24 de abril de 1827: liberales salvadoreños proponen la paz a Aycinena y a Arce

El Palacio Nacional de San Salvador en 1912. En el recuadro: el Jefe de Estado Mariano Prado. Imágenes tomadas de Stephen Grant y de Wikimedia Commons.

La marcada división entre los criollos centroamericanos que se produjo tras la independencia en 1821 fue producto de resentimientos acumulados durante los útimos cincuenta años de la la época colonial, en la que los aristócratas guatemaltecos se aliaron con las autoridades españolas, con quienes hacían lucrativos negocios a costa de la producción agrícola a cargo de los criollos hacendados.  Por supuesto, todo el trabajo era hecho por los campesinos indígenas de la región, pero esto estaba fuera de discusión entre los criollos.

Cuando los aristócratas guatemaltecos se hartaron de los decretos estatales del liberal Juan Barrundia que sistemáticamente atacaban sus privilegios,1 lograron que el presidente federal Manuel José Arce lo hiciera prisionero y que convocara a una nueva elección de jefe de estado.2  En esta elección realizada en noviembre de 1826 fue elegido el líder aristócrata Mariano de Aycinena, lo cual fue el chispazo que inició la rebelión del jefe de estado de El Salvador, el liberal Mariano Prado, quien desconoció la autoridad del presidente Arce y convocó a un congreso en su territorio.3

Luego del inicio de la Guerra Civil Centroamericana y del «Decreto Fatal»  de Aycinena que declaró enemigos de la patria a los liberales guatemaltecos exiliados en El Salvador, los criollos conservadores salieron de tierras salvadoreñas para irse a Guatemala, y los criollos liberales dejaron Guatemala.4

Aquel fue el inicio de la Guerra Civil Centroamericana, ya que Prado envió sus fuerzas militares a invadir Guatemala, aunque éstas fueron rechazadas por el presidente federal Arce en la batalla de Arrazola, aunque los salvadoreños lograron replegarse y rehacerse tras la derrota.  Arce, entonces al mando del ejército federal y de las armas guatemalteca, invadió a El Salvador en represalia. Este fue un punto determinante en la guerra, ya que el presidente federal era salvadoreño y había llegado al poder gracias a los liberales en el Congreso Federal, por lo que iba muy apesadumbrado a atacar a sus coterráneos.4

Prado comprendió la situación y envió al mercenario francés Nicolás Raoult para que conferenciara con el coronel Manuel Montúfar, el enviado de Arce en el poblado de Nejapa, muy cerca de San Salvador, en donde ya estaba concentrado el ejército federal.  El documento que envió Prado el 24 de abril de 1827 decía así:56

Proyecto de concordia entre las autoridades de Centro América

Ha habido un trastorno en la República. Es indudable. No hay Congreso ni Senado federal.  Ambos partidos convienen en la permanencia de la Constitución. ¿Por qué, pues, se hacen la guerra?

El restablecimiento de las autoridades de la Federación es necesario para que sigamos gobernándonos constitucionalmente.  Al efecto, el Presidente, o Vicepresidente de la República intimarán a los senadores y diputados existentes en Guatemala, y demás puntos de la República, que se reunen en este punto; en falta de ellos concurrirán sus suplentes, compeliéndolos, si fuera necesario, del modo que la Junta Preparatoria estime conveniente.6

Los diputados y senadores que debieron renovarse, o sus suplentes, deberán concurrir también, a efecto de que se vea lo más pronto reunida la representación nacional, y ésta dé el decreto de elecciones de los que deban subrogarlos, no abandonando sus asientos hasta que no vengan a ocuparlos sus sucesores; pero el Congreso, entretaton, no podrá tratar sobre acusaciones a los funcionarios públicos, que se versaren acerca de procedimientos en el actual trastorno, hasta que su mitad no sea renovada. Podrá sí, en virtud de sus atribuciones, si a bien lo tuviere, publicar una amnistía general.

El Estado de El Salvador se abstendrá de toda intervención en los negocios de Guatemala. Las autoridades de éste deberán convenir en su propia renovación, si el Congreso pronunciare haber sido nula la elección.

Reunidas las autoridades federales en el Estado de El Salvador, o donde el Congreso decidiere, la fuerza permanente se retirará a los puntos avanzados de su destino, o a donde deban organizarse y completarse: distante treinta leguas de las autoridades federales, volviendo al Estado de Guatemala las que con motivo de los presentes acaecimientos, se hubieren leantado provisoamente en él.

Las tropas residentes de Opica se retirarán inmediatamente, y con noticia de su llegada a Guatemala, se licenciará la guarnición de El Salvador.  Las tropas que existanen Honduras, a las órdenes del comandante Milla, se retirarán también; y en habiendo llegado a Chiquimula, hará lo mismo la división auxiliar de El Salvador, a las órdenes del coronel Ordóñez.

No se intentará jamás por la fuerza la reforma del Código Federal, sino por los medios que el mismo Código previene.  El Estado de El Salvador mediará gustosamente las diferencias con el de Nicaragua, a fin de conseguir el restablecimiento del orden.  Las autoridades de los Estados se abstendrán de todo procedimiento contra las personas que hubieren tomada partido en las presentes circunstancias dejando su derecho a salvo a las personas que hubieren recibido dado para reclamarlo en juicio.6

El presidente federal Arce leyó la petición, pero la rechazó mediante este comunidado al día siguiente:7

Eso es pedir como si no se hubiese peleado; siempre por la expresión de las pasiones y de los intereses privados.  Mi elemento es la paz; mi martirio derramar sangre centroamericana; se agrava si ella es salvadoreña.

Pidan en razón que estoy pronto a convenir; pero pídase luego porque no permitiré que se pierda tiempo.  La base principal de todo acomodamiento debe ser que haya un nuevo Congreso y un Senado en que la Nación esté representada.  Los pueblos deben elegir con presencia de los sucesos ocurridos desde septiembre: sólo así se conseguirá legitimidad. Yo no aspiro a continuar en el Gobierno: he dicho que reunida la representación dimitiré el mando; pero lo he de cumplir.7

El gobierno de El Salvador juzgó como arrogante la respuesta de Arce e hizo prisionero a Raoult, por considerarlo traidor a la causa.  Después Prado se preparó para la defensa y lanzó una proclama en la que dijo: «el presidente pide como un conquistador, que hace sentir en el platillo de la balanza, el peso de los triunfos«.8

Arce se arrepentiría de no haber aceptado aquella propuesta de paz, pues fue derrotado categóricamente en la batalla de Milingo, en donde no solamente perdió ante El Salvador, sino que por esa derrota fue obligado a separarse de a la presidencia, en la que fue sustituido por el aristócrata Mariano de Beltranena.9


BIBLIOGRAFIA:

  1. Bertrand, Michel (s.f.) El consulado colonial de Guatemala: fuentes para su historia. pp. 33-51.
  2. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. pp. 32-35.
  3. Flemion, Philip F. (Noviembre de 1973) States’ Rights and Partisan Politics: Manuel José Arce and the Struggle for Central American Union (en inglés) En: 53 (4). pp. 600–618. doi: //doi.org/10.1215/00182168-53.4.600
  4. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 158.
  5. Ibid., p. 159.
  6. Ibid., p. 160.
  7. Ibid., p. 161.
  8. Ibid., p. 162.
  9. García-Granados y Zavala, Miguel (1894). Memorias del general Don Miguel García Granados.  1. Guatemala. Tipografia Nacional.

24 de marzo de 1839: Carrera y las huestes de Mita lanzan proclama contra Morazán

El teniente coronel Rafael Carrera y sus huestes de Mita, entonces concentradas en las serranías de Mita, lanzan una proclama contra Francisco Morazán, desconociendo al gobierno de Carlos Salazar y a la Asamblea de Guatemala.

24marzo1839
Vista panorámica de Mataquescuintla desde el mirador de Colis. En el recuadro: fotografía del capitán general Rafael Carrera cuando ya era presidente vitalicio de Guatemala en 1854. Imágenes tomadas de Mirador de Mataquescuintla «Colis» y de Pantheon World.

El 18 de enero de 1839 los nuevos gobiernos de Honduras y Nicaragua —que se habían declarado Estados Independientes de la República Federal de Centro América en 1838— formaron una alianza ofensiva y defensiva en contra del Presidente Federal Francisco Morazán.1 Ambos estados se habían separado de la Federación cuando Morazán no quiso convocar a elecciones presidenciales2 y el 18 de mayo de 1838, en la sesión del Congreso Federal, se acordó autorizar a los estados a reorganizarse como mejor les pareciera, sin tomar en cuenta las leyes nacionales, lo que fue aprovechado por Honduras, Nicaragua y Costa Rica para separarse definitivamente de la Federación.3

Aquel tratado de alianza significó el principio del fin para Morazán, y de la República Federal, formada ya solamente por Guatemala, Los Altos y El Salvador.  El tratado favorecía las aspiraciones del Jefe de las Armas de Honduras, el caudillo conservador Francisco Ferrera, quien le dió la noticia del mismo al teniente coronel Rafael Carrera, quien en ese momento se encontraba en las serranías de Mita, luego de haber firmado el tratado de «El Rinconcito«.1

El 24 de marzo de 1839 el teniente coronel Rafael Carrera y su ejército —las huestes de Mita—, hicieron un pronunciamiento en Mataquescuintla, desconociendo todos los actos de la Asamblea Ordinaria de Guatemala —convocada por el presidente federal Francisco Morazán— y al Jefe Provisorio Carlos Salazar, que había sido confirmado por dicha Asamblea luego de que Morazán sustituyera por sí y ante sí al Jefe de Estado Mariano Rivera Paz el 30 de enero de ese año.4,5   En aquella proclama Carrera señaló que continuaría con sus esfuerzos en Guatemala y proclamó la soberanía estatal como uno de sus principios; además, anunció su cooperación con Ferrera, el 24 de marzo de 1839, y se pronunció contra Morazán.6

Los fuerzas de Carrera unieron la acción a la palabra, y el 13 de abril tomaron la ciudad de Guatemala, haciendo huir a Salazar por los tejados de las casas y restituyendo al Jefe de Estado Mariano Rivera Paz.6  En recompensa, el gobierno guatemalteco ascendió a Carrera al cargo de Generla de Brigada.7

Cuatro días después, el 17 de abril, Rivera Paz anunció que Guatemala se separaba de la Federación,8 y el 12 y 14 de agosto se firmaron tratados con los otros estados independientes, reconociendo la soberanía mutua sin que se impidieran las alianzas y una eventual reunificación.6 Tal fue el inicio del Gobierno Conservador de los 30 años en Guatemala.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Montúfar y Rivera Maestra, Lorenzo (1879) Reseña Histórica de Centro América, III. Guatemala: Tipografía de El Progreso. p. 283.
  2. Coronado Aguilar, Manuel (1975) Apuntamientos para la Historia de Guatemala. Guatemala: Editorial del Ejército.  pp. 138, 157.
  3. Ibid.,  p. 158.
  4. Solís, Ignacio (1906) Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. (1) Tip. de Sánchez y de Guise. Guatemala. p. 87.
  5. Marure, Alejandro (1895) Efemérides de los Hechos Notables acaecidos en la República de Centro América desde al año de 1821 hasta el de 1842. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 113.
  6. Woodward, Ralph Lee Jr. (1983) La Política Centroamericana de un Caudillo Conservador. Rafael Carrera, 1840-1865.  En: Anuario de Estudios Centroamericanos. 9. Costa Rica: Universidad de Costa Rica. p. 56.
  7. Coronado Aguilar, Apuntamientos para la Historia de Guatemala, p. 544.
  8. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala compuesta y arreglada pa virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 46-48.

24 de febrero de 1893: censo general de Guatemala

El gobierno del general presidente José María Reina Barrios realiza el Censo General y la Demarcación Política de la República.

24febrero1893
Palacio de La Reforma, construido por el gobierno del general presidente José María Reina Barrios. Desapareció tras los terremotos de 1917-18. Fotografía de Alberto G. Valdeavellano tomada de Wikimedia Commons.

Los primeros años del gobierno del general presidente José María Reina Barrios fueron de una prosperidad sin precedentes en la historia de Guatemala, gracias al aumento del precio internacional del café.  Gracias a esta bonanza económica, el gobierno pudo realizar varios proyectos de infraestructura, y también de mejoramiento de las instituciones gubernamentales.

Uno de sus primeros proyectos fue la realización del censo de 1893, el cual pretendía establecer con certeza cuantos pobladores había en la República para así determinar qué proyectos tenían que ser prioritarios.  El gobierno emitió el siguiente decreto para iniciar el proceso:1

Palacio del Poder Ejecutivo: Guatemala, 18 de mayo de 1892.

Considerando:

Que en observancia del artículo 49 del decreto número 244, deberá procederse durante el presento año ala formación del censo general del país;

El Jefe del Poder Ejecutivo acuerda: que la Sección de Estadística dé las instrucciones conducentes al fin indicado, pudiendo requerir la cooperación de todas las autoridades y corporaciones de la República.

Comuniqúese.

        • Reina Barrios
        • El Secretario de Estado y del Despacho de Fomento, Jorge Vélez1

Con el fin de realizar el Censo General y documentar la Demarcación Política de la República, se utilizaron las siguientes definiciones:

      • Las pequeñas poblaciones que no tienen calles, que están formadas de chozas, ranchos que se encuentran aislados y en desorden, se llaman Caseríos. Los Caseríos pueden estar situados en las orillas de los mares, habitados por pescadores ó explotadores de salinas, entonces se llaman Caseríos litorales. Pueden estar situados en el interior del país, en las montañas, colinas, valles, etc., haciendas, fincas ó chacras y habitadas por agricultores y labradores, entonces se llaman Caseríos rurales.
      • Las localidades que tienen la apariencia de un pueblo por su considerable número de casas y habitantes, reunidos ya en sociedad, regidos por un Alcalde auxiiar, pero que no han adquirido el título de los pueblos por no tener una Municipalidad, se llama Aldeas.
      • Las agrupaciones que tienen Corporaciones Municipales, reciben la denominación de Pueblos.
      • Pueblos de alguna importancia por el ornato de sus calles, casas y plazas, por su industria, comercio, agricultura, instrucción pública, etc. se llaman Villas.
      • Las poblaciones extensas, con elegantes edificios públicos y particulares, asociaciones literarias, con importantes establecimientos de educación; ricas por su agricultura, comercio, industria, artes y ciencias; distinguidas por su cultura relativa, y que además han recibido del Gobierno el título de tales, se llaman Ciudades.2

Originalmente el censo se iba a realizar el 18 de diciembre de 1892 con un costo de diez mil pesos,3 pero por algunos problemas técnicos se pospuso para el último domingo de febrero de 1893, mediante el siguiente decreto:

Palacio del Poder Ejecutivo: Guatemala, 25 de octubre de 1892.

Habiendo manifestado el Jefe de la Sección de Estadística, que á consecuncia de algunos inconvenientes insuperables, no ha sido posible llevar á cabo los trabajos preliminares del censo de población ; y que por esa causa, es conveniente transferir á una fecha posterior la fijada en acuerdo gubernativo de trece del mes próximo pasado,

El Presidente Constitucional, de conformidad con la exposición referida,
acuerda:

Que el último domingo del mes de febrero del año inmediato de mil ochocientos noventa y tres, se practique en todo el país el empadronamiento prevenido en el acuerdo citado.

Comuniqúese.

        • Reina Barrios.
        • El Secretario de Estado en el Despacho de Fomento, Próspero Morales.4

Así pues, el censo se realizó el 24 de febrero5 de ese año y los resultados reflejaron lo siguiente:

    1. El total de pobladores era de 1,364,788 habitantes.
    2. En ese momento había 882,733 indígenas, y el resto eran ladinos, con un muy bajo porcentaje de criollos y extranjeros.
    3. Los varones eran 677,472 y las mujeres 687,206.
    4. La religión era todavía predominantemente católica, con 1,356,105 creyentes, mientras que las otras religiones se repartían así: 2,254 protestantes, y 1,146 de religiones no cristianas. Había 5,173 no creyentes.
    5. Y, por último, había solamente 99,553 personas que sabían leer y escribir, y 1,265,125 analfabetos.6

BIBLIOGRAFIA:

  1. Gobierno de Guatemala (1894). Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1892-1893. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 40.
  2. Ibid., 199.
  3. Ibid., 269.
  4. Ibid., 270.
  5. Hernández de León, Federico (1963) [1924] El Libro de las Efemérides. Capítulos de la Historia de la América Central. V.  Guatemala: Tipografía Nacional. p. 317.
  6. Ibid, p. 318.

 

24 de enero de 1934: Guatemala, Honduras y Nicaragua denuncian Acuerdo de Paz y Amistad

24enero1934
Trabajos de construcción al final de la Avenida de La Reforma y Calle Real de Pamplona para el monumento a Los Próceres en 1934. En el recuadro: el presidente de facto de El Salvador, Maximiliano Hernández Martínez, por quien los gobiernos centroamerianos denunciaron el Pacto de Amistad de 1923 que prohibía reconocer gobiernos de facto. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El 7 de febrero de 1923, los gobiernos de las repúblicas centroamericanas firmaron el Acuerdo General de Paz y Amistad de Washington, en los que se comprometían a no reconocer a ningun gobierno de facto en la región.1  Con base en este Acuerdo, cuando ocurrió el golpe de estado en contra del gobierno del licenciado Baudilio Palma en Guatemala el 17 de diciembre de 1930,2 la embajada de los Estados Unidos en el país se negó enfáticamente a aceptar al nuevo gobierno y movió sus piezas para que a la mayor brevedad posible fue electo el general Jorge Ubico.3

La situación cambió drásticamente en 1932, luego del golpe de estado en El Salvador que llevó al general Maximiliano Hernández Martínez al poder y la masacre que éste perpetró en contra de miles de campesinos que habían participado en un alzamiento campesino en contra de las deplorables condiciones de trabajo a que eran sometidos por los hacendados cafetaleros locales y la severa crisis económica que asolaba al país tras el inicio de la Gran Depresión en 1929.  El gobierno de facto de Hernández Martínez, los hacendados criollos y los intelectuales de la capital hicieron ver que el alzamiento no era debido a las difíciles condiciones económicas que afectaban a los campesinos, sino que a las ideas comunistas que se habían infiltrado en el país.   Si bien es cierto que sí hubo participación de los elementos comunistas salvadoreños, y del Socorro Rojo Internacional comandado por Farabundo Martí, la rebelión fue mucho mayor de lo que aquellos pequeños grupos podrían haber organizado.4

En base al Acuerdo de Paz y Amistad el gobierno de Hernández Martínez todavía no era reconocido por el de los Estados Unidos, como había ocurrido con el régimen de Manuel María Orellana en Guatemala en diciembre de 1930, pero la situación política internacional cambió drasticamente con la llegada al poder del presidente Franklin D. Roosevelt en sustitución del presidente Hoover en los Estados Unidos y cuando el gobierno británico reconoció al régimen de Hernández Martínez en septiembre de 1933.4

Ya con el reconocimiento británico y el cambio de gobierno estadounidense al paratido demócrata, Costa Rica denunció el Pacto de Amistad el 23 de diciembre de 1933, seguido del régimen de facto en El Salvador pocos días después. Finalmente, los regímenes militares de Jorge Ubico en Guatemala, Tiburcio Carías Andino en Honduras y del licenciado Juan Bautista Sacasa en Nicaragua —este último bajo la sombra del director de la Guardia Nacional, general Anastasio Somoza García— lo denunciaron simultáneamente el 24 de enero de 1934, forzando así a Roosevelt a denunciarlo el 26 de enero.4

En su mensaje a la Asamblea Legislativa durante la apertura de las sesiones ordinarias de ésta en marzo de 1935, el general Ubico dijo lo siguiente al respecto del Acuerdo de Paz:  «En cuanto a los asuntos intercentroamericanos, tengo la satisfacción de informaros que en enero último se reanudaron en forma oficial, las relaciones diplomáticas con el Gobierno de la hermana República de El Salvador, en virtud de acuerdo con los Gobiernos de Nicaragua y Honduras, firmantes del Tratado General de Paz y Amistad de 1923 y en cumplimiento de la política de Buen Vecio que cuidadosamente he puerto en práctica desde el 14 de febrero de 1931.  Tengo el agrado de informaros que el Excelentísimo señor Presidente de Nicaragua, en nombre de los Gobiernos de Guatemala, Honduras y Nicaragua, especialmente facultados para ello, invitó a los gobiernos de El Salvador y Costa Rica para que concurran a la Primera Conferencia Centroamericana, que se reunirá en esta ciudad el día 15 del corriente mes, Conferencia que tiene por fin primordial determinar las relaciones futuras de los Gobiernos y Pueblos Centroamericanos y cimentar la fraternidad entre ellos, sobre bases de positiva conveniencia y de recíproco apoyo para conservar la paz entre los cinco Estados, desarrollar su progreso efectivo y realizar las nobles aspiraciones de sus respectivos pueblos.»  En otras palabras: el gobierno denunció el Acuerdo de Paz y Amistad de 1923 y estaba buscando establecer uno nuevo que aceptara gobiernos de facto.5

Con este movimiento de piezas, los Estados Unidos habían colocado gobiernos militares en la región para defender sus intereses económicos, principalmente los de la gigantesca corporación transnacional United Fruit Company, cuya subsidiaria International Railways of Central America tenía el monopolio del transporte ferroviario en Guatemala y El Salvador.  Y, por ello, no es casualidad que los regímenes de Hernández Martínez y de Ubico cayeran en cuestión de dos meses el uno del otro en 1944 luego de que la frutera quedara muy debilitada por el hundimiento de su flota mercante durante la Segunda Guerra Mundial.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Asamblea Nacional de la República de Nicaragua (3 de marzo de 1923). Las Convenciones de Washington – Tratado de Paz y Amistad. Nicaragua.
  2. Department of State(1930) Guatemala. Revolution in Guatemala. (en inglés) En Foreign Relations III. Estados Unidos: Department of State. pp. 172-179.
  3. Ibid., pp. 186-190.
  4. Campos, Napoleón(2007) Tropas de El Salvador en Irak. 2003-200? El Salvador: Ojos de Papel.
  5. Méndez, Rosendo P. (1937). Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1934-1935. LIII. Guatemala: Tipografía Nacional. p.  viii.
  6. Luna, David. Análisis de una dictadura fascista en latinoamericana. Maximiliano Hernández Martínez 1931-1944.  El Salvador: En La Universidad. p. 52.

24 de noviembre de 1873: crean el departamento de Jalapa

El gobierno del general presidente J. Rufino Barrios crea el departamento de Jalapa para mejorar la administración del oriente de Guatemal

24noviembre1873
Bandera del departamento de Jalapa, en Guatemala. En el recuadro: el acta por medio de la cual el general presidente J. Rufino Barrios decretó la creación del departamento de Jalapa en 1873. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Durante una gira por el oriente de la República a finales de 1873, hostil, el general presidente J. Rufino Barrios emprendió una serie de pequeñas reformas para favorecer la economía de los departamentos de la región, los cuales le eran hostiles a los criollos liberales de occidente que tomado el poder tras el triunfo de la revolución de 1871.1 El 30 de octubre, estando en Jutiapa, acordó abolir la contribución urbana,2 y el 4 de noviembre concedió una amplia amnistía a todos los desertores y rivales políticos que se habían asilado en El Salvador2. Asimismo, dispuso incrementar el impuesto a las bebidas alcohólicas en todos los departamento de la región, y fundó un colegio de secundaria para varones3 y un Hospital público en la ciudad de Chiquimula4.

Al regresar a la Ciudad de Guatemala, emitió el siguiente decreto favoreciendo la creación del departamento de Jalapa, desmembrándolo de Jutiapa:5

Decreto Número 107

Considerando: que la extensión del departamento de Jutiapa es tan grande que dificulta la vigilancia de las autoridades en todos los puntos de su comprensión.

Que es necesario limitar ésta para que sea más eficaz la acción administrativa; y que la importancia de las poblaciones situadas en la circunferencia de Jalapa demanda una atención preferente,

Decreto:

    • Artículo 1°. Se establece un nuevo Departamento que se denominará Jalapa, cuya cabecera es la villa de este nombre.
    • Artículo 2°. Compondrán este Departamento las poblaciones siguientes: Jalapa, Guastatoya, Sansare, Sanarate, soledad, Alzatate, Ingenio de Ayarce, Monjas, Chaparrón, Agua Blanca, Jilotepeque, Pinula, Santo Domingo, Achiote, Jutiaplilla y Achiotes del Cerro de Jumay.  En consecuencia, los límites de estas poblaciones serán el lindero del Departamento que se establece.
    • Artículo 3°. Se deroga el artículo 3°. del decreto número 30 de 10 de noviembre de 1871, que agregó al Departamento de Gutaemala a los pueblos de Sansare, Sanarate y Guastatoya.

Dado en Guatemala, a veinticuatro de noviembre de mil ochocientos setenta y tres.

    • J. Rufino Barrios
    • El Secretario de Estado en los despachos de Gobernación, Justicia y Negocios Ecleasiásticos: Marco Aurelio Soto5

BIBLIOGRAFIA:

  1. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1871-1876 I. Guatemala: Tipografía El Progreso. p. 229.
  2. Ibid., p. 230.
  3. Ibid., p. 231.
  4. Ibid., p. 232.
  5. Ibid., p. 233.

24 de octubre de 1858: Carrera inaugura cuartel de Matamoros

El presidente de Guatemala, capitán general Rafael Carrera, inaugura el cuartel de San Rafael de Matamoros construido en el barrio de Candelaria

24octubre1858
Cuartel de Matamoros a principios del siglo XX. En el recuadro: retrato del capitán general, Rafael Carrera, quien gobernó Guatemala de 1844 a 1848 y de 1851 hasta su muerte en 1865. Imágenes tomadas de Guatemala de Ayer y de la Revista Conservadora del pensamiento centroamericano.

El gobierno del capitán general Rafael Carrera empezó a construir nuevos edificios en la Ciudad de Guatemala luego de conseguir finalmente la paz al derrotar a los criollos liberales centroamericanos en la Batalla de La Arada el 2 de febrero de 1851.1 Estas edificaciones se inauguraban el 24 de octubre, fecha de nacimiento del caudillo mestizo, y entre ellos destacan el Teatro de Carrera inaugurado en 1854, y el cuartel de San Rafael de Matamoros, inaugurado en 1858.

Si bien estaba diseñado para proteger la entrada noreste de la Ciudad de Guatemala, en realidad el cuartel de Matamoros no tenía mayor importancia estratégica; de hecho fue construido en el barrio de La Candelaria porque de allí había nacido el presidente vitalicio. Su construcción es típica de las fortalezas defensivas españolas de la época con forma de estrella, y los trabajos se iniciaron el 8 de mayo de 1853 bajo las órdenes del agrimensor José María Cervantes, quien siete años antes había construido el Fuerte San José de Buena Vista (el cual sí era de vital importancia estratégica para la defensa de la pequeña ciudad).2 El terreno para construir el fuerte fue adquirido a José de León Pineda en 1852.3

El día de su inauguración el 24 de octubre de 1858, se realizó una procesión con la imagen de San Rafael Arcángel, del templo de la Concepción, la cual fue llevada en hombros por los jefes y oficiales del ejército para conducirla al nuevo edificio.3 En esa época, el gobierno era de tipo teocrático y la Iglesia Católica y los miembros de la familia Aycinena tenían mucha influencia en la administración pública, aunque el general Carrera era quien tenía la última palabra en muchas de las decisiones.4

Aparte de servir para acantonar a los cuerpos de infantería, el edificio sirvió como prisión, al igual que el cuartel de San José Buena Vista.4 Pero lo trabajos de construcción continuaron, aunque fueron finalizados por el gobernador del Fuerte, el Sargento Mayor Fernando Almendarez, luego del fallecimiento de Cervante en 1863. Almendarez construyó varias bartolinas en las instalaciones.2

Posteriormente, el cuartel ha tenido una importante participación en la vida política del país. De allí atacaron las fuerzas del presidente Manuel Estrada Cabrera a la ciudad de Guatemala durante la Semana Trágica de 1920,3 y fue el primer cuartel en ser derrotado por las fuerzas revolucionarias en 1944.    También, el 17 de diciembre de 1930, el comando del cuartel, general Manuel María Orellana, dió un golpe de estado contra el presidente provisional, licenciado Baudilio Palma, aduciendo que era al general Mauro de León a quien le correspondía la presidencia tras la renuncia forzada del general Lázaro Chacón el 12 de diciembre.5 Posteriormente,  el 1 de Julio de 1945, durante el gobierno del Dr. Juan José Arévalo, el Alto Mando del Ejército lo convirtió en el Cuartel General «J. Rufino Barrios«.3

El 13 de noviembre de 1960, un grupo de desertores y prisioneros descontentos con el estado del Ejército y con el entrenamiento de guerrilleros cubanos en Retalhuleu, se sublevó en el cuartel, matando a varios de los oficiales a cargo y robando armamento que luego llevaron a Zacapa y Puerto Barrios, lo que muchos autores consideran el inicio de la guerra civil que asoló a Guatemala hasta 1996, y que actualmente se conoce como «Conflicto Armado Interno» por cuestiones legales derivadas de los Acuerdos de Paz de 1996.6

En el siglo XXI, durante la época de los gobiernos democráticos el cuartel alberga a la Guardia Presidencial y otras dependencias del Ejército, aunque es más conocido por ser una prisión de lujo para personajes de la sociedad guatemalteca que gozan de muchos privilegios y que pueden conseguir que los jueces no los envíen a las prisiones regulares.3


BIBLIOGRAFIA:

  1. Sierra González, Aída Lucila (2001). «La batalla de la Arada». Guatemala: Servicio de Historia Militar, Sección de Investigaciones Históricas, Museo Militar. Archivado desde el original el 21 de diciembre de 2014.
  2. Ministerio de la Defensa Nacional (s.f.) Historia de la Guardia Presidencial. Guatemala: Ejército de Guatemala.
  3. Asociación de Amigos del País (2004). Diccionario Histórico Biográfico de Guatemala. Guatemala. Editorial: Amigos del País, Guatemala.
  4. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (Edición en línea) (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press
  5. Hernández de León, Federico  (17 de diciembre de 1930). «Manuel María Orellana, presidente de la República». Nuestro Diario (Guatemala).
  6. Villagrán Kramer, Francisco (1994). Biografía política de Guatemala. Los pactos políticos de 1944 a 1970.  Guatemala: FLACSO. p. 307.

24 de abril de 1944: muere Elena Barrios y Aparicio

Muere Elena III, marquesa de Vistabella, cuyo nombre era Elena Barrios y Aparicio, hija del general J. Rufino Barrios

24abril1944
Una noche lluviosa en la «Avenida Elena» del Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala.  Esta avenida fue llamada así en honor a Elena Barrios y Aparicio, que nació en 1875 y quien llegó a ser Elena, III marquesa de Vistabella.  En el recuadro: Elena y María de la Luz Barrios y Aparicio en 1885, aproximadamente.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Elena Barrios y Aparicio fue la primogénita del matrimonio del general presidente J. Rufino Barrios con la jovencita Francisca Aparicio, y nació el 22 de junio de 1875. Barrios ya tenía otros hijos (por ejemplo, el general Venancio Barrios), pero su primer matrimonio fue el 24 de julio de 1874, con la joven Francisca de 14 años de edad, cuando él ya tenía 37.1 De acuerdo al historiador y diplomático conservador guatemalteco Antonio Batres Jáuregui —quien a pesar de ser conservador trabajó para todos los presidentes liberales desde Barrios hasta el licenciado Manuel Estrada Cabrera— cuenta en sus memorias publicadas en el volumen III de su obra «La América Central ante la Historia» , las circunstancias en que se dió aquel matrimonio:2

«Voy a reseñar brevemente algo del carácter y de la vida doméstica del general J. Rufino Barrios, a quien conocí y traté antes de que fuera Presidente, porque vivía, […], en una casa de huéspedes situada en la 8a. calle oriente N°. 26, contigua a la N°. 24, que yo habitaba. Barrios siempre tuvo carácter tempestuoso, violento, decidido y firme. Era desde muy joven, fuerte, ligero y audaz. No concluyó su carrera de abogado, sólo se recibió de escribano, como llamaban entonces a los notarios. Conoció a la señorita Francisca Aparicio, cuando todavía era una niña, y se prendó de ella. A la familia Aparicio le disgustaba tal afición amoroso, y mandaron a la jovencita distiguida al colegio de las monjas ursulinas, en esta capital. En este establecimiento se educaban las jóvenes de las familias principales. Cuando triunfó la revolución de 1871, don Rufino siguió insistiendo en sus pretensiones amorosas, y con algún trabajo, y más por temor que por otra cosa, al fin consintieron los padres de doña Paca, que era muy bella, en que se casara con el Presidente de la República. […] Siempre, hasta que murió Barrios, trató con cariño a su esposa.»2

Elena fue bautizada el 19 de julio de 1875, en la parroquia El Sagrario, de la Ciudad de Guatemala. Su padrino fue Francisco Quezada, quien fue escogido por Barrios porque, de acuerdo a Quezada «durante muchos años a contar del 71 mi casa y mi taller fueron puntos de reunión de varios patriotas y otras personas que también mostraban interés por las cosas del país«.1

Gracias a su relación con Barrios, Quezada ocupaba el cargo de Regidor de la Municipalidad desde 1874 y, en la época en que nación Elena Barrios, presentó una propuesta para dar nuevos nombres y nomenclaturas a las calles. 1 De allí surgió el nombre de «Avenida Elena» para la 0 avenida del Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala.1

En 1877, el presidente y su familia se mudaron a la casa de José Tomás Larraondo, la cual estaba enfrente del Palacio de Gobierno, esquina suroriental de la Plaza de Armas.3 Ese mismo año, Barrios descubrió la «conspiración Kopesky» que planeaba asesinarlo a él y a su familia el 1 de noviembre luego de que la Asamblea Constituyente dijera que no era necesario redactar una Constitución para el país y le dió carta libre para seguir gobernando como mejor le pareciera basado en los amplios poderes que le proporcionaba el Acta de Patzicía.4 Barrios persiguió con sadismo a los conspiradores (algunos reales y muchos supuestos) y vió desde su nueva casa como los fusilaban en la Fuente de Carlos III que antes estaba en el centro de la Plaza Central, y luego fue instalada en la Plazuela España.5, 6

Tras la muerte del general presidente J. Rufino Barrios el 2 de abril de 1885 en Chalchuapa, su viuda —a quien los guatemaltecos de la época llamaban «doña Paca«— recibió una millonaria herencia, producto de las prebendas y negocios que realizó Barrios durante su gobierno.7 Dice al respeto el historiador Batres Jáuregui:2

La víspera de salir para la campaña de la Unión Centroamericana, hizo testamento ológrafo, dejando a doña Paca, como heredera de todos sus bienes, menos una finca «Los Tarros», que legó a su sobrino Luciano Barrios, que le había servido en sus fincas de campo, con todo empeño. La señora recibió más de diez millones de pesos, fuera de otro millón en alhajas, que ya tenía».2

Doña Paca decidió abandonar Guatemala pues temía que los numerosos enemigos de su fallecido esposo atentaran contra su familia.1 Batres Jáuregui también relata como ocurrió aquel viaje de la vda. de Barrios a Nueva York en su obra ya indicada:

«Doña Paca se fué a los Estados Unidos, en donde Barrios había comprado una hermosa casa en Nueva York, en la calle del Central Park. Yo estaba de Ministro de Guatemala entonces cuando llegó la señora del presidente Barrios, y procuré servilar en cuanto pude».2

Y continúa Batres Járegui en otra parte de sus memorias:8

«Estaba yo en Nueva York, algún tiempo después, para recibir en esa gran ciudad, a la esposa de don Rufino, con sus hijos, todavía pequeños. La acompañaban, Luciano Barrios, el coronel [José Angel] Jolón y la señorita Luz Ruiz. Doña Paca Aparicio v. de Barrios, ocupó una casa en la 5a. avenida, frente al Central Park. Esa mansión lujosa y bien situada la había comprado don Rufino pero, como la señora no sabía de prácticas domésticas de gente rica de allá, puso al coronel Jolón de portero, sin duda, por la seguridad que dicho guatemalteco ofrecía, como honrado y leal. Ya en vísperas de regresar yo a Guatemala fui, una de tantas veces, a visitar a doña Paca, a quien procuré servir, haciendo que entrase, sin pagar derechos, que importaban diez mil dólares, un gran equipaje, varios caballos, y otras muchas cosas, que de aquí llevó a los Estados Unidos8

Parte de la familia de los Aparicio ya residía en Nueva York, dedicándose a la exportación de café al igual que Barrios, industria tuvo un fuerte auge durante el gobierno del fallecido presidente gracias a la consolidación de los bienes eclesiásticos expropiados a los frailes, al reglamento de jornaleros que proporcionaba mano de obra indígena prácticamente gratuita9 y a la expropiación de las tierras comunales de los indígenas.

En Nueva York, «doña Paca» llevó una vida lujosa, en la que «sus bailes fueron siempre un acontecimiento. Ella se presentaba lujosamente vestida acompañada de su mamá y las señoritas Aparicio… Los salones estaban adornados con plantas raras, en un escenario decorado por un tramoyista de la Metropolitan Ópera House y se servían cenas suculentas«.1

Posteriormente, ella y su familia se trasladaron a España, en donde el ministro liberal Antonio Cánovas del Castillo fue su enlace con la nobleza española y en 1892, doña Paca se casó en segundas nupcias, en Nueva York, con José Martínez de Roda, Marqués de Vistabella y quien representaba a Granada en la cámara de diputados. A partir de ese momento, la casa de los Vistabella se convirtió en «la primera en Madrid» a donde las jóvenes de la época acudían solas a fiestas que organizaba doña Paca, quien solía dedicar los martes por la tarde a sus hijas y a las amigas de estas.1

Doña Paca enviudó nuevamente en 1899, y como el marqués de Vistabella, no tuvo hijos, designó a Justo Rufino, el único varón sobreviviente de los Barrios y Aparicio, como su sucesor, y cuando este murió en 1909 Elena se convirtió en «Elena III, marquesa de Vistabella«.1

Elena vivió entre Madrid y Suiza, nunca se casó, y no hay registro histórico de que haya tenido algún amor. Falleció por causas naturales el 24 de abril de 1944.1


BIBLIOGRAFIA:

  1. Palma, Clauda (26 de abril de 2015). Elena III, la marquesa triste. Guatemala: Prensa Libre.
  2. Batres Jáuregui, Antonio (1944). La América Central Ante la Historia. 1821-1921. III. Guatemala. Tipografía Nacional. pp. 412-413.
  3. Palma, Clauda (17 de mayo de 2015). La niña Elena. Guatemala: Prensa Libre.
  4. Barrios, J. Rufino (10 de noviembre de 1877) Carta al Sr. don Pedro Joaquín Chamoro, presidente de la República de Nicaragua. Guatemala. p. 1.
  5. Fernández Ordóñez, Rodrigo (2008) La fuente del caballito. Fe de errata y excusa para documentar la ajetreada historia de la fuente de Carlos III.  Guatemala: Universidad Francisco Marroquín, Departamento de Educación.
  6. Contreras, Ana Yolanda (2017) Entre la ficción y la historia; desmitificación del gobierno liberal del general Justo Rufino Barrios en la novela «Sueño de los justos». Centroamericana 27 (1); ISNN: 2035-1496. p. 68.
  7. Tipografía El Renacimiento (3 de agosto de 1885). Memoria de las riquezas de la mortual del Señor General expresidente Don Justo Rufino Barrios, en su relación con los intereses de la Hacienda pública (2.ª edición). Guatemala: Tipografía de «El Renacimiento». p. 1-26.
  8. Batres Jáuregui, La América Central Ante la Historia. pp. 499-500.
  9. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1877-1881 II. Guatemala: Tipografía El Progreso. p. 69.

24 de julio de 1896: concurso para un Himno Nacional

Como parte de la Exposición Centroamericana, el general presidente José María Reina Barrios convoca a un concurso para dotar a Guatemala de un Himno Nacional

24julio1896
Teatro Colón (anteriormente Teatro Carrera), en donde se estrenó el Himno Nacional en marzo de 1897.  En el recuadro: el general presidente José María Reina Barrios. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En el marco de las actividades para preparar la Exposición Centroamericana, el gobierno del general José María Reina Barrios no escatimó en gastos.  Y eso fue lo que al final lo llevó al desastre tras el fracaso de dicho evento, que se realizó justo en la época en que la economía del país se derrumbó por caída internacional del precio del café.1,2

A pesar de que el objetivo económico de la Exposición no se logró y que, al contrario de lo esperado por el gobierno, fue uno de los detonantes de las revoluciones de 1897,3 sí dejó varios logros académicos, arquitectónicos e históricos, entre los que se encuentra el Himno Nacional de Guatemala.

En ese entonces, había un canto que se entonaba y que se utilizaba como Himno, pero no era oficial, por lo que el gobierno hizo un concurso para que se hiciera un mucho más adecuado y que pudiera utilizarse en la ceremonia de inauguración de la Exposición. De esta cuenta, el 24 de julio de 1896 se emitió el siguiente decreto:4

Concurso para un himno

Palacio del Poder Ejecutivo: Guatemala, 24 de julio de 1896

Considerando:

Que se carece en Guatemala de un «Himno Nacional», pues el que hasta hoy se conoce con ese nombre, no sólo adolece de notables defectos, sino que no ha sido declarado oficialmente como tal; y

Que es conveniente dotar al país de un himno que por su letra y música responda a los elevados fines que en todo pueblo culto presta esa clase de composiciones.

El Presidente de la República

Acuerda:

      1. Se convoca un concurso para premiar en público certamen el mejor himno nacional que se escriba y la mejor música que a él se adapte.  Para el efecto, el plazo para la presentación de las obras al Ministerio de Instrucción Pública, en pliego cerrado y con la contraseña que en tales casos se estila, temrinará el día 15 de octubre próximo.  Un Jurado compuesto de personas competentes calificará las obras presentadas, en los quince días siguientes a la citada fecha; y designada que sea la que definitivamente deba adoptarse como himno nacional, se hará circular impresa, a fin de que sea conocida por los filarmónicos que quieran tomar parte en el concurso musical.  Este se cerrará el 1 de febrero de 1897, y otro Jurado de iguales condiciones que el anterior, calificará las obras y designará la que merezca el premio.
      2. El premio consistirá en una medalla de oro con su correspondiente diploma para los autores de la letra y música que fueren designadas por los jurados respectivos, premios que se adjudicarán de una manera solemne y en la forma que se establezca, el día 15 de marzo de 1897, día en que se romperán las plicas que contengan las firmas de los concurrentes.
      3. En este concurso sólo podrán tomar parte los guatemaltecos.

Comuníquese.

        • Reina Barrios
        • El Secretario de Estado en el Despacho de Instrucción Pública, Manuel Cabral4

BIBLIOGRAFIA:

  1. La Ilustración Guatemalteca (1 de mayo de 1897). «Ecos de la Prensa»La Ilustración Guatemaleca (Guatemala: Siguere, Guirola y Cía) I (19).
  2. — (15 de mayo de 1897). «Resumen quincenal»La Ilustración Guatemaleca (Guatemala: Siguere, Guirola y Cía) I (20).
  3. La Ilustración del Pacífico (15 de marzo de 1898). «La revolución de septiembre»La Ilustración del Pacífico (Guatemala: Siguere, Guirola y Cía) II (38).
  4. Estrada Paniagua, Felipe (1908). Recopilación: Las Leyes de la República de Guatemala, 1896-1897 XV. Guatemala: Tipografía Nacional.

24 de marzo de 1838: Conferencias de Mataquescuintla

En Mataquescuintla, bastión de Rafael Carrera, se realizan las conferencias entre el gobierno federal y las fuerzas campesinas rebeldes

24marzo1838
El poblado de Mataquescuintla, visto desde Miramundo y Pino Dulce.  En el recuadro:  el comandante campesino Rafael Carrera y el líder criollo liberal José Francisco Barrundia.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Luego del derrocamiento del gobierno del Dr. Mariano Gálvez, las fuerzas campesinas comandadas por «el indio» Rafael Carrera (como le llamaban los criollos locales), no depusieron las armas y el gobierno de Francisco Morazán encomendó a José Francisco Barrundia, quien había pactado anteriormente con Carrera para derrocar a Gálvez, para que conferenciara con el líder campesino y lo convenciera a entregarlas.  La reunión ocurrió en el campamento de las fuerzas rebeldes en Mataquescuintla y el mismo Barrundia mandó un informe a Morazán tras el fracaso de la misma, el cual reproducimos a continuación, con algunas notas de nuestra autoría para aclarar algunos puntos:1

«Ciudadano presidente de la República.

«Los comisionados para la pacificación de las fuerzas de Carrera debemos informar a Ud. brevemente todo lo ocurrido en el desempeño de nuestro encargo.»

«Llegamos el mismo día de nuestra salida, que fue el 24 a la plaza de Mataquescuintla después de medio día.  Se nos presentaron cuatro encargados del comandante Carrera para conferenciar.  Nosotros exigíamos que llegase él mismo como lo había ofrecido antes para el punto de Cruz-Alta.  Más habiéndolo rehusado tratamos ligeramente con sus encargados de nuestro asunto; y desde luego encontramos la mayor resistencia al punto principal de entregar las armas. A teimpo que sus encargados iban a llamarle, le vimos a la puerta rodeado de su fuerza militar.  Se le instó a que entrase y rehusó con aspereza habiendo empezado allí mismo una contienda con nosotros de reproches a la conducta del Gobierno de Guatemala, y del Presidente que nosotros contestamos a la vista de toda la tropa, y aún tomando parte en ella algunos de sus soldados. Él manifestó que no tenía ya que hacer en nuestro negocio puesto que ya habíamos hablado con sus encargados y que jamás podría convenirse, y era un agravio proponérselo, que entregara las armas, manifestando la mayor desconfianza y desabrimiento.»Nota a

«Como esta entrevista en cierta manera tumultuaria entre la mismo tropa no ofrecía, regularidad, sino más bien malos resultados, instamos a Carrera para que se presentase el día siguiente a terminar este negocio y nos lo ofreció formarlmente a pesar de la ligereza con que lo trataba. En esta noche fuimos inquietados por el incendio de dos casas que consideramos verificado a propósito por algún mal designio, pues no podía ser accidental, no hallándose persona alguna en todo el pueblo.  Mas no hubo resultado alguno.»

«A la mañana siguiente, a las 9 remitimos una nota a Carrera llamándole a la conferencia.  Se presentó cerca del medio día en la plaza con una fuerza como de 300 hombres.  Entró a conferenciar rodeado de sus jefes y a presencia de toda su fuerza que escuchaba a puerta abierta desde afuera.  Los princiaples motivos de su obstinación para la entrega de las armas, eran o se descubrían en una suma desconfianza del Gobierno, no hallándose suficientes las garantía posibles para desvanecerla. Decían que el Gobierno de Guatemala no había cambiado en nada en cuanto a las vejaciones y mala fé que siempre lo animaron.  Preguntaron cual era el origen de la agresión que suponía de nuestras tropas. Y desconocía en cierta manera la obediencia que se debe al Gobierno y a la necesidad de que este regularice todas las fuerzas y disponga de ellas conforme a las leyes y según convenga al orden público.»Nota b

«Él y sus jefes reprochaban las leyes de libertad de comercio; de libertad de concienca y todo el espíritu de nuestras instituciones, afectando el de religión hasta un exceso de fanatismo.  La comisión se ocupaba en desvanecer sus falsas nociones, en inspirarle confianza en los prinicpios libres de nuestra legislación y en el Gobierno actual, tanto del Estado como de la República.  Mas conocíamos la dificultad de safisfacer sus desos y los nuestros, oponiéndose a todo por falta de principios y la irregularidad de sus miras, principalmnete en una conferencia tumulturaria y del momento. La simple idea de distinguir entre la administración pasada que había violado todos sus derechos y la actual que los respetaba, no podía inspirárseles ni satisfacérseles.»Nota c

«En estas circunstancias ellos han presentado unas proposiciones que adjuntamos a esta nota. Se advierte en ellas claramente la influencia de alguna personalidad muy superior a las luces cortísimas y simplicidad de estas masas con designios tal vez muy siniestros. Nosotros recibimos en este acto la nota del Presidente acompañándonos la muy safistactoria de Chiquimula en contra de los planes y pretensiones de Carrera para contraerse aquel departamento; pero no quisimos hacer uso de ella por la exaltación desagradable con que eran recibidas todas nuestras manifestaciones sobre los recursos y superioridad del poder del Gobierno, a la vista de una masa armada y conferenciando con nosotros mismos sobre asuntos tan delicados. Nuestra posición era, por tanto, sumamente crítica y expuesta.»Nota d

«Entre tanto, el comandante Carrera se separó a hablar conmigo aparte: ocurrió el cura Aqueche y juntos tratamos de otro nuevo medio de conciliación.  Este consistía en los artículos siguientes:

«Primero: que las armas se reuniesen y almacenasen en Mataquescuintla con una guarnición de 50 hombres de aquella misma tropa, que no pasaría nunca de este número.»

«Segundo: que cuando se ofreciese perseguir a aquellas partidas o ladrones que inquietasen a los pueblos, no saldría fuerza alguna a verificarlo sin permiso del gobierno.»

«Tercero: que el mismo cura Aqueche respondía de la inviolabilidad de este arreglo yse hacía él mismo un guarda almacén o depositario de las armas.»

«Cuarto: que desde el momento que tuviesen ya los pueblos un obispo americano, una rebaja suficiente de contribuciones y una administración interior de confianza, pondrían estas armas a disposición del Gobierno.»Nota e

«Ofrecimos presentar estas propuestas, junto con las que hemos acompañado para que el Presidente se informase y en vista de todo resolviese lo conveniente.»

«Nosotros consideramos muy difícil la subsistencia de cualquier convenio, y mucho menos la coordinación de ideas o de un sistema político entre masas agitadas a la vez por el fanatismo, por los males aun existentes de una persecución a muerte que acaban de sufrir y por las falsas ideas que se les han infundido sobre nuestra legislación.  Al mismo tiempo que habituadas ya a una vida salvaje y dura y al solo ejercicio de las armas, sus tendencias no pueden ser ya a los trabajos del campo ni a la vida regular de la sociedad.  Y este espíritu se manifiesta más altamente en el carácter de su jefe Carrera, que es intrépido, independiente y resulto al paso que decidido y propenso a la vida inculta y militar a la que se halla habituado.  De suerte que ni el interés ni los empleos pueden obrar en su corazón sobre los halagos de esta independencia salvaje y de la ambición de superioridad sobre los muchos pueblos que ya le rodean y le presentan sus masas.  Con tristados por este choque que parece indefectible entre la parte civilizada y las masas incultas de la nación (pues que va extendiéndose a todos los Estados de la República) hacemos esta exposición al Presidente para que medite la gran dificultad e interés de este negocio que descarga sobre sus hombros, y con el fin de que exista este documento interesante del primer paso que ha dado para su arreglo; el cual va a abrir una campaña acaso muy dilatada y de resultados más extensos de los que pueden alcanzarse actualmente en nuestra posición política.»

«Ofrecemos, pues, al Presidente de la República todas nuestras consideraciones y respetos, siendo sus afectísimos servidos que B.S.M.»

        • José Francisco Barrundia
        • José María Castilla
        • Matías Quiñónez
        • Basilio Zeceña1

Aquellos criollos liberales tenían razón: no se logró ningun acuerdo y Morazán y Carrera llegaron al punto al que tenían que llegar: la confrontación directa que se dió en la Ciudad de Guatemala del 17 al 19 de marzo de 1840, resultando en la aplastante derrota de Morazán y el desmembramiento absoluto de la República Federal.2


NOTAS:

  • a. en Guatemala los criollos y la élite económica no está acostumbrada a que un indígena o mestizo le hable de tú a tú y mucho menos que se oponga a sus designios.  Esta actitud prepotente de Carrera frente a los enviados criollos de Morazán los desarmó por completo.
  • b. En otras palabras, a Carrera no le importaban las leyes del gobierno de Morazán ni del Estado de Guatemala, porque no confiaba en ellos ya que consideraba que el gobierno no había hecho nada por los campesinos tras el derrocamiento de Gálvez.
  • c. En Guatemala las élites económicas están acostumbradas a que la población inculta del área rural del país acepte sus complejas leyes y reglamentos sin analizarlos, y nunca se habían encontrado con un líder campesino que los retara y les expusiera las graves fallas de dichas leyes.  Nuevamente, la comisión de Morazán quedó desarmada.
  • d. por un lado, Barrundia no quería creer que fuera Carrera, a quien consideraba como un indígena analfabeto, el que hubiera tenido la idea de las contra-proposiciones que le presentaron a la comisión del gobierno y, por otro, no se atrevió a intentar sobornarlo con la gobernación de Chiquimula que le había autorizado Morazán al ver la determinación del general campesino.  Finalmente, maniesta que él y los otros representantes estaban aterrorizado durante las conferencias.
  • e. Este es el punto medular del conflicto entre Carrera y los criollos liberales:  los ataques contra al religión Católica y la desproporcionada carga tributaria impuesta a los campesinos2.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (24 de marzo de 1926) “El capítulo de las efemérides: 24 de febrero de 1838, Informe de las Conferencias de Mataquescuintla”. Guatemala: Nuestro Diario.
  2. Solís, ignacio (1906). Memorias del General Carrera. 1838-1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. (1) Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 3-90.

24 de febrero de 1836: el Papa nombra Vicario Capitular para Guatemala

Tras la expulsión del arzobispo Ramón Casaus y Torres en 1829, el Papa interviene para nombrar un Vicario Capitular para el Estado de Guatemala

24febrero1836
La catedral de la ciudad de Guatemala a mediados del siglo XIX, cuando todavía no se habían construidos sus torres. En el recuadro: el arzobipos Ramón Casaus y Torres que fuera expulsado en 1829. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Los miembros de la Iglesia Católica, tanto del clero regular (frailes) como del clero secular (curas párrocos) no siempre estuvieron defendiendo las causas populares en Guatemala.   De hecho, esto apenas se inició con la Teología de la Liberación que empezó en 1968, luego de las profundas reformas llevadas a cabo por el Concilio Vaticano II que se realizó por dirección del Papa Juan XXIII de 1962 a 1965.1   Antes bien, durante la colonia española y el gobierno de los 30 años, los miembros del clero eran los que más poder económico, político y diplomático tenían en la región, ya que eran los principales terratenientes.2

El poder de la Iglesia se empezó a resquebrajar después de la Independencia en 1821.   Aunque en el Acta misma dice que esta región seguiría «siendo católica por los siglos de los siglos»,3 la verdad fue que los criollos rurales resentían el poder de los eclesiásticos y apenas se separó Centro América del fracasado Primer Imperio Mexicano en 1823, de inmediato se iniciaron los decretos anticlericales que buscaban mermar el poder de los religiosos.4   Esto llevó a un golpe de estado en Guatemala en 1826, que puso en el poder al conservador Mariano de Aycinena, miembro de la familia aristocrática más poderosa de la época colonial y con muchas conexiones con el clero;  de hecho sus primos y sobrinos eran frailes u obispos, su hermana era una importante monja concepcionista que decía que sufría las estigmatas de Cristo, y él mismo representaba el añejo poder aristocrático de la colonia.5

El resto de los criollos de la región detestaba a los conservadores y a los religiosos por su poder económico y, con las ansias de quedárselo para ellos, abrazaron la causa liberal, el libre pensamiento y el progreso, atacando así a una religión que ya había quedado «obsoleta por el paso del tiempo«.   Así que el golpe de estado en Guatemala sirvió para encender la mecha de una guerra civil que terminó con la invasión del Estado por parte del general liberal Francisco Morazán, quien el 14 de abril de 1829 metió a la cárcel sin juicio a los Aycinena y sus familiares y colaboradores cercanos, después les confiscó sus bienes y por último los expulsó de la región centroamericana.   Y lo mismo hizo con los religiosos: expulsó a todas las órdenes de frailes, exceptuando a las hospitalarias y se quedó con sus numerosos bienes, los cuales repartió entre sus correligionarios o vendió a particulares, en especial a ciudadanos ingleses.   Y en cuanto al arzobispo Ramón Casaus y Torres, líder del clero secular, lo expulsó en junio de 1829.6

Casaus y Torres, como la gran mayoría de eclesiásticos de su tiempo, era un hombre soberbio que estaba acostumbrado a mandar y no a que lo sacaran a media noche de sus aposentos, lo pusieran a lomos de mula y lo echaran de la ciudad.   Así que partió de muy mala gana hacia La Habana, Cuba – que todavía era colonia española – y desde allí se dedicó a escribir documentos atacando sin miramientos a las nuevas autoridades liberales de Guatemala.   Esto no le sentó bien a los criollos liberales, que el 13 de junio de 1830 lo declararon traidor a la patria y le prohibieron el retorno al país, dejando así al país sin arzobispo.7

Y aquí se inició la primera gran crisis de la Iglesia Católica en Guatemala pues la mayoría de frailes y monjas   habían sido expulsados y no había nadie al frente de la curia en el clero secular.   Casaus y Torres había dejado a varios señores a cargo de su arquidiócesis, pero de ellos únicamente el laico Diego Batres pudo hacerse cargo de la situación. Luego de un tiempo empezó a discutirse la posibilidad de que había que elegir a un nuevo arzobispo, y la opinión de las autoridades se dividió: unos decían que no hacía falta, porque Casaus y Torres había sido expulsado por las autoridades civiles y no por las eclesiásticas, mientras que otros decían que había que cambiarlo porque era traidor a la patria.   Prevaleció la opinión de los último, y quedó nombrado como vicario capitular Batres, a pesar de no ser religioso.8

Aquello se volvió un gran problema, pues aunque las autoridades eran aniclericales, la mayoría de la población seguía siendo profundamente católica.   Y Batres pasó a ser el hazmereir de la ciudad, quedando en ridículo a donde iba, frente a los fieles católicos y, en especial, frente a las beatas que suspiraban por el retorno de Casaus y Torres.   Afortunadamente para Batres, la situación la zanjó el papa Gregorio quien lo confirmó como vicario capitular mediante la siguiente comunicación:

Hace pocos días representaron a nuestro Smo. Padre Gregorio, por la divina Providencia Papa XVI algunos individuos del Cabildo de la Iglesia Metropolitana de Guatemala, cómo, habiendo sido el actual Arzobispo de la misma Iglesia separado de su grey por las turbulencias políticas, y hallándose en La Habana, decidió dicho Cabildo, atendidas las circunstancias y principalmente la distancia de los lugares, deber proceder a la elección de Vicario capitular; y que esta recayó en el doctor Diego Batres, desginado en tercer lugar entre los que había nombrado el Arzobispo, cuando iba a apartarse de Guatemala, para que en su ausencia hiciesen sus veces.   Pero como se suscitó duda sobre la legitimidad de la misma elección, acordaron consultar a la silla apostólica, así para que les dejase tranquila su conciencia, como para que oportunamente les prescribiese lo que debería hacerse en este asunto.   Por tanto, después de un maduro examen de todo, Su Santidad, a quien di cuenta yo el infrascrito Secretario de la Sagrada Congregación destinada a los negocios consistoriales, acogiendo benignamente esta súplica y sanando previamente, en cuando sea necesario, lo que el mismo Diego Batres haya practicado como vicario capitular de la referida Iglesia Metropolitana, le ha confirmado con la autoridad apostólica en este cargo, con las facultades que por derecho o costumbres competen a los Vicarios capitulares; concediendo además al Cabildo la potestad de subrogarle otro, cuantas veces aconteciere que falte, sin que obste en contrario cosa alguna.   Y mandó que se extendiese el presente decreto, y se insertase en las actas de la misma Sagrado congregación. Dado en Roma, el día 24 de febrero del año del Señor, 1836.

        • Luis Tregia, Arzobispo de Calcedonia, Secretario de la misma Sagrada Congregación»8

La situación mejoró un tanto para los miembros del clero secular, pero apenas un año y medio después, el pueblo campesino católico se alzaría en armas, pidiendo que retornara el arzobispo y que se abriera la Catedral Metropolitana que había permanecido cerrada desde su marcha en 1829, pues no estaban conformes con el gobierno «hereje» que los liberales habían impuesto, entre otras razones.9 Se iniciaba así una segunda época de bonanza que se inició en 1840 y terminó con la Revolución Liberal de 1871.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Bonilla, Mireia (2019). Concilio Vaticano II: giro de una Iglesia romanizada hacia una Iglesia mundial. Vaticano: Vatican News.
  2. Cortés y Larraz, Pedro (2001) [1770]. García, Jesús María; Blasco, Julio Martín, ed. Descripción Geográfico-Moral de la Diócesis de Goathemala. Corpus Hispanorum de Pace. Segunda Serie. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. ISBN 9788400080013. ISSN 0589-8056.
  3. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1821-1869 I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 11-14.
  4. – (1871). Recopilación de las leyes de Guatemala III. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 249-333.
  5. Chandler, David L. (1978). «La casa de Aycinena». Revista de la Universidad de Costa Rica (San José, Costa Rica).
  6. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América CentralII. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 361-366.
  7. Ibid, pp. 284-286.
  8. Hernández de León, Federico (25 de febrero de 1926) «El capítulo de las efemérides: 25 de febrero de 1836, Un cisma en el cabildo y una carta del Papa». Guatemala: Nuestro Diario.
  9. Solís, Ignacio (1906) Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. En: Colección de Documentos Históricos y Biográficos. 1. Guatemala: Tipografía de Sánchez y de Guise.  pp. 17-90.