20 de octubre de 1944: revolución cívico-militar derroca a Ponce Vaides

Una revolución cívico-militar derroca al gobierno del general Federico Ponce Vaides

20octubre1944
La Junta Revolucionaria de Gobierno. De izquierda a derecho: el capitán Jacobo Arbenz, el ciudadano Jorge Toriello y el mayor Francisco Javier Arana.  Imagen de la revista Life, tomada de Wikimedia Commons.

La «Revolución de Octubre» o «del 20 de octubre», fue un movimiento cívico-militar ocurrido el 20 de octubre de 1944  que derrocó al Gobierno de facto del general Federico Ponce Vaides.

Aprovechando la debilidad de la empresa transnacional estadounidense United Fruit Company por estar inmersa en la Segunda Guerra Mundial, el descontento de la población urbana guatemalteca con el gobierno liberal totalitario del general Jorge Ubico se manifestó siguiendo el ejemplo dado por la población urbana salvadoreña que derrocó al dictador generla Maximiliano Hernández martínez en mayo de 19441 hasta obligarlo a renunciar el 1 de julio de 1944, dejando en su lugar a un triunvirato militar conformado por los generales Eduardo Villagrán Ariza, Buenaventura Pineda y Federico Ponce Vaides.2,3

De acuerdo a la constitución vigente en ese entonces, el triunvirato militar debía convocar a elecciones, lo cual aprovecharon los activistas civiles que se habían movilizado para derrocar al gobierno de Ubico para exigir a la Asamblea Legislativa que se designara como presidente interino al Dr. Carlos Federico Mora, reconocido profesional universitario el 4 de julio de 1944.4​ Sin embargo, al momento de que los diputados estaban discutiendo el tema, irrumpieron en el recinto legislativo un contingente de soldados al mando del coronel Alfredo Castañeda y una compañía de cadetes de la Escuela Politécnica al mando del capitán Jacobo Árbenz Guzmán y desalojaron a todos menos a los diputados, a quienes ordenaron nombrar a Federico Ponce como presidente.5,6

Árbenz Guzmán, al darse cuenta de las intenciones de Ponce, pidió su baja inmediata como militar y se dedicó junto a su amigo Jorge Toriello Garrido a conspirar contra el Gobierno de Ponce. Contactaron al mayor Francisco Javier Arana, quién puso a su disposición unos tanques de combate y entre la medianoche del 19 y el mediodía del 20 de octubre, universitarios, empresarios, militares y obreros derrocaron al gobierno de Ponce Vaides por la fuerza utilizando armas que miembros del ejército proporcionaron a los alzados.7

Tras feroces combates los revolucionarios se impusieron y los cabecillas, quienes formaron una Junta Revolucionaria de Gobierno, le pidieron su renuncia por teléfono al general Ponce, quien accedió mediante intermediarios en presencia del cuerpo diplomático y de los jefes revolucionarios reunidos en la Embajada de los Estados Unidos.  Tras esa reunión se levantó el acta siguiente:8

Acta suscrita ante el Cuerpo Diplomático

La junta revolucionaria integrada por el mayor Francisco Javier Arana, el capitán Jacobo Árbenz y el señor Jorge Toriello, asumió en la tarde de hoy el poder ejecutivo de la nación, después de haber sido suscrito ante el cuerpo diplomático acreditado en la república el convenido de transmisión del gobierno, que dice así:​

En Guatemala el día 20 de octubre de 1944, a las 12 horas, se reunió el cuerpo diplomático en la Embajada de los Estados Unidos de Norteamérica y recibió a los representantes del gobierno del señor general Federido Ponce V., señores licenciado Luis Barrutia, coronel Francisco Andrade Guzmán, y mayor Humberto García Gálvez, y a las fuerzas militares revolucionarias y del pueblo armado que los acompaña, señores mayor Francisco Javier Arana, capitán Jacobo Árbenz y don Jorge Toriello.  Asistió también el señor general don Miguel Ydígoras Fuentes, quien aunque no participante de la revolución, ha sido elegido como garante por los representantes revolucionarios.

Después de detinada consideración se llegó a las siguientes conclusiones:

      1. Deberán salir del país el presidente de la república general Federico Ponce Vaides; los secretarios de estado, excepción hecha de don Mariano Pacheco Herrarte; los jefes de los cuerpos militares de la capital, a saber: general Fidel Torres Guzmán, coronel Cesáreo Alfonso Argueta y el señor comandante de armas de la plaza, general Cenobio Castañeda.
      2. Serán respetados los bienes que legalmente les corresponden a las personas designadas en el número anterior.
      3. Las tropas acatarán las órdenes que debe girar el presidente de la república, general Ponce, para que se entreguen inmediatamente y desarmadas para ser concentradas en los locales que designe la junta revolucionaria e incluyendo a las tropas que se encuentran en el Palacio Nacional y demás guarniciones militares de la república y al cuerpo de policía.
      4. El Cuerpo diplomático amparará el asito del señor presidente Ponce y su séquito en las misiones diplomáticas en que se recogerán mientras abandonen el país.

Se hace constar que el mando del gobierno de la república lo asume inmediatamente la junta revolucionaria ya mencionada.

En fe de lo cual se firma esta acta en triplicado con los representantes de ambas pates ya nombradas y los miembros del cuerpo diplomático acredita en Guatemala.

        • Luis Barrutia
        • H. García Gálvez
        • F. Andrade G.
        • Jacobo Árbenz
        • Francisco Arana
        • Jorge Toriello
        • Siguen las firmas de los miembros del cuerpo diplomático
        • Miguel Ydígoras Fuentes, general de brigada
        • W.C. Affel, encargado de negocios de los Estados Unidos.8

Como se ve entonces, y contrario a lo que se ha hecho ver en la tergiversada historia moderna de Guatemala, la Revolución de Octubre no fue un movimiento comunista en favor de las masas mayoritarias, sino que fue un alzamiento urbano que aprovechó la debilidad del gobierno liberal para conseguir un cambio en la forma en que se gobernaba en el país, tras casi cien años de prolongadas dictaduras, dando paso a las capas medias urbanas a llegar al poder;9 entre los alzados había criollos conservadores, obreros y estudiantes universitarios —quienes en esa época apenas llegaban a dos mil en total y provenían de las clases más pudientes del país en su mayoría.10

No fue fue sino hasta que llegó el teniente coronel Jacobo Árbenz a la presidencia en 1951 que —con su particular y notoria falta de diplomacia— empezó el ataque frontal en contra los monopolios de la transnacional United Fruit Company, así como en contra de otros intereses estadounidenses en el país y los de las élites cafetaleras locales,11,12 ante lo cual la poderosa frutera utilizó todos sus recursos e influencia en el gobierno del general Dwight Eisenhower para que se declarara a Guatemala como una amenaza comunista para el continente.13


BIBLIOGRAFIA:

  1. Luna, David. Análisis de una dictadura fascista latinoamericana. Maximiliano Hernández Martínez 1931-1944.  El Salvador: En La Universidad. pp. 52-53.
  2. Méndez, Rosendo P. (1945). Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1944-1945. p. 310.
  3. Ibid, pp. CLXXXI, CLXXXII.
  4. Cardoza y Aragón, Luis (s.f.). «Diez años de primavera en el país de la eterna dictadura». Página de la literatura guatemalteca.
  5. Méndez, Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1944-1945. pp. 309-310.
  6. Ibid, p. 310.
  7. Sabino, Carlos (2007). Guatemala, la historia silenciada (1944-1989) Tomo 1: Revolución y Liberación. Guatemala: Fondo de Cultura Económica.
  8. Méndez, Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1944-1945. p. 439.
  9. Pinelo López, Marco Tulio; Arredondo Crasborn, Iván (2012). «Origen de la celebración del día del normalista – 25 de septiembre». Servicios Técnicos Arredondo (Petén, Guatemala).
  10. Guzmán-Böckler, Carlos (1998). La Huelga de Dolores que conocí con mi generación (1947-1977). Guatemala: Editorial Universitaria.
  11. Marroquín Rojas, Clemente (1952). «Los ricos con el agua al cuello». Impacto (Guatemala): 1.
  12. Azurdia Alfaro, Roberto (1959) Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1952-1953. LXXI. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 20-21.
  13. Cullater, Nick. (1994) The United States and Guatemala. 1952-1954. (en ingles). Washington, D.C.: Central Intelligence Agency.

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1 de octubre de 1944: asesinato de Alejandro Córdova

El gobierno del presidente interino general Federico Ponce Vaides asesina al periodista Alejandro Córdova, fundador y director del periódico «El Imparcial»

1octubre1944
El famoso Muñequito de «El Imparcial», obra de Alfonso Campins Raymundo.  El logo con el quetzal estilizado fue obra de Carlos Mérida.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Entre 1840 y 1944, solamente durante el gobierno del general José María Reina Barrios (1892-1898) hubo verdadera libertad de prensa.  Todos los periódicos repetían la historia oficial y adulaban al presidente de turno, ya fuera conservador —como el general Rafael Carrera o el Mariscal — o liberal —como el general J. Rufino Barrios, el licenciado Manuel Estrada Cabrera y el general Jorge Ubico—.

E incluso durante el régimen de Reina Barrios se amordazó a la prensa cuando la economía se desplomó y el presidente dió un autogolpe de estado; esto quedó plasmado en las publicaciones de la revista «La Ilustración del Pacífico» de 1897-98, en la cual al principio se hace una dura crítica a las políticas económicas del gobierno de Reina Barrios, pero luego de la disolución de la Asamblea Legislativa el 31 de mayo de 1897, ya solamente se hace crítica literaria de poemas superficiales.  De hecho, la revista reportó muy vagamente las revoluciones de 1897 meses después de que ocurrieron y no hace mención alguna del magnicidio perpetrado contra el presidente el 8 de febrero de 1898.1,2

Durante el breve gobierno de Carlos Herrera hubo nuevamente libertad de expresión, pero esto duró solamente entre 1920 y 1921.  Luego, el gobierno de Lázaro Chacón toleró la libertad de prensa, pero todo terminó en diciembre de 1930, cuando tuvo que renunciar por un derrame cerebral luego de un tormentoso año en que la economía nacional se fue a pique como consecuencia del desplome del precio internacional del café luego de la quiebra de la Bolsa de Valores de Nueva York en 1929.3

Con la llegada al poder del general Jorge Ubico en 1931 con fuerte apoyo del gobierno de los Estados Unidos, 4 se regresó al sistema totalitario de su mentor, el licenciado Manuel Estrada Cabrera, y toda la prensa pasó a repetir la versión oficial.  Entre los periódicos que se plegaron a esta nueva forma de periodismo estuvieron «Nuestro Diario» de Federico Hernández de León y «El Imparcial» de Alejandro Córdova. Incluso el mismo Miguel Angel Asturias se dedicó a adular al régimen desde su programa radial «Tribuna del Aire».5 Por cierto, que Hernández de León pasó de ser un perseguido y prisionero político de Estrada Cabrera, a ser uno de los principales aduladores del general Ubico, llegando incluso a escribir la serie de «Viajes Presidenciales» en las que relata las incidencias de las visitas departamentales que hacía Ubico, y a servir como secretario de la Asamblea Nacional Legislativa durante buena parte del régimen de 14 años del presidente.6

Tras la renuncia del general Ubico el 1 de julio de 1944, la prensa se sacudió un poco la mordaza y Alejandro Córdova adoptó un papel protagónico en el congreso pidiendo que se nombrada al doctor Carlos Federico Mora como presidente interino y luego criticando el régimen del presidente interino, general Federico Ponce Vaides.  Debido a esto, en la madrugada del 1 de octubre de 1944, cuando Córdova y el industrial Fredy Koenisberger —propietario de la ferretería «El Candado Dorado«— regresaban a su casa en la Villa de Guadalupe a eso de las 3 de la madrugada, fueron asesinados por agentes del gobierno.7

Los autores materiales del atentado —Federico Paiz Madrid, Luis Ochoa del Cid y José Manuel Herrera Muñoz— fueron capturados después de la revolución del 20 de octubre.  Madrid murió en el enfrentamiento con la policía, mientras que Ochoa y Herrera fueron condenados a largas penas de cárcel.  En cuanto a Córdova, éste pasó a la posteridad como un mártir de la Revolución de Octubre, a pesar de haber sido uno de los principales aduladores del régimen ubiquista.7


BIBLIOGRAFIA:

  1. Macías del Real, A. (1 de agosto de 1897). «Resumen Quincenal». La Ilustración del Pacífico (Guatemala: Siguere, Guirola y Cía) II (25).
  2. — (1 de agosto de 1897). «Resumen Quincenal». La Ilustración del Pacífico (Guatemala: Siguere, Guirola y Cía) II (27).
  3. Brooks, John. (1969). Once in Golconda: A True Drama of Wall Street 1920-1938. New York: Harper & Row. ISBN 0-393-01375-8.
  4. Department of State(1930) Guatemala. Revolution in Guatemala. (en inglés) En Foreign Relations III. Estados Unidos: Department of State. pp. 172-190.
  5. Pilón de Pacheco, Marta (1968). Miguel Angel Asturias: Semblanza para el estudio de su vida y obra. Guatemala: Cultural Centroamericana. OCLC 2779332.
  6. Méndez, Rosendo P. (1938) Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1935-1936.  LIV. Guatemala: Tipografía Nacional. pp. 248-249.
  7. Miguel, José (2009). «La muerte de Alejandro Córdova». El blog chapín. Guatemala. Archivado desde el original el 17 de abril de 2014.

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1 de julio de 1944: Ubico renuncia a la presidencia

Tras la caída de Maximiliano Hernández Martínez en El Salvador, y luego de protestas civiles en su contra, renuncia el general Jorge Ubico.

1julio1944
Museo Nacional de Arqueología y Etnología, originalmente un pabellón de la Feria de Noviembre construido para celebrar el natalicio del general Jorge Ubico.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Durante el mes de junio de 1944 el régimen del presidente Jorge Ubico había tenido que afrontar serias protestas, las cuales se habían extendido desde El Salvador -en donde un mes antes había sido derrocado el general Maximiliano Hernández Martínez1. Para afrontar las protestas, suprimió las garantías constitucionales ante lo cual, un grupo de ciudadanos le envió la llamada «Carta de los 311» el 22 de junio, en donde le pedían que restituyera la constitución en su totalidad.  No obstante, Ubico no respondió favorablemente a esta carta, a la que siguió una segunda misiva en la cual ya se le exige su renuncia, luego de la muerte de la profesora María Chinchilla y las heridas de varios manifestantes contra el régimen en manifestaciones del 25 de junio.2

Ante las anteriores misivas, a causa del descontento popular generalizado, y por el obvio cambio en la política exterior del gobierno de los Estados Unidos ante los regímenes dictatoriales centroamericanos que había apoyado hasta ese momento, Ubico decidió renunciar el 1 de julio de 1944, y lo hizo enviando la siguiente renuncia a la Asamblea Legislativa:3

Honorable Asamblea Legislativa: en vista de la intranquilidad pública provocada en esta capital por grupos de individuos y estudiantes que se encuentran, según dicen, en desacuerdo con el Gobierno que presido, me veo en el caso, para que la paz y el orden reinen en todo el país, a renunciar irrevocablemente al cargo de Presidente de la República ante esa Honorable Asamblea.

        • Jorge Ubico3

Ubico también publicó y distribuyó el siguiente manifiesto, que fue leído por varias personas en las esquinas de la Ciudad de Guatemala:4

El día de hoy presenté a la Honorable Asamblea Legislativa la renuncia del cargo de presidente de la República. La presenté con carácter de irrevocable.

Volveré así a la vida privada, después de consagrar al servicio del país mis energías y experiencia en la vasta labor de dirección de un gobierno de orden y progreso.

Me retiro del poder dejando tras de mí una obra realizada que, si no llena ni hubiera llegado nunca a colmar mis aspiraciones de guatemalteco, es prueba no refutable del amor que como ciudadano profeso a mi patria y del cuidado que le dediqué como gobernante.

Jamás mis antecesores tuvieron que hacer frente, como yo, a una época tan preñada de dificultades y peligros; y me satisface poder asegurar que los que juzguen mi actuación hoy y mañana, con espíritu ecuánime y sereno, ajustarán su veredicto a la medida de mis pretensiones.

Un movimiento que empezaba a tomar caracteres de violencia, iniciado y proseguido hasta ahora por una minoría de los habitantes de la capital, me llevó a la decisión de resignar el mando, pues, a pesar del pequeño número de quienes se rebelaron como descontentos del régimen gubernativo, es manifiesto, en las peticiones que ellos me dirigieron, su deseo principal y unánime de que renunciara al ejercicio de la presidencia. Así lo hice, enseguida, sin dudas ni vacilaciones, porque en ningún momento del lapso de mi mandato abrigué el propósito de afirmarme en el poder contra la voluntad de mis condicionales.

Al cesar en las fatigas y sinsabores del elevado cargo que acepté en cumplimiento de un deber de ciudadano, hago expresa mi gratitud para el pueblo leal que estuvo a mi lado en circunstancias prósperas y adversas, lo mismo que para los funcionarios y empleados que me prestaron meritoria ayuda; y formulo votos muy sinceros por la ventura de mi patria y la armonía entre mis ciudadanos.

Guatemala, 1. de julio de 1944

        • Jorge Ubico4

Los escritores liberales han dicho que Ubico renunció para evitar un inútil derramamiento de sangre en el país,5 mientras que los opositores al régimen indican que lo hizo para darle un escarmiento a Guatemala y que por eso dejó en su lugar a los tres militares más beodos e incompetentes de su plana mayor: Eduardo Villagrán Ariza, Federico Ponce Vaides y Buenaventura Pineda.6 Se ha rumorado que, cuando la situación estaba ya inclinándose a favor de la renuncia de Ubico Castañeda, los altos jerarcas del Ejército de Guatemala conferenciaron para determinar a quiénes nombrar para una comisión que le preguntara al presidente de la República a quién pensaba nombrar como su sucesor para tan alto cargo. Los militares determinaron que lo más prudente era comisionar para esto a los generales que tuvieran menos jerarquía dentro de la institución armada guatemalteca, y por ellos escogieron a Villagrán Ariza, Ponce Vaides y Pineda, quienes solicitaron la correspondiente entrevista con el presidente, la cual, aparentemente, transcurrió en términos como éstos:

—Permiso para hablar con el señor presidente.

