12 de marzo de 1828: el «ataque del Viernes Santo» en San Salvador

Las fuerzas federales guatemaltecas atacan San Salvador para tratar de conquistar la plaza que se había rebelado a la autoridad federal tras el golpe de estado contra Juan Barrundia en 1826.

12marzo1828
San Salvador en la década de 1830. En el recuadro: Mariano de Beltranena, quien era el presidente federal en funciones en la Ciudad de Guatemala que ordenó el ataque a San Salvador el viernes santo 12 de marzo de 1828. Imágenes tomadas de EfemeridesSV y Ecured, respectivamente.

En el marco de la Guerra Civil Centroamericana que se inició con la prisión del jefe de Estado de Guatemala, el liberal Juan Barrundia, en septiembre de 1826,1 se produce el llamado «Ataque del Viernes Santo» por parte de fuerzas guatemaltecas a las fuerzas salvadorenas que se habían levantado en armas en contra del gobierno del presidente federal Manuel José Arce y Fagoaga,2 a quien consideraban traidor a la causa liberal por haberse aliado a las causas de los aristócratas guatemaltecos que habían perpetrado el golpe de estado contra Barrundia debido a los decretos que éste había aprobado y que afectaban directamente sus intereses.

Ya para 1828 la guerra civil llevaba dos años y Arce se había separado del gobierno, dejándolo en manos del vice-presidente, Mariano de Beltranena, luego del desastre que sufrieran sus tropas contra los salvadoreños en Milingo en 1827.3 Los Estados de Guatemala y El Salvador habían entablado varias sangrientas batallas, aunque sin resultado favorable para ninguno de los dos.4  Los guatemaltecos llamaban «herejes«, «fiebres» y «anarquistas» a los salvadoreños, mientras que éstos llamaban a los guatemaltecos «serviles» por decir que defendían la defensa de la religión y el mantenimiento de las tradiciones coloniales.5

El 1 de marzo se enfrentaron las fuerzas de ambos estados en la Batalla de Chalchuapa.  El comandante de las tropas federales guatemaltecas era el brigadier Manuel Arzú, mientras que el salvadoreño era el mercenario ecuatoriano Rafael Merino, un individuo borracho y fanfarrón que fue vencido categóricamente por las fuerzas guatemaltecas.  La noticia fue recibida en Guatemala con gran algarabía, que incluyó el repique de campanas, quema de cohetillos y hasta monjas que prendieron velas a las ánimas del purgatorio.6

Los salvadoreños no se quedaron de brazos cruzados y se prepararon para el asalto de la ciudad de San Salvador.  El 11 de marzo recibieron una propuesta de parte de Arzú para firmar la paz, pero la rechazaron por considerarla inaceptable así se prepararon para el asalto final, en el día supuestamente más sagrado para los atacantes que defendían la religión: el Viernes Santo 12 de marzo.7

Arzú llevaba a los coroneles Montúfar, Domínguez y Aycinena al frente de sus cuerpos del ejército y decidió atacar San Salvador por tres puntos diferentes. El ataque de los guatemaltecos fue salvaje y cruel, dejando tras de sí toda clase de crímenes y desolación.  El mismo Arzú dijo en un manifiesto:

«Se pinta al ejército federal incendiando los pueblos, violando la honestidad de las vírgenes y la santidad de los altares, talando los campos y reduciéndolo todo a polvo.  Esta es, en efecto, la imagen de la guerra; y estos son los males que los gobernantes sin patriotismo atraen sobre su país… Para tomar una ciudad es la más de las veces indispensable destruirla: todos los elementos de la guerra son de destrucción.»7

Los salvadoreños, por su parte, hacían añicos a cualquier federal guatemalteco que cayera en sus manos.7

A las once de la mañana del Viernes Santo los guatemaltecos estaban en la ciudad y se entabló un feroz combate que se prolongó por varias.  Arzú, que entonces tenía más de sesenta años de edad pasó tomando licor toda la batalla y ya totalmente embriagado ordenó el cese al fuego a las cinco de la tarde.8 Los salvadoreños habían logrado resistir e incluso incenciaron el parque de los invasores,2 que tuvieron que retirarse a Mejicanos y enviar emisarios para llegar a un acuerdo de paz, mientras en la ciudad de Guatemala pasaron de la euforia a la recriminación.8

Fue aquel el principio del fin para los aristócratas guatemaltecos, que el 14 de abril de 1829 tuvieron que rendirse a las fuerzas invasoras del liberal Francisco Morazán, que los redujo a prisión, les confiscó todos sus bienes, y expulsó a la mayoría de ellos de la región centroamericana.9


BIBLIOGRAFIA:

  1. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. p. 32-35.
  2. Marure, Alejandro (1844). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la república de Centro América, desde el año de 1821 hasta el de 1842. Guatemala: Imprenta La Paz en el Palacio. p. 46.
  3. García Granados, Miguel (1894). Memorias del general Don Miguel García Granados.  1. Guatemala. Tipografia Nacional.
  4. Marure, Efemérides de los hechos notables, pp. 44-45.
  5. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides; Capítulos de la Historia de la América Central. V. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 410.
  6. Ibid, p. 411.
  7. Ibid, p. 412.
  8. Ibid, p. 413.
  9. La Antorcha Centro-Americana (11 de septiembre de 1829).  Guatemala, septiembre 10. En: La Antorcha Centro-Americana. (7)  Guatemala: Imprenta Nueva. p. 28.

26 de febrero de 1840: Guatemala toma bajo su protección a los pueblos de Los Altos

El gobierno de Mariano Rivera Paz en el Estado de Guatemala toma bajo su protección a los pueblos del Estado de Los Altos tras la derrota de sus autoridades, y elimina el impuesto individual a los indígenas.

26febrero1840
Fachada de la catedral colonial de Quetzaltenango, que es lo único que queda de dicho edificio, destruido por la erupción del volcán Santa María en 1902. La nueva catedral fue construida por detrás de esta fachada. Imagen tomada de Wikimedia Commons. En el recuadro: retrato a lápiz del general mexicano Agustín Guzmán, jefe de las fuerzas armadas del Estado de Los Altos y héroe militar de los criollos altenses. Imagen tomada de Historia Militar Mexicana.

Los criollos liberales que formaron el Estado de Los Altos tuvieron dos graves problemas: por una lado, la relación entre Los Altos y Guatemala era extremadamente tirante, ya que los altenses se habían quedado con el 50% del territorio y el 75% de la capacidad productiva del Estado de Guatemala cuando se formó su estado en 1838; y, por el otro,  pueblos indígenas de la región se resistían a pagar el impuesto individual que les quería cobrar el gobierno del Estado de Los Altos.  Así pues, bastaba con una excusa para que se rompieran las hostilidades, y ésta se dió con de la masacre en Santa Catarina Ixtahuacán cuando las fuerzas altenses asesinaron a decenas de indígenas que protestaban por el impuesto el 1 de octubre de 1839.1

Después de que los indígenas le pidieran ayuda, el general Rafael Carrera y sus hombres combatieron a las fuerzas altenses al mando del general Agustín Guzmán en Sololá, y tras derrotarlos categóricamente, entraron sin oposición a la ciudad de Quetzaltenango, hasta entonces capital del Estado de Los Altos. En ese momento cesó efectivamente dicho Estado, y los criollos liberales que lo formaron vieron como el gobierno del Estado de Guatemala tomó bajo su protección a los pueblos indígenas que lo componían.2

Tras la derrota de los criollos altentenses, los pueblos indígenas solicitaron al gobierno de Guatemala que reincorporara a la región del Estado de Los Altos a su territorio y que eliminara el impuesto individual.  Los criollos, por su parte, consideraron esto un movimiento ilegal, pero no estaban en posición de hacer valer su posición en ese momento, por lo que el Gobierno de guatemala emitió el siguiente decreto:3

Considerando:

      1. Que los pueblos de los Altos se han pronunciado por medio de sus municipalidades, según consta de las actas que existen en la secretaría, desconociendo las autoridades que estaban establecidas, solicitando quedar bajo la autoridad de este gobierno y ser regidos por las leyes de este estado;
      2. Que en consecuencia de estos pronunciamientos se disolvieron dichas autoridades, desaparecieron casi todos los funcionarios, y habiendo quedado de hecho casi todos los pueblos sin gobierno, se acogieron al amparo del general Carrera, y éste se vió obligado á nombrar provisionalmente jefes políticos y jueces que se encargasen de la administración;
      3. Que posteriormente se ha solicitado con instancia por dichos pueblos que este gobierno los tome bajo su protección, y los preserve de los males que les amenazan si una autoridad respetable no hace guardar en aquellos el orden público;
      4. Que el gobierno de Guatemala en tales circunstancias no puede ver con indiferencia la suerte de unos pueblos hermanos de los que componen este estado, cuya seguridad es también interesada en la tranquilidad general;
      5. Y últimamente, que el gobierno de Guatemala no puede resolver por sí mismo de una manera definitiva sobre la reincorporación que se solicita por los pueblos expresados; mientras se reúne la asamblea constituyente del estado de Guatemala y de conformidad con el parecer del consejo, decreta:

Artículo 1°. — El gobierno de este estado toma bajo su protección a todos los pueblos de los Altos, y se considerarán reincorporados de su propia voluntad al mismo estado, mientras se resuelve lo que convenga sobre el particular por la autoridad a quien corresponda.

Artículo 2°. — En consecuencia, los pueblos de los Altos serán regidos según las leyes decretadas por la asamblea constituyente de este estado; y el gobiemo designará á los funcionarios que deban encargarse provisionalmente de los diversos ramos de la administración.

Artículo 3°. — No se exigirán a los habitantes de los Altos otras contribuciones que las decretadas por la asamblea constituyente de este estado; y se tendrá presente que está abolida la que se cobraba con el nombre de capitación. Las que deban pagarse serán recaudadas con arreglo á las leyes decretadas por la misma asamblea de Guatemala.

Artículo 4°. — Los productos de las rentas que quedan vigentes serán invertidos en los gastos de la administración de aquellos departamentos, y se llevará cuenta separada de sus rendimientos é inversión; y los sobrantes, si los hubiere, serán reservados para satisfacer en su caso las deudas contraídas anteriormente según su naturaleza.

Artículo 5°. — El gobierno nombrará, si lo creyere conveniente, un comisionado que visite los pueblos expresados, les manifieste sus deseos de hacerles bien, oiga sus quejas, procure que se consolide entre ellos el orden y la paz que tanto conviene á aquellos habitantes, y proponga al gobierno, y ponga desde luego en ejecución, todas aquellas medidas que parezcan conducentes á su tranquilidad y bienestar.

Artículo 6°. — El secretario de gobernación cuidará de dar cuenta á la Asamblea constituyente de Guatemala con este decreto y documentos relativos al asunto, para que se sirva tomarlo en consideración.3

Por supuesto que los criollos altenses no estaban conformes con esta resolución, por lo que contactaron al general Francisco Morazán, a la sazón Jefe de Estado de El Salvador para que invadiera a Guatemala y restableciera el Estado de Los Altos, a lo que Morazán accedió.  El 17 de marzo de 1840 el caudillo hondureño invadió el territorio de Guatemala y el 19 de ese mes tomó posesión de la Ciudad de Guatemala.  Uno de sus primeros actos fue sacar  al general Agustín Guzmán de las bartolinas de la cárcel en donde estaba desde que Carrera lo humilló públicamente durante su entrada trinfual tras derrotar a Los Altos en enero, y cuando éste pudo recuperarse -pues no podía ni mover las articulaciones- salió al galope para Quetzaltenango para conformar nuevamente el gobierno del Estado de Los Altos.4

Desafortunadamente para Guzmán y los criollos altenses, todo había sido un plan de Carrera, quien hizo creer a Morazán que había tomado la ciudad, solamente para caerle por sorpresa desde El Aceituno por la noche, derrotándolo completamente y obligándolo a huir gritando «¡Que viva Carrera!»  Los criollos altentes, que habían sido advertidos por Carrera en enero de que no les iba a tolerar otra sublevación, sufrieron penosas consecuencias cuando éste llegó nuevamente a Quetzaltenango tras expulsar a Morazán.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Carranza, Jesús (1897) Un pueblo de Los Altos: Apuntamientos para su historia (Totonicapán).  Quetzaltenango: Popular. p. 100.
  2. Marure, Alejandro (1895). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la República de Centro América desde el año 1821 hasta el de 1852.  Guatemala: Tipografía Nacional. p. 122-123.
  3. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1821-1869 I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 48-49.
  4. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de GuatemalaI Guatemala: Editorial del Ejército. p. 159-163.
  5. Solís, ignacio (1906). Memorias del General Carrera. 1838-1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. (1) Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 70-90.

6 de febrero de 1825: se instala el primer Congreso Federal

En la ciudad de Guatemala se instala el primer Congreso de la República Federal de Centro América.

6febrero1825
Grabado al lápiz de la Ciudad de Guatemala en el siglo XIX. En el recuadro: el doctor Mariano Gálvez, presidente del primer Congreso Federal. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Tras la desastrosa anexión a México, Centroamérica proclamó su independencia de cualquier potencia extranjera el 1 de julio de 1823, mismo día en que se constituyó en las Provincias Unidas del Centro de América.  Luego, el 6 de septiembre de 1824 convocó al primer Congreso Federal, el cual se reunió el 6 de febrero de 1825 en un edificio abarrotado por curiosos que querían saber más de lo que eran las garantías, el sufragio y, sobre todo, la libertad de que tanto hablaban los oradores y los periódicos de la época.1

La presidencia de aquel primer Congreso recayó en el doctor Mariano Gálvez, célebre político guatemalteco que fuera protagonista de los primeros 20 anos de vida independiente de la región.  En una época en que todavía todo era armonía entre los criollos centroamericanos, entre los secretarios de aquel Congreso estuvo el salvadoreno Doroteo Vasconcelos, quien veinticino anos más tarde intentaría invadir a Guatemala para expulsar a los conservadores.2

Al momento de iniciar la sesión, Gálvez pronunció la frase «el Congreso Federal de la República se halla legítimamente constituido e instalado» a la que los presentes respondieron con grandes aplausos y gritos de «viva la patria«, viva la libertad» y «vivan los diputados«.   Luego, algunos diputados solicitaron una colecta para agradecer a las tropas que prestaban sus servicios a la nación, tras lo cual todos se preparaban para abandonar el salón de sesiones, cuando llegó un oficio de parte del Gobierno Federal.3

Aquel oficio había llegado desde América del Sur hasta el puerto de Acajutlan en El Salvador, desde donde fue enviado a Sonsonate y desde allí fue enviado a la capital por correo expreso.  José Francisco Córdova, uno de los secretarios del Congreso Federal, leyó la siguiente nota:4

«Lima, diciembre 18 de 1824.

El ejército libertador, al mando del general Sucre, ha derrotado completamente el ejército espanol, el 9 del presente mes en los campos de Guamanguilla.  El general La Cerna que lo mandaba, ha sido herido y se halla prisionero con los generales de Calandras Valdés, Carratalá y demás jefes, oficiales y tropa.  Por consiguiente, todos los bagajes del enemigo, su armento y pertrechos, se hallan también en nuestro poder.  El teniente coronel Medina, ayudante de S. E., El Libertador, conducía los partes oficiales de la acción, y es de lamentar la desgracia que tuvo de ser asesinado en Guando, por los rebeldes de aquel pueblo. Más todas las autoridades de los lugares inmediatos al sitio de la batalla, avisan oficialmente el triunfo de nuestras armas, anadiendo que el general Canderac, que quedó mandando el campo, después de haber sido herido el general La Cerna, capituló con el general Sucre, estipulando expresamente que la fortaleza del Callao se entregará al ejército libertador.«4

Aquella nota significaba que América había conseguido finalmente su independencia definitiva de Espana, por lo que cuando Córdova terminó de leerla, el público presente olvidó la compostura y ovacionaron al ejército de Sucre y de Bolívar.4

Pero cuando la euforia pasó, empezaron los problemas.  Al Congreso recién instalado le correspondía sancionar la Constitución Federal que le había remitido la Asamblea Nacional Constituyente, pero dentro del Congreso surgieron dos partidos. Por un lado, estaban los que favorecían un sistema centralista y dilataban la aprobación de la Constitución Federal, a pesar de que ésta ya estaba aceptada y jurada por los Estados y algunos hasta ya habían promulgado sus Constituciones políticas. Por el otro, estaba el grupo federalista que insistía en que Centro América tenía que ser una federación. Finalmente, los centralistas votaron la aprobación de la Constitución Federal porque una Comisión Especial del Congreso, integrada por cinco miembros, uno por cada Estado les explicó  que de no sancionarse la Constitución se discutiría y votaría en el Congreso Legislativo, esta vez con el Senado, que estaba conformados únicamente por federalistas.5

Las rencillas que empezaron desde la aprobación de la Constitución se fueron acentuando entre los criollos aristócratas y los criollos liberales, al punto que apenas ano y medio después, el 5 de septiembre de 1826, se producía el golpe de estado conservador en contra del liberal Juan Barrundia en Guatemala, que desencadenó la Guerra Civil Centroamericana e inició un período convulso y violento para este Estado que se prolongó hasta 1851.6


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1925]. El Libro de las Efemérides; capítulos de la Historia de la América Central. V. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 212.
  2. Ibid., p. 213.
  3. Ibid., p. 214.
  4. Ibid., p. 215.
  5. Chamorro, Pedro Joaquín (1951) Historia de la Federación de la América Central, 1823-1840. Madrid: Ediciones Cultura Hispánica. p. 97.
  6. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. pp. 32-35.

2 de febrero de 1838: Quetzaltenango invita a Los Altos a segregarse de Guatemala

Ante la caída del gobierno del liberal Mariano Gálvez a manos de la revuelta católico-campesina, los criollos liberales de Los Altos optan por segregarse del Estado de Guatemala

2febrero1838
El interior de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de Guatemala antes de los terremotos de 1917-18. Las hordas campesinas de Carrera exigieron a las autoridades eclesiásticas que abrieran la Catedral tras derrocar a Gálvez en 1838, ya que ésta había estado cerrada desde la expulsión del arzobispo Casaus y Torres en 1829. En el recuadro: José Francisco Barrundia, líder liberal que provocó la caída de Gálvez primero al aconsejarle decretar los Códigos de Livingston y luego al aliarse con Carrera. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Tras la caída del gobierno liberal del Dr. Mariano Gálvez debido a la revolución católico-campesina dirigida por el comandante Rafael Carrera contra el impuesto personal a los campesinos, contra las medidas anticlericales y contra las leyes del nefasto Código de Livingston,1 se desató la anarquía en el Estado y los criollos aristócratas retornaron a Guatemala para tratar de hacerse con el poder, por lo que los criollos liberales de la región de Los Altos, —que comprendía todos los departamentos del occidente guatemalteco incluyendo el Soconusco (que actualmente es parte de México)— decidieron separarse de Guatemala y formar su propio estado.  El 2 de febrero de 1838, desde Quetzaltenango se nombraron comisionados que pasaron a todos los poblados de la región para pedirle a los criollos que se pronunciaran al respecto, y se estableció un gobierno provisorio integrado por el Lic. Marcelo Molina, José María Gálvez y el Lic. José Antonio Aguilar.2

Debido a las rencillas que había habido entre los criollos de QuetzaltenangoNota_a y de TotonicapánNota_b tras la caída del gobierno de Juan Barrundia en 1826, ambas cabeceras firmaron un tratado de amistad y paz el 22 de agosto de 1830, por lo que ambas participaron activamente en la formación del Estado de Los Altos.  Por esa razón, al recibir las noticias desde Quetzaltenango, los criollos de Totonicapán la acuerparon inmediatamente, y el 7 de febrero la municipalidad emitió el acta siguiente para invitar a la municipalidad de SololáNota_c a hacer lo mismo:3

En la ciudad de Totonicapán, a siete de febrero de mil ochocientos treinta y ocho, en sesión ordinaria de este día concurrieron los ciudadanos, que al margen se anotan: se dió principio a la sesión con la lectura del acta anterior y fué aprobada. En seguida la Municipalidad nombró á los ciudadanos Vicente Hernández, Párroco encargado de esta ciudad, Anastasio González y Nicanor Dubón para que en comisión pasen á la villa de Solóla cerca de aquella Corporación Municipal á proponer tratado de alianza y unión para la formación de un Sexto Estado en la Federación de Centro-América, el mismo que han jurado ya formar los departamentos de Quetzaltenango y Totonicapán,Nota_d quienes se han pronunciado independientes del Estado y Gobierno de Guatemala a consecuencia de hallarse aquel Estado en la actualidad en la más espantosa anarquía, a causa de haber sido depuesto del mando el Jefe de Estado ciudadano Dr. Mariano Gálvez por una facción sostenida por el capricho y ambición de varios partidarios desnaturalizados de la misma capital de Guatemala;Nota_e y que en esta virtud la comisión nombrada haga ver a aquella Municipalidad las desgracias á que quedarían sujetos los pueblos de los Altos y los grandes bienes de que se privarían si no se lograse la oportunidad de segregarse en la ocasión;Nota_f no dudando el pueblo totonicapeño que los del departamento de Solóla secundarán tan interesante proyecto, pues aun prescindiendo de las ventajas que las circunstancias actuales y políticas del Estado reportarán, demandan con urgencia una medida eficaz para salvarnos de los grandes é infinitos males que despedazan los departamentos de Guatemala y Sacatepéquez;  y para lograr tan interesante empresa se dio á los indicados comisionados la correspondiente certificación del pronunciamiento.

Se acordó: que del ramo de Comunidad se tomen en calidad de reintegro treinta y un pesos cinco reales para celebrar el loable pronunciamiento de segregación del Estado de Guatemala y formación de un Sexto en la República de Centro-América; con lo que se dio por concluido el presente acto, de que certifico.

        • José María Amézquita
        • Manuel Enríquez
        • Norberto Córdova
        • Felipe Say
        • Por mí y por los que no saben, Nicanor Dubón3

Por su parte, un día después de que la Asamblea del Estado de Guatemala delegó en la Asamblea Federal decidir si autorizaba la formación del Sexto Estado o no,4 el 16 de febrero de 1838 el general Agustín Guzmán -un oficial mexicano que había llegado a la región junto con las tropas de Vicente Filísola, pero que prefirió quedarse antes que regresar a México- dió a los criollos altenses el siguiente manifiesto en el que explicaba por qué era necesario desligarse de Guatemala:5

«Un funcionario republicano, cualquiera que sea su categoría, pertenece al pueblo, de él origina su poder y para él fue creado. Al pueblo debe dar cuenta de sus operaciones y su conducta pública, mucho más en las crisis políticas.

Profesando esos principios, estoy en el caso de manifestar a mis conciudadanos cual ha sido mi situación, cual mi conducta en el tiempo difícil que me ha tocado, y si he cumplido con mi primer deber, que es conservar la tranquiliad y el buen orden en los departamentos cuyas armas he mandado.

No es la elocuencia, de que carece mi pluma, la que debe trazar el cuadro que me propongo pintar; son los hechos, tales cual han pasado en estos días de consternación, de que todos son testigos. Ajeno de las afecciones que los partidos políticos dejan cuando desenfrenadas las pasiones se apoderan del corazón; mi narración será sencilla, verdadera, también imparcial, cuanto se posible en esta clase de documentos.[…]

La alarma crecía, los amagos eran terribles, la efervescencia se generalizaba, los momentos eran críticos y yo logado a un Gobierno cuya existencia ignoraba, vacilaba porque siendo un subalterno tenía que deliberar en órbita superior a mi autoridad, a mis luces y a mis fuerzas.  En lo privado y como particular conjuré algo la tempestad: la anarquía, el azote mayor para los pueblos se presentaba á mis ojos con todos los horrores de la guerra fratricida, de que la Capital estaba siendo el teatro más sangriento por un enigma inexplicable, sino se atribuye á la desesperación de un partido que no se cree suficiente para triunfar de su contrario: hablo de la unión de fuerzas que parecieron heterogénas, hicieron causa común.Nota_g

[…] Mas todo parece que conspiraba á dar un corte ventajoso, pues era pacífico. Llegan las primeras noticias de la Capital, y el grito general y uniforme de ‘No existe el Gobierno á quien reconcíamos’ resuena por todos los Altos: La Capital es presa de las facciones armadas: el Vice-Presidente de la República es víctima de ellas y otras personas más han sido inmoladas por el desenfreno de las vergonzosas pasiones: la anarquía es segura, pues la fuerza que para el triunfo parecía compacta al momento, ya sea por la diferencia de principios, sea por el desorden y el pillaje, lo cierto es que se halla divergente.

Nuestros compromisos han cesado, no porque fuesen personales, sino porque la Constitución y las leyes no existen. Nadie quiere depender del desorden, en que las vidas y las propiedades carecen de las garantías que nos unen en sociedad. […]

Si en algún caso puede ser aplicable la teoría de recuperar una sociedad sus derechos primitivos, ésto es de creérsele en el estado natural, es ciertamente el presente, en que por cuestiones secundarias y confundiendo la existencia de un Gobierno con la responsabilidad de la persona que lo ejerce; estando próxima la reunión del Cuerpo soberano ante quien debía comparecer nada se aguarda, y de hecho la fuerza decide. En tales acontecimientos, cada ciudadano tiene un voto libre; si una gran parte del Estado pronuncia su separación, lo hace legítimamente, sin que pueda con justicia decirse que rompe los vínculos que lo ligaban, porque éstos disueltos por las manos que rasgaron el pacto fundamental del Estado, carecen de fuerza y valor, mientras explícitamente no sean ratificados.»5, Nota_h


NOTAS:

    • a: en se entonces, el Departamento de Quetzaltenango incluía a los modernos departamentos de San Marcos y de Retalhuleu que solamente eran provincias)
    • b: el Departamento de Totonicapán incluía a los modernos departamentos de Huehuetenango y el norte de Quiché)
    • c: el Departamento de Sololá incluía al moderno departamento de Suchitepéquez
    • d: entiéndese aquí que quienes tomaron esa decisión fueron los criollos locales
    • e: los criollos altenses no reconocen que fueron las medidas anticlericales y los impuestos abusivos sobre los campesinos los que originaron la caída de Gálvez, y prefieren acusar a los criollos aristócratas de haber instigado la rebelión contra el gobernante.
    • f: los criollos altenses sabían que el 75% de la producción del Estado provenía de su región y preferían aprovecharla ellos antes que compartirla con los aristócratas y campesinos que habían derrotado a Gálvez
    • g: aquí Guzmán acusa a los criollos aristócratas de haber coludido con los campesinos de Carrera, sin reconocer que fueron los propios criollos liberales con José Francisco Barrundia a la cabeza quienes se aliaron con Carrera para terminar con el gobierno de Gálvez.
    • h: aquí Guzmán se refiere a que estaban por iniciarse la reuniones de la Asamblea Legislativa de la Federació Centroamericana, y confiaba en que allí autorizarían la formación del Sexto Estado, como finalmente ocurrió.6

BIBLIOGRAFIA:

  1. Solís, Ignacio (1906) Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. I. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.  pp. 15-19.
  2. García Elgueta, Manuel (1897). Un pueblo de los Altos: apuntes para su historia. Exposición Centroamericana. Quetzaltenango, Guatemala: Popular. pp. 91-92
  3. Ibid., pp. 92-93
  4. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de Orden Especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio.
  5. García Elgueta, Un pueblo de Los altos, pp. 93-94
  6. Ibid., pp. 96-97

30 de enero de 1839: Morazán impone a Salazar como Jefe de Estado

El presidente de la República Federal, general Francisco Morazán, obliga a la Asamblea del Estado de Guatemala a desconocer al jefe de Estado Mariano Rivera Paz y coloca en su lugar a Carlos Salazar.

Plaza de Armas de la Ciudad de Guatemala en 1840. En el recuadro: el general Francisco Morazán. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.
Plaza de Armas de la Ciudad de Guatemala en 1840. En el recuadro: el general Francisco Morazán. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Tras la caída del jefe de estado, Dr. Mariano Gálvez tras la revolución católico-campesina encabezada por el comandante mestizo Rafael Carrera,1 el poder quedó en manos del doctor Pedro Valenzuela, quien tuvo que renunciar en favor de Mariano Rivera Paz2, quien de inmediato derogó los decretos anticlericales y permitió el retorno de los criollos aristócratas expulsados por el general liberal Francisco Morazán en 1829.3

A Morazán, aún presidente de la República Federal de Centro América, no le hizo ninguna gracia que se permitiera el retorno de los conservadores y convocó a la Asamblea Legislativa del Estado de Guatemala para que se reunieran el 30 de enero de 1839.  En esa reunión, los obligó a cancelar el nombramiento de Rivera Paz y a que emitieran un decreto que dice:

1°. Cesa en el ejercicio del poder ejecutivo y volverá al consejo el presidente del mismo cuerpo [Mariano Rivera Paz].

2°. Se ha por jefe provisorio del Estado, electo por el cuerpo legislativo, el ciudadano Carlos Salazar.

Este decreto tenía que ser presentado a Rivera Paz para que lo firmara para autorizar su ejecución, pero Morazán no lo permitió e hizo que fuera Salazar el que lo firmara. Además, para humillar a Rivera Paz, cuando éste llegó al Palacio del Ejecutivo, se levantó y cuando el aún jefe de Estado llegaba al umbral de su despacho le dió un portazo dejándolo fuera de la sala.  Rivera Paz, lejos de amedrentarse, tranquilamente se fue a su casa y Salazar empezó en sus funciones como jefe de Estado, impuesto por Morazán en una forma claramente ilegal.4

Salazar, quien era salvadoreño, gozaba de cierto prestigio porque había derrotado a Carrera en Antigua Guatemala cuando éste estaba a punto de tomar la capital del Estado antes de que cayera Gálvez.  Pero también había abandonado a Rivera Paz cuando la situación se agravó, permitiendo que varios conservadores llegaran a los ministerios del Estado.5 Su primer acto oficial fue disolver a la Asamblea que lo había impuesto como jefe de Estado, y al día siguiente, 31 de enero, convocó a una nueva asamblea constituyente para que redactar una nueva constitución.  Sin embargo, lo que se necesitaba en ese momento era hacerse cargo de la administración de un Estado prácticamente en ruinas, y no de elaborar nuevas leyes que nadie iba a cumplir.6

Ante esta situación, y luego de conocer de un pacto de alianza entre Honduras y Nicaragua contra Morazán, los grupos guerrilleros campesinos de Mita al mando del ahora teniente coronel Rafael Carrera empezaron a activarse nuevamente y el 24 de marzo de 1839 lanzaron una proclama contra Morazán, desconociendo a Salazar y la Asamblea de Guatemala.7  Morazán había terminado su segundo período como presidente federal y fue sustitudo por Diego Vigil dejando a Salazar todavía más debilitado.  Como sus asesores liberales eran incompetentes, su régimen no tardó en sucumbir, y el 13 de abril de 1839 tuvo que salir huyendo por los techos de las casas para no caer en manos de las hordas de Carrera que entraron a la ciudad, hicieron salir huyendo a los criollos liberales y restituyeron en su puesto a Rivera Paz.8


BIBLIOGRAFIA:

  1. Solís, Ignacio (1906) Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. (1) Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 14-87.
  2. Woodward Jr., Ralph Lee (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.
  3. Hernández de León, Federico (20 de febrero de 1926) “El capítulo de las efemérides: 20 de febrero de 1838, Una Ley Conciliatoria”. Guatemala: Nuestro Diario.
  4. — (1963) [1926]. El Libro de las Efemérides, Capítulos de la Historia de la América Central V. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 172.
  5. Ibid., p. 173.
  6. Ibid., p. 174.
  7. Marure, Alejandro (1895) Efemérides de los Hechos Notables acaecidos en la República de Centro América desde al año de 1821 hasta el de 1842. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 113.
  8. Hernández de León, El Libro de las Efemérides, p. 175.

22 de enero de 1829: los liberales de Antigua se rebelan contra Aycinena

Debido a la persecusión de que eran objeto por parte del gobierno conservador de Mariano de Aycinena, los liberales en Antigua Guatemala se rebelan contras la autoridades del Estado

22enero1829
Ruinas del pórtico principal de la iglesia de la Compañía de Jesús antes de ser destruidas por los terremotos de 1917-18 y 1976. En el recuadro: el Jefe de Estado Mariano de Aycinena. Imágenes tomadas de Mizner Scrap Book of Central America y de Wikimedia Commons.

Tras el desastre de Milingo en 1827, el general Manuel José Arce fue cortesmente obligado a renunciar a la presidencia de la República Federal de Centro América, dejando el poder en manos de Mariano de Beltranena.  Para entonces, los criollos liberales habían dado la espalda al proyecto político de Arce, y lo acusaban de haberse aliado a los criollos aristócratas conservadores de la ciudad de Guatemala, que servía en ese entonces como capital de la Federación.1  Por su parte, en el estado de Guatemala gobernaba desde noviembre de 1826 el líder conservador Mariano de Aycinena, quien había llegado al poder tras el golpe de estado contra el liberal Juan Barrundia y la captura de éste por parte de Arce en 1826, y quien había emprendido una labor enérgica en contra de los criollos liberales, cuyos líderes exiliados en El Salvador hacían una campaña incesante en contra de su gobierno.2

Aycinena declaró al Dr. Pedro Molina, quien estaba exiliado en El Salvador, y a sus allegados como enemigos de la patria por medio del llamado «Decreto Fatal» en marzo de 1827 y emprendió una represión contra los liberales en Guatemala, por lo que éstos se refugiaron en la ciudad de Antigua Guatemala, en donde el jefe político del departamento, Sebastián Morales, era un liberal que se había puesto al servicio del gobierno conservador para conseguir una puesto como éste, ya que Sacatepéquez y Chimaltenango eran la puerta de acceso a la región de Los Altos.3  Además, la antigua capital del Reino de Guatemala se prestaba para una conjura, ya que en ese época contaba apenas con diez mil habitantes, y quedaba sumida en la oscuridad y quietud tan pronto como se ponía el sol.4

Uno de los organizadores de aquella conjura era el Dr. Mariano Gálvez, quien en esa época no era bien visto por los criollos liberales porque había apoyado sido secretario de Gabino Gaínza y firmado el decreto de anexión a México en 1822,5 pero quien gracias a su inteligencia logró imponerse entre sus correligionarios, cuyo número crecía día a día. Y así, el 22 de enero de 1829, los liberales con  el jefe político Sebastián Morales a la cabeza, desconocieron la autoridad de Aycinena aduciendo que solamente reconocían el gobiero del despuesto Juan Barrundia.6

Los alzados, que eran aproximadamente seiscientos, pidieron que les proporcionaran armas y le ofrecieron el mando de la fuerza al coronel francés Nicolás Raoult, quien políticamente declinó la oferta, aduciendo que era ir al sacrificio, a pesar de que era uno de los principales alborotadores.  Y antes de que lograran conseguir un nuevo jefe militar, las autoridades conservadores enviaron un contingente militar a Antigua y los liberales se dispersaron como pudieron.6

A pesar de aquella derrota inicial, los liberales resultaron vencedores sobre el gobierno de Aycinena porque cuando la noticia del fracaso de la revuelta llegó a oídos del general hondureño Francisco Morazán, éste de inmediato movilizó  su «ejército protector de la ley» y emprendió camino a Guatemala, sitiando la ciudad y obligando a la renuncia de las autoridades federales y estatales el 14 de abril de ese mismo año.6


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1926]. El Libro de las Efemérides; Capítulos de la Historia de la América Central. V. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 128.
  2. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. p. 32.
  3. Hernández de León, El Libro de las Efemérides, p. 129.
  4. Ibid., p. 130.
  5. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1821-1869 I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 14-16.
  6. Hernández de León, El Libro de las Efemérides, p. 131.
  7. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 361-366.

19 de enero de 1839: el Estado de Los Altos reorganiza su gobierno

Tras el rompimiento del pacto federal y el apoyo del Congreso Federal de los Estados que aún quedaban, el Estado de Los Altos reorganiza su gobierno

19enero1839
El valle de Totonicapn. En esta ciudad funcionó la Asamblea Constituyente del Estado de Los Altos hasta que se trasladó a Quetzaltenango en 1839. En el recuadro: el escudo del Estado de Los Altos. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Aunque existe la leyenda de que el Estado de Los Altos era únicamente el actual departamento de Quetzaltenango en Guatemala, la realidad fue que estuvo conformado por todos los departamentos del occidente guatemalteco, y su sede original estuvo en la ciudad de Totonicapán, que era cabecera del entonces enorme departamento homónimo.Nota a

El 18 de mayo se había roto el pacto federal en Centroamérica cuando Francisco Morazán no quiso convocar a elecciones federales y Honduras, Costa Rica y Nicaragua se separaron de la federación.1  Entonces, el 30 de mayo, para favorecer y fortalecer al recién creado Estado de Los Altos, el congreso federal de los estados restantes declaró que cada estado era libre de organizarse como mejor le pareciera.2 El Estado de Los Altos, se había formado luego de que las fuerzas católico-campesinas del general mestizo Rafael Carrera derrocaran al gobierno liberal del Dr. Mariano Gálvez en Guatemala3  y ocupaba un considerable territorio con toda la frontera con México, y con salida al mar en el puerto de Champerico. Además, con estas grandes ventajas, podía desarrollarse cómodamente dejando por un lado a Guatemala, y la guerra civil en que ésta estaba inmersa, además de adoptar el régimen económico que mejor le pareciera para el trabajo indígena.4

El 19 de enero de 1839 fue un día trascendental para Los Altos, ya que organizaron su estado en base al decreto emitido por el gobierno federal el 30 de mayo.  Entonces, para mejorar su administración decidieron trasladar la sede de la Asamblea de la ciudad de Totonicapán a la de Quetzaltenango, y organizaron debidamente el funcionamiento del Ejecutivo, mediante los siguientes decretos dado en la ciudad de Totonicapán el 19 de enero de 1839, y firmados por José Antonio Azmitia, como diputado presidente, José María Ramírez Villatoro, como diputado secretario, y por Manuel J. Fuentes, como diputado vice-secretario.5

Número 7: traslado de la sede la Asamblea de Totonicapán a Quetzaltenango

La Asamblea Constituyente del Estado de los Altos considerando: que la suspensión de sesiones, para verificar la traslación ala ciudad de Quezaltenango, pudiera disolver ó dificultar el que se reuniese el día prescrito ó cuando conviniese á los pueblos, la representación del Estado: deseando
obviar este peligro por la adopción de medidas precautorias que alejen hasta la posibilidad de tal acontecimiento, ha tenido á bien decretar y DECRETA:

Si el 28 del corriente, en que deben continuar las sesiones en Quezaltenango, ó antes, en el caso que tiene acordado el Cuerpo Legislativo, no estuviese en aquella ciudad el número necesario de Representantes para constituir Asamblea, los Diputados que se reunieren, sea cual fuere su número, obligarán á concurrir á los ausentes, pudiendo emplear las medidas coactivas que juzguen propias á compelerlos; y, además, quedan autorizados para llamar á los respectivos suplentes, recibirles juramento y darles posesión.5

Número 8: celebración de la Independencia de Los Altos6

La Asamblea Constituyente del Estado de los Altos, procurando la celebridad debida al día en que los pueblos altenses apoyadost en la ley fundamental de la República tomaron la gloriosa resolución de proclamarse por un Cuerpo Político independiente, libre y soberano ,igual en derechos a los demás estados que componen la Unión Centroamericana; considerando es paso como productor de bienes inestimables, por que adquiriendo los hijos de los Altos la prerrogativa de cuidar por  sí mismos de sus propios y peculiares intereses, podrán poner en acción sus inmensos recursos y elevarse el alto grado de prosperidad á que por la naturaleza son llamados: atendiendo, además, á que habiendo sido general la inspiración de los pueblos por su independencia, debe también ser general el júbilo, y que la ley permita y promueva la expansión del ánimo en todos los funcionarios y particulares por el aniversaiio de tan fausto día, ha tenido á bien decretar y DECRETA:

Art. 1°. Será fiesta cívica en el Estado el 5 de febrero de cada año.— En él deben cesar las ocupaciones cotidianas á que por su destino están obligados á dedicarse todos los agentes de la administración pública; y lo guardarán del mismo modo que los días religiosos de entera guarda.

Art. 2°. La autoridad política de cada pueblo reunirá en dicho día á todos los empleados y vecinos principales que haya en él; y pronunciará ó hará que se pronuncie en el lugar que juzgue más á propósito, un discurso análogo al objeto de tan augusta función.

Art. 3°. La autoridad política de cada pueblo hará además que se celebre el indicado día con toda la solemnidad, pompa y regocijos públicos que sean posibles.6

Aprovechando el decreto federal del 30 de mayo de 1838, la Asamblea Constituyente altense emitió el siguiente decreto:7

Núm. 9: Los Altos aceptan reorganizar su gobierno

La Asamblea Constituyente del Estado de los Altos, habiendo tomado en consideración el Decreto del Congreso de treinta de mayo último, que declara á los estados en libertad de constituirse sin sujeción á lo prevenido en el título doce de la Constitución federal: convencida de que semejnate reforma es tanto más necesaria al nuevo Estado de los Altos, cuanto que éste va á darse su ley fundamental, y no pueden serle aplicables reglas prescritas sin conocimiento de sus circunstancias, deseando no obstante, se respeten las restricciones indispensables á conservar la Unión Centro-Americana, ha tenido á bien decretar y DECRETA:

Art. 1°. El Estado de los Altos, en uso del poder que le da, y para los fines que expresa el artículo doscientos dos de la Constitución federal, acepta el proyecto de reforma expedido por el Congreso en treinta de mayo del año próximo pasado, el cual dice: 1. Son libres los estados para constituirse del modo que tengan por conveniente; conservando forma republicana popular y división de poderes—2. -Queda derogado el titulo doce de la Constitución federal de veinte y dos de noviembre de mil ochocientos veinte y cuatro; y sustituida con el anterior artículo.

Art. 2°. Acepta, igualmente las explicaciones hechas por el mismo Congreso en nueve de junio último, por las cuales no se entienden derogadas la segunda parte del párrafo segundo, ni la primera del tercero, del artículo ciento setenta y ocho, que dicen: ‘más conocimiento del Congteso no podrán (las legislaturas de los estados) imponer contribuciones de entrada y salida en el comercio con los extranjeros ni en el de los estados entre si. Podrán fijar periódicamente la fuerza de línea si se necesitase en tiempo de paz, con acuerdo del Congreso’.7

Y, finalmente, los diputados constituyentes organizaron  la Secretaría del Estado, en el decreto siguiente que reproducimos por ser importante para conocer como funcionaba la administración de Los Altos:8

La Asamblea Constituyente del Estado de los Altos, considerando: que el Gobierno debe tener una Secretaría, con las manos necesarias para el despacho de los negocios que  son de su resorte; qué conforme á los principios de un sistema liberal de gobierno, todo funcionario es responsable de sus propios actos ú omisiones en el ejercicio de su destino: y  deseando que la expresada oficina tenga algún arreglo aunque no sea más que provisional y mientras se da la Constitución del Estado, ha venido en decretar y DECRETA:

Art. 1°. La Secretaría del Gobierno constará de un Secretario de Estado y del despacho general; de un oficial mayor con ejercicio de decretos; de un oficial archivero y escribiente; de un escribiente y de un portero.

Art. 2°.  Además, con permiso del Secretario, podrá haber en la Secretaría escribientes meritorios, con opción á las plazas de su clase, que se provean en cualquiera de las oficinas del Estado, siempre que concurra en ellos igualdad
de aptitudes y circunstancias á las que tengan los otros que las soliciten.

Art. 3°. Para ser Secretario del Gobierno se requiere la edad de veinticinco años, y estar en ejercicio de los derechos de ciudadano.

Art. 4°. Todas las órdenes, mandatos ó disposiciones que el Jefe del Estado dictare en uso de su autoridad, deberán ser firmados por el Secretario; y ningún habitante del Estado obedecerá las que carezcan de este requisito; para lo cual se dará á reconocer oportunamente la firma del Secretario.

Art. 5°. El Secretario responde al Estado del fiel desempeño de sus funciones, así como de las órdenes, mandatos ó providencias del Ejecutivo, en que no haya salvado su voto dicho Secretario y sean contrarias á las leyes.

Art. 6°. Cuando el Secretario considere ilegal un acuerdo del Jefe del Estado, salvará su voto, escribiéndolo á continuación del indicado acuerdo.

Art. 7°. La Asamblea declarará haber lugar á formación de causa contra el Secretario del despacho: por traición, venalidad, falta grave en el desempeño de sus funciones, delitos comunes, infracción de ley y usurpación; y juzgará la Corte de Justicia del Estado.

Art 8°. En las declaratorias de haber lugar a formación de causa, así como en el juicio de responsabilidad contra el Secretario del despacho, tiene lugar lo dispuesto en el artículo ciento cuarenta y cinco de la Constitución federal

Art 9°. El oficial mayor entrará a ejercer accidentalmente las funciones del Secretario del Estado en todas las faltas de éste.-En tal caso le son aplicables todas las disposiciones de este decreto, relativas al Secretario; y para facilitar la sustitución se dará también a conocer la firma del oficial mayor luego de que haya tomado posesión de su destino.

Art. 10.—Todos los empleados de la Secretaría del Gobierno estarán bajo las inmediatas órdenes del Secretario general del despacho.

Art. 11.— Los dependientes de la Secretaría asistirán diariamente al servicio de ella siete horas á lo menos; y todas las veces y á cualquiera hora del día y de la noche, que á juicio del Jefe ó del Secretario se crea conveniente.

Art. 12. — Tanto el Secretario como los demás individuos de la Secretaría General del Gobierno serán nombrados y removidos libremente á voluntad del Ejecutivo.8

Ahora bien, a pesar del apoyo recibido por el gobierno federal, la debilidad cada vez mayor del mismo y la significativa pérdida económica que representaba para Guatemala perder la frontera con México, además de la amenaza constante para el gobierno conservador de Guatemala de tener por vecino a un estado liberal abiertamente hostil, la guerra contra Los Altos no tardó en producirse, resultando en la reincorporación de ese territorio a Guatemala a manos del general Rafael Carrera a principios de 1840.9


NOTAS:

  • a. En esa época, Totonicapán abarcaba todo el territorio de los modernos departamentos de Huehuetenango, Toconicapán y el sur de Quiché, y parte de territorio que actualmente pertence a México, debido a que las fronteras entre ambos países no estaban definidas.

BIBLIOGRAFIA:

  1. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de GuatemalaI Guatemala: Editorial del Ejército. pp. 157, 235, 246, 272 y 304.
  2. Marure, Alejandro (1844). Efemérides de los hechos notables acaecidos en la república de Centro América, desde el año de 1821 hasta el de 1842. Guatemala: Imprenta La Paz. pp. 104-105.
  3. Solís, Ignacio (1906). Memorias del General Carrera. 1838-1840. En: Colección de Datos Históricos y Biográficos. (1) Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 3-90.
  4. Taracena, Arturo (1999). Invención criolla, sueño ladino, pesadilla indígena, Los Altos de Guatemala: de región a Estado, 1740-1871. Guatemala: CIRMA. Archivado desde el original el 9 de enero de 2016.
  5. Carranza, J.E. et. al. (1897) Un pueblo de Los Altos. Apuntamientos para su Historia (Totonicapán). Quetzaltenango: Popular. pp. 262-263.
  6. Ibid., pp. 263-264.
  7. Ibid., pp. 264-265.
  8. Ibid., pp. 265-266.
  9. Hernández de León, Federico (17 de febrero de 1926) “El capítulo de las efemérides: 17 de febrero de 1840, entrada triunfal de Carrera”. Guatemala: Nuestro Diario.

 

17 de noviembre de 1842: Guatemala se queja ante México por el Soconusco

Guatemala se queja de la decisión de México de apropiarse militarmente de la región del Soconusco

17noviembre1842
Mapa de México en 1847, mostrando la enorme extensión de ese país norteamericano antes de perder sus territorios por el tratado Guadalupe Hidalgo en 1848. En la frontera sur, se aprecia que Soconusco todavía aparecía en Guatemala, pese a la anexión de 1842, ya que el territorio era reclamado por Guatemala. En el recuadro: el presidente mexicano Antonio López de Santa Anna, que anexó Sonocusco en 1842 y perdió California, Colorado, Nuevo México, Arizona y Texas en 1848. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Aunque Anastasio Bustamante y Oseguera, presidente de México de 1839 a 1841, era partidario de anexar al Soconusco a su país, no pudo realizarlo porque durante su corta presidencia tuvo que enfrentar la Guerra de los Pasteles, el Pronunciamiento Federal del 15 de julio de 1840, la rebelión federalista del Plan de Tacubaya el 28 de septiembre de 1841 y su propio derrocamiento el 11 de octubre de 1841 por el movimiento del Plan de Huejotzingo.1

Por ello, cuando el alcalde de Tapachula pidió la anexión a México debido al abandono en que se encontraba su región el 11 de septiembre de 1842, el nuevo presidente mexicano Antonio López de Santa Anna zanjó la cuestión mediante una invasión militar, motivando las protestas de Guatemala.2

La primera protesta formal ante esta situación fue la del 12 de septiembre de 1842, dirigida por el Ministro de Relaciones Exteriores guatemalteco a su homólogo mexicano en la que abundaban datos geográficos, históricos y económicos, que demostraban los derechos de Guatemala y se reiteraba el calificativo de ocupación por la fuerza y terminaba exigiendo al gobierno de México la evacuación de las tropas destacadas en Soconusco, tras advertir que la agresión perpetrada podría ser justificadamente repelida con el uso de la fuerza.2 Pero no se declaró la guerra y tampoco se rompieron las relaciones diplomáticas sencillamente porque en ese momento Guatemala no tenía la capacidad logística para emprender una guerra, ya que estaba prácticamente en la ruina tras la revolución católico-campesina de Rafael Carrera en 1837-38,3 la secesión y posterior guerra contra el Estado de Los Altos (al que pertenecía el Soconusco) entre 1838 y 18404, y la guerra entre Guatemala y las fuerzas invasoras de Francisco Morazán en 1840.5

El 17 de noviembre de 1842 Guatemala hizo llegar a todos los países con los que se tenían establecidas relaciones diplomáticas otra protesta en la que denunciaba la ocupación militar y el decreto de anexión emitido por el Presidente mexicano López de Santa Anna y en la que reafirmaba la vigencia de los derechos guatemaltecos sobre Chiapas y Soconusco. Como la anterior, aquella protesta se quedó en nada debido a la debilidad del estado guatemalteco.2

Guatemala siguió en una situación de anarquía por los siguientes 10 años, y no logró consolidarse sino hasta que el general Rafael Carrera venció a los criollos liberales centroamericanos que intentaban hacerse con el poder del Estado el 2 de febrero de 1851 en la batalla de la Arada.6 Durante todo ese tiempo, como es natural, Guatemala no estaba en capacidad de reclamar a México sus derechos sobre el Soconusco, ya que ella misma estaba en peligro de perder su soberanía como Estado. De esta cuenta, si bien el asunto era el de dos países enfrascados en una relación asimétrica donde el más fuerte se impone sobre el más débil, también se logró «el triunfo del hecho consumado sobre el derecho inadecuadamente defendido«.2

A pesar de esa difícil situación, sí se mantuvieron hasta bien avanzado el siglo y en suficiente vigencia, los derechos que Guatemala defendía. Pero, cuando el presidente guatemalteco, general J. Rufino Barrios se hizo cargo del asunto7, los acontecimientos se precipitaron y culminaron con la firma del desastrozo Tratado de Límites Herrera-Mariscal entre Guatemala y México de 18828, por el que Guatemala renunció para siempre al reclamo sobre el Soconusco, debido a la incapacidad diplomática del presidente guatemalteco y la de los miembros de su cuerpo diplomático.9 De acuerdo al ingeniero Claudio Urrutia, jefe de la Comisión de Límites, «en todo con lo que la cuestión de límites se relacionó durante aquella época, existe algo oculto que nadie ha podido descubrir, y que obligó a las personas que tomaron parte en ello por Guatemala a proceder festinadamente o como si obligados por una presión poderosa, trataron los asuntos con ideas ajenas o de una manera inconsciente10

Es importante destacar que debido a la ineptitud de los militares y dirigentes de México, en la guerra contra los entonces débiles Estados Unidos, el poderoso estado mexicano terminó perdiendo enormes territorios en su frontera norte por el tratado Guadalupe Hidalgo en 1848.2


BIBLIOGRAFIA:

  1. Vigil, J.M., México a través de los siglos, la Reforma, Tomo V, Ed. Cumbre, México D.F., 1958.
  2. Solís Castañeda, Sara (2013). La cuestión limítrofe-territorial guatemalteca en el siglo XIX: casos de Chiapas, Soconusco y Belice. Guatemala: Instituto de Relaciones Internacionales e Investigaciones para la Paz.
  3. Hernández de León, Federico (24 de marzo de 1926) “El capítulo de las efemérides: 24 de febrero de 1838, Informe de las Conferencias de Mataquescuintla”. Guatemala: Nuestro Diario.
  4. Taracena, Arturo (1999). Invención criolla, sueño ladino, pesadilla indígena, Los Altos de Guatemala: de región a Estado, 1740-1871. Guatemala: CIRMA. Archivado desde el original el 9 de enero de 2016.
  5. Hernández de León, Federico (13 de marzo de 1926)  «El Capítulo de las Efemérides. 13 de marzo de 1840: Sale Morazán de El Salvador sobre Guatemala». Guatemla: Nuestro Diario.
  6. Sierra González, Aída Lucila (2001). «La batalla de la Arada». Guatemala: Servicio de Historia Militar, Sección de Investigaciones Históricas, Museo Militar. Archivado desde el original el 21 de diciembre de 2014.
  7. Batres Jáuregui, Antonio (1944). La América Central Ante la Historia. 1821-1921. III. Guatemala. Tipografía Nacional. pp. 431-432.
  8. Salazar, Ramón A. (1892) Colección de Tratados de Guatemala. Guatemala: Tipografía Nacional.
  9. Lainfiesta, Francisco (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala: período de 20 años corridos del 15 de abril de 1865 al 6 de abril de 1885.  Guatemala: Pineda e Ibarra. p. 249-250.
  10. Comisión Guatemalteca de Límites con México (1900). Memoria sobre la cuestión de límites entre Guatemala y México. Guatemala: Tipografía Nacional.

25 de octubre de 1830: severa falta de fondos de la Facultad de Medicina

La Asamblea Legislativa se niega a tratar el la crítica falta de fondos para la Facultad de Medicina de la Nacional y Pontificia Universidad de San Carlos

25octubre1830
Interior del Hospital San Juan de Dios en la Ciudad de Guatemala a principios del siglo XX. En el recuadro: el escudo de la Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

En la historia guatemalteca existen varias falacias, que de tanto repetirse se han convertido en verdades para muchos ciudadanos.  Una de ellas es que la Universidad de San Carlos de Guatemala, la única institución pública de educación superior en el país, tiene más de trescientos años de historia.  Y es que, si bien es cierto que ha existido por lo menos una Universidad en Guatemala desde 1676, la realidad es que la institución a atravesado importantes transformaciones, que prácticamente han hacen formado diferentes instituciones a través del tiempo. 

La Real y Pontificia Universidad de Guatemala fue completamente descuidada tras la Independencia de Centroamérica, al punto que los estudios de medicina prácticamente desaparecieron.1 Primero, por la inestabilidad política que hubo en la región durante y después de la anexión al efímero Imperio de Agustín de Iturbide;2 luego, por la Guerra Civil Centroamericana que se inició con la prisión del Jefe de Estado Juan Barrundia en septiembre de 1826 por orden del presidente Federal Manuel José Arce y Fagoaga;3 y, por último, tras el derrocamiento del gobierno golpista del conservador Mariano de Aycinena en 1829, y la subsiguiente expulsión del arzobispo y de los frailes de las órdenes regulares,4,5 porque el nuevo gobierno liberal no se preocupó por una educación superior cuyo único fin era preparar doctores de la Iglesia, abogados versados en derecho canónico (es decir, religioso) y apenas un puñado de médicos que no llegaba ni a la decena.  (Nota de HoyHistoriaGT: El gobierno de los criollos liberales -que había abrazado a la Ilustración como bandera para combatir a los criollos conservadores y a la Iglesia Católica, a quienes aborrecían por sus privilegios económicos y comerciales-  necesitaba de una institución laica, que preparara nuevos profesionales destinados a transformar el Estado de Guatemala en un país en donde existiera una marcada separación entre la Iglesia y el Estado).  

En este estado de cosas, los estudiantes de medicina – que eran solamente nueve en total – enviaron la siguiente carta al Jefe de Estado el 29 de septiembre de 1830, ante el abandono en que se encontraban los estudios de su carrera:1

«Los pasantes y cursantes de Medicina y Cirugía, hacemos presente que hace 6 o más años que se halla sepultada en el más triste olvido la ciencia más benéfica a la especie humana, y la más necesaria a su conservación, que la ignorancia debe ser mayor cada día a proporción que desaparezcan entre nosotros los establecimientos literarios, y en especial las Ciencias Médicas perecerán, si antes de ello no venimos a implorar protección del Gobierno.  Las clases de Anatomía y Cirugía del Hospital han sido suprimidas, y casi lo mismo pasa con la de la Universidad, donde la da con celo y gratis el Lic. Buenaventura Lambur.  Los jóvenes que se dedican a la Cirugía pierden su tiempo en asistir al Hospital, donde se convierten en simples espectadores o enfermeros mecánicos.  El cirujano mayor, Francisco Carrillo, no enseña nada ni tendrá tiempo para ello. Los estudiantes se volverán verdaderos empíricos, charlatanes y temerarios.

En Guatemala se necesita la Cirugía más que en ninguna parte, pues abundan los heridos que claman por la Cirugía científica.  Si todas las ciencias son útiles, ninguna como la Medicina. ¿Qué sería del hombre sin ella? Las pestes acaban con la raza humana y hay que pensar en los beneficios que reportó la vacuna.  Guatemala tuvo grandes sabios como Flores y Esparragosa, después de ellos todo se acabó.

El Estado está obligado a protegernos, para evitar el terrible mal y gozar los bienes que promete. 

Nunca hemos tenido una clase de Clínica, este vacío es de gran trascendencia, pues ¿qué hemos de hacer en un teatro de enfermedades que no sabemos distinguir, sin tener nociones de Botánica y Química para la terapéutica, sin conocer un cadáver y buscar en él las causas de las muertes repentinas?

Solo adquirimos conocimientos inciertos e inútiles, y perjudiciales para la salud.  El abogado y el eclesiástico pueden perder los bienes materiales que se recobran y tienen precio, los médicos tienen la vida del hombre, que no tiene precio, y es el don divino del cielo puesto en las sagradas manos del médico.

Las enfemedades son inseparables del hombre, y todos claman: curadme, dadme un remedio para mi mal.  Y si no hay quien cure, la ignorancia favorecerá al curanderismo, azote del género humano.

Pedimos pues protección al gobierno, restablecimiento de la cátedra de medicina de la Universidad, yde las de Anatomía y Cirugía en el Hospital, dándoles la renta necesaria.  Así lo exigen los intereses de la humanidad y del Estado, en cuyo suelo tuvimos el honor de nacer.

      • (f.) Tadeo Croquer, Benedicto Sáenz, Andrés Castro, Nazario Toledio, Hipólito Matute, Eugenio Aguilar, Mariano Croquer, Mariano Aragón y José Farfán.»

Ante este asunto de vital importancia, el Jefe de Estado pidió a la Asamblea que resolviera la situación, pero ésta se limitó a decir que aunque la Medicina era importante, el asunto no era tan urgente.1  De esta forma, la Asamblea no solamente dejó morir a la Facultad de Medicina sino que a la Nacional y Pontificia Universidad de San Carlos, a la que sustituyó por la Academia de Ciencias y Estudios en 1832 que funcionó en el antiguo convento franciscano, que había sido expropiado en 1829.3

Esta nueva institución de educación superir tuvo una vida efímera, pues debido a la revolución campesina católica dirigida por el general mestizo Rafael Carrera en 1837-38,6 cayó en el mismo abandono que su antecesora, y finalmente fue clausurada en 1840.  Ese año, se estableció nuevamente la Nacional y Pontificia Universidad de San Carlos, en particular su escuela de Medicina, retornando además los estudios religiosos y a la unión de la Iglesia y el Estado , aunque la Universidad ya solamente era para el pequeño Estado de Guatemala y no para toda la región Centroamericana como había sido en sus inicios.3


BIBLIOGRAFIA:

  1. Martínez Durán, Carlos (2009). Las Ciencias Médicas en Guatemala: Origen y Evolución. Guatemala: Editorial Universitaria. pp. 582-583.
  2. Wortman, Miles (1976). Legitimidad política y regionalismo: el imperio mexicano y Centroamérica. Nueva York, NY: State University at Geneseo.
  3. Pineda de Mont, Manuel  (1872). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1871 III. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio.
  4. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. pp. 32-35.
  5. La Antorcha Centro-Americana (11 de septiembre de 1829).  Guatemala, septiembre 10. En: La Antorcha Centro-Americana. (7) Guatemala: Imprenta Nueva. p. 28.
  6. Solís, Ignacio (1906) Memorias de Carrera, 1837 a 1840. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 13-17.

13 de octubre de 1826: linchamiento de Cirilo Flores

Una turba fanática lincha al jefe de Estado Cirilo Flores en Quetzaltenango, poco después de la prisión de Juan Barrundia

13octubre1826
Vista general de la ciudad de Quetzaltenango en la década de 1880. En el recuadro: busto del Jefe de Estado Cirilo Flores que se encuentra en la ciudad de Quetzaltenango. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons y del Departamento de Educación de la Universidad Francisco Marroquín.

El primer presidente de la República Federal de Centro América, el general Manuel José Arce y Fogoaga, fue electo en 1825 tras un proceso electoral poco satisfactorio y desde que tomó posesión el 29 de abril de ese año, tuvo que hacer malabares para gobernar a la naciente república federal, intentando mediar entre los criollos aristócratas y los criollos liberales, quienes se odiaban mutuamente. La situación de Arce se vió agravada cuando el jefe de Estado de Guatemala, el liberal Juan Barrundia decide retornar la capital del Estado a la ciudad de la Nueva Guatemala de la Asunción, pues ahora había dos gobiernos constituidos, ubicados a pocas calles uno del otro; cada uno con su propio ejército, y sus propias necesidades y pretensiones.1

La tensión llegó al máximo cuando Barrundia fue destituido y hecho prisionero en septiembre de 1826,2 luego de que los aristócratas rechazaran los decretos anticlericales y el decreto que clausuraba el Consulado de Comercio (los cuales afectaban directamente sus intereses económicos) y consiguieran influir en el presidente Arce para modificarlos.3 Esto llevó a que tanto el Congreso como el Senado federales se declararan disueltos al no aprobar las acciones del presidente federal, quien asumió poderes dictatoriales y llamó a nuevas elecciones legislativas, convocando a un Congreso extraordinario que se habría de reunir en la Villa de Cojutepeque, en el Estado de El Salvador.2

Pero en el estado de Guatemala, la situación estaba lejos de estar bajo control. Tras la destitución de Barrundia, asumió como jefe del Estado Cirilo Flores el 6 de septiembre de 1826, en medio de la persecución política contra los criollos liberales que había lanzado el presidente Arce. Por esto, en una reunión secreta el Consejo de Estado y la Asamblea Legislativa del Estado acordaron trasladar su sede a la ciudad de Quetzaltenango, para iniciar desde allí labores el 15 de septiembre de ese año, pero Flores logró detenerlos en Chimaltenango y acordaron que la Asamblea se instalara en la villa de San Martín Jilotepeque, desde donde emite un decreto llamando a que se establezcan las milicias de «voluntarios defensores de la constitución» para defender la autoridad el Estado el 22 de septiembre.4

Ante esto, el presidente federal los amenazó con disolver la Asamblea por la fuerza, y los diputados decidieron trasladarse definitivamente a Quetzaltenango el 29 de septiembre y así poder para iniciar sesiones allí el 10 de octubre. En esa ciudad, no obstante, ya había un mal ambiente contra el el jefe interino Flores, ya que éste se expresado en público contra algunas preocupaciones religiosas, y porque, algunos días antes, había fomentado el proyecto de introducir el agua a la plaza pública por arquerías hechas con capitales de obras pías.5

Los frailes regulares, principales colaboradores de los criollos aristócratas por sus mutuos intereses económoicos, circularon pastorales subversivas e hicieron correr rumores haciendo creer a sus feligreses que los liberales eran masones y que estaban tratando de acabar con los conventos de religiosos. Además, acusaron a los liberales de que querían remover a los curas seculares de sus curatos, y tomarse la plata y vasos sagrados de las iglesias y el dinero de las cofradías. Incluso se llegó al extremo de asegurar que había intentos de degollar a los sacerdotes. Baste decir que la voz de alarma corrió entre los quetzaltecos, y se regó entre los indígenas de los pueblos vecinos. Flores, mientras tanto, estaba preocupado por una posible agresión del Presidente de la Federación y ordenó las medidas necesarias para la defensa de la ciudad, alistando tropa en todos los pueblos y estableciendo como plaza fuerte la población de Patzún. Como no disponía de dinero de forma inmediata, decretó un empréstito forzoso, lo que no fue bien recibido por la población. Y, por si esto fuera poco, el coronel José Pierzon, comandante de las fuerzas del estado, dio orden a algunos de sus oficiales para que, en la misma noche, los sacasen por fuerza a los caballos de casa de sus dueños, armando un alboroto cuando la tropa llegó a un convento y abrió la puerta a sablazos para sacar a las bestias.5

Aquel fue el detonante de la tragedia.

Al día siguiente los frailes franciscanos anunciaron que abandonarían la ciudad por no poder seguir soportando las arbitrariedades de los liberales, lo que enardeció a la población, que empezó a agolparse en la puerta de los conventos. El alboroto iba escalando sin control, por lo el alcalde Pedro Ayerdi y el regidor Tomás Cadenas se presentaron en la casa de Flores para ponerlo al tanto de los sucesos, y éste dispuso ir al convento franciscano a dar explicaciones. Pero fue recibido con improperios e insultos, y tuvo que refugiarse en el convento. Cuando entró al asilo sagrado algunas mujeres se arrojaron sobre él, le arrancaron bruscamente el bastón y el gorro que llevaba en la cabeza, con parte del pelo y le dieron golpes con el mismo bastón, mientras que otras le tiraban de su ropa. Si no hubiera sido por el fraile Antonio Carrascal, que logró llevarlo hasta el púlpito, lo matan allí mismo.5

Flores descubrió entre la multitud a José María Marcelo Molina y Mata, y sabiendo que éste gozaba de algun influjo en la población, lo llamó para que subiese al púlpito, y desde allí hablase a la multitud. Molina y Mata logró llegar, pero apenas pronunció las primeras palabras en favor de Flores, cuando el pueblo gritó «Muera el hereje, y usted no se meta a defenderlo, porque también corre peligro«. Pero Molina y Mata siguió intentando y logró aplacar los ánimos, prometiendo que Jefe de Estado interino saldría desterrado. Pero en ese momento, una descarga de fusilería de la tropa sobre el pueblo echó por tierra todo el plan. El pueblo en masa se echó sobre la tropa, desarmó una parte, y puso en fuga a los demás, mientras que los frailes hicieron a Flores descender del púlpito, atravesaron con él la iglesia y parte del claustro, y le conducían con gran fatiga a la celda del cura. Pero antes de llegar, Longino López lo arrancó de los brazos de los religiosos, le dio el primer golpe con un palo, y lo entregó a la horda fanática y rabiosa, compuesta en su mayor parte de mujeres; como furias desencadenadas se echaron sobre el Flores, con piedras, palos y puñales, golpeándolo e hiriéndolo salvajemente hasta matarlo.5

Tras estos terribles sucesos los criollos aristócratas se hicieron con el poder en Guatemala, pero el resto de estados se alzó en armas iniciando la Guerra Civil Centroamericana, la cual terminó en su primera fase el 14 de abril de 1829, cuando el general liberal hondureño Francisco Morazán invadió Guatemala, hizo prisioneros a los aristócratas6 y al cabo de unos meses expulsó a las órdenes religiosas del territorio centroamericano.6 Irónicamanete, si bien los frailes habían hecho circular noticias alarmantes sobre lo que querían hacer los liberales en 1826 solamente para alterar los ánimos de sus feligreses, todos sus temores se cumplieron en 1829: Morazán expulsó a los frailes y quitó el diezmo obligatorio a los curas párrocos, también les confiscó todos sus bienes, y las tropas liberales se robaron todo lo que pudieron de los vasos sagrados y joyas de los templos. De hecho, los frailes no regresarían a Guatemala sino hasta 1840.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Arce, Manuel José (1830). Memoria de la conducta publica y administrativa de Manuel José Arce, durante el periodo de su presidencia : escrita en defensa de las calumnias que contra su persona han vertido los mismos que se rebelaron contra el gobierno y la nación de Centro-América. México: Imprenta de Galván á cargo de Mariano Arévalo. OCLC 054265435.
  2. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. p.p 32-36.
  3. Bertrand, Michel (s.f.) El consulado colonial de Guatemala: fuentes para su historia. pp. 33-51.
  4. Asamblea Legislativa and Guatemala. Departamento de Guerra (22 de septiembre de 1826), Hoja suelta-Decreto, S. Martin Xilotepeque, Guatemala, 22 de septiembre de 1826 San Martin Xilotepeque, Guatemala.
  5. Fernández Ordíñez, Rodrigo (2008) ¡Muerte al hereje!: el linchamiento de Cirilo Flores Estrada. Guatemala: Universidad Francisco Marroquín, Departamento de Educación
  6. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.