4 de octubre de 1716: parte para las Filipinas el hasta entonces presidente de la Real Audiencia de Guatemala, Toribio José de Cosío y Campo

Plaza Central de Antigua Guatemala vista desde el Palacio del Ayuntamiento en 1875.  Obsérvese que el flanco izquierdo del frontispicio del Palacio de los Capitanes Generales no estaba reconstruido todavía.  Fotografía de Eadweard Muybridge.

La historia de la Capitanía General de Guatemala está entremezclada con la de la Real Audiencia de Guatemala y la del Reino de Guatemala, pues es frecuente encontrar a la región centroamericana denominada de una de las tres formas en los libros de historia.  En realidad, la Capitanía General se refería la administración pública, mientras que la Real Audiencia era la encargada de la administración de justicia.  En muchas ocasiones, el presidente de la Real Audiencia y el Capitán General eran la misma persona, pero no ocurrió así en todos los casos.   En cuanto al topónimo “Reino de Guatemala”, éste se utilizaba en documentos oficiales para referirse a la Capitanía General.

El 4 de octubre de 1716 terminó la gestión del presidente de la Real Audiencia, Toribio José de Cosío y Campo, quien había arribado a la region el 30 de Agosto de 1706, para hacerse cargo de la Real Audiencia debido al fallecimiento de su predecesor, el presbítero y doctor Alonso de Ceballos y Villagutierre, quien solamente había estado en el cargo por un año cuando le sobrevino la muerte.  (Aquello no era del todo extraño para la época, pues muchos de los oficiales españoles enviados a Centroamérica contraían malaria en el camino desde el Puerto de Omoa en Honduras hasta la ciudad de Guatemala, y los que no perdían la razón, fallecían sin remedio).

Durante su gobierno se sublevó la provincia de Tzendales en Chiapas, por lo que tuvo que trasladarse hasta allí para restablecer la paz y en premio a su labor, la corona española le otorgó el título de Marqués de Torre-Campo y el puesto de gobernador de Filipinas a donde se trasladó en 1716.  En su lugar llegó Francisco Rodríguez de Rivas, maestre de campo de los Reales Ejércitos, y quien estaba al frente del gobierno cuando ocurrieron los terremotos de San Miguel en 1717, los cuales destruyeron la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala a tal punto que hubo una propuesta formal por parte del arzobispo, jefe del clero secular, para que se trasladara la ciudad a una nueva ubicación.

Rodríguez de Rivas se opuso al traslado e incluso donó de su propio peculio para que la ciudad fuera reconstruida, en especial el oratorio de San Felipe Neri y la parroquia de El Calvario, hechos por los que fue reconocido por la Corona.

BIBLIOGRAFIA:

13 de mayo de 1642: toma posesión como presidente de la Real Audiencia de Guatemala el licenciado Diego de Avendaño, en sustitución del marqués de Lorenzana

 

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Ruinas del Convento de San Francisco de Antigua Guatemala en 1916.  En este convento fue sepultado Diego de Avendaño al morir en 1654.  Imagen Arnold Genthe, tomada de Wikimedia Commons.

 

El licenciado Diego de Avendaño, presidente de la Real Audiencia de Guatemala entre 1642 y 1650 es recordado como uno de los más probos y rectos gobernantes que tuvo la Capitanía General durante la época colonial.

Se encontraba en Granada, como oidor de la Cancillería cuando fue notificado por el Consejo Superior de Indias que, por recomendación del conde duque de Olivares, había sido nombrado como presidente de la Real Audiencia de Guatemala.

Luego de un penoso viaje desde Granada, llegó a la ciudad de Santiado de los Caballeros, el 13 de mayo de 1642 y la población lo recibión con fiestas y celebraciones.  Un año después arribó su señora esposa, Ana de Rentería desde España, en donde se había queado reponiéndose de una enfermedad.

Su gobierno se vio afectado por las constantes incursiones de corsarios holandeses que se internaron hasta el lago de Izabal, y se caracgterizó por la absoluta honradez con la que desempeño el cargo.

Avendaño murió en el poder en 1654, y fue enterrado a petición suya en la portería del Convento de San Francisco, siendo sustituido por el oidor decano Antonio de Lara Mongrovejo.

Cuenta la leyenda que cuando murió su esposa tres años después la enterraron junto a él, y cuando abrieron la tumba para depositar a doña Ana, encontraron con sorpresa que las manos de Avendaño se mantenían intactas, a diferencia del resto del cuerpo que ya estaba corroído.  El prior del convento, exclamó: “¡Claro! Esas manos están intactas por la pureza que tuvieran en vida: en ocho años que nos gobernara, no recibió el valor de un maravedí de cohecho o de regalo…”

Nos preguntamos a cuantos cadáveres de políticos y gobernantes guatemaltecos encontraríamos con las manos intactas si hubiera necesidad de abrir sus tumbas…

BIBLIOGRAFIA: