4 de junio de 1873: el general Miguel Garcia Granados entrega el poder al general J. Rufino Barrios

Retrato de Miguel García Granados que se encuentra en el Museo Nacional de Historia de Guatemala.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El general Miguel García Granados y Zavala era un criollo muy particular, a quien algunos historiadores han definido como un “aristócrata liberal“. Don Miguel había nacido en Espana y pertenecía a las familias aristocráticas (conocidas en su época como “las familias” o “clan Aycinena“) que conformaron el partido conservador después de la Independencia de Centroamérica, combatió a las fuerzas de los liberales peleando bajo las órdenes de Manuel José Arce, y sufrió el despojo de buena parte de sus bienes por parte Francisco Morazán cuando éste invadió a Guatemala en 1829 y expulsó a los aristócratas del territorio de Centroamerica.  Pero, a diferencia de los Aycinena, a él y a su familia se le permitió permanecer en Guatemala;  en esa época se alió con los criollos liberales, encabezados por Francisco Barrundia  y poco a poco se fue ganando su confianza, ya que recelaban de él por ser aristócrata. 

Cuando los conservadores tomaron el poder en 1840, García Granados permanecio en Guatemala y era crítico de la labor del general presidente Rafael Carrera hasta que un día, luego de una fuerte crónica de don Miguel contra el presidente, durante un elegante almuerzo en el Palacio de Gobierno se produjo el siguiente dialogo entre el genral Carrera y el entonces teniente coronel José Víctor Zavala, quien por cierto, era primo de García Granados:

Estimado Coronel – dijo Carrera -, ¿usted cree que los suenos  nos avisan algo?

General – contestó Zavala, que era un hombre muy preparado – sé de buena fuente que ha habido estudios al respecto, y que en efecto, es posible que los sueños nos digan cosas.  Si me permite preguntarle, ¿por qué le interesan los suenos?

Es que figúrese Ud., coronel, que anoche en mi sueño yo tenía preso aquí en el Palacio a don Miguel, a quien tanto estimamos, y le ordenaba a mi guardia personal que lo condujera al paredón que está aquí detrás del comedor para que lo pasaran por las armas.  Me desperté muy sobresaltado por lo que había hecho y en eso me di cuenta de que se trataba solamente de un sueño.

Todos los presentes, incluyendo García Granados comprendieron a cabalidad el significado del supuesto sueño, pero nadie hizo comentario alguno al respecto.  Algunas horas después, uno de los criollos aristócratas presentes en el almuerzo llegó a la mansión de don Miguel y le dijo que lo más prudente era que partiera en el acto, o que de lo contrario, se cumpliría el sueño.  García Granados y su familia salieron a lomo de mula de Guatemala ese mismo día.

En el exilio, García Granados estrecho sus lazos con los criollos liberales y, logro un lugar preponderante entre ellos cuando propuso que, cuando se recobrara el poder en Guatemala, se hiciera una profunda reforma agrarian para establecer grandes plantaciones de café, y se utilizara a la enorme población indígena del país para la mano de obra que requería dicho cultivo a gran escala  Este plan quedó pospuesto por varios años, ya que Carrera tenía bajo control la situacion en Guatemala, Honduras y El Salvador, además de pactos con los líderes indígenas locales.  Pero tras la muerte del “Caudillo adorado de los pueblos” en 1865, y la de los principales criollos conservadores como el marqués Juan José de Aycinena, el poder del gobierno conservador se fue debilitando y finalmente los liberales recobraron el poder en 1871.  García Granados regresó a Guatemala después de la muerte de Carrera y encabezó movimientos rebeldes por lo que fue hecho prisionero en el Fuerte de San José durante un tiempo.

Como García Granados había propuesto el plan de la reforma agraria para el cultivo del café, fue nombrado como presidente provisorio de Guatemala en el Acta de Patzicía, a pesar de que ya contaba con una edad avanzada.  Sin embargo, dados sus fuertes lazos de consanguinidad con los criollos aristócratas y su escasa disciplina para atender los asuntos de estado (pues llegaba a su despacho pasado del medio día después de una larga noche de tertulia), las reformas que los liberales querían establecer no avanzaban con la prontitud deseada.  Esto no le pareció a sus correligionarios, en especial al joven e impetuoso J. Rufino Barrios, quienes decidieron sustituir al presidente.

Y así se hizo.  El 4 de junio de 1873, García Granados dejo el poder en manos de su joven sucesor, con instrucciones de que convocara a una Asamblea Constituyente lo antes posible para establecer una nueva constitución, ya que él no habia podido hacerlo debido a las constantes rebeliones en el oriente del pais (obviando en su solicitud mención alguna a su escasa aplicacion a los asuntos de Estado).  Ya en el poder, Barrios emprendió profundas reformas para favorecer el cultivo del café y la economía de sus correligionarios amparando en  el Acta de Patzicía, y por fin convoco a una Asamblea Constituyente en 1878.


BIBLIOGRAFIA:


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