28 de mayo de 1924: publican artículo racista contra el indígena guatemalteco

En una de sus columnas diarias llamada «El capítulo de las Efemérides», el renombrado periodista Federico Hernández de León escribe un artículo cargado de racismo hacia los indígenas guatemaltecos.

Una procesión indígena de principios del siglo XX. Fotografía de Alberto G. Valveavellano. En el recuadro: el periodista Federico Hernández de León. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons y «El Libro de las Efemérides«.

Uno de los principales referentes de HoyHistoriaGT es el trabajo del licenciado Federico Hernández de León, quien en sus obras de «El libro de las Efemérides» y «Viajes presidenciales» dejó plasmados en una forma bastante imparcial, amena y muy bien documentada muchas anécdotas y hechos históricos de Guatemala y de Centroamérica.

Sin embargo, en su artículo del 28 de mayo de 1924, llamando «1582 – Una real orden en favor de los indios» —publicado en la primera página de su influyente periódico «Nuestro Diario«— dejó en claro su posición racista y radical hacia el indígena guatemalteco, a pesar de que él mismo reconociera ser mestizo con sangre k’iche’ en otro de sus numerosos artículos.

Reproducimos a continuación aquel infame artículo por su importancia histórica, dado que muestra el pensamiento ladino de la Guatemala de la década de 1920, representado por uno de los principales directores de los periódicos de la época, como lo era «Nuestro Diario.» Hemos respetado la redacción original y queremos dejar en claro que el punto de vista presentado en el artículo es el del licenciado Hernández de León y no el de HoyHistoriaGT:1

Tengo que confesar, entre los innúmeros pecados que pesan sobre mi conciencia, el pecado de no tragar al indio en ninguna forma; a mí el indio me revienta.Nota a Y es que, al indio, sólo lo alcanzo a ver en su condición obstaculizadora, como un estorbo para la vida activa de la sociedad.Nota b El indio presenta tres aspectos: el de haragán permanente y consentido, el de trabajador rural y el de soldado.

El primero es el más generalizado. El indio es haragán por naturaleza y porque así se le tolera. El indio de las zonas templadas siemre su cuerda de milpa: la calza, la cosecha, vende una parte y la otra se la reserva para su personal consumo; y se pasa el resto del año como si no hubiera más mundo que la compañera, a quien le hace el flaco servicio de embarazarla cada nueve meses. Por fortuna, de cada diez hijos se le mueren ocho.Nota c

Las tierras comunales de los indios, son los más cómodos amparos para fomentar la existencia de esa clase de indios. El esfuerzo que supone la siembra y cosecha de su milpa, es un esfuerzo mínimo, en una cantidad de tiempo, mínimo también. Su vestimenta es primitiva y la habitación lo mismo. No tiene necesidades y se conforma con la satisfacción de los instintos animales. Si todos esos indios, que viven encuevados, se pusieran en servicio en los campos, es posible que no anduviéramos tan desastrados en materia de agricultura. El día que una inmigración de trabajadores europeos desplace a tanto indio retardatario, podremos cantar un himno de triunfo y alegría.Nota d

El trabajador rural, que se lleva a las fincas por razón de mandamientos o por su calidad de colono, es también haragán dentro del desarrollo de sus energía. El trabajo de diez indios, equivale al de un solo trabajador apto. Un finquero moviliza un mil mozos y, positivamente, lo que hace es mover cien. Y en los casos de emergencia, en los momentos en que el tiempo es factor resolutivo de problemas inmediatos, el indio llega a obstaculizar la obra urgente con su procedimiento tardo y deficiente.Nota e

El tercer indio, el indio soldado, conocido por el breve nombre de cuque, es el peor de todos. A la hora de la guerra efectiva, sirve de carne de cañón; y en los día de paz, de sostén de tiranías y agente de violencias. El indio soldado es abusivo y cruel. En tiempo de Estrada Cabrera se empleaba a los cabos para aplicar los azotes a los condenados. El indio, ante la carne blanca de los martirizados, sentía una positiva voluptuosidad y dejaba car los golpes con toda la fuerza de su brazo, poniendo cara de complacencia al ver saltar la sangre. El indio soldado como guarda de custodia, es riguroso, duro de entrañas, ventativo e intransigente. Un cuque con mando, es algo de amarrarse los pantalones. Ahora, cuando asciende en la escala jerárquica, es la de plantarse las botas…Nota f

En esas cuestiones tengo que confesar mis prejuicios. Cuando veo tantas personas y tan buenas, desde fray Bartolomé de las Casas y don Alonso de Maldonado, hasta el general Reyna Barrios y Leonardo Lara, empeñados en la defensa de los indios, vacilo en mi propio criterio y estoy por creer que cometo una grande injusticia, al juzgar a los indios como los juzgo. Pero cuando reconsidero mis maneras de ver personales y me asaltan los argumentos reforzadores, no puedo menos que mantenerme en mis trece y desar con todo mi corazón que haya una peste de indios, de la cual no quede uno, ni para muestra.

Es posible que hubiera sido mejor que se acabara con ellos. En la América, las nacionalidades más fuertes, más dignas, más democráticas y más avanzadaqs, son aquellas en que no hay indios. En cambio, en donde los indios quedan en mayoría, son pueblos sin redención posible: tal como pasa en Bolivia y en Guatemala.Notag

¡Qué mejor estaríamos sin abogados indios, ni indios del campo, ni cuques en general! Si los encomenderos hubieran acabado con los indios, a estas horas Guatemala fuera una nación libre, soberana e independiente. Y a la fecha, por culpa de los indios, no lo es a las cabales.1


NOTAS:

  • a. Nótese que Hernández de León utiliza el vocablo «indio» en vez de «indígena» ya que así era como se les llamaba hasta la última década del siglo XX.
  • b. Para los liberales como Hernández de León, la sociedad guatemalteca era únicamente la de los ladinos de la ciudad de Guatemala y de los principales centros urbanos del país. Incluso consideraban que los ciudadanos eran solamente los de descendecia europea.2
  • c. En este duro párrafo, Hernández de León resume la perspectiva de su época sobre los indígenas, especialmente en el deseo de que todos desaparecieran y fueran sustituidos por una «raza superior«. Este anhelo liberal por «mejorar la raza» explica por qué en la sociedad guatemalteca del siglo XXI los miembros de la élite ya no tienen apellidos españoles, sino apellidos alemanes, italianos y belgas.
  • d. Hernández de León indica que los indígenas trabajaban lo mínimo necesario en sus tierras comunales. Sin embargo, olvida mencionar que dichas tierras comunales desaparecieron con la llegada de la Reforma Liberal en 1871, la cual emitió leyes por medio de las cuales se expropiaron legalmente aquellas tierras comunales para convertirlas en fincas cafetaleras.3
  • e. La motivación de la Reforma Liberal fue la de utilizar a los indígenas como mano de obra para las fincas cafetaleras, ya que ésta necesitan una considerable cantidad de empleados para cosechar el grano. De esta forma, se establecieron las leyes de vialidad,4 de vagancia5 y el reglamento de jornaleros6 para obligar a los indígenas a trabajar en las fincas cafetaleras, y se incluyeron mecanismos por medio de los cuales se mantuvo a éstos en calidad prácticamente de esclavos; por ejemplo, pago con monedas que solamente se podían usar en la finca, uso de comisariatos con precios arbitrarios, y deudas que eran heredadas a los hijos. Es lógico que los indígenas no estuvieran motivados para trabajar en tierras que antes les pertenecían y que les fueron arrebatadas por medios con apariencia de legalidad.
  • f. Si bien los indígenas eran soldados, no era por su gusto. Hernández de León olvidó que existían leyes de reclutamientos forzoso de las que solamente los miembros pudientes de la sociedad podían eximirse mediante el pago de una multa.7 Por otro lado, acusa a los indígenas de resentidos sociales al mismo tiempo que les desea la muerte, ya que Hernández De León sufrió torturas a manos de indígenas en la Penitenciaría Central durante el gobierno de licenciado Manuel Estrada Cabrera.
  • g. Aquí acusa directamente a los indígenas de ser los responsables del atraso del país, ignorando que el papel que tuvieron las guerras civiles de los criollos liberales y conservadores, y la injerencia de los ingleses en el siglo XIX para evitar que se formara una nación centroamericana fuerte, situaciones que él mismo había documentado en su columna diaria de efemérides.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 355-359.
  2. Fuentes Oliva, Regina (4 de junio de 2009). Una aproximación al ambiente intelectual guatemalteco de la Reforma Liberal, a través de la sociedad Literaria El Porvenir«. En Boletín AFHEC. (41) Guatemala: Asociación para el Fomento de los Estudios Históricos en Centroamérica.
  3. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1877-1881 II. Guatemala: Tipografía El Progreso. pp. 3-6.
  4. — (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1871-1876 I. Guatemala: Tipografía El Progreso. pp. 304-306.
  5. — (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1877-1881 II. Guatemala: Tipografía El Progreso. pp. 201-204.
  6. Ibid., pp. 69-73.
  7. García Vetorazzi, María Victoria (2010) Acción subalterna, desigualdades socioespaciales y modernización. La formación de actores y circuitos del comercio indígena en Guatemala, siglos XIX y XX. Louvain-la-Neuve: Université Catholique de Louvian, École des sciences politiques et sociales. p. 196.
  8. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. p. 32-35.

Subir

22 de mayo de 1898: muere Lorenzo Montúfar

Fallece en la ciudad de Guatemala el ideólogo liberal Lorenzo Montúfar y Rivera Maestre, historiador y político guatemalteco.

El monumento al Dr. Lorenzo Montúfar en la Avenida Reforma de la Ciudad de Guatemala. En el recuadro: la propaganda presidencial del Dr. Montúfar en 1891. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El Dr. Lorenzo Montúfar y Rivera, criollo aristócrata por nacimiento, dejó por un lado el partido conservador y abrazó la causa liberal, enemistándose con sus familiares y, principalmente, con el capitán general Rafael Carrera, por lo que vivió en el exilio mientras éste fue presidente de la República entre 1851 y 1865. Ya cuando los criollos liberales retomaron el poder en el país en 1871, Montúfar regresó al solar patrio y fue uno de los principales servidores públicos del gobierno del general presidente J. Rufino Barrios.1

Sin embargo, en 1882, con motivo de la firma del tratado de límites entre Guatemala y México, Montúfar —quien era entonces el Ministro Plenipotenciario de Guatemala en los Estados Unidos— se opuso radicalmente a que el presidente Barrios renunciara al reclamo territorial que Guatemala tenía sobre el Soconusco, lo que hizo que presentara su renuncia irrevocable2 y cayera así en desgracia entre los liberales del país que eran serviles a Barrios y que lo trataron de traidor y hasta de estúpido, por lo que se quedó viviendo en el exilio.1,2

Tras la muerte de Barrios en Chalchuapa en 1885, su antiguo correligionario, el padre Angel María Arroyo aconsejó al nuevo presidente, general Manuel Lisandro Barillas, para que no le permitiera el retorno al país a Montúfar. De esta forma, Montúfar quedó en el limbo, pues era detestado por los conservadores y liberales, y era repudiado por su antiguos amigos.1 Finalmente, en 1887 se le permitió retornar para que terminara su Reseña Histórica, importante documento histórico-propagandístico de los gobiernos liberales en los que tergiversaron los papeles de los principales políticos conservadores y mostraron una versión liberal de la historia guatemalteca.3 Un ejemplo del sesgo liberal de la obra y de su influencia en los historiadores oficiales es que actualmente se enseña en las escuelas que el general Carrera a quien Montúfar tenía una férrea aversión— era un analfabeto criador de cerdos que servía únicamente como el brazo armado de los conservadores y que firmaba como «Raca Carraca«.4-10,Nota

Gracias a su colaboración con el gobierno de Barillas, Montúfar recuperó algo de su prestigio perdido y, a pesar de su ya avanzada edad, llegó a ser candidato a la presidencia de la República en las elecciones de 1892, en las que perdió en contra del general José María Reina Barrios.1

Tras perder las elecciones, se retiró a una casita en el callejón Manchén, en donde falleció en la mañana del 22 de mayo de 1898. El gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera le hizo honores de Estado y su memoria fue recordada por la Asamblea Legislativa durante el gobierno del general José María Orellana en 1923, con la construcción del monumento en su honor en la Avenida de La Reforma, construido con motivo de conmemorarse el centenario de su nacimiento.11


NOTAS:

  • En realidad, el general Rafael Carrera tenía el control absoluto de la situación durante el tiempo que estuvo en los círculos del poder, y aunque no tenía educación formal, sí aprendió a leer, a escribir y hasta a cantar ópera. Por su parte, los Aycinena fueron los que tuvieron que pactar con él para evitar que los indígenas guatemaltecos se alzaran en armas contra ellos. Ahora bien, al morir Carrera en 1865, los Aycinena controlaron al nuevo presidente, el mariscal Vicente Cerna.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides: capiítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Pineda e Ibarra. pp. 325-328.
  2. Gobierno de Guatemala (1882). La traición del doctor Lorenzo Montúfar juzgada por los pueblos. Guatemala: El Progreso.
  3. Acuña Ortega, Víctor Hugo (2006) La historiografía liberal centroamericana: La obra de Lorenzo Montúfar (1823-1898). En: Revista Historia y Sociedad (12). Medellín. p. 35.
  4. Montúfar y Rivera, Lorenzo (1878). Reseña Histórica de Centro-América. I. Guatemala: Tipografía El Progreso.
  5. — (1878). Reseña Histórica de Centro-América. II. Guatemala: Tipografía El Progreso.
  6. — (1879). Reseña Histórica de Centro-América.III. Guatemala: Tipografía El Progreso.
  7. — (1881). Reseña Histórica de Centro-América. IV. Guatemala: Tipografía El Progreso.
  8. — (1881). Reseña Histórica de Centro-América. V. Guatemala: Tipografía El Progreso.
  9. — (1887). Reseña Histórica de Centro-América. VI. Guatemala: Tipografía La Unión.
  10. — (1887). Reseña Histórica de Centro-América. VII. Guatemala: Tipografía La Union.
  11. Méndez, Rosendo P. (1927). Recopilación de las Leyes de la República de Guaemala, 1922-1923. XLI Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 5-6.

Subir

20 de mayo de 1879: muere Marcelo Molina

Fachada de la catedral colonial de la ciudad de Quetzaltenango, destruida por el terremoto de San Perfecto y la erupción del volcán Santa María en 1902. En el recuadro: el jefe de Estado de Los Altos, Marcelo Molina. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En la historia del efímero Estado de Los Altos hay dos nombres que se distinguen sobre los demás: el del general Agustín Guzmán, quien fuera vice-Jefe de Estado y comandante general de armas, y el del licenciado Marcelo Molina, quien fuera el Jefe de Estado de 1838 a 1840.  Ambos lucharon por la independencia de la región altense, y ambos se estrellaron contra un rival que les resultó imposible derrotar: el general Rafael Carrera.

Molina llegó a la jefatura de Estado el 28 de diciembre de 1838, cuando tenía 38 años de edad, y siendo bachiller en Filosfía y abogado de los Tribunales, ya había servido como juez en Quetzaltenango, Suchitepéquez y San Marcos, por lo que los criollos liberales altenses confiaron en su persona para dirigirlos.  El 2 de febrero de ese año la región se había separado de Guatemala, luego de la estrepitosa caída del régimen liberal del Dr. Mariano Gálvez a manos de las huestes de Mita dirigidas por el comandante campesino Rafael Carrera.1

Tras la separación de Los Altos, el Estado de Guatemala quedó reducido a los departamentos de Verapaz, Chiquimula, Guatemala y Escuintla, y con solamente el 25% de su capacidad productiva.2 El Estado de Guatemala estaba controlado a medias por Mariano Rivera Paz, y el presidente federal, general Francisco Morazán, tuvo que intervenir para reducir a las fuerzas de Carrera a la región de Mita, y luego sustituyó a Rivera Paz por el salvadoreño Carlos Salazar en la jefatura del Estado el 30 de enero de 1839.3

Sabiendo que la autoridad de Morazán se tambaleaba, a pesar de su triunfo en la batalla del Espíritu Santo sobre las fuerzas de Honduras y Nicaragua, Carrera perpetró un golpe de estado contra Salazar el 13 de abril de 1839, restituyendo a Rivera Paz y a sus asesores aristócratas y de inmediato empezó a pensar en recuperar el territorio del Estado de Los Altos, ya que este comprendía el 75% de la capacidad productiva de Guatemala y tenía la importante frontera con México, aparte de salida al mar en Champerico.4 A partir de ese momento, Guatemala intentó negociar con los altenses, enviando como comisionados a Luis Batres Juarros y a Manuel Piñol, a quienes recibió Molina con toda cortesía, pero sin doblegarse a sus peticiones.  Para entonces, el Estado de Los Altos tenía un serio problema: las revueltas indígenas en contra de la capitación, que era un impuesto individual abusivo que dejaba a los campesinos sin poder cubrir con sus necesidades básicas.  El 1 de octubre de 1839, tras una revuelta indígena en Santa Catarina Ixtahuacán, los indígenas acudieron a Carrera para quejarse de la masacre perpetrada en su contra por el ejército de Los Altos, y esta fue la chispa que desató la guerra entre ambos estados.5

A pesar de la habilidad militar de Agustín Guzmán, sus fuerzas fueron derrotadas por Carrera en Sololá, y él mismo fue desnudado, engrilletado, y colocado sobre una mula con una manta antes de entrarlo a la ciudad de Quetzaltenango como trofeo de guerra. Al saber esto, Molina no quiso huir y se dispuso a entregar la vida por sus ideales liberales.  He aquí cómo relató lo ocurrido:

Aproximándose a la capital del Estado [de Los Altos], se pidió por mi gobierno al comandante Carrera que admitiese comisionados y ajustase con ellos un convenio, en el cual no se le exigía otra cosa que el reconocimiento de la independencia, liberal y soberanía del Estado y las autoridades constituidas y la garantía de las vidas y propiedades.6

Los presos y presidiarios se escaparon de la cárcel, y apoderándose de las armas, amenazaron al vecindario; y no hallándose por conveniente aumentar la fuerza compuesta de los pocos vecinos que se habían reunido  para conservar el orden, a tiempo que se aproximaba la de Carrera, de acuerdo con la corporación municipal, le escribí significándole la situación de la capital exigía que apresurase sus marchas.7

Su entrada a Quetzaltenango la hizo el 29 de enero, conduciendo en triunfo al comandante general [Agustín Guzmán], atravesado en el aparejo de una mula, con dos pares de enormes grillos, y cubierto con una frazada de jerga, pues se l había despojado hasta del sombrero.  Veía y no creía esta conducta bárbara del agresor, porque no me había asegurado que venía guardando otra muy diferente; pero a pesar de esto, y de la manera incivil y desatenta con que recibió a los comisionados, a quienes ni aún ni audiencia dio, yo me decidí a permanecer en el puesto para que no se tomase por motivo de la destrucción del Estado [de Los Altos] el desaparecimiento del gobierno, y porque había ofrecido solemnemente en mis proclamas, perecer antes que abandonar la silla del gobierno en los momentos de peligro. 

