26 de junio de 1846: fracasa atentado contra la vida de Rafael Carrera durante las exequias fúnebres del arzobispo Ramón Casaus y Torres

26junio1846
La Catedral de la Ciudad de Guatemala, tal y como lucía en la época en que ocurrió el intento de asesinato contra Carrera.  En el recuadro:  el capitán general Rafael Carrera, y el poeta Juan Diéguez Olaverri, líder la conjura.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El día 26 de junio del año de 1846 se iban a celebrar las exequias fúnebres del arzobispo Ramón Casaus y Torres, quien había sido desterrado por Francisco Morazán en 1829, y cuyos restos habían sido traídos a Guatemala desde La Habana, en donde había vivido exiliado el clérigo. Era la voluntad del extinto arzobispo que fuera enterrado en el templo de Santa Teresa en la Ciudad de Guatemala, y el gobierno católico conservador no escatimó en gastos para cumplir con el deseo del finado.

La catedral estaba adornada con suntuosas colgaduras de luto y los restos del Arzobispo estaban colocados en un artístico y lujoso catafalco. Una numerosa concurrencia ocupaba el templo, entre ellos el “Protector de la Iglesia“, el general Rafael Carrera, quien en su uniforme de gala estaba bajo su dosel de Jefe de Estado, rodeado de autoridades civiles y militares y de los miembros de la familia Aycinena. El Dr. José María Castilla, ocupaba la cátedra sagrada, y hacía el elogio de las virtudes y de los méritos del arzobispo Casaus, muerto en el destierro.

De pronto, se situaron guardias en las puertas de la iglesia, y se formó en son de guerra una fuerza armada frente al templo, y se vio á un oficial ayudante entregarle al Jefe de Estado un par de pistolas, luego de cruzar unas breves palabras.  Carrera, general guerrillero acostumbrado a los rigores de la batalla, guardó tranquilamente las armas y continuó presenciando las exequias, y tranquilamente marchó con la procesión que, a eso de las tres de la tarde, dejó los restos del Arzobispo en la iglesia de Santa Teresa.

La conspiración contra Carrera estaba descubierta, y los conjurados que habían planeado capturar á Carrera en el templo, y aún darle muerte en caso necesario, no tuvieron más que ocultarse o emprender la fuga. El Gobierno, como era de esperarse, capturó a los conjurados que no lograron huir, y persiguió a los que lo hicieron. Los hermanos Juan y Manuel Diéguez, líderes de la conjura, habían logrado huir y refugiase en la hacienda de Saltan, en Salamá, Baja Verapaz, propiedad del Presbítero J. Mariano Ocaña pero fueron descubiertos y capturados por un oficial de Carrera llamado Ruperto Montoya quien lo llevó a la cárcel del Castillo de San José, que era por aquel tiempo la prisión de Estado. Como muchos los conjurados eran estudiantes de la Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo, el rector Juan José de Aycinena y Piñol, líder de la familia Aycinena, se apresuró a distanciarse cuanto pudo de la conjura por temor a serias represalias.

Tras el juicio que se les siguió, los hermanos Diéguez y algunos de sus cómplices, confesaron su culpabilidad. Dijeron que se habían propuesto “llevar á cabo un cambio político, establecer un gobierno sujeto al imperio de las instituciones, y para ello, en caso de resistencia o de necesidad, estaban dispuestos a quitar la vida al Jefe del Estado”. Pero en un extraño caso de magnanimidad, Carrera perdonó la vida a los conjurados condenados a muerte tras un penoso juicio, permitiéndoles salir al exilio tras tenerlos unos cuantos meses en prisión.


BIBLIOGRAFIA:

  • Brañas, César (1979). Tras las huellas de Juan Diéguez Olaverri. Guatemala: Unión TIpográfica.
  • Vela Salvatierra, David (1943). “Juan Diéguez Olaverri”, en Literatura guatemalteca. Guatemala: Unión Tipográfica. 2

11 de junio de 1829: las nuevas autoridades liberales obligan al arzobispo Ramón Casaus y Torres y a la mayoría de ordenes regulares a salir al exilio

11junio1829
Antigua fuente que se encontraba en el atrio de la Iglesia de La Recoleccion en la Ciudad de Guatemala.  Fotografía de Alberto G. Valdeavellano.

El general Francisco Morazán invadió a Guatemala luego de que el presidente Federal Manuel José Arce se aliara con los conservadores guatemaltecos y fuera separado de su cargo por estos tras el desastre militar de Milingo en 1827. Morazán se alzó con el triunfo el 12 de abril de 1829 y pocos meses después, dispuso salir de los principales aliados de los aristócratas: los frailes regulares y la cúpula del clero secular.

La noche del 10 al 11 de junio de 1829, llegaron sigilosamente los delegados de la autoridad al Palacio Arzobispal y sacaron al arzobispo Ramón Casaus y Torres todavía en camisa de dormir, lo obligaron a empacar y lo sacaron camino a la costa del Norte montado en una mula.  No les importó en lo más mínimo que la mañana era nebulosa y amenazaba lluvia.

Igual suerte corrieron los frailes de Santo Domingo, La Recolección y San Francisco; todos fueron enviados a Omoa, en fueron embarcados con destino a la Isla de Cuba, que todavía era posesión española y los recibió con los brazos abiertos.  Solamente se salvaron los frailes de la Merced y los hospitalarios de Belén quienes no participaban activamente en política.

Cuando llegó a la Habana, Casaus y Torres se dedicó a buscar todos los medios para atacar a los liberales en el poder. Y fue tal la agitación causada en Guatemala gracias a la distribución de las pastorales que escribiera por los curas párrocos que predicaban en el área rural, que hubo revueltas indígenas en San Agustín Acasaguastlán y Zacapa.  La autoridad se vio así en un grave problema y tuvo que expedir un decreto por el que declara al arzobispo enemigo de la Patria el 13 de junio de 1830:

  1. Se declara traidor a la patria al Arzobispo de Guatemala, fray Ramón Casaus.
  2. Se declara que el mismo Arzobispo ha perdido los derechos de ciudadano, conforme a lo dispuesto en el párrafo 1, artículo 20 de la Constitución federal.
  3. En consecuencia queda extrañado perpetuamente del territorio del Estado, y su silla
    vacante.
  4. Mientras se provee canónicamente el Arzobispado, sus rentas entrarán a la tesorería.  Los bienes particulares de fray Ramón, serán ocupados con arreglo a lo dispuesto en el decreto de 23 de noviembre último.
  5. El Cabildo eclesiástico nombrará Vicario y Gobernador general del Arzobispado, arreglándose a lo dispuesto en el derecho canónico;  pero el que así fuere nombrado, no entrará a ejercer su cargo sin aprobación previa del gobierno.
  6. Es prohibida, de hoy en adelante toda comunicación con el expresado fray Ramón Casaus, a quien se considerará enemigo público.
  7. El gobierno cuidará de informar a Su Santidad sobre todo lo ocurrido, activando las
    disposiciones prevenidas en el decreto de 5 de diciembre del año próximo pasado.
  8. El mismo gobierno hará imprimir y publicar los documentos principales que demarcan la conducta hostil del Arzobispo, a quien se le intimará el presente decreto.

Este decreto tambien dejo sin el beneficio del diezmo obligatorio al clero secular, dejando a los curas párrocos en situación muy difícil.  Pero a pesar de todo esto, siguieron azuzando el ánimo de los campesinos indígenas. Conforme pasó el tiempo el gobierno liberal fue poniendo de su parte para facilitar la labor de los curas, tal y como hicieron los liberales que habían forzado al rey Fernando VII a aceptar nuevamente la Constitución de Cádiz en 1820 e imponiendo leyes que no se aplicaban a la realidad Española de su época, resultando en una invasion francesa que restableció a Fernando VII como rey absolutista y eclesiástico. En Guatemala, primero, el gobierno hizo negocios con los ingleses protestantes, y luego cuando estableció un impuesto individual excesivo para los indígenas y cuando promulgó los códigos de Livingston que autorizaban el matrimonio civil y el divorcio. Todo eso, aunado al resentimiento por la expulsión del arzobispo, hizo que estallara la revolución campesina en 1837 cuando el gobierno quiso imponer unos cinturones sanitarios para evitar la propagación de la epidemia del cólera, impidiendo que las comunidades rurales tuvieran acceso a sus fuentes de agua.


BIBLIOGRAFIA:


 

21 de junio de 1839: se restablecen las órdenes religiosas en Guatemala luego de haber sido expulsadas por Francisco Morazán y los liberales en 1829

21junio1839

El 13 de abril de 1839 habían entrado los campesinos montañeses a la capital del Estado de Guatemala, comandados por el general mestizo Rafael Carrera.   Aunque los milicianos eran hombres duros y analfabetos con un acérrimo fanatismo católico, respetaban a su general, quien tenía un supremo don de mando.

La bandera de los campesinos era la religión: era en los asuntos de la Iglesia en donde más se hacía sentir el cambio radical en el gobierno del Estado.  Carrera ordenó al presinte Mariano Rivera Paz, hombre “de caráter débil pero de buen corazón“, que reuniera a la Asamblea Legislativa para que se hiciera un decreto que ordenara al gobernador eclesiástico que en todas las iglesias del Estado se hiciera un día de rogación por el acierto de los trabajos de la propia Asamblea.  Era el principio de lo que sería la simbiosis entre la Iglesia Católica y el Estado guatemalteco durante los próximos treinta años.

El cambio en el sentimiento religioso fue muy grande y contrastaba con todos los vejámenes y humillaciones que se le habían hecho a los curas y a los frailes durante el gobierno liberal que empezó en 1829.  Es más, desde ese año no había arzobispo, sino gobernador eclesiástico, porque al prelado Ramón Casaus y Torres lo habían expulsado los liberales sin mayores contemplaciones.

Una de las primeras medidas en favor de los sacerdotes católicos fue la autorización del retorno de las órdenes religiosas de San Francisco, Santo Domingo, y Colegio de Misiones de Propaganda Fide (La Recolección) (que era la preferida de la familia Aycinena y recibió trato preferencial) y que se les devolvieran sus iglesias y conventos.  En cuanto a los Jesuitas, éstos habían sido expulsado por las autoridades españolas desde 1767 y no poseían conventos ni haciendas en el país.

Los religiosos encontraron así en Guatemala un refugio a la persecución de que eran víctimas en todo el continente americano, pues se les miraba como un símbolo de la dominación española y un atraso en el progreso de los pueblos.  Pero gracias al férreo control de Rafael Carrera sobre el gobierno guatemalteco, pudieron desarrollarse tranquilamente en el país hasta 1871, cuando los liberales por fin retomaron el poder.

El decreto de 1839 es el siguiente:

DECRETO DE LA ASAMBLEA CONSTITUYENTE DEL ESTADO DE GUATEMALA, 21 DE JUNIO DE 1839, DECLARANDO INSUBSISTENTE EL DE 28 DE JULIO DE 1829, POR EL CUAL SE SUPRIMIERON LAS ORDENES MONÁSTICAS

  1. Se declara nulo e insubsistente él decreto de veintiocho de julio de mil ochocientos veintinueve, contraido á la supresión de las órdenes religiosas de San Francisco, Santo Domingo, Merced y Colegio de Misioneros de Propaganda Fide.
  2. En consecuencia el gobierno del estado, poniéndose de acuerdo con el goberno eclesiástico, y oyendo á la municipalidad de esta capital, proveerá lo conveniente para que desde luego tenga efecto el restablecimiento del Colegio de misioneros de Propaganda Fide proporcionando a los religiosos la devolución de su iglesia y convento; y haciendo para ello las indemnizaciones que fueren de
    justicia.
  3. Para el restablecimiento de las otras órdenes religiosas, el gobierno también de acuerdo con el ordinario eclesiástico, y oyendo á la corporación municipal, dispondrá lo conveniente; consultando á la asamblea cuando fuere necesaria alguna resolución legislativa.

BIBLIOGRAFIA:


13 de junio de 1830: la Asamblea Legislativa de Guatemala, controlada por los criollos liberales, declara traidor a la patria al arzobispo Ramón Casaus y Torres

 

13junio1830
Retrato oficial del arzobispo Ramón Casaus y Torres.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Tras el triunfo de Francisco Morazán contra Mariano de Aycinena y Manuel José Arce en 1829, los criollos liberales tomaron el control de la antigua capital de la Capitanía General de Guatemala.  Morazán expulsó a la familia Aycinena y a los miembros de las órdenes regulares de todo el territorio centroamericano y sus aliados liberales saquearon cuanto pudieron de las casas y monasterios de los expulsados.  Además, las enormes haciendas de los religiosos fueron entregadas a los socios ingleses del caudillo liberal.  En cuanto al clero secular, dirigido por el arzobispo Ramón Casaus y Torres, éste fue marginado con la expulsión del arzobispo el 11 de junio de 1829 y la eliminación del diezmo obligatorio.  Y por si eso fuera poco, tras las reclamaciones publicadas por el prelado, la Asamblea lo declaró traidor de la patria el 13 de junio de 1830.

En ese entonces, como ahora en el siglo XXI, los criollos abrazaban causas idealistas para esconder sus verdaderos fines.  Por su lado, los criollos liberales decían que defendían el progreso y las ideas avanzadas del siglo XIX contra el oscurantismo católico colonial, mientras que los criollos conservadores decían defender la verdadera religión y las buenas costumbres.  En realidad, ambos perseguían el poder político y económico, y cuando lo perdían, luchaban sin cesar por recuperarlo.  Así fue como el país se vio envuelto en una guerra civil hasta 1851.

Volviendo a Casaus y Torres, cuando el campesinado católico al mando de Rafael Carrera recuperó el poder para los conservadores en 1839, la Asamblea Constituyente declaró nula e inconsistente la expulsión del arzobispo, y lo reconoció de nuevo.  La Catedral, que había estado cerrada desde la partida del prelado en 1830, volvió a abrir sus puertas en espera del pastor.  Pero éste nunca regresó y, de hecho, tras dos años de que el gobierno le estuvo rogando que dejara La Habana y regresara a Guatemala, se decidió que lo mejor era dirigirse al Vaticano directamente en busca de un sustituto.

Finalmente, en 1843 fue reconocido como arzobispo metropolitano de Guatemala el presbítero Francisco de Paulo García y Peláez, quien sería un de los baluartes del gobierno conservador del capitán general Rafael Carrera aunque al principio hubo algunos roces entre ambos.


BIBLIOGRAFIA: