15 de septiembre de 1842: fusilan al ex-presidente de la República Federal de Centroamérica, Francisco Morazán, en San José, Costa Rica

15septiembre1842
Fusilamiento de Morazán y Villaseñor en la Plaza de Armas de San José, Costa Rica en presencia de numerosas personas. Imagen tomada de Casa de Morazán.

Uno de los personajes más nefastos para la historia de los criollos aristócratas  guatemaltecos es el líder liberal Francisco Morazán, quien invadió Guatemala en 1829 y los expulsó junto con sus principales aliados: los frailes de las órdenes regulares.1  Tras esto, Morazán llegó a convertirse en el presidente de la República Federal de Centro América, y fue durante su mandato que las medidas desatinadas llevaron al rompimiento de la Federación y a la formación de los débiles estados que actualmente ocupan la región.

Derrotado por Rafael Carrera en marzo de 1840 luego de que invadir a Guatemala desde El Salvador para tratar de evitar que ésta retomara el territorio del Estado de Los Altos, Morazán tuvo que salir huyendo del país gritando “¡Salve Regina!” y “¡Que viva Carrera!” para salvar la vida, dejando abandonados a su suerte a los soldados salvadoreños que lo acompañaron en aquella funesta invasión.  Por estos hechos, no fue bien recibido en El Salvador y terminó huyendo hasta Perú.1

Morazán se encontraba exiliado en David, Panamá, cuando un grupo de criollos liberales costarricenses le envió una carta pidiéndole que fuera a Costa Rica para combatir al jefe de Estado conservador Braulio Carrillo, quien el 6 de junio de 1842 se había declarado “jefe perpetuo e inamovible” (por cierto que éste fue el mismo gobernante que el 14 de noviembre de 1838 emitió el decreto retirando a Costa Rica de la Federación Centroamericana cuando Morazán no quiso convocar a elecciones). Entre aquellos liberales estaban varios enemigos personales de Carrillo, incluyendo al ex-jefe de Estado Juan Mora Fernández, y varios exiliados costarricenses que vieron en Morazán la mejor opción para retomar el poder en su Estado.2

Si bien puede decirse que la carrera política de Morazán había terminado a manos de Rafael Carrera en la batalla de la ciudad de Guatemala en 1840, los costarricenses el enviaron una carta en la que le decían entre otras cosas, lo siguiente: “Por Dios, véngase inmediatamente, general, porque usted es el único llamado a redimir a estos pueblos y a poner dique a todas las vejaciones y tormentos de que son víctimas todos sus amigos y partidarios, por parte de Carrera, Ferrera y Carrillo“.2 Es conveniente aclarar que aquellas “vejaciones y tormentos” que mencionan los liberales en este escrito, no es más que el retorno de los privilegios para criollos aristócratas y el clero regular, que Morazán había expulsado tras invadir a Guatemala en 1829, pero que habían regresado tras el derrocamiento del gobierno liberal de Mariano Gálvez en Guatemala en 1838, y la aplastante derrota que le infringió Carrera a Morazán en 1840. Por su parte, por “redimir a estos pueblos”, querían decir: trasladar los privilegios de que antes gozaban los criollos aristócratas a los criollos liberales, quienes en su mayoría eran hacendados y resentían el poder político y económico que los criollos aristócratas, en especial los guatemaltecos, habían gozado durante la colonia.1

En Perú, Morazán recibió del presidente de aquel país un batallón de cinco mil hombres, y de los desterrados costarricenses, un capital de 18 mil pesos, con lo cual compró armamento y arrendó un navío para ir a Costa Rica, a donde llegó el 7 de abril de 1842.  Al enterarse, Carrillo ordenó que sus fuerzas repelieran la invasión morazanistas, pero fue traicionado por el saldoreño Vicente Villaseñor, a quien Carrillo había protegido, pero quien se alió a Morazán.2

Así pues, con gran facilidad, Morazán llegó a convertirse en Jefe de Gobierno Provisorio de Costa Rica. Pero para entonces, debido a sus múltiples errores y arbitrariedades cuando era presidente de la República Federal, ya contaba con numerosos enemigos en toda la región, principiando por el hombre fuerte de Guatemala, el general Rafael Carrera, seguido por el cónsul británico Frederick Chatfield, y muchos miembros del clero, que desaprobaban el anticlericalismo de Morazán.3

