29 de junio de 1541: muere Pedro de Alvarado tratando de apaciguar un alzamiento de indígenas chichimecas en Nochistlán, Nueva Galicia a petición del virrey de México

29junio1541
Muerte de Pedro de Alvarado representada en el Códce Telleriano-Remensis.  Aparece el nombre en español y en náhuatl (Tonatiuh). Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Bien dice el refrán aquello de que “a quien a hierro mata, a hierro muere” y ese fue precisamente el caso de Pedro de Alvarado.  En un viaje que tenia preparado para ir al Perú, tuvo que pasar primero por México, en donde al saberse que había un alzamiento indígena en la region de Nueva Galicia el virrey Antonio de Mendoza le requirió su ayuda para apaciguar la región.

Alvarado era un hombre cruel y sanguinario pero también era un soldado valiente que no rehuía la batalla, así que sin dudarlo se encaminó hacia Nochistlán en donde lo esperaban diez mil indígenas chichimecas furiosos y desperados dispuestos a la muerte antes que a la esclavitud, atrincherados en una montaña adyacente a la localidad: el Cerro del Mixtón.

Al llegar, las tropas de Alvarado se unieron a las del gobernador de la region, Cristóbal de Oñate y, de acuerdo al plan original, iban a esperar a que llegaran las tropas enviadas por el virrey Mendoza.  Pero Alvarado no quiso esperar y partió hacia la batalla no sin antes decir: “La suerte está echada y cada uno que cumpla con su deber“.

El 29 de junio de 1541, Alvarado y sus soldados llegaron al pie de la montaña y la empezaron a reconocer, pero en aquel momento empezó una lluvia de flechas y piedras que les lanzaron los enardecidos alzados.  Entonces, los españoles y sus aliados tlaxcaltecas retrocedieron y cuando los indígenas se dieron cuenta de esto, salieron de su trinchera para perseguir a los atacantes gritando a más no poder.  Segun cuentan los historiadores, la avalancha indígena incluía a mujeres y niños que preferían morir antes que seguir de esclavos.

Los indígenas obligaron a Alvarado a retroceder 3 leguas por un terreno muy accidentado y sembrado de plantas de maguey.  Finalmente desistieron de su persecución y los españoles llegaron a un terreno que se prestaba para el contraaque.  Allí Alvarado se dió cuenta de que el notario Baltasar Montoya tenia problemas con su cabalgadura por el terror que le había producido al letrado la batalla  y fue a ayudarlo, pero con tan mala suerte que el caballo cayó y empezó a rodar por la ladera y se pasó llevando al Adelantado.

Pedro de Alvarado quedó muy mal herido por las cortadoras que le produjo su propia armadura durante la caía, aparte de los golpes que le causó el caballo y solo atinó a decir: “Me siento morir, pero no es bien que los nativos conozcan nuestra situación.

En estado agónico fue llevado hasta Guadalajara en donde dio sus últimas disposiciones y dictó una carta para su esposa, Beatriz e la Cueva pidiendo que lo sepultaran en la Iglesia de San Francisco en México y que asistieran todos los clérigos de la ciudad.

Se dice que cuando un médico le preguntó qué le dolía, Alvarado contestó “¡El alma!”.

Los restos del Adelantado fueron sepultados originalmente en México, pero luego trasladados a Guatemala por gestiones de su hija Leonor, hasta que finalmente se perdieron durante uno de tantos terremotos que destruyeron la Catedral de la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala.


BIBLIOGRAFIA:

  • Díaz del Castillo, Bernal (1568) Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, (texto en la web cervantesvirtual pp. 266)
  • Hernández de León, Federico (1925). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. Tomo I. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  • — (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. Tomo II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  • Polo Sifontes, Francis (1981). «Título de Alotenango, 1565: Clave para ubicar geográficamente la antigua Itzcuintepec pipil». En Francis Polo Sifontes y Celso A. Lara Figueroa. Antropología e Historia de Guatemala (Ciudad de Guatemala: Dirección General de Antropología e Historia de Guatemala, Ministerio de Educación). 3, Época II: 109-129. OCLC 605015816
  • Vallejo García-Hevia, José María (2008). Juicio a un conquistador, Pedro de Avarado “su proceso de residencia en Guatemala (1536-1538)”. Marcial Pons Historia. p. 1330. 
  • Vázquez Chamorro, Germán (2003) “La conquista de Tenochtitlan” colección “Crónicas de América”, compilación de los cronistas J. Díaz, A. de Tapia, B. Vázquez, F. de Aguilar; “Relación de méritos y servicios” pp.121-147 Dastil, S.L. ISBN 84-492-0367-8

 

26 de junio de 1887: el presidente Manuel Lisandro Barillas rompe el orden institucional y se constituye en dictador luego de una rebelión en Huehuetenango

26junio1887
General Manuel Lisandro Barillas, presidente de Guatemala de 1885 a 1892.  A pesar del autogolpe de 1887, terminó su período constitucional en 1892 y entregó el poder a su sucesor tras convocar a elecciones.  Imagen tomada del libro “Guatemala, Land of Quetzal“.

Uno de los presidentes olvidados de la historia guatemalteca es el general Manuel Lisandro Barillas, quien gobernó a Guatemala entre 1885 y 1892.  Y no es que esté olvidado por ser un mal presidente, ya que comparado con los gobiernos de la llamada “época democrática” que se inició en 1985, el suyo fue un régimen de altos quilates.  Su figura fue relegada al olvidado sencillamente porque fue enemigo personal del licenciado Manual Estrada Cabrera, quien se encargó no solamente de borrarlo de los libros de historia sino de eliminarlo físicamente, ordenando su asesinato en la Ciudad de México en 1907.

Barillas llegó al gobierno por su gran habilidad política luego del fallecimiento del general J. Rufino Barrios en Chalchuapa el 2 de abril de 1885.  El entonces ministro de la Guerra, el general Juan Martín Barrundia, supo desde un principio que el primer designado a la presidencia, Alejandro Sinibaldi, no tenia carácter para gobernar y empezó a mover sus influencias para hacerse con el poder.  Pero no contaba con que los miembros de la Asamblea se dieron cuenta de sus intenciones y consiguieron convencer a Barillas para que fuera a la Ciudad de Guatemala lo más rápido posible para hacerse cargo de la situación.

Ya en el poder, Barillas le hizo a Barrundia lo que luego haría Estrada Cabrera con él: no solamente lo neutralizó políticamente, sino que organizó una intensa campaña de desprestigio acusándolo de ser el autor de todas las barbaridades y vejámenes que se dieron durante el gobierno del finado general Barrios.  Y luego, cuando Barrundia quiso unirse a una invasion salvadoreña contra Guatemala, hizo que la policía lo matara cuando se resistió a su arresto a bordo de un barco mercante estadounidense.

En 1887, ya siendo presidente constitucional, hubo una sangrienta rebelión que Barillas sofocó a sangre y fuego en Huehuetenango, la que aprovechó como excusa para suspender las garantías constitucionales, muy al estilo de lo que quiso hacer Jorge Serrano en 1993.  Aquel 26 de junio de 1887 suspendió las garantías constitucionales y se instituyó en dictador, acción que fue comunicada a los otros gobiernos de Centroamérica y al de México, indicándoles que la media era transitoria y obedecía a una crisis interna.

Aprovechando la suspension de garantías, Barillas disolvió a la Asamblea Legislativa y convocó a una Asamblea Constituyente, por medio de la cual hizo nuevamente modificaciones a la constitución de 1879 las cuales estuvieron listas en noviembre de 1887.  Por medio de estas modificaciones, a pesar de la suspension del regimen institucional en junio su período seguía siendo constitucional y recuperaba gran parte del poder que le habían restringido por las modificaciones de 1885 y otras leyes que se emitieron desde entonces.  También aprovechó para acusar al arzobispo Ricardo Casanova y Estrada de estar publicando documentos de la Curia Romana sin autorización, y así tener una excusa para expulsarlo del país.  (De hecho, Casanova no regresó a Guatemala a hacerse cargo de su diócesis hasta en 1897.)

Por su importancia histórica el decreto se reproduce a continuación, ya que presenta muchas similitudes con autogolpes que se dieron en los años posteriores:

MANUEL LISANDRO BARILLAS, general de division y Presidente de la República de Guatemala

A sus conciudadanos:

El Poder Ejecutivo ha dictado hoy un decreto que la utilidad pública demanda y la necesidad exige.

El 11 de diciembre de 1879 se expidió la Constitución política fundada en los principios del Derecho público y de conformidad con las reformas que el espíritu moderno ha implantado.

Esa ley, llamada en su mayor parte, a vivir muchos años, sirviendo de base al engrandecimiento de la Patria, fue reformada el 20 de octubre de 1885.

Las reformas se hicieron en momentos de agitaciones y de transición, sin que, en todas ellas, precediera la calma que requería una obra de tanta magnitud y trascendencia. 

Los legisladores, guiados por el deseo de limitar en lo absoluto la acción del Poder Ejecutivo, le prescribieron reglas cuya observancia pone en la necesidad de sucumbir.

Las dificultades fueron aumentadas por las Legislaturas del año anterior y de presente, las cuales emitieron considerable número de leyes aun más restrictivas e impracticables. Algunas de ellas arrebatan al Poder Ejecutivo facultades indispensables para el Gobierno, de que no lo habían privado ni aún las reformas de 1885.

No aspiro al poder absoluto, no quiero omnímodas; pero es preciso que tenga la autoridad que exige el cumplimiento de la muy alta mission que el Pueblo me ha confiado. No hay Gobierno sin hacienda, y ésta no puede existir si el Poder Ejecutivo carece de medios para mantenerla y acrecentarla.  El Crédito, elemento económico que todo Gobierno debe sostener aun a costa de los más grandes sacrificios, ha sufrido considerablemente.

Vine al Poder en virtud de la revolución gloriosa de 1871, cuyo programa estoy obligado a defender y no puedo hacerlo bajo el peso de disposiciones que me detienen el paso y me conducen a la más odiosa reacción.

No quiero una dictadura; aspiro a que sea libre el Pueblo que me ha honrado su confianza, y por lo mismo he decretado la convocatoria de una Asamblea Constituyente.  Tampoco aspiro a poner en peligro los triunfos liberales que deben ser nuestra guía, alcanzados por los legisladores de 1879.  Sólo me propongo que la Constituyente que hoy convoco, revea las reformas de 1885.  Este alto cuerpo se reunirá el 1 de octubre del presente año: de manera que el Poder que asumo en virtud del artículo 1 del decreto dictado hoy, es muy transitorio. (Este artículo decía:  El Poder Ejecutivo asume el Poder Supremo de la Nación, quedando en consecuencia suspenso el regimen constitucional).

Guatemala, junio 26 de 1887.

Manuel L. Barillas


BIBLIOGRAFIA:


 

21 de junio de 1839: se restablecen las órdenes religiosas en Guatemala luego de haber sido expulsadas por Francisco Morazán y los liberales en 1829

21junio1839

El 13 de abril de 1839 habían entrado los campesinos montañeses a la capital del Estado de Guatemala, comandados por el general mestizo Rafael Carrera.   Aunque los milicianos eran hombres duros y analfabetos con un acérrimo fanatismo católico, respetaban a su general, quien tenía un supremo don de mando.  La bandera de los campesinos había la religión: era en los asuntos de la Iglesia en donde más se hacía sentir el cambio radical en el gobierno del Estado. 1  Si bien el impuesto individual hacia los indígenas los había afectado, fue la implementación de los Códigos de Livingston la que causó gran indignación entre la población campesina, pues autorizaba el divorcio y el matrimonio civil, dejando por un lado siglos de sincretismo religioso con la religión católica; por ello fue que cuando el gobierno del licenciado Mariano Gálvez intentó implementar cinturones sanitarios contra una epidamia de cólera, previniendo a los pobladores acceder a sus fuentes de agua, el descontento estalló en una rebelión en todo el país.2

Tras su ingreso triunfal, y fiel a la bandera del catolicismo, Carrera ordenó al Jefe de Estado Mariano Rivera Paz, hombre “de caráter débil pero de buen corazón“, que reuniera a la Asamblea Legislativa para que se hiciera un decreto que ordenara al gobernador eclesiástico que en todas las iglesias del Estado se hiciera un día de rogación por el acierto de los trabajos de la propia Asamblea.  Aquel el principio de lo que sería la simbiosis entre la Iglesia Católica y el Estado guatemalteco durante los próximos treinta años.1

El cambio en el sentimiento religioso fue muy grande y contrastaba con todos los vejámenes y humillaciones que se le habían hecho a los curas párrocos y a los frailes regulares durante el gobierno liberal que empezó en 1829, tras la invasión de Francisco Morazán que derrocó no solamente al gobierno federal sino que a las autoridades del estado de Guatemala, encabezadas por Mariano de Aycinena.3  No solamente habían expulsado a los frailes y ex-claustrado a las monjas, sino que el país no tenía arzobispo sino gobernador eclesiástico, porque al prelado Ramón Casaus y Torres lo habían expulsado los liberales sin mayores contemplaciones.3-5

Una de las primeras medidas en favor de los sacerdotes católicos fue la autorización del retorno de las órdenes religiosas de San Francisco, Santo Domingo, y Colegio de Misiones de Propaganda Fide (La Recolección, la cual era la preferida de la familia Aycinena y recibió trato preferencial) y que se les devolvieran sus iglesias y conventos.5  En cuanto a los Jesuitas, éstos habían sido expulsados por las autoridades españolas desde 1767 y no poseían conventos ni haciendas en el país, pero eventualmente les fue autorizado el retorno.

Los religiosos encontraron así en Guatemala un refugio a la persecución de que eran víctimas en todo el continente americano, pues se les miraba como un símbolo de la dominación española y un atraso en el progreso de los pueblos. 6 Pero gracias al férreo control de Rafael Carrera sobre el gobierno guatemalteco, pudieron desarrollarse tranquilamente en el país hasta 1871, cuando los liberales por fin retomaron el poder.5

El decreto de 1839 por medio del cual se autorizó a los religiosos a retornar al Estado es el siguiente:

DECRETO DE LA ASAMBLEA CONSTITUYENTE DEL ESTADO DE GUATEMALA, 21 DE JUNIO DE 1839, DECLARANDO INSUBSISTENTE EL DE 28 DE JULIO DE 1829, POR EL CUAL SE SUPRIMIERON LAS ORDENES MONÁSTICAS

  1. Se declara nulo e insubsistente él decreto de veintiocho de julio de mil ochocientos veintinueve, contraido á la supresión de las órdenes religiosas de San Francisco, Santo Domingo, Merced y Colegio de Misioneros de Propaganda Fide.
  2. En consecuencia el gobierno del estado, poniéndose de acuerdo con el goberno eclesiástico, y oyendo á la municipalidad de esta capital, proveerá lo conveniente para que desde luego tenga efecto el restablecimiento del Colegio de misioneros de Propaganda Fide proporcionando a los religiosos la devolución de su iglesia y convento; y haciendo para ello las indemnizaciones que fueren de
    justicia.
  3. Para el restablecimiento de las otras órdenes religiosas, el gobierno también de acuerdo con el ordinario eclesiástico, y oyendo á la corporación municipal, dispondrá lo conveniente; consultando á la asamblea cuando fuere necesaria alguna resolución legislativa.7

BIBLIOGRAFIA:

  1. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (Edición en línea) (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.
  2. Solís, Ignacio (1906) Memorias de Carrera, 1837 a 1840. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. 
  3. Molina Moreira, Marco Antonio (1979). «Manuel Francisco Pavón Aycinena, constructor del sistema político del Régimen de los Treinta Años». Tesis (Guatemala: Escuela de Historia de la Universidad de San Carlos de Guatemala).
  4. Williams, Mary Wilhelmine (1920). «The ecclesiastical policy of Francisco Morazán and the other Central American liberals». (en inglés) The Hispanic American Historical Review III (2).
  5. Hernández de León, Federico (10 de abril de 1928). «Fenómenos de nuestra historia». Nuestro Diario (Guatemala).
  6. Pérez, Pedro Nolasco O. de M. (1966). Historia de las Misiones Mercedarias en América. Madrid.
  7. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1821-1869 I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. p. 273.

20 de junio de 1793: la Corona Española aprueba la creación del Protomedicato en la Capitanía General de Guatemala

20junio1793
El Dotor José Felipe Flores, Protomédico de Guatemala. Grabado publicado en Historia de la Medicina en Guatemala, de Carlos Martínez Duran.

La Corte Española se preocupaba de la práctica de la Medicina en sus colonias y establecía Protomedicatos que rigieran la enseñanza de las ciencias médicas, para evitar así que los curanderos y charlatanes hicieran de las suyas con la salud de sus súbditos.  De esta cuenta, el 20 de junio de 1793, se emitió la Real Cédula que ordenaba la creación del Protomedicato de la Capitanía General de Guatemala.

En ese tiempo era Capitán General Bernardo Troncoso Martínez, quien en noviembre de 1792 había enviado una misiva al Rey indicándole que era urgente la creación de un Protomedicato que formara buenos profesores bajo términos detallados en las leyes.  Troncoso reconocía que la infraestructura de la recién fundada ciudad de la Nueva Guatemala de la Asunción dejaba mucho que desear y que no se podía establecer una institución formar siguiendo las Reales Disposiciones emitidas para el efecto.  Así pues, solicitaba a Su Majestad que se nombrara al doctor José Felipe Flores, entonces Catedrático de Prima de Medicina de la Real y Pontificia Universidad de San Carlos para que se ocupara temporalmente del cargo de Protomédico.

El Rey contestó textualmente:  “Por la presente mi Real Cédula creo y exijo en la Ciudad y Reino de Guatemala, para que desde ahora en adelante, el Tribunal de Protomedicato, bajo de las reglas que quedan expresadas y de lo dispuesto por las leyes que se citan; nombro al doctor don José Flores por primer Protomédico; y en su consecuencia ordeno y mando al Gobernador y Capitán General del mismo Reino, a mi Real Audiencia de él al Consejo de justicio y Regimiento de su Capital, al Rector y Claustro de la Universidad, y a las demás personas de cualquier estado, calidad y condición que sean , a quienes en toda parte toquen o tocar pueda lo determinado en este particular, lo obdezcan, guarden, cumplen y ejecuten y hagan guardar, cumplir y ejecutar sin impedir ni permitir se impida el referido establecimiento de Protomedicato; por ser así mi voluntad, y que de esta cédula se tome razón en la Contaduría General del enunciado mi Consejo“.


BIBLIOGRAFIA:


19 de junio de 1856: el filibustero estadounidense William Walker se declara dictador del gobierno de Nicaragua

 

19junio1856
Escena de la Segunda Batalla de Rivas durante la Guerra contra los Filibusteros en 1856.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

En el siglo XIX, como en el XX y en el XXI, la rivalidad entre criollos liberales y conservadores en la región centroamericana ha generado conflictos militales que resultan en inestabilidad y poco avance en el desarrollo de las naciones del Istmo.  Y Nicaragua no es la excepción. Era tal el encono entre los liberales y conservadores nicaragüenses, (que en ese momento se hacían llamar “legitimistas” y “demócratas“), que prefirieron llamar a los filibusteros estadounidenses para imponer orden en el país.1

El 4 de junio de 1856, el filbustero William Walker había hecho su entrada triunfal en la ciudad de León al grito de “Salvador de la Patria” y fue agasajado con banquetes, fiestas y cantos de las damas de la ciudad.  Aunque no todos estaban felices, pues entre algunos de los principales personajes de la ciudad (como Máximo Jerez y el presidente Patricio Rivas) circulaba el rumor de que el temido presidente guatemalteco Rafael Carrera había organizado un ejército para invadir a Nicaragua.1

Walker empezó a imponer su voluntad en Nicaragua, pero cuando salió a hacer una diligencia a Masaya, fue informado de que el general filibustero que había dejado a cargo de León había intentado hacer prisioneros a Rivas y a Jerez, quienes tuvieron que huir hacia Chinandega. Al llegar allí, y ya teniendo hombres a su mando, Rivas ordenó a Walker que se dirigiera a Granada. Como respuesta, el filibustero trasladó a sus tropas a Granada y se erigió en dictador y en general en jefe del ejército de la República.1

El 19 de junio por la noche, Walker no solamente se autonombró general en jefe del ejército, sino que destituyó a Rivas y lo sustituyó por Fermín Ferrer, como presidente provisiorio;  además, ordenó que se realizaran elecciones y desconoció definitivamente a Rivas con fecha retroactiva del 12 de junio.  Al día siguiente, Walker (que había llegado a Nicaragua como mercenario el 23 de octubre de 1855) emitió un manifiesto al pueblo nicaragüense en el que se declaraba protector del pueblo, justificaba la eliminación del gobierno por traición e informaba de la organización de un gobierno provisional.1

Este sería el principio de lo que en Nicaragua llaman la “Guerra Nacional” y que en el resto de Centroamérica se llama “Guerra contra los Filibusteros“.2,3 Todas las naciones del Istmo tuvieron que enviar sus tropas para expulsar al advenidizo estadounidense, y en las acciones militares destacaría en gran manera el entonces brigadier José Víctor Zavala, quien dirigía el temido ejército guatemalteco enviado por Rafael Carrera.4-6

Aquel triunfo, aunque muy importante no solamente sería nefasto para Guatemala, sino que además sería pasajero.  A cambio de las armas que se requirieron para expulsar al filibustero, Guatemala entregó al enclave británico de Belice la región comprendida entre el río Belice y el río Sarstún,7 y apenas cincuenta años más tarde, Nicaragua y el resto de Centroamérica, estaban ya sujetos a la política del Gran Garrote del presidente estadounidense Theodore Roosevelt8 y a los designios de la frutera transnacional norteamericana United Fruit Company.9


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1930). El libro de las efemérides: capítulos de la historia de América Central 3. Sánchez y de Guise.
  2. Rosengarten, Frederic, Jr. (1976). Freeboosters must die! (en inglés). EE.UU.: Haverford House, Publishers. ISBN 0910702012.
  3. Dueñas Van Severen, J. Ricardo (2006). La invasión filibustera de Nicaragua y la Guerra Nacional. Secretaría General del Sistema de la Integración Centroamericana SG-SICA.
  4. Fernández Molina, Luis (2013). «El mariscal Zavala». Diario La Hora (Guatemala).
  5. Zavala Urtecho, Joaquín (1970). Huellas de una familia vasca-centroamericana en cinco siglos de historia 2 (112). Managua, Nicaragua.
  6. Museo Militar de Guatemala (s.f.). «Mariscal Zavala». Museo Militar de Guatemala. Guatemala. Archivado desde el original el 12 de agosto de 2014.
  7. Aycinena, Pedro de; Wyke, Charles Lennox (1859). «Tratado Aycinena-Wyke 1859»Google Docs. Guatemala
  8. Berman, Karl (1986). Under the Big Stick: Nicaragua and the United States Since 1848. (en inglés) South End Press.
  9. Bucheli, Marcelo (2008). «Multinational Corporations, Totalitarian Regimes, and Economic Nationalism: United Fruit Company in Central America, 1899-1975». Business History (en inglés) 50 (4): 433-454. doi:10.1080/00076790802106315.

18 de junio de 1862: se realizan las honras fúnebres de Luis Batres Juarros, miembro de la familia Aycinena y uno de los principales colaboradores del gobierno conservador de Rafael Carrera

18junio1862
Interior de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de Guatemala a finales del siglo XIX. Imagen de “La Ilustración Guatemalteca” publicada en 1896.

El 18 de junio de 1862 se celebraron en la Catedral Metropolitana de la Nueva Guateamla de la Asunción las honras fúnebres de Luis Batres Juarros, con toda la solemnidad de la Guatemala católica conservadora del gobierno de Rafael Carrera.  A la ceremonia presidida por el arzobispo, asitió el presidente Carrera, ya para entonces todo un personaje culto y de mundo (muy lejos del campesino analfabeta que había dirigido la revolución contra el gobierno liberal del Dr. Mariano Galvez en 1838).  Al presidente vitalicio lo acompañaron todas las autoridades de la época, los embajadores y una gran multitud que abarrotó las tres naves de la iglesia.

Contrario a las falsas versiones divulgadas por los historiadores liberales encabezados por Lorenzo Montúfar, Ramón Salazar y el hondureño Ramón Rosa, Carrera no solamente no fue un instrumento de los conservadores, sino que todo lo contrario:  gobernó con mano de hierro no solo a los criollos conservadores, sino a toda la población guatemalteca.  Y Batres Juarros fue uno de sus principales colaboradores, razón por la que las exequias fúnebres fueron magníficas.

Batres Juarros era también un personaje con mucha personalidad, pero en una Guatemala en donde existía la figura del presidente Carrera, solamente había lugar para un líder. Eso no impidió que los criollos conservadores lograran muchas cosas en ese período, principalmente gracias al empeño de Batres, quien era hombre de Estado y velaba por los intereses de su clase económica con empeño inquebrantable.  Además, su esposa Adela García-Granados (hermana del general Miguel García-Granados) fue la mentora de Ramona García, esposa de Carrera.

De todos los puestos que ocupó en el gobierno conservador, es quizá el de Canciller en el que más éxitos obtuvo y al que llegó por haber ayudado a Carrera a regresar del exilio en México cuando la situación en el país estaba al borde del caos absoluto.

Pero en ese entonces, como ahora en el siglo XXI, los criollos estaban divididos en dos grandes grupos rivales, incapaces de reconocer los méritos de los oponentes y dispuestos a tomar o arrebatar el poder politico y económico a la primera oportunidad.  De esa cuenta, cuando los criollos liberales tomaron el poder en 1871, sus historiadores se encargaron de tergiversar los acontecimientos acaecidos durante los treinta años del gobierno conservadores y de desprestigiar a sus principales estadistas convirtiendo la figura de Carrera en la de un analfabeto que firmaba como “Raca Carraca” y a Batres en un pusilánime e inepto del que no valía la pena siquiera recordarse.


BIBLIOGRAFIA:


15 de junio de 1524: tras aliarse a los cachiqueles y vencer a los zutuhiles, Pedro de Alvarado toma Itzcuintlán (Escuintla) a sangre y fuego

15junio1524
La ciudad de Escuintla a principios del siglo XX. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Las crónicas tanto de la Conquista de Guatemala como de la Independencia de Centroamérica han sido embellecidas con el correr de los tiempos.  Se nos habla de héroes castellanos en sendas gestas epopéyicas, pero la realidad dista mucho de estos relatos.

Tomemos, por ejemplo, el asalto que hizo Pedro de Alvarado en Izcuintlán luego de haberse aliado con los cachiqueles para derrotar a los zutuhiles en el área del lago de Atitlán.  En ese oportunidad, luego de su victoria se aprovechó de la buena fe de los aborígenes que lo recibieron junto con sus tropas como huesped y ya descansado, se puso en marcha hacia Izcuintlán (hoy Escuintla) a donde envió unos vigías luego de tres días de marcha para que lo pusieran en antecedentes de lo que podrían encontrar.

(NOTA: “Itzcuintlán” significa “lugar de perros” y proviene de las raíces náhuatl:

  • Itzcuintli = perro
  • tlan = abundancia)

Las tropas de Alvarado estaban compuestas en su mayoría por indígenas tlaxcaltecas y cholultecas, quienes se aliaron a los españoles luego de la conquista de los aztecas en México.  Estos mercenarios hablaban náhuatl, y de esa cuenta, muchos de los poblados en Guatemala tienen nombres que incluyen el del santo patrón del día en que fueron fundados y una palabra castellanizada de origen náhuatl.  Fueron estos soldados tlaxcaltecas quienes llamaron “Izcuintlán” al poblado.

Los vigías le comunicaron que los escuintlecos no tenían ni idea del avance las tropas conquistadoras.  El clima no se prestaba para un ataque, pues estaba lloviendo mucho y los caminos estaban intransitables, pero eso no hizo más que convencer a Alvarado de que ese era el momento perfecto para atacar a los desprevenidos indígenas.

Aquel 15 de junio de 1524 había estado lloviendo desde el medio día y en Escuintla todos estaban en sus viviendas, incluyendo a los centinelas.  Pacientemente, Alvarado esperó a que oscureciera y cuando dieron las nueve de la noche, ordenó el ataque.  Al principio, los hombres de Alvarado tropezaban y caían por la oscuridad, pero al llegar al dormido poblado, rompieron las puertas de las casas y asaltaron a sus moradores con arma blanca o a balazos.  Muchos moradores, incluyendo ancianos, mujeres y niños, ya no llegaron a despertar siquiera pues murieron en sus lechos; y los pocos guerreros que quisieron oponer resistencia murieron en el intento.

Al amanecer los resultados fueron evidentes: el rey había muerto y yacía despedazado, al igual que muchos de los principales de Escuintla.  A pesar de haber aniquilado prácticamente a todos los pobladores, Alvarado ordenó incendiar y la ciudad e hizo saber a los escasos sobrevivientes de que de ahora en adelante estaban sometidos a las órdenes del rey de España.

Dice una leyenda que años más tarde, cuando Pedro de Alvarado sufrió el mortal accidente en su caballo que eventualmente lo llevó a a tumba, un medico le preguntó si le dolía algo, y Alvarado contesto únicamente: “¡El alma!”


BIBLIOGRAFIA:


 

13 de junio de 1830: la Asamblea Legislativa de Guatemala, controlada por los criollos liberales, declara traidor a la patria al arzobispo Ramón Casaus y Torres

 

13junio1830
Retrato oficial del arzobispo Ramón Casaus y Torres.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Tras el triunfo de Francisco Morazán contra Mariano de Aycinena y Manuel José Arce en 1829, los criollos liberales tomaron el control de la antigua capital de la Capitanía General de Guatemala.  Morazán expulsó a la familia Aycinena y a los miembros de las órdenes regulares de todo el territorio centroamericano y sus aliados liberales saquearon cuanto pudieron de las casas y monasterios de los expulsados.  Además, las enormes haciendas de los religiosos fueron entregadas a los socios ingleses del caudillo liberal.  En cuanto al clero secular, dirigido por el arzobispo Ramón Casaus y Torres, éste fue marginado con la expulsión del arzobispo el 11 de junio de 1829 y la eliminación del diezmo obligatorio.  Y por si eso fuera poco, tras las reclamaciones publicadas por el prelado, la Asamblea lo declaró traidor de la patria el 13 de junio de 1830.

En ese entonces, como ahora en el siglo XXI, los criollos abrazaban causas idealistas para esconder sus verdaderos fines.  Por su lado, los criollos liberales decían que defendían el progreso y las ideas avanzadas del siglo XIX contra el oscurantismo católico colonial, mientras que los criollos conservadores decían defender la verdadera religión y las buenas costumbres.  En realidad, ambos perseguían el poder político y económico, y cuando lo perdían, luchaban sin cesar por recuperarlo.  Así fue como el país se vio envuelto en una guerra civil hasta 1851.

Volviendo a Casaus y Torres, cuando el campesinado católico al mando de Rafael Carrera recuperó el poder para los conservadores en 1839, la Asamblea Constituyente declaró nula e inconsistente la expulsión del arzobispo, y lo reconoció de nuevo.  La Catedral, que había estado cerrada desde la partida del prelado en 1830, volvió a abrir sus puertas en espera del pastor.  Pero éste nunca regresó y, de hecho, tras dos años de que el gobierno le estuvo rogando que dejara La Habana y regresara a Guatemala, se decidió que lo mejor era dirigirse al Vaticano directamente en busca de un sustituto.

Finalmente, en 1843 fue reconocido como arzobispo metropolitano de Guatemala el presbítero Francisco de Paulo García y Peláez, quien sería un de los baluartes del gobierno conservador del capitán general Rafael Carrera aunque al principio hubo algunos roces entre ambos.


BIBLIOGRAFIA:


 

Febrero de 1918: tras los terremotos de diciembre de 1917 y primeros meses de 1918, empieza el declive del gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera

febrero1918
Una calle de la Ciudad de Guatemala en 1919.  Nótese que los escombros todavía no se habían limpiado a un año de los fuertes terremotos que asolaron la ciudad. En el recuadro: retrato del presidente de Guatemala, licenciado Manuel Estrada Cabrera. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Durante mucho tiempo, la Ciudad de Guatemala no había padecido de fuertes terremotos, y los abuelos creían que por su lejanía del Volcán de Fuego y su ubicación en lo alto de un cerro aislado de la cordillera, la ciudad era inmune a los sismos de gran magnitud.  Esta fantasía fue violentamente destruida por los terremotos de 1917-18 junto con numerosas estructuras que habían sido construidas en los gobiernos del general José María Reina Barrios (por ejemplo, el pabellón de la Exposición Centroamericana, y el palacio del bulevar “30 de Junio”) y del licenciado Manuel Estrada Cabrera (por ejemplo, el asilo para damas “Doña Joaquina”).1

Pero fue la respuesta del gobierno del licenciado Estrada Cabrera lo que empezó a indignar a los guatemaltecos.  El Diario de Centro América (que entonces no era el periódico oficial, pero sí pertenecía a Estrada Cabrera) después de publicar dos ediciones diarias reportando los desastres, pasó a criticar al Gobierno por la lenta e ineficiente respuesta al desastre.​ En uno de los artículos de opinión de este periódico oficial se llegó a decir que las imágenes religiosas de algunos templos católicos de la ciudad se habían salvado porque, al momento del primer terremoto, “ya no quisieron seguir en una ciudad en donde imperaba el lujo excesivo, la impunidad y el terror“. Por otra parte, se dijo que existían leyes “excelentes” para la reconstrucción, las cuales, sin embargo, “no se cumplían“; de hecho se criticó que, como ocurría siempre en caso de cataclismos, “se emiten leyes y reglamentos a diario, pero lo que se necesita es de su correcta ejecución diaria, y no de tantos reglamentos“.​ Además, se publicó en primera plana, tres meses después de los terremotos, que “todavía hay escombros por toda la ciudad“.2​ El propio Diario de Centro América era editado entre escombros, pese a lo cual logró tirajes de ejemplares de media hoja, a veces hasta dos al día, durante la crisis.​3

La comisión de Hacienda encargada de la reconstrucción de la ciudad, después del terremoto, por fin decidió crear un Banco Nacional Privilegiado con un capital de 30 millones de pesos (que provendrían de un préstamo a bancos extranjeros), lo cual hundió la economía nacional. Debe destacarse que uno de los miembros directivos de esta comisión fue Carlos Herrera y Luna, quien luego sería presidente de Guatemala.4

El licenciado Antonio Batres Jáuregui, quien a pesar de ser conservador trabajó para todos los regímenes liberales desde el gobierno del general J. Rufino Barrios, escribió en sus memorias cómo afectó al presidente guatemalteco la situación tras los terremotos:

Lo que vino a determinar la caída de Estrada Cabrera, fueron los terremotos que arruinaron esta capital de Guatemala.  Yo le ví, en La Palma, a los dos días de haberse comenzado a destruir los principales edificios en 1917. Estaba enteramente desmoralizado el hombre; se le notaba el pavor y la falta de resolución. Le manifesté que estaba inservible el edificio de la Corte de Justicia y de los Juzgados; que había urgencia de fabricar unas barracas en la Plaza de Armas, y se necesitaba dinero, porque en los fondos judiciales solamente existían depósitos.  Me contestó que echara mano de ellos porque él no tenía fondos para suministrar.”5 

Los tribunales estaban, al principio, al aire libre, en la plaza mayor.  Daba lástima el estado deplorable del parque.  Había en dicha plaza más de cien barracas de toda clase de gente.[…] Pero Estrada Cabrera, cada vez se atrincheraba más en La Palma. Esta circunstancia naturalmente la notaron todas las numerosas comisiones extranjeras que aquí tenían a su cargo, haciendo crecidos gastos, auxiliar a los menesterosos.  Todos lo eran, en una catástrofe como aquella.  En casos semejantes se ha visto siempre que el rey, o el pordiosero, y sus familias, son los primeros en acudir con su persona y dinero, a socorrer al pueblo. Esto acabó de desacreditar a Estrada Cabrera y fue la causa determinante de su caída.”6

En 1920, el príncipe Guillermo de Suecia llegó a Guatemala durante una travesía que hacía por Centroamérica; su viaje lo llevó a Antigua Guatemala y a la Ciudad de Guatemala en donde pudo ser testigo presencial de que no se había efectuado ningún trabajo de descombramiento y la ciudad estaba todavía en ruinas. Además, se levantaban remolinos de polvo que dejaban gruesas nubes, que hacían que penetrara el polvo por todos lados (en la ropa, en la boca y nariz, ojos y hasta en los poros de la piel); los visitantes se enfermaban de los pulmones hasta que su cuerpo se acostumbraba al polvo. Las calles no estaban pavimentadas y sólo una de cada tres casas estaba ocupada, ya que las otras estaban ruinas.​7

Los edificios públicos, escuelas, iglesias, el teatro Carrera y los museos estaban todavía en la misma condición paupérrima en que quedaron en 1918. Trozos de techo colgaban de las paredes y los pisos estaban llenos de ripio y trozos de antiguos adornos y cornisas. Bastaba un pago de algunos cientos de dólares estadounidenses para que el dueño de una casa tuviera el visto bueno de las autoridades sobre su propiedad, garantizando que la misma ya no necesitaba reparaciones y de esa forma había muchas casas abandonadas sin reparar. Pero era en el cementerio general de la ciudad en donde se apreciaba la devastación en toda su magnitud: el lugar quedó totalmente destruido por el terremoto y se contaba que unos ochenta mil muertos habían salido literalmente de sus tumbas, quedando expuestos y poniendo en peligro la ciudad por una posible peste. Fueron quemados en una pira gigantesca, pero las tumbas quedaron en ruinas y no se había hecho ningún intento por repararlas para 1920.7

Por último, el Príncipe Guillermo hace mención en su libro que Guatemala había recibido muchísima ayuda internacional tras el terremoto, pero que el efectivo fue a dar a la fortuna personal del presidente, Manuel Estrada Cabrera, mientras que los bienes fueron vendidos en Honduras por algunos ministros de Estado, quienes percibieron una ganancia considerable.7 Esto generó un descontento no solamente en la población sino que en el gobierno de los Estados, principal apoyo de Estrada Cabrera, lo que fue aprovechado por los criollos conservadores para aglutinarse en el Partido Unionista que eventualmente derrocó al presidente en abril de 1920.6


BIBLIOGRAFIA:

  1. Saville, Marshal H. (1 de junio de 1918). «The Guatemala earthquake of December, 1917 and January, 1918». Graphical Review 5: 459-469. JSTOR 207805.
  2. Diario de Centro América (1918). Diario de Centro América (Guatemala: Tipografía La Unión).
  3. El Guatemalteco (26 de abril de 1918). «Decreto No. 974 del Organismo Legislativo». El Guatemalteco (Guatemala) XC (38). p. 1.
  4. Foro Red Boa (2012). «Historia del Diario de Centro América». Foro red boa. Archivado desde el original el 20 de julio de 2014.
  5. Batres Jáuregui, Antonio (1944). La América Central Ante la Historia. 1821-1921. III. Guatemala. Tipografía Nacional. pp. 673.
  6. Ibid, p. 675.
  7. Prins Wilhelm (1922). Between two continents, notes from a journey in Central America, 1920 (en inglés). Londres, Inglaterra: E. Nash and Grayson, Ltd. pp. 148-209.

12 de junio de 1822: una división del ejército mexicano del emperador Agustín de Iturbide ocupa Guatemala

12junio1822
Escudo de Agustín de Iturbide, primer emperador de México.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El Salvador fue la única provincia de Centro América que se negó rotundamente a anexarse al imperio de Agustín de Iturbide, y por ello el emperador envió al general Vicente Filísola a que relevara al hasta entonces presidente Gabino Gaínza en el gobierno de Guatemala.  Gaínza era el oficial español que había traicionado a la corona española y entregado la región centroamericana a los criollos locales y fue llamado por Iturbide a México con la falsa oferta de un nuevo puesto.  Ese puesto no existía, y Gaínza moriría olvidado y en la miseria.

Al retirarse, Gaínza dejó al poder en manos de Filísola quien tuvo que enfrentar varios conflictos y resolver peticiones de diferentes diputaciones desde su llegada al mando del contingente militar. El enviado de Iturbide tendría que arreglárselas para dar un buen gobierno a Centroamérica mientras luchaba contra la debilidad fiscal, un regionalismo inquebrantable y las órdenes a menudo ilógicas del propio Iturbide.

Ya establecido en el poder, Filísola dio pasos necesarios para la reconciliación política. Liberó a los criollos opositores del imperio y reprendió a las autoridades guatemaltecas por las medidas ejecutadas contra las provincias de interior.

Una vez expulsados los mandatarios más opresivos de la ciudad, el enviado de Iturbide tuvo que hacer frente a la crisis fiscal, ya que después de la Independencia, las provincias retuvieron los impuestos recaudados en sus localidades, lo que significó una pérdida considerable de ingresos para el gobierno en la Ciudad de Guatemala. Además, la abolición del tributo de indios en febrero de 1822 también golpeó las arcas del gobierno, mientras que la escasez de agentes aduanales favorecía el contrabando. Por si fuera poco, las rutas comerciales estuvieron bloqueadas por conflictos armados entre ciudades y regiones, derivadas de inconformidad en cuanto a la jurisdicción administrativa y desacuerdos ideológicos entre criollos liberales y conservadores. Todo esto causó que tanto el general como las municipalidades se vieran obligados a solicitar préstamos a comerciantes y a cajas regionales, lo que produciría una situación insostenible.

Pero el Imperio Mexicano no duró mucho.  Iturbide fue derrocado y Filísola y sus hombres se retiraron de Guatemala el 3 de agosto de 1823 tras convocar a la primera Asamblea Constituyente de Centro América, dejando el camino libre para la larga Guerra Civil Centroamericana entre criollos liberales y conservadores, que se prolongaría hasta 1851.  Y eso no fue todo: Guatemala perdió el territorio de Chiapas, que se integró a México tras la separación de Centroamérica de éste en 1823.


BIBLIOGRAFIA:

  • Pastor, Rodolfo (2016). Historia Mínima de Centroamérica. México: El Colegio de México.
  • — (1971). La anexión de Centroamérica a México (Documentos escritos de 1821 a 1822). Tomo II. México: Porrúa.
  • — (1971). La anexión de Centroamérica a México (Documentos escritos de 1821). Tomo I. México: Porrúa.
  • — (1971). La anexión de Centroamérica a México (Documentos escritos de 1823 a 1828). Tomo VI. México: Porrúa.
  • Vidal, Manuel (1970). «lección XLIII». Nociones de historia de Centro América (especial para El Salvador) 2. San Salvador, El Salvador: Dirección general de cultura del Ministerio de Educación de San Salvador.
  • Wortman, Miles (1976). Legitimidad política y regionalismo: el imperio mexicano y Centroamérica. Nueva York, NY: State University at Geneseo.