1 de marzo de 1735: ayuntamiento solicita expulsión de ingleses sectarios

En una época en que la Iglesia Católica tenía el dominio absoluto de los vasallos del Imperio Espanol, el ayuntamiento criollo pide al presidente del Reino de Guatemala que expulse a los ingleses sectarios protestante.

1marzo1735
El Palacio del Ayuntamiento de la Ciudad de Santiago de los Caballeros en 1875. El edificio se empezó a construir tras el terremoto de San Casimiro en 1751 y soportó muy bien el de Santa Marta en 1773. Imagen tomada de Mizner Scrapbook Central America.

En la primera mitad del siglo XVIII el dominio de la Iglesia Católica sobre los vasallos del Imperio Español todavía era absoluto.  Es por ello que no es de extrañar que el 1 de marzo de 1735 el ayuntamiento criollo haya acordado solicitar al Presidente del Reino de Guatemala que expulsara a las ingleses sectarios, debido a “los perjuicios gravísimos de que […] permanezcan en [la ciudad de Santiago de los Caballeros]y [Reino de Guatemala], porque no infesten a los que justa y santamente profesan nuestra santa fe“.1

En esa época los católicos llamaban sectarios a los protestantes, y las autoridades religiosos consideraban la doctrina de Martín Lutero, el fundaron de la Reforma, como peligrosa ya que éste había dicho: “Que el Papa no es de derecho divino; que el poder que ha usurpado está lleno de arrogancia y de blasfemias; que todo lo que ha hecho y hace todavía en virtud de este poder, es diabólico; que la Iglesia puede y debe subsistir, sin tener un jefe; que aunque el Papa confesara que no es de derecho divino, sino que ha sido establecido solamente para mantener con más facilidad la unidad de los cristianos contra los sectarios, jamás resultaría nada bueno de semejante autoridad; y que el mejor medio de gobernar y conservar la Iglesia, es que todos los obispos, aunque desiguales en dones, sean iguales en su ministerio, bajo un solo jefe, que es Jesucristo; que en fin el Papa es el vedadero Anticristo“.2

El dominio de la Iglesia empezó a disminuir con la llegada del rey Carlos III al poder en 1759.  El nuevo monarca era de la familia Borbón y estaba influenciado por las ideas de la Ilustración que aprendió mientras se educaba en la corte de Nápoles, de donde era originario.  De hecho, su rompimiento con la Iglesia fue más notorio cuando ordenó que expulsaran a los miembros la Compañía de Jesús de todos sus dominios en 1767 y le pidió al Papa que clausura la orden.3

Debido a la Revolución Francesa en 1791 y a la llegada al poder de Napoleón a principios del siglo XIX, las ideas de la Ilustración se diseminaron más en España, que fue invadida por Francia.  Surgieron entonces movimientos llamados “liberales” que abrazaban un modo de pensar anticlerical y que se extendieron a las colonias americanas, especialmente entre los criollos hacendados que no eran beneficiados por las políticas comerciales de que disfrutaban los criollos aristócratas que vivían en las principales ciudades.4  De esta forma, cuando se produjo la indepencia de las colonias, pronto se iniciaron guerras civiles en América en la que los criollos liberales y los criollos conservadores aristócratas luchaban por el poder de sus respectivas regiones, utilizando como pretexto defender o atacar a la Iglesia.

En el caso de Guatemala, en particular, luego de treinta anos de guerra civil y un período de tranquilidad de veinte anos bajo el control conservador ultra católico del general Rafael Carrera, los criollos liberales terminaron por imponerse en 1871, con lo que expulsaron a las principales órdenes regulares de frailes y redujeron considerablemente el poder del clero secular, llegando al extremo de expulsar a los arzobispos metropolitanos.  También se decretó la libertad de cultos y se permitió el ingreso de protestantes, aunque éstos no llegaban ni al 1% de la población en ese momento.5

La hostilidad hacia la autoridad eclesiásticas disminuyó un tanto en la primera mitad del siglo XX, aunque se mantuvo la prohibición de que se establecieran monasterios en el país.  Sin embargo, gracias a la decisiva participación del arzobispo Mariano Rossell y Arellano en el derrocamiento del régimen del coronel Jacobo Arbenz Guzmán en 1954,6 la iglesia católica recuperó parte de sus anteriores privilegios y algunas órdenes de frailes pudieron retornar al país y recuperar algunos de sus antiguos templos y propiedades.7  Pero, al mismo tiempo, se produjo un gran influjo de iglesias cristianas protestantes —la mayoría con pastores estadounidenses— que han hecho una labor considerable entre los indígenas guatemaltecos, lo que junto con el cambio de enfoque de la Iglesia Católica tras el Concilio Vaticano II y la creación de la Teología de la Liberación que exige una opción preferencia por los pobres y que ha hecho que las élites del país busquen otras religiones8, ha hecho que en el siglo XXI prácticamente la mitad de la población guatemalteca pertenezca a alguna iglesia cristiana protestante.9


BIBLIOGRAFIA:

  1. J. Joaquín Pardo (1944). Efemérides de la Antigua Guatemala, 1541-1779.  Guatemala: Unión Tipográfica. p. 144.
  2. Benigno Bossuet, Jacobo (1852) Historia de las Variaciones de las Iglesias Protestantes. I. Traductor: Díaz de Baeza, Juan. Barcelona: Librería Religiosa de Pablo Riera. p. 194.
  3. Carlos III de España (1767). Colección del Real Decreto de 27 de febrero de 1767, para la ejecución del Extrañamiento de los Regulares de la Compañía, cometido por S. M. al Excmo. Señor Conde de Aranda, como Presidente del Consejo. Madrid: Imprenta Real de la Gazeta.
  4. Payne, Stanley G. (1977). Ejército y sociedad en la España liberal (1808-1936). Madrid: Akal. ISBN 84-7339-215-9OCLC 637325133.
  5. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación de las Leyes emitidas por el Gobierno Democrático de la República de Guatemala, desde el 3 de junio de 1871, hasta el 30 de junio de 1881 I. Guatemala: El Progreso.
  6. Rossell y Arellano, Mariano (1954). Declaración contra la demagogia comunista y liberal. La Iglesia no busca privilegios. Guatemala: Arzobispado de Guatemala.
  7. Azurdia Alfaro, Roberto (1960). Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1955-1956LXXIV . Guatemala: Asamblea Nacional Constituyente. pp. 17-39.
  8. Boff, Leonardo (1989) “Teología de a Liberación: Recepción creativa del Vaticano II a partir de la óptica de los pobres”; Desde el lugar del pobre: 9-39. Ediciones Paulinas.
  9. Juárez, Eder (2013). «Iglesias evangélicas proliferan en Guatemala, ¿simple casualidad?»La Hora. Archivado desde el original el 5 de abril de 2014.

27 de febrero de 1767: emiten Real Decreto para coordinar expulsión de los jesuitas

27febrero1767
Ruinas de la Iglesia abandonada de la Companía de Jesús en la ciudad de Antigua Guatemala en 1875. Nótese el paredón y la chimenea construidos posteriormente a los terremotos de 1773, cuando el edificio fue usado como fábrica. En el recuadro: el Conde de Aranda, quien organizó la logística para la expulsión de la Orden en 1767. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El enorme poder político y económico de la orden de la Compañía de Jesús -los Jesuitas- empezó a disminuir en el siglo XVIII, con la difusión a lo largo de ese siglo tanto del jansenismo -que era una doctrina de una fuerte carga antijesuítica- como de las ideas de la Ilustración. Por ello, se empezó a pensar que los métodos educativos de la Compañía, y su concepto de la autoridad y del Estado eran ya anticuados; además, la monarquía española estaba cada vez más laicizada y más absolutista, y empezó a considerar a los jesuitas ya no como colaboradores útiles, sino como competidores molestos por su oposición al regalismo. Y encima de todo esto, se mantenían vigentes los ancestrales conflictos que los jesuitas tenían con las órdenes religiosas tradicionales.1

La llegada al trono del nuevo rey Carlos III en 1759 supuso un duro golpe para el poder y la influencia de la Compañía, pues el nuevo monarca, a diferencia de sus dos antecesores, no era nada favorable a la orden, ya que estaba influido por su madre -la reina Isabel de Farnesio- y por el ambiente antijesuítico que predominaba en la corte de Nápoles de donde provenía.2

Aunque el rey en su pragmática sanción del 2 de abril de 1767 menciona que hay gravísimas razones que lo obligan a expulsar a los jesuitas, también dice que se reserva para sí explicar cuales eran.3  En realidad, los jesuitas consistían la máxima oposición al regalismo absoluto que Carlos III aspiraba, ya que esta doctrina política defiendía el derecho del estado nacional a intervenir, recibir y organizar las rentas de sus iglesias nacionales y chocaba frontalmente con la absoluta lealtad de los jesuitas hacia el Papa. Tras el motín de Esquilache en 1766, el rey vió la oportunidad que esperaba para salir de la orden y solicitó al fiscal del Consejo de Castilla, Pedro Rodríguez de Campomanes, que abrira una pesquisa secreta sobre el asunto; Campomanes enseguida dirigió su atención hacia los jesuitas a partir de la evidencia de la participación de algunos de ellos en la revuelta mediante la violación del correo, informes de autoridades, delaciones, y confidencias de espías.4

Con la documentación acumulada, Campomanes -un acérrimo antijesuita – presentó su Dictamen ante el Consejo de Castilla en enero de 1767 y acusó a los jesuitas de ser los responsables de los motines con los que pretendían cambiar la forma de gobierno. En sus argumentos inculpatorios recurrió a todos los argumentos antijesuíticos que se habían acumulado en los dos siglos desde su creación, incluyendo su apoyo al tiranicidio -por su supuesta relación con los intentos de magnicidio en Francia y Portugal-, su relajada moral, su afán de poder y riquezas, y sus supuestos malos manejos en las colonias  América. El presidente del Consejo de Castilla, el conde de Aranda, formó un Consejo extraordinario que emitió una consulta en la que consideraba probada la acusación y proponía la expulsión de los jesuitas de España y sus Indias. Para tener mayor seguridad, Carlos III convocó un consejo o junta especial presidida por el duque de Alba e integrada por los cuatro Secretarios de Estado y del Despacho, el cual ratificó la propuesta de expulsión y recomendó al rey no dar explicaciones sobre los motivos de la misma. Tras el real decreto del 27 de febrero, y a lo largo del mes de marzo de 1767, el Conde de Aranda dispuso con el máximo secreto todos los preparativos para proceder a la expulsión de la Compañía.5

Reproducimos aquí aquel Real Decreto, dada su importancia histórica:6

Habiéndome conformado con el parecer de los de mi Consejo Real en el extraordinario, que se celebra con motivo de las ocurrencias pasadas, en consulta de veinte y nueve de Enero próximo; y de lo que sobre ella me han expuesto personas del más elevado carácter; estimulado de gravísimas causas, relativas a la obligación en que me hallo constituido de mantener en subordinación, tranquilidad, y justicia a mis Pueblos, y otras urgentes, justas y necesarias, que reservo en mi Real ánimo; usando de la suprema autoridad económica, que el Todo-Poderoso ha depositado en mis manos para la protección de mis Vasallos, y respeto de mi Corona; 

He venido en mandar se extrañen de todos mis Dominios de España, e Indias, Islas Filipinas, y demás adyacentes a los Religiosos de la Compañía, así Sacerdotes, como Coadjutores, o Legos, que hayan hecho la primera Profesión, y a los Novicios, que quisieren seguirles; y que se ocupen todas las temporalidades de la Compañía en mis Dominios; y para la ejecución uniforme en todos ellos, os doy plena y privativa autoridad; y para que forméeis las instrucciones, y órdenes necesarias, según lo tenéis entendido, y estimareis para el más efectivo, pronto, y tranquilo cumplimiento.  Y quiero, que no so las Justicias y Tribunales Superiores de estos Reynos, ejecuten puntualmente vuestros mandatos, sino que lo mismo se entienda con los que dirigiereis a los Virreyes, Presidentes, Audiencias, Gobernadores, Corregidores, Alcaldes-Mayores, y otras cualesquiera Justicias de aquellos Reynos, y Provincias; y que en virtud de sus respectivos Requerimientos, cualesquiera Tropas, Milicas o Paisanaje, den el auxilio necesario, sin retardo ni tergiversación alguna, so pena de caer el que fuere omiso en mi Real indignación; y encargo a los Padres Pronviciales, Prepósitos, Rectores y demás Superiores de la Compañía de Jesús se conforme de su parte a lo que se les prevenga puntualmente, y se les tratará en la ejecución con la mayor decencia, atención, humanidad y asistencia; de modo que en todo se proceda conforme a mis Soberanas intenciones.

Tendreislo entendido para su exacto cumplimiento, como lo fio y espero de vuestro celo, actividad y amor a mi Real Servicio; y dares para ellos las órdenes, e Instrucciones necesarias, acompañando ejemplares de este mi Real Decreto, a los cuales, estando firmados de Vos, se les dará la misma fé y crédito que al original.

      • Rubricado de la Real Mano

En el Pardo, a veintisiete de febrero de mil setecientos sesenta y siete. Al Conde de Aranda, Presidente del Consejo.6

El Conde de Aranda, a su vez, dirigió la siguiente orden circular el 27 de marzo a toda las autoridades mencionadas en el Real Decreto:

Carta Circular con remisión del pieglo reservado, a todos los Pueblos en que existan Casas de la Compañía; y se dirigió a sus Jueces Reales Ordinarios.

Incluyo a Ud. el pliego adjunto, que no abrirá hasta el día dos de abril; y enterado entonces de su contenido dará cumplimiento a las Ordenes que comprende.

Debo advertir a Ud. que a nadie ha de comunidad el recibo de esta, ni del pliego reservado para el día determinado que llevo dicho; en inlitencia de que si ahora de pronto, ni después de haberlo abierto a su debido tiempo, resultase haberse traslucido antes del día señalado por descuido, o facilidad de Ud., que existiese en su poder semejante pliego con limitación de término para su uso, será Ud. tratado como quien falta a la reserva de su oficio, y es poco atento a los encargo del Rey, mediando su Real Servicio; pues previniéndose a Ud. con esta precisión el secreto, prudencia, y disimulo que corresponde, y faltando a tan debido obligación, no será tolerable su infracción.

A vuelta de Correo me responderá Ud. contestándome el recibo del pliego, citando la fecha de esta mi Carta, y prometiéndome la observancia de lo expresado; por convenir así al Real Servicio.

Dios Guarde a Ud. muchos años, Madrid 20 de marzo de 1767.

        • El Conde de Aranda.6

El pliego mencionado en la circular contenía órdenes detalladas de qué hacer con la congregaciones de jesuitas el 2 de abril, fecha en que se ejecutó la Pragmática Sanción para el extrañmiento de los Jesuitas.7


BIBLIOGRAFIA:

  1. Domínguez Ortiz, Antonio (2005) [1988]. Carlos III y la España de la Ilustración. Madrid: Alianza Editorial. ISBN 84-206-5970-3. pp. 135-137.
  2. Ibid., pp. 137-138.
  3. Real Gobierno de España (1805) [1775]. Novísima Recopilación de las Leyes de España mandada formar por el señor don Carlos IV. Madrid. pp. 181-183.
  4. Domínguez Ortiz, Carlos III y la España de la Ilustración, pp. 138-139.
  5. Ibid., pp. 139-140.
  6. Carlos III de España (1767). Colección del Real Decreto de 27 de febrero de 1767, para la ejecución del Extrañamiento de los Regulares de la Compañía, cometido por S. M. al Excmo. Señor Conde de Aranda, como Presidente del Consejo. Madrid: Imprenta Real de la Gazeta. pp. 3-4.
  7. Ibid., pp.5-30.

17 de febrero de 1592: se empieza a construir el Puente “Los Esclavos”

17 de febrero de 1592.—Con fondos cedidos por el ayuntamiento de la ciudad de Santiago y bajo la dirección de don Rodrigo de Puentes y Guzmán. se inicia la obra del puente de los Esclavos.

17febrero1592
Puente sobre el río Los Esclavos, construido en 1592, el cual ha estado en funcionamiento continuo desde entonces. Detrás del puente se encuentra la represa de la Hidroeléctrica de Los Esclavos, construida en 1966 y que ha protegido al puente de las crecidas del río desde entonces. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

La necesidad de construir un puente sobre el río de Los Esclavos en la región de Santa Rosa fue reconocida por las autoridades ediles de la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala casi desde el inicio de la época colonial, pues su construcción fue autorizada el 21 de agosto de 1573.1 El puente fue construido para poder transportar las mercaderías desde el puerto de Acajutla hasta la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala sin tener que preocuparse por las constantes crecidas del río,2 aunque parece ser que originalmente se construyó una estructura frágil, puesto que el 30 de junio de 1579 el síndico produrador del ayuntamiento, Baltasar de Orena, pidió que el puente fuera ampliado y que fuera construido de mampostería, aunque parece que la solicitud no prosperó porque el síndico procurador la tuvo que repetir el 2 de enero del siguiente año.3

Por cierto que Orena, había nacido en España, luego residió en México y finalmente se trasladó a Zapotitlán en Guatemala.  Inicialmente estuvo muy vinculado a la vida religiosa, ya que había tomado los hábitos y asistió al Concilio de Trento como secretario de un obispo y luego llegó a América como secretario de otro.  En Guatemala abandonó la vida religiosa, contrajo matrimonio y se dedicó a los negocios; sin embargo, por lo que es más recordado es por ciertos poemas religiosos que le han sido atribuidos y por los que fue elogiado por el propio Miguel de Cervantes en el sexto libro de “La Galatea”.4

Volviendo a la construcción del puente, no fue sino hasta el 17 de febrero de 1592 que el ayuntamiento de la ciudad de Santiago de los Caballeros cedió los fondos necesarios para la construcción del puente, encargándole dicha obra a Rodrigo de Fuentes y Guzmán, quien la terminó a satisfacción.5 El nuevo puente tiene 128 varas de largo, 18 de ancho, un pasamanos de cal y canto y está fabricado sobre once arcos​2 que hasta la fecha se muestran sólidos y permanecen en pie a pesar de los continuos embates del río y de los terremotos y de otros desastres naturales que han acontecido en Guatemala casi desde que fue terminado.

Históricamente se reportaron reparaciones de la estructura en 1619 y 1635 las cuales corrieron a cargo del ayuntamiento de la ciudad de Santiago de los Caballeros,   aunque luego dicho ayuntamiento informó a la Real Audiencia que los corregimientos de Totonicapán, Quetzaltenango, Guazacapán, Chiquimula, Cabastlán, escuintepeque, Tecpanatitlán y Atitlán deberían pagar tributo para la conservación del puente, ya que era de beneficio para toda la región.6

Los sismos que afectaban a la región dañaban regularmente al puente, que tuvo que ser reconstruido nuevamente en 1674 y en 1728, siempre con la colaboración de todos los corregimientos.7

Actualmente, el puente está protegido por la represa de la Hidroeléctrica de Los Esclavos, que fue construida en 1966, y que se ha encargado de soportar las crecidas del río Los Esclavos desde entonces.8


BIBLIOGRAFIA:

  1. Pardo, J. Joaquín (1944). Efemérides de Antigua Guatemala, 1541-1779. Guatemala: Unión Tipográfica. p. 14.
  2. La Ilustración Guatemalteca (1 de abril de 1897). «Nuestro grabados:El puente sobre el Río de los Esclavos»La Ilustración Guatemalteca (Guatemala: Síguere, Guirola y Cía) I (18).
  3. Pardo, Efemérides de Antigua Guatemala, p. 17.
  4. Calvo Oviedo, Marlen; Barboza Leitón, Ivannia (2006). Acercamiento a la poesía religiosa de la etapa colonial centroamericana siglos XVI y XVII: desde sor Juana de Maldonado y Paz, Baltazar de Orena y Eugenio Salazar de Alarcón. En: Káñina, Revista de Artes y Letras. XXX (1) Costa Rica: Universidad de Costa Rica. Vol. , pág. 39. ISSN: 0378-0473
  5. Pardo, Efemérides de Antigua Guatemala, p. 24.
  6. Ibid., p. 33.
  7. Ibid., p. 39.
  8. Instituto Nacional de Electrificación (2018). ¿Qué es el INDE? Historia, 1966.  Guatemala: Instituto Nacional de Electrificación.

13 de febrero de 1676: autorizan fundación del convento de Carmelitas Descalzas

Se emite la Real Cédula que autoriza la fundación del convento de las Carmelitas Descalzas en la ciudad de Santiago de los Caballeros en el Reino de Guatemala

13febrero1676
Las ruinas abandonadas del templo de Santa Teresa de la orden de las Carmelitas Descalzas en la ciudad de Antigua Guatemala en 1875, mucho antes de que la ciudad fuera declarada Patrimonio Nacional en 1944. En el recuadro: Santa Teresa de Jesús, patrona del templo. Imágenes tomadas de Mizner Scrapbook Centralamerica y Wikimedia Commons.

La señora Magdalena de Aceituno de Guzmán tenía grandes deseos de fundar un convento de Carmelitas Descalzas en el Reino de Guatemala, por lo que le pidió ayuda al sacerdote Bernardino de Obando y al capitán José de Aguilar y Revolledo, alcalde ordinario. De esta forma, el 24 de abril de 1668, el ayuntamiento de Santiago de los Caballeros de Guatemala, a petición de Aguilar y Revolledo, acordó solicitar al rey licencia para fundar un convento de Carmelitas Descalzas, bajo la advocación de Santa Teresa de Jesús.1 Mientras se procesaba la licencia, hubo varios aportes para el convento: el 3 de abril de 1674, el ayuntamiento dispuso dar ayuda para que se construyera el convento; el obispo Juan Sáenz de Mañosea y Murillo heredó su casa para que en ellas se estableciera el convento cuando murió el 3 de febrero de 1675;2 y, finalmente, el 18 de octubre de ese mismo año Obando compró unas casas para el convento, las cuales habían sido del licenciado Juan de Gárate y Francia, quien fue oidor de la audiencia.3

Por su parte Obando recurrió a la Santa sede y el 26 de enero de 1675 la Sagrada Congregación expidió el decreto otorgando el permiso solicitado. El Papa Clemente X confirmó el permiso el 13 de febrero del mismo año, mientras que en España, el 22 de junio se emitió la Real Cédula que autorizó la fundación del convento, la cual fue confirmada por el rey Carlos el 13 de febrero de 1676. La noticia llegó a Santiago de los Caballeros el 26 de octubre de ese año, por lo que la Audiencia emitió una acuerdo acatando la Real Cédula.3

Tras recibir el permiso otorgado, Obando se fue al Virreinato del Perú y se presentó ante las autoridades eclesiásticas, quienes el 19 de febrero de 1677 concedieron licencia a la Madre Ana Catalana de San Joaquín y a las Hermanas María de la Asunción y María Jerónima de San Juan, Religiosas Profesas de velo negro, del monasterio de la ciudad de los Reyes, para que fuesen a fundar el Convento de Santiago de Guatemala. Las religiosas salieron la clausura de Santa Teresa de Lima el 26 de febrero y el 30 de abril el ayuntamiento de Santiago recibió una carta de Obando que les informaba que ya había arribado al Reino de Guatemala, acompañado de las monjas carmelitas.4

Obando y las monjas carmelitas llegaron el 25 de mayo de 1677 a Santiago de los Caballeros de Guatemala, tomando posesión de su convento e iglesia provisional. El 24 de septiembre, Obando informó al ayuntamiento que el 29 de septiembre, día de San Miguel, el Santísimo iba a ser taslado al templo de Santa Teresa de las Carmelitas Descalzas, e invitóa sus miembros a asistir a la ceremonia. El ayuntamiento acordó asistir en pleno y colocar un altar en la esquinas de las casas consistoriales, y celebrando con fuegos en la Plaza Mayor la noche anterior.5

El templo definitivo del convento de las carmelitas descalzas se empezó a construir el 16 de agosto de 1683, gracias a fondos proporcionados por el capitán José de Aguilar y Revolledo, a quien le agradeció el ayuntamiento formalmente el 11 de abril de 1687, un día antes que el templo fuera bendecido y abierto al público.5

Al morir el 20 de mayo de 1698, Aguilar y Revolledo fue sepultado en el altar mayor del templo en agradecimiento a todas sus contribuciones para la construcción del mismo.6


BIBLIOGRAFIA

  1. Pardo, J. Joaquín (1944). Efemérides de la Antigua Guatemala, 1541-1779. Guatemala: Unión Tipográfica. p. 64.
  2. Ibid., p.69
  3. Ibid., p.70
  4. Ibid., p.71
  5. Ibid., p.72
  6. Ibid., p.100

30 de marzo de 1944: declaran a Antigua Guatemala como Monumento Nacional

Por sugerencia del arquitecto Verle L. Annis y el apoyo del embajador de Estados Unidos, Boaz W. Long, se emite un decreto legislativo declarando Antigua Guatemala como Monumental Nacional.

30marzo1944
El convento abandonado de la Escuela de Cristo en la Antigua Guatemala en la década de 1920. En ese estado se encontraba la mayoría de edificios en la ciudad antes de ser declarada Monumento Nacional. En el recuadro: el general Jorge Ubico, presidente de Guatemala de 1931 a 1944. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Tras siglos de abandono, la ciudad de Antigua Guatemala finalmente fue reconocida como Monumento Nacional por el gobierno del general Jorge Ubico, luego de un extenso estudio sobre la misma que fue realizado por el arquitecto Verle L. Annis, quien fue patrocinado por el entonces embajador de los Estados Unidos Boaz W. Long.  Aquel estudio fue publicado en la “Revista de Guatemala” el 1 de septiembre de 1945.1

En vista del estudio de Annis y con base a las sugerencias del embajador Long, la Asamblea Legislativa emitió el siguiente Decreto:2

Decreto Número 2772

La Asamblea Legislativa de la República de Guatemala,

Considerando: que la Ciudad de Antigua Guatemala contiene edificios públicos y privados, calles y plazas de inestimable valor histórico y arquitectónico;

Considerando: que dicha ciudad fue durante más de dos siglos la sede principal de las autoridades de la Capitanía General de Guatemala, y una de las ciudades más famosas y de mayor importancia del Nuevo Mundo, en los primeros años de la Colonia;

Considerando: que Guatemala, de acuerdo con las Resoluciones XIII y XIV de las conferencias interamericanas celebradas en Montevideo en 1933 y en Lima en 1938, y en cumplimiento de las estipulaciones del Tratado general interamericano sobre la protección de instituciones artísticas y científicas y monumentos históricos, suscrito en Washington por el Gobierno de Guatemala, con fecha 15 de abril de 1935.

Por tanto: con base en lo que dispone el artículo 28 de la Constitución de la República, decreta:

Artículo 1°. Se declara Monumento Nacional la ciudad de la Antigua Guatemala

Artículo 2°. Todo lo relativo a su conservación, restauración y nuevas construcciones, queda bajo la protección, cuidado y vigilancia del Ejecutivo.

Artículo 3°. Se fija un plazo máximo de tres años para cambiar por tejas de barro el techo de los edificios que lo tengan de láminas de metal;  y se sustituan por aleros volados, del mismo estilo de los primitivamente construidos, los pasamanos o antepechos que no correspondan a la estructura original.

Artículo 4°. Un Comité presidido por el Intendente municipal de la ciudad de la Antigua e integrado por un arquitecto especializado en construcciones coloniales y tres vecinos de la ciudad, todos de nombramiento del Ejecutivo, tendrá a su cargo la autorización de los trabajos que las autoridades locales o los particulares se propongan llevar a cabo para conservar, restaurar o modificar los edificios, calles y plazas comprendidos dentro del perímetro urbano, así como para las nuevas construcciones.

Artículo 5°. Queda autorizado el Ejecutivo para que emita los reglamentos, dicte las disposiciones que conduzcan al mejor resultado de lo dispuesto y de facilidades a fin de que se introduzcan las modificaciones que repongan a su estilo primitivo los edificos que hayan sufrido alteración en su estructura. 

Artículo 6°. Las infracciones a lo dispuesto en este Decreto, serán penadas conforme las leyes y reglamentos que se dicten por el Ejecutivo.  

Artículo 7°. Este Decreto entrará en vigor al día siguiente de su publicación en el Diario Oficial.Nota a

Pase al Ejecutivo para su publicación y cumplimiento.

Dado en el Palacio del Poder Legislativo: en Guatemala, el treinta de marzo de mil novecientos cuarenta y cuatro.

        • L.F. Mendizábal, presidente
        • F. Hernández de León, secretario
        • R. Ruiz Castanet, secretario.

Palacio Nacional: Guatemala, treinta y uno de marzo de mil novecientos cuarenta y cuatro. Publíquese y cúmplase.

        • Jorge Ubico
        • El Secretario de Estado en el Despacho de Educación Pública, J. Antonio Villacorta C.2

BIBLIOGRAFIA:

  1. Méndez, Rosendo P. (1945). Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1944-1945. LXIII. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 295.
  2. Ibid., p. 294-295.

20 de enero de 1780: Audiencia da ultimatum a arzobispo Cortés y Larraz

Tras más de seis años de resistirse al traslado a la Nueva Guatemala de la Asunción luego del terremoto de Santa Marta, la Audiencia de un ultimatum al arzobispo Cortés y Larraz para que renuncie a su cargo.

20enero1780
Vista de la Ciudad de Antigua Guatemala en 2010. Al fondo, el Volcán de Agua. En el recuadro: retrato del arzobispo Pedro Cortés y Larraz. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El arzobispo de Guatemala, Pedro Cortés y Larraz fue el principal opositor al traslado de la dañada ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala su nuevo solar en el Valle de la Ermita, principalmente porque comprendía que la idea era debilitar la posición del clero frente a las autoridades civiles de la Capitanía General de Guatemala.

Debido a las Reformas Borbónicas que se iniciaron en la segunda mitad del siglo XVIII, la relación entre el Estado y la Iglesia Católica en el Imperio Español se resquebrajó, y por ello la ciudad ya no fue reconstruida como había ocurrido tras los terremotos de San Miguel en 17171 y de San Casimiro en 1751.2 La nueva familia real -los Borbones- tenía ideas que simpatizaban con la Ilustración y poco a poco fue alejándose del rígido dogma católico; de hecho, en 1767, el rey Carlos III proclamó la Pragmática Sanción por la cual expulsó a la otrora poderosa e intocable Compañía de Jesús de todos sus territorios, lo que puso sobre aviso al resto de órdenes religiosas.3

En esa situación se encontraba el Estado Español cuando ocurrió el terremoto de Santa Marta en 1773, lo que fue aprovechado por el Capitán General Martín de Mayorga para forzar el traslado de la ciudad a una nueva ubicación y con ello restarle considerable poder económico al clero, que perdería sus posesiones.  Esto lo comprendión perfectamente el arzobispo Pedro Cortés y Larraz, quien desde un principio se opuso rotundamente al traslado.4

Si bien la nueva ciudad se trasladó oficialmente el 2 de enero de 1776, cuando se celebró el primer cabildo en el Valle de la Ermita, el arzobispo se quedó en Santiago de los Caballeros, junto con el clero secular bajo su mando, aunque hubo un momento en que la tensión fue tal, que los miembros del Cabildo eclesiástico se vieron en un serio dilema, porque por una parte el arzobispo los amenazaba con la excomunión si no le obedecían, mientras que el Capitán General los amenzaba con enviarlos a la Inquisición si se quedaban en la ciudad.4  Por su parte, los frailes del clero regular, todavía amedrentados tras las expulsión de los jesuitas, dócilmente abandonaron sus dañados palaciegos conventos y se trasladaron a endebles estructuras de madera en la nueva ciudad, en lo que se construían sus nuevas instalaciones.5

En un arranque de ira, Cortés y Larraz presentó su renuncia, aunque luego recapacitó y la retiró; pero para entonces el rey ya le había invitado a retornar a España y habían nombrado al arzobispo Cayetano de Francos y Monroy como nuevo arzobispo de Guatemala.  Al enterarse de esto último, Cortés y Larraz advirtió a los miembros del Cabildo Eclesiástico, diciéndoles que “esas bulas tienen vicios sustanciales, porque han sido libradas en virtud de una renuncia que yo ya retiré; y aún cuando se tuviera en cuenta dicha renuncia, ha sido desestimada por un real acuerdo de 15 de agosto de 1775.”6

En 1779 el Capitán General Mayorga partió para México, a donde había sido nombrado Virrey,7 y Cortés y Larraz continuaba aferrándose a su arquidiócesis. De hecho, al regreso de una visita pastoral a Santiago de los Caballeros, la población salió a recibirlo con gran entusiasmo y cariño; todas las casas estaban adonadas y hubo comisiones con bandas de música que salieron a recibirlo.6  Al ver esto, la Real Audiencia se dió cuenta de que la situación podía desembocar en una guerra civil, por lo que el 20 de enero de 1780 le enviaron a Cortés y Larraz de la Nueva Guatemala una notificación en la que le advertían sin mayores preámbulos que sería expulsado por la fuerza de Guatemala si no acataba el mandato real de retornar a España.  Y también lo conminaron a que condediera el pase a las bulas del nombramiento de Francos y Monroy.8

Para hacer efectivo el ultimatum, la Audiencia nombró al Oidor Tomás Calderón para que fuera a Santiago de los Caballeros a entregar personalmente esta misiva con instrucciones de que regresara con la renuncia firmada por el arzobispo.  Ante esto, Cortés y Larraz, no tuvo más remedio que renunciar, y salir de Santiago de los Caballeros con rumbo a Sololá.  En Panajachel se encontró con la comitiva del nuevo arzobispo, pero no cruzó palabra con éste.8


BIBLIOGRAFIA:

  1. Rodríguez Girón, Zoila; Flores, José Alejandro; Garnica, Marlen (1995). «El real palacio de Antigua Guatemala: arqueología y propuesta de rehabilitación». En Laporte, L.P; Escobedo, H. Simposio de investigaciones arqueológicas en Guatemala (Guatemala: Museo Nacional de Arqueología y Etnología, versión digital).
  2. Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (2008). Apuntes sobre las obras de rehabilitación del Colegio de la Compañía de Jesús. Guatemala. Archivado desde el original el 4 de junio de 2014.
  3. Real Gobierno de España (1805) [1775]. Novísima Recopilación de las Leyes de España mandada formar por el señor don Carlos IV. Madrid. pp. 181-183.
  4. Hernández de León, Federico (1963) [1926] El Libro de las Efemérides; Capítulos de la Historia de América Central. V. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 116
  5. Melchor Toledo, Johann Estuardo (2011). «El arte religioso de la Antigua Guatemala, 1773-1821; crónica de la emigración de sus imágenes»tesis doctoral en Historia del Arte (México, D.F.: Universidad Nacional Autónoma de México).
  6. Hernández de León, El Libro de las Efemérides, p. 117.
  7. Orozco, Fernando. Gobernantes de México (2004 edición). Panorama. p. 484. ISBN 9789683802606
  8. Hernández de León, El Libro de las Efemérides, p. 118.

17 de diciembre de 1693: agradecen al rey la restitución del capitán general

El Ayuntamiento criollo acuerda elevar un memorial al Rey para agradecer la restitución del capitán general Jacinto Barrios Leal

17diciembre1693
Castillo de San Felipe de Lara en Izabal, Guatemala. Este fue reforzado por el presidente Jacinto de Barrios Leal luego de haber sido atacado por piratas en su camino a tomar posesión como Capitán General de Guatemala. En el recuadro: la firma del capitán general Barrios Leal. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons. y de “Gobernantes de Guatemala del siglo XVII“.

El capitán general Jacinto Barrios y Leal había tomado posesión el el 26 de enero de 1688, luego de haber tenido problemas con piratas en su camino hacia Guatemala.1  Ya durante su gestión tuvo que enfrentarse a la crisis que se derivó del enfrentamiento entre los criollos comerciantes y el Superintendente Real de Aduana, Enríquez de Selva en 1688,2 y a los destrozos provocados por el terremoto del 12 de febrero de 1689, el cual destruyó el Real Palacio, las Casas Consistoriales y varios templos católicos.3 Y por si esto fuera poco, en forma ilícita, comerciantes peruanos vendían varios productos al Reino de Guatemala. Toda esta situación hizo que el licenciado Fernando López de Urziño fuera nombrado juez pesquisidor el 13 de marzo de 1690 para que “secreta y extrajudicialmente” verificara si Barrios Leal estuvo involucrado en el contrabando entre Guatemala y el Perú, además de la agresión sufrida por el supertindente y el acoso al Oidor Francisco de Valenzuela.4

El licenciado Fernando López de Urzino y Orbaneja llegó el 1 de febrero de 1691 a Santiago de los Caballeros, para encargarse de la comisión de juez de residencia del presidente y capitán general de caballería Jacinto Barrios Leal.5 López de Urziño tomó el poder y envió a Barrios Leal a reclusió primero a Patulul y luego a Santa Ana. A pesar de esto, la población seguía en contacto con él, lo que obligó al juez de residencia y presidente interino a celebrar un cabildo abierto el 1 de octubre de ese año para notificar a los alcaldes, capitulares y vecinos, que tenían que cesar toda comunicación con Barrios Leal, porque éste estaba “sometido a juicio de Su Majestad“. 5 Al cabo de un tiempo, el juez pesquisidor presentó serias acusasiones contra el Presidente, las cuales fueron refutadas por éste. Y mientras esperaban la resolución, la corrupción en los asuntos de la Corona prosperó por el descuido del presidente y del pesquisidor, y por el poder que ya ostentaban los criollos locales que retaban a las autoridades peninsulares.4

Uno de los asuntos más importantes que tuvo que resolver López de Urzino fue la elección del rector de la Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo, la cual se realizaba el 5 de noviembre de cada año, pero como desde 1689 existía un litigio por la compatibilidad del maestrescuela de la Catedral, doctor Lorezno Pérez Dardón para ociupar el cargo, el claustro le expuso al presidente interino la necesidad de celebrar una junta para elegir al nuevo rector. López de Urzino y Orbaneja se excusó de conocer el asunto, aduciendo que había que esperar la resolución del rey.6

Los ánimos políticos de la ciudad estaban muy caldeados con fuertes bandos contra el presidente y las autoridades peninsulares.  Por ello, el 10 de junio de 1692, para estar mejor preparado y más seguro ante el descontendo de la población, junto con la la Real Audiencia que presidía prohibió que hubiera armas de fuego en las casas particulares, y ordenó que fueran depositas en la Sala Real de Armas del Palacio.5 Aunque esto ayudó un tanto, la exaltación se mantenía, pues exactamente un año después, la Real Audiencia prohibió que los indígenas hicieran “juntas o mitotes” en sus festividades y que “usaran armas, sino que solamente usaran fuegos de cohetes, bombas y ruedas de pólvora“.7

Mientras esperaban la resolución real sobre el juicio de residencia, los miembros del ayuntamiento recibieron una carta del nuevo presidente, Gabriel Sánchez de Berrope el 21 de julio de 1693, anunciado que iba a llegar próximamente a la ciudad.  Y, finalmente, el 23 de noviembre de 1693, en real acuerdo extraordinario de justicia, el juez de residencia y presidente interino, junto con los oidores y fiscal de la Real Audiencia acordaron obedecer la Real Cédula por la cual el general Barrios Leal fue restituido en su puesto de presidente.8

El 17 de diciembre de ese año, el Ayuntamiento celebró un cabildo extraordinario para despedir al licenciado López de Urzino y Orbaneja, al terminar su comisión, y el mismo día dispusieron que despidieron al juez de residencia, acordaron elevar un memorial al rey para agradecerle que hubiera restituido al capitán general a su antiguo puesto.8


BIBLIOGRAFIA:

  1. Cabezas Carcache, Horacio (2017) Gobernantes de Guatemala en el siglo XVII. Guatemala. p. 128.
  2. Ibid., p. 136.
  3. Ibid., p. 135.
  4. Ibid., p. 137.
  5. Pardo, J. Joaquín (1944). Efemérides de la Antigua Guatemala, 1541-1779. Guatemala: Unión Tipográfica, p. 86.
  6. Ibid., p. 87.
  7. Ibid., p. 88.
  8. Ibid., p. 89.

16 de noviembre de 1555: establecen la Correduría de Lonja

El ayuntamiento de Santiago de los Caballeros de Guatemala acuerda establecer la Correduría de Lonja y pone a su cargo a Diego Ponce

16noviembre1555
Ruinas del templo de La Merced en la Antigua Guatemala en 1926. Al fondo se observa el complejo volcánico Fuego-Acatenango. En el recuadro: la porta de la Recordación Florida del capitán Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán, historiador criollo guatemalteco. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Los Corredores de Lonja eran burócratas del reino español que incluían a los Corredores de Mercancías, de Seguros y Fletes, y de Cambio, entre otros.  Con la conquista de América la reglamentación del comercio en tan vasta región se hizo de vital importancia para el Imperio Español por lo que por Real Cédula de 1527, el emperador Carlos V instituyó el oficio de corredor de Lonja aplicable a la Nueva España.1

En las colonias americanas se extendió la aplicación de las Ordenanzas de Bilbao, que mantuvo un principio monopolista de la profesión de corredor, permitiendo a las partes libremente contratar, otorgándoles seguridad jurídica pues los documentos en que intervenían tenían carácter de instrumento público.1

De acuerdo a estas Ordenanzas, los Corredores de Lonja estaban reglamentados de la siguiente forma:2

    1. Los Corredores de Lonja debían ser nombrados por los Cónsules, con la obligación de prestar juramento, ratificándolo a principio de cada año.
    2. Debían ser naturales del Reino y vecinos de la villa, ser hombres de buena opinión y fama, prudentes, secretos, hábiles e inteligentes en el comercio.
    3. Proponer los negocios con discreción y modestia, sin exagerar las partes y calidades, proponiéndolo sinceramente.
    4. Al intervenir en letras debían llevarlas del Librador al Tomador, y estar presentes si lo pedían las partes en la entrega, peso y medida de las mercancías.
    5. Estaban obligados a llevar un libro foliado para los asientos diarios de las operaciones en que intervinieran.
    6. Se les prohibía hacer por si o para si mismos negocio alguno, bajo pena de ser multados la primera vez y destituidos la segunda.
    7. Se les prohibía ser aseguradores por mar ni tierra, ni tener interés en navíos.
    8. El corretaje debía ser pagado por mitad entre el vendedor y comprador.
    9. Debían prestar también juramento cada año de haber llevado bien su libro y demás registros.2

En la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, el ayuntamiento acordó establecer la Correduría de Lonja el 16 de noviembre de 1555 y nombró a Diego de Ponce para hacerse cargo de la misma.3


BIBLIOGRAFIA:

  1. Astiazarán, Adrián Ahumada (2018) Evolución histórica de la Correduría Pública. Conociendo sus orígenes. En: Iuris Tantum (28). p. 243.
  2. Ibid., p. 242.
  3. Pardo, J. Joaquín (1944). Efemérides de la Antigua Guatemala. 1541-1779.  Guatemala: Unión Tipográfica. p. 8.

11 de noviembre de 1540: fundan el convento franciscano

Se funda el primer convento franciscano en la recién conquistada Guatemala

11noviembre1540
Ruinas abandonadas del convento francicano en Antigua Guatemala a principios del siglo XX. El templo fue reconstruido en 1960 luego de que fuera devuelto a los franciscano en 1956. En el recuadro: el escudo de armas de la orden de los franciscanos tallado en piedra. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Reproducimos a continuación la descripción que hace el historiador eclesiástico Domingo Juarros sobre la llegada de los frailes franciscanos a Guatemala durante la conquista y principios de la colonia española:1

El segundo convento [luego del de los frailes dominicos] fue el de los Religiosos de San Francisco. Habiendo estado en Guatemala por los años de 1528 y 29 el V. Padre F. Toribio Motolinéa, de paso para Nicaragua, y de vuelta para México, instado de los vecinos de Guatemala, dió palabra de volver a fundar.  En virtud de ella, el Caballero Gaspar de Arias que era alcalde en dichos años, se encargó del edificio del Convento, y en Cabildo de 20 de julio del año de 1530, se le dio sitio, para la expresada obra, la que emprendió con gran calor, y gastó 1000 ducados en ella, por lo que S. Majestad le hijo merced de Regidor perpetuo.  Pero la fundación del convento no se verificó, hasta el 11 de noviembre de 1540, que llegó la misión, que solicitó y costeó el Señor [Francisco] Marroquín, compuesta de 5 religiosos: F. Diego Ordoñes (Comisario), F. Alonso Bustillo, F. Diego de Albaque, F. Gonzalo Mendez (Diácono), y F. Francisco Valderas (Lego).1

Habiéndose trasladado la Ciudad de Guatemala [tras la catastrófica inundación del 11 de septiembre de 1541] el año de 1543 se fundó en el nuevo sitio Convento con la advodación de San Francisco, quedando en Almolonga el que se había erigido con el título de la Purísima Concepción.1

Llegó a Guatemala por los años de 1544 el Venerable Padre F. Toribio Motolinéa, y otros 24 religiosos: con este refuerzo se trató de fundar la Custodia del Dulcísimo Nombre de Jesús, para cuya erección había alcanzado las facultades necesarias del S. P. Paulo III desde el año de 1536, el Señor Emperador Carlos V.  Celebrose el 1er. capítulo en la Vigilia de Pentecostés, 2 de julio de 1544; en que salió electo primer custodio el citado padre Toribio.  En el Capítulo Genera de Aquila, celebrado el año de 1559, se determinó hacer una Provincia de las Custodias de Guatemala, y Yucatán; y que un trienio se tuviese el Capítulo, y residiese el Provincial en una, y otro en la otra.”1

Tal fue el sencillo principio de una de las órdenes regulares más poderosas que hubo en la época colonial, llegando a poseer doctrinas en el centro y sur de Guatemala, en donde tuvieron grandes extensiones de tierra en la que trabajaban los indígenas de sus doctrinas, a cambio de la enseñanza religiosa.

Los franciscanos estuvieron en la región hasta 1829, cuando fueron expulsados junto con el resto de frailes regulares por el general Francisco Morazán,2 aunque luego retornaron en 1840 cuando el gobierno conservador recuperó el poder en Guatemala luego de la revolución católico-campesina del general Rafael Carrera.3

Durante el período conservador que se extendió de 1840 a 1871, los franciscanos recuperaron gran parte del poder económico y político que tuvieron en la época colonial, aunque fuera solamente en Guatemala y ya no en toda Centroamérica.  Pero cuando triunfó la revolución liberal el 30 de julio de 1871, fueron expulsados nuevamente4 y no tetornaron sino hasta en 1956, cuando la nueva constitución del gobierno liberacionista de Carlos Castillo Armas eliminó la prohibición de que hubiera conventos de frailes regulares en el país, a cambio del arduo trabajo que hizo el clero secular al mando del arzobispo Mariano Rosell y Arellano para derrocar al gobierno del coronel Jacobo Arbenz Guzmán.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Juarros, Domingo (1810). Compendio de la Historia de la Ciudad de Guatemala I Guatemala: Ignacio Beteta. pp/ 164-165.
  2. Marure, Alejandro (1844). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la república de Centro América, desde el año de 1821 hasta el de 1842. Guatemala: Imprenta La Paz.
  3. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1821-1869 I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. p. 273.
  4. Barrios, J. Rufino (7 de junio de 1872). «Decreto del 7 de junio de 1872 del teniente general J. Rufino Barrios, encargado de la presidencia provisoria de la República». Museo Nacional de Historia (Guatemala).
  5. Asamblea Constituyente (1956). Constitución de la República de Guatemala. Guatemala: Asamblea Nacional Constituyente.

27 de agosto de 1717: fuerte erupción del Volcán de Fuego

La erupción del Volcán de Fuego inició enjambre sísmico que resulta en el terremoto de San Miguel el 29 de septiembre.

27agosto1717
Volcanes de Fuego y Acatenango en Guatemala. En el recuadro: portada del informe hecho en 1774 acerca del terremoto de Santa Marta, que recoge todos los terremotos que se habían registrado en la ciudad de Santiago desde 1541. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En 1717 el dominio de la Iglesia católica sobre los vasallos de la corona española era absoluto y esto hacía que cualquier desastre natural fuera considerado como un castigo divino y tratara de resolverse mediante demostraciones de fe. En el caso particular de la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, los habitantes también creían que la cercanía de los volcanes y las montañas que rodeaban a la ciudad, en especial el Volcán de Fuego, era la causa de los temblores que los afectaban con frecuencia.​  De hecho, un breve resumen de lo que había ocurrido hasta 1717 es el siguiente escrito elaborado por la Junta General del año de 1717, para realizar un informe para el rey sobre los terremotos de San miguel del 29 de septiembre:1

    • Por el año de 1541, en que no habían pasado 14 de la fundación de Guatemala en el paraje, o sitio, que actualmente llaman Ciudad Vieja, se experimentó no solo la quasi general inundación, sino también con desmesurados estremecimientos comenzó babanear la tierra (así dice el Escritor) como a las 2 de la madrugada del 11 de septiembre del citado año”.
    • Por los meses de agosto y septiembre del año de 1565, se experimentaron también fuertes y espantosos temblores, que generalmente causaron muchas ruinas en los edificios;
    • En 1575 se sintieron los terribles terremotos que igualmente causaron considerables estragos, con la circunstancia de que desde el expresado año hasta el de 1590, apenas pasó alguno en que no se experimentaran estos terribles avisos de la Divina Justicia.
    • El día de San Andrés del de 1577, en que sindiéndose uno como por el término de tres horas (así dice el Historiador) arruinó muchas casas. 
    • El 26 de diciembre de 1581 se experimentaron grandes sobresaltos, y temores; pues se llegó a encencer luz a las 12 de la mañana, por haberse cubierto el Sol con porción considerable de ceniza, y sin verse unos a otros.  
    • El 14 de enero de 1582, no se vio nada del Volcán sino ríos de fuego, y que eran tantos, y tan temerosos los truenos, que andaba toda la gente atemorizada.
    • Desde el 16 de enero de 1585 hasta el 23 de diciembre de 1586 hubo fuertes y terribles terremotos, que se asoló casi toda la Ciudad.
    • El 8 de octubre de 1651 se volvió a asolar la ciudad de fuertes temblores, los cuales cesaron por intercesión de Nuestra Señora del Rosario, a cuya milagrosa imagen joró por su Patrona.
    • El fuerte temblor del día del Señor de San Felice, en que se arruinó casi toda la Ciudad.  
    • En 1663, 1666 y el 12 de febrero de 1689 se volvieron a destruir todos los edificios, y dicen que fueron grandes pérdidas de los censos de Conventos y Capellanías impuestas sobre sus fincas.
    • En 172 se volvieron a experimentar temblores, siguiedo el 1 de febero de 1705 cuando el volcán arrojó tanta porción de ceniza y humo, y con tanto ruido, que dicen, estuvieron para perecer; y con la circunstancia de que cubriéndose la atmósfera, fue preciso entre nueve o diez de la mañana encender la luz. 
    • El 14 de octubre de 1709 refieren haber experimentado el espantoso y terrible suceso que atemorizó a los habitantes pues fueron tantos los plumajes y ríos de fuego que vomitó el Volcán con grandísimo estruendo.1

Varios testigos fueron consultados por la Junta General del año de 1717, siendo éstos:

    • Bernardo Valdes de 39 años
    • Pedro de la Barrera, de 31 años
    • Felipe Ximenez, de 40 años
    • Juan Santos, Sargento mayor, de 42 años
    • Licenciado Diego Arias de Miranda, Cura del Partido de Caluco, de 41 años
    • Josef Sierra y Rebolorio, de 45 años.
    • Juan de Molina, de 55 años
    • Juan Antonio Mallén, de 37 años
    • Josef Fernández de la Fuente, de 42 años
    • Alfonso Capriles de Guzmán, español de 30 años
    • Bachiller Laureano Simón de Ypinza, de 40 años.2

De acuerdo a los testigos “resulta acreditado, que desde principios de la noche del 27 de agosto de aquel referido año (bien fatal, y trabajoso a la desgraciada Ciudad de Guatemala, y sus vecinos) arrojó uno de los Volcanes voraces llamas de Fuego, y humo con espantosos bramidos, y retumbos, atemorizando en extremo a todos los habitadores; continuando en esta conformidad el siguiente día 28, y aún el 29; cuyos espantos sucesos se habían experimentado en otras ocasiones, de que se hará alguna atención: que se suspendieron por espacio de tiempo; y que se aplacó su furia, mediante la Divina Misericordia, que imploraron los habitadores, por medio de los Santos, de Rogativas, Procesiones, y Novenas, y con particularidad la Ciudad, tomando por Patró al Señor San Miguel, y jurándole como se acostumbra“.3

Continúa el reporte oficial: “No parándose la consideración en que afirmen los testigos, que la causa de los temblores proviene de los Volcanes, pues no son los únicos que concuerdan en este común sentir, resulta justificado, que hallándose como se halla, la Ciudad circunvalada por todas partes de Cerros elevados (bien que el de Agua, y los dos Volcanes de Fuego con exceso considerable, como es hecho manifiesto) estimaban su temperamento poco favorable, y aún nocivo a la salud por su mala situación, y cielo melancólico; y de que en su concepto provenía variedad de enfermedades.”4

Y finaliza: “no cesaron, segun parece, estos actos religiosos y devotos, pero sí calmaron los Terremotos, y los cuidados, y peligros de los habitantes de Guatemala por algún tiempo: pero cuando se hallaban en parte tranquilizados los ánimos, empezaron a aumentarse los sustos, y temores con espantosos, fuertes y terribles terremotos, que principarion como aprima noche del 29 de septiembre del citado año de 717“.5


BIBLIOGRAFIA: