12 de mayo de 1840: tras aplastar a Francisco Morazán en Guatemala, el general Rafael Carrera impone un tratado a El Salvador por las reparaciones de guerra

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Mapa de oficial El Salvador de 1859, con una extensión muy similar a la que tenía en 1840.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Después de derrotar al general Francisco Morazán, líder de los criollos liberales centroamericanos, el 18 y de 19 de marzo de 1840 en la Cuidad de Guatemala, el general Rafael Carrera se fue al Estado Los Altos a pacificar a sangre y fuego la región,  en donde se habían recluído desde 1838 los liberales guatemaltecos, y a la que ya había advertido que no le iba a  tolerar ningun alzamiento luego de haberlos derrotado el 29 de enero de ese añp. Luego, regresó a la Ciudad de Guatemala y después se fue a El Salvador, con toda la intención de pacificar a los vecinos, también comandados por liberales, ya que Morazán había sido el presidente salvadoreño hasta ese momento.

A diferencia de la pacificación de Los Altos, Carrera utilizó convenios para maniatar a El Salvador.  Hacía allá se dirigió en compañía del padre Joaquín Durán, ministro de Relaciones Exteriores, y de doscientos soldados bien petrechados, entrando a la capital salvadoreña el 10 de mayo, sin ser molestado.

Los gobernantes del vecino país, sabiendo de la reputación de Carrera, de lo aplastante de su victoria y de su llegada, le prepararon la mejor casa de la localidad, con servidumbre y una amplia cabelleriza para sus bestias.  Pero Carrera sabía que era él quien imponía sus condiciones y, sin mediar palabra, despidió a los salvadoreños hasta el día siguiente y se fue a dormir tranquilamente.

A la mañana siguiente se fue muy temprano a la caballeriza y en camiseta y pantalones arremangados se puso a cepillar a sus caballos.  En esas estaba cuando llegó el Ministro de Relaciones Exteriores de El Salvador y otros emisarios a quienes recibió en la misma caballeriza.

Los emisarios salvadoreños le tenían un gran terror al caudillo conservador guatemalteco y apenas y pudieron expresarse en su presencia, mientras que el general tranquilamente daba lecciones a un mozo a su servicio de como se cepillaba un caballo.  El padre Durán atendió entonces a los emisarios y los llevó a la sala, mientras Carrera los siguió ignorando y tranquilamente se fue a dar un paseo.

Fue hasta el día siguiente que fue el general guatemalteco quien mandó a llamar al presidente Cañas y a su ministro Barberena y les dijo:  “No habrá mucho que hablar: aquí tienen las bases del convenio que celebraremos y sépase de antemano que no atiendo a modificaciones de ninguna clase.  Solo queda que saquen en limpio lo que dice allí y firmemos.

Y así se hizo.

En resumen, el convenio firmado esa vez decía que El Salvador no ocuparía en cargo públicos a ningún funcionario y militar que hubiera cooperado con el ex-presidente Morazán en la invasión a Guatemala, y que se comprometía a entregar a Guatemala a todos los involucrados en las maquinaciones contra ella.  Además, decía que Guatemala se reservaba el derecho de decidir cuando iba a permitir el regreso de los prisioneros de guerra que había dejado Morazán en Guatemala cuando huyó después de ser derrotado.

Baste decir que Carrera regresó a Guatemala como triunfador de ese viaje, mientras que el gobierno salvadoreño tuvo que reprimir serias revueltas cuando el contenido del convenio se hizo público.


BIBLIOGRAFIA: