29 de marzo de 1953: levantamiento en Salamá, Baja Verapaz

En grupo de anticomunistas se levanta en armas en Salamá, cabecera de Baja de Verapaz, en contra del gobierno del tenien coronel Jacobo Arbenz Guzmán. A pesar de un éxito inicial, el levantamiento fue fácilmente derrotado por el Ejército Nacional de la Revolución.

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La parroquia de San Mateo Apóstol en Salamá Baja Verapaz en la década de 1920. Aquí se refugiaron algunos alzados tras ser derrotados por el Ejército Nacional de la Revolución en 1953. En el recuadro: el teniente coronel Jacobo Arbenz Guzmán al momento de tomar posesión de la presidencia en 1951. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El 29 de marzo de 1953 ocurrió un movimiento armado en contra del gobierno del teniente coronel Jacobo Arbenz Guzmán en Salamá, cabecera del departamento de Baja Verapaz.1  Para entonces, la Reforma Agraria impulsada por el gobierno arbencista estaba en pleno apogeo, y los propietarios afectados, empezando por la poderosa transnacional estadounidense United Fruit Company y los criollos locales acusaban al gobierno de comunista.  Y es que como dijo el presidente en su mensaje al Congreso el 15 de marzo de ese año: «la cuestión de la Reforma Agraria ha trazado la clásica raya en la arena; de un lado los que están definitivamente con la Revolución y de otro lado los que están definitivamente contra la Revolución. No ha quedado lugar para el término medio como en todas las grandes decisiones históricas. No hay familia, no hay clase, no hay persona actualmente en nuestro país, que no haya sentido en una forma o en otra, en el aspecto ideológico, en el político o en el orden social y económico, el impacto de las conmociones que ha promovido la cuestión agraria en Guatemala».2

El levantamiento, dirigido por el mayor rebelde Manuel Juárez,Nota se inició el 28 de marzo, cuando Otilio Figueroa junto con otra persona llevaron a Salamá un cargamento de armas livianas que incluía ametralladoras, rifles y armas cortas. El plan consistía en tomar primero Salamá y luego expandir las acciones hacia toda Guatemala, aprovechando el punto estratégico en el que se encuentra la cabecea departamental.1

En la madrugada del 29 de marzo tomaron las bodegas y talleres de la Dirección General de Caminos para hacerse de explosivos, y luego tomaron el cuartel de la Guardia Civil y encarcelaron a los oficiales. Después cortaron las comunicaciones pues tomaron las instalaciones de las oficinas de Correos y Telégrafos y dinamitaron tres puentes ubicados en la carretera que comunicaba de Salamá hacia Cobán, cabecera del departamento de Alta Verapaz: Quiquilá, Las Burras y La Cebadilla, para evitar la entrada de las tropas del Ejército de la zona militar de Cobán.1

A las tres de la tarde el Ejército Nacional de la Revolución iba en avanzada por la finca Santo Tomás y a las cuatro los aviones de la Fuerza Aérea sobrevolaron el lugar. Finalmente, a eso de las cinco se produjo una escaramuza entre los insurrectos y el Ejército, el cual forzó a los alzados a retirarse hacia su cuartel e hizo huir a los cabecillas. Mientras tanto, otro grupo del Ejército entró por el norte de Salamá sin encontrar mayor resistencia, ya que el resto de los alzados se refugió en la iglesia parroquial de San Mateo Apóstol, ubicada en el parque central de la localidad.1

El presidente Arbenz mencionó el asunto de la siguiente forma en su informe al Congreso de la República el 15 de marzo de 1954:3

En marzo del año recién pasado varios facciones bien armados se levantaron y apoderaron de la plaza de armas de Salamá. Los contrarrevolucionarios ocuparon durante varias horas los edificios de la Gobernación Departamental, de la Administración de Rentas, de los Telégrafos y Correos, de la Guardia Civil, de la cárcel departamental, del aeropuerto y de otros sitios. Detuvieron al propio gobernador y a su hijo, el diputado Abundio Maldonado, […[ distribuyeron armas y uniformes, insignias y propaganda calcada en las muletillas que difunde el «anticomunismo»; saquearon los fondos del erario público y esperaron en vano el apoyo del exterior que se les había prometido.

En el aeropuerto de Salamá los facciosos hicieron las señales convenidas para el aterrizaje de naves aéreas que llegarían del extranjero. Los cabecillas de aquel levantamiento no actuaron aisladamente; estaban entroncados con movimientos similares que se habían fraguado para otras plazas de la República y que a última hora no se produjeron y estaban enlazados a la actividad conspirativa de conocidos dirigentes del «anticomunismo».

El Ejército Nacional de la Revolución actuó con gran presteza. Fuerzsa armadas de la Primera Zona Militar, cuya sede es Cobán, Alta Verapaz, se movieron rápidamente hacia Salamá y tras una corta lucha, en la que perecieron siete contendientes y resultaron heridos otros tantos, recuperaron la plaza, capturarn a unos cuantos cabecillas, devolvieron la libertad a los detenidos y emprendieron la persecusión de la mayor parte de los facciosos fugitivos. Los mismos miembros de las Fuerzas Armadas dieron cuenta de los uniformes, armas e insignias que habían fabricado o adquirido con mucha antelación los dirigentes verdaderos del levantamiento de Salamá.[…]

La Guardia Civil también prestó su eficaz colaboración, así como los demás servicios policiacos, no sólo en la captura de algunos facciosos, sino en la información obtenida acerca de las ramificaciones de aquella conspiración que desembocó en el movimiento contrarrevolucionario que hemos descrito.

Ahora se da el caso insólito de que algunos periodistas, los menos serios por cierto, que militan en la oposición reaccionaria, trataron no sólo de reducir a su mínima importancia el levantamiento armado de Salamá, sino que dan la sensación de que tal hecho no ocurrió, como si sólo hubiese existido en la imaginación de la fuerzas armadas o del Gobierno de la República.3


NOTAS:

  • a: en el levantamiento participaron dieciséis salamatecos, entre ellos: Abigaíl Mejía, Sergio Escobar, Heriberto Ramírez P., Tomás López, Alcides Ochoa, Manuel Ramírez M., Francisco Colocho, Rosalío Amperez, Isidro Bautista, Ambrosio Flores, y otros integrantes del partido anticomunista (PUA).

BIBLIOGRAFIA:

  1. Solórzano Vega, Abraham Israel (s.f.) Historia Contemporánea de Salamá, municipio del departamento de Baja Verapaz, siglo XX. En: Tradiciones de Guatemala. Guatemala: Centro de Estudios Folclóricos. p. 45.
  2. Azurdia Alfaro, Roberto (1960) Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1953-1954. LXII. Guatemala, Tipografía Nacional. p.  VII.
  3. — (1960). Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1954-1955. LXIII. Guatemala, Tipografía Nacional. p.  XXVII.

29 de abril de 1944: el decreto 2795

El gobierno del general Jorge Ubico emite un decreto por el que exonera a los dueños de fincas cafetaleras y a la United Fruit Company de responsabilidad criminal en caso de matar a alguien que estuviera robando en sus propiedades rústicas

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Palacio Nacional de la ciudad de Guatemala en la década de 1940. En el recuadro, el presidente, general Jorge Ubico. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Hacia finales de su gobierno, el general Jorge Ubico aprobó el decreto 2795 de la Asamblea Legislativa, el cual dice así:1

Decreto Número 2795

La Asamblea Legislativa de la República de Guatemala,

Considerando: que para el desarrollo de la producción agrícola es indispensable poner fin a los delitos contra la propiedad que se cometen en los predios rústicos por personas ajenas a ellos, facultando a sus dueños para emplear contra éstas los medios adecuados para la protección de sus intereses; por tanto, decreta:

Estarán exentos de responsabilidad criminal los propietarios de fincas rústicas cercadas o sus legítimos representantes, por los delitos que cometan contra los individuos que, habiendo penetrado sin autorización al interior de aquellas, fueren hallados in fraganti, cogiendo o llevándose los animales, frutos, productos forestales o instrumentos de labrana pertenecientes a las mismas.

Pase al Ejecutivo para su publicación y cumplimiento.

Dado en el Palacio del Poder Legislativo: en Guatemala, el veintisiete de abril de mil novecientos cuarenta y cuatro.

Palacio Nacional: Guatemala, veintinueve de abril de mil novecientos cuarenta y cuatro.  Publíquese y cúmplase.

De acuerdo al escritor comunista Luis Cardoza y Aragón, este decreto le dió a los propietarios de fincas cafetaleras y a la United Fruit Company permiso para matar indiscriminadamente.2,Nota Y, al parecer, la Junta Revolucionaria de Gobierno que tomó el poder tras la Revolución del 20 de octubre de ese año así lo comprendió, y derogó el decreto 2795 por medio del decreto siguiente:3

Decreto Número 9

La Junta Revolucionaria de Gobierno, 

Considerando: que la disposición del Decreto legislativo número 2795 no se ajusta a los principios del Derecho penal, toda vez que, sin discriminación alguna, declara exentos de responsabilidad criminal a los propietarios de tales fincas, ya que éstos, así como sus representantes y administradores, están reputados en el interior de las mismas como agentes de autoridad, al tenor de lo estatuido en el artículo 154 del Código Penal; por tanto, decreta:

Artículo único – Se abroga el Decreto legislativo número 2795, de veintisiete de abril del año en curso.

Del presente decreto, que entrará en vigor el día de su publicación en el Diario Oficial, se dará cuenta a la Asamblea Legislativa en sus próximas sesiones ordinarias.

Dado en el palacio Nacional: en Guatemala a primero de noviembre de mil novecientos cuarenta y cuatro.

Este decreto fue parcialmente resucitado durante el gobierno del licenciado Julio César Méndez Montenegro, ya que cada vez que se extendía el Estado de Alarma o el Estado de Sitio en el país debido a la Guerra Civil que estaba dándose entre el Ejército y las grupos paramilitares por un lado, y las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR) por el otro, se incluía un artículo como el siguiente:

Artículo 1°. — Se ratifica el Decreto número 630 emitido por el Presidente de la República en Consejo de Ministros, estableciendo el Estado de Sitio en toda la República por treinta días a partir del 18 de marzo de 1968, limtando el libre ejercicio de las garantías individuales que cita dicho decreto e imponiendo la vigencia de la Ley de Orden Público.[…]

La vigencia del Decreto número 630 del presidente de la República deberá interpretarse en el sentido de que se conservan incólumes los recursos jurisdiccionales que la constitución concede a los habitantes para la defensa de sus recursos.4


NOTA:

  • El mismo presidente Ubico era favorecido con esta disposición, ya que era propietario de la finca cafetalera «Hacienda San Agustín Las Minas«.5

BIBLIOGRAFIA:

  1. Méndez, Rosendo P. (1945). Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1944-1945. LXIII. Guatemala. Tipografía Nacional. pp. 304-305. 
  2. Cardoza y Aragón, Luis (1991). Miguel Angel Asturias: Premio Lenin de la Paz 1965, Premio Nobel de Literatura 1967. Casi Novela. México: Ediciones Era. p. 146.
  3. Méndez, Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, p. 446.
  4. Azurdia Alfaro, Roberto (19) Recopilación de las Leyes de la República de GuatemalaLXXXVII. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 60-61.
  5. Cadenhead, Ivie E. (1974) The Personal Finances of General Jorge Ubico. En: Caribbean Studies. 13 (4). Puerto Rico: Institute of Caribbean Studies, UPR, Rio Piedras. p. 127-133.

29 de enero de 1896: aprueban reglamento de la Exposición Centroamericana

En medio de la mayor bonanza económica que había vivido Guatemala, el presidente José María Reina Barrios autoriza el reglamento de la Exposición Centroamericana.

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Visitantes llegan a la Exposición Centroamericana que se realizó en la Ciudad de Guatemala del febrero a julio de 1897. En el recuadro: un souvernir del Correo de Guatemala alegórico a la Exposición. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El 29 de enero de 1896, el general presidente José María Reina Barrios aprobó el reglamento de la Exposición Centroamericana, evento de gran envergadura en el que tenía depositadas todas sus esperanzas para lograr mostrar el ferrocarril interoceánico que estaba construyendo a los inversionistas extranjeros.  En ese momento, toda iba viento en popa para el presidente: la economía nacional era inmejorable, los trabajos del ferrocarril y del Puerto de Iztapa avanzaban eficazmente y muchas personas habían adquirido bonos del ferrocarril y de la Exposición para financiar los proyectos.

Reproducimos aquí algunos segmentos del reglamento de la Exposición, para que el lector se de una idea de cómo estaba planificado el evento:

Reglamento General de la Exposición Centroamericana, decretada por la Asamblea Legislativa de la República de Guatemala

De la Exposición1

Artículo 1°. La Exposición se verificará en la capital de la República de Guatemala, dentrl del área que linda: Al Norte, con la calle que da del Boulevar 30 de Junio para Ciudad Vieja; al Sur, con una calle que va del mismo Boulevar a Ciudad Vieja; al Este, con la calle real de Ciudad de Vieja; al Oeste, con el Boulevar 30 de junio; área que mide 12 manzanas y 8,082 varas cuadradas.Nota_a

Artículo 2°. La Exposición se abrirá el día 15 de marzo del año de 1897 y se clausurará el 15 de julio del propio año.

Artículo 3°. Entrarán al Certamen los ramos de la ciencia, del arte, de la industria y los productos naturales que procedan de las cinco Repúblicas de Centro América […] Pueden exhibirse también en la Exposición los mismo ramos, aunque procedan de países no centroamericanos; pero sujetándose a las disposiciones reglamentarias […]

Artículo 4° Los ramos que se admiten en la Exposición se clasificarán por grupos de la manera siguiente:

        1. Ciencias y Letras
        2. Educación y Enseñanza
        3. Bellas Artes
        4. Mecánica y Construcciones
        5. Agricultura
        6. Fauna y Flora
        7. Ornamentación
        8. Industrias diversas
        9. Productos naturales
        10. Transportes
        11. Minería
        12. Inmigración.

Artículo 5°. Los grupos en que se dividen los ramos que figurarán en la Exposición se subdividen en clases […]

Artículo 6°. No se admitirá en la Exposición tod aquello que ofenda a la moralidad pública o que sea nocivo a la salubridad en general.

De los expositores:2

Artículo 7°. Son expositores: los pueblos, gobiernos, corporaciones, sociedades y particulares que presenten o remitan objetos para la Exposición […]

De los objetos exhibidos:3

Artículo 10°. Todo lo que se exhiba se considerará de la propiedad del expositor.

Artículo 11. La vigilancia, conservación y limpieza de los objetos exhibidos, estará a cargo del Comité Central o de sus empleados respectivos […]

Artículo 14°. Todos los objetos deberán colocarse en la Exposición en sus correspondientes vidrieras o escaparates, envases, cajas, etc., según lo disponga el Comité Central […]

Artículo 15. Previo permiso del Comité Central, podrán cambiarse durante la Exposición, los objetos por otros iguales o mejores, de la misma naturaleza […]

Artículo 16. Durante la Exposición, los expositores podrán vender, donar o enajenar los objetos exhibidos; pero en tal caso deberán avisarlo al Comité Central para que el traspaso sea anotado […]

Artículo 18°. La alimentación de los semovientes exhibidos, la proporcionará el Comité Central […]

De lo relativo a impuestos4

Artículo 22. Estarán excentos de toda clase de impuestos, como quiera que de ellos se disponga, todos los objetos que figuren en la Exposición procedentes de cualquiera de las cinco Repúblicas de Centro-América o sean el producto de inteligencias centroamericanas.  De esa misma exención gozará, como quiera que de él se disponga, todo objeto de la sección extranjera que obtenga algún premio en el Certamen […]

De las recompensas4

Artículo 26. Serán premiados todos los objetos que a juicio de los Jurados sobresalgan por su mérito, utilidad o importancia.

Artículo 27. Las recompensas a los expositores serán discernidas por el Jurado correspondiente, bajo la forma de diplomas firmados por el Ministerio de Fomento del Gobierno de la República y el Comité Central.

Artículo 28.  Estos diplomas serán de las categorías siguientes: de gran premio, de medalla de oro, de medalla de plata, de medalla de bronce, de mención honorífica..

Artículo 29. Además de la recompensas […] se adjudicarán por el Gran Jurado las que siguen:

        • 6 premios de $5,000 cada uno para los seis expositores que más se hayan distinguido, entre aquellos que obtengan diploma de gran premio.
        • 6 premios de $1,000 cada uno para los seis expositores que más se hayan distinguido, entre aquellos que obtengan diploma de medalla de oro.
        • 10 premios de $500 […] para medalla de plata
        • 20 premios de $200 […] para medalla de bronce
        • 50 premios de $100 […] para mención honorífica[…]

Artículo 31. Los objetos desconocidos o poco conocidos que se exhiban y que sean de notoria utilidad para la agricultura o la industria de la República de Guatemala, podrán importatse al país, dentrl del año siguiente a la clausura del Certamen, sin pagar derechos […]

De las diversiones5

Artículo 47. Habrá en el recinto de la Exposición las diversiones públicas que el Comité Central crea conveniente establecer.

Artículo 48. Las personas que deseen poner en la Exposición, diversiones por su cuenta, cantinas, hoteles, restaurantes, etc., deben solicar permiso […]

De las entradas6

Artículo 49. La entrada general en el recinto de la Exposición, en las horas que fije el comité, valdrá 25 centavos por persona, exceptuando a los niños menores de diez años, cuya entrada será gratis […]

Artículo 50. Los productos de las entradas y todos los ingresos que haya con motivo de la Exposición, pertenecerán a la Tesorería Específica de la misma.

Del Comité Central de la República de Guatemala6

Artículo 52. El Comité Central de la República de Guatemala tendrá su residencia en la Ciudad de Guatemala, organizará la Exposición Centro-Americana de 1897, y para el efecto, formará los reglamentos que, además del presente, crea necesarios; dictará las disposiciones a su juicio convenientes para el buen éxito del certamen. […]

Artículo 53. El Comité Central […] es el delegado del Gobierno de la República y tiene amplias facultades para tratar con las delegaciones de las otras Repúblicas de Centro-América y con los expositores en particular, todo lo relativo a la Exposición.  El órgano de sus relaciones con el Gobierno de Guatemala será el Ministerio de Fomento.7

Hasta aquí los principales aspectos del reglamento de la Exposición, el cual fue aprobado por el presidente Reina Barrios por medio del siguiente decreto:

Palacio del Poder Ejecutivo: Guatemala, 29 de enero de 1896

El General Presidente, acuerda:

Aprobar en todas sus partes el Reglamento General de la Exposición Centro-Americana, que ha elevado al Ministerio de Fomento el Comité de Dicha Exposición.

Comuníquese.

        • Reina Barrios
        • El Secretario de Estado en el Despacho de Fomento, Manuel Morales T.7

Desafortunadamente para Reina Barrios, y para la economía guatemalteca, todo cambió drásticamente en 1897, cuando la caída del precio internacional del café provocó el desplome de la economía nacional y que todos los grandes proyectos quedaran inconclusos.  Por si esto fuera poco, cuando Reina Barrios dio un autogolpe de estado y consiguió que una Asamblea Constituyente extendiera su mandato presidencial hasta 1902, estallaron dos violentas revoluciones en su contra, una en el occidente y otra en el oriente del país.8

De no haber sido por la caída de la economía nacional, quizá la Exposición Centroamericana habría sido un rotundo éxito y hubiera colocado a Guatemala en una posición muy ventajosa en el comercio internacional por el ferrocarril interoceánico, ya que en ese entonces todavía no existía el Canal de Panamá.


