18 de abril de 1902: terremoto de San Perfecto destruye la ciudad de Quetzaltenango

18abril1902
Ruinas de la ciudad de Quetzaltenango tras el terremoto de 1902.  Imagen tomada de Wikimedia Commons.

El año de 1902, hacia el final del primer período presidencial del licenciado Manuel Estrada Cabrera, fue devastador para la región occidental de Guatemala.  Primero fue el terremoto de San Perfecto el 18 de abril, y luego la devastadora erupción del Volcán Santa María el 24 de octubre.  El sismo tuvo una magnitud estimada de Mw 7,5 y se produjo a las 20:53:50 en el departamento de Quetzaltenango.1​ El terremoto tuvo una duración de casi dos minutos y fue precedido de varios sismos premonitores y seguido de muchas réplicas, siendo los departamentos de Quetzaltenango y Sololá los más afectados. Entre ochocientas y novecientas personas fallecieron por el terremoto y hubo daños materiales importantes en la extensa zona afectada. Todas las iglesias en el oeste de Guatemala y el este de Chiapas sufrieron daños severos o fueron destruidas.23

El escritor Federico Gamboa, quie era el embajador del gobierno mexicano del general Porfirio Díaz en Guatemala de 1899 a 1902, se encontraba en la Ciudad de Guatemala al momento del terremoto y lo relata detalladamente en su obra Mi Diario.4

“18 de abril [de 1902].- Noche horrenda, un verdadero cataclismo del que por milagro escapamos. A eso de las 5 de la tarde, que leía yo en una mecedora, en la terraza, alcé casualmente los ojos al cielo, todo él plomizo, cual si se avecinara alguna tormenta de las que por aquí abundan cuando como en este año la temporada de lluvias se adelanta. Anocheció a poco, y despejóse el firmamento.4​ Minutos después de las 7, inopinadamente, debió de caer muy cerca de casa una formidable descarga eléctrica, cuyo estruendo nos ensordeció y cuya luz vivísima y cárdena nos dejó medio ciegos. Y de las nubes, se dejó venir un diluvio que mal año para el del abuelo Noé…»5​ De súbito, comenzó un terremoto espantoso, que sacudía la casa y la ciudad entera, con reconcentrada extrahumana fuerza devastadora; algo horrible y nunca antes sentido… Mi mujer cae de hinojos; la perra Diana aulla fatídicamente… Al pronto, quédome inmóvil con mi hijo entre mis brazos, sus grandes ojos de criatura inteligente, mirándome despavorido… Sin dismuinuir en su intensidad espantable, el terremoto continúa… Al cabo de siniestros parpadeos, la luz eléctrica se apaga; estamos en piso alto, en tinieblas, sin esperanza de salvación… Repican las arañas de cristal, crujen muebles, puertas y techos… Continúa el terremoto.”5

Siempre con mi hijo en los brazos, trabajosamente me levanto de la silla, vacilo como un beodo o atacado de vértigo; a tientas y con no menores trabajos, abro la puerta, y en sus umbrales coloco a mi mujer arrodillada; Diana, sin dejar de aullar, me planta sus manos en mis espadas, que yo hinco en la jamba… El terremoto continúa sacudiéndonos en la tiniebla. Reza mi mujer en voz alta y trémula, entreverada de sollozos; mi hijito, cual si a mí me fuese dable atajar el fenómeno, susúrrame de vez en cuando muy quedó en su infantil media lengua que tiene miedo. Rezo a mi vez; pero en vista de que el temblor no cesa, pienso en que las resistencias tienen su límite, y en que, si dios no nos salva, estamos perdidos, irremisiblemente perdidos… Entonces, no por tranquilizar a mi mujer, sino por propia y honrada convicción, la exhorto a que se resigne.6

Al fin, el sismo se aplaca lentamente, y para… En los primeros instantes de respiro, mi mujer no me permite ni que vaya yo a encender una luz… Nuevo temblor rápido… La repetición me alarma, y resuelvo nuestro traslado al piso bajo, a oscuras todavía… En el resto de la noche, que nos pasamos en vela, siete sacudidas más.6​ Narración que me hace mi cuñado, del pánico que en cafés y calles originó el descomunal terremoto…6

El 21 de abril continuaban los sismos y los ciudadanos de la capital estaban sumamente nerviosos; ese día empezaban a llegar las noticias de los departamentos: Quetzaltenango estaba casi totalmente destruida y con aproximadamente novecientos fallecidos; Escuintla y Amatitlán quedaron medio arrasadas; todo el occidente quedó muy perjudicado y centenares de fincas de café y de caña quedaron por los suelos.​ El gobierno declaró calamidad nacional.7​ Para entonces se habían producido numerosas réplicas y rumores que provocaban el pánico de los guatemaltecos; uno de esos rumores aseguraba que el presidente Manuel Estrada Cabrera y el embajador mexicano Federico Gamboa eran los únicos que habían sido informados por el Observatorio de San Francisco de que un inminente cataclismo amenazaba a Guatemala.”7


BIBLIOGRAFIA:

  1. INSIVUMEH (s.f.). «Principales eventos sísmicos del siglo XX en Guatemala». Archivado desde el original el 1 de agosto de 2008.
  2. Rose, William Ingersol (s.f.). «Natural Hazards in El Salvador»Geological Society of America (en inglés). p. 394.
  3. Rockstroh, Edwin (1902). «1902 Earthquake in Guatemala»Nature (en inglés) 66: 150. doi:10.1038/066150a0. p. 150.
  4. Gamboa, Federico (1920). Gómez de la Puente, Eusebio (ed.), ed. Mi diario, primera serie III. México: Hispano Americana.
  5. Ibid, p. 148.
  6. Ibid, p. 149-150
  7. Ibid, p. 151

 

26 de marzo de 1919: en medio de la ruina provocada por los terremotos de 1917-18 se anuncia la apertura del primer cine popular en la Ciudad de Guatemala

26marzo1919
El Teatro Colón en ruinas rodeado de asentamientos improvisados que se construyeron en sus jardines tras los terremotos de 1917-18.  En el recuadro: el presidente de Guatemala en esa época, licenciado Manuel Estrada Cabrera.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Narramos la siguiente anécdota que refleja la vida de los residentes de la Ciudad de Guatemala en las postrimerías del gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera.

Amelia Solares v. de Sánchez fue una mujer emprendedora que de ser una de las jovencitas de la sociedad guatemalteca se convirtió en una dama criolla acostumbrada a que se cumpliera cuanto solicitaba.  Y lo que solicitaba ahora era la autorización a construir un cine popular en noviembre de 1918, en medio de las ruinas de los recientes terremotos de 1917-18 y de la inmensa e ineficiencia burocracia del gobierno de don Manuel.

La Sra. v. de Sánchez tuvo la idea de construir un cine popular porque en aquellos días los precios para entrar a las salas de cine eran muy altos, lo que hacía imposible para los obreros de la ciudad ir a ver las últimas películas.  Su plan era construir un edificio de bajareque asísmico en la 14 calle oriente y 12 avenida sur de la Ciudad de Guatemala, el cual tendría “las mayores comodidas para el público” y el “valor de las entradas sería un 25% menor que las que cobraban los salones actualmente abierto, aunque después mejoren las condiciones“.  En esa época las películas eran extranjeras, pero habían algunos cortos guatemaltecos que proyectaban, especialmente de los ostentosos desfiles de las Fiestas Minervalias.

Y con esa idea, le hizo llegar al gobernante una petición, a la que este le respondió:

“A: Amelia S. de Sánchez
12 Ave. sur 43
Telégrafos nacionales. República de Guatemala.
C.K.S. D.H. De La Palma 10 de Nov. de 1918
Recibido en Gmla. a las 9. h. 30 m. Receptor J. C.
Corresponde la resolución del asunto de usted al Ministerio de Fomento y a la Municipalidad, a quienes puede ocurrir, que sin duda será atendida.  Correspondo con igual sentimiento al cortés saludo de usted.

Estrada C.”

Con la respuesta del presidente, la Sra. v. de Sánchez envió su solicitud al ministro de fomento, Luis Mendizábal.  Aquella solicitud  para la construcción del recinto refleja los miedos, el servilismo y la situación que se vivía en Guatemala en esa época.  He aquí un fragmento:

La solicitud no es tal que pueda causar el menor perjuicio a la clase proletaria.  La sencillez, la decencia y la economía, serán con la moralidad, sus fundamentos, proporcionado mayores comodidades y ventajas y mejor clase de diversiones que la de los salones actuales.  Las funciones serán con las formalidades comunes a espectáculos de igual naturaleza y en los días martes, jueves, sábados, domingos y días festivos que convengan así a la empresa, con previo conocimiento de la respectiva autoridad. Mi solicitud y propósito son los más favorables que se puede dar para esta clase de diversiones, dedicadas a la gente proletaria y, además el edificio, aunque sencillo, contribuirá en parte al resurgimiento de la capital“.

Y es que en 1919 era evidente la ineptitud del gobierno de Estrada Cabrera para solucionar los problemas de la Ciudad de Guatemala tras los terremotos de 1917-18: los escombros estaban todavía sin recoger y los destrozos todavía eran evidentes.  Mientras las élites habían mandado a sus familias a sus propiedades en la Costa Sur o a la Verapaz y habían dejado en la ciudad únicamente a las personas que llevaran los negocios familiares debidamente refugiados en albergues de primera calidad, el resto de la población sobrevía en asentamiento en parques en las faldas del Cerrito del Carmen, los campos de Gerona, los jardines del arruinado Teatro Colón y en la Plaza de Armas.

La ineficiencia del gobierno afectó a la solicitud de la Sra. vda. de Sánchez; no fue sino hasta luego de varios meses de trámites, que finalmente apareció la siguiente información el 26 de marzo de 1919 en el Diario de Centro América:

“Ecos Sociales: Teatro Guatemala: se anuncia para los primeros días de abril próximo la inauguración del nuevo Teatro Guatemala, en donde se exhibirán las más notables producciones de la cinematografía mundial.”

El 14 de abril ya estaba listo el edificio para el cine, y se inauguró el 19 de abril, con una función a beneficio  de las obras sociales del gobierno del licenciado Estrada Cabrera.  La Sra. vda. de Sánchez indicó lo siguiente: “ha sido mi primera intención el inaugurarlo con una función en honor al Excelentísimo Señor Presidente de la República, Doctor don Manuel Estrada Cabrera, a beneficio del Asilo de Maternidad Joaquina, pero como otro salón tiene ya anunciada tal función, se ha decidido realizarla siempre en honor del Protector de la Beneficencia, a beneficio de El Ropero Infantil, para lo cual se ha dirigido al Sr. Presidente, poniéndole a sus respetable órdenes el cine y ofreciéndole la función de inauguración que deberá tener lugar el sábado de los corrientes si al Señor Presidente así le parece”.

He aquí lo que publicó el Diario de Centro América al respecto el 15 de abril de 1919:

“Ecos Sociales: Inauguración del Teatro Guatemala

Con una selecta función cinematográfica a beneficio del Ropero Infantil del Asilo Joaquina de Maternidad, la noche del sábado próximo 19 del corriente será inaugurado el Teatro Guatemala, situado en las esquinas de la catorce calle oriente y 12 avenida sur.  Edificio completamente asísmico, es de los que ofrecen mayores garantías, por la solidez de su construcción y el cuidado que se puso en el arreglo de las puertas de entrada y salidas.  El lunetario es amplio, y la decoración interna fue hecha con los detalles del claso.

Ya cuentan, pues, los capitalinos con un centro más de espectáculos, al que concurrirán, principalmente, las muchas familias apreciables que residen en el sureste de la ciudad.”


BIBLIOGRAFIA:


4 de febrero de 1976: catastrófico terremoto asola a Guatemala, causando veintitres mil muertos y setentisiete mil heridos

4febrero1976
Derrumbe de una  residencia a la orilla de un barranco en la zona 2 de la Ciudad de Guatemala.  En el recuadro: una vivienda de adobe derrumbada en el Centro Histórico de la ciiudad.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El 4 de febrero de 1976 a las 3:03:33 am, un poderoso terremoto azotó a Guatemala. La zona más afectada cubría alrededor de 30.000 km², y comprendía a varios departamentos del país. Al igual que como ocurrió durantes los terremotos de 1917-18, aparecieron grietas en el suelo en muchos lugares del país, y algunas llegaron a medir hasta un metro de ancho; también la cima de algunos cerros se agrietó y luego los cerros se desmoronaron, soterrando poblados enteros y vías de acceso. Numerosos derrumbes en los taludes de relleno y en los taludes de corte en las carreteras​ dejaron numerosas comunidades incomunicadas, especialmente en la carretera al Atlántico, la carretera entre San Lucas Sacatepéquez y Antigua Guatemala y la carretera CA-I entre Patzún y Panajachel. Muchos puentes, torres de alta tensión, postes de luz y de teléfonos colapsaron o se destruyeron. Los rieles de las líneas de los ferrocarriles se retorcieron como culebras.

El sismo dañó prácticamente a todo el país, aunque los lugares más afectados fueron:

  • Chimaltenango: fue el departamento más afectado, registrando la mayoría de decesos.
    • San Martín Jilotepeque: quedó completamente en ruinas y únicamente sobrevivió la fuente colonial de la plaza central.​
    • Carretera CA-I (carretera Interamericana): sufrió severos daños entre Patzicía, Patzún, Godínez y Panajachel. En el punto intermedio entre Godínez y Patzún, en el lugar conocido como Los Chocoyos, hubo un derrumbe de tal magnitud que sepultó a varias casas con todo y sus habitantes.
    • Mixco Viejo: estas ruinas precolombinas sufrieron serios daños estructurales.
  • Departamento de Guatemala:
    • Ciudad de Guatemala: la ciudad y sus alrededores sufrieron graves daños, debido a la sobrepoblación y a lo precario de las viviendas, a pesar de estar lejos del epicentro del terremoto. La periferia de la ciudad quedó más destruida que el centro debido a que las casas estaban hechas de adobe. Al igual y como ocurrió con los terremotos de 1917-18 los templos católicos resultaron seriamente afectados: en la Catedral Metropolitana colapsó la cúpula elíptica que tenía,​ la Iglesia la Recolección y la Ermita del Carmen en el cerro del mismo nombre sufrieron daños considerables. Los centros de salud se quedaron pronto sin medicinas de primeros auxilios y sin alimentos, pues el sismo cortó el suministro de agua potable​ y los alimentos se agotaron rápidamente pues tanto las tiendas de abarrotes como las panaderías permanecieron cerradas. Los damnificados tuvieron que permanecer en las calles ya que hasta los hospitales dejaron afuera a sus pacientes, pues los edificios estaban en malas condiciones​ y se percibía el olor nauseabundo que provenía de desagües rotos.
    • San Juan Sacatepéquez, la municipalidad se derrumbó parcialmente.
    • Mixco: la estación de policía quedó inhabitable pero continuó operando; los agentes de la policía en las primeras horas que siguieron al terremoto encontraron ciento cincuenta muertos y doscientos heridos. Ante la gravedad de la situación y que la estructura del recinto estaba colapsada, el juez de la localidad autorizó a que los detenidos que tuvieran faltas leves fueran liberados.
  • El Progreso:
    • Carretera al Atlántico, la principal vía de comunicación del país, sufrió daños principalmente entre el kilómetro cero en el palacio Nacional y el kilómetro 80 -en El Rancho de San Agustín dejando incomunicados a Sanarate, Guastatoya y los poblados intermedios con la ciudad de Guatemala.​
  • Sacatepéquez :
    • Antigua Guatemala: el Palacio de los Capitanes Generales (que había sido reconstruido a finales de la década de 1880) resistió el temblor con algunos daños y únicamente hubo que demoler el muro de la fachada oriental. También hubo destrozos en la Parroquia de San José Catedral, el palacio del Ayuntamiento, las iglesias del Carmen, La Compañía de Jesús(que entonces albergaba un mercado), San Francisco y San Sebastián, así como casas de valor arquitectónico.
    • La carretera entre San Lucas Sacatepéquez y Antigua Guatemala también resultó seriamente dañada.
  • Izabal:
    • Puerto Barrios: las instalaciones de la portuaria quedaron seriamente dañadas
    • Los Amates: varias estelas mayas de Quiriguá se cayeron.

Aunque inicialmente el gobierno del general Kjell Eugenio Laugerud García reportó que las pérdidas de vidas humanas eran mínimas para calmar a la población, a medida que se recuperaban los cuerpos de las víctimas la verdadera magnitud del desastre quedaba al descubierto. El gobierno tuvo que enterrar a numerosas víctimas como XX en fosas comunes, debido a la enorme cantidad de muertos y era la única forma de evitar una epidemia. El resultado final, indicó que hubo veintitrés mil personas fallecidas, setentisiete mil gravemente heridas, mientras que alrededor de doscientos cincuenta y ocho mil casas fueron destruidas, dejando a cerca de 1,2 millones de personas desplazadas. Y es que, a diferencia de lo ocurrido en 1917-18, no hubo un sismo inicial que advirtiera a la población y muchos murieron soterrados por sus propias viviendas; los sobrevivientes armaron albergues temporales en las calles junto a paredes inestables, que cedieron con las fuertes réplicas del sismo, provocando aún más víctimas mortales, cuando les cayeron paredes de edificios dañados. Después de eso las personas movieron sus albergues al centro de las calles, a parques o al primer terreno baldío que pudieron encontrar.

El riesgo de una epidemia de fiebre tifoidea se logró evitar porque cuando se suspendió el servicio de agua potable, el gobierno emitió boletines radiales de información sobre como prevenir enfermedades derivadas del consumo de agua sin tratamiento.​ Tampoco hubo un incremento en problemas psicosomáticos entre los sobrevivientes, a pesar de la experiencia traumática que padecieron. Los problemas que sí hubo fueron: diarrea, problemas pulmonares y oculares, estos últimos por la cantidad de polvo que se levantó de los escombros debido a las frecuentes réplicas.

El pillaje también se desató, y ante la falta de elementos de seguridad pues éstos estaban ocupados con las labores de ayuda, se organizaron patrullas civiles para evitarlo;. Los miembros de las patrullas eran vecinos voluntarios que estaban armados como podían y no llevaban a los capturados a las autoridades sino que ellos mismos se encargaban de escarmentarlos.

A diferencia del gobierno del licenciado Manuel Estrada Cabrera que fue totalmente inepto para afrontar la catástrofe de 1917-18, el gobierno del general Laugerud García afrontó la situación eficientemente y recuperó al país en cuestión de dos años.


BIBLIOGRAFIA:

 

 


16 de enero de 1775: el maestro mayor de obras Bernardo Ramírez inicia el retiro de los materiales que se podían utilizar de las ruinas del Palacio de Capitanes Generales

 

16enero1775
Ruinas del Palacio de los Capitanes Generales luego de que se había retirado todo el material utilizable tras los terremotos de 1773 y antes de la reconsttrucción de 1890. Imagen publicada por Harper’s Weekly en el artículo- An Ancient City of Central America, Supplement of Harper’s Weekly En el recuadro: capitán general Martín de Mayorga.

Después de los terremotos de 1751, se renovaron muchos edificios y se construyeron numerosas estructuras nuevas en la arruinada ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, de tal modo que para 1773 daba la impresión de que la ciudad era completamente nueva. La mayoría de las casas particulares de la ciudad eran amplias y suntuosas, al punto que tanto las puertas exteriores como las de las habitaciones eran de madera labrada y las ventanas eran de finos cristales y tenían portales muy finos. Era frecuente encontrar en las residencias pinturas de artislas locales con marcos recubiertos de oro, nácar o carey, espejos finos, lámparas de plata, y alfombras delicadas.

En esa época, la ciudad capital del Reino de Guatemala competía en lujo y elegancia con las principales capitales de las colonias españolas en América.  Pero el 29 de julio de 1773, día de la festividad de Santa Marta de Betania, un enjambre sísmico destruyó la ciudad en medio de una tenaz lluvia que azotaba el lugar. La sacudida ocasionó el destrozo de las edificaciones religiosas, gubernamentales y privadas, la destrucción de acueductos y una grave escasez de alimentos.  Además se desató una epidemia de tifo entre la población y cuando dos fuertes sismos ocurrieron el 13 de diciembre, desatando un nuevo enjambre sísmico, se reforzó la posición de quienes preferían mudarse a una nueva ciudad.  En enero de 1774 el Concejo de Indias se pronunció sobre el traslado interino hacia el valle de La Ermita.

Para ese entonces, el poder de las órdenes regulares y del arzobispo estaba muy debilitado, pues desde que los Borbones tomaron el trono en España se decidieron a conseguir a separación efectiva entre la Iglesia y el Estado.  Cuando el capitán general Martín de Mayorga decidió apoyar el traslado, a los primeros que obligó a mudarse fueron los frailes y monjas de las órdenes, quienes se fueron de sus palaciegos conventos a miserables estructuras de madera en la nueva ciudad.  El arzobispo Pedro Cortés y Larraz, por su parte, comprendiendo las intenciones del capitán general, se resistió al traslado junto con el clero secular que comandaba, hasta que fue expulsado de la Mitra.

Posiblemente los daños causados por el terremoto fueron serios, pero fueron más serios los que provocó el saqueo y el abandono de la ciudad. El 16 de enero de 1775 el maestro mayor de obras Bernardo Ramírez, comenzó a sacar todos los materiales utilizables del edificio para trasladarlos a la nueva capital ya que se había emitido orden legal en la cual se ordenaba que debían ser trasladados al nuevo asentamiento todos los materiales que pudiesen servir en la construcción de edificios y casas. Por esta disposición el Palacio Real fue despojado de puertas, ventanas, balcones, objetos decorativos, y todo lo que pudiera utilizarse.

Y para acabar de destruir la ciudad, el terremoto del 3 de septiembre de 1874 acabó con muchas de las estructuras que habían quedado en pie en 1773.


BIBLIOGRAFIA:


16 de septiembre de 1896: el gobierno del general presidente José María Reina Barrios inaugura el nuevo edificio del Registro de la Propiedad Inmueble, hoy convertido en Museo Nacional de Historia

16septiembre1896
Fotografía del edifrio del Registro de la Propiedad Inmueble tras su construcción.  Tomada por Alberto G. Valdeavellano y publicada en “La Ilustración Guatemalteca“.

El 16 de septiembre de 1896 fue inaugurado el edificio del Registro de la Propiedad​ de la Ciudad de Guatemala— obra del arquitecto José de Bustamante, y construido por orden del gobierno del general José María Reina Barrios. La institución del Registro es una de las reformas implantadas por la legislación civil guatemalteca de 1877 y ya para 1896 había un promedio mensual de novecientas inscripciones en la ciudad las que que incluían enajenaciones de fincas rústicas, enajenaciones de fincas urbanas, hipotecas sobre fincas rústicas, hipotecas sobre fincas urbanas y cancelaciones hipotecarias.

El edificio tiene una planta de setecientos cuarenta y dos metros cuadrados y una altura de catorce metros, con dos plantas y una bóveda para el archivo; es de estilo renacimiento francés y costó doscientos mil pesos guatemaltecos en su época. Está fabricado de ladrillo y hierro y decorado con cemento y mármol y contiene veintidós piezas para oficinas y un sótano que está protegido por rejas y tela metálica.

Reina Barrios gobernó durante el período económico más próspero de los regímenes liberales, y aprovechó la bonanza para realizar obras de infraestructura majestuosas, que incluyeron el Palacio de Gobierno, el Pabellón de la Exposición Centroamericana, el Museo de la Avenida de la Reforma, entre otros.  El presidente también contrató al arquitecto José de Bustamante, para la construcción del Palacio Presidencial o Casa Presidencial. El contrato se aprobó el 8 de febrero de 1895, tres años exactamente antes del asesinato del Presidente, y el edificio se construyó en el predio que ocupaba la huerta ubicada, en el ala suroeste del antiguo Palacio Colonial sobre la 8ª Calle con un costo aproximado de cuatrocientos mil pesos. La obra dio inicio el 1 de enero de 1895 y se inauguró el 24 de diciembre de 1896, funcionando desde entonces como la sede de gobierno de Reina Barrios y de su sucesor, el licenciado Manuel Estrada Cabrera, hasta que fue destruido por los terremotos de 1917-18, al igual que la mayoría de los edificios construidos durante esta época.

De hecho, el Registro de la Propiedad Inmueble fue uno de los pocos edificios construidos por el gobierno del general José María Reina Barrios que sobrevivieron el terremoto de 1917-18 aunque posteriormente fue convertido en el Museo Nacional de Historia de Guatemala, ya que una evaluación estructural determinó que ya no era lo suficientemente robusto para su propósito original.


BIBLIOGRAFIA:

 

 


3 de septiembre de 1874: fuerte terremoto destruye el poblado de Parramos y echa por tierra varios edificios de Antigua Guatemala que habían sobrevivido el terremoto de Santa Marta

3septiembre1874
Las ruinas del destruido templo de La Recolección antes y después del terremoto del 3 de septiembre de 1874.  Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Los conquistadores y colonos españoles quedaron maravillados por la topografía de Guatemala, y decidieron construir sus principales ciudades al pie de enormes volcanes sin medir las consecuencias.  Como resultado, la capital del Reino de Guatemala, Santiago de los Caballeros, fue destruida por deslaves, y varios terremotos, además de ser periódicamente afectada por inundaciones provocadas por el aumento del caudal del río Pensativo.

Luego de ser finalmente abandonada en 1778 después de los terremotos de Santa Marta de 1773 y la subsiguiente epidemia de tifo, la otrora majestuosa ciudad fue presa de la rapiña y abandono y se convirtió en una simple villa con escasos habitantes.   A pesar de ello, sus magníficos edificios todavía tenían vestigios de lo que alguna vez fueron.

Pero el 3 de septiembre de 1874, muchos de ellos fueron arruinados completamente por lo que el periódico estadounidense The New York Times, el terremoto más devastador de los que se registraron en ese año en todo el mundo.​ No solamente se destruyó lo que quedaba de los edificios en Antigua Guatemala, sino que borró del mapa los poblados de Parramos y de San Miguel Dueñas,e incluso hubo bandas de forajidos armados con cuchillos y otras armas punzocortantes que intentaron asaltar a los damnificados y robarles lo poco que les quedaba; afortunadamente.  Eran los tiempos del gobierno de J. Rufino Barrios, y las bandas fueron capturadas por la policía del gobierno y ejecutadas sumariamente.

Los sismos se iniciaron en agosto, pero nadie les puso atención pues la población estaba acostumbrada a que temblara con cierta frecuencia; es más, no impidieron que se celebrara una gran gala en honor al enlace matrimonial del presidente Barrios con su joven esposa, la entonces adolescente Francisca Aparicio.

Los poblados afectados aparte de Antigua Guatemala, Dueñas, Parramos y Patzicía, fueron Jocotenango, San Pedro Sacatepéquez, Ciudad Vieja y Amatitlán.  De hecho, hubo ciento dieciséis muertos y ochenta y cinco heridos en Patzicía, que fue el epicentro del terremoto. Por su parte, en Parramos se reportaron cerca de doscientos fallecidos, ya que dos ríos que bajan de los volcanes cercanos se salieron de sus cauces y arrastraron varias chozas que estaban a las orillas de los mismos, matando a veinte de sus ocupantes.


BIBLIOGRAFIA: