13 de octubre de 1876: autorizan a indígenas de San Pedro Sacatepéquez, San Marcos utilizar traje de ladinos

El presidente J. Rufino Barrios accede a la petición de los principales de San Pedro Sacatepéquez, San Marcos, para que esta localidad empiece a utilizar traje de ladinos

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Ruinas de la Iglesia de San Pedro Sacatepéquez, San Marcos, en 1925.  La iglesia fue destruida por la erupción del volcán Santa María en 1902.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Los trajes típicos de Guatemala han sido explotados por la industria turística por su colorido y tradición.  Pero la historia de estos trajes es un tanto oscura.  Originalmente, fueron creados por los encomenderos espanoles y los frailes doctrineros para distinguir a los indígenas que trabajaban en sus encomiendas o doctrinas, y para mantener un mejor control de la población. Mediante este sistema, y manteniendo las lenguas locales, lograron que los indígenas estuvieran en las reducciones a las que habían sido designados y que no se comunicaran con los de otras encomiendas para evitar que se organizaran revueltas contra las autoridades coloniales.  Es por esta razón que los trajes constan de prendas de estilo europeo como camisas, sombreros, pantalones, faldas y blusas y están confeccionados en telares manuales.

Según relata la exploradora británica Anne Maudslay en su libro «A Glimpse at Guatemala» publicado en 1899,  la vestimenta de los pobladores indígenas tanto hombres como mujeres era hecha a mano en el propio poblado utilizando telares primitivos, similares a los que aparecen en los códices y manuscritos mexicanos a los que habían tenido acceso.  También advirtieron que la vestimenta de los niños había la misma que habían usados sus hermanos, padres y abuelos.1

Hubo algunos poblados que poco a poco fueron dejando estos trajes «típicos«, pero en lugar de regresar a la indumentaria ancestral, se decidieron por la vestimenta europea.  Este fue el caso de San Pedro Sacatepéquez, San Marcos, el cual hizo esta solicitud en 1876, la cual fue aprobada por el presidente J. Rufino Barrios el 13 de octubre de ese año mediante el siguiente decreto:

Decreto No. 165

J. Rufino Barrios, general de División y presidente de la República de Guatemala

Considerando: que es conveniente poner en práctica medidas que tiendan a mejorar la condición de la clase indígena.

Que varios aborígenes principales de San Pedro Sacatepéquez (departamento de San Marcos) han manifestado deseo de que se prevenga que aquella parcialidad use el traje como el acostumbrado por los ladinos;

DECRETA:

Artículo Unico: Para los efectos legales, se declaran ladinos a los indígenas de ambos sexos del mencionado pueblo de San Pedro Sacatepéquez, quienes usarán desde el año próximo entrante el traje que corresponde a la clase ladina.

Dado en Guatemala, en el Palacio Nacional, a trece de octubre del año de mil ochocientos setenta y seis. 

        • J. Rufino Barrios
        • Ministro de Relaciones Exteriores y Asuntos Eclesiásticos, J. Barberena2

BIBLIOGRAFIA:

  1. Maudslay, Alfred Percival; Maudslay, Anne Cary (1899). A glimpse at Guatemala, and some notes on the ancient monuments of Central America (en inglés). Londres: John Murray.
  2. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1871-1876 I. Guatemala: Tipografía El Progreso.

23 de octubre de 1876: Asamblea Constituyente mantiene a Barrios como dictador

Debido a las circunstancias difíciles en que se hallaba Guatemala, la Asamblea Constituyente pospone la emisión de la nueva ley constitutiva y mantiene al presidente Barrios como dictador

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Plaza de Armas de la Ciudad de Guatemala.  Se observan la Catedral Metropolitana, la Fuente Colonial, el Colegio de Infantes y el Portal del Comercio. Fotografía de Eadweard Muybridge, tomada en 1875, el año en que Barrios fue nombrado dictador.

El 21 de octubre de 1875 la Asamblea Constituyente que había convocado el presidente J. Rufino Barrios entre sus correligionarios decidió conferirle al presidente guatemalteco amplios poderes de los que «se había hecho mérito» entre los pueblos que ellos representaban, con miras a mantener el orden público; de esta cuenta, el presidente Barrios gobernó como dictador con poderes absolutos a partir de ese momento.

Luego, el 23 de octubre de 1876, por considerar que las circunstancias no habían mejorado, la Asamblea convocada ese año consideró que las circunstancias difíciles se mantenían y por ello consideraron que no era conveniente emitir todavía la Constitución de la República por los próximos cuatro años.

Sin embargo, en 1878 Barrios convocó a una nueva Asamblea Nacional Constituyente compuesta por sesenta y un representantes de los pobladores de Guatemala, ya que consideraba que el país estaba finalmente en paz y era momento de regresar a la constitucionalidad.  Solamente los Jefes Políticos, Comandantes de armas y curas párrocos eran quienes no podían ser diputados constituyentes; pero debe aclararse que en esa época solamente los varones que supieran leer y escribir o que fueran soldados eran considerados como ciudadanos.

De esta cuenta, Barrios gobernó sin una constitución vigente desde que tomó el poder en 1873 hasta que fue electo como primer presidente constitucional en 1879, momento en el que fue elegido para un período de seis años.   Todo ese tiempo había gobernado amparándose en el Acta de Patzicía, y queda claro que, con constitución o sin ella, el general Barrios —al igual que había hecho el capitán general Rafael Carrera antes que él— gobernó el país a su sabor y antojo.


BIBLIOGRAFIA:


25 de septiembre de 1876: Barrios decreta ley castigando a ladrones de café

El gobierno de J. Rufino Barrios decreta una ley castigando severamente a quienes hurten plantas de café de los cultivos a gran escala

Plantación de café en Guatemala en 1875, en una fotografía tomada por Eadweard Muybridge. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El auge económico que vivió Guatemala durante el gobierno del general J. Rufino Barrios estuvo íntimamente ligado a la producción a gran escala del café, razón por la cual aquellos que se dedicaron a su cultivo tuvieron grandes concesiones y protección de parte del gobierno.  Esto se pone en evidencia en el decreto de Barrtios del 25 de septiembre de 1876, en el que textualmente dice: «Considerando: que el cultivo del café, es uno de los ramos en que la agricultura del país ofrece mejores resultados por lo que merece la mayor protección».  De hecho, las penas impuestas a quienes robasen o comprasen las plantas de café no eran de cárcel sino de trabajos forzados en los caminos rurales, para así beneficiar las comunicaciones para la exportación del grano.1

No solamente la economía del país, sino que la personal del general Barrios mejoraron considerablemente con el cultuvo del café.  Barrios pasó de poseer una finca en Malacatán, San Marcos, a tener numerosas fincas, entre las que estaban:

Se calcula que la herencia que recibió la viuda del expresidente, Francisca Aparicio de Barrios, tras la muerte del general en 1885 ascendió a más de treinta y tres millones de pesos de la época, de los cuales cuatro millones correspondieron a la venta de sus exportaciones de café por diez años hasta 1884 y otros dos millones por el ahorro en el pago de sus administradores, mayordomos, caporales y mozos, cuyo pago salía del presupuesto militar y por lo estipulado en la ley de vialidad que él mismo implementó.2 Además se incluía todo lo que ahorró en pago de mano de obra gracias a las leyes laborales que implementó su gobierno y que incluían, entre otras, el Reglamento de Jornaleros en 18773 y la Ley de Vagancia en 18784.

El decreto contra el hurto de café textualmente dice:

Decreto Número 163

J. Rufino Barrios, General de División y Presidente de la República de Guatemala,

Considerando: que el cultivo del café, es uno de los ramos en que la agricultura del país ofrece mejores resultados por lo que merece la mayor protección:

Que son reiterados los informes que se reciben de las autoridades de algunos departamentos acerca de los frecuentes hurtos de almácigos y árboles de café, sin que hasta ahora haya sido dable evitar tan graves perjuicios con las medidas preventivas y económicas que se han puesto en práctica, ni con los procedimientos judiciales encaminados a ese fin; y

Que para impedir la comisión del indicado delito cuya gravedad debe apreciarse, no en proporción al valor de lo hurtado, sino a los perjuicios causados al incremento de las plantaciones de café, se hace indispensable imponer penas que por su severidad sean capaces de reprimirlo.

DECRETA:

      1. Se declara que para la apreciación de la gravedad del hurto de que se trata, no debe atenderse al valor de la cosa sino a la calidad especial del delito.
      2. A los que hurtaren o destruyeren en la propiedad ajena, semilleros, almácigos o plantillas de café en número de uno a cien plantas, sea cual fuera el tamaño de estas, así como a los que las vendan sin poder justificar su propiedad, se les impondrá con calidad de inconmutable, la pena de cuatro meses de obras públicas.
      3. En el caso del artículo anterior, se procederá en juicio verbal, conforme a las reglas comunes de ese procedimiento.
      4. Si el hurto se cometiere en una escala mayor respecto del número de plantas destruidas, hurtadas o vendidas, se impondrá al reo o reos la pena de un año de obras públicas, de que solo podrá, a juicio del Juez, permitirse la conmutación de la mitad del tiempo a razón de diez pesos mensuales, previa indemnización del perjudicado.
      5. En este ultimo caso, conocerán de la causa, los Jueces de 1ra. instancia, y en grado la Corte de Apelaciones; el recurso se sustanciarán con señalamiento de día para la vista, la que tendrá lugar con asistencia del Fiscal y Procurador de pobres y en la audiencia inmediata se pronunciará la sentencia de que no habrá ulterior recurso.
      6. Por el solo hecho de no justificarse la procedencia legítima de las plantas vendidas, y aun cuando no proceda querella de parte, se tendrá por convicto al vendedor de que hablan los artículos 2do. y 4to. de esta ley.
      7. Serán tenidos como cómplices del hurte de que se trata y castigados con las mismas penas que los reos principals, no solo los que compren a sabiendas de la mala procedencia de las plantas, sino tambien cuando traten con personas desconocidas o sospechosas y concurran las circunstancias de bajo precio y entrega furtive de la cosa.
      8. El conocimiento de los delitos a que se refiere esta ley, corresponde exclusivamente a la autoridad ordinaria y sin excepción de fuero privilegiado.
      9. Se derogan las disposiciones anteiores que se opongan a las contenidas en el presente decreto.

Dado en el Palacio Nacional de Guatemala, a veinticinco de septiembre de mil ochocientos setenta y seis.

        • J. Rufino Barrios
        • J. Barberena, Ministro de Gobernación, Justicia y Asuntos Eclesiásticos5

BIBLIOGRAFIA:

  1. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1871-1876 I. Guatemala: Tipografía El Progreso. p. 450.
  2. Tipografía El Renacimiento (3 de agosto de 1885). Memoria de las riquezas de la mortual del Señor General expresidente Don Justo Rufino Barrios, en su relación con los intereses de la Hacienda pública (2.ª edición). Guatemala: Tipografía de «El Renacimiento». 
  3. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1877-1881 II. Guatemala: Tipografía El Progreso. pp. 69-73.
  4. Ibid., pp. 201-204.
  5. Gobierno de Guatemala, Recopilación: Las leyes emitidas por el Gobierno, 1871-1876. pp. 450-452.

30 de abril de 1876: Barrios coloca a Zaldívar en El Salvador

El general J. Rufino Barrios derroca al presidente Andrés Valle y al general González en El Salvador, y coloca al doctor Rafael Zaldívar en su lugar.

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Primer palacio de gobierno de El Salvador en el siglo XIX.  En el recuadro: el Dr. Rafael Zaldívar luego de que, siguiendo el ejemplo de J. Rufino Barrios, logró que el Senado aprobara una Constitución que le permitía extender su mandato presidencial en 1883.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Durante el siglo XIX Guatemala no era el débil estado que es ahora.  Por el contrario, sus gobernantes tenían mano de hierro y una voluntad inquebrantable que solamente la muerte pudo detener.  Tanto el conservador Rafael Carrera como el liberal J. Rufino Barrios gobernaron hasta el final de sus días e impusieron su voluntad ante quien fuera. Ambos presidentes tuvieron en común que pusieron y quitaron presidentes en Honduras y en El Salvador para tener aliados afines a sus estilos de gobierno y evitar invasiones de exiliados guatemaltecos opositores.   Y ambos se ponían al frente de sus tropas y no rehuían el combate cuerpo a cuerpo.  La diferencia fue que Carrera era un disciplinado militar que logró imponerse en batalla contra ejércitos más numerosos que el suyo, en tanto que con Barrios era «todo desparpajo; todo arrebato, todo desorden y todo sujeto a su capricho; como si no hubiesen cuarteles, como si no hubiese nada organizado y como quien trata de un juego de muchachos1

He aqui un ejemplo de lo que ocurrió con Barrios:

Hacia 1875, con la intervención de Guatemala, se formó en El Salvador el partido arista, que llevó a la presidencia de Honduras al licenciado Céleo Arias. Pero, a pesar de contar con el apoyo de Guatemala y El Salvador, su gobierno no pudo evitar que los hondureños se levantaran en varios puntos y empezó una época de insurrecciones que se prolongó por mucho tiempo. El Salvador y Guatemala enviaron contingentes de tropas, armas y dinero al señor Arias, pero el gobierno hondureño no podia controlar tanto descontento. Entonces, el mariscal Santiago González, presidente salvadoreño, se dirigió a Arias diciéndole que renunciara, cosas que no le agradó al presidente  hondureño, quien se mantuvo en el poder a pesar de la insistencia de Gonzalez y de la presión del presidente de Guatemala, el general Barrios.2

Ante la terquedad de Arias, los generales Barrios y González dieron orden a los jefes de las tropas que habían enviado originalmente para ayudar al presidente hondureño para que se aliaran a los sublevados, lo que precipitó la caida del gobernante.  Y a partir de ese momento empezaron las discordias entre los gobiernos de Honduras y Guatemala.2

Las tropas aliadas apoyaron decididamente a Ponciano Leiva, quien se convirtió en el nuevo presidente por disposición de Barrios, pero luego el mismo Barrios resolvió derrocarlo porque no le convenía a sus intereses nacionalistas.3  Llamó entonces el presidente guatemalteco a los expresidentes hondureños Céleo Arias y el general José María Medina a Guatemala, y les dió facilidades para hacer la revolución en Honduras2,3. Por su parte, el general González veía con buenos ojos la presencia de Leiva en Honduras, y lo estaba apoyando, dando lugar a los reclamos entre Guatemala y El Salvador por su intromisión en los asuntos hondureños.3  Hasta entonces Barrios había mantenido en apariencia las mejores relaciones con el presidente de El Salvador, pero la situación se complicó aún más cuando el general González empezo a dar asilo a los emigrados guatemaltecos.2

Así estaban las cosas cuando ocurrieron las elecciones presidenciales de 1876 en El Salvador, resulto electo Andrés Valle, que no pertenecía ostensiblemente a ningún partido, y que entró al poder el 2 de febrero de ese año, dejando de comandante general de las armas al mismo mariscal González, lo que equivalía a prolongar el estado de cosas.2,4

Barrios, tomando como pretexto los asuntos de Honduras, citó al nuevo presidente Valle a una entrevista que debía tener lugar en Chingo el 11 de febrero, y firmaron un convenio acerca de la conducta que deberían observar con respecto a Honduras;2  El Salvador convino explícitamente a no intervenir en Honduras, y acordando que un ejército combinado de 2000 hombres de cada país ingresaría a Honduras para deponer a Leiva y colocar en su lugar a Marco Aurelio Soto.4 Según dice el historiador Federico Hernandez de Leon: «el convenio duró lo que dura un suspiro»  y el general Barrios lo anuló unilateralmente a los pocos días,2 pues mientras estaba sesionando con Valle, González había enviado refuerzos a Leiva.4 Barrios entonces movilizó a una fuerza de cerca de 14,000 hombres a la frontera salvadoreña.4

Al verse perdido, Leiva salió huyendo hacia Nicaragua, dejando a Medina como teniente de Barrios en el gobierno de Honduras.  Medina peleó con la convicción de que le regresarían el gobierno, sin saber que el plan era colocar a Soto, dejándolo fuera de la jugada.4.  Asi, el doctor Marco Aurelio Soto fue colocado en la presidencia de la República pues era incondicional de Barrios, habiéndole servido como Ministro de Relaciones Exteriores e Instrucción Publica durante los primeros años de su gobierno en Guatemala y en agradecimiento le envió un elevado tributo feudal durante los años que estuvo de presidente en Honduras.5

Guatemala se preparó entonces para hacer la guerra a El Salvador y Barrios dijo en su manifiesto declarando las hostilidades: »El general González, cuando estaba en el poder, manifestó aparentemente ser amigo de mi gobierno; pero siempre traidor, acogía a mis enemigos …. La enemistad de ese jefe hacia mi gobierno fué aumentándose más y más cada día ; la paz que disfrutaba esta república y los progresos que se alcanzaban eran para él motivos de celos y de más rencor contra mí y de mayor odio a Guatemala …. Yo continué soportando todas sus felonías en la esperanza de que el cambio de gobierno que debía de operarse según la Constitución, llevase a la silla presidencial de esa república, a un hombre digno, que conservase conmigo leales relaciones de amistad. …»2

Barrios personalmente levantó su gente y se dirigió a la frontera; y El Salvador se vió atacado por los dos lados pues fuerzas guatemaltecas procedentes de Honduras y dirigindas por el general Solares los asediaban también.  Sin embargo, debido a la desorganización militar, al carácter violento de Barrios, y a que la comunicación con Solares solamente se podía hacer por via marítima con el pequeño vapor «General Barrios», la empresa estuvo a punto de fracasar.6

En esos días llegó a Guatemala el doctor Rafael Zaldívar, emigrado salvadoreño en Costa Rica, a tratar con Barrios asuntos referentes a la política de Centroamérica; cuando se enteró de la situación se dió cuenta que podía sacar provecho de ella y se fue para  Chalchuapa.  Al encontrarse con Barrios, éste estuvo de acuerdo en ponerlo en el gobierno salvadoreño pues Zaldívar se entregó sin condiciones y ofreció estar a mercer del presidente guatemalteco.6

Gracias a una providencial victoria del general Solares en Pasaquina sobre las fuerzas del general Francisco Delgado, que murió en el combate, Guatemala logró salir airosa de aquella guerra.7  El gobierno salvadoreño contaba con escasos recursos y tuvo que firmar el tratado de paz en el cuartel general de los guatemaltecos, emplazado en Chalchuapa.  Así, el 30 de abril de 1876, el doctor Rafael Zaldívar era designado para sustituir interinamente al presidente Valle, a cambio de un elevado tributo feudal cada año;5 y de que iba a ser su peón en la Unión Centroamericana.

Pero al final de cuentas, Zaldívar no resultaría lo que Barrios esperaba.  Ambos se verían frente a frente nueve años después, tambien en Chalchuapa, pero esta vez Barrios moriría intentando reunificar Centroamérica combatiendo contra las fuerzas de su antiguo títere.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Lainfiesta, Francisco (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala.  Período de 20 años corridos del 14 de abril de 1865 al 6 de abril de 1885. Guatemala: Pineda e Ibarra. p.170.
  2. Hernández de León, Federico (1930). El libro de las efemérides: capítulos de la historia de América Central. Tomo III. Sánchez y de Guise.
  3. Lainfiesta, Apuntamientos para la Historia de Guatemala. p. 167.
  4. Ibid, p. 168.
  5. Tipografía El Renacimiento (3 de agosto de 1885). Memoria de las riquezas de la mortual del Señor General expresidente Don Justo Rufino Barrios, en su relación con los intereses de la Hacienda pública (2.ª edición). Guatemala: Tipografía de «El Renacimiento». p. 26.
  6. Lainfiesta, Apuntamientos para la Historia de Guatemala. p. 176.
  7. Ibid, p. 178