Golpe de estado militar contra el presidente de facto de Guatemala, general Ríos Mont

8 de agosto de 1983

El gobierno de facto del general Efraín Ríos Mont es derrocado por un golpe de estado dirigido por su Ministro de la Defensa, general Oscar Humberto Mejía Víctores y apoyado por los comandantes de la mayoría de las bases militares del país.

Palacio Nacional y Parque Central de la Ciudad de Guatemala en 1979.
Palacio Nacional y Parque Central de la Ciudad de Guatemala en 1979.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

La información que tenía el gobierno de EEUU:

En junio de 1983, el Departamento de la Defensa de Estados Unidos recibió un mensaje de su oficina de inteligencia en Guatemala, en el que se le explicaba que se esperaba un golpe de estado en contra del gobierno de facto del general Efraín Ríos Montt, que podría ocurrir entre el 30 de junio —Día del Ejército que se celebra en lugar del aniversario del triunfo de la Revolución Liberal— y el 2 de agosto —día de la conmemoración del levantamiento de los cadetes contra los liberacionistas—. Según el comunicado estadounidense, el Ministro de la Defensa, Óscar Humberto Mejía Víctores sería reemplazado por un militar afín a los alzados, quien luego del derrocamiento de Ríos Montt convocaría a elecciones para formar una Asamblea Nacional Constituyente en un plazo de sesenta día después de que ocurriera el golpe. La nueva asamblea constituyente sería el congreso interino, en lo que se convocaría a elecciones generales, que los estadounidenses consideraban sería en cuestión de tres años después del derrocamiento de Ríos Montt.1

Las razones por las que el régimen iba a ser derrocado fueron listadas en el comunicado estadounidense:

  • El general Ríos Mont era una figura pública muy popular que agradaba a la prensa guatemalteca, pero la gente se había desilusionado de él. Sus últimos mensajes presidenciales dominicales eran prácticamente sermones evangélicos en los que decía su recordada frase «¡Usted Papá, Usted Mamá!» utilizando numerosas variaciones sobre el tema familiar, expresadas con creciente frenesí hasta que terminaban los mensajes.​
  • Había más corrupción ahora que la que había habido en los gobiernos anteriores.
  • Una persona guatemalteca que actuaba como agente de la CIA reportó que oficiales del gobierno le pedían hasta el 20% en comisiones por las compras que le hacían.
  • El mismo agente informó que había altos funcionarios del gobierno de Ríos Montt que habían borrado la frase «República de Guatemala«, en las órdenes de compra del gobierno, y la remplazaron por la expresión «Nueva Guatemala«, que se refería a los cristianos evangélicos en el poder con Ríos Mont y que molestaban sobremanera a la mayoría católica del país.
  • También reportó que Ríos Mont había ganado las elecciones de 1974, en que resultó triunfador fraudulentamente el general Kjell Eugenio Laugerud García; sin embargo, Ríos Mont habría aceptado la derrota a cambio de ser nombrado agregado militar en España y de recibir pagos secretos de seis mil dólares mensuales cuando se encontraba en ese país.
  • Se decía también que el general había estado malversando fondos del estado para apoyar a su iglesia evangélica.
  • Por último, se decía que sólo los veintidós oficiales que habían fraguado el golpe de estado del 23 de marzo de 1982 y la esposa de Ríos Mont lo apoyaban en el gobierno.1

Cómo se produjo el golpe:

Ríos Mont fue derrocado el 8 de agosto de 1983 por un golpe de Estado liderado por el general de brigado Oscar Humberto Mejía Víctores, su ministro de Defensa, quien en efecto inició la transición hacia los regímenes democráticos en el país.

Aquel día, los militares complotistas se pusieron la camisa al revés para identificarse entre ellos, mientras la tropa y oficiales de la Guardia de Honor eran desplegados estratégicamente. En dicho cuartel se celebró una reunión de oficiales en el segundo nivel, en donde existe un amplio salón de conferencias, la cual empezó a las 10:00 am y fue presidida por el Ministro de la Defensa, quien le explicó a los demás que iba a dar el golpe por el incumplimiento de Ríos Montt sobre sus compromisos adquiridos con los comandantes, por retardar la convocatoria a elecciones, por tratar de perpetuarse en el poder y por la forma evangelizadora en que se manejaba al Estado.2

A media reunión aterrizo un helicóptero en el patio principal de la Guardia de Honor e ingresaron los vehículos de la comitiva presidencial; era Ríos Montt quien subió a la reunión en donde saludó a los presentes y recibió un informe trivial de parte de Mejía Víctores. Ríos Montt se sentó y dijo: «Bueno, aquí estoy, ¿qué es lo que pasa?, ¿qué me tienen que decir?» Entonces Mejía Víctores le expuso lo que ya le había dicho a los oficiales presentes a lo que Ríos Montt replicó que eran sólo problemas personales de algunos oficiales y terminó diciendo: «Continúen discutiendo, a ver que sale de aquí«. Se puso de pie y terminó: «yo me retiro, pues tengo en mi agenda la visita oficial a un barco de la Armada de los Estados Unidos de América el cual está anclado en el Pacífico y para allá voy.» Según el general José Domingo García Samayoa, en sus memorias, en ese momento fue cuando se produjo el golpe.2

He aquí lo que ocurrió, según García Samayoa:

En ese momento se levantó el general Mejía, se medio sentó en un extremo de la mesa donde estaban, se llevó a la boca un cigarrillo que fumaba, sacó una bocanada de humo y le dijo claramente: «Mi general Rios, ya no va a esa visita!». «Soy el Jefe de Estado, general Mejia, y si voy», dijo el general Rios. «Era», le increpó, «ahora soy yo», le replico el general Mejia.

La situacion se puso tensa. Hubo movimientos de algunos militares, especialmente la seguridad del hasta entonces gobernante y luego hubo una moivlizacion de oficiales y tropa de la Guardia de Honor para neutralizar cualquier movimiento violento ante esta situacion». […] El general Rios se levantó, supuestamente para retirarse y todos nos pusimos de pie. Entonces dijo: «Voy a pasar con cada uno de los comandantes preguntándoles que opinan al respecto», al mismo tiempo que empezaba a caminar. […] Sólo uno de los presentes se pronunció en desacuerdo, argumentando no haber recibido información previa sobre el asunto y otro fue más claro en apoyarlo abiertamente, ya que se retiró antes de emitir su opinión; ese fue el capitán de corbeta Clodoveo Domínguez De Leon, comandante de la Policía Militar Ambulante.2

Asi pues, la mayoría de la información recabada por los servicios de inteligencia estadounidense resultó correcta, exceptuando el cambio del ministro de la Defensa.1

Tension mientras esperan la renuncia de Rios Montt:

Continúa García Samayoa:2

El general Ríos Montt se retiró finalmente, y a partir de ese momento, el general Mejía Víctores ordenó una reunión por la tarde en el Palacio Nacional para que todos los comandantes firmaran un documento oficial que respaldara lo acontecido, enumerar los nombramientos, y demás aspectos legales. Afuera, a inmediaciones del Campo de Marte hubo algun movimiento de un contingente de tropas que intervino para controlar a ciertas unidades de la Policía Militar Ambulante que se manifestaban leales al depuesto Jefe de Estado. Las unidades blindadas y de infantería de la Guardia de Honor rodearon inmediatamente a dichas unidades y fue desarticulada tal acción sin derramamiento de sangre.2

Pero los oficiales no lograron llegar al Palacio Nacional, puesto que las tropas leales a Ríos Montt se reforzaron en el área y el aún presidente dijo que solamente lo sacarían del poder «con los pies por delante«. Garcia Samayoa finaliza asi su relato:2

Entró la tarde y la noche y no se recibía la renuncia oficial del general Ríos Montt. Consecuentemente se recibió la orden de fortalecer la presión militar alrededor de las instalaciones de gobierno. […] Las unidades emplazadas tenían la orden de abrir fuego de artillería a las 18:30 horas. Ya estaban debidamente emplazadas, verificadas y apuntando hacia sus blancos respectivos.

Se recibió un mensaje que solicitaba el retiro de las tropas dos cuadras hacia atrás del cerco militar, pues se sentían muy presionados para tomar alguna decisión. No se accedió, sino al contrario, se reforzó y se estrechó aún más el cerco, advirtiéndoles sobre la orden de abrir fuego si no se cumplía con la renuncia en el término previsto. Tambien incidió que se detectara un movimiento de la gendarmería policial supuestamente encabezada por su director general, quien le habría ofrecido su apoyo incondicional al gobernante. Este movimiento, si lo hubo, afortunadamente no prosperó y no hubo confrontación alguna ni derramamiento de sangre, según se supo. Finalmente, se nos informó que el general José Efraín Ríos Montt y su familia se retirarían de casa presidencial y que en consecuencia, había renunciado del cargo de Presidente de la República al cual se había autoproclamado».2

Proclama de los golpistas a la poblacion:

He aquí la proclama que finalmente firmaron los comandantes golpistas:3

Proclama del Alto Mando y del Consejo de Comandantes Militares

El Mando del Ejército y los suscritos Comandantes Militares, de las Fuerzas de Aire, Mar y Tierra, reunidos en Consejo, con alto sentido patriótico y de responsabilidad profesional, conscientes del momento histórico que vive Guatemala, así como también en resguardo del honor y dignidad del Ejército, al pueblo de Guatemala hacemos saber:

Primero: que hemos analizado la situación creada por un reducido grupo que por ambiciones personales pretende perpetuarse indefinidamente en el poder.

Segundo: que hemos comprobado, que un grupo religioso, fanático y agresivo, aprovechando las posiciones de poder de sus más altos miembros ha hecho uso y abuso de los medios del Gobierno para su propio beneficio, ignorando el principio fundamental de separación de Iglesia y Estado

Tercero: que se reafirma la decisión de erradicar la corrupción administrativa en todos los niveles.

Cuarto: que estamos conscientes sobre todo que es necesario preservar y fortalecer la unidad del Ejército, manteniendo el principio de jerarquía y subordinación, para así frustrar los intentos de algunos elementos que han pretendido fraccionar y confundir a la Institución Armada.

Quinto: que en aras de la Unidad Nacional, se ha decidido unánimamente relevar de su cargo al Presidente de la República y Comandante General del Ejército, señor general de brigada José Efraín Ríos Mont y nombrar en su lugar al actual Ministro de la Defensa Nacional, señor general Oscar Humberto Mejía Víctores, quien ejercerá simultáneamente las funciones de Jefe de Estado y Ministro de la Defensa Nacional.

Sexto: que en cumplimiento de lo resulto, se procederá a las modificaciones correspondientes en el Estatuto Fundamental de Gobierno y en las leyes respectivas.

Séptimo: que reafirmamos nuestr avoluntad de continuar el proceso de retorno a la Constitucionalidad democrática, para lo cual contamos con el respaldo y el concurso de todos los sectores políticos, sociales y económicos del país.

Octavo: en base a lo anterior, este Consejo Militar apoyará nuevas fórmulas que encaucen al pueblo de Guatemala por senderos democráticos esencialmente nacionalistas que lo conduzcan hacia su bienestar en todos los órdenes, dando oportunidad a todos los valores humanos, sin distinción partidista, para que puedan participar en un movimiento de reforma integral.

Noveno: ratificamos nuestro compromiso con Guatemala de luchar por todos los medios para erradicar la subversión marxista-leninista que amenaza nuestra libertad y soberanía.

Guatemala de la Asunción, a 8 de agosto de 1983.

(f.) Siguen las firmas de todos los comandantes militares3


Bibliografía:

  1. Defense Intelligence Agency (1983). «Section 3». Possible Coup in Guatemala. National Security Archive Electronic. Briefing Book No. 32. George Washington University: National Security Archive.
  2. Garcia Samayoa, Jose Domingo (2014). El Ocaso de las Dictaduras: golpes de estado, el enfrentamiento armado y la paz en Guatemala Guatemala: Artemis Edinter. pp. 239-245.
  3. Departamento de Recopilación de Leyes, Ministerio de Gobernación (1987). Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1983-1984. CIII. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 58-61.