8 de mayo de 1871: la proclama liberal de Miguel García-Granados y Zavala

Recolección de café en la finca «Las Nubes» en Guatemala en 1875. Nótese la gran cantidad de trabajores. Fotografía de Eadweard Muybrige tomada de Wikimedia Commons.

Ya habían pasado seis años desde la muerte del capitán general Rafael Carrera,1 y ya los criollos liberales guatemaltecos querían un cambio político y social que les permitiera salir del control de la Iglesia Católica2 y que les facilitara utilizar a las poblaciones indígenas como mano de obra barata para las plantaciones de café que tenían planificado establecer una vez en el poder.3

Aprovechando el error táctico del mariscal Vicente Cerna de reelegirse como presidente de la República en 1869,4 los liberales iniciaron las revueltas en su contra, las cuales poco a poco fueron debilitando al gobierno conservador. Tras la muerte del mariscal Serapio Cruz, Tatalapo, y el horrible destino de su cadáver,5 los liberales acusaron al gobierno de Cerna de tiránico y se alzaron en la región occidental del país, en donde ya habían intentado formar infructuosamente el Estado de Los Altos en 1838 y en 1848.6

Uno de los personajes clave en el alzamiento era Miguel García-Granados y Zavala, a quien apodaban «Chafandín«, y quien era un criollo aristócrata que había abrazado la causa liberal, dado que había salido al exilio durante el gobierno de Carrera y en los países vecinos se dió cuenta de las grandes ventajas que ofrecía la situación guatemalteca para establecer plantaciones de café; es decir, se dió cuenta de que se podía aprovechar las grandes cantidades de tierra que poseían las órdenes regulares de la Iglesia Católica, así como las tierras de que las comunidades indígenas habían poseído desde la época colonial. Y también, fue suya la idea de utilizar a los indígenas para los cultivos del café, dada la gran cantidad de mano de obra que requiere dicho cultivo a gran escala.7

Cuando juzgó que era el momento de atacar al gobierno de Cerna, García-Granados lanzó la siguiente proclama a sus conciudadanos, en la que prometía una serie de cosas que jamás se cumplirían, ya que como frecuentemente hacen los políticos, no justificó su revolución con sus verdaderas motivaciones:

Compatriotas: he sido perseguido ilegalmente por el tirano. Tengo 20 años de combatir en la Cámara esa administración arbitraria y despótica. Mis esfuerzos no han logrado derrocarla, pero al menos han contribuido a dar a conocer sus abusos y crueldades.Nota a

Como representante de la República he sido un opositor enérgico, pero legal a los actos de arbitrariedad e injusticia del gobierno. Por mucho tiempo este no se atrevió a intentar nada en contra de mí, pero el día que triunfó sobre el general Cruz, creyó asegurada su dictadura, se quitó la máscara y me encerró en una bartolina del fuerte de San José.Nota b

Por esa razón propongo el establecimiento de un gobierno cuya norma sea la justicia, que en vez de atropellar las garantías las acate y respete; que no gobierne según a su capricho e interés privado, simplemente que sea fiel ejecutor de las leyes, sumiso y jamás superior a ellas.Nota c

Guatemala necesita una Asamblea que no sea como la presente, un conjunto, con pocas excepciones, de empleados subalternos del gobierno y de seres débiles y egoístas que no miran por el bien del país.Nota d

Queremos que haya una prensa libre; sabemos que sin esa institución no hay gobierno bueno.Nota e También necesitamos un ejército que no esté basado como el presente en la arbitrariedad y la injusticia.Nota f

Guatemala, necesita una Hacienda Pública adecuada y un sistema de impuestos nuevo; existen contribuciones onerosas que pesan sobre los pobres.Nota g Compatriotas: necesitamos un sistema eminentemente legal.6


NOTAS:

  • a: García-Granados y Zavala, a pesar de ser aristócrata, siempre fue crítico del gobierno del general Carrera. En una ocasión, cuando acusó a éste de tener mucha fuerza militar en la capital, Carrera lo «invitó» a salir al exilio si no quería ser pasado por las armas.
  • b: aquí se refiere a la muerte del mariscal Serapio Cruz, «Tatalapo«. El gobierno de Cerna persiguió a los cómplices de Cruz, entre ellos a García-Granados y Zavala. Es importante destacar que Cruz había sido compadre de Carrera e incluso firmó el acta en la que se declaró a éste presidente vitalicio en 1854. Fue hasta después de la muerte de Carrera y de la reelección de Cerna que «Tatalapo» se alzó nuevamente en armas para tratar de alcanzar el poder, como ya había hecho junto con su hermano Vicente en 1848.
  • c: basta ver el desglose de la inmensa fortuna que heredó el general J. Rufino Barrios a su viuda, Francisca Aparicio en 1885 para darse cuenta de que esta frase estuvo muy lejos de llegar a ser realidad durante los gobiernos liberales.
  • d: esta es otra frase falaz, ya que la Asamblea Legislativa se dedicó a adular en forma desmedida a los presidentes liberales, empezando por Barrios y siguiendo por el licenciado Manuel Estrada Cabrera y el general Jorge Ubico.
  • e: durante los regímenes liberales solamente hubo libertad de prensa durante los primeros años del gobierno del general José María Reina Barrios.
  • f: nótese como esta frase de García-Granados y Zavala contradice la creencia popular de que durante el gobierno conservador del general Carrera no había ejército.
  • g: pocos años después de esta proclama, el gobierno del general Barrios emitió la ley de Vagancia, forzando a los más pobres a trabajar de forma casi gratuita en las fincas cafetaleras que se habían formado. Anteriormente ya había legalizado este sistema por medio del Reglamento de Jornaleros en 1877. Así pues, el de los liberales fue en efecto un sistema legal, pero para beneficio económico de un grupo específico.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Pineda de Mont, Manuel (1872). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República III. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 351-352.
  2. Aycinena, Pedro de (1854). Concordato entre la Santa Sede y el presidente de la República de Guatemala (en latín y Español). Guatemala: Imprenta La Paz.
  3. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1877-1881 II. Guatemala: Tipografía El Progreso. pp. 69-75.
  4. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 343-345.
  5. —(1963) [1924] «El libro de las efemérides: capítulos de la historia de la América Central”. V. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 284-287.
  6. Hemeroteca PL. (30 de junio de 2016). Una lucha armada que cambió el destino de Guatemala. Guatemala: Prensa Libre.
  7. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.

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11 de enero de 1873: eximen a los indígenas del servicio militar

El gobierno del general Miguel García-Granados y Zavala emite el decreto 83 eximiendo a los indígenas del servicio militar

11enero1873
Soldados guatemaltecos luego de la renuncia del licenciado Manuel Estrada Cabrera en 1920. Nótese que todos están descalzos. En el recuadro: el general Miguel García-Granados y Zavala. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Tras la Revolución Liberal de 1871, el servicio militar se hizo obligatorio en 1872 planteando que el reclutamiento no debía caer «exclusivamente sobre la clase desvalida» y que los oficiales debían realizar enganches en las poblaciones ladinas.  Esto fue aclarado en el decreto N°. 83 emitido el 1873, el cual eximió a los indígenas del servicio militar, afimando que «en cambio, prestan otros de diferente naturaleza«;1 esto último, a su vez, quedaría reglamentado en 1877 con el Reglamento de Jornaleros que forzó a los indígenas a trabajar como colonos en las fincas cafetaleras.2

El decreto 83 dice así:1

Considerando: que el decreto número 66 de 8 de junio de 1872 no ha podido llenar en su totalidad el objeto que el Gobierno tuvo en mira al emitirlo, por las dificultades con que ha tropezado en la práctica, a consecuencia del régimen militar a que los pueblos se hallaban anteriormente acostumbrados; y

Que es justo y conveniente aliviar en lo posible a la clase proletaria que por un largo período de tiempo ha sido la sola que ha pagado a la República la contribución de sangre, a que todos los ciudadanos están igualmente obligados;

Decreto:

Art. 1°. Todos los guatemaltecos, ya sean naturales o naturalizados, desde la edad de 18 años cumplidos hasta la edad de 40, tienen la obligación de prestar servicio militar cuando las necesidades de su patria así lo exijan.

Art. 2°. Al efecto, todos aquellos a quienes comprenda esta ley deberán alistarse en el cuerpo del distrito militar en que estuvieren avecindados.  Los que faltasen a este deber, ya sea por malicia o por descuido, serán penados con un año de servicio activo en la guarnición que se designe conmutable con sesenta pesos.

Art. 3°. Los Jefes Políticos pasarán lista a los Comandantes de los distritos militares de su departamento, de los guatemaltecos que se inscribieron en virtud del decreto de 8 de junio último, con expresión de aquellos a quienes sea obligatorio el servicio militar, segun lo mandado en la presente ley.

Art. 4°. Todo guatemalteco al cumplir 18 años, y teniendo las demás cualidades que expresa esta ley, deberá presentarse al Comandante del distrito militar donde estuviese avencidado, para ser alistado como miliciano, bajo la pena prescrita en el artículo 2°.

Art. 5°. Quedan exceptuados del servicio militar:

      1. Los que no hubiesen cumplido 18 años o pasaren de 40.
      2. Los indígenas que no han estado acostumbrados a este servicio y que, en cambio, prestan otros de diferente naturaleza.
      3. Los ordenados in sacris.
      4. Los física o moralmente impedidos. Este impedimento debe ser plenamente comprobado.
      5. Los que aun cuando no hubieren cumplido los 40 años que señala el artículo 1°., fueren padres de seis o más hijos legítimos.
      6. Los jóvenes menores de 21 años que acreditaren su concurrencia sin interrupción a los establecimientos nacionales de enseñanza.

Art. 6°. Los empleados públicos, que sean de elección popular o de nombramiento del Gobierno o de cualquiera otra autoridad, no podrán ser llamados a servicio activo mientras duren en el desempeño de sus cargos o destinos.  Tampoco serán llamados al servicio activo, los directores de colegios y maestros de escuelas, aunque lo sean de establecimientos privados, mientras ejercen su profesión.

Art. 7°. También podrán exceptuarse del servicio los que, a pesar de tener para prestarlo las cualidades que esta ley exige, paguen la contribución militar.  Esta contribución será para los simples artesanos, trabajadores y proletarios, de diez pesos al año; y para los que posean algunos bienes de fortuna o tengan giro o profesión productiva, de quince pesos al año.

Art. 8°. Para obtener la excepción de que habla el artículo 7°. se procederá de la manera prevenida en el artículo 6°. del Decreto de 8 de junio último.

[…]

Art. 18. Queda derogado el decreto de 8 de junio, en todo lo que se oponga a la presente ley, cuyo cumplimiento se encarga al Ministro de la Guerra.

Dado en Guatemala, a once de enero de mil ochocientos setenta y tres.

      • Miguel García-Granados
      • El Ministro de Hacienda, encargado del Despacho de la Guerra, Francisco Alburéz1

Este decreto estuvo vigente durante poco tiempo, ya que la inestabilidad del país obligó a modificarlo el 17 de octubre de ese mismo año, por el nuevo presidente J. Rufino Barrios.  Esta modificación afectó unicamente a los indígenas, ya que los obligó a realizar prácticas militares en las fincas en que estuvieran trabajando.3

Ahora bien, al exceptuar a los indígenas del servicio militar directamente, se formaron fuerzas milicianas ladinas que fueron esenciales para garantizar las transformaciones en la tenencia de la tierra que el gobierno liberal impulsó sobre las tierras comunales indígenas, especialmente la expropiación de las mismas realizada por el Decreto 170 de redención de tierras ejidales de 1877.4

Estas fuerzas ladinas protegieron a los agrimensores e intervinieron en los conflictos que hubo por disputa de tierras, además de que aseguraron el transporte de trabajadores a las fincas y actuaron para reprimir cualquier desorden que afectara los intereses gubernamentales, y los de los finqueros que necesitaran mantener orden y control dentro de sus propiedades.5

En la práctica, cuando era necesario organizar un ejército para realizar una movilización nacional, siempre se recurrió al reclutamiento de los indígenas,5 e incluso hubo momentos tan críticos en que se requirió militarizar a los institutos de educación media y las escuelas facultativas.6


BIBLIOGRAFIA:

  1. Gobierno de Guatemala (1881).Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1877-1881 II. Guatemala: Tipografía El Progreso. pp. 69-73.
  2. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1871-1876 I. Guatemala: Tipografía El Progreso. p. 151.
  3. Gobierno de Guatemala, Recopilación: Leyes emitidas, 1871-1876, pp. 226-227.
  4. Gobierno de Guatemala, Recopilación: Leyes emitidas, 1877-1881, pp. 3-6.
  5. García Vetorazzi, María Victoria (2010) Acción subalterna, desigualdades socioespaciales y modernización. La formación de actores y circuitos del comercio indígena en Guatemala, siglos XIX y XX.  Louvain-la-Neuve: Université Catholique de Louvian, École des sciences politiques et sociales. p. 196.
  6. Estrada Paniagua, Felipe (1908). Recopilación: Las Leyes de la República de Guatemala, 1901-1902 XX. Guatemala: Tipografía Nacional.

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1 de diciembre de 1869: insurrección en Los Altos

La Cámara de Representantes suspende sus sesiones ante petición del mariscal presidente Vicente Cerna, tras la insurrección en Los Altos

1diciembre1869
Mapa del Estado de Guatemala en 1838. Se aprecia el Estado de Los Altos, que se componía de todo el occidente del país, y el enclave de Belice al norte de la Verapaz, que databa desde antes de la Independencia. Esta misma región se alzó contra el gobierno de Vicente Cerna en 1869, haciendo que el presidente pidiera a la Cámara de Representantes que cesara sus reuniones ordinarias. Imagen de HoyHistoriaGT.

Luego de la muerte del capitán general Rafael Carrera el 14 de abril de 1865, los conservadores se mantuvieron en el poder, eligiendo como presidente de la República al hasta entonces Corregidor de Chiquimula, mariscal Vicente Cerna. Cerna había sido correligionario de Carrera desde la revolución de 1838 y había estado al mando de la región oriental durante todo el gobierno del fallecido ex-presidente.1

Cerna, pues, no conocía el manejo de la situación en la ciudad de Guatemala y pronto cayó en la red de los criollos aristócratas y de los jerarcas de la Iglesia Católica, tanto secular como regular, y simplemente dejó que éstos controlaran la situación del país. Los criollos liberales, por su parte, comprendiendo que la fuerte presencia del capitán general Carrera ya no se interponía en su camino para recuperar el poder, empezaron a promover revueltas contra el gobierno de Cerna.2 De esta forma, el nuevo presidente tuvo que combatir varias revoluciones, especilamente en la región de Los Altos —es decir, todo el occidente guatemalteco—, que era en donde estaba el núcleo de los criollos liberales, quienes ya habían intentado separarse de Guatemala en 1838 y en 1848. El gobierno conservador empleó medidas represivas en contra de los insurrectos, llegando al extremo de trasladar poblados enteros en la región en conflicto a nuevas ubicaciones para que los líderes rebeldes perdieran sus bases.3

Una de tantas revueltas estuvo al mando de Francisco Cruz, quien inició su revolución desde la hacienda que tenía J. Rufino Barrios en Malacatán, San Marcos, aunque fue derrotado y capturado junto con otros treinta y siete individuos, entre los que estaba el padre de Barrios, quien fue trasladado a la ciudad de Guatemala en donde, de acuerdo a los historiadores liberales, fue encarcelado y torturado. Barrios, por su parte, logró huir a Chiapas, en donde aprovechó para obtener el apoyo del presidente anticlerical mexicano Benito Juárez.3

Para calmar los ánimos en la capital, Cerna no mencionó estas revueltas en sus mensajes presidenciales de 1867 y 1868, en los que solamente dijo que Guatemala disfrutaba de paz, estabilidad y crecimiento económico. Pero la Cámara de Representantes, por su parte, sí mencionó en sus respuesta oficiales al presidente que había «revoluciones contrarias al progreso» que se originaban en «la negación de la ley del progreso, que era una iniciativa que la Providencia había encomendado a los sectores más iluminados del país«.3

Para intentar calmar la situación, el 8 de enero de 1869 Cerna dijo que iba a convocar a elecciones presidenciales ya que iba a entregar el poder el 23 de mayo. Se convocó entonces a una Asamblea General el 17 de enero para que eligiera al nuevo presidente, cuyo período iba a terminar a finales de 1872. Los criollos liberales se organizaron como pudieron, y presentaron como candidato al mariscal José Víctor Zavala, a pesar de que había sido amigo personal de Carrera y era de familia aristócrata; de hecho, los liberales lo escogieron porque era muy popular, no se llevaba bien con Cerna,3 y, sobre todo, porque era primo hermano de Miguel García-Granados y Zavala.4

Cerna cometió el grave error de conseguir que la Asamblea General lo eligiera como presidente nuevamente, lo que provocó mucho malestar entre los liberales y les dió nuevos ánimos para continuar con sus revueltas luego de la segunda inauguración del presidente el 24 de mayo.5 De esta cuenta, cuando llegó el momento de convocar a la Cámara de Representantes para que iniciara sus sesiones ordinarias, envió un mensaje muy distinto al de los años anteriores, y ahora decía que era mejor que no se reunieran los diputados, ya que el gobierno estaba enfocado en repeler las insurrecciones en Los Altos:6

Para cumplir con lo prevenido en el articulo 11°. del Acta Constitutiva, he convocado la Cámara, con el objeto de que pueda iniciar sus importantes trabajos del último año del tercer período constitucional.

Las circunstancias en que se encuentra una parte de la República, perturbada por una faccion que sin proclamar principios políticos, intenta promover un cambio favorable solamente a intereses individuales, ha exigido y exige aún que la atencion del Gobierno se consagre a restablecer el orden y la tranquilidad. La experiencia, tan costosamente adquirida en épocas anteriores, y el conocimiento de nuestra condición social, nos han enseñado lo que los pueblos pueden esperar de revoluciones como la que se ha intentado promover últimamente en Los Altos. Retroceso en todos los ramos, desolación y ruina de familias enteras, sacrificadas a las malas pasiones de unos cuantos caudillos de revueltas, abandono de la agricultura, del comercio y de las artes útiles, y las calamidades más dolorosas afligiendo a inocentes y a culpables, he aqui, en breves rasgos, el cuadro desconsolador que la guerra civil ofrece en un pais como el nuestro. Se comprenderá, pues, fácilmente, que el Gobierno se ocupe de toda preferencia en hacer cesar ese mal, que si bien no ha tornado aun proporciones alarmantes, gracias al buen sentido de los pueblos, no deja de inquietar los ánimos, creando ese malestar y esa desconfianza que son obstáculos graves al adelanto social y a la marcha regular de la administracion pública.

En estas circunstancias, en que el interés grande y primordial de la conservación de la paz, exige toda la atención de la autoridad, no debe extrañarse que no se hayan preparado ciertos trabajos en que la representación nacional no podría ocuparse ahora con la calma y el detenimiento indispensables para el acierto.

En esta virtud, y no habiendo entre los asuntos que quedaron pendientes al aplazarse las sesiones en Enero último, ninguno cuyo despacho pueda considerarse de urgente necesidad, juzgo conveniente a los intereses públicos que despues de practicarse la elección de los ocho Consejeros de Estado que deben nombrarse ahora segun lo dispuesto en el articulo 11°. del Acta Constitutiva, queden aplazadas las sesiones de la Cámara para el día 4 de abril de 1870, pudiendo regir provisionalmente el presupuesto decretado para el corriente año, en tanto se discute y aprueba el que se prepara para el próximo entrante.

Abrigo la confianza de que, favorecidos por la Providencia, que ha dispensado siempre una proteccion especial a la República, y secundado el Gobierno por todos los buenos ciudadanos, podréis, Señores Representantes, restablecida ya la paz en las poblaciones en donde ha sido alterada, continuar vuestros importantes trabajos, encaminados siempre al bienestar ya la prosperidad del pais.

Palacio del Gobierno: Guatemala, Noviembre 25 de 1869.6

Así pues, la Cámara de Representantes se reunió solamente para elegir a los ocho miembros del Consejo de Estado, y luego de que lo hizo, se disolvió el 1 de diciembre de 1869.3

Empezaba el final del régimen conservador de los 30 años.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Woodward Jr., Ralph Lee (1993) Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871. (en inglés) Georgia, EEUU: The University of Georgia Press. p. 335.
  2. Ibid., p. 336.
  3. Ibid., p. 337.
  4. Zavala Urtecho, Joaquín (1970). Huellas de una familia vasca-centroamericana en cinco siglos de historia 2 (112). Managua, Nicaragua. p. 146.
  5. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  6. Cerna y Cerna, Vicente (1869). Mensaje dirigido por el Excelentísimo Señr Presidente, Mariscal de Campo, don Vicente Cerna, a la Cámara de Representantes en la apertura de las últimas sesiones del tercer período constitucional. Guatemala: Imprenta de La Paz.

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6 de junio de 1857: premian a militares que combatieron contra Walker

El gobierno de la República de Guatemala premia a los militares que participaron en la campaña de Nicaragua contra William Walker.

6junio1857
La iglesia de La Merced y el Volcán «El Viejo» en la ciudad de León, Nicaragua, escenario de varios combates durante la campaña contra William Walker. En el recuadro, el mariscal José Víctor Zavala, general en jefe de las fuerzas guatemaltecas en Nicaragua. Imágenes tomadas de la Revista Conservadora del Pensamiento Centroamericano.

El 1 de mayo de 1857 se logró la victoria de las fuerzas aliadas centroamericanas contra los filibusteros estadounidenses de William Walker y doce días después llegó la noticia a la Ciudad de Guatemala1, en donde el gobierno del capitán general Rafael Carrera emitió el siguiente decreto para premiar a los militares que participaron en la contienda:2

1°.— El general, jefes y oficiales que se hallaron en la campaña de Nicaragua, serán condecorados con una cruz de honor, que llevará la inscripción siguiente:

Defensa de Nicaragua
Guatemala al mérito distinguido
1856-1857

2°.— El general llevará esta cruz al cuello, pendiente de una cinta de seda encarnada.  Los jefes y oficiales la llevará en el pecho, al lado izquierdo, pendiente de una cinta de seda del mismo color.

3°.— Los individuos de la clasa de tropa serán condecorados con una medalla de plata con la misma inscripción, que llevarán también en el pecho y en el lado izquierdo, pendiente de una cinta encarnada.  Al entregarse a éstos las medallas, recibirán, como gratificación, la cantidad correspondiente a un mes del sueldo que disfruten.

4°.— Estos distintivos serán distribuidos por el presidente, en un acto solemne al general, jefes y soldados que regresen de Nicaragua: y podrán concederse, oído el informe de los respectivos jefes, a los que habiendo concurrido a la campaña, hubieren vuelto anteriormente y no hayan desmerecido esta honorífica condecoración.2

El general guatemalteco que llevó a las fuerzas aliadas a la victoria fue José Víctor Zavala, amigo personal del general presidente Carrera y primo del líder liberal Miguel García-Granados y Zavala y de la esposas de los líderes conservadores Luis Batres Juarros, José Nájera y Manuel José Pavón, todas ellas hermanas de García-Granados.1


BIBLIOGRAFIA:

  1. Zavala Urtecho, Joaquín (1970). Huellas de una familia vasca-centroamericana en cinco siglos de historia 2 (112). Managua, Nicaragua.
  2. Pineda de Mont, Manuel (1871). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1870 II. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 745-746.

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17 de septiembre de 1837: boda inspira el poema «Yo pienso en ti»

El líder conservador y consejero de Rafael Carrera, Luis Batres Juarros, contrae matrimonio con Adela García-Granados y Zavala, hermana del general Miguel García-Granados y Zavala, líder libera.l La boda inspiró el poema «Yo pienso en ti»

17septiembre1837
Parte de la Plaza de Armas de la Ciudad de Guatemala en la época en que se casó Batres Juarros. Se aprecia el Portal del Comercio, el Colegio de Infantes y el antiguo mercado, ya desaparecido. En los recuadros: miniaturas de Francisco Cabrera de Adela García-Granados y Luis Batres Juarros. Imágenes tomadas de la Revista Conservadora del Pensamiento Centroamericano.

La figura de Luis Batres Juarros es muy importante para la historia del Gobierno conservador de los 30 años porque junto con Manuel Francisco Pavón Aycinena eran los principales líderes intelectuales de los criollos aristócratas durante la época del general Rafael Carrera.  De hecho, su esposa Adela García-Granados y Zavala fue mentora de Ramona García, la primera esposa del general Rafael Carrera cuando éste llegó al poder en 1844.1

Tanto los Batres Juarros como los Pavón y Aycinena eran las familias aristocráticas más acaudaladas durante la época colonial; para que el lector se de una idea, he aquí las fortunas documentadas de las familias Batres Juarros, Pavón, Aycinena y García-Granados al momento de la Independencia de Centro América, las cuales están expresadas en pesos, con una conversión de $16 pesos por cada onza de oro español:

  • Pavón: $1,250,000
  • Aycinena: $750,000
  • Batres Juarros: $500,000
  • García-Granados: $650,0002

El 17 de septiembre de 1837, siguiendo la costumbre de los matrimonios endogámicos entre aristócratas, Batres Juarros se casó con Adela García-Granados y Zavala, nacida en 1814 y hermana del general Miguel García-Granados y Zavala, quien muchos años más tarde sería el líder de la revolución liberal que se hizo con el poder en 1871.3 Este hecho es importante tanto a nivel político como social, ya que era uno de los matrimonios de las familias criollas más aristocráticas de Guatemala, y fue celebrado cuando el gobierno liberal del Dr. Mariano Gálvez estaba combatiendo la revuelta campesino-católica dirigida por el general guerrillero Rafael Carrera. 4

De Adela, escribió el escritor liberal cabrerista Máximo Soto Hall: «el ovalado rostro de Adela; la boca perfectamente delineada y ligeramente provocativa; la nariz fina y recta; los ojos, unos ojos de sorprendete atracción y belleza; la palidez transparente que se adivina en una blancura mate; el cabello renegrido y lustroso; el cuello torneado y alto; la distinción jerárquica del busto; los rasgos artísticamente distintivos de Adela…«5  Y por su belleza, es que se cuenta que el renombrado poeta e ingeniero agrimensor José Batres Montúfar, primo de Batres Juarros, sufrió enormemente por este enlace, y que le dedicó a Adela unos sencillos versos que han sido memorizados por innumerables guatemaltecos:

«¡Yo pienso en ti, tú vives en mi mente,
sola, fija, sin tregua, a toda hora,
aunque tal vez el rostro indiferente
no deje reflejar sobre mi frente
la llama que en silencio me devora.

En mi lóbrega y yerta fantasía
brilla tu imagen apacible y pura,
como el rayo de luz que el sol envía
al través de una bóveda sombría
al roto mármol de una sepultura.

Callado, inerte, en estupor profundo,
mi corazón se embarga y se enajena,
y allá en su centro vibra moribundo
cuando entra el vano estrépito del mundo
la melodía de tu nombre suena.

Sin lucha, sin afán y sin lamento,
sin agitarme el ciego frenesí
sin proferir un solo, un leve acento,
las largas horas de la noche cuento…
¡y pienso en ti!5

En 1848, cuando la situación del país era caótica, los criollos conservadores pensaron que era el momento de salir de Carrera, a quien hasta ese momento habían considerado como un caudillo barato que les había ayudado a recuperar el poder.  Fue Luis Batres Juarros el que le entregó la renuncia para que la firmara y la entregara a la Asamblea Legislativa. Al respecto, dice el periodista guatemalteco Clemente Marroquín Rojas: «los liberales comprendieorn que Carrera no era un general cualquiera que se dejara manejar y ellos, que creyeron dominarlo en los momentos de su distancianiemto de los nobles, se convencieron de que tenía mucha personalidad.  Sin embargo, insistieron en la lucha y esta fue culminando, hasta que llegó a estallar en los días de agosto de 1848.5  Para terminar con las rebeliones, lo alzamientos en la montaña, las ambiciones de los hermanos Cruz, los problemas críticos del erario nacional y la lucha de los partidos criollos, Carrera renunció y se fue exiliado a México.1,5

Pero la situación real del país se evidenció con la ausencia del caudillo.  Los liberales tomaron el poder pero no pudieron aprovechar su oportunidad, y cuando la situación estaba en completa anarquía, llevaron al general conservador Mariano Paredes a la presidencia, quien permitió el retorno de Carrera en 1849.6  Al enterarse del regreso del general mestizo, los liberales guatemaltecos huyeron hacia El Salvador, mientras que los conservadores, con Batres Juarros a la cabeza, tuvieron que quedarse en el país porque eran aborrecidos en el resto de Centroamérica, y además, se vieron obligados a pactar con Carrera, ya que éste tenía fuertes lazos con los líderes indígenas guatemaltecos y los conservadores temían que se produjera otra masacre contra los europeos, como ya estaba ocurriendo en Yucatán.7


BIBLIOGRAFIA:

  1. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (Edición en línea) (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.
  2. Batres Jáuregui, Antonio (1949). La América Central ante la Historia. Memorias de un Siglo 1821-1921. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 238-239.
  3. Zavala Urtecho, Joaquín (1970). «Huellas de una familia vasca-centroamericana en cinco siglos de historia»Revista conservadora del pensamiento centroamericano (Managua, Nicaragua) XXIII (111). p. 183.
  4. Ibid., p. 145.
  5. Ibid., p. 146.
  6. Ibid., p. 147.
  7. Don E. Dumond (2005). El Machete y la Cruz: La Sublevación de Campesinos en Yucatán. México: UNAM, pp. 488. ISBN 978-9-70322-309-1.

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24 de diciembre de 1840: nace Delfino Sánchez

Nace en Totonicapán Delfino Sánchez, Ministro de Estado del gobierno del general presidente J. Rufino Barrios

24diciembre1840
Tumba de Agripita Coutiño, vda. de Sánchez en el Cementerio General de la Ciudad de Guatemala, la cual es una de las mejor conservadas del otrora majestuoso camposanto. La Sra. Sánchez era la madre de Delfino Sánchez, quien aparece en el recuadro. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Manuel Delfino Sánchez Coutiño nació en Totonicapán el 24 de diciembre de 1840 y junto con su familia salió al destierro tras la derrota del Estado de Los Altos en 1849.1 Era hijo de Francisco y Agripita Sánchez, hermano de Dolores, Guillermo y Urbano, con quienes tuvo una enorme influencia económica y política no solamente en Quetzaltenango sino que entodo el país durante el gobierno de Barrios. Francisco Sánchez expandió su negocio de aguardiente en Totonicapán en 1853 y adquirió vastas extensiones de tierra en la cosa, traslandando a su familia a Quetzaltenango, en donde estableció su casa de comercio, en la que vendía artículos para artesanos y granjeros, así como ropa, instrumentos musicales, artículos de lujo, bombas de agua y similares.2

Salieron al exilio durante el segundo período de gobierno del mariscal Vicente Cerna, pero tras la victoria de la Revolución Liberal —a la que Francisco Sánchez patrocinó con 60,000 pesos— la familia tuvo gran auge, especialmente durante el gobierno del general J. Rufino Barrios que se inició en 1873. Francisco Sánchez fundó el primer periódico liberal tras el gobierno conservador, y su hijo Delfino tuvo numerosos cargos públicos de gran importancia; es más, su otro hijo, Urbano Sánchez, se casó con Clotilde Barrios, hija del presidente en 1883.2

Delfino Sánchez dirigió la construcción de la Penitenciaría de Totonicapán y la reconstrucción de la Iglesia de Totonicapán que se había incendiado en 1878 y ya siendo Ministro de Fomento, fue diputado por San Marcos a la Asamblea Constituyente que redactó la Constitución de 1879 luego de ocho años de que los presidentes de Guatemala estaban gobernando basados en los «amplios poderes» del Acta de Patzicía.3 Aquella consitución fue hecha a la medida de los deseos del general presidente J. Rufino Barrios de tal modo que, cuando éste murió en 1885, tuvo que ser modificada para restringir el poder de su sucesor, el general Manuel Lisandro Barillas quien era conocido de Sánchez ya que fue Jefe Político de Quetzaltenango.4

Ya durante la expropiación eclesiástica de 1872 y 73,5 Delfino Sánchez había adquirido a muy bajo costo el antiguo convento de Santa Clara, que convirtió en su casa de habitación en la Ciudad de Guatemala, y en 1880, cuando éste ya era Ministro de Fomento, la famila Sánchez consiguió de parte del gobierno de Barrios una concesión para construir una fábrica de textiles en el poblado de Cantel, dada la proximidad de este municipio tanto de Quetzaltenango como de Totonicapán. Para ayudar a la construcción de esta fábrica, a partir de 1882 el Jefe Político de Quetzaltenango, el general Barillas, obligó a los jornaleros de la región a trabajar en la construcción de la infraestructura de la planta transportando materiales desde las canteras de Totonicapán y equipo de producción desde los puertos en el Pacífico, así como trabajando de albañiles. Las autoridades municipales de la región se quejaron con Barillas de que el trato de los jornaleros era inhumano y muy mal pagado, pero no lograron cambiar la situación.5 Y por si fuera poco, el Ministerio de Fomento, dirigido por Delfino Sánchez, confiscó los ingresos municipales de la región para la construcción de dos puentes que se necesitaban para comunicar a Cantel con Quetzaltenango.2

En 1881, Sánchez fue embajador de Guatemala ante el gobierno de Francia por la cuestión de Pilet, y en 1882 fue el embajador ante las naciones centroamericanas cuando el presidente J. Rufino Barrios había dejado el poder temporalmente en manos del presidente interino José María Orantes, mientras el estaba en Estados Unidos finalizando el tratado de límites con México.2,6

Sánchez falleció en la ciudad de Guatemala en 1885, y aunque sus restos fueron trasladados a Quetzaltenango, en el Cementerio General se encuentra la tumba de su madre, la Sra. Agripita de Sánchez, la cual es un monumento artístico de gran calidad que ha sido de los pocos que se han conservado intactos desde 1882. He aquí cómo lo describió Ramón Salazar, también ex-Ministro de Estado y constituyente de 1879, en su revista cultural «La Ilustración Guatemalteca«:7

«[…] Pero lo que en la Avenida en que estos muertos sobresale de toda ponderación es el sepulcro de Doña Agripita de Sánchez. La señora fue madre de personas muy distinguidas en el país, entre las que se cuentan Don Delfino Sánchez, notable Ministro de Instrucción Pública del General Don. J. Rufino Barrios, muerto ya, y Don Guillermo Sánchez, honrado industrial que aún vive. Ella era la viuda de Don Francisco Sánchez, notable hombre público en su tiempo, a quien conocí y quise por sus virtudes republicanas. Nada sé de las cualidades familiares de doña Agripita; esposa de este último dewen haber sido muchas y su memoria muy querida cuando se le ha levantado el más hermoso monumento que hay en el Cementerio erigido por la piedad filial. La matrona yace tendida en su féretro y a sus pies hay un ángel que señala para lo alto.

Al examinar aquellas facciones no se nota ninguna contracción nerviosa ni ningún signo que denote que se ha temido la muerte; al contrario, el rostro de la matrona indica que ha aguardado a la pálida tranquilidad, esperanzada y aguardano un mundo mejor. Arriba hay un catafalco de mármol negro, que será su sepulcro en la tierra, y que está adornado con una multitud de angelitos, que dicen que son sus nietos. En lo alto del monumento hay la figura de una mujer que surge de la tumba, transfigurada, ideal y hermosa y que está en actitud de elevar su vuelo hacia lo alto y hacia lo hermoso. Nuestro bello cielo azul forma el fondo de esa esplendente concepción artística, que mientras más se estudia y contempla más gusta y entusiasma».7


BIBLIOGRAFIA:

  1. La Locomotora (1906). Don Delfino Sánchez. Guatemala: La Locomotora. p. 6.
  2. Grandin, Greg (1997). The Strange Case of «La Mancha Negra»: Maya-State relations in Nineteenth Century Guatemala. Hispanic American Historical Review. 77 (2). pp. 211-243.
  3. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1877-1881 II. Guatemala: Tipografía El Progreso. p. 345.
  4. Guerra, Viviano (1886). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1883-85 IV. Guatemala: Tipografía de Pedro Arenales. pp.721-726.
  5. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1871-1876 I. Guatemala: Tipografía El Progreso. pp. 105-120.
  6. Guerra, Viviano (1883). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1881-83 III. Guatemala: Tipografía El Progreso. p. 444.
  7. Salazar, Ramón (1 de noviembre de 1896) «Una excursion al país de los Muertos«. La Ilustración Guatemalteca 1 (7). Síguere, Guirola y Cía. Guatemala. p. 98.

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8 de septiembre de 1878: fallece Miguel García-Granados y Zavala

Muere en la ciudad de Guatemala el expresidente, general Miguel García-Granados y Zavala, quien gobernó a Guatemala tras la revolución liberal de 1871 a 1873.

8septiembre1878
Vista de la iglesia del Cerrito del Carmen en la época en que falleció el general García-Granados y Zavala. Fotografía de Eadweard Muybridge tomada en 1875.

Uno de los personajes que más influyeron entre los exiliados liberales guatemaltecos durante el gobierno conservador de los 30 años fue el general Miguel García-Granados y Zavala, quien fue el único criollo aristócrata que verdaderamente abrazó la causa liberal.

García-Granados nació en España, pero durante la época colonial su familia llegó a Guatemala huyendo de la caótica situación que vivía el reinado de Fernando VII en la península tras la invasión napoleónica. Ya en el Nuevo Continente, su aristocrática familia continuó con la práctica de matrimonios entre parientes cercanos para mantener un estricto control de sus bienes y se opuso férreamente a los primeros intentos independistas.  De hecho, el propio Miguel García-Granandos se casó con su sobrina, la hija de la célebre periodista y escritora conservadora María Josefa García Granados.1

Cuando la Independencia fue inetivable, los aristócratas negociaron con el Capitán General Gabino Gaínza la separación de España para evitar que el pueblo lo hiciera por su cuenta propia y, de esta forma, ellos mantuvieran el control de la situación y la misma estructura social que había imperado en la época colonial.2 Pero los criollos rurales estaban cansados del sistema político y, siguiendo el ejemplo de los liberales españoles que obligaron a Fernando VII a aceptar la Constitución de Cádiz en 1820,  desde el momento en que se firmó la Independencia empezaron sistemáticamente a atacar al régimen aristócrata. De entre estos dos grupos surgieron los partidos que desangraron a Centroamérica durante el siglo XIX: los criollos aristócratas formaron el partido conservador, mientras que los criollos rurales abrazaron la causa liberal.3

La Guerra Civil Centroamericana que se inició en 1826 con el golpe de estado contra Juan Barrundia y que eventualmente colocó como Jefe de Estado al conservador Mariano de Aycinena en Guatemala, terminó con la victoria de las fuerzas liberales de la mano de Francisco Morazán, quien invadió Guatemala y expulsó a los aristócratas y a los miembros de las órdenes regulares,4 luego de despojarlos de todos o la mayoría de sus bienes.4 García-Granados había combatido bajo las órdenes de los criollos aristócratas del gobiernos de Aycinena y había sido hecho prisionero por los liberales. Su familia sufrió la expropiación de sus bienes, pero durante la época del gobierno liberal de Mariano Gálvez, García-Granados mantuvo su presencia en el gobierno del país.5

Cuando Gálvez fue derrocado por la revolución católico-campesina de Rafael Carrera, los conservadores retornaron a Guatemala y poco a poco fueron recuperando su antiguo poder. García-Granados fue crítico del régimen de Carrera hasta que éste lo invitó a salir al exilio; ya fuera del país, García -Granados estrechó sus lazos de amistad con los gobiernos liberales de Centroamérica y poco fue identificándose con su causa.6

Sabiendo que el cultivo de los productos tradicionales como la grana ya no era rentable, los liberales empezaron a pensar en la introducción del cultivo del café a gran escala pero se enfrentaban con el problema de que dicho cultivo requería de una gran cantidad de mano de obra para la recolección del grano.  García-Granados, sabiendo de la enorme población indígena que había en Guatemala, insistió en que había que derrocar a Carrera para hacerse con las grandes extensiones de tierra que poseían las comunidades indígenas y eliminar las leyes que protegían la mano de obra indígena que había establecido Carrera y que los criollos conservadores habían tenido que aceptar para mantener sus privilegios.7

Tras varios intentos fallidos, García-Granados comprendió que había que esperar al momento oportuno para regresar al país y ese se produjo hasta cuando murió Rafael Carrera en 1865. Ya en Guatemala, aprovechando su lazos de consanguinidad con los aristócratas, empezó a trabajar en modificar al régimen para expropiar las tierras de las comunidades de indígenas, y en introducir la producción del café a gran escala lo que requeriría modificar las leyes laborales para aprovechar la mano de obra indígena. Tras sufrir persecución y cárcel, García-Granados salió al exilio pero finalmente invadió a Guatemala desde México tras negociar con el presidente liberal mexicano Benito Juárez y conseguir financiamiento logístico y armamento para su causa.

Finalmente la Revolución Liberal derrocó al presidente Vicente Cerna el 30 de junio de 1871. Los rebeldes liberales habían desconocido al gobierno de Cerna el 3 de junio mediante el Acta de Patzicía, y nombrado a García Granados como presidente provisorio, por lo que se hizo cargo del gobierno a partir del triunfo de la revolución.8 Su gobierno fue de transición, pues intentó establecer pactos con los aristócratas tomándose el asunto con calma —se dice que llegaba al Palacio de gobierno pasado del medio día—, pero sus aliados liderados por J. Rufino Barrios, no querían ningún tipo de negociación sino que pretendían que los cambios prometidos para cultivar café se hicieron lo antes posible, por lo que lo sustituyeron por Barrios el 4 de junio de 1873.9

García Granados pasó a un retiro dorado y en sus últimos años conoció al poeta cubano José Martí, quien llegó a Guatemala en 1877 y visitaba su tertulia con frecuencia, para poder cortejar a la hija del general, María García Granados, quien pasaría a la historia como «La Niña de Guatemala«, del poema del propio Martí.10

García-Granados y Zavala falleció el 8 de septiembre de 1878, pocos meses después de la muerte de su hija. Ese día el gobierno del general J. Rufino Barrios emitió el siguiente decreto:

Decreto No. 221

J. Rufino Barrios, General de División y presidente de la República de Guatemala

Considerando: que el señor general de División don Miguel García Granados prestó a la República grandes servicios, contribuyendo poderosamente a realizar el cambio político de 1871.

Que su muerte, acaecida a las cuatro de la tarde de hoy, es un acontecimiento verdaderamente doloroso para la República y su Gobierno; y

Que la patria debe mostrarse agradecida con los hombres que en su servicio han sacrificado su bienestar; decreto:

      1. Los días 9 y 10 del corriente, estarán cerradas las oficinas públicas, en señal de duelo y enarbolado a media asta el pabellón nacional en los edificios públicos.
      2. La inhumación del cadáver se verificará el 10 del corriente a las diez de la mañana, en el Cementerio [San Juan de Dios], saliendo el acompañamiento de la casa mortuoria con los honores que corresponde por las leyes militares.
      3. Se guardará durante seis días luto oficial en la capital y en los departamentos a donde se comunicará por telégrafo esta disposición.
      4. El Ministro de la Guerra queda encargado de la ejecución del presente decreto.

Dado en el Palacio Nacional de Guatemala, a ocho de septiembre de mil ochocientos setenta y ocho.

        • J. Rufino Barrios
        • El ministro de la Guerra, J. M. Barrundia11

La tumba del general García Granados ha sido itinerante desde entonces. Primero estuvo en el Cementerio San Juan de Dios, y luego fue trasladada a un monumento en el Cementerio General por el gobierno de José María Reina Barrios, en donde estuvo hasta que las lluvias socavaron el cementerio y hubo que trasladar sus restos a una tumba común ya que su monumento se derrumbó en 2015.12


BIBLIOGRAFIA:

  1. Zavala Urtecho, Joaquín (1970). Huellas de una familia vasca-centroamericana en cinco siglos de historia 2 (112). Managua, Nicaragua.
  2. García Aguilar, Adolfo (1 de julio de 1899). «El general don Miguel García Granados». Revista Militar: órgano de los intereses del Ejército (Guatemala) I (15).
  3. Hernández de León, Federico (1925). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. I. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  4. — (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América CentralII. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 361-366.
  5. García-Granados, Miguel (1894). Memorias del general Don Miguel García Granados. Tomo 2. Guatemala: Tipografía Nacional.
  6. Batres Jáuregui, Antonio (1949). La América Central ante la Historia, 1821-1921: Memorias de un Siglo III. Guatemala: Tipografía Nacional.
  7. Woodward, Ralph Lee Jr. (2012). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala 1821-1871 (en inglés). University of Georgia Press.ISBN 9780820343600. p. 347.
  8. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, desde el 3 de junio de 1871, hasta el 30 de junio de 1881 I. Guatemala: Tipografía El Progreso. pp. 3-4.
  9. Ibid., p. 196.
  10. Martí, José (2010). «La América Central». Obras completas 13 (La Habana: Centro de Estudios Martianos).
  11. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación de las Leyes emitidas por el Gobierno Democrático de la República de Guatemala, desde el 3 de junio de 1871, hasta el 30 de junio de 1881 II. Guatemala: El Progreso. pp. 200-201.
  12. — (1896). Recopilación: Las Leyes de la República de Guatemala, 1894-95 XIII. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 70-71.

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28 de agosto de 1871: solicitan la expulsion de los Jesuitas de toda la República

Luego de la Revolución Liberal que triunfó el 30 de junio, empiezan los clamores de los liberales para expulsar a los jesuitas de la República

28agosto1871
Vista general de Quetzaltenango en 1896.  En esta ciudad fue en donde se exigió inicialmente la expulsión de los jesuitas. Imagen publicada por «La Ilustración Guatemalteca«

Tras el triunfo de la Revolución Liberal de 1871 aparecieron numerosos clubes liberales en favor de una reforma radical y rápida, entre los que sobresalían los de la Ciudad de Guatemala y los de Amatitlán. Estos clubes, que se autodenominaban «Junta Patriótica«, eran imitaciones de los iniciados durante el movimiento de la independencia en la década de 1810, aunque las juntas de 1871 eran anticlericales y, de acuerdo a algunos historiadores, dominadas por los masones. Entre los miembros de la junta de la capital se contaban figuras políticas como las de Marco Aurelio Soto y Ramón Rosa, quienes luego desmempeñarían papeles politicos prominentes después de que J. Rufino Barrios llegara a la presidencia en 1873. Rosa, por su parte, alcanzó gran notoriedad a través de sus escritos anticlericales. De hecho, todos los miembros de estos grupos eran figuras políticas sobresalientes en la comunidad y ardientes partidarios de Barrios,  que opinaban que con el liderazgo moderado de Miguel García-Granados y Zavala no podría llegarse a la reforma radical que exigían.

Cuando la Junta de Quetzaltenango empezó a exigir la expulsión de los jesuitas de su localidad, algunos escritores respaldaron la expulsión de la compañía de toda la república; por ejemplo, el 28 de agosto de 1871 Inés Ramírez, uno de los miembros de las juntas, acusó a la Compañía de Jesús de acoger «miembros hipócritas, vanidosos, orgullosos y fanáticos empeñados en impedir el progreso y en mantener al mundo entero en la ignorancia». La demanda de Ramírez seguía la de la Junta Patriótica en la capital, la cual había hecho circular un escrito en el que enfatizaba el hecho de que la demanda de expulsión de la república «no implicaba que se considerara un destino similar para las otras sociedades religiosas»; de hecho, la Junta «encontraba mucho que alabar en estas últimas, ya que a través de sus enseñanzas de principios morales ayudaban significativamente a la civilización del pueblo».

Las Juntas consideraban, que los jesuitas «ponían en peligro la estabilidad política a causa de su riqueza, porque pervertían la inteligencia de la juventud; oprimían al clero religioso nacional, cuya misión evangélica era la caridad y la paz, y desviaban a través del fanatismo a los elementos más débiles e inocentes de la sociedad, a quienes los jesuitas habían convencido que religión y jesuita tenían el mismo significado».  Se llegó a decir que esta acción había sido reconocida en todos los países civilizados y aun por el Papa Clemente XIV y se urgía a los superiores religiosos a «apaciguar las mentes perturbadas de los ciudadanos quienes habían sido agitados por los jesuitas para evitar su exilio».

Como quedaría demostrado apenas un año más tarde, lo que a las Juntas les interesaba no era el bienestar de los ciudadanos ni evitar el fanatismo, sino salir del más incómodo de sus rivales políticos: las órdenes regulares de la Iglesia Católica, por ser ellos los propietarios de las mejores haciendas, trapiches e ingenios de la República.  Los jesuitas fueron los primeros en ser expulsados, seguidos de las demás órdenes en 1872.  Los liberales fundaron el Banco Nacional de Guatemala con todos los fondos incautdos a los religiosos y, acto seguido, fueron tras las propiedades comunales de los indígenas, a quienes les despojaron de éstas por medio de hábiles ardides legales en los que hizo una subasta de los ejidos y tierras comunales y no se le permitió ofertar a las comunidades indígenas.  De esta forma, surgieron los grandes latifundios cafetaleros y ganaderos que caracterizaron a la economía guatemalteca del período liberal.


BIBLIOGRAFIA:


20 de julio de 1872: aprueban construir escuelas en Escuintla

Se aprueba un pequeño presupuesto para construir escuelas en varios poblados del departamento de Escuintla

Plaza central de Palín, en Escuintla a principios del siglo XX.  En el recuadro: el general Miguel García-Granados y Zavala. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Tras la derogación del Concordato que el gobierno conservador había establecido con la Santa Sede en 1852, de la expulsión de las órdenes religiosas, y de la creación de primaria laica obligatoria, el gobierno de facto provisorio de Miguel García-Granados y Zavala hizo una evaluación de la infraestructura escolar en el país pidiendo a sus Jefes Políticos que le enviaran un informe sobre las escuelas de sus respectivos departamentos. El decreto del 20 de julio de 1872, sobre la situación en Escuintla refleja la situación escolar en el país en ese entonces:

Palacio de Gobierno, 20 de julio de 1872.

Con presencia de la exposición dirígida por el Jefe político de Escuintla. en que manifiesta la necesidad de fundar escuelas de uno y otro sexo en varios pueblos de aquel Departamento, que carecen de ellas, licita para este fin. se asigne alguna suma mensual como se ha hecho en otros departamentos; el Presidente provisorio, en el deseo de que se difunda la instrucción, y mientra asignan á los municipios, los fondos necesarios para fomentar las escuelas primarias, tiene a bien acordar: que la Administración de Rentas de Escuintla cubra mensualmente al Jefe político la suma de cien pesos, que dicho funcionario invertirá precisamente en la fundación de los establecimientos de que se ha hecho mérito, en los pueblos que más los necesiten y destinando el sobrante, si lo hubiere, a mejorar los existentes.— Comuniqúese.

        • Rubricado por el señor Presidente provisorio.
        • Soto. 1

Veinte años después, el arqueólogo británico Alfred Percival Maudslay y su esposa Anne visitaron Guatemala y describieron así como se encontraba la educación guatemalteca en su libro «A glimpse at Guatemala«:

El maestro ladino nos relató que las clases consistían en que los niños indígenas [de San Antonio Palopó, departamento de Sololá] llegaran a clase y luego de pasar lista estuvieran con la cara cubierta por sus libros de trabajo durante tres horas; luego nos confesó que era el mejor método, ya que ni él sabía la lengua de los niños, ni ellos sabían nada de idioma español. A pesar de los esfuerzos hechos por el gobierno guatemalteco, esta era una situación común en el país; incluso supimos de un caso en el que el Jefe Político descubrió que el maestro de una localidad era analfabeto y amenazó con destituirlo en el acto, pero los padres de los niños le rogaron que no lo hiciera, porque así los niños estaban ocupados y tranquilos por las mañanas, mientras sus madres podían dedicarse tranquilamente a hacer las tortillas para las comidas.2


BIBLIOGRAFIA:

  1. Gobierno de Guatemala (1881).Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1871-1876 I Guatemala: Tipografía El Progreso.
  2. Maudslay, Alfred Percival; Maudslay, Anne Cary (1899) A glimpse at Guatemala, and some notes on the ancient monuments of Central America (en inglés) Londres: John Murray.

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7 de junio de 1872: Barrios decreta expropiación de bienes de las órdenes regulares

El encargado de la presidencia provisoria, teniente general J. Rufino Barrios, decreta la expropiación de los bienes a las órdenes regulares de la Iglesia Católica

7junio1872
Acto de Crucifixión celebrado en una parroquia de Guatemala a finales del siglo XIX. Aunque la élite criolla liberal expulsó al clero regular y redujo al mínimo los privilegios del clero secular, las manifestaciones de fe entre la población se mantuvieron. Fotografía de Juan José de Jesús Yas, tomada de Wikimedia Commons.

Siendo teniente general del ejército y Comandante en Jefe de la región de Los Altos, J. Rufino Barrios fue llamado a la Ciudad de Guatemala a encargarse de la presidencia del gobierno de facto provisorio de la República cuando el capitán general Miguel García-Granados y Zavala tuvo que salir a pacificar al oriente el país el 24 de mayo de 1872.1

Barrios tenía un carácter dominante y no le pedía permiso al presidente provisorio para hacer cuando se le antojara, en especial en lo relacionado con impulsar su agenda liberal. Hasta entonces, había visto con recelo que García Granados estuviera recibiendo a miembros del partido conservador y que estrechara su relación con ellos, así que aprovechando la ausencia del presidente provisorio, emitió varios decretos radicales, particularmente en contra de los intereses del clero regular.1

Barrios ya había expulsado a los Jesuitas del occidente del país, y ahora confiscó propiedades de las órdenes regulares, muchas de las cuales fueron clausuradas. Siendo originario de San Marcos, Barrios era un criollo liberal descendiente de aquellos que intentaron formar el Estado de Los Altos cuando el gobierno conservador apoyado por el general Rafael Carrera tomó el poder en Guatemala.1

Cuando el pueblo católico protestó estas disposiciones, Barrios promulgó el siguiente decreto, por medio del cual el ejército ocupó los edificios de las órdenes regulares, y le dio el ultimátum a los religiosos que si querían permanecer en el país tenían que ser secularizados —es decir, convertirse en curas párrocos y abandonar el hábito de la orden regular a la que pertenecían—:

Decreto N°. 64

Considerando: Que las comunidades de Religiosos carecen de objeto en la República, pues no son las depositarías del Saber, ni un elemento eficaz para mejorar las costumbres;

Que no pudiendo ya como en los siglos medios prestar importantes servicios a la sociedad, los trascendentales defectos inherentes a las asociaciones de esta clase, se hacen más sensibles, sin que de modo alguno sean excusables;

Que dichos institutos son por naturaleza refractarios a las reformas conquistadas por la civilización moderna, que proscribe la teocracia en nombre de la libertad, del progreso y de la soberanía del pueblo;

Que sustrayéndose en el orden económico a las leyes naturales y bienhechoras de la producción y del consumo, constituyen una excepción injustificable que gravita sobre las clases productoras:

Que debiendo las referidas comunidades su existencia a la ley, a esta corresponde extinguirlas, y de consiguiente disponer en beneficio público de los bienes que poseen;

Y que atendiendo a los principios que presiden á la revolución democrática de Guatemala, es una consecuencia ineludible la extinción de las Comunidades de Religiosos, y al decretarla, un deber del gobierno proporcionar a éstos los medios necesarios para el sostenimiento de su nueva posición social, tengo á bien decretar y DECRETO:

Art. 1.°— Quedan extinguidas en la República las comunidades de Religiosos.

Art. 2.°— Se declaran nacionales los bienes que poseen y usufructúan.

Art. 3.°— Estos bienes y sus productos se dedicarán de preferencia a sostener y desarrollar la instrucción pública gratuita.

Art. 4.°— Los Religiosos exclaustrados quedan en absoluta libertad de residir donde les convenga, o de salir de la República, si así lo quisieren. Podrán adquirir bienes, disponer de ellos en vida o por testamento, tratar y contratar y gozar de todos los derechos que las ley- conceden al resto de los habitantes, sin más limitaciones que las que impone su estado á los eclesiásticos seculares.

Art. 5.°— A los Religiosos que deseen salir de la República, se les costeará el viático necesario, y los que prefieran residir en ella, quedan por el mismo hecho secularizados, no podiendo usar hábito ni distintivo de religioso.

Art. 6.°— Las iglesias de las comunidades se conservarán con sus respectivas advocaciones y títulos, lo mismo que con sus vasos sagrados, alhajas, ornamentos y todo cuanto esté destinado al Culto. En cada una de dichas Iglesias se erigirá una parroquia, a cuyo sostenimiento contribuirá el Gobierno.

Art. 7.°— Las librerías de los conventos pasarán a la Biblioteca de la Universidad.

Art. 8.°— La hacienda pública pagará, durante un año, a los Religiosos exclaustrados, que aun no se hayan ordenado de Presbíteros, los impedidos de ejercer su ministerio por ancianidad o enfermedad, una pensión de veinticinco pesos al mes, entregándoles la primera mensualidad el mismo dia en que se verifique la exclaustración.

Art. 9.°— El Ministro del ramo queda encargado de la ejecución de este decreto, dando al efecto las instrucciones convenientes al Jefe Político de este departamento y al Administrador General de Rentas.

Dado en Guatemala, a siete de junio de mil ochocientos setenta y dos

        • J. Rufino Barrios, Teniente general del ejército y Encargado de la Presidencia del Gobierno Provisorio de la República
        • Marco Aurelio Soto, ministro del ramo2,3

Los bienes fueron a parar a manos del Estado, de Barrios y de sus más cercanos colaboradores. Entre ellos, el licenciado Francisco Lainfiesta, quien luego sería ministro de Fomento, que se quedó con la Escuela de Critos, al general Juan Martín Barrundia, Ministro de la Guerra, le correspondió parte del convento de la Concepción y a Delfino Sánchez, quien más tarde sería también ministro de Fomento, parte del convento de Santa Clara.4 Y es que aunque los bienes se vendían en remate público, eran sumamente baratos para los allegados a Barrios, quienes eran los únicos que podían adquirirlos.5

He aquí un resumen de las órdenes afectadas:

Orden Logo Tipo de clero Propiedades expropiadas Beneficiado
Orden de Predicadores Orderofpreachears.png Regular
    • Conventos
    • Haciendas
    • Ingenios azucareros
    • Doctrinas y tierras de indios
El convento se convirtió en la Dirección General de Rentas y en el Conservatorio Nacional de Música
Mercedarios Coat of Arms of the Mercedarians.svg Regular
    • Conventos
    • Haciendas
    • Ingenios azucareros
    • Doctrinas
El convento se convirtió en una estación de policía
Compañía de Jesús Ihs-logo.svg Regular Los jesuitas habían sido expulsados de Guatemala por el rey de España Carlos III en 1767, pero regresaron durante el gobierno de Rafael Carrera. En 1871 no tenían mayores posesiones en el país.  
Recoletos Dictionarium Annamiticum Lusitanum et Latinum, Propaganda Fide seal.png Regular Conventos Se convirtió en la Escuela Politécnica
Concepcionistas OrdoIC.jpg Regular Conventos y haciendas Juan M. Barrundia.
Convirtió el convento en su casa de habitación
Arquidiócesis de Guatemala   Secular Colegio y Seminario Tridentino de Nuestra Señora de la Asunción Se convirtió en el Instituto Nacional Central para Varones
San Felipe Neri S. F. Nerist.JPG Secular Templo y residencia en Ciudad de Guatemala Francisco Lainfiesta.
Convirtió el convento en la Imprenta «El Progreso«
Santa Clara   Regular Templo y residencia en Ciudad de Guatemala Delfino Sánchez
Convirtió el convento en su residencia

BIBLIOGRAFIA:

  1. Lainfiesta, Francisco (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. Período de 20 años corridos del 14 de abril de 1865 al 6 de abril de 1885. Guatemala: Pineda e Ibarra.
  2. Barrios, J. Rufino (7 de junio de 1872). «Decreto del 7 de junio de 1872 del teniente general J. Rufino Barrios, encargado de la presidencia provisoria de la República». Museo Nacional de Historia (Guatemala).
  3. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1871-1876 I. Guatemala: Tipografía El Progreso. pp. 105-120.
  4. Miller, Hubert J. (1976) La Iglesia y el Estado en tiempo de Justo Rufino Barrios. p. 115.
  5. Batres Jáuregui, Antonio. (1949) La América Central ante la Historia, 1821-1921, Memorias de un Siglo. III Guatemala, C.A.

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