20 de enero de 1780: Audiencia da ultimatum a arzobispo Cortés y Larraz

Tras más de seis años de resistirse al traslado a la Nueva Guatemala de la Asunción luego del terremoto de Santa Marta, la Audiencia de un ultimatum al arzobispo Cortés y Larraz para que renuncie a su cargo.

20enero1780
Vista de la Ciudad de Antigua Guatemala en 2010. Al fondo, el Volcán de Agua. En el recuadro: retrato del arzobispo Pedro Cortés y Larraz. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El arzobispo de Guatemala, Pedro Cortés y Larraz fue el principal opositor al traslado de la dañada ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala su nuevo solar en el Valle de la Ermita, principalmente porque comprendía que la idea era debilitar la posición del clero frente a las autoridades civiles de la Capitanía General de Guatemala.

Debido a las Reformas Borbónicas que se iniciaron en la segunda mitad del siglo XVIII, la relación entre el Estado y la Iglesia Católica en el Imperio Español se resquebrajó, y por ello la ciudad ya no fue reconstruida como había ocurrido tras los terremotos de San Miguel en 17171 y de San Casimiro en 17512.  La nueva familia real -los Borbones- tenía ideas que simpatizaban con la Ilustración y poco a poco fue alejándose del rígido dogma católico; de hecho, en 1767, el rey Carlos III proclamó la Pragmática Sanción por la cual expulsó a la otrora poderosa e intocable Compañía de Jesús de todos sus territorios, lo que puso sobre aviso al resto de órdenes religiosas.3

En esa situación se encontraba el Estado Español cuando ocurrió el terremoto de Santa Marta en 1773, lo que fue aprovechado por el Capitán General Martín de Mayorga para forzar el traslado de la ciudad a una nueva ubicación y con ello restarle considerable poder económico al clero, que perdería sus posesiones.  Esto lo comprendión perfectamente el arzobispo Pedro Cortés y Larraz, quien desde un principio se opuso rotundamente al traslado.4

Si bien la nueva ciudad se trasladó oficialmente el 2 de enero de 1776, cuando se celebró el primer cabildo en el Valle de la Ermita, el arzobispo se quedó en Santiago de los Caballeros, junto con el clero secular bajo su mando, aunque hubo un momento en que la tensión fue tal, que los miembros del Cabildo eclesiástico se vieron en un serio dilema, porque por una parte el arzobispo los amenazaba con la excomunión si no le obedecían, mientras que el Capitán General los amenzaba con enviarlos a la Inquisición si se quedaban en la ciudad.4  Por su parte, los frailes del clero regular, todavía amedrentados tras las expulsión de los jesuitas, dócilmente abandonaron sus dañados palaciegos conventos y se trasladaron a endebles estructuras de madera en la nueva ciudad, en lo que se construían sus nuevas instalaciones.5

En un arranque de ira, Cortés y Larraz presentó su renuncia, aunque luego recapacitó y la retiró; pero para entonces el rey ya le había invitado a retornar a España y habían nombrado al arzobispo Cayetano de Francos y Monroy como nuevo arzobispo de Guatemala.  Al enterarse de esto último, Cortés y Larraz advirtió a los miembros del Cabildo Eclesiástico, diciéndoles que “esas bulas tienen vicios sustanciales, porque han sido libradas en virtud de una renuncia que yo ya retiré; y aún cuando se tuviera en cuenta dicha renuncia, ha sido desestimada por un real acuerdo de 15 de agosto de 1775.”6

En 1779 el Capitán General Mayorga partió para México, a donde había sido nombrado Virrey,7 y Cortés y Larraz continuaba aferrándose a su arquidiócesis. De hecho, al regreso de una visita pastoral a Santiago de los Caballeros, la población salió a recibirlo con gran entusiasmo y cariño; todas las casas estaban adonadas y hubo comisiones con bandas de música que salieron a recibirlo.6  Al ver esto, la Real Audiencia se dió cuenta de que la situación podía desembocar en una guerra civil, por lo que el 20 de enero de 1780 le enviaron a Cortés y Larraz de la Nueva Guatemala una notificación en la que le advertían sin mayores preámbulos que sería expulsado por la fuerza de Guatemala si no acataba el mandato real de retornar a España.  Y también lo conminaron a que condediera el pase a las bulas del nombramiento de Francos y Monroy.8  

Para hacer efectivo el ultimatum, la Audiencia nombró al Oidor Tomás Calderón para que fuera a Santiago de los Caballeros a entregar personalmente esta misiva con instrucciones de que regresara con la renuncia firmada por el arzobispo.  Ante esto, Cortés y Larraz, no tuvo más remedio que renunciar, y salir de Santiago de los Caballeros con rumbo a Sololá.  En Panajachel se encontró con la comitiva del nuevo arzobispo, pero no cruzó palabra con éste.8


BIBLIOGRAFIA:

  1. Rodríguez Girón, Zoila; Flores, José Alejandro; Garnica, Marlen (1995). «El real palacio de Antigua Guatemala: arqueología y propuesta de rehabilitación». En Laporte, L.P; Escobedo, H. Simposio de investigaciones arqueológicas en Guatemala (Guatemala: Museo Nacional de Arqueología y Etnología, versión digital).
  2. Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (2008). Apuntes sobre las obras de rehabilitación del Colegio de la Compañía de Jesús. Guatemala. Archivado desde el original el 4 de junio de 2014.
  3. Real Gobierno de España (1805) [1775]. Novísima Recopilación de las Leyes de España mandada formar por el señor don Carlos IV. Madrid. pp. 181-183.
  4. Hernández de León, Federico (1963) [1926] El Libro de las Efemérides; Capítulos de la Historia de América Central. V. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 116
  5. Melchor Toledo, Johann Estuardo (2011). «El arte religioso de la Antigua Guatemala, 1773-1821; crónica de la emigración de sus imágenes»tesis doctoral en Historia del Arte (México, D.F.: Universidad Nacional Autónoma de México).
  6. Hernández de León, El Libro de las Efemérides, p. 117.
  7. Orozco, Fernando. Gobernantes de México (2004 edición). Panorama. p. 484. ISBN 9789683802606
  8. Hernández de León, El Libro de las Efemérides, p. 118.

 

10 de enero de 1812: fundan la Universidad de León

Las Cortes Generales y Extraordinarias reunidas en Cádiz expiden el Decreto CXVI, creando la Universidad de León, Nicaragua, en el Seminario conciliar de esa ciudad.

2abril1885
El edificio de la Universidad de León en Nicaragua en 2012. En el recuadro: el escudo del Consejo de Regencia del rey Fernando VII durante las Cortes de Cádiz, que estableció la Universidad de León. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El 10 de enero de 1812, las Cortes Generales y Extraordinarias reunidas en Cádiz expidieron el Decreto CXVI, en virtud del cual se crea la Universidad de León, Nicaragua, en el Seminario conciliar de esa ciudad, con las mismas facultades que las demás de América, á solicitud del Obispo Nicolás García Xerez. Aquella nueva universidad, segunda en el Reino de Guatemala después de la Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo en la Nueva Guatemala de la Asunción fue fundada por un decreto dice así:<sup1

Decreto CXVI

De 10 de enero de 1812

Erección de Universidad en el Seminario conciliar de León de Nicaragua

Atendiendo las Cortes Generales y extraordinarias a las circunstancias particulares en que se halla el seminario conciliar de León de Nicaragua, y a las ventajas que en general resultan a la Nación de fomentar el establecimiento de educación pública, decretan:

      1. En el Seminario conciliar de León de Nicaragua se erigirá universidad con las mismas facultades de las demás de América.
      2. El Consejo de Regencia, con presencia de la solicitud y testimonio remitido por el R. Obispo de León de Nicaragua, y de los establecido en la Península con respecto a las universidades reformadas, ordenará el plan que haya de seguirse en la de León.

Lo tendrá entendido Consejo de Regencia, y dispondrá lo necesario a su cumplimiento, mandándolo imprimir, publicar y circular.

Dado en Cádiz a 10 de enero de 1812.

        • Manuel de Villafañe, presidente
        • Josef Antonio Sambiela, diputado secretario
        • José María Gutiérrez de Terán, diputado secretario.1

Al Consejo de Regencia. Reg. fol. 174.1

Este establecimiento, el único de educación literaria que existía en Nicaragua, y la segunda universidad en el Reino de Guatemala durante la época colonial, casi había desaparecido totalmente durante la inestabilidad que aquejó a Centroamérica tras la formación de las Provincias Unidas del Centro de América el 1 de julio de 1823.2 Finalmente, la universidad fue restablecida el 10 de octubre de 1831, por medio el decreto que se reproduce a continuación y que muestra la fragilidad de la región centroamericana en la época en mención:3

La Asamblea Constituyente del Estado:

considerando: que uno de los medios mas eficaces de promover la felicidad pública, y consolidar el sistema que nos rige, es facilitar la instruccion de la juventud y propagar las luces atendiendo á que esto se logra en mucha parte con los establecimientos literarios, y considerando: que el único que habla en el mismo Estado, que es la Universidad de esta ciudad, al presente se halla reducido á nulidad, suspensa la enseñanza de las ciencias que allí se estudiaban y sin esperanza de su establecimiento sin una especial proteccion de los Supremos Poderes del propio Estado y sin los auxilios pecuniarios que exige la escasez de sus fondos; ha venido en decretar y decreta:

Art. 1°. El Gobierno dispondrá que á la mayor brevedad posible se restablezcan las aulas y la enseñanza de las ciencias que se estudiaban en la Universidad de esta ciudad; dando al efecto las correspondientes órdenes para que el Rector de dicha Universidad, si lo hubiere, y estubiere en la misma ciudad, ó el Doctor más antiguo en su defecto, haga reunir el Claustro, quien acordará y dispondrá lo conveniente á fin de que se verifique el pronto restablecimiento de la espresada enseñanza, siguiendo en todo lo dispuesto por la Constitucion particular de la propia Universidad, y por las demas disposiciones legales.

Art. 2°. El mismo Claustro dispondrá que el Catedrático de Derecho romano dé tambien alternativamente lecciones de Derecho público, y explique asi mismo la Constitucion Federal de la República y la del Estado cuando esté decretada; debiendo los cursantes concurrir á esta aula al mismo tiempo, que cursan la de leyes para poder obtener el grado de Br. en uno ú otro derecho.

Art. 3°. Tambien deberá el Claustro cuidar de que las ciencias que se estudian en la Universidad se expliquen por Autores de buena opinion, y análogos á las luces del siglo.

Art. 4°. La Tesorería de diezmos proveerá a la Universidad del fondo de vacantes que debe ingresar á la Tesorería general, mil doscientos pesos, para el pago de las rentas de los Catedráticos de Gramática, Filosofía, Teología, Moral, Teología dogmática, Cánones, Instituta y Medicina; cuya cantidad se distribuirá en esta forma: cien pesos para el Catedrático de Cánones, la misma cantidad para el de Medicina, y doscientos pesos para los restantes: el mismo Catedrático de Cánones gozará ademas otros cien pesos de los fondos de la Universidad, y el de leyes los doscientos que siempre ha disfrutado de los mismos fondos. Comuníquese al Gobierno para que lo haga cumplir, publicar y circular

Dado en Leon á 21 de octubre de 1825.

      • Gregorio Porras, diputado presidente
      • Silvestre Selva diputado secretario
      • Francisco Parrales, diputado secretario

Es copia fiel de su origen. Ministerio general del Supremo Gobierno. Granada, octubre 10 de 1831.3


BIBLIOGRAFIA:

  1. Cortes Generales y Extraordinarias (1812). Colección de los decretos de órdenes que han expedido las Cortes Generales y Extraordinarias. II España: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. p. 50-51.
  2. Marure, Alejandro (1895). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la República de Centro-américa. Guatemala: Tipografía Nacional. p.170. 
  3. De la Rocha (s.f.). Recopilación de las Leyes, Decretos y Acuerdos Ejecutivos de la República de Nicaragua en Centro– América. Nicaragua: Asamblea General de la República de Nicaragua.

17 de diciembre de 1693: agradecen al rey la restitución del capitán general

El Ayuntamiento criollo acuerda elevar un memorial al Rey para agradecer la restitución del capitán general Jacinto Barrios Leal

17diciembre1693
Castillo de San Felipe de Lara en Izabal, Guatemala. Este fue reforzado por el presidente Jacinto de Barrios Leal luego de haber sido atacado por piratas en su camino a tomar posesión como Capitán General de Guatemala. En el recuadro: la firma del capitán general Barrios Leal. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons. y de “Gobernantes de Guatemala del siglo XVII“.

El capitán general Jacinto Barrios y Leal había tomado posesión el el 26 de enero de 1688, luego de haber tenido problemas con piratas en su camino hacia Guatemala.1  Ya durante su gestión tuvo que enfrentarse a la crisis que se derivó del enfrentamiento entre los criollos comerciantes y el Superintendente Real de Aduana, Enríquez de Selva en 1688,2 y a los destrozos provocados por el terremoto del 12 de febrero de 1689, el cual destruyó el Real Palacio, las Casas Consistoriales y varios templos católicos.3 Y por si esto fuera poco, en forma ilícita, comerciantes peruanos vendían varios productos al Reino de Guatemala. Toda esta situación hizo que el licenciado Fernando López de Urziño fuera nombrado juez pesquisidor el 13 de marzo de 1690 para que “secreta y extrajudicialmente” verificara si Barrios Leal estuvo involucrado en el contrabando entre Guatemala y el Perú, además de la agresión sufrida por el supertindente y el acoso al Oidor Francisco de Valenzuela.4

El licenciado Fernando López de Urzino y Orbaneja llegó el 1 de febrero de 1691 a Santiago de los Caballeros, para encargarse de la comisión de juez de residencia del presidente y capitán general de caballería Jacinto Barrios Leal.5 López de Urziño tomó el poder y envió a Barrios Leal a reclusió primero a Patulul y luego a Santa Ana. A pesar de esto, la población seguía en contacto con él, lo que obligó al juez de residencia y presidente interino a celebrar un cabildo abierto el 1 de octubre de ese año para notificar a los alcaldes, capitulares y vecinos, que tenían que cesar toda comunicación con Barrios Leal, porque éste estaba “sometido a juicio de Su Majestad“. 5 Al cabo de un tiempo, el juez pesquisidor presentó serias acusasiones contra el Presidente, las cuales fueron refutadas por éste. Y mientras esperaban la resolución, la corrupción en los asuntos de la Corona prosperó por el descuido del presidente y del pesquisidor, y por el poder que ya ostentaban los criollos locales que retaban a las autoridades peninsulares.4

Uno de los asuntos más importantes que tuvo que resolver López de Urzino fue la elección del rector de la Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo, la cual se realizaba el 5 de noviembre de cada año, pero como desde 1689 existía un litigio por la compatibilidad del maestrescuela de la Catedral, doctor Lorezno Pérez Dardón para ociupar el cargo, el claustro le expuso al presidente interino la necesidad de celebrar una junta para elegir al nuevo rector. López de Urzino y Orbaneja se excusó de conocer el asunto, aduciendo que había que esperar la resolución del rey.6

Los ánimos políticos de la ciudad estaban muy caldeados con fuertes bandos contra el presidente y las autoridades peninsulares.  Por ello, el 10 de junio de 1692, para estar mejor preparado y más seguro ante el descontendo de la población, junto con la la Real Audiencia que presidía prohibió que hubiera armas de fuego en las casas particulares, y ordenó que fueran depositas en la Sala Real de Armas del Palacio.5 Aunque esto ayudó un tanto, la exaltación se mantenía, pues exactamente un año después, la Real Audiencia prohibió que los indígenas hicieran “juntas o mitotes” en sus festividades y que “usaran armas, sino que solamente usaran fuegos de cohetes, bombas y ruedas de pólvora“.7

Mientras esperaban la resolución real sobre el juicio de residencia, los miembros del ayuntamiento recibieron una carta del nuevo presidente, Gabriel Sánchez de Berrope el 21 de julio de 1693, anunciado que iba a llegar próximamente a la ciudad.  Y, finalmente, el 23 de noviembre de 1693, en real acuerdo extraordinario de justicia, el juez de residencia y presidente interino, junto con los oidores y fiscal de la Real Audiencia acordaron obedecer la Real Cédula por la cual el general Barrios Leal fue restituido en su puesto de presidente.8

El 17 de diciembre de ese año, el Ayuntamiento celebró un cabildo extraordinario para despedir al licenciado López de Urzino y Orbaneja, al terminar su comisión, y el mismo día dispusieron que despidieron al juez de residencia, acordaron elevar un memorial al rey para agradecerle que hubiera restituido al capitán general a su antiguo puesto.8


BIBLIOGRAFIA:

  1. Cabezas Carcache, Horacio (2017) Gobernantes de Guatemala en el siglo XVII. Guatemala. p. 128.
  2. Ibid., p. 136.
  3. Ibid., p. 135.
  4. Ibid., p. 137.
  5. Pardo, J. Joaquín (1944). Efemérides de la Antigua Guatemala, 1541-1779. Guatemala: Unión Tipográfica, p. 86.
  6. Ibid., p. 87.
  7. Ibid., p. 88.
  8. Ibid., p. 89.

16 de noviembre de 1555: establecen la Correduría de Lonja

El ayuntamiento de Santiago de los Caballeros de Guatemala acuerda establecer la Correduría de Lonja y pone a su cargo a Diego Ponce

16noviembre1555
Ruinas del templo de La Merced en la Antigua Guatemala en 1926. Al fondo se observa el complejo volcánico Fuego-Acatenango. En el recuadro: la porta de la Recordación Florida del capitán Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán, historiador criollo guatemalteco. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Los Corredores de Lonja eran burócratas del reino español que incluían a los Corredores de Mercancías, de Seguros y Fletes, y de Cambio, entre otros.  Con la conquista de América la reglamentación del comercio en tan vasta región se hizo de vital importancia para el Imperio Español por lo que por Real Cédula de 1527, el emperador Carlos V instituyó el oficio de corredor de Lonja aplicable a la Nueva España.1

En las colonias americanas se extendió la aplicación de las Ordenanzas de Bilbao, que mantuvo un principio monopolista de la profesión de corredor, permitiendo a las partes libremente contratar, otorgándoles seguridad jurídica pues los documentos en que intervenían tenían carácter de instrumento público.1

De acuerdo a estas Ordenanzas, los Corredores de Lonja estaban reglamentados de la siguiente forma:2

  1. Los Corredores de Lonja debían ser nombrados por los Cónsules, con la obligación de prestar juramento, ratificándolo a principio de cada año.
  2. Debían ser naturales del Reino y vecinos de la villa, ser hombres de buena opinión y fama, prudentes, secretos, hábiles e inteligentes en el comercio.
  3. Proponer los negocios con discreción y modestia, sin exagerar las partes y calidades, proponiéndolo sinceramente.
  4. Al intervenir en letras debían llevarlas del Librador al Tomador, y estar presentes si lo pedían las partes en la entrega, peso y medida de las mercancías.
  5. Estaban obligados a llevar un libro foliado para los asientos diarios de las operaciones en que intervinieran.
  6. Se les prohibía hacer por si o para si mismos negocio alguno, bajo pena de ser multados la primera vez y destituidos la segunda.
  7. Se les prohibía ser aseguradores por mar ni tierra, ni tener interés en navíos.
  8. El corretaje debía ser pagado por mitad entre el vendedor y comprador.
  9. Debían prestar también juramento cada año de haber llevado bien su libro y demás registros.2

En la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, el ayuntamiento acordó establecer la Correduría de Lonja el 16 de noviembre de 1555 y nombró a Diego de Ponce para hacerse cargo de la misma.3


BIBLIOGRAFIA:

  1. Astiazarán, Adrián Ahumada (2018) Evolución histórica de la Correduría Pública. Conociendo sus orígenes. En: Iuris Tantum (28). p. 243.
  2. Ibid., p. 242.
  3. Pardo, J. Joaquín (1944). Efemérides de la Antigua Guatemala. 1541-1779.  Guatemala: Unión Tipográfica. p. 8.

6 de noviembre de 1779: aprueban planos de la Catedral

El rey de España emite la Real Cédula aprobando los planos de la catedral de la Nueva Guatemala de la Asunción

6noviembre1779
Vista del Altar Mayor de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de Guatemala en 2017. En el recuadro: los planos del Palacio Arzobispal, residencias eclesiásticas y cementerio presentados al arzobispo Cayetano de Francos y Monroy. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Si bien la capital del Reino de Guatemala se trasladó oficialmente de la destruida ciudad de Santiago de los Caballeros a la Nueva Guatemala de la Asunción el 2 de enero de 1776, la nueva ciudad se fue construyendo muy lentamente, tardando varias décadas en llegar a tener una infraestructura eficiente.1 De hecho, luego de la Independecia de Centroamérica el 15 de septiembre de 1821, de la Guerra Civil Centroamericana de 1826-29 y de las guerras internas entre los Estados que siguieron,  la ciudad no pudiera progresar verdaderamente sino hasta en 1851.

Uno de los edificios afectados por este lento proceso de construcción a pesar de su importancia fue la Catedral Metropolitana de Santiago en la nueva ciudad.  Inicialmente la Catedral se mantuvo en la destruida ciudad de Santiago de los Caballeros, debido a que el arzobispo Pedro Cortés y Larraz se negó rotundamente a que el clero secular se trasladara a la nueva ciudad; pero cuando fue sustituido forzosamente por el arzobispo Cayetano de Francos y Monroy, Cortés y Larraz huyó a El Salvador y la Catedral se trasladó a la nueva capital el 22 de noviembre de 1779. Los retablos, muebles e instrumentos de la antigua Catedral de Santiago se quedaron en la antigua iglesia, aunque en 1783 fueron retirados y almacenados en el edificio de la Real y Pontificia Universidad de San Carlos Borromeo de la ahora llamada Antigua Guatemala y en la sacristía de la iglesia de El Sagrario, que funcionaba en el recinto de la destruida catedral -y que actualmente todavía funciona, pero convertida en la Parroquia de San José Catedral-.2

A pesar de la renuencia de Cortés y Larraz, las autoridades civiles ya estaban trabajando en la construcción de la nueva Catedral y el arquitecto Marco Ibáñez, el delineador Antonio Bernasconi -quien llegó desde España en julio de 1777- y el ingeniero Joaquín de Isasi tuvieron a cargo el levantamiento de los planos de la misma. Después de dos años de trámites, lograron que los planos fueran aprobados por Real Cédula del 6 de noviembre de 1779, la cual arribó a Guatemala en febrero de 1780.El nuevo arzobispo de Guatemala, Cayetano Francos y Monroy, bendijo el solar y colocó la primera piedra de la Catedral en 1782,2 y el capitán general, el teniente general y caballero español distinguido Matías de Gálvez se hizo cargo de la reconstrucción de la Ciudad hasta que fue promovido a Virrey de México en 1783, por su grandes servicios al derrotar y expulsar a los ingleses en la isla de Roatán en Honduras.3

Los trabajos de construcción de la Catedral se iniciaron formalmente el 13 de agosto de 1783, con los cimientos para las criptas, paredes y columnas de la Catedral.  Mientras se hacían los trabajos, la catedral estuvo asentada provisionalmente en una pequeña capilla, pero la misma se dañó rápidamente obligando a que la catedral se trasladara en 1786 al Beaterío de Santa Rosa.2 El 15 de marzo de 1815 fue llevada procesionalmente desde su trono en la Provisional Catedral la imagen de Nuestra Señora del Socorro, la cual fue colocada en el altar principal de su capilla, en donde ha permanecido desde entonces. Para entonces, ya estaba terminada la mayor parte del templo y entonces trasladaron el órgano a la misma, así como numerosas imágenes de santos, todas en procesión solemne. La iglesia se inauguró oficialmente en esa fecha con una solemne misa de Acción de Gracias.4

En 1816 se retiró el oro de los retablos de la antigua catedral y con ese mismo se doraron los retables en la nueva catedral. En 1821, se construyeron las dos torres del lado oriente -torres menores que daban hacia el cementerio de la ciudad, que era parte del complejo de la Catedral y que estaba en donde ahora se encuentra el Mercado Central-.  En esas torres se colocaron los primeros campanarios y en 1826 se instalaron las puertas del lado oriente, sur y poniente, y las rejas a las claraboyas de las criptas.4

Pero en 1826 se inició un grave período de inestabilidad política en el país cuando el presidente federal, general Manuel José Arce y Fagoaga hizo prisionero al jefe de Estado de Guatemala, Juan Barrundia, presionado por los criollos aristócratas y eclesiásticos que veían como las leyes federales y estatales atacaban sus privilegios.5 El líder conservador aristócrata Mariano de Aycinena tomó el poder en Guatemala, pero el resto de estado centroamericanos, liderados entonces por criollos liberales, se rebelaron contra el poder federal y se inició la Guerra Civil Centroamericana.  Esta Guerra Civil concluyó el 14 de abril de 1829, cuando las fuerzas del general liberal Francisco Morazán invadieron la Nueva Guatemala de la Asunción y saquearon cuanto pudieron.  Poco después, fueron expulsados del país los criollos aristócratas, los frailes regulares y el arzobispo metropolitano, Ramón Casaus y Torres, quedando la Catedral cerrada por falta de un líder eclesiástico.6,7

La iglesia permaneció cerrada hasta febrero de 1838, cuando las huestes católico-campesinas del general Rafael Carrera hicieron su entrada triunfal en la ciudad luego de derrotar a las fuerzas estatales del gobierno del Dr. Mariano Gálvez.  Aquella revolución había sido promovida por los curas párrocos del clero secular que no habían sido expulsados, quienes aprovecharon los errores políticos de los liberales, en especial el tributo individual contra los indígenas y campesinos mestizos, los códigos de Livingston y sus leyes laicas que no se aplicaban a la realidad guatemalteca y el hecho de que los liberales estaban haciendo negocios con los “herejes” británicos.  Al ingresar a la ciudad, lo primero que pidieron los campesinos alzados fue que abrieran la Catedral, y cuando el Deán intentó oponerse diciendo que a la Santa Iglesia no entraba chusma y mucho menos armada, los líderes del movimiento lo amenazaron de muerte para que la abriera.8

Con el retorno de los conservadores al poder, aprovechando el descalabro liberal que produjo la revuelta campesina, se derogaron todos los decretos anticlericales y poco a poco retornaron los frailes y las autoridades eclesiásticas.  Pero durante toda la década de 1840 el país vivió un período de anarquía que obligaba a que los pocos ingresos que tenía el estado se utilizaran en financiar las constantes guerras. No fue sino hasta que el general Carrera derrotó definitivamente a los criollos liberales centroamericanos en la Batalla de La Arada el 2 de febrero de 1851 que el país finalmente se pacificó y nuevamente se empezó a pensar en la infraestructura de la ciudad.9

Con Carrera firmemente en el poder, y ya nombrado presidente vitalicio desde 1854, continuaron los trabajos en la Catedral.  El 23 de julio de 1860 fue colocado el nuevo altar de mármol de Carrara, el cual sustituyó el antiguo Altar Mayor que era de madera dorada y dimensiones mayores y que fue trasladado al Beaterio de Santa Rosa.4

Finalmente se construyeron las torres principales de los campanarios y del bronce de los cañones del fuerte de San José fue fundida la campana mayor de la Iglesia de la Catedral, la cual fue bendecida en 1871, en celebración del Concilio Vaticano I, y desde entonces es conocida como “La Chepona”.4 Pero ese mismo año se produjo la Revolución Liberal que nuevamente implementó las políticas anticlericales, que dejaron a la iglesia con muy pocos fondos hasta que se inició el gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera.10


BIBLIOGRAFIA:

  1. Melchor Toledo, Johann Estuardo (2011). «El arte religioso de la Antigua Guatemala, 1773-1821; crónica de la emigración de sus imágenes»tesis doctoral en Historia del Arte (México, D.F.: Universidad Nacional Autónoma de México).
  2. Ibid., p. 170.
  3. Stephens, Alexander (1804). Public Characters, Volume 4. (en inglés) Impreso para R. Phillips, por T. Gillet. OCLC 1929272.
  4. Melchor Toledo, El arte religioso de la Antigua Guatemala. p. 172.
  5. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. pp. 32-35.
  6. Marure, Alejandro (1844). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la república de Centro América, desde el año de 1821 hasta el de 1842. Guatemala: Imprenta La Paz.
  7. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. Tomo II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  8. Solís, Ignacio (1906) Memorias de Carrera, 1837 a 1840. Guatemala: Tipografía de Sánchez y de Guise. 
  9. Sierra González, Aída Lucila (2001). «La batalla de la Arada». Guatemala: Servicio de Historia Militar, Sección de Investigaciones Históricas, Museo Militar. Archivado desde el original el 21 de diciembre de 2014.
  10. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación de las Leyes emitidas por el Gobierno Democrático de la República de Guatemala, desde el 3 de junio de 1871, hasta el 30 de junio de 1881 I. Guatemala: El Progreso.

31 de octubre de 1755: finalizan camino entre Omoa y Santiago de Guatemala

Finalizan el camino entre el puerto de Omoa, en la costa de Honduras, y la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala.

31octubre1755
Un camino en Guatemala en 1840, aproximadamente. Así eran todos los caminos en el Estado en esa época. Nótese el uso de indígenas para transportar carga y viajeros cuando los caballos no pueden transitar por las veredas. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

La estructural vial de la Capitanía General de Guatemala era paupérrima, al punto que la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala se comunicaba con el resto del Reino por medio caminos  de herradura, que en general eran escabrosos y difíciles y que estaban eran  interrumpidos por ríos y barrancos. Aunado a esto, lo insalubre de las regiones selváticas de Izabal, Verapaz y Petén provocaba que muchos viajeros procedentes de España contrajeran paludismo y perdieran la razón en su camino hacia la capital del Reino. (Nota de HoyHistoriaGT: Debido a esto, llegar a la costa actual de Belice era sumamente difícil y esto fue aprovechado por los corsarios ingleses, que establecieron un enclave en la región a la que no podían llegar ni las autoridades de Yucatán, ni las de Guatemala. Este enclave -que se extendía desde Yucatán hasta el río Belice- era controlado por la corona británica desde la isla de Jamaica y luego de la Independencia de Centroamérica fue el centro de operaciones de los ingleses en la región.)

Las vías de comunicación eran de vital importancia, pero la teconología de la época no permitía que se construyeran caminos adecuados. Desde el prinicipoi de la colonia, el 28 de enero de 1538, el emperador Carlos V, ordenó que se construyeran y conservaran caminos y puentes para que pudieran transitar carretas, y  con ello ayudar a evitar que los indígenas cargaran carga y personas. Luego, por medio de la Real Cédula del 20 de enero de  1541 se ordenó a los Ayuntamientos que tuvieran bajo su cuidado la  construcción y conservación de caminos. 1

Para tener mejor  comunicación con el puerto de lztapa, ubicado en la costa del Océano Pacífico, el 31 de julio de 1538 el Cabildo dispuso abrir un camino de carretas, de modo que pudiera ir una y venir otra, salvo en los estrechos. Se ofreció a quienes lo abrieran el privilegio de  comerciar con las carretas por dos años o vender sus derechos. El 22 de  agosto de dicho año propuso tomarlo Antonio Salazar, pidiendo se doblase  a cuatro años la concesión, porque la carretada hasta la mar no pasaba  de veintisiete pesos, por lo que los miembros del Cabildo le concedieron tres años el 31 de enero de 1539. El camino que construyó  Salazar era una vereda por donde podían pasar las carretas tiradas por  bueyes y mulas.1

El licenciado Alonso López Cerrato, presidente de la Real Audiencia, presentó un proyecto para la construcción  de varios caminos en la provincia de Guatemala el 9 de noviembre de 1548, y luego, en junio de 1549  el monarca español ordenó que se enviaran bestias de carga a Guatemala, y envió órdenes a  López Cerrato para que se gastaran de su Real Hacienda mil pesos oro para abrir  caminos al Golfo y al Mar del Sur. 1

El 7 de junio de 1550 la Real Audiencia anunció al rey que se había  iniciado la construcción de una vía que comunicaría la nueva capital de Santiago de los Caballeros con las  costas del norte, la cual fue concluida en 1576.

Cuando era capitán general Alonso Criado de Castilla se descubrió y comenzó á utilizar el puerto de Santo Tomás de Aquino, que actualmente se conoce como “Santo Tomás de Castilla” en su honor.  Para  1615, cuatro años después del fallecimiento de Criado de Castilla, avanzaba la construcción del camino entre Santiago de los Caballeros el puerto, bajo los auspicios de su sucesor, el Conde de la Gomera.

Finalmente, en octubre de 1754, durante el gobierno del Mariscal de Campo Alonso Arcos y Moreno se dispuso llevar a cabo el reconocimiento de un  posible camino desde Santiago de los Caballeros de Guatemala hasta el puerto de Omoa en las costa de Honduras. Este camino se inició desde  Omoa y el 31 de octubre de 1755 se unió en Gualán, con el trazo hecho  por Pedro Truco que saliendo de la capital de la Capitanía General, pasaba por Mixco hasta llegar a la ribera del río Motagua, que desde entonces ha servido como la principal vía de comunicación desde las regiones del altiplano guatemalteco y los puertos en el Atlántico.

La construcción de caminos no mejoró luego de la Independencia de Centroamérica, ya que los criollos locales se enfrascaron en una guerra civil que provocó que la región se mantuviera prácticamente estancada hasta 1851. En Guatemala, no fue sino hasta el gobierno de J. Rufino Barrios (1873-1885) que se utilizó el trabajo forzoso de indígenas para abrir caminos que permitiera sacar la producción de café de las nuevas plantaciones que se formaron con el cultivo a gran escala de ese grano, y posteriormente, el mismo gobernante introdujo el ferrocarril para el transporte de la producción de las mismas fincas.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Dirección General de Caminos (s.f.) La Dirección General de Caminos, Quiénes Somos. Guatemala: Ministerio de Comunicaciones, Gobierno de Guatemala.

14 de octubre de 1794: autoriza publicación de la Gazeta de Guatemala

El Rey de España autoriza que se publique la Gazeta en el Reino de Guatemala

14octubre1794
La Plaza de Armas de la Nueva Guatemala de la Asunción en la década de 1840. Estas estructuras estaban a medio construir en 1796. En el recuadro: facsímil de una de las páginas de la Gazeta de Guatemala. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Un personaje importante para la difusión de la cultura en Guatemala fue el señor Ignacio Beteta, quien aprendió el oficio de encuadernador al lado del español Antonio Sánchez Cubillas, quien le vendió su imprenta el 18 de junio de 1785 cuando éste regresó a España. De hecho, desde algunos días antes de celebrarse el contrato, Beteta ya se había hecho cargo del taller y para 1788 editó el voluminoso “Manual de párrocos“, que luego fue mandado a reimprimir por el arzobispo Cayetano de Francos y Monroy. Además, en 1789 publicó la Descripción de las Exequias de Carlos III, con un lujo y profusión de grabados hasta entonces desconocidos en Guatemala.1 Es importante destacar que para entonces, la capital del Reino se acababa de trasladar de la destruida ciudad de Santiago de los Caballeros a la Nueva Guatemala de la Asunción en 1776 y apenas estaba empezando a reconstuirse.2

Deseoso de que en Guatemala se llevasen a cabo publicaciones similares a las que se hacían en las capitales de los virreinatos de Nueva España y el Perú, publicó una “Guía de Forasteros“, a instancia del Capitán General Bernardo Troncoso Martínez del Rincón, en la que consignó la cronología de los capitanes generales y obispos del reino. En base este arduo trabajo, solicitó al Gobierno que se le otorgase privilegio exclusivo para la impresión de las Guías y de los Almanaques; sin embargo, como ya las imprentas de Bracamonte y de la Viuda de Arévalo tenían a su cargo los almanaques, únicamente pudo obtener las Guías ya indicadas, y los almanaques de bolsillo como premio de consolación.1

A mediados de 1793, después de haber visto un ejemplar de “El Mercurio Peruano“, que poco antes había circulado en Lima, tuvo la idea de publicar un periódico en el Reino de Goathemala y para ello envió un ejemplo de su publicación a la Real Audiencia para que lo aprobaran. En estos tiempos, los trámites tardaban años debido a lo lento del transporte, y por ello aunque la aprobación del Rey fue extendida el 14 de octubre de 1794, no se supo en Guatemala sino hasta casi dos años más tarde.1

En vista de la buena acogida que tuvo la Gazeta, Beteta tuvo la idea de publicar dos números al mes, para lo que nuevamente tuvo necesidad hacer las gestiones correspondientes, pero en 1798, con el pretexto de que el papel escaseaba debido a la guerra que había con la Gran Bretaña, le fue notificado que suspendiese la publicación.  Es más, las autoridades peninsulares recomendaron al Capitán general que estuviese pendiente de que en el periódico no se insertasen noticias ni discursos que pudiesen ser perjudiciales a la tranquilidad de sus vasallos, ni a las buenas costumbres.  Y es que no faltaron entre los primeros dignatarios del reino, incluyendo entre ellos a un arzobispo y a un oidor, quienes denunciaran que el periódico de Beteta atentaba contra las máximas de fidelidad al Soberano y hasta a las buenas costumbres.1

Años después, el 16 de septiembre de 1821, con motivo de la Independencia de Centroamérica, Beteta llamó a su establecimiento “Imprenta de la Libertad“, la cual siempre funcionó en la esquina de la Séptima Calle Oriente y Callejón del Pino en el Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala, en donde permaneció en funciones hasta la muerte de Beteta, ocurrida el 2 de septiembre de 1827, a la edad de 70 años.1

Si bien Beteta dejó de publicar la Gazeta de Guatemala en 1816, ésta no murió con él, ya que fue resucitada por el gobierno conservador de Rafael Carrera, que la utilizó como su diario oficial.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Fundación Biblioteca Miguel de Cervantes (s.f.). La Imprenta en Guatemala. España: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
  2. Melchor Toledo, Johann Estuardo (2011). «El arte religioso de la Antigua Guatemala, 1773-1821; crónica de la emigración de sus imágenes»tesis doctoral en Historia del Arte (México, D.F.: Universidad Nacional Autónoma de México).

31 de agosto de 1544: Guatemala apela las Leyes Nuevas

La Real Audiencia de los Confines informa al Emperador de España que Santiago de los Caballeros había apelado las Leyes Nuevas

31agosto1543
Lienzo de Tlaxcala, mostrando los combates entre los indígenas tlaxcaltecas y las tropas de Pedro de Alvarado contra las tropas de la región de Iximché. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El 31 de agosto de 1544, el presidente de la Real Audiencia de los Confines, situada en Gracias a Dios, avisó al Emperador que el Cabildo de Guatemala había apelado las Leyes Nuevas, incluyendo el capítulo de los esclavos indígenas, porque los conquistadores no podían exhibir otro título que el de haber tomado a los esclavos en la guerra y que fueron marcados con hierro candente por orden de los capitanes conquistadores y de los gobernadores.  En otras palabras, no les era fácil demostrar que poseían esclavos legítimamente.1 Y, debido a su codicia, decían: “estamos tan escandalizados como si nos enviara a mandar cortar las cabezas” y querían que el rey les compensara por esto, diciendo “páguenos vuestra majestad lo que nos debe y háganos grandes mercedes.1

Ahora bien, ¿qué eran las Leyes Nuevas? Para empezar con esta explicación, se debe hacer un resumen de cómo funcionaba la esclavitud de indígenas en la época de la conquista española.  Cuando Alvarado conquistó el altiplano guatemalteco en 1524, hizo esclavos a los indígenas de Cuzcatlán, Izcuyntepeque, Pazaco, Acaxocal y Tuculcalco; de acuerdo a la lógica del sanguinario conquistador español, data la multitud de indígenas y el corto número de cristianos, no se consquistaría la región si no fuese por los castigos.  Además, aparte de los esclavos de guerra, los españoles también adquirieron esclavos de rescate, que eran aquellos que ya eran esclavos de los indígenas antes de la consquista y que pasaron a manos de los españoles.2

Inicilamente, el aniquilamiento y esclavitud de los indígenas fueron permitidos por los Reyes Católicos debido a que los nativos resistían a los predicadores de la fe católica a mano armada; pero luego, cuando la codicia desenfrenada de los conquistadores amenazaba con despoblar la región recién conquistada, se ordenó en 1530 que ya no se tomaran esclavos indígenas. Los conquistadores guatemaltecos no aceptaron de buen grado esta cédula antiesclavista, ya que estaban acostumbrados a tomar esclavos, y luego de marcar a los indígenas con hierro,  a comerciar con ellos enviándolos a Panamá.  El Ayuntamiento de Guatemala replicó al rey que no podían estar sin esclavos porque ya estaban empezando a extraer oro y porque era necesario esclavizarlos porque eran “acabados de conquistar, indomables y contumaces“.  Suplican al rey que se permita seguir esclavizando y herrando a los indígenas, tanto de guerra como de rescate, para siempre o al menos por el tiempo que el gobernante lo considere necesario.  También hacían ver al rey que muchos estaban endeudados porque habían quintado a los esclavos, y luego éstos habían sido transferidos a otro propietario o habían muerto, pero los conquistadores tenían que seguir pasando el derecho al quinto a favor de la Real Hacienda; en virtud de esto, suplicaban que les perdonaran esas deudas a la Hacienda.3

Aquella solitud guatemalteca surtió efecto y los conquistadores siguieron teniendo esclavos, por lo menos de rescate;  de hecho, llegaron al colmo de agradecer al Rey porque “si dicha provisión se hubiese de ejecutar, demás del notorio agravio y perjuicio que de ella redundaría a la población de la tierra y a los pobladores de ella, por quitarles y prohibir que no puedan rescatqar ni contratar los esclavos que los caciques e indígenas tienen por esclavos, a los mismos indígenas se les seguiría mucho daño, por quitarles el beneficio que recibían en salir de poder de los caciques e indígenas que los tenían como esclavos, por el peligro en que estaban de ser sacrificados, demás que en venir a poder de los cristanos podrían ser instruidos y doctrinados en las cosas de la fe.”4

En cuanto a los esclavos de guerra, la real cédula de Balpuche del 19 d emarzo de 1533 hizo valer que se tomaran esclavos de esa índole porque todavía había varios caciques de guerra que no estaban dispuestos a aceptar el señorío del rey ni admitir la predicación cristiana.4 Aquella cédula dejaba a Pedro de Alvarado y al obispo Francisco Marroquín la prerrogativa de decidir si se podía o no hacer guerra con justicia y tomar esclavos de la misma; en sentido práctico, los conquistadores guatemaltecos volvieron a gozar del derecho de tener esclavos indígenas de rescate y de guerra.5

Pero la costumbre de marcar a los indígenas con hierro candente en Guatemala hizo que varias autoridades se quejaran ante el rey. Por ejemplo, los franciscanos de México decían que aquella costumbre iba en contra de la ley divina, y que se debía más a la codicia de los conquistadores y caciques, que llegaban al colmo de entregar maceguales (es decir, indígenas que comunes que no eran esclavos) como esclavos de rescate.6 Por su parte, el dominico Bartolomé de Las Casas relató en 1535 que en la región “no hay ningún esclavo indígena que justamente lo sea o lo haya sido“, y que la codicia de los conquistadores había llevado más de 12,000 indígenas guatemaltecos, 25,000 nicaragüenses, y 15,000 de las otras regiones al Perú y que “todos eran muertos“; de hecho, concluye diciendo que la gobernación de Guatemala “asola y destruye“.7

En 1539, la corona tomó medidas para evitar la esclavitud de indígenas de rescate.  Primero, privó a los españoles del derecho de rescartar esclavos, pues los cacíques y principales indígenas de Gutaemala tomaban esclavos a los nativos maceguales por cualquier excusa y luego los vendían a los españoles como esclavos de rescate; así pues, la cédula del 31 de enero de 1539 prohibió que se compraran esclavos por este método y que los caciques o principales pretendieran vender sus esclavos a los conquistadores.8

No fue sino hasta la promulgación de las Leyes Nuevas el 20 de noviembre de 1542 que se eliminó la esclavitud por guerra; las leyes decían: “por ninguna causa de guerra ni otra alguna, aunque sea so título de rebelión, ni por rescate, ni de otra manera, no se pueda hacer esclavo indígena alguno: y queremos que sean tratados como vasallos nuestros de la Corona de Castilla, pues lo son“. 8


BIBLIOGRAFIA:

  1. Zavala, Silvio. (1945). Contribución a la historia de las instituciones coloniales en Guatemala. En: Jornadas.  México: El Colegio de México. pp.24-26.
  2. Ibid., pp. 11-12.
  3. Ibid., pp. 13-14.
  4. Ibid., p. 16.
  5. Ibid., p. 17.
  6. Ibid., p. 18.
  7. Ibid., pp. 19-20.
  8. Ibid., p. 21.

27 de agosto de 1717: fuerte erupción del Volcán de Fuego

La erupción del Volcán de Fuego inició enjambre sísmico que resulta en el terremoto de San Miguel el 29 de septiembre.

27agosto1717
Volcanes de Fuego y Acatenango en Guatemala. En el recuadro: portada del informe hecho en 1774 acerca del terremoto de Santa Marta, que recoge todos los terremotos que se habían registrado en la ciudad de Santiago desde 1541. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En 1717 el dominio de la Iglesia católica sobre los vasallos de la corona española era absoluto y esto hacía que cualquier desastre natural fuera considerado como un castigo divino y tratara de resolverse mediante demostraciones de fe. En el caso particular de la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, los habitantes también creían que la cercanía de los volcanes y las montañas que rodeaban a la ciudad, en especial el Volcán de Fuego, era la causa de los temblores que los afectaban con frecuencia.​  De hecho, un breve resumen de lo que había ocurrido hasta 1717 es el siguiente escrito elaborado por la Junta General del año de 1717, para realizar un informe para el rey sobre los terremotos de San miguel del 29 de septiembre:1

  • Por el año de 1541, en que no habían pasado 14 de la fundación de Guatemala en el paraje, o sitio, que actualmente llaman Ciudad Vieja, se experimentó no solo la quasi general inundación, sino también con desmesurados estremecimientos comenzó babanear la tierra (así dice el Escritor) como a las 2 de la madrugada del 11 de septiembre del citado año”.
  • Por los meses de agosto y septiembre del año de 1565, se experimentaron también fuertes y espantosos temblores, que generalmente causaron muchas ruinas en los edificios;
  • En 1575 se sintieron los terribles terremotos que igualmente causaron considerables estragos, con la circunstancia de que desde el expresado año hasta el de 1590, apenas pasó alguno en que no se experimentaran estos terribles avisos de la Divina Justicia.
  • El día de San Andrés del de 1577, en que sindiéndose uno como por el término de tres horas (así dice el Historiador) arruinó muchas casas. 
  • El 26 de diciembre de 1581 se experimentaron grandes sobresaltos, y temores; pues se llegó a encencer luz a las 12 de la mañana, por haberse cubierto el Sol con porción considerable de ceniza, y sin verse unos a otros.  
  • El 14 de enero de 1582, no se vio nada del Volcán sino ríos de fuego, y que eran tantos, y tan temerosos los truenos, que andaba toda la gente atemorizada.
  • Desde el 16 de enero de 1585 hasta el 23 de diciembre de 1586 hubo fuertes y terribles terremotos, que se asoló casi toda la Ciudad.
  • El 8 de octubre de 1651 se volvió a asolar la ciudad de fuertes temblores, los cuales cesaron por intercesión de Nuestra Señora del Rosario, a cuya milagrosa imagen joró por su Patrona.
  • El fuerte temblor del día del Señor de San Felice, en que se arruinó casi toda la Ciudad.  
  • En 1663, 1666 y el 12 de febrero de 1689 se volvieron a destruir todos los edificios, y dicen que fueron grandes pérdidas de los censos de Conventos y Capellanías impuestas sobre sus fincas.
  • En 172 se volvieron a experimentar temblores, siguiedo el 1 de febero de 1705 cuando el volcán arrojó tanta porción de ceniza y humo, y con tanto ruido, que dicen, estuvieron para perecer; y con la circunstancia de que cubriéndose la atmósfera, fue preciso entre nueve o diez de la mañana encender la luz. 
  • El 14 de octubre de 1709 refieren haber experimentado el espantoso y terrible suceso que atemorizó a los habitantes pues fueron tantos los plumajes y ríos de fuego que vomitó el Volcán con grandísimo estruendo.1

Varios testigos fueron consultados por la Junta General del año de 1717, siendo éstos:

  • Bernardo Valdes de 39 años
  • Pedro de la Barrera, de 31 años
  • Felipe Ximenez, de 40 años
  • Juan Santos, Sargento mayor, de 42 años
  • Licenciado Diego Arias de Miranda, Cura del Partido de Caluco, de 41 años
  • Josef Sierra y Rebolorio, de 45 años.
  • Juan de Molina, de 55 años
  • Juan Antonio Mallén, de 37 años
  • Josef Fernández de la Fuente, de 42 años
  • Alfonso Capriles de Guzmán, español de 30 años
  • Bachiller Laureano Simón de Ypinza, de 40 años.2

De acuerdo a los testigos “resulta acreditado, que desde principios de la noche del 27 de agosto de aquel referido año (bien fatal, y trabajoso a la desgraciada Ciudad de Guatemala, y sus vecinos) arrojó uno de los Volcanes voraces llamas de Fuego, y humo con espantosos bramidos, y retumbos, atemorizando en extremo a todos los habitadores; continuando en esta conformidad el siguiente día 28, y aún el 29; cuyos espantos sucesos se habían experimentado en otras ocasiones, de que se hará alguna atención: que se suspendieron por espacio de tiempo; y que se aplacó su furia, mediante la Divina Misericordia, que imploraron los habitadores, por medio de los Santos, de Rogativas, Procesiones, y Novenas, y con particularidad la Ciudad, tomando por Patró al Señor San Miguel, y jurándole como se acostumbra“.3

Continúa el reporte oficial: “No parándose la consideración en que afirmen los testigos, que la causa de los temblores proviene de los Volcanes, pues no son los únicos que concuerdan en este común sentir, resulta justificado, que hallándose como se halla, la Ciudad circunvalada por todas partes de Cerros elevados (bien que el de Agua, y los dos Volcanes de Fuego con exceso considerable, como es hecho manifiesto) estimaban su temperamento poco favorable, y aún nocivo a la salud por su mala situación, y cielo melancólico; y de que en su concepto provenía variedad de enfermedades.”4

Y finaliza: “no cesaron, segun parece, estos actos religiosos y devotos, pero sí calmaron los Terremotos, y los cuidados, y peligros de los habitantes de Guatemala por algún tiempo: pero cuando se hallaban en parte tranquilizados los ánimos, empezaron a aumentarse los sustos, y temores con espantosos, fuertes y terribles terremotos, que principarion como aprima noche del 29 de septiembre del citado año de 717“.5


BIBLIOGRAFIA:


2 de abril de 1767: pragmática sanción para expulsar a los jesuitas

El rey Carlos III decreta la pragmática sanción para expulsar a la Compañía de Jesús de todos sus dominios y expropiar sus bienes

2abril1767
Ruinas del abandonado convento de la Compañía de Jesús en 1875 en la Antigua Guatemala.  Los jesuitas lo tuvieron que abandonar en 1767 y pasó a poder de los mercedarios, hasta el terremoto de 1773.  En el recuadro: el rey Carlos III, quien firmó la pragmática sanción de 1767.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El enorme poder político y económico de la orden de la Compañía de Jesús, o de los Jesuitas, empezó a disminuir en el siglo XVIII, con la difusión del jansenismo, que era una doctrina de una fuerte carga antijesuítica, y de la Ilustración a lo largo de ese siglo. Se empezó a pensar que los métodos educativos de la Compañía, y su concepto de la autoridad y del Estado eran ya anticuados. Además, la monarquía española estaba cada vez más laicizada y más absolutista, y empezó a considerar a los jesuitas ya no como colaboradores útiles, sino como competidores molestos por su oposición al regalismo. Y encima de todo esto, se mantenían vigentes los ancestrales conflictos que los jesuitas tenían con las órdenes religiosas tradicionales.1

La llegada al trono del nuevo rey Carlos III en 1759 supuso un duro golpe para el poder y la influencia de la Compañía, pues el nuevo monarca, a diferencia de sus dos antecesores, no era nada favorable a los jesuitas, ya que estaba influido por su madre, la reina Isabel de Farnesio, y por el ambiente antijesuítico que predominaba en la corte de Nápoles de donde provenía.2

Aunque el rey en su pragmática sanción del 2 de abril de 1767 menciona que hay gravísimas razones que lo obligan a expulsar a los jesuitas, también dice que se reserva para sí explicar cuales eran.3  En realidad, los jesuitas consistían la máxima oposición al regalismo absoluto que Carlos III aspiraba, ya que esta doctrina política defiendía el derecho del estado nacional a intervenir, recibir y organizar las rentas de sus iglesias nacionales y chocaba frontalmente con la absoluta lealtad de los jesuitas hacia el Papa. Tras el motín de Esquilache en 1766, el rey vió la oportunidad que esperaba para salir de la orden y solicitó al fiscal del Consejo de Castilla, Pedro Rodríguez de Campomanes, que abrira una pesquisa secreta sobre el asunto; Campomanes enseguida dirigió su atención hacia los jesuitas a partir de la evidencia de la participación de algunos de ellos en la revuelta mediante la violación del correo, informes de autoridades, delaciones, y confidencias de espías.4

Con la documentación acumulada Campomanes, quien era un antijesuita acérrimo, presentó su Dictamen ante el Consejo de Castilla en enero de 1767 y acusó a los jesuitas de ser los responsables de los motines con los que pretendían cambiar la forma de gobierno. En sus argumentos inculpatorios recurrió a todo el arsenal antijesuítico que se había acumulado en los dos siglos desde su creación, incluyendo su apoyo al tiranicidio (por su supuesta relación con los intentos de magnicidio en Francia y Portugal), relajada moral, su afán de poder y riquezas, y su malos manejos en América. El presidente del Consejo de Castilla, el conde de Aranda, formó un Consejo extraordinario que emitió una consulta en la que consideraba probada la acusación y proponía la expulsión de los jesuitas de España y sus Indias. Para tener mayor seguridad, Carlos III convocó un consejo o junta especial presidida por el duque de Alba e integrada por los cuatro Secretarios de Estado y del Despacho, el cual ratificó la propuesta de expulsión y recomendó al rey no dar explicaciones sobre los motivos de la misma. Tras la aprobación de Carlos III, y a lo largo del mes de marzo de 1767, el Conde de Aranda dispuso con el máximo secreto todos los preparativos para proceder a la expulsión de la Compañía.5

Luego de la expulsión de los jesuitas la corona reformó los estudios y aprovechó para modificar los planes de estudio tanto en las universidades como en los seminarios. La mayoría de los obispos, en aquellos lugares donde no se había cumplido el decreto de Trento (como el caso del Reino de Guatemala), erigieron seminarios aprovechando las casas de los jesuitas para instalarlos. En estos nuevos seminarios el rey obligó a seguir las líneas doctrinales que había impuesto en las facultades de Teología y de Cánones de las distintas universidades reales y pontificias, que tenían gran influjo jansenista y, por ende, en las que habían sido prohibidos los autores jesuitas.6

Inicialmente se pensó que aquella orden real había sido el inicio de la expansión del espíritu ilustrado, pues se consideraba que se veía constreñido por la poderosa acción regresiva y reaccionaria de los jesuitas. Pero un estudio posterior demostró que las otras órdenes religiosas beneficiadas a corto plazo con la expulsión y con los bienes de los jesuitas no fueorn ni más abiertas ni  progresistas. Es más, para hacer cumplir la orden que prohibía la difusión de las “perniciosas” doctrinas jesuíticas, el rey incromentó la censura y la aplicó desde entonces en otros temas.7

Casi medio siglo después, en el contexto de la Restauración de 1814, el papa Pío VII emitió la bula “Solicitudo omnium Ecclesiarum“, que restauraba la Compañía de Jesús. En España, el nieto de Carlos III, el rey Fernando VII, autorizó inmediatamente su vuelta.

Reproducimos a continuación la pragmática sanción decretada por el rey Carlos III el 2 de abril de 1767, llamada “Extrañamiento de los Regulares de la Compañía de Jesús de todos los dominios de España e Indias, y ocupación de sus temporalidades“:3

Habiéndome conformado con el parecer de los de mi Consejo Real, en el extraordinario que se celebra con motivo de las resultas de las ocurrencias pasadas, en consulta de 29 de enero de 1767, y de lo que sobre ella, conviniendo en el mismo dictamen, me han expuesto personas del más elevado carácter y acreditada experiencia; estimulado de gravísimas causas, relativas a la obligación en que me hallo constituido de mantener en subordinaci~n, tranquilidad y justicia mis pueblos, y otras urgentes, justas y necesarias, que reservo en mi Real ánimo; usando de la suprema autoridad económica que el Todo-poderoso ha depositado en mis manos para la protección de mis vasallos, y respeto de mi Corona, he venido en mandar extrañar de todos mis dominios de España e Indias, e islas Filipinas y demás adyacentes a los Regulares de la Compañía, así Sacerdotes como Coadjutores, o Legos que hayan hecho la primera profesión, y a los novicios que quisieren seguirles; y que se ocupen toda las temporalidades de la Compañía en mis dominios: y para la ejecución uniforme en todos ellos he dado plena y privativa comisión y autoridad por otro mi Real decreto de 27 de Febrero al Presidente del mi Consejo, con la facultad de proceder desde luego a tomar las providencias correspondientes.

  1. Y he venido asimismo en mandar, que el Consejo haga notoria en todos estos reinos la citada mi Real determinación; manifestando a las demás Ordenes Religiosas la confianza, satisfacción y aprecio que me merecen por su fidelidad y doctrina, observancia de vida monástica, ejemplar servicio de la Iglesia, acreditada instrucción de sus estudios, y suficiente número de individuos para ayudar a los Obispos y Párrocos en el paso espiritual de las almas, y por su abstracción de negocios de Gobierno, como ajenos y distantes de la vida ascética y monacal.
  2. Igualmente dará a entender a los Reverendos Prelados diocesanos, Ayuntamientos, Cabildos eclesiásticos y demás estamentos o cuerpos políticos del reino, que en mi real persona quedan reservados los justos y graves motivos que a pesar mío han obligado mi Real ánimo a esta necesaria providencia, valiéndome únicamente de la económica potesetad, sin proceder por otros medios, siguiendo en ello el impulso de mi Real benignidad como padre y protector de mis pueblos.
  3. Declaro, que en la ocupación de temporalidades de la Compañía se comprehenden sus bienes y efectos, así muebles como raíces, o rentas eclesiásticas que legítimamente posean en el reino; sin perjuicio de sus cargas, mente de los fundadores, y alimentos vitalicios de los individuos, que serán de cien pesos durante su vida a los Sacerdotes, y noventa a los Legos, pagaderos de la masa general que se forme de los bienes de la Compañía.
  4. En estos alimentos vitalicios no serán comprehendidos los Jesuitas extranjeros que indebidamente existen en mis dominios dentro de sus Colegios, o fuera de ellos, o en casas particulares, vistiendo la sotana, o en traje de abates, y en cualquier destino en que se hallaren empleados: debiendo todos salir de mis reinos sin distinción alguna.
  5. Tampoco serán comprehendidos en los alimentos los Novicios que quisieren voluntariamente seguir a los demás, por no estar aún empeñados con la profesión, y hallarse en libertad de separarse.
  6. Declaro, que si algun Jesuita saliere del Estado eclesiástico (adonde se remiten todos), o diese justo motivo de resentimiento a la Corte con sus operaciones o escritos, lo cesará desde luego la pensión que le va asignada; y aunque no debe presumir que el cuerpo de la Compañía, faltando a las más estrechas y superiores obligaciones, intente o permita, que alguno de sus individuos escriba contra el respecto y sumisión debida a mi resolución, con título o pretexto de apologías o defensorios dirigidos a perturbar la paz de mis reinos, o por medio de emisarios secretos conspire al mismo fin, en tal caso, no esperado, cesará la pensión a todos ellos.
  7. De seis en seis meses se entregará la pensión anual a los Jesuitas por el banco del giro, con intervención de mi Ministro en Roma, que tendrá particular cuidado de saber los que fallecen o decaen por su culpa de la pensión, para rebatir su importe.
  8. Sobre la administración y aplicaciones equivalentes de los bienes de la Compañía en obras pías, como es dotación de Parroquias pobres, Seminarios conciliares, casas de misericordia y otros fines piadosos, oidos los Ordinarios eclesiásticos en lo que sea necesario y conveniente, reservo tomar separadamente providencias; sin que en nada se defraude la verdadera piedad, ni perjudique la causa pública o derecho de tercero.
  9. Prohibo por ley y regla general, que jamás pueda volver a admitirse en todos mis reinos en particular a ningun individuo de la Compañía, ni en cuerpo de Comunidad, con ningun pretexto ni colorido que sea, ni sobre ello admitirá el mi Consejo ni otro Tirbunal instancia alguna; antes bien tomarán a prevención las Justicias las más severas providencias contra los infractores, auxiliadores y cooperantes de semejante intento, castigándolos como perturbadores del sosiego público.
  10. Ningún vasallo mío, aunque sea Eclesiástico secular o Regular, podrá pedir carta de hermandad al General de la Compañía ni a otro en su nombre; pena de que se le tratará como a reo de Estado, y valdrán contra él igualmente las pruebas privilegiadas.
  11. Todos aquellos que las tuvieren al presente deberán entregarlas al Presidente del mi Consejo, o a los Corregidores y Justicias del reino, para que las remitan y archiven, y no se use en adelante de ellas, sin que les sirve de óbice el haberlas tenido en el pasado, con tal que puntualmente cumplan con dicha entrega; y las Justicias mantendrán en reserva los nombres de las personas que las entregaren, para que de este modo no les cause nota.
  12. Todo el que mantuviere correspondencia con los Jesuitas, por prohibirse general y absolutamente, será castigado a proporción de su culpa.
  13. Prohibo expresamente, que nadie pueda escribir, declamar o conmover con pretexto de estas providencias en pro ni en contra de ellas; antes impongo silencio en esta materia a todos mis vasallos; y mando, que a los contraventores se les castigue como reos de lesa Majestad.
  14. Para apartar altercaciones o malas inteligencias entre los particulares, a quines no incumbe juzgar ni interpretar las órdenes del Soberano, mando expresamente, que nadie escriba, imprima ni expenda papeles u obras concernientes a la expulsión de los Jesuitas de mis dominios, no teniendo especial licencia del Gobierno: e inhibo al Juez de imprentas, a sus Subdelegados, y a todas las Justicias de más reinos de conceder tales permisos o licencias, por deber correr todo esto bajo de las órdenes del Presidente y Ministros de mi Consejo con noticia de mi Fiscal.
  15. Encargo muy estrechamente a los revenrendos Prelados diocesanos, y a los Superiores de las Ordenes Regulares, no permitan que sus súbditos escriban, impriman, ni declamen sobre este asunto, pues se les haría responsables de la no esperada infracción de parte de cualquiera de ellos: la cual declaro comprehendida en la ley del Señor Don Juan el I, y Real Cédula expedida circularmente por mi Consejo en 18 de Septiembre del año pasado para su más puntual ejecución, a que todos deben conspirar, por lo que interesa el orden público, y la reputación de los mismos individuos, para no atraerse los efectos de mi Real desagrado.
  16. Ordeno al mi Consejo, que con arreglo a lo que va expresado haga expedir y publicar la Real pragmática más estrecha y conveniente para que llegue a noticia de todos mis vasallos, y observe inviolablemente, publique, y ejecuten por las Justicias y Tribunales territoriales las penas, que van declaradas contra los que quebrantaren estas disposiciones, para su puntual, pronto e invariable cumplimiento; y dará a este fin todas las órdenes necesarias con preferencia a otro cualquier negocio, por lo que interesa mi Real Servicio: en inteligencia de que a los Consejos de Inquisición, Indias, Ordenes y hacienda he mandado remitir copias de mi Real decreto para su respectiva inteligencia y cumplimiento.  Y para su puntual e invariable observancia en todos mis dominios, habiéndose publicado en Consejo pleno este día el Real decreto de 27 de marzo que contiene la anterior resoluci~n, que se mando guardar y cumplir segun y como en él se expresa, fue acordado expedir la presente en fuerza de ley y pragmática sanción, como si fuese hecha y promulgada en Cortes, pues quiere se esté y pase por ella sin contravenirla en manera alguna, para lo cual, siendo necesario, derogo y anulo todas las cosas que sean o ser puedan contrarias a ésta; por la cual encargo a los muy reverendos Arzobispos, Obispos, Superiores de todas las Ordenes Regulares Mendicantes y Monacales, Visitadores, Provisores, Vicarios y demás Prelados y Jueces eclesiásticos de estos mis reinos, observen la expresada ley y pragmática como en ella se contiene, sin permitir que con ningun pretexto se contravenga en  manera alguna a cuanto en ella se ordena: y mando a los del mi Consejo, Presidente y Oidores, Alcaldes de mi Casa y Corte, y de mis Audiencias y Cancillerías, Asistente, Gobernadores, Alcaldes Mayores y ordinarios, y demás Jueces y Justicias de todos mis dominios, guarden cumplan y ejecuten la ticata ley y pragmática sanción, y la hagan guardar y observar en todo y por todo; dando para ello las providencias que se requieran, sin que sea necesaria otra declaración alguna más de esta, que ha de tener su puntual ejecución desde el día que se publique en Madrid, y en las ciudades, villas y lugares de estos mis reinos en la forma acostumbrada, por convenir así a mi Real servicio, tranquilidad, bien y utilidad de lacausa pública de mis vasallos.3

BIBLIOGRAFIA:

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  2. Ibid., pp. 137-138.
  3. Real Gobierno de España (18050 [1775]. Novísima Recopilación de las Leyes de España mandada formar por el señor don Carlos IV. Madrid. pp. 181-183.
  4. Domínguez Ortiz, Carlos III y la España de la Ilustración, pp. 138-139.
  5. Ibid., pp. 139-140.
  6. Mestre, Antonio; Pérez García, Pablo (2004). «La cultura en el siglo XVIII español». En Luis Gil Fernández y otros, ed. La cultura española en la Edad Moderna. Historia de España XV. Madrid: Istmo. ISBN 84-7090-444-2. p. 524.
  7. Capel Martínez, Rosa Mª; Cepeda Gómez, José (2006). El Siglo de las Luces. Política y sociedad. Madrid: Síntesis. ISBN 84-9756-414-6. p. 275.