19 de marzo de 1840: Carrera vence de forma definitiva a Morazán

Rafael Carrera retoma la ciudad de Guatemala tras fingir una retirada y vence de forma definitiva al invasor Francisco Morazán, entonces presidente de El Salvador.

19marzo1840
El Hospital San Juan de Dios en la Ciudad de Guatemala a principios del siglo XX. Aquí estuvo el cuartel general de Francisco Morazán mientras duró su breve sitio de la Ciudad de Guatemala en 1840. En el recuadro: el general Rafael Carrera. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Tras la recuperación del Estado de los Altos a principios de 1840, el presidente de El Salvador, y expresidente de la disuelta República Federal de Centro América, general Francisco Morazán, invadió a Guatemala al frente de mil trescientos salvadoreños.  Ante el inminente peligro, el jefe de Estado Mariano Rivera Paz puso en manos del general de brigada Rafael Carrera, Comandante General del Ejército, y sus dos mil hombres el destino del país.1

Dado lo reducido de sus fuerzas, Carrera dejó en la plaza de la ciudad de Guatemala a unos ochocientos hombres al mando de Vicente Cruz, con la orden de hacer una ligera resistencia y retirarse tras tres horas, para reunirse con él en Aceituno, a dos millas al oriente de la ciudad —y donde posteriormente se estableció la brigada «Mariscal Zavala»—.  Allí reunió más tropa y se presentaron muchos indígenas voluntarios y algunos de los soldados a quienes había dado licencia tras recuperar a Los Altos en enero.1

A las ocho de la noche, cuando las fuerzsas de Morazán ya tenían controlada la ciudad y los criollos liberales, incluyendo a Dolores Bedoya de Molina, habían enviado emisarios a Quetzaltenango avisando que los conservadores habían caído, se escucharon los gritos de guerra de las fuerzas guatemaltecas, que entonaron la «Salve Regina» al pasar por la calle de San José decididos a recuperar la ciudad. Morazán tenía una fuerza de infantería, y toda su caballería en las alturas de la Iglesia del Calvario y en los alrededores de la plaza de toros; su guardia personal estaba en el Hospital San Juan de Dios junto con las vivanderas que preparaban comida para las tropas, y parte de su infantería estaba en la Plaza de Armas, mientras que su estado mayor estaba en el Santuario de Guadalupe.2

Por parte de las fuerzas guatemalteca, Vicente Cruz atacó a Trinidad Cabañas en la plaza de toros y Sotero Carrera a las fuerzas acantonadas en el hospital, a las que venció rápidamente. Cabañas se vio obligado a retroceder hasta el Calvario, en donde estaba Morazán, quien a su vez tuvo que retirarse hasta la Plaza de Armas. Morazán supo que había perdido por lo que intentó incendiar los cajones del mercado y hacer volar la Catedral Metroplitana, pero sus oficiales se opusieron.  Entonces, emprendió la fuga de la plaza a eso de las 2 de mañana del 19 de marzo, junto con los principales de los suyos, escapando por la calle que llamaban de «La Escuela de Cristo» gritando «Salve Regina» y «¡Viva Carrera!» para salvarse.2

Morazán y sus más allegados salieron huyendo de la ciudad por la garita de El Incienso, dejando en la Escuela de Cristo a 300 hombres al mando de un hijo del Dr. Pedro Molina, quien quedó con la consigna de sostener el fuego hasta perder más de la mitad de sus hombres.  Al verse derrotado, Molina huyó por los barrancos de El Incienso hacia Chinautla, en donde fue escondido por la familia del licenciado Manuel Beteta.3

El 7 de abril de 1840, el periódico guatemalteco «El Tiempo» publicó: «[la primera fuga de Morazán] fue rechazada por el vivo fuego que le hacían nuestras tropas. En situación tan crítica, varios de los íntimos del invasor que odiaba a Guatemala se introdujeron a las casas cercanas a la plaza, se escondían en los techos y volvían a salir sin saber qué hacer ni qué partido tomar; pues algunos hasta la respiración sentían suspendida.  Viendo Morazán frustrada su primera tentativa, recurrió a la estratagema de poner una parte de sus tropas a que sostuvieran el mortífero fuego en las trincheras, y a favor de esa maniobra y de vivas al General Carrera que entonó él mismo, pudo escapar miserablemente por una calle, como con cuatrocientos hombres, abandonnado el resto de su tropa comprometida y sujeta a una muerte cierta, por el detestable egoísmo de su general que no quiso dejar un jefe que capitulase, porque sólo pensaba en salvar su persona y la de sus parásitos«.4

Las fuerzas de Carrera, en represalia de la política de tierra arrasada que había implementado el gobernador liberal Mariano Gálvez desde que se iniciara la revuelta campesina en 1837, tomaron la plaza a sangre y fuego. De acuerdo a Ignacio Solís, editor de las «Memorias del General Carrera«, «al ocupar la plaza, los vencedores no daban cuartel.  Por fortuna aparece el Padre Dr. Basilio Zeceña, tratando de amparar a los vencidos, envía a llamar a Carrera cubre con su persona y su manto a las víctimas y en él recibe algunas balas y bayonetazos, llega al fin Carrera y hace cesar la salvaje carnicería.  Desde ese acto el Padre Zeceña tuvo la predilección del General Carrera.  Durante muchos años aquel manto que yo tuve en mis manos, fue conservado con veneración y en él se notaban los rasgos de las bayonetas y de los balazos y las señas de donde hubo sangre. Las pilastras del portal municipal fueron los testigos de tanto horror«. Al final, hubo 414 muertos y 396 prisioneros, aparte de las cien vivanderas salvadoreñas que Morazán había traído.3

Morazán, perseguido por las fuerzas de Carrera, pasó por la Antigua Guatemala, y luego tomó para la costa sur, y no paró hasta llegar a San Salvador, en donde, enterados del desastre militar en Guatemala, lo obligaron a abandonar el poder y por eso tuvo que embarcarse para el Perú.   Carrera dejó de perseguir a Morazán y se encaminó a poner orden a Los Altos, en donde los criollos liberales habían derrotado al destacamente del Corregidor guatemalteco y habían declarado nuevamente la independencia del Sexto Estado.  Como era de esperarse, las consecuencias de aquella breve rebelión fueron funestas para los criollos quetzaltecos.

Después de eso, Carrera fue hasta San Salvador, en donde obligó a las autoridades de aquel Estado a firmar un acuerdo de paz en el que aceptaban toda la responsabilidad por la invasión morazánica y accedían a pagar el resarcimiento.5

Este fue el fin politico del general Morazán y el inicio del dominio del gobierno conservador de Guatemala en la región centroamericana.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de GuatemalaI Guatemala: Editorial del Ejército. p. 159.
  2. Ibid., p. 160.
  3. Solís, ignacio (1906). Memorias del General Carrera. 1838-1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. (1) Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 90.
  4. Coronado Aguilar, Apuntamientos para la Historia de Guatemala, p. 161.
  5. Ibid, p. 168.