NOTAS:

  • Ese espacio es ocupado en el siglo XXI por el Ministerio de Educación en la zona 9 de la Ciudad de Guatemala.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Gobierno de Guatemala (1895) Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1895-96. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 227.
  2. Ibid., pp. 228-229
  3. Ibid., p. 229
  4. Ibid., pp. 230-231
  5. Ibid., p. 233
  6. Ibid., p. 234
  7. Ibid., p. 235
  8. Luján Muñoz, J. (2003). Las Revoluciones de 1897, La Muerte de J. M. Reina Barrios y la Elección de M. Estrada Cabrera. Guatemala: Artemis y Edinter. ISBN 9788489766990.

29 de mayo de 1839: se establece una Asamblea Constituyente

Tras el golpe de estado de Rafael Carrera se establece una Asamblea Constitutiva que emitió una Constitución en 1842 aunque nunca fue ratificada

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Plaza de Armas de la Nueva Guatemala de la Asunción en la época en que se convocó a la Asamblea Constituyente de 1839.  En el recuadro: el general Rafael Carrera.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Los máximos líderes de Guatemala del siglo XIX fueron el general católico conservador Rafael Carrera quien impuso su voluntad de 1839 a 1865 y el general anticlerical J. Rufino Barrios, quien lo hizo de 1871 a 1885. Ambos llegaron al poder después de revoluciones, ambos fueron el verdadero poder detrás de los jefes de estado o presidentes provisorios, y ambos gobernaron sin el amparo de una Constitución durante los primeros años de sus respectivos gobiernos.  Como corolario, ambos consiguieron que las Asambleas Constituyentes les redactaran una Constitución que amparara su estilo de gobierno y les permitiera perpetuarse en el poder; Carrera consiguió su constitución en 1851 y Barrios en 1879.  Y no es que no hubiera intentos por establecer una constitución, que sí los hubo.  Lo que ocurría era que no satisfacían las necesidades de Carrera o de Barrios, y quedaban en letra muerta.

El primer intento de hacer una constitución para el Estado Independiente de Guatemala se hizo cuando éste se separó de la República Federal de Centro América el 17 de abril de 1839, y se eligió a una Asamblea Constituyente para el efecto el 29 de mayo.1 Pero el estado de cosas en el país no era estable en lo absoluto; el Estado de Los Altos se había separado en 1838 y cuando los indígenas le pidieron ayuda a Carrera para que los ayudara contra la opresión de los criollos liberales de la región, éste combatió a las fuerzas altenses y recuperó el territorio para Guatemala.2 Esta situación, a su vez provocó que el jefe de Estado de El Salvador, el líder liberal Francisco Morazán invadiera a Guatemala.  Carrera y Morazán se enfrentaron en la capital guatemalteca y el general guatemalteco infringió una definitiva derrota al hondureño, quien huyó a El Salvador dejando a sus hombres a su suerte.  Aunque el hecho resultó en una decisiva victoria para las armas guatemaltecos, retrasó la discusión de la Asamblea Constituyente.3

La Asamblea finalmente redactó y firmó un proyecto el 29 de enero de 1842 y dió orden de imprimirlo el 20 de abril del mismo año luego de que una comisión conformada por los criollos aristócratas Aycinena, Pavón, Dardón, Colom, Andreu y Estrada le diera su aprobación.  Luego de impresa, se empezó a discutir en sesión pública el 1 de julio de 1843, aprobando el 6 de ese mes el primer artículo.  Pero hasta allí llegó la discusión, que quedó en suspenso el 3 de octubre cuando los diputados Pavón y Andreu solicitaron que ya no se siguiera discutiendo.4  Así terminó el primer intento de redactar una constitución para el gobierno conservador.

Viendo que el clero, y en especial el marqués de Aycinena, Juan José de Aycinena y Piñol, estaban intentando hacerse con el poder absoluto en el país, Carrera organizó una falsa sublevación en Pinula, la que utilizó para firmar un convenio en la Villa de Guadalupe el 11 de marzo de 1844, por medio del cual se organizó un congreso que prohibió a los clérigos participar en política, con lo que salió del molesto Aycinena.  Por otra parte, aquel congreso redactóuna constitución el 16 de septiembre de 1845, pero nunca fue sancionada porque dicha constitución era copia de la que habían redactado en el Estado de Los Altos y no aplicaba al estado guatemalteco.  Esto dió por finalizado el segundo intento de escribir una constitución para el Estado.4

Carrera finalmente se hizo con la jefatura del Estado en 1844, en sustitución de Mariano Rivera Paz, pero cuando en 1846 todavía no se había establecido una constitución en el Estado un partido de jóvenes estudiantes universitarios decidieron llenar aquel vacío constitucional, asesinando al presidente Carrera para así convocar una constituyente auténtica, y dar al poder militar una organización regularizada. Así, el 26 de junio de 1846, cuando habrían de celebrarse en la Iglesia Catedral las honras fúnebres del arzobispo Ramón Casaus y Torres, quien había muerto en el exilio en la Habana, los estudiantes llegaron armados al templo para asesinar al Jefe de Estado, pero su plan fracasó y los tuvieron que salir al exilio a Chiapas tras pasar un tiempo encarcelados en el Castillo de San José.5,6

El 21 de marzo de 1847 Carrera fundó la República de Guatemala, convirtiéndose en su primer presidente, y nuevamente convocó a a una constituyente en 1848, la cual fue disuelta en 1849 luego de queCarrera tuviera que salir al exilio cuando el país entró en una completa anarquía y los criollos (tanto conservadores como liberales) le pidieron la renuncia.  Carrera se fue a México, y regresó en 1849, aunque como Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas, bajo el presidente Mariano Paredes, aunque todo el país sabía quien era el que verdaderamente gobernaba.7  La Asamblea Constituyente se disolvió, y el asunto quedó nuevamente incluso.4

Fue hasta después del triunfo de Carrera en la Batalla de La Arada el 2 de febrero de 1851, que finalmente una Asamblea Constituyente logró aprobar la Constitución de la República de Guatemala, la cual estuvo vigente hasta el 30 de junio de 1871, cuando fue sustituida por el Acta de Patzicía que firmaron los criollos altenses liberales para desconocer el gobierno del mariscal Vicente Cerna, dando inicio nuevamente a un largo proceso para redactar una nueva constitución.8


BIBLIOGRAFIA:

  1. Pineda Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República. Tomo I. Imprenta de la Paz. p. 85.
  2. Taracena, Arturo (1999). Invención criolla, sueño ladino, pesadilla indígena, Los Altos de Guatemala: de región a Estado, 1740-1871. Guatemala: CIRMA. Archivado desde el original el 9 de enero de 2016.
  3. Hernández de León, Federico (1925). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. Tomo I. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  4. Pineda de Mont, Recopilación de las leyes de Guatemala, p. 86
  5. Brañas, César (1979). Tras las huellas de Juan Diéguez Olaverri. Guatemala: Unión TIpográfica.
  6. Vela Salvatierra, David (1943). “Juan Diéguez Olaverri”, en Literatura guatemalteca. Guatemala: Unión Tipográfica. p. 2 y siguientes.
  7. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. I Guatemala: Editorial del Ejército. p. 266.
  8. Pineda de Mont, Recopilación de las leyes de Guatemala, pp. 79-85.

29 de abril de 1927: muere Arturo Ubico Urruela

Muere Arturo Ubico Urruela, poderoso cafetalero y funcionario de los gobiernos liberales desde Barrios hasta Estrada Cabrera y quien era el padre del general Jorge Ubico.

29abril1927
Composición de grabados en madera de la producción cafetalera en Guatemala junto con el acueducto de Pinula, las cuales fueron muy importantes en la vida de Arturo Ubico, quien poseía la importante finca cafetalera «San Agustín Las Minas» y proporcionó 1500 pajas de agua al acueducto de Pinula desde su presa «Pinula» en el río «Las Minas».  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Arturo Ubico y Urruela nació en la Ciudad de Guatemala en 1848, y era hijo de Manuel Ubico,1 quien fue un respetado jurisconsulto que era miembro del Tribunal Supremo del gobierno conservador del capitán general Rafael Carrera.2

Ubico Urruela se graduó de bachiller a los 17 años y trabajó en los bufetes de Manuel Ramírez y Javier Valenzuela hasta que se graduó en 1872, en la Nacional y Pontificia Universidad de San Carlos.1,2 Entre sus compañeros en la Universidad hubo varios abogados que, al igual que Ubico, luego serían importantes funcionarios del gobierno de J. Rufino Barrios o personajes relevantes de la vida nacional:

Tras graduarse, Ubico Urruela fue nombrado secretario de Legación y posteriormente Juez de 1a. Instancia, Jefe Político y Comandante de Armas del Departamento de Escuintla. Posteriormente también tuvo esos mismos puestos en Santa Rosa, Huehuetenango y Sacatepéquez.  Y luego de estos puestos, pasó a ser Ministro de la Guerra interino del gobierno de J. Rufino Barrios en junio de 1877,1 cuando el general Juan Martín Barrundia, tuvo que irse a Europa en 1877 para curarse la herida en un brazo que sufrió en Escuintla en 1873.3

Al retorno del general Barrundia a principios de 1878,4 Ubico dejó el Ministerio de la Guerra interino, en que lo más destacado fue su participación en los procesos y fusilamientos relacionados con la conspiración Kopesky del 1 de noviembre de 1877,5 y fue nombrado Ministro de Instrucción Pública y luego de Gobernación y Justicia.1,6,7  Siendo Ministro de Estado, fue también miembro de la Asamblea Constituyente que emitió en 1879 la Constitución que legitimó el gobierno de J. Rufino Barrios, que hasta entonces había gobernado con poder absoluto amparándose en el Acta de Patzicía, y que le permitió al gobernante guatemalteco tener ahora un mandato constitucional hasta 1886.1,8 Otro de los diputados constituyentes de 1879 fue Manuel Herrera Moreno,8  quien a la vez era el Ministro de Fomento que redactó el Reglamento de Jornaleros que le proporcionó mano de obra gratuita a las fincas de cafetaleros y que además era cuñado de Ubico, pues estaba casado con Ernestina Ubico Urruela. Por cierto que Herrera Moreno era también medio hermano de Carlos Herrera, quien sería presidente de Guatemala en sustitución de Manuel Estrada Cabrera en 1920.9

A finales de 1879, Barrios nombró a Ubico Urruela como Embajador de Guatemala en los Estados Unidos, en donde empezó a trabajar con el gobierno del presidente James Garfield, con quien trabajó en un proyecto para la Unión Centroamericana con el patrocinio estadounidense.1,10  Sin embargo, cuando el Dr. Lorenzo Montúfar y Rivera, Ministro de Relaciones Exteriores, llegó a Washington, no estuvo de acuerdo con lo realizado por Ubico y lo envió a la embajada de Italia.7 Montúfar estableció una buena relación con el Secretario de Estado James Blaine para el tratado de límites con México y la Unión Centroamericana, pero luego tuvo que renunciar tras el fiasco que resultó cuando el Secretario de Estado del presidente Chester Arthur, ya no apoyó ninguno de los proyectos.1013

En 1882, Ubico fue llamado por Barrios a Nueva York cuando se estuvo tratando el asunto de límites con México. Como aquella gestión fuera un fracaso para la diplomacia guatemalteca, Barrios primero lo trató muy bien en Estados Unidos, pero cuando llegaron a Europa, lo trató de traidor e incompetente y le quitó las credenciales de embajador dejándolo casi en el abandono en París, con todo y su familia y sin recursos inmediatos.14

En 1884, cuando ya Ubico Urruela estaba en España, fue perdonado por el general Barrios a pesar de ser «un noblete» y «un traidor» y por intermedio del ministro Delfino Sánchez le hizo llegar un giro de 100 mil reales vellón a España para que regresara a Guatemala, a donde llegó en noviembre de ese año.  Al día siguiente, Barrios lo mandó a llamar para almorzar en su despacho, y allí lo tuvo para que todos sus subalternos se sorprendieran del regreso del «traidor».  Para entonces, Barrios se había compadecido de él porque «a pesar de ser un traidor, se había mantenido con sus labios sellados en la desgracia» y luego le mandó a entregar una suma considerable de dinero como reparación d elos daños que le había ocasionado».15

De acuerdo al «Libro Azul de Guatemala«, cuando Ubico regresó al país, fue nombrado Secretario General del Gobierno de la Unión, que había proclamado unilateralmente Barrios el 28 de febrero de 1885.1  Pero lo que ocurrió en realidad fue que cuando estalló la guerra contra El Salvador, Nicaragua y Costa Rica por la Unificación Centroamericana, Ubico fue enviado en una comisión para entregarle 12 mil pesos de plata al presidente hondureño Luis Bográn pero no pudo desembarcar ni en El Salvador ni en Costa Rica por estar en guerra. Ubico tuvo que dar el dinero al licenciado Antonio Batres Jáuregui, quien iba con él en el mismo vapor, pero se dirigía hacia los hacia los Estados Unidos.  Según cuenta Batres Jáuregui en su obra «La América Central ante la Historia«, «los doce mil pesos fueron a parar a San Francisco California, y por influencias de don Florentín Souza, llegaron a poder de doña Francisca Aparicio de Barrios, que era quien menos los necesitaba, y que ningún derecho tenía sobre los fondos nacionales».16

En 1888 Ubico retornó a la política nacional.  En enero fungió como Ministro Plenipotenciario de Guatemala ante el Canciller mexicano Ignacio Mariscal para trabajar en el tratado sobre reclamaciones con esa nación, para evitar que México siguiera avanzando sobre territorio guatemalteco en las márgenes del río Chixoy1 el cual fue presentado el 26 de enero de ese año17 En marzo de ese mismo año fue electo diputado y Presidente de la Asamblea Legislativa18 y en abril el general presidente Manuel Lisandro Barillas lo nombró junto con Francisco Lainfiesta y otros personajes de la época como miembro del Comité de Exposición a cargo del Ministerio de Fomento para representar a Guatemala en la Exposición de París de 1889.19

Fue presidente de la Asamblea Legislativa durante todo el gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera,1 y miembro de la Asamblea Nacional Constituyente de 1903 que extendió el mandato presidencial de 4 a 6 años,20 lo que ayudó sobremanera a la meteórica carrera de su hijo, el general Jorge Ubico, quien en ese período pasó de ser un empleado bancario a ser general en el Ejército,21 Jefe Político de Retalhuleu y de Alta Verapaz, diputado y Ministro de Estado.  Y también ayudó a que su fortuna creciera exponencialmente; aparte de poseer una hacienda cafetalera llamada «Hacienda San Agustín de Las Minas«,22 la cual le reportaba grandes ganancias gracias a las leyes cafetaleras imperantes en el país, he aquí algunos decretos que fueron emitidos durante el régimen cabrerista que lo beneficiaban considerablemente:

    • 1900: se le adjudicó en propiedad la mina «Pretoria» jurisdicción de Santa Catarina Pinula, en el departamento de Guatemala, que fue encontrada dentro su propiedad en la Hacienda «San Agustín Las Minas»23
    • 1905: contrato con el gobierno para introducir 1500 pajas de agua en el Acueducto Colonial de Pinula, provenientes de la presa de Pinula en el río «Las Minas», que pasaba por su Hacienda, para surtir agua hasta el Paseo de La Reforma y de allí al Hipódromo del Norte.  También le autorizaron a vender cada paja de agua a 1500 pesos cada una.24
    • 1911: se ajustó el valor de su hacienda «San Agustín Las Minas», ahora en jurisdicción de San Miguel Petapa, en el departamento de Amatitlán por un valor de quinientos cincuenta pesos por caballería, cuando una nueva medida encontró un faltante de una caballería, cuarenta y dos manzanas, 1849 varas cuadradas.25

A principios de 1920, cuando también iba con Batres Jáuregui, como presidentes de la Asamblea Legislativa y del Organismo Judicial, respectivamente, flanquando al presidente de la República, el licenciado Manuel Estrada Cabrera, fueron testigos de primera línea de un desvanecimiento que sufrió el presidente cuando estaban inaugurando el nuevo edificio de la Academia Militar, en el reconstruido Cuartel de Artillería que está frente al monumento a Miguel García -Granados y Zavala en la Avenida La Reforma.  De acuerdo a Batres Jáuregui, aquello fue algo premonitorio, ya que Estrada Cabrera quedó preso en aquel cuartel tras ser derrocado el 15 de abril de ese año.26


BIBLIOGRAFIA:

  1. Soto Hall, Máximo (1915). El Libro Azul de Guatemala. Bascom Jones, J. y Scoullar, William T., eds. Guatemala. p. 118
  2. Facultad de Derecho y Notariado de Guatemala (31 de enero de 1902). La Escuela de Derecho. Guatemala: Facultad de Derecho y notariado de Guatemala. 12 (1) p. 4.
  3. Lainfiesta, Francisco (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. Período de 20 años corridos del 14 de abril de 1865 al 6 de abril de 1885.  Guatemala: Pineda e Ibarra. p. 203.
  4. Ibid., p. 225.
  5. Ibid., p. 215.
  6. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1877-1881 II. Guatemala: Tipografía El Progreso. p. 310.
  7. Ibid., p. 315.
  8. Ibid., p. 345.
  9. Geni (2020). Manuel María Herrera y Moreno. Geni.com
  10. Lainfiesta, Apuntamientos para la historia de Guatemala, p. 265.
  11. Cruz, Felipe (1888). La verdad Histórica acerca del Tratado de Límites entre Guatemala y México. Guatemala: Tipografía La Unión. pp. 3-30.
  12. Comisión Guatemalte de Límites con México (1900). Memoria sobre la cuestión de límites entre Guatemala y México. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 164-170
  13. Batres Jáuregui, Antonio (1944). La América Central Ante la Historia. 1821-1921. III. Guatemala. Tipografía Nacional. pp. 431-438.
  14. Lainfiesta, Apuntamientos para la Historia de Guatemala, p. 281.
  15. Ibid, pp. 376-377.
  16. Batres Jáuregui, La América Central Ante la Historia. pp. 484-485.
  17. Gómez Carrillo, Agustín (1891). Recopilación: Las Leyes de la República de Guatemala, 1889 VIII. Guatemala: Tipografía La Unión. pp. 262-267
  18. Caballeros, Adrián F. (1888). Recopilación: Las Leyes de la República de Guatemala, 1888 VII. Guatemala: Tipografía La Unión. p. 261.
  19. Ibid, p. 58.
  20. Estrada Paniagua, Felipe (1909). Recopilación: Las Leyes de la República de Guatemala, 1903-1904 XXII. Guatemala: Arturo Siguere y Cía. p. 328.
  21. Samayoa Chinchilla, Carlos (1950) El dictador yo. Guatemala: Imprenta Iberia. p. 45.
  22. Estrada Paniagua, Felipe (1 de febrero de 1907) Votos por la educación popular. Guatemala: La Locomotora. II (24). p. 1.
  23. — (1908). Recopilación de Las Leyes de la República de Guatemala, 1900-1901XIX. Guatemala: Arturo Siguere & Co. pp. 124-125.
  24. — (1909). Recopilación de Las Leyes de la República de Guatemala, 1905-1906. XX. Guatemala: Arturo Siguere & Co. pp. 4-6.
  25. Matta, Juan (1912). Recopilación de las leyes de la República de Guatemala, 1910-1911 XXIX. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 296.
  26. Batres Jáuregui, La América Central ante la Historia. p. 672.

29 de septiembre de 1897: la revolución castillista de oriente

Se inicia la revolución liderada por el licenciado José León Castillo en el oriente guatemalteco contra el autogolpe de Estado del general presidente José María Reina Barrios.

29septiembre1897
Ruinas de la Iglesia Colonial de Chiquimula. En el recuadro: el licenciado José León Castillo.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En 1897, en medio de la grave crisis económica que provocó en Guatemala el desplome del precio internacional del café  (único producto de exportación de Guatemala en esa época), el general presidente José María Reina Barrios pasó de ser un gobernante democrático progresista, a convertirse en dictador, extendiendo su periódo de gobierno hasta 1902.  Este cambio se inició cuando pidió a la Comisión Permanente de la Asamblea para que convocara a sesiones extraordinarias, pero como ésta se rehusara, lo hizo él mismo como Jefe del Ejecutivo, provocando así que muchos de los diputados renunciaran.  Entonces convocó a una nueva asamblea entre sus allegados, y ellos extendieron su mandato presidencial el 1 de junio.  Este fue el detonante de las revoluciones en su contra, pues se advertía el deseo dictatorial del presidente y se estaban sufriendo los graves efectos de la crisis económica.

Aquel 1 de junio, Reina Barrios envió un telegrama a todos los alcades y gobernadores, para hacerles saber la extensión de su mandato y sus poderes dictatoriales.  Entre los que recibieron aquel telegrama estaban Próspero Morales —su antiguo Ministro de la Guerra— y José León Castillo, a quien el presidente mantenía en Chiquimula como Comandante de Armas para demostrar que no le temía, a pesar de ser un fuerte opositor.  Ambos respondieron lacónicamente al telegrama del presidente el 2 de junio, diciendo que harán del conocimiento de sus subalternos del mensaje presidencial; sus mensajes eran totalmente opuestos a los serviles mensajes del resto de autoridades locales, y presagiaban las revoluciones que ambos encabezarían.

Reina Barrios, a pesar de la grave crisis, seguía empecinado en terminar el Ferrocarril del Norte y contrayendo fuertes préstamos para ello, lo que le acarreaba más animadversión. A finales de agosto de 1897, la nueva Asamblea Constituyente convocada por el presidente entre sus amigos aprobó definitivamente la extensión del gobierno del presidente y la suspensión de la constitución, y fue cuando Castillo se enteró por intermedio del diputado Rosendo Santa Cruz y del telegrafista  Antonio Monterroso (a quien el entonces estudiante Baudilio Palma del Instituto Nacional Central para Varones en la ciudad de Guatemalay le prestó su mula para que viajara hasta Chiquimula) de que Reina Barrios iba a destituirlo y enviarlo a la Penitenciaría Central.1

Castillo ya lo veía venir y con diez mil pesos plata que había conseguido, entregó el puesto y prácticamente huyó para El Salvador junto con Santa Cruz y Monterroso, y con el capitán Salvador Cuellar, Mateo y Vicente Paz Pinto y los cadetes Salomé Prado y Rodolfo Tinoco.  Al llegar a Santa Ana, se enteraron de que el presidente salvadoreño Rafael A. Gutiérrez les prohibió estar en la región fronteriza con Guatemala.  Allí se quedaron entonces, tratando de subsistir, cuando estalló la Revolución Quetzalteca el 7 de septiembre de 1897, lo que hizo más difícil aún su estadía en El Salvador.1

El jefe militar del occidente de El Salvador era el general Tomás Regalado, quien había compañero de estudios de Castillo en Guatemala.  Cuando éste le pidió ayuda, Regalado no dudó en proporcionársela, sin pedir permiso al presidente Gutiérrez.  Así fue como Castillo obtuvo ciento cincuenta hombres al mando del general José Rodríguez de Santa Ana, ciento setenta y cinco rifles y doce mil cartuchos, y pudo ingresar por Chingo (Jeréz) en la frontera de Jutiapa el 29 de septiembre de 1897 a las 4 de la mañana.1

De Chingo pasaron a Coatepeque y de allí a Yupiltepeque, en donde decidieron que lo mejor era atacar Jutiapa desde El Sillón, utilizando para esto un ardid que hizo creer al gobierno de Reina Barrios que sus fuerzas eran de tres mil hombres.  Ante esto, Castillo pidió al general Vicente Farfán, jefe político del departamento, que se rindiera pero cuando éste lo puso a votación, sus hombres —entre quienes estaba un tío político del diputado Santa Cruz— votaron a favor de la lucha, pues aunque eran castillistas, djieron que a pesar de que se había roto el orden constitucional, ante todo eran militares con responsabilidad ante Reina Barrios. Y así, los revolucionarios siguieron en El Sillón, perdiendo tiempo valioso para una revolución de caráter guerrillero de ataques por sorpresa que no está en capacidad de repeler un ataque frontal, aunque recibieron víveres de Zapotitlán, que decidió unirse a los alzados.2

Castillo reunió a los Jefes para hacer un recuento de lo que tenían y encontraron que en ese momento tenían diez mil cartuchos y trescientos hombres.  El general Rodríguez solicitó ciento cincuenta hombres para cortar el paso de los seiscientos chiquimultecos que iban por el Tamarinco a atacarlos, de acuerdo al plan de José María Reina Barrios.  Castillo accedió y ordenó que fueran con él con los coroneles revolucionarios Antonio Monterroso, Salvador Cuellar y Mateo Paz Pinto.  uiso que también fue Santa Cruz, pero Rodríguez se negó porque lo odiaba y no quería tener que fusilarlo.   El general Aguilar también pidió cien hombres para hacer otro frente y en El Sillón se quedó Castillo con el general Pedro Barillas, un piquete de fuerza y algunos soldados, lo que hizo sospechar a Farfán de que algo pasaba pues no lo atacaban.   Los revolucionarios optaron entoncs por salir de El Sillón antes de que Farfán los capturara y se fueron a Yupiltepeque para unirse a los cien hombres de Aguilar y emprender el retorno hacia Coatepeque, lo que muchos han visto como el principio del fracaso  de la revolución.2

En Los Horcones vieron una fuerza que parecía la de Rodríguez, pero resultó se enemiga y le hicieron frente,  Castillo en persona junto con los generales Aguilar y Barillas y el general Ibarra de Atilizaya, El Salvador, junto con el mexicano José María González y once cadetes de la Escuela Politécnica al mando del oficial chileno Ricardo Ramos.  La fuerza gubernamental era la del general Eulogio Flores.  Los revolucionarios triunfaron y se hicieron de algunos pertrechos y hombres que se les unieron.2

Pero para entonces, el gobierno de Reina Barrios ya había desbaratado la revolución de Occidente y empezó a dirigir sus fuerzas hacia el oriente.  Y no ayudó a la causa castillista que los revolucionarios hayan estado dos días en Asunción Mita, Jutiapa, sin hacer nada.2

El general salvadoreño Ibarra fue a Santa Ana a conseguir nuevos elementos del general Regalado, junto con Petrona Godoy.  Ambos consiguieron de Regalado diez mil cartuchos y cuatro mil pesos plata acuñada.  De ese dinero, solamente dos mil pesos llegaron a Castillo, pues el resto, dijo Petrona Godoy, se había usado para pagar al licenciado Salvador Sandoval y al general Máximo Cerna.3

A las fuerzas revolucionarias se unieron José María González, quien había dirigido la Asonada de Chiquimula en 1896, el capitán e ingeniero Isidro Valdez y un oficial de apellido Castañeda de Cuilapa.  El coronel Alfonso Aguilar con el piquete de fuerza «batallón Navajas» fue por el convoy y lo encontró acampando en Santa Rosa.  Mientras los revolucionarios marchaban sobre Chiquimula, eran seguidos por las fuerzas del general Farfán, que no los atacó a pesar de contar con una fuerza de casi dos mil hombres, debido a que era castillista.3

Cuando estaban cerca de San José La Arada, ocurrió un hecho fortuito que sería decisivo para la revolución.  Un tiro se le escapó a un soldado y mató a un sobrino del general Rodríguez, quien ya no estuvo al cien por ciento en el resto de la campaña.  —Castillo y Rodríguez no se conocían antes del movimiento y fueron presentados en la casa del general Regalado—. Por otra parte, la revolución seguía aumentadon con la incorporación del militar Landelino Sandoval con más de treinta hombres armados.  Esa noche acamparon en Santa Rosa, a ocho kilómetros de San José La Arada.  Aquella noche Castillo quiso recorrer las avanzadas, pero Rodríguez lo convenció de que descansara junto con Santa Cruz, ya que él iba a hacer el recorrido con las fuerzas de refresco.  A las dos de la mañana un castillista que venía desde Chiquimula despertó a Castillo para contarle como estaba la situación allá, y Castillo sorprendido le preguntó cómo había llegado hasta él.  El emisario le dijo que el camino estaba libre y que el sorprendido era él al ver cómo Castillo estaba «durmiendo a pierna suelta, casi en las barbas del enemigo que ya estaba ocupando las posiciones de La Arada«. Castillo ordenó la retirada inmediata y al hacerlo se encontraron con el general Rodríguez y el grueso de la fuerza.3

Mientras tanto, fuerzas gubernamentales provenientes de Jalapa y Jilotepeque marchaban hacia Jicampa, comandadas por el coronel Manuel Urrutia, que era castillista, pero quien llevaba instrucciones de atacarlo de inmediato.  Urrutia llevaba paso lento para dar tiempo a que los revolucionarios ganaran terreno, pero Castillo y sus aliados no lo aprovecharon.3

En la mañana del día siguiente, los revolucionarios pasaron revista a la tropa y concluyeron que estaban listos para atacar Chiquimula, pues contaban con diecisiete mil cartuchos y quinientos hombres equipados.  Las tropas que iban a resistirlos provenían de Chiquimula, Zacapa y San Agustín Acasaguastlán y ya estaban formando un triángulo con las fuerzas del coronel Rafael Cabrera al norte, las del coronel Joaquín Flores al oriente, y mil quinientos hombres que ya ocupabn las posiciones en La Arada, al sur, comandaas por el general Elías Estrada.3

El plan de Castillo consistió en enviar al capitán Salvador Cuellar a la media noche para burlar a las fuerzas de Estrada y atacar por sorpresa a Cabrera.  Cuellar cumplió con su cometido y al amanacer había tomado  la cabecera y aumentado sus fuerzas con los castillistas que allí había.  Pero el resto de las fuerzas revolucionarias fue descubierta por las avanzadas en La Arada y tuvo que presentar batalla.  Las fuerzas gubernamentales no presentaron una buena pelea, empezando por el general Estrada, luien se había emborrachado antes de la batalla y no supo como combatir.  Y así tras prácticamente un día completo de combate, las fuerzas del gobierno emprendieron la retirada, dejando tras de sí ochenta mil cartuchos, bombas, un cañón en mal estado y un lote de medicinas.  El mismo general Estrada dejó su mula de raza abandonada al huir, la que  Castillo regaló a Rodríguez que había peleado valientemente.  Y es que la retirada fue tan mal organizada que un grupo de quinientos soldados tinocos al mando del coronel Ramos quedó en su posición y no solamente se entregó, sino que se adhirió a la revolución, presentándose personalmente a Castillo.  Mientras tanto, Cuellar resistió los tres asaltos que hizo el coronel Flores en San Esteban.3

Tras las victorias en La Arada y en Chiquimula, cuando las fuerzas vencedoras de Castillo entraron a Chiquimula los pobladores, y especialmente los estudiantes del Instituto, celebraron como que si hubieran ganado la revolución. En ese momento contaban con mil trescientos hombres con suficientes cartuchos para resistir una semana los ataques de toda la tropa que los rodeaba.  Pero las fuerzas gubernamentales se estaban reforzando y estaban estrechando el cerco contra los revolucionarios, además no había señales de que otras partes del país apoyaran al movimiento.  Las fuerzas orientales que estaban combatiendo a las fuerzas de Próspero Morales en la región occidental del país fueron llamadas a marchas forzadas a atacar a Castillo a Jalapa y Chiquimula, mientras que el general Toledo se puso al frente de un contingente regular que marchó sobre Zacapa, el siguiente objetivo de los revolucionarios. Además, la retaguardia revolucionaria era atacada por el general Florentín González, y tras él venían las fuerzas comandadas por los generales Pío Porta, Vicente Farfán y Manuel Duarte.4

En La Arada, se había quedado la mayor parte de las fuerzas castillistas, además de los quinientos tinecos que del coronel Ramos, todos al mando de las fuerzas era el general Rodríguez.  Por otra parte, de Chiquimula salió un piquete de la fuerza revolucionaria comandada por el coronel Salvador Cuellar hacia Zacapa, quien logró tomar fácilmente la plaza que defendía el Jefe Político, coronel Oliva, pero cometió el grave de error de abandonarla para regresar a notificar la buena noticia a Chiquimula.  Y es que cuando Cuellar salió de Zacapa las fuerzas del gobierno la recuperaron y los revolucionarios se retiraron pensando que se había producido una derrota.  Cuando Castillo se enteró de la torpeza de Cuellar, mandó al señor Santa Cruz a ocuparla nuevamente, junto con toda la tropa de que disponía en Chiquimula.  Pero para entonces, los viajes de ida y vuelta a Zacapa (una distancia de 36 kilómetros por caminos en mal estado)  solamente lograron que las fuerzas del gobierno avanzaran sin ser molestadas.4

Y en La Arada también también se estaban cometiendo errores.  Increíblemente, Rodríguez abandonó las posiciones que recibió, aún sabiendo que en ese lugar en 1851, las fuerzas del general Rafael Carrera habían vencido categóricamente a los liberales gracias a su posición estratégica. Rodríguez, se situó en San Esteban, dejando abierto el camino hacia Chiquimula y a los jefes castillistas que estaban allí prácticamente a merced de las fuerzas del gobierno, pues Castillo había enviado sus útimas fuerzas a Zacapa sin saber que estaba descubierta su retaguardia. Para colmo de males, lo quinientos hombres que comandaba el coronel Ramos se retiraron al ver que su jefe había sido tratado despectivamente por el general Rodríguez.  Y es que los miembros de estas fuerzas ya estaban desmotivadas desde el momento que Castillo (a quien sí respetaban) no los llevó consigo a tomar Zacapa.Solamente se quedaron en La Arada el coronel Manuel F. Rivera con veinticinco hombres y el oficial Paganini de Quetzltenango con ochenta rifleros; al saber de las torpes maniobras de Rodríguez, mandaron a avisar a Castillo para que evitara salir hacia Zacapa a toda costa, pero ya era tarde.4

Cuando Rodríguez se retiró a San Esteban con el grueso de las fuerzas, las tropas gubernamentales del general Florentín González, que habían salido de Santa Rosa, atacaron  la pequeña fuerza de Rivera y Paganini.  Castillo, por su parte, al recibir el mensaje de Rivera, salió para La Arada junto con el general Pedro Barillas, el coronel Alfredo Quiñónez y veinte soldados, al mando del oficial Saberlio Miner.  Con su pequeño grupo, Castillo atacó las fuerzas gubernamentales, reforzando a las de Rivera que resistía con gran ferocidad, y mientras Paganina flanqueaba por el lado izquierdo a las tropas de González.  Aquel innecesario combate no se debió haber producido nunca, de haberse quedado Rodríguez en La Arada.4

Castillo y sus hombres se retiraron y pasaron por Chiquimula para irse a San Esteban, para reunirse con el general Rodríguez llevando los pocos hombres y pertrechos que les quedaban, y los heridos en los últimos combates. Pero allí se encontraron con que el coronel Marcos García, de Mataquescuintla, les contó que las tropas ya habían partido hacia El Salvador encabezadas por el general Rodríguez.  Castillo se enfureció y envió a algunos soldados a caballo para que detuvieran a Rodríguez y que lo esperaran para hablarse.  Así se hizo, y Castillo llegó hasta donde estaban para recriminarles su actitud cobarde y obligarlos a regresar, pero por el camino de Jocotán hacia la frontera con Honduras, pues el camino que habían utilizado ya lo había recuperado el gobierno.  El único motivo para regresar ahora era sacar a Santa Cruz y a Cuellar de Zacapa, en donde estaban como dueños de plaza, pero rodeados por las fuerzas gubernamentales.   Sin embargo, no hubo necesidad, pues Santa Cruz se enteró del desastre que ocurrió en Chiquimula y emprendió la retirada hacia Honduras por el camino de Lanchor y llegó a reunirse con Castillo.3

Santa Cruz y Castillo decidieron apoderarse de Zacapa una tercera vez, y ordenaron a las tropas marchar para allá de inmediato, pero Rodríguez se opuso, pretextando que las tropas estaban cansadas.  Cuando llegaron a Chiquimula, los revolucionarios trataron la extraña actitud de Rodríguez y aunque Santa Cruz dijo que era un plan militar, Macario Sagastume dijo que lo que pasaba era que Rodríguez quería abandonar a Castillo y convertirse en el jefe directo de la revolución.  De acuerdo con Sagastume, Rodríguez iba a dejar a Castillo en Santa Rosa y luego atacaría Jalpa por el camino de Jilotepeque y Pinula.  Ante esto hubo quienes opinaron que fusilaran a Rodríguez de inmediato, pero Castillo, dijo que lo mejor era que éste regresara a Santa Ana, en El Salvador y que le diera parte al general Tomás Regalado, que lo había recomendado, sin olvidar mencionar lo del tiro que se le había escapado a un soldado y que había matado al sobrino de Rodríguez en La Arada.  (Es conveniente indicar aquí que Castillo era ultra liberal, identificado con las enseñanzas radicales y casi fanáticas del Dr. Lorenzo Montúfar, mientras que Rodríguez estaba emparentado con el mariscal Vicente Cerna, ex-presidente guatemalteco, y era favorable al retorno de los conservadores al poder).4

Al día siguiente, todos partieron juntos hacia al ataque de Zacapa pero Rodríguez y sus hombres se quedaron a la retaguardia y por último se fueron a El Salvador con parte de los pertrechos, dejando a la fuerza revolucionaria reducida a solamente seiscientos hombres.  Ya para aquel momento las deserciones proliferaban.5

El general Florentín González había pasado por Chiquimula y los estaba esperando en Zacapa, también con seiscientos hombres.  Los revolucionarios atacaron rápidamente pero González resistió, confiando en los refuerzos que le llevara Toledo por el ferrocarril; los revolucionarios sabían esto, y enviaron al capitán Tomás Menéndez Mina y a Paganini a detenerlo a la estación, pero nunca lo hicieron y Toledo ingresó sin problemas con casi mil quinientos hombres y buena artillería.  La derrota fue total.  Cuando se dió la orden de retirada, algunos soldados no se dieron  y terminaron siendo capturados y pasados por las armas.  Entre las pérdidas de los revolucionarios estuvo el capitán jutiapaneco Francisco Carrillo.5

Las tropas del gobierno prefirieron no salir a perseguir a los revolucionarios, quienes logaron huir despacio con sus heridos, petrechos y proclamas que no pudieron repartir en Zacapa.  Cuando ingresaron al territorio hondureño un grupo de soldados de ese país los conminó a rendir sus armas, pero Castillo se opuso y hasta amenazó con resistir pero finalmente le dieron autorización de proseguir, reingresando a Guatemala por Esquipulas.5

Ya solamente quedaban 120 hombres cuando llegaron a Carboneras, y allí fueron sorprendidos por las fuerzas de Tolero, que los desbarató y capturó a algunos de ellos, aunque no los fusiló.   Los hombres que quedaban llegaron a Citalá y luego a Ocotepeque, en donde les dijeron que se fueran para Tegucigalpa, a lo que dijeron que sí, pero en realidad se fueron a El Salvador por Chalatenango.5

Así fracasó aquella revolución castillista, dejando únicamente como resultado el afianzamiento del general Reina Barrios en el poder y el agotamiento de los recursos nacionales, que tuvieron que gastarse para contrarestar ésta y la revolución de occidente.  Aunque Reina Barrios fue asesinado el 8 de febrero de 1898, las revoluciones no lograron su cometido, pues el sucesor del asesinado presidente fue el licenciado Manuel Estrada Cabrera, quien impuso una férrea dictadura que se extendió por veintidós años y a quien también se opuso Castillo con todas su fuerzas.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Nuestro Diario (12 de enero de 1926).  Retazos de nuestra historia: el movimiento revolucionario de Castillo.  Guatemala: Nuestro Diario. p. 1.
  2. – (13 de enero de 1926).  Retazos de nuestra historia: el auge de la Revolución.  Guatemala: Nuestro Diario. p. 1.
  3. – (14 de enero de 1926).  Retazos de nuestra historia: la Revolución recibe nuevos elementos.  Guatemala: Nuestro Diario. p. 1.
  4. – (15 de enero de 1926).  Retazos de nuestra historia: el desastre de la Revolución.  Guatemala: Nuestro Diario. p. 1.
  5. – (16 de enero de 1926).  Retazos de nuestra historia: la huída de los castillistas.  Guatemala: Nuestro Diario.

29 de marzo de 1881: proyecto de ley para el matrimonio civil

Presenta a la Asamblea Legislativa el proyecto de ley para el matrimonio civil.

29marzo1881
La moda en vestidos de novia a principios de la década de 1890.  Imagen tomadas del Porvenir de Centro América, publicado en 1892.

Las corrientes religiosas en Guatemala pasaron de ser completamente controladas por la Iglesia Católica entre los criollos, y el sincretismo religioso entre las religiones precolombinas y el catolicismo entre los indígenas durante la época colonial, a sufrir una serie de cambios luego de la independencia en 1821.

Cuando los criollos liberales encabezados por Francisco Morazán se hicieron con el poder en 1829, usaron la bandera del libre pensamiento, la masonería y el anticlericalismo para poder expulsar a los criollos aristócratas católicos y a los miembros de las adineradas órdenes regulares.  Con aquella excusa, lograron hacerse de las grandes propiedades que los expulsados poseían y empezaron a hacer negocios con ciudadanos ingleses en el enclave de Belice, los cuales empezaron a inmiscuirse más y más en los asuntos del país después de la Independencia.1

Cuando ya llevaban casi diez años en el poder, impulsados por el empuje de José Francisco Barrundia, establecieron los Códigos de Livingston, que incluían —entre otras leyes impracticables para la sociedad guatemalteca de esa época— la ley del matrimonio civil y el divorcio.2 Esas leyes novedosas fueron uno de los detonantesque provocaron la revuelta católico-campesina de 1838 que acabó con el régimen liberal.3 En medio de la anarquía, el jefe de Estado Mariano Rivera Paz derogó todas las leyes anticlericales y permitió el retorno de los criollos aristócratas y de los frailes con quienes llegarían a hacer gobierno, dirigidos por la férrea voluntad del capitán general Rafael Carrera.4

Treinta años después, ya cuando Carrera había fallecido, los liberales de Los Altos —que habían intentado independizarse de Guatemala en 1838 y en 1848— por fin lograron tomar el control del país con el triunfo de la revolución del 30 de junio de 1871, y repitieron las acciones de Francisco Morazán en 1829:  expulsaron a los eclesiásticos de las órdenes regulares y eliminaron el diezmo obligatorio para debilitar al clero secular.  Pero esta vez fueron más precavidos y esperaron diez años antes de modificar la ley del matrimonio en el país.5

El 29 de marzo de 1881, la ley del matrimonio civil fue presentada a la Asamblea Legislativa para su discusión.  He aquí los puntos que se propusieron:

    1. La ley respeta y garantiza la libertad de todos los habitantes de la República para celebrar matrimonio religioso con las solemnidades del culto al que pertenezcan y solo exige que, previamente, se cumplan las disposiciones civiles contrayendo el matrimiinio civil.
    2. El Ministro de cualquier culto que comprometa el estado civil de las personas, por el hecho de proceder a las ceremonias religiosas de un matrimonio, sin que se le acredite con certificación completa que esté celebrado ya el matrimonio civil, incurrirá en una multa de cincuenta a trescientos pesos en la primera vez, según las circunstancias, aumentado otro tanto en cada caso de reincidencia.
    3. Si el infractor de la ley fuere insolvente o se resistiese por cualquier motivo al pago de rigor, se hará aplicación de los dispuesto en el artículo correspondiente del Código Penal.Nota  
    4. Las personas que pretendan contraer matrimonio, pueden elegir entre presentar oposición escrita solicitándolo, u ocurrir con el mismo objeto y por palabra a la autoridad respectiva, la cual deberá levantar el acta corresponndiente, y previas todas las demás formalidades y requisitos legales, proceder a la celebración.5

Después de escuchar la exposición, el diputado Angel María Arroyo —sacerdote y ahora incondicional y uno de los principales aduladores del general presidente J. Rufino Barrios— se opuso rotundamente a la aprobación de aquella ley y le pidió al Ministro de Gobernación que regresara para que se discutiera en tercera lectura dicho proyecto de ley.  Fue hasta entonces, que con la ayuda del licenciado Lorenzo Montúfar, el gobierno logró que la ley se aprobara.5


NOTAS:

  • Por supuesto que los curas párrocos iban a ser insolventes, pues el gobierno había eliminado el diezmo obligatorio, dejándolos a merced de las limosnas de sus fieles.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América CentralII. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 361-366.
  2. Pineda de Mont, Manuel (1872). Recoplicación de las Leyes de Guatemala. III. Guatemala: Imprenta de la Paz. pp. 300-309.
  3. Solís, Ignacio (1906) Memorias del general Carrera, 1837 a 1840. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 15-39
  4. Hernández de León, Federico (20 de febrero de 1926) “El capítulo de las efemérides: 20 de febrero de 1838, Una Ley Conciliatoria”. Guatemala: Nuestro Diario.
  5. Hernández de León, Federico (29 de marzo de 1926) “El capítulo de las efemérides: 29 de marzo de 1881, Proyecto de ley del matrimonio civil”. Guatemala: Nuestro Diario.

29 de febrero de 1528: Pedro de Angulo profesa en los Dominicos

Pedro de Angulo profesa en la Orden de Predicadores (Dominicos)

29febrero1528
La Catedral de Cobán en Alta Verapaz.  Nótese en la parte superior el escudo de la Orden de Predicadores, a la que perteneció Pedro de Angulo.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Fray Pedro de Angulo, O.D.P. fue uno de los primeros religiosos en llegar a Guatemala tras la conquista española. Nació en Burgos, y originalmente fue un aventurero más que vino a América a buscar fortuna en la década de 1520; pero tras la conquista de México tomó los hábitos en el convento de Santo Domingo que la Orden de Predicadores fundó en la ciudad, profesando el 29 de febrero de 1528.

Su primera misión fue junto con fray Bartolomé de Las Casas en Perú, para luego pasar a Nicaragua.  En 1835, el obispo Francisco Marroquín los llamó a Guatemala para que lo ayudaran a pacificar la provincia de Tezulutlán, que se resistía a ser conquistada.  Lo que había ocurrido es que entre 1530 y 1531 el capitán Alonso de Ávila accidentalmente en su ruta de Ciudad Real  hacia Acalán descubrió la laguna y peñol de Lacam-Tún. Los habitantes de esta zona que comerciaban con los pueblos previamente conquistados por los españoles evitaron un enfrentamiento directo utilizando la selva y la protección de las montañas de los Cuchumatanes como refugio. Hubo varios intentos por conquistar a los lacandones, desde Nueva España, desde la Península de Yucatán, desde Guatemala y desde Chiapa, pero todos fracasaron aunque lograron reducir a algunos poblados. De esta forma los mopones, tzeltales y choles fueron reubicados paulatinamente en pueblos de paz donde fueron evangelizados.

Los lacandones, por su parte, originalmente habían evitado la confrontación abierta, pero cambiaron de actitud y comenzaron el asalto de las localidades cercanas a los Cuchumatanes. Por esta razón aquella región se conoció como «Tezulutlán» o «zona de guerra«.

Las Casas y Angulo negociaron con el oidor de la Segunda Real Audiencia de México, licenciado Alonso de Maldonado (quien se encontraba reemplazando al adelantado Pedro de Alvarado mientras éste estaba atendiendo asuntos fuera de Guatemala), para conquistar pacíficamente los territorios insumisos por medio de los métodos de reducción y evangelización, los cuales serían llevados a cabo por los misioneros de la Orden de Predicadores.

Por este acuerdo, firmado el 2 de mayo de 1537, la «Tierra de Guerra» solo podría ser sometida por medios pacíficos y sus habitantes tendrían que acceder voluntariamente para convertirse en vasallos de la corona española y los indígenas no serían entregados por ningún motivo al sistema de encomiendas. Durante los primeros cinco años, tampoco sería permitida la entrada a ningún español so-pena de grandes sanciones, a excepción del propio gobernador quien además sería acompañado por los frailes.

Tras el éxito de las capitulaciones los lacandones se refugiaron más al norte en la selva del actual Petén, dejando el sur de sus antiguos territorios a los dominicos.  Los lacandones siguieron indómitos hasta 1697, mientras que la antigua región de Tezulutlán pasó ahora a llamarse «Vera-paz«, o «verdadera paz» por la tranquilidad que ahora reinaba.

Angulo fue instrumental en el éxito de aquella reducción pacífica y por ello fue nombrado Vicario General del convento de los dominicos en Guatemala en 1554, y luego fue nombrado el primer obispo de la Verapaz por recomendación de Fray Bartolomé de Las Casas en 1559. (Aquí es importante notar que Angulo fue nombrado obispo, es decir, jefe del clero secular, a pesar de ser un fraile regular; esto se debía a que prácticamente no había curas seculares en aquellos tiempos). De él dijo Las Casas: «nadie mejor que Angulo, que conoce toda  la región por haberla recorrido descalzo, y conoce muy bien el carácter de los naturales«. Pero los religiosos de la provincia de Guatemala se opusieron rotundamente al nombramiento, y el Presidente de la Real Audiencia tuvo que mandar que Angulo se alojara en las Casas Reales de Cobán para que frente a notario y testigos aceptara el obispado el 24 de abril de 1560.

Pero esto no evitó que siguieran el rechazo hacia Angulo, que tuvo que irse a México para evitar conflictos.  Hasta allá llegaron los despachos y las cédulas que le ordenaban que tomara las riendas de la diócesis en lo que llegaban las Bulas papales definitivas.  Por esta razón regresó a Guatemala, y cuando estaba en Salamá (actualmente en Baja Verapaz), murió repentinamente el miércoles después de la Pascua de 1562, sin haber sido oficialmente consagrado como obispo.


BIBLIOGRAFIA:

  • Juarros, Domingo (1808). Compendio de la historia de la Ciudad de Guatemala. I. Guatemala: Ignacio Beteta. 
  • — (1818). Compendio de la historia de la Ciudad de Guatemala II. Guatemala: Ignacio Beteta.
  • Pons Sáez, Nuria (1997). La conquista del Lacandón. México: Universidad Nacional Autónoma de México. ISBN 968-36-6150-5.
  • Ximénez, Francisco (1999). Historia de la provincia de San Vicente de Chiapa y Guatemala de la orden de predicadores. Vol. I, libro II, capítulo=XII. Tuxtla Gutiérrez: Gobierno del estado de Chiapas. ISBN 968-5025-10-X.
  • Yáñez, Agustín (1992). Doctrina. Fray Bartolomé de las Casas. México: Universidad Nacional Autónoma de México. ISBN 968-36-2016-7.

29 de noviembre de 1930: otro incendio de un comercio en la ciudad de Guatemala

Debido a la grave crisis económica se produce otro incendio de un comercio en la ciudad de Guatemala, esta vez en los almacenes «Van den Henst»

29noviembre1930
Composición de varios anuncios de varios comercios tratando de vender sus artículos o servicios durante la grave crisis de 1930 en Guatemala.  Imágenes tomadas de «Nuestro Diario» y de «El Imparcial«.

La situación económica de la segunda mitad de 1930 era caótica en Guatemala, como resultado directo de la Gran  Depresión.  El desempleo se había disparado, y las fábricas dejaron de alquilar locales grandes para reducir costos, almacenando su equipo en espacio más reducidos.  Los comerciantes de la Ciudad de Guatemala, desesperados, habían recurrido a prenderle fuego a sus negocios para cobrar el seguro, lo que les representaba más ingresos.1 Y el gobierno del general Lázaro Chacón, no encontraba los mecanismos adecuados para paliar la crisis, al punto que todo su gabinete le presentó la renuncia en pleno, y poco después otros ministros fueron renunciando individualmente.2

La serie de incendios provocados se inició a finales de octubre, con el incendio del almacén «El Barato», en donde no solamente perdió la vida el propietario, José García, sino que también se perdió el archivo histórico de la familia Aycinena, cuya mansión estaba a un costado del negocio incenciado.3 Luego siguieron otros incendios similares y cuando se produjo el del almacén Van der Herst el 29 de noviembre, ya era más que evidente que los incendios eran provocados.4

En el caso del incendio de este almacén, ubicado en la séptima avenida sur entre la novena y décima calle, el siniestro se inició alrededor de las 12:30 am y fue advertido por los vecinos quienes avisaron a la policía; de acuerdo a los reporteros de «Nuestro Diario«, la Casa Van der Henst y Cía., tenía un fuerte seguro que ascendía a la suma de ciento treinta mil quetzales.4

Reproducimos a continuación la nota policíaca que publicó el vespertino «Nuestro Diario» aquel 29 de noviembre de 1930, sin agregar comentario alguno, para que el lector se de una idea exacta de la situación que se vivía en esa época:4

«[…] anoche, a las doce y veinte minutos, el agente que cubría la línea de la séptima avenida sur del cantón, dió la señal de alarma, con motivo de desarrollarse un incendio en el interior de la casa del almacén «Van der Henst» contiguo al local que ocupa la sastrería denominada «The Gentleman» propiedad del señor Ramón Rosales. Por cierto, ya viene a sumar un número crecido de esta clase de accidentes registrado durante los últimos días.

[…] se despachó el auxilio correspondiente […], pero no obstante haberse desplagado la mayor actividad, fue totalmente imposible salvar la mercadería y mueblaje del ya citado almacén, por lo cual se supone que dicho incendio haya sido provocado de antemano por los propietarios de dichos centros de negocios, pues la violencia con que se desarrolló el incencio, no puede provocar otra clase de ideas más que la expresada.

[…] no se registró ninguna desgracia personal, pero […] las indagaciones que se verificaron, resulta que tanto el presitado almacén «Van der Henst» como la sastrería «The Gentleman» aparecen asegurados, el primero no se sabe por qué cantidad y el segundo por el dicho de su propio dueño, se sabe que estaba asegurado por la cantidad de cinco mil quetzales en la Compañía Guardia.

[…] todo contacto de incendio quedó completamente cortado a la una antes del meridiano del día de hoy, por lo cual, como última medida se procedió a nombrar el cuerpo de guardia.4

La situación empeoró en los días siguientes, culminando con el derrame cerebral del presidente Lázaro Chacón el 12 de diciembre de ese año,5 lo que dió lugar a varios cambios de presidente y al golpe de estado perpetrado por el general Manuel María Orellana Contreras, antes de que los Estados Unidos y la United Fruit Company forzaran a que fuera electo el general Jorge Ubico e iniciara su gobierno el 14 de febrero de 1931.6


BIBLIOGRAFIA:

  1. Díaz Romeu, Guillermo (1996). «Del régimen de Carlos Herrera a la elección de Jorge Ubico»Historia general de Guatemala. 1993-1999 (Guatemala: Asociación de Amigos del País, Fundación para la Cultura y el Desarrollo) 5: 37-42. Archivado desde el original el 12 de enero de 2015.
  2. Asturias Morales, M. (29 de agosto de 1930) “El gabinete presentó su renuncia hoy” Guatemala: Nuestro Diario. Muñoz Plaza y Cía.
  3. – (30 de octubre de 1930) “Se registra el primer incendio de la temporada de lluvias“. Guatemala: Nuestro Diario, Muñoz Plaza y Cía.
  4. Hernández de León, Federico (29 de noviembre de 1930). «Incendio de los Almacenes «Van der Henst». Guatemala: Nuestro Diario, Muñoz Plaza y Cía.
  5. Mora, Carlos F. et. al. (12 de diciembre de 1930) “Acta de los médicos en que se declara la imposibilidad del general Chacón para seguir en la presidencia de la República“. Guatemala: El Imparcial, Unión Tipográfica.
  6. Secretary of State(1930) Guatemala. Revolution in Guatemala. (en inglés) En Foreign Relations III. pp. 172-190.

29 de diciembre de 1917: segundo terremoto de 1917-18

Ocurre el segundo terremoto de 1917-18, esta vez a las 2:00 pm

29diciembre1917
Campamento establecido en las faldas del Castillo de San José (hoy Teatro Nacional).  Este fue uno de los primeros asentamientos que se formaron el ciudad de Guatemala y fue retirado hasta en 1927, cuando el gobierno del general Lázaro Chacón construyó el Barrio «El Gallito» para los daminificados por los terremotos de 1917-18.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Después del sismo del 25 de diciembre, la población ya no durmió en sus casas sino que se refugió como pudo en las plazas y parques, lo que contribuyó a que los siguientes sismos no produjeran un gran número de víctimas mortales.1

El 29 de diciembre de 1917 a las 2:00 PM, ocurrió el primer sismo fuerte a la luz del día; muchas personas sufrieron desmayos por el terror y hubo una víctima mortal, el Dr. Manuel del Valle, quien murió sepultado junto con su caballo por una casa que se derrumbó mientras revisaba a los heridos mientras trabajaba en una comisión por la Cruz Roja.2

Aquel sería el último sismo fuerte por unos días y los pobladores aprovecharon para armar campamentos provisionales en los parques y plazuelas de las iglesias —las que también quedaron por los suelos—.​ Estos refugios temporales se construyeron con lo que se pudo conseguir: carruajes, mantas, muebles y demás enseres; afortunadamente, como solamente la ciudad de Guatemala fue afectada por los sismos, el resto del país envió suficientes provisiones por lo que no se desató una hambruna.3

Pero fue en el cementerio general de la Ciudad de Guatemala en donde se apreció la devastación en toda su magnitud: el lugar quedó totalmente destruido por el terremoto y se contaba que unos ochenta mil muertos habían salido literalmente de sus tumbas, quedando expuestos y poniendo en peligro la ciudad por una posible peste. Fueron quemados en una pira gigantesca, pero las tumbas quedaron en ruinas.2

Aunque en los días siguientes continuaron las réplicas, las personas se encontraban en refugios temporales pues muchos habían perdido sus hogares, y poco a poco se fueron acostumbrando a los sismos, hasta que llegó el terremoto del 3 de enero de 1918, a las 10:40 PM, que fue un terremoto aún más fuerte que los anteriores.2,4


BIBLIOGRAFIA:

  1. Recinos, Adrían (1922). La ciudad de Guatemala, crónica histórica desde su fundación hasta los terremotos de 1917-1918. Guatemala.
  2. Saville, Marshal H. (1 de junio de 1918). «The Guatemala earthquake of December, 1917 and January, 1918»Graphical Review 5: 459-469. JSTOR 207805.
  3. Prins Wilhelm (1922). Between two continents, notes from a journey in Central America, 1920 (en inglés). Londres, Inglaterra: E. Nash and Grayson, Ltd. pp. 148-209.
  4. Spinden, Herbert J. (1919). «Shattered capitals of Central America»National Geographic Magazine (Estados Unidos) XXXV (3).