27 de marzo de 1696: toma posesión el presidente Sánchez de Barrospe

Tras la muerte del presidente Jacinto de Barrios Leal y la usurpación del oidor José de Scals como presidente provisorio, toma posesión el capitán general Gabriel Sánchez de Berrospe

27marzo1696
Ruinas de la iglesia de La Recolección en la ciudad de Antigua Guatemala en 1890, aproximadamente. El único arco que se observa fue un símbolo de la ciudad hasta que fue derribado por el terremoto de 1976. Imagen tomada de Mizner Scrapbook of Central America.

Tras lograr salir avante de las serias acusasiones que presentó contra él el Juez Pesquisidor Fernando López de Ursiño, el presidente Jacinto de Barrios Leal fue restituido en la presidencia de la Capitanía General de Guatemala en 1694 y se empezó a preparar para la conquista de los itzáes y del Lacandón.  Había iniciado los combates contra los únicos indígenas que todavía se mantenían independientes del Imperio Español, pero enfermó de gravedad y regresó a Santiago de los Caballeros de Guatemala, en donde murió el 12 de noviembre de 1695.1

Aún antes de que arribara el Juez Pesquisidor el presidente se enfrentaba al problema de que los oidores Antonio María Bolaños, Francisco Valenzuela Venegas y Manuel Baltodano se coligaron con Antonio de Navia y Bolaños, e incurrieron repetidamente en el delito de cohecho al momento de resolver causas judiciales.  Estos oidores se encontraron con la oposición de los otros oidores, Joseph de Scals y Bartolomé de Amézquita, ya que éstos no aceptaron participar en tales ilícitos, iniciando así una división entre los miembros de la Real Audiencia.2

Por esta razón, tras la muerte de Barrios de Leal los miembros de la Real Audiencia tenían que nombrar al Oidor decano, Francisco Valenzuela Venegas,  como presidente provisional, pero Scals logró que lo nombraran a él debido a las irregularidades en que había incurrido Valenzuela, dando lugar a una violenta crisis entre el grupo que apoyaba a Valenzuela y el que apoyaba a Scals.  De hecho, la situación llegó a tal punto que Scals tuvo que emitir una orden para que Valenzuela Venegas lo respetarara en las peticiones y escritos que le dirigía, pues éste útimo repetidamente le decía que había usurpado la presidencia.3

Cuando el general Gabriel Sánchez de Berrospe tomó posesión como presidente de la Capitanía General de Guatemala el 27 de marzo de 1696,4 quedó en el medio de la crisis entre los oidores, e incluso tuvo muchos problemas para realizar su trabajo, ya que no pudo poner controlar el desorden de la administración pública y se enfrentó con la férrea oposición que le presentaba Scals y su aliado, el oidor Amézquita, quienes impidieron que progresara cualquier intento de legislación que Berrospe intentaba.3

En 1697, Berrospe logró la conquista de los itzáes en Verapaz y Petén pero esto no impidió que siguieran sus problemas con la Real Audiencia.  El 17 de junio de 1699, esto hizo que Diego Antonio de Oviedo y Baños un oidor de Santo Domingo, y Gregorio Carrillo y Escudero, entre otros, fueran nombrados como oidores de Guatemala, ya que se determinó que era necesario hacer una investigación sobre lo que estaba ocurriendo en la Audiencia guatemalteca.  Y como si no bastara con los problemas que ya existían, Oviedo y Baños fue nombrado oidor decano, pero como se retrasó en Cuba, Carrillo usurpó el puesto y se negó a entregárselo cuando finalmente llegó a Guatemala.5

Todas estas controversias hicieron que el licenciado Francisco Gómez de la Madriz, o licenciado Tequeli, fuera nombrado Visitador en 1699 para resolver la situación.  Sin embargo, la prepotencia del licenciado Tequeli, lejos de solucionar los problemas que había, solamente empeoraría la situación del gobierno y la rivalidad entre los bandos, y terminaría siendo expulsado del país por Real Audiencia.6


BIBLIOGRAFIA:

  1. Juarros, Domingo (1818). Compendio de la historia de la Ciudad de Guatemala. II. Guatemala: Ignacio Beteta. p. 140.
  2. Cabezas Carcache, Horacio (2017) Gobernantes de Guatemala en el siglo XVII. Guatemala. p. 143.
  3. Bancroft, Hubert Howe (1883) Central America: 1530-1800. (en inglés) En: The Pacific States of North America. II. San Francisco, California: Bancroft Publishers. p. 661.
  4. Pardo, J. Joaquín (1944). Efemérides de la Antigua Guatemala,. 1541-1779. Guatemala: Unión Tipográfica. p. 93
  5. p. 662.
  6. Juarros, Compendio de la historia de la Ciudad de Guatemala, I. p. 267

14 de marzo de 1811: termina el período del capitán general González Mollinedo

El capitán general Antonio González Mollinedo y Saravia entrega el mando a José de Bustamante y Guerra.

14marzo1811
Pintura de la Ermita de la Asunción en la época en que González y Mollinedo era Capitán General del Reino de Guatemala. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El Brigadier de Infantería de los Reales Ejércitos Antonio González Mollinedo y Saravia fue nombrado capitán general del Reino de Guatemala el 6 de agosto de 1799 tras una larga carrera militar, llegando al puerto de Trujillo el 10 de junio de 1801.1  Finalmente, tomó posesión del cargo de manos de José Domás y Valle el 28 de julio de 1801.2 Era hijo  de Andrés González Saravia y de María Agustina de Mollinedo y de la Cuadra, y nació el 11 de agosto de 1743.1,Nota

Durante su gobierno no tuvo mayores problemas en la región, ya que aunque España estaba pasando la crisis de la invasión de Napoleón y pasó a ser gobernada por la Regencia, aquellos sucesos que alteraron la estabilidad política de la Península, apenas y tuvieron repercusión alguna en Guatemala. Por esto González Mollinedo y Saravia, quien tenía un trato afable y caballeroso, se dedicó a realizar reformas agrarias que impulsaron el cultivo del añil e implantó otros cultivos alternativos. También liberalizó en lo posible el comercio, mejorando las vías de comunicación y combatiendo el contrabando; y reorganizó las fuerzas militares del Reino, mejorando asimismo las fortificaciones.1

Durante su gobierno la autoridad eclesiástica era poderosa.  El clero secular estaba dirigido por un Episcopado compuesto por un arzobispo y dos obispos sufragáneos —uno en León, Nicaragua, y el otro en Comayagua—, y contaba con diecisiete vicarios, entre rectorales y medio-rectorales, y un Cabildo Eclesiástico integrado por un deán, un arcediano, un chantre, un maestre-escuela, un tesorero y dos canónigos penitenciarios y magistrales.  En todo el Reino había curatos y parroquias, santuarios y ermitas.  Y aunque las rentas de los seculares eran reducidas, muchas familias acomodades les hacían importantes donaciones que constituían sus principales ingresos.  Por su parte, las órdenes regulares —principalmente los franciscanos, dominicos y mercedarios— tienen a su cargo grandes haciendas que representaban considerables ingresos para las órdenes y para las arcas reales.3

Quizá lo más importante en cuestión religiosa era que todas las familias acomodadas estaban influenciadas por un sacerdote confesor, lo que hacía que su vida íntima estuviera rigurosamente registrada en los archivos eclesiásticos.  De hecho, aunque había un capítulo de la Inquisición en el Reino, éste realmente no era necesario ya que todas estas familias eran espiadas por su servidumbre y aunpor sus mismos familiares que se encargaban de contarle todo a los clérigos.3

En el tiempo que residió en Guatemala, González Mollinedo y Saravia fue ascendido a mariscal de campo el 31 de enero de 1802 y a teniente general el 11 de abril de 1810.  Finalmente entregó el mando a su sucesor, el jefe de escuadra José Bustamante y Guerra, el 14 de marzo de 1811.1

La regencia lo nombró como Virrey de Nueva España, a las órdenes de Venegas, ocupando la ciudad de Oaxaca. Allí fue atacado por las fuerzas del independentista José María Morelos, y aunque se defendió hasta que cayó la paza, fue hecho prisionero el 25 de noviembre de 1812, y fusilado en los llanos de las Canteras, en Oaxaca, el 2 de diciembre siguiente.1


NOTAS:

    • El historiador guatemalteco Clemente Marroquín Rojas dice que González y Mollinedo era hijo bastardo del rey Carlos IV, pero éste rey nació en 1748 por lo que lo indicado por Marroquín Rojas no es posible.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Real Academia de Historia (s.f.)  Antonio González Mollinedo y Saravia. España: Real Academia de Historia.
  2. Marroquin Rojas, Clemente (1970) [1945]. Historia de Guatemala. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 8.
  3. Ibid., p. 9

20 de enero de 1780: Audiencia da ultimatum a arzobispo Cortés y Larraz

Tras más de seis años de resistirse al traslado a la Nueva Guatemala de la Asunción luego del terremoto de Santa Marta, la Audiencia de un ultimatum al arzobispo Cortés y Larraz para que renuncie a su cargo.

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Vista de la Ciudad de Antigua Guatemala en 2010. Al fondo, el Volcán de Agua. En el recuadro: retrato del arzobispo Pedro Cortés y Larraz. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El arzobispo de Guatemala, Pedro Cortés y Larraz fue el principal opositor al traslado de la dañada ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala su nuevo solar en el Valle de la Ermita, principalmente porque comprendía que la idea era debilitar la posición del clero frente a las autoridades civiles de la Capitanía General de Guatemala.

Debido a las Reformas Borbónicas que se iniciaron en la segunda mitad del siglo XVIII, la relación entre el Estado y la Iglesia Católica en el Imperio Español se resquebrajó, y por ello la ciudad ya no fue reconstruida como había ocurrido tras los terremotos de San Miguel en 17171 y de San Casimiro en 1751.2 La nueva familia real -los Borbones- tenía ideas que simpatizaban con la Ilustración y poco a poco fue alejándose del rígido dogma católico; de hecho, en 1767, el rey Carlos III proclamó la Pragmática Sanción por la cual expulsó a la otrora poderosa e intocable Compañía de Jesús de todos sus territorios, lo que puso sobre aviso al resto de órdenes religiosas.3

En esa situación se encontraba el Estado Español cuando ocurrió el terremoto de Santa Marta en 1773, lo que fue aprovechado por el Capitán General Martín de Mayorga para forzar el traslado de la ciudad a una nueva ubicación y con ello restarle considerable poder económico al clero, que perdería sus posesiones.  Esto lo comprendión perfectamente el arzobispo Pedro Cortés y Larraz, quien desde un principio se opuso rotundamente al traslado.4

Si bien la nueva ciudad se trasladó oficialmente el 2 de enero de 1776, cuando se celebró el primer cabildo en el Valle de la Ermita, el arzobispo se quedó en Santiago de los Caballeros, junto con el clero secular bajo su mando, aunque hubo un momento en que la tensión fue tal, que los miembros del Cabildo eclesiástico se vieron en un serio dilema, porque por una parte el arzobispo los amenazaba con la excomunión si no le obedecían, mientras que el Capitán General los amenzaba con enviarlos a la Inquisición si se quedaban en la ciudad.4  Por su parte, los frailes del clero regular, todavía amedrentados tras las expulsión de los jesuitas, dócilmente abandonaron sus dañados palaciegos conventos y se trasladaron a endebles estructuras de madera en la nueva ciudad, en lo que se construían sus nuevas instalaciones.5

En un arranque de ira, Cortés y Larraz presentó su renuncia, aunque luego recapacitó y la retiró; pero para entonces el rey ya le había invitado a retornar a España y habían nombrado al arzobispo Cayetano de Francos y Monroy como nuevo arzobispo de Guatemala.  Al enterarse de esto último, Cortés y Larraz advirtió a los miembros del Cabildo Eclesiástico, diciéndoles que «esas bulas tienen vicios sustanciales, porque han sido libradas en virtud de una renuncia que yo ya retiré; y aún cuando se tuviera en cuenta dicha renuncia, ha sido desestimada por un real acuerdo de 15 de agosto de 17756

En 1779 el Capitán General Mayorga partió para México, a donde había sido nombrado Virrey,7 y Cortés y Larraz continuaba aferrándose a su arquidiócesis. De hecho, al regreso de una visita pastoral a Santiago de los Caballeros, la población salió a recibirlo con gran entusiasmo y cariño; todas las casas estaban adonadas y hubo comisiones con bandas de música que salieron a recibirlo.6  Al ver esto, la Real Audiencia se dió cuenta de que la situación podía desembocar en una guerra civil, por lo que el 20 de enero de 1780 le enviaron a Cortés y Larraz de la Nueva Guatemala una notificación en la que le advertían sin mayores preámbulos que sería expulsado por la fuerza de Guatemala si no acataba el mandato real de retornar a España.  Y también lo conminaron a que condediera el pase a las bulas del nombramiento de Francos y Monroy.8

Para hacer efectivo el ultimatum, la Audiencia nombró al Oidor Tomás Calderón para que fuera a Santiago de los Caballeros a entregar personalmente esta misiva con instrucciones de que regresara con la renuncia firmada por el arzobispo.  Ante esto, Cortés y Larraz, no tuvo más remedio que renunciar, y salir de Santiago de los Caballeros con rumbo a Sololá.  En Panajachel se encontró con la comitiva del nuevo arzobispo, pero no cruzó palabra con éste.8


BIBLIOGRAFIA:

  1. Rodríguez Girón, Zoila; Flores, José Alejandro; Garnica, Marlen (1995). «El real palacio de Antigua Guatemala: arqueología y propuesta de rehabilitación». En Laporte, L.P; Escobedo, H. Simposio de investigaciones arqueológicas en Guatemala (Guatemala: Museo Nacional de Arqueología y Etnología, versión digital).
  2. Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (2008). Apuntes sobre las obras de rehabilitación del Colegio de la Compañía de Jesús. Guatemala. Archivado desde el original el 4 de junio de 2014.
  3. Real Gobierno de España (1805) [1775]. Novísima Recopilación de las Leyes de España mandada formar por el señor don Carlos IV. Madrid. pp. 181-183.
  4. Hernández de León, Federico (1963) [1926] El Libro de las Efemérides; Capítulos de la Historia de América Central. V. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 116
  5. Melchor Toledo, Johann Estuardo (2011). «El arte religioso de la Antigua Guatemala, 1773-1821; crónica de la emigración de sus imágenes»tesis doctoral en Historia del Arte (México, D.F.: Universidad Nacional Autónoma de México).
  6. Hernández de León, El Libro de las Efemérides, p. 117.
  7. Orozco, Fernando. Gobernantes de México (2004 edición). Panorama. p. 484. ISBN 9789683802606
  8. Hernández de León, El Libro de las Efemérides, p. 118.

10 de enero de 1812: fundan la Universidad de León

Las Cortes Generales y Extraordinarias reunidas en Cádiz expiden el Decreto CXVI, creando la Universidad de León, Nicaragua, en el Seminario conciliar de esa ciudad.

2abril1885
El edificio de la Universidad de León en Nicaragua en 2012. En el recuadro: el escudo del Consejo de Regencia del rey Fernando VII durante las Cortes de Cádiz, que estableció la Universidad de León. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El 10 de enero de 1812, las Cortes Generales y Extraordinarias reunidas en Cádiz expidieron el Decreto CXVI, en virtud del cual se crea la Universidad de León, Nicaragua, en el Seminario conciliar de esa ciudad, con las mismas facultades que las demás de América, á solicitud del Obispo Nicolás García Xerez. Aquella nueva universidad, segunda en el Reino de Guatemala después de la Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo en la Nueva Guatemala de la Asunción, fue fundada por un decreto dice así:1

Decreto CXVI

De 10 de enero de 1812

Erección de Universidad en el Seminario conciliar de León de Nicaragua

Atendiendo las Cortes Generales y extraordinarias a las circunstancias particulares en que se halla el seminario conciliar de León de Nicaragua, y a las ventajas que en general resultan a la Nación de fomentar el establecimiento de educación pública, decretan:

      1. En el Seminario conciliar de León de Nicaragua se erigirá universidad con las mismas facultades de las demás de América.
      2. El Consejo de Regencia, con presencia de la solicitud y testimonio remitido por el R. Obispo de León de Nicaragua, y de los establecido en la Península con respecto a las universidades reformadas, ordenará el plan que haya de seguirse en la de León.

Lo tendrá entendido Consejo de Regencia, y dispondrá lo necesario a su cumplimiento, mandándolo imprimir, publicar y circular.

Dado en Cádiz a 10 de enero de 1812.

        • Manuel de Villafañe, presidente
        • Josef Antonio Sambiela, diputado secretario
        • José María Gutiérrez de Terán, diputado secretario.1

Al Consejo de Regencia. Reg. fol. 174.1

Este establecimiento, el único de educación literaria que existía en Nicaragua, y la segunda universidad en el Reino de Guatemala durante la época colonial, casi había desaparecido totalmente durante la inestabilidad que aquejó a Centroamérica tras la formación de las Provincias Unidas del Centro de América el 1 de julio de 1823.2 Finalmente, la universidad fue restablecida el 10 de octubre de 1831, por medio el decreto que se reproduce a continuación y que muestra la fragilidad de la región centroamericana en la época en mención:3

La Asamblea Constituyente del Estado:

considerando: que uno de los medios mas eficaces de promover la felicidad pública, y consolidar el sistema que nos rige, es facilitar la instruccion de la juventud y propagar las luces atendiendo á que esto se logra en mucha parte con los establecimientos literarios, y considerando: que el único que habla en el mismo Estado, que es la Universidad de esta ciudad, al presente se halla reducido á nulidad, suspensa la enseñanza de las ciencias que allí se estudiaban y sin esperanza de su establecimiento sin una especial proteccion de los Supremos Poderes del propio Estado y sin los auxilios pecuniarios que exige la escasez de sus fondos; ha venido en decretar y decreta:

Art. 1°. El Gobierno dispondrá que á la mayor brevedad posible se restablezcan las aulas y la enseñanza de las ciencias que se estudiaban en la Universidad de esta ciudad; dando al efecto las correspondientes órdenes para que el Rector de dicha Universidad, si lo hubiere, y estubiere en la misma ciudad, ó el Doctor más antiguo en su defecto, haga reunir el Claustro, quien acordará y dispondrá lo conveniente á fin de que se verifique el pronto restablecimiento de la espresada enseñanza, siguiendo en todo lo dispuesto por la Constitucion particular de la propia Universidad, y por las demas disposiciones legales.

Art. 2°. El mismo Claustro dispondrá que el Catedrático de Derecho romano dé tambien alternativamente lecciones de Derecho público, y explique asi mismo la Constitucion Federal de la República y la del Estado cuando esté decretada; debiendo los cursantes concurrir á esta aula al mismo tiempo, que cursan la de leyes para poder obtener el grado de Br. en uno ú otro derecho.

Art. 3°. Tambien deberá el Claustro cuidar de que las ciencias que se estudian en la Universidad se expliquen por Autores de buena opinion, y análogos á las luces del siglo.

Art. 4°. La Tesorería de diezmos proveerá a la Universidad del fondo de vacantes que debe ingresar á la Tesorería general, mil doscientos pesos, para el pago de las rentas de los Catedráticos de Gramática, Filosofía, Teología, Moral, Teología dogmática, Cánones, Instituta y Medicina; cuya cantidad se distribuirá en esta forma: cien pesos para el Catedrático de Cánones, la misma cantidad para el de Medicina, y doscientos pesos para los restantes: el mismo Catedrático de Cánones gozará ademas otros cien pesos de los fondos de la Universidad, y el de leyes los doscientos que siempre ha disfrutado de los mismos fondos. Comuníquese al Gobierno para que lo haga cumplir, publicar y circular

Dado en Leon á 21 de octubre de 1825.

      • Gregorio Porras, diputado presidente
      • Silvestre Selva diputado secretario
      • Francisco Parrales, diputado secretario

Es copia fiel de su origen. Ministerio general del Supremo Gobierno. Granada, octubre 10 de 1831.3


BIBLIOGRAFIA:

  1. Cortes Generales y Extraordinarias (1812). Colección de los decretos de órdenes que han expedido las Cortes Generales y Extraordinarias. II España: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. p. 50-51.
  2. Marure, Alejandro (1895). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la República de Centro-américa. Guatemala: Tipografía Nacional. p.170. 
  3. De la Rocha (s.f.). Recopilación de las Leyes, Decretos y Acuerdos Ejecutivos de la República de Nicaragua en Centro– América. Nicaragua: Asamblea General de la República de Nicaragua.

7 de enero de 1675: Fuentes y Guzmán felicita al rey por su cumpleaños

El historiador del Cabildo de Santiago de los Caballeros de Guatemala, capitán Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán, escribe unos versos para felicitar al rey Carlos II en su décimotercer cumpleaños.

7enero1675
El convento de los mercedarios en la Antigua Guatemala en 2011. En el recuadro: la firma del historiador colonial Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Uno de los primeros historiadores de Guatemala fue el capitán Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán, criollo descendiente del conquistador Bernal Díaz del Castillo, y quien en su «Recordación Florida» dejara plasmados numerosos hechos históricos mezclados con descripciones difíciles de entender debido a la forma de escribir propia de su tiempo.1 Fuentes y Guzmán era una especie de Historiador del Ayuntamiento Criollo y estaba encargado de dilucidar todos aquellos asuntos que por su antigüedad resultaban dudosos al Cabildo criollo.2 Aspiraba a obtener el título de Cronista del Reino y por ello, cuando el rey de España era Carlos II, apodado «El Hechizado» cumplió trece años de edad, le dedicó unos versos al monarca.3

He aquí cómo está estructurado aquel documento: en primer lugar, los versos tienen un título que incluye el acontecimiento, el nombre del autor y sus títulos, el nombre y títulos del capitán general y el nombre y licencia del impresor: «Fiesta Reales, en geniales días y festivas pompas celebradas, a felicísimos trece años que se le contaron a la Majestad de nuestro señor Don Carlos segundo, que Dios guarde; por la Nobilísima y siempre leal ciudad de Guatemala.  Dedícalas la obsequiosa y reverente Musa del capitán don Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán, regidor perpetuo de dicha ciudad, el Ilustrísimo señor don Francisco Fernando de Escobedo, señor de las villas de Samayón y Santís en la Religión de Señor San Juan, general de Artillería del reino de Jaen, Presidente, Gobernado y Capitán general de estas provincias, etc.  Con licencia en Guatemala, por Joseph de Pineda Ibarra, impresor de libros, año de 16754

A continuación, aparece la licencia que otorgó el capitán general: «en la ciudad de Santiago de Guatemala, a los ocho días del mes de enero de mil seiscientos setenta y cinco«, la cual fue autenticada por el señor Diego de Escobar.  Después le siguen el informe técnico de Lorenzo Ramírez de Guzmán, y una aprobación del maestro Juan Velásquez de Lara, capellán mayor del Convento de Religiosos de la Concepción de Guatemala, la cual dice: «Por mando del señor doctor don Antonio de Salazar, Canónigo de la Santa Iglesia Catedral de Guatemala, Juez provisor, vicario general y gobernador del obispado, con fecha de 10 de enero de 1675«.   Esta aprobación es seguida por la autenticación realizada por el notario apostólico y público, Miguel de Cuéllar Varona.5

Ya con las aprobaciones de que lo escrito no ofendía al rey ni al dogma católico, se presentan las recomendaciones literarias.  La primera es una décima escrita por el licenciado Francisco Márquez de Zamora, relator de la Real Audiencia, y las siguientes son sonetos del capitán Felipe Arenzana, de Gaspar Ochoa de Zárate, del capitán de mar Antonio de Lima, del capitán Juan Cristóbal de Lima y Cabrera, hijo del anterior, y, por último, un soneto de Juan Antonio Guerrero, natural de San Miguel Ultramar y vecino de la ciudad de San Juan de Puerto Rico de las Indias. Y, por último, antes de escribir su poema al rey, Fuentes y Guzmán agrega una dedicatoria al capitán general Escobedo.6

Debido a todos estos protocolos que parecen absurdos para quienes viven en el siglo XXI, la obra de Fuentes y Guzmán, en especial su compendio histórico «Recordación Florida«, está llena de conocimientos y observaciones valiosas pero que se han tomado con cierta duda debido a que todo lo escribió en forma exagerada y confusa.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Fuentes y Guzmán, Francisco Antonio de (1883) [1690]. Zaragoza, Justo; Navarro, Luis, ed. Recordación Florida. Discurso historial y demostración natural, material, militar y política del Reyno de Guatemala II. Madrid, España: Central.
  2. Martínez Peláez, Severo (1965) [2015] La Patria del Criollo; ensayo de interpretación de la realidad colonial guatemalteca.  Guatemala: Papeles de Sociedad. p. 26.
  3. Hernández de León, Federico (1963). El libro de las Efemérides. Captítulos de la Historia de la América Central. V Guatemala: Tipografía Nacional. p. 45.
  4. Ibid., p. 46.
  5. Ibid., p. 47.
  6. Ibid,. p. 48.

17 de diciembre de 1693: agradecen al rey la restitución del Capitán General

El Ayuntamiento criollo acuerda elevar un memorial al Rey para agradecer la restitución del capitán general Jacinto Barrios Leal

17diciembre1693
Castillo de San Felipe de Lara en Izabal, Guatemala. Este fue reforzado por el presidente Jacinto de Barrios Leal luego de haber sido atacado por piratas en su camino a tomar posesión como Capitán General de Guatemala. En el recuadro: la firma del capitán general Barrios Leal. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons. y de «Gobernantes de Guatemala del siglo XVII«.

El capitán general Jacinto Barrios y Leal había tomado posesión el 26 de enero de 1688, luego de haber tenido problemas con piratas en su camino hacia Guatemala.1  

Ya durante su gestión tuvo que enfrentarse a varias crisis. La primera se inició el 28 de mayo de 1688, el Juez Superintendente de la Real Aduana, el Oidor Pedro Enríquez de Selva, un individuo cruel que maltrataba hasta a su esposa, sufrió en la puerta de su casa un atentado criminal, cuando le dispararon un carabinazo porque intentaba exigir pago de los impuestos de la alcabala y almojarifazgo a todos los comerciantes que entraban y salían de Santiago de los Caballeros. Esto era el resultado de que Enríquez de Selva estaba intentanto hacer cumplir la ley de cobro de impuestos, a lo que se oponían los grandes comerciantes criollos. Los ánimos de la ciudad se exaltaron entre las autoridades peninsulares y los criollos, hasta que el 31 de agosto de 1689, el rey Carlos II tuvo que intervenir, admitiendo la renuncia de Enríquez de Selva —a quien ordenó expulsar de Guatemala— y desaprobando la innovación decretada en los aforos de las mercaderías, y la violación de la costumbre de permitir su salida sin pagar de contado los derechos.2

Al problema con Erníquez de Selva le siguió el de la corrupción entre los oidores Antonio María Bolaños, Francisco Valenzuela Venegas y Manuel Baltodano, quienes se coligaron con Antonio de Navia y Bolaños, e incurrieron repetidamente en el delito de cohecho al momento de resolver causas judiciales.  Por ejemplo, en una ocasión, el Minero de Corpus Juan de Bustamante, le dió oro a Navia y a Valenzuela para que resolvieran a su favor un pleito de minas; en otra oportunidad, cuando los vecinos de San Vicente de Austria pidieron la remoción del Alcalde Mayor Joseph de Arria, éste distribuyó 7,000 pesos entre los oidores para que la causa no prosperara. Estos oidores se encontraron con la oposición de los otros oidores, Joseph de Scals y Bartolomé de Amézquita, ya que éstos no aceptaron participar en tales ilícitos, iniciando así una división entre los miembros de la Real Audiencia que se agravaría en los años siguientes.3 

Por otra parte, Barrios Leal tuvo que enfrentarse a los destrozos provocados por el terremoto del 12 de febrero de 1689, el cual destruyó el Real Palacio, las Casas Consistoriales y varios templos católicos.4 Y por si esto fuera poco, en forma ilícita, comerciantes peruanos vendían varios productos al Reino de Guatemala.

Toda esta situación hizo que el licenciado Fernando López de Ursiño fuera nombrado juez pesquisidor el 13 de marzo de 1690 para que “secreta y extrajudicialmente” verificara si Barrios Leal estuvo involucrado en el contrabando entre Guatemala y el Perú, además de la agresión sufrida por el supertindente y el acoso que decía sufrir el oidor Francisco Valenzuela Venegas.5

El licenciado Fernando López de Ursino y Orbaneja llegó el 1 de febrero de 1691 a Santiago de los Caballeros, para encargarse de la comisión de juez de residencia del presidente y capitán general de caballería Jacinto Barrios Leal.5 El Juez Pesquisidor retiró a Barrios Leal y lo envió a reclusión, primero a Patulul y luego a Santa Ana. A pesar de esto, la población seguía en contacto con él, lo que obligó a  López de Ursino y al presidente interino a celebrar un cabildo abierto el 1 de octubre de ese año para notificar a los alcaldes, capitulares y vecinos, que tenían que cesar toda comunicación con Barrios Leal, porque éste estaba «sometido a juicio de Su Majestad«.6 Al cabo de un tiempo, el Juez Pesquisidor presentó serias acusasiones contra el Presidente, las cuales fueron refutadas por éste.5

Uno de los asuntos más importantes que tuvo que resolver López de Ursino fue la elección del rector de la Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo, la cual se realizaba el 5 de noviembre de cada año, pero como desde 1689 existía un litigio por la compatibilidad del maestrescuela de la Catedral, doctor Lorezno Pérez Dardón para ocupar el cargo, el claustro le expuso al presidente interino la necesidad de celebrar una junta para elegir al nuevo rector. El Juez Pesquisidor se excusó de conocer el asunto, aduciendo que había que esperar la resolución del rey.6

Los ánimos políticos de la ciudad estaban muy caldeados con fuertes bandos contra el presidente y las autoridades peninsulares debido a la corrupción de varios de sus oidores.  Por ello, el 10 de junio de 1692, para estar mejor preparado y más seguro ante el descontendo de la población, junto con la la Real Audiencia que presidía López de Ursino prohibió que hubiera armas de fuego en las casas particulares, y ordenó que fueran depositadas en la Sala Real de Armas del Palacio.6 Aunque esto ayudó un tanto, la exaltación se mantenía, pues exactamente un año después, la Real Audiencia prohibió que los indígenas hicieran «juntas o mitotes» en sus festividades y que «usaran armas, sino que solamente usaran fuegos de cohetes, bombas y ruedas de pólvora«.7

Mientras esperaban la resolución real sobre el juicio de residencia, los miembros del ayuntamiento recibieron una carta del nuevo presidente, Gabriel Sánchez de Berrope el 21 de julio de 1693, anunciado que iba a llegar próximamente a la ciudad.  Y, finalmente, el 23 de noviembre de 1693, en real acuerdo extraordinario de justicia, el juez de residencia y presidente interino, junto con los oidores y fiscal de la Real Audiencia acordaron obedecer la Real Cédula por la cual el general Barrios Leal fue restituido en su puesto de presidente.8

El 17 de diciembre de ese año, el Ayuntamiento celebró un cabildo extraordinario para despedir al licenciado López de Ursino y Orbaneja, al terminar su comisión, y el mismo día dispusieron que despidieron al juez de residencia, acordaron elevar un memorial al rey para agradecerle que hubiera restituido al capitán general a su antiguo puesto.9


BIBLIOGRAFIA:

  1. Cabezas Carcache, Horacio (2017) Gobernantes de Guatemala en el siglo XVII. Guatemala. p. 128.
  2. Ibid., p. 136.
  3. Ibid., p. 143.
  4. Ibid., p. 135.
  5. Ibid., p. 137.
  6. Pardo, J. Joaquín (1944). Efemérides de la Antigua Guatemala, 1541-1779. Guatemala: Unión Tipográfica, p. 86.
  7. Ibid., p. 87.
  8. Ibid., p. 88.
  9. Ibid., p. 89.

16 de noviembre de 1555: establecen la Correduría de Lonja

El ayuntamiento de Santiago de los Caballeros de Guatemala acuerda establecer la Correduría de Lonja y pone a su cargo a Diego Ponce

16noviembre1555
Ruinas del templo de La Merced en la Antigua Guatemala en 1926. Al fondo se observa el complejo volcánico Fuego-Acatenango. En el recuadro: la porta de la Recordación Florida del capitán Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán, historiador criollo guatemalteco. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Los Corredores de Lonja eran burócratas del reino español que incluían a los Corredores de Mercancías, de Seguros y Fletes, y de Cambio, entre otros.  Con la conquista de América la reglamentación del comercio en tan vasta región se hizo de vital importancia para el Imperio Español por lo que por Real Cédula de 1527, el emperador Carlos V instituyó el oficio de corredor de Lonja aplicable a la Nueva España.1

En las colonias americanas se extendió la aplicación de las Ordenanzas de Bilbao, que mantuvo un principio monopolista de la profesión de corredor, permitiendo a las partes libremente contratar, otorgándoles seguridad jurídica pues los documentos en que intervenían tenían carácter de instrumento público.1

De acuerdo a estas Ordenanzas, los Corredores de Lonja estaban reglamentados de la siguiente forma:2

    1. Los Corredores de Lonja debían ser nombrados por los Cónsules, con la obligación de prestar juramento, ratificándolo a principio de cada año.
    2. Debían ser naturales del Reino y vecinos de la villa, ser hombres de buena opinión y fama, prudentes, secretos, hábiles e inteligentes en el comercio.
    3. Proponer los negocios con discreción y modestia, sin exagerar las partes y calidades, proponiéndolo sinceramente.
    4. Al intervenir en letras debían llevarlas del Librador al Tomador, y estar presentes si lo pedían las partes en la entrega, peso y medida de las mercancías.
    5. Estaban obligados a llevar un libro foliado para los asientos diarios de las operaciones en que intervinieran.
    6. Se les prohibía hacer por si o para si mismos negocio alguno, bajo pena de ser multados la primera vez y destituidos la segunda.
    7. Se les prohibía ser aseguradores por mar ni tierra, ni tener interés en navíos.
    8. El corretaje debía ser pagado por mitad entre el vendedor y comprador.
    9. Debían prestar también juramento cada año de haber llevado bien su libro y demás registros.2

En la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, el ayuntamiento acordó establecer la Correduría de Lonja el 16 de noviembre de 1555 y nombró a Diego de Ponce para hacerse cargo de la misma.3


BIBLIOGRAFIA:

  1. Astiazarán, Adrián Ahumada (2018) Evolución histórica de la Correduría Pública. Conociendo sus orígenes. En: Iuris Tantum (28). p. 243.
  2. Ibid., p. 242.
  3. Pardo, J. Joaquín (1944). Efemérides de la Antigua Guatemala. 1541-1779.  Guatemala: Unión Tipográfica. p. 8.

14 de octubre de 1794: autoriza publicación de la Gazeta de Guatemala

El Rey de España autoriza que se publique la Gazeta en el Reino de Guatemala

14octubre1794
La Plaza de Armas de la Nueva Guatemala de la Asunción en la década de 1840. Estas estructuras estaban a medio construir en 1796. En el recuadro: facsímil de una de las páginas de la Gazeta de Guatemala. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Un personaje importante para la difusión de la cultura en Guatemala fue el señor Ignacio Beteta, quien aprendió el oficio de encuadernador al lado del español Antonio Sánchez Cubillas, quien le vendió su imprenta el 18 de junio de 1785 cuando éste regresó a España. De hecho, desde algunos días antes de celebrarse el contrato, Beteta ya se había hecho cargo del taller y para 1788 editó el voluminoso «Manual de párrocos«, que luego fue mandado a reimprimir por el arzobispo Cayetano de Francos y Monroy. Además, en 1789 publicó la Descripción de las Exequias de Carlos III, con un lujo y profusión de grabados hasta entonces desconocidos en Guatemala.1 Es importante destacar que para entonces, la capital del Reino se acababa de trasladar de la destruida ciudad de Santiago de los Caballeros a la Nueva Guatemala de la Asunción en 1776 y apenas estaba empezando a reconstuirse.2

Deseoso de que en Guatemala se llevasen a cabo publicaciones similares a las que se hacían en las capitales de los virreinatos de Nueva España y el Perú, publicó una «Guía de Forasteros«, a instancia del Capitán General Bernardo Troncoso Martínez del Rincón, en la que consignó la cronología de los capitanes generales y obispos del reino. En base este arduo trabajo, solicitó al Gobierno que se le otorgase privilegio exclusivo para la impresión de las Guías y de los Almanaques; sin embargo, como ya las imprentas de Bracamonte y de la Viuda de Arévalo tenían a su cargo los almanaques, únicamente pudo obtener las Guías ya indicadas, y los almanaques de bolsillo como premio de consolación.1

A mediados de 1793, después de haber visto un ejemplar de «El Mercurio Peruano«, que poco antes había circulado en Lima, tuvo la idea de publicar un periódico en el Reino de Goathemala y para ello envió un ejemplo de su publicación a la Real Audiencia para que lo aprobaran. En estos tiempos, los trámites tardaban años debido a lo lento del transporte, y por ello aunque la aprobación del Rey fue extendida el 14 de octubre de 1794, no se supo en Guatemala sino hasta casi dos años más tarde.1

En vista de la buena acogida que tuvo la Gazeta, Beteta tuvo la idea de publicar dos números al mes, para lo que nuevamente tuvo necesidad hacer las gestiones correspondientes, pero en 1798, con el pretexto de que el papel escaseaba debido a la guerra que había con la Gran Bretaña, le fue notificado que suspendiese la publicación.  Es más, las autoridades peninsulares recomendaron al Capitán general que estuviese pendiente de que en el periódico no se insertasen noticias ni discursos que pudiesen ser perjudiciales a la tranquilidad de sus vasallos, ni a las buenas costumbres.  Y es que no faltaron entre los primeros dignatarios del reino, incluyendo entre ellos a un arzobispo y a un oidor, quienes denunciaran que el periódico de Beteta atentaba contra las máximas de fidelidad al Soberano y hasta a las buenas costumbres.1

Años después, el 16 de septiembre de 1821, con motivo de la Independencia de Centroamérica, Beteta llamó a su establecimiento «Imprenta de la Libertad«, la cual siempre funcionó en la esquina de la Séptima Calle Oriente y Callejón del Pino en el Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala, en donde permaneció en funciones hasta la muerte de Beteta, ocurrida el 2 de septiembre de 1827, a la edad de 70 años.1

Si bien Beteta dejó de publicar la Gazeta de Guatemala en 1816, ésta no murió con él, ya que fue resucitada por el gobierno conservador de Rafael Carrera, que la utilizó como su diario oficial.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Fundación Biblioteca Miguel de Cervantes (s.f.). La Imprenta en Guatemala. España: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
  2. Melchor Toledo, Johann Estuardo (2011). «El arte religioso de la Antigua Guatemala, 1773-1821; crónica de la emigración de sus imágenes»tesis doctoral en Historia del Arte (México, D.F.: Universidad Nacional Autónoma de México).

13 de septiembre de 1543: establecen la Real Audiencia de los Confines

Por Real Cédula del Emperador Carlos V se establece la Real Audiencia de los Confines con sede en la Nueva Valladolid de Comayagua

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Comayagua, Honduras, durante la epoca colonial. En el recuadro: retrato del emperador Carlos V. Imagenes tomadas de Wikimedia Commons.

Después de la destrucción de la ciudad de Santiago de los Caballeros por el deslave del Volcán de Agua el 11 de septiembre de 1541, acaecida pocos meses despues de la muerte del adelantado Pedro de Alvarado, el emperador Carlos V decidió trasladar la Real Audiencia de Guatemala a una nueva sede. Por Real Cédula del 13 de septiembre de 1543 se decidió que la Real Audiencia se llamaría «de Los Confines» y estaría ubicada en la Nueva Valladolid de Comayagua, actualmente en Honduras.1

Aquella nueva Audiencia comprendía las provincias de Guatemala, Nicaragua, Chiapa, Yucatan y Cozumel, Higueras Honduras, y «cualquier provincia e isla que estuviere en la costa y parajes de las dichas provincias«.  De acuerdo a lo estipulado en la ordenanza XI de las Leyes Nuevas, aquella fue una Audiencia Gobernadora, en sustitución de un gobernador provincial de provisión real;  de esta forma, en el distrito de los Confines ya no iba a haber más gobernadores en cada una de las diferentes provincias, sino que la Audiencia iba a gobernar sobre todas ellas.1

El licenciado Alonso de Maldonado fue nombrado presidente de la primera Audiencia y Cancillería Real de los Confines el 1 de marzo de 1543.  El ya habia sido nombrado gobernador interino de Guatemala por el Virrey de Mexico en 1542,2 y junto con él fueron designados como oidores los licenciados Diego de Herrera, Pedro Ramírez de Quinones y Juan Rogel. Herrera y Rogel desembarcaron en Puerto de Caballos, procedentes de Castilla, el 16 de marzo de 1544, mientras que Ramirez de Quinones zarpó de Sanlucar de Barrameda el 3 de noviembre de 1543, llegando al puerto de Nombre de Dios el 9 de enero de 1544.  Inicialmente llego a Panamá, en donde procedió a sustanciar y sentenciar el juicio de residencia de los oidores de la extinta Audiencia Real de Panamá.  Herrera y Rogel, por su parte, se trasladaron de Puerto de Caballos a la villa de San Pedro de Puerto de Caballos (actualmente San Pedro Sula) para esperar la llegada de Alonso de Maldonado, quien tenía que llegar procedente de Santiago de los Caballeros en Guatemala.3

Maldonado les envió una carta informándoles que se iban a reunir en la población de Gracias a Dios, y ante el cabildo del 13 de mayo de 1544, los tres tomaron posesión de sus cargos y celebraron el primer Real Acuerdo, abriendo la primera sesión publica de la Audiencia y Real Cancillería de los Confines el 15 de mayo de 1544.  En esa oportunidad, acordaron que la sede audiencial fuera la población de Gracias a Dios y no la villa de la Nueva Valladolid de Comayagua, como decía la Real Cédula del 13 de septiembre de 1543, amparados en la facultad regia de la que disponían de elección final de sede; tal y como informaron al emperador Carlos V el 30 de diciembre de 1544, eligieron a Gracias a Dios porque «estaba en mejor comarca y más abundante de mantenimientos que las villas de San Pedro y de Comayagua«.3


BIBLIOGRAFIA

  1. Vallejo Garcia-Hevia, Jose Maria (2008). Juicio a un conquistador. Pedro de Alvarado. Su proceso de residencia en Guatemala (1536-1538)  I. Castilla-La Mancha: Marcial Pons Historia. p. 222
  2. Pardo, J. Joaquín [1944] (1984). Efemérides de Antigua Guatemala 1541-1779. Guatemala: Tipografía Nacional.
  3. Vallejo Garcia-Hevia., Juicio a un conquistador, p. 223.

31 de agosto de 1544: conquistadores apelan las Leyes Nuevas

La Real Audiencia de los Confines informa al Emperador de España que Santiago de los Caballeros había apelado las Leyes Nuevas

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Lienzo de Tlaxcala, mostrando los combates entre los indígenas tlaxcaltecas y las tropas de Pedro de Alvarado contra las tropas de la región de Iximché. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El 31 de agosto de 1544, el presidente de la Real Audiencia de los Confines, situada en Gracias a Dios, avisó al Emperador que el Cabildo de Guatemala había apelado las Leyes Nuevas, incluyendo el capítulo de los esclavos indígenas, porque los conquistadores no podían exhibir otro título que el de haber tomado a los esclavos en la guerra y que fueron marcados con hierro candente por orden de los capitanes conquistadores y de los gobernadores.  En otras palabras, no les era fácil demostrar que poseían esclavos legítimamente.1 Y, debido a su codicia, decían: «estamos tan escandalizados como si nos enviara a mandar cortar las cabezas» y querían que el rey les compensara por esto, diciendo «páguenos vuestra majestad lo que nos debe y háganos grandes mercedes.1

Ahora bien, ¿qué eran las Leyes Nuevas? Para empezar con esta explicación, se debe hacer un resumen de cómo funcionaba la esclavitud de indígenas en la época de la conquista española.  Cuando Alvarado conquistó el altiplano guatemalteco en 1524, hizo esclavos a los indígenas de Cuzcatlán, Izcuyntepeque, Pazaco, Acaxocal y Tuculcalco; de acuerdo a la lógica del sanguinario conquistador español, data la multitud de indígenas y el corto número de cristianos, no se consquistaría la región si no fuese por los castigos.  Además, aparte de los esclavos de guerra, los españoles también adquirieron esclavos de rescate, que eran aquellos que ya eran esclavos de los indígenas antes de la consquista y que pasaron a manos de los españoles.2

Inicilamente, el aniquilamiento y esclavitud de los indígenas fueron permitidos por los Reyes Católicos debido a que los nativos resistían a los predicadores de la fe católica a mano armada; pero luego, cuando la codicia desenfrenada de los conquistadores amenazaba con despoblar la región recién conquistada, se ordenó en 1530 que ya no se tomaran esclavos indígenas. Los conquistadores guatemaltecos no aceptaron de buen grado esta cédula antiesclavista, ya que estaban acostumbrados a tomar esclavos, y luego de marcar a los indígenas con hierro,  a comerciar con ellos enviándolos a Panamá.  El Ayuntamiento de Guatemala replicó al rey que no podían estar sin esclavos porque ya estaban empezando a extraer oro y porque era necesario esclavizarlos porque eran «acabados de conquistar, indomables y contumaces«.  Suplican al rey que se permita seguir esclavizando y herrando a los indígenas, tanto de guerra como de rescate, para siempre o al menos por el tiempo que el gobernante lo considere necesario.  También hacían ver al rey que muchos estaban endeudados porque habían quintado a los esclavos, y luego éstos habían sido transferidos a otro propietario o habían muerto, pero los conquistadores tenían que seguir pasando el derecho al quinto a favor de la Real Hacienda; en virtud de esto, suplicaban que les perdonaran esas deudas a la Hacienda.3

Aquella solitud guatemalteca surtió efecto y los conquistadores siguieron teniendo esclavos, por lo menos de rescate;  de hecho, llegaron al colmo de agradecer al Rey porque «si dicha provisión se hubiese de ejecutar, demás del notorio agravio y perjuicio que de ella redundaría a la población de la tierra y a los pobladores de ella, por quitarles y prohibir que no puedan rescatqar ni contratar los esclavos que los caciques e indígenas tienen por esclavos, a los mismos indígenas se les seguiría mucho daño, por quitarles el beneficio que recibían en salir de poder de los caciques e indígenas que los tenían como esclavos, por el peligro en que estaban de ser sacrificados, demás que en venir a poder de los cristanos podrían ser instruidos y doctrinados en las cosas de la fe4

En cuanto a los esclavos de guerra, la real cédula de Balpuche del 19 d emarzo de 1533 hizo valer que se tomaran esclavos de esa índole porque todavía había varios caciques de guerra que no estaban dispuestos a aceptar el señorío del rey ni admitir la predicación cristiana.4 Aquella cédula dejaba a Pedro de Alvarado y al obispo Francisco Marroquín la prerrogativa de decidir si se podía o no hacer guerra con justicia y tomar esclavos de la misma; en sentido práctico, los conquistadores guatemaltecos volvieron a gozar del derecho de tener esclavos indígenas de rescate y de guerra.5

Pero la costumbre de marcar a los indígenas con hierro candente en Guatemala hizo que varias autoridades se quejaran ante el rey. Por ejemplo, los franciscanos de México decían que aquella costumbre iba en contra de la ley divina, y que se debía más a la codicia de los conquistadores y caciques, que llegaban al colmo de entregar maceguales —es decir, indígenas comunes que no eran esclavos— como esclavos de rescate.6 Por su parte, el dominico Bartolomé de Las Casas relató en 1535 que en la región «no hay ningún esclavo indígena que justamente lo sea o lo haya sido«, y que la codicia de los conquistadores había llevado más de 12,000 indígenas guatemaltecos, 25,000 nicaragüenses, y 15,000 de las otras regiones al Perú y que «todos eran muertos«; de hecho, concluye diciendo que la gobernación de Guatemala «asola y destruye«.7

En 1539, la corona tomó medidas para evitar la esclavitud de indígenas de rescate.  Primero, privó a los españoles del derecho de rescartar esclavos, pues los cacíques y principales indígenas de Gutaemala tomaban esclavos a los nativos maceguales por cualquier excusa y luego los vendían a los españoles como esclavos de rescate; así pues, la cédula del 31 de enero de 1539 prohibió que se compraran esclavos por este método y que los caciques o principales pretendieran vender sus esclavos a los conquistadores.8

No fue sino hasta la promulgación de las Leyes Nuevas el 20 de noviembre de 1542 que se eliminó la esclavitud por guerra; las leyes decían: «por ninguna causa de guerra ni otra alguna, aunque sea so título de rebelión, ni por rescate, ni de otra manera, no se pueda hacer esclavo indígena alguno: y queremos que sean tratados como vasallos nuestros de la Corona de Castilla, pues lo son«. 8


BIBLIOGRAFIA:

  1. Zavala, Silvio. (1945). Contribución a la historia de las instituciones coloniales en Guatemala. En: Jornadas.  México: El Colegio de México. pp.24-26.
  2. Ibid., pp. 11-12.
  3. Ibid., pp. 13-14.
  4. Ibid., p. 16.
  5. Ibid., p. 17.
  6. Ibid., p. 18.
  7. Ibid., pp. 19-20.
  8. Ibid., p. 21.