En mi casa me encontró el ayudante de Carrera que fué a llamarme de su orden, y en cuya presencia, en la del párroco y en la de varios individuos que me acompañaron, temerosos del objeto de aquel llamamiento, me recibió en el cuartel de la plaza en medio de su tropa, y su saludo fue llamarme a gritos pícaro y orgulloso, diciéndome que: ¿por qué no me lo había presentado, teniéndome bajo la suela de su zapato?  Me amenazó enseguida de que me haría fusilar dentro de tres horas, y luego en ademán de llevarme a que viese al general Guzmán, a quien tenía con grillos e incomunicado en una de las piezas del cuartel, medijo que me iba a mandar conducir mancornado con él para fusilarnos juntos.  Me cubrió de todo género de injurias y amenzas manifestándome sumamente resentido de que no hubiese salido a encontrarlo, ni me lo hubiese presentado en el momento de su llegada, y concluyó despidiéndome.

En Guatemala, sin embargo, se publicó por la prensa que «yo libre ya del influjo de los facciosos, había salido a la cabeza de la municipalidad y vecindario a recibir al general Carrera».

Aunque éste había comenzado de hecho a gobernar mudando a los jefes políticos, el principal objeto de aquel indigno e inaudito tratamiento, era el de amedrentarme para que huyese.  Yo no dudaba que al fin sería sacrificado; pero mi sacrificio a la independencia del Estado, fue una resolución en que no titubeé en la prolongada ansiedad del peligro. Permanecí en mi puesto, y todavía el jefe [Mariano] Rivera Paz, para justificar la usurpación, dice en su referido mensaje: «Toda autoridad había desaparecido», y luego sin pudor añade a pocas líneas contradiciéndose torpemente: «El encargado del gobierno había quedado solo».8

Carrera le perdonó la vida a Molina quien salió al exilio a México junto su familia, en donde junto con el ex-jefe de Estado de Guatemala Mariano Gálvez abrieron un prestigioso bufete de abogados.8

Cuando ya Carrera era presidente vitalicio, Molina regresó a Guatemala, y el presidente lo llamó para que desempeñara importantes puestos en el Organismo Judicial, ya dejando las rivalidades de antaño por un lado.9

Molina vivió hasta la edad de 79 años de edad, muriendo el 20 d emayo de 1879 en la ciudad de Quetzaltengo, su tierra natal.9


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1924] El libro de las Efemérides: capítulos de las Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 313.
  2. García Elgueta, Manuel (1897). Un pueblo de los Altos: apuntes para su historia. Exposición Centroamericana. Quetzaltenango, Guatemala: Popular. pp. 91-93.
  3. Hernández de León, Federico (1963) [1926]. El Libro de las Efemérides, Capítulos de la Historia de la América Central V. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 172.
  4. — (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América CentralII. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 75-81.
  5. Elgueta, Un pueblo de Los Altos: Apuntamientos para su historia (Totonicapán),  p. 100.
  6. Hernández de León, El libro de las Efemérides, VI. p. 314.
  7. Ibid., p. 315.
  8. Ibid., p. 316.
  9. Ibid., p. 317.

Subir

18 de mayo de 1892: el censo general

El gobierno del general José María Reina Barrios ordena que se proceda con el censo general del país, que debía hacerse cada cuatro años conforme a lo estipulado en el Decreto 244 de 1879.

Familia indígena de Nahualá fotografiada en 1896 por Alberto G. Valdeavellano para «La Ilustración Guatemalteca». Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El 15 de marzo de 1892 tomó posesión como presidente de Guatemala el general José María Reina Barrios, quien emitió el siguiente acuerdo gubernativo dos meses después de haber asumido el cargo:1

Palacio del Poder Ejecutivo: Guatemala, 18 de mayo de 1892.

Considerando: que en observancia del artículo 49 del decreto número 244, deberá procederse durante el presento año a la formación del censo general del país;

El Jefe del Poder Ejecutivo, acuerda:

Que la Sección de Estadística dé las instrucciones conducentes al fin indicado, pudiendo requerir la cooperación de todas las autoridades y corporaciones de la República.

Comuniqúese.

        • Reina Barrios
        • Secretario de Estado y del Despacho de Fomento, Jorge Vélez.1

El decreto 244 fue emitido por el gobierno del general presidente J. Rufino Barrios el 7 de octubre de 1879 para regular el gobierno de los departamentos. El artículo 49 de este decreto dice así:2

Art. 49. — Los Jefes políticos harán formar cada cuatro años la estadística del departamento de su mando; en cuyo trabajo harán constar con claridad y sencillez:

      1. El censo de la población, con expresion de sexo, edad, estado, oficio ó profesión, idioma y traje;
      2. Los establecimientos de enseñanza y beneficencia, fondos de que subsisten, educandos que concurren a los primeros y los que son asistidos en los segundos;
      3. Las producciones del departamento;
      4. Las industrias y número de artesanos que en ellas se ejerciten;
      5. Los pueblos, aldeas y lugares, determinando su superficie y el número de casas y su clase;
      6. Las haciendas y plantaciones que contienen; máquinas y animales de que se sirven;
      7. El número de ganado vacuno, ovejuno ó caballar;
      8. La extensión superficial de los terrenos particulares ó públicos, si los hubiere;
      9. El número, extension y clase de caminos; y
      10. El estado de las rentas del departamento, así como de los fondos municipales.2

BIBLIOGRAFIA:

  1. Gómez Carrillo, Agustín (1894). Recopilación de las Leyes emitidas de la República de Guatemala, 1892-1893. XI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 40.
  2. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación de Leyes emitidas por el Gobierno Democrático de la República de Guatemala, desde el 3 de junio de 1871, hasta el 30 de junio de 1881. II. Guatemala: Tipografía El Progreso. p. 303.

Subir

8 de mayo de 1871: la proclama liberal de Miguel García-Granados y Zavala

Recolección de café en la finca «Las Nubes» en Guatemala en 1875. Nótese la gran cantidad de trabajores. Fotografía de Eadweard Muybrige tomada de Wikimedia Commons.

Ya habían pasado seis años desde la muerte del capitán general Rafael Carrera,1 y ya los criollos liberales guatemaltecos querían un cambio político y social que les permitiera salir del control de la Iglesia Católica2 y que les facilitara utilizar a las poblaciones indígenas como mano de obra barata para las plantaciones de café que tenían planificado establecer una vez en el poder.3

Aprovechando el error táctico del mariscal Vicente Cerna de reelegirse como presidente de la República en 1869,4 los liberales iniciaron las revueltas en su contra, las cuales poco a poco fueron debilitando al gobierno conservador. Tras la muerte del mariscal Serapio Cruz, Tatalapo, y el horrible destino de su cadáver,5 los liberales acusaron al gobierno de Cerna de tiránico y se alzaron en la región occidental del país, en donde ya habían intentado formar infructuosamente el Estado de Los Altos en 1838 y en 1848.6

Uno de los personajes clave en el alzamiento era Miguel García-Granados y Zavala, a quien apodaban «Chafandín«, y quien era un criollo aristócrata que había abrazado la causa liberal, dado que había salido al exilio durante el gobierno de Carrera y en los países vecinos se dió cuenta de las grandes ventajas que ofrecía la situación guatemalteca para establecer plantaciones de café; es decir, se dió cuenta de que se podía aprovechar las grandes cantidades de tierra que poseían las órdenes regulares de la Iglesia Católica, así como las tierras de que las comunidades indígenas habían poseído desde la época colonial. Y también, fue suya la idea de utilizar a los indígenas para los cultivos del café, dada la gran cantidad de mano de obra que requiere dicho cultivo a gran escala.7

Cuando juzgó que era el momento de atacar al gobierno de Cerna, García-Granados lanzó la siguiente proclama a sus conciudadanos, en la que prometía una serie de cosas que jamás se cumplirían, ya que como frecuentemente hacen los políticos, no justificó su revolución con sus verdaderas motivaciones:

Compatriotas: he sido perseguido ilegalmente por el tirano. Tengo 20 años de combatir en la Cámara esa administración arbitraria y despótica. Mis esfuerzos no han logrado derrocarla, pero al menos han contribuido a dar a conocer sus abusos y crueldades.Nota a

Como representante de la República he sido un opositor enérgico, pero legal a los actos de arbitrariedad e injusticia del gobierno. Por mucho tiempo este no se atrevió a intentar nada en contra de mí, pero el día que triunfó sobre el general Cruz, creyó asegurada su dictadura, se quitó la máscara y me encerró en una bartolina del fuerte de San José.Nota b

Por esa razón propongo el establecimiento de un gobierno cuya norma sea la justicia, que en vez de atropellar las garantías las acate y respete; que no gobierne según a su capricho e interés privado, simplemente que sea fiel ejecutor de las leyes, sumiso y jamás superior a ellas.Nota c

Guatemala necesita una Asamblea que no sea como la presente, un conjunto, con pocas excepciones, de empleados subalternos del gobierno y de seres débiles y egoístas que no miran por el bien del país.Nota d

Queremos que haya una prensa libre; sabemos que sin esa institución no hay gobierno bueno.Nota e También necesitamos un ejército que no esté basado como el presente en la arbitrariedad y la injusticia.Nota f

Guatemala, necesita una Hacienda Pública adecuada y un sistema de impuestos nuevo; existen contribuciones onerosas que pesan sobre los pobres.Nota g Compatriotas: necesitamos un sistema eminentemente legal.6


NOTAS:

  • a: García-Granados y Zavala, a pesar de ser aristócrata, siempre fue crítico del gobierno del general Carrera. En una ocasión, cuando acusó a éste de tener mucha fuerza militar en la capital, Carrera lo «invitó» a salir al exilio si no quería ser pasado por las armas.
  • b: aquí se refiere a la muerte del mariscal Serapio Cruz, «Tatalapo«. El gobierno de Cerna persiguió a los cómplices de Cruz, entre ellos a García-Granados y Zavala. Es importante destacar que Cruz había sido compadre de Carrera e incluso firmó el acta en la que se declaró a éste presidente vitalicio en 1854. Fue hasta después de la muerte de Carrera y de la reelección de Cerna que «Tatalapo» se alzó nuevamente en armas para tratar de alcanzar el poder, como ya había hecho junto con su hermano Vicente en 1848.
  • c: basta ver el desglose de la inmensa fortuna que heredó el general J. Rufino Barrios a su viuda, Francisca Aparicio en 1885 para darse cuenta de que esta frase estuvo muy lejos de llegar a ser realidad durante los gobiernos liberales.
  • d: esta es otra frase falaz, ya que la Asamblea Legislativa se dedicó a adular en forma desmedida a los presidentes liberales, empezando por Barrios y siguiendo por el licenciado Manuel Estrada Cabrera y el general Jorge Ubico.
  • e: durante los regímenes liberales solamente hubo libertad de prensa durante los primeros años del gobierno del general José María Reina Barrios.
  • f: nótese como esta frase de García-Granados y Zavala contradice la creencia popular de que durante el gobierno conservador del general Carrera no había ejército.
  • g: pocos años después de esta proclama, el gobierno del general Barrios emitió la ley de Vagancia, forzando a los más pobres a trabajar de forma casi gratuita en las fincas cafetaleras que se habían formado. Anteriormente ya había legalizado este sistema por medio del Reglamento de Jornaleros en 1877. Así pues, el de los liberales fue en efecto un sistema legal, pero para beneficio económico de un grupo específico.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Pineda de Mont, Manuel (1872). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República III. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 351-352.
  2. Aycinena, Pedro de (1854). Concordato entre la Santa Sede y el presidente de la República de Guatemala (en latín y Español). Guatemala: Imprenta La Paz.
  3. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1877-1881 II. Guatemala: Tipografía El Progreso. pp. 69-75.
  4. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 343-345.
  5. —(1963) [1924] «El libro de las efemérides: capítulos de la historia de la América Central”. V. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 284-287.
  6. Hemeroteca PL. (30 de junio de 2016). Una lucha armada que cambió el destino de Guatemala. Guatemala: Prensa Libre.
  7. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.

Subir

1 de julio de 1875: extinguen la Pontificia Universidad de San Carlos Borromeo

Se extingue la Pontificia Universidad y se sustituye por facultades laices y por el Instituto Nacional Central para Varones.

Antiguo convento de los paulinos, convertido en la Facultad de Medicina por el gobierno de J. Rufino Barrios. En el recuadro: el ministro Marco Aurelio Soto. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

La Universidad de San Carlos de Guatemala ha sufrido varios cambios a través de su historia. Originalmente era una institución religiosa Pontificia dedicada a otorgar doctorados en cánones, teología y derecho canónico. Posteriormente se agregó la faculta de Medicina, y luego de la Independencia de Centroamérica en 1821, fue sustituida brevemente por la Academia de Ciencias y Estudios en 1832. Esta nueva academia estaba orientada al derecho laico y desechó por completo los estudios teológicos. Sin embargo, tras la revolución católico-campesina de Rafael Carrera en 1838, la Academia quedó en el abandono y la Pontificia Universidad fue restituida y estuvo vigente hasta el 1 de julio de 1875, cuando fue extinguida por el gobierno liberal del general presidente J. Rufino Barrios.

Reproducimos aquí el documento enviado por el Ministro de Instrucción Pública —el hondureño Marco Aurelio Soto, al general Barrios en aquella fecha:

La instrucción profesional en gran parte, y la segunda enseñanza en su totalidad, han estado confiadas a la Real y Pontificia Universidad de San Carlos Borromeo, regida por las constituciones dadas en 1686 por el Rey don Carlos II, el hechizado. Tales estatutos que representan las ideas, necesidades y aspiraciones de una época diametralmente opuesta a la nuestra, son los que hace poco regulaban la segunda enseñanza y los que en la actualidad determinan el carácter y condiciones de la Instrucción profesional. Bien es cierto que el doctor Gálvez, Jefe del Estado, en el año de 1832 dió algunas bases a la instrucción distintas de Carlos II, y creó la Academia de Estudios; pero en 22 de septiembre de 1855, se publicó un decreto llamado de reformas de los estatutos de la Universidad, emitido por el Presidente Carrera y refrendado por el señor Echeverría, Ministro de Instrucción Pública, en cuYo primer artículo establece: «que se tendrá com fundamental de este establecimiento, las constituciones de la Real y Pontificia Universidad de San Carlos, aprobadas por el Rey don Carlos II en 20 de febrero de 1686, y que se observará en lo sucesivo como estaba en uso en 1821, quedando en consecuencia derogadas las diferentes leyes y demás disposiciones que se han dado en esta materia».

Debido a la ley citada, la instrucción secundaria y profesional volvieron al antiguo sistema que apenas se comprende, se haya hecho revivir en este siglo que empuja casi de un modo fatal al mejoramiento de todas las instituciones y principalmente las que atañen a la enseñanza. La práctica correspondió de una manera fiel a los propósitos del legislador; así es que la segunda enseñanza centralizada en la Pontificia Universidad, se ha reducido antes de la ley de 28 de enero próximo anterior, a suministrar algunos conocimientos imperfectos del idioma latino, de filosofia por el padre Balmes y Arbolí y de elementos teóricos de física y de matemática. Con este sistema de segunda enseñanza, tan raquítico y en mucha paite absurdo, la instrucción profesional que se basa en ella, no ha podido menos de tener los mismos graves inconvenientes: ha sido incompleta, teórica, y en algunos ramos absurda.1

La ley de 24 de enero que Ud. se sirvió emitir ha removido las dificultades de la segunda enseñanza, sustituyendo su estrecho program, por demás estéril, con un plan de estudios en que la instrucción se descentrlaiza y se suministra de una manera amplia y eficaz, tal como la exigen nuestras peculiares circunstancias, y como la recomiendan los preceptos de la ciencia, comprobados por la observación y la practica entendidos en materia de instrucción pública.

Pero aun está por satisfacer la de dar una nueva y acertada organización a la instrucción superior: el proyecto que a Ud. presento, aunque defecuso bajo muchos conceptos, corrigiéndolo segun lo aconseje la experiencia en el transcurso del tiempo, tal vez contribuya a mejorar las carreras profesionales.

En el proyecto se crea la Universidad de Guatemala con un doble carácter: el de cuerpo científico y literario, y el de establecimiento encargado de dar la instrucción superior.

En la República se carece de una corporación que dé impulso a las ciencias y las letras. No hay razón para que no poseamos un instituto tan recomendable. Pero ya que, dados nuestros pocos elementos, no se puede establecer, por ahora, de un modo independiente, es oportuno y beneficioso enaltecer la índole de la Universidad, dándole los caracteres y atribuciones correspondientes a un cuerpo encargado de promover la ilustración del país, fomentando el cultivo de las ciencias y las letras.1

El segundo carácter de la Universidad es el que se refiere al encargo de dar la enseñanza de las carreras profesionales. Para este fin se divide en facultades que al mismo tiempo que gozan de los fueros de la descentralización, para arreglar el sistema de estudios que respectivamente les competen, dependen de un Consejo superior que responde de la unidad general del sistema, y que atiende a que las facultades cumplan con los fines de su institución.2

Las materias de enseñanza son prácticas y extensas. Esto último podría hacer creer que se trata de dificultar los estudios superiores. Mas no es así. De lo que se trata es de que los individuos que obtengan un título, no lo obtengan para ostentarlo vanamente, siendo por otra parte por su incompetencia inútiles para sí mismos, para sus familias, y para la sociedad. De lo que se trata es de levantar de su postración las carreras profesionales para que ellas lleguen a significar en los que las posean instrucción sólida, práctica y extensa que les proporcione en cualquier tiempo y en cualquier país, medios de vivir digna e independientemente.2

En cuanto a las cátedras, a primera vista aparece como más justo y liberal proveerlas por oposición de las personas que deseen desempeñarlas. Sin embargo, la observación rechaza esa idea de importancia aparente. El sistema de oposiciones fuera de las injusticias a que da lugar, aleja los profesores de gran mérito y de reputación conocida que no quieren exponerse a un éxito dudoso. Además, el resultado de un concurso no prueba siempre la superioridad en el que obtiene una cátedra, siendo preciso tambien buscar no sólo el profesor que posee la ciencia, sino a la vez el que sabe enseñarla. A esto se agrega que el resultado de las oposiciones, entre nosotros, casi siempre sería adverso a los propóstios que debe llevar la enseñanza sostenida por el Estado. Un jurado de oposición, cuanto más, puede apreciar los conocimientos profesionales, pero no el carácter de las ideas de los profesores y la influencia que éstas ejercerán bajo el punto de vista social, político y filosófico. Los antecedentes de Guatemala y sus actuales circunstancias sugieren poderosas razones para desechar el sistema de cátedras por opoisicón.2 Merced a ésta se encargarían de la enseñanza individuos que, educados en los aciagos tiempos del absolutismo y bajo la inspiración de las ideas más oscuras y retrógadas, llevarían a la cátedra la difusión constante de enseñanzas refractarias a los principios de reforma y progreso que el Gobierno de Ud. se ha empeñado en sostener a todo trance. Resultado semejante es tan inadmisible como funesto: viciaría el ánimo de la juventud, que es el porvenir del país, plagándolo de preocupaciones detestables; y así se imposibilitaría para siempre el logro del fin más grande y saludable que debe tener la enseñanza, cual es el de sembrar en los jóvenes las ideas y las aspiraciones que directamente tienden a la verdadera ilustración de la República. Por todas estas razones se establece en el proyecto que al Gobierno corresponde el nombramiento de profesores en vista de las ternas que para el efecto deben presentarle las Facultades de la Universidad, que son las llamadas a juzgar de la competencia científica de los profesores.3, Nota a

Dividida la corporación de la Universidad en Facultades encargadas de la enseñanza es natural suprimir el Colegio de Abogados y el Protomedicato, establecimientos que en la práctica han correspondido escasamente a los fines de su institución, y cuyos encargos y atribuciones pueden tenerlos con notable ventaja las Facultades de jurisprudencia y de medicina. Por tal motivo el proyecto previne la supresión de los instituto mencionados.3

En atención a lo recomendado por Soto,Nota b el general Barrios emitió el siguiente decreto:4

Decreto Num. 140

J. Rufino Barrios, General de División y Presidente de la República de Guatemala, Decreta:

La siguiente ley orgánica de instrucción superior.

Art. 1°.— Se extingue la Pontificia Universidad de San Carlos Borromeo, y en su lugar se crea la Universidad de Guatemala.

Art. 2°.— La Universidad de Guatemala se instituye:

        1. Como cuerpo científico y literario encargado de promover el adelanto de las ciencias y de las letras en la República.
        2. como cuerpo destinado a suministrar la instrucción superior o profesional.[…]

Art. 7°.— Corresponde la dirección de la Universidad a un Consejo superior compuesto del Rector, Vice-Rector, y Decanos de las Facultades.

Art. 8°.— El Consejo superior tiene las obligaciones que siguen:

        1. Inspeccionar el servicio profesional de las Facultades.
        2. Tratar de que cada una de ellas cumpla su reglamento especial.
        3. Hacer en el sistema de enseñanza, con aprobación del Gobierno, las reformas que se consideren convenientes.
        4. Indicar al Gobierno las nuevas cátedras que en los diversos ramos de los estudios sea oportuno establecer.
        5. Dar un informe anual por medio del Rector a la Secretaria de Instrucción pública, sobre el estado de la enseñanza en cada una de las Facultades, manifestando los obstáculos que deban removerse y las mejoras que convenga introducir, y,
        6. Convocar a juntas a todos los individuos de la Universidad, siempre que se trate de asuntos de interés general en orden a la instrucción superior.Nota c

Art. 9°.— El Rector y Vice-Rector son de nombramiento del Gobierno. Su cargo durará dos años y podrán ser reelectos.[…] 4,Nota c

Art. 22.— La Universidad de Guatemala comprende, por ahora, las siguientes Facultades: de Jurisprudencia y Ciencias políticas y sociales, de Medicina y Farmacia, y de Ciencias eclesiásticas.

Art. 23.— Las Facultades enunciadas tendrán la dirección e inspección inmediatas de los estudios profesionales.

Art. 24.— Por ahora se compondrá cada facultad de nueve individuos nombrados por el Gobierno.

Art. 25.— Cada Facultad será regida por una Junta dirrectiva compuesta por un Decano, un Vice Decano, dos Vocales y un Secretario.

Art. 26.— El Decano y el Vice-Decano serán nombrados por el Gobierno: los demás individuos de Junta directiva electos por mayoría de votos de los miembros de la Facultad. Todos duraran dos años en el ejercicio de sus funciones y podrán ser reelectos.[…]5,Nota c

Art. 38.— Para el nombramiento de los profesores, las Facultades formarán sus respectiva ternas, las que aprobadas por el Consejo Superior, pasará por medio del Rector al Gobierno, quien nombrará los individuos que han de desempeñar las cátedras.[…]

Art. 40.— Los profesores tendrán el desempeño de su empleo todo el tiempo que dure su buen comportamiento.[…]6

Art. 44.— Habrá dos exámenes previos al otorgamiento del título facultativo. El primero será privado, durará cuatro horas y versará sobre todas las materias de las asignaturas de la facultad: en él servirán de réplicas tres individuos de la misma, de los que no ejerzan cargo de la Junta directiva y designados por ésta. El segundo será público y durará dos horas, y versará sobre punto de la ciencia señalado por la Junta directiva: de este asunto tratará el cursante en una tesis préviamente escrita e impresa, y servirán de examinadores los vocalesde la Junta directiva, y otro individuo de la Facultad nombrado por la Junta.[…]

Art. 49.— El Colegio de Abogados y el Protomedicato se suprimen, y sus funciiones se reasumen, en todo lo que sea compatible con esta ley, las del primero, en la Facultad de jurisprudencia y ciencias políticas y sociales, y las del segundo, en la Facultad de medicina y farmacia.

Art. 50.— Quedan derogadas todos disposiciones que directa ó indirectamente se opongan a lo dispuesto en esta ley.

Dado en Guatemala, a 1 de julio de 1875.

        • J. Rufino Barrios
        • El Ministro de Instrucción Pública, Marco A. Soto7

NOTAS:

    • a: en todo este párrafo, en el que Soto adula a Barrios ensalzándolo por los supuestos logros de la corriente liberal al eliminar la enseñanza religiosa, recomienda eliminar el sistema de cátedras por oposición aduciendo que es defectuso, pero propone sustituirlo por uno mucho peor: que el presidente de la República eliga a un profesor de una terna presentada por las facultades. Este sistema significó que los profesores universitarios eran designados por el presidente de turno, con lo que solamente las ideas liberales que le interesaban al gobierno se enseñaban en la universidad.
    • b: Soto fue colocado en la presidencia de Honduras en 1877 por Barrios, como parte de su plan para lograr la unificación centroamericana.
    • c: las autoridades de la Universidad eran nombradas y controladas directamente por el presidente Barrios. De esta forma la educación superior obedecía a las necesidades del régimen liberal.

    BIBLIOGRAFIA:

    1. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación de las Leyes del Gobierno Democrático de la República de Guatemala. I. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 371.
    2. Ibid., p. 372.
    3. Ibid., p. 373.
    4. Ibid., p. 374.
    5. Ibid., p. 376.
    6. Ibid., p. 377.
    7. Ibid., p. 378.

    Subir

17 de abril de 1838: nace Angel María Arroyo

Nace el Padre Arroyo, influyente colaborador del general J. Rufino Barrios, quien abrazó la causa liberal a pesar de ser sacerdote

Una calle de la ciudad de Guatemala en el siglo XIX. Al fondo se ve la Iglesia del Carmen, de la que el padre Arroyo fue prioste. En el recuadro: el doctor Angel María Arroyo. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Uno de los personajes influyentes en la política guatemalteca que han caído en el olvido es el doctor Angel María Arroyo, quien era conocido simplemente como «el padre Arroyo» durante el gobierno del general presidente J. Rufino Barrios. En su carrera eclesiástica fue prioste de la Iglesia del Carmen y maestro de ceremonias de la Catedral.1

Arroyo nació el 17 de abril de 1838, en medio de la turbulencia provocada por el derrocamiento del jefe de Estado Mariano Gálvez a manos de la revolución católico campesina dirigida por el comandante Rafael Carrera.  Dado que se crió durante el régimen de los 30 años, llegó a ser monseñor y prelado doméstico de Su Santidad.  Durante el gobierno del mariscal Vicente Cerna llegó a la Cámara de Representantes en 1867 y formó parte del grupo de «los avanzados» junto con el mariscal José Víctor Zavala, el licenciado Arcadio Estrada y Miguel García-Granados.1

Tras el triunfo de la revolución de 1871, abrazó la causa liberal a pesar de la persecución a los intereses de la iglesia y formó parte de todas las Asambleas Legislativas y Constiyentes, llegando incluso a ser el presidente de varias de ellas.2  Fue adulador incondicional del general Barrios, a pesar de ser sacerdote, y bautizó a varios hijos de ministros, de quienes el presidente fue el padrino.3,Nota a

Eventualmente, Barrios lo convenció de dejar los hábito y cuando el presidente pidió permiso a la Asamblea Legislativa para salir de viaje a hacerse cargo personalmente de la negociación del Tratado de Límites con México, el padre Arroyo propuso que el Estado pagara los viáticos del gobernante, a pesar de que era de todos sabido que Barrios utilizaba el erario nacional como si de sus fondos personales se tratara.4  Arroyo dijo en aquella oportunidad: «Nunca imaginé que pudiera presentar la más pequeña dificultad ante la conciencia de ninguno de los señores representantes la moción que, impulsados por un sentimiento de verdadero patriotismo, hemos hecho a la Asamblea varios diputados… Nunca creí que sonara en el seno de la Asamblea la palabra de ‘atravesamos crisis económica’, cuando se está tratando de hacer la erogación más justa y más fundada y ha de ser la base del engrandecimiento y de la riqueza nacional, atendiendo el carácter progresista del ilustre viajero…»  Al final, la Asamblea aprobó la petición, aunque Barrios la rechazó diplomáticamente y Arroyo lo acompañó en el viaje.5

En 1884 a Barrios le interesaba reconciliarse con la iglesia católica para tener más apoyo para su plan de lograr la Unificación Centroamericana, y lo nombró como ministro plenipotenciario de Guatemala ante la Santa Sede, quedando encargado de redactar el Concordato de 1884, el cual quedó listo el 2 de julio de ese año, pero ya no pudo ser discutido por la Asamblea Legislativa porque ésta había cerrado sus sesiones ordinarias para ese período.5,Nota b

Cuando murió el general Barrios el 2 de abril de 1885, Arroyo era presidente de la Asamblea Legislativa y fue instrumental para evitar que el Ministro de la Guerra, general Juan M. Barrundia, se quedara en el poder.  Consiguió que el primer designado a la presidencia, Alejandro M. Sinibaldi, renunciara en favor del segundo designado, general Manuel Lisandro Barillas,6 quien a la sazón era Jefe Político de Quetzaltenango y quien llegó a la ciudad a marchas forzadas para hacerse con el poder, en medio del sepelio del fallecido ex-presidente.7

Durante el gobierno de Barillas fue ministro de Relaciones Exteriores y de Instrucción Pública, pero su cercanía con el presidente Barrios hizo que fuera víctima de los conservadores por haberse aliado con «el enemigo de la religión y de las tradiciones» sabiendo la corrupción imperante en el régimen y el destino de las propiedades confiscadas.8

Arroyo fue también  miembro fundador de la Academia Guatemalteca de la Lengua y murió en México el 8 de febrero de 1893, a donde había salido exiliado tras la salida del general Manuel Lisandro Barillas de la presidencia el 15 de marzo de 1892; para entonces, había perdido la razón víctima de una enfermedad provocada por sus excesos. Sus restos fueron repatriados en 1901 y fueron colocados en el Cementerio General de la Ciudad de Guatemala.9


NOTAS:

  • a: entre ellos estaba Jorge Ubico Castañeda, hijo del licenciado Arturo Ubico Urruela, ministro y embajador durante el gobierno de Barrios.
  • b: este concordato ya nunca fue ratificado por el gobierno del general Barillas.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1929]. El libro de las Efemérides: Capítulos de los Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 117.
  2. Ibid., p. 118.
  3. Arroyo, Manuel María (1883). Contestación de la Asamblea Nacional legislativa al mensaje que el señor general presidente constitucional don J. Rufino Barrios le dirigió al instalarse extraordinariamente el 5 de octubre de 1883. Guatemala: El Progreso.
  4. Lainfiesta, Francisco (1975) [1886]. Apuntamientos para la Historia de Guatemala; Período de 20 años corridos del 14 de abril de 1865 al 6 de abril de 1885. Guatemala: Pineda e Ibarra. pp. 226-227.
  5. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 149.
  6. Guerra, Viviano (1886). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1883-85 IV. Guatemala: Tipografía de Pedro Arenales. p. 341.
  7. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 33-34.
  8. Hernández de León, El libro de las Efemérides, VI., p. 120.
  9. Ibid., p. 121.

Subir

12 de abril de 1888: muere el doctor José Luna

Fallece el eminente médico José Luna, quien fuera Protomédico de Guatemala de 1860 a 1872.

Sala de pacientes en el antiguo Hospital San Juan de Dios en la Ciudad de Guatemala a finales del siglo XIX. En el recuadro: el Dr. José Luna, protomédico de Guatemala de 1860 a 1872. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons e Historia de la Medicina en Guatemala.

El doctor José Luna nació en Metapán, estado de El Salvador el 1 de septiembre de 1805 y después de recibir una educación esmerada por parte de sus padres, se trasladó a la ciudad de Guatemala, en donde obtuvo el bachillerato en Filosofía en la Nacional y Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo en 18251 y luego el grado de licenciado en Medicina y Cirugía Latina el 29 de agosto de 1829  tras haber sido Primer Practicante hasta 1828.1,2 Tras graduarse viajó a Europa, en donde obtuvo el doctorado en la Facultad de Medicina de París el 12 de enero de 1833.3

De regreso en Guatemala muchas habían cambiado, y ya estaba gobernando en el Estado el Dr. Mariano Gálvez, un líder liberal.  Entre los cambios, estaba que ya no existía la Pontifica Universidad, sino que ahora había una Academia de Estudios, dirigida por el Dr. Pedro Molina, en donde Luna impartió adhonorem las cátedras de Historia Natural, Partos y Vendajes y luego fue nombrado por el Dr. Gálvez como catedrático de Prima de Medicina y Cirujano Mayor del Ejército.4

Ahora bien, para entonces los frailes regulares habían sido expulsados y los curas párrocos ya no disfrutaban del diezmo obligatorio quedando una situación precaria.  Por otra parte, también se habían establecido impuestos individuales excesivos a los campesinos así como las leyes laicas del Código de Livingston, las cuales no se aplicaban a la realidad de los campesinos.  En medio de todo esto, se desató una epidema de cólera asiático, que fue la gota que derramo el vaso del descontento popular.5

El gobierno de Gálvez se movió rápidamente.  Desde que se supo del primer brote en Jilotepeque en Chiquimula, el jefe de Estado dictó medidas de resguardo de la salud pública, y organizó juntas de sanidad, fundó cementerios para las víctimas del cólera y no escatimó en gastos para hacer frente a la emergencia.6 Pero cuando intentó establecer cordones sanitarios que impedían a los pobladores ir a sus fuentes de agua, estalló una revuelta campesina en la región de Mataquescuintla, dirigida por el comandante Rafael Carrera.5

En medio de esta crisis, Gálvez perdió el control de su propio partido y se empezaron a circular los rumores de que era el gobierno el que estaba envenenando a las comunidades mandando venenos disfrazados como medicinas, lo que agravó la situación sanitaria.   La enfemedad hizo estragos hasta en la ciudad de Guatemala, y en Jilotepeque la situación llegó a ser tan grave, que ante la gran cantidad de fallecidos, ya no podían enterrarlos bien y los perros los desenterraban, propagando aún más la epidemia.7

Entre los médicos que enfrentaron la enfemedad estuvo el doctor José Luna, quien daba instrucciones a voluntarios para que fueran a las diferentes regiones a aplicar los remedios dada la grave escacez de doctores.  Y él mismo fue al poblado de Petapa, en sustitución del doctor Quirino Flores, en donde logró salvar a muchos enfermos y dió lecciones sobre la profilaxia del cólera y cómo tratar a los afectados.3

Gálvez terminó siendo derrocado por el levantamiento de la montaña y tuvo que salir al exilio mientras que el doctor Luna se quedó en el país colaborando con el gobierno de Mariano Rivera Paz, un estudiante de Medicina que tuvo hacerse cargo de la Jefatura del Estado en medio de aquellas críticas circunstancias.7 En 1841, junto con los doctores Eusebio Murga y Nazarao Toledo pidieron al Rector de la restituida Pontificia Universidad que les concedieran algunos cadáveres del Hospital General para estudiar la Anatomía, ya que en esa época los estudios en esta materia estaban muy atrasados.8

Luego de que Rivera Paz entregara el gobierno al general Rafael Carrera —quien se había convertido en el hombre fuerte de Guatemala tras derrocar a Gálvez—, el doctor Luna partió nuevamente para París, en donde fue a profundizar sus conocimientos médicos durante dos años, al cabo de los cuales regresó a Guatemala y fue catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad de San Carlos de Borromeo.  A finales de 1846 empezó los tratamientos de reumatismo con yoduro de potasio y en 1847 recibió de París «un aparato para romper las piedras en la vejiga» y ensayó, por disposición del gobierno del general Carrera, el entonces nuevo descubrimiento del «etherismo o inhalación del éter que se aplica a los enfermos para evitar los dolores en las operaciones quirúrgicas» reportando en 1850 que sus experimentos fueron exitosos.4

Durante la guerra contra los filibusteros de William Walker en Nicaragua, un soldado desertado de los buques nacionales llegó a la ciudad de Guatemala el 8 de julio de 1857 y murió al día siguiente, afectado por el cólera.  Aquel fue el inicio de una nueva epidemia en el país y el 16 de julio se formó la Junta de Sanidad, de la que formó para el Doctor Luna, junto con José María de Urruela, Buenaventura Lambur, José Balcárcel y Andrés Fuentes Franco. Aquella epidema fue desastrosa para el país, dejando más de diez mil fallecidos y treinta mil infectados, incluyendo a la esposa del presidente capitán general, Rafael Carrera. Entre las víctimas también estuvo el primer médico del Hospital General, doctor Quirino Flores, quien fue sustituido el Dr. Luna.4

En 1858, empleó con éxito el licor de Sistach —un preparado con ácido arnioso— contra las fiebres palustres y el sulfato de quinina contra las disenterías de que adolecían los pacientes que habían tenido cólera.9 Finalmente, en 1860 el Dr. Luna fue nombrado como Protomédico, también en sustitución del Dr. Flores, para lo cual tuvo que doctorarse en Guatemala de conformidad con las leyes que regían en ese entonces.4

El 14 de abril de 1865 fue uno de los médicos que embalsamaron el cadáver del presidente vitalicio Rafael Carrera y En 1868, viendo que la enseñanza de la Medicina era deficiente, nombró una comisión, compuesta de los doctores Manuel Saravia y J. González Mora, para que estudiaran detenidamente el asunto y el 13 de enero de 1869, propusieron que se crearan las cátedras de Terapéutica, Obstetricia, Farmacología Y Medicina Legal, de las cuales solamente se enseñaban nociones, y los estudiantes tenían que pagar a profesores privados para aprenderlas. Aquellas clases se iniciaron inmediatamente, y para ayudar a la Tesorería de la Facultad, cada estudiante tuvo que pagar matrículas extra de un peso al mes para cursarla. El Dr. Luna fue nombrado catedrádico de Obstetricia.9

El Dr. Luna dejó el protomedicato en abril de 1872, y fue sustituido en mayo de ese mismo año por el doctor Nazario Toledo.  Dejó como legado haber sido el primer médico que usó el sulfato de quinina, las inyecciones hipodérmicas, la eterización, la cloroformización, el litotritor, el licor de Sistach y las píldoras de Segond, entre otras.4 Falleció el 12 de abril de 1888 a los 83 años de edad.6


BIBLIOGRAFIA:

  1. Asturias, Francisco (1902). Historia de la Medicina en Guatemala. Guatemala: Tipografía Nacional, p. 522.
  2. Ibid., p. 316.
  3. Ibid., p. 523.
  4. Ibid., p. 524.
  5. Solís, Ignacio (1906) Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. En: Colección de Documentos Históricos y Biográficos. I. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 15-25.
  6. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 89.
  7. Ibid., p. 91.
  8. Asturias, Historia de la Medicina en Guatemala, p. 289.
  9. Ibid., p. 388. 

7 de abril de 1885: Zaldívar se niega firmar la paz con Guatemala

Tras la victoria en Chalchuapa, el presidente salvadoreno Rafael Zaldívar se niega a pactar la paz con Guatemala.

El antiguo Hospital Militar en la ciudad de Guatemala, acondicionado durante el gobierno de J. Rufino Barrios. En el recuadro: la muerte del general Barrios en Chalchuapa. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Cuando el general presidente J. Rufino Barrios lanzó su proclama unionista el 28 de febrero de 1885, pensaba que contaba con el apoyo incondicional de los presidentes de El Salvador y Honduras, a quienes él mismo había colocado en el poder en sus respectivos países.1

Pero Barrios no sabía que estaba siendo traicionado por el presidente salvadoreño Rafael Zaldívar, cuyo canciller había hecho que los Estados Unidos y México se opusieran rotundamente al plan de Barrios.  Barrios se enteró por medio del telegrama que el general Porfirio Díaz, presidente de México, le envió el 7 de marzo, y en donde le decía que sabía que su intento de unión era rechazado por los gobiernos de Nicaragua, Costa Rica y El Salvador, y que México estaba preparado para tomar acción ante la «amenaza de la independencia y autonomía de las naciones del continente«. Por su parte, los Estados Unidos se mantenían a la expectativa, aunque en El Salvador se decía que la política de ese país era hostil hacia las intenciones del presidente guatemalteco.2

Después de que Barrios murió en Chalchuapa el 2 de abril la noticia llegó de forma confusa a El Salvador. El 3 de abril se supo que un general Barrios había muerto, pero no se sabía si era el presidente o su hijo, el general Venancio Barrios. Y luego, en la mañana del 4 de abril, llegó un parte oficial que decía «el enemigo ha habandonado todas las posiciones que ocupara ayer frente a Chalchuapa. Se dice que el general Barrios va en cama, y aquí tenemos su propia espada con sus iniciales y guarnición de oro, rota«.  Finalmente llegó el parte de la una y media de la tarde, que decía: «el plomo salvadoreño arrancó la vida del general J. Rufino Barrios, Presidente de Guatemala; ya no existe el jefe valeroso del gobierno tiránico que nos arrojó el guante3

El júbilo se desbordó entre los salvadoreños y el orgullo vencedor se hizo evidente en todo lo que se escribió en esa época.  Luego, cuando Guatemala revocó el decreto del 28 de febrero, los representantes de italia, Francia, Alemania, Inglaterra, España y Estados Unidos hablaron con Zaldívar para se firmara la paz, pero éste no aceptó.  Y es que el presidente salvadoreño, antiguo títere del fallecido presidente Barrios —y a quien le había tendido una trampa en Chalchuapa—, se desbordó de júbilo y quería llegar hasta la ciudad de Guatemala.  He aquí lo que  proclamó el 7 de abril:

El suelo salvadoreño está limpio de guatemaltecos; ante la fuerza de nuestras armas huyen despavoridos.  Sigamos adelante, hasta colocar la bandera redentora en lo alto del Palacio de los Capitanes Generales. Repito lo que decía a los comienzos de la guerra: «si avanzo, seguidme; si retrocedo, matadme; si los enemigos me matan, vengadme. ¡Oh, salvadoreños prosigamos adelante, sin detenernos un momento!»

Se me hacen propuestas de paz; las hacen cuando ya están vencidos.  Nosotros queremos la paz, porque los pueblos no pueden avanzar en la lucha fraticida. Pero habremos de exigir que se nos indemnice de los daños inferidos y, sólo con el avance sobre las tierras guatemaltecas, lograremos que se reparen en su justo precio, los daños que se nos han causado con esta guerra injusta.4

Pero Zaldívar era antipático para los mismos salvadoreños y sus llamados no obtuvieron respuesta.  Así que cuando el presidente hondureño Luis Bográn ya no siguió con ningun movimiento militar sobre El Salvador, se firmó la paz del Namasigüe el 18 de abril. Eventualmente, Zaldívar ya no podía permanecer en la presidencia y renunció cuando empezó la revolución del general Francisco Menéndez, quien fuera amigo personal de Barrios.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Guerra, Viviano (1886). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1883-85 IV. Guatemala: Tipografía de Pedro Arenales. pp. 332-337.
  2. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 56.
  3. Ibid,,  p. 57.
  4. Ibid,,  p. 58.
  5. Ibid,,  p. 59.

Subir

7 de marzo de 1885: Barrios decreta la libertad de prensa en Centroamérica

El general J. Rufino Barrios, en calidad de haberse autonombrado Jefe Supremo del Ejército de la Unión Centroamericana, declara que habrá libertad de prensa en toda la región.

7marzo1885
La Plaza de Armas de la Ciudad de Guatemala en 1875 en una fotografía de Eadweard Muybridge. A la derecha la fuente de Carlos III en donde Barrios hizo fusilar a los supuestos implicados en un complot en su contra en 1877. En el recuadro: el general J. Rufino Barrios. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Al momento de embarcarse en su ambicioso proyecto de lograr la Unión Centroamericana, el estado mental del general J. Rufino Barrios estaba sumido en una obsesión en contra de los autores de un atentando en su contra que había ocurrido el 13 de abril de 1884, al punto que, según su ministro de Fomento Francisco Lainfiesta, solamente de eso hablaba en las reuniones de Ministros.

De acuerdo a Lainfiesta, aquellas reuniones transcurrían de esta manera:1

Se paseaba el general Barrios por su despacho con las manos asidas por detrás; allí estábamos los seis ministros con los brazos cruzados, lo más del tiempo silenciosos. Barrios hablaba y hablaba de los asesinos, de la ramerita de [Guillermo] Rodríguez, del chicherito, etcétera y repentinamente se acercaba a decirnos: «Si ustedes quieren, saquen a esa tal Rodríguez sáquenlo, sáquenlo; pónganlo en libertad… pero yo le mando pegar antes mil palos.»

Esto decía y repetía con frecuencia, como respondiendo a objeciones que él imaginaba se le hacían en favor de Rodríguez; o como para prevenir que se le hicieran, y era en aquellos arranques, cuando solía agarrarse la cabeza, diciendo: «Si esto no acaba pronto, voy a parar en loco».

Santos Soto [otro de los acusados] recibió orden de permanecer en el interior y en la hora del movimiento de Palacio, frente a la entrada de la casa, para que todos le viesen entrar y fuese como un fantasma funesto que a muchos había de causar susto. […] Además, pasaba Soto algunas horas en el despacho presidencial, sentado allí entre los ministros, lo que parecía expresamente dispuesto así por Barrios en son de burla o menosprecio de sus altos funcionarios.1

A don Juan Rodríguez lo hizo trasladar al Palacio Nacional, frente por frente de la casa de la presidencia, ocupando el lujoso saloncito destinado al despacho del presidente. Allí encontré a Rodríguez inesperadamente […] Por la noche le hacía pasar Barrios a la casa y permanecer hasta las nueve, […] tomando parte en la terturlia que allí formaban algunos de los ministros. Yo estuve una vez en esa terturlia.2

Concluye Lainfiesta su relato diciendo: «Si no fue mediando un verdadero trastorno mental, ¿sería posible imaginar procedimientos tan torcidos y extravagantes como los relacionados?»2

Con respecto a la situación en el país a principios de 1885, dice Lainfiesta:

El país se encuentra como desmayado o detenido en su anterior derrotero de movimiento y acción. El precio del café es desfavorable y esto desalienta a los agricultores; la Hacienda Pública, entregada a las más ruinosas transacciones para sobrellevar a medias el peso de las necesidades; el crédito de los ministros de Barrios a excepción de Cruz y Díaz Mérida, y el de varios particulares, comprometidos en fianzas a favor del Tesoro Nacional, arrancadas en son de companerismo y amitad; y la atmósfera general, pesada y oscura a cauas de las crueles zozobras y sufrimientos del ano fatal recién pasado. Y Barrios delirando siempre con la bomba y con nuevos proyectos de asesinato de su persona; hasta concluir con que era indispensable llevar a cabo la Unión Nacional, único recurso, decía «que nos queda para asegurar la tranquiidad y las conquistas de la revolución de 1871».3

En medio de esta situación, ante las críticas contra su idea de unión que se estaban dando en Nicaragua, Honduras y El Salvador, y que se referían a él como «el salvaje de San Marcos«, Barrios emitió un decreto aduciendo que iba a permitir la libertad de prensa en toda Centroamérica, tal y como supuestamente lo había estado haciendo en Guatemala bajo los principios liberales.4 Por supuesto, aquello era propaganda para su proyecto unionista, porque en Guatemala no había tal libertad de expresión; basta solamente el ejemplo de la renuncia en 1882 del embajador de Guatemala ante los Estados Unidos, licenciado Lorenzo Montúfar, para darse cuenta de que lo que se publicaba en el país era únicamente alabanzas a favor del presidente.5

Reproducimos a continuación aquel decreto unilateral que emitió Barrios el 7 de marzo de 1885 para que el lector juzgue su contenido:

J. Rufino Barrios, General de División y Supremo Jefe Militar de la Unión de Centro-América,

Considerando: que proclamada la Unión de las Repúblicas de la América Central debe tratarse de alcanzar desdo luego un sus más impotantes objetos, el que sean amplias, electivas y prácticas las garantías de que los ciudadanos, eficazmente amparados por la autoridad y por la ley, han de gozar bajo un régimen verdaderamente liberal;

Que el Jefe de la Unión se ha esforzado por establecer y consolidar en la República de Guatemala tales garantías, y entre ellas, muy principalmente, la libertad de la prensa, sin la que no puede decirse que haya instituciones de- mocráticas ni que el ciudadano sea libre, cuando no tiene el ejercicio de uno de sus más sagrados derechos; pero, ó no se han comprendido é interpretado debidamente los propósitos que a este respecto le inspiran los principios que profesa; ó no han podido secundarse a causa de la incertidumbre y pequeñez en que la desunión ha mantenido a estos pueblos, pequeñez que así como no ha permitido que adquieran riqueza y prosperidad material, tampoco les ha hecho sentir la necesidad de usar de aquellos derechos indispensables en una República realmente digna de este título y formada de hombres libres;

Que hoy es tiempo de que la prensa, sacudiendo todo temor, use de toda la libertad que necesita para ser provechosa y fecunda, y para constituirse en vigorso auxiliar é intérprete de la opinión y en poderosa palanca del progreso; y es tiempo de que comprendiéndose rectamente la intención del Jefe de la Unión de sostener por todos los medios á su alcance, la libertad y respeto de esa salvadora institución; le ayuden todos aprovechándose de ella y procurando los beneficios que de su amplio ejercicio han de resultar;

Que de ese modo se darán á conocer y podrán cor regirse los desmanes en que incurran las personas revestidas de autoridad; y por lo mismo, es preciso impedir severamente que éstas, puedan en algún caso, abusar de su posición, y salirse de los límites que fijan las leyes actuales para el ejercicio de esa libertad, que solo son propiamente los de no emplearla para ejecutar un delito, DECRETA:

Art. 1.° — El Jefe Supremo de la Unión, bajo su más estrecha responsabilidad, ampara, protege y sostiene en todo Centro-América la amplia libertad de la prensa, sin previa censura y sin otras restricciones qne las de la ley vigente.

Art. 2.° — Lejos de oponerse a que se comenten ó censuren sus propios actos oficiales, o los de cualquiera otra autoridad o empleado, excita a todos a que públicamente externen sus opiniones a este respecto, y las defiendan sin ningún miramiento o reserva.

Art. 3.° — Cualquiera autoridad o empleado que, de hecho o abusivamente, fuera de los casos, o sin la forma y garantías que la ley establece,proceda en cualquier sentido, contra periodistas o escritores que por la prensa censu- ren sus actos ó los del Gobierno ó sus agentes, incurrirá en destitución inmediata de su cargo ó empleo é inhabilitación perpetua para ejercerlo.

Dado en Guatemala, a 7 de marzo de 1885,

        • J. Rufino Barrios
        • Fernando Cruz6

A pesar de este decreto y otro emitido el 9 de marzo en el que aseguraba que no buscaba la presidencia de la región para sí, Nicaragua y Costa Rica se pusieron en pie de guerra, y México reforzó su frontera. Finalmente, el 22 de marzo se firmó el tratado de alianza entre Nicaragua, Costa Rica y El Salvador, y se declaró la guerra contra Guatemala.4 Irónicamente, el tratado se firmó en El Salvador, cuyo presidente Rafael Zaldívar había sido títere de Barrios desde que éste lo había puesto en el poder en 1876.7


BIBLIOGRAFIA:

  1. Lainfiesta, Francisco (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. Período de 20 años corridos del 14 de abril de 1865 al 6 de abril de 1885. Guatemala: Pineda e Ibarra. p. 325.
  2. Ibid, p. 326.
  3. Ibid, p. 354.
  4. Selva, Buenaventura; Durán, José; Zaldívar, Rafael (Septiembre 1938) Tratado de alianza: entre Nicaragua, El Salvador y Costa Rica, oponerse al general Justo Rufino Barrios que amenazaba la soberanía e independencia de aquellas repúblicas en 1885. Revista de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua. 2, (4), 425-428 Managua: Academia de Geografía e Historia de Nicaragua.
  5. Gobierno de Guatemala (1882). La traición del doctor Lorenzo Montúfar juzgada por los pueblos. Guatemala: El Progreso. pp. 3 y siguientes.
  6. Guerra, Viviano (1886). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1884-1885. IV. Guatemala: Imprenta de la Unión. pp. 338-339.
  7. Lainfiesta, Apuntamientos para la Historia de Guatemala. p. 176.

Subir