4 de diciembre de 1930: en medio de un caos generalizado derivado de la Gran Depresión, estalla el polvorín del cuartel de “El Aceituno” en la Ciudad de Guatemala

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Instalaciones de la Finca “El Aceituno” cuando en ellas funcionaba el Instituto Agrícola de Indígenas en 1895.  Aquí estaba localizado el polvorín que explotó en 1930.  En el recuadro, el general Lázaro Chacón, presidente de Guatemala de 1926 a 1930.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El último año del gobierno del general Lázaro Chacón fue una pesadilla tanto para el gobernante como para los habitantes de Guatemala.  Debido a la Gran Depresión que se había iniciado el año anterior tras la quiebra de la Bolsa de Valores de Nueva York, el país estaba sumido en una profunda crisis social y económica.

En noviembre de 1930 la situación era tan grave que los comerciantes desesperados le prendían fuego a sus propiedades en la Ciudad de Guatemala para cobrar el seguro.  Y es que para entonces ya se habían producido huelgas y revueltas universitarias, además del desplome de las exportaciones de café y, prácticamente, la quiebra del Estado por la grave crisis económica que empezaba a expandirse por todo el mundo.

Para colmo de males, el 4 de diciembre, aproximadamente a las diez y media de la mañana, mientras la población esperaba disfrutar de una exposición de aviación de una escuadrilla estadounidense que estaba de paso hacia la Zona del Canal, una explosión en la guarnición militar de “El Aceituno” estremeció a toda la ciudad, dejando a muchas viviendas sin vidrios.  El polvorín del cuartel, situado al norte de la ciudad, había estallado causando decenas de muertos entre soldados y oficiales.

He aquí como describió el periódico “El Imparcial” aquel suceso:

“El edificio quedó totalmente arrasado, hasta sus cimientos, y los árboles vecinos, como las siembras,desaparecieron.  Los cuerpos despedazados de las víctimas  muertas fueron lanzados a gran distancia del lugar del siniestro y no se han encontrado todos.

“Esta mañana, cuando la atención de la gente se distraía esperando las evoluciones de los aviones norteamericanos, que inicaban un simulacro aéreo, fuimos sorprendidos, a las diez y cinco minutos, por una sorda detonación, seguida por el estruendo de algunos vidrios que se quebraban repentinamente en las casas de altos.

La primera suposición fue la de que alguna pared cercana se hubiese derrumbado y otros presumieron que alguno de los aviones cayera sobre la ciudad incendiándose el motor.  De todas las casas particulares y de comercio salían caras inquietas y curiosas, hasta que se advirtió hacia el oriente, gruesa columna de humo, que hacía pensar en una desgracia en el fuerte de Matamoros o la repetición del suceso de Aceituno, cuando explotó el polvorín causando graves perjuicios en la tarde del 16 de diciembre de 1927 […]

[…] Gran cantidad de carros se agromeraba al final de la calle de Matamoros, cerca del castillo del mismo nombre; pero al convencerse sus tripulantes de que no era allí, sino en la finca Aceituno, el teatro de la tragedia, cambiaban de rumbo para formar larga cola en el camino de Las Vacas. 

[Al Aceituno] llegaron el director de la policía, el subdirector, el jefe de investigación, el comandante de la cuarta demarcación y otros empleados y agentes.  Se encontraba ya en el lugar el ingeniero Jesús Hernández y el licenciado Ernesto Viteri h., […] cuya familia estaba en una temperada en una propiedad rural […] muy cercana al emplazamiento del polvorín.

El edificio del polvorín quedó demolido completamente, removido hasta en sus cimientos en torno la tierra aparecía agrietada.  El camino hacia él mostraba una siembra de milpa que fue por completo arrasada por el aire desplazado por la explosión. […] Toda la vegetación circundante sufrió los estragos del siniestro, los árboles habían sido deshojados, y algunos quebrados y calcinados; otros averiados por sinnúmero de proyectiles.

[Uno de los sobrevivientes]. el solvado Román Chalel, estaba sumido en un agudo estado de nerviosismo; tenía varias heridas de consideración, aunque tal vez no muy graves […] Sevía de asistente al coronel Manuel Rivera, jefe de la guarnición, y se encontraba en compañía de éste cuando ocurrió el suceso; solo recuerda que vió humo y no se explica cómo ni a qué horas resulta sentado en la lodera de un carro, cubriéndose con la mano izquierda una herida que tiene en el abdomen, del lado derecho.  Indicó que el coronel está herid, lo mismo que la esposa de su jefe; y que eran treinta los que formaban la guarnición y supuso que sus compañeros están casi todos muertos o por lo menos muy mal heridos.  

[Arribaron muchos oficiales del gobierno] y la policía y los peones de caminos comenzaron a rescatar víctimas de entre los escombros.  Trajeron a un muchacho como de siete años, gravemente herido, casi agonizante; después otro mucho como de diez y seis años que, auxiliado por dos hombres, logró caminar por sus propies pies; procede del camión A-3439, que traía pasajeros a la ciudad y pasó cerca del polvorí en el momento de producirse la explosión. Sacaron luego a cinco soldados heridos, casi todos en etado de inconsciencia y con gravísimas lesiones […], las heridas restañadas con la misma tierra que los bañó y el peligro de una infección que agravaría su estado.

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Composición fotográfica pubicada por “El Imparcial” el 4 de diciembre de 1930.  Arriba a la izquierda: camión particular que fué destruído por la explosión.  Arriba a la derecha: trabajos de descombramiento en busca de cadáveres. Al centro: el anciano panadero Anastasio de Paz que llegó a pedir trabajo y salió mal herido. Abajo, a la izquierda: lo que quedó del polvorín. Abajo, a la derecha: los daños en la casa de la administración de la finca Aceituno.

[…] después condujeron a un soldado muerto, difícil de identificar; dos en agonía casi, con gran número de lesiones y conmovidos por un fuerte choque nervioso; otro muerto, también soldado de la guarnición, y un muchacho como de 16 años, gravemente herido, con un aspecto de moribundo.  [Todos fueron] metidos en ambulancias y camiones para trasladarlos al hospital militar […]

La lista de heridos que se recabó en el lugar: Luis Catalán, Apolonio Cazuch, Faustino Carías, coronel Manuel Rivera, teniente Tereso Carías, sargento Francisco Oliva, Anastasio de Paz, José antonio Aroche y un niño de doce años.

El coronel Rivera era jefe de la guarnición y habitaba allí con su familia; tanto él como su esposa fueron conducidos al hospital militar, sufriendo lesiones de consideración; una hija suya y una chiquilla fueron aventadas muy lejos por la explosión y recibieron heridas muy graves […]

Hubo varios soldados que se salvaron por milagro, mientras que algunos semovientes perdieron la vida a consecuencia del desastre.  La casa del administrador de la finca Aceituno quedó destruida.  También se encontraba cerca el departamento de fibras textiles, que funcionaba como dependencia del ministerio de agricultura.  La casa quedó eriamente perjudicada, todos los vidrios rotos, las paredes cuarteadas y desniveladas, próximas a derrumbarse, el piso agrietado; sin embargo, en el interior quedó la maquinaria ilesa.”

Aunque la versión oficial en ese momento indicó que se trató de un caso de “pólvora mal cuidada”, surgen numerosas dudas al respecto, si se toma en cuenta lo que ocurrió después:

 

  • 12 de diciembre: el presidente Lázaro Chacón sufre un derrame cerebral que lo imposibilidad de continuar al frente del gobierno.  En su lugar asume el licenciado Baudilio Palma, segundo designado a la presidencia, quien aprovechó la ausencia del primer designado, general Mauro de León, para hacerse con el poder.
  • 13 de diciembre: el licenciado Palma ordena al comandante del cuartel de Matamoros, general Manuel María Orellana, que traslade al coronel Aguilar Bonilla (uno de los más capaces artilleros con que contaba el ejército) a una misión en el interior de la República.
  • 17 de diciembre: disgustado por el traslado de Aguilar Bonilla y aduciendo que la presidencia le correspondía al general Mauro de León, el general Manuel María Orellana se levanta contra el gobierno y tras un breve enfrentamiento militar en el Parque Central de la ciudad obliga a renuncia a Palma. Casualmente, en la refriega murieron el coronel Aguilar Bonilla y el general de León, quedando Orellana en el poder.
  • 31 de diciembre: los Estados Unidos no reconocen al gobierno de Orellana y lo obligan a renunciar en favor de José María Reina Andrade, a quien obligan a convocar a elecciones en las que resulta electo el general Jorge Ubico. A este último lo apoyaba el gobierno estadounidense y los personeros de la United Fruit Company, que tenía una fuerte presencia en América Latina en esa época y estaba velando por sus intereses económicos en vista de la Gran Depresión.
  • 14 de febrero de 1931: tras resultar electo presidente, Ubico toma el poder inmediatamente, sin esperar al 15 de marzo, como le correspondía de acuerdo a la Constitución vigente en ese momento.

BIBLIOGRAFIA:

28 de octubre de 1929: cae la Bolsa de Valores de Nueva York, arrastrando consigo a la economía mundial a la Gran Depresión

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El Palacio Nacional en construcción en 1943.  Al igual que en Alemania e Italia, el gobierno del general Jorge Ubico realizó obras monumentales como ésta (que daban trabajo a muchas personas) como parte de su plan para contrarrestar los efectos de la Gran Depresión. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

La más devastadora caída del mercado de valores en la historia de la Bolsa en Estados Unidos ocurrió en la última semana de octubre de 1929, y dió lugar a la Crisis de 1929 también conocida como “La Gran Depresión”. La caída de la Bolsa se produce en tres fechas:

  • Jueves Negro: 24 de octubre. Se produce una aparatosa caída inicial.
  • Lunes Negro: el 28 de octubre el deterioro se aceleró a niveles catastróficos.
  • Martes Negro: el 29 de octubre cundió el pánico y se empezaron a notar consecuencias sin precedentes en la economía, pues cien mil trabajadores estadounidenses perdieron su trabajo en esos tres días.

La crisis afectó severamente la economía de los Estados Unidos, y el presidente Hoover no fue reelecto, siendo sustituido por Franklin D. Roosevelt quien impulsó políticas llamadas “New Deal” como el Seguro Social, plan de prestaciones y fortalecimiento de sindicatos para recuperar la economía del país. Pero los problemas económicos no se quedaron solamente en los EEUU; los socios comerciales se vieron severamente afectados, especialmente los de América Latina.

Los países americanos eran en ese momento un mercado abierto exportador de materias primas y totalmente dependiente de las importaciones de productos elaborados. Y fueron los más afectados en el mundo por la Gran Depresión, debido a la brusca caída del precio de sus productos, que tenían su principal mercado en Estados Unidos. Así, el café brasileño y centroamericano, el azúcar cubano, el algodón peruano, el petróleo y los cereales venezolanos, el cacao ecuatoriano y el salitre chileno fueron especialmente castigados en el nuevo escenario económico.

En la región de América Latina la crisis resultó en la movilización de enormes masas empobrecidas, que abandonaron los centros de producción de materias primas exportables en el campo (donde ya vivían en condiciones difíciles), para buscar algún precario medio de vida en la periferia de las grandes ciudades, constituyendo precarios asentamientos de gran extensión. Esto hizo que se fortaleciera el rol estatal en la economía y el fomento oficial a la industria local.

En Guatemala, lo difícil de la situación económica derivada de la caída del precio del café provocó que el presidente general Lázaro Chacón sufriera un derrame cerebral el 12 diciembre de 1930, y que fuera sustituido por el licenciado Baudilio Palma, quien a su vez fue derrocado pocos días después por un golpe de estado dirigido por Manuel María Orellana. Como el embajador de los EEUU y la United Fruit Company no aprobaron este cambio de gobierno, Orellana tuvo que renunciar y entregó el poder a José María Reina Andrade, quien convocó a elecciones en donde resultó unámimamente electo el general Jorge Ubico, quien tomó posesión el 14 de febrero de 1931.

Ya en la presidencia, el general Jorge Ubico emitió los decretos de la “Ley de Vagancia” y de la “Ley de Vialidad para forzar a los campesinos emprobrecidos a trabajar en las fincas cafetaleras y en la construcción de caminos para contrarrestar estas tendencias de centralización en la Ciudad de Guatemala.  También otorgó una generosa concesión en Tiquisate a la United Fruit Company para que ésta contratara la mano de obra que se estaba desplazando de las fincas y mantuviera a los empleados contentos con salarios competitivos, que la UFCO recuperaba mediante el ingenioso sistemas de colocar comisariatos dentro de sus instalaciones para que sus trabajadores gastaran en ellos todo su salario.

Adicionalmente, para salir de la crisis la mayoría de país utilizaron inicialmente un liberalismo económico clásico, y que consistió en adoptar varias medidas drásticas:

  • Reducción del gasto público: en Guatemala, el gobierno del general Ubico eliminó numerosos municipios y los convirtió en aldeas adscritas a otros para ahorrar en gastos administrativos
  • Restricción de los créditos: el gobierno del general Ubico centralizó la banca y formó el primer Banco Nacional de Guatemala.
  • Disminución de los gastos sociales y salarios: Ubico tomó fuertes medidas de reducción del gasto social, eliminando becas para estudiantes en el extranjero y numerosas prestaciones, además de cerrar programas de extensión universitaria como la Universidad Popular. En cuanto a los salarios, se impuso que los empleados públicos iban a recibir únicamente la mitad de su salario original.
  • Disminución de las importaciones

En la mayoría de países estas políticas liberales fracasaron y generaron aún más paro y recesión, pero en Guatemala funcionaron y la economía se estabilizó dada la fuerte personalidad y estilo tiránico de gobierno del presidente, muy similar a los gobiernos fascistas de Adolfo Hitler en Alemania y de Benito Mussolini en Italia.  Por cierto, que estos dictadores europeos recuperaron la economía de sus países y los convirtieron en potencias mundiales mediante la intervención y control autoritario de la economía, construcción de obras públicas, fomento de la industria militar, autosuficiencia agraria e industrial y centralización empresarial.  En Guatemala, Ubico no disponía de industria militar ni de autosuficiencia industral, pero sí logró centralizar la economía, impulsar la agricultura y construir grandes obras públicas para crear empleos, aunque éstos estuvieran mal remunerados.  (Ejemplo de estas obras son el Palacio Nacional, el Palacio de Correos, el Palacio de la Policía, y la remodelación del Parque Central, entre otros).

Por su parte, en los Estados Unidos, donde los trabajadores no aceptaban tan fácilmente condiciones como las arriba mencionadas, el gobierno del presidente Roosevelt impulsó el New Deal para mejorar la economía, pero no fue si no hasta que se produjo el rearme del país para la Segunda Guerra Mundial que la Unión Americana se repuso.


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14 de febrero de 1931: toma posesión como presidente de Guatemala el general Jorge Ubico Castañeda

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Cortejo presidencial del general Jorge Ubico durante uno de los actos oficiales de su gobierno. Nótese que los soldados estaban descalzos. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El general Jorge Ubico Castañeda es uno de los gobernantes guatemaltecos más conocidos.  Muchos hablan con añoranza de su gobierno imaginando que fue un período de paz, tranquilidad y estabilidad económica en el que se perseguía a los delincuentes sin misericordia y no había abuso del erario público.  Otros lo defenestran porque su gobierno fue tiránico y represivo, y no había libertad ni de pensamiento ni de expresión.  Y muchos desconocen sus lazos de amistad que tenía con la colonia alemana en la Verapaz y los fuertes vínculos con su principal benefactor:  la otrora todopoderosa transnacional estadounidense United Fruit Company.

Para poner en contexto a un período tan importante en la historia de Guatemala es necesario decir que el general Ubico tomó  el poder en medio de una profunda crisis financiera, derivada de la Gran Depresión que se inició cuando quebró la Bolsa de Valores de Nueva York en 1929. Guatemala no había aprendido de la crisis de 1897 y seguía dependiendo exclusivamente del cultivo del café (si bien existía el enclave bananero de la UFCO en Izabal, este era un negocio exclusivamente de los Estados Unidos y le pagaba mijagas al erario nacional).  Con la Gran Depresión, el precio internacional del café cayó de Q.21.00 a Q11.00; y por si eso fuera poco, los desastres naturales siempre han afectado al territorio nacional y cuando Ubico tomó el poder acababa de ocurrir una catastrófica erupción del volcán Santiaguito, que destruyó todas las plantaciones de café del occidente guatemalteco.

El último año del gobierno del general presidente Lázaro Chacón fue de una crisis constante.  Se llegó al punto de que los comerciantes estaban quemando sus propios negocios para cobrar el seguro pues no podían susbistir en medio de los graves problemas económicos, y el gabinete de gobierno renunció en pleno varias veces.  A principios de diciembre de 1930, en medio de esta vorágine de problemas se produjo una fuerte explosión en el polvorín militar de “El Aceituno” (hoy Brigada “Mariscal Zavala”), el cual no solamente mató a muchos de los soldados de la guarnición sino que, aparentemente, borró numerosas pruebas de hechos ilícitos.  Y apenas una semana después, el presidente Chacón sufrió un derrame cerebral el 12 de diciembre de 1930.

El país entró entonces en una profunda crisis política.  El licenciado Baudilio Palma, segundo designado a la presidencia, asumió como presidente interino ya que el primer designado, el general Mauro De León, no podía tomar el cargo por haber sido nombrado Ministro de la Guerra apenas unas semanas antes.   Pero, tal y como había ocurrido cuando el licenciado Manuel Estrada Cabrera se quedó en el poder en 1898, los militares no estuvieron de acuerdo con que un civil se queda en la presidencia y se produjo un golpe de estado, aduciendo que era el general Mauro De León a quien le correspondía la presidencia.  Misteriosamente, durante la refriega en las afueras del Palacio Colonial, resultó muerto De León y el general Manuel María Orellana asumió la presidencia de facto del país.

La transnacional frutera y el gobierno de los Estados Unidos reclamaron que se eligiera un hombre fuerte para dirigir los destinos del país, dadas sus fuertes inversiones en el enclave bananero de Izabal y la difícil situación económica  que atravezaban.  Y por ello, desconocieron al presidente Orellana y le exigieron que entregara el poder al licenciado Josû María Reina Andrade, a quien le ordenaron que llamara elecciones lo antes posible.  Los Estados Unidos y la UFCO ya habían decidido que Ubico fuera el nuevo gobernante, y fue así, como en esas elecciones realizadas, éste fue electo unánimamente y tomó posesión casi inmediatamente, el 14 de febrero de 1931, en contra de los estipulado por la constitución de 1879.

En esa época, la United Fruit Company era el verdadero poder detrás del trono de muchos gobiernos en América Latina, al punto que era apodada “El Pulpo” o “Mamita Yunai“.  La producción de fruta en terrenos tropicales era de vital importancia para la fabricación de compotas para millones de bebés estadounidenses y era necesario poner y quitar regímenes en los países en donde existían grandes plantaciones.  En Guatemala, la compañía tenia entonces el control de grandes extensiones de terreno en Izabal, manejaba las línea férreas del país por medio de su subsidiaria International Railways of Central America, y tenia el monopolio del transporte de mercadería y pasajeros desde y hacia Puerto Barrios por medio de su marina mercante, la Great White Fleet.   Ubico garantizó que no hubiera problemas laborales para la UFCO y sus subsidiarias y le otorgó una generosa concesión territorial a la frutera en Tiquisate cuando ya era presidente. 

En cuanto a la producción de café, para paliar la drástica caída del precio del grano, el gobierno de Ubico redujo los costos de producción mediante la derogación del Reglamento de Jornaleros, que había obligado a los indígenas a trabajar en las fincas cafetaleras como colonos desde la época de J. Rufino Barrios. En lugar de este reglamento, Ubico instituyó la Ley de Vagancia y la Ley de Vialidad, las que hacían aun más estricto y menos remunerado el trabajo de los campesinos jornaleros en las fincas cafetaleras.

La administración ubiquista atacó la crisis económica en la ciudad reduciendo a la mitad el salario de los empleados públicos y cancelando una serie de programas que había iniciado el gobierno de Lázaro Chacón.  Para que el pueblo no protestara, el gobierno instituyó una política de cero tolerancia contra los desórdenes públicos y elminó el derecho a libre locomoción, libre emisión del pensamiento y libertad de prensa.  Los periódicos de la época solamente publicaban lo que quería el gobierno, y éste se encargó de idealizar la imagen presidencial por medio de reportes cinematográficos, artículos de prensa y relatos de los viajes presidenciales al interior de la República.


BIBLIOGRAFIA:


7 de mayo de 1934: obligado por la Gran Depresión, el presidente Jorge Ubico deroga el Reglamento de Jornaleros instuido por J. Rufino Barrios en 1877

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Una finca de café en las inmediaciones de Antigua Guatemala a principios del siglo XX en una fotografía de Juan José de Jesús Yas.  En el recuadro: el pago a los jornaleros; obsérvese la presencia de niños trabajadores.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El 7 de mayo de 1934, enfrentando una severa crisis económica derivada de la Gran Depresión que se originó en los Estados Unidos tras la caída de la Bolsa de Valores de Nueva York en 1929, el gobierno del general Jorge Ubico derogó el “Reglamento de Jornaleros“, que había sido instituido durante el gobierno de J. Rufino Barrios y que había sido uno de los principales motores económicos de los terratenientes liberales por décadas.

El “Reglamento de Jornaleros” fue redactado por el ministro de Fomento y poderoso azucarero de la región de Escuintla, el licenciado Manuel María Herrera Moreno (quien además era tío del presidente Jorge Ubico ya que estaba casado con Ernestina Ubico Urruela), y no era más que la legalización del trabajo forzado de los pobladores indígenas en las grandes fincas cafetaleras que recién se habían establecido por los liberales en Guatemala y que requerían de grandes cantidades de mano de obra para ser rentables.1,2 Por medio del decreto 177 del 3 de abril de 1877, el gobierno de Barrios emitió mencionado reglamento, y a partir de ese momento se permitió a los propietarios particulares de las fincas cafetaleras solicitar a los jefes políticos de los departamentos “mandamientos de jornaleros” para trabajar en sus propiedades.1,2

Estas “propiedades” se originaron tras una reforma del sistema de propiedad de la tierra que los liberales guatemaltecos implementarion tras el triunfo de la Revolución Liberal el 30 de junio de 1871.  Por este método, pretendían convertir a todos sus allegados en propietarios individuales e iniciaron la venta de las tierras baldías, o tierras “realengas“, de las grandes haciendas confiscadas a las antiguamente ponderosas  órdenes regulares de la Iglesia Católica, y las tierras comunales que tenían las comunidades indígenas.  Los principales favorecidos fueron los criollos liberales (entre ellos el padre del general Ubico, el licenciado Arturo Ubico Urruela, que poseía la importante hacienda cafetalera de San Agustín Las Minas en jurisdicción de Villa Canales3,4,5,6), y los ciudadanos alemanes que se establecieron en la región de la Verapaz.7

Ya anteriormente, en 1829 tras la invasión del general Francisco Morazán y la expulsión de la familia Aycinena y de las órdenes regulares del territorio centroamericano, se habían expropiado por primera vez propiedades rurales para ser rematadas en subasta, principalmente a los socios ingleses del general Morazán.  El principal ejemplo fue la Hacienda de San Jerónimo, ubicada en el municipio de dicho nombre en la Verapaz, y que fue expropiada a los Dominicos y entregada a un ciudadano inglés. Sin embargo, los conservadores recuperaron el poder en 1840 y devolvieron muchas de esas propiedades a las órdenes.

A fin de reactivar la economía durante la Gran Depresión, el general Ubico le dió un impulso a la exportación del café, único producto del país, por medio de la “Ley de Vialidad“, que fue el decreto 1974 emitido en 1933.8 Dado que los fondos nacionales estaban en niveles mínimos, y era necesario construir caminos de terracería que comunicaran a las fincas productoras del grano con los puertos o estaciones del ferrocarril más cercanas, esta ley establecía que todo hombre indígena apto estaba obligado a trabajar en la construcción y mantenimiento de carreteras, con base a un censo proporcionado por cada una de las jefaturas políticas al Ministerio de Agricultura; posteriormente la Dirección de Caminos establecía el plan de trabajo en base a la información del censo. Aquellas personas que no quisieran realizar estos trabajos podían conmutarlo a razón de Q1.00 por semana, y dichos fondos debían utilizarse para la construcción de carreteras. Los únicos hombres indígenas aptos que estaban eximidos de esta obligación eran los profesores, para que no dejaran sus escuelas desatendidas durante las dos semanas que estaban obligados a trabajaren la construcción de caminos. De esta forma, con esta mano de obra gratuita, Guatemala pasó de tener aproximadamente 2,200 Km en carreteras en 1930 a tener 10,200 Km cuando el general Ubico presentó su renuncia el 1 de julio de 1944.9

Por medio del Reglamento de Jornaleros se trataba a los trabajadores casi como esclavos, teniéndolos en una situación de servidumbre similar a la de la época de la colonia. Y es que como el reglamento señalaba que el patrono podía adelantarle parte de su sueldo al trabajador, los patronos idearon un sistema por el cual muchos campesinos poco a poco se fueron endeudado con el dueño de la finca hasta que dicho endeudamiento era ya impagable y tenían que mantenerse a perpetuidad en dichas tierras ya que no podían dejar su trabajo sin haber saldado completamente la deuda adquirida. A esto se sumaba que las deudas eran heredadas de padres a hijos, por lo que estos último ya estaban obligados a permanecer en la finca en que habían trabajados sus padres. Y, por si esto no fuera poco, la mayoría de las fincas pagaban con su moneda propia, la cual podían intercambiar únicamente en la tienda de la finca por los productos que allí se encontraban, los cuales eran vendidos a altos precios.10

Poco antes de derogar el Reglamento de Jornaleros, Ubico promulgó el Decreto No. 1995, el cual señalaba en su único considerando que los “anticipos restringen la libertad de trabajo y convierten al jornalero en objeto de explotación indebida de quienes contratan sus servicios”. En ese decreto, el presidente dio un plazo de dos años para que los terratenientes cobraran a sus jornaleros lo adeudado, transcurridos los cuales todo adeudo quedaba saldado y los empleados empezaban a trabajar de cero o podían irse de la finca. Adicionalmente, el pago ya no podría hacerse por anticipado, sino por tarea, día o semana trabajada.10

Sin embargo, la Ley de Vialidad y el Reglamento de Jornaleros no eran suficientes para sostener la economía nacional, por lo que el gobierno de Ubico derogó el Reglamento el 7 de mayo de 1934 y a los tres días, emitió el Decreto 1996 conocido como la “Ley de Vagancia“, la cual tenía dos temas centrales: evitar la proliferación de vagabundos en el país y suplir de mano de obra a las fincas cafetaleras.10  Por supuesto, no incluía a los miembros de las élites locales, sino que se aplicaba únicamente a los indígenas y mestizos pobres. Todo aquel que era detenido en la calle por vagancia era obligado a ponerse a trabajar o se iba preso (aunque de todos modos terminaba trabajando para el Estado de manera gratuita).<sup>10</sup>

Al iniciar una nueva relación laboral entra en vigor la Ley Contra la Vagancia, que es el Decreto 1996, la cual en su artículo 2 señalaba los distintos casos en los cuales se podían aplicar las penas establecidas:

  • Los que no tienen oficio, profesión, sueldo u ocupación honesta que les proporcione los medios necesarios para la subsistencia.
  • Los jornaleros que no tengan comprometidos sus servicios en fincas, ni cultiven, con su trabajo personal, por lo menos tres manzanas de café, caña o tabaco, en cualquier zona; tres manzanas de maíz, con dos cosechas anuales en zona cálida; cuatro manzanas de maíz en zona fría; o cuatro manzanas de trigo, patatas, hortalizas u otros productos, en cualquier zona.11

La ley también dinciada que tanto las autoridades como los particulares estaban en la obligación de denunciar estos casos para que la persona en cuestión fuera procesada.  Y las penas que se imponían eran:

  • Las penas iniciales eran de 30 días de prisión las cuales iban aumentando en caso de reincidencia señalaba que toda persona que no pudiera comprobar que tenía ingresos para mantenerse sin trabajo, tenía que trabajar un mínimo de 150 días al año y que el pago de dichos servicios se haría al terminar el trabajo y no por anticipado.
  • Si la persona poseía una pequeña parcela de tierra y la cultivaba para su subsistencia, únicamente debía trabajar 100 días al año.11

A la larga, la Ley de Vagancia permitió continuar proveyendo a los terratenientes de mano de obra, sobre todo en la época de cosecha, pues eran muy pocos los campesinos que poseían los medios necesarios de subsistencia que eran requeridos para no ser considerado vago.

Al final, el efecto que esperaba Ubico de estas leyes laborales rindió sus frutos al cabo de varios años, cuando despegó la economía del país (en especial la de los cafetaleros, entre los que se incluía el propio presidente, quien había heredado la Hacienda San Agustín Las Minas a la muerte de su padre en 1927) y poco a poco se pasó de la crisis económica, hasta llegar a un superávit.11


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  2. Gobierno de Guatemala (1881). Recopilación: Las Leyes emitidas por el Gobierno democrático de la República de Guatemala, 1877-1881 II. Guatemala: Tipografía El Progreso. pp. 69-73.
  3. Estrada Paniagua, Felipe (1 de febrero de 1907) Votos por la educación popular. Guatemala: La Locomotora. II (24). p. 1.
  4. Ibid. (1908). Recopilación de Las Leyes de la República de Guatemala, 1900-1901.  XIX. Guatemala: Arturo Siguere & Co. pp. 124-125.
  5. Ibid, (1909). Recopilación de Las Leyes de la República de Guatemala, 1905-1906XX. Guatemala: Arturo Siguere & Co. pp. 4-6.
  6. Matta, Juan (1912). Recopilación de las leyes de la República de Guatemala, 1910-1911 XXIX. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 296.
  7. Caso Barrera, Laura (Diciembre 2014). Viajeros alemanes en Alta Verapaz en el siglo XIX. Su aportación al conocimiento de las lenguas y cultura mayas. Revista Brasileria de Lingüística Antropológica. 6 2. p. 414.
  8. Ubico Castañeda, Jorge (1933). Decreto 1974. Ley de Vialidad. Guatemala: Tipografía Nacional.
  9. Chacón Córdova, Carolina (2018). La figura del general Jorge Ubico Castañeda: dictador o tirano. En: 200 años en camino, Bicentenario de la Independencia – 2021. Guatemala: Autorictas Prudentium. p. 5.
  10. Ibid, p. 6.
  11. Ibid, p. 7.