Del 10 al 15 de septiembre de 1842 se realizaron reuniones secretas para diseñar un plan para derrocar a Morazán y el 11 de septiembre a las 2:00 de la mañana, un grupo de ciudadanos suscribió un acta en la que expresaban su inconformidad por “los aprestos de guerra y reclusión de tropas que el general pretende hacer contra los verdaderos sentimientos de los costarricenses“. Al amanecer de ese mismo día, un grupo de insurrectos instigados sitió la manzana del Cuartel Principal, la de los Almacenes y el Cabildo e insubordinó a los doscientos soldados josefinos acuartelados en el Cabildo Principal. Al darse cuenta de ello, el coronel Manuel Antonio Lazo enseguida le avisó a Morazán y a Villaseñor, por medio de José Antonio Vigil, y que esta tropa se resistía a salir para Puntarenas’. El Jefe de Gobierno Provisorio no le dio la importancia a esta revuelta y simplemente nombró una comisión negociadora al mando del vicejefe de Estado, Juan Mora Fernández, y el presbítero José Antonio Castro.3

Sin embargo, cuando las negociaciones no prosperaron, Morazán regresó a las 11 de la mañana al Cuartel Principal y se apresuró a organizar a sus pequeñas fuerzas para defenderse de sus conspiradores.  En ese momento, no contaba con sus hombres porque había mandado al jefe del Estado Mayor, el general mercenario francés Isidoro Saget, a detener una rebelión en el Guanacaste.3 Al mando de dichas fuerzas colocó al general hondureño José Trinidad Cabañas, quien combatiría más tarde combatiría con ahínco pero con mucho desacierto por la causa liberal. Aquella fuerza contaba con apenas 25 hombres, y aún así logró repeler a los asaltantes hasta el polvorín, en dirección del cementerio, dado que los atacantes josefinos hacían una descarga, luego huían y desaparecían, para luego reaparecer.3

Poco a poco se reunieron dos mil soldados alzados, obligando a la pequeña fuerza de Cabañas a retroceder hasta el cuartel donde se hallaba Morazán. Esa tarde y noche del 11 de septiembre Morazán se sumó a la batalla para defender la plaza, pero para la mañana del 12 la situación era la misma. El número de alzados aumentaba cada vez mientras que los soldados cartagineses de Morazán comenzaron a desertar al ver caer a muchos de sus compañeros.3

Finalmente, Morazán fue capturado y juzgado sumariamente. Los últimos segundos de Francisco Morazán, fueron de desasosiego, ya que estaba preocupado por la vida de su familia que también corría peligro; de hecho, dictó su testamento a su hijo Francisco, de sólo 14 años de edad. En ese momento, Morazán vestía un traje civil y estaba detenido en el edificio del Palacio Nacional, a donde había llegado a la una de la tarde ese 15 de septiembre. A unos pasos está el edificio donde operó el Cuartel Militar, donde Morazán tenía su pequeño ejército. De este edificio las fuerzsa comandadas por el coronel retirado portugués Antonio “Tata” Pinto, sacaron al hijo de 14 años de Morazán que lo había pedido para dictarle su testamento; y a unos 200 metros, caminando en línea recta, está la esquina del parque, donde las fuerzas de Pinto fusilaron al otrora poderoso caudillo, a las 6:00 de la tarde del 15 de septiembre de 1842, rodeado de un bullicio ensordecedor.3


BIBLIOGRAFIA:

  1. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (Edición en línea) (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.
  2. El Heraldo (12 de septiembre de 2016). Francisco Morazán llega a Costa Rica para atender llamado de auxilio. Honduras: El Heraldo.
  3. El Heraldo (12 de septiembre de 2016). Aquí entregaron y fusilaron al general Francisco Morazán. Honduras: El Heraldo.

15 de julio de 1823: la Asamblea Nacional Constituyente de las Provincias Unidas del Centro de América emite un decreto separando los poderes públicos

15julio1823
Catedral Metropolitana de la Ciudad de Guatemala aproximadamente en 1885.  Si bien los diputados constituyentes separaron los poderes del Estado en 1823, hicieron éfasis en que la única religión oficial era la Católica.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

En un afán por establecer un gobierno similar al que pusieron las trece colonias inglesas que formaron los Estados Unidos inicialmente, en el que había balance de poderes, los diputados ante la Asamblea Nacional constituyente de las Provincias Unidas del Centro de América emitieron el siguiente decreto separando los poderes públicos de la recién independizada región:1

Los representantes de las provincias unidas del Centro de América, en consecuencia de la solemne declaración que hemos pronunciado en primero del corriente, confirmando y sancionando el inconcuso e imprescriptible derecho de los puestos nuetros comitentes a su absoluta libertad e independencia e todo extraño poder; en el nombre y por la autoridad de los mismos pueblos; nos declaramos legítimamente constituidos en asamblea nacional constituyente, y que en ella reside el ejercicio de la soberanía.

Declaramos igualmente:

  1. Que los altos poderes de este estado deben ser y son divididos en la manera que sigue:
    • Residirá en esta asamblea indivisiblemente el ejercicio del poder legislativo.
    • El del poder ejecutivo, en la persona o personas en quienes se delerage, y conforme al reglamento que al efecto se expedirá.
    • El del poder judicial, en los tribunales y juzgados establecidos o que se establezcan.
  2. Que la religión de las provincias unidas, es la católica, apostólica, romana, con exclusión de cualquiera otra.  En cuya consecuencia se manifestará oportunamente a la santa sede apostólica, por una misión especial, o del modo que más convenga: que nuestra separación de la antigua España, en nada perjudica ni debilita nuestra unión a la santa sede, en todo lo concerniente a la religión santa de Jesucristo.
  3. Que los diputados de esta asamblea son inviolables por sus opiniones, y en ningun tiempo ni por autoridad alguna, podrán ser molestados ni reconvenidos, por las que durante su encargo manifestaren, de palabra o por escrito.
  4. Que las provincias unidas reconocerán la deuda pública nacional; y la asamblea hipotecará, para garantir los capitales y el pago de los interes, los ramos de rentas y fincas que se acuerden, luego de que esté formada la liquidación de dicha deuda.
  5. Ratificamos y confirmamos el acuerdo del 15 de septiembre de 1821, que dispuso se continuase observando la constitución, decretos y leyes de la antigua España, en todo lo que no sean opuestos a la independencia y libertad de los pueblos nuestros comitentes y en todo lo que sea adaptable con arreglo a los principios sancionados en la declaración solemne, pronunciada en 1 del corriente, y en el presente decreto; entendiéndose todo por ahora, y mientras la asamblea no disponsa otra cosa.1

El hecho de que la religión oficial era la religión católica, y que no se aceptaba ninguna otra no fue un asunto que pudiera tomarse a la ligera en la vida de la nueva república centroamericana.  Cuando el pensamiento liberal empezó a cobrar fuerza entre los criollos no-aristócratas, los privilegios de los clérigos fueron atacados, y llegó un momento en que hubo un golpe de estado en Guatemala en 1826, para remover a las autoridades liberales y poner en su lugar a gobernantes conservadores afines al clero.  Este golpe de estado desencadenó la Guerra Civil Centroamericana, que resultó en la invasión del general liberal Francisco Morazán en abril de 1829, que no solamente destituyó a las autoridades federales y a las estatales de Guatemala, sino que los redujo a prisión, les confiscó sus bienes, y los envió al exilio, junto con los miembros del clero regular y el arzobispo Ramón Casaus y Torres.3  A partir de ese momento, los curas párrocos empezaron a atacar a los liberales como “enemigos de la verdadera religión” y al cabo de ocho años, debido a los desaciertos legales del gobierno de Mariano Gálvez (en especial sus Códigos de Livingston que promovían el matrimonio civil y el divorcio) y a los negocios que tenían con los “herejes británicos” estalló una guerra campesino-católica en contra del gobierno liberal.4

Por otra parte, el uso de la constitución, decretos y leyes de la antigua España que se menciona en el inciso 5.°, significaba que se iba a mantener la misma administración, la cual afectaba los intereses de la población indígena, tal y como lo fue durante la época colonial.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, 1821-1869 I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 32-33.
  2. Asamblea Legislativa and Guatemala. Departamento de Guerra (22 de septiembre de 1826), Hoja suelta-Decreto, S. Martin Xilotepeque, Guatemala, 22 de septiembre 1826 San Martin Xilotepeque, Guatemala.
  3. Hernández de León, Federido (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise.
  4. — (24 de marzo de 1926) “El capítulo de las efemérides: 24 de febrero de 1838, Informe de las Conferencias de Mataquescuintla”. Guatemala: Nuestro Diario.

22 de marzo de 1885: El Salvador, Costa Rica y Nicaragua firman en Santa Ana, El Salvador el Tratado de Alianza contra la Intentona de Barrios

22marzo2020
La ciudad de Guatemala en 1885, cuando J. Rufino Barrios empredió su campaña de Unificación de Centroamérica.  En el recuadro: el presidente de Guatemala, J. Rufino Barrios.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Tras presentar con bombos y platillos su decreto de Unión Centroamericana el 28 de febrero de 1885, el presidente de Guatemala, general J. Rufino Barrios, estaba convencido de que el proyecto sería aprobado por los liberales de todos los países de la región. Pero aunque la Asamblea Legislativa le era incondicional y lo apoyó al 100%, los problemas se dieron de inmediato cuando varios miembros de su gabinete no lo respaldaron, por lo que los destituyó de forma inmediata. Y luego tuvo problemas con los representantes diplomáticos, que solamente acusaron recibo del decretro y anunciaron que lo harían del conocimiento de sus gobiernos, con excepción de Alemania, Italia y España; los diplomáticos de los dos primeros felicitaron la iniciativa, dado los fuertes intereses que esos países tenían ya en Guatemala, mientras que el de España indicó que iba a esperar que decía El Salvador al respecto, pues era embajador de esa República también.

El presidente de Honduras, Luis Bográn, era títere de Barrios, y expresó de inmediato su apoyo a la iniciativa, mientras que el resto de países del área se opusieron a ella; pero el caso del presidente salvadoreño, Rafael Zaldívar, fue especial, pues al igual que Bográn había llegado al poder gracias a Barrios e incluso le pasaba un impuesto feudal cada año en reconocimiento por ello. Zaldívar estaba en una posición difícil el 8 de marzo le comunicó a Barrios por telégrafo que aún no podía responder pues debía esperar la resolución del Congreso. Barrios, molesto por la respuesta ambigua de quien consideraba su títere en El Salvador, le contestó:

“Y usted, de quien por haberse manifestado el más entusiasta y amigo, debí esperar emitiría desde luego un decreto de adhesión, resulta ahora convocando al Congreso para darle conocimiento de mi decreto, en vez de adoptar la resolución inmediata y enérgica que correspondía.”

“Mi determinación es irrevocable, y todo lo que no sea secundar desde luego la idea que he proclamado, será envolver a todo el país en una gran revolución, de la cual a usted y solo a usted y a su círculo, haré responsables ante Centroamérica. Reunir al Congreso como usted quiere, me parece enteramente inútil, cuando se trata de una causa que todos los gobiernos, por sus respectivas Constituciones, están obligados a abrazar y que ningún centroamericano puede atreverse a combatir.”

Para intentar hacer ver aquel proyecto como un ideal liberal y no como algo resultado de su ambición personal, el 9 de marzo de ese año Barrios publicó un manifiesto afirmando que no aspiraba a la Presidencia de la República de Centroamérica, y estaba decidido a no aceptarla en caso de que se le propusiera ocuparla. Pero el riesgo de que intentara lograr la Unión por la fuerza llevó a temer una guerra en Centroamérica.  Pero ante la amenaza de una invasión armada, Nicaragua, Costa Rica y El Salvador solicitaron de inmediato el apoyo de México, y Honduras optó por aliarse con Guatemala. Y por ello, el 10 de marzo de 1885, el presidente mexicano Porfirio le respondió así a Barrios:

“La resolución tomada exclusivamente por la Asamblea de esa República es rechazada con energía por gobiernos y pueblos de las demás repúblicas centroamericanas, según telegramas que he recibido de Nicaragua, Costa Rica y El Salvador. Esta circunstancia, y la impresión creciente que la noticia causa en el pueblo mexicano, influirán en la actitud que ha de tomar el Gobierno a mi cargo ante una emergencia que es una amenaza contra la independencia y autonomía de las nacionalidades de este continente.”

México estaba a favor de la Unión, siempre y cuando no se realizara de manera forzada y se llevara a cabo por la voluntad de los pueblos involucrados; poco después, Porfirio Díaz ordenó cerrar la legación de México en Guatemala y trasladar la sede a El Salvador, donde también estaba acreditado el mismo ministro como tal.

A pesar de este apoyo, en 1885 el gobierno mexicano no mostró señales de que buscaba aprovechar la situación para apoderarse de territorio guatemalteco, pues México atravesaba entonces por una crisis económica grave; situación que había provocado la pérdida de empleos en varios sectores. Esto, no obstante, no impidió que ese país reforzara su frontera a mediados de marzo, cuando Porfirio Díaz ordenó la movilización de alrededor de quince mil hombres a la frontera con Guatemala, pues existía el temor a que Estados Unidos interviniera e incluso aprovechara la situación para apoderarse de territorio centroamericano, lo que colocaría a México en una situación difícil, al tener como vecino a dicho país tanto en el norte como en el sur.

Con respecto a los Estados Unidos (que entonces todavía no eran la potencia mundial que es en el siglo XXI, aunque sí era poderoso) al principio fue incierto el modo en que procedería el gobierno de Estados Unidos ante la acción de Barrios; a esto contribuía que a principios de marzo Grover Cleveland había tomado posesión como presidente de EE UU, siendo el primer demócrata que lo hacía en 16 años.  Pero conforme el conflicto se tornaba más serio, la posición de EE UU se fue esclareciendo; el Senado reprobó la conducta de Barrios, y acordó que cualquier invasión de Guatemala a territorio nicaragüense o costarricense, para constituir la Unión, sería considerada “como una intervención poco amistosa y hostil a los derechos de los Estados Unidos, de Nicaragua y de Costa Rica.” Al mismo tiempo, el gobierno estadounidense envió cuatro buques a costas guatemaltecas, “para que se presenten en el acto como fuerza moral” y si fuera el caso, para brindarles apoyo material a los países amenazados por Barrios. Si bien Centroamérica carecía de recursos estratégicos, tenía poca población y baja prioridad para las inversiones económicas de EE UU , era importante como zona de tránsito entre los océanos Pacífico y Atlántico. Su interés principal estaba entonces en Nicaragua, donde preveía la construcción de un canal interoceánico, cuyos beneficios el gobierno nicaragüense había invitado a compartir al resto de los países centroamericanos.

De hecho, en Nicaragua acusaban a Barrios de haber iniciado su intentona de Unión Centroamericana al saber que Nicaragua no había logrado concretar el tratado con los Estados Unidos para construir el Canal Interoceánico en ese país. Y es que al principio Barrios apoyó el proyecto propuesto por Estados Unidos, e incluso había buscado y aceptado su mediación, tanto en 1881 como en los años subsecuentes, para evitar un conflicto con México por la cuestión fronteriza. Sin embargo, cuando proclamó la Unión de Repúblicas Centroamericanas también hizo alusión al riesgo que representaba la pequeñez frente a países más poderosos.

El 8 de marzo, el Congreso de Nicaragua autorizó al presidente Adán Cárdenas para que, solo o aliado con otros países que quisieran defender su autonomía, organizara la defensa nacional sin omitir esfuerzo ni sacrificio alguno, y responsabilizó a los agresores de las consecuencias que provocara la guerra. Dos días más tarde, la misma Legislatura publicó un manifiesto en el que, luego de reprobar el decreto de la Unión, invitó al pueblo nicaragüense a tomar las armas contra el invasor. El 12 de marzo Nicaragua movilizaba ya a miles de hombres armados a la frontera con Honduras, mientras Costa Rica reunía tropas para moverlas al primer aviso a los límites con territorio nicaragüense, con el fin de detener a los invasores.

El de 20 de marzo por la tarde llegaron a Santa Ana, El Salvador, los delegados de Nicaragua y Costa Rica quienes se reunieron con el presidente Zaldívar al día siguiente para tratar sobre la posición de las tres repúblicas frente a la inminente invasión armadas de Barrios.  El 22 de marzo, su posición fue publicada por medio del Tratado de alianza entre Nicaragua, El Salvador y Costa Rica, para oponerse al “salvaje de San Marcos” (como ellos llamaban al general J. Rufino Barrios) que amenazaba la soberanía e independencia de aquellas repúblicas.


BIBLIOGRAFIA:


11 de septiembre de 1842: estalla una revolución en Costa Rica contra el presidente Francisco Morazán, la cual resulta en el fusilamiento del caudillo centroamericano el 15 de septiembre

11septiembre1842
Retrato del general Francisco Morazán. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Al igual que ocurrió con a figura de J. Rufino Barrios en Guatemala, la historia del general Francisco Morazán ha sido embellecida por los historiadores liberales, quienes lo presentan como un héroe unificador de Centroamérica.  En realidad, Morazán fue la epítome del criollo liberal, que aborrecía a las autoridades españolas y a los criollos de la ciudad de Guatemala por considerar que no les dieron un trato justo durante la colonia.

En venganza a lo que Morazán consideraba una afrenta a los suyos, lideró la revuelta liberal en contral del gobierno conservador conformado por los criollos guatemaltecos de la familia Aycinena y en 1829 no solamente los derrocó, sino que los expulsó del territorio centroamericano, no sin antes haberles expropiado sus bienes.

Haciendo negocios con los británicos, y con los grupos criollos que querían mantener a raya a sus rivales, Morazán acumuló una considerable fortuna mientras fue president de la República Federal de Centroamérica, la cual poco a poco se fue desmembrando hasta quedar reducida únicamente a Los Altos, Guatemala y El Salvador en 1840.  Cuando el general Rafael Carrera tomó a Los Altos a sangre y fuego, Morazán invadió a Guatemala una segunda vez aplicando una estrategia de tierra arrasada contra los campesinos del oriente guatemalteco, quienes componían la mayoría de las fuerzas de Carrera.

Morazán realizó todo tipo de tropelías en el territorio guatemalteco, hasta que Carrera lo derrotó de forma contundente en marzo de 1840 en la ciudad de Guatemala, y Morazán tuvo que huir del país gritando “¡Que viva Carrera!” con unos cuando de sus colaboradores, dejando a sus soldados a merced de los soldados guatemaltecos, que no tuvieron piedad de ellos.  Aquel fue el fin de la carrera política de Morazán, quien tuvo que huir a Perú.

Morazán intentó regresar a la política centroamericana, pero esta vez en Costa Rica.  No obstante el 11 de septiembre de 1842 estalló una revolución popular en Alajuela en contra de su gobierno, la cual estaba encabezada por el portugués Antonio Pinto Soares.  Tras resistir a los rebeldes, Morazán fue capturado, juzgado sumariamente y fusilado el 15 de septiembre en San José. Cabe destacar que los historiadores liberales, en especial Lorenzo Montúfar y Ramón Rosa, describen las últimas horas de Morazán como la de un héroe que incluso tomó el mando del pelotón de fusilamiento y hasta corrigió la puntería de uno de los soldados.

Los restos de Morazán fueron enviados a El Salvador, de acuerdo a su ultimo deseo.  Pero sus restos se perdieron, pues cuando Rafael Carrera invadió El Salvador tras la fracasada invasion a Guatemala del general Gerardo Barrios en 1862, ordenó que sus cañones disparan contra la tumba de Morazán hasta que ésta quedó hecha añicos, en venganza por todas las atrocidades que el caudillo liberal había cometido en Guatemala.


BIBLIOGRAFIA: