatemala«. En Anales de la Sociedad de Geografía e Historia. XL Guatemala: Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala. OCLC 72773975. pp 41-42.
  7. Hernández de León, El Libro de las Efemérides, p. 487.
  8. Ibid., p. 488.
  9. Recinos, Adrián (1998). Memorial de Sololá, Anales de los Kaqchikeles; Título de los Señores de Totonicapán. Guatemala: Piedra Santa. ISBN 84-8377-006-7OCLC 25476196.
  10. Sharer, Robert J.; Traxler, Loa P. (2006). The Ancient Maya (en inglés) (6.ª edición (completamente revisada)). Stanford, California, EE. UU.: Stanford University Press. ISBN 0-8047-4817-9OCLC 57577446. p. 764-765.
  11. Hernández de León, El Libro de las Efemérides, p. 489.
  12. Jones, Grant D.  (1998). The Conquest of the Last Maya Kingdom (en inglés). Stanford, California, EE. UU.: Stanford University Press. ISBN 978-0-8047-3522-3OCLC 9780804735223. 240 y siguientes.

24 de marzo de 1839: Carrera y las huestes de Mita lanzan proclama contra Morazán y la Asamblea

El teniente coronel Rafael Carrera y sus huestes de Mita, entonces concentradas en las serranías de Mita, lanzan una proclama contra Francisco Morazán, desconociendo al gobierno de Carlos Salazar y a la Asamblea de Guatemala.

24marzo1839
Vista panorámica de Mataquescuintla desde el mirador de Colis. En el recuadro: fotografía del capitán general Rafael Carrera cuando ya era presidente vitalicio de Guatemala en 1854. Imágenes tomadas de Mirador de Mataquescuintla «Colis» y de Pantheon World.

El 18 de enero de 1839 los nuevos gobiernos de Honduras y Nicaragua —que se habían declarado Estados Independientes de la República Federal de Centro América en 1838— formaron una alianza ofensiva y defensiva en contra del Presidente Federal Francisco Morazán.1 Ambos estados se habían separado de la Federación cuando Morazán no quiso convocar a elecciones presidenciales2 y el 18 de mayo de 1838, en la sesión del Congreso Federal, se acordó autorizar a los estados a reorganizarse como mejor les pareciera, sin tomar en cuenta las leyes nacionales, lo que fue aprovechado por Honduras, Nicaragua y Costa Rica para separarse definitivamente de la Federación.3

Aquel tratado de alianza significó el principio del fin para Morazán, y de la República Federal, formada ya solamente por Guatemala, Los Altos y El Salvador.  El tratado favorecía las aspiraciones del Jefe de las Armas de Honduras, el caudillo conservador Francisco Ferrera, quien le dió la noticia del mismo al teniente coronel Rafael Carrera, quien en ese momento se encontraba en las serranías de Mita, luego de haber firmado el tratado de «El Rinconcito«.1

El 24 de marzo de 1839 el teniente coronel Rafael Carrera y su ejército —las huestes de Mita—, hicieron un pronunciamiento en Mataquescuintla, desconociendo todos los actos de la Asamblea Ordinaria de Guatemala —convocada por el presidente federal Francisco Morazán— y al Jefe Provisorio Carlos Salazar, que había sido confirmado por dicha Asamblea luego de que Morazán sustituyera por sí y ante sí al Jefe de Estado Mariano Rivera Paz el 30 de enero de ese año.4,5   En aquella proclama Carrera señaló que continuaría con sus esfuerzos en Guatemala y proclamó la soberanía estatal como uno de sus principios; además, anunció su cooperación con Ferrera, el 24 de marzo de 1839, y se pronunció contra Morazán.6

Los fuerzas de Carrera unieron la acción a la palabra, y el 13 de abril tomaron la ciudad de Guatemala, haciendo huir a Salazar por los tejados de las casas y restituyendo al Jefe de Estado Mariano Rivera Paz.6  En recompensa, el gobierno guatemalteco ascendió a Carrera al cargo de Generla de Brigada.7

Cuatro días después, el 17 de abril, Rivera Paz anunció que Guatemala se separaba de la Federación,8 y el 12 y 14 de agosto se firmaron tratados con los otros estados independientes, reconociendo la soberanía mutua sin que se impidieran las alianzas y una eventual reunificación.6 Tal fue el inicio del Gobierno Conservador de los 30 años en Guatemala.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Montúfar y Rivera Maestra, Lorenzo (1879) Reseña Histórica de Centro América, III. Guatemala: Tipografía de El Progreso. p. 283.
  2. Coronado Aguilar, Manuel (1975) Apuntamientos para la Historia de Guatemala. Guatemala: Editorial del Ejército.  pp. 138, 157.
  3. Ibid.,  p. 158.
  4. Solís, Ignacio (1906) Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. (1) Tip. de Sánchez y de Guise. Guatemala. p. 87.
  5. Marure, Alejandro (1895) Efemérides de los Hechos Notables acaecidos en la República de Centro América desde al año de 1821 hasta el de 1842. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 113.
  6. Woodward, Ralph Lee Jr. (1983) La Política Centroamericana de un Caudillo Conservador. Rafael Carrera, 1840-1865.  En: Anuario de Estudios Centroamericanos. 9. Costa Rica: Universidad de Costa Rica. p. 56.
  7. Coronado Aguilar, Apuntamientos para la Historia de Guatemala, p. 544.
  8. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala compuesta y arreglada pa virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 46-48.

23 de marzo de 1885: J. Rufino Barrios parte para combatir contra El Salvador

El general presidente J. Rufino Barrios parte de la Ciudad de Guatemala para ponerse al frente de las tropas guatemaltecas en la campana de unificación centroamericana.

23marzo1885
La Plaza de Armas de la Ciudad de Guatemala en una fotografía de Eadweard Muybridge de 1875. En el recuadro: J. Rufino Barrios y Rafael Zaldívar, presidente de Guatemala y de El Salvador en 1885, respectivamente. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El general presidente J. Rufino Barrios había estado preparando el proceso de la Unión Centroamericana por varios años, colocando presidentes a su antojo en El Salvador y en Honduras desde 1876, y pensando que con el apoyo de ambos gobiernos tomar Nicaragua y Costa Rica sería sencillo.1

Los obstáculos para la empresa no eran internos, sino externos: el gobierno del general Porfirio Díaz en México se oponía la Unión porque no le convenía que existiera un estado fuerte en la región que estuviera aliado con los Estados Unidos; por su parte, el gobierno estadounidense prefería un débil gobierno en Nicaragua al cual podría manejar a su antojo para construir el canal interoceánico.  Así pues, ambos países reprobaron la Proclama Unionista que había lanzado Barrios el 28 de  febrero y le advirtieron que considerarían la acción militar como un acto hostil contra países amigos.2

Pero el 9 de marzo empezaron los problemas internos.  Ese día, Barrios lanzó una aclaración de su proclama, tratando con ello de tranquilizar a México.3  Ese mismo día, mientras el presidente de Honduras, Luis Bográn, se adhería a la proclama de la Unión y había sido nombrado Benemérito de la Patria Centro-americana por la Asamblea Legislativa de Guatemala,4 el presidente de El Salvador, Rafael Zaldívar, le respondió evasivamente diciendo que tenía que esperar el permiso del Congreso para adherirse a la proclama.5

Barrios se dió cuenta que Zaldívar lo iba a traicionar y, en efecto, el 22 de marzo, se consumó la traición del presidente salvadoreño cuando en Santa Ana se firmó el Tratado de Alianza entre Nicaragua, Costa Rica y El Salvador para oponerse a Barrios, a quien llamaban «el salvaje de San Marcos«.4  En vista de esto, al presidente guatemalteco no le quedó otra opción que ponerse al frente de sus tropas y marchar hacia El Salvador, contando únicamente con el apoyo del presidente de Honduras, Luis Bográn, a quién el mismo Barrios había colocado en la presidencia, al igual que a Zaldívar.1

Envalentonado por el reciente pacto con Nicaragua y Costa Rica, Zaldívar arengaba a sus soldados diciendo: 

Embriagado con la copa en que liban los opresores de las naciones, el general Barrios, sin razón y contra derecho, intenta predominar sobre todos, orpimiento a los pueblos con el abrumador peso de la conquista; pero antes se inundará de sangre el pueblo salvadoreño, y veremos cubiertas de ruinas nuestras ciudades, que aceptar el yugo de una servidumbre que nos deshonraría ante las naciones del mundo y ante la historia.6

La movilización del ejército guatemalteco hacia la frontera ya había empezado y el lunes 23 de marzo de 1885, Barrios se levantó a las 4 de la mañana y se vistió par saliar la ciudad de Guatemala a reunirse con sus tropas.  Antes de partir redactó el siguiente manifiesto:

Consecuente con la promesa formal y solemne que tengo hecha a mis compatriotas, los hijos de Centro América, salgo hoy de esta capital a reunirme a las fuerzas que se hallan escalonadas en las fronteras de oriente y que he movilizado con el propósito de proteger y apoyar la unidad de Centro América.  Marcho con la conciencia de que voy a poner cuanto soy y cuanto valgo, al servicio del más grande de los deberes que el destino ha querido hacer pesar sobre mis hombros.6

A las 7 de la mañana salió Barrios montado en su yegua junto con sus hombres por la Barranquilla camino de la Villa de Guadalupe.   Entre quienes iban con él estaban: el mariscal José Víctor Zavala, el general Pedro Rómulo Negrete, el general José Beteta, el coronel Andrés Téllez; el coronel Fernando Alvarez, el teniente coronel Francisco Vachet, el teniente coronel Miguel Montenegro, el teniente coronel Tomás Terán y el comandante primero Jorge Tejada.7

La comitiva llegó a Cerro Redondo al mediodía, y allí almorzaron para emprender nuevamente la marcha hasta llegar a Barberena en donde pasaron la noche.7


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El Libro de las Efemérides, capítulos de la Historia de la América Central. V. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 474.
  2. Carregha Lamadrid, Luz (Mayo/Agosto 2018) Mirando al sur sin perder de vista el norte. México frente a la Unión de Repúblicas Centroamericanas, 1885. Región y sociedad, 30, (72) Hermosillo: Región y sociedad. doi: 10.22198/rys.2018.72.a901 ISSN: 1870-3925
  3. Guerra, Viviano (1886). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1883-85 IV. Guatemala: Tipografía de Pedro Arenales. pp. 339-340.
  4. Ibid., p. 682.
  5. Selva, Buenaventura; Durán, José; Zaldívar, Rafael (Septiembre 1938) Tratado de alianza: entre Nicaragua, El Salvador y Costa Rica, oponerse al general Justo Rufino Barrios que amenazaba la soberanía e independencia de aquellas repúblicas en 1885. Revista de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua. 2, (4), 425-428 Managua: Academia de Geografía e Historia de Nicaragua
  6. Hernández de León, El Libro de las Efemérides, p. 475.
  7. Ibid., p. 476.

22 de marzo de 1960: declaran a Tecún Umán como Héroe Nacional

22marzo1960
Anverso y reverso del billete de cincuenta centavos que circuló en Guatemala en la década de 1990 y que tenía la efigie de Tecún Umán. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Tecún Umán fue reconocido como Héroe Nacional de Guatemala mediante el siguiendo decreto legislativo:

Decreto Número 1344

El Congreso de la República de Guatemala,

Considerando: que Tecún Umán, egregio personaje de la Historia de Guatemala se perfila en sus anales como supremo Héroe Nacional; 

Considerando: que corresponde al Congreso de la República decretar honores públicos y que éstos deben otorgarse a la memoria de quienes, como Tecún Umán, murieron luchando en defensa del suelo patrio; 

Por tanto, decreta:

Artículo 1°. — Se consagra a Tecún Umán, Héroe Nacional y símbolo de la defensa de la nacionalidad guatemalteca.

Artículo 2°.— Para honrar su memoria, declárase el 20 de febrero de cada año Día de Homenaje a Tecún Umán.  Las instituciones y los establecimientos públicos y privados de enseñanza, realizarán anualmente en esa fecha, actos cívicos en honor de aquel eximio representativo de la raza autóctona.

Artículo 3°. — Se declara de urgencia nacional, la erección de monumentos que perpetúen la memoria del Héroe Tecún Umán.

Artículo 4°.— Este decreto entrará en vigor el día de su publicación en el Diario Oficial.

Dado en el palacio del Organismo Legislativo: en Guatemala, a los veintidós días del mes de marzo de mil novecientos sesenta.

        • Jorge Luis Zelaya Coronado, presidente
        • Adrián Calderón Romero, secretario
        • Felipe Neri Barrientos Rosales, secretario1

Ahora bien, ¿quién fué Tecún Umán y por qué el gobierno del general e ingeniero Miguel Ydígoras Fuentes lo declaró Héroe Nacional?

La leyenda del enfrentamiento entre el capitán invasor Pedro de Alvarado y el capitán k’iche’ Tecún Umán relata que este último iba al frente de un ejército de miles de guerreros k’iche’, y buscaba al español en los llanos de Urbina. Cuando se encontraron, Tecún Umán se transformó en un águila vestida en plumas de quetzal y voló para atacar a Alvarado. En el primer choque cortó la cabeza al caballo del español, pensando que hombre y animal eran uno solo; pero cuando Alvarado no murió, lo atacó una segunda vez.  Esta vez, el español lo mató con su lanza y  los perros de guerra de los españoles quisieron desgarrar su cuerpo, pero Alvarado los detuvo por un guerrero tan valiente y audaz merecía ser enterrado con todo respeto.2

De acuerdo a esta leyendo, Tecún Umán estaba vestido con tres coronas y con muchas plumas de quetzales, por lo que los españoles bautizaron aquel lugar con el nombre Quetzaltenango, —Lugar de las Plumas del Quetzal—. En cuanto a los guerreros del capitán k’iche’ viendo que su capitán estaba muerto, huyeron pero fueron perseguidos por los españoles que los masacraron en el río que corría por allí y que tornó rojo por la sangre derramada. Aquel río fue bautizado como Kik’el en recuerdo a la matanza.2

Debido a los sucesos fantasiosos que ocurren en la leyenda, la existencia de Tecún Umán se ha puesto en duda.  Sin embargo, existen algunas evidencias históricas sobre la existencia del príncipe k’iche’ de la leyenda, y la primera es una carta que envió Alvarado a Hernán Cortés, en la cual relata que el 20 de febrero de 1524 salió de Xetulul o San Martín Zapotitlán hacia lo que ahora es Quetzaltenango, entonces territorio de los k’iche’ por el camino de Palajunoj.  En el camino montañoso, los emboscaron los indígenas en dos tantas: primero salieron de tres a cuatro mil guerreros, y cuando estuvieron vencidos, salió una segunda ola de aproximadamente treinta mil guerreros que atacaron a los españoles, tlaxcaltecas y cholultecas con flechas.  El segundo ataque también fue infructuoso, ya que los españoles iban a caballo y cargaron contra los atacantes, quienes huyeron espantados al ver a las monturas.3

Entonces, el plan de Alvarado fue el de llevar a los atacantes a campo abierto en caso hubiera un tercer ataque. Cuando éste se produjo, los jinetes hicieron como que salían huyendo, y se dejaron alcanzar por los guerreros k’iche’s, que —según Alvarado— los atacaron esta vez con un ejército aún mayor. Cuando los atacantes los alcanzaron, los jinetes se dieron la vuelta y arremetieron contra ellos, venciéndolos categóricamente.  En esa batalla, de acuerdo a Alvarado: «murió uno de los cuatro señores de esta ciudad de Utatlán, que venía por capitán general de toda la tierra«.4

Si bien Alvarado no dice nada respecto un combate frente a frente entre él y el señor de Utatlán, ni que un quetzal que se posara sobre el pecho del caído, esta es la primera mención de un personaje que podría ser Tecún Umán en un documento histórico.

Por otra parte, está el «Título K’oyoi» descubierto en 1973 por el antropólogo Robert Carmack, en el cual se describe la versión k’iche’ de la batalla que relató Alvarado en su carta.  Allí menciona que luego de que Alvarado irrumpiera fácilmente contra las fortificaciones de Xetulul, los señores k’iche’ se asustaron y mandaron a pedir refuerzos a Q’umarkaj-Utatlán.  Al enterarse, Tecum, nieto del rey k’iche’ K’iq’ab, salió de inmedio por Tzibachaj (Totonicapán).  El relato en k’iche’ dice:

xel wi nima rajpo achij adelantado Tecum umam rey k’iche’ don k’iq’ab

que traducido quiere decir:

el grán capitán adelantado Tecum nieto del rey k’iche’ don K’iq’ab’.5

Así pues, el nombre del príncipe es Tecum, y Umam simplemente significa que «era nieto de» el rey k’iche’.

De acuerdo al «Título K’oyoi«, la ciudad de Q’umarkaj ya estaba tomando sus medidas contra la invasión y preparando la marcha del gran capitán Tecum con sus soldados hacia la zona de guerra.  En las preparaciones hubo procesiones, bailes y festividades en la que el capitán se atavió con plumas de Quetzal.6

Con respecto a la batalla entre Alvarado y Tecum, el «Título K’oyoi» dice que Tecum cortó la cabeza del caballo de Alvarado, pero cayó en medio de los españoles.  Su cuerpo tenía tres coronas con plumas verdes como si fuera un sol bajando del cielo.  Entonces, cuando ya estaba muerto, Alvarado le preguntó a los tlaxcaltecas y cholultecas que lo acompañaban cómo le iban a poner a aquel pueblo, y ellos le dijeron Quetzaltenango «para alabar al señor«, a lo que accedió el capitán español porque «un gran capitán se murió«.  Después, relata que fue innumerable la gente que murió junto con Tecum y que el agua del río se enrojeció por la sangre, por lo que lo llamaron kik’el (río de Sangre).6

En conclusión: es muy probable que el «Título K’oyoi» sea una versión embellecida por los k’iche’ para relatar su derrota frente a Alvarado y por ello crearon el personaje de Tecum que simboliza a los señores que fueron sacrificados por el capitán español después de vencerlos en combate.  Luego, cronistas coloniales como Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán encontraron documentos en donde se relataban historias similares, y así por errores en la traducción del nombre del príncipe k’iche’ nació la leyenda de Tecún Umán.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Azurdia Alfaro, Roberto (1962). Recopilación de la Leyes de la República Guatemala, 1960-1961. LXXIX. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 3.
  2. van Akkeren, Ruud W. Tecun Umam: ¿personaje mítico o histórico?. En: Ciclo de Conferencias 2004. Nuevas investigaciones. Nuevas ideas.  Guatemala: Museo Popol Vuh, Universidad Francisco Marroquín. p. 3.
  3. Ibid., p. 1.
  4. Ibid., p. 2.
  5. Ibid., p. 4.
  6. Ibid., p. 7.

21 de marzo de 1687: fallece Manuel Lobo, S.J., confesor del Hermano Pedro

Fallece el padre Manuel Lobo, S.J., quien fuera maestro, biógrafo y confesor del Santo Hermano Pedro de Betancur.

21marzo1687
Las ruinas del Convento y colegio de la Compañía de Jesús en la Antigua Guatemala en 1875. En el recuadro: un grabado que representa al Santo Hermano Pedro. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El primer libro que se escribió sobre la vida del Santo Hermano Pedro fue el que hizo el sacerdote Manuel Lobo, S.J. quien en 1626 fue enviado por sus padres a México para que prosiguiera con sus estudios en el colegio de San Ildefonso, en donde fue discípulo del padre Miguel Godínez.1

Ya en la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, el padre Lobo ya era parte de la congregación jesuita y era profesor en el Colegio de San Lucas de la Compañía de Jesús y allí, como maestro de los estudiantes seglares,2 tuvo la oportunidad de ser quien educó al Hermano Pedro de San José de Betancur y con el mismo estilo, régimen y método que él mismo practicaba, y en donde convivió con el futuro santo durante aproximadamente quince años.3

El 15 de noviembre de 1658, debido a su reputación en la sociedad de Santiago de los Caballero, el padre Lobo predicó en la Catedral Primada de Santiago el sermón conmemorativo para celebrar el nacimiento del príncipe Felipe Próspero.4

En 1667, el padre Lobo publicó su obra «Relación de la vida y virtudes del V. Hno. Pedro de San José», en base a la cual, el 8 de junio de 1668, el alcalde ordinario capitán José de Aguilar y Revolledo expuso ante el Ayuntamiento criollo que habiendo fallecido el Hermano Pedro, «quien en su vida fue en esta ciudad consuelo de ella por su mucho ejemplo, caridad y buenas obras, que en servicio de Dios hizo y sus penitencias tan grandes, que con ellas y su buena vida, se vieron efecto de admiración y fue por ello venerado en esta república, por todo género de personas eclesiásticas y seglares y todos en su entierro, con general aclamación de hombre de vida ejemplar y penitente, le hicieron su entierro a que asistieron el señor don fray Payo de Rivera, arzobispo de México, siendo obispo de este obispado, con los de su cabildo eclesiástico y lo señores de la Real Audiencia y todas las comunidades de los conventos de religiosos de esta ciudad y porque habiendo tenido la dicha de haber muerte en ella, un varón de tan esclarecidas virtudes, como se saben por el tratado que de su vida se ha escrito por su confesor, el maestro Manuel Lobo, de la Compañía de Jesús, sería bien que esta ciudad por su parte haga diligencia en orden a que se hagan informaciones de la vida de tan virtuoso varón y de los casos raros que en su vida le sucedieron, que fueron  indicios de su santidad, para que conste en todo tiempo, o para los efectos que convengan«.5

Así pues, la obra del Padre Lobo fue el punto inicial para que los capitanes José Agustín de Estrada, Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán —quien también fuera alumno suyo en el Colegio de San Lucas6— y el mismo Aguilar y Revolledo iniciaran la documentación para la canozación del Hermano Pedro.  Asimismo, la obra del padre Lobo también sirvió de base al fraile franciscano Francisco Vásquez de Herrera —quien también se educó en el colegio de San Lucas de los jesuitas—, para escribir su obra «Vida y virtudes del venerable fray Pedro de Betancur«, en la que éste agregó una amplia recopilación de testimonios de otros confesores del Hermano Pedro y de otros testigos.7

El padre Lobo falleció el 21 de marzo de 1687 en la ciudad de Santiago de los Caballeros, y el Ayuntamiento lo reconoció en esa fecha, por el aprecio que se le tenía por sus dotes intelectuales.8


BIBLIOGRAFIA:

  1. Vásquez de Herrera, Francisco , S.J. (1962) [1706]. Vida y virtudes del venerable fray Pedro de Betancur. Guatemala: Tipografía Nacional. p. xvii.
  2. Sariego, Jesús Manuel (2004). Evangelizar y educar. Los jesuitas de la Centroamérica colonial. En: Revista Diakonia. (111). p. 57
  3. Vásquez de Herrera, Vida y virtudes del venerable, p. xix
  4. Pardo, J. Joaquín (1944). Efemérides de Antigua Guatemala, 1451-1779. Guatemala: Unión Tipográfica. p. 52.
  5. Ibid., pp. 60-61.
  6. Sariego, Evangelizar y educar, p. 62.
  7. Barillas, Edgar (2019). Literatura y cine en Guatemala (III). El cine al servicio de la religión: El Hermano Pedro. Guatemala: Re-contracampo. 
  8. Pardo, Efemérides de Antigua Guatemala, p. 81.

18 de marzo de 1730: vicario de los Mercedarios anuncia su visita a Santiago de los Caballeros

El Vicario de general de Nuestra Señora de las Mercedes, fray Fernando de Sierra, anuncia su visita a la ciudad de Santiago de los Caballeros para visitar la construcción del nuevo templo mercedario

18marzo1730
Entrada al arruinado convento mercedario en 1875. En el recuadro: imagen de Jesús Nazareno de la Merced, el cual se encontraba en el templo de Santiago de los Caballeros hasta 1778, en que fue trasladado a la Nueva Guatemala de la Asunción. Imágenes tomadas de Mizner Scrapbook Central America y Wikimedia Commons.

La orden de los Mercedarios llegó a la región de Guatemala tras la conquista, durante la época en que era obispo el licenciado Francisco Marroquín, según él mismo relató al Emperador Carlos V en 1556.  El primer mercedario fue el padre Juan de Zambrano, O. de M. quien llegó en 1536, y dependía —como el resto de conventos en las colonias americanas— del provincial de Castilla.1

Inicialmente establecido en la capital en el valle de Almolonga, se trasladaron a la ciudad de Santiago de los Caballeros en Panchoy después del desastre del 11 de septiembre de 1541.1  Allí estuvieron a cargo de algunos poblados que entonces estaban en las afueras de la ciudad y que eventualmente fueron absorbidos por la misma; estos poblados eran: San Antonio Abad, Espíritu Santo, San Jerónimo, La Magdalena, Santa Catalina y Santiago.2

A petición de los frailes en América, en 1561 se crearon las provincias de Lima, Cuzco, Chile y Guatemala, dependiendo del general de la orden.  Los frailes de la provincia mercedaria de La Presentación de Nuestra Señora de Guatemala, en particular, llegaron a tener a su cargo numerosas doctrinas de indígenas en la región que ocupan los modernos departamentos de Huehuetenango, Totonicapán, y San Marcos, además del estado mexicano de Chiapas.3 Los mercedarios obtuvieron estas doctrinas a través del obispo y porque la orden de Predicadores les cedió algunas otras.4

Para 1613, los mercedarios tenían a su cargo las siguientes doctrinas en el área: Santa Ana de Malacatán, Concepción de Huehuetenango, San Pedro de Solomá, Nuestra Señora de la Purificación de Jacaltenango, Nuestra Señora de la Candelaria de Chiantla, San Andrés de Cuilco, Santiago de Tejutla, San Pedro de Sacatepéquez y San Juan de Ostuncalco.​5  Además, eran propietarios del ingenio «La Vega» que estaba ubicada en el moderno departamento de Santa Rosa y del trapiche «Nuestra Señora del Buen Suceso de Pechar» en Colotenango.2

En la iglesia de aquel convento de Santiago de los Caballeros ya estaba la imagen de Jesús Nazareno, la cual por su belleza era de las más veneradas por los vecinos, al punto que ya contaba con su propia Cofradía confirmada por el obispo. Aquella imagen fue consagrada en la misma forma y con los mismos ritos que la Imagen de Nuestra Señora de Sevilla el 5 de agosto de 1717 por el obispo Juan Bautista Alvarez de Toledo.4

En 18 de marzo 1730, el vicario de la provincia, fray Fernando de Sierra, O. de M. notificó al Ayuntamiento criollo de la Santiago de los Caballeros de Guatemala que iba a llegar a la ciudad procedente de Huehuetenango para revisar como iban los trabajos de reconstrucción del templo mercedario,6 que había templo había sido dañado por el terremoto de San Miguel en 17177 y para fundar el colegio de San Jerónimo.6

El colegio de los mercedarios estaba junto a la ermita del mismo nombre, pero como no tenía la autorización ni licencia del rey, fue decomisado por la autoridad civil en 1763 y convertido en la Real Aduana.8  Para entonces, la relación de la orden mercedaria —y de las otras órdenes regulares— con la corona española era tirante, dadas las Reformas Borbónicas iniciadas por el rey Carlos IIIl de hecho en 1765 las órdenes tuvieron que entregar sus doctrinas al clero secular, y en 1767 los jesuitas fueron expulados de todos los territorios del Imperio Español.9

Para 1770, según relata el arzobispo Pedro Cortés y Larraz, las doctrinas que habían sido de los mercedarios eran jurisdicción de un alcalde mayor y habían sido convertidas en curatos a cargo del clero secular.10


BIBLIOGRAFIA:

  1. Zúñiga Corres, Ignacio O. de M. (s.f.) El origen de la Orden de La Merced en Guatemala. En: Apuntes para la Historia de la Merced. 
  2. Melchor Toledo, Johann Estuardo (2011). El arte religioso de La Antigua Guatemala, 1773-1821. Crónica de la emigración de sus imágenes. México: Universidad Nacional Autónoma de México.  p. 41. 
  3. Arias Medina, Fernando (2021). Crónica de la Orden de la Merced. Enciclopedia Católica Online.
  4. Juarros, Domingo (1808). Compendio de la Historia de la Ciudad de Guatemala. I. Guatemala: Ignacio Beteta. p. 166.
  5. Pérez, Pedro Nolasco O. de M. (1966), Historia de las Misiones Mercedarias en América, Madrid.
  6. Pardo, J. Joaquín (1944). Efemérides de la Antigua Guatemala, 1541-1779. Guatemala: Unión Tipográfica. pp. 135.
  7. Ibid., pp. 115-119.
  8. Juarros, Compendio de la Historia, p. 167.
  9. Carlos III de España (1767). Colección del Real Decreto de 27 de febrero de 1767, para la ejecución del Extrañamiento de los Regulares de la Compañía, cometido por S. M. al Excmo. Señor Conde de Aranda, como Presidente del Consejo. Madrid: Imprenta Real de la Gazeta. pp. 3-4.
  10. Cortés y Larraz, Pedro (1958) [1771]. Descripción Geográfico-moral de la Diócesis de Goathemala. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 18-19.

17 de marzo de 1920: Estrada Cabrera libera a los presos políticos

Tras recibir informes de que el gobierno de los Estados Unidos lo apoyaría nuevamente, el licenciado Manuel Estrada Cabrera libera a todos los presos políticos

17marzo1920
Masiva protesta con el licenciado Manuel Estrada Cabrera que se realizó el 11 de marzo de 1920 pasando por la Penitenciaría Central, y que el presidente no pudo reprimir porque ya había perdido el apoyo del gobierno de los Estados Unidos. En el recuadro: el presidente Estrada Cabrera en los últimos años de su gobierno. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El 13 de marzo de 1920, dos días después de la multitudinaria manifestación en su contra, el gobierno de licenciado Manuel Estrada Cabrera, quien sabía que había perdido el apoyo del gobierno de los Estados Unidos, se sentó en la mesa de negociaciones con los representantes del Partido Unionista teniendo como mediador al cuerpo diplomático.1

Por iniciativa del embajador inglés las reuniones se llevaron a cabo en la Legación estadounidense, empezando a las 2:30 de la tarde.  Las reuniones eran presididas por el decano del cuerpo diplomático, que en ese momento era el embajador de España.  A partir de ese momento, y sin importar que había dos representantes de la rama obrera del Partido Unionista —siendo uno de ellos el líder obrero Silverio Ortiz—, las discuciones se hicieron en inglés.  Los puntos que se discutieron aquel día fueron:

  1. Que el gobierno se comprometa a que todas las autoridades cumplan la ley a cabalidad.
  2. Que se ordenara la libertad de los reos y detenidos políticos
  3. Que se ordenara la restitución a sus hogares de los reos políticos que estaban confinados en otros puntos.2

Sin embargo, como los delegados de Estrada Cabrera no tenían facultad para autorizar los puntos segundo y tercero por lo que se decidió cerrar la sesión y esperar la respuesta del presidente.2

Pero hubo una nueva reunión el 15 de marzo en la que se discutieron dos nuevos puntos, sin que se llegara a conclusión alguna con respecto a los presos políticos.  Fue aquí que, cansados de no entender las largas discusiones en inglés y de que no hubiera resultado en cuando a la libertad de los presos, los representantes obreros del Partido Unionista decidieron ya no asistir a más reuniones con los representantes de Estrada Cabrera.3

Cuando se abrió la sesión del 16 de marzo, los miembros del Cuerpo diplomático no quiseron realizar la reunión porque «falta la representación obrera que, constituye la veradera representación del pueblo«.  Entonces se acordó que una delegación compuesta por el embajador francés, el embajador inglés y el secretario de la legación estadounidense se reuniera con Estrada Cabrera para indicarle que el pueblo se negaba a negociar con sus delegados en tanto no se comprometiera a liberar a los presos políticos.4

Por otra parte, ese mismo día el presidente guatemalteco había manifestado al jefe de la Legación estadounidense que «veía la situación de Guatemala sumamente seria y que ponía la suerte de su país en manos del gobierno de los Estados Unidos». Al saber esto, el 17 de marzo el Departamento de Estado envió instrucciones al jefe de la Legación, Benton McMillin, para que hiciera saber a Estrada Cabrera que el gobierno de los Estados Unidos declararía públicamente que tenía plena confianza en las promesas del presidente guatemalteco y que veía con horror cualquier intento de derrocarlo, siempre y cuando Estrada Cabrera hiciera una proclama pública reconociendo los derechos garantizados por la Constitución y comprometiéndose a no reprimir al Partido Unionista ni a ningun otro partido opositor.4

Estrada Cabrera no hizo la proclama, pero sí liberó a los presos políticos ese mismo día satisfecho de que habría recuperado el apoyo del gobierno norteamericano.  Los presos unionistas fueron recibidos con ovaciones en la casa del Partido, y algunos hasta fueron llevados en hombros desde una cuadra de distancia.  Además, ese mismo día se unieron al Partido Unionista los empleados de correos, los telegrafistas y los empleados de aduanas, y por la noche, hubo manifestaciones de júbilo en la reunión  de la Liga Obrera, a la que asistieron cuatro mil personas.5

Por supuesto, los Unionistas no estaban al tanto de las negociaciones que tuvo Estrada Cabrera con el jefe de la Legación estadounidense, y creyeron que había sido la comisión de diplomáticos y sus reuniones con los representantes de Estrada Cabrera lo que habían logrado la liberación de los presos políticos.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Arévalo Martínez, Rafael (1945). ¡Ecce Pericles! Guatemala: Tipografía Nacional. p. 451.
  2. Ibid., p. 452.
  3. Ibid., p. 454.
  4. Ibid., p. 455.
  5. Ibid., p. 457.

16 de marzo de 1968: secuestro del arzobispo Casariego y Acevedo

16marzo1968
Catedral Metropolitana de la Ciudad de Guatemala. A la izquierda, el Palacio Arzobispal, de donde fue secuestrado el arzobispo Casariego y Acevedo. En el recuadro: retrato oficial del arzobispo quien fue elevado a cardenal por el Papa en 1969. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons y de Parroquia Santa María de Todos los Santos.

El gobierno del licenciado Julio César Méndez Montenegro estuvo constantemente extendiendo el estado de alarma o el estado de sitio en toda la República y favoreciendo los intereses de las élites económicas ante los constantes ataques y atentados perpetrados por los grupos rebeldes de izquierda.   De hecho, para principios de 1968 había favorecido el fortalecimiento del ejército mediante lo siguiente:

  1. Permitió el ingreso de los Boinas Verdes (Green Berets) del Ejército de los Estados Unidos para entrenar a los miembros del ejército en la lucha contrainsurgente con tácticas aprendidas en las guerras de Corea y de Vietnam.
  2. Recibió 17 millones de dólares de ayuda militar recibida por el gobierno de los Estados Unidos
  3. Creó el Instituto de Previsión Militar y el Centro de Estudios Militares.1

Si bien todo esto iba contra los principios del presidente, quien era de izquierda, éste había firmado un pacto con los militares para poder tomar posesión en 1966 y no le quedaba más que aceptar las condiciones que se le imponían.2  Es más, a principios de 1968 llegó al colmo de dar refugio en el Palacio Nacional a muchos de sus antiguos correligionrios quienes dormían allí en catres y sofás porque ese era el único lugar en donde estaban a salvo de las «listas de la muerte» que el Ejército había preparado en contra de los activistas izquierdistas.3

La estrategia militar estaba a cargo de tres figuras principales: el coronel Carlos Arana Osrio, comandante de la guerra contrainsurgente en Zacapa y jefe de los grupos paramilitarse que aterrorizaban a la población rural; el coronel Manuel Francisco Sosa Avila, director de la Policía Nacional y coordinador de los grupos paramilitares conocidos como «escuadrones de la muerte«, y el coronel Rafael Arriaga Bosque, Ministro de la Defensa Nacional, quienes urdieron un plan para salir definitivamente del presidente Méndez Montenegro.3

El sábado 16 de marzo de 1968, como ya era costumbre, el presidente emitió un decreto, extendiendo el estado de alarma:4

Decreto número 629:

Julio César Méndez Montenegro, Presidente Constitucional de la República,

Considerando: que los enemigos del orden público y la paz social persisten en la comisión de acciones de violencia contra las personas y sus bienes para intranquilizar a la familia guatemalteca, ya sea mediante actos directos de agresión armada o haciendo estallar artefactos explosivos, además de otros hechos graves de terrorismo;

Considerando: que en consecuencia, no habiendo desaparecido totalmente las causas que dieron origen al establecimiento del Estado de Alarma y a la limitación en el libre ejercicio de las garantías individuales en todo el territorio nacional se hace indispensable dictar las medidas necesarias a fin de que el Gobierno legítimamente constituido pueda hacer uso de las facultas de excepción que la Constitución de la República contempla para los casos en que se pretende quebrantar el orden institucional,

Por tanto, […] en Consejo de Ministros, decreta:

Artículo 1°. — A partir del día dieciséis de marzo del año en curso se prorrogan por treinta días más, en todo el territorio nacional, el Estado de Alarma y la limitación en el libre ejercicio de las garantías individuales. […]

Artículo 6°. —Las personas contra quienes existieran indicios fundados de que actúan para alterar el orden público, podrán ser detenidas sin necesidad de mandamiento judicial o apremio.[…]

Artículo 8°. — Los órganos de publicidad está obligados a evitar las publicaciones que puedan causar confusión o pánico, o agraven la situación.

Artículo 9°. — Las providencias, resoluciones o disposiciones que dictaren las autoridades encargadas de mantener el orden público, tendrán carácter eminentemente ejecutivo y los actos derivados de su aplicación no podrán ser impugnados de amparo, sino hasta que cese la vigencia de este decreto.[…]4,Nota_a

A pesar de la prórroga del estado de alarma, ese mismo día por la tarde el arzobispo metropolitano de Guatemala, Mario Casariego y Acevedo fue secuestrado.  El arzobispo era de origen español y nacionalizado guatemalteco y había sido Arzobispo Coadjutor, Vicario General de la Iglesia Católica guatemalteca, y capellán de la Escuela Politécnica, y gracias a la participación de su predecesor, Mariano Rossell y Arellano, en el derrocamiento del gobierno del teniente coronel Jacobo Árbenz Guzmán, contaba con importantes relaciones con el ejército y las élites económicas guatemaltecas.3

Este secuestro correspondía al plan de Arana, Sosa Ávila y Arriaga Bosque, quienes culparon a las Fuerzas Armadas Rebeldes —único grupo guerrillo que existía en ese entonces— de haberlo perpetrado. Los militares pensaron que aquello provocaría un enorme rechazo hacia los grupos guerrilleros y protestas masivas contra el gobierno, tras lo cual darían un golpe de Estado y restaurarían el orden. Finalmente, ya en el poder, harían negociarían con los supuestos guerrilleros y quedarían como los héroes que salvaron la situación y rescataron al arzobipos.5

Como esperaban, inmediatamente después del secuestro, el Presidente tuvo que declarar el Estado de Sitio el lunes 18, el cual fue aprobado por medio del siguiente decreto del Congreso: 6

Decreto Número 1739

El Congreso de la República de Guatemala,

Considerando: Que el pueblo de Guatemala se ha visto conmovido ante el inaudito secuestro de que ha sido víctima el Ilustrísimo y Reverendísimo Arzobispo Metropolitano de Guatemala, Monseñor Mario Casariego, lo cual constituye un ataque a las instituciones sociales, culturales y espirituales de los guatemaltecos, un desprecio a la máxima autoridad católica del país y una perturbación grave de la paz;Nota_b

Considerando: que no obstante haber emitido el Presidente de la República en Consejo de Ministros, el Decreto 629 que impuso el Estado de Alarma por treinta días en todo el territorio nacional, a partir del 16 de marzo del año en curso, se han producido hechos de honda repercusión en la paz social y el orden público, que atentan contra la seguridad el Estado, por lo que el Presidente de la República en Consejo de Ministros ha impuestos el Estado de Sitio a través del Decreto número 630, por treinta días a partir del 18 de marzo en curso, por tanto:

Con base en el artículo 151 de la Constitución de la República, decreta:

Artículo 1°. — Se ratifica el Decreto número 630 emitido por el Presidente de la República en Consejo de Ministros, estableciendo el Estado de Sitio en toda la República por treinta días a partir del 18 de marzo de 1968, limtando el libre ejercicio de las garantías individuales que cita dicho decreto e imponiendo la vigencia de la Ley de Orden Público.[…]

La vigencia del Decreto número 630 del presidente de la República deberá interpretarse en el sentido de que se conservan incólumes los recursos jurisdiccionales que la constitución concede a los habitantes para la defensa de sus recursos.Nota_c

Artículo 2°. — Se faculta a la Corte Suprema de Justicia, para que durante la vigencia del Decreto del presidente de la República, número 630, pueda delegar la práctica de exhibiciones personales en uno o varios Magistrados de la misma, o de la Corte de Apelaciones, cumpliendo con las formalidades que determina la ley.[…]6

Pero el plan de los militares falló, principalmente porque el arzobispo no estuvo de acuerdo con el auto-secuestro y porque los secuestradores atraparon a Casariego prácticamente en la puerta del Palacio Arzobispal, situado a escasos 100 metros del Palacio Nacional, y que en ese momento tenía una fuerte presencia militar y policial.  Por este último detalle fue que algunos periodistas de «El Imparcial» y de «La Hora» hicieron ver de inmediato que los militares podrían estar involucrados en el hecho.5,Nota_d Y por esto, en vez de que hubiera manifestaciones contra el gobierno, lo que hubo fueron manifestaciones contra el Ejército.  Para el 20 de marzo, ya la embajada de los Estados Unidos estaba al tanto de lo que verdaderamente había ocurrido y reportó lo siguiente al Departamento de Estado: «el secuestro del arzobispo is parte de un complot militar/derechista para derrocar al gobierno.  El secuestro parece haber sido perpetrado por miembros de las fuerzas armadas para promover manifestaciones contra el gobierno.»7

En un incidente que parece sacado de una novela, un cartero vió al arzobispo cuando se lo llevaban sus captores, y los siguió en su carro hasta una casa en Villa Canales.  El cartero llamó a la Policía Nacional para reportar el hecho desde un teléfono público cercano, y se llevó una gran sorpresa cuando vió que a los pocos minutos se llevaban al arzobispo a otro lugar. Todavía tuvo tiempo para llamar a los periódicos a darles la primicia antes de ser arrestado por «esparcir rumores maliciosos en detrimento de la seguridad del Estado«.7

Viéndose descubiertos, los militares complotistas buscaron un chivo expiatorio.  El día en que fue liberado Casariego y Acevedo, la Policía Nacional arrestó a dos miembros del grupo paramilitar Movimiento Anticomunista Nacional Organizado (MANO), llamados Raúl Estuardo Lorezana e Inés Mufio Padilla.  Luego, cuando los llevaban a prestar declaración, el carro en el que iban se detuvo y sus custodios se salieron, solo para un carro que iba pasando los rociara con metralla.7

Nuevamente el plan fue contraproducente.  La indignación estalló ante lo burdo del ataque contra Lorenzana y Mufio y el presidente, envalentonado, pidió la renuncia a los tres conspiradores quienes aceptaron, pero no tuvieron que enfrentar cargos. Arriaga Bosque fue enviado a Miami, Florida como Cónsul General, Avila se fue para España como agregado militar, y Arana salió para Nicaragua como embajador y fue recibido por el presidente Anastasio Somoza como a un héroe.8

Cuando Arana regresó a Guatemala, resultó electo presidente en sustitución de Méndez Montenegro en 1970, con lo que llegó al poder constitucionalmente.


NOTAS:

    • a: por este medio se da carta blanca a las fuerzas del estado para actuar como juzguen más conveniente y esperar hasta que pase el estado de alarma para rendir cuentas, si es que alguien se atreviera a hacerlo para entonces.
    • b: nótese la revenrencia que muestran los miembros del congreso ante el arzobispo metropolitano, la cual contrasta con todos los decretos anticlericales emitidos por los gobiernos de J. Rufino Barrios en la que tachaba a la Iglesia Católica de innecesaria y obsoleta.  Esto se debía a que el fallecido arzobispo Mariano Rossell y Arellano fue uno de los principales aliados del Movimiento de Liberación Nacional para derrocar al gobierno de Arbenz, y así recuperar muchos de los privilegios perdidos en 1871.
    • c: este párrafo daba permiso a las élites económicas de utilizar grupos paramilitares para defender sus bienes.  Esto estaba en consonancia con el decreto 2795 emitido el 29 de abril de 1944 por el gobierno del general Jorge Ubico, en el que le daba autorización a las élites económicas y a la United Fruit Company de matar a todo aquel que intentara robar en sus posesiones, sin temor a tener persecusión legal.9
    • d: el periódico «La Hora» era propiedad del vicepresidente de la República, licenciado Clemente Marroquín Rojas.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Donoghue, Michael (1995). Army for Progress: the U.S. Militarization of the Guatemalan Political and Social Crisis 1961-1969. University of Rhode Island. p. 146.
  2. Villagrán Kramer, Francisco (1994). Biografía política de Guatemala: Los pactos políticos de 1944 a 1970 (2a. edición). Guatemala: FLACSO.
  3. Chaulón Vélez, Mauricio José (2009). La Hermandad del Señor Sepultado del templo de Santo Domingo, en la Ciudad de la Nueva Guatemala de la Asunción, y sus niveles de relación con grupos de poder político y económico durante el siglo XX. Guatemala: Universidad de San Carlos de Guatemala; Escuela de Historia. p. 146.
  4. Azurdia Alfaro, Roberto (19) Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, LXXXVII. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 121-122.
  5. Donoghue, Michael, Army for Progress, p. 147.
  6. Azurdia Alfaro, Recopilación de las Leyes, p. 60-61.
  7. Donoghue, Michael, Army for Progress, p. 148.
  8. Ibid., p. 149.
  9. Méndez, Rosendo P. (1945). Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1944-1945. LXIII. Guatemala. Tipografía Nacional. pp. 304-305.