14 de enero de 1646: Crespo Juárez dota suma para fundar la Universidad

El correo mayor y alguacil del Santo Oficio, Pedro Crespo Juárez, dota con fuerte suma para el establecimiento de varias cátedras

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Retrato de Pedro Crespo y Suárez que fue mandado a hacer por la Facultad de Derecho y Notariado el 25 de abril de 1882, para que fuera colocado en el Salón de Actos de dicha facultad en homanje de gratitud.  Actualmente se conserva en el museo del Palacio de los Capitanes Generales de Antigua Guatemala.  Imagen de HoyHistoriaGT.

Si bien es al obispo Francisco Marroquín a quien se le atribuye dejar una cuantiosa donación para la fundación de la Universidad en Guatemala, en realidad fue la dotación que dejó el alguacil mayor Pedro Crespo Juárez la que determinó la fundación de la institución de educación superior en el Reino de Guatemala.  El mito de que que el obispo quien donó el dinero para la Universidad se originó con la “Recordación Florida” que escribiera el capitán Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán en 1690, en donde dice: “A el fomento del generoso celo y piadoso cariño de aquel ilustre varón candidato de la fama, aquel primer prelado D. Francisco Marroquín, digno de eterna memoria, obispo de esta primitiva iglesia, y al beneficio y celo del correo mayor Pedro Crespo Juárez, debe esta noble república la erección de la Pontificia y Real Universidad de San Carlos, que se erigió feliz por el año de 1679, con general aplauso y festivo regocijo, y venerable memoria de sus ilustres y generosos instituyentes; que, por los crecidos legados que para su fundación piadosos y memorables dejaron al rédito y pupilar usura, que se fincaron y crecieron hasta el año de su erección al maravilloso cálculo de ciento sesenta y tres mil pesos“.1

Aunque, en efecto, Marroquín donó parte de sus bienes para una institución educativa, pero esto fue para la erección de un colegio para lo hijos de los españoles pobres, donde serían impartidas la cátedras de artes, filosofía, teología y gramática.  Aquel colegio fue fundado el 9 de marzo de 1562 en un predio que los frailes de la Orden de Predicadores donaron para el efecto, y que estaba ubicado a la par de la puerta de su convento en Santiago de los Caballeros. Marroquín, asimismo, en su testamento firmado el 5 de abril de 1563, donó las tierras de Jocotenango que había comprado a Catalina Hurtado y al licenciado Caballón más 2000 pesos como dotación para el colegio que había instituido en 1562 y que eventualmente se convirtió en el colegio de Santo Tomás, dirigido por los dominicos.2 Eventualmente, este colegio otorgó grados de Doctores y Bachilleres en base a las leyes vigentes en esa época, pero no era una Universidad propiamente dicha.3

La Compañía de Jesús, por su parte, abrió también un colegio, pero no confería grados a pesar de que existía una ley que específicamente decía que los jesuitas confierieran grados en sus establecimientos si estaban a una distancia de 500 km de alguna universidad.3

Fue hasta que Crespo Juárez dejó su una dotación para una Universidad, que ésta se pudo fundar formalmente.4 Aquella dotación, autorizada por el escribano Felipe Díaz, dice:  “que teniendo el colegio de Santo Tomás de Aquino renta anual de 2,400 tostones y que su majestad no había permitido la erección de universidad por falta de capital suficiente, a pesar de que Sancho de Barahona y su esposa legaron cien ducados de renta anual; que existiendo en la ciudad de Santiago de Guatemala, una audiencia, un obispado, seis centros conventuales para hombres y dos para mujres; que la población es numerosa y que en atención a todo, cedía la cantidad de mil tostones de cuatro reales para el sostenimiento de las cátedras siguientes:5

  • dos de sagrada teología (una de vísperas y otra de prima)
  • dos de cánones y leyes (una de prima y otra de vísperas), y
  • una de medicina”.

Además, de los fondos donados para sostenimiento de cátedras, cedía otra cantidad para alimento de colegiales y reconstrucción o edificación de casas de estudios.  E indicaba que la universidad que se erigiera, debería tener las mismas prerrogativas que las universidad de Valladolid, Salamanca y Alcalá “[…] e que por ello e para ello dejaba la donación de cuarenta mil tostones de a cuatro reales cada uno…” Finalmente decía que la advocación tendría que ser a la Santísima Virgen María, a San Pedro Mártir y a Santo Tomás de Aquino.5

Crespo Suárez otorgó su testamento ante el escribano Juan de Palomino el 7 de febrero de ese año y en la segunda clausula confirmó la dotación y fundación de las cinco cátedras de la universidad.  Por su parte, el cargo de correo mayor fue tomado por el capitán Francisco de Lira y Cárcamo, quien fue recibido en el ayuntamiento criollo el 12 de junio de 1646.5

Gracias a la generosa donación de Crespo Juárez, en 1652 el Ayuntamiento criollo solicitó al rey que se permitiera la fundación de una Universidad en el Reino de Guatemala, y al no recibir respuesta, lo intentó nuevamente en 1659. Finalmente, se formó una Junta compuesta por el Capitán General, el Oidor Decano, el Fiscal, el Obispo y el Dean del Cabildo Eclesiástico para que presentara una solicitud formal explicando los daños y provechos que la fundación de la Universidad pudiera ocasionar.  Con su reporte final, que reportaba solamente grandes beneficios para la provincia, el rey expidió una Real Cédula el 31 de enero de 1676, mandando a erigir en Universdiad el mencionado Colegio de Santo Tomás de los dominicos.3


BIBLIOGRAFIA:

  1. Fuentes y Guzmán, Francisco Antonio de [1680] (1882) . Historia de Guatemala o Recordación Florida. Ed. Zaragoza, Justo. En: Biblioteca de los Americanistas. I. Madrid: Luis Navarro. p. 203.
  2. Pardo, J. Joaquín [1944] (1984). Efemérides de Antigua Guatemala 1541-1779. Guatemala: Consejo Nacional para la Protección de la Antigua Guatemala. p. 11.
  3. Asturias, Francisco (1902). Historia de la Medicina en Guatemala. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 212.
  4. Pardo, Efemérides de Antigua Guatemala, p. 43.
  5. Ibid., p. 44.

15 de enero de 1934: encuentran el original del Acta de Independencia de Centroamérica en la Ciudad de Guatemala

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Palacio del Ejecutivo, en donde se firmó el Acta de Independencia el 15 de septiembre de 1821.  En el recuadro: el historiador José Joaquín Pardo, quien junto con Pedro Pérez Valenzuela encontraron el acta original. Imágenes tomadas de “El Porvenir de Centro América“.

El renombrado historiador guatemalteco Antonio Batres Jáuregui en su obra “La América Central ante la Historia“, en la página 611 dice: “La famosa Acta de la Independencia, cuyo original fue a parar, quién sabe como, al Museo Británico de Londres…“; por su parte, el historiador Virgilio Rodríguez Beteta aseguró en la revista Hispanoamérica, N.° 27, del 1 de diciembre de 1923 que “el original se hlla en poder de un millonario extranjero“.

El médico Fernando Iglesias, quien por cierto fuera quien atendiera al general José María Orellana al momento de su muerte en 1926, buscó el documento original en Londres, pero no lo encontró, lo que hizo que se formara una comisión de historiadores guatemaltecos que buscaron el Acta en el país.  Dos miembros de esta comisión, José Joaquín Pardo y Pedro Pérez Valenzuela, con la colaboración de Gabriel Yaquián, archivero general del gobierno, encontraron el acta el 15 de enero de 1934 en un volumen bien conservado encuadernado en cartón, con el título “Contestación de la jura de la independencia. Año 1821“.

De acuerdo a los investigadores, en la parte superior de la primera página de aquel documento se encuentra la leyenda siguiente: “Año felis de 1821.  En los folios subsiguienes, están las contestaciones que se refieren a los momientos libertarios de Chiapas, Tuxtla y Comitán“, y del folio 17 al 20 aparece el acta de la Independencia.

Reproducimos a continuación las observaciones que Pardo y Pérez Valenzuela hicieron al respecto:

  • La fecha no aparece al pie, como en las reproducciones tipográficas, sino que al principio.
  • Las características de la letra y de la tinta con que se escribió la fecha son distintas de las que aparecen en el texto del acta.
  • El redactor olvidó completamente el artículo 9, pasando inmediatamente del octavo al décimo.  (Este error ha sido corregido en las reproducciones tipográficas).
  • Una persona escribió los primeros cuatro puntos, específicamente hasta las palabras “originarios de Africa“.  A partir de allí, fue otra persona quien la escribió.  Los investigadores no era expertos en caligrafía y no pudieron determinar si la letra era de José Cecilio del Valle o de alguien más.

Más importante aún, es que encontraron diferencias por adición, supresión o cambio de las palabras que estaban en el texto original.  Estos cambios fueron agregados en las ediciones que hicieron los descendientes de José Cecilio del Valle, y luego incluidos en la Recopilación de Leyes de la República de Guatemala implera en 1868 por orden del gobierno del mariscal Vicente Cerna.  Las diferencias encontradas son las siguientes, las cuales se reproducen textualmente del documento de Pardo y Pérez Valenzuela:

  1. En la data de los señores del Valle, dice veinte uno; en la original, veinte y uno.
  2. En aquélla, M.Y. Colegio de Abogados.  En la original no aparecen esas iniciales.
  3. En el punto segundo apareca esta adición que no figura en el original: “punto de independencia general y absoluta”. Lo agregado son las tres últimas palabras.
  4. En el punto octavo, se corrigió en la imprenta la ortografía, poniéndose los artículos el que que faltan en el original.
  5. En el punto 16 dice: “que el Exmo. Ayuntamiento acuerde“; y en la original: “que el Exmo. Ayuntamiento disponga“.
  6. En el mismo punto 16 suprime del original: “en que Guatemala proclamó“. La palabra suprimida es Guatemala.
  7. En el juramento – publicado por primera vez por los señores del Valle en la obra citada – del marqués de Aycinena, Candina, José Cecilio del Valle, etcétera, aparece omitida la fecha del diez y seis de septiembre.
  8. En el mismo juramente aparece en la impresa cambiado el relativo que, en la frase: “que habiendo concurrido a prestar el juramento“, por la conjunción “y“.
  9. En el mencionado juramento, hay una omisión notable: dice en el acta de los señores del Valle: “lo hicieron efectivamente en unión de los S.S. individuos de la Excma. Diputación Provincial, del Señor Alcalde primero, Señores Regidores Diputados y señores síndicos.“; falta la frase final del original: “y tomando sus asientos respectivos, quedó instalada la Junta provisional Consultiva, y pa. constancia firmaron con el S. Gefe Político”.
  10. En las firmas de los próceres que signan este juramento, hay varias alteraciones y supresiones, como estas: en la de don José Matías Delgado, se suprime el primer nombre; al licenciado Antonio Robles se le suprime la abreviatura del título; y otras de menor significación y cuantía.
  11. En la orignal no aparecen las firmas de don Antonio de Rivera. Pedro de Arroyave, y del secretario don Domingo Diéguez, que se estampan en el acta que nos ha servido de comparación.

El acta está escrita en papel de oficio, español, mide 31 y 1/2 por 21 y 1/2 centímetros.  El sello de agua y en el primer folio, en su parte superior izquiera, tiene dos sellos.  En el primero se lee: “Hisp. Et ind. Rex. Ferdin. VII dei Gratia”; al centro las armas españolas.  El otro sello, del impuesto fiscal, colocado bajo el anterior tiene la leyenda: “1821 y 1822, Habilitado – Jurada por el Rey de la Constitución en 2 de marzo de 1820″.


BIBLIOGRAFIA:

  • Pardo, José Joaquín; Pérez Valenzuela, Pedro (16 de enero de 1934) “Un sensacional hallazgo: el Acta de Independecia está en Guatemala“. Guatemala: El Imparcial, Unión Tipográfica.