29 de mayo de 1839: tras el golpe de estado de Rafael Carrera se establece una Asamblea Constitutiva que emitió una Constitución en 1842 aunque nunca fue ratificada

29mayo1839
Plaza de Armas de la Nueva Guatemala de la Asunción en la época en que se convocó a la Asamblea Constituyente de 1839.  En el recuadro: el general Rafael Carrera.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Los máximos líderes de Guatemala del siglo XIX fueron el general católico conservador Rafael Carrera quien impuso su voluntad de 1839 a 1865 y el general anticlerical J. Rufino Barrios, quien lo hizo de 1871 a 1885. Ambos llegaron al poder después de revoluciones, ambos fueron el verdadero poder detrás de los jefes de estado o presidentes provisorios, y ambos gobernaron sin el amparo de una Constitución durante los primeros años de sus respectivos gobiernos.  Como corolario, ambos consiguieron que las Asambleas Constituyentes les redactaran una Constitución que amparara su estilo de gobierno y les permitiera perpetuarse en el poder; Carrera consiguió su constitución en 1851 y Barrios en 1879.  Y no es que no hubiera intentos por establecer una constitución, que sí los hubo.  Lo que ocurría era que no satisfacían las necesidades de Carrera o de Barrios, y quedaban en letra muerta.

El primer intento de hacer una constitución para el Estado Independiente de Guatemala se hizo cuando éste se separó de la República Federal de Centro América el 17 de abril de 1839, y se eligió a una Asamblea Constituyente para el efecto el 29 de mayo.1 Pero el estado de cosas en el país no era estable en lo absoluto; el Estado de Los Altos se había separado en 1838 y cuando los indígenas le pidieron ayuda a Carrera para que los ayudara contra la opresión de los criollos liberales de la región, éste combatió a las fuerzas altenses y recuperó el territorio para Guatemala.2 Esta situación, a su vez provocó que el jefe de Estado de El Salvador, el líder liberal Francisco Morazán invadiera a Guatemala.  Carrera y Morazán se enfrentaron en la capital guatemalteca y el general guatemalteco infringió una definitiva derrota al hondureño, quien huyó a El Salvador dejando a sus hombres a su suerte.  Aunque el hecho resultó en una decisiva victoria para las armas guatemaltecos, retrasó la discusión de la Asamblea Constituyente,3

La Asamblea finalmente redactó y firmó un proyecto el 29 de enero de 1842 y dió orden de imprimirlo el 20 de abril del mismo año luego de que una comisión conformada por los criollos aristócratas Aycinena, Pavón, Dardón, Colom, Andreu y Estrada le diera su aprobación.  Luego de impresa, se empezó a discutir en sesión pública el 1 de julio de 1843, aprobando el 6 de ese mes el primer artículo.  Pero hasta allí llegó la discusión, que quedó en suspenso el 3 de octubre cuando los diputados Pavón y Andreu solicitaron que ya no se siguiera discutiendo.4  Así terminó el primer intento de redactar una constitución para el gobierno conservador.

Viendo que el clero, y en especial el marqués de Aycinena, Juan José de Aycinena y Piñol, estaban intentando hacerse con el poder absoluto en el país, Carrera organizó una falsa sublevación en Pinula, la que utilizó para firmar un convenio en la Villa de Guadalupe el 11 de marzo de 1844, por medio del cual se organizó un congreso que prohibió a los clérigos participar en política, con lo que salió del molesto Aycinena.  Por otra parte, aquel congreso redactóuna constitución el 16 de septiembre de 1845, pero nunca fue sancionada porque dicha constitución era copia de la que habían redactado en el Estado de Los Altos y no aplicaba al estado guatemalteco.  Esto dió por finalizado el segundo intento de escribir una constitución para el Estado.4

Carrera finalmente se hizo con la jefatura del Estado en 1844, en sustitución de Mariano Rivera Paz, pero cuando en 1846 todavía no se había establecido una constitución en el Estado un partido de jóvenes estudiantes universitarios decidieron llenar aquel vacío constitucional, asesinando al presidente Carrera para así convocar una constituyente auténtica, y dar al poder militar una organización regularizada. Así, el 26 de junio de 1846, cuando habrían de celebrarse en la Iglesia Catedral las honras fúnebres del arzobispo Ramón Casaus y Torres, quien había muerto en el exilio en la Habana, los estudiantes llegaron armados al templo para asesinar al Jefe de Estado, pero su plan fracasó y los tuvieron que salir al exilio a Chiapas tras pasar un tiempo encarcelados en el Castillo de San José.5,6

El 21 de marzo de 1847 Carrera fundó la República de Guatemala, convirtiéndose en su primer presidente, y nuevamente convocó a a una constituyente en 1848, la cual fue disuelta en 1849 luego de queCarrera tuviera que salir al exilio cuando el país entró en una completa anarquía y los criollos (tanto conservadores como liberales) le pidieron la renuncia.  Carrera se fue a México, y regresó en 1849, aunque como Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas, bajo el presidente Mariano Paredes, aunque todo el país sabía quien era el que verdaderamente gobernaba.7  La Asamblea Constituyente se disolvió, y el asunto quedó nuevamente incluso.4

Fue hasta después del triunfo de Carrera en la Batalla de La Arada el 2 de febrero de 1851, que finalmente una Asamblea Constituyente logró aprobar la Constitución de la República de Guatemala, la cual estuvo vigente hasta el 30 de junio de 1871, cuando fue sustituida por el Acta de Patzicía que firmaron los criollos altenses liberales para desconocer el gobierno del mariscal Vicente Cerna, dando inicio nuevamente a un largo proceso para redactar una nueva constitución.8


BIBLIOGRAFIA:

  1. Pineda Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República. Tomo I. Imprenta de la Paz. p. 85.
  2. Taracena, Arturo (1999). Invención criolla, sueño ladino, pesadilla indígena, Los Altos de Guatemala: de región a Estado, 1740-1871. Guatemala: CIRMA. Archivado desde el original el 9 de enero de 2016.
  3. Hernández de León, Federico (1925). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. Tomo I. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  4. Pineda de Mont, Recopilación de las leyes de Guatemala, p. 86
  5. Brañas, César (1979). Tras las huellas de Juan Diéguez Olaverri. Guatemala: Unión TIpográfica.
  6. Vela Salvatierra, David (1943). “Juan Diéguez Olaverri”, en Literatura guatemalteca. Guatemala: Unión Tipográfica. p. 2 y siguientes.
  7. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. I Guatemala: Editorial del Ejército. p. 266.
  8. Pineda de Mont, Recopilación de las leyes de Guatemala, pp. 79-85.

 

7 de marzo de 1844: Rafael Carrera consigue que el marqués Juan José de Aycinena presente su renuncia como Consejero de Estado

7marzo1844
Ciudad de Guatemala en 1870, vista desde el sur.  Al fondo, las montañas en donde se alzaron los campesinos contra el gobierno de Rivera Paz en 1844.  En el recuadro, el marqués de Aycinena, obispo Juan José de Aycinena, quien era Consejero del Despacho de Rivera Paz.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

De todas las leyendas que se han tejido sobre la figura del Rafael Carrera destaca la que dice que era un analfabeta que servía únicamente como brazo armado de la familia Aycinena.  Pero la realidad era totalmente opuesta: Carrera era el que se imponía y los conservadores tuvieron que plegarse a sus designios. El siguiente es un ejemplo de la forma en que Carrera conseguía sus objetivos, pasando por encima del mismo Marqués de Aycinena.

En 1844 gobernaba nuevamente el licenciado Mariano Rivera Paz, ahora asesorado por el marqués Juan José de Aycinena, como Secretario del Despacho.  En ese momento Carrera era el teniente general a cargo de la Comandancia del Ejército y el clero había recobrado mucho del poder que le habían arrebatado en 1829;  el marqués de Aycinena era presbítero y la mayoría de los diputados defendían los intereses de la Iglesia.

El clero no miraba con buenos ojos a Carrera, pues recelaba de su poder entre los campesinos y obreros, y éste resentía la resistencia que los religiosos le presentaban.  En medio de esta situación no avanzaba la agenda de ni uno ni otro.  Entonces Carrera urdió una estratagema para consolidarse en el poder absoluto.

Primero se retiró de la Ciudad de Gutaemala a “hacer un recorrido por los pueblos“; y mientras estaba ausente conveninetemente estalló una rebelión campesina en Pinula y El Aceituno.  En esos tiempos estaba todavía muy fresco el recuerdo de las invasiones de Morazán y los habitantes de la ciudad se asustaron pensando que el licenciado jefe de Estado y el sacerdote que era su consejero no iban a ser capaces de defenderlos contra semejante amenaza. Entonces, en medio de la zozobra, retornó Carrera a la ciudad y reunió a sus tropas para salir a enfrentar a los alzados.

Tras una escaramuza en las cercanías de la Villa de Guadalupe, se firmó el tratado de Guadalupe, y se alcanzó la paz el 11 de marzo. Los artículos principales de aquel acuerdo pedían que se disolviera la Asamblea Legislativa y, textualmente, exigían: “que los elesiásticos no se mezclen en cosas políticas y de consiguiente no podrán ser electos para destinos públicos, para que la verdadera religión no pierda su prestigio y reverencia“.  Aquella era una alusión directa al Marqués de Aycinena, quien entonces decidió presentar su renuncia con fecha retroactiva al 7 de marzo, la cual dice:

“Señor Presidente del Estado, don Mariano Rivera Paz.

Los reiterados ataques que experimenta mi salud, harto achacosa, después de algún tiempo, y al asiduo trabajo que exige el despacho de la Secretaría, mayormente en circunstancias difíciles como las presentes, me obligan a suplicar de nuevo al señor presidente, se sirva aceptar la renuncia que tengo muchas veces hecha del cargo referido.  Han pasado, ya, señor, los tiempos en que había peligros, porque la buena causa tenía enemigos poderosos; y hoy mi sutación exige de mí, el terito.  No dudo, señor presidente, que usted tendrá la dignación de hacerme esta gracia que recibiré como una recompensa de mis pequeños servicios. Soy, con toda consideración, de usted muy obediente servidor.

Guatemala, marzo 7 de 1844.

Juan J. Aycinena”

La renuncia fue aceptada, obligando a Rivera Paz a conformar un nuevo gabinete de gobierno,  y Carrera ganó la partida frente al líder  de los criollos conservadores, que eventualmente llegaría a ser su Ministro de Asuntos Eclesiásticos.


BIBLIOGRAFIA:


 

10 de noviembre de 1854: la Gaceta de Guatemala publica el edicto arzobispal que reproduce la bula papal que confirma el Concordato de 1852

10noviembre1854
El Papa Pío IX durante un acto en los Estados Pontificios en 1858.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

En noviembre de 1854 Guatemala está finalmente en paz y han ocurrido dos hechos trascendentales para el país:  el 1 de abril se publicó y distribuyó el Concordato suscrito con la Santa Sede, y el 21 de octubre se ratificó el acta en que se proclama al general Rafael Carrera como presidente vitalicio.

Carrera llegó al poder por sus propios méritos militares y el apoyo de los curas párrocos y los campesinos, y logró mantenerse allí tras conseguir el apoyo de los grupos indígenas del occidente guatemalteco luego de que los criollos lo habían intentado expulsar del poder.

Gracias al fanatismo católico de Carrera el partido conservador prosperó considerablemente, pero fue la Iglesia la mayor beneficiada. Para que el lector se de una idea de cuánto, se reproduce a continuación el edicto que el arzobispo Francisco de Paula García Peláez publicó en la Gaceta de Guatemala el 10 de noviembre de 1854, reproduciendo la bula confirmatoria enviada por el Papa Pío IX para el Concordato de 1852.

EDICTO.

Ha circulado impreso últimamente el que acaba de expedir el lllmo. Sr. Arzobispo para la publicación de la bula confirmatoria del Concordato. Dicha bula comienza de esta manera:

PIO OBISPO,

Siervo de los siervos de Dios, para perpetua memoria.

Colocados, aunque indignos, en la sublimísima Cátedra de Pedro, en comparacion de la cual ninguna mayor en la tierra se puede concebir. Hemos tomado el trabajo y puesto continuo empeño, ya en custodiar los dogmas de la fe, ya en defender los derechos de la iglesia, ya en aumentar á los fieles aquellos medios con que puedan conformar más y más sus costumbres á la santidad y justicia, y mayormente en estos tiempos, y en ninguna cosa hemos trabajado con más ardor, como en llenar con ahinco el cargo que nos ha sido encomendado por disposición divina en toda la redondez de la tierra. Por lo que nos hemos llenado de sumo gozo y de la mayor alegría siempre que hemos tenido la dicha de que las determinaciones de nuestra solicitud pastoral, con la protección divina, han tenido un próspero suceso.

(HoyHistoriaGT:  esta es una típica introducción de una bula papal, en la que el pontífice dice no estar a la altura de suceder a San Pedro al frente de la Iglesia.  El papa en esa época era Pío IX, Giovanni Maria Battista Pellegrino Isidoro Mastai Ferretti, quien además fue el último soberano de los Estados Pontificios ya que éstos fueron absorbido por el nuevo Reino de Italia Unificada del Rey Victor Manuel II en 1870. Su pontificado de 31 años y 8 meses, del 16 de junio de 1846 al 7 de febrero de 1878, es el más largo de la historia de la Iglesia, si se descarta el de san Pedro, cuya duración es difícil de determinar con exactitud).

Y así nos ha sucedido en aquella parte de la América Septentrional que se llama la República de Guatemala, la que recibiendo cada día mayores aumentos por lo dilatado de sus regiones y su pueblo cristiano, parecía exigir sobremanera nuestra solicitud apostólica. Apenas nuestro amado hijo el ilustre y venerable varón, general Rafael Carrera nos hizo inmediatamente la súplica de que mirásemos por el bien del divino rebaño en aquella República, accedimos con el mayor gusto á sus deseos, y para que todo todo llegase próntamente al fin deseado deseado nombramos para nuestro Ministro plenipotenciario a nuestro amado hijo Santiago de Agata, Diácono Cardenal de la Santa Iglesia Romana, llamado Antonelli, nuestro Ministro de Estado, para que tratase este gravísimo negocio con nuestro amado hijo Fernando Lorenzana, Marqués de Belimonte, Ministro de la República de Guatemala y con libres poderes cerca de la Santa Sede. Ellos, después de haber presentado los documentos de sus respectívos poderes, celebraron un tratado, que ambos firmaron y sellaron el día 7 de octubre próximo pasado. En este tratado con la misma República de Guatemala donde está en todo vigor la religión católica, queda libre a todos la comunicación con el Romano Pontífice, y los derechos de los obispos se conservan ilesos c inviolables, segun los sagrados cánones, y principalmente conforme al Concilio Tridentino. La Iglesia puede libre ó independientemente adquirir y poseer sus bienes, exije diezmos y recibe algunas dotaciones del mismo gobierno. Se establecen seminarios para los jóvenes llamados á la suerte del Señor, dependientes únicamente de les ordinarios, se mira por el bienestar del clero, y por los monasterios de ambos sexos, se dan providencias para la educación mejorada de la juventud, propagación y aumento de la religión católica en esas regiones tan distantes de Nos, y se establecen otras muchas cosas conforme á los susodichos cánones y á las circunstancias de los tiempos; todo lo que no se duda ser conveniente en el Señor. Habiendo sido todas las cosas celebradas y contenidas en el mismo tratado, discutidas y consideradas detenidamente por nuestros venerables hermanos los cardenales de la Santa Iglesia romana, de la sagrada congregación erigida para los negocios eclesiásticos extraordinarios, y pesadas por Nos con maduro examen, por consejo y parecer de los mismos hermanos nuestros, hemos creído deber acceder al dicho tratado. Por estas pues nuestras letras apostólicas, hacemos saber y publicamos las cosas que para aumento de la religión cristiana y utilidad de los fieles de la República de Guatemala se han establecido en el Concordato.

(Nota de HoyHistoriaGT: todo lo enuncia hasta aquí demuestra que prácticamente la Iglesia Católica había recuperado todos los privilegios que había perdido en Guatemala tras la expulsión de eclesiásticos por Francisco Morazán en 1829).

Habiendo sido aprobados, confirmados y ratificados tanto por Nos, como por el ilustre Presidente de la República de Guatemala los pactos y concordatos de esta convención en todos y cada uno de sus puntos, cláusulas, artículos y condiciones; y habiendo pedido encarecidamente el presidente que para su más firme subsistencia le diésemos la solidez de la firmeza apostólica e interpusiésemos más sublime autoridad y decreto, Nos, confiando plenamente en el Señor, que se dignará su misericordia colmar con sus copiosos dones de su divina Gracia, este nuestro celo en arreglar los negocios eclesiásticos en la República de Guatemala, de nuestra cierta ciencia, madura deliberación y con la plenitud del poder apostólico, aprobamos, ratificamos y aceptamos por el tenor de las presentes las susodichas concesiones, pactos y concordatos, y les damos la solidez y eficacia de la defensa y firmeza apostólica.

(HoyHistoriaGT: ya con esta aprobación Papal que concedía a los soldados guatemaltecos indulgencias por matar a soldados liberales “herejes”, Carrera tuvo a su disposición un formidable ejército con soldados que ansiaban dichas indulgencias, y que por ello no fue vencido por ninguna invasión hasta su muerte, ocurrida en 1865).

Amonestamos con la mayor intensidad de nuestra alma a todos y cada uno de los obispos existentes en la República de Guatemala y á los que instituiremos en adelante, á sus sucesores y á todo el clero, y les exhortamos en el Señor para que para mayor Gloria de Dios, utilidad de la iglesia y salud de las almas, observen con cuidado y diligencia los dichos decretos en todo lo que les pertenece, y que pongaan todo su pensamiento, cuidado, resolución y conato en que resplandezca más y más en los fieles de la República de Guatemala la pureza de la doctrina católica, el brillo del culto divino, el esplendor de la disciplina eclesiástica, la observancia de las leyes de la iglesia, y la honeslidad de las costumbres.

Decretando que estas presentes letras en ningún tiempo puedan ser notadas ó impugnadas por vicio de subrepción, obrepción ó nulidad, ó por delecto de nuestra intención ó cualquiera otro por grande é impensado que sea, sino que siempre sean y serán firmes, válidas y eficaces, y obliguen y consigan sus plenos é íntegros electos, y que se deben observar inviolablemente cuanto tiempo se guarden las condiciones y efectos, espresados en el tratado; no obstante las constituciones apostólicas y las sinodales provinciales y los consilios universales dadas como generales, y las determinaciones y reglas nuestras y de la Cancillería apostólica, y las fundaciones de cualesquiera iglesias, cabildos y otros lugares piadosos, aun corroboradas por confirmación apostólica, ó por cualquiera otro poder, y también los privilegios otorgados y las letras apostólicas en contrario, de cualquier modo concedidas, confirmadas y renovadas y todas las demás cosas en contrarío. A todas y cada una de las cuales, teniendo su tenor por espreso é inserto á la letra, debiendo quedar por lo demás en su vigor, derogamos especial y expresamente solo para efecto de las presentes.

(Nota de HoyHistoriaGT: los privilegios de la Iglesia Católica recuperaron el esplendor que tuvieron en la época colonial con grandes haciendas y poblados a su disposición. Incluso los jesuitas retornaron al país, después de que fueran expulsados por las autoridades españolas en 1767. Guatemala se convirtió así en un refugio para los eclesiásticos, que eran expulsados de muchos país de latinoamérica dado el influjo de las ideas liberales en esa época).

Siendo además difícil que las presentes letras lleguen a cada uno de los lugares, en los cuales deba hacerse fé de ellas, decretamos y mandamos por la misma autoridad apostólica que se de plena fé a todas sus copias, aun impresas, con tal que estén suscritas por algún notario público y selladas con el sello de alguna persona eclesiástica constituida en dignidad, lo mismo que si se exhibieran y manifestaran las presentes letras. También hacemos írrito y de ningún valor, si llegare a acontecer, lo que se atentase a sabiendas ó por ignorancia en contrario acerca de ellas por cualquiera persona de cualquiera autoridad. No sea licito á ningún hombre el infringir ó contrariar con atrevimiento esta págna de nuestra concesión, aprobación, ratificacion, aceptación, exhortación, decreto, derogación, mandato y voluntad. Si alguno presumiere atentarlo, sepa que incurrirá en la indignación de Dios Omnipotente y de los bienaventurados apóstoles San Pedro y San Pablo.

(Nota de HoyHistoriaGT: el Concordato fue abandonado por el gobierno de J. Rufino Barrios luego de la expulsión de las órdenes regulares y del arzobispo, de la confiscación de todos sus bienes y de la eliminación del diezmo obligatorio. Se estima que a Barrios lo tenía sin cuidado la indignación que aquí se menciona).

Dado en Roma en Santa María la Mayor, el año de la Encarnación del Señor mil ochocientos cincuenta y tres, el dia tres de agosto, de nuestro pontificado año octavo.


BIBLIOGRAFIA:


24 de julio de 1839: Guatemala y Nicaragua firman una alianza en contra del presidente liberal de El Salvador, Francisco Morazán

24julio1839
Dibujo a lápiz del general Francisco Morazán. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Para 1839 la República Federal de Centro América por la que tanto habían luchado los criollos liberales prácticamente había colapsado, aunque su principal caudillo, el general Francisco Morazán seguía siendo el presidente federal. La figura del general Rafael Carrera en Guatemala iba a ser decisiva para terminar tanto con la Federación como con la carrera política del caudillo hondureño, ya que Carrera guardaba un enorme resentimiento hacia Morazán por las atrocidades que este había cometido contra los campesinos del Oriente guatemalteco y contra su propia familia y no iba a descansar hasta derrotar al caudillo liberal.

El 6 de abril de 1839 Morazán se enfrentó al general hondureño Francisco Ferrera, en la batalla del Espíritu Santo, cerca del rió Lempa. Ferrera había pactado una alianza con Carrera y aunque las tropas federales alcanzan el triunfo, quedaron debilitadas. Esto sirvió para que los criollos liberales salvadoreños ratificaran su confianza en Morazán fuera elegido presidente de El Salvador.

Carrera contraatacó.

El 24 de julio de 1839, Nicaragua y Guatemala celebraron un tratado de alianza en contra del gobierno salvadoreño, al mismo tiempo que Carrera llamó a los salvadoreños a la insurrección popular, lo que provocó algunos levantamientos, que fueron vencidos sin mucho esfuerzo por el gobierno de Morazán.

La ofensiva contra el gobierno de Morazán persistió. Al no lograr subvertir desde dentro la autoridad del presidente salvadoreño, tropas hondureñas y nicaragüenses invadieron el país a finales de septiembre de 1839. Nuevamente el general Morazán, con seiscientos salvadoreños derrota en la batalla de San Pedro Perulapán a los más de dos mil invasores comandados por los generales conservadores.

Al enterarse de que Carrera había retomado por la fuerza el Estado de Los Altos (que era el refugio de los criollos liberales en el occidente de Guatemala), y envalentonado por su reciente victoria, Morazán decidió invadir Guatemala por segunda vez y acabar con el general campesino de una vez por todas. La derrota que sufrió en la Ciudad de Guatemala en 1840 a manos de las fuerzas de Carrera sería el final de la Federación y de la carrera política de Morazán.


BIBLIOGRAFIA:


17 de julio de 1856: el gobierno del general Rafael Carrera emite un decreto para proporcionar fondos adicionales a la Nacional y Pontificia Universidad de San Carlos

17julio1856
El edificio de la Nacional y Pontificia Universidad de San Carlos, convertido en la Escuela Facultativa de Derecho y Notariado del Centro en 1895. Imagen tomada de El Porvenir de Centro América.

En 1855, el gobierno del general Rafael Carrera emitió un decreto reformando los estatutos de la Nacional y Pontificia Universidad de San Carlos de Guatemala, por su importancia en el buen orden social, para evitar los abusos que se estaban cometiendo y la actualización de los estudios eclesiásticos basados en lo dispuesto en el Concordato celebrado con la Santa Sede en 1854.

En primer lugar, el estatuto fundamental de la Pontificia Universidad pasó a ser nuevamente las constituciones de la Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo, aprobado por el rey Carlos II el 20 de febrero de 1686, los cuales se iban a observar tal y como estaban en uso en 1821, al momento de la Independencia de Centroamérica.  Por supuesto, en caso de que hubiera discrepancias derivadas de los cambios que habían ocurrido en el gobierno y la sociedad guatemalteca en los últimos treinta años, el Rector quedaba facultado para decidir lo que más le conviniera a la universidad.

La influencia de la Iglesia Católica sobre la formación universitaria quedó de manifiesto cuando se formó un claustro de consiliarios que elegiría al rector, conformado de la siguiente forma:

  • Doctores:
    • Facultad de Cánones: Juan José de Aycinena, marqués de Aycinena, obispo in partibus de Trajanópolis y arcediano de la Catedral Metropolitana
    • Facultad de Teología: Basilio Zeceña, consejero de Estado
    • Facultad de Leyes: Pedro Valenzuela, consejero de Estado
    • Facultad de Medicina: Quirino Flores, protomédico
  • Bachilleres:
    • Padre Nicolás Arellano, prepósito de la congregación de San Felipe Neri
    • Fray Juan Félix de Jesús Zepeda. guardián de la comunidad de San Francisco
    • Francisco Abella
    • Presbítero Vicente Hernández

El requisito de ingreso a los estudios de bachillerato era haber aprobado latinidad y, en el caso de los estudiantes de medicina y de farmacia, ciencias naturales; ahora bien, el decreto de reforma estipulaba que los alumnos del Colegio Tridentino, del Colegio de Infantes y del Colegio de la Compañía de Jesús podían optar inmediatamente al grado de bachiller, previa certificación.  Las cátedras generales impartidas eran filosofía, y matemática (que incluía geometría, trigonometría y álgebra), y los planes de estudio eran los siguientes:

  • Teología: 3 años
    • Dogma
    • Moral
    • Escritura Sagrada
  • Derecho civil y canónico:
    • Cánones
    • Leyes
    • Instituta
    • Derecho natural
  • Medicina:
    • Anatomía descriptiva
    • Fisiología
    • Cirugía
    • Patología externa
    • Medicina legal
    • Patología interna
    • Higiene

Para el funcionamiento de la institución el gobierno asignó una pensión anual de cuatro mil pesos, y le asignó las matrículas, propinas y derechos para los grados, con la que se esperaba cubrir el presupuesto estimado de seis mil quinientos pesos, pero no fue suficiente.  Así pues, el 17 de julio de 1856, se mitió el siguiente decreto para mejorar las finanzas de la universidad:

  • Artículo 1°.— Todos los empleados de la administración pública, inclusos los de las corporaciones civiles, y con excepcion de los militares, pagarán a la arca de la universidad, por una sola vez y al librárseles el título, el dos por ciento de la renta o sueldo de un año, siempre que exceda de trescientos pesos; e igual impuesto pagarán los que obtengan beneficios eclesiásticos titulares; si los proventos ó rentas de un año pasaren de trescientos pesos. En los mismos casos pagarán el uno por ciento, si fueren nombrados interinamente.
  • Artículo 2°.— En los casos en que por las leyes vigentes se adeude alcabala por la venta, arrendamiento e imposición de censos, sobre fincas urbanas ó rusticas, en los mismos se pagará el uno por ciento, en beneficio de la universidad.
  • Artículo 3°.— Por la emisión de títulos de abogados, escribanos, médicos y cirujanos, farmacéuticos, agrimensores e ingenieros civiles, se pagará a la universidad por aquellos en cuyo favor se libren la suma de doce pesos; e igual impuesto se pagará por las venias de edad, para administrar bienes, y por los autos de emancipación, no pudiéndose librar los despachos respectivos, sin que previamente se haga constar haberse hecho el entero, con certificación del tesorero de la misma universidad.
  • Artículo 4°.— Quedan vigentes los derechos de grados mayores y menores, y los de matrículas y exámenes, de la manera que se hallan establecidos; y se derogan las demás disposiciones que fijaron rentas primeramente a la academia de estudios y después a la universidad.

BIBLIOGRAFIA:


17 de junio de 1843: el marqués de Aycinena protesta contra la formación de un gobierno unitario en Centroamérica tras haberlo apoyado a capa y espada en 1824

17junio1843
Plano original de la Mansión Aycinena en la Nueva Guatemala de la Asunción.  Siendo la principal familia del Reino de Guatemala, los Aycinena tuvieron un lugar privilegiado con su mansión ubicada en la Plaza de Armas, detrás del portal del Comercio.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Luego de la proclamación de la Independencia en 1821 y de la separación de Centro América del Primer Imperio Mexicano en 1823 se dividió la opinión respecto a la forma de gobierno. Esta fue una razón más para que se formaran los dos bandos criollos que aparecieron; los miembros del partido aristócrata o conservador abogaban por una forma de gobierno unitario, similar a la que había hasta entonces, mientras que los fiebres o liberales apoyaron la creación de una federación similar a la de los Estados Unidos.

Tras largas discusiones los liberales prevalecieron y se estableció la República Federal de Centro América, con cinco estados creados para halagar a los criollos que radicaban en ello y que tenían muy poco en común, salvo un resentimiento hacia las autoridades aristócratas que vivían en Guatemala cuyo líder, el marqués de Aycinena protestó contra la forma federativa y trató en vano de impedir que se implementara. El marqués escribió un folleto en los Estados Unidos contra la Constitución de 1824 que, por estar cubierto por un papel amarillo, se le llamó “El Toro Amarillo“. El líder liberal José Francisco Barrundia respondió a Aycinena, quien respondió con dos publicaciones más pero no logró su cometido.

La situación en Centroamérica cayó en una espiral destructiva que degeneró en la Guerra Civil Centroamericana, la expulsión de los aristócratas del territorio y la separación de la Federación. Para 1842 los aristócratas habían regresado al poder en Guatemala y la cuestión de la Unión Centroamericana resurgió. En abril de dicho año se reunió en Chinandega la Convención de los Estados centroamericanos, a la que asistieron El Salvador, Honduras y Nicaragua con la intención de formar un gobierno unitario para la región. Concluyeron que lo que había qué hacer era establecer un gobierno nacional provisorio nombrado por la Convención el cual sería ejercido por un Supremo Delegado quien, a su vez, nombraría a un Ministro de Relaciones Exteriores e Interiores y dispondría de una milicia nacional. A fin de lograr que el gobierno conservador en Guatemala aceptara lo estipulado en la Convención se propuso preparar lo necesario para establecer un Concordato con la Santa Sede y procurar del Gabinete de Madrid el reconocimiento de la independencia de Centro- América.

El Supremo Delegado fue Antonio José Cañas, quien inmediatamente envió una invitación al gobierno de Mariano Rivera Paz para que entrara en la Convención.
Era el gobierno unitario que tanto habían deseado los aristócratas guatemaltecos. Pero Guatemala presentó una respuesta del marqués Aycinena al licenciado don Francisco Castellón con fecha del 17 de junio de 1843 que leía:

“Mi gobierno se ve en la necesidad de reiterar la protesta que tantas veces ha hecho, de NO ESTIMAR POR OONVENIENTE NI PRACTICABLE en Centro América el establecimiento de una forma de gobierno unitario, porque esto no haría más que sumir al país en mayores desgracias de las que hasta ahora se han sufrido.”

El completo giro en la posición de Aycinena se debe a las persecuiones y expropiaciones contra los aristócratas que ocurrieron tras la invasión a Guatemala por las fuerzas de Francisco Morazán en 1829. En 1842, con el fuerte apoyo del general campesino Rafael Carrera y la caída en desgracia de Morazán, los conservadores comprendieron que estaban mejor formando su propio estado, y así lo hicieron.


BIBLIOGRAFIA:


 

14 de octubre de 1843: el gobierno conservador otorga la región sur de Izabal en concesión a la Compañía Belga de Colonización para que desarrolle el área

13octubre1843
Mapa de la colonia belga establecida en 1843.  Imagen tomada de Amérique centrale. Colonisation du district de Santo-Thomas de Guatemala par la Communauté de l’Union, fondée par la Compagnie Belge de Colonisation. Collection de renseignements publiés ou recueillis par la Compagnie

El interés de las grandes potencias europeas en el istmo centroamericano se disparó luego de la Independencia de la región en 1821.  Los primeros en extenderse en la región fueron los ingleses, quienes ya tenían su emplazamiento en Belice, pero también llegaron los holandeses y los belgas.

El 14 de octubre de 1843, el gobierno conservador, aconsejado por el Obispo Juan José de Aycinena y Piñol (marqués de Aycinena)  le dio a la Compañía Belga de Colonización la región sur de Izabal a perpetuidad a cambio de lo siguiente:

  • la compañía pagaría dieciséis mil pesos cada año al gobierno de Guatemala,
  • ​los colonos se convertirían al catolicismo y adoptarían la ciudadanía guatemalteca,
  • daría al gobierno guatemalteco dos mil fusiles,
  • construiría un puente de metal sobre el río Motagua; y
  • construiría un puerto en la bahía de Amatique, en la localidad de Santo Tomás de Castilla, el cual gozaría de considerables concesiones y privilegios.

La colonia tendría el privilegio de tener su propio gobierno, pero los conservadores consideraron que teniendo belgas católicos en la región sería una contención a las pretensiones de los británicos protestantes y su contrabando comercial en Belice.

Sin embargo, las condiciones del área eran inhóspitas y empezaron a mermar rápidamente la salud de los belgas. Para 1850, la colonia ya había fracasado, las obras de infraestructura prometidas no se construyeron, y los colonos belgas se habían dispersado al interior de la República, de forma que el 19 de enero de 1853 ​la Cámara de Representantes de la República emitió un decreto por el cual retiraba todas las concesiones otorgadas a los belgas y declaraba nulo el contrato establecido en 1843.


BIBLIOGRAFIA:


 

23 de mayo de 1854: los pueblos aclaman como presidente vitalicio de Guatemala al capitán general Rafael Carrera

 

23mayo1854
Acta que declara al capitán general Rafael Carrera como presidente vitalicio de Guatemala.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El 23 de mayo de 1854, los representantes civiles, militares, y religiosos de todos los corregimientos  y principales poblaciones del país prácticamente al unísono acordaron nombrar como presidente vitalicio al capitán general Rafael Carrera y Turcios.  Y también los principales miembros de su gobierno estuvieron de acuerdo con este nombramiento.1

El gobierno del general Carrera era muy particular, ya que estaba estructurado por tres grandes grupos de poder:  el propio general Carrera y su férrea personalidad, la familia Aycinena y los altos mandos del clero secular, encabezado por el arzobispo Francisco de Paula García Peláez.  Había incluso personajes que estaban en varios grupos, tal el caso del marqués Juan José de Aycinena, quien no solamente era obsipo de Trajanópolis, sino que además era rector de la Pontificia Universidad de San Carlos y Ministro de Asuntos Eclesiásticos del gabinete de Carrera.  Aparte de esto, Carrera tenía una excelente relación con los líderes indígenas y gracias a los pactos que suscribió con éstos mantuvo la integridad de la República.2

Aquel gobierno conservaba la influencia de la Iglesia Católica e incluso celebró un Concordato con la Santa Sede en 1852. 3 Solamente la fuerte personalidad del general Carrera y su gran habilidad militar evitó que las fuerzas de los criollos liberales centroamericanos invadieran el país, aunque lo intentaron varias veces. 2 México, por su parte, inmerso en su propia guerra de Reforma y luego en la guerra contra las fuerzas estadounidenses y francesas, no tuvo injerencia en Guatemala en ese tiempo.

Aunque los autores liberales retrataron al gobierno de Carrera como una época oscura y retrógrada en donde él era simplemente el brazo armado de los Aycinena,4 esto no pudo ser más lejano a la realidad pues fueron los criollos conservadores quienes tuvieron que aceptar a Carrera como presidente para no tener que salir del país ya que no eran bienvenidos por los regímenes liberales del área y, además querían evitar a toda costa que los indígenas los lincharan, como estaba ocurriendo en Yucatán con la Guerra de Castas. Y así el nombramiento como presidente vitalicio fue hecho oficial el 25 de octubre de 1854, por medio de un acta en la que se aconsejaba modificar la constitución para reflejar que Carrera era presidente de por vida.2

He aquí como describe el escritor Federico Hernández de León el momento en que Carrera fue elegido presidente perpetuo:1

“Esta traición a las instituciones políticas, cometida por las generaciones del año 54, alcanza una excusa.

Ya era mucha la fatiga ocasionada con treinta años de guerrear.  No había garantía ni para la persona, ni para los bienes.  La agricultura incipiente, las industrias reducidas, el comercio sin in desarrollo beneficioso, se sentían aún más constreñidos, por causas de las revueltas internas y de las invasiones de los otros Estados. Liberales y conservadores se habían sucedido en el poder y, ni las restricciones, ni los procedimientos drásticos, ni la habilidad política, ni la hombría de bien, ni la astucia, dieran resultado para ordernar tanto alboroto.  Solo Carrera lograra, con la rudeza de su espada, aquietar Los Altos, sofocar los levantamientos de la Montaña, poner en cintura a los agitadores y dar la acción de La Arada, que equivalía al sometimiento de Honduras y El Salvador.1

Y los pobres guatemaltecos de mediados del siglo [XIX] vieron en Carrera a un Salvador y buscaron su arrimo.  No les importó cometer la inmensa traición a los principios de la democracia defendida y preconizada: lo que los pueblos ansiaban era sosiego, una tranquilidad que les prestara garantía de vida y de acción. -¿A qué costo?- A cualquiera: ya no importaban los procedimientos.  Paz era lo que necesitaban; paz a cualquier precio para poder dedicarse a distender las actividades.  Y Carrera daba las seguridades de poner en cintura a todo el mundo, a los de arriba como a los de abajo, a los de fuera como a los de dentro.5

A Carrera le llamaban ‘Caudillo’, ‘Salvador de la Patria’, ‘Protector de la Religión’, ‘Hijo Predilecto’, ‘Enviado de la Providencia’; el clero veía a Carrera con arrobos místicos, la aristocracia con respeto profundo,, los liberales con terror, el pueblo con simpatía. El guerrillero se imponía: el rudo montañés, era por estos tiempos un hombre que ya leía y firmaba, que se trajeaba como un dandy, que conservaba con alguna soltura y salpicaba sus frases de observaciones pertinentes, que galanteaba a las niñas bien y que, cada vez que se avistaba con el consul inglés Mr. Chattfield, le decía con acento de la otra vida: -‘Hallo, Mr. Chattfield; how do you do’?5

[…]

Habrá de confesarse que Carrera no llegó a más porque no quiso.  El país se le ponía bajo sus plantas: el servilismo y el vasallaje de los guatemaltecos, tocaba las lindes.  Triste herencia, que después se repitiera ante la figura del general Barrios y, más tarde, ante la […] de Estrada Cabrera.”5

Y así, Carrera gobernó hasta su muerte, ocurrida el 14 de abril de 1865.

Entre los firmantes del acta del 25 de octubre hay varios personajes históricos que se pueden clasificar en tres grupos: correligionarios de Carrera durante su época de guerrillero, los miembros del clero y los miembros del partido conservador.  He aquí algunos de ellos:6

  • Francisco:  es el arzobispo Francisco de Paulo García y Peláez, líder del clero secular
  • Manual Francisco Pavón:  miembro prominente del clan Aycinena y ministro de Gobernación y de Asuntos eclesiásticos
  • Pedro de Aycinena: miembro del clan Aycinena y ministro de Relaciones Exteriores
  • Luis Batres Juarros: miembro del clan Aycinena y Consejero de Estado
  • Mariano Paredes: expresidente de Guatemala, y brigadier del ejército
  • Pedro José  Valenzuela: expresidente de Guatemala y vice-rector de la Pontifica Universidad de San Carlos
  • Vicente Cerna: correligionario de Carrera desde la época de las guerrillas campesinas y corregidor de Chiquimula; sería presidente de Guatemala de 1865 a 1871.
  • J. Ignacio Irigoyen: miembro del clan Aycinena, brigadier y corregidor de Quetzaltenango
  • Santos Carrera: hermano y correligionario de Carrera, y coronel del ejército.
  • Joaquín Solares: general y correligionario de Carrera
  • Serapio Cruz (“Tata Lapo“): general, y quien luego sería elevado a héroe liberal por morir en una revolución contra el presidente Vicente Cerna.
  • José Víctor Zavala: general, amigo personal de Carrera y diputado en la Cámara de Representantes
  • Fr. José Ignacio Méndez: superior del convento de Santo Domingo
  • Fr. Julián Hurtado: guardián del Colegio de Cristo
  • José Milla y Vidaurre: escritor, representante en la Cámara y oficial mayor del Ministerio de Relaciones Exteriores6

El lector interesado puede darse una idea de como era la vida durante la larga presidencia del general Carrera leyendo la obra de José Milla y Vidaurre “Cuadros de Costumbres7 y la de Ramón SalazarEl tiempo viejo: recuerdos de mi juventud8  las cuales describen ese período desde la perspectiva de los criollos conservadores, y la de los liberales, respectivamente.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. Tomo II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 335.
  2. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (Edición en línea) (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.
  3. Aycinena, Pedro de (1854). Concordato entre la Santa Sede y el presidente de la República de Guatemala (en latín y Español). Guatemala: Imprenta La Paz.
  4. Aguirre Cinta, Rafael (1899) Lecciones de Historia General de Guatemala. Arregladas para uso de las escuelas primarias y secundarias de ésta República.  Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 114-165.
  5. Hernández de León, El libro de las efemérides. pp. 336-337.
  6. Junta General de Autoridades (1854). Acta declarando presidente vitalicio al capitán general Rafael Carrera. Guatemala: Imprenta de la Paz.
  7. Milla y Vidaurre, José (1865). Cuadros de costumbres guatemaltecas. Guatemala: Imprenta de la Paz.
  8. Salazar, Ramón A. (1896). El tiempo viejo: recuerdos de mi juventud. Guatemala: Tipografía Nacional.