10 de junio de 1853: Carrera restringe el derecho de asilo

En medio de tensiones entre Guatemala, Honduras y El Salvador, el presidente Rafael Carrera restringe el derecho de asilo para ciertos tipos de delitos

Una vivienda rural en Guatemala en la época del general Rafael Carrera. En el recuadro: el general Trinidad Cabañas, presidente de Honduras en 1853 y enemigo acérrimo de Carrera. Imágenes tomadas de «Guatemala: the land of the quetzal» y de Wikimedia Commons.

Luego del triunfo de la batalla de la Arada sobre los criollos liberales centroamericanos el 2 de febrero de 1851, el teniente general Rafael Carrera fue nombrado presidente de la República de Guatemala, y se inició la hegemonía de ésta en la región centroamericana, aunque los liberales matenían las esperanzas de recuperar el poder.1

En noviembre de 1851, el presidente de Honduras, Juan Lindo, ganó las elecciones para un tercer período pero no quiso aceptar el poder, y pidió que se hiciera una nueva elección en la que resultó favorecido el general Trinidad Cabañas, férreo liberal que combatiera contra Carrera en varias oportunidades y que perseguía derrocarlo y restaurar la unión centroamericana liberal. Cabañas se oponía a la intervención del cónsul británico Frederick Chatfield en la región, aunque en 1852 logró llegar a un acuerdo sobre los reclamos financieros que Honduras tenía con los ingleses, lo cual sería el último acto oficial de Chatfield antes de irse de la región en mayo de ese año. Cabañas prefirió buscar una alianza con los Estados Unidos, para lo cual envió como ministro plenipotenciario de su gobierno al líder criollo liberal guatemalteco José Francisco Barrundia, quien era enemigo mortal de Carrera.2

La tensión entre ambos estados fue en aumento, especialmente porque a Carrera no le gustaba que hubiera presencia estadounidense en Honduras ni que Cabañas, un morazanista de la vieja guardia, fuera el gobernante. Carrera, entonces, empezó a apoyar una revuelta contra Cabañas, ya que todavía tenía que terminar de pacificar a los grupos guerrilleros que había en las regiones montañosas.3 La tensión existente se puede apreciar en el siguiente decreto emitido el 10 de junio de 1853, en el que se restringe el derecho de asilo de los ciudadanos de los estados vecinos:4

Decreto N°. 9

El Presidente de la República de Guatemala, por cuanto la Cámara de los representantes de la República de Guatemala, habiendo tomado en consideración, que el castigo de los reos por crímenes que ofenden la moral, la propiedad y la seguridad pública interesa a todos los pueblos, y que el derecho de asilo concedido indistintamente a toda clase de delincuentes comprometería el crédito de la nación y amenazaría la existencia de la sociedad, ha establecido por ley lo siguiente:

Art. 1.°— Los reos prófugos procedentes de los Estados del Salvador, Honduras y Nicaragua encausados por crímenes de parricidio, asesinato, homicidio premeditado y seguro ó alevoso, incendio, robo, falsificación da moneda, sellos, é instrumentos públicos, quiebra fraudulenta ó alzamiento en perjuicio de acreedores legítimos, rapto, violencia y abijeato calificado, no tendrán derecho de asilo en el territorio de Guatemala; y en caso de reclamarse su extradicion, serán entregados, siempre que se reconozca por las autoridades de los Estados referidos en los propios términos y con iguales condiciones de reciprocidad, el derecho de Guatemala a reclamar los reos prófugos de su territorio, que se hallen en los mismos casos y circunstancias.

Art. 2.°— Para que la extradicion se verifique, será condición indispensable, que calificado el crimen con todas sus circunstancias, resulte comprobado en tales términos, que justificasen la prisión ó enjuiciamiento de la persona que cometiera igual delito en Guatemala.

Art. 3.°— Será igualmente necesario para que la extradicion tenga lugar que se haga la reclamación de los reos de Gobierno a Gobierno, viniendo los exhortos diligenciados por las autoridades judiciales, en la manera y términos que hoy se practica.

Art. 4.°— Si el reo cuya extradicion se solicita, hubiere cometido en la República otro delito por el cual esté encausado ó pueda estarlo, no será obligatoria la extradicion; pero si el delito fuere menos grave que aquel por el cual se le reclama, el Gobierno, de acuerdo con la Suprema Corte de Justicia, podrá, si lo tiene por conveniente, mandar hacer la entrega.

Por tanto: y sancionada de acuerdo con el Consejo do Estado la pre-inserta disposición, mando se publique, cumpla y ejecute.

Palacio del Gobierno, Guatemala, junio 10 de 1853.

        • Rafael Carrera
        • El oficial mayor encargado del despacho de gobernación y justicia, Mariano Córdova4

El 6 de julio de ese año el departamento de Chiquimula fue invadido por el ejército hondureño comandado por el presidente de Honduras, Trinidad Cabañas,5 pero fueron vencidos y expulsados por el brigadier Vicente Cerna, quien los obligó a retirarse y a pedir a los gobiernos de El Salvador y Nicaragua para que mediaran en el asunto, propinando un fuerte golpe a los intentos de los liberales para desestabilizar el país.6


BIBLIOGRAFIA:

  1. Sierra González, Aída Lucila (2001).«La batalla de la Arada». Guatemala: Servicio de Historia Militar, Sección de Investigaciones Históricas, Museo Militar. Archivado desde el original el 21 de diciembre de 2014.
  2. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press. p. 242.
  3. Ibid., p. 245.
  4. Carrera, Rafael; Córdova, Mariano (10 de junio de 1853). Decreto N°9. Guatemala.
  5. Carrera, Rafael; Aycinena, Pedro de (6 de julio de 1853). Proclama. Guatemala.
  6. Woodward, Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, p. 243.

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21 de mayo de 1844: Malespín ocupa Jutiapa

Como represalia por el apoyo que estaba dando el general Rafael Carrera a la revolución promovida por el general Manuel José Arce en El Salvador, el presidente de dicho país, general Francisco Malespín toma Jutiapa y Quesada.

Iglesia católica colonial de Jutiapa, En el recuadro: el general Francisco Malespín. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

El general Francisco Malespín fue en El Salvador como los generales Rafael Carrera y J. Rufino Barrios fueron en Guatemala: hombres de espada y de circunstancias con una voluntad de hierro, superiores en el arte de mandar e imponerse y con ambiciones ascendentes.

Malespín inició su carrera político como vicepresidente de Juan José Guzmán en El Salvador, quien era enemigo declarado de los criollos liberales, pero entre ambos no había concordia y finalmente Guzmán tuvo que dejar la jefatura del estado, en favor de Malespín, quien fue popularmente electo presidente de la República en enero de 1844. Aunque rechazó la elección inicialmente, sus allegados lo convencieron de aceptar el cargo, y a los pocos días de haber tomado posesión se produjeron las maniobras revolucionarios del ex-presidente federal, general Manuel José Arce, amparadas por el general Rafael Carrera, quien no quería que un gobernante tan fuerte como él se estableciera en El Salvador.1

El presidente salvadoreño se dirigió altivamente al general guatemalteco, y como no obtuvo respuesta de éste, y Guatemala no dejó de apoyar las intenciones de Arce, Malespín levantó su ejército, depositó el mando en su vice-jefe y con facilidad invadió Jutiapa, tomando la cabecera el 21 de mayo de 1844, y ocupando además la hacienda de Quesada. Ahora bien, aunque Malespín era valiente y decidido, tuvo que retirarse a Chalchuapa, en territorio salvadoreño, aduciendo que el clima de Jutiapa era terrible, ya que se enteró por medio del mercenario francés Isidoro Saget de que los liberales Trinidad Cabañas y el yerno de éste, Gerardo Barrios, —a quienes había dado albergue tras haber huido de El Salvador con Francisco Morazán en 1840— estaban aprovechado su ausencia para complotar en su contra.2

Malespín firmó la paz de Quesada con Carrera y el 16 de junio asumió nuevamente la presidencia, obligando a Cabañas y a Barrios a huir hacia Nicaragua. De allí surgió la guerra entre El Salvador y Honduras contra Nicaragua, que disolvió el Pacto de Chinandega, y en donde Saget combatió contra Cabañas y Barrios, a pesar de que todos ellos habían compartido el exilio junto con Morazán en 1840.3


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (19630 [1924]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 321.
  2. Ibid., p. 322.
  3. Ibid., p. 323.

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8 de abril de 1840: Morazán se embarca para el Perú

Tras ser categóricamente derrotado por el teniente coronel Rafael Carrera en la ciudad de Guatemala, el caudillo Francisco Morazán renuncia a la jefatura de estado de El Salvador y se

Muelle del puerto de «La Libertad» a principios del siglo XX. De aquí se embarcaron Morazán y sus allegados para Perú. En el recuadro: el caudillo Morazán. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Tras ser categóricamente derrotado en la Ciudad de Guatemala por las fuerzas del teniente coronel Rafael Carrera en la madrugada del 19 de marzo de 1840, el general Francisco Morazán, jefe de Estado de El Salvador, tuvo que salir huyendo con sus más allegados correligionarios y gritando «¡Que viva Carrera!«. Tomó rumbo para el barranco del Incienso y de allí siguió para la Antigua Guatemala, a donde llegó a las once de la mañana. Después de descansar cuatro horas, partió para El Salvador.1

Morazán iba sumamente apesadumbrado, no solamente porque comprendía que aquella derrota significaba el fin de su carrera política, sino porque había sido derrotado por un «indio salvaje» que de la noche a la mañana se había convertido en un genial estratega y militar. El ex-presidente federal tenía que enfrentar ahora la situación que él mismo había creado: descontento en su contra en El Salvador, odiado en Nicaragua y Costa Rica y con los conservadores en el poder en Honduras y Guatemala.2

Cuando llegó a El Salvador encontró una panorama desolador: muchos de sus soldados habían desertado y Guatemala, Honduras y Nicaragua estan preparándose para invadirlo. Entonces Morazán se dio cuenta que lo mejor era entregar el mando. Así pues, convocó a una reunión a sus correligionarios y principales vecinos y les dijo: «Vendrá Guatemala por el occidente con sus tropas de fanáticos, talando siembras e incenciando poblaciones; por el norte Honduras nos invadirá y tropas aliadas hondureñas y nicaragüenses, nos impondrán un cerco que habremos de resistir, sabiendo de antemano que vamos a perecer. ¿No consideráis más pertinente que deposite el mando en persona de abono político y me retire, a la expectativa de tiempos mejores?»3

Todos aprobaron la propuesta del caudillo liberal, quien entregó el poder a José Antonio Cañas, por ser el consejero más antiguo, y se fue al puerto de La Libertad, en donde se embarcó para el Perú el 8 de abril de 1840. Junto con é iban el Dr. Pedro Molina, los hijos de éste Felipe y José Molina, Manuel Irungaray, Miguel Alvarez Castro, el ex-jefe de estado salvadoreño Diego Vigil, José Miguel Saravia, el presbítero Isidro Menéndez, Carlos Salazar, Máximo Orellana, Nicolás Angulo, el general Trinidad Cabañas, Enrique Rivas, el futuro presidente de El Salvador Gerardo Barrios, Antonio y Bernardo Rivera, y José María Silva, entre otros.4

Los exiliados abordaron la goleta «Izalco» que Morazán había fletado y partieron hacia Costa Rica. Sin embargo, cuando llegaron a Puntarenas el presidente costarricense Braulio Carillo no les permitió desembarcar y finalmente llegaron a Colombia, en donde Morazán hizo circular el «Manifiesto de David» en el que carga con imprecaciones y amenazas a la familia Aycinena y a Carrera.4 Después partió para Perú en donde el presidente Gamarra lo acogió y le ofreció puestos públicos y el mando de algunas de sus tropas, pero Morazán lo rechazó ya que su en su mente solamente había un objetivo: regresar a Centroamérica para vengarse de Carrera.5


BIBLIOGRAFIA:

  1. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. I Guatemala: Editorial del Ejército. pp. 159-161.
  2. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides: capítulos de la Historia de la América Central. VI. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 62.
  3. Ibid., p. 63
  4. Ibid., p. 64
  5. Ibid., p. 65

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16 de enero de 1851: Vasconcelos envía declaración de guerra a Guatemala

El presidente de El Salvador, Doroteo Vasconcelos, nombrado general en Jefe del ejército liberal invasor, envía la declaración de guerra a Guatemala.

16abril1851
La ciudad de Santa Ana en El Salvador, próxima a la frontera con Guatemala. Desde aquí envió el presidente salvadoreño Doroteo Vasconcelos el oficio declarando la guerra a Guatemala. En el recuadro: retrato de Vasconcelos que aparece en una estampilla postal de El Salvador. Imágenes tomadas de Wikimedia Commons.

Tras la conferencia con Juan Lindo en Ocotopeque el 4 de enero de 1851 en la que sellaron su alianza contra el gobierno conservador de Mariano Paredes en Guatemala, se reunieron allí los militares liberales que tenían resentimiento en contra el Comandante de las Fuerzas de Guatemala, el general Rafael Carrera, entre ellos el francés Isidoro Saget, y los generales Santos Guardiola y Francisco Ferrera.1

Mientras tanto en Metapán, en el lado salvadoreño de la frontera con Guatemala, se reunieron los generales Trinidad Cabañas y Gerado Barrios, quienes habían participado en la fallida invasión de Francisco Morazán contra Guatemala en marzo de 1840. Estos militares estaban ansiosos por entrar como vencedores a la Ciudad de Guatemala tras la derrota que sufrieron frente a las tropas de Carrera en ese oportunidad.1

La prensa salvadoreña estimulaba los ánimos contra el gobierno guatemalteco, y las proclamas de los gobernantes de El Salvador y Honduras enardecieron los patriotismos aún más. Ambos países estaban seguros de que iban a ganar la batalla que se aproximaba, pues contaban con diez jefes militares, entre mariscales y generales, que tomaron el mando de las diferentes divisiones, mientras que el presidente salvadoreño, Doroteo Vasconcelos, quedaba al frente del mando supremo.1

Así pues, ya con todos estos preparativos listos, Vasconcelos envió el siguiente oficio a la Cancillería Guatemalteca, el cual partió el 16 de enero:

«Ejército unido de Honduras y El Salvador. Del General en Jefe. Santa Ana, enero 15 de 1851.

Señor Ministro de Relaciones del Supremo Gobierno de Guatemala.

He llegado a esta ciudad a hacerme cargo del mando en jefe del ejército conforme a la Constitución de El Salvador, y vengo plenamente autorizada para entenderme con su gobierno en todo lo que conduzca al objeto que ha puesto en armas a los de estos Estados.

En tal concepto, y para manifestar a esa administración los motivos de esta conducta, y de proponer los medios de evitar la confusión de sangre, dirigiré a usted un oficio en que se expliquen con claridad. Irá conduciéndolo un oficial, para el cual espero se digne usted expedir un salvo conducto, si es que su gobierno está anuente a recibir la citada explicación. Y en tal caso, la contestación y el pasaporte podrá venir por extraordinario violento, dirigido a la Administración de correos de esta ciudad en donde será pagado. Tengo el honor de suscribirme de Ud.,

        • Doroteo Vasconcelos2

Pero el correo que portaba el oficio de Vasconcelos llegó a la Ciudad de Guatemala hasta el 21 de enero, y para entonces ya las tropas del Ejército Unido de El Salvador y Honduras se había movilizado a la frontera con Guatemala, a la que invadieron al día siguiente, entrando por Chingo en la frontera en Jutiapa y El Salvador.3

El general presidente Paredes encomendó entonces la tarea de defender a Guatemala al Comandante de las Fuerzas Armadas, quien salió de inmediato con sus tropas a detener a los invasores. Se preparaba entonces el escenario para la Batalla de la Arada, que ocurrió el 2 de febrero.3


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico. (1963) [1926] El libro de las Efemérides. Capítulos de la Historia de la América Central. V. Guatemala: Tipografía Nacional. p.85
  2. Ibid., p. 86.
  3. Ibid., p. 87.

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17 de marzo de 1840: fuerzas de Morazán llegan a la Ciudad de Guatemala

Francisco Morazán, ex-presidente de la República Federal de Centro América y Jefe de Estado de El Salvador, invade a Guatemala por segunda vez

17marzo1840.jpg
Ciudad de Guatemala vista desde el sur, aproximadamente en 1870 en un cuadro de Augusto De Succa.  Por este camino ingresaron las tropas de Morazán el 18 de marzo de 1840. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Tras partir hacia Guatemala al mando de mil ochocientos soldados salvadoreños el 13 de marzo de 1840, el jefe de Estado de El Salvador, general Francisco Morazán, ingresó al territorio del Estado de Guatemala y llegó a la capital el 17 de marzo,  aplicando luego de aplicar la estrategia de tierra arrasada por todos los pueblos por donde había pasado, tal y como se acostumbraba en esa época.1  De hecho, cuando la invasión ocurrió al revés en 1828, y las fuerzas guatemaltecas al mando del brigadier Arzú llegaron hasta San Salvador, habían hecho los mismo.  En esa oportunidad dijo Arzú:

“Se pinta al ejército federal incendiando los pueblos, violando la honestidad de las vírgenes y la santidad de los altares, talando los campos y reduciéndolo todo a polvo.  Esta es, en efecto, la imagen de la guerra; y estos son los males que los gobernantes sin patriotismo atraen sobre su país… Para tomar una ciudad es la más de las veces indispensable destruirla: todos los elementos de la guerra son de destrucción.”2

El gobierno de Guatemala tenía distruidos en toda la línea hasta la frontera con El Salvador un cordón de vigilantes que transmitían los mensajes corriendo por montes y cañadas.  Así, cuando se supo que Morazán y sus fuerzas habían llegado al Corral de Piedra el 16 de marzo, el terror se apoderó de los habitantes de la ciudad.3 Teniendo todavía presente los recuerdos de 1829, los ciudadanos gritaban: «¡Vuelven los pirujos, los herejes, los malditos de Dios, vienen a atentar conra nuestra sagrada religión, a arrasar nuestros conventos, a saquear nuestras iglesias, a violar a nuestras vírgenes, a asesinar a nuestros hombres!3

Y mientras las campanas doblaban, algunos vecinos improvisaron su propia defensa, y los aristócratas enterraban sus monedas en los patios de sus casas, el Jefe de Estado de Guatemala, Mariano Rivera Paz, encomendó al general Rafael Carrera que organizara la defensa de la ciudad, sabiendo que a Morazán lo acompañaban soldados experimentados y militares de la talla de los generales mercenarios franceses Isidoro Saget y Nicolás Raoul, ambos ex-soldados de las fuerzas de Napoleón en Europa.4 

He aquí el decreto de Rivera Paz:

Habiendo invadido alevosamente el Estado por las fuerzas del general Morazán, para proveer a su defensa, decreta:

Todo hombre desde la edad de 14 años a 50, se presentará en el término de seis horas a tomar las armas en la casa municipal.[…] Todo el que, pasado el término señalado en este decreto, no se presentare, será considerado como sospechoso y aprehendido como tal. 

Se declara la ciudad en estado de sitio.

El Comandante general queda encargado de la ejecución de este decreto.

Guatemala, 16 de marzo de 1840.

        • Mariano Rivera Paz5

Carrera le había dado licencia a sus tropas tras la campaña de Los Altos en enero, pero tuvo que enviar a varios agentes para reunir a los más cercanos, para que dejaran el azadón por un lado y se aprestaran a tomar las armas.6  Y mientras él se encarga de reunir a sus hombres, Rivera Paz lanzó la siguiente proclama:

Guatemaltecos, en la ceguedad y en el delirio de la desesperación, el enemigo antiguo de Guatemala, ha tenido la temeridad de invadir el Estado, y se dirige a la capital.  Ya sabéis, valientes guatemaltecos, todo lo que nos interesa defender: la santa religión, un gobierno de equidad y justicia, cual deseaban los pueblos y heroicamente acaban de establecer.  ¡A las armas, guatemaltecos! El esforzado general Carrera dirige las operaciones. Yo confío en su pericia y en el valor que os es común. El triunfo será cierto con el favor de Dios que visiblemente nos protege.

Guatemala, marzo 16 de 1840.

        • Mariano Rivera Paz6

Las tropas de Morazán llegaron con su fuerza arrolladora hasta las afueras de la ciudad, sintiendo que ya habían triunfado.  El historiador Federico Hernández de León dice al respecto: «Los jefes y oficiales que acompañaban a Morazán eran bravos y aguerridos.  La victoria se entreveía y el 17 de marzo, pudieron los invasores contemplar la capital desde las alturas de Pinula y saborearse con una posesión segura.»2

Pero las fuerzas de Morazán no esperaban que, al contrario de lo que se acostumbraba en esa época — y de lo que hicieran los aristócratas que comandaban las fuerzas guatemaltecas en 1829—, Carrera decidiera abandonar la ciudad y retirarse al Aceituno, dejándole la plaza en bandeja de plata a los invasores.  Alguien le recriminó diciéndole: «¿Pero Su Excelencia nos abandona en un trance tan cruel?», a lo que Carrera replicó terminantemente: «No tema nadie nada. Tengo un plan que no falla; ya volveré.  Yo sé cuales son mis deberes.»3,4

Antes de retirarse de la ciudad, Carrera exigió que le entregaran todos los caballos, fusiles y municiones que hubiera disponibles, y cuando los obtuvo organizó a sus hombres.  Dejó a Vicente Cruz a cargo de la defensa de la ciudad, ya que allí había suficientes municiones y una regular cantidad de soldados.  Carrera, con quinientos hombres se retió al Aceituno —en donde muchos años más tarde se establecería la zona militar «Mariscal Zavala«— y esperó.  Su plan era simple:  no dejarse sitiar y contar con fuerzas frescas para poder pelear sobre los sitiadores, o defenderse y escapar a la montaña donde era prácticamente invencible si era repelido.5

Las fuerzas de Vicente Cruz, que no llegaban a ochocientos hombres, pusieron vigías en los campanarios de la Catedral, de Santo Domingo, de La Merced y de San Francisco esperando la llegada de Morazán y sus tropas.  El 17 de marzo se supo que éstos estaban en Fraijanes y a las cuatro de la tarde ya estaban en la cuesta de Pinula.3

El ejército invasor entró a la ciudad el 18 de marzo por el Guarda de Buena Vista —conocido también como Santa Cecilia—, que era el único acceso en ese entonces, y se apoderó del Hospital San Juan de Dios, en donde instaló una cocina con las cien vivanderas salvadoreñas que traía, y dispuso su cuartel con municiones y tropa.  Mientras tanto los salvadoreños Rivas y Malespín tomaron la ciudad, junto con los hermanos guatemaltecos Rivera Cabezas, que tomaron la parte occidental de la ciudad y llegaron a tomar el Palacio Colonial, desde donde atacaron a las fuerzas de Vicente Cruz, las cuales se replegaron al atrio de la Catedral, donde resistieron como pudieron las tres horas que duró el combate.7

Aquell certero ataque dió sus frutos y Morazán se vió dueño de la plaza ese mismo día. En el Palacio encontró suficientes municiones, pólvora y varios novillos gordos con los que podría alimentar a su tropa. Rivera Paz y las tropas de Cruz, por su parte, tuvieron que salir huyendo hacia el Aceituno, en donde se pusieron a la orden de Carrera.7

Algunos criollos liberales, entre ellos Dolores Bedoya de Molina, enviaron correos expresos a Quetzaltenango comunicando a los criollos altenses que Carrera había sido derrotado, y que los criollos «serviles» habían caído.  Al saber la noticia, los quetzaltecos hicieron repicar las campanas y la Municipalidad se reunió de inmediato para anunciar públicamente la noticia y para atacar al destacamento del Corregidor guatemalteco, que fue fácilmente vencido.   Luego, declararon nuevamente la independencia del Estado de Los Altos.8

Así pues, todo estaba listo para que el destino de Guatemala, El Salvador y Los Altos se decidiera en la batalla definitiva el 19 de marzo de 1840.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Hernández de León, Federico (1963) [1924]. El libro de las Efemérides; Capítulos de la Historia de la América Central. V. Guatemala: Tipografía Nacional. p. 412.
  2. — (13 de marzo de 1926)  El Capítulo de las Efemérides. 13 de marzo de 1840: Sale Morazán de El Salvador sobre Guatemala. Guatemla: Nuestro Diario.
  3. Hernández de León, El libro de las Efemérides, p. 439-442.
  4. Coronado Aguilar, Manuel (1965) El general Rafael Carrera ante la Historia. En: Publicaciones del Servicio de Relaciones Públicas, Cultura y Acción Cívica del Ejército.  I. Guatemala: Editorial del Ejército. p. 20.
  5. Marroquín Rojas, Clemente (1965). Francisco Morazán y Rafael Carrera. Guatemala: Imprenta Marroquín, Hnos. p. 195.
  6. Ibid., p. 196.
  7. Ibid., p. 200.

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2 de febrero de 1851: la Batalla de la Arada

El general Rafael Carrera aplasta a los liberales centroamericanos en la Batalla de la Arada, iniciando por fin el desarrollo de Guatemala

2abril1885
Monumento al general Rafael Carrera en San José La Arada. En el recuadro: retrato del general Rafael Carrera, representado como fundador de la República de Guatemala. Imágenes tomadas de Google Earth y Wikimedia Commons.

Los primeros treinta años de vida independiente de Guatemala estuvieron marcados por la Guerra Civil Centroamericana,1 la invasion del general liberal Francisco Morazán en 1829,2 la expulsión de los aristócratas guatemaltecos,3 la revolución católico-campesina contra Mariano Gálvez en 1838,4 el intento de formación del Estado de Los Altos5 y la segunda invasion de Morazán en 1840, en donde fue derrotado definitivamente por Carrera.6

Tras la derrota de Morazán, Carrera se convirtió en el hombre fuerte de Guatemala, pero eso no impidió que hubiera constantes revueltas, invasiones desde El Salvador y Honduras, y que el Soconusco se anexara a México por sentir que estaba abandonado por las autoridades guatemaltecas.7 Eventualmente Carrera llegó a la Presidencia del Estado en diciembre de 18448 y fundó la República de Guatemala el 21 d emarzo de 1847,9 pero la situación siguió deteriorándose y llegó a un punto crítico en 1848, cuando los criollos (tanto liberales como conservadores) le pidieron a Carrera que renunciara al poder para hacerse ellos cargo de la situación.10

Carrera se fue a México tranquilamente, pues conocía perfectamente la ineptitud política de los criollos y sabía que y la situación se iba a poner todavía peor. Y tenía razón. El Estado de Los Altos intentó resurgir una vez más,11 y las rebeliones se recrudecieron. Por si eso no fuera poco, los efectos de la guerra civil en Yucatán en donde los indígenas se alzaron y empezaron a cometer masacres en contra de los criollos y europeos,12 aterrorizó a los criollos aristócratas guatemaltecos, que obligados por las circunstancias, tuvieron que pedirle a Carrera que regresa al poder, sabiendo de sus fuertes alianzas con los campesinos indígenas del país. Los criollos liberales, por su parte, huyeron hacia El Salvador y Honduras, en donde se organizaron con los gobiernos liberales de esos países, en especial el del salvadoreño Doroteo Vasconcelos, para acabar de una vez por todas con el régimen católico-aristócrata-campesino que Carrera impuso en Guatemala.13

Finalmente, el 28 de enero de 1851 llegó el día en que los criollos liberales lograron formar una fuerza formidable para derrotar al gobierno de Carrera. Ese día, el presidente salvadoreño Doroteo Vasconcelos, que había acogido a los refugiados liberales desde que Carrera recuperara el poder en 1849, llegó a la frontera con Guatemala al frente de un ejército liberal aliado de El Salvador y Honduras, junto con varios exiliados guatemaltecos, y dirigió al Ministerio de Relaciones Exteriores de Guatemala un extenso comunicado, en cual se exigía lo siguiente:14

    1. Que el presidente guatemalteco Mariano Paredes abandonara el mando, para que fuera ocupado por un hombre de confianza de los liberales.
    2. Que comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Guatemala, general Rafael Carrera, fuera exiliado del país, debiendo ser conducido hacia alguno de los puertos del sur por un regimiento salvadoreño.
    3. Que una vez estuvieran en poder del mando de Guatemala los liberales, se convocara a una Asamblea Constituyente.
    4. Que el ejército salvadoreño ocupara los territorios de Guatemala que considerara conveniente y por un tiempo indefinido.14

Ante aquella absurda solicitud, el gobierno de Paredes respondió lacónicamente así:

«No tiene usted autoridad por las leyes de San Salvador para hacer declaratorias de guerra y no pudiendo mandar tropas sin permiso de las cámaras. Al presentarse armado, declarando la guerra a Guatemala, este gobierno, considera a usted y a los que lo acompañan como facciosos ejecutando una atentado en contra de la soberanía y libertad de la República de Guatemala. No nos corresponde, pues, otra cosa que dar conocimiento del anuncio que usted hace de que se introducirá con tropas en este territorio; al general en jefe del ejército de Guatemala que guarnece las fronteras, para que obre al honor y seguridad de la República. Dios guarde a usted muchos años.»14

El ejército aliado que comandaba Vasconcelos era el más poderoso visto hasta aquel tiempo en la región; cuatro mil quinientos efectivos militares. Y los militares que estaban al mando eran:15

    • General Isidoro Saget, militar francés muy experimentado en otras guerras contra Guatemala bajo el mando de Francisco Morazán. Se le nombró Jefe del Estado Mayor del Ejército, pero debido a su avanzada edad tuvo muchas dificultades para dirigir a los generales que comandaban las diferentes divisiones.
    • General José Santos Guardiola, comandante de la 1.ª División
    • General Ramón Belloso, comandante de la 2.ª División
    • General Indalecio Cordero, comandante de la 3. ª División
    • General Domingo Asturias, comandante de la 4. ª División.
    • General José Trinidad Cabañas, a cargo de la división hondureña
    • General Gerardo Barrios, Jefe de la división San Miguel.
    • Además mandaban otros cuerpos de tropa, los generales salvadoreños Ciriaco Bran y Carrascosa, además de dos generales guatemaltecos renegados: José Dolores Nufio y Doroteo Monterroso.

De lado de Guatemala llegaron a reunirse dos mil hombres comandados por el teniente general Rafael Carrera, comandante en jefe de las fuerzas armadas de Guatemala; y a diferencia del ejército aliado, en que la oficialidad estaba compuesta por generales que no habían combatido juntos nunca, los oficiales de Carrera eran coroneles que habían luchado con él en numerosas campañas desde 1838. Ellos eran:

    • Coronel Manuel María Bolaños
    • Coronel Vicente Cerna y Cerna, corregidor de Chiquimula
    • Coronel Ignacio García Granados, comandante de la 1.ª división
    • Coronel Joaquín Solares, comandante de la 2. ª división
    • Teniente Coronel Leandro Navas, a cargo de la retaguardia
    • Coronel Mariano Álvarez, oficial de artillería

El 29 de enero, la vanguardia del ejército aliado, compuesta por quinientos hombres, ingresó a Guatemala por tres lugares diferentes: Piñuelas, Agua Blanca y Jutiapa, mientras que el grueso del ejército marchó desde Metapán. Carrera por su parte, tras observar la forma en que ingresó el enemigo se dió cuenta de que era poderoso pero que no tenía un estratega como Morazán; entonces fingió una retirada, haciendo que el enemigo lo siguiera hasta el sitio que él deseaba. De esta forma, escogió su propio terreno para la lucha, en La Arada, en donde la topografía ayudaba a sus fuerzas. De esta forma, el 1 de febrero de 1851, ambos ejércitos se encontraron en las riberas del río San José.​16

Carrera fortifico las estibraciones del cerro de La Arada, aprovechando sus colinas suaves, de aproximadamente cincuenta metros de altura sobre el nivel del río; y también tomó debida nota de que entre dicho cerro y el río había aproximadamente trescientos metros de vegas, mientras alrededor había siembras de caña de azúcar. Luego, dividió sus fuerzas en tres secciones: la izquierda, dirigida por Cerna y Solares; la derecha comandada por Bolaños, y él mandaba personalmente desde el centro, donde colocó la artillería. Finalmente, dejó a quinientos hombres en Chiquimula en defensa de la plaza y previniendo cubrir una posible retirada. De esta forma, solamente utilizó mil quinientos hombres guatemaltecos contra un enemigo de cuatro mil quinientos efectivos, sabiendo que la topografía de La Arada le favorecía.15,16

El 2 de febrero se inició el combate a las 8:30 de la mañana, cuando los aliados tomaron la iniciativa atacando por tres puntos diferentes y abriéndose un fuego muy vivo por ambas partes. La primera carga de los aliados fue repelida por los defensores de la colina; al segundo ataque los aliados lograron tomar la primera línea de trincheras, de donde nuevamente fueron arrojados. A la tercera carga, la fuerza hondura-salvadoreña avanzó más, hasta llegar a confundirse con los soldados guatemaltecos, que peleaban ahora cuerpo a cuerpo y a punta de bayoneta, mientras que la artillería guatemalteca castigaba duramente el grueso de los atacantes.15,16

En el punto más álgido de la batalla, cuando el resultado parecía incierto, Carrera ordenó que se incendiasen los cañaverales que flanqueaba la vega del río donde operaba el ejército invasor. De esta forma rodeó al enemigo ya que ahora tenía frente a sí el fuego vivo del ejército guatemalteco, por los flancos un incendio y hacia atrás el río, que dificultaba la retirada. Al ver esto la división central aliada cundió en pánico y comenzó una retirada desorganizada.15

El general Saget ordenó tocar retirada para el cuerpo de Cabañas, la división hondureña que peleaba junto a la salvadoreña en el centro, pero todo el ejército emprendió la huida. Aproximadamente a las cinco de la tarde, se inició un retroceso de las líneas aliadas, que era más bien una fuga, que una retirada estratégica. Entre el humo y las cenizas quedó el campo poblado de cadáveres, mientras que los quinientos hombres que habían estado en la retaguardia, se lanzaron en persecución de lo que quedaba del ejército aliado, el cual buscaba desesperadamente las fronteras de sus países. El presidente Vasconcelos, por su parte, salió huyendo hacia El Salvador, mientras se vio cruzar en la frontera hondureña a dos generales que montaban el mismo caballo.15,16

Carrera, a diferencia de muchos de los llamados generales que han gobernado el país, sí combatió junto con sus tropas en el frente. Cuando terminó el combate advirtieron que no aparecía, y lo buscaron entre los muertos hasta que finalmente lo encontraron «tendido a la sombra de un árbol, boca arriba, con los brazos en cruz y respirando lentamente; en su mano derecha sostenía su sable tinto en sangre, el cual no podía soltar pues tenía la mano hinchada por la pelea14

El recuento final de las pérdidas de los aliados arrojó quinientos veintiocho muertos, doscientos prisioneros, mil fusiles abandonado en el campo de batalla, trece mil cartuchos útiles abandonados, multitud de bestias y equipajes, once cajas de guerra y siete piezas de artillería. Y Carrera quería más. Hizo reagrupar al ejército y cruzó la frontera en El Salvador; se encontraba acampando en Santa Ana, cuando recibió órdenes del presidente Mariano Paredes de regresar a Guatemala en vista de que los aliados solicitaban la paz.

Algunos meses después, Carrera se convirtió en el gobernante absoluto de Guatemala, y a partir de entonces se empezó a trabajar en infraestructura y desarrollo en el país, porque por primera vez en treinta años reinó la paz en el territorio guatemateco. Muy pocos se atrevieron a invadir a Guatemala desde entonces, y aquellos que se aventuraron siempre obtuvieron resultados desastrosos; por esta razón los criollos liberales esperaron pacientemente hasta que pasaran seis años después de la muerte del presidente mestizo para retomar el poder en el país.


BIBLIOGRAFIA:

  1. Mencos Franco, Agustín (1893). Rasgos biográficos de Francisco Morazán: apuntes para la historia de Centro América. Guatemala: Tipografía El Comercio. p. 32.
  2. Hernández de León, Federico (1929). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. II. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 361-366.
  3. La Antorcha Centro-Americana (11 de septiembre de 1829). Guatemala, septiembre 10. En: La Antorcha Centro-Americana. (7) Guatemala: Imprenta Nueva. p. 28.
  4. Solís, Ignacio (1906) Memorias del General Carrera, 1837 a 1840. En: Colección de Documentos Históricos y Biográficos. 1. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. pp. 5 y siguientes.
  5. Taracena, Arturo (1999). Invención criolla, sueño ladino, pesadilla indígena, Los Altos de Guatemala: de región a Estado, 1740-1871. Guatemala: CIRMA. Archivado desde el original el 9 de enero de 2016.
  6. García, J.M. (1963); Soconusco en la historia, México D.F.
  7. Carranza, Jesús E. (1897) Totonicapán. Un pueblo de Los Altos, Apuntamientos para su Historia. Exposición Centroamericana. Quetzaltenango: Establecimiento Tipográfico Popular
  8. Coronado Aguilar, Manuel (1975). Apuntamientos para la Historia de Guatemala. Guatemala: Editorial del Ejército. p. 229.
  9. Pineda de Mont, Manuel (1869). Recopilación de las leyes de Guatemala, compuesta y arreglada a virtud de orden especial del Gobierno Supremo de la República I. Guatemala: Imprenta de la Paz en el Palacio. pp. 73-76.
  10. Carranza, J.E. et. al., Un pueblo de Los Altos. Apuntamientos para su Historia (Totonicapán). p. 112.
  11. Paredes, Mariano; Guzmán, Agustín (1849). Convenio. Antigua Guatemala.
  12. Casares G. Cantón, Raúl; Duch Colell, Juan; Antochiw Kolpa, Michel; Zavala Vallado, Silvio et ál (1998).Yucatán en el tiempo. Mérida, Yucatán. ISBN 970 9071 04 1.
  13. Woodward, Ralph Lee, Jr. (1993). Rafael Carrera and the Emergence of the Republic of Guatemala, 1821-1871 (Edición en línea) (en inglés). Athens, Georgia EE.UU.: University of Georgia Press.
  14. Hernández de León, Federico (1925). El libro de las efemérides: Capítulos de la Historia de la América Central. Tomo I. Guatemala: Tipografía Sánchez y de Guise. p. 193-197.
  15. Coronado Aguilar, Apuntamientos para la Historia de Guatemala, p. 270 y siguientes.
  16. Sierra González, Aída Lucila (2001). «La batalla de la Arada». Guatemala: Servicio de Historia Militar, Sección de Investigaciones Históricas, Museo Militar. Archivado desde el original el 21 de diciembre de 2014.

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