20 de mayo de 1877: se publica el primer número del periódico de la Sociedad Literaria “El Porvenir” de los intelectuales liberales de la época de J. Rufino Barrios

20mayo1877
Composición fotográfica del Teatro Colón (anteriormente Teatro Carrera) realizada por Alberto G. Valdeavellano y publicada por la revista cultura “La Ilustración Guatemalteca” en 1897.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

La Sociedad literaria “El Porvenir” se formó en Guatemala con las principales personalidades literarias entre los criollos liberales que habían tomado el poder tras el triunfo de la Revolución Liberal de 1871. “El Porvenir” se reunió por primera vez la noche del lunes 19 de marzo de 1877, por iniciativa de Vicente Carrillo, quien fue su primer presidente, y con el objetivo de crear una “literatura nacional”.1

Los estatutos de la nueva sociedad fueron redactados por Carrillo, sometidos a discusión y aprobados por todos los miembros. Contaron desde el principio con la venia del gobierno del general J. Rufino Barrios, y todos los representantes del gobierno eran automáticamente miembros honorarios de ella, destacando entre ellos el licenciado Lorenzo Montúfar, quien no solamente era Ministro de Estado sino que era el principal ideólogo liberal anticlerical.1 Montúfar, quien fue un guía-protector de los miembros más jóvenes de la Sociedad dada su experiencia como Ministro de Estado en Costa rica y de Rector de la Universidad de Santo Tomás,<sup>1</sup> había regresado a Guatemala durante el gobierno de Barrios, tras haber salido huyendo del país disfrazado de clérigo cuando el general Rafael Carrera regresó a Guatemala de su autoimpuesto exilio en agosto de 1849.2

Las reuniones de la Sociedad eran semanales, y de julio acordaron también imponer una cuota de 50 centavos a cada miembro, para sufragar los gastos y en agosto de este mismo año, Barrios concedió, a través de la tesorería de la Universidad, cincuenta pesos mensuales para apoyar las labores de «El Porvenir», dada la importancia de esta asociación en la formación y desarrollo de los intelectuales liberales guatemaltecos.1

El 20 de mayo de 1877 la sociedad empezó a publicar un periódico quincenal que llevó el nombre de “El Porvenir” y en su primer número incluyó una lista de los socios que la componían:

  1. Honorarios: personajes relevantes, principalmente miembros del gobierno y a las mujeres.
  2. Asistentes: los que concurrían con regularidad a las juntas.
  3. Corresponsales: socios que se encontraban fuera de la ciudad o del país y contribuían con materiales para las sesiones y el periódico.1
  4. La junta directiva se componía de presidente vicepresidente, secretario, sub-secretario, varios vocales y tesorero, aunque en de 1879 se suprimieron los cargos de presidente y vice-presidente y se eligieron doce presidentes para ejercer el cargo durante un mes cada uno. Y en mayo de 1880 ampliaron las temáticas abordadas a otras ciencias e inauguraron una serie de conferencias públicas como otro medio de difusión de sus trabajos para lo cual organizaron veladas artístico-literarias en el Teatro Nacional.1

Máximo Soto Hall, quien luego sería un ideólgo del gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera, clasificó a los miembros de la siguiente forma: 3

  • “Sombras protectoras”: eran las personalidades de mayor edad, y entre ellas estaba el ya mencionado Lorenzo Montúfar, el padre Ángel María Arroyo, quien a pesar de ser sacerdote fue uno de los principales aliados de J. Rufino Barrios y uno de sus principales aduladores,4 Antonio Machado y el escritor José Milla y Vidaurre. Los tres primeros citados eran considerados como los grandes oradores de la época,5 mientras que Milla, era muy respetado como orador y catedrático universitario a pesar de ser conservador y miembro de los gabinetes de Carrera y Vicente Cerna antes de la revolución de 1871.3
  • Mayores de 30 años: eran los que empezaban por aquel entonces a a labrarse un nombre. Entre ellos destacan:3
    • Antonio Batres Jáuregui: quien luego sería Ministro de EStado de Barrios y de todos los presidentes liberales hasta Manuel Estrada Cabrera, a pesar de ser conservador. Fue vice-presidente de la Sociedad desde su fundación hasta noviembre de 1877.
    • Fernando Cruz: quien luego sería Ministro de Estado.
    • Salvador Falla: jurista y político que fue vocal 1º y luego asumió la presidencia de la asociación desde noviembre de 1877 hasta enero de 1879.
    • Ricardo Casanova y Estrada: por entonces un joven abogado, quien después de ser humillado por el presidente Barrios durante un litigio que se seguía por la propiedad que había sido de la Orden de San Felipe Neri de la Escuela de Cristo, decidió hacerse sacerdote y llegó a ser el arzobispo de Guatemala.
    • Juan Fermín de Aycinena: otro escritor conservador, quien era descendiente del patriarca de su familia, que tenía el mismo nombre. Aycinena fue miembro del gobierno de Carrera, pero abandonó la política tras la Revolución de 1871.
  • Jóvenes: los literatos que apenas empezaban. Entre ellos se encontraban:
    • Manuel Valle: joven poeta de 16 años, miembro asistente y asiduo colaborador del periódico con su poesía. Llegó a ser abogado, escribió varias obras de teatro y en 1902, junto a Virgilio Rodríguez Beteta y Francisco Contreras fundó el primer ateneo de Guatemala.3
    • Miguel Ángel Urrutia: secretario particular de Barrios. Ingresó a la sociedad en febrero de 1879 y fue un asiduo colaborador del periódico principalmente con su poesía.<sup>3</sup>
    • Ramón A. Salazar: médico, quien luego llegaría Ministro de Instrucción Pública de Barrios y luego editor de la revista cultural “La Ilustración Guatemalteca” durante el gobierno del general José María Reina Barrios. Fue miembro de varias Asambleas Legislativas que favorecieron al gobernante liberal de turno y también fue ministro del licenciado Manuel Estrada Cabrera. Fue uno de los principales intelectuales anticlericales guatemaltecos y director del Diario de Centro América, que en esa época era un periódico semi-oficial.
    • Juan Arzú Batres: ingeniero, quien fue director del Diario de Centroamérica y padre del escritor José Arzú. Fue miembro fundador de la Academia Guatemalteca correspondiente a la española de la lengua y ocupó diferentes puestos en la directiva de la sociedad.3
    • Guillermo Hall: tío de Máximo Soto Hall y padre de Elisa Hall de Asturias
    • Domingo Estrada: de 22 años de edad, era hijo de Arcadio Estrada, un abogado que participó en el movimiento de 1871 y que ocupó varios puestos ministeriales durante los gobiernos liberales. Por la influencia de su padre, Estrada ocupó puestos públicos mientras todavía estudiaba en al Universidad de donde se graduó de abogado en agosto de 1877. Pasó la mayor parte de su vida fuera de Guatemala sirviendo puestos diplomáticos, principalmente en los Estados Unidos. Fue vocal, tesorero, miembro de la comisión de imprenta y publicó asiduamente en el periódico “El Porvenir“.3

Entre los miembros extranjeros destacaron:

  • El ingeniero mexicano Alejandro Prieto, quien fungió en la sociedad como vocal 1º y era Secretario de la Legación de México en Guatemala. Prieto escribió el primer Tratado de Agrimensura recopilando leyes y decretos, y se hizo cargo, ad honorem, de las asignaturas de Topografía, Agrimensura y dibujos y con ello formó la Facultad de Ciencias Exactas de donde salieron los primeros veintidós Ingenieros Topógrafos. Trazó el Cementerio General y el Hipódromo del Norte. Hizo el primer estudio de los límites con México, y la nivelación de los ríos Pensativo y Democracia.1
  • El licenciado hondureño Marco Aurelio Soto,3 quien fuera Ministro del gobierno de Barrios durante los primeros años de éste, y luego fue colocado en la presidencia de Honduras junto a su primo Ramón Rosa por el general Barrios. Años después, cuando ya no le era útil, Barrios lo derrocó y lo sustituyó por Luis Bográn.
  • El poeta cubano José Martí, quien aparece en la lista de socios asistentes que se publicó en el primer número del periódico. En 1878 figura como Vicepresidente de la sociedad y pronunció un discurso en la primera velada que realizara la sociedad el 25 de julio de 1877, que fue el que le valió el sobrenombre de “Dr. Torrente“.6

Por supuesto, la ideología liberal y el progreso que proponía y documentaba la Sociedad Literaria era para las élites ilustradas y no para el ciudadano común, en particular el indígena. Los literatos se convirtieron, entonces, en apologistas de la medidas económicas anticlericales y pro-cafetaleras de J. Rufino Barrios que utilizaron a los indígenas como mano de obra casi gratuita. He aquí algunas frases publicadas en las páginas de aquel periódico por Salvador Falla, que dejan clara la posición de los intelecuales liberales:

El aborigen, poseedor de inmensos terrenos vírgenes henchidos de fecundidad, pero que yacen hace siglos esperando la hora de la redención por el cultivo, … alega no sé qué derechos señoriales adquiridos de tiempos remotísimos y se opone con una tenacidad propia de su raza a que una mano extraña, una mano aleve toque el árbol que él no ha plantado, el árbol que no ha cuidado ni visto crecer.”7“No le pidamos al indio iniciativa, adelanto, progreso; porque la iniciativa individual no se encuentra en la degeneración y en la ignorancia; no queramos que sienta la sed de la riqueza, la ambición del bienestar material; porque la ambición no puede avenirse con una alma empequeñecida. Pidámosle al indígena lo que puede darnos: que auxilie la obra del progreso con su mano callosa, su brazo fornido, su índole suave“.8

Así pues, para aquellos eruditos liberales, lo “nacional” era únicamente lo español y lo occidental. Juan Arzú Batres, en un artículo titulado “La imaginación y el pensamiento” llega al extremo de eliminar a toda la población indígena de América considerando que el continente era únicamente la reunión de dos razas: la inglesa y la española, y que estaba llamado a ser la síntesis de ambas y lograr con ello “que no se reconozca otra raza que la raza humana, ni otra civilización que la civilización Universal”.9

Uno de los sucesos más relevante de la Sociedad Literaria ocurrió en diciembre de 1879 cuando el presidente Barrios les encargó convocar a un concurso para elegir un himno nacional. Pretendían utilizarlo para las celebraciones que el gobierno planeaba para el mes de marzo de 1880 cuando entraría en vigor la Constitución de 1879, cuya redacción se había pospuesto por varios motivos desde que Miguel García Granados se había hecho con el poder en 1871. El 5 de enero de 1880 la sociedad convocó al concurso para el cual se otorgó un plazo de quince días. Nombró un jurado calificador compuesto por José Milla, José Antonio Salazar, Javier Valenzuela, Manuel Ramírez y Salvador Falla. Pero solamente se recibieron sólo trece composiciones y cuando el jurado eligió los tres primeros lugares, todos miembros de la Sociedad (Juan Fermín de Aycinena, Miguel Ángel Urrutia y Manuel Arzú y Saborío), dictaminó que ninguno de ellos merecía el calificativo de Himno Nacional y el evento quedó como un simple concurso literario.1


BIBLIOGRAFIA:

  1. Fuentes Oliva, Regina (4 de junio de 2009). Una aproximación al ambiente intelectual guatemalteco de la Reforma Liberal, a través de la sociedad Literaria El Porvenir“. En Boletín AFHEC. (41) Guatemala: Asociación para el Fomento de los Estudios Históricos en Centroamérica.
  2. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. I Guatemala: Editorial del Ejército. p. 266.
  3. Soto Hall, Máximo (1966). La niña de Guatemala: el idilio trágico de José Martí. Guatemala: José de Pineda e Ibarra. p. 53.
  4. Vela, David (1948). Literatura Guatemalteca Guatemala: Tipografía Nacional. p. 315.
  5. Ibid, p. 307.
  6. Hall, La niña de Guatemala, p. 67.
  7. Falla, Salvador (24 de julio de 1877). El Porvenir ¡Adelante!. En El Porvenir I (5), p. 65.
  8. Ibid, pp. 66-67.
  9. Arzú Batres, Juan (5 de julio de 1877). La novela. En El Porvenir I (4), pp. 53-54.

 

4 de agosto de 1884: agraviado por el Concordato del 2 de julio, que había firmado el gobierno de Barrios con la Santa Sede, el ministro Francisco Lainfiesta empieza a desmantelar la antigua iglesia de la Escuela de Cristo

4agosto1884
La 7a. calle poniente de la Ciudad de Guatemala en 1892.   En el recuadro: el licenciado Francisco Lainfiesta.  Imágenes tomadas de El Porvenir de Centro América.

El 27 de mayo de 1872, las instalaciones de la Congregación de San Felipe Neri fueron expropiadas mediante el siguiente decreto de J. Rufino Barrios:1

Decreto No. 61

Considerando: que hace muchos años que apenas existen uno o dos individuos en la Congregación de San Felipe Neri, fundada en esta capital, sin que haya podido progresar la Comunidad ni aun mantenerse el número preciso de congregantes que requiere el estatuto;

Que esto demuestra haber faltado el objeto de ese establecimiento, y que los bienes de su asignación no se invierten en beneficio público, condición indispensable para el sostenimiento de corporaciones y comunidades que deben su existencia a la ley y que la misma ley debe extinguir cuando ya no son útiles;

Por tanto,

y en virtud de las amplias facultades de que me hallo investido, he tenido a bien decretar y 

Decreto

Artículo 1°.: Queda extinguida la Comunida de Padres congregantes de San Felipe Neri.

Artículo 2°.: Pertenece a la Nación las casas y bienes anexos a dicha Comunidad, los que recibirá por inventario el Administrador general de Rentas, quien cuidará de su manejo y destino, con arreglo a las instrucciones que se le darán.

Artículo 3°. Los vasos sagrados y demás enseres propios del culto, serán puestos a disposición del Gobernador del Arzobispado.

Dado en Guatemala, a veintisiete de mao de mil ochocientos setenta y dos. 

  • J. Rufino Barrios
  • Ministro de Gobernación, Francisco Alburez1

Así fue como  las pequeñas instalaciones de la Congregación de San Felipe Neri, que estaban en la 8a. calle poniente y 4a. avenida norte, pasaron a ser propiedad de Francisco Lainfiesta, amigo personal del presidente Barrios.  Y Lainfiesta no fue el único beneficiado con las expropiaciones:  al general Juan Martín Barrundia le correspondió parte del convento de la Concepción y a Delfino Sánchez (propietario de Cantel y patriarca de la familia Sánchez-Latour) parte del convento de Santa Clara.2  Y es que aunque los bienes se vendían en remate público, eran sumamente baratos para los allegados a Barrios, quienes eran los únicos que podían adquirirlos.

El Oratorio de San Felipe Rómulo Neri (La Escuela de Cristo) tenía derecho, y gozaba de unas diez pajas de agua, por lo que Lainfiesta trató de que la Municipalidad extendiera el título respectivo.  El síndico municipal era el licenciado Ricardo Casanova y Estrada, quien era reconocido por su brillante carrera de abogado y había sido compañero de algunas clases universitarias con Barrios.  Casanova extendió su dictamente manifestando que estaba bien que se otorgara el agua, pero que si alguna vez volvían los verdaderos dueños del predio, es decir, los frailes de la Escuela de Cristo, que lo habían edificado y que lo habían tenido en posesión por muchos años, les quedaba su respectivo derecho a salvo.3

Cuando Barrios se enteró de la resolución llamó a Casanova y le gritó e insultó como acostumbraba, para después mandarlo a su casa en compañía de un coronel vestido de sotana y sombrero de teja, remedando a un sacerdote.  Barrios quiso así poner en ridículo a Casanova, pero le salió mal la broma, pues aquello no fue bien visto por la sociedad, y Casanova decidió a convertirse en sacerdote, llegando a ser el Arzobispo Metropolitano de Guatemala el 15 de enero de 1886.3

Lainfiesta estableció su imprenta “El Progreso” (en donde se publicaron numerosos documentos oficiales)1 en la casa parroquial que los frailes filipos estaban todavía construyendo cuando se las expropiaron, y permitió que el templo siguiera siendo usado por el clero secular como parroquia.4  Pero, agraviado por el Concordato del 2 de julio 1884 (que el antiguo padre Angel María Arroyo firmó preliminarmente ante la Santa Sede para que Barrios se congraciara con los los conservadores y que así lo apoyaran para la campaña de Unificación Centroamericana), Lainfiesta ordenó a sus trabajadores que desmantelaran el techo de la iglesia cuando el presbítero Alberto Rubio y Piñol (de la familia Aycinena y Rector del Colegio de Infantes) estaba oficiando misa el 4 de agosto de ese año, lo que significó el fin de la presencia de la Escuela de Cristo en la Ciudad de Guatemala.4


BIBLIOGRAFIA:

  1. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1871-1876 I. Guatemala: Tipografía El Progreso. pp. 105-106.
  2. Miller, Hubert J. (1976) La Iglesia y el Estado en tiempo de Justo Rufino Barrios.  p. 115
  3. Batres Jáuregui, La América Central ante la Historia, 1821-1921, Memorias de un SigloIII Guatemala, C.A. 1949
  4. Sandoval, Juan Alberto (19 de marzo de 2008). Procesiones de Jesús Nazareno de las Tres Potencias de la Parroquia Vieja (1884-1984). Guatemala. La Hora.

15 de julio de 1897: la revista cultural “La Ilustración Guatemalteca” cumple un año en medio de una grave crisis económica y política en el país

15julio1897
Los colaboradores y editors de “La Ilustración Guatemalteca“.  Imagen tomada de esta publicación cultural.

La revista cultural “La Ilustración Guatemalteca” refleja fielmente la situación de la libertad de prensa en Guatemala durante el gobierno del general José María Reina Barrios.  Cuando la economía estaba en su apogeo, eran comunes los artículos sobre las inauguraciones de fastuosos edificios, la construcción del Ferrocarril del Norte, poemas de los lectores, reportes fotográficos de Alberto G. Valveavellano, y artículos sobre competencias ciclistas.  Pero cuando empezaron a aparecer los primeros indicios de la crisis económica que asoló al país en 1897, el tono de la revista empezó a cambiar y empezaron a aparecer artículos criticando la situación del país y algunas noticias sobre los cambios que estaba imponiendo el gobierno.

La revista era impresa por los senores Baldomero y Arturo Siguere, y sus principales colaboradores eran los guatemaltecos Rafael Spínola, Joaquín Méndez y Ramón Salazar, además del farmacéutico español Antonio Macías del Real.  Spínola y Salazar eran diputados y fueron ministros de estado, y luego, junto con Macías del Real serían cercanos colaboradores del presidente Manuel Estrada Cabrera.   Por esa razón, se observa que si bien hay crítica al gobierno de Reina Barrios, ésta es impresa en cortos artículos o incluso frases, mientras que los logros del gobierno o los asuntos familiares del presidente son publicados en grandes reportajes.

El mejor ejemplo de esta situación se observa en el fascículo No. 24 del volumen I de la revista, el cual fue publicado el 15 de julio de 1897 y con el que la revista cultural cumplía un año de existencia.  En primer lugar, este fascículo muestra varias fotografías de página completa el fallecimiento de la madre del presidente, Celia Barrios de Reina, acaecido el 5 de julio, y en su resumen quincenal dice lo siguiente:

El día cinco del corriente, a las 8:45 de la noche, falleció, auxiliada con todos los sacramentos, la señora Doña Celia Barrios de Reyna, madre del señor Presidente de la República.  Se celebraron solemnes honras fúnebres en la Catedral Metropolitana, a las cuales acudió un público numeroso y distinguido.

Presidió el duelo el Consejo de Ministros.

Al concluirse la celebración de la misa, el Ilustrísimo Señor Arzobispo hizo la solemne absolución.

Los editores y redactores de La Ilustración Guatemalteca se asocian al dolor general producido por la muerte de la finada, querida por todos, por ser su lema: ‘no hacer mal a nadie, sino siempre caridad y justicia’.

Además, contiene un reporte detallado de varias páginas y fotografías sobre el avance de la construcción del Puerto de Iztapa, el cual iba a sustituir al puerto de San José en la costa sur del país, dadas las limitaciones logísticas de este último, e iba a servir como puerto para el Ferrocarril Interoceánico que el gobierno estaba construyendo.

Pero, en una sola frase en su sección de “Resumen Quincenal” en la última página dice: “La terrible pena de muerte se ha vuelto a poner en vigor.  Es triste tener que adoptar ciertas medidas para moralizar a los pueblos.”

Lo que realmente estaba ocurriendo era que el país estaba entrando en un período difícil, pues la economía estaba cayendo estrepitósamente.  De hecho, el 27 de abril el gobierno había aprobado un exorbitante préstamo a los bancos ingleses por dos millones de libras esterlinas para poder terminar la obras del Ferrocarril del Norte y del Puerto de Iztapa, pero cuando esto no ayudó, el presidente Reina Barrios disolvió a la Asamblea Legislativa y se había erigidio en dictador el 18 de junio para poder así reunir a otra que modificara la constitución a su conveniencia.  Para evitar protestas por sus medidas dictatoriales, el 2 de julio había emitido un decreto, restituyendo la pena de muerte.

Este fue solamente el preludio a las Revoluciones que estallaron cuando el presidente extendió su período presidencial hasta 1902, y que eventualmente le costaron la vida el 8 de febrero de 1898.


BIBLIOGRAFIA:


3 de septiembre de 1887: el gobierno del general Manuel Lisandro Barillas expulsa al arzobispo Ricardo Casanova y Estrada por publicar edictos y disposiciones pontificias

3septiembre1887
Antiguo Palacio de Gobierno en la Ciudad de Guatemala, visto desde el Parque Central. Estaba en donde ahora está el Parque Centenario.  En las fotografías: el arzobispo Casanova y Estrada y el presidente Manuel Lisandro Barillas. Imágenes tomada de Wikimedia Commons.

Reproducimos a continuación el decreto del gobierno del general Manuel Lisandro Barillas en el que se expulsa al entonces arzobispo de Guatemala, Ricardo Casanova y Estrada.   Por medio del decreto 380, se había restringido el orden constitucional, prohibiendo la libertad de imprenta ni permitía la libre circulación de impresos, a pesar de lo cual, el arzobispo lanzó una pastoral en la que reprobaba la política del gobierno y llamaba a los pueblos que no acataran sus disposiciones.  Además, el arzobispo se puso en abierta oposición, dirigiendo una dura protesta contra el gobernante. En virtud de esto, Barillas expulsó al arzobispo en la siguiente declaración, entre cuyos ministros firmantes estaba el general Calixto Mendizábal como encargado del despacho de la Guerra y el licenciado Lorenzo Montúfar, encargado del despacho de Relaciones Exteriores.

DECRETO NUM. 399

MANUEL L. BARILLAS, general de division y presidente de la República de Guatemala,

CONSIDERANDO:

  1. Que ninguna nación puede ser independiente si carece de la facultad de constituirse de la manera que le plazca y de dictar las leyes que juzgue conveniente a su organización
  2. Que es in deber de todo gobierno cumplir y hacer cumplir las leyes existentes
  3. Que nuestras leyes, de conformidad con las que rigen en las naciones católicas del mundo, prohiben la publicación de editos y disposiciones pontificias sin el correspondiente pase de la autoridad civil
  4. Que el Arzobispo don Ricardo Casanova y Estrada sostiene que es permitido a los obispos publicar dichas disposiciones sin permiso del gobierno, en virtud de la autonomía que atribuye al poder eclesiástico
  5. Que tambien se opone al cumplimiento de una ley vigente que, haciendo extensivo un artículo del Código Penal, prohibe la publicación de las disposiciones eclesiásticas que emanen de cualquiera curia sin previo permiso del gobierno
  6. Que en comunicación dirigida al Ejecutivo, con fecha 2 del corriente, a la observancia de las leyes llama someterse a una servidumbre vergonzosa y culpable, y agrega que el gobierno no debe de esperar que él se someta
  7. Que el expresado Arzobispo, insistiendo en su negativa a dar cumplimiento a dichas leyes, protestas contra ellas y asegura que ninguna autoridad civil tiene poder para coartarle la libertad de entenderse, como lo crea conveniente, con su clero y con su pueblo
  8. Que esta protesta es un atentado contra la autoridad, que el Jefe de la Nación está en la necesidad de sostener firmemente
  9. Que aunque no estuviera suspense la Constitución y facultado omnímodamente el Ejecutivo, la misma Constitución lo autorizaría para proceder enérgicamente porque ella prohibe al clero ejercer actos subversivos o practices incompatibles con la paz y el orden público y oponerse al cumplimiento de las leyes.

Todo esto considerado y de acuerdo con el Consejo de Ministros,

DECRETO:

Artículo 1: Se expulse del territorio de la República, por todo el tiempo que el Poder Ejecutivo lo juzgue indispensable, al Arzobispo don Ricardo Casanova y Estrada

Artículo 2: El Ministerio de la Guerra queda encargado del cumplimiento de esta disposición, la cual será puesta en conocimiento de la Asamblea en su oportunidad.

Dado en el Palacio del Gobierno, a tres de septiembre de mil ochocientos ochenta y siete.

M.L. Barillas


BIBLIOGRAFIA:


17 de abril de 1913: concluyen las exequias fúnebres del arzobispo de Guatemala, Ricardo Casanova y Estrada

17abril1913

Fotografía del arzobispo Ricardo Casanova y Estrada tomada por el fotógrafo japonés Juan José de Jesús Yas.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Ricardo Casanova y Estrada fue el décimo primer Arzobispo de Guatemala de 1886 a 1913.   Ante de llegar a la mitra, fue un estudiante aventajado en la Pontificia Universidad de San Carlos en donde fue discípulo del célebre escritor, abogado y diplomático José Milla y Vidaurre.  Entre sus compañeros universitarios estuvieron Ramón Rosa y Marco Aurelio Soto, criollos liberales hondureños que fueron ministros del gobierno de J. Rufino Barrios tras el derrocamiento de Vicente Cerna y Cerna en 1871 y luego fueron colocados por Barrios en el gobierno de Honduras.

Aunque las relaciones entre el presidente Barrios y los representantes de la Iglesia Católica habían mejorado considerablemente hacia el final de su gobierno, tras su repentina muerte en 1885 su sucesor, el general Manuel Lisandro Barillas continuó con la política de distanciamiento contra el clero.​  De hecho, en 1887, suspendió las garantías constitucionales, y amparado en su poder dictatorial, y en el artículo 92 del Código Penal vigente en ese entonces y que castigaba con arresto o multa a todo aquel que sin permiso de la república emitiese decretos de la Curia Romana, expulsó al arzobispo Casanova y Estrada, por estar recopilando disposiciones de la Curia Romana y publicándolas como suyas en edicto impresos fuera de Guatemala.

Casanova continuó su trabajo arzobispal en el exilio a tal punto que en 1893 hizo imprimir en Roma el nuevo “Ritual del arzobispado de Guatemala”, que sustituyó al “Manual de Párrocos” que había estado vigente desde 1886.

En 1897, con motivo de la celebración de la Exposición Centroamericana que organizó el presidente general José María Reina Barrios, Casanova envoi una carta de apoyo al evento, lo que le valió que el presidente guatemalteco le permitiera regresar al país.  Su recibimiento fue multitudinario y a partir de ese momento su trabajo para restablecer su diócesis fue incansable.

Tras el asesinato de Reina Barrios, y para evitar que hubiera problemas con el cuerpo del fallecido general, permitió que éste fuera sepultado en la catacumbas de la Catedral Metropolitana, a pesar de que Reina Barrios era liberal y mason de grado 33.  En ese tiempo, también se tuvo que enfrentar al estilo dictatorial del gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera, que se iniciaría en 1898.

Durante una visita pastoral en el departamento de Quetzaltenango, el obispo Casanova y Estrada sufrió de un grave ataque cuando estaba en Santa Catarina Ixtahuacán; decidió entonces regresar de inmediato a la Ciudad de Guatemala por el camino de San Felipe, llegando a Cantel el 12 de abril. Allí recibió tratamiento médico, pero a las once de la noche del 13 de abril se concluyó que no había nada que hacer y se le administró la Extremaunción, muriendo a las 2 de la madrugada del 14 de abril de 1913.

Tras varios días, en que sus restos fueron trasladados a la Ciudad de Guatemala y recibieron numerosos homenajes, fue sepultado en la cripta de la Catedral Metropolitana, debajo del altar de la Inmaculada Concepción, como lo había solicitado. Su tumba simplemente dice: “Ricardo Casanova y Estrada, XI arzobispo de Guatemala, 14 de abril de 1913. Rogad por él.”


BIBLIOGRAFIA: