18 de octubre de 1961: se firma el protocolo de fundación de la Universidad Rafael Landívar

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Campus Central de la Universidad Rafael Landívar en la zona 16 de la Ciudad de Guatemala. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Los miembros de la Compañía de Jesús han estado relacionados con la educación en Guatemala desde su arribo a la región durante la época colonial, a diferencia de las otras grandes órdenes regulares, las que se enfocaron más en las doctrinas de indígenas. Por supuesto, al igual que las otros frailes, los jesuitas poseían lujosos monasterios, producto de los grandes ingresos que les representaban sus haciendas, ingenios y trapiches.

 

Durante el siglo XVII los frailes de la Orden de Predicadores establecieron su propio colegio también en la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, el cual competía con el colegio jesuita de San Borja. Ambas instituciones educativas rivalizaban en calidad y prestigio y, por ello, retrasaron la fundación de la Universidad de Guatemala, pues aducían que no era necesario dicho establecimiento cuando ya había dos instituciones de tan buena calidad. Finalmente, a pesar de los bloqueos de jesuitas y dominicos, la Real y Pontificia Universidad de San Carlos Borromeo se estableció en 1676, y los religiosos tuvieron que adaptarse a esta nueva organización educativa.

El control que mantenían las órdenes religiosas sobre la Corona Española se desmoronó cuando los Austrias perdieron el poder y éste recayó en los Borbones. Esta nueva familia real implementó las llamadas “Reformas Borbónicas” inspiradas en las ideas de la Ilustración de la segunda mitad del siglo XVIII y que condujeron a una separación entre la Iglesia y el Estado en España. Una de las medidas más drásticas de estas reformas fue la Pragmática Sanción de 1767, por medio de la cual el rey expulsó a todos los jesuitas de los territorios del Imperio Español, y confiscó todos sus bienes.

Los jesuitas, pues, salieron de toda América en ese año y fueron a refugiarse a Bolonia, Italia, donde les dieron asilo. Y su situación empeoró cuando las colonias americanas se independizaron, pues muchas abrazaron la idealogía liberal, y expulsaron al resto de frailes de sus territorios. En Guatemala, fue Francisco Morazán el que expulsó a las órdenes regulares en 1829.

Pero en 1838, ocurrió en Guatemala algo que no estaba en los planes de los criollos liberales americanos: surgió un líder campesino católico que empuñó las armas y recuperó el poder para los conservadores y religiosos. Ese líder fue el general Rafael Carrera, quien permitió que retornaran los frailes al territorio guatemalteco y, en 1840, le permitió retornar a los jesuitas. Esto convirtió a Guatemala en un refugio para los frailes que habían perdido mucho de su poder político y económico en la región.

Durante el gobierno de Carrera (1844-1865) se firmó un Concordato con la Santa Sede por medio del cual se entregó la educación del país a la Iglesia Católica, y nuevamente estuvo a cargo de los jesuitas que dirigieron el Colegio y Seminario Tridentino de Nuestra Señora de la Asunción en la Ciudad de Guatemala. Allí estuvieron hasta que el 30 de junio de 1871, el gobierno del mariscal Vicente Cerna fue derrocado por la Revolución Liberal y nuevamente empezaron a ser perseguidos por el gobierno.

Los jesuitas fueron los primeros frailes en ser expulsados de Guatemala por las nuevas autoridades, seguidos poco después del resto de órdenes religiosas. De hecho, en la Constitución de Guatemala de 1879 se prohibía terminantemente que se establecieran monasterios en el país; esta prohibición fue incluída también en la Constitución de 1945, la cual tenía ya una orientación más socialista, pues fue promulgada por los gobiernos revolucionarios (1944-1954).

Durante el gobierno del coronel Jacobo Arbenz Guzmán, el arzobispo Mariano Rossell y Arellano se dió cuenta de que aliándose con los anticomunistas podría recuperar los privilegios y propiedades que la Iglesia había perdido en 1871, por lo que trabajó de lleno en atacar al “comunismo ateo”, llegando incluso a utilizar a una réplica del Cristo Negro de Esquipulas como el estandarte de los inconformes.

Con el éxito de la Operación PBSUCCESS que derrocó al gobierno arbencista en 1954, los grandes triunfadores fueron la United Fruit Company, el ejército y la Iglesia Católica. Y esto quedó evidenciado con la nueva Constitución promulgada en 1956, en donde se autoriza nuevamente a los religiosas a tener propiedades y a establecer monasterios en el país.

Los jesuitas regresaron poco después (aunque ya había algunos viviendo ilegalmente en el territorio guatemalteco) y establecieron varias instituciones educativas, entre ellas el Colegio Loyola y el Liceo Javier. Y luego, con la modificación de las leyes que permitieron que se establecieran universidades privadas, el 18 de octubre de 1961 en la Casa Yurrita, celebraron una sesión solemne presidida por el presidente general Miguel Ydígoras Fuentes, en la que autoridades civiles, eclesiásticas, representantes de la Universidad de San Carlos, cuerpo diplomático y de la Universidad Católica Centroamericana (que es la universidad jesuita de El Salvador) firmaron el protocolo de la fundación de la Universidad Rafael Landívar, la cual recibió ese nombre en honor al poeta y sacerdote jesuita homónimo que fue egresado de la Pontificia Uniersidad de San Carlos y escribió el poema “Rusticatio Mexicana“.


BIBLIOGRAFIA:

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