3 de abril de 1579: avistan al pirata Francis Drake en las costas de Centroamérica

Avistan a la flota del temible pirata inglés Francis Drake en las costa del Pacífico en Centroamérica.

La isla de Plymouth del pirata inglés Francis Drake. En el recuadro: un retrato del corsario. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

A los pocos de que tomara posesión como presidente del Reino de Guatemala García de Valverde en sustitución de Pedro de Villalobos, llegó la noticia a Santiago de los Caballeros de Guatemala de que el pirata inglés Francis Drake estaba navegando por las costa del sur de la región.1

El espanto se apoderó de los habitantes de la región, ya que la costa sur se encontraba indefensa porque todos las fuerzas se encontraban concentradas en la costa atlántica, que era por generalmente donde ocurrían los ataques de piratas y corsarios. De hecho, el presidente saliente, Villalobos, había hecho fortificar la población de Trujillo en la costa de Honduras y mantuvo una fuerza militar constante en la costa en prevención de las invasiones inglesas.  No obstante sus precauciones, el pirata inglés Guillermo Parker destruyó algunas poblaciones hondureñas en 1579.1

Para entonces Drake ya era un navegante consumado y se dedicó a saquear las posesiones españolas en América en una época en que la rivalidad entre la España católica de Felipe II y la  Inglaterra anglicana de Isabel I estaba en su apogeo.Nota Así que los saqueos y crímenes que cometía Drake fueron motivo para que la reina de Inglaterra lo agasajara y colmara de atenciones.  La reina Isabel le dió al pirata cinco barcos con los que formó una flota que lo llevó a recorrer una gran parte del mundo, incluyendo la costa del Pacífico del continente americano.2

Para 1879 su fama ya infundía terror entre los pobladores de América, pero eso no impidió que el nuevo presidente Valverde, los oidores de la Real Audiencia y los miembros del Ayuntamiento criollo se aprestaran a defenderse como pudieran del pirata inglés.  La última armada española que había en Centroamérica fue la que utilizó Pedro de Alvarado hasta que llegó a territorios controlados por Francisco Pizarro, quien se la quitó; por eso, para 1879 no había tiempo ni dinero suficientes para adquirir lo que hacía falta para enfrentar a los piratas, pero se logró recaudar los suficientes entre los pobladores para adquirir tres pequeños barcos y una lancha de unos mercaderes que, dicho sea de paso, los vendieron a un precio mucho mayor del que realmente valía.2

Las autoridades también lograron fundir cinco cañones de bronce y con esto, nombraron a Diego de Herrera como comandante de aquella improvisada escuadra, que salió en busca de la poderosa flota de Drake, a quien siguieron la pista por más de trescientas leguas, pero sin darle alcance; así pues, cuando Herrera y sus doscientos hombres llegaron hasta Acapulco sin encontrar a Drake, decidieron regresar a Guatemala.3


NOTAS:

  • Debe notarse que la única diferencia entre ambas religiones era que los anglicanos podían divorciarse.  Esta religión había sido creada por el rey Enrique VIII, padre de Isabel I, cuando se divorció de la reina Catalina de Aragón —que era de origen español— porque ésta no le podía dar hijos varones.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1926] El libro de las Efemérides: Capítulos de la Historia de la América CentralVI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 34.
  2. Ibid., p. 36.
  3. Ibid., p. 37.

3 de marzo de 1983: fusilan a 6 condenados por Tribunales de Fuero Especial

Durante el gobierno de facto del general Efraín Ríos Mont fusilian a seis condenados por los Tribunales de Fuero Especial, tres días antes de la llegada del Papa Juan Pablo II.

3marzo1983
El Cementerio General de la Ciudad de Guatemala en 1896. En el paredón perimetral fueron fusilados los seis condenados a la pena de muerte por los Tribunales de Fuero Especial. En el recuadro: el Gral. Efraín Ríos Mont, al centro, con su Ministro de la Defensa, general Oscar Humberto Mejía Vítores, a su derecha. El Ministro de la Defensa dirigía los Tribunales de Fuero Especial. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons y de Associated Press.

Durante el gobierno de facto del general Efraín Ríos Mont se establecieron los llamados «Tribunales de Fuero Especial«, los cuales juzgaban sumariamente a los implicados en actividades guerrilleras.  Los tribunales estaban ubicados en el Palacio Nacional —aunque esto no era del dominio público en esa época— y juzgaron más de setenta casos, los cuales resultaron veinte condenas.1

El 17 de septiembre de 1982 fueron fusilados cuatro guerrilleros, siendo aquella la primera ejecución oficial en siete años, aunque el país estaba en medio de una cruenta guerra civil que había dejado ya miles de muertos y que obligaba al gobierno a extender el estado de sitio cada 30 días. 1,2  A estos fusilamientos le siguieron otros dos, el 3 y el 22 de marzo de 1983.  Pero de todos estos, el que ocurrió el 3 de marzo de 1983 fue el que más repercusión mundial tuvo porque ocurrió apenas cuatro días antes de que llegara el Papa Juan Pablo II en su visita oficial a Guatemala.1

Los seis condenados — Walter Vinicio Marroquín González, Sergio Roberto Marroquín González, Héctor Haroldo Morales López, Marco Antonio González (de nacionalidad hondurena), Carlos Subuyug Cuc, y Pedro Raxon Tepet2 — fueron fusilados a las cinco de la manana frente al paredón del Cementerio General de la Ciudad de Guatemala y los bomberos se encargaron de darles sepultura.  Subuyg Cuc y Raxon Tepet fueron ejecutados por terrorismo, mientras que el resto por secuestro.2  El hondureno González se había entrevistado con representantes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y les contó que había entrado a Guatemala por un puesto fronterizo en Agua Caliente solamente para ser capturado por el ejército guatemalteco y llevado a la prisión del Cuarto Cuerpo de la Policía Nacional, en donde lo mantuvieron incomunicado y lo hicieron confesar por medio del método de «capucha llanta«.  González le dijo a los representantes de CIDH que esa tortura consistía en colocar una capucha de goma del reo, la cual le cubría toda la cabeza hasta el cuello, y a la que se introducía alcohol mientras el reo está atado de pies y manos, llevándolo casi hasta la asfixia.  La CIDH verificó que los sindicados a los tribunales de Fuero Especial habían confesado luego de sufrir esta tortura.3

Los obispos de Guatemala habían enviado un telegrama al gobierno de Ríos Mont pidiendo clemencia para los condenados, en atención a la llegada del Papa, pero no fueron atendidos.  Es más, el nuncio apostólico en Guatemala, Oriano Quilici, había informado que el Papa había intercedido por los condenados y había solicitado al gobierno dar muestras de clemencia, pero la solicitud fue rechazada por la Corte Suprema de Justica.  Ya cuatro de los que murieron el 3 de marzo se habían salvado el 1 de febrero porque cuando ya estaban en el Cementerio General, veinte minutos antes de ser fusilados llegó la orden de suspender la ejecución.1

Debido a que Ríos Mont pertenecía a la Iglesia Evangélica «El Verbo» se conjeturó que no habría querido otorgar la clemencia por su oposición a la Iglesia Católica, algo que habría quedado corroborado por el desplante que le hizo a Juan Pablo II cuando éste llegó a Guatemala, al negarse a besarle el «Anillo del Pescador«.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Agencias (3 de marzo de 1983). Gran tristeza en la Iglesia de Guatemala por la ejecución de seis personas en vísperas de la visita de Juan Pablo II. España: El País.
  2. Comisión Interamericana de Derechos Humanos (3 de octubre de 1984). Resolución Nº. 15/84 Casos 8094, 9038 y 9080, Guatemala.  Organización de Estados Americanos.
  3. — (1984). Reporte del País: Guatemala.  Organización de Estados Americanos.

3 de febrero de 1904: crean un municipio en Monte Oscuro, Chiquimula

3febrero1904
El mapa en Relieve de Guatemala, construido en 1904, visto desde la región de la Bahía de Amatique hacia la Sierra de las Minas. Imagen tomada de Guatemala, vistas de la Capital en 1908. En el recuadro: el presidente de Guatemala, licenciado Manuel Estrada Cabrera. Imgen tomada de Wikimedia Commons.

A finales de la década de 1860, empezó a poblarse la región ubicada en la parte este del entonces vasto departamento de Chiquimula, y se estableció un pequeño poblado de Chortís procedentes de Jocotán y Camotán llamado Monte Oscuro.  Dicho poblado estaba en una zona montañosa poco explorada que se conocía como Montaña de Lampocoy.1

Debido al crecimiento de la población, solicitaron al presidente de la República que autorizara la creación de un municipio en la localidad.  Por ello, el 3 de febrero de 1904, el gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera autorizo la creacion de un nuevo municipio en el departamento de Chiquimula, por medio del siguiente decreto:2

Palacio del poder Ejecutivo: Guatemala, 3 de febrero de 1904

Habiéndose cumplido con las formalidades legales, el Preisdente Constitucional de la República, acuerda:

Acceder a la solicitud de los veciones de Lampocoy, jurisdicción de Jocotán, en Chiquimula, sobre que se erija un Municipio en Monte Obscuro, debiendo la Jefatura Política dicta las demás disposiciones para el cumplimiento de este acuerdo,

Comuníquese, 

        • Estrada Cabrera
        • El Secretario de Estado y del Despacho de Gobernación y Justicia, Juan A. Argueta2

Seguidamente, en base a la recomendación de Jefe Político y al servilismo imperante durante el gobierno del licenciado Estrada Cabrera, se estableció el nuevo municipio, de la siguiente forma:3

Palacio del Poder Ejecutivo: Guatemala 2 de julio de 1904.

El Presidente Constitucional de la República, acuerda:

Que el Municipio de «Estrada Cabrera» del Departamento de Chiquimula, comprenda las aldeas que siguen: Monte Obscuro, Corozal, Kigua, Timushán, Tacacao, Lampocoy, Tasharté, Talquezal, Cán, Guaranjá, Agua Fría, Tres Pinos, Campanario, Taguaní, Capucalito, Roblazón, Roblarcito y Peshjá.

Comuníquese, 

        • Estrada Cabrera
        • El Secretario de Estado y del Despacho de Gobernación y Justicia, Juan A. Argueta3

Todas las aldeas asignadas al nuevo municipio están en la ruta que conduce de Camotán a Honduras.1 Posteriormente, el 9 de marzo de 1907 el municipio de Estrada Cabrera pasó a la jurisdicción del departamento de Zacapa, mediante el siguiente decreto:4

Palacio del Poder Ejecutivo, Guatemala, 9 de marzo de 1907

El Presidente Constitucional de la República, acuerda:

Que para el mejor servicio público, el Municipio de Estrada Cabrera del departamento de Chiquimula se anexe al de Zacapa.

Comuníquese, 

        • Estrada Cabrera
        • El Secretario de Estado y del Despacho de Gobernación y Justicia, J. M. Reina Andrade4

Tras el derrocamiento del gobierno del licenciado Estrada Cabrera el 15 de abril de 1920, el Ministerio de Gobernación del gobierno de Carlos Herrera dispuso a solicitud de los pueblos que éstos, los establecimientos públicos, calles plazas, parques, etc., que llevaban el nombre de «Estrada Cabrera» o de sus familiares, recobraran el que antes tenían.4  Ahora bien, como el municipio creado en Monte Obscuro se llamó «Estrada Cabrera» desde un principio, se le puso el nombre de «La Unión«, el cual ha llevado desde entonces.1


BIBLIOGRAFIA:

  1. ECURED (s.f.) La Unión. Cuba: EcuRed.
  2. Estrada Paniagua, Felipe (1909). Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1903-1904, XXII. Guatemala: Arturo Síguere y Co. p. 271.
  3. — (1909). Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1904-1905, XXIII. Guatemala: Arturo Síguere y Co. p. 91.
  4. — (1910). Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1906-1907, XXV. Guatemala: Arturo Síguere y Co. p. 222.
  5. Méndez, Rosendo P. (1926). Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1921-1922, XL. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 697.

3 de enero de 1883: la Asamblea no acepta la renuncia de Barrios

La Asamblea Legislativa informa al general presidente que no acepta la renuncia que éste presentara el 29 de diciembre de 1882, debido al terror de que el Ministro de la Guerra, general Juan Marín Barrundia, quedara en su lugar.

2agosto1954
Palacio Colonial en la Ciudad de Guatemala, sede del Ejecutivo durante el gobierno del Barrios. En los recuadros: los generales J. Rufino Barrios y Juan M. Barrundia, presidente y Ministro de la Guerra, respectivamente. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El 29 de diciembre de 1882, el general presidente J. Rufino Barrios hizo llegar sorpresivamente su carta de renuncia a la presidencia a la Asamblea Legislativa, que estaba en reuniones extraordinarias para conocer el Tratado de Límites entre Guatemala y México firmado poco antes.1 Ya en 1880 cuando fue electo presidente constitucional tras haber fungido durante siete años como presidente de facto basándose solamente en el Acta de Patzicía,2 Barrios había presentado su renuncia aduciendo su estado de su salud y la alternabilidad en el ejercicio del poder; en ese momento, Barrios no tenía la intención de renunciar, sino de más bien dar una imagen democrática a los miembros del cuerpo diplomático y forzar a sus aliados en la Asamblea a ratificarlo en el poder.  Como era de esperarse, la Asamblea no aceptó la renuncia y antes bien, propuso que fueran ellos los que fueran retirados en vez de Barrios.3

En 1882, Barrios adujo quebrantos de salud y decepciones en el ejercicio del poder, además de la alternabilitidad de autoridades.1 La Asamblea estaba entonces presidido por el licenciado Francisco Lainfiesta, quien era amigo personal de Barrios, y relata así lo acontecido:  «Yo fui llamado  a casa de Barrios pues era presidente de la Asamblea, para imponerme que influyese con los diputados a que le aceptase la renuncia, asegurándome que tenía por objeto hacer la unión de Centro América que él, de acuerdo con [el presidente de El Salvador] Zaldívar, proclamaría valiéndose de su prestigio militar, en cuanto saliese de la presidencia; y tantas fueron las observaciones que me hizo que estuvo a punto de convenir en la renuncia. […] Barrios obligó a los diputados Anguiano y Sáenz a tomar la palabra en favor de la aceptación de la renuncia, cuando aquélla se discutía, pero no pudiendo disimular su mandato antes en ridículo.  Barrios quería que se le aceptase la renuncia y que entrase Barrundia a subrogarle«.  Pero esto fue lo que hizo que los diputados no aceptaran la renuncia del presidente: el terror que inspiraba el Ministro de la Guerra, el general Juan Martín Barrundia.3

Una vez tomada la decisión, la Asamblea le contestó a Barrios con la adulación desmedida con que estaban acostumbrados los diputados liberales a dirigirse al Jefe del Ejecutivo:4

La Asamblea Nacional Legislativa, escuchó con profunda pena la lectura de la importante esposición que os servísteis dirigirla, renunciando la Presidencia de la Repúlica, a que os llamó el sufragio popular, unanimemente declarado en la eleccion que se verific6 en los primeros dias del año de mil ochocientos ochenta. Y ese sentimiento de justo pesar con sinceridad revelado por el Cuerpo Legislativo, no es tan solo la voz cariñosa de la amistad, que os excita a continuar en la difícil labor del poder supremo; no es tan sólo el voto de vuestros numerosos partidarios, que no dejan ni dejarán jamás de aclamar a su Caudillo: es tambien la solemne consagración del principio que sirve de fundamento a los gobiernos democráticos, y según el cual, corresponde a las Asambleas, representar con fidelidad los deseos, tendencias y aspiraciones de sus comitentes.

En efecto, Señor, los pueblos de la República, que con no acostumbrado entusiasmo, fueron a las urnas electoraIes, para investiros con el mando de Ia Nación; Ios pueblos todos, que alarmados y presurosos, ocurrieron suplicando a Ia Asamblea que no admitiese vuestra renuncia anterior; los pueblos qne ven en Vos personificados Ios más bellos ideales al par que las más lisonjeras esperanzas de la patria; no quieren, Señor Presidente, que sus Representantes se aparten del mandato popular, aceptando esa nueva dimisión, que afecta gravemente los más caros intereses que han sido encomendados a su celo y patriotismo.

Poderosos sin duda son los motivos en que fundais vuestra renuncia. La Asamblea se complace en reconocer, y lo proclama en la faz del mundo entero, que ]os servicios cuya importancia quiere disminuir vnestra modestia, son tan incesantes, son tan provechosos a la causa de la libertad, que por ellos la República ha comenzado a marchar en la senda que conduce a su regeneración y bienestar. Vuestra so1icitud se extiende a todo: desde los más difíciles negocios que atañen directamente a Ia existencia de las nuevas instituciones a la conservación y progreso de Ia ·República, hasta muchas de las exigencias del interés privado, que reclaman vuestra autoridad; todo es sometido a la decisión presidencial y se resuelve con el recto e ilustrado criterio que adorna siempre Ios actos de vuestro benefico Gobierno. (Nota de HoyHistoriaGT: que el presidente de la República tuviera que decidir en prácticamente todos los aspectos  de la administración pública y privada era resultado de la forma en que fue redactada la Constitución de 1879,5 por medio la que Barrios fue electo presidente constitucional después de haber gobernado de facto por siete años amparándose únicamente en el Acta de Patzicía3).

Llena  de abnegacion y sacrificio, tal ha sido vuestra vida; y consecuencia de ese penoso trabajo, son las alteraciones que vuestra salud ha sufrido. Empero, la naturaleza que supo dotaros con singulares fuerzas, y que os permite recorrer infatigable el territorio de Guatemala, para velar por el orden y prosperidad de sus poblaciones; ella que os ha dado tal suma de vitalidad y de energía, que parece haber realizado en vos la leyenda de los titanes, sabrá devolveros la salud perdida, para que continueis, como hasta hoy, activamente, al servicio de la magnífica revolución de mil ochocientos setenta y uno.  Y si a la obra de la naturaleza, con vos tan pródiga en beneficios, puede coadyuvar el cariñoso cuidado de vuestros amigos y partidarios, aquí tenéis, Señor Presidente, esta Asamblea, que empleará todo su poder constitucional y todo su afecto y gratitud hacia Vos, para allanar los obstáculos que se presenten al  restablecimiento de una salud tan querida y tan deseada, como puede y debe serlo la pública salud de la nación Guatetmalteca.

Habeis hecho, en verdad, tanto o más de lo que estabais obligado a hacer. Régimen constitucional practicado sin serias dificultades; paz activa conservada sin esfuerzo aún durante los dias de vuestra ausencia; progreso revelado en multitud de mejoras; tales son, Señor, los rasgos más prominentes de vuestra obra grandiosa. En el interior se difunden cada día más los propósitos y tendencias que labran la felicidad de los pueblos. El trabajo, que significa bienestar de las familias y desapego a la anarqufa, viene siendo la divisa de las gentes pacíficas y laboriosas, que no dan pábulo al reclamo de mezquinas ambiciones. La instrucción, que significa conocimiento de los derechos y deberes, se generaliza, para que los ciudadanos reflexionen sobre la importancia de las nuevas instituciones, y sepan defenderlas en el día de la prueba. Pueblo laborioso y que tiende a la Ilustracion, el pueblo de Guatemala tiene derecho a ser feliz; tal puede columbrarse que sea su futuro. Eso no obstante, la Constitucion, bellísima ley que consagra los más avanzados principios de la moderna escuela, esté expuesta a sufrir los ataques de la traición y de las preocupaciones. (Nota de HoyHistoriaGT: la Asamblea se refiere aquí como pueblo a las personas que se consideraban ciudadanos en ese entonces: los criollos, los que sabían leer y escribir y los que poseían un negocio o un oficio que les permitiera subsistir).

La nueva generacion, creada al calor de los planteles de enseñanza por vos establecidos, está preparada a recibir la buena simiente; pero antiguos intereses pueden mostrarse reacios, para que el árbol de la libertad germine o crezca fecundo bajo la sombra de las doctrinas democráticas. El trabajo, las industrias y el comercio, beneficiosos si son dirigidos por acertada empresa, se convierten en improductivos, si carecen en las altas regiones gubernamentales de las atinadas medidas que los ponen en provechosa relacion con los productos y consumos.

Los brillantes progresos realizados merced a vuestra administracion, pueden de un día a otro peligrar bajo la ruda y descarnada mano de la anarquía. Y esa vuestra obra que tanto os ha costado, ·y que todos los espíritus imparciales contemplan como una gran victoria conseguida sobre un pasado que abraza más de trescientos afios, habrá de exponerse a los embates de la contraria suerte, por la falta del grande hombre, a quien el genio quiso fayorecer con sus dones mas preciados. ¡Señor General Presidente; habeis allegado a Guatemala un venturoso porvenir, pero vos también estáis envuelto en sus destinos!

Saludable freno es en las democracias el principio de la alternabilidad de Ios fnncionarios públicos, y particularmcnte, la de aquellos que desempefian las primeras magitraturas. Vos así lo reconocéis y lo proclamais, agregando una idea luminosa a las muchas que brillan en el programa de vuestras creencias políticas. Los pueblos completamente regularizados; aquellos en donde Ia ley es sagrada y el orden público una institución que todos los ciudadanos se proponen respetar, pueden ofrecer el ejemplo de la practicabilidad de ese principio, fecundo para afianzar sobre sólidas bases las públicas libertades. Guatemala ha de sustentarlo a su vez; pero la Asamblea no tiene la honra de creer; como Vos, que la presente sea la oportunidad de llevarlo al difícil terreno de la práctica.

Aquí donde hay mucho que trabajar y muchas contrariedades qne sufrir, el poder no presenta goces ni satisfacciones duraderas: diríase que está erizado de espinas, que solo pueden quebrantarse por los hombres que, como vos, son de carácter superior. El principio, que con justicia establecéis, es un antídoto contra bastardas ambiciones; y ciertamente, vos, que acabareis de cimentar sobre fundamentos inconmovibles el orden, el progreso· y la libertad, dejareis, conforme a nuestro deseo, al concluirse vuestro período, para el que faltan·aun más de tres años, el campo libre a las legítimas aspiraciones de los que quieran sucederos en los delicados trabajos del Poder Ejecutivo. Sea enhorabuena y en su tiempo, la alternabilidad, uno de los medios que hagan accesibles las altas esferas del poder a los liberales bien intencionados y decididos; pero no constituya jamás por el deseo de implantarla desde luego, y quiza con anticipación, un elemento disolvente, que haga de la sociedad inextricable caos y convierta la presidencia en amarga y terrible manzana de discordia. La bonancible situación de la República en sus relaciones exteriores, es un motivo más para que la Asamblea os encarezca la necesidad de no perder las ventajas obtenidas. Habeis mantenido con El Salvador y Honduras la política de mutna consideracion y fraternal armonía, que lograsteis establecer gracias a vuestro atinado y prudente manejo. Nicaragua mantiene con nosotros los mismos lazos de amistad que nos han unido, y con la República de Costa-Rica hemos reanudado relaciones. Pertenece al pasado la antigua cuestion con Mexico, cuyo arreglo pacífico y conciliador, es el nuevo lauro que habeis adquirido, y que mereció sin reservas la más completa y unánime aprobacián de la Asamblea. (Nota de HoyHistoriaGT: si bien toda la respuesta de la Asamblea al presidente Barrios está llena de exageradas alabanzas para el dictador guatemalteco, este párrafo raya en el extremo.  Aquí los diputados llaman un «lauro» el entonces recién firmado tratado Herrera-Mariscal, que ha sido uno de los peores manejos de la política exterior de Guatemala y que representó una pérdida considerable de territorio además de la renuncia definitiva al reclamo sobre el territorio de Soconusco6).

La paz nos sonríe por doquiera, y nos brinda generosa sus halagos: bajo su ejida
protectora, Guatemala como las demás secciones de la América Central, debe continuar entregada al trabajo y a la educación de los pueblos, resolviendo los problemas de que dependen el progreso nacional, la vitalidad, la grandeza y la ventura de la patria. Mas para alcanzar tan lisonjeros objetivos, ¿quién sino vos, está predestinado a ser el obrero que prosiga levantando el edificio del bienestar de la República?

[…] Señor General Presidente; todas las miradas se dirigen hacia vos, todos los ánimos se contristan al saber vuestra renuncia, y el mayor deseo de este Cnerpo es armonizar los motivos que la fundan con la confianza y tranquilidad de la Republica.. Si la Asamblea ha creído de su deber no aceptar esa dimisión, se promete, sin embargo, encontrar algun medio que concilie el mal estado de vuestra salud con la necesidad de vuestros servicios; medida que pudiera adoptarse en las próximas sesiones ordinarias, cuando tal vez los acontecimientos que puedan sobrevenir en orden a la unión Centro-Americana, os hayan colocado en la posibilidad de escogitar un recurso favorable, para obtener la conciliación que pretende el mismo Cuerpo Legislativo.

Senor General Presidente; la Representación nacional  espera y confía que continueis al frente de los destinos de los pueblos, labrando el bienestar de Guatemala y procurando realizar los ideales de la patria que nos legaron los inolvidables Próceres de la Independencia; y ojalá que en esa labor, cuya importancia excede a toda ponderación y que la historia escribirá en sus anales con letras de oro puedan ayudaros todos los ciudadanos y todos y cada uno de los diputados que componen esta Asamblea. Ellos se conceptuarían dichosos, si lograsen coadyuvar en la medida de sus facultades y conforme a los anhelos de sus patrióticas aspiraciones, a la reconstrucción de la República que nos legaron nuestros padres y que unida con estrecho lazo queremos dejar a nuestros hijos.

Salón de Sesiones: Guatemala, 3 de Enero de 1883.
Francisco Lainfiesta
Presidente.4


BIBLIOGRAFIA:

  1. Lainfiesta, Francisco (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala: período de 20 años corridos del 15 de abril de 1865 al 6 de abril de 1885.  Guatemala: Pineda e Ibarra. p. 278.
  2. Ibid., pp. 236-237.
  3. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1871-1876 I. Guatemala: Tipografía El Progreso. pp. 3-4.
  4. Asamblea Legislativa (1883). Exposición de la Asamblea Legislativa de la República de Guatemala al señor general J. Rufino Barrios consignando los motivos que fundan la resolución de no admitir a aquel funcionario la
    renuncia que de la presidencia constitucional dirijió a la misma Asamblea en 29 de diciembre de 1882, expedida el 3 de enero de 1883. Guatemala: Tipografía El Progreso.
  5. Asamblea Nacional Constituyente (1899). Ley constitutiva de la República de Guatemala decretada por la Asamblea Nacional Constituyente el 11 de diciembre de 1879 y reformada por el mismo Alto Cuerpo en 5 de noviembre de 1887 y 30 de agosto de 1897; para uso de las escuelas. Guatemala: Tipografía Nacional.
  6. Comisión Guatemalteca de Límites con México (1900). Memoria sobre la cuestión de límites entre Guatemala y México. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 171-177.

3 de diciembre de 1821: Gaínza pide tiempo a Iturbide para decidir sobre la Anexión

Gabino Gaínza le responde al emperador Agustín de Iturbide, pidiéndole hasta el 3 de enero para consultar a los pueblos sobre la Anexión a México.

3diciembre1822
Pintura alegórica de la coronación de Agustín I, Emperador del Primer Imperio Mexicano del Septentrión al que se anexó Centroamérica el 5 de enero de 1822. En el recuadro: la firma de Gabino Gaínza, ex-Capitán General y entonces presidente de la Junta Provisoria Consultiva que gobernó a Centroamérica hasta esa fecha. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El acta de Independencia del Reino de Guatemala, firmada el 15 de septiembre de 1821, era un documento que dejaba en manos de un Congreso, a celebrarse el 1 de marzo de 1822, el tema de la independencia absoluta,1 de acuerdo a los siguientes artículos:2

2.° —Que desde luego se circulen oficios a las provincias, por correos extraordinarios, para que sin demora alguna, se sirvan proceder á elegir diputados ó representantes suyos, y estos concurran á esta capital á formar el congreso que debe decidir el punto de independencia general y absoluta, y fijar, en caso de acordarla, la forma de gobierno y ley fundamental que deba regir.  […]

6.°— Que en atención a la gravedad y urgencia del asunto, se sirvan hacer las elecciones de modo que el día primero de marzo del año próximo estén reunidos en esta capital todos los diputados.2

El sistema representativo al que apelaban los republicanos se legitimaba en uno de los dos periódicos publicados en la capital del Reino: «El Editor Constitucional«, fundado en 1820, y que tras la independencia cambió de nombre por «El Genio de la Libertad«. Este periódico era el órgano oficial del partido de los criollos liberales e incluía a Pedro Molina, José Francisco Barrundia, al cura José Matías Delgado, Manuel José Arce, y Juan Manuel Rodríguez, entre otros. Este grupo pensaba que la monarquía, por más constitucional o moderada que fuese, era sinónimo de vanidad, desigualdad social y despotismo. Y también señalaba que el gobierno representativo del republicanismo que promulgaban no era sinónimo de democracia, ya que el pueblo limitaba sus funciones soberanas a la facultad de elegir a sus legisladores. En particular a los legisladores, era al que estaba asociada para ciertos actores y publicistas la construcción de la verdadera opinión pública.1

Si bien en un principio la Junta Provisional Consultiva presidida por Gabino Gaínza adoptó la postura republicana, como evidencia el Acta de Independencia, para mediados de noviembre de 1821 las autoridades interinas de Guatemala dieron un giro radical, decantándose por la celebración de concejos abiertos debido a que sus miembros se encontraron acorralados por las presiones mexicanas para adherirse al proyecto imperial de Agustín de Iturbide, y por la rápida desmembración del antiguo Reino. Es importante destacar que las diputaciones provinciales de Honduras y Nicaragua, así como algunos cabildos de Costa Rica, habían jurado la independencia de España, pero a la vez se declararon separados de la ciudad de Guatemala argumentando su decisión por la amarga experiencia vivida bajo su yugo durante los años de dominación colonial.1

El 19 de octubre Iturbide le había enviado un oficio a Gaínza en el cual presionaba sutilmente para que el antiguo Reino se incorporara a México. Ya para entonces algunos de los miembros de la Junta Provisional ya eran conscientes de que la única alternativa para las provincias estaba en el Plan Trigarante de Iturbide. Para el futuro emperador, los intereses de México y del Reino de Guatemala eran idénticos y consideraba que el Plan de Iguala aseguraría a todos los pueblos el goce “imperturbable de su libertad” y los protegería de cualquier invasión.  Iturbide le recordaba a Gaínza que México era sinónimo de “grandeza y opulencia” y, aunque enfatizaba que no quería someter a los pueblos a su voluntad, creía conveniente enviar una división del ejército mexicano “numerosa y bien disciplinada, que […] reducirá su misión a proteger con las armas los proyectos saludables de los amantes de su patria”.  Por otro lado estaba la posición de la Iglesia Católica, representada por Juan José de Aycinena, quien creía que la unión a México era lo más favorable para el Reino de Guatemala porque no trastocaría los privilegios de los clérigos y porque, para él, la fuente de la autoridad no venía de los hombres sino de Dios y por lo tanto, un gobierno republicano no tenía cabida en sus planes.1 Fue muy importante también en esta decisión la situación económica de la recién independizada región, resumida magistralmente por el coronel Antonio José de Irisarri: «La república de Guatemala debía esperar que su independencia fuera más bien asegurada componiendo una nación de nueve a diez millones de habitantes, que quedando reducida a un gran despoblado en que no habia dos millones, con sus costas indefensas, sin marina, sin erario, sin ejército, obligada hasta entonces a recibir de México un subsidio para llenar sus gastos3

En vista de todo esto, la Junta Provisional Consultiva, desobedeciendo el Acta de Independencia, ya no convocó al Congreso de 1822 sino que, debido a la premura con que Iturbide deseaba una respuesta, sugirió que fueran los cabildos abiertos quienes expresasen su voluntad.  Y una vez tomada la decisión en la sesión del 28 de noviembre, Gaínza se dirigió a los pueblos del Reino el 30 del mismo mes, comunicándoles que en el oficio enviado por Iturbide le llamó la atención la superioridad de México por su riqueza, población y fuerza y que la disidencia de Chiapas, Comayagua, León y Quetzaltenango le provocó desconcierto. También les informó que temía el ingreso del ejército mexicano y confesaba que le atraía la idea de unirse a “un Imperio poderoso” que pudiera defender la libertad del Reino. 

Como no contaba con la facultad para decidir un asunto tan grave, y como el asunto de la Anexión no podía esperar hasta febrero de 1822 el Congreso Nacional mencionado en el Acta de Independencia, Gaínza ordenó que los ayuntamientos en concejos abiertos expresaran la opinión de sus pueblos luego de leer la nota de Iturbide. Las contestaciones se remitirían al alcalde primero de cada partido y éste las enviaría a Gaínza con rapidez para que la Junta Provisional contestara a México.  Y aquí es donde empezaron las disputas entre los criollos conservadores aristócratas y los criollos liberales republicanos ya que estos últimos argumentaban que la postura de las autoridades de Guatemala contradecía los acuerdos tomados anteriormente, pues ya habían sostenido que no era facultad de los ayuntamientos decidir sobre ese importante asunto.  Por su parte, Gaínza y los criollos aristócratas señalaban que si los Pueblos son los que por sí o por medio de sus representantes pronunciaban su voluntad sobre el punto de unión o independencia de México, los concejos abiertos estaban conformes a lo estipulado en el Acta de Independencia.1

Finalmente, Gaínza contestó a Iturbide el 3 de diciembre, indicándole que era necesario consultar a diversos cabildos centroamericanos para dar una respuesta sobre la cuestión. Al final de su misiva expresó: «Espero que Vuestra Excelencia dejará en suspenso sus decisiones, y detendrá la marcha de su división armada, hasta la llegada de mi respuesta que le enviaré por correo el 3 de enero de 1822«.

El 3 de enero de 1822, Gaínza envió a Iturbide su conteo aún incompleto: 32 ayuntamientos aceptaban la anexión si lo hacía la Junta Provisional; 104 aceptaron llanamente la anexión; dos se oponían de plano, y otros 21 opinaban que esta cuestión sólo podía ser debatida por el congreso que debía reunirse en marzo.4  Si bien algunos pueblos se oponían a la Anexión, hubo muchos pueblos (como por ejemplo: Comayagua, Ciudad Real de Chiapas, Quetzaltenango, Sololá, y la Diputación Provincial de la Provincia de Nicaragua y Costa Rica4) que se unieron por iniciativa propia al Imperio, aun saltando por encima del conducto oficial de Gaínza.  Por lo tanto, la Junta Provisional Consultiva declaró la unión del Reino de Guatemala al Imperio de México en un acta firmada el 5 de enero en la Ciudad de Guatemala.1


BIBLIOGRAFIA:

  1. Herrera-Mena, Sajid Alfredo (2018). Espacios y opinión pública durante la anexión del Reino de Guatemala a México: San Salvador, 1821 En: LiminaR, XVII, (1) México: Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica. ORCID: http://orcid.org/0000-0002-5998-9541 
  2. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1821-1869 I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 11-14.
  3. Irisarri, Antonio José (1862). Refutacion de la refutacion que Don Lorenzo Montufar ha publicado en Paris de las que él llama Aserciones Erróneas publicadas por el Monitor Universal del 16 de mayo último sobre la guerra de Guatemala contra San Salvador I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. p. 18.
  4. Pineda de Mont, Recopilación de las leyes de Guatemala, reunidas en virtud de una orden especial del Gobierno Supremo de la República, pp. 14-16.

3 de octubre de 2010: descubren que EEUU experimentó con sífilis en Guatemala durante gobierno de Arévalo

Se descubre que el gobierno de los Estados Unidos hizo experimentos de sífilis en Guatemala durante el gobierno del Dr. Juan José Arévalo

3octubre2010
Antiguo Aeropuerto Internacional La Aurora en la Ciudad de Guatemala, en la década de 1940. En el recuadro: el Dr. Juan José Arévalo, presidente de la República de 1945 a 1951. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El 3 de octubre de 2010 se hizo público el hallazdo de la Dra. Susan Reverby del Wellesley College en los Estados Unidos, acerca de que se habían hecho experimentos médicos de sífilis en personas de escasos recursos durante el gobierno del Dr. Juan José Arévalo, cuando el Dr. Julio Bianchi era el Ministro de Salud y bajo la dirección de médicos estadounidenses con la ayuda de médicos guatemaltecos.  Aquellos experimentos consistían en infectar deliberadamente a cientos de personas desvalidas en Guatemala, sin su conocimiento, de sífilis, gonorrea y chancroide.  Entre las personas afectadas hubo soldados, prisioneros, enfermos mentales, prostitutas e incluso niños huérfanos del Hospicio Nacional y en edad escolar en el Puerto de San José.

Los médicos estadounidenses querían comprobar experimentalmente el modelo de tranmisión humana de estas enfermedades venéreas y la eficacia de la entonces novedosa penicilina en el tratamiento de las mismas, con el objetivo de ayudar a las tropas estadounidenses que se veían expuestas a dichas infecciones cuando eran enviadas a sus misiones fuera de los Estados Unidos.

Entre 1946 y 1948 el Laboratorio de Investigaciones de Enfermedades Venéreas del Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos y la Oficina Sanitaria Panamericana (prácticamente una dependencia del gobierno de Harry Truman) diseñaron y patrocinaron los experimentos ya mencionados.  Los estudios estuvieron a cargo del médico John C. Cutler,  quien desarrolló los experimentos bajo la supervisión los médicos R. C. Arnold y John F. Mahoney, y con el enlace y colaboración del Dr. Juan Manuel Funes, jefe de la División de Control de Enfemedades Venéreas de la Dirección de Sanidad Pública de Guatemala, y con la colaboración de funcionarios en los Ministerios de Salud  – a cargo del Dr. Julio Bianchi -, de Gobernación y de la Defensa   – a cargo del coronel Jacobo Arbenz Guzmán -.  Cutler ya había realizado experimentos en Alamaba entre 1932 y 1972, donde infectó de sífilis a 399 jornaleros varones afroamericanos, la mayoría analfabetos, de los cuales 128 murieron de sífilis y 100 de complicaciones médicas asociadas, mientras que 40 de las esposas de estas personas resultaron infectadas y 19 niños sufrieron sífilis congénita.

Al saberse el escándalo, el gobierno de Barack Obama ofreció una disculpa pública al gobierno guatemalteco y posteriormente le entregó los archivos del Dr. John C. Cutler – promotor y conductor del experimento -.  Estos archivos estaban en la Universidad de Pittsburgh y contienen extensos reportes sobre las enfedades estudiadas, así como correspondencia entre Cutler y sus colegas en Estados Unidos, registros experimentales, libros de registro e historial de los sujetos inoculados con las infecciones, incluyendo el número de experimento, seguimiento serológico de sífilis y hallazgos de exámenes clínicos y dosis de penicilina.  Si bien los resultados de los experimentos no fueron publicados en la literatura científica, hubo algunos resultados que fueron usados para presentar ponencias presentadas en el II Congreso Centroamericano de Venereología, que se realizó en la Ciudad de Guatemala en abril de 1948 y que fueron publicados en la revista «Salubridad y Asistencia«, que era el órgano divulgativo del Ministerio de Salud Pública.

Guatemala fue seleccionada a sugerencia del Dr. Juan Manuel Funes, ya que algunos factores favorecían su realización.  En primer lugar, de acuerdo a la legislación vigente en ese momento, ya no se hacían prisioneros políticos y la prostitución fue legalizada y se le permitió a las trabajadoras sexuales ingresar a las cárceles; esto hizo que las prisiones se convirtieran en los lugares seguros, controlables e idóneos para los experimentos humanos. El Servicio de Salud Pública de Estados Unidos erogó el dinero para los experimentos y lo dió a la Oficina Sanitaria Panamericana, con la cual el Gobierno de Guatemala firmó un acuerdo que permitía la realización de los experimentos. Esto significó que el personal estadounidense tenía autoridad para trabajar con las autoridades médicas en los hospitales gubernamentales, con instalaciones médicas y oficiales del ejército, con instituciones al cuidado de huérfanos y dementes y con el sistema penal. Y es que a pesar de la revolución de octubre de 1944, los Estados Unidos seguían teniendo la hegemonía en Guatemala, condicionando la política general, tanto interna como externa y la poderosa compañía frutera United Fruit Company controlaba gran parte del territorio nacional, así como Puerto Barrios, las líneas férreras, el transporte de carga y pasajeros y el transporte marítimo, convirtiendo a Guatemala en la República Bananera por excelencia.

Al enterarse de estos estudios en 2010, el gobierno de Guatemala nombró una Comisión Presidencial dirigda por el Vicepresidente e integrada por la Procuraduría General de la Nación y los Ministros de Relaciones Exteriores, de Gobernación , de la Defensa Nacional y de Salud Pública y Asistencia Social; esta comisión tuvo como objetivo investigar y esclarecer sobre la base de la dignidad humana y ética los hechos históricos, científicos, políticos y sociales por lo que los científicos estadounidenses practicaron experimentos con personas en Guatemala durante los años de 1946 a 1948.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Comisión Presidencial para el Esclarecimiento de los Experimentos en Humanos en Guatemala 1946-48. (2011) Experimentos en seres humanos; el caso Guatemala 1946-48.  Guatemala: Gobierno de Guatemala.

3 de julio de 1908: fallece Joaquina Cabrera

Fallece Joaquina Cabrera, madre del entonces presidente de Guatemala, licenciado Manuel Estrada Cabrera

3julio1908
Sepelio de Joaquina Cabrera en el cementerio de la ciudad de Quetzaltenango.  En ese mismo mauseleo sería sepultado Manuel Estrada Cabrera en 1924, pero sin tanta poma, dado que ya había sido derrocado.  En el recuadro: última fotografía de la madre del ex-presidente guatemalteco.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

La figura principal en la vida del licenciado Manuel Estrada Cabrera, quien gobernó a Guatemala desde 1898 a 1920 fue su madre, la señora Joaquina Cabrera, quien tenía un dominio completo sobre su hijo.

Joaquina Cabrera murió el 3 de julio de 1908 después de padecer una larga enfermedad.1-3​ Tras su fallecimiento, se repitieron las adulaciones en los medios oficiales, y del pueblo en general, algo que se acostumbraba en los gobiernos guatemaltecos de la época; además, tan solo unos pocos meses antes, el 20 de abril, había ocurrido el atentado de Los Cadetes en contra el presidente Estrada Cabrera4​ y no solamente la represión en el país estaba en su punto más alto sino que también el presidente se había refugidado en la entonces lejana hacienda «La Palma«. Y por si esto no fuera poco, el presidente había subrido otro atentado mortal un año antes, el conocido como atentado de La Bomba, del que también escapó ileso de milagro.4 Todos los ciudadanos, pues, estaban afanados en que se supiera que estaban de acuerdo con el régimen cabrerista, pues conocían las consecuencias terribles que habían enfrentado los autores y supuestos colaboradores del atentado del 20 de abril, y del atentado de La Bomba.4-5

Gerardo Gordillo Taboada, redactor y editor de «La Locomotora» (la revista oficial del goberino de Estrada Cabrera) escribió lo siguiente en un número especial publicado en honor a la fallecida el 6 de julio de 1908, y el cual muestra el servilismo total hacia el gobernante: «La consternación que tan triste suceso ha producido en la sociedad es unánime, porque unánime es también y justiciero el reconocimiento de los altísimos méritos de la Señora Cabrera de Estrada; y en más de una ocasión y por diversos motivos a todos favoreció su benéfica influencia, pues magnánima y cariñosa, no conoció dolor que no hubiera tratado de aliviar ni supo de llanto que no hubiese procurado secar.3​

En el decreto número 687 del 3 de julio de 1908, el presidente Estrada Cabrera en Consejo de Ministros decretó duelo hasta el 11 de julio, tiempo durante el cual la bandera ondeó a media asta en todas las instituciones públicas, y los empleados públicos tuvieron que vestir de luto. Además, al funeral tuvieron que asistir los empleados públicos, los de la municipalidad de Guatemala y comisiones de alumnos de establecimientos de enseñanza y de las Casas de Beneficencia.1 Las oficinas gubernamentales estuvieron cerradas tres días y todos los gastos del funeral fueron costeados por el gobierno guatemalteco.6​

El funeral fue magnífico y constituyó un evento en que quedó demostrado el servilismo imperante en la sociedad para con el presidente guatemalteco: se repartieron esquelas no solamente de parte del presidente y de su familia, sino que también del Consejo de Ministros, del Consejo de Estado, de la municipalidad de Guatemala y de la Junta Directiva del «Club de Amigos del Licenciado don Manuel Estrada Cabrera«.7 Miles de personas acudieron a las calles por donde iba a circular el cortejo: el sur de la Plaza de Armas, el Portal del Comercio, y las calles al norte y este del Teatro Colón se llenaron poco antes de la cuatro de la tarde, en que la Banda Marcial inició las marchas fúnebres que acompañaron al sepelio.7

Tras los alumnos de la Escuela Práctica de Varones, que en ese entonces estaba militarizada, y de la Banda Marcial iba el féretro en hombros de los Ministros de Estado, mientras que los presidentes del Poder Judicial y del Legislativo —este último era el licenciado Arturo Ubico Urruela— llevaban los cordones fúnebres. A ambos lado, las alumnas de la Escuela Práctica de Señoritas y del Instituto Normal Central para Señoritas; la comitiva era precedida por la familia y seguida por numerosa concurrencia entre altos miembros del gobierno, militares y miembros del cuerpo diplomático.7​-10 Cerraban el cortejo los estudiantes del Instituto Nacional, de la Escuela Normal de Profesores y los alumnos del Hospicio Nacional, a quienes seguían carruajes abiertos con numerosas coronas funerarias.7​ Las honras fúnebres se hicieron en el templo de Santo Domingotemplo de Santo Domingo y dos horas después se despidió el cortejo, para trasladar el féretro a la estación del Ferrocarril Central, que la trasladó a Quetzaltenango.

El tren salió de la ciudad por la noche, con numerosa comitiva en representación del presidente y de los miembros del Consejo de Estado, y al pasar por las estaciones de Amatitlán, Escuintla y Mazatenango se detuvo para que se realizaran ceremonias en esos lugares; el tren llegó a San Felipe a las seis de la mañana, y a las ocho el cortejó continuó a caballo o en diligencias hasta Zunil y Almolonga.11​

En Quetzaltenango, su ciudad natal, se dieron muestras de servilismo similares a las que se dieron en la ciudad de Guatemala: el féretro fue conducido a la iglesia de San Juan de Dios, y de allí trasladado con numerosa concurrencia que incluía a escolares, empleados públicos y curiosos hasta el cementerio general de la ciudad, en donde fue sepultada en el panteón de la familia.12,13​

En su honor se escribieron poemas en su memoria, tales como los Mater Admirabilis de los poetas extranjeros José Santos Chocano y Rubén Darío. Y la fecha de su cumpleaños se siguió celebrando hasta el derrocamiento de su hijo en 1920, como si todavía estuviera viva.


BIBLIOGRAFIA:

  1. El Guatemalteco (3 de julio de 1908). «Decreto número 667 del Consejo de Ministros»El Guatemalteco (Guatemala) LXV (Alcance al 3). p. 1
  2. Méndez y Estrada Paniagua, 11 de agosto de 1906, p. 2.
  3. Gordillo Taboada, Gerardo (6 de julio de 1908). «Doña Joaquina Cabrera de Estrada»La Locomotora: revista de política, ciencia, literatura y bellas artes (Guatemala) 4 (Alcance al 66), p. 1.
  4. Estrada Paniagua, Felipe (29 de abril de 1908). «El crimen del 20»La Locomotora: revista de política, ciencia, literatura y bellas artes (Guatemala). pp.: 1-5
  5. – (10 de mayo de 1907). «Crimen de lesa patria»La Locomotora: revista de política, ciencia, literatura y bellas artes (Guatemala) II (33). p. 1.
  6. El Guatemalteco, Decreto número 667, p. 2.
  7. Gordillo Taboada, Doña Joaquina Cabrera de Estrada, p. 7.
  8. Ibid., p. 5.
  9. Ibid., pp. 7-8.
  10. Ibid., p. 9.
  11. Ibid., p. 8.
  12. Ibid., p. 11.
  13. Ibid., pp. 8-11.

3 de mayo de 1865: eligen al Mariscal Cerna como presidente

La Cámara de Representantes elige al Mariscal Vicente Cerna como presidente de Guatemala

3mayo1865
El Mercado central de la Ciudad de Guatemala, construido por el gobierno del Mariscal Vicente Cerna y destruido por el terremoto de 1976.  En el recuadro: el Mariscal Cerna.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El licenciado Pedro de Aycinena asumió la presidencia provisoria tras la muerte del Capitán General Rafael Carrera el 14 de abril de ese año, ya que de acuerdo a la constitución vigente a él le correspondía por ser el minismo más antiguo.  Su primer acto oficial fue enviar una proclama a la población anunciado la elección del nuevo presidente a la brevedad posible.1,2,Nota

El decreto de Aycinena dice así:

Pedro de Aycinena,

Ministro de Relaciones Exteriores, encargado interinamente del Gobierno;

Por cuanto: ha llegado el caso previsto en los Artículos 5° y 9° del Acta Constitutiva de la República, con motivo del fallecimiento del Excmo. Sr. Capitán General D. Rafael Carrera, Presidente de la República;

POR TANTO:

Con presencia de lo dispuesto en dichos Artículos, y oído el parecer del Consejo de Estado,

TIENE A BIEN DECRETAR Y DECRETA:

Art. 1.° — Se convoca d la Cámara de Representantes, para que constituyéndose en Asamblea general, con la concurrencia de los funcionarios que al efecto designa el Art. 5° se verifique la elección de Presidente Constitucional de la República.

Art. 2° — Con tal objeto, la Cámara abrirá su sesión extraaordinaria el dia 1.° de Mayo próximo entrante; celebrando una Junta preparatoria el dia 28 del corriente.

Art. 3° — El Ministro de Gobernación queda encargado de la Ejecución del presente Decreto.

Dado en el Palacio del Gobierno, en Guatemala, á catorce de abril de mil ochocientos sesenta y cinco.

El Ministro de Gobernación,

        • M. Echeverría.

Y por disposición del Sr. Ministro encargado interinamente del Gobíerno, se imprime publica y circula.— Guatemala, Abril 14 de 1865.

        • Echeverría.3

La elección fue realizada el 3 de mayo de 1865 por los miembros de la Cámara de Representantes que, al igual que como ocurriría con las Asambleas Legislativas que hubo en los gobiernos liberales, estaba compuesta por allegados del fallecido presidente.  Los candidatos que se presentaron fueron el Mariscal Vicente Cerna y el general Manuel González.4   El Mariscal Cerna era de origen mestizo y había sido uno de los correligionarios de Carrera desde la época en que ambos peleaban juntos durante el alzamiento católico campesino que derrocó al gobierno liberal del Dr. Mariano Gálvez en 1838.  Gracias a su amistad con Carrera tuvo puestos de importancia en la administración del gobierno, siendo el Corregidor del entonces vasto departamento de Chiquimula y llegando al máximo escalafón del ejército guatemalteco.  Por otra parte, el general González era descendiente de una de las familias criollas del país, pero quien acababa de regresar de México tras una larga ausencia.4

El Mariscal Cerna resultó electo, y desde su toma de posesión fue llamado «Huevo Santo» por el pueblo guatemalteco dada su parsimonia, la falta de vivacidad en su caráter y, sobre todo, por las estudiadas prácticas jesuitas de piedad y catolicismo con el que el nuevo presidente se presentó ante la sociedad.5  También se dice que fue nombrado así porque, a diferencia de Carrera, no acostumbraba a tener agasajos con jovencitas durante sus viajes a los diferentes poblados que visitaba.


NOTAS:

  • a: es importante destacar que debido a que Carrera había si nombrado presidente vitalico en 1854, la constitución tuvo que ser modificada para regresar al sistema de presidentes electos cada cuatro años.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, elaboradas en virtud de un pedido especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. p. 87.
  2. Lainfiesta, Francisco (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. Período de 20 años corridos del 14 de abril de 1865 al 6 de abril de 1885. Guatemala: Pineda e Ibarra. p. 4.
  3. Aycinena, Pedro de (14 de abril de 1865). Decreto del Ministro de Relaciones Exteriores, Encargado Interinamente de la Presidencia. Guatemala: Imprenta de la Paz. p. 1.
  4. Ibid., p. 5.
  5. Ibid., p. 6.

3 de marzo de 1926: publican fuerte editorial contra la corrupción y extranjerización

El periódico «Nuestro Diario» de los periodistas Federico Hernández De León y Carlos Bauer Avilés publica un fuerte editorial contra la corrupción y extranjerización en Guatemala

3marzo1926
La Ciudad de Guatemala en 1923.  Se aprecia la Catedral en ruinas, el Parque Central, el Arco Chino en donde ahora se ubica el Palacio Nacional y el Palacio de Cartón en donde hoy está el Parque Centenario.  En el recuadro: el retrato del general José María Orellana que aparece en el billete de un Quetzal desde su muerte, en 1926.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El 3 de marzo de 1926, durante el gobierno de facto del general José María Orellana, el periódico «Nuestro Diario» publicó el siguiente editorial, que reproducimos íntegramente ya que, desafortunadamente, está todavía vigente:

«Desde cierto tiempo a esta parte, se advierte, en las esferas gubernativas, una creciente nerviosidad contra todos aquellos que en su modo de pensar siguen las corrientes de la ideología moderna o que bien, entusiasmados por los ideales en boga, tratan de difundirlo y propagarlo entre las clases populares. El grito ‘¡al Bolchevique!» se ha convertido en la voz de alarma, a la vez que de azuzamiento, para vigilar y perserguir a los que en una u otra forma se hacen eco de las tendencias de la época, aun cuando ellas no tengan relación alguna con el comunismo y sí mucha con los principios de verdadera democracia que, al decir del papel que todo lo aguanta y que siempre está pronto a mentir, son los que inspiran nuestra organización, tanto social como política.

No ha sido óbice para impedir los temores exagerados, la simpre consideración, al alcance de cualquiera, de la bien raquítica influencia que, sobre masas de la calidad de la nuestra, tendrán quienes le hablen a nombre del pensamiento.  Nose ha querido reflexionar que nuestras multitudes de la ciudad, y sobre todo, del campo, mantenidas en una ignorancia crasa y en un estado cultural lamentable, porque así ha convenido y sigue conviniendo a las minorías explortadoras, habrán de permanecer sordar a toda prédica de carácter ideológico, antes bien, habrán de acoger, con ceñuda desconfianza, todo lo nuevo, todo lo que pueda sacarlas de los carriles de su vida llena de prejuicios y supersticiones.  No se ha tenido en cuenta, para convencerse de la absoluta esterilidad de toda acción de propaganda de ideas, la existencia precaria de los órganos de divulgación espiritual, el periódico, y en particular, el libro.

En tanto, se dejan inadvertidos los verdaderos agentes de perturbación social y aún, de manera inconsciente pero sistemática se les estimula y fomanta y se crea otros nuevos.  En efecto, no se repara en todas aquellas circunstancias y condiciones que, por el estado en que se encuentran nuestra muchedumbres, – e incluyendo en ellas no solo al proletariado sino que a las clases medias y altas, – por fuerza han de operar y operan como los más activos factores para la gestación de serios trastornos futuros.  Así, se permanece ciego ante las consecuencias inevitables de una organización social y económica que descansa, de hecho, sobre las bases de la injusticia más vergonzosa, organización todopoderosa frente a un poder público que, como emanación de ella, se muestra insensible o impotente ante sus excesos, cuando no se convierte en su cómplice.

La rudimientaria mentalidad de las turbas y la rutinaria de las clases semi-instruídas, – que entre nosotros abarcan hasta la generalidad de los profesionales,- hace que ellas reacciones, no a los estímulos superiores del pensamiento, pero sí, ay en forma tanto más vehemente, a los materiales, sea de los apetitos y ambiciones, sea, de los apremios y necesidades, en especial de carácter económico.  Así, en nuestra situación actual llegan a destacarse como principalísimos agentes de perturbación para un futuro, que talvez no está muy lejano, las dificultades cada día mayores para hacer frente a la vida cotidiana y debidas, entre muchísimas otras causas, al empobrecimiento incontenible del país, a la extranjerización de la propiedad, al desplazamiento del nativo, de todas las fuentes de trabajo bien remunerado.

Por de pronto, los efectos se han hecho sentir en la inmensa ola de corrupción que se extiende, en proporciones cada vez más alarmantes, hacia todos los sectores sociales.  Es de suponerse, sin embargo, que su avance tendrá un límite, no tanto porque se le oponga una espontánea reacción moral, como porque los beneficios materiales que se derivaran de la corrupción y que empujaran a ella, habrán por motivos obvios, de reducirse y cesar.  Entonces, cuando hayamos llegado a los extremos que México en las postrimerías de don Porfirio, que la inmensa mayoría de los nacionales moría de hambre, desposeídos de otda propiedad en beneficio de los extranjeros y de unos cuantos nativos aliados a ellos contra los destinos del país, que la desesperación se apoderaba de todos los ánimos y que el analfabetismo, la ignorancia y los vicios empujaban a todos los excesos, habríamos asistido a la trajedia que no se quiso prevenir a tiempo.

Y elllo puede evitarse, no persiguiendo a los presuntos ‘bolcheviques’ que no llegan a la docena y cuyas actividades se estrellan ante la indiferencia e incompresión de nuestras multitudes, sino que iniciando una política seria, de grandes alcances, valiente y enérgica en favor del guatemalteco.  Política que habría de encontrar preferente terreno de acción en lo económico; en el estímulo a todas las actividades de los nacionales, en la preservación de las fuentes de riqueza que todavía son nuestras, para que no pasen a manos de extraños, y en la sistemática recuperación de las enajenadas; en el mejoramiento de las condiciones de trabajo y de los salarios; en la lucha tenaz contra los vicios y las causas de degeneración y debilitamiento; en la imposición a las clases pudientes, siempre dispuestas a sustraerse a sus deberes sociales, el sacrificio en provecho de la colectividad.

A eso deberían de tender todos nuestros esfuerzos.  Para lograrlo, cabría hacer una tregua en todas las divisiones políticas, pero también, y sobre todo, hacer de lado las ambiciones personales que, en el fondo, son el obstáculo más poderoso para toda reconciliación nacional.»


BIBLIOGRAFIA:

  • Hernández de León, Federico (3 de marzo de 1926) Agentes de perturbación. Guatemala: Nuestro Diario, Talleres SELCA.

3 de febrero de 1640: los frailes hospitalarios se hacen cargo del lazareto

Los frailes hospitalarios de San Juan de Dios se hacen cargo del primer lazareto en Santiago de los Caballeros

3febrero1640
Composición fotográfica realizada por Juan José de Jesús Yas de las ruinas de Antigua Guatemala a principios del siglo XX.  Se reconocen: La Recolección, el cementerio de San Lázaro, San Francisco el Grande, Tanque La Unión, Templo de Minerva (desaparecido), Parroquia San  José Catedral, La Merced, San Agustín, El Carmen, Arco de Santa Catalina, Palacio de los Capitanes Generales, Hospital de San Pedro y Ayuntamiento. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Cuando el presidente de la Real Audiencia de Guatemala, Alvaro de Quiñonez y Osorio, marqués de Lorenzana, se dió cuenta de que habí varios leprosos deambulando por las calles de la ciudad de Santiago de los Caballeros, dispuso que se construyera un lazareto en los poblados situados en las afueras de la ciudad, específicamene a dos kilómetros al este de la misma. El rey aprobó la construcción por medio de una Real Cédula de 1639 y donó 4000 ducados para la misma; luego de construído, se lo entregaron a los religiosos de San Juan de Dios para su administración, siendo el prior del convento de la orden en Guatemala y vicario provincial en ese entonces Carlos Cívico de la Cerda.1,2

El 29 de de septiembre de 1717el lazareto fue arruinado por el terremoto de San Miguel, y el 17 de febrero de 1719 el prior del convento de San Juan de Dios, Agustín de Sotomayor, pidió que se le donase agua para la reconstrucción del edificio, ya que existía mucho peligro de que los lazarinos contagiaran a los pacientes que los religiosos tenían en su hospital de Santiago si eran admitidos allí por falta de hospital apropiado.3

El Ayuntamiento aprobó la solicitud, pero debido a la escacez de recursos, no se pudo construir. Desafortunadamente, el terremoto de San Casimiro en 1751 dañó lo poco que se había avanzado hasta entonces,4 y con el de Santa Marta en 1773 se extinguió por completo el hospital.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Juarros, Domingo (1808). Compendio de la historia de la Ciudad de Guatemala. Tomo I. Guatemala: Ignacio Beteta.
  2. — (1818). Compendio de la historia de la Ciudad de Guatemala II. Guatemala: Ignacio Beteta.
  3. Gómez Carrillo, Agustín (1886). Estudio histórico de la América Central (3.a edición). Madrid, España: Imprenta de Hernando. pp. 94-95.
  4. Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (2008). Apuntes sobre las obras de rehabilitación del Colegio de la Compañía de Jesús. Guatemala. Archivado desde el original el 4 de junio de 2014.
  5. Moncada Maya, J. Omar (5 de mayo de 2003). «En torno a la destrucción de la Ciudad de Guatemala, 1773. Una carta del Ingeniero Militar Antonio Marín»Biblio 3W. Revista Bibliográfica de Geografía y Ciencias Sociales (Barcelona: Universidad de Barcelona) VIII (444). ISSN 1138-9796.