Ubico Castañeda, quien acostumbraba a no apartar la vista de sus documentos mientras atendía a sus visitantes, contestó sin mirarles:

—Sí, ¿qué quieren?

Los generales, temerosos, continuaron:

—Entre los miembros de su plana mayor se quisiera saber, si en caso de que, ¡Dios no lo permita!, su excelencia llegara a faltar, quién consideraría usted que es el más apropiado para sucederlo.

Sin pensarlo siquiera, Ubico Castañeda levantó la vista un momento y, señalándolos con su pluma fuente, contestó:

—¡Ustedes tres! 

Ahora bien, lo más seguro es que Ubico tenía sus razones para renunciar; ya fuera por su precaria salud, o bien, por el deseo de emular al general Rafael Carrera y retirarse solamente para que el mismo pueblo lo llamara nuevamente para rescatar a la nación. Lo cierto es que solicitó al general Roderico Anzueto Valencia que le eligiera a tres generales para que lo sucedieran y éste eligió a aquellos que consideró que serían los más fáciles de manejar: Ponce Vaides, Villagrán Ariza y Pineda.5

Tras tomar posesión, el triunvirato militar emitió el siguiente manifiesto:7

El señor general de División don Jorge Ubico, Presidente de la República, animado hasta los últimos instantes de su inquebrantable amor a Guatemala, ha dispuesto renunciar irrevocablemente del alto cargo que ha venido desempenando y depositar interinamente el Mando supremo en un triunvirato militar, compuestos por los Generales Buenaventura Pineda, Eduardo Villagrán Ariza y Federico Ponce V., para que mantengan el orden y la tranquilidad mientras que el pueblo guatemalteco, en uso de sus legítimos derechos, designe a la persona que deba sustituirlo como Presidente de la República.

En tal concepto, los suscritos hemos asumido ya el Mando supremo de la República y conscientes de nuestras graves responsabilidades ante la patria, invocamos la cordura de nuestros conciudadanos para que, en estos momentos graves que vive el país, colaboren con nosotros, a fin de evitar una anarquía que sería de irreparables consecuencias.

Rogamos, pues, a todos los sectores sociales de la nación, que mantengan la mayor calma para que la paz no sea alterada y que todos los ciudadanos disfruten de sus derechos, conforme la ley, sin que haya necesidad de dictar medidas a que nos pudieran obligar las circunstancias.

Guatemala, 1 de julio de 1944.

        • Buenaventura Pineda
        • Eduardo Villagrán Ariza
        • Federico Ponce V.7

Se ha rumorado también que luego de emitir este manifiesto, los miembros de la Junta Militar, como primer acto oficial, se emborracharon para celebrar su buena fortuna.  Posteriormente, el 4 de julio, la Asamblea fue obligada prácticamente a tiros a aceptar la renuncia de Ubico y de los tres designados a la presidencia —que eran el general Demetrio R. Maldonado B., Carlos Herrera DoriónNota y general Pedro Reyes Reynelas— y a entregar el poder al nuevo primer designado, general Federico Ponce Vaides, dejando así al general Anzueto con un palmo de narices.3


NOTAS:

BIBLIOGRAFIA:

  1. Luna, David. Análisis de una dictadura fascista latinoamericana. Maximiliano Hernández Martínez 1931-1944.  El Salvador: En La Universidad. pp. 52-53.
  2. Estrada, A. (1979). Datos para la historia de la Iglesia en Guatemala. Guatemala: Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala. pp. 559-574.
  3. Méndez, Rosendo P. (1945). Recopilación de las Leyes de la República de Guatemala, 1944-1945. p. 310.
  4. Ibid, pp. CLXXXI, CLXXXII.
  5. Sabino, Carlos (2007). Guatemala, la historia silenciada (1944-1989) Tomo I: Revolución y Liberación. Guatemala: Fondo de Cultura Económica. ISBN 9789992248522.
  6. De los Ríos, Efraín (1948). Ombres contra Hombres. México: Fondo de la Cultura de la Universidad de México.
  7. Méndez, Recopilación de Leyes de la República de Guatemala, 1944-1945, p. CLXXXIII.

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