24 de marzo de 1839: Carrera y las huestes de Mita lanzan proclama contra Morazán

El teniente coronel Rafael Carrera y sus huestes de Mita, entonces concentradas en las serranías de Mita, lanzan una proclama contra Francisco Morazán, desconociendo al gobierno de Carlos Salazar y a la Asamblea de Guatemala.

24marzo1839
Vista panorámica de Mataquescuintla desde el mirador de Colis. En el recuadro: fotografía del capitán general Rafael Carrera cuando ya era presidente vitalicio de Guatemala en 1854. Imágenes tomadas de Mirador de Mataquescuintla «Colis» y de Pantheon World.

El 18 de enero de 1839 los nuevos gobiernos de Honduras y Nicaragua —que se habían declarado Estados Independientes de la República Federal de Centro América en 1838— formaron una alianza ofensiva y defensiva en contra del Presidente Federal Francisco Morazán.1 Ambos estados se habían separado de la Federación cuando Morazán no quiso convocar a elecciones presidenciales2 y el 18 de mayo de 1838, en la sesión del Congreso Federal, se acordó autorizar a los estados a reorganizarse como mejor les pareciera, sin tomar en cuenta las leyes nacionales, lo que fue aprovechado por Honduras, Nicaragua y Costa Rica para separarse definitivamente de la Federación.3

Aquel tratado de alianza significó el principio del fin para Morazán, y de la República Federal, formada ya solamente por Guatemala, Los Altos y El Salvador.  El tratado favorecía las aspiraciones del Jefe de las Armas de Honduras, el caudillo conservador Francisco Ferrera, quien le dió la noticia del mismo al teniente coronel Rafael Carrera, quien en ese momento se encontraba en las serranías de Mita, luego de haber firmado el tratado de «El Rinconcito«.1

El 24 de marzo de 1839 el teniente coronel Rafael Carrera y su ejército —las huestes de Mita—, hicieron un pronunciamiento en Mataquescuintla, desconociendo todos los actos de la Asamblea Ordinaria de Guatemala —convocada por el presidente federal Francisco Morazán— y al Jefe Provisorio Carlos Salazar, que había sido confirmado por dicha Asamblea luego de que Morazán sustituyera por sí y ante sí al Jefe de Estado Mariano Rivera Paz el 30 de enero de ese año.4,5   En aquella proclama Carrera señaló que continuaría con sus esfuerzos en Guatemala y proclamó la soberanía estatal como uno de sus principios; además, anunció su cooperación con Ferrera, el 24 de marzo de 1839, y se pronunció contra Morazán.6

Los fuerzas de Carrera unieron la acción a la palabra, y el 13 de abril tomaron la ciudad de Guatemala, haciendo huir a Salazar por los tejados de las casas y restituyendo al Jefe de Estado Mariano Rivera Paz.6  En recompensa, el gobierno guatemalteco ascendió a Carrera al cargo de Generla de Brigada.7

Cuatro días después, el 17 de abril, Rivera Paz anunció que Guatemala se separaba de la Federación,8 y el 12 y 14 de agosto se firmaron tratados con los otros estados independientes, reconociendo la soberanía mutua sin que se impidieran las alianzas y una eventual reunificación.6 Tal fue el inicio del Gobierno Conservador de los 30 años en Guatemala.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Montúfar y Rivera Maestra, Lorenzo (1879) Reseña Histórica de Centro América, III. Guatemala: Tipografía de El Progreso. p. 283.
  2. Coronado Aguilar, Manuel (1975) Apuntamientos para la Historia de Guatemala. Guatemala: Editorial del Ejército.  pp. 138, 157.
  3. Ibid.,  p. 158.
  4. Solís, Ignacio (1906) Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. (1) Tip. de Sánchez y de Guise. Guatemala. p. 87.
  5. Marure, Alejandro (1895) Efemérides de los Hechos Notables acaecidos en la República de Centro América desde al año de 1821 hasta el de 1842. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 113.
  6. Woodward, Ralph Lee Jr. (1983) La Política Centroamericana de un Caudillo Conservador. Rafael Carrera, 1840-1865.  En: Anuario de Estudios Centroamericanos. 9. Costa Rica: Universidad de Costa Rica. p. 56.
  7. Coronado Aguilar, Apuntamientos para la Historia de Guatemala, p. 544.
  8. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala compuesta y arreglada pa virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 46-48.

18 de mayo de 1838: se rompe el Pacto de la Federación Centroamericana

Luego de que Francisco Morazán se negara a convocar a elecciones, el Congreso Federal autoriza a los estados a organizar como mejor les parezca rompiendo el Pacto de la Federación Centroamericana

18mayo1838
Palacio Nacional de San Salvador, en la época en que allí funcionaba la capital federal de Centro América.  En el recuadro: el presidente de la República Federal, Francisco Morazán, quien se había negado a convocar a elecciones en 1839, provocando así el rompimiento del Pacto Federal. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

La Ruptura del Pacto Federal Centroamericano ocurrió de hecho el 18 de mayo de 1838, cuando se reunió el Congreso Federal en San Salvador, entonces la capital federal, en vista de que el presidente, el general liberal Francisco Morazán, no había convocado a las elecciones generales que debían realizarse ese mismo año, ya que su período presidencial y el del vicepresidente terminaba el 1 de marzo de 1839.1 En aquella sesión del Congreso se acordó autorizar a los estados a reorganizarse como mejor les pareciera, sin tomar en cuenta las leyes nacionales. Los Estados de Nicaragua, Honduras y Costa Rica no lo pensaron dos veces y se separaron del pacto federal, constituyéndose en naciones soberanas, libres e independientes, dejando a la República Federal formada únicamente por Guatemala, El Salvador y El Estado de Los Altos.1

El 7 de julio de 1838, el Congreso Federal emitió su último decreto, indicando que «los estados federados de Centro América son, y por derecho deben ser, cuerpos políticos, soberanos, libres e independientes«.2  Ante esto, la Asamblea Legislativa del estado de Guatemala, que estaba sumergido en una guerra civil que ya había derrocado al gobierno del Jefe de Estado, Dr. Mariano Gálvez y provocado la pérdida de la mitad de su territorio por la segregación del Estado de Los Altos, emitió el siguiente decreto:3

«La Asamblea Legislativa del Estado de Guatemala, considerando: que el decreto del congreso de 30 de mayo último que deja en libertad a los estados para reconstituirse libremente sin las restricciones del título 12.° de la constitución federal, y su aclaratoria de 9 de junio que deja vigentes las partes 2a. y 3a. del artículo 178 del mismo título, relativas a las contribuciones y fuerzas permanentes que corresponden a la federación, envuelven una reforma conveniente y necesarioa: que los estados deben recobrar el poder que les corresponde en su capacidad política; y ha llegado el momento de que se constituyan por sí mismos segun sus aptitudes; y que este paso clásico de la libertad, no debe darse, por el interés mismo de la paz pública, relajando el lazo que une los estados a la federación, y anulando indirectamente el poder nacional, mientras éste se reforma y se establece mas en armonía con los principios de los gobiernos populares; ha tenido a bien decretar y decreta:Admítese por el estado de Guatemala el decreto del congreso de 30 de mayo del corriente año, que reforma el título 12.° de la constitución federal, con las explicaciones hechas por el mismo congreso en su resolución de 9 de junio último.»3

Y poco después, emitió un nuevo decreto convocando a la elección de una Asamblea Constituyente para que se emitiera una constitución para el Estado, que para entonces estaba sumido en la anarquía y con un territorio muy reducido:4

La Asamblea Legislativa del Estado de Guatemala, considerando:

Que la constitución dispone convocar una asamblea constituyente cuando el título 12.° de la constitución federal fuere alterado por la República, como se ha verificado ya por un decreto del congreso, admitido por la mayoría de los estados;

Que el pacto social se ha disuelto por la creación de un nuevo estado en Los Altos, acordada también por el congreso, y establecídose de hecho un gobierno independiente al de Guatemala;

Que es necesario, además, restablecer la calma y majestad del estado, por una medida pronta y salvadora, hallándose actualmente su poder legislativo sin la basa y propiedad de representación que le corresponde; agitado en lo interior por las facciones; empeñado en una guerra de los bárbaros contra la civilización; y sin vigor ni eficacia la ley fundamental que lo ha regido, ni los poderes supremos que lo constituyen:

Considerando sobre todo, que es indispensable reconstruir la la sociedad por ella misma y convocar al soberano cuando su ley primordial no se escucha, o se ha alterado por la discordia civil; y que cualquiera que sea la razón suprema de reunir al pueblo para que restablezca el pacto, el medio de verificarlo debe ser el más claro y directo, a fin de que expida su voz soberana por el órgano de sus representantes inmediatos; que la sociedad tiene siempre un derecho inconcuso e inenagenable de examinar, de admitir o reprobar la ley, que, en uso de los poderes supremos que ha conferido, le hayan dado sus representantes al constituirla;

No pudiendo hacer un poder superior a la sociedad, y siendo la elección directa y la sanción inmediata del pueblo, los dos únicos medios de pronunciarse, al restablecer su pacto y crear los poderes supremos y los derechos primordiales de la ley fundamental;

Teniendo el cuerpo legislativo el mayor respeto a los derechos del pueblo de Guatemala, y a los principios democráticos que profesa y que constituyen desde la independencia nuestra organización social, dispone consignarlos especialmente en la acción directa del pueblo para el nombramiento de sus mandatarios; en la revisión por él mismo de su ley fundamental; y en la creación de un cuerpo constituyente numeroso, en que puedan ser bien representados los diversos intereses sociales, deliberadas sabiamente las leyes y presentada con majestad la imagen del pueblo en un cuerpo nacional; por tanto ha tenido a bien decretar y decreta:

Artículo 1.°: es convocado el pueblo del estado de Guatemala para formar por elección directa una grande asamblea constituyente que no bajará de cincuenta representantes, revestida de todo el poder supremo para reformar, adicionar o conservar en todo o en parte la constitución actual de Guatemala.

Artículo 2.°: Un reglamente para las elecciones será dado por el cuerpo legislativo; y a la asamblea constituyente será reunida el 1 de noviembre.

Artículo 3.°: La constitución o la reforma que hiciera la asamblea constituyente, con cualquier alteración que tenga la constitución actual, será revisada inmediatamente, por el pueblo, y los ciudadanos votarán individualmente por su admisión o desaprobación, segun la ley reglamentaria que la misma asamblea constituyente emitiera para esta última expresión de la voluntad pública, a que deberá arreglarse todo el estado.

Comuníquese al consejo representativo para su sanción.4

A pesar de los rimbombantes términos en que el decreto anterior fue redactado, aquella constituyente se reunió pero nunca emitió una constitución, debido a que la anarquía se mantuvo en Guatemala hasta 1851 a pesar de la mano dura que empleó el general Rafael Carrera.  El mismo Carrera fue víctima de un atentado contra su vida cuando un grupo radical se cansó de esperar que se emitiera una constitución, e incluso otras asambleas se reunieron después para ese efecto pero no consiguieron emitir la carta magna sino hasta que, después del triunfo de Carrera en la Batalla de La Arada, por fin se emitió la constitución de 1851, la cual favorecía al general victorioso y a los miembros del clero.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. I Guatemala: Editorial del Ejército. pp. 157, 235, 246, 272 y 304.
  2. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada en virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. p. 49.
  3. Ibid, pp. 43-44.
  4. Ibid, pp. 44-45.
  5. Coronado Aguilar, Apuntamientos para la Historia de Guatemala, pp. 282-286.

3 de mayo de 1865: eligen al Mariscal Cerna como presidente

La Cámara de Representantes elige al Mariscal Vicente Cerna como presidente de Guatemala

3mayo1865
El Mercado central de la Ciudad de Guatemala, construido por el gobierno del Mariscal Vicente Cerna y destruido por el terremoto de 1976.  En el recuadro: el Mariscal Cerna.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El licenciado Pedro de Aycinena asumió la presidencia provisoria tras la muerte del Capitán General Rafael Carrera el 14 de abril de ese año, ya que de acuerdo a la constitución vigente a él le correspondía por ser el minismo más antiguo.  Su primer acto oficial fue enviar una proclama a la población anunciado la elección del nuevo presidente a la brevedad posible.1,2,Nota

El decreto de Aycinena dice así:

Pedro de Aycinena,

Ministro de Relaciones Exteriores, encargado interinamente del Gobierno;

Por cuanto: ha llegado el caso previsto en los Artículos 5° y 9° del Acta Constitutiva de la República, con motivo del fallecimiento del Excmo. Sr. Capitán General D. Rafael Carrera, Presidente de la República;

POR TANTO:

Con presencia de lo dispuesto en dichos Artículos, y oído el parecer del Consejo de Estado,

TIENE A BIEN DECRETAR Y DECRETA:

Art. 1.° — Se convoca d la Cámara de Representantes, para que constituyéndose en Asamblea general, con la concurrencia de los funcionarios que al efecto designa el Art. 5° se verifique la elección de Presidente Constitucional de la República.

Art. 2° — Con tal objeto, la Cámara abrirá su sesión extraaordinaria el dia 1.° de Mayo próximo entrante; celebrando una Junta preparatoria el dia 28 del corriente.

Art. 3° — El Ministro de Gobernación queda encargado de la Ejecución del presente Decreto.

Dado en el Palacio del Gobierno, en Guatemala, á catorce de abril de mil ochocientos sesenta y cinco.

El Ministro de Gobernación,

        • M. Echeverría.

Y por disposición del Sr. Ministro encargado interinamente del Gobíerno, se imprime publica y circula.— Guatemala, Abril 14 de 1865.

        • Echeverría.3

La elección fue realizada el 3 de mayo de 1865 por los miembros de la Cámara de Representantes que, al igual que como ocurriría con las Asambleas Legislativas que hubo en los gobiernos liberales, estaba compuesta por allegados del fallecido presidente.  Los candidatos que se presentaron fueron el Mariscal Vicente Cerna y el general Manuel González.4   El Mariscal Cerna era de origen mestizo y había sido uno de los correligionarios de Carrera desde la época en que ambos peleaban juntos durante el alzamiento católico campesino que derrocó al gobierno liberal del Dr. Mariano Gálvez en 1838.  Gracias a su amistad con Carrera tuvo puestos de importancia en la administración del gobierno, siendo el Corregidor del entonces vasto departamento de Chiquimula y llegando al máximo escalafón del ejército guatemalteco.  Por otra parte, el general González era descendiente de una de las familias criollas del país, pero quien acababa de regresar de México tras una larga ausencia.4

El Mariscal Cerna resultó electo, y desde su toma de posesión fue llamado «Huevo Santo» por el pueblo guatemalteco dada su parsimonia, la falta de vivacidad en su caráter y, sobre todo, por las estudiadas prácticas jesuitas de piedad y catolicismo con el que el nuevo presidente se presentó ante la sociedad.5  También se dice que fue nombrado así porque, a diferencia de Carrera, no acostumbraba a tener agasajos con jovencitas durante sus viajes a los diferentes poblados que visitaba.


NOTAS:

  • a: es importante destacar que debido a que Carrera había si nombrado presidente vitalico en 1854, la constitución tuvo que ser modificada para regresar al sistema de presidentes electos cada cuatro años.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, elaboradas en virtud de un pedido especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. p. 87.
  2. Lainfiesta, Francisco (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. Período de 20 años corridos del 14 de abril de 1865 al 6 de abril de 1885. Guatemala: Pineda e Ibarra. p. 4.
  3. Aycinena, Pedro de (14 de abril de 1865). Decreto del Ministro de Relaciones Exteriores, Encargado Interinamente de la Presidencia. Guatemala: Imprenta de la Paz. p. 1.
  4. Ibid., p. 5.
  5. Ibid., p. 6.

29 de septiembre de 1897: la revolución castillista de oriente

Se inicia la revolución liderada por el licenciado José León Castillo en el oriente guatemalteco contra el autogolpe de Estado del general presidente José María Reina Barrios.

29septiembre1897
Ruinas de la Iglesia Colonial de Chiquimula. En el recuadro: el licenciado José León Castillo.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En 1897, en medio de la grave crisis económica que provocó en Guatemala el desplome del precio internacional del café  (único producto de exportación de Guatemala en esa época), el general presidente José María Reina Barrios pasó de ser un gobernante democrático progresista, a convertirse en dictador, extendiendo su periódo de gobierno hasta 1902.  Este cambio se inició cuando pidió a la Comisión Permanente de la Asamblea para que convocara a sesiones extraordinarias, pero como ésta se rehusara, lo hizo él mismo como Jefe del Ejecutivo, provocando así que muchos de los diputados renunciaran.  Entonces convocó a una nueva asamblea entre sus allegados, y ellos extendieron su mandato presidencial el 1 de junio.  Este fue el detonante de las revoluciones en su contra, pues se advertía el deseo dictatorial del presidente y se estaban sufriendo los graves efectos de la crisis económica.

Aquel 1 de junio, Reina Barrios envió un telegrama a todos los alcades y gobernadores, para hacerles saber la extensión de su mandato y sus poderes dictatoriales.  Entre los que recibieron aquel telegrama estaban Próspero Morales —su antiguo Ministro de la Guerra— y José León Castillo, a quien el presidente mantenía en Chiquimula como Comandante de Armas para demostrar que no le temía, a pesar de ser un fuerte opositor.  Ambos respondieron lacónicamente al telegrama del presidente el 2 de junio, diciendo que harán del conocimiento de sus subalternos del mensaje presidencial; sus mensajes eran totalmente opuestos a los serviles mensajes del resto de autoridades locales, y presagiaban las revoluciones que ambos encabezarían.

Reina Barrios, a pesar de la grave crisis, seguía empecinado en terminar el Ferrocarril del Norte y contrayendo fuertes préstamos para ello, lo que le acarreaba más animadversión. A finales de agosto de 1897, la nueva Asamblea Constituyente convocada por el presidente entre sus amigos aprobó definitivamente la extensión del gobierno del presidente y la suspensión de la constitución, y fue cuando Castillo se enteró por intermedio del diputado Rosendo Santa Cruz y del telegrafista  Antonio Monterroso (a quien el entonces estudiante Baudilio Palma del Instituto Nacional Central para Varones en la ciudad de Guatemalay le prestó su mula para que viajara hasta Chiquimula) de que Reina Barrios iba a destituirlo y enviarlo a la Penitenciaría Central.1

Castillo ya lo veía venir y con diez mil pesos plata que había conseguido, entregó el puesto y prácticamente huyó para El Salvador junto con Santa Cruz y Monterroso, y con el capitán Salvador Cuellar, Mateo y Vicente Paz Pinto y los cadetes Salomé Prado y Rodolfo Tinoco.  Al llegar a Santa Ana, se enteraron de que el presidente salvadoreño Rafael A. Gutiérrez les prohibió estar en la región fronteriza con Guatemala.  Allí se quedaron entonces, tratando de subsistir, cuando estalló la Revolución Quetzalteca el 7 de septiembre de 1897, lo que hizo más difícil aún su estadía en El Salvador.1

El jefe militar del occidente de El Salvador era el general Tomás Regalado, quien había compañero de estudios de Castillo en Guatemala.  Cuando éste le pidió ayuda, Regalado no dudó en proporcionársela, sin pedir permiso al presidente Gutiérrez.  Así fue como Castillo obtuvo ciento cincuenta hombres al mando del general José Rodríguez de Santa Ana, ciento setenta y cinco rifles y doce mil cartuchos, y pudo ingresar por Chingo (Jeréz) en la frontera de Jutiapa el 29 de septiembre de 1897 a las 4 de la mañana.1

De Chingo pasaron a Coatepeque y de allí a Yupiltepeque, en donde decidieron que lo mejor era atacar Jutiapa desde El Sillón, utilizando para esto un ardid que hizo creer al gobierno de Reina Barrios que sus fuerzas eran de tres mil hombres.  Ante esto, Castillo pidió al general Vicente Farfán, jefe político del departamento, que se rindiera pero cuando éste lo puso a votación, sus hombres —entre quienes estaba un tío político del diputado Santa Cruz— votaron a favor de la lucha, pues aunque eran castillistas, djieron que a pesar de que se había roto el orden constitucional, ante todo eran militares con responsabilidad ante Reina Barrios. Y así, los revolucionarios siguieron en El Sillón, perdiendo tiempo valioso para una revolución de caráter guerrillero de ataques por sorpresa que no está en capacidad de repeler un ataque frontal, aunque recibieron víveres de Zapotitlán, que decidió unirse a los alzados.2

Castillo reunió a los Jefes para hacer un recuento de lo que tenían y encontraron que en ese momento tenían diez mil cartuchos y trescientos hombres.  El general Rodríguez solicitó ciento cincuenta hombres para cortar el paso de los seiscientos chiquimultecos que iban por el Tamarinco a atacarlos, de acuerdo al plan de José María Reina Barrios.  Castillo accedió y ordenó que fueran con él con los coroneles revolucionarios Antonio Monterroso, Salvador Cuellar y Mateo Paz Pinto.  uiso que también fue Santa Cruz, pero Rodríguez se negó porque lo odiaba y no quería tener que fusilarlo.   El general Aguilar también pidió cien hombres para hacer otro frente y en El Sillón se quedó Castillo con el general Pedro Barillas, un piquete de fuerza y algunos soldados, lo que hizo sospechar a Farfán de que algo pasaba pues no lo atacaban.   Los revolucionarios optaron entoncs por salir de El Sillón antes de que Farfán los capturara y se fueron a Yupiltepeque para unirse a los cien hombres de Aguilar y emprender el retorno hacia Coatepeque, lo que muchos han visto como el principio del fracaso  de la revolución.2

En Los Horcones vieron una fuerza que parecía la de Rodríguez, pero resultó se enemiga y le hicieron frente,  Castillo en persona junto con los generales Aguilar y Barillas y el general Ibarra de Atilizaya, El Salvador, junto con el mexicano José María González y once cadetes de la Escuela Politécnica al mando del oficial chileno Ricardo Ramos.  La fuerza gubernamental era la del general Eulogio Flores.  Los revolucionarios triunfaron y se hicieron de algunos pertrechos y hombres que se les unieron.2

Pero para entonces, el gobierno de Reina Barrios ya había desbaratado la revolución de Occidente y empezó a dirigir sus fuerzas hacia el oriente.  Y no ayudó a la causa castillista que los revolucionarios hayan estado dos días en Asunción Mita, Jutiapa, sin hacer nada.2

El general salvadoreño Ibarra fue a Santa Ana a conseguir nuevos elementos del general Regalado, junto con Petrona Godoy.  Ambos consiguieron de Regalado diez mil cartuchos y cuatro mil pesos plata acuñada.  De ese dinero, solamente dos mil pesos llegaron a Castillo, pues el resto, dijo Petrona Godoy, se había usado para pagar al licenciado Salvador Sandoval y al general Máximo Cerna.3

A las fuerzas revolucionarias se unieron José María González, quien había dirigido la Asonada de Chiquimula en 1896, el capitán e ingeniero Isidro Valdez y un oficial de apellido Castañeda de Cuilapa.  El coronel Alfonso Aguilar con el piquete de fuerza «batallón Navajas» fue por el convoy y lo encontró acampando en Santa Rosa.  Mientras los revolucionarios marchaban sobre Chiquimula, eran seguidos por las fuerzas del general Farfán, que no los atacó a pesar de contar con una fuerza de casi dos mil hombres, debido a que era castillista.3

Cuando estaban cerca de San José La Arada, ocurrió un hecho fortuito que sería decisivo para la revolución.  Un tiro se le escapó a un soldado y mató a un sobrino del general Rodríguez, quien ya no estuvo al cien por ciento en el resto de la campaña.  —Castillo y Rodríguez no se conocían antes del movimiento y fueron presentados en la casa del general Regalado—. Por otra parte, la revolución seguía aumentadon con la incorporación del militar Landelino Sandoval con más de treinta hombres armados.  Esa noche acamparon en Santa Rosa, a ocho kilómetros de San José La Arada.  Aquella noche Castillo quiso recorrer las avanzadas, pero Rodríguez lo convenció de que descansara junto con Santa Cruz, ya que él iba a hacer el recorrido con las fuerzas de refresco.  A las dos de la mañana un castillista que venía desde Chiquimula despertó a Castillo para contarle como estaba la situación allá, y Castillo sorprendido le preguntó cómo había llegado hasta él.  El emisario le dijo que el camino estaba libre y que el sorprendido era él al ver cómo Castillo estaba «durmiendo a pierna suelta, casi en las barbas del enemigo que ya estaba ocupando las posiciones de La Arada«. Castillo ordenó la retirada inmediata y al hacerlo se encontraron con el general Rodríguez y el grueso de la fuerza.3

Mientras tanto, fuerzas gubernamentales provenientes de Jalapa y Jilotepeque marchaban hacia Jicampa, comandadas por el coronel Manuel Urrutia, que era castillista, pero quien llevaba instrucciones de atacarlo de inmediato.  Urrutia llevaba paso lento para dar tiempo a que los revolucionarios ganaran terreno, pero Castillo y sus aliados no lo aprovecharon.3

En la mañana del día siguiente, los revolucionarios pasaron revista a la tropa y concluyeron que estaban listos para atacar Chiquimula, pues contaban con diecisiete mil cartuchos y quinientos hombres equipados.  Las tropas que iban a resistirlos provenían de Chiquimula, Zacapa y San Agustín Acasaguastlán y ya estaban formando un triángulo con las fuerzas del coronel Rafael Cabrera al norte, las del coronel Joaquín Flores al oriente, y mil quinientos hombres que ya ocupabn las posiciones en La Arada, al sur, comandaas por el general Elías Estrada.3

El plan de Castillo consistió en enviar al capitán Salvador Cuellar a la media noche para burlar a las fuerzas de Estrada y atacar por sorpresa a Cabrera.  Cuellar cumplió con su cometido y al amanacer había tomado  la cabecera y aumentado sus fuerzas con los castillistas que allí había.  Pero el resto de las fuerzas revolucionarias fue descubierta por las avanzadas en La Arada y tuvo que presentar batalla.  Las fuerzas gubernamentales no presentaron una buena pelea, empezando por el general Estrada, luien se había emborrachado antes de la batalla y no supo como combatir.  Y así tras prácticamente un día completo de combate, las fuerzas del gobierno emprendieron la retirada, dejando tras de sí ochenta mil cartuchos, bombas, un cañón en mal estado y un lote de medicinas.  El mismo general Estrada dejó su mula de raza abandonada al huir, la que  Castillo regaló a Rodríguez que había peleado valientemente.  Y es que la retirada fue tan mal organizada que un grupo de quinientos soldados tinocos al mando del coronel Ramos quedó en su posición y no solamente se entregó, sino que se adhirió a la revolución, presentándose personalmente a Castillo.  Mientras tanto, Cuellar resistió los tres asaltos que hizo el coronel Flores en San Esteban.3

Tras las victorias en La Arada y en Chiquimula, cuando las fuerzas vencedoras de Castillo entraron a Chiquimula los pobladores, y especialmente los estudiantes del Instituto, celebraron como que si hubieran ganado la revolución. En ese momento contaban con mil trescientos hombres con suficientes cartuchos para resistir una semana los ataques de toda la tropa que los rodeaba.  Pero las fuerzas gubernamentales se estaban reforzando y estaban estrechando el cerco contra los revolucionarios, además no había señales de que otras partes del país apoyaran al movimiento.  Las fuerzas orientales que estaban combatiendo a las fuerzas de Próspero Morales en la región occidental del país fueron llamadas a marchas forzadas a atacar a Castillo a Jalapa y Chiquimula, mientras que el general Toledo se puso al frente de un contingente regular que marchó sobre Zacapa, el siguiente objetivo de los revolucionarios. Además, la retaguardia revolucionaria era atacada por el general Florentín González, y tras él venían las fuerzas comandadas por los generales Pío Porta, Vicente Farfán y Manuel Duarte.4

En La Arada, se había quedado la mayor parte de las fuerzas castillistas, además de los quinientos tinecos que del coronel Ramos, todos al mando de las fuerzas era el general Rodríguez.  Por otra parte, de Chiquimula salió un piquete de la fuerza revolucionaria comandada por el coronel Salvador Cuellar hacia Zacapa, quien logró tomar fácilmente la plaza que defendía el Jefe Político, coronel Oliva, pero cometió el grave de error de abandonarla para regresar a notificar la buena noticia a Chiquimula.  Y es que cuando Cuellar salió de Zacapa las fuerzas del gobierno la recuperaron y los revolucionarios se retiraron pensando que se había producido una derrota.  Cuando Castillo se enteró de la torpeza de Cuellar, mandó al señor Santa Cruz a ocuparla nuevamente, junto con toda la tropa de que disponía en Chiquimula.  Pero para entonces, los viajes de ida y vuelta a Zacapa (una distancia de 36 kilómetros por caminos en mal estado)  solamente lograron que las fuerzas del gobierno avanzaran sin ser molestadas.4

Y en La Arada también también se estaban cometiendo errores.  Increíblemente, Rodríguez abandonó las posiciones que recibió, aún sabiendo que en ese lugar en 1851, las fuerzas del general Rafael Carrera habían vencido categóricamente a los liberales gracias a su posición estratégica. Rodríguez, se situó en San Esteban, dejando abierto el camino hacia Chiquimula y a los jefes castillistas que estaban allí prácticamente a merced de las fuerzas del gobierno, pues Castillo había enviado sus útimas fuerzas a Zacapa sin saber que estaba descubierta su retaguardia. Para colmo de males, lo quinientos hombres que comandaba el coronel Ramos se retiraron al ver que su jefe había sido tratado despectivamente por el general Rodríguez.  Y es que los miembros de estas fuerzas ya estaban desmotivadas desde el momento que Castillo (a quien sí respetaban) no los llevó consigo a tomar Zacapa.Solamente se quedaron en La Arada el coronel Manuel F. Rivera con veinticinco hombres y el oficial Paganini de Quetzltenango con ochenta rifleros; al saber de las torpes maniobras de Rodríguez, mandaron a avisar a Castillo para que evitara salir hacia Zacapa a toda costa, pero ya era tarde.4

Cuando Rodríguez se retiró a San Esteban con el grueso de las fuerzas, las tropas gubernamentales del general Florentín González, que habían salido de Santa Rosa, atacaron  la pequeña fuerza de Rivera y Paganini.  Castillo, por su parte, al recibir el mensaje de Rivera, salió para La Arada junto con el general Pedro Barillas, el coronel Alfredo Quiñónez y veinte soldados, al mando del oficial Saberlio Miner.  Con su pequeño grupo, Castillo atacó las fuerzas gubernamentales, reforzando a las de Rivera que resistía con gran ferocidad, y mientras Paganina flanqueaba por el lado izquierdo a las tropas de González.  Aquel innecesario combate no se debió haber producido nunca, de haberse quedado Rodríguez en La Arada.4

Castillo y sus hombres se retiraron y pasaron por Chiquimula para irse a San Esteban, para reunirse con el general Rodríguez llevando los pocos hombres y pertrechos que les quedaban, y los heridos en los últimos combates. Pero allí se encontraron con que el coronel Marcos García, de Mataquescuintla, les contó que las tropas ya habían partido hacia El Salvador encabezadas por el general Rodríguez.  Castillo se enfureció y envió a algunos soldados a caballo para que detuvieran a Rodríguez y que lo esperaran para hablarse.  Así se hizo, y Castillo llegó hasta donde estaban para recriminarles su actitud cobarde y obligarlos a regresar, pero por el camino de Jocotán hacia la frontera con Honduras, pues el camino que habían utilizado ya lo había recuperado el gobierno.  El único motivo para regresar ahora era sacar a Santa Cruz y a Cuellar de Zacapa, en donde estaban como dueños de plaza, pero rodeados por las fuerzas gubernamentales.   Sin embargo, no hubo necesidad, pues Santa Cruz se enteró del desastre que ocurrió en Chiquimula y emprendió la retirada hacia Honduras por el camino de Lanchor y llegó a reunirse con Castillo.3

Santa Cruz y Castillo decidieron apoderarse de Zacapa una tercera vez, y ordenaron a las tropas marchar para allá de inmediato, pero Rodríguez se opuso, pretextando que las tropas estaban cansadas.  Cuando llegaron a Chiquimula, los revolucionarios trataron la extraña actitud de Rodríguez y aunque Santa Cruz dijo que era un plan militar, Macario Sagastume dijo que lo que pasaba era que Rodríguez quería abandonar a Castillo y convertirse en el jefe directo de la revolución.  De acuerdo con Sagastume, Rodríguez iba a dejar a Castillo en Santa Rosa y luego atacaría Jalpa por el camino de Jilotepeque y Pinula.  Ante esto hubo quienes opinaron que fusilaran a Rodríguez de inmediato, pero Castillo, dijo que lo mejor era que éste regresara a Santa Ana, en El Salvador y que le diera parte al general Tomás Regalado, que lo había recomendado, sin olvidar mencionar lo del tiro que se le había escapado a un soldado y que había matado al sobrino de Rodríguez en La Arada.  (Es conveniente indicar aquí que Castillo era ultra liberal, identificado con las enseñanzas radicales y casi fanáticas del Dr. Lorenzo Montúfar, mientras que Rodríguez estaba emparentado con el mariscal Vicente Cerna, ex-presidente guatemalteco, y era favorable al retorno de los conservadores al poder).4

Al día siguiente, todos partieron juntos hacia al ataque de Zacapa pero Rodríguez y sus hombres se quedaron a la retaguardia y por último se fueron a El Salvador con parte de los pertrechos, dejando a la fuerza revolucionaria reducida a solamente seiscientos hombres.  Ya para aquel momento las deserciones proliferaban.5

El general Florentín González había pasado por Chiquimula y los estaba esperando en Zacapa, también con seiscientos hombres.  Los revolucionarios atacaron rápidamente pero González resistió, confiando en los refuerzos que le llevara Toledo por el ferrocarril; los revolucionarios sabían esto, y enviaron al capitán Tomás Menéndez Mina y a Paganini a detenerlo a la estación, pero nunca lo hicieron y Toledo ingresó sin problemas con casi mil quinientos hombres y buena artillería.  La derrota fue total.  Cuando se dió la orden de retirada, algunos soldados no se dieron  y terminaron siendo capturados y pasados por las armas.  Entre las pérdidas de los revolucionarios estuvo el capitán jutiapaneco Francisco Carrillo.5

Las tropas del gobierno prefirieron no salir a perseguir a los revolucionarios, quienes logaron huir despacio con sus heridos, petrechos y proclamas que no pudieron repartir en Zacapa.  Cuando ingresaron al territorio hondureño un grupo de soldados de ese país los conminó a rendir sus armas, pero Castillo se opuso y hasta amenazó con resistir pero finalmente le dieron autorización de proseguir, reingresando a Guatemala por Esquipulas.5

Ya solamente quedaban 120 hombres cuando llegaron a Carboneras, y allí fueron sorprendidos por las fuerzas de Tolero, que los desbarató y capturó a algunos de ellos, aunque no los fusiló.   Los hombres que quedaban llegaron a Citalá y luego a Ocotepeque, en donde les dijeron que se fueran para Tegucigalpa, a lo que dijeron que sí, pero en realidad se fueron a El Salvador por Chalatenango.5

Así fracasó aquella revolución castillista, dejando únicamente como resultado el afianzamiento del general Reina Barrios en el poder y el agotamiento de los recursos nacionales, que tuvieron que gastarse para contrarestar ésta y la revolución de occidente.  Aunque Reina Barrios fue asesinado el 8 de febrero de 1898, las revoluciones no lograron su cometido, pues el sucesor del asesinado presidente fue el licenciado Manuel Estrada Cabrera, quien impuso una férrea dictadura que se extendió por veintidós años y a quien también se opuso Castillo con todas su fuerzas.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Nuestro Diario (12 de enero de 1926).  Retazos de nuestra historia: el movimiento revolucionario de Castillo.  Guatemala: Nuestro Diario. p. 1.
  2. – (13 de enero de 1926).  Retazos de nuestra historia: el auge de la Revolución.  Guatemala: Nuestro Diario. p. 1.
  3. – (14 de enero de 1926).  Retazos de nuestra historia: la Revolución recibe nuevos elementos.  Guatemala: Nuestro Diario. p. 1.
  4. – (15 de enero de 1926).  Retazos de nuestra historia: el desastre de la Revolución.  Guatemala: Nuestro Diario. p. 1.
  5. – (16 de enero de 1926).  Retazos de nuestra historia: la huída de los castillistas.  Guatemala: Nuestro Diario.

24 de marzo de 1838: Conferencias de Mataquescuintla

En Mataquescuintla, bastión de Rafael Carrera, se realizan las conferencias entre el gobierno federal y las fuerzas campesinas rebeldes

24marzo1838
El poblado de Mataquescuintla, visto desde Miramundo y Pino Dulce.  En el recuadro:  el comandante campesino Rafael Carrera y el líder criollo liberal José Francisco Barrundia.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Luego del derrocamiento del gobierno del Dr. Mariano Gálvez, las fuerzas campesinas comandadas por «el indio» Rafael Carrera (como le llamaban los criollos locales), no depusieron las armas y el gobierno de Francisco Morazán encomendó a José Francisco Barrundia, quien había pactado anteriormente con Carrera para derrocar a Gálvez, para que conferenciara con el líder campesino y lo convenciera a entregarlas.  La reunión ocurrió en el campamento de las fuerzas rebeldes en Mataquescuintla y el mismo Barrundia mandó un informe a Morazán tras el fracaso de la misma, el cual reproducimos a continuación, con algunas notas de nuestra autoría para aclarar algunos puntos:1

«Ciudadano presidente de la República.

«Los comisionados para la pacificación de las fuerzas de Carrera debemos informar a Ud. brevemente todo lo ocurrido en el desempeño de nuestro encargo.»

«Llegamos el mismo día de nuestra salida, que fue el 24 a la plaza de Mataquescuintla después de medio día.  Se nos presentaron cuatro encargados del comandante Carrera para conferenciar.  Nosotros exigíamos que llegase él mismo como lo había ofrecido antes para el punto de Cruz-Alta.  Más habiéndolo rehusado tratamos ligeramente con sus encargados de nuestro asunto; y desde luego encontramos la mayor resistencia al punto principal de entregar las armas. A teimpo que sus encargados iban a llamarle, le vimos a la puerta rodeado de su fuerza militar.  Se le instó a que entrase y rehusó con aspereza habiendo empezado allí mismo una contienda con nosotros de reproches a la conducta del Gobierno de Guatemala, y del Presidente que nosotros contestamos a la vista de toda la tropa, y aún tomando parte en ella algunos de sus soldados. Él manifestó que no tenía ya que hacer en nuestro negocio puesto que ya habíamos hablado con sus encargados y que jamás podría convenirse, y era un agravio proponérselo, que entregara las armas, manifestando la mayor desconfianza y desabrimiento.»Nota a

«Como esta entrevista en cierta manera tumultuaria entre la mismo tropa no ofrecía, regularidad, sino más bien malos resultados, instamos a Carrera para que se presentase el día siguiente a terminar este negocio y nos lo ofreció formarlmente a pesar de la ligereza con que lo trataba. En esta noche fuimos inquietados por el incendio de dos casas que consideramos verificado a propósito por algún mal designio, pues no podía ser accidental, no hallándose persona alguna en todo el pueblo.  Mas no hubo resultado alguno.»

«A la mañana siguiente, a las 9 remitimos una nota a Carrera llamándole a la conferencia.  Se presentó cerca del medio día en la plaza con una fuerza como de 300 hombres.  Entró a conferenciar rodeado de sus jefes y a presencia de toda su fuerza que escuchaba a puerta abierta desde afuera.  Los princiaples motivos de su obstinación para la entrega de las armas, eran o se descubrían en una suma desconfianza del Gobierno, no hallándose suficientes las garantía posibles para desvanecerla. Decían que el Gobierno de Guatemala no había cambiado en nada en cuanto a las vejaciones y mala fé que siempre lo animaron.  Preguntaron cual era el origen de la agresión que suponía de nuestras tropas. Y desconocía en cierta manera la obediencia que se debe al Gobierno y a la necesidad de que este regularice todas las fuerzas y disponga de ellas conforme a las leyes y según convenga al orden público.»Nota b

«Él y sus jefes reprochaban las leyes de libertad de comercio; de libertad de concienca y todo el espíritu de nuestras instituciones, afectando el de religión hasta un exceso de fanatismo.  La comisión se ocupaba en desvanecer sus falsas nociones, en inspirarle confianza en los prinicpios libres de nuestra legislación y en el Gobierno actual, tanto del Estado como de la República.  Mas conocíamos la dificultad de safisfacer sus desos y los nuestros, oponiéndose a todo por falta de principios y la irregularidad de sus miras, principalmnete en una conferencia tumulturaria y del momento. La simple idea de distinguir entre la administración pasada que había violado todos sus derechos y la actual que los respetaba, no podía inspirárseles ni satisfacérseles.»Nota c

«En estas circunstancias ellos han presentado unas proposiciones que adjuntamos a esta nota. Se advierte en ellas claramente la influencia de alguna personalidad muy superior a las luces cortísimas y simplicidad de estas masas con designios tal vez muy siniestros. Nosotros recibimos en este acto la nota del Presidente acompañándonos la muy safistactoria de Chiquimula en contra de los planes y pretensiones de Carrera para contraerse aquel departamento; pero no quisimos hacer uso de ella por la exaltación desagradable con que eran recibidas todas nuestras manifestaciones sobre los recursos y superioridad del poder del Gobierno, a la vista de una masa armada y conferenciando con nosotros mismos sobre asuntos tan delicados. Nuestra posición era, por tanto, sumamente crítica y expuesta.»Nota d

«Entre tanto, el comandante Carrera se separó a hablar conmigo aparte: ocurrió el cura Aqueche y juntos tratamos de otro nuevo medio de conciliación.  Este consistía en los artículos siguientes:

«Primero: que las armas se reuniesen y almacenasen en Mataquescuintla con una guarnición de 50 hombres de aquella misma tropa, que no pasaría nunca de este número.»

«Segundo: que cuando se ofreciese perseguir a aquellas partidas o ladrones que inquietasen a los pueblos, no saldría fuerza alguna a verificarlo sin permiso del gobierno.»

«Tercero: que el mismo cura Aqueche respondía de la inviolabilidad de este arreglo yse hacía él mismo un guarda almacén o depositario de las armas.»

«Cuarto: que desde el momento que tuviesen ya los pueblos un obispo americano, una rebaja suficiente de contribuciones y una administración interior de confianza, pondrían estas armas a disposición del Gobierno.»Nota e

«Ofrecimos presentar estas propuestas, junto con las que hemos acompañado para que el Presidente se informase y en vista de todo resolviese lo conveniente.»

«Nosotros consideramos muy difícil la subsistencia de cualquier convenio, y mucho menos la coordinación de ideas o de un sistema político entre masas agitadas a la vez por el fanatismo, por los males aun existentes de una persecución a muerte que acaban de sufrir y por las falsas ideas que se les han infundido sobre nuestra legislación.  Al mismo tiempo que habituadas ya a una vida salvaje y dura y al solo ejercicio de las armas, sus tendencias no pueden ser ya a los trabajos del campo ni a la vida regular de la sociedad.  Y este espíritu se manifiesta más altamente en el carácter de su jefe Carrera, que es intrépido, independiente y resulto al paso que decidido y propenso a la vida inculta y militar a la que se halla habituado.  De suerte que ni el interés ni los empleos pueden obrar en su corazón sobre los halagos de esta independencia salvaje y de la ambición de superioridad sobre los muchos pueblos que ya le rodean y le presentan sus masas.  Con tristados por este choque que parece indefectible entre la parte civilizada y las masas incultas de la nación (pues que va extendiéndose a todos los Estados de la República) hacemos esta exposición al Presidente para que medite la gran dificultad e interés de este negocio que descarga sobre sus hombros, y con el fin de que exista este documento interesante del primer paso que ha dado para su arreglo; el cual va a abrir una campaña acaso muy dilatada y de resultados más extensos de los que pueden alcanzarse actualmente en nuestra posición política.»

«Ofrecemos, pues, al Presidente de la República todas nuestras consideraciones y respetos, siendo sus afectísimos servidos que B.S.M.»

        • José Francisco Barrundia
        • José María Castilla
        • Matías Quiñónez
        • Basilio Zeceña1

Aquellos criollos liberales tenían razón: no se logró ningun acuerdo y Morazán y Carrera llegaron al punto al que tenían que llegar: la confrontación directa que se dió en la Ciudad de Guatemala del 17 al 19 de marzo de 1840, resultando en la aplastante derrota de Morazán y el desmembramiento absoluto de la República Federal.2


NOTAS:

  • a. en Guatemala los criollos y la élite económica no está acostumbrada a que un indígena o mestizo le hable de tú a tú y mucho menos que se oponga a sus designios.  Esta actitud prepotente de Carrera frente a los enviados criollos de Morazán los desarmó por completo.
  • b. En otras palabras, a Carrera no le importaban las leyes del gobierno de Morazán ni del Estado de Guatemala, porque no confiaba en ellos ya que consideraba que el gobierno no había hecho nada por los campesinos tras el derrocamiento de Gálvez.
  • c. En Guatemala las élites económicas están acostumbradas a que la población inculta del área rural del país acepte sus complejas leyes y reglamentos sin analizarlos, y nunca se habían encontrado con un líder campesino que los retara y les expusiera las graves fallas de dichas leyes.  Nuevamente, la comisión de Morazán quedó desarmada.
  • d. por un lado, Barrundia no quería creer que fuera Carrera, a quien consideraba como un indígena analfabeto, el que hubiera tenido la idea de las contra-proposiciones que le presentaron a la comisión del gobierno y, por otro, no se atrevió a intentar sobornarlo con la gobernación de Chiquimula que le había autorizado Morazán al ver la determinación del general campesino.  Finalmente, maniesta que él y los otros representantes estaban aterrorizado durante las conferencias.
  • e. Este es el punto medular del conflicto entre Carrera y los criollos liberales:  los ataques contra al religión Católica y la desproporcionada carga tributaria impuesta a los campesinos2.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (24 de marzo de 1926) “El capítulo de las efemérides: 24 de febrero de 1838, Informe de las Conferencias de Mataquescuintla”. Guatemala: Nuestro Diario.
  2. Solís, ignacio (1906). Memorias del General Carrera. 1838-1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. (1) Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 3-90.

6 de marzo de 1837: primera sublevación contra los Códigos de Livingston

En San Juan Ostuncalco se produce la primera sublevación indígena contra los Códigos de Livingston que impuso el gobierno liberal de Mariano Gálvez

6marzo1837
Iglesia Parroquail de San Juan Ostuncalco, Quetzaltenango en 2010.  Los curas párrocos fueron instrumentales en la rebelión campesina contra las leyes laicas impuestas por los Códigos de Livinston impulsados por José Francisco Barrundia (en el recuadro). Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Para el gobierno del Dr. Mariano Gálvez habría sido mejor si no hubiera tenido la influencia nefasta de José Francisco Barrundia, quien era un liberal radical que intentó introducir al país novedosos sistemas de justica y educación que no se adaptaron en lo absoluto a la realidad nacional.  El caso más específico fue el de los Códigos de Livingston, que Barrundia tradujo del inglés, y que prácticamente forzó a Gálvez a imponer desde la presidencia de la Asamblea Legislativa el 1 de enero de 1837.1

Y es que el problema de los mencionados cógidos era que imponía modificaciones al sistema de vida que eran incompatibles con las costumbres ancestrales y coloniales de los indígenas guatemaltecos;  el matrimonio civil, el divorcio, y los juicios de jurados eran ideas muy novedosas para esa época en que apenas 15 años antes se había declarado la independencia del Imperio Español. Así como estaban las cosas en ese momento, a los indígenas no les pareció en lo absoluto que se restringiera la actividad de los curas párrocos (que no habían sido expulsado del territorio como los frailes regulares) ni que se pusiera a la autoridad de la Iglesia Católica bajo la autoridad civil, cuando estaban acostumbrados a que fuera todo lo contrario.2

Otra de las cosas que se impusieron en los códigos fue la construcción de cárceles públicas en los poblados.  Y aquí fue donde la situación estalló, pues los curas párrocos se encargaron de divulgar toda clase de historias falsas sobre las nuevas instalaciones carcelarias entre los indígenas a su cargo.  Así pues, el 6 de marzo de 1837, apenas dos meses después de implementados los códigos, los indígenas de San Juan Ostuncalco se alzaron contra los que estaban construyendo la cárcel pública de la localidad.  Armados de hondas y piedras, hicieron huir al juez y al magistrado de la corte que estaban supervisando las obras, quienes al verse a salvo pidieron ayuda a una escolta.  Los soldados llegaron a dispersas a los alzados a balazos, y así terminó aquel primer tumulto contra los códigos.2

Pero aquel primer alboroto fue solamente un aviso, pues la labor de los curas párrocos apenas empezaba a dar frutos.  Tan solo un año después, debido a los alzamientos indigenas en todo el Estado, el régimen liberal se había resquebrajado y Mariano Gálvez había abandonado la jefatura del Estado.1,2


BIBLIOGRAFIA:

  1. Solís, Ignacio (1906) Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. En: Colección de Documentos Históricos y Biográficos. 1. Tip. de Sánchez y de Guise. Guatemala.
  2. Hernández de León, Federico (6 de marzo de 1926) El Capítulo de las Efemérides, 6 de marzo de 1837, Levantamiento en San Juan Ostuncalco. Guatemala: Nuestro Diario, Talleres SELCA.

23 de febrero de 1863: derrota de Carrera en El Salvador

Las fuerzas salvadoreñas derrotan al ejército guatemalteco al mando del capitán general Rafael Carrera en Coatepeque, El Salvador.

23febrero1863
Batalla de Coatepeque, tal y como fue esculpida en el Monumento a Gerardo Barrios en El Salvador.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Luego de la batalla de La Arada el 2 de febrero de 1851 el gobierno de Guatemala vivió tranquilamente, pues sus vecinos centroamericanos quedaron bajo su control, mientras que México estaba hundido en graves guerras civiles.1,2 Pero hacia el final de la vida del general Rafael Carrera, el presidente Gerardo Barrios intentó deponer al fuerte gobierno conservador católico que se había establecido en Guatemala.3

En 1863, el partido de los criollos liberales centroamericanos estaba decidido a acabar con el partido conservador en Nicaragua y, sobre todo, con el aborrecido gobierno conservador de Carrera en Guatemala. Originalmente, el líder liberal Máximo Jerez había propuesto en Nicaragua que se hiciera una nueva república federal y que se le diera la presidencia de la misma a Carrera, estableciendo la capital nuevamente en la Ciudad de Guatemala, pero esto no fue del agrado de los liberales de los otros estados quienes soñaban con una Federación, pero sin los «cachurecos» -es decir, los conservadores guatemaltecos y sus aliados, los miembros del clero-.3

Entre los líderes liberales destacaba el general Gerardo Barrios – quien había estado en Guatemala en enero de 1861 tratando de negociar la unión centroamericana – pero la rivalidad entre él y Carrera les impidió llegar a un acuerdo.4  Así pues, el 6 de enero de 1863 la situación llegó al límite, ya que debido a las campañas de desprestigio llenas de insultos hacia el gobernante guatemalteco y de respuestas mordaces contra el salvadoreño que siguieron a la malograda visita, hicieron que ocurrieron ataques de uno y otro lado de la frontera, cuando las fuerzas de ambos países tanteaban el terreno en preparación para una guerra inminente.5

La rivalidad entre ambos presientes tenía profundas raíces.  Por un lado, el presidente salvadoreño, de descendencia criolla y con preparación universitaria, se consideraba superior al presidente guatemalteco, al que llamaba “indio“, “salvaje“, “ignorante“, y “cachureco” entre otras cosas, y a quien no le perdonaba que lo hubiera derrotado cuando luchaba con Morazán en la batalla de la Ciudad de Guatemala en 1840 y luego cuando participó con Doroteo Vasconcelos en la batalla de la Arada en 1851.  Por el otro lado, Carrera despreciaba a Barrios por haber intentado invadir a Guatemala en esas dos ocasiones y no lo respetaba como militar, ya que él se consideraba muy superior.6

De esta cuenta, a principios de febrero, el gobierno de Gerardo Barrios lanzó una dura proclama en contra del «gobierno cachureco fanático» de Carrera, diciendo que éste «gobernaba con el rosario en la boca y la espada sangrienta en la mano» y que era indispensable derrocar aquel «tirano«.  Como respuesta, el 2 de febrero de 1863, al conmemorar el décimo segundo aniversario de la Batalla de La Arada, Carrera pasó revista a sus tropas en la calle frente al templo de San José en la Ciudad de Guatemala, y el 5 partió al frente de las mismas hacia Jutiapa, a donde llegó el 9 de febrero.3

El 15 de febrero, estaban ya las tropas listas desde Guatemala, Palencia, Mataquescuintla y Santa Rosa, comandadas, entre otros, por el general Serapio Cruz («Tata Lapo») y el también general José Víctor Zavala; solamente faltaba el destacamente de Chiquimula, comandado por el general Vicente Cerna.  El 16, fuerzas compuestas por quinientos hombres salieron para Ahuchapán y la tomaron ese mismo día, mientras que por la tarde, salió Zavala con los batallones de la capital y de Santa Rosa, para que, finalmente, al día siguiente saliera Carrera con el resto de las fuerzas guatemaltecas.3

Aquello significó la declaratoria de guerra y las fuerzas de Carrera, en total de seis mil hombres, ocuparon Chalchuapa. Ya con Ahuchapán tomada, los guatemaltecos avanzaron hacia Santa Ana, en donde los salvadoreños abandonaron la plaza y salieron a atrincherarse a Coatepeque, desde donde atacaron a la retaguardia del ejéricto de Carrera que hacía un reconocimiento del terreno antes de la batalla.3

Al día siguiente, 23 de febrero, a pesar de iniciar con ímpetu desde las cinco de la mañana, las fuerzas guatemaltecas no pudieron someter a Coatepeque, en donde comandaban la batalla Gerardo Barrios y Máximo Jerez, y los salvadoreños, disfrutando de un mejor posición, hicieron estragos entre los atacantes. Debido a la escacez de agua y el calor sofocante, los guatemaltecos tuvieron que emprender la retirada, dejando casi mil muertos y sufriendo una gran cantidad de deserciones.3

El 24 de febrero, ya con el resto de sus fuerzas reorganizadas, Carrera intentó un nuevo ataque, pero nuevamente fue repelido por los salvadoreños, pero de tal forma, que el ejército guatemalteco huyó en desbandada y Carrera tuvo que ordenar la retirada.  Los salvadoreños, no obstante el triunfo obtenido, quedaron tan maltrechos, que no pudieron avanzar sobre la retaguardia y dejaron que se fueran los invasores.3

Carrera regresó a la ciudad de Guatemala el 5 de marzo al frente de dos mil quinientos hombres, y fue recibido con grandes muestras de apoyo, como que si hubiera derrotado al enemigo.  ¡Era tal el servilismo que imperaba en esa época!  Después de dos días de ausentarse de sus obligaciones como presidente por estar indispuesto, Carrera retomó su funciones y empezó a planificar su revancha, que a la larga se cumplió en forma absoluta.3

Carrera invadió El Salvador con tal habilidad, que llegó a tomar la capital de San Salvador tras sitiarla, y cuando ésta se rindió, sustituyó a Barrios por el doctor Francisco Dueñas. Como resultado, en los primeros días de noviembre de 1863, Barrios tuvo que embarcarse en el Puerto de La Unión para huir al exilio, para caer luego en manos de sus enemigos, que lo ejecutaron sin piedad.  Por su parte, Máximo Jerez, que había ayudado a Barrios enormemente en la campaña de Coatepeque, evalentonado por la victoria sobre Carrera se fue a Nicaragua para acabar con los conservadores de esa región, pero solo consiguió una terrible derrota tras la cual fue exiliado a Costa Rica.3


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1925). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. Tomo I. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 193-197.
  2. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. Guatemala: Editorial del Ejército. p. 270 y siguientes.
  3. Hernández de León, Federico (22 de febrero de 1926) «El capítulo de las efemérides: 22 de febrero de 1863, Acción de Coatepeque». Guatemala: Nuestro Diario.
  4. Coronado Aguilar, Apuntamientos para la Historia de Guatemala, pp. 339
  5. Ibid, p. 340.

8 de noviembre de 1851: la Asamblea constituyente emite un decreto sobre asuntos de los indígenas

La Asamblea constituyente emite un decreto sobre asuntos de los indígenas

8noviembre1851
Grupo familiar indígena de Chinautla, en el departamento de Guatemala. Fotografía de Alberto G. Valveavellano publicada en «La Ilustración Guatemalteca» en 1897.

A continuación presentamos un decreto que no solamente muestra la diferencia que había entre los gobiernos conservadores y liberales con respecto al trato de los indígenas, sino que demuestra cómo estos pueblos originarios de la región han sido considerados como pobladores de segunda categoría a pesar de ser la mayoría del país. A este respecto, el decreto en mención incluso hace referencia al uso de la legislación española colonial, de un gobierno «paternalista para esta clase recomendable«, y a las prácticas de curas párrocos predicadores de la misma época para su aplicación con la población indígena.

Durante el gobierno del capitán general Rafael Carrera, a pesar de las alianzas que éste tenía con los principales de los pueblos indígenas y de la protección que les otorgaba, también existían mandamientos de colonos campesinos para trabajos en fincas lejanas de sus pueblos de origen, pero la diferencia principal con respecto a los gobiernos liberales fue que los territorios de las comunidades indígena se mantuvieron intactos.  La Reforma Agraria impulsada por los liberales luego de que J. Rufino Barrios tomara el poder en 1873 resultó en la expropiación de estas tierras por medio de artimañas legales que dieron lugar a la formación de grandes fincas cafetaleras que beneficiaron tanto al presidente como a sus colaboradores.1

Es también importante destacar que en la Recopilación de Leyes de 1869 —de donde se obtuvo este decreto— existe una sección dedicada única y exclusivamente a la legislación decretada para intentar combatir el alholismo endémico que ha afligido a las comunidades indígenas desde la época colonial.

DECRETO DE LA ASAMBLEA CONSTITUYENTE, DE 8 DE NOVIEMBRE DE 1851, SOBRE VARIAS DISPOSICIONES RESPECTO A LOS INDIGENAS.Nota_a

La asamblea constituyente de la república de Guatemala.

Habiendo tomado en consideración la iniciativa del gobierno, y animada en favor de los indígenas del mismo espíritu que dictó el artículo 3°, sección 2da. de la ley constitutiva de 5 de diciembre de 1839, ha venido en decretar y decreta:

Artículo 1°. — Están vigentes y deben ser puntualmente ejecutados, los decretos de la asamblea constituyente de 16 de agosto, 2 de octubre y 26 de noviembre de 1839; y a efecto de asegurar su observancia serán leídos en los pueblos de indígenas y explicados a estos en el acto de tomar posesión de municipalidades en su renovación anual.
Art 2°. —Deben, igualmente, considerarse vigentes las leyes de la recopilación que favorecen a los indígenas no siendo contrarias a la independencia y Acta Constitutiva […]

Art. 3°.- Los corregidores tomarán el mayor interés:

        1. En perseguir la embriaguez y holgazanería en los indígenas; cuidando al mismo tiempo de que los destinados por mandamientos á los trabajos de particulares, sean bien tratados, pagados con puntualidad, no solo de sus jornales, sino también del tiempo que inviertan en ida y vuelta á sus pueblos; y en caso de enfermedad, donde no haya hospitales, asistidos y curados por aquellos en cuyo servicio se hallaban.
        2. En que los fondos de comunidad se cobren, conserven y administren con puntualidad, seguridad y legalidad, verificándose siempre su inversión en favor exclusive de los indígenas, donde solo ellos los formen; y que para su aumento se practiquen las siembras de comunidad, si a juicio de los corregidores fueren éstas convenientes á los indígenas.
        3. Que se levanten, conserven y reparen los edificios para cabildos y cárceles, cuidando de la mejora de éstas en cuanto á su salubridad y seguridad, y que no sean lo que hasta ahora han sido.Nota_b
        4. Que los indígenas se mantengan separados en su administración de justicia ó municipal, si asi lo solicitaren, y que los justicias ó municipales cumplan con puntualidad, y no falten á los pasajeros, por su justo precio, los auxilios que necesiten en su tránsito por los pueblos de indígenas.
        5. Que se establezcan escuelas donde no las haya, ó se mejoren las que existen; y que en ellas se enseñe de preferencia á los indígenas el idioma castellano y la doctrina cristiana; siendo recomendables aquellos maestros que mayor número de indígenas presenten con esta instrucción. Para el cumplimiento de este deber se pondrán de acuerdo los corregidores con los padres curas, á quienes se recomienda el mayor celo en la instrucción moral y religiosa de la juventud de sus parroquias.Nota_c
        6. Con igual acuerdo, cuidando que se levanten o reparen las casas parroquiales y las iglesias y que éstas se conserven con la limpieza y decencia correspondiente al culto.Nota_d
        7. Que los indígenas no sean despojados, ni a pretexto de ventas, de sus tierras comunes, no habiéndose hecho aquellas con las formalidades de almoneda, como lo previene la ley 27. titulo 1°, libro 6° de la recopilación de indias: ni se les moleste para el servicio de armas, ni se les permita abandonar los pueblos para vivir en los montes ó andar vagando; y los gobernadores cuidarán de recogerlos y obligarlos á que reconozcan el pueblo de su vecindario
        8. Por último, los corregidores cuidarán de que en ningún caso se conviertan contra los indígenas las disposiciones que a su favor se han dado: si hubieren de tener gobernadores sean estos de su misma clase: si éstos se excedieren en los castigos que por sus costumbres pueden aplicar, sean contenidos, reprendidos y también castigados: si hubiere de procederse contra algún indígena ó parcialidad de indígena, o ellos tuvieren que entablar ó seguir acción alguna, donde no se hallare el fiscal, se lea nombrado de oficio un protector que los auxilie; pero cuidando de que no se abuse de su ignorancia para sujetarlos a estafas ó exacciones indebidas.

Art. 4°.— Los corregidores cuidarán de que en el archivo de sus respectivos departamentos haya y se conserve un ejemplar do la recopilación de Indias, a cuyas leyes deberán arreglarse en los casos que ocurran: y tanto los mismos corregidores, como los jueces y demás autoridades de los pueblos de indígenas deberán, en el ejercicio de sus funciones, penetrarse del espíritu de aquellas leyes, para gobernar paternalmente esta recomendable clase y cuidar de que no se abuse de su ignorancia, ni se les perturbe en sus costumbres, no siendo éstas, como dice la ley, claramente injustas.Nota_e

Art. 5°. — El gobierno poniéndose de acuerdo con el ordinario eclesiástico, podrá, con el objeto de civilizar y reformar las costumbres de los indígenas, restablecer las pensiones de religiosos misioneros como existian antes con igual fin.


NOTAS:

    • a: Se hace la salvedad de que en el siguiente decreto se ha modificado el término «indio» que aparece en el original de 1851 por el de «indígena».
    • b: Entre 1837 y 1851 Guatemala se mantuvo en constantes guerras en contra de El Salvador, Honduras y el Estado de Los Altos, y estuvo azotada por bandas de forajidos. Como resultado, las comunidades rurales estaban prácticamente en el abandono como lo indica este inciso.
    • c: el clero secular fue parte integral del triunfo de la revolución católico-campesina que llevó a Rafael Carrera al poder en 1838. Fue gracias al indoctrinamiento de los curas párrocos que lograron unificar a los campesinos del oriente bajo la bandera de la religión católica y así combatir a los «herejes» liberales.
    • d: con el capitán general Carrera al mando del poder ejecutivo las órdenes religiosas y el clero secular recuperaron gran parte de los privilegios que tuvieron hata 1829. De esta cuenta, corrió por cuenta del Estado reparar las iglesias y casas parroquiales, como se ve en este artículo.
    • e: Esta protección paternal y cuidados que se despliegan sobre las poblaciones indígenas se derivan de las alianzas que el general Carrera cultivó entre los pobladores rurales del país y que le permitieron obligar a los criollos conservadores a aceptar su gobierno, ya que éstos temían que los indígenas se alzaran y los lincharan.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación de las Leyes emitidas por el Gobierno Democrático de la República de Guatemala, desde el 3 de junio de 1871, hasta el 30 de junio de 1881 I. Guatemala: El Progreso. p. 196.
  2. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 851-853.

24 de julio de 1839: Guatemala y Nicaragua firman una alianza en contra del presidente liberal de El Salvador, Francisco Morazán

24julio1839
Dibujo a lápiz del general Francisco Morazán. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Para 1839 la República Federal de Centro América por la que tanto habían luchado los criollos liberales prácticamente había colapsado, aunque su principal caudillo, el general Francisco Morazán seguía siendo el presidente federal. La figura del general Rafael Carrera en Guatemala iba a ser decisiva para terminar tanto con la Federación como con la carrera política del caudillo hondureño, ya que Carrera guardaba un enorme resentimiento hacia Morazán por las atrocidades que este había cometido contra los campesinos del Oriente guatemalteco y contra su propia familia y no iba a descansar hasta derrotar al caudillo liberal.

El 6 de abril de 1839 Morazán se enfrentó al general hondureño Francisco Ferrera, en la batalla del Espíritu Santo, cerca del rió Lempa. Ferrera había pactado una alianza con Carrera y aunque las tropas federales alcanzan el triunfo, quedaron debilitadas. Esto sirvió para que los criollos liberales salvadoreños ratificaran su confianza en Morazán fuera elegido presidente de El Salvador.

Carrera contraatacó.

El 24 de julio de 1839, Nicaragua y Guatemala celebraron un tratado de alianza en contra del gobierno salvadoreño, al mismo tiempo que Carrera llamó a los salvadoreños a la insurrección popular, lo que provocó algunos levantamientos, que fueron vencidos sin mucho esfuerzo por el gobierno de Morazán.

La ofensiva contra el gobierno de Morazán persistió. Al no lograr subvertir desde dentro la autoridad del presidente salvadoreño, tropas hondureñas y nicaragüenses invadieron el país a finales de septiembre de 1839. Nuevamente el general Morazán, con seiscientos salvadoreños derrota en la batalla de San Pedro Perulapán a los más de dos mil invasores comandados por los generales conservadores.

Al enterarse de que Carrera había retomado por la fuerza el Estado de Los Altos (que era el refugio de los criollos liberales en el occidente de Guatemala), y envalentonado por su reciente victoria, Morazán decidió invadir Guatemala por segunda vez y acabar con el general campesino de una vez por todas. La derrota que sufrió en la Ciudad de Guatemala en 1840 a manos de las fuerzas de Carrera sería el final de la Federación y de la carrera política de Morazán.


BIBLIOGRAFIA:


6 de mayo de 1837: alzamiento en Mataquescuintla contra Gálvez

En Mataquescuintla se produce el primer alzamiento contra el gobierno del doctor Mariano Gálvez; aparece por primera vez la figura de Rafael Carrera

6mayo1837
Miembros del gabinete de gobiero del general Rafael Carrera, cuando ya estaba en la presidencia de Guatemala.  Se reconoce , entre otros, a Pedro de Aycinena, Juan Diéguez Olaverri, el arzobispo Francisco de Paula Garcia y Peláez, José Milla y Vidaurre, Antonio José de Irisarri y el mariscal José Víctor Zavala. Imagen que se conserva en el Museo Nacional de Historia de Guatemala.

Reproducimos a continuación un fragmento de las memorias del general Rafael Carrera, quien las dictó a su secretario Mariano Chéves mientras estuvo en la presidencia de Guatemala:1

Cuando a los pueblos se les quiere atacar en sus costumbres y variárselas repentinamente, causa en ellos una emoción, que por sana que sea la intención con que se quiere varias sus instituciones y costumbres añejas se sublevan. Tal fue lo que sucedió el año de 1937 en Santa Rosa, en cuya época mandaba el Doctor Gálvez el Estado de Guatemala, uno de los que componían la República de Centro-América, el más rico y poblado de la Federación, siendo presidente de la República el General Morazán. Muchas causas habían preparado de antemano el disgusto de los habitantes del Estado: una de ella fue la contribución personal que se había asignado por aquel gobierno a cada uno de los habitantes, a quienes se les señaló dos pesos por persona que pagaban anualmente. Sufrieron este gravamen con resignación, sustituyendo el tributo antes abolido desde que se hizo la Independencia del Gobierno Español. En seguidas jefes militares, no de muy buena conducta fueron desacreditando al Gobierno por el despotismo y arbitrariedades con que obraban, echándose la odiosidad de sus Gobernados.

Otras de las causas que contribuyeron no menos que las primeras, fue el establecimiento del Código en que se variaba enteramente la administración Judicial y la Religión, autorizando a los Jueces para casar y descasar a su antojo echando por tierra de un golpe a la Religión y sus ministros, y variando el Sistema, estableciendo solamente por influencia de unos pocos a quienes parecía bueno el Código, que ellos mismo o entendían; esto causó una alarma general en todo el país, en que por naturaleza las gentes son religiosas. Todavía sufrieron tal providencia; pero en seguidas la cosa subió de punto; sobre tanto conjunto de males, vino la epidemia de Cólera Morbus, epidemia desconocida en este país, y estando todos mal prevenidos con los sucesos anteriores, a la primera orden que dió el gobierno para despejar los pueblos, botar toda la arboleda dentro de ellos y sus inmediaciones, cercar las fuentes de agua de que se surtían los habitantes y establecer cordones sanitarios para evitar la comunicación entre unos pueblos con otros, subió de punto la agitación general y el 6 de mayo de 1837 tuvo lugar el primer levantamiento en Mataquescuintla con el Gobernador, que lo era Don Francisco Aqueche contra quien se amotinaron más de 1800 personas de ambos sexos. Dicho Gobernador se favoreció en el Convento cuyas puertas forzaban para sacarlo y asesinarlo en la plaza. En medio de tal desorden y no logrando que atendieran a sus súplicas, un tío suyo que era el párroco de aquella población, en tal aprieto ocurrió a un joven que reunía bastante opinion en aquel pueblo y a quien consideraban los habitants, porque a muchos que se hallaban presos por la contribución los sacaba de la cárcel pagando por ellos y desembargando de esta manera sus fierros de labranza y los tratos más precisos para vivir de que se servían privados por los Alcaldes de los Pueblos, quienes acosados por las multas que les imponían sus superiores obraban tan inhumanamente. El joven de que hemos hablado anteriormente era Don Rafael Carrera, hijo de Guatemala, con dos años de vecindario en dicho pueblo y casado con una de las principales familias bastante acomodadas; su edad era de veintitrés años y a pesar de esto ocurrió inmediatamente a salvar al Gobernador lo que logró”.1

Como se ve, aquel 6 de mayo de 1837 surgió a la luz pública en Mataquescuintla una figura que sería fundamental en la historia de Guatemala: Rafael Carrera.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Solís, Ignacio (1906) Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. (1) Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 14-17.