7 de marzo de 1844: Rafael Carrera consigue que el marqués Juan José de Aycinena presente su renuncia como Consejero de Estado

7marzo1844
Ciudad de Guatemala en 1870, vista desde el sur.  Al fondo, las montañas en donde se alzaron los campesinos contra el gobierno de Rivera Paz en 1844.  En el recuadro, el marqués de Aycinena, obispo Juan José de Aycinena, quien era Consejero del Despacho de Rivera Paz.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

De todas las leyendas que se han tejido sobre la figura del Rafael Carrera destaca la que dice que era un analfabeta que servía únicamente como brazo armado de la familia Aycinena.  Pero la realidad era totalmente opuesta: Carrera era el que se imponía y los conservadores tuvieron que plegarse a sus designios. El siguiente es un ejemplo de la forma en que Carrera conseguía sus objetivos, pasando por encima del mismo Marqués de Aycinena.

En 1844 gobernaba nuevamente el licenciado Mariano Rivera Paz, ahora asesorado por el marqués Juan José de Aycinena, como Secretario del Despacho.  En ese momento Carrera era el teniente general a cargo de la Comandancia del Ejército y el clero había recobrado mucho del poder que le habían arrebatado en 1829;  el marqués de Aycinena era presbítero y la mayoría de los diputados defendían los intereses de la Iglesia.

El clero no miraba con buenos ojos a Carrera, pues recelaba de su poder entre los campesinos y obreros, y éste resentía la resistencia que los religiosos le presentaban.  En medio de esta situación no avanzaba la agenda de ni uno ni otro.  Entonces Carrera urdió una estratagema para consolidarse en el poder absoluto.

Primero se retiró de la Ciudad de Gutaemala a “hacer un recorrido por los pueblos“; y mientras estaba ausente conveninetemente estalló una rebelión campesina en Pinula y El Aceituno.  En esos tiempos estaba todavía muy fresco el recuerdo de las invasiones de Morazán y los habitantes de la ciudad se asustaron pensando que el licenciado jefe de Estado y el sacerdote que era su consejero no iban a ser capaces de defenderlos contra semejante amenaza. Entonces, en medio de la zozobra, retornó Carrera a la ciudad y reunió a sus tropas para salir a enfrentar a los alzados.

Tras una escaramuza en las cercanías de la Villa de Guadalupe, se firmó el tratado de Guadalupe, y se alcanzó la paz el 11 de marzo. Los artículos principales de aquel acuerdo pedían que se disolviera la Asamblea Legislativa y, textualmente, exigían: “que los elesiásticos no se mezclen en cosas políticas y de consiguiente no podrán ser electos para destinos públicos, para que la verdadera religión no pierda su prestigio y reverencia“.  Aquella era una alusión directa al Marqués de Aycinena, quien entonces decidió presentar su renuncia con fecha retroactiva al 7 de marzo, la cual dice:

“Señor Presidente del Estado, don Mariano Rivera Paz.

Los reiterados ataques que experimenta mi salud, harto achacosa, después de algún tiempo, y al asiduo trabajo que exige el despacho de la Secretaría, mayormente en circunstancias difíciles como las presentes, me obligan a suplicar de nuevo al señor presidente, se sirva aceptar la renuncia que tengo muchas veces hecha del cargo referido.  Han pasado, ya, señor, los tiempos en que había peligros, porque la buena causa tenía enemigos poderosos; y hoy mi sutación exige de mí, el terito.  No dudo, señor presidente, que usted tendrá la dignación de hacerme esta gracia que recibiré como una recompensa de mis pequeños servicios. Soy, con toda consideración, de usted muy obediente servidor.

Guatemala, marzo 7 de 1844.

Juan J. Aycinena”

La renuncia fue aceptada, obligando a Rivera Paz a conformar un nuevo gabinete de gobierno,  y Carrera ganó la partida frente al líder  de los criollos conservadores, que eventualmente llegaría a ser su Ministro de Asuntos Eclesiásticos.


BIBLIOGRAFIA:


 

12 de mayo de 1840: tras aplastar a Francisco Morazán en Guatemala, el general Rafael Carrera impone un convenio a El Salvador por las reparaciones de guerra

12mayo1840
Mapa de oficial El Salvador de 1859, con una extensión muy similar a la que tenía en 1840.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Después de derrotar al general Francisco Morazán, líder de los criollos liberales centroamericanos, el 18 y de 19 de marzo de 1840 en la Cuidad de Guatemala, el general Rafael Carrera se fue al Estado Los Altos a pacificar a sangre y fuego la región,  en donde se habían recluído desde 1838 los liberales guatemaltecos, y a la que ya había advertido que no le iba a  tolerar ningun alzamiento luego de haberlos derrotado el 29 de enero de ese año. Luego, regresó a la Ciudad de Guatemala y después se fue a El Salvador, con toda la intención de pacificar a los vecinos, también comandados por liberales, ya que Morazán había sido el presidente salvadoreño hasta ese momento.1

A diferencia de la pacificación de Los Altos, Carrera utilizó un convenio para maniatar a El Salvador.  Hacía allá se dirigió en compañía del padre Joaquín Durán, secretario del Supremo Gobierno, y de doscientos soldados bien petrechados, entrando a la capital salvadoreña el 10 de mayo, sin ser molestado por el terror que inspiraba.1  Por su parte, Morazán había salido huyendo de la Ciudad Guatemala el 19 de marzo gritando vivas a Carrer y entonando la “Salve Regina“, y al verse a salvo se dirigió a San Salvador para reorganizar sus ejércitos y lanzarse de nuevo a la guerra; sin embargo, el estado salvadoreño lo rechazó y tuvo que salir huyendo hacia el Perú.2

Los gobernantes del vecino país, sabiendo de la reputación de Carrera, de lo aplastante de su victoria, le prepararon la mejor casa de la localidad, con servidumbre y una amplia cabelleriza para sus bestias.  Pero Carrera sabía que era él quien imponía sus condiciones y a la mañana siguiente se fue muy temprano a la caballeriza y en camiseta y pantalones arremangados se puso a cepillar a sus caballos.  En esas estaba cuando llegó el Ministro de Relaciones Exteriores de El Salvador y otros emisarios a quienes recibió en la misma caballeriza; como éstos le le tenían un gran terror al caudillo conservador guatemalteco apenas y pudieron expresarse en su presencia, y solalmente observaban cómo Carrera tranquilamente daba lecciones a un mozo a su servicio de cómo se cepillaba un caballo.  El padre Durán atendió entonces a los emisarios y los llevó a la sala, mientras Carrera los siguió ignorando y tranquilamente se fue a dar un paseo.1

El 12 de mayo, Carrera mandó a llamar al Ministro salvadoreño de Relaciones Exteriores y a sus ayudantes y con sequedad y sin mayor cortesía les dijo:  “No habrá mucho que hablar: ustedes son gentes ocupadas y yo también. Aquí tienen las bases del convenio que celebraremos y sépase de antemano que no atiendo a modificaciones de ninguna clase.  Sólo queda que saquen en limpio lo que dice allí y que firmemos.3

Y así se hizo. Al día siguiente los representantes de ambos países firmaron el siguiente convenio:4,5

“Convenio celebrado entre los señores Joaquín Durán, secretario del Supremo Gobierno y Teniente General Rafael Carrera, general en Jefe de las armas del Estado, comisionados por parte del Gobierno de Guatemala; y los Señores Manuel Barberena, secretario general del Supremo Gobierno y Juan Lacayo, Jefe Político del Departamento, comisionados por el de El Salvador.
Deseosos los gobiernos de Guatemala y El Salvador de afianzar la paz alterada entre ambos Estados por la conducta administrativa que observó el Gobierno [de Morazán] que acaba de desaparecer, respecto [al guatemalteco], y a los demás de la Unión, en el tiempo anterior y con el fin de que se organice pronto la República [salvadoreña] por medio de un convenio general: [los estados comisionarion a sus representantes] y reuinos con tan interesante fin, después de haber conferencia la materia, han convenido en los artículos siguientes:4

  1. Para la reoganización de El Salvador no se ocupará en los destinos públicos a ninguno de los funcionarios y militares que cooperaron con el General Morazán en la guerra que sostuvo contra los Estados para impedir que se reorganizaran como les conviniera y para impedir también la reorganización de la República [Federal]. […]
  2. Con el fin de asegurarse el Gobierno de Guatemala de los males que aún pudieran maquinar contra este Estado trascendentales a aquel, este Gobierno [de El Salvador] se obliga a entregarle las personas que constarán en una lista que presentarán sus comisiones, las cuales personas permanecerán en aquel Estado hasta la organización de este, en que de común consentimiento podrán volvar. […]
  3. No se consentirá por el Gobierno de El Salvador, que las personas que se asegura haber emigrado de la facción de Morazán, vuelvan a él, si no es de acuerdo y por consentimiento del de Guatemala. […]4
  4. De las tres piezas de artillería y seiscientos fusiles que el Gobierno de Guatemala reclama, como traídos de aquel Estado por el General Morazán en la última vez que fue como auxiliar; el de El Salvador se obligó a devolver en el acto las primeras, y cuatrocientos de los segundos, o su precio a justa tasación de peritos, dentro de seis meses por no existir ahora en sus almacenes ni aún los precisos para su guarnición, a causa de la pérdida de ellos, que el General Morazán hizo en diversas acciones y de que otros muchos están diseminados en los pueblos.5
  5. Estando convocada ya la Asamblea Constituyente de El Salvador, su gobierno ofrece que se ocupará de preferencia en el nombramiento de sus diputados a la Convención que debe organizar la República [Federal]. […]
  6. Conviene al Gobierno de El Salvador en que para custodia y seguridad de los archivos y demás enseres de la Federación; el de Guatemala así como el de los otros Estados, nombren personas de su confianza, a cargo de quienes permanezcan hasta la reunión de la Convención.
  7. Por consecuencia de este tratado, el Gobierno de Guatemala se ogliba a entregar a el de El Salvador, los prisiones de guerra hechos por este Estado, haciendo la entre en el Río de la Paz, inmediatamente después de llegados a la Capital de aquel Estado sus comisionados, previo aviso que dará a éste, aquel Gobierno.
  8. El presente convenio comienza a ser desde hoy una obligación de los Gobiernos de ambos Estados.

Fecho en San Salvador, en la casa del Gobierno de Estado, a trece de mayo de mil ochocientos cuarenta.

  • Joaquín Durán
  • Rafael Carrera
  • Manuel Barberena
  • J. Lacayo5

Apenas terminar de fimar, Cararera sacó de sus bolsillos una factura por diez mil pesos oro, la cual correspondía a la cantidad de dinero que Morazán extrajo del tesoro guatemalteco durante la ocupación de la Ciudad de Guatemala el 19 de marzo.  Sin vacilar ni un instante, Santiago Barberena devolvió a Carrera el dinero que se le pedía.2

Baste decir que Carrera regresó a Guatemala como triunfador de ese viaje, sintiendo que había vengado las humillaciones infringidas a este país por Morazán  en 1829, mientras que el gobierno salvadoreño había tenido que aceptar que era Morazán por su ambición quien había roto irremediablamente la República Federal de Centro América.2


 

BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. Tomo II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 283-286
  2. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. I Guatemala: Editorial del Ejército. p. 168.
  3. Ibid, p. 165.
  4. Ibid, p. 166.
  5. Ibid, p